Mostrando entradas con la etiqueta r. Religión y conducta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta r. Religión y conducta. Mostrar todas las entradas

27/4/23

Zizek: Chúpame la lengua, aplástame las pelotas... Sobre el Dalai Lama, el multiculturalismo y el sicoanálisis... La interpretación altamente sexualizada de sus payasadas por parte de los observadores occidentales refleja una brecha insalvable en la comprensión cultural.

 " La polémica en torno a un reciente vídeo del Dalai Lama saludando a un niño de siete años no fue simplemente un caso clásico de "lost in translation". También habla del profundo e inerradicable abismo que puede separar a las culturas, e invita a reflexionar sobre la confusión en torno a intenciones y deseos que puede darse dentro de las culturas.

LJUBLJANA - En un reciente vídeo viral, se puede ver al Dalai Lama pidiendo a un niño de siete años, en una ceremonia pública muy concurrida, que le dé un abrazo y luego: "Chúpame la lengua". La reacción inmediata de muchos en Occidente fue condenar al Dalai Lama por comportarse de forma inapropiada, y muchos especularon con que está senil, es pedófilo o ambas cosas. Otros, más caritativos, señalaron que sacar la lengua es una práctica tradicional en la cultura tibetana, un signo de benevolencia (demuestra que la lengua no es oscura, lo que indica maldad). Sin embargo, pedir a alguien que se la chupe no tiene cabida en la tradición.

De hecho, la frase tibetana correcta es "Che le sa", que se traduce aproximadamente como "Cómete mi lengua". Los abuelos suelen utilizarla cariñosamente para burlarse de un nieto, como diciendo: "Te lo he dado todo, así que lo único que te queda es comerte mi lengua". Ni que decir tiene que el significado se perdió en la traducción. (Aunque el inglés es la segunda lengua del Dalai Lama, no posee un dominio de nivel nativo). Sin duda, el hecho de que algo forme parte de una tradición no lo excluye necesariamente del escrutinio o la crítica. Por poner un ejemplo extremo, la clitoridectomía también forma parte de una tradición, y el antiguo Tíbet también estaba lleno de lo que hoy consideramos prácticas humillantes destinadas a imponer una jerarquía estricta. 

E incluso sacar la lengua ha experimentado una extraña evolución en el último medio siglo. Como escriben Wang Lixiong y Tsering Shakya en La lucha por el Tíbet: "Durante la Revolución Cultural, si un viejo terrateniente se encontraba por el camino con siervos emancipados, se ponía a un lado, a cierta distancia, se echaba una manga por encima del hombro, se inclinaba y sacaba la lengua -una cortesía de los de estatus inferior hacia sus superiores- y sólo se atrevía a reanudar el camino cuando los antiguos siervos habían pasado de largo. 

Ahora [tras las reformas de Deng Xiaoping] las cosas han vuelto a cambiar: los antiguos siervos se colocan a un lado del camino, se inclinan y sacan la lengua, dejando paso a sus antiguos señores. Ha sido un proceso sutil, completamente voluntario, ni impuesto por nadie ni explicado". Aquí, sacar la lengua es señal de autohumillación, no de cariño. Tras las "reformas" de Deng, los ex siervos comprendieron que volvían a estar en lo más bajo de la escala social.

Aún más interesante es el hecho de que el mismo ritual sobreviviera a transformaciones sociales tan tremendas. Volviendo al Dalai Lama, es probable -y ciertamente plausible- que las autoridades chinas orquestaran o facilitaran la amplia difusión de un clip que pudiera mancillar a la figura que más encarna la resistencia tibetana a la dominación china.

En cualquier caso, todos hemos vislumbrado ahora al Dalai Lama como nuestro "prójimo" en el sentido lacaniano del término: un Otro que no puede reducirse a alguien como nosotros, cuya alteridad representa un abismo impenetrable. La interpretación altamente sexualizada de sus payasadas por parte de los observadores occidentales refleja una brecha insalvable en la comprensión cultural.

 Pero es fácil encontrar casos similares de alteridad impenetrable dentro de la cultura occidental. Hace años, cuando leí sobre cómo torturaban los nazis a los prisioneros, me traumatizó bastante saber que incluso recurrían a trituradoras industriales de testículos para causar un dolor insoportable. Sin embargo, hace poco encontré el mismo producto en un anuncio en Internet: "Escoge tu veneno para el placer... Aplastador de bolas de acero inoxidable, Dispositivo de tortura con pinzas para bolas de acero inoxidable, Juguete de tortura brutal, Torturador de bolas de acero inoxidable de alta dureza... Así que si estás tumbado en la cama con tu pareja, melancólico y cansado de la vida, ha llegado el momento. ¡Los huevos de tu esclavo están maduros para ser aplastados! Es el momento que estabas esperando: ¡encontrar la herramienta adecuada para brutalizar sus pelotas!". 

Ahora, supongamos que paso por una habitación donde dos hombres están disfrutando de este dispositivo. Al oír a uno de ellos gemir y llorar de dolor, probablemente interpretaría mal lo que estaba pasando. ¿Debería llamar a la puerta y preguntar educadamente, a riesgo de quedar como un idiota, "esto es realmente consentido"? Después de todo, si siguiera caminando, estaría ignorando la posibilidad de que realmente fuera un acto de tortura. O imaginemos un escenario en el que un hombre hace algo parecido a una mujer: torturarla de forma consentida. En esta época de corrección política, muchas personas supondrían automáticamente que ha habido coacción, o concluirían que la mujer ha interiorizado la represión masculina y ha empezado a identificarse con el enemigo.

