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9/5/23

El timo de la realeza británica... La monarquía británica es un ejemplo particular de institución feudal arcaica convertida en capitalista con el fin de representar y potenciar la idea de imperio... Mantener una monarquía familiar hereditaria en la cima fue un ingrediente vital para sostener ese imperio... y los rituales de coronaciones, bodas reales, inauguraciones del Parlamento y funerales de Estado son en realidad un producto artificial desarrollado en el siglo XIX para sostener el imperio británico (Michael Roberts)

 "Ayer en Gran Bretaña el Rey Carlos III fue coronado en una "coronación".  El resto de monarquías de Europa (Escandinavia, Países Bajos, Bélgica, España) no se molestan en celebrar una coronación, pero la monarquía británica ha tenido un papel mucho más destacado a la hora de ayudar al Estado británico a construir su enorme imperio mundial en el siglo XIX.  La coronación forma parte de los rituales desarrollados para cimentar esta reliquia feudal en la maquinaria estatal.

El coste de la coronación para las arcas públicas se estima en 100 millones de libras.  La familia real británica podría permitirse fácilmente pagar ella misma esta juerga.  Cálculos recientes sitúan el patrimonio personal de Carlos en 1.800 millones de libras.  Algunas estimaciones lo sitúan incluso por encima. El monarca británico es "una de las personas más ricas del mundo", según el Financial Times, y posee propiedades por valor de 15.600 millones de libras, además de los 1.800 millones que posee en tierras denominadas Ducados de Cornualles y Lancaster. Brand Finance, una consultora de valoración de marcas, cifra el patrimonio de toda la familia en 44.000 millones de libras.

Una parte fundamental de la riqueza de la monarquía son las tierras que dicen poseer. La familia real posee más del 1% de todas las tierras del Reino Unido; en comparación, los 10 mayores terratenientes de Estados Unidos poseen en conjunto el 0,7% de las tierras.

 El derecho de la familia a estas tierras y a los ingresos obtenidos de ellas es dudoso.  Sin duda, estas tierras deberían formar parte del patrimonio nacional, no ser propiedad de una sola familia.  De hecho, tras la guerra civil en Inglaterra a mediados de la década de 1640, cuando Inglaterra tuvo una república durante diez años bajo Cromwell, estas tierras fueron nacionalizadas.  Con la restauración de la monarquía bajo el último rey Carlos, la familia real Estuardo las recuperó.  La política del Partido Laborista en los años 30 fue convertirlas en propiedad pública, pero el gobierno laborista después de la Segunda Guerra Mundial no lo llevó a cabo.

La propiedad del Ducado de Cornualles ha crecido hasta alcanzar más de 130.000 acres en 20 condados del sur de Inglaterra y Gales.  Sus activos incluyen tierras de labranza y bosques, así como el campo de críquet Oval de Londres, oficinas, alquileres vacacionales y urbanizaciones residenciales.  La familia también se beneficia del patrimonio de la Corona, otra colección de propiedades, esta vez desde la conquista normanda en el siglo XI. En la actualidad, esta cartera de 15.600 millones de libras (19.400 millones de dólares) incluye propiedades emblemáticas como la londinense Regent Street, la finca Windsor, centros comerciales, gran parte de la costa e incluso el lecho marino hasta 12 millas náuticas mar adentro. Los arrendamientos de parques eólicos en el lecho marino están contribuyendo a disparar los beneficios.

 A diferencia de los ducados, los bienes de la Corona son gestionados por el gobierno y sus beneficios van a parar a las arcas del Estado. Pero un porcentaje fijo va a la realeza en forma de "subvención soberana", destinada a viajes oficiales y ocio, mantenimiento de propiedades y salarios del personal. Una cláusula de "trinquete de oro" significa que la subvención anual no puede bajar aunque bajen los beneficios.  La última Subvención Soberana ascendió a 86,3 millones de libras, o 1,29 libras por persona en Gran Bretaña (aproximadamente 1,60 dólares). Además, la seguridad de la familia real se paga aparte, con cargo al presupuesto de la Policía Metropolitana, y se calcula que es considerablemente mayor que la subvención soberana.

