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15/2/22

La nostalgia de Hilarión... él nunca le ha contado a su familia que renta un espacio en un sótano de una casa en donde viven quince indocumentados más

 "Como tantos inmigrantes, él nunca le ha contado a su familia que renta un espacio en un sótano de una casa en donde viven quince indocumentados más.

Salió del segundo turno a las tres de la tarde, ha trabajado de 5 a 10 de la mañana en una mueblería cortando madera y de 11 de la mañana a las 3 de la tarde el segundo turno, limpiando oficinas.  En su camino para el tercer turno donde trabaja de ayudante de mesero en un restaurante libanés se detiene en un supermercado mexicano para enviar su remesa semanal a su familia en San Sebastián, Retalhuleu, Guatemala, es domingo en donde vive todos los días de la semana los trabaja por igual.  

Una enorme fila lo espera en el supermercado, siempre hay gente enviando remesas a cualquier hora cualquier día de la semana, siempre está el volumen del radio a todo lo que da con música mexicana, huele a carne frita, a pocos pasos hay otra fila esperando comprar los tacos de carne de coche que son la especialidad de la casa. Ve apiladas las cajas de aguacate maduro que se irán en un santiamén, es lo que más compra la gente los fines de semana  y los  tamales en bolsa que venden maleteados, también maleteadas venden las hojas de nopal, cosa que nunca deja de asombrarlo pues en Guatemala no se comen, las vio una vez que fue a Zacapa, enormes plantas de cactus que nadie tocaba y resulta que en donde está los mexicanos los compran como quien compra un rimero de tortillas o una bolsa de pan, parecieran el conqué y no un acompañamiento en el plato de comida.

Al principio, de recién llegado a Hilarión le llamaba la atención que la gente ponía remesas, recargaba tarjetas de teléfono en sus países de origen, cambiaban sus cheques y dejaban hasta el último centavo entre el supermercado y la licorería de al lado, nunca imaginó que pasarían tantos años y que él haría una rutina tan similar a la de esas personas que vio cuando recién llegó a ese lugar donde neva en   la época en la que los árboles de mango están a todo lo que dan en su pueblo natal.

Hilarión emigró cuando recién cumplió 17 años, con tres hijos por mantener dejó a su esposa y a los niños en casa de sus suegros y prometió regresar en dos años, si le iba bien y llevar dinero para comenzar un negocio, han pasado 25 años desde entonces, le falta por graduar de la universidad al último de sus hijos y al último de sus hermanos, no piensa regresarse hasta que lo logre.  En Guatemala trabajaba en las fincas de caña de azúcar, si le revisaran el cuerpo todavía le encontrarían  en la piel las tunas de la caña que como espinas se entierran hasta lo más profundo, en esas fincas se pasó la infancia y la adolescencia trabajando con sus papás y sus tíos, durmiendo en galeras y comiendo una vez al día, ganando  sólo para el pasaje de ida y vuelta a su pueblo,  no sabe leer ni escribir porque la escuela nunca fue una opción para la pobreza de su familia, tenía que ayudar a sus papás en la crianza de sus hermanos pequeños.  Se ha dado cuenta que en la fila esperando para enviar sus remesas hay tantos como él, a cargo de papás, abuelos, hermanos pequeños e hijos, cuando conversa con ellos resultan con historias similares, no importa de qué lugar de Latinoamérica lleguen, ahí hay hasta bisnietos de los braceros.

Hilarión se enteró de la existencia de los braceros cuando un día hace varios años se fue a tomar unas cervezas con un joven después de que ambos enviaron sus remesas, su bisabuelo había sido bracero. No era el único con una carga familiar en la espalda, era la mayoría de migrantes indocumentados, por eso es que no se regresaban en dos años como pensaron al principio. Como él también cargan fotos de los hijos y en sus teléfonos celulares, no los vieron crecer, pero lograron criarlos con el envío de remesas. Y también conoció en el transcurso de los años a tantos que nunca han contado a sus familias en sus países de origen cómo viven realmente en Estados Unidos, él nunca le ha contado a su familia que renta un espacio en un sótano de una casa en donde viven quince indocumentados más.

Hilarión sale del supermercado, ese día no ha estado tan frío, el sol se ha dejado ver por momentos y las temperaturas no son tan deprimentes y desesperantes, respira el aire fresco que por un segundo le llevó el aroma del corozo y de los mangos tiernos de los árboles en su natal San Sebastián, se pregunta mientras conduce hacia su tercer trabajo si los otros migrantes también extrañarán como él cuando el sol se asoma entre el cielo plomizo el invierno estadounidense. "                ( Ilka Oliva Corado , Rebelión, 15/02/2022)

6/10/21

¿Migraciones climáticas en España? Las migraciones climáticas son ya una realidad en todo el planeta, de la que no escapa España

 "La crisis climática no es solo aterradora, sino también fuertemente injusta. De acuerdo con Oxfam Internacional, el 1% más rico de la población mundial emite más del doble de gases de efecto invernadero que la mitad más pobre de la humanidad.

 De hecho, entre 1990 y 2015, el 10% más rico fue responsable de más de la mitad (52%) de las emisiones acumuladas en la atmósfera. En un estudio publicado en 2020, Jason Hickel concluía que el norte global era el gran responsable (92%) del colapso climático debido, principalmente, a sus contribuciones históricas.

Si bien las naciones (y empresas) enriquecidas del planeta son las que más han contribuido a la crisis climática, las repercusiones más negativas se concentran en el sur empobrecido. En estas zonas del planeta la crisis climática, junto con otros factores, induce con cada vez mayor claridad e intensidad diversas formas de movilidad humana: desde desplazamientos temporales huyendo de un desastre puntual, hasta reubicaciones de comunidades enteras escapando de los efectos de la sequía o del deshielo.

Aunque no existe una definición ni un estatuto internacionalmente reconocidos, se entiende que las denominadas "migraciones climáticas" incluyen el traslado de una persona o grupos de personas, que, predominantemente por cambios repentinos o progresivos en el entorno debido a los efectos del cambio climático, se ven obligadas a abandonar su lugar de residencia habitual de forma temporal o permanente. La mayoría de las migraciones climáticas ocurren dentro de los Estados, pero también hay casos en los que se cruzan las fronteras internacionales.

En el Corredor Seco Centroamericano, por ejemplo, los cambios en los patrones de las lluvias están afectando a la agricultura, lo que compromete la seguridad alimentaria, especialmente de las mujeres, y se relaciona con migraciones temporales y permanentes. En México se ha demostrado que los déficits de lluvia influyen en la migración internacional e interna, especialmente en aquellas comunidades más dependientes de la agricultura de secano.

Los pequeños Estados insulares de escasa elevación, como Maldivas, Tuvalu o Fiji, se enfrentan, además, a las consecuencias de la elevación del nivel del mar y a los impactos de las tormentas y otros fenómenos extremos. En Kiribati, un pequeño Estado insular en el océano Pacífico, sus habitantes se están viendo fuertemente afectados por estos fenómenos. Tanto es así que un ciudadano, Ioane Teitiota, solicitó asilo por causas climáticas en Nueva Zelanda hace unos años. Como le fue denegado, llevó su caso ante el Comité de Derechos de las Naciones Unidas. Este Comité también rechazó su solicitud en base a la definición jurídica actual de persona refugiada, en la que no encajan las causas climáticas. Aun así, el Dictamen abrió la puerta a la posible aplicación del principio de no devolución en casos en los que la crisis climática ponga en riesgo el derecho a la vida.

 En la misma línea, en Bangladés el cambio climático está creando nuevos patrones de desplazamiento y alimentando una explosión de urbanización rápida y caótica. Miles de personas se están trasladando desde las zonas rurales del país hacia la capital en busca de mejores oportunidades y huyendo de unas condiciones ambientales y climáticas peligrosas. El cambio climático está alterando los patrones tradicionales de lluvia (sequías en algunas áreas, diluvios inesperados en otras) y está impulsando la escorrentía de los glaciares en las montañas del Himalaya. Esto está generando un aumento de las inundaciones y la erosión de las riberas, a lo que se suma el aumento del nivel del mar, que está empujando el agua salada hacia las áreas agrícolas costeras y sumergiendo grandes terrenos.

Como vemos, las migraciones climáticas predominan en el sur global, donde las situaciones de pobreza son más generalizadas y la geopolítica hace que la adaptación in situ resulte más complicada. Sin embargo, las recientes inundaciones en el norte de Europa, las olas de calor en Canadá y los incendios en Estados Unidos nos recuerdan que la crisis climática también afecta al norte global.

