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8/6/24

Alimentos ultraprocesados: La suciedad rentable con la que nos alimenta el capitalismo... los alimentos que comemos nos están enfermando... El capitalismo está contaminando el aire que respiramos, el agua que bebemos y los propios alimentos que comemos: todo en nombre del beneficio... la causa principal de los crecientes niveles de obesidad es el cambio drástico en nuestra dieta moderna que ha llegado con la introducción y proliferación de la alimentación ultra procesada (UPF), para obtener beneficios por encima de todo lo demás. El UPF constituye ahora más de la mitad de nuestra dieta en el Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y Australia, pero las grandes empresas alimentarias están intentando (con éxito) convertirlo en el alimento básico en todo el mundo... El sello distintivo de la UPF es la adición de estabilizantes, emulsionantes, gomas, lecitina y aceites extraños que nunca encontraremos en un supermercado o en una cocina normal. Lo que tienen en común estos ingredientes es que ahorran dinero a las empresas, ya que reducen la necesidad de ingredientes reales en los alimentos... no es realmente comida

"El capitalismo está contaminando el aire que respiramos, el agua que bebemos y los propios alimentos que comemos: todo en nombre del beneficio. Otra prueba de ello es una revisión publicada por el British Medical Journal (BMJ) el 28 de febrero, en la que se evalúan las mejores investigaciones disponibles sobre el efecto de los «alimentos ultraprocesados» (UPF) en nuestra salud. Esta revisión incluyó 45 estudios y casi 10 millones de participantes, y, lo que es más importante, no incluyó ninguna investigación financiada por las grandes empresas alimentarias. Las conclusiones son categóricas.

La revisión descubrió que el consumo de UPF estaba vinculado a un riesgo sustancialmente mayor de al menos 32 resultados perjudiciales para la salud, incluida la mortalidad por cualquier causa, el cáncer, la diabetes, las enfermedades inflamatorias intestinales y los problemas de salud mental. Esta revisión confirma lo que el médico e investigador sanitario de la UCL, Chris van Tulleken, argumentó en su libro Ultra Processed People (publicado en 2023): los alimentos que comemos nos están enfermando.

En general, la discusión en torno a la dieta hoy en día es un sermón monótono. Desde las columnas de los periódicos hasta los estudios de televisión, se nos dice que el problema empieza y acaba en el individuo. La raíz de la epidemia mundial de nutrición se reduce a la falta de voluntad para hacer ejercicio, la falta de disciplina para resistirse a los tentempiés poco saludables y la falta de inteligencia o capacidad para enseñarse a cocinar y preparar comidas variadas.

En esta atmósfera rancia, el libro de van Tulleken, Ultra Processed People llega como un soplo de aire fresco. Plantea un riguroso análisis materialista del efecto del sistema capitalista tanto en el sistema alimentario mundial como en la dieta humana.

Utilizando una amplia gama de datos de investigación y entrevistas, van Tulleken cuestiona el consenso de que los seres humanos se han vuelto simplemente perezosos y codiciosos.

En su lugar, propone que la causa principal de los crecientes niveles de obesidad es el cambio drástico en nuestra dieta moderna que ha llegado con la introducción y proliferación de la UPF, impulsada para obtener beneficios por encima de todo lo demás. El UPF constituye ahora más de la mitad de nuestra dieta en el Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y Australia, pero las grandes empresas alimentarias están intentando (con éxito) convertirlo en el alimento básico en todo el mundo.
UPF: no es realmente comida

UPF es una definición científica de una categoría de alimentos, elaborada originalmente por Carlos Monteiro, investigador brasileño en nutrición. El sello distintivo de la UPF es la adición de estabilizantes, emulsionantes, gomas, lecitina y aceites extraños que nunca encontraremos en un supermercado o en una cocina normal. Lo que tienen en común estos ingredientes es que ahorran dinero a las empresas, ya que reducen la necesidad de ingredientes reales en los alimentos.

No todos los científicos están de acuerdo en que la UPF sea el problema. Ha habido muchos que han defendido la UPF, algunos incluso argumentando que puede ser buena para la salud. Sin embargo, una inspección más cercana muestra que estos científicos que defienden la UPF tienen vínculos con las grandes corporaciones de alimentos que fabrican UPF como Mcdonald’s, Nestlé y Coca-Cola.
UPF y sobrealimentación

Analizando los últimos 100 años de investigación, el libro demuestra que no son ni la grasa, ni el azúcar, ni la falta de ejercicio lo que ha provocado fundamentalmente la crisis de obesidad y el aumento de los trastornos metabólicos. Por el contrario, es la propia naturaleza de la UPF la que provoca el aumento de peso y la mala salud, ya que estos alimentos están diseñados para fomentar la sobrealimentación.

El UPF es blando y bajo en fibra, lo que hace que sea más rápido de comer y digerir, dejándote menos saciado, y los aditivos de sabor que contiene raramente se correlacionan con el contenido nutricional, interfiriendo con la regulación hormonal del apetito de nuestro cuerpo. El UPF está diseñado para que sigas comiendo, y los estudios han descubierto que puede activar el cerebro del mismo modo que el alcohol y las drogas.

Van Tulleken hace referencia a un estudio que demostró que el UPF conduce a comer en exceso y al consiguiente aumento de peso. Los investigadores alimentaron a dos grupos con una dieta idéntica en contenido nutricional, uno con un 80% de UPF y el otro sin UPF, e intercambiaron los grupos al cabo de dos semanas. Los mismos individuos comieron una media de 500 calorías más al día con la dieta UPF.

Este consumo excesivo de alimentos se ha convertido en una epidemia sanitaria mundial. Desde 2017, en el mundo hay más personas obesas que con bajo peso. Paradójicamente, la obesidad empieza a entenderse como una forma de malnutrición, ya que la UPF es alta en calorías pero baja en contenido nutricional.

En algunos lugares, esta transformación se ha producido en pocos años, a medida que multinacionales alimentarias como Nestlé extienden su alcance al mundo en desarrollo e inundan los mercados locales con UPF. Las consecuencias para la población de los países de renta baja y en desarrollo pueden ser devastadoras, ya que no tienen acceso a la odontología ni a la asistencia sanitaria para tratar los problemas que causa el consumo de UPF, como la caries dental y la diabetes.
No se puede «huir» de la UPF

La solución propuesta a la sobrealimentación es el ejercicio. A menudo son las mismas multinacionales que provocan la crisis las que proponen esta solución. Por ejemplo, Coca-Cola financió el programa «El ejercicio es medicina» y muchos estudios para «demostrar» que la causa de la crisis de obesidad es la falta de ejercicio y no el consumo de Coca-Cola.

Sin embargo, Ultra Processed People examina las pruebas y demuestra que aumentar el ejercicio no incrementa el gasto de calorías de nuestro cuerpo.

El libro utiliza un estudio de los Hadza, una tribu de cazadores-recolectores de Tanzania, y descubrió que quemaban la misma cantidad de calorías que un oficinista estadounidense. Esto no quiere decir que Van Tulleken crea que debemos dejar de hacer ejercicio. El ejercicio es bueno para la salud, tanto física como mental. Sin embargo, la dieta es el factor crucial.
La UPF es a menudo la única opción

A pesar del efecto que la UPF tiene en nuestro organismo, el dominio de los grandes monopolios alimentarios hace que, para muchos, la UPF sea la única opción.

23,5 millones de estadounidenses viven en desiertos alimentarios, donde no hay alimentos frescos disponibles. 3 millones de personas en el Reino Unido no tienen una tienda que venda materias primas a menos de 15 minutos de su casa en transporte público. Casi un millón de personas en el Reino Unido no tienen frigorífico, 2 millones no tienen cocina, 3 millones no tienen congelador, y el coste de la energía ahora significa que muchos de los que sí la tienen, no pueden utilizarla. La UPF es, por tanto, indispensable.

Las zonas desfavorecidas de Inglaterra tienen más del doble de establecimientos de comida rápida (per cápita) que las zonas más acomodadas. Los adolescentes están inundados de UPF, sus billetes de autobús contienen vales de McDonald’s y los restaurantes de comida rápida son a menudo el único lugar donde pueden pasar el rato después de la escuela, dado el cierre de clubes juveniles y centros comunitarios.

En el mundo en desarrollo, la situación es aún peor. La Coca-Cola es a menudo más barata que el agua, y como la afluencia de UPF barata saca del mercado a los agricultores locales, la UPF se convierte rápidamente en la única opción. A nivel mundial, el 75% de nuestra dieta actual se compone de sólo 12 plantas y cinco animales, la UPF ha sustituido a los alimentos tradicionales.

Para ver la depravación de los capitalistas no hay más que mirar a los monopolios de los preparados para bebés, como Nestlé. Han introducido agresivamente sus productos en países donde era imposible acceder a agua potable segura, lo que ha provocado 80.000 muertes infantiles evitables al año.
Por qué las empresas no pueden dejar de venderlo

Lo que deja claro Ultra Processed People es que no podemos cambiar la UPF y hacerla más sana. Los productos que sean más adictivos se venderán mejor y funcionarán mejor en el mercado.

