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26/1/22

Cómo la desigualdad conduce al feudalismo industrial... La concentración de la propiedad, tanto industrial como no industrial, hace que la distribución de la riqueza sea un factor de las tendencias actuales hacia un feudalismo industrial en el que las diferencias entre estratos sociales se ven reforzadas por la ausencia de movilidad social... el Estado se ha convertido en un instrumento de determinadas clases de capitalistas, especialmente rentistas y grandes empresarios... A medida que la distribución de la riqueza se hace más desigual, esa propiedad, y las prácticas crediticias asociadas a ella, eliminan la movilidad social y recrean así el feudalismo industrial... una sociedad así revivirá la superestructura cultural y política del feudalismo con todo tipo de discriminación, intolerancia, fanatismo y estrechez de miras, con la burocracia estatal integrada en la oligarquía de las altas finanzas y las grandes empresas

"Vivimos en una época de creciente desigualdad, inseguridad sobre la prosperidad futura y ansiedad por el empleo y las oportunidades de promoción profesional. El concepto de feudalismo industrial es una forma llamativa de entender cómo se produce esta situación aunque se nos ofrezca una mayor capacidad de elección de los consumidores y se liberalicen los mercados.

El feudalismo industrial surge a medida que la sociedad industrial se estratifica en clases sociales relativamente cerradas que se definen en relación con su propiedad o sus profesiones. En efecto, esa sociedad pierde el dinamismo económico y social por el que el capitalismo derrocó las jerarquías hereditarias del feudalismo.

El concepto y el análisis del feudalismo industrial surgieron en los debates marxistas polacos de la década de 1890 en relación con la hegemonía social y económica de las grandes empresas industriales. En nuestro nuevo documento de trabajo, ampliamos esta idea a la actualidad mostrando cómo las clases sociales se diferencian por la composición de su propiedad. A medida que la distribución de la riqueza se hace más desigual, esa propiedad, y las prácticas crediticias asociadas a ella, eliminan la movilidad social y recrean así el feudalismo industrial.

La idea del feudalismo industrial fue introducida por el sociólogo polaco Ludwik Krzywicki (1859-1941) como consecuencia de los cárteles industriales, con capacidad para estabilizar sus mercados y sus márgenes de beneficio, a costa del estancamiento económico y social y de la disminución de las oportunidades de innovación y de progreso social.

Entre los admiradores más entusiastas de Krzywicki estaba el economista Oskar Lange (1904-1965). Lange criticó el New Deal de Roosevelt y la intervención keynesiana argumentando que tales políticas apoyaban las posiciones de monopolio de ciertos grupos capitalistas. En esta situación, el beneficio del empresario deja de ser la recompensa por la voluntad de asumir riesgos y la minimización eficiente de los costes. Se convierte en un simple privilegio derivado de la concentración económica y la garantía gubernamental. El feudalismo financiero e industrial, pensaba, es ahora un sistema de privilegios grupales definidos con precisión, divididos entre estratos sociales tan rígidos como cualquiera de la época medieval. En una sociedad así, desaparecen los incentivos al progreso. Es más, una sociedad así reviviría la superestructura cultural y política del feudalismo con todo tipo de discriminación, intolerancia, fanatismo y estrechez de miras, con la burocracia estatal integrada en la oligarquía de las altas finanzas y las grandes empresas. El keynesianismo, en su opinión, tenía que estar ligado a un programa progresista antimonopolio y al pleno empleo.

El feudalismo industrial de Krzywicki y Lange consideraba el espíritu empresarial como la fuente de la movilidad social. Mientras que el ámbito de la iniciativa empresarial y el acceso a la financiación afectan claramente a la rigidez de las jerarquías industriales, las jerarquías sociales se distinguen por la propiedad de categorías de riqueza más generales, que pueden incluir el capital industrial, pero también pueden consistir en la riqueza de los hogares, que puede ser heredada. La concentración de la propiedad, tanto industrial como no industrial, hace que la distribución de la riqueza sea un factor de las tendencias actuales hacia un feudalismo industrial en el que las diferencias entre estratos sociales se ven reforzadas por la ausencia de movilidad social.

En todo el mundo, tras el pico registrado a principios de la década de 1910, la desigualdad de la riqueza siguió una tendencia a la baja hasta finales de la década de 1970 y ha aumentado de forma constante desde mediados de la década de 1980. A diferencia de los ingresos, la desigualdad de la riqueza en muchos países no se vio afectada en gran medida por la crisis financiera mundial de 2007, y alcanzó nuevas cotas a finales de la década de 2010. El aumento de la desigualdad de la riqueza no se ha limitado a las economías capitalistas avanzadas como el Reino Unido o los Estados Unidos. De hecho, con una mayor apertura a las formas de producción capitalistas, el aumento de la desigualdad de la riqueza ha sido espectacular en las economías en transición de Europa Central y Oriental, así como en China.