 España tampoco escapa a las consecuencias de la crisis climática, pues su situación geográfica y sus características socioeconómicas lo convierten en un país altamente vulnerable. Según el segundo Plan Nacional de Adaptación (2021-2030), en los años venideros nos enfrentaremos a una disminución generalizada de la cantidad y calidad de los recursos hídricos disponibles, impactos sobre la fauna y la flora, cambios en la distribución de especies terrestres y acuáticas, expansión de especies exóticas invasoras, deterioro generalizado de los ecosistemas y aumento del peligro de incendios y desertificación, entre otros. Todo esto tendrá impactos sobre el sector agrario y ganadero, la salud, el turismo...

Aquí, al igual que ya está sucediendo en otras regiones del planeta, la crisis climática también está afectando nuestras formas de vida. Álvaro García Río-Miranda, cabrero español de 30 años, explicaba en un reportaje de Euronews publicado en 2020 que los incendios que asolaron la Sierra de Gata en 2015 lo dejaron sin empleo al morir muchas de las cabras de su rebaño. Álvaro tuvo que irse en busca de una nueva forma de ganarse la vida y terminó trabajando como pastor en Francia y Suiza, cuidando los rebaños de otras personas.

De hecho, uno de los casos analizados en uno de los primeros proyectos europeos sobre migraciones climáticas (Each for Environmental Change and Forced Migration Scenarios) se centró en el sureste de España, sobre todo en Almería y regiones de Murcia. Según los resultados de este estudio, la degradación ambiental, las desventajas de la agricultura tradicional (especialmente en relación al agua), la pobreza y el escaso desarrollo económico ya indujeron la migración hacia otras regiones del país en los años sesenta. Las y los autores del estudio señalan la importancia de tomar medidas urgentes para no seguir agravando la sobreexplotación del agua y de la tierra en la región y así evitar la movilidad humana forzada asociada a la falta de recursos.

De acuerdo con los datos del Centro para el Monitoreo del Desplazamiento Interno, España fue el segundo país de Europa y Asia Central con mayor número de desplazamientos internos asociados a desastres en 2019. En el informe de 2021, con datos de 2020, se hacen eco de las consecuencias de la tormenta Gloria, que desplazó a más de 2.200 personas en suroeste de Francia y el este de España, donde fallecieron 14 personas.

Las migraciones climáticas son ya una realidad en todo el planeta, de la que, como vemos, no escapa España. Sin embargo, la situación hoy en día no es para nada comparable con lo que ya ocurre en otras zonas más empobrecidas y vulnerables. La constatación de lo que está pasando en otros lugares, de lo que al menos en parte somos corresponsables, debería hacernos despertar y actuar para evitar consecuencias peores. Pero si la necesidad de actuar no nace de lo anterior, que al menos lo haga al entender que nuestra propia vida y la de nuestras hijas e hijos está en juego y que pueden ser las y los futuros migrantes climáticos."                       

 (Beatriz Felipe Pérez, Ambientóloga, doctora en Derecho e investigadora, Público, 01/10/21)

11/1/19

Las unidades reales de migración no fueron (y no son) ni individuos ni familias, sino grupos de personas unidas por parentesco y por experiencia de trabajo... Una vez que las redes transnacionales están establecidas, las personas empiezan a trasladarse por una variedad de razones muy diferentes a las de aquellos que iniciaron la salida: para reunirse con la familia, para atender a enfermos, para obtener educación, o incluso porque se vuelve “la conducta de moda” entre jóvenes de ambos sexos en comunidades expulsoras... los orígenes de los flujos inmigrantes contemporáneos no representan una “invasión silenciosa” de masas empobrecidas provenientes de los países menos desarrollados, sino que han sido iniciados y puestos en curso por gobiernos y actores económicos poderosos de los propios países receptores...

"La visión popular y periodística de los actuales desplazamientos de población desde países menos desarrollados a ciudades del mundo avanzado es que éstos ocurren como escape al hambre y la necesidad, como un éxodo en busca de oportunidades. 

Hay mucha verdad en tal análisis porque, como arriba señalo, los migrantes siempre se han trasladado hacia la metrópolis en pos de la libertad y del progreso económico. Sin embargo, por lo menos en el mundo moderno, la historia es aún más complicada. 

Si los orígenes de la migración contemporánea estuvieran exclusivamente arraigados en la necesidad desesperada, el flujo debería originarse en las regiones y países más pobres y dirigirse hacia las áreas de mayor riqueza de las naciones desarrolladas, pero no sucede así.

 Un vistazo rápido a la evidencia empírica revela que los países africanos y asiáticos más pobres —como Sierra Leona, Burkina Faso, Myanmar o Indonesia— no están bien representados entre las principales fuentes de migrantes internacionales hacia Estados Unidos; de manera semejante, países latinoamericanos pobres, como Bolivia, Honduras o Paraguay, envían un número insignificante de migrantes a Francia, Alemania y el Reino Unido (Massey et al., 1998; Portes y Rumbaut, 1996; U.S. Immigration and Naturalization Service, 1998, y Weil, 1999). 
En cambio, las principales fuentes de inmigración contemporánea hacia Estados Unidos se originan en México, Filipinas, Cuba, Taiwán y Vietnam. Los principales contribuyentes de flujos de migración hacia Francia son Argelia, Marruecos, Túnez y, en menor grado, los países de la África francófona. 
La India, Pakistán y las Indias Occidentales Británicas estan bien representadas en las colonias de inmigrantes de Londres y Manchester, y Turquía tiene el lugar de honor entre las principales fuentes de población extranjera de Alemania. En cada caso, estos desplazamientos reflejan una historia de anteriores relaciones económicas y políticas entre naciones expulsoras y receptoras. 
Algunas veces estas relaciones están marcadas por la proximidad física, pero más comúnmente se originan en intervenciones y ocupaciones coloniales o semicoloniales de los países más débiles (expulsores) por los más fuertes (receptores) (Portes, 1981; Sassen, 1988; Bade, 1995, y Seifert, 1998). 

En el caso norteamericano, Cuba y las Filipinas estuvieron ocupadas durante largos periodos por fuerzas militares de Estados Unidos como consecuencia de la guerra entre España y ese país; México perdió la mitad de su territorio ante el ejército estadunidense y sufrió la ocupación de su capital; Taiwán surgió y sobrevivió como país independiente gracias a la protección estadunidense, y Vietnam fue blanco de una prolongada intervención militar por ese país para evitar una ocupación comunista. 
Los lazos coloniales a largo plazo definen los orígenes de las principales corrientes migratorias hacia Francia y Gran Bretaña. Turquía nunca fue una colonia alemana, pero aun en este caso hay una historia de relaciones clientelistas y de colaboración geopolítica que datan por lo menos de la Primera Guerra Mundial. 
Estas relaciones históricas establecieron firmes lazos políticos y económicos entre las naciones y transformaron parcial o totalmente el orden social de la colonia o país dependiente, familiarizando a grandes sectores de su población con el idioma, cultura y oportunidades económicas de la nación más fuerte (Massey et al., 1998, y Portes, 1990).
Así, los principales flujos de migración contemporáneos no siguen una lógica económica absoluta, sino que están normados por lazos históricos de hegemonía y por el desequilibrio estructural de sociedades periféricas sujetas a la influencia de naciones más poderosas. Esta influencia se manifiesta hoy en fenómenos novedosos, tales como la difusión masiva del estilo de vida y modos de consumo de Norteamérica y Europa occidental en países menos desarrollados. 
Sus poblaciones son atraídas por relucientes promesas de prosperidad, mientras que carecen de los medios para obtener acceso a ellas en sus propias sociedades (Alba, 1978; Sassen, 1988, y Grasmuck y Pessar, 1991). Estas nuevas formas de desequilibrio cultural de las sociedades más débiles, desde luego, han incrementado y diversificado las fuentes de migración internacional más allá de las áreas de influencia colonial o semicolonial originales.
 