El libro pone el ejemplo del helado. En la mayoría de los casos se utilizan emulsionantes como sustituto del huevo, ya que es más barato y fácil de almacenar y transportar. La razón por la que las empresas se ven impulsadas a experimentar con los ingredientes es que no queda margen para reducir costes en otras áreas. El capitalismo impulsa a las empresas a reducir costes de producción siempre que sea posible, y el UPF es más barato de hacer, más fácil de almacenar y transportar, y tiene una vida útil mucho más larga.

La evidencia de los peligros de la UPF, tal y como la encontró el BMJ, cae en saco roto para los capitalistas, que responden con más procesamiento: añadiendo probióticos para «contrarrestar» sus emulsionantes que dañan el microbioma, añadiendo edulcorantes artificiales, añadiendo vitaminas y minerales después de que todos los originales hayan sido blanqueados.

Reformulen como reformulen sus productos, su prioridad última siempre será obtener beneficios, vender lo máximo posible y, por tanto, impulsar un consumo excesivo.

La razón de la proliferación de la UPF, a pesar de estos efectos perjudiciales sobre casi todos los aspectos de la salud humana es directamente económica: un alimento que la gente consume más es un alimento que se vende más. Esto viene con el doble beneficio de que se puede vender un plan de gimnasio, «pérdida de peso» de marca UPF, o membresía de salud privada como soluciones para añadir aún más ingresos.

No es casualidad que nuestras dietas nos estén matando: es parte integrante del sistema capitalista de búsqueda de beneficios.
Por qué necesitamos una revolución

Lo que demuestra Ultra Processed People es que los consumidores son en gran medida impotentes para eliminar la UPF, ya que comemos lo que podemos permitirnos. Las empresas son casi igual de impotentes para cambiar las cosas, ya que deben producir los productos más rentables, y la basura que no podemos dejar de comer es una mina de oro para ellas.

El principal defecto del libro de Van Tulleken es que, una vez extraídas estas conclusiones, pide una reforma del gobierno como solución. En realidad, el gobierno -a través de la financiación de campañas, sobornos descarados y lucrativas oportunidades de «trabajo» para los diputados- está comprado por las empresas alimentarias. Y los capitalistas que intentan reducir sus costes alimentándonos con basura son tan antiguos como el propio capitalismo; Marx hablaba de la adulteración del pan desde principios del siglo XVIII.

Si queremos imaginar un mundo sin UPF, lo cual es posible, tenemos que imaginar un mundo sin capitalismo.

La UPF se ha vuelto indispensable, porque las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera son paupérrimas. Incluso antes de la crisis del coste de la vida, los británicos gastaban el 8% de su presupuesto familiar en alimentación. Si el 50% de los hogares más pobres quisieran seguir una dieta que se ajustara a las actuales directrices de vida sana, tendrían que gastar el 30% de su presupuesto en alimentos. ¿Por qué gastamos tan poco? Porque todo lo demás (alquiler, servicios, transporte) cuesta mucho.

Incluso si puede permitirse comprar alimentos reales más sanos, la mayoría de la gente no tiene tiempo o energía después del trabajo para cocinar tres comidas desde cero cada día. Muchas otras personas dependen por completo de los platos precocinados porque, por discapacidad o enfermedad, no pueden cocinar por sí mismas.

A pesar de la industrialización de la agricultura y de la producción de 2,6 veces los alimentos que la humanidad necesita para alimentarse, al menos 2.300 millones de personas carecen de acceso seguro a alimentos sanos y nutritivos. Pero no tiene por qué ser así.

Mediante un plan socialista de producción, podríamos producir fácilmente suficientes alimentos reales para satisfacer las necesidades de todos. Con la creación de comedores públicos que sirvieran comida sana y deliciosa, podríamos socializar el trabajo doméstico de cocinar, que actualmente recae principalmente en las mujeres. Podríamos permitir a la gente relacionarse socialmente a la hora de comer, en lugar de la solitaria realidad a la que muchos se enfrentan hoy en día de volver de un largo día de trabajo para comer una comida preparada frente al televisor.

Todo esto es posible y es la única manera de liberarnos de la dependencia de la UPF. Pero requiere abandonar el afán de lucro y recrear nuestra sociedad a todos los niveles en beneficio de la clase trabajadora, la inmensa mayoría de la población. Si quieres unirte a nosotros en la construcción de este futuro, únete a los comunistas revolucionarios y lucha para derrocar al capitalismo."                    (Ezra Ellis, MRonline, 03 de mayo de 2024, traducción DEEPL)

25/9/23

El mito de la escasez mundial de granos... Contrariamente a la creencia popular, la guerra en Ucrania no ha provocado una escasez mundial de trigo. Mientras que el hambre en el mundo se ha disparado en los últimos años, la mejor manera de afrontar la crisis alimentaria actual pasa por atacar sus verdaderas causas: la especulación financiera y el afán de lucro de las empresas... la oferta total de trigo (es decir, el volumen de producción más las reservas de partida) superaron el consumo en nada menos que 275 millones de toneladas. Este excedente desmiente la narrativa oficial de una escasez global. Asimismo, se calcula que la oferta global ha superado la demanda entre julio de 2022 y junio de 2023, lo que indica que se trata de una tendencia consolidada... ¿Cuál fue entonces la causa del aumento de los precios del trigo? El mercado mundial de granos opera a modo de oligopolio, en el que las cuatro principales empresas comercializadoras –Archer-Daniels-Midland, Bunge (que recientemente se ha fusionado con Viterra), Cargill y Louis Dreyfus– controlan más del 70 % del mercado, y Glencore otro 10 %... En las primeras etapas de la guerra en Ucrania, especialmente entre marzo y junio de 2022, las cuatro grandes comercializadoras de cereales lograron ingresos y beneficios récord... Inversores financieros, inclusive fondos de pensiones, incrementaron su parte de posiciones largas del 23 % en mayo de 2018 al 72 % en abril de 2022... En vez de impedir o contener estas maniobras financieras, las autoridades reguladoras estadounidenses y europeas permitieron que continuaran a su aire... la mayor parte de las exportaciones de granos de Ucrania no fueron a parar a los países más pobres del planeta. En su lugar, el 81 % de los 32,9 millones de toneladas métricas exportadas al amparo de la Iniciativa de Granos del Mar Negro se destinaron a países de renta alta o media alta... Dado que los países africanos importadores de alimentos solo recibieron una fracción de estas exportaciones, los temores de que la cancelación del acuerdo provocaría una hambruna masiva en todo el continente parecen sumamente exagerados

 "(...) En los últimos años, el fuerte aumento de los precios de los alimentos y la creciente frecuencia e intensidad de las inundaciones, sequías y otros fenómenos meteorológicos extremos han generado alarma por una posible escasez inminente de granos, con la consiguiente catástrofe para las poblaciones más pobres y vulnerables del planeta. Aunque el cambio climático supone la mayor amenaza a medio y largo plazo para la seguridad alimentaria mundial, la invasión rusa de Ucrania se cita a menudo como causa inmediata de la hambruna actual. Pero esto es una cortina de humo.

No cabe duda de que la guerra ha trastornando las exportaciones de trigo tanto de Rusia como de Ucrania, dos de los principales países productores mundiales, al distorsionar unas relaciones comerciales cruciales. Puesto que Ucrania y Rusia exportaban antes de la invasión más de una cuarta parte del volumen global de trigo, políticos y comentaristas atribuyeron el fuerte aumento de los precios a comienzos de 2022 en gran medida a la escasez de oferta causada por el conflicto.

Sin embargo, mientras el índice global de precios del trigo aumentó alrededor de un 23 % en los primeros meses después de la invasión rusa, los precios comenzaron a descender en junio de 2022. En diciembre habían vuelto a los niveles de preguerra. Así se reconoció, pero esta tendencia se atribuyó al éxito de la Iniciativa de Granos del Mar Negro, un acuerdo auspiciado por Naciones Unidas que levantó el bloqueo ruso de las exportaciones de grano de Ucrania. A su vez, la reciente decisión de Rusia de cancelar el acuerdo ha generado preocupaciones sobre sus efectos potenciales en el comercio mundial de granos.

Estas preocupaciones están mal orientadas por dos razones. En primer lugar, la oferta mundial de trigo (tanto la producción total como el volumen comercializado) se ha mantenido constante desde el comienzo de la guerra de Ucrania. El Sistema de Información del Mercado Agrícola, administrado por la Organización para la Alimentación y la Agricultura de Naciones Unidas, incorpora datos del Consejo Internacional de Cereales para calcular los volúmenes de oferta, consumo y comercio. Entre julio de 2021 y junio de 2022 –un periodo en que los precios del trigo se dispararon–, la producción global aumentó a razón de cinco millones de toneladas, mientras que el volumen comercializado creció tres millones de toneladas. Durante el mismo periodo, las reservas aumentaron ligeramente (tres millones de toneladas).

 Lo más curioso es que la oferta total de trigo (es decir, el volumen de producción más las reservas de partida) superaron el consumo en nada menos que 275 millones de toneladas. Este excedente desmiente la narrativa oficial de una escasez global. Asimismo, se calcula que la oferta global ha superado la demanda entre julio de 2022 y junio de 2023, lo que indica que se trata de una tendencia consolidada.

En segundo lugar, los gobiernos y los medios suelen destacar los casos de escasez en regiones concretas, mientras pasan por alto el aumento de la producción y del comercio en otras partes del mundo. En realidad, el trigo se produce globalmente, lo que significa que la escasez en una región puede compensarse aumentando la producción en otra.