La literatura existente sobre las fuentes de las disparidades de riqueza no explora las implicaciones sociales y económicas de estas desigualdades para el funcionamiento y el desarrollo del capitalismo. En nuestro documento de trabajo, desarrollamos un nuevo marco teórico para vincular los mecanismos de las desigualdades de riqueza con la disminución de las perspectivas de movilidad social que recrean el feudalismo industrial en los tiempos modernos.

Las diferentes clases sociales poseen diferentes tipos de riqueza. Por tanto, los rendimientos de los propietarios de las distintas clases difieren, al igual que las prácticas crediticias asociadas a esa riqueza. La falta de acceso a todos los tipos de riqueza impide la movilidad ascendente, pero la posesión de ciertas riquezas (contra las que se puede pedir un préstamo) ayuda a evitar la movilidad descendente de las clases propietarias.

Por lo tanto, las clases sociales se definen tanto por la propiedad de la riqueza como por los ingresos. En cada clase existe una cartera de riqueza estándar que un hogar debe poseer para mantener su posición en esa clase. En cada clase hay un piso que impide que un hogar de una clase determinada se desclasifique por falta de ingresos. Se trata de las prácticas crediticias que utilizan los hogares para evitar que caigan en la clase de riqueza inferior a su clase. Pero para cada clase existe también un techo que consiste en la diferencia de valor entre la cartera de riqueza estándar de esa clase y el valor de la cartera de riqueza estándar de la clase inmediatamente superior en la jerarquía de riqueza.

Las disparidades de riqueza que surgen debido a la evolución de los mercados de activos están condicionadas por la evolución de las condiciones macroeconómicas, y no por las características individuales de los hogares que influyen en su capacidad de ahorro y en sus elecciones de inversión. El caso de la crisis de las hipotecas de alto riesgo en EE.UU. pone de manifiesto el papel que desempeñan las cambiantes condiciones macroeconómicas y las operaciones del sector financiero en la determinación de la movilidad social a través de su impacto tanto en el acceso a la riqueza como en su estabilidad. Aunque es indudablemente importante, el ahorro es sólo una de las formas en que los hogares acumulan riqueza y avanzan en la escala social. La composición de la riqueza en términos de acceso a diversos tipos de activos, así como el apalancamiento, es crucial para entender la distribución cada vez más desigual de la riqueza debido a las disparidades en las ganancias de capital disponibles para un hogar. Así, las diferencias en la revalorización de los precios de los distintos activos tienen un impacto sustancial en la desigualdad de la riqueza.

Los suelos y techos que mantienen a los hogares en sus clases sociales también se ven afectados por las políticas sociales de los gobiernos. La provisión del estado de bienestar, los servicios públicos de calidad y las políticas gubernamentales para garantizar el pleno empleo refuerzan los suelos que impiden el descenso de la clase social. Ya desde la década de 1980, los cambios en las políticas públicas han seguido cada vez más las lógicas financieras y han reflejado los intereses del sector financiero, con el Estado transformando los servicios públicos en activos financieros negociables que producen rentabilidad. En este sentido, de forma similar a lo observado por Lange, en las economías capitalistas contemporáneas, el Estado se ha convertido en un instrumento de determinadas clases de capitalistas, especialmente rentistas y grandes empresarios. Al restringir la capacidad de acumulación de riqueza de algunos y, al mismo tiempo, promover la concentración de riqueza entre otros, el Estado ha contribuido activamente a aumentar las desigualdades de riqueza y a limitar la movilidad social.

La reducción de las prestaciones sociales desde la década de 1980 ha coincidido con la inflación de los precios de los activos. En Estados Unidos, Gran Bretaña y muchos otros países en los que han surgido mercados inmobiliarios residenciales, se ha llegado a confiar en el mercado de la vivienda para obtener créditos de emergencia y dinero en efectivo para pagar las matrículas escolares y la atención médica privada. Esto ha alejado a la clase media propietaria de un estado de bienestar por el que esa clase paga pero que no necesita porque puede generar flujo de caja con la propiedad.

El aumento de los precios de los activos genera una distribución más desigual de la riqueza al aumentar el valor de la riqueza que debe adquirirse para asegurar una posición en la siguiente clase de riqueza. Al mismo tiempo, las crecientes posibilidades de crédito del aumento del valor de los activos refuerzan el piso que impide el descenso a una clase social inferior. A la luz de las fluctuaciones de los precios de los activos, la diversidad y la estabilidad de la cartera de riqueza, así como las prácticas crediticias asociadas a dichas carteras, tienen por tanto un papel definitorio en los movimientos ascendentes y descendentes entre clases.