Otras partes de la enorme riqueza del monarca británico se encuentran en posesiones poco conocidas, como la colección filatélica real, considerada la mejor colección de sellos del mundo, que contiene cientos de miles de sellos, algunos de los cuales fueron recogidos por el bisabuelo de Carlos, Jorge V, de la Oficina de Correos británica y de las colonias, con un valor de al menos 100 millones de libras.  Además, el padre de Carlos, Felipe, y la abuela del rey, la reina madre, eran ávidos coleccionistas de arte y compraron muchas obras a precios de ganga que, si se vendieran hoy, alcanzarían muchas veces el precio original.  Entre ellas figura un Monet comprado por la reina madre en París poco después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los precios eran bajos, por 2.000 libras. Un tasador de arte estimó que ahora podría valer 20 millones de libras. Además, las casi 400 obras de arte que se conocen (puede haber más) en las colecciones reales "privadas" o "personales" están valoradas en 24 millones de libras.  Muchas de ellas fueron "regalos" de potentados extranjeros.

La corona que llevará el rey Carlos III en la coronación de hoy pesa cinco libras de oro macizo, terciopelo, armiño y gemas. Otra corona está adornada con 2.868 diamantes. Carlos también recibirá cetros enjoyados, espadas, anillos y un orbe. Después, recorrerá las calles de Londres en un carruaje dorado.  De hecho, se calcula que el valor de las 54 joyas privadas que "posee" el monarca asciende a 533 millones de libras.

Y hay otros extraños derechos privados.  El nuevo rey será técnicamente propietario de todos los cisnes de Inglaterra y Gales, y de una serie de criaturas marinas, incluidas todas las ballenas, delfines y marsopas de las aguas que rodean el Reino Unido.

Estos son los bienes físicos, pero además la realeza recibe servicios gratuitos, por ejemplo, vive en palacios y otras viviendas financiadas por el Estado pero para su exclusivo uso personal.  De hecho, es realmente difícil disociar la riqueza privada de la familia de la propiedad pública.  La familia real dispone de una flota de coches de lujo para su uso en actividades y actos públicos.  Pero estos "coches de Estado" se utilizan a menudo de forma privada, como cuando la princesa Eugenia, que nunca ha sido miembro de la realeza en activo, llegó a su boda en un Rolls-Royce Phantom VI "de Estado" de 1977 valorado en 1,3 millones de libras.

Una política reciente establece que los regalos recibidos "con carácter oficial" "no son propiedad privada" de la familia real. Sin embargo, la ambigüedad de "oficial" permitió a la difunta Reina Isabel reclamar caballos de líderes mundiales como regalos personales que no necesitaban ser declarados.

Y luego están los impuestos.  O la falta de ellos. Carlos no pagó ni un céntimo del impuesto de sucesiones sobre la fortuna que la difunta Reina le dejó el año pasado.  El patrimonio del Ducado de Cornualles, de 1.000 millones de libras, heredado anteriormente por Carlos y traspasado recientemente a su heredero, el Príncipe Guillermo, no está sujeto ni al impuesto de sociedades ni al de plusvalías.  El Ducado de Lancaster proporciona a quien se siente en el trono unos lucrativos pagos anuales de alrededor de 20 millones de libras al año.  De nuevo, sin impuestos. Carlos se ha "ofrecido voluntariamente" a pagar el impuesto sobre la renta. Como dijo el periódico The Guardian: "Ofrecerse voluntariamente a pagar impuestos parece un poco como si un delincuente buscado se ofreciera voluntariamente a entregarse a las autoridades. No parece ser algo en lo que el resto de la gente pueda elegir".  Es obligatorio para el resto de nosotros como parte de un contrato social que no se aplica a esta familia real.

La respuesta habitual a estos argumentos es que el monarca británico presta un "servicio público" al país.  Y parece que el rey Carlos está muy interesado en que se le vea haciendo esto.  Y aún más de que todos pongamos nuestro granito de arena. Carlos ha instado a todo el mundo a celebrar su reinado ayudando en el banco de alimentos local.

La monarquía británica es un ejemplo particular de institución feudal arcaica convertida en capitalista con el fin de representar y potenciar la idea de imperio.  El imperio británico, construido desde mediados del siglo XVIII hasta finales del XIX, fue uno de los mayores proyectos imperialistas de la historia.  Mantener una monarquía familiar hereditaria en la cima fue un ingrediente vital para sostener el imperio.

La actual familia real británica se llama los Windsor.  Sólo tenían una tenue pretensión de ser la actual familia real. El sitio web real admite que había 52 candidatos con más derecho al trono que el antepasado de los Windsor, Georg Ludwig, Elector de Hannover, cuando se convirtió en Jorge I en 1714.  Los Windsor son de origen alemán y originalmente se llamaban "Sajonia-Coburgo y Gotha", hasta que la primera guerra mundial con Alemania obligó a cambiarles el nombre en 1917.  La familia estaba estrechamente relacionada con las monarquías absolutas alemana y rusa.