 Es imposible representar esta situación sin ambigüedad, incertidumbre o confusión, porque realmente hay algunos hombres y mujeres que disfrutan genuinamente con cierto grado de tortura, especialmente si se representa como si no fuera consentida. En estos rituales sadomasoquistas, el acto de castigo señala la presencia de algún deseo subyacente que lo justifica. Por ejemplo, en una cultura en la que la violación se castiga con la flagelación, un hombre puede pedir a su vecino que le azote brutalmente, no como una especie de expiación, sino porque alberga un deseo profundamente arraigado de violar a las mujeres. En cierto sentido, el paso de las trituradoras de bolas nazis al tipo erótico utilizado en los juegos sadomasoquistas puede considerarse un signo de progreso histórico. 

Pero es paralelo al "progreso" que lleva a algunas personas a purgar las obras de arte clásicas de cualquier contenido que pueda herir u ofender a alguien. Nos encontramos con una cultura en la que es aceptable la incomodidad consentida en el ámbito de los placeres corporales, pero no en el de las palabras y las ideas. La ironía, por supuesto, es que los esfuerzos por prohibir o suprimir ciertas palabras e ideas no harán sino hacerlas más atractivas y poderosas como deseos secretos y profanos. El hecho de que algún superego las haya impuesto les proporciona un placer -y buscadores de placer- que de otro modo no habrían tenido.

 ¿Por qué el aumento de la permisividad parece conllevar un aumento de la impotencia y la fragilidad? ¿Y por qué, en determinadas condiciones, el placer sólo puede disfrutarse a través del dolor? Contrariamente a lo que han afirmado durante mucho tiempo los críticos de Freud, el momento del psicoanálisis acaba de llegar, porque es el único marco que puede hacer visible el gran embrollo incoherente que llamamos "sexualidad"."

  ( Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator

2/12/22

La historia del niño lama español que abandonó su templo de la India por las ‘raves’ de Ibiza

 "De Osel Hita Torres se han escrito muchas cosas durante muchos años, como prueba una rápida búsqueda en Google. “Pero son retazos de una vida que nunca se había contado de principio a fin. Hasta ahora, casi nadie me entendía”, explica él mismo a principios de noviembre en las oficinas de HBO Max España. La suya es una vida que resulta irrepetible. O quizá sería más descriptivo decir que las suyas son muchas vidas encerradas en un mismo cuerpo.

Es la única persona occidental declarada por el Dalai Lama como la reencarnación de un maestro budista. La plataforma suma a su catálogo una serie documental de la productora Mr. Monkey que lleva su nombre y cuenta su historia.

El director Lucas Figueroa inicia el relato con un capítulo lleno de contexto que sitúa al espectador en un viaje que no acabará tal y como lo empezó. Es el testimonio que descubrió al leer el libro biográfico de María, la madre de Osel. Un suceso conmocionó al mundo en 1986, cuando un bebé de la Alpujarra fue reconocido como la reencarnación de Lama Yeshe. Este visionario maestro budista decidió mezclarse con la cultura hippy de Europa y Estados Unidos durante los setenta y ochenta, para así romper las barreras culturales que alejaban a su doctrina religiosa del mundo occidental. 

Durante sus visitas a una comuna española, conoció al matrimonio formado por María Torres y Paco Hita, quienes constituían un curioso triángulo con el francés Francois Camus, joven millonario benefactor del lugar. El líder espiritual vislumbró que sería allí donde regresaría tras su muerte. El nacimiento de uno de los hijos de la pareja, Osel, encajó en la profecía y fue trasladado a la India, para su entronización y formación.

Hita creció en ese templo, con unas luces y sombras que explica por vez primera de forma detallada en esta serie de cuatro capítulos. Cuando rememora su infancia, habla del sentimiento de abandono, al creerse vendido por los suyos, que le ha acompañado durante años. Y de los estrictos códigos que afrontó en su educación como lama, que le llevaron a tener estrés, con siete años, viviendo en medio de la nada. No podía hacer deporte, no podía ver películas, ni comer acompañado de nadie. Solo podía estudiar durante horas, entre 8 y 16 al día, a menudo textos en tibetano, recuerda Hita. 

 Tras su mayoría de edad, decidió abandonar el lugar para viajar por el mundo, acercarse a su familia y conocer una visión terrenal de la vida que hasta entonces apenas había experimentado, salvo en contadas visitas a su hogar español. Y así es como fue adolescente en la Ibiza de Pachá, las drogas y las raves, un sin hogar en Venecia, estudiante en prestigiosas escuelas de Suiza y Canadá… Ahora, a sus 37 años, se siente en paz con su familia y con su pasado religioso, es padre y activista medioambiental, que une las visiones extremas de dos mundos, el de la espiritualidad oriental y el hedonismo capitalista de Occidente.

“Yo vivía en Argentina cuando todo esto ocurrió y, al leer los recuerdos de María, me parecía una historia inverosímil”, cuenta Figueroa, que decidió viajar por diferentes países para conocer y grabar con su cámara a las personas que aparecían en el texto. Tras años de trabajo, Hita, desaparecido de forma voluntaria de los medios de comunicación durante más de una década, decidió que él también quería participar en el testimonio visual de la que es la historia de su vida.