Eventualmente, las relaciones de colonialismo y dependencia entre naciones siguen un modelo clientelista en el que el poder dominante no sólo encuentra más fácil contratar trabajadores dentro de su esfera de influencia, sino que también adquiere ciertas obligaciones hacia las poblaciones dependientes. Es por eso que cuando acontecen desastres políticos o económicos en un área geopolítica particular, el flujo subsecuente de refugiados normalmente se dirige y es aceptado por el Estado-nación hegemónico. 
Por ejemplo, el fin del coloniaje argelino activó corrientes diversificadas de refugiados hacia Francia; el triunfo comunista en Cuba causó un fenómeno semejante hacia el sur de la Florida, y su derrota en el sur de Vietnam obligó al gobierno estadunidense a recibir a sus vencidos aliados del sudeste asiático (Zolberg y Suhrke, 1986; Eckstein, 1994; Rumbaut, 1990, y Bach y Gordon, 1984). Incluso, el pequeño Portugal ha sido obligado a enfrentarse con las incómodas consecuencias de las guerras civiles en su antiguo imperio colonial (Sole, 1995).
 
Estos acontecimientos históricos estructuraron los desplazamientos demográficos contemporáneos, pero no los explican completamente. Dentro de los mismos países expulsores, algunas comunidades producen grandes cantidades de migrantes y otras apenas si son afectadas por el proceso. En las clases trabajadora y media baja, algunas familias optan por desarraigarse en busca de mejores oportunidades en el extranjero, mientras que otras se quedan en sus lugares de origen. 
Una vez más, las decisiones individuales no se toman aisladamente sino que están insertas en un contexto social que hace viables y concebibles algunas opciones y no otras. Entre las fuerzas que moldean este contexto inmediato de la migración externa, dos son especialmente importantes:
 
Primero, la contratación deliberada de trabajadores representa un mecanismo importante para activar tendencias establecidas por pasadas relaciones de colonialismo y semicolonialismo. El reclutamiento deliberado de mano de obra ha conducido a migraciones transcontinentales, por lo menos, desde principios del siglo XIX, y continúa hasta el momento de diversa manera (Piore, 1979, y Portes y Bach, 1985).
 
El reclutamiento de trabajadores ha moldeado los orígenes y destinos de muchos flujos migratorios y les ha dado suficiente impulso para hacerlos autosustentables. El reclutamiento inició los flujos transatlánticos desde Irlanda, seguida por Italia en el siglo XIX, y fue el motivo de la migración campesina proveniente del interior de México hacia el medio oeste y suroestecde Estados Unidos. 
Muchas compañías enviaron agentes pagados cuyoobjetivo fue informar a grupos “preparados” por anteriores procesos históricos de penetración y desequilibrio estructural acerca de las nuevas oportunidades disponibles en Estados Unidos. 
Las acciones de estos reclutadores determinaron cuáles comunidades emisoras encabezarían el flujo y cuáles se quedarían atrás; también establecieron la dirección del movimiento, arreglando de antemano su destino (Piore, 1979; Lebergott, 1964, y Barrera, 1980). Aún en nuestros días, pequeñas comunidades puertorriqueñas pueblan las ciudades desindustrializadas de Pensilvania, Ohio e Illinois. 
Tales fueron los puntos de arribo original de los flujos de trabajadores agrícolas contratados para laborar en la industria pesada en periodos anteriores. Incluso, hay una comunidad puertorriqueña en Hawai, la cual es el resultado del esfuerzo de un propietario de plantación del siglo XIX al enfrentar la escasez de mano de obra en la industria azucarera (Portes y Grosfoguel, 1994).
 
Podría agregar más ejemplos, pero llevarían a la misma conclusión. El reclutamiento de trabajadores no es ciertamente el único factor que determina movimientos de población internacionales, pero ha sido significativa al formar lo que pueden llamarse las “microestructuras” de la migración; esto es, los esquemas perceptuales que hacen dicho traslado viable para algunos individuos y familias, pero no para otros.
 
Segundo, una vez iniciados, los flujos inmigrantes fácilmente se autoperpetúan a causa del funcionamiento de otro par de fuerzas: a) los desequilibrios sociales y económicos entre sociedades fuertes y débiles y b) el fortalecimiento de las redes sociales. 
La primera fuerza apoya el deseo potencial de marcharse de amplios segmentos de la población del país expulsor; la segunda activa ese potencial de manera continua. 
La migración internacional es, sobre todo, un mecanismo constructor de redes. Una vez iniciada por el reclutamiento de trabajadores u otros fenómenos activadores, el movimiento crea una red de lazos sociales a larga distancia. 
El crecimiento de tales lazos hace que la decisión para trasladarse sea cada vez menos costosa, ya que reduce la incertidumbre y los peligros del viaje para los migrantes más recientes.
 
La relación entre redes sociales y migración ha sido un leitmotif de las literaturas histórica y sociológica acerca del tema: desde el estudio de los lazos sociales entre migrantes portugueses que se dirigían a Toronto (Anderson, 1974) hasta los modelos contemporáneos de la migración mediada por redes de comunidades rurales mexicanas construidos por Massey (1987) y sus colegas. Tilly (1990) ha llegado a declarar que “las unidades reales de migración no fueron (y no son) ni individuos ni familias, sino grupos de personas unidas por parentesco y por experiencia de trabajo” (p. 84). 
La aportación práctica fundamental de las redes sociales no sólo es que bajan los costos de la migración, sino que pueden sostener el proceso, incluso cuando los incentivos originales desaparecen o son debilitados en gran medida. 
Una vez que las redes transnacionales están establecidas, las personas empiezan a trasladarse por una variedad de razones muy diferentes a las de aquellos que iniciaron la salida: para reunirse con la familia, para atender a enfermos, para obtener educación, o incluso porque se vuelve “la conducta de moda” entre jóvenes de ambos sexos en comunidades expulsoras (Massey y García España, 1987).
 
Este prolongado excursus sobre los orígenes de los flujos inmigrantes contemporáneos tiene la intención de mostrar que tales movimientos no representan una “invasión silenciosa” de masas empobrecidas provenientes de los países menos desarrollados, sino que han sido iniciados y puestos en curso por gobiernos y actores económicos poderosos de los propios países receptores. 
En gran parte, las migraciones contemporáneas de trabajadores y refugiados representan la contrapartida lógica de las expediciones de colonización europeas y posteriormente norteamericanas que subordinaron a grandes sectores del planeta en el contexto de la economía mundial capitalista. El conocimiento de estos determinantes y de las fuerzas que sostienen a la migración puede ayudar a elaborar una propuesta más inteligente para su asentamiento en las ciudades de países avanzados. 
Con redes sólidamente establecidas entre naciones, las medidas hostiles y restrictivas contra la población inmigrante no sólo son inútiles sino, con frecuencia, también contraproducentes. Los resultados de políticas que buscan deshacerse de la población inmigrante, pueden retardar su proceso de incorporación, fragmentar socialmente a las ciudades receptoras y promover el crecimiento de una subclase urbana. 
Extraído de "Inmigración y metrópolis:  Reflexiones acerca de la historia urbana" de Alejandro Portes"                     (Nikolás Santos, Socioideas, 12/12/18)

25/9/18

En España, el proceso de liquidación de la sociedad rural fue excepcionalmente acelerado, pasando el sector primario entre 1950-1975, del 50% al 25%; siendo el proceso de destradicionalización más acelerado de Europa (a excepción de Serbia)




"La jornada final del Curso de Verano “Marxismo, nación y territorio”, concluyó con la participación del Profesor de Sociología Armando Fernández Steinko, quien dedicó su intervención a realizar un análisis materialista del concepto identidad nacional. 

Steinko, dio continuidad del día anterior, al comentar como fue en la década de los cincuenta del siglo XX, cuando surgen con fuerza los discursos basados en la identidad tal como los conocemos en la actualidad, siendo una manifestación de la modernización capitalista y las relaciones sociales producto de dicho proceso.

Junto a dicho proceso de modernización capitalista, aparece un proceso de modernización no capitalista protagonizada por el Estado, que conviven con las formas tradicionales de vida y propiedad que puedan pervivir en cada país. 

El alcance de dichos procesos es diferente en cada uno de ellos, siendo Inglaterra y EE UU los primeros países en los que las relaciones tradicionales quedaron casi extinguidas, siendo en Italia y Alemania dos países donde dicho proceso de modernización y su liquidación fue más lento y prácticamente se realizó desde la II Guerra Mundial hasta la década de los setenta, donde el Estado tuvo un importante peso. De ahí se pueden percibir diferentes capitalismos en el área central del sistema mundo.

Steinko continua analizando, como los países centrales el proceso de modernización capitalista fue acompañado de un importante papel del Estado como regulador social y articulador del territorio. Sin embargo, España es un caso único.