Esta dependencia de los activos es específica de determinadas clases porque tienen diferentes tipos de activos. Los diferentes tipos de activos tienen diferentes implicaciones y prácticas crediticias asociadas a ellos y estas diferentes implicaciones y prácticas crediticias pueden facilitar los flujos de efectivo en clases particulares para evitar la movilidad social descendente. Pero la creciente desigualdad de activos dificulta la movilidad social ascendente. De este modo, la inflación de activos y las crecientes desigualdades de riqueza restringen la movilidad social y dan lugar al feudalismo industrial. "       
(Hanna Szymborska, Jan Toporowski, Brave New Europe, 24/01/22; traducción DEEPL)

15/9/21

Tecnofeudalismo. Crítica de la economía digital: con la digitalización del mundo se produce una gran regresión... se transforman la calidad de los procesos sociales y dan una nueva actualidad al feudalismo

 "Un ensayo ineludible en el que se conjugan las peores distopías de los ciberpunks con una implacable disección de nuestro tiempo.

El consenso keynesiano del período posterior a la Segunda Guerra Mundial ponía el acento en el rol de la política presupuestaria para alcanzar pleno empleo. El consenso de Washington de fines del siglo XX estaba obnubilado por la desreglamentación, las privatizaciones y la austeridad para perfeccionar el funcionamiento de los mercados, luego de la euforia de los liberales con la caída del Muro de Berlín. Desde los años 2000, el consenso de Silicon Valley se focaliza en desafíos de innovación y espíritu empresarial en la economía del conocimiento. Toma como matriz la experiencia californiana y lo promueve como la nueva utopía.

Pero hay grietas en este pregonado Edén. “El consenso de Silicon Valley se desmorona. Desigualdades enormes, estancamiento de la productividad, inestabilidad endémica. La nueva economía no ha hecho su aparición. Los algoritmos son omnipresentes, pero eso no significa que el capitalismo se haya civilizado. Por el contrario”.

La tesis de “Tecnofeudalismo” es que con la digitalización del mundo se produce una gran regresión. Retorno de los monopolios, dependencia de los sujetos a las plataformas, confusión de la distinción entre lo económico y lo político: las mutaciones en marcha transforman la calidad de los procesos sociales y dan una nueva actualidad al feudalismo.

Un texto en la línea cyber punk, manejado por gamers en los 90, expresaba: “Cuando el mundo se vuelve más rudo, las empresas se adaptan volviéndose a su vez más encarnizadas, por necesidad. Esta actitud del tipo ‘protejamos prioritariamente a los nuestros’ es a veces llamada tecnofeudalismo. Como el feudalismo, es una reacción a un entrono caótico, una promesa de servicio y de lealtad arrancada a los trabajadores a cambio de una garantía de apoyo y de protección por parte de las firmas… En ausencia de una reglamentación adaptada, las grandes empresas se coaligan para formar casi monopolios. Para maximizar sus beneficios restringen la elección de consumidores y se apropian o erradican a los rivales susceptibles de desestabilizar sus carteles”.

Lo cierto es que las empresas tecnológicas transnacionales incrementaron considerablemente su dominio sobre las sociedades contemporáneas. Y ya no es una cuestión solo de dimensiones de la empresa. Con la telemática, los derechos de propiedad intelectual y la centralización de datos, el control sobre territorios e individuos es cada vez más ceñido.

Y para completar el panorama, los Estados están crecientemente jaqueados por las grandes corporaciones en toda la línea, incluyendo las posibilidades reales de fiscalizarlas o cobrarles efectivamente gravámenes.

¿Cómo será la interrelación del capitalismo con lo digital? El relato de una nueva edad de oro del sistema a partir de lo digital tiene presupuestos claramente debatibles y el debate de dichos aspectos es un tema clave en el presente ensayo. Y también la temática de los nuevos modelos de dominación: “¿Cuáles son los motores del arraigo de las conductas individuales en los territorios virtuales? ¿Cómo se articulan las lógicas de vigilancia algorítmica con las lógicas políticas y económicas? De las grandes firmas californianas al sistema de crédito social chino, hay que tomar la medida de un sustrato social y político totalmente nuevo”.

Un ensayo ineludible para pensar en un aquí y en un ahora signado por la precariedad laboral para millones, estados jaqueados en su soberanía y un puñado de megamillonarios con agendas debatibles.