Muchos miembros de la familia han tenido opiniones políticas extremas. Un libro de la biógrafa estadounidense Kitty Kelley, cuya venta fue prohibida en Gran Bretaña, relata que la princesa Margarita, hermana de Isabel II, se marchó de la película La lista de Schindler quejándose de las "fastidiosas películas sobre el Holocausto":  Kelley: "Lo que le molestaba era el persistente hedor de la conexión alemana en tiempos de guerra que seguía pesando sobre su familia. Sus secretos de alcoholismo, drogadicción, epilepsia, homosexualidad, bisexualidad, adulterio, infidelidad e ilegitimidad palidecían al lado de su relación con el Tercer Reich."

Pocos recuerdan al rey Eduardo VIII (tío de Margarita), que se vio obligado a abdicar en 1936 y que entonces apoyó a la Alemania nazi como salvadora de Europa.  Hay fotografías de la futura reina Isabel haciendo el saludo hitleriano de niña en 1933, entrenada por su tío partidario de los nazis. El marido de Isabel, el príncipe Felipe de Grecia, tuvo sus propios vínculos nazis. Sus hermanas se casaron con nobles alemanes, uno de los cuales, el príncipe Christoph de Hesse, era coronel de las SS y formaba parte del personal de Heinrich Himmler. Llamaron a su hijo Karl Adolf en honor del Führer.

Las "tradiciones" reales que se representan hoy supuestamente se remontan a lo más profundo de la historia de Gran Bretaña.  Pero los rituales de coronaciones, bodas reales, inauguraciones del Parlamento y funerales de Estado son en realidad un producto artificial desarrollado en el siglo XIX para sostener el imperio británico.  En 1952, cuando Isabel II inició su reinado, más de 70 países y territorios formaban parte de "su" imperio.  Pero ese imperio ya estaba desapareciendo.  A su muerte, Isabel seguía siendo Jefa de Estado en sólo 14 países más allá de Gran Bretaña.  Y ahora seis países del Caribe han indicado que planean seguir el mismo camino que Barbados y poner fin a la conexión con el Estado monárquico británico y su explotación de la esclavitud en esas islas.

Ya en 1844, Engels señaló que: "Este repugnante culto al Rey... la veneración de una idea vacía... es la culminación de la monarquía".  Sin embargo, la coronación del nuevo monarca será ampliamente celebrada y observada.  La monarquía británica conserva una mayoría de apoyo.  Según la última encuesta, de los encuestados, el 62% de los británicos está a favor de mantener la monarquía.  Pero esa cifra es inferior al 75% de hace sólo diez años.  Y el 25% quiere que la monarquía sea sustituida por un Jefe de Estado elegido.  Además, entre los británicos más jóvenes (18-24 años) sólo el 36% quiere mantener la monarquía.  Y la mayoría de los británicos no quiere que el gobierno pague la coronación de Carlos."           (Michael roberts, Brave New Europe, 06/05/23; traducción DEEPL)

29/4/19

“Se puede producir sin agredir al suelo, sin envenenar los alimentos y siendo protagonistas”... Nosotros tenemos toda la cadena: producción, elaboración, transformación, venta. Nosotros entregamos el alimento a ciudades y pueblos de 23 de las 24 provincias del país. Tenemos redes...

"Aquí explican cómo es posible producir sin agredir a la naturaleza, sin envenenar los alimentos y sin esclavizarse como productores. “Al productor le devuelve las ganas de vivir, el entusiasmo, porque pasa a ser la parte más importante del proceso productivo”, mientras que en la agricultura de los agroquímicos “es un paria, un instrumento de las multinacionales”.

“Naturaleza Viva” es una chacra de unas 200 hectáreas, en el norte santafesino, en Guadalupe Norte, donde trabajan quince familias que producen una gran variedad de alimentos sin utilizar agroquímicos ni transgénicos. Su producción llega a miles de hogares en numerosas provincias argentinas. La notable experiencia es liderada desde hace tres décadas por Irmina Kleiner y Remo Vénica, una pareja de ex militantes del Movimiento Rural de la Acción Católica, perseguidos por la dictadura militar por organizar a los campesinos en lucha.

 La increíble historia de supervivencia de Remo e Irmina durante cuatro años en el monte chaqueño quedó reflejada primero en el libro Monte Madre de Jorge Miceli (edición del autor, 2006) y luego en la película Los del suelo, del director Juan Baldana (2015).