 En nuestro país, en tan solo 25 años el proceso de liquidación de la sociedad rural fue excepcionalmente acelerado pasando el sector primario entre 1950-1975, del 50% al 25%; siendo un proceso de destradicionalización más acelerado que en el resto de Europa (excepción de Serbia en la antigua Yugoslavia), que se produce con una escasa presencia del papel del Estado (solo el 16% del PIB), gestionado por un Gobierno autoritario de carácter dictatorial. (...)"            

(Conferencia de Armando Fernández Steinko (UCM), Eddy Sánchez Iglesias , Mundo Obrero, 14/07/18)

18/3/16

Asociacionismo charnego, el ADN de Cornellà

Centro Social Almeda de Cornellà

"Para una mejor comprensión del fenómeno deberíamos remontarnos a la segunda oleada migratoria que se produjo mediada la década de los cincuenta y se prolongó hasta finales de los sesenta del siglo pasado.  

Aquella migración no llegó en pateras y sí lo hizo en destartalados trenes que llegaban atestados procedentes de la España profunda y que pronto el pueblo llano, con su indefinible piedra filosofal, bautizó con los nombres de “El Sevillano”, procedente de Andalucía  y “El Shanghai”, que hacía su recorrido desde el Noroeste del país.  

Era todo un espectáculo darse una vuelta por los andenes de la estación de Francia  para ver llegar aquella avalancha de gente desesperada, con sus maletas de cartón y sus fardos atados con cuerdas, huyendo del caciquismo, de la explotación humillante a los que las tenían sometidos la oligarquía franquista, indiferente a su hambre y su miseria.

Los modernos y tan denostados CIES, no son un invento reciente, ni mucho menos.  Ante aquella oleada masiva de gente con un futuro incierto, los jerifaltes de la capital catalana reaccionaron y desplegaron su policía en las estaciones y, todo aquel que no justificara un domicilio donde acogerse, se les trasladaba sin contemplaciones a los pabellones de la Fira en Montjuic y, si nadie se interesaba por ellos, al día siguiente los enviaban de vuelta a su lugar de origen. 

Así nació un despliegue de barraquismo que tiene su propia historia. Pero no quisiera desviarme del objetivo principal de este artículo.

 El destino de aquella inmigración era, en su mayoría, el cinturón barcelonés, y sus núcleos de población que crecían sin  control alguno y donde un urbanismo racional, planificado  y medianamente ordenado  era una utopía y el Baix Llobregat se convirtió en un auténtico caos. 

Centrándonos en Cornellà, los “nouvinguts” se encontraban con cuatro núcleos de población dispersos: el barri Centre  con epicentro en la calle Rubió i Ors y adyacentes alrededor de la Iglesia de Santa María, el barri Pedró y la Gavarra con sus casitas de planta baja que según cuentan constituían las antiguas residencias de una clase media capitalina con el señuelo de “la caseta i l’hortet” y el barrio de Almeda donde se ubicaba la zona industrial. 

Lo demás un inmenso erial donde sobrevivían unos cuantos algarrobos desvencijados que poco a poco fueron dando su último alarido vencidos por el asfalto que avanzaba implacable. Para los más jóvenes, aclararemos que la avenida del Parque era una torrentera, la hoy espléndida plaza  de Catalunya un descampado inhóspito y que la flamante avenida de Salvador Allende no existía ni en el mejor de los sueños  y los que encontramos acomodo en los pisos de Linda Vista, nos veíamos obligados a pisar barro en caso de lluvia y aspirar polvo en tiempos de sequía  si queríamos desplazarnos “abajo al pueblo”, atravesando la eterna frontera que significaba el lúgubre puente bajo la vía férrea y sufrir los pestilentes efluvios del “regato indecoroso”, según versión de la mítica revista El Pensamiento, en referencia al canal de la Infanta que circulaba a cielo abierto.

 Esta era, a grandes rasgos, el remedo de ciudad que se encontró aquella imparable riada migratoria que respondía el “efecto llamada” y cuyo primer objetivo fue encontrar un techo donde cobijarse, acogiéndose en casa de familiares o “paisanos” o invirtiendo hasta la última peseta de sus menguados ahorros en dar la “paga y señal” de un piso. 

 Para ello ya los estaban esperando la familia Gelabert dueños absolutos de solares y de aquel inmenso erial, con don Eduardo al frente, promotora de “Linda Vista, S.A.” y, sobre todo la pomposa “Construcciones Españolas” que,  en los campos yermos paralelos a la carretera de Esplugues había iniciado la construcción de una denominada “Ciudad Satélite”, monstruosos bloques que se fueron ocupando en un abrir y cerrar de ojos, a los que siguieron constructores y especuladores sin demasiados escrúpulos a los que sólo interesaba el negocio inmenso que aquel flujo inmigrante suponía.  

Se construyó a destajo y se olvidaron olímpicamente de los servicios más elementales: calles sin asfaltar, mal iluminadas, red de cloacas, mercados y, sobre todo colegios para los niños. En 1964, estadística en mano, se calculaban unos 6.000 niños sin escolarizar en el conjunto de aquel Cornellà  en construcción. 

Por aquel entonces llegaron a la mal llamada “Ciudad Satélite” unos maestros, los Plaza, Moliner y Bonet que levantaron con sus propios esfuerzos el primer colegio al que denominaron  “San Ildefonso”, en homenaje a la Iglesia de la misma advocación promovida por el misionero Viñamata, recientemente renovado y puesto de nuevo en marcha con el nombre pensado en un principio, el del pedagogo Alexander Galí.

 Al objetivo de encontrar techo donde cobijarse, se añadía el más perentorio de conseguir un trabajo digno que se encontraba con relativa facilidad pues la construcción desenfrenada y todo lo que acarrea así lo permitía con el aliciente que el Régimen franquista había decidido instalar la SEAT en la Zona Franca y se complementaban dos ejes principales: una industria de automóviles y la construcción.  

Poco a poco aquella inmigración heroica, fue asentándose y no tardó en darse cuenta de que, en efecto, habían encontrado techo y trabajo más o menos digno, pero carecían de organizaciones que permitieran luchar contra aquel desastre urbanístico al que los habían marginado. 

Siguiendo el ejemplo de las juntas de co-propietarios de cada finca, más pronto que tarde se dieron cuenta que lo podían aplicar a crear un movimiento vecinal, colectivos de personas con sus mismos problemas, déficits y carencias, convocando puerta a puerta reuniones para comentar, hablar y decidir que hacer para poner en movimiento un Ayuntamiento que les había dado la espalda, ajeno a todo lo que se le había venido encima y un alcalde y sus concejales que sólo se hacían visibles llevando los pendones en la procesión del Corpus. 

Del prólogo del libro Hasta aquí hemos llegado, publicado por las Asociaciones de Vecinos de Cornellà de Llobregat, me permito copiar este párrafo impagable: “La situación política y las malas condiciones en que se encontraban los barrios fue un excelente caldo de cultivo para sembrar la semilla de la unión y la causa común”. 

Y el gigante despertó, buscó apoyos y los encontró en un movimiento vecinal sin precedentes que nació en los albores de la década de los setenta con el dictador ya vacilante y sus problemas de tromboflebitis y parkinson haciéndose evidentes. Pero había que ir con tiento a sus últimos coletazos que aún le dieron tiempo de firmar cinco sentencias de muerte mientras desayunaba. 

Así nacieron asociaciones de vecinos que, decididamente, emprendieron una lucha sin cuartel y sin posible vuelta atrás. Reuniones donde se tomaban decisiones arriesgadas, manifestaciones que llenaban las calles de gritos de protesta contra situaciones insostenibles, pancartas en balcones y ventanas, apoyos sin fisuras a los movimientos sindicales y obreros en situaciones límites, huelgas por cualquier causa que se considerara injusta. 

Consecuencia de su atávica imprevisión o, porque ya se presentía la agonía del Régimen, los jerifaltes de la época, muy a su pesar, fueron reaccionando y Cornellà experimentando una transformación tímida pero sostenida: se asfaltaron calles donde antes eran barrizales, iluminaciones adecuadas, se inauguraron colegios y finalizando el año 1970 se inauguraba el flamante mercado de San Ildefonso una de las reivindicaciones por las que se luchó sin tregua. 

El asociacionismo responsable, seguía ganando batallas hasta incrustarse en el ADN de la ciudad. Todo resultaba no poder llevarse a término sin su impulso incansable.