Tecnofeudalismo. Crítica de la economía digital. Cédric Durand. EDICIONES LA CEBRA Y KAXILDA. 2021. 286 págs. $890."               (Jorge Artola, La Mañana, 22/08/21)

24/5/17

El capìtal financiero está construyendo una estructura institucional que le permita obtener rentas de forma inmoral y, además, ineficiente. La nueva lucha social se planteará entre el capital rentista y el precariado

"Guy Standing estuvo recientemente unos días en Barcelona con motivo de la publicación de la traducción al castellano de su libro La corrupción del capitalismo. Por qué prosperan los rentistas y el trabajo no sale a cuenta (Pasado & Presente 2017). Francisco Ramos y Daniel Raventós tuvieron un largo encuentro con él (...) 

Si te parece podemos empezar por este libro tuyo recién traducido. En él haces una descripción descarnada de lo que llamas capitalismo de rentistas, en el que crece la desigualdad debido a la mayor extracción de rentas derivada de la propiedad del capital (intelectual y financiero incluidos) y a la utilización del Estado y del mercado para ello.

En realidad este libro se debe leer en conexión con los otros dos anteriores relativos al precariado, en los que analizo también el surgimiento del capitalismo global, del capitalismo neoliberal en los 80-90 del siglo pasado, y los efectos que tiene respecto de las clases sociales.

 La estrategia neoliberal, los ideólogos de Mont Pelerin, hablaban de una economía de libre mercado en la que la mercantilización, la privatización y la individualización de las relaciones sociales y económicas han comportado el desmantelamiento de las instituciones de solidaridad social. Pero gradualmente el capital financiero fue construyendo un sistema que llamo capitalismo rentista.

 De hecho, este iba a ser el título del libro, pero mi editor inglés me comentó que nadie lo entendería y me dijo que sería mucho mejor hablar de corrupción del capitalismo. A mí no me gustaba mucho, pero después de algunos meses y hablando con amigos, también de la Red Renta Básica, me di cuenta de que en realidad, el libro sí que tenia que ver con la corrupción, pero la de la ideología, porque cuando la derecha habla de libre mercado, sencillamente está mintiendo.

 Mientras hablan de libre mercado, concurrencia, etc., en realidad están construyendo una estructura institucional que les permite obtener rentas de forma inmoral y, además, ineficiente. Señalar esto es el objetivo central de este libro, apuntar a estas mentiras y decir que en realidad, estas rentas del capital deberían ser compartidas por la sociedad en su conjunto, en forma de una renta básica incondicional. 

Mostrar como funciona el capitalismo rentista, con sus desigualdades, generando tanta inseguridad en la vida de las personas, significa que la nueva lucha social se planteará entre el capital rentista y el precariado.

El capítulo relativo a las medidas a adoptar (hacer que la ocupación merezca la pena, convertir en derechos las reivindicaciones sociales, fondos soberanos, renta básica), realmente sólo apunta algunas soluciones que necesitan concretarse más, ¿no?

Déjame hablar antes del capítulo previo, la corrupción de la democracia, porque el capital rentista ha convertido nuestro sistema político en uno dominado por la manipulación y la corrupción: políticos al servicio del capital, puertas giratorias, etc. 

Los partidos conservadores son en realidad, partidos al servicio del capital financiero. Por ejemplo, el sistema de distribución del siglo XX ha implosionado. Podremos crecer, podremos tener mas PIB y rentas, pero el precariado no se beneficiará de ello. 

Por ello, cuando nos dicen que hay que crecer para que todos nos beneficiemos, nos están mintiendo otra vez. Para mí es muy importante señalar que el sistema basado en mentiras: esta es la base ideológica del capitalismo rentista.

Es por lo anterior que una de las cosas para mí más importantes, es contrarrestar el discurso imperante, que se basa en mentiras como las que apunto, y construir otras formas de hacer política.  (...)"                        (Entrevista a Guy Standing, Sin Permiso, 12/05/17)

18/11/14

Zizek: Solo la izquierda radical nos puede salvar del fundamentalismo.

"(...) Desconfía de la democracia básica y asamblearia. ¿Sigue el movimiento de Pablo Iglesias?

Sí, yo soy un gran oportunista. ¡A intentarlo siempre! ¡Todo! Y mientras se vaya haciendo, puede que surja algo nuevo, aunque no sea lo que te esperabas. Dirá usted: si soy tan pesimista ¿para qué empezar algo? Porque de verdad pienso que el capitalismo, se ha cavado su propia tumba. No creo que haya una catástrofe inmediata, pero a largo plazo… Lo que hay en el horizonte es la desaparición gradual de la democracia. 