 “Ese camino que hacen los protagonistas de la serie documental, en el que lo malo termina siendo bueno y a la inversa, es el que busco para la audiencia”, comenta el director. Lo hace a través de dos personajes especialmente fascinantes, el niño lama convertido en un adulto y María, una madre con miradas muy poco comunes que pasa de ser enjuiciada a comprendida. “Ella, su forma de ser, hacen que al final termines mirándote a ti mismo y analices tus propios prejuicios”, defiende el responsable de la serie. En realidad, Osel es “la historia de una familia en medio de situaciones extraordinarias”, continúa.

Mundos irreconciliables

Son tantos los choques culturales que muestra Osel, que también cuestiona si las sociedades occidental y oriental están condenadas a no entenderse, por mucha globalización que llegue al mundo. “Hay y habrá aproximaciones, pero solo en asuntos muy puntuales”, opina Figueroa. “Yo creo que se puede compartir, unificar, romper tabúes, derribar barreras… Para mí es un honor formar parte de ese proceso”, cuenta Hita, que siente que su vida ha sido “un experimento” con el que probar que el entendimiento es posible.

El ponerse por una vez en el lugar de espectador gracias a este proyecto ha ayudado a Hita a cambiar la perspectiva de su biografía. “La serie me ha ayudado mucho a ver las cosas de forma objetiva ante una experiencia que me resultó tan extrema. Ha sido como una terapia, un largo proceso de aprendizaje”, cuenta quien fuera niño lama. En su actual proyecto de vida, Hita da charlas en todo el mundo, también en centros budistas de aquellos que han aceptado que se desviara del camino que le había marcado su religión. Se presenta como un líder que sigue aprendiendo, no como un gurú que sabe de todo. Su fundación Global Tree Initiative recopila las enseñanzas que ha recibido y las aplica en la lucha por proteger el medioambiente. Será uno de los asuntos que la serie trate en las dos temporadas más que su creador tiene planeado para ella.

“Mi apego emocional fue con mi maestro, la única figura constante que hubo en mi infancia. Con mis padres no me he criado, los he ido conociendo poco a poco. Me costaba tener intimidad y comunicación con ellos. Pero para mí siempre ha sido más fácil entender a mis padres que ellos a mí. La primera vez que vi la serie terminada, no pude esperar a que acabaran los capítulos para enviar un mensaje a mi madre y mi padre y decirles que les amo”, confiesa."                (Héctor Llanos Martínez , El país, 06/11/22)

31/3/21

La Semana Santa, más que religión, es barrio, familia y recuerdo. Y diversión, por supuesto...

 "No es tan pura como parece, ni siquiera tan religiosa. Ni mucho menos tan solemne. La Semana Santa que aparece descrita en el ensayo El mito de la tierra de María Santísima. Religiosidad popular, espectáculo e identidad, de César Rina (Centro de Estudios Andaluces, 2021), asoma al lector a una celebración con vetas populares, heterodoxas y hasta rebeldes, que ha vivido en una histórica tensión con su interpretación más canónica y que es clave para explicar su éxito.

 Rina, que no se ciñe a Sevilla pero sí le presta especial atención, nos muestra una cara b de la celebración –a menudo ignorada por un relato dominante hecho de religión y turismo– que también tiene su historia y sus hitos. Y que también se ve interrumpida con la segunda suspensión consecutiva de las procesiones.

La autoridad política y religiosa, como muestra el trabajo de Rina, ha tratado siempre de poner bajo control y encauzar la Semana Santa, mimando a los valedores de su línea oficial, dándole visibilidad y recursos públicos. Incluso sin procesiones, como volverá a ocurrir este año, la complicidad del mundo oficial cofradiero sigue siendo objeto de deseo del poder político, que ahora ha compensado a las hermandades con ayudas públicas extraordinarias. “Los enemigos natos de la Semana Santa son el cardenal y el gobernador”, escribió Manuel Chaves Nogales en Ahora en 1935, defendiendo que la celebración en Sevilla no es "ni de los curas, ni de los gobernantes", por más que se empeñen.

El periodista reivindicaba que la Semana Santa, más que religión, es barrio, familia y recuerdo. Y diversión, por supuesto. "Donde se supone que tendría que haber ayuno y abstinencia, hay jolgorio y pecado. Y luego el Domingo de Resurrección, que se supone que debería ser un día de gozo, lo que hay es depresión porque se ha acabado la diversión", sonríe el antropólogo Ángel del Río, que resume con una anécdota lo que es también –y a menudo no se conoce, o no se comprende– la Semana Santa: "Estaba viendo la Macarena con un amigo mío ateo, de izquierda, que no pisa una iglesia, y de repente se pone a llorar. Yo estaba sorprendido. Y me lo explicó: 'Aquí lo que estoy viendo es a mi abuelo, a mi padre, a mi barrio, a mi gente'".

Perfiles similares a los de este ateo en lágrimas, o incluso capillitas convencionales, forman parte del público que ha convertido en un éxito la obra teatral Estrella sublime, una comedia cargada de gags y transgresiones que es un auténtico fenómeno popular en Sevilla. Ángel López, director de programación de la Sala Cero, donde se representa, ha comprobado cómo los mismos que se arroban ante una imagen pueden reírse con un chiste sobre la misma, sin contradicción. "No olvidemos que en Sevilla la Semana Santa es una fiesta de la primavera. Aquí apenas tenemos carnaval. El fenómeno tiene más de cultural que de religioso", señala López. Dice que en Semana Santa es inútil abrir un teatro en Sevilla, entre otras cosas porque el teatro está en la calle.