En esto que llegó la democracia  y aunque pueda parecer paradójico, el acontecimiento hizo tambalear los cimientos de las asociaciones porque muchos de sus dirigentes avezados en la lucha y el dominio de masas, con la inestimable ayuda del movimiento vecinal, fueron aupados a cargos municipales, incluso alcaldes y muchos de ellos untaron el trasero de sus pantalones con cola de impacto para que no les movieran de sus poltronas y  en su fuero interno llegaron a creer que las asociaciones ya no eran necesarias. 

Grave error, pese que gracias a su gestión las ciudades del cinturón rojo han experimentado un cambio espectacular, las asociaciones no han bajado la guardia y han continuado en su lucha consiguiendo la inauguración de tres estaciones de metro, la puesta en marcha del Trambaix y otras utopías inimaginables en los tiempos de plomo franquista.

He pasado una tarde hablando del tema con la presidenta de la Confederación de Vecinos de Cornellá, Pura Velarde, un auténtico baluarte del movimiento vecinal en Cornellá y con un deje de tristeza, no exento de coraje, me manifiesta “que después de cinco años, comprobando la deriva de algunos dirigentes, contagiados por la “erótica del poder”, en Cornellà se organiza con otras asociaciones de la comarca del Baix Llobregat y con la Coordinadora de Barcelona, la 3ª Asamblea de Catalunya, donde se saca como proyecto fundamental la constitución de la Confederación de Asociaciones de Vecinos de Catalunya. 

A partir de ese momento, se entra en un proceso nuevo de mayor estructura y con el convencimiento de la necesidad de mantener los orígenes, pero siempre con nuevas orientaciones en el trabajo de futuro”.

Hablar con Pura Velarde es contagiarse de su entusiasmo y no me resisto a reproducir parte de sus respuestas: “Parece que existe un interés, desde fuera claro, en definir nuestra forma de actuar sin saber que nosotros, a través de nuestros encuentros asamblearios ya tenemos definidas nuestras actuaciones: organizar y reivindicar las mejoras de las condiciones de vida, especialmente de las capas populares de nuestros barrios. 

Hay que reconocer que muchas veces vamos contracorriente, pero también sabemos, gracias a nuestra experiencia, de que para dialogar y consensuar hace falta la presión. Un ejemplo claro, lo tienes en el funcionamiento de la Botiga Solidaria en la que tantos problemas de primera necesidad se resuelven”.   

Con una mirada de convencimiento, remacha el clavo diciendo: “Actualmente, los ciudadanos padecemos grandes dificultades a la hora de defender nuestros derechos, incluso de subsistir, sobre todo a nivel individual. De ahí nace la necesidad de buscar mecanismos de defensa colectivos y legales que acerquen la gestión administrativa al ciudadano, aunque en esto hemos de reconocer que se está cambiando, y a ello, nosotros también hemos contribuido. 

Todos los programas municipales tienen un gran apartado teórico sobre las organizaciones populares, una de las propuestas más llamativas en cuanto a los que a ellas concierne, pero todavía quedan pendientes aspectos muy importantes que han de ser recogidos por la Ley. Así lo demuestra la nueva Ley del Asociacionismo, aprobadaen el Parlament de Catalunya, que no recoge ninguna de las propuestas de nuestras asociaciones y donde se observa, de forma curiosa, que en ningún apartado habla de las asociaciones de vecinos, ¿por qué será?

La respuesta, apreciada Pura, es porque seguís siendo una “mosca cojonera” contraria a su idilio con el poder.  Pero creo que es válido este repaso a la historia del asociacionismo, recordar nuestro pasado, de adonde venimos, para entender el presente."          (Gonçal Évole, 11/01/16)

8/3/16

Las mujeres del amianto ganan a Uralita en los tribunales

"En su momento trabajar en Uralita era un chollo”, recuerda Rosa Pérez, hija de un empleado de la fábrica de Getafe que falleció en el año 2008, diez meses después de que le diagnosticaran un cáncer en la pleura, conocido como mesotelioma, causado por el amianto.

 “La empresa respetaba el horario, trabajaban ocho horas y libraban los fines de semana. Además, daban una ayuda económica para que los niños estudiasen y el día de Reyes nos daban unos regalos”, señala.

Durante la década de los 60 el trabajo en el campo comenzó a escasear y muchos hombres jóvenes extremeños o castellanomanchegos abandonaron su pueblo para empezar una nueva vida laboral en este municipio madrileño.

 Conforme ha pasado el tiempo, Rosa Pérez ha ido experimentando cómo ese sentimiento de gratitud hacia la empresa se convertía en rabia, tras ir conociendo los riesgos a los que su padre y todos los miembros de su familia han estado expuestos.

“En los primeros años la gente comía encima de los sacos del amianto, estaban apilados en la fábrica y se tomaban allí los bocadillos”, recuerda Julio Arroyo, trabajador de Uralita. Procedente de Valdeverdeja (Toledo), llegó con 20 años a Getafe para hacer la mili en esta ciudad dormitorio y al terminar fue contratado en la empresa para trabajar en la recuperadora: “Nos encargábamos de serrar los tubos de amianto”.

A sus 87 años, Arroyo ha visto morir a muchos de sus compañeros de trabajo, pero nunca se pudo imaginar que su mujer se iba a contaminar estando él limpio de amianto. Esperanza Alonso se encargaba de lavar semanalmente el mono de su marido, los buzos que utilizaban los trabajadores de Uralita llegaban cubiertos de polvo y, antes de meterlo en la lavadora, las amas de casa los solían sacudir con empeño en la cocina. Además, tenían bolsillos y por esa vía se almacenaban fácilmente restos de este material cancerígeno.

Varias décadas después de jubilarse, en el año 2007, la neumóloga del Hospital de Getafe detectó que la fatiga que sufría Esperanza cada vez que salía a la calle estaba relacionada con Uralita, tenía la pleura contaminada por amianto y falleció seis meses después de que le diagnosticasen la enfermedad. “Fue la Antonia la que lo descubrió”, cuenta este octogenario en alusión a María Antonia Juretschke, la jefa de neumología del centro sanitario.

Según los datos planteados por el estudio Mortalidad por cáncer pleural en España entre 2006 y 2011 en España, fallecieron 1.120 personas debido a un mesotelioma pleural, provocado por el amianto. 

“Las estimaciones para el periodo 2016-2020 señalan que se producirán 965 fallecimientos por esta causa y aseguran que en España continuará habiendo muertes debidas a la exposición al amianto hasta el año 2040”, aseguran los investigadores del Instituto de Salud Carlos III, el Consorcio de Investigación Biomédica de Epidemiología y Salud Pública y el Ministerio de Sanidad.

Entre 1906 y 2002 se importaron en nuestro país más de dos millones de toneladas de este material cancerígeno. En España, la empresa Uralita, participada por la familia March, fue la que más utilizó el amianto y varias sentencias judiciales han dictaminado que no adoptaron medidas de prevención para evitar que sus trabajadores se contaminasen.

“Hemos demostrado que la empresa sabía que el material era nocivo y a pesar de ello se estuvieron lucrando. En la década de los 50 hubo un congreso de neumología en Madrid y ya se habló de los efectos adversos del amianto.

 Además, Uralita estuvo en un lobby europeo de empresas que trabajaban con amianto, ahí se sabía”, asegura Juan Carlos Paúl, presidente de la asociación AVIDA Madrid. En el año 2002 se prohibió la comercialización de este producto en España en cumplimiento de una directiva europea que buscaba proteger a los empleados.

Primeras denuncias

Segunda Esteban “lloró como una magdalena” al ver que Salvados dedicaba un programa a informar sobre el amianto. “Mi padre fue delegado sindical de la empresa y cuando comenzaron a denunciar los problemas que conlleva el amianto, el resto de trabajadores se enfrentaron a ellos por miedo al cierre de la fábrica”, señala.

Ella recuerda cómo ayudaba a su madre, Saturnina Pingarrón, junto a sus hermanas a limpiar en casa el mono de trabajo de su padre. Pasados los años, los médicos detectaron que tanto su padre como su madre tenían amianto en los pulmones. Él falleció hace años por un cáncer en el peritoneo, su madre sigue viva con problemas de respiración: “De momento se encuentra bien, la enfermedad todavía no le avanzado”.