No hablo de un golpe fascista, sino de que los mecanismos democráticos son cada vez más irrelevantes. Para decirlo en forma de chiste: Hollywood lo sabe. Todos sus grandes éxitos, últimamente, Los juegos del hambre, etcétera, son una visión de una sociedad nueva de clases, postapocalíptica, con apartheid, con organismos ricos depredando a los pobres. Es una tendencia mundial. La ecología… ¿cómo se resuelve eso?

Difícil, muy difícil…


Casi no hacemos nada. Incluso la propiedad intelectual, me parece interesante. Ya estamos entrando en una fase de comunismo salvaje en este aspecto. La gente se baja de internet películas, música, normalmente copias piratas, ilegales. Pero no sabemos cómo reorganizar la economía legal. ¿Cómo coordinarlo, quién lo controlará? Veo muchos problemas. Y no veo soluciones. Esta es mi posición trágica, si quieres.

Carencia de coordinación y control, ¿no sería más anarquismo que comunismo?


Ah, no… No olvidemos: para que funcione lo de la propiedad intelectual se necesita una estructura de mecanismos globales muy potentes. No, creo que nuestro problema hoy día no es la democracia local. Nuestro problema son las nuevas formas de organización global. ¿Cómo tratar la ecología? No a través de iniciativas locales. Dios, necesitamos iniciativas globales megagrandes, mucho mayores que un único Estado. (...)

 Niall Ferguson dijo que la globalización hoy día no hace más que recuperar el nivel que había a finales del siglo XIX, época colonial, cuando mercancías y personas viajaban por todo el mundo.

Sí, pero al mismo tiempo es algo muy paradójico. Me gusta lo que escribió mi amigo, por otra parte más bien de derechas, el filósofo alemán Peter Sloterdijk: que la globalización no es simplemente que todos vivimos en una aldea global, sino que también es como un globo, un espacio cubierto, aislado. Algunos están dentro, la mayoría fuera, pero no tenemos realmente contacto con ellos. 

Los bienes circulan cada vez más, pero para las personas, incluso tras la caída del Muro de Berlín, ahora surgen por todas partes nuevos muros. En África del Norte, el Muro de Cisjordania, la frontera de Estados Unidos con México, etcétera. Capitalismo global significa nuevas formas de apartheid.

Y la vieja consigna comunista de Obreros del mundo uníos ¿ya no vale?


El problema es: quiénes son hoy esos obreros. El primer paso es identificarlos, ubicarlos. Ya no es una única clase obrera, como para Marx. Sabemos que tenemos cada vez a más personas en paro, trabajadores precarios… Por decirlo de manera irónica, hoy la posición de un clásico obrero explotado –vale, te explotan pero tienes un empleo estable con un salario garantizado– es casi un privilegio. 

He ahí el primer problema. Deberíamos incluir a los que están fuera. No sólo a los inmigrantes indocumentados sino a los parados de larga duración. Creo que en las protestas en España, en Grecia, incluso en Francia e Inglaterra había muchos estudiantes que sabían muy bien que sus estudios no les iban a servir gran cosa. Deberíamos dirigirnos a todos estos grupos descontentos.

¿Y a quién más?

Luego está el problema de los así llamados trabajadores intelectuales. Los marxistas siempre tenían ese problema: ¿son o no son parte del proletariado? Yo creo que sí. Algunos marxistas antiguos insisten en que uno debería trabajar físicamente, que eso sería la única clase trabajadora auténtica. Por otro lado, Toni Negri y sus amigos dicen que los intelectuales son los típicos proletarios de hoy en día. No, yo creo que el proletariado está disperso, no se puede encontrar una forma pragmática.

Da la impresión de que el proletariado clásico, físico, es hoy quien más vota a la derecha. ¿lo cree así?

Los partidos ex izquierda, como New Labour en Inglaterra, incluso los socialistas en España, tienen un terrible miedo a que se les vea como anticuados. Y conozco a la clase obrera que trabaja duro, físicamente, y es comprensible por qué votan a la derecha: sus competidores más inmediatos son los inmigrantes. 

Son los votantes ideales para partidos conservadores antiinmigración. Es fácil hacer teorías sobre cómo deberían verlo, pero en su experiencia inmediata, los inmigrantes significan competencia.  (...)

¿Cree que esta izquierda completamente nueva que reivindica podría surgir poco a poco, mediante elecciones, como Syriza en Grecia, o sólo a través de un cambio radical, algún tipo de cataclismo?