El antropólogo Isidoro Moreno, referente en el análisis intelectual de la Semana Santa, combate cualquier visión reduccionista y tópica sobre la celebración, que encuadra dentro del concepto de "hecho social total", acuñado por el etnólogo francés Marcel Mauss. En este tipo manifestaciones la estructura social expresa todas sus dimensiones: religiosa, moral, política, familiar, económica, artística... "Cada cual elige su forma de participar", afirma Moreno, para quien la clave está en los factores "identitario" y "emocional", vinculados a la memoria familiar y al propio barrio. Son significados que suelen quedar eclipsados por un relato sobre la Semana Santa que destaca su dimensión religiosa y económica. Rina pone el foco en otro punto: en su capacidad de creación de comunidad en un mundo cada vez más globalizado. Eso también es la Semana Santa. 

Tensiones y choques

Lo religioso contra lo profano. Lo popular contra lo elitista. Lo oficial contra lo subversivo. El autor de El mito de la tierra de María Santísima, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura, recorre todas las tensiones que han rodeado a esta celebración, que este 2021 volverá a sufrir una no-edición, debido a la suspensión de las procesiones. Pero ni siquiera eso suspende sus contradicciones. De un lado, el mundo cofrade funciona con ayudas públicas. No en vano, el Gobierno andaluz de PP y Ciudadanos y el Ayuntamiento de Sevilla del PSOE han aprobado ayudas específicas, de ámbito autonómico y local, por valor de 3 y casi 1 millón de euros, saliendo en apoyo de unas cofradías en horas bajas. 

Al mismo tiempo que se trata de un tejido asociativo y de una fiesta subvencionada, la Iglesia trata de reivindicar su carácter estrictamente católico. "Por mucho que la Iglesia reivindique que la Semana Santa es católica, se trata obviamente de una fiesta pública, como demuestra el que esté subvencionada con dinero público", señala Rina. Y no es algo nuevo, recalca. Las procesiones no hubieran renacido en el siglo XIX con la fuerza que lo hicieron sin las ayudas municipales, explica Rina.

Y hay otra tendencia histórica. La derecha política, la jerarquía de la Iglesia y las cúpulas cofradieras han tratado de encauzar la Semana Santa hacia la pureza y el oficialismo, mientras otros sectores reclamaban su espacio e independencia. Isidoro Moreno, catedrático de Antropología y cita ineludible al hablar de los significados profundos de la religiosidad popular, lamenta que hoy en día las cofradías apenas defiendan ese margen de independencia y sean "cada vez más sumisas" al dictado del Arzobispado.

Rina detecta un "dualismo" entre las directivas de las hermandades, "identificadas con las élites políticas conservadoras", y el conjunto de los hermanos, con "perfiles ideológicos más diversos". Detrás, siempre, la Iglesia, en el caso de Sevilla el Arzobispado, que mantiene la vigilancia para que las cofradías se ciñan lo más posible a pureza católica del rito. En Sevilla, el Consejo General de Hermandades y Cofradías, que depende de la autoridad eclesiástica y constituye uno de sus brazos de influencia, es la es clave para la preservación de las tradiciones y el carácter católico de la Semana Santa. Similar esquemas siguen otras ciudades andaluzas. 

Instrumentalización política

La historia de la instrumentalización de la Semana Santa por parte del poder tiene anclajes antiguos. Es elocuente la estrategia de los borbones de buscar legitimación popular en Sevilla vinculándose a su imagen más señera, la Macarena: fueron hermanos la reina María Cristina (1892) y Alfonso XIII (1904), entre otros. El ensayo se detiene en cómo la cúpula eclesial, las élites cofradieras y la derecha no sólo protagonizaron el boicot a las procesiones de los años 1932 y 1933, en un intento de socavar el apoyo popular a la República, sino que luego el franquismo logró fabricar con éxito el mito de que había sido el régimen tricolor el que las había prohibido. 

La Estrella, del arrabal obrero de Triana, fue la única que se atrevió a plantar cara al boicot, como explica Rina. Su salida no fue un camino de rosas. Un ladrillo rompió un ala de un ángel, fueron arrojados huevos con gasolina y un anarquista llegó a disparar contra la imagen de la Virgen, mediando la intervención de las fuerzas del orden para evitar su linchamiento. No obstante, el apoyo popular a la procesión se convirtió, explica Rina, en un "alegato ciudadano".

El mito de la tierra de María Santísima desmenuza además la apropiación y resignificación de la Semana Santa que hizo el franquismo, que pretendía superar su "noción festiva y espectacularizada", militarizando y fascistizando los rituales. Durante el régimen se siguieron produciendo tensiones entre las dimensiones oficial y popular de la Semana Santa. Tensiones con fondo político, por supuesto. ¿Un ejemplo? En 1941 salió por primera vez en procesión Jesús Despojado, cuya imagen era obra de Antonio Perera, un republicano del barrio de San Marcos, en pleno "Moscú sevillano", que la talló en la cárcel tomando como modelo la imagen de un compañero sentenciado a muerte. El obispado destituyó a la junta de gobierno de la hermandad.