 

¿Cuál fue entonces la causa del aumento de los precios del trigo? Para responder a esta pregunta hemos de seguir el rastro del dinero. El mercado mundial de granos opera a modo de oligopolio, en el que las cuatro principales empresas comercializadoras –Archer-Daniels-Midland, Bunge (que recientemente se ha fusionado con Viterra), Cargill y Louis Dreyfus– controlan más del 70 % del mercado, y Glencore otro 10 %.

En las primeras etapas de la guerra en Ucrania, especialmente entre marzo y junio de 2022, las cuatro grandes comercializadoras de cereales lograron ingresos y beneficios récord. Los ingresos anuales de Cargill subieron un 23 %, hasta 165.000 millones de dólares, mientras que los beneficios de Louis Dreyfus crecieron un 80 %. Estas subidas reflejaban alzas de precios que no cuadraban con la demanda del mundo real ni la dinámica de la oferta.

Además, los mercados de futuros del grano experimentaron una actividad frenética entre abril y junio de 2022. Inversores financieros, inclusive fondos de pensiones, incrementaron su parte de posiciones largas del 23 % en mayo de 2018 al 72 % en abril de 2022. Se informó de que diez fondos de cobertura “impulsados por el viento favorable” ganaron 1.900 millones de dólares mediante la capitalización del fuerte aumento del precio de los alimentos provocado por la invasión rusa de Ucrania. En vez de impedir o contener estas maniobras financieras, las autoridades reguladoras estadounidenses y europeas permitieron que continuaran a su aire.

Sorprendentemente, la mayor parte de las exportaciones de granos de Ucrania no fueron a parar a los países más pobres del planeta. En su lugar, el 81 % de los 32,9 millones de toneladas métricas exportadas al amparo de la Iniciativa de Granos del Mar Negro se destinaron a países de renta alta o media alta, sobre todo europeos, como España, Italia y los Países Bajos, así como a China y Turquía. Los países de renta baja recibieron el 3 % de las exportaciones de grano de Ucrania y el 9 % de su trigo (sobre todo Bangladesh). Dado que los países africanos importadores de alimentos solo recibieron una fracción de estas exportaciones, los temores de que la cancelación del acuerdo provocaría una hambruna masiva en todo el continente parecen sumamente exagerados.

 La Iniciativa de Granos del Mar Negro parece que consistió más en facilitar las exportaciones de Ucrania –un objetivo loable en símismo– que en combatir el hambre en el mundo. Además del bloqueo de sus rutas marítimas por parte de Rusia, las rutas terrestres de Ucrania se vieron obstaculizadas por las restricciones implícitas a la importación impuestas por países de Europa Central y Oriental como Polonia, Bulgaria, Hungría, Eslovaquia y Rumanía, que desean proteger a los agricultores locales en apuros del grano ucraniano, que goza de precios competitivos. No obstante, como han señalado otras fuentes, la Iniciativa sirve ante todo a los intereses de los gigantes del comercio agrícola que comercializan el grano ucraniano y los financieros que les respaldan.

Si el hambre en el mundo ha aumentado con fuerza en los últimos años, la causa no radica en una escasez de cereales. En su lugar, el desplome de las exportaciones, la disminución de los ingresos de divisas, la fuga de capitales y el aumento de los costes del servicio de la deuda han mermado la capacidad de muchos países de importar alimentos. Para abordar estos retos hemos de buscar otras vías. En vez de distribuir granos en plan caritativo, la clase política mundial debe mitigar la vulnerabilidad comercial de los países empobrecidos y adoptar medidas para incrementar la producción local y regional de alimentos básicos. Todavía podemos ganar el combate contra el hambre en el mundo, pero a condición de que reconozcamos las verdaderas causas de los apuros actuales."

( es profesora de Economía en la Universidad Amherst de Massachusetts y forma parte de la Comisión para la Transformación Económica del Club de Roma. Viento Sur, 21/09/23)

18/1/23

Las causas de la crisis alimentaria más allá de la guerra en Ucrania... la causa la responsabilidad de las cuatro transnacionales que concentran el negocio de granos a nivel mundial (Archer Daniels Midland, Bunge, Cargill y Louis Dreyfus) en el marcaje de los precios internacionales de los granos... la actual crisis de precios de alimentos no comenzó con la guerra en Ucrania y que es resultado de un conjunto más amplio de factores. Entre ellos, la pandemia del Covid-19 (con su consecuente y aún persistente interrupción en las cadenas de suministro a nivel internacional), la crisis climática y la especulación en los mercados financieros... Estudios convincentes de la misma FAO muestran que el alza de los precios de los alimentos está desvinculada tanto de su producción como del abastecimiento. ¿Entonces, por qué suben los precios? En parte, porque los grandes inversionistas –sean bancos, fondos de pensiones o simplemente particulares–, están comprando obligaciones y acciones ligados a materias primas, y los cereales se encuentran en el centro mismo de la especulación bursátil

 "(...) El hambre, drama inhumano

En 2019, según cifras de Naciones Unidas (ONU), 135 millones de personas sufrieron de “inseguridad alimentaria severa”, forma retórica para denominar el drama humano del hambre. Tres años después, a inicios de 2022, esta cifra se había más que duplicado: 298 millones de personas padecen ese flagelo social. Diferentes organizaciones internacionales calculan que el número de personas con hambre podría superar los 345 millones, en 82 países, a fines de 2022. 

Gian Carlo Cirri, Director adjunto del Programa Mundial de Alimentos (PMA), con sede en Ginebra, Suiza, presentó este cuadro dramático hace apenas unas semanas, durante una conferencia-debate en línea organizada por la ONG helvética SWISSAID.

Dicha ONG recuerda que, desde el comienzo de la guerra y la consiguiente interrupción de las cadenas de suministro mundiales, el acceso a los alimentos básicos se ha vuelto extremadamente complicado en varias regiones del mundo, especialmente para numerosas poblaciones del Sur.

Cinco países producen el 78% de las exportaciones de cereales. Rusia y Ucrania, controlan el 30% de las exportaciones de trigo. “Desde la guerra, los precios se han disparado, los productos desaparecen de las estanterías [en ciertos países] y las carteras están desesperadamente vacías. Pero la situación ya era tensa antes”, recuerda SWISSAID. Por su parte, el portavoz del PMA, introduce una interpretación más global de la crisis alimentaria actual y recuerda que hay cuatro causas fundamentales, las “4 Cs”, como las denomina Cirri: conflicto, clima, COVID y costos. Según su opinión, se trata de una situación sin precedentes y que no se puede reducir a un solo factor.

Alimentos no faltan, pero con precios especulativos

Durante las últimas semanas se han publicado nuevos datos y análisis que permiten comprender mejor la realidad alimentaria mundial, señala en un documento de julio la ONG Grain (“Grano”, en francés). Esta organización apoya a pequeños y medianos productores rurales y a movimientos sociales campesinos (https://grain.org/es/article/6865-de-crisis-alimentaria-en-crisis-alimentaria).

Desmitificando la lectura casi generalizada y lineal que identifica la hambruna actual únicamente con el conflicto en Europa Oriental, Grain afirma que “enfrentamos una crisis de precios, no una escasez de alimentos”.

Con los costos en aumento de la energía, y en parte debido a ello, los precios de los alimentos han estado subiendo a nivel mundial, afectando sobre todo a los sectores más pobres y vulnerables. Grain sostiene que, en realidad, no hay escasez de alimentos, y que algunos países, como China o India, disponen de grandes reservas, resultado de sus estrategias de seguridad alimentaria promovidas desde hace años.

Según Grain, adicionalmente, se verifica una distorsión absoluta de precios y abastecimiento, consecuencia de los sistemas alimentarios cada vez más industrializados y especializados, que generan sobreproducción y enormes desperdicios. Los ejemplos abundan: un 60% de la producción europea de trigo se usa para el ganado, mientras que un 40% del maíz cultivado en Estados Unidos se destina al combustible automotor. El 80% de la cosecha mundial de soya se transforma en alimento para animales, mientras que el 23% del aceite de palma mundial se transforma en gasolina tipo diésel.

Desde una perspectiva global, insiste Grain, no es que falte producción de granos, sino que los precios han aumentado desmedidamente y además existen problemas de mano de obra y distribución. Por otra parte, denuncia, “grupos de presión han instrumentado la crisis y, con el argumento de que es necesario producir más alimentos, buscan dar marcha atrás a determinadas reformas políticas en materia alimentaria y a otros objetivos relacionados con el cambio climático”.

La nueva estrategia “Farm to Fork” (“De la granja al tenedor”), de la Unión Europea, cuyo objetivo consiste en ajustar las prácticas agrícolas a criterios de sostenibilidad, es hoy blanco de cuestionamientos y presiones. En numerosos países surgen propuestas para eliminar las metas de producción de biocombustibles que se habían impuesto para reducir las emisiones climáticas. Muchos programas europeos tendientes a eliminar definitivamente la energía nuclear o la de origen fósil pasan rápidamente al basurero con el argumento de que la crisis del aprovisionamiento del gas y los combustibles rusos así lo exigen. La Unión Europea acaba de proponer planes para una reducción del 15% de los combustibles durante el próximo invierno continental (diciembre 2022 a marzo 2023). En este contexto, el combate por la defensa del clima y de reducción de ese tipo de energías queda relegado a un segundo plano debido a la preocupación creciente del ciudadano europeo por los “sacrificios” que podría confrontar en el ámbito de la electricidad.