No soy tan pesimista. ¿Alguien se habría esperado algo como Syriza hace diez años? O mire a… no sé, a la Primavera Árabe. Puede que sea la mejor metáfora para nuestras esperanzas y nuestros temores. Explotó algo que nadie se esperaba. Un movimiento radical, prodemocrático, casi laico. 

 Pero terminó de una manera muy paradójica: cuando se introdujo un poco de democracia más auténtica, los Hermanos Musulmanes tomaron el poder en las elecciones. Y el resultado es que muchos manifestantes originales de Tahrir apoyaron el golpe militar. Este es nuestro callejón sin salida.(...)

 ¿Cree que en Europa pudieran ocurrir levantamientos radicales, comparables con los de Tahrir, capaces de cambiar de golpe un gobierno o sistema?

No, desde luego. Es lo que envidiamos de Ucrania. No tengo una opinión definitiva sobre los sucesos de Kiev, pero lo que nos fascinó en Europa es que todavía sea posible un suceso tan amplio, que reunía a cientos de miles de personas. Podemos hacer protestas a gran escala, en España, en otros sitios, pero no movilizar a la gente para un objetivo específico de transformación social. 

Por otra parte, y es una contradicción, yo todavía creo en Europa. Y está realmente en peligro. No tanto por los fundamentalistas como por nuestras propias fuerzas. Creo que Europa es el gran perdedor en esta lucha entre el capital global, democracia global y populismo antiinmigración. 

Mire las ideas europeas de igualdad, democracia, libertad, derechos humanos, todo eso refleja una cierta visión de la sociedad. Una sociedad justa y libre. En esto soy eurocentrista, por qué no. Si Europa se desvanece, si se convierte en simplemente uno de los centros menores del mundo, ¿qué lo reemplazará?

¿Hay candidatos?


Lo triste es que parece que sería –aunque no es correcto llamarlo así porque no tiene nada que ver con una raza– el modelo asiático… Capitalismo con antiguos valores asiáticos. Es decir, un capitalismo autoritario. China, Singapur, incluso Rusia… No será el fascismo a la antigua usanza, con su movilización política total, sino mucho más como Rusia hoy: tienes todas las libertades privadas, pornografía, puedes viajar, lo que sea, pero la estructura del poder es esencialmente autoritaria.  (...)

La pregunta de verdad es: hoy, con la dinámica del capitalismo global, ¿qué engendra el fundamentalismo? Esta es la pregunta.

¿Tiene la respuesta?

La respuesta es simplemente la dinámica del capitalismo, con esa carencia de formas de identidad colectiva. Es obvio: la destrucción de comunidades tradicionales o democráticas tiene que ver con las maneras de este nuevo capitalismo tardío después del 68, el capitalismo individual. El fundamentalismo es la reacción. Por eso pienso que solo la izquierda radical nos puede salvar del fundamentalismo.

¿Eso quiere decir que el glorioso mayo de París era también un fracaso?


París 1968 consiguió algo importante, no lo subestimemos. El feminismo por ejemplo: hoy día tratamos a las mujeres de manera muy diferente. Pero al mismo tiempo, sí, se incorporó perfectamente al capitalismo global. El resultado final de la revuelta fue un cambio hacia una nueva forma del capitalismo. 

Todos estos valores, contra la teocracia, por las libertades personales, el disfrute, el derecho al sexo… todo se incorporó. Hoy, el capitalismo ya no es la antigua autoridad patriarcal. Es hedonista, permisivo. Así que el 68 casi ganó, pero en la Historia solo le dio un nuevo impulso al capitalismo. (...)"      (Entrevista al filósofo Slavoj Zizek, Ilya U. Topper  , MSur , en Rebelión, 10/11/2014)

1/7/13

En 1920, el 1% de la población mundial poseía el 40% de las riquezas mundiales... hoy, posee el 90% de esas riquezas

"El caso es que ahora el Occidente y todo el mundo vive la fase inicial de la transición de una formación socio-política a otra. Porque se ha acabado la era del, digamos capitalismo financiero, basado en la división entre la producción y el consumo a nivel global. 

Cuando en una parte del mundo se concentra el consumo, y en otra la producción barata. Todo ello organizado y protegido por el sistema del crédito especulativo. Esa forma del capitalismo financiero, de consumo, está agotada y se acaba.   (...)

En las condiciones actuales los burócratas europeos no están preparados para arriesgarlo todo, es decir para causar la explosión social. Pero ya se están preparando para esta explosión, para estar bien armados. 

Es por lo que están desmontando las estructuras sociales, creadas durante el enfrentamiento con la URSS, no de golpe, sino poco a poco. Pero se debe decir que el terreno ya está preparado, hoy el uno por ciento de la población posee el 90 por ciento de las riquezas mundiales. 