Otro más. Millán Astray, en 1939, presidió como hermano mayor honorario el paso del Cristo de la Buena Muerte. En su honor sonó el Novio de la muerte al paso del crucificado por la Plaza de San Francisco, provocando el enojo del público sevillano, que quería silencio. La hermandad pidió que la banda de música de la Legión no volviera a salir con ella. Millán Astray no volvió a la Semana Santa de Sevilla, pero mantuvo su vinculación con el Cristo de la Buena Muerte, de Málaga, donde no había límites a la representación legionaria. Rina desvela la impostura de algunas supuestas tradiciones seculares. "Los legionarios empiezan a salir con la Buena Muerte en 1928, pero ya en 1930 en la prensa de Málaga se habla de una tradición eterna de la ciudad de Málaga", explica el autor. Los empujones entre políticos para lucirse en la Buena Muerte llegan hasta el presente. En 2018 hubo hasta cuatro ministros: Cospedal, Zoido, Catalá y Méndez de Vigo. Esa es la Semana Santa que sale en la foto. Pero no es la única.

Un conflicto histórico

La Semana Santa oficialista, purificada y conservadora contrasta en las páginas de Rina con otra popular, excéntrica, bohemia, en ocasiones canalla, que la mayoría desconoce. La historia ha ido enfrentando a los custodios del dogma con un pueblo en fiesta en toda su diversidad. El propio auge de las procesiones en el siglo XIX ya despertó la alerta de la jerarquía católica, que se resistió y trató de embridar una manifestación bulliciosa e imprevisible. El arzobispo de Sevilla llegó a prohibir cofradías alegando que entre sus miembros había inmorales y homosexuales.

En Semana Santa insólita (Almuzara, 2014), obra citada por Rina, los periodistas Eva Díaz Pérez y José María Rondón ya hicieron repaso a una celebración "subterránea, casi clandestina y ajena a la versión oficial", que demuestra que los caminos de la devoción son imprevisibles. El aviador republicano Ignacio Hidalgo de Cisneros anotó en Cambio de rumbo lo frecuentes que eran los altares de la Macarena o el Gran Poder en las casas de prostitución. John Haycraft, autor de Babel en España (1958), se refirió a las procesiones como "borracheras eucarísticas", desarrolladas en un entorno "sensual y báquico". "Báquico" por Baco, dios del vino. En 1973 la delegación episcopal de Málaga pidió la revisión de todas las piezas musicales, después de que el año anterior hubiera sonado en varios puntos Soy rebelde, de Jeanette. Y aquí un ejemplo extremo de desviación con respecto al dogma: en 1900 hubo hermanos de Monte-Sión que remitieron al arzobispo una carta alertando de "desmanes gravísimos" detectados tanto en la procesión como en el templo: una "sacrílega camarilla" de "crápulas" organizaba "orgías".

¿Qué se concluye, en conjunto? Que la celebración de la Semana Santa no es ni política, ni moral, ni culturalmente unívoca. Y que tiene tanto de fiesta como de rito.

Un "auténtico lobby"

Esta pluralidad interna no evita que la celebración tenga sus representantes oficiales, las hermandades y cofradías, que viven tiempos de dificultad. 2021 será el segundo año seguido sin procesiones. El problema impacta de forma llamativa en Andalucía, donde el mundo cofrade está reconocido por la Junta como el "cuerpo social más numeroso", con más de 300.000 hermanos.

Rina no duda en considerarlas "un auténtico lobby", con gran "capacidad de influencia". "Según lo que digan las hermandades se cortan calles, se quitan árboles, quioscos... Los centros de algunas principales ciudades se organizan en función de una semana, condicionando qué se pone en una calle según vaya a pasar o no una procesión", señala.

La revista Pasión en Sevilla contabilizó en el primer trimestre de 2017 un total de 545 cortes de vías, de los que el 43% eran por procesiones, el por 11% ensayos, el 10% por cruces de mayo, el 12% por vía crucis, el 7% por traslados de imágenes, el 5% por romerías y el 4% por otros cultos externos. Es –era– frecuentísimo ver a sevillanos cabreados por tener que dar un rodeo para llegar a tal o cual sitio. Más aún, si no les gustaba la Semana Santa. Porque huelga decir que en la "tierra de María Santísima" también hay a los que no les gustan las procesiones, aunque quizás ahora, dadas las circunstancias, también puedan echarlas un poco de menos."                  (Ángel Munárriz, Info Libre, 29/03/21)

10/6/15

¿Cómo conseguimos vivir sabiendo que pasan estas cosas?

"(...) ¿Qué es el hambre en lo que tú en el ensayo nombras como el “OtroMundo” y el hambre en nuestras sociedades occidentales?

Aquí nos parece que conocemos el hambre. Tenemos hambre dos o tres veces por día, y lo decimos: “Ay, qué hambre tengo”. Eso no tiene nada que ver con la sensación de no saber si vas a poder conseguir comida mañana, que es lo que le pasa a novecientos millones de personas en el mundo, ni con la situación de pobreza y marginación donde esto se produce.

Hablas de muchos condicionantes de la pobreza: la falta de higiene, la violencia… pero, ¿hay algo que la defina más que el hambre?

No. Es la forma más extrema de la pobreza. Es la más extrema porque es la más insoportable: muchas otras son intolerables en términos éticos pero puedes vivir sufriéndolas. En cambio, el hambre se te hace muy difícil seguir viviendo con él. 

En España, hace cinco o seis años nadie hubiese dicho que había personas pasando hambre. Haz una prueba: pon en Google “España hambre” y la mayor cantidad de resultados son páginas en las que puedes donar dinero para paliar el hambre en Nigeria o la India.