Las familias de estas dos mujeres iniciaron en 2007 un proceso judicial para pedir responsabilidades a Uralita. En diciembre del año pasado el Tribunal Supremo puso punto final a su caso, y al de otra ama de casa más. El alto tribunal no aceptó el recurso presentado por Uralita y mantuvo las indemnizaciones dictadas por la Audiencia Provincial de Madrid en 2013, 80.000 euros para Julio Arroyo y 9.000 euros para cada uno de sus tres hijos. 

En el caso de Pingarrón, el tribunal le dio la razón pero no recibirá una cantidad económica para intentar paliar los daños causados por la empresa porque “la acción ha prescrito”, al no haber respetado los plazos en el momento de denunciar.

El presidente de la asociación, Juan Carlos Paúl, considera que esta decisión supone un “hito” judicial en los casos de amianto: “Es la primera vez que el Supremo dicta a favor de personas que no han trabajado con este material pero sí que tienen enfermedades relacionadas con él”.

Sin embargo, este dictamen no ha traído buenas noticias para los trabajadores de la fábrica getafense que presentaron denuncia junto a estas mujeres. 

Tras nueve años de procedimiento, con una sentencia de la Audiencia Provincial a su favor y las indemnizaciones ya cobradas, la Sala de lo Civil del Supremo se ha declarado incompetente para tomar una decisión ante el recurso presentado por Uralita contra los empleados.

Un proceso inacabado

Aunque el tribunal no quita la razón a los afectados ya que “entiende que la empresa ha actuado de manera negligente, amparada en una legislación excesivamente permisiva”, en su fallo señala que debe ser la jurisdicción social la que resuelva sobre este tema.

 Por lo tanto obliga a los trabajadores y a los familiares de los ya fallecidos a iniciar de nuevo el procedimiento ante la vía social. De la treintena de afectados que presentaron la primera denuncia, entre ellos el padre de Rosa Pérez y de Segunda Esteban, sólo quedan cuatro personas vivas.

“Es muy triste que los pocos trabajadores que quedan vivos no vayan a ver una sentencia definitiva que condene a Uralita. A ellos les han jodido la vida trabajando y a otros nos la han destrozado compartiendo su sufrimiento”, explica Pérez, que rememora las últimas semanas de vida de su padre, sedado en una cama. 

“Las enfermedades provocadas por el amianto son muy agónicas, en el caso de los mesoteliomas se les encharca la pleura y produce un dolor en la espalda muy fuerte”, cuenta el presidente de la asociación.

La directiva de AVIDA está preocupada por aquellas familias que se gastaron la indemnización que cobraron hace años y que ahora, si Uralita así lo requiere, el Supremo puede pedir de vuelta.

 “Algunas familias las utilizaron para comprar oxígeno, por los problemas respiratorios que sufren, o para cambiarse a una casa con ascensor”, añade Paúl. La asociación ya ha presentado un recurso ante el Constitucional y han iniciado el proceso judicial por la vía social, quieren conseguir a toda costa que los dos enfermos que quedan vivos puedan ver “que la justicia les ha dado la razón”.       (La Marea, 03/03/16)

12/2/14

Los charnegos...

"(...) Cataluña fue uno de los destinos preferentes de esos andaluces que salieron de la región en busca de oportunidades. Se calcula que, alrededor de 1970, ya habían emigrado más de 800.000.

 El flujo comenzó tras la guerra, que arrancó las esperanzas jornaleras en una reforma agraria que equilibrase la situación del campo andaluz, y se intensificó a partir de los años cincuenta. En el horizonte, no solo la idea de encontrar un trabajo en las ciudades industriales catalanas, sino la oportunidad de volver a empezar de cero lejos de las heridas de la contienda. 

 ”En su pueblo de origen el emigrante era conocidopor su vida pública y privada y, por lo tanto, era un sujeto fácil no sólo de la represión oficial sino de aquella represión informal de negación de trabajo y vacío social que convirtió su devenir en una verdadera pesadilla”, explica el profesor Manuel Marín Corbera en las páginas de Andalucía en la Historia.

La adaptación, sin embargo, no fue fácil. Los charnegos -como se conoce a los inmigrantes que llegaron a Cataluña desde otras partes de España- tuvieron que soportar la falta de garantías laborales y el recelo de unos obreros catalanes que los percibían como una competencia en tiempos de dificultades económicas.

 “Fueron alojados en infraviviendas, tratados con desdén y contratados con míseros salarios bajo precarias condiciones de trabajo”, explica Marín Corbera. En ese contexto, las redes de solidaridad que se formaron entonces entre andaluces emigrados constituyeron un importante cabo al que muchos pudieron agarrarse.

El recelo de las autoridades incluso llegó a materializarse en forma de deportaciones, vinculadas a la lucha contra las barracas en las que se asentaron muchos andaluces. Según recoge el periodista Jaume V. Aroca en la revista editada por el Centro de Estudios Andaluces, entre 1952 y 1956 fueron deportados más de 15.000 personas, muchas de ellas procedentes de Andalucía.

 El gobernador civil de Barcelona, Felipe Acedo Colunga, envió a todos los ayuntamientos una circular en la que les instaba a impedir los asentamientos de las personas que llegasen sin una vivienda legalizada. Los que se encontrasen en esa situación, debían ser enviados al Pabellón de las Misiones de Montjuïc, que también había servido para acoger indigentes. 

Pese a las trabas, la inmigración continuó: “Los inmigrantes se las ingeniarán para llegar de todos modos, bien bajando de los trenes en estaciones todavía alejadas de Barcelona, bien saltando a las vías antes de llegar a la capital o, sencillamente, tratando de ocultar su procedencia”, explica Aroca.

Muchos de esos andaluces nunca emprendieron el camino de vuelta  Su presencia sigue muy viva en la sociedad catalana, donde existe un importante tejido asociativo de las comunidades andaluzas.  Desde una de ellas, el Centro Cultural de Andalucía en Manresa, Maruchi contaba que aún no ha podido olvidar las calles de Almería pese a llevar más de cuarenta años alejada de ellas.(...)"         (Público, 09/02/2014)

30/5/13

Lo que no se dice sobre Bangladesh

"Bangladesh. Este país es sumamente rico. Su tierra, extremadamente fértil, puede producir suficiente alimento para poder satisfacer las necesidades nutritivas de una población veinte veces superior a la actual. Y a pesar de ello, la mayoría de la población, y muy en particular la que vive en las zonas rurales (82%), que constituye la mayoría, está malnutrida, con amplios sectores experimentando hambre. 

En realidad, Bangladesh es considerado, junto con Haití, el país más pobre del mundo, lo cual quiere decir que es el país que tiene un mayor porcentaje de población pobre, a pesar de que los datos muestran que Bangladesh (así como Haití) tiene los recursos para salir de la pobreza (ver “Cólera en Haití”, El Plural, 16.12.12; y “Continúa el escándalo del cólera en Haití” Público, 27.02.13). 

No es, pues, la falta de recursos la causa de su pobreza, sino el control de estos recursos. El 16% de los propietarios de tierra controlan el 60% de toda la tierra, la cual cultivan para producir alimento que se exporta a los países llamados “desarrollados”. 

Esta casta de terratenientes se alía y está al servicio de compañías agropecuarias extranjeras que dirigen la explotación de la tierra (es decir, lo que se produce, cómo se produce y cómo se distribuye). (...)

Esta oligarquía agrícola está aliada con otros intereses domésticos ligados también a las grandes compañías extranjeras que realizan su producción en Bangladesh a unos costes laborales bajísimos. La población pobrísima expulsada del campo acepta salarios misérrimos, pues no hay otros disponibles. 

Esta estructura económico-política dictamina que la gran mayoría de la población trabajadora esté totalmente desprotegida, lo cual ocurre en todos los sectores productivos de la economía, incluyendo el textil.

 Este sector está controlado por las grandes compañías textiles que hoy dominan el mercado internacional, tales como Benetton, H&M o Mango entre muchas otras, y una larga lista de cadenas internacionales de distribución y comercio, como El Corte Inglés, que están todas ellas en Bangladesh por el bajísimo coste de los salarios de los trabajadores (21 céntimos por hora) que trabajan en unas condiciones miserables, en fábricas carentes de los más mínimos requisitos de seguridad. 

Desde 2005 han muerto más de setecientos trabajadores en incendios en fábricas. El más reciente, hasta hace unos días, fue el fuego de la fábrica textil de Tazreen, que ocurrió el pasado 24 de noviembre de 2012, tal como indica David Bacon en su artículo “Bangladesh disaster: Who Pays the Real Price for your Shirt?”. The Progressive (26.04.13).