Veamos cómo ha transcurrido este proceso. En 1920 el uno por ciento de la población mundial poseía el 40 por ciento de las riquezas mundiales. En 1970, después del medio siglo de la presencia de la URSS, el uno por ciento poseía tan solo el 20 por ciento de las riquezas.

 Por lo que la competencia con la Unión Soviética les había obligado a reducir el porcentaje del control sobre las riquezas mundiales el doble. Pero hacia 1990 este porcentaje de nuevo comenzó a subir ¡y en actualidad el uno por ciento de la población mundial posee… el 90 por ciento de las riquezas mundiales! 

Lo cual quiere decir que en actualidad el uno por ciento de la población de la Tierra mantiene unas posiciones materiales-financieras mucho más poderosas que en 1920, cuando el poder soviético apenas acababa de aparecer, es decir que en comparación con los principios del siglo XX, monárquicos, capitalistas etc. – el uno por ciento de hoy ha reforzado sus posiciones el doble…  (...)

Y como resultado, naturalmente, este puñado de oro, este 1 por ciento no piensa compartir los beneficios, no hay motivos que pudieran obligar a la nueva élite a compartir ahora algo con los de abajo. Claro que los programas sociales se van a cerrar. Ese será el futuro de Europa. Nada hace pensar lo contrario. "          (Entrevista al politólogo ruso, Geidar Dzhemal, Larisa Pérsikova y Nika Pérsikova, Vesti, Rebelión, 08/06/2013)

21/6/13

“Como máximo, la Unión Europea durará 10 años más…”

"En primer lugar la Unión Europea fue construida según los moldes estadounidenses. Es decir, no cómo lo querían los europeos y por lo que lucharon durante varios siglos. Porque, en realidad, la unión europea ya existía en el siglo XIX. Porque toda Europa estaba gobernada por el concilio de las monarquías, entrelazadas por las relaciones de parentesco. 

Como se sabe, todas las monarquías clave, salvo Francia republicana, donde los Borbones fueron apartados, y Bonaparte perdió el imperio tras una guerra desastrosa – toda la demás Europa sencillamente estaba gobernada por parientes – primos hermanos y sobrinos.

La Unión Europea actual, que fue creada para sustituir aquella idea de la unidad, por la que en su tiempo luchó Napoleón y la que tenía en mente el Führer del Tercer Reich, esa Unión Europea no se corresponde en absoluto con el sueño histórico de los europeos. Porque existe como el sistema que sirve a la OTAN. 

Y la OTAN es el yugo que les fue colocado a los europeos después de la derrota de Europa en 1945. Es decir, que la OTAN es la forma que representa la pérdida de soberanía y el sometimiento de Europa por los Estados Unidos. Es por lo que actualmente la Unión Europea con respecto a los Estados Unidos está obligada a cumplir un papel servicial, incompleto. 

Recordaré que los EE.UU. ejercen el papel de gendarme internacional desde hace tan solo un par de generaciones. Y que antes de la Segunda Guerra Mundial aunque ya se trataba de un país poderoso, que estaba entre los cinco primeros de Occidente, no era la potencia principal. Y antes de la Primera Guerra Mundial era un país con el estatus de Australia actual.

 Es decir, que la importancia de los EE.UU., su papel de superpotencia había aumentado increíblemente a costa de la derrota de Europa en 1945. Y a costa de la aparición del sistema bipolar, que sencillamente fue una confabulación entre Moscú y Washington, en última instancia un juego, además con una sola portería. 

 - Pero el mundo bipolar ya no existe, la Unión Soviética como superpotencia ha desaparecido…

- Y actualmente el Occidente de nuevo se acerca al umbral de la crisis cuyas proporciones, posiblemente, superen, los resultados de la Primera Guerra Mundial. Y, por cierto, la destrucción de la Unión Soviética, que a primera vista parece la victoria de Occidente, representa en realidad un durísimo golpe contra el orden mundial. 

Porque justamente la Unión Soviética proporcionaba a Occidente un seguro y se colocaba como un obstáculo en el camino de los movimientos revolucionarios que podían socavar y posiblemente derrumbar este orden mundial (Che Guevara, por ejemplo, era perfectamente consciente de este papel de la URSS – N. del T.). 

O sea que la Unión Soviética de hecho no aprovechó a toda una serie de circunstancias favorables para destruir el sistema capitalista occidental – después de Vietnam y cuando comenzó a derrumbarse la estructura de la OTAN en Europa – junto con los acontecimientos de 1968 en Francia, la revolución de 1974 en Portugal – todo ello fue bloqueado por la URSS. (Hacia 1974 quedaba claro que la URSS había ganado la “guerra fría”, pero el Politburó se asustó ante tal perspectiva y no quiso forzar la victoria.