 El Estado español sigue hoy con la misma actitud para con la desnutrición de sus ciudadanos. Si te fijas, no hay estadísticas. Se hace muy difícil encontrar cifras sobre la desnutrición en este país: el Gobierno sigue haciéndose el tonto, pero por lo menos hay más consenso que hace cinco o seis años de que en España hay gente que tiene problemas para comer todos los días.
El lexico perverso sobre el hambre: “subdesarrollados” en lugar de miserables, “villas” en lugar de barrios de chabolas… ¿Crees que este lenguaje está estratégicamente diseñado o lo vamos creando de forma inconsciente para que, de alguna forma, el hambre no esté presente en nuestras vidas?

Hay de todo. Por un lado hay miles de funcionarios, de políticos… que intentan crear lenguajes que no digan lo que deberían decir. “Inseguridad alimentaria” para llamar al hambre es un ejemplo clarísimo. Pero al mismo tiempo, si ese lenguaje prospera, es porque hay muchas personas que prefieren no escuchar. Entonces se produce una alianza perfecta entre quienes no quieren decir y quienes no quieren escuchar.  (...)

En los escenarios del hambre a los que has ido (India, África, Argentina, USA) siempre preguntas “¿Y Dios qué tiene que ver en esto?”.

Digo bastante que no me he encontrado hambrientos ateos porque da la sensación de que, cuando uno está muy jodido, necesita creer que hay algún orden que produce esa desolación, esa miseria. Para que tenga algún sentido, para que uno no tenga del todo la culpa, porque es lo que le han dicho… 

Las religiones siempre han servido para justificar ese tipo de situaciones y aplacar a los hambrientos. Hay una cita en “El Hambre” de la Madre Teresa que habla de la belleza de ver a los pobres sufrir su suerte. Me parece, como dicen los abogados en las series americanas, “I rest my case”.   (...)

Eso sí, al menos en el cristianismo si eres pobre tienes un sitio en el Reino de los Cielos, en cambio en el hinduismo, como cuentas, la idea del karma es terrible, a pesar de que ha sido trasladada a Occidente con este rollo “new age” y buenrrollista.

Lo del hinduismo es increíble. Te dice que si estás pasándolas canutas es porque anteriormente hiciste algo muy malvado y, ahora, catorce encarnaciones más adelante, lo estás pagando. Esto es de una perversidad… si te mueres de hambre es porque te lo has buscado.

Un dilema del libro: la caridad. La caridad como idea puede ser criticada pero en el día a día práctico, sí da de comer a mucha gente.

No tengo respuesta a eso. Como medida de intervención yo la condenaría en la medida en que lo que hace es ayudar a que se sostenga un sistema injusto. Yo preferiría una forma de organización en la que nadie necesitase la caridad y entonces estuviese destinada a desaparecer. Al mismo tiempo, mientras esto no ocurra, es mejor que la haya a que no la haya porque eso hace la diferencia entre la vida y la muerte para muchas personas.

Frase de café que te puede decir cualquier cuñado neoliberal: “El capitalismo será malo pero nunca ningún otro sistema ha dado de comer a tanta gente”. Esto choca con algo que dices en el libro, “estoy a favor de lo impensable”, ¿existe algún otro sistema?

La frase del inicio de pregunta se podría decir, a lo largo de la Historia, de cada uno de los sucesivos sistemas. Lo curioso es que cuando uno estudia la Historia, lo primero que ve es que ha habido desde hace tres o cuatro mil años una sucesión de sistemas de organización social, económica y política que, cada uno de los cuales, estaba convencido de que no podría haber otro. Si en el siglo XVI hubieses salido a la calle y dicho “¿Reyes? ¿Para qué necesitamos reyes? Tenemos que votar”, pensarían que estabas loco.  (...)

“Que tantos consigan comer todos los días es un milagro, que tantos no lo consigan es una canallada”, escribes. Ya sé que tú no la tienes pero, ¿hay alguna solución?

Sí, hay soluciones y son claramente políticas. Insisto en que el hambre contemporánea es el más canalla porque, por primera vez en la Historia, hay comida para todos. Ya no vale la coartada de que no alcanza: algunos concentran tanto que otros no tienen lo que necesitan. Eso solo puede solucionarse a través de decisiones políticas que hagan que se establezca lo que yo llamo en el libro “una forma moral de la economía”, en la que todos tengan suficiente y

ninguno tenga demasiado. El problema es que no sabemos cuál es la forma política que podría llevarlo a cabo.

Te plagio la última pregunta de una que te repites en tu libro, “¿Cómo conseguimos vivir sabiendo que pasan estas cosas?”.

Lo conseguimos de muchas maneras: la más habitual y eficaz consiste en mirar hacia otro lado. Hay muchos lugares donde mirar que nos permiten olvidar que pasan estas cosas, sobre todo en la medida que estas cosas les pasan a otros. El hambre es el menos igualitario de los problemas que sufrimos. 

Así como se supone que las amenazas ecológicas son igualitarias porque a todos se nos van a joder los pulmones si el aire está poluido, en cambio, sabemos que la miseria y el hambre la van a pasar otros. 

No seremos ni nosotros, ni nuestros parientes, ni nuestros amigos. Eso facilita mucho seguir viviendo. También hay otros mecanismos: la religión, las ideologías, la creencia en el mercado… que hacen que nos digamos que, finalmente, esto es lo mejor que podemos conseguir. 