 En aquel incendio 112 trabajadores perecieron, un número elevadísimo para un accidente de esta naturaleza. Y la causa son las pésimas condiciones en las que se encuentran las fábricas. Ninguna de ellas tiene salidas de emergencia (en realidad todas las puertas están cerradas con llave para evitar la salida de los trabajadores, excepto en las horas de entrada y salida) y no disponen de extintores de fuego.

  En la desgracia que ocurrió hace unas semanas en Rana Plaza (a 29 kilómetros de Dhaka), donde perecieron más de mil trabajadores, el edificio se vino abajo debido a que se abrieron muchas y amplias grietas en las paredes y en los tejados, aperturas que habían aparecido paulatinamente hasta entonces y que habían sido denunciadas por los propios trabajadores, siendo sus avisos ignorados por el propietario del edificio, el Sr. Sohel Rana, que es, por cierto, uno de los dirigentes del partido gobernante Awami League.  (...)

 Pero existe otra forma de represión –que apenas ha salido en los medios-, dirigida por las grandes corporaciones textiles extranjeras que, aliadas con las élites gobernantes del país, configuran las intervenciones públicas que sostienen un sistema basado en una enorme explotación.

 Y me estoy refiriendo a la gran industria certificadora (que maneja 80.000 millones de dólares) que trabaja para estas compañías textiles. Estas compañías protegen a las compañías explotadoras, defendiéndolas legal y mediáticamente, minimizando y trivializando el daño y la participación de las mismas en la contratación de aquellas fábricas.

 Detrás de cada corporación (sea textil o no) existen compañías de certificación que intentan minimizar los costes (incluyendo los costes mediáticos de imagen) que estos desastres suponen para las compañías.  (...)

La manera como se ha ido llevando la globalización en el mundo, bajo el criterio neoliberal, no ha beneficiado al mundo del subdesarrollo (véase Bangladesh), ni al mundo desarrollado (véase la destrucción de la industria textil catalana). Tiene que revertirse esta globalización, desglobalizando la economía internacional, creándose zonas regionales (como el MERCOSUR) y de integración económica de parecido nivel de desarrollo, evitando la reducción de salarios como medidas competitivas (la típica solución liberal), tema del que he escrito extensamente"   (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 23 de mayo de 2013, en vnavarro.org, 23/05/2013)

2/1/13

Ante la resistencia de los campesinos, el 18 de agosto intervino el Ejército, quemando casas y golpeando a los vecinos, echándolos por la fuerza. La multinacional alemana Neuman Kaffee Gruppe se instaló en la zona

 El activista ugandés Peter Baleke

"La historia de Peter Baleke es como la de David y Goliat pero al revés. Aquí no impera la justicia poética y el fuerte le está ganando al débil. A David lo encarnan 400 familias campesinas de uno de los países más pobres, Uganda. Y a Goliat, la suma del Gobierno ugandés y la multinacional alemana Neuman Kaffee Gruppe.

Peter ha viajado a Madrid para contar su caso invitado por Veterinarios Sin Fronteras, que acaba de lanzar la campaña Paren, aquí vive gente, que denuncia el expolio de la soberanía alimentaria del África subsahariana.

 En menos de un año, señala la ONG, diversos inversionistas han adquirido 42 millones de hectáreas de tierras fértiles en el mundo, el 75% en esta parte del continente, arrebatándoles los recursos naturales de los que obtienen su alimento.

Para ponerle piel, ojos e indignación a esta causa, ahí está Peter Baleke con su particular traje de chaqueta y sus pins en la corbata: un crucifijo —es católico— y otro con el lema The right to food (Derecho a la alimentación)”.  (...)

El 18 de junio de 2001, un representante del Gobierno ugandés reunió a las 400 familias (unas 2.000 personas) que residían en la región de Madudu (en Mubende, Uganda central) para anunciarles que el Gobierno había cedido sus tierras, 2.500 hectáreas, a una multinacional alemana. Antes de finales de agosto debían abandonarlas. Sin compensación económica ni un sitio alternativo al que ir.

“En mi país si no produces tu propio alimento no tienes qué comer. El 80% es agricultura de subsistencia. ¿A quién beneficia que vengan las multinacionales a producir alimentos a precios que no podemos pagar? Desde luego no a nosotros, nos roban la comida”, se indigna Baleke.

 “Eligieron nuestras tierras porque eran las más fértiles”. Él dirigía entonces la escuela de uno de los poblados afectados, Kitemloa, y organizó una colecta para contratar a un abogado. “No soy el más ilustrado, pero sí el más audaz y conozco las leyes”.

Ante la resistencia de los campesinos, el 18 de agosto intervino el Ejército, quemando casas y golpeando a los vecinos, echándolos por la fuerza. Las familias huyeron al bosque, donde varios niños y ancianos fallecieron por las precarias condiciones de vida, denuncia Baleke. El 24 de agosto, la multinacional se instaló en la zona. Un año más tarde los campesinos presentaron una denuncia civil.

Han pasado dos lustros y su causa está arrinconada. Hasta siete jueces se han hecho cargo del caso, que desde el 11 de abril espera que un octavo juez lo herede. “¿De qué sirven las leyes si luego los jueces no hacen su trabajo?”, se duele Baleke. Para más inri, la multinacional vende el café en las redes de comercio justo.

 “Este tipo de comercio necesita mecanismos de control porque contradice sus principios”, se queja, y apela al boicoteo por parte de los consumidores europeos y a la importancia de que las ONG enseñen a los oprimidos a defender sus derechos. “Las leyes están para cumplirlas”, dice blandiendo a pesar de todo con orgullo la Constitución de Uganda."         (El País, 08/05/2012)

10/11/11

"Dejó una nota de despedida en la que explicaba que no encontraba fuerzas suficientes para hacer frente al cuidado de sus dos hermanos menores, de 7 y 11 años"

"El grueso de la emigración rumana procede de las zonas más rurales y atrasadas económicamente de Moldova (Suceava, Bacau, Botosani o Galati), del norte de Transilvania (Maramures) u Oltenia.

No es difícil imaginar que se dieran situaciones similares en Andalucía, Galicia o Extremadura en la década de los 60, durante la emigración española a Alemania, Suiza o Francia. Por ello, deberíamos ser más sensibles si cabe con una tragedia que no hace mucho sufrimos en carne propia.

Pero más allá de las frías cifras oficiales, se encuentra el drama personal e individual de cada familia. Su conocimiento provoca una mayor sensibilidad hacia el fenómeno. Esto es lo que impulsó al realizador Ionut Carpatorea a rodar “Solo en casa. Una tragedia rumana”, documental en el que se abordan algunos de los casos más mediatizados de los últimos años.

Dramas como el del niño de 11 años Razvan Suculiuc. Niño estudioso e introvertido, al saber que su madre no iba a volver a Rumanía para celebrar en familia la Pascua planificó su suicidio. Dijo a sus compañeros de clase con absoluta sangre fría que iba a traer a su madre de vuelta en dos días, aunque fuera lo último que hiciera. Al llegar a casa se ahorcó.

El padre del pequeño Razvan creyó que era mejor no dar por teléfono tan brutal noticia, por lo que dijo a su mujer Liliana que debía volver inmediatamente a Rumanía porque él había perdido el trabajo y debían reorganizarse urgentemente; al llegar a la estación de autobuses para iniciar el viaje de vuelta, el conductor del autobús le dijo a Liliana si ella era “la madre del niño muerto”.

O como la del adolescente de 15 años Claudiu Popovici, de Botosan. Antes de suicidarse, dejó una nota de despedida en la que explicaba que no encontraba fuerzas suficientes para hacer frente al cuidado de sus dos hermanos menores, de 7 y 11 años.

El número oficial de niños o adolescentes que se han quitado la vida en Rumanía durante los últimos ocho años es de 22 casos. No obstante, en una sociedad tan tradicionalista y con una influencia tan grande de la Iglesia Ortodoxa, el número real es con toda seguridad superior, aunque imposible de conocer con exactitud.

La insensibilidad del clero rumano llega al límite de impedir en algunas comunas rurales el entierro del niño en campo santo, por ser éste un suicida. Siguen anclados en posturas intransigentes propias del mismísimo Agustín de Hipona, quien consideraba el suicidio algo pecaminoso e imperdonable. El suicidio infantil y juvenil es, por tanto, un tabú que se camufla baja la apariencia de accidente. (...)