En cuanto a las causas mismas de la crisis alimentaria, Grain insiste en que son estructurales y que van más allá de la guerra en Ucrania. Y advierte sobre la responsabilidad de las cuatro transnacionales que concentran el negocio de granos a nivel mundial (Archer Daniels Midland, Bunge, Cargill y Louis Dreyfus) en el marcaje de los precios internacionales de los granos.

Si bien es cierto que parte de este sector se ha visto afectado por la guerra, es en países con conflictos internos propios, como Afganistán, Yemen, Siria, Eritrea, Somalia y la República Democrática del Congo, donde se concentra el mayor aumento del hambre. Realidad que no tiene ninguna relación con la situación en Ucrania, señala esta ONG, la cual hace propia las palabras del dirigente campesino Ibrahima Coulibaly de Malí: “Dejen de difundir noticias falsas: África no necesita el trigo de Ucrania”. Dicha reacción de parte de Coulibaly, se debe a la utilización de la guerra como excusa para impulsar lo que él denomina “imperialismo agrícola occidental”, al cual responsabiliza por “la destrucción de bosques, tierras de cultivo y la diversidad alimentaria en todo el Sur global”.

Un sistema que juega con la comida de los necesitados

Los datos disponibles muestran que la actual crisis de precios de alimentos no comenzó con la guerra en Ucrania y que es resultado de un conjunto más amplio de factores. Entre ellos, la pandemia del Covid-19 (con su consecuente y aún persistente interrupción en las cadenas de suministro a nivel internacional), la crisis climática y la especulación en los mercados financieros.

 Estudios convincentes de la misma FAO muestran que el alza de los precios de los alimentos está desvinculada tanto de su producción como del abastecimiento. ¿Entonces, por qué suben los precios? En parte, porque los grandes inversionistas –sean bancos, fondos de pensiones o simplemente particulares–, están comprando obligaciones y acciones ligados a materias primas. Apuestan a precios futuros de determinadas materias primas, pero con efectos reales sobre su precio mundial actual. Los cereales, por supuesto, se encuentran en el centro mismo de la especulación bursátil.

En un reciente artículo publicado por Greenpeace México con el título de “¿Quién se beneficia con el hambre?”, su autor responde que “estas empresas, que afirman ser ángeles de la seguridad alimentaria y energética, siembran las semillas de la pobreza, el hambre, las enfermedades, el colapso climático, la destrucción de la biodiversidad y el sufrimiento de los pueblos indígenas y las comunidades locales”.

Y concluye que los comerciantes de cereales están obteniendo enormes ganancias debido al aumento de los precios de las materias primas. Al igual que las empresas de combustibles fósiles, con ganancias récord a medida que se dispara el costo de vida. Estas son las empresas que se benefician de la hambruna al especular con los precios de los productos básicos. Las grandes corporaciones del petróleo, así como sus primas, las grandes empresas agrícolas, cuentan con fuertes grupos de presión para oponerse a cualquier forma de regulación ya que no están realmente interesadas ​​en arreglar un sistema que no funciona. De hecho, hacen justo lo contrario, y no sólo a través de sus poderosos grupos de presión, sino también de la captura corporativa del Estado y otras instituciones multilaterales. (https://www.greenpeace.org/mexico/blog/51212/se-aprovechan-del-hambre-vs-alimentos-sostenibles/).

Movimientos sociales por el fin de la guerra y la especulación

La Vía Campesina, principal organización de los movimientos rurales a nivel internacional, no subestima el impacto de la guerra Rusia-Ucrania (ni de otros conflictos mundiales actuales) en la crisis alimentaria actual. Sin embargo, en uno de sus últimos pronunciamientos coincide también en que “actualmente, la crisis no está ligada a la escasez de alimentos a nivel mundial, sino a la especulación con los precios” (https://viacampesina.org/es/la-via-campesina-alto-a-la-crisis-alimentaria-soberania-alimentaria-ya/)

Los países que ahora dependen de la importación de alimentos, ya no pueden pagar los precios altísimos de los cereales en los mercados internacionales.

La Vía Campesina reitera que la agricultura en el mundo produce lo suficiente como para soportar un periodo más largo de crisis. El problema, según esta organización, no es la falta de alimentos, sino el hecho de que las grandes empresas capitalistas que dominan el mercado financiero y de distribución mundial han transformado el comercio de alimentos y productos agrícolas en un mercado altamente especulativo. La mayoría de los productos básicos negociados internacionalmente, ahora están sujetos a contratos a futuro, los cuales pueden comprarse y venderse en el mercado de valores varios cientos de veces al día. De ahí, que el precio final de estos productos para los países que los necesitan desesperadamente no tenga ninguna relación con los verdaderos costos de producción ni con la capacidad de compra e importación de dichos países.

Con esta lectura de la realidad, la organización campesina más representativa del planeta –con 200.000.000 de miembros en más de 80 países– llama a “la defensa intransigente de la vida y la paz”. Convoca a la “defensa de la soberanía de los pueblos o naciones contra la guerra y contra la destrucción de sus estructuras sociales”. Y al mismo tiempo, propone que se ponga “fin a la especulación con los productos alimenticios y la suspensión de la cotización de los mismos en las bolsas de valores”. Deben prohibirse los contratos futuros sobre productos agrícolas, agrega. Y concluye que el precio de los alimentos comercializados internacionalmente debe guardar relación con los costos de producción y seguir el camino del comercio justo, tanto para los productores como para los consumidores."           (Sergio Ferrari  , Rebelión, 23/08/2022)

7/9/22

La crisis alimentaria internacional y propuestas para superarla

 "Contrariamente a una idea ampliamente difundida en 2022, la crisis alimentaria mundial comenzó antes de la invasión rusa a Ucrania y al aumento de los precios debido a la especulación. A escala planetaria, entre 2014 y 2021, el número de personas que sufrían inseguridad alimentaria grave aumentó en más de 350 millones, pasando de 565 millones a 924 millones. Este aumento fue particularmente fuerte entre 2019 y 2021, afectando a un poco más de 200 millones de personas. En 2021, cerca de 2.300 millones de personas, o sea el 29,3 % de la población mundial, estaban en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave [1]. En 2022, todos los indicadores están en rojo e incluso el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reunió el 17 de mayo de 2022 para debatir sobre cómo hacer frente a la crisis alimentaria que podría provocar revueltas populares.

 ¿Cómo podemos explicar que en el siglo XXI continuemos confrontados con el hambre?

Es el resultado del modelo de agrobusiness que solamente busca la realización de inmensos beneficios y no le preocupa la alimentación de la población. Y esta situación es mucho más flagrante en los países del Sur Global donde los programas de ajuste estructural del FMI y el Banco Mundial alentaron la agricultura intensiva de exportación según criterios competitivos y de rentabilidad en el mercado mundial [2] , y marginalizaron el sector de producción hortícola y la agricultura campesina que, sin embargo, suministra el 70 % de la producción de alimentos mundial. Los alimentos son transformados en mercadería sometida a la especulación en el mercado mundial, donde un grupo de grandes multinacionales fijan los precios.

 Esas grandes empresas del agrobusiness se benefician de subvenciones públicas, acaparan cada vez más tierras para extender el cultivo de agrocombustibles, recursos de agua para cultivos híper consumidores, destruyen las semillas naturales en provecho de híbridas y OGM, generalizan la utilización de abonos químicos y de pesticidas. Ese modelo de producción aumenta considerablemente la vulnerabilidad de los cultivos frente a factores externos y contribuye enormemente al cambio climático y a las sequías que afectan la agricultura de secano y agotan las napas freáticas. Y todo esto está directamente ligado al sistema capitalista mundial y a su crisis multiforme de las que la crisis alimentaria es una de sus manifestaciones.

 ¿Cuál es la amplitud de la crisis en el ámbito humanitario?

Según un criterio más amplio que fue elaborado por la FAO y otros organismos de la ONU, el 30 % de la población mundial sufre de manera moderada de inseguridad alimentaria.

Si nos concentramos en el continente africano, siempre según la FAO, cerca del 60 % de la población está afectada por la inseguridad alimentaria moderada y el 20 % por la inseguridad alimentaria grave. Estas cifras podrían aumentar mucho con la inestabilidad climática.

En 2020, «se estima que 45 millones de niños y niñas de menos de 5 años sufren emaciación, la forma más mortífera de la malnutrición, que puede multiplicar por 12 el riesgo de muerte en temprana edad. Además, 149 millones de niños y niñas de menos de 5 años presentan un retardo de crecimiento y de desarrollo debido a una carencia crónica de nutrientes esenciales en su alimentación.» [3] El 45 % de las muertes de niños y niñas de menos de 5 años es debido a la malnutrición, y eso representa 3,1 millones de niñas y niños.