 Por un lado, los dirigentes soviéticos temían que la situación mundial derivara en el caos y, por el otro, no querían quedarse a solas con China. Posteriormente el segmento soviético de la corporatocracia mundial y parte de la nomenklatura dirigente pasaron de la “convergencia” con Occidente a la rendición consciente, abandonando todo compromiso ideológico – N. del T.).

 Y en actualidad la Unión Soviética ha desaparecido, desestabilizando la situación mundial general. Por lo que en mi opinión a Occidente le espera una reestructuración muy seria. Incluido el reformateo de la Unión Europea que difícilmente podrá sobrevivir en su forma actual…

El caso es que ahora el Occidente y todo el mundo vive la fase inicial de la transición de una formación socio-política a otra. Porque se ha acabado la era del, digamos capitalismo financiero, basado en la división entre la producción y el consumo a nivel global. Cuando en una parte del mundo se concentra el consumo, y en otra la producción barata. Todo ello organizado y protegido por el sistema del crédito especulativo. 

Esa forma del capitalismo financiero, de consumo, está agotada y se acaba. Mientras tanto, los Estados Unidos como el país, basado en el capitalismo liberal, ejerce de gendarme mundial. Los EE.UU. por lo tanto representan un obstáculo para dar el siguiente paso histórico. Hacia una nueva formación político-económica que se basará en otros principios totalmente distintos. 

 - ¿De qué formación se trata? ¿Cuál será su base?

- Se trata de la economía postconsumista, que se basará en el retorno de algunas prácticas propias de las formaciones anteriores. En particular ciertas formas del neofeudalismo y la coacción de las personas, sacada fuera de la esfera económica. 

- ¿O sea que volvemos a la Edad Media?

- Se puede decirlo así. Pero en una nueva etapa, de alta tecnología. En resumen, los Estados Unidos representan un obstáculo para esta transición histórica y serán barridos por esta ola histórica.

- ¿Y cómo se imagina la transformación de la Unión Europea, cómo será la nueva Europa?

- Europa se liberará del papel de gendarme de los EE.UU. Lo cual no significa que Europa de nuevo se descomponga en estados nacionales y pierda la unidad. En esa época postliberal y postconsumista Europa de nuevo será transformada en un espacio unido, pero ya sin el factor estadounidense. Por así decir, sin las consecuencias del año 1945. 

Ya ahora en Europa se está planteando este tema y creo que dentro de 10 años en general se hará una revalorización de los años 1930-40 del siglo XX y la corrección política, relacionada con la derrota de Europa en 1945, con Núremberg será abandonada. Esa tendencia poco a poco, subterráneamente comienza a dominar en el espacio europeo. 

Segundo. Y casi lo más importante. La Europa del mañana no tendrá nada que ver con la Europa de los años 1960-70. En primer lugar porque la élite europea en el espacio posterior al de la UE, me refiero al espacio de Europa unida posterior a la descomposición de la UE, se liberará de todos los compromisos sociales ante las amplias capas populares. Estos compromisos fueron asumidos cuando existía la URSS. 

Durante la etapa cuando los movimientos sindicales, obrero y comunista ejercían una fuerte presión. Durante la etapa posterior a 1945 cuando los principales partidos de Europa fueron el partido comunista francés y el partido comunista italiano.

 Mientras que los liberales de Gran Bretaña, que llegaron después de Churchill, atacaron con mucha fuerza a la clase dirigente tradicional, aristocrática – con sus leyes sobre la herencia y demás.

 Ahora ya no existe el factor que obligaba a las élites a hacer grandes concesiones a las capas bajas. Por eso se van a librar de cualquier compromiso social y de nuevo pasar a una sociedad estamental con los privilegios estamentales. Lo cual prácticamente ya está en el aire.

Es interesante además observar que, al igual que nuestros actuales oligarcas fueron criados en el seno del komsomol y del KGB, igualmente los dirigentes de Europa del mañana hoy se están criando dentro del marco de la estructura que le han permitido tener los EE.UU.

 Los europeos ya hoy están criando a su burocracia internacional. Pero en el seno de un sistema ajeno, que les fue impuesto de la Unión Europea. Está claro que este sistema ya se está resquebrajando y que desaparecerá."        (Entrevista al politólogo ruso Geidar Dzhemal, Larisa Pérsikova y Nika Pérsikov,Vesti, Rebelión, 08/06/2013)