Siendo el caso de los niños suicidas el más llamativo mediáticamente, no es el único. Cuando los padres deciden emigrar, se produce también una ruptura de las relaciones paterno-filiales que, cuando el tiempo es muy prolongado, puede llegar a un punto de no retorno.

Éste es el caso de Andreea Chisliciuc, madre de una niña que en la actualidad tiene 14 años. No se lo pensó dos veces y decidió aceptar una oferta de trabajo en el campo onubense, con el propósito de ahorrar algo de dinero y volver a Bucarest.
Volteando tristemente los ojos en derredor explica cómo “la partida en la estación de autobuses fue algo inenarrable, no hay palabras suficientemente precisas para expresar el dolor que sentí, es como si dejara una parte de mí aquí”. Tal vez la expresión de César Vallejo dolor en los cojones del alma le sirviera, aunque fuera remotamente.

A continuación, durante meses, “el teléfono se convirtió en el objeto más importante para la familia, pues no pasaba día en el que no llamara varias veces para ver qué hacía, aunque sólo fuera con la intención de escuchar su voz unos segundos”.

Con el paso de los años, pese a la visita anual de Navidad o Pascua “pues no podía materialmente sufragarme más viajes, teniendo en cuenta los ahorros y los envíos realizados a la familia”, la relación con su hija perdió la intensidad que siempre había tenido.

Nadie elige las cosas que ama ni la intensidad con la que lo hace, y uno de los efectos de una prolongada ausencia es que los niños llegan a perder parte del lazo emocional que los une con sus padres emigrados." (Rebelión, 10/11/2011, 'Niños suicidas en Rumanía ',Eduardo Salceda,Rebelión )

8/11/10

"¿El velo? Crecí con monjas tapadas hasta el cuello"

"Este tipo de conferencias son importantes, hay que luchar contra ciertos estereotipos que afectan sobre todo a las mujeres musulmanas", empieza Blair, que ha insistido en que el encuentro gire en torno a este tema. "Solemos creer que están oprimidas, son inseguras o incapaces de pensar por sí mismas y no es cierto", dice expresiva y con marcado acento. (...)

Reputada abogada, hace años llevó el caso de una estudiante musulmana que quería llevar la túnica tradicional a clase. Perdió. "Una de las cosas que intento es ayudar a explicar que el islam es una religión abierta en la que las mujeres tienen influencia, oculten o no su cabello.

¡Yo crecí educada por monjas que iban tapadas hasta el cuello!", dice Cherie, que es una ferviente católica, religión a la que Tony se convirtió cuando dejó el cargo de primer ministro. Tanta sorpresa o más ha causado la conversión al islam de su medio hermana Laureen, habitual de los tabloides. "Es su elección", dice brevemente al respecto.

"Usamos la apariencia de las mujeres como metáfora de nuestro miedo hacia una supuesta amenaza islámica", continúa Cherie, que no olvida a qué ha venido. "En Europa hay miles de musulmanes que participan de nuestro estilo de vida y piensan seguir haciéndolo y si por sus creencias quieren vestir de cierta forma no debemos sentirnos amenazados". (CHERIE BLAIR:: "¿El velo? Crecí con monjas tapadas hasta el cuello". El País, 04/11/2010, última)

5/5/10

El cine de la emigración gallega en Buenos Aires



""Cuando yo me muera lo tirarán a la basura". En la década de los años noventa, el emigrante ourensano Armando Hermida Luaces entregó en Argentina todo el material de sus cuatro películas al historiador Manuel González. Con casi 90 años sólo puso un requisito: que su conservación estuviese asegurada.

Por aquella época, el historiador preparaba su tesis sobre cine y emigración. Había viajado por toda Suramérica para documentarse y en una revista del Centro Gallego de Buenos Aires encontró una referencia a Hermida. González tiró del hilo y consiguió reunirse con este emigrante que se hizo rico comerciando con cacao y que grabó varios filmes de exaltación costumbrista en Galicia para "mejorar la imagen" de su tierra en Argentina. "Sus películas tienen un gran valor etnográfico y cultural, aparece el último destello de la Galicia de los cincuenta, sin rastro del ladrillo que invadió los pueblos una década después", explica González. (...)

El ourensano creó la compañía Hermifilms para producir sus películas. A pesar de que la crítica argentina puntuó con dos estrellas sobre cinco a Alma Gallega (1966), la cinta fue un éxito entre la comunidad emigrante en Buenos Aires: "Iban con pañuelos para ver la película, a llorar. Muchos llevaban 30 o 40 años sin ver Galicia y pudieron contemplarla en pantalla grande y en color", comenta González. Hermida, que se encargaba de las tareas de guión, producción, fotografía y dirección, también estuvo detrás de Galicia al día (1959) narrada por el reconocido actor gallego en la emigración Fernando Iglesias, Tacholas, y Desde Irún a Tui. (...)

A pesar del éxito entre los emigrantes de Hermifilms, sus películas recibieron críticas muy duras entre la prensa del exilio por mostrar una visión utópica, sin rastro del franquismo o de la miseria que obligó a muchos a abandonar Galicia. González comenta que esas críticas son legítimas y comprensibles pero que hoy en día hay que juzgar a Hermida desde otra perspectiva.

Entre 1900 y 1960 se estima que un millón de gallegos probaron suerte en tierras americanas. Entre algunas sociedades gallegas en la emigración y asociaciones en Galicia se estableció el llamado cine de correspondencia. A ambos lados del Atlántico se grababan imágenes de la vida cotidiana para mostrárselo a familiares y vecinos. González explica que este es un fenómeno prácticamente único y que no tiene constancia de que se haya dado en otros países de tradición migratoria.

Hermida falleció en 1997 en Buenos Aires. El emigrante (1969) fue su última película, inacabada porque ya se sentía "mayor". González señala: "Las escuelas creadas por indianos, el teatro gallego en América... es un mundo desconocido para el gran público, lleno de tópicos. Un museo de la emigración podría reconciliar a los ciudadanos con este tema". (El País, ed. Galicia, Galicia, 25/03/2010, p. 16)

22/11/09

La globalización de los campesinos

(traducción gallego-castellano)

"Hoxe existen amplos sectores sociais enfrontados coa globalización capitalista, tanto nos seus aspectos sociais coma na defensa de diversas soberanías: ambientais, alimentarias, produtivas, lingüísticas...

As labregas están a xogar un papel de argamasa indispensable para unha acción global.

Nas últimas mobilizacións agrarias encabezadas polo SLG en Galicia, e pola ECVC en Europa, puidemos comprobar que arredor das compañeiras labregas xuntámonos xente que noutras circunstancias sería difícil que compartise a mesma mesa.

E non esquezamos que os pequenos labregos e labregas, a pesar do proceso de agroindustrialización impulsado polas grandes multinacionais de distribución, son e seguen a ser os que nos dan de comer.

Hoxe a batalla polo cambio social estase a dar fundamentalmente no campo, desde Brasil a Galicia, pasando por Ecuador ou pola India." (Comentario al artículo de Xoan Hermida: Labregas. Vieiros, 19/11/2009)

" #1 hai 2 dias Raimundo

Moi interesante, inda que confuso artigo. Mexclanse obreiros, labregos, tempos...

O que está a pasar cos labregos... no é novo... leva pasando dende a primeira industrializacion...

Os labregos son esfameados... teñen que emigrar as cidades, a traballar pola comida... e asi xurden os grandes capitais...

Primeiro os labregos ingleses... os galegos, os do sur do Mediterraneo... os rusos... hoxe os chineses, os árabes, os africanos, os sudamericanos...

As súas costas crecen as grandes fortunas chinesas, rusas... que despois viaxan polos canais da globalización... económica, ata os paraísos fiscais, a financieira.

A globalización é unha industrialización... distinta das antigas... os obreiros que crea sonche moi variados, sí, dacordo...

Pero o que nunca cambea é o desterro do campesiñado... a orixe da globalización.

A uneca solución é crear redes mercantís entre labregos e os das cidades, saltando os intermediarios, pra que poidan vivir ben... levando pequenas industrias ao campo...

Se venden mazas, tamen venden mermelada de maza... se teñen leite, tamén manteca, queixo... feito todo en pequenas industrias nas aldeas...

Se non... emigrar as cidades... como todos..."