«En 2021, la diferencia entre mujeres y hombres en cuanto la inseguridad alimentaria se acentuó todavía más: 31,9 % de mujeres en el mundo estaban en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave frente al 27,6 % de hombres. Esta diferencia muestra un aumento de más del 4 % frente al 3 % correspondiente a 2020». [4]

Según un comunicado de prensa de la UNICEF del 23 de junio de 2022: Cada minuto, un niño sufre malnutrición grave en 15 países afectados por la crisis mundial del hambre: «Casi 8 millones de niños menores de 5 años en 15 países afectados por la crisis del hambre corren el riesgo de morir a causa de emaciación grave a menos que reciban alimentos y atención terapéutica inmediata, y la cifra aumenta cada minuto, advirtió hoy UNICEF con motivo de los preparativos para la reunión de líderes mundiales en la cumbre del G7.»

Desde principios de año, la creciente crisis alimentaria mundial ha provocado que 260.000 niños más –o un niño cada 60 segundos– sufran emaciación grave en los 15 países más afectados por la crisis, entre ellos en el Cuerno de África y el Sahel Central.» UNICEF agrega: « Mientras tanto, el precio de los alimentos terapéuticos listos para usar, que se utilizan para tratar la emaciación grave, se ha disparado en un 16% en las últimas semanas debido a un fuerte aumento del coste de las materias primas, lo que deja a otros 600.000 niños en peligro de morir sin no reciben acceso a un tratamiento que pueda salvarles la vida.»

Estructuralmente y de manera paradójica, una mayoría de personas víctimas del hambre pertenecen a la población rural. La mayor parte son familias de productores rurales que no poseen la tierra en propiedad o no tienen suficiente tierra, ni medios para valorizarla.
Tienen que vender una gran parte de sus productos agrícolas en el mercado, en particular para poder pagar sus deudas, quedando la familia con escasez de alimentos. Por supuesto, también hay una población urbana muy empobrecida.

Algunas definiciones dadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la UNICEF:

Inseguridad alimentaria moderada: nivel de la gravedad de la inseguridad alimentaria que se caracteriza por el hecho de que las personas afectadas no tienen seguridad en poder procurase alimentos y se han visto obligadas, en un momento o en otro durante el año, a reducir la calidad y/o la cantidad de alimentos consumidos debido a la falta de dinero o de otros recursos. La inseguridad alimentaria moderada hace referencia por lo tanto a una falta de regularidad en el acceso a los alimentos, lo que disminuye la calidad de la alimentación y perturba los hábitos alimentarios normales. Para su cálculo se utiliza la escala de experiencia de inseguridad alimentaria (FIES-Food Insecurity Experience Scale).
Inseguridad alimentaria grave: nivel de gravedad de la inseguridad alimentaria que se caracteriza por el hecho de que, en un momento dado del año, las personas afectadas agotan sus reservas de alimentos, sufren hambre y, en un grado más grave, quedan uno o varios días sin comer. Se utiliza el mismo sistema de cálculo que para la moderada.
Subalimentación (hambre crónica): Situación en la que una persona tiene un consumo alimentario habitual inferior al necesario para suministrar el aporte energético necesario para llevar una vida normal, activa y sana. La prevalencia de la subalimentación se utiliza para medir el hambre.
Emaciación: La emaciación constituye una forma mortal de malnutrición que enflaquece y debilita a los niños y niñas y los expone a un gran riesgo de morir, así como a problemas de crecimiento, de desarrollo y de aprendizaje.
En 2022, más de 45 millones de niños y niñas menores de cinco años sufren emaciación.
Emaciación severa: Se caracteriza por una delgadez extrema del niño/niña en relación a su altura, debido a debilitamiento del sistema inmunitario. La emaciación severa es la forma de malnutrición más inmediata, más visible y más mortal.
En 2022, más de 13 millones de niños y niñas de menos de 5 años son víctimas de emaciación severa.
 

Citado por el diario Le Monde (Sous-alimentation: près d’une personne sur dix souffre de la faim dans le monde, un chiffre en forte hausse depuis deux ans), Émile Frison, miembro del panel internacional de expertos sobre los sistemas alimentarios durables (IPES-food), declaraba: « No es necesario que nos engañemos diciéndonos que asistimos a una crisis alimentaria debido únicamente a la Covid y a la guerra en Ucrania, y que si esos problemas se solventan, todo se arreglará». Mathilde Gérard, periodista de Le Monde agrega: «En realidad, esos dos mayores acontecimientos internacionales exacerbaron las dificultades estructurales precedentes» (Fuente: Mathilde Gérard, « Sous-alimentation: près d’une personne sur dix souffre de la faim dans le monde, un chiffre en forte hausse depuis deux ans », Le Monde, 6 de julio de 2022) [5].

 La crisis alimentaria mundial no está provocada por una reducción de la producción de cereales o de otros alimentos

La crisis alimentaria mundial no está provocada por una penuria mundial de producción de alimentos. En efecto, la producción alimentaria mundial aumenta más rápidamente que el crecimiento demográfico desde hace más de medio siglo. En 2021, la cosecha de cereales superó un récord histórico. Pero es importante remarcar que una parte creciente de los alimentos no se dedica a la alimentación humana.

 Los gobiernos del Norte promueven la producción de agrocombustibles, llamados erróneamente biocombustibles con el fin de crear una reacción positiva en la opinión pública. En un artículo de abril de 2022, Jean-François Collin, alto funcionario y exconsejero en el ministerio de Agricultura en Francia pone en evidencia «el considerable aumento de los usos industriales de la producción mundial de cereales (…), especialmente en la producción de etanol: 30% de aumento de la producción mundial de los últimos cincuenta años fueron dedicados al desarrollo de los usos industriales de los cereales. Esto concierne principalmente al maíz y también al trigo. (…) cerca de 200 millones de toneladas de maíz estadounidense son transformadas cada año en etanol, que se incorpora al combustible de los vehículos con motor de gasolina. 10% de los cereales producidos en el mundo ahora se utilizan como combustible. Se podría agregar las superficies dedicadas a otros vegetales como la colza, la soja o la palma (aceite de palma) con los cuales se puede producir un diester también utilizado como combustible. Y son superficies que no se dedican a la producción de trigo o de arroz que pueden alimentar directamente a los humanos.»

También es importante señalar que más de un tercio de la producción mundial de cereales, el 35% según Collin, se destina a la alimentación del ganado.

Un grupo de sociedades transnacionales controlan ampliamente el mercado de cereales, formando un oligopolio, y aumentan permanentemente sus beneficios y su fortuna a costa de la población mundial. A escala planetaria, cuatro sociedades, de las cuales tres son estadounidenses y una es francesa, controlan el 70 % del mercado internacional de cereales. Tienen un papel fundamental en la fijación de los precios y del aprovisionamiento. Las cuatro son: Archer Daniels Midland, De Bunge, Cargill y Louis Dreyfus, a menudo designadas con la sigla ABCD.

Tomemos el caso de Cargill, veamos que dice Oxfam internacional sobre esta compañía en un reciente informe: « Cargill es un gigante mundial del agroalimentario y una de las más grandes sociedades privadas del mundo. En 2017, se la ha catalogado entre las cuatro empresas que controlan en conjunto el 70 % del mercado de los productos de base agrícola. El 87 % de la propiedad de la empresa pertenece a la undécima familia más rica del mundo. La riqueza acumulada por los miembros de esta familia, que figuran en la lista de milmillonarios de Forbes es de 42.900 millones de dólares, y su fortuna aumentó en 14.400 millones de dólares (un 65%) desde 2020, aumentando a un ritmo de 20 millones por día durante la pandemia. Ese aumento fue debido al aumento de precios de los productos alimentarios, principalmente los cereales. Por otra parte, cuatro otros miembros de la gran familia Cargill figuran, desde hace poco, en la lista de las 500 personas más ricas del mundo. En 2021, la sociedad registró ingresos netos de 5.000 millones de dólares, realizando uno de los más grandes beneficios de su historia. El año precedente, pagó dividendos por 1.130 millones de dólares, cuya mayor parte estaba destinada a miembros de su familia. La sociedad debería, nuevamente, obtener beneficios récords en 2022, lo que engrosaría la ya colosal fortuna de la familia.»

Oxfam agrega: «Según Bloomberg, Cargill no es la única empresa que realiza beneficios importantes aprovechándose de las penurias alimentarias y de la volatilidad de los mercados. Una de las competidoras de Cargill, la sociedad de comercio agrícola Louis Dreyfus Co. declaró en marzo haber realizado un 82 % más de beneficios que el año anterior, en gran parte gracias a las fluctuaciones de los precios de los cereales y a los fuertes márgenes con los granos oleaginosos» (Fuente: Oxfam, «QUAND LA SOUFFRANCE RAPPORTE GROS» «Face à l’explosion de la fortune des milliardaires et alors que le coût de la vie grimpe en flèche, il est urgent de taxer les plus riches », [Cuando el sufrimiento trae la riqueza. Frente a la explosión de las fortunas de los milmillonarios y mientras el coste de la vida sube vertiginosamente, es urgente poner impuestos especiales a los más ricos», publicado el 23 de mayo de 2022. https://www.oxfamfrance.org/wp-content/uploads/2022/05/Final-Davos-Media-Brief-12.5.22_FR-final.pdf) 

 Ese control sobre el comercio de alimentos permitió a esas empresas de la agroindustria, y también a grandes cadenas comerciales como Wallmart o Carrefour, imponer aumentos de precio del orden del 30% en 2021. [6]

Las políticas neoliberales de apertura de los mercados, que analizamos más adelante, son otra causa fundamental de la crisis alimentaria. En efecto, esas políticas convirtieron a los países del Sur Global cada vez más dependientes de sus importaciones de cereales (véase más adelante la crítica de las diferentes políticas aplicadas por los países del Sur bajo la presión de instituciones como el BM y el FMI, y también de sus propias clases dominantes). En caso de un shock exterior que produzca un aumento de los precios en el mercado mundial y/o una dificultad de aprovisionamiento, los países del Sur Global, que no producen cereales suficientes para su población, están directamente afectados.