Si esto es lo mejor que podemos conseguir, estamos como Aisha, la mujer africana que abre el libro, que, cuando el mago le ofrecía cualquier cosa, a ella lo más osado que se le ocurría pedir eran dos vacas. Nosotros deberíamos poder pedir algo más que dos vacas, por lo menos, que todos podamos comer bien."                (Entevista a Martín Caparrós sobre su libro "El hambre", Edu Galán , El diario.es, en Rebelión, 09/06/2015)

2/6/15

¿Simpatiza Francisco con el ateísmo cristiano? Para el Papa los verdaderos ateos no son los que niegan a Dios, sino al prójimo

"Está cada vez más claro que el papa Francisco se entiende mejor con ateos como José Mújica o Raúl Castro que con algunos católicos tradicionales que no le perdonan que se haya despojado de todos los símbolos del poder papal, heredados del Imperio Romano, cuando la Iglesia pasó de ser perseguida y escondida en las catacumbas a religión del Estado.

¿Estará Francisco simpatizando con el ateísmo cristiano? Cuando en el Vaticano recibe en audiencia a políticos ateos da la impresión de que conversa a gusto con ellos. Y ateos y agnósticos se sienten atraídos por la figura del pontífice, del que algunos miembros de la Curia afirman con cierto desdén que "no parece Papa".

Quienes conocen de cerca a Francisco confirman que cuando era cardenal de Buenos Aires mantuvo siempre una relación cordial con los no creyentes y con los ateos, así como con los líderes de otras religiones.

En su libro de conversaciones con el rabino Abraham Skorka, Entre el cielo y la tierra, el entonces arzobispo argentino contaba que cuando alguien se acercaba a él para conversar no le preguntaba si creía o no en Dios. Lo importante, afirma, era saber si su interlocutor "hacía algo por los demás" que era como preguntarle si creía en la humanidad.

Para Francisco, los verdaderos ateos no son los que niegan a Dios, sino al prójimo. Ha debido de ser esa postura suya, que recuerda al ateísmo cristiano o al cristianismo ateo, teorizado por teólogos como Paul von Buren, C.Lyas, Thomas Ogletree o Altizer entre muchos otros, lo que está llamando la atención de los no creyentes. Para los seguidores del cristianismo ateo "la palabra Dios, por sí misma, carece de significado y es engañosa", como afirma uno de sus teólogos.

Según dicho ateísmo cristiano "el tradicionalismo eclesiástico ha dejado de ser cristiano" y recuerda que Jesús fue un laico, un seglar, no un miembro de la casta sacerdotal.

Es justamente de lo que algunos católicos tradicionales acusan a Francisco: de haberse olvidado de ser Papa, eclesiástico, y de hablar y preocuparse más de los hombres y sus angustias, de su pobreza y de las injusticias perpetradas contra él, que de Dios.

El líder cubano, bajo cuyo régimen comunista sufrieron persecución y ostracismo miles de fieles cristianos, dijo al salir de una audiencia de una hora con el Papa: "Si sigue así volveré a rezar y regreso a la Iglesia".

Sin duda, Francisco no le habló de Dios al líder cubano, sino de la necesidad de que los cubanos puedan realizar sus deseos de felicidad y libertad.

La misma conversación fue la que Francisco tuvo con el entonces presidente de Uruguay, José Mújica, quien al salir de la audiencia confió que aunque él era ateo, se había entendido bien con el Papa en la lucha por la defensa de los más pobres y humillados de la Tierra.

No hay duda que Francisco, en sus discursos y en sus actos, sigue más el cristianismo de los orígenes que el de las teologías medievales. Su credo es el de aquel profeta judío que iba a la búsqueda de la caravana de desheredados que la sociedad bien de su tiempo arrinconaba o despreciaba.

Hay un pasaje de los evangelios emblemático: cuando Jesús dice que curaba a los enfermos y arrojaba los demonios porque "no soportaba ver sufrir a la gente". Era hacer el bien por el bien, no en busca de una recompensa ni siquiera divina.

El ateísmo cristiano afirma, justamente, que "no hay necesidad de amenazar con el infierno ni seducir con el paraíso para hacer el bien". Un concepto que Francisco recalca cada día en sus discursos y conversaciones con los periodistas.

Hay quien no ve de buenos ojos, dentro del catolicismo de Roma, que el Papa, mientras lleva una vida austera y sencilla, sin las viejas pompas pontificias, no desdeñe los pequeños placeres de la vida. Los de todos los mortales, desde un buen café o el entusiasmo por su equipo de fútbol al de cocinarse el mismo un pollo. Es un Papa que no tiene miedo al tacto, que besa, abraza y cultiva con pasión sus amistades.

Y es el ateísmo cristiano, para quien no hay otra divinidad que la propia humanidad, el que ha dejado de lado el llamado "odio paulino al cuerpo", aquel miedo que el Apóstol Pablo, demostraba por la sexualidad y que le llevó a relegar a las mujeres de la jerarquía de la Iglesia, a pesar de haber sido ella las promotoras de las primeras comunidades cristianas.

El papa Francisco se entiende más con los ateos que muchos de sus antecesores. Él siempre rechazó la idea de que ser ateo conlleve ser inmoral, ya que sin fe no existiría ética. Es la idea tan cultivada por los viejos católicos de que "Si Dios no existe, todo está permitido".

Francisco está recordando a su Iglesia que existe otro modo religioso de ver las cosas y la vida, y que no es indispensable la fe en Dios para sacrificarse por el prójimo. Él sabe muy bien que la Iglesia que representa, que tanto temió siempre a los ateos, fue capaz de matar en nombre de Dios. Por el contrario, el cristianismo ateo reconoce que el mandamiento de "no matarás" sigue siendo válido y razonable sin necesidad de dioses que lo prohíban.