Entre los factores recientes que agravaron la crisis alimentaria, está la enorme especulación que tuvo lugar en los mercados de cereales después de la invasión rusa a Ucrania. El precio del trigo y del maíz aumentó cerca de un 50% en unos quince días mientras que en esos momentos no había ninguna destrucción de la producción y ningún problema de aprovisionamiento. Se trataba de pura especulación por parte de las grandes sociedades privadas que compran stocks de cereales (incluyendo cosechas futuras) en las bolsas de cereales, siendo la principal la de Chicago. El precio del arroz también aumentó, pero en forma más moderada. Inmediatamente, las grandes sociedades de comercialización, los grandes supermercados aumentaron el precio de los alimentos sin justificación alguna.

Tras la invasión de Ucrania, el precio del trigo y del maíz subió casi un 50% en quince días, a pesar de que no hubo destrucción de la producción ni problemas de abastecimiento en ese momento

En el momento en que se escribe este artículo, al final de agosto, durante los últimos tres meses, el precio del trigo en la bolsa de Chicago bajó un 32 % y el del maíz un 22%, sin embargo eso no ha repercutido en una reducción de precios en la venta minorista.

Los precios para los consumidores y consumidoras de las clases populares aumentaron enormemente y es poco probable que bajen, puesto que los gobiernos no aplican políticas de control de precios o fijación de precios. Efectivamente, las grandes empresas privadas son libres de fijar los precios que desean.

 La crisis alimentaria no comenzó con la invasión de Ucrania

En realidad, la situación se degradaba desde 2014 en el mundo entero. En 2007-2008 se había desarrollado una crisis alimentaria muy grave (véase nuestra explicación de la crisis de 2007-2008 en «Volvamos a hablar de las causas de la crisis alimentaria», https://cadtm.org/Volvamos-a-hablar-de-las-causas-de), que llevó a más de 800 millones de personas a pasar hambre. Entre 2009 y 2013, la situación había mejorado, sin embargo, comenzó a degradarse nuevamente a partir de 2014. (...)

 ¿Es posible erradicar el hambre?

Sí, es totalmente posible. Las soluciones fundamentales para alcanzar ese objetivo vital pasan por un proyecto de soberanía alimentaria alternativo al modelo actual de agrobusiness intensivo. La soberanía alimentaria es el derecho que tienen todos los países de mantener y desarrollar su propia capacidad para producir su alimentación de base y supone la protección de los recursos naturales, en particular: la tierra, las aguas y las semillas. La soberanía alimentaria coloca a productores y productoras, a distribuidores y distribuidoras y a consumidores y consumidoras de alimentos en el centro de los sistemas y políticas alimentarias en lugar de las exigencias de los mercados y de las transnacionales. Por consiguiente, la soberanía alimentaria tiene por objetivo alimentar a la población a partir del esfuerzo de los productores y productoras en el ámbito local, y limitando, también, las importaciones y exportaciones.

Para avanzar hacia la soberanía alimentaria, es necesario colocar a la agroecología en el centro de las decisiones políticas de los gobiernos. La agroecología es una alternativa al modelo neoliberal productivista. Esta práctica garantiza los derechos colectivos de campesinos y campesinas, protege la biodiversidad, refuerza los sistemas alimentarios locales y valoriza el trabajo de las mujeres en el campo, que es, literalmente, vital.

La agroecología nos permite disponer de una alimentación de calidad: sin OGM, sin pesticidas, sin abonos químicos. Pero para alcanzar este objetivo, es necesario que más de 3.000 millones de campesinos y campesinas puedan acceder a la tierra en cantidad suficiente y trabajarla por su cuenta, en lugar de enriquecer a los grandes propietarios, a las transnacionales del agrobusiness, a los comerciantes y a los prestamistas. Es necesario, también, de que dispongan, gracias a la ayuda pública, de medios para cultivar la tierra sin agotarla.

Para hacerlo, hay que hacer una reforma agraria, una reforma que falta, cruelmente, en Brasil, Bolivia, Paraguay y Perú, también en Asia y en algunos países de África. Tal reforma agraria debe organizar la redistribución de tierras, prohibiendo a los terratenientes privados y proveyendo una ayuda pública al trabajo de los agricultores. Esta reforma agraria se ha de oponer a las políticas agrarias puestas en práctica por el Banco Mundial, por grandes fundaciones como la Fundación Bill Gates y multinacionales que favorecen las grandes operaciones de acaparamiento de tierras.

La reforma agraria debe preservar los bosques y selvas existentes y estimular la plantación de árboles, allí donde estaba devastado, detener la privatización y comercialización de los recursos hídricos, y evitar el monocultivo que está en los orígenes de la degradación de los suelos.

También, es importante señalar las enormes responsabilidades que tiene el FMI y sobre todo el Banco Mundial en la crisis alimentaria puesto que son especialmente estas instituciones las que llevaron a los Estados a conectarse cada vez más con los mercados internacionales, haciendo crecer su dependencia, a suprimir las ayudas a los pequeños productores agrícolas y a ofrecer una plaza privilegiada a las transnacionales del agrobusiness. El FMI y el Banco Mundial recomendaron a los gobiernos del Sur suprimir los silos de granos que servían para alimentar el mercado interior en caso de insuficiencia de la oferta y/o de un aumento vertiginoso de los precios. El Banco Mundial y el FMI alentaron a los gobiernos a suprimir los organismos de crédito público al campesinado y llevando a campesinos y campesinas a caer en las garras de los prestamistas privados (con frecuencia grandes comerciantes) o de los bancos privados que aplican intereses de usura. Eso provocó el endeudamiento masivo del pequeño campesinado, ya sea en la India, México, Egipto o en numerosos países del África subsahariana. Según las encuestas oficiales, el sobreendeudamiento de los campesinos que afecta a los indios es la causa principal de suicidio de más de 400.000 campesinos en la India durante los últimos 25 años (Statistics say nearly 4,00,000 farmers committed suicide in India between 1995 and 2018. Why? (scroll.in)) (solo en inglés). Ese es un país donde, precisamente, el Banco Mundial se empeñó con éxito a convencer a las autoridades a suprimir las agencias públicas de crédito a los agricultores. Y eso no es todo: durante los últimos 50 años, el Banco Mundial y el FMI también promovieron en los países tropicales y otros países del Sur Global a reducir su producción de trigo, arroz o maíz y a reemplazarlos por cultivos de exportación (cacao, café, bananas, cacahuetes, flores, algodón…). Finalmente, para completar su trabajo a favor de las grandes sociedades del agrobusiness y de los grandes países exportadores de cereales (comenzando por Estados Unidos, Canadá y Europa), hicieron que los gobiernos abrieran totalmente las fronteras a las importaciones de alimentos que benefician de subvenciones masivas por parte de los países del Norte. Eso provocó la quiebra de numerosos productores y productoras del Sur, y una fuerte reducción de la producción de alimentos local.

En resumen, es necesario poner en marcha la soberanía alimentaria, promover la agroecología y aplicar la reforma agraria. Se debe dejar de producir agrocombustibles industriales y eliminar las subvenciones públicas a sus productores. También, es necesario instalar de nuevo los stocks públicos de reserva de alimentos (en partículas los granos: arroz, trigo, maíz…), instaurar los organismos públicos de crédito para agricultores y agricultoras y restablecer una regulación del precio de los alimentos. Hay que garantizar que las poblaciones con bajos ingresos puedan beneficiarse de precios bajos para alimentos de calidad. Se debe suprimir el IVA de los alimentos básicos. El Estado debe garantizar a los pequeños productores y productoras agrícolas unos precios de venta suficientemente altos con el fin de permitir una mejora real de sus condiciones de vida. El Estado también debe desarrollar los servicios públicos en los medios rurales (de salud, educación, comunicaciones, cultura, «bancos de semillas» …). Los poderes públicos tienen capacidades suficientes para garantizar, al mismo tiempo, precios subvencionados a los consumidores de alimentos y precios de venta suficientemente altos para los pequeños productores y productoras agrícolas puedan disponer de unos ingresos suficientes.

 Este combate contra el hambre, ¿acaso no es participe de un combate mucho más amplio?

No podemos pretender seriamente luchar contra el hambre sin atacar las causas fundamentales de la situación actual. La deuda es una de ellas, y la palabrería sobre el tema, frecuente estos últimos años durante las cumbres del G7 y del G20, no disimula para nada, que el problema sigue estando ahí. La crisis global que ahora afecta al mundo agrava la situación de los países en desarrollo frente al coste del endeudamiento y se preparan nuevas crisis de deuda en el Sur. Lo que está pasando, en este 2022, en Sri Lanka y Argentinason ejemplos emblemáticos. Esa deuda condujo a pueblos del Sur, a menudo provistos de riquezas humanas y naturales considerables, a un empobrecimiento masivo. El sistema deuda es un pillaje organizado al que hay que darle fin urgentemente.

En efecto, el mecanismo infernal de la deuda pública ilegítima es un obstáculo esencial a la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales, entre las cuales, el acceso a una alimentación decente. Sin ninguna duda, la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales debe prevalecer sobre cualquier otra consideración, geopolítica o financiera. En un plan moral, los derechos de los acreedores, rentistas o especuladores no están a la altura en relación a los derechos humanos fundamentales de 8.000 millones de personas, abrumados por ese mecanismo implacable que representa la deuda.

Es inmoral demandar a los pueblos de los países empobrecidos por una crisis global, de la que no son en absoluto responsables, consagrar una gran parte de sus recursos al pago a los acreedores ricos (ya sean del Norte o del Sur) en lugar de dedicarlos a la satisfacción de sus necesidades fundamentales. La inmoralidad de la deuda deriva del hecho de que muy frecuentemente fue contraída por regímenes no democráticos que no utilizaron las sumas recibidas en el interés de la población y que a menudo organizan desvíos masivos de dinero, con el acuerdo tácito o activo de los Estados del Norte, de los acreedores privados del Norte, del Banco Mundial y del FMI. Los acreedores provenientes de los países más industrializados prestaron el dinero con pleno conocimiento de causa a regímenes con frecuencia corruptos. Por consiguiente, esos acreedores no tienen derecho a exigir a los pueblos el reembolso de esas deudas inmorales e ilegítimas.

En resumen, la deuda es uno de los principales mecanismos por los que una nueva forma de colonización se está operando en detrimento de los pueblos. La deuda se agrega a las vulneraciones históricas realizadas por los países ricos: esclavitud, exterminaciones de poblaciones indígenas, yugo colonial, saqueo de materias primas, de la biodiversidad, de los conocimientos del campesinado (por el patentado en provecho de las transnacionales del agrobusiness del Norte de productos agrícolas del Sur como el arroz basmati indio) y de bienes culturales, fuga de cerebros, etc. Ya va siendo hora de reemplazar la lógica de dominación por una lógica de redistribución de las riquezas en pro de la justicia.

El G7, el FMI, el Banco Mundial, el Club de París imponen su propia verdad, su propia justicia, de la que son, al mismo tiempo, juez y parte. Desde la crisis de 2007-2009, el G20 tomó el relevo del G7 y contribuyó a reponer un FMI desacreditado y deslegitimado al centro del juego político y económico, en particular, con respecto al Sur Global. Hay que poner fin a esta injusticia que beneficia a los opresores, ya sean del Norte o del Sur.

El CADTM sostiene con entusiasmo las propuestas y reivindicaciones adelantadas por el movimiento campesino internacional La Vía Campesina: ¡Alto a la crisis alimentaria! ¡Soberanía Alimentaria, ya! Lo reproducimos íntegramente.

Propuestas de La Vía Campesina para enfrentar la actual crisis alimentaria y avanzar hacia la Soberanía Alimentaria

«Frente a este dramático contexto, La Vía Campesina expresa fuertes demandas y propuestas para enfrentar la crisis, tanto a corto como a largo plazo.
Demandamos acción inmediata por:

  • El fin de la especulación con los productos alimenticios y la suspensión de la cotización de los productos alimenticios en las bolsas de valores. Los contratos futuros sobre productos agrícolas deberían prohibirse inmediatamente. El precio de los alimentos comercializados internacionalmente debe estar vinculado a los costos de producción y seguir los principios del comercio justo, tanto para los/las productores/as como para los/las consumidores/as;
  • El fin de la Organización Mundial de Comercio en el control del comercio de alimentos, así como los tratados de libre comercio. En particular, las normas penales de la OMC que impiden a los países desarrollar reservas públicas de alimentos y la regulación de precios y mercados deben eliminarse de inmediato, para que los países puedan desarrollar las políticas públicas necesarias para apoyar a los/las productores/as de alimentos a pequeña escala en este difícil contexto;
  • Una reunión de emergencia del Comité de Seguridad Alimentaria y la creación de un nuevo organismo internacional para llevar a cabo negociaciones transparentes sobre acuerdos de productos básicos entre países exportadores e importadores, para que los países que se han vuelto dependientes de las importaciones de alimentos puedan tener acceso a alimentos a un precio accesible;
  • La prohibición del uso de productos agrícolas para producir agrocombustibles o energía. La comida debe ser una prioridad absoluta por sobre el combustible.
  • Una moratoria global en el pago de la deuda pública por parte de los países más vulnerables. En el contexto actual, presionar a algunos países muy vulnerables para que paguen la deuda es una gran irresponsabilidad y está desembocando en una crisis alimentaria. Hacemos un llamado al fin de las presiones del Fondo Monetario Internacional, FMI, para desmantelar las políticas públicas nacionales y los servicios públicos y a la cancelación de la deuda pública externa ilegítima en los países en desarrollo.

Exigimos cambios radicales en las políticas internacionales, regionales y nacionales para reconstruir la soberanía alimentaria a través de:

  • Un cambio radical en el orden comercial internacional. La OMC debe ser desmantelada. Un nuevo marco internacional para el comercio y la agricultura, basado en la soberanía alimentaria, debe abrir el camino para el fortalecimiento de la agricultura campesina local y nacional, para asegurar una base estable para una producción de alimentos relocalizada, el apoyo a los mercados liderados por campesinos y campesinas, locales y nacionales, así como en cuanto a asegurar un sistema de comercio internacional justo basado en la cooperación y la solidaridad en lugar de la competencia y la especulación;
  • La implementación de la Reforma Agraria Popular e integral, para detener el acaparamiento de agua, semillas y tierras por parte de las transnacionales, y garantizar a los/las pequeños/as productores/as derechos justos sobre los recursos productivos. Protestamos contra la privatización y el acaparamiento de ecosistemas y recursos naturales por intereses corporativos bajo el pretexto de la protección de la naturaleza, a través de mercados de carbono u otros programas de compensación de biodiversidad, sin consideración a las personas que viven en los territorios y que han estado cuidando de los recursos por generaciones;
  • Un giro radical hacia la agroecología, con el fin de producir alimentos sanos en cantidad y calidad para toda la población. Debemos tener en cuenta que la crisis climática y medioambiental será nuestro gran reto en el contexto actual y debemos afrontar el desafío de producir suficientes alimentos de calidad mientras reanimamos la biodiversidad y reducimos drásticamente las emisiones de GEI.
  • Una regulación efectiva del mercado de insumos (créditos, fertilizantes, pesticidas, semillas, combustible…) para apoyar la capacidad de los/las campesinos/as para producir alimentos, pero también para asegurar una transición justa y bien planificada hacia más prácticas de agricultura agroecológica;
  • Una gobernanza alimentaria basada en la gente, no en las transnacionales. A nivel mundial, regional, nacional y local, se debe detener la captura de la gobernanza alimentaria por parte de las transnacionales y se debe poner el interés de la gente en el centro. Se les debe reconocer a los/las pequeños/as productores/as un papel clave que debieran ocupar en todos los organismos de la gobernanza alimentaria;
  • La transformación de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de de campesinos y campesinas en un instrumento jurídicamente vinculante para la defensa de los pueblos rurales.
  • El desarrollo en cada país de las capacidades públicas de almacenamiento. La estrategia de acumulación de alimentos debe llevarse a cabo tanto a nivel nacional, como a través de la creación y el apoyo público a reservas de alimentos a nivel comunitario con alimentos producidos localmente provenientes de prácticas agrícolas agroecológicas;
  • Una moratoria global sobre tecnologías peligrosas que amenazan a la humanidad, como la geoingeniería, los transgénicos o la carne celular. La promoción de técnicas de bajo costo que incrementen la autonomía campesina y de las semillas campesinas.
  • El desarrollo de políticas públicas para asegurar nuevas relaciones entre quienes producen alimentos y quienes los consumen, quienes viven en las áreas rurales y quienes viven en las áreas urbanas, garantizando precios justos definidos en base al costo de producción, que permitan ingresos dignos para los y las que producen en el campo y un acceso justo a alimentos saludables para los/las consumidores/as;
  • La promoción de nuevas relaciones de género basadas en la igualdad y el respeto, tanto para las personas que viven en el campo como entre la clase trabajadora urbana. La violencia contra las mujeres y diversidades debe cesar ya."

( Eric Toussaint , Omar Aziki, CADTM, 05/09/22)

26/8/22

¿Quién es el culpable del repunte de la inflación? La inflación es el resultado final de las políticas económicas y recetas expedidas por los economistas conservadores, liberales, y social-liberales (otrora socialdemócratas)... El aumento del poder de mercado y de la concentración empresarial ha sido documentado... ha habido un cambio estructural que ha debilitado la competencia. En ausencia de competencia, las empresas adquieren poder de mercado y consiguen precios elevados. Esto tiene implicaciones para el bienestar y la asignación de recursos. Además de reducir el bienestar de los consumidores, el poder de mercado disminuye la demanda de mano de obra y frena la inversión en capital, distorsiona la distribución de las rentas económicas y desalienta la dinámica empresarial y la innovación

 "Ustedes ya saben nuestro diagnóstico sobre qué ha provocado el repunte de precios, y que es previo a la invasión de Ucrania, que simplemente ha exacerbado y perpetuado dicho incremento. Nuestra hipótesis de partida es que la inflación es el resultado final de las políticas económicas y recetas expedidas por los economistas conservadores, liberales, y social-liberales (otrora socialdemócratas).