El papa Francisco está repitiendo machaconamente a obispos y cardenales que la fe les debe arrancar de sus palacios para que vayan a la periferia de las ciudades, donde el poder ha creado los nuevos guetos de los condenados a la miseria. Les pide que no tengan miedo de "tocar" a los pobres. No les pide que recen a Dios por ellos, sino que sean un dios bueno para ellos.

¿No será esa insistencia más en los hombres que en Dios lo que atrae en Francisco la curiosidad y simpatía de ateos y agnósticos, así como cierta distancia de los católicos tradicionalistas?

Francisco está haciendo de algún modo suya la filosofía de los teólogos del ateísmo cristiano que defienden que no es posible creer en algún dios si antes no se cree y abraza a la humanidad más marginada y desamparada."                (   ,  El País,  14 MAY 2015)

15/6/11

"Las pretensiones de imposición pública de dogmas y control de comportamientos que pretenden las iglesias"

"Últimamente abundan en el pensamiento anglosajón los adalides de la crítica inmisericorde de las religiones. (...)

Grayling repite de modo sintético algunos razonamientos ya planteados en extenso por obras mayores, con algunas aportaciones personales. Por ejemplo, refuta la pretensión de las religiones de merecer un respeto especial en el debate teórico (la comparten, por cierto, con las formas de vida y las ideas políticas).

El respeto a aquellos rasgos no elegidos (edad, color de piel, minusvalías, etcétera) es exigible democráticamente como reconocimiento de la dignidad de cada cual. Pero en lo tocante a opciones personales, ideológicas o de comportamiento, hay que resignarse a la crítica y a las bromas, de mejor o peor gusto. Puede aconsejarse cortesía en ese campo, desde luego, pero no exigirse intangibilidad so pena de ser acusado de "fóbico" o "intolerante". (...)

En realidad, el discurso de Grayling argumenta polémicamente contra las pretensiones de imposición pública de dogmas y control de comportamientos que pretenden las iglesias. Pero la cuestión de fondo teórica -a qué responde la religión y qué problemas de comprensión existencial atiende o atendía- es algo mucho más complejo y creo que más apasionante.

Un buen tratamiento filosófico de la cuestión es el que ofrece Vicente Serrano en La herida de Spinoza, reciente ganador del Premio Anagrama de Ensayo. (...)

Las religiones brindaron en su día una autocomprensión de la vida y de los afectos de miedo y esperanza que nos constituyen; perdido ese marco de referencia, quizá haya sido el pensamiento de Spinoza el último intento de establecer límites extraeclesiales al impulso deseante de la modernidad.

Serrano explora las consecuencias posmodernas del abandono de las religiones: un tema más sugestivo que la refutación de las iglesias..." (FERNANDO SAVATER: Iglesia y religión. El País, 14/06/2011, p. 40)

17/12/10

"La religión debe quedarse en casa"

"Jahangir ganó un gran prestigio en los años de dictadura en su país al defender a personas procesadas bajo las leyes dictadas a la sombra de los preceptos del islam. Como abogada y activista proderechos humanos su esfuerzo se ha dirigido a separar la religión de la vida civil. "La religión ha sido demasiado politizada", lamenta.

"En mi país ha entrado en todas las facetas de la vida. Hasta las reuniones de las asociaciones de abogados comienzan con una oración. Cuando yo era una adolescente la sociedad estaba más secularizada, pero hemos retrocedido. Ahora una persona que no muestre su religiosidad no es bien recibida en instituciones como la judicatura. La religión es para la vida privada, debe quedarse en casa", repite. (...)
Lahangir no confía en que la juventud impulse el cambio hacia una sociedad secularizada en Pakistán. "Han sido adoctrinados desde la escuela", destaca. "Es muy complicado ser agnóstico en mi país. Puedes serlo, pero no decirlo". Y critica que las creencias religiosas ganen espacio en todo el mundo.
"Afortunadamente, en los países con democracias firmes no tienen tanto éxito", asegura. La solución a largo plazo pasa, en su opinión, por reconocer que los valores básicos son los derechos humanos, no los preceptos religiosos. "Hay que abandonar los debates teóricos y formar grupos internacionales de activistas que unan sus fuerzas". (El País, 11/12/2010, última)

12/1/10

A mis 94 años, creo que la religión es... alegría

"A mis 94 años he llegado a la conclusión de que todo tiene importancia y nada tiene importancia, porque la buena vida sólo consiste en saber aprovecharse tanto de las cosas buenas como de las malas. (...)

Sostengo que todo lo que has de creer, orar y practicar está contenido en el Padre Nuestro. Y me inspiro en los discípulos próximos a Jesús y en ese pequeño libro del siglo I, la Didajé, que se traduce por Enseñanza o Doctrina y que nos muestra que toda conducta positiva ha de basarse en la regla de oro: "No hagas a los demás lo que no quieras para ti". Igualmente, el Pastor de Hermás nos dijo en el siglo II que "todo el que está alegre obra bien y piensa bien".

La religión en la que creo no es cosa de tristes gruñones, sino apertura y ayuda mutua, que siempre repercutirá en un mundo mejor, sea cual sea nuestro pensamiento: por eso, con el tiempo, mi fe se ha vuelto más sencilla y más dependiente de lo interior y de una conducta abierta a los demás. Porque Dios, lejos de ser un amo exigente, es "poesía en la cual se cree". (Enrique Miret Magdalena: Porque Dios es poesía en la cual se cree. El País, ed. Galicia, opinión, 24/12/2009, p. 27)