En primer lugar, la expansión y el acceso a los mercados derivados de materias primas a especuladores y a fondos institucionales. Como consecuencia, en determinados momentos, la evolución de sus precios no obedece a fundamentales económicos sino a burbujas especulativas y procesos de propensión o aversión al riesgo de los inversores, si bien no son simétricos, impactando mucho más en los precios, al alza, durante las fases de toma de riesgos excesivos, como la actual. Destacan por encima de todos los episodios 2004-2008, 2021-actualidad.

En segundo lugar, la reestructuración radical de determinados sectores industriales, sustentada en el dogmatismo del libre mercado, siendo el eléctrico un ejemplo destacadísimo. El sistema marginalista en el que se fundamenta ha fracasado. El coste marginal se ha alejado del coste medio, produciéndose una rápida escalada de los precios de la electricidad en los hogares y empresas. Sobre ello ya hemos hablado largo y tendido desde estas líneas.

Finalmente, un aspecto olvidado en los análisis, y que recobra fuerza como factor explicativo del repunte actual de precios, aprovechando la excusa de la guerra de Ucrania, es el aumento de poder de mercado de determinadas empresas, y que se da no solo en determinados sectores, sino en la economía en general.

En este blog pretendemos resumir aquella investigación que estudia el aumento del poder de mercado y sus efectos negativos sobre la participación del factor trabajo y del capital productivo en favor de los beneficios puros, mediante el establecimiento de precios muy por encima de su coste marginal. El aumento del poder de mercado medio permite explicar el descenso de las cuotas tanto del factor trabajo como del capital productivo, así como la disminución del dinamismo del mercado laboral, y los aumentos de inflación que se observan en el 2022.

Por otra parte, la disminución de la competencia es en parte responsable de que el sector empresarial haya invertido poco, en relación con lo que sugerían ciertos modelos de inversión neoclásicos, desde principios de la década de 2000. Además, las empresas de las industrias con los mayores aumentos de concentración del mercado han disfrutado de mayores márgenes de beneficio, vía precios, rendimientos anormales positivos de las acciones y operaciones de fusiones y adquisiciones más rentables, lo que sugiere que el poder de mercado se está convirtiendo en una importante fuente de valor (la teoría postkeynesiana de la empresa ya incorporaba este hecho hace varias décadas). Por último, los datos de la industria muestran que los aumentos de la concentración están asociados a descensos de la cuota del factor trabajo.

Efectos macroeconómicos

El aumento del poder de mercado y de la concentración empresarial ha sido documentado, especialmente en el caso de Estados Unidos (Gutiérrez y Philippon, 2017; Covarrubias et al., 2019; Grullon et al., 2019; De Loecker et al., 2020), aunque también hay estudios con datos no estadounidenses (Gutiérrez y Philippon, 2018). Los resultados obtenidos sugieren que ha habido un cambio estructural que ha debilitado la competencia. En ausencia de competencia, las empresas adquieren poder de mercado y consiguen precios elevados. Esto tiene implicaciones para el bienestar y la asignación de recursos. Además de reducir el bienestar de los consumidores, el poder de mercado disminuye la demanda de mano de obra y frena la inversión en capital, distorsiona la distribución de las rentas económicas y desalienta la dinámica empresarial y la innovación. Esto tiene ramificaciones para la política económica, desde la política antimonopolio, la política monetaria y la redistribución de la renta.

Uno de los principales problemas de esta investigación económica empírica es cómo medir la intensidad de la competencia en un mercado y el poder de mercado de las empresas individuales. Heidorn y Weche (2021) detallan diferentes posibilidades. Una alternativa es el cálculo de medidas de concentración para evaluar el grado de competencia en un mercado. Las más utilizadas son el índice Herfindahl-Hirschman (HHI) y los coeficientes de concentración (CR).

Sin embargo, sacar conclusiones sobre la intensidad de la competencia a partir de las medidas de concentración puede ser engañoso. Por ejemplo, los mercados pueden estar concentrados debido a la realización de economías de escala y de alcance. Por lo tanto, es posible que los competidores de los mercados concentrados no disfruten de un gran poder de mercado, sino que se enfrenten a una fuerte competencia. Una alternativa natural para medir el poder de mercado de las empresas de forma más directa es estimar los beneficios económicos a partir de los datos de producción. La idea teórica subyacente es que el poder de mercado se manifiesta en los precios que superan los costes marginales de forma similar al índice de Lerner.

Gutiérrez y Philippon (2017), utilizando los márgenes precio-coste (índice de Lerner), así como estimando el coste de utilización de la mano de obra y el capital, muestran para Estados Unidos que los márgenes comerciales han aumentado para los líderes de la industria. Aunque ninguna de estas estimaciones es perfecta, son totalmente informativas, ya que ambas sugieren que los márgenes comerciales aumentaron más en las industrias que se han concentrado más.

Covarrubias et al. (2019), utilizando medidas de concentración (CR8) y márgenes comerciales, analizan el aumento de la concentración en las industrias estadounidenses durante los últimos 40 años, distinguiendo dos períodos de tiempo distintos. Durante la década de 1990, y con bajos niveles de concentración inicial, encuentran evidencia de un aumento de la concentración eficiente impulsada por la competencia de precios, el aumento de la inversión intangible y la mayor productividad de los líderes. Sin embargo, después del año 2000, los datos sugieren una concentración ineficiente, una menor competencia y un aumento de las barreras de entrada a medida que los líderes se afianzan y la concentración se asocia con una menor inversión, mayores precios y menor productividad.

Grullon et al. (2019) examinan la evolución de la concentración del mercado de productos de las industrias estadounidenses a lo largo de los últimos 40 años, y documentan que las industrias estadounidenses se han concentrado más desde principios del siglo XXI. Muestran que el aumento de la concentración del mercado, utilizando el índice de concentración Herfindahl-Hirschman (HHI), y la desaparición de las empresas públicas, coinciden con la consolidación a gran escala de las empresas que cotizan en bolsa.

De Loecker et al. (2020) en, desde mi modesto punto de vista, el artículo de investigación más interesante sobre el aumento de poder de mercado, documentan la evolución del mismo basándose en datos a nivel de empresa para la economía estadounidense desde 1955. Constatan que los márgenes de beneficio han aumentado desde niveles del 21% por encima del coste marginal en los años 80 hasta el 61% actual. El aumento se produce básicamente en la cola superior de la distribución de márgenes. En cambio, y sorprendentemente, la mediana no ha cambiado. Además, hay una reasignación de la cuota de mercado de las empresas con márgenes bajos a las que tienen márgenes altos. Este aumento se produce sobre todo dentro del sector. También hay un aumento de la tasa media de beneficios del 1% al 8%.

Las consecuencias económicas del aumento del poder de mercado son diversas, y van desde la disminución de las cuotas de trabajo y de capital (Autor et al., 2020; Barkai, 2020, De Loecker et al., 2020), a favor de los beneficios puros (Barkai, 2020), así como la disminución del dinamismo del mercado laboral (De Loecker et al., 2020), hasta una menor inversión empresarial en relación con la Q de Tobin (Gutiérrez y Philippon, 2017; Crouzet y Eberly, 2019). Además, las empresas de los sectores con mayor aumento de la concentración del mercado han disfrutado de mayores márgenes de beneficio, rendimientos anormales positivos de las acciones y operaciones de fusiones y adquisiciones más rentables, lo que sugiere que el poder de mercado se está convirtiendo en una importante fuente de valor (Grullon et al., 2019).

¿Y en España, qué ocurre?

Intuitivamente, viendo la composición del Ibex 35, dominan sectores que han aumentado la concentración y el poder de mercado, desde el bancario, a los otrora monopolios naturales -sector eléctrico, petroleras…-, pasando el lobby de la construcción. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), por ejemplo, multó este verano con 203,6 millones de euros a seis de las mayores constructoras españolas por alterar la competencia en las licitaciones de construcción de infraestructuras durante 25 años, desde 1992 al 2017.

 Quizás sea la concentración empresarial, asociada al poder de mercado, la principal razón del incremento de los precios en los últimos meses en nuestro país. Debería abrirse una amplia discusión sobre el papel de los organismos reguladores de la competencia, la composición de sus miembros, y la necesidad de dotarles con todos los instrumentos necesarios para su labor. Deben disponer de equipos amplios que identifiquen el aumento de poder de mercado, y tener la capacidad ya no solo para imponer multas acordes con el daño causado por prácticas oligopolísticas, sino, sobre todo, llegado el caso, trocear y vender negocios y unidades de empresas demasiado grandes para quebrar e imponer precios. Permítanme que sea escéptico sobre ello, las puertas giratorias trabajan a pleno rendimiento."              (Juan Laborda , Vox populi, 25/08/22)