La revolución por la que entonces lucharon tomó otros rumbos en las vidas de Remo e Irmina: su chacra “Naturaleza Viva” es una poderosa muestra de que es posible producir alimentos de otra manera, de que la agroecología es sostenible y que puede resistir a crisis económicas y modelos injustos de la más variada índole.

 La granja recibe escuelas, delegaciones y familias interesadas en conocer esta experiencia, y es constante la presencia de estudiantes y profesionales que realizan pasantías, produciendo un rico intercambio de saberes y experiencias procedentes de distintos puntos del país y del mundo.

La prédica de ambos, presentes a veces en persona pero multiplicada por un aura que de a poco se convierte en leyenda a lo largo y a lo ancho del país, es un mensaje pleno de lucidez, convicción y sensatez, y así aparece en este diálogo sostenido en Gualeguaychú, en el marco de una jornada sobre producción agroecológica como parte de las actividades del Plan de Alimentación Sana, Segura y Soberana de esa ciudad.

Los responsables de “Naturaleza Viva” explican aquí cómo es posible producir sin agredir a la naturaleza, sin envenenar los alimentos y sin esclavizarse como productores. La calma de Irina contrasta con Remo, quien habla con un apasionamiento admirable. Por supuesto, la transcripción de la entrevista no logra transmitir la calidez y entusiasmo de sus voces, al contar cómo fue apostar –treinta años atrás– a lo que aun no se conocía con el nombre de agroecología: el modo más natural de emanciparse de las deudas que los agobiaban. 

Y aseguran que esta forma de producir vuelve a poner en el centro, junto a la naturaleza, “al productor, le devuelve las ganas de vivir, el entusiasmo, porque pasa a ser la parte más importante del proceso productivo”, mientras que en la agricultura de los agroquímicos “es un paria, un instrumento de las multinacionales”.

Remo e Irmina, ustedes están al frente desde hace ya más de 30 años, desde 1987, de una de las experiencias más interesantes de producción natural, de producción agroecológica, en la Argentina. Quisiera saber cómo fue el inicio, que los decidió a apostar a esa manera de producir.

Remo: Respecto al cómo fue, al momento del cambio… ¿Sabés qué pasa? Cuando te ajusta el zapato, lo que tenés que hacer es cambiarlo. En este caso, nosotros ya estábamos en un momento perverso de la “revolución verde”, del uso de agroquímicos. Y entramos en ese juego sin ser conscientes de él, entonces nos fuimos endeudando. En el campo de mi padre hubo un gran endeudamiento, con riesgo a perder la tierra.

 Entonces lo que hicimos fue: señores, demos vuelta, provoquemos un cambio posible, salvemos la tierra. Y para eso decidimos impedir el uso de los agrotóxicos en el campo, porque ya veíamos el efecto negativo de los agrotóxicos en la calidad de la tierra.

Irmina: La decisión fue no seguir endeudándose comprando más insumos, y por otra parte también el suelo, que estaba muy deteriorado, muy empobrecido, no tenía vida. Eso era un desafío muy fuerte, había que reconvertir, empezar otro proceso de volver a fertilizar, a vivificar, a generar árboles en el ambiente, materia orgánica. Ese fue uno de los elementos para tomar la decisión.

Remo: ¿Cuál es la cuestión más grave, para el productor, de las técnicas de producción que la “Revolución Verde” convirtió en habituales, las técnicas de la agricultura industrial? Es el endeudamiento permanente del productor, porque compra insumos y los saca a cuenta de la producción que va a sacar dentro de cuatro a seis meses. 

Pero si nuestros abuelos, nuestros padres, nunca entraron en eso, porque eran autosustentables en el tema, porque producían sus semillas, y no necesitaban comprar venenos o insumos porque trabajaban mirando la tierra, mirando la calidad y la vitalidad del suelo.

¿Y cómo fue la decisión?

Remo: Fue de un día para el otro. Decidimos no usar más agrotóxicos y comenzamos. No teníamos muchos indicadores de experiencias similares en el país ni en el exterior. Estamos hablando de 1987, y no había ni siquiera marco legal. Hubo una resolución sobre producción orgánica en 1994 y la Ley 25.127 de producción orgánica recién es del año 1999.

En 1987 tampoco había internet como para buscar…

Remo: No. No había internet. Vos hoy apretás un botoncito y tenés experiencias de China, de Estados Unidos, de Europa, de Brasil, etcétera. No teníamos nada de eso. Pero teníamos nosotros una percepción de lo que sucedía, porque los dos fuimos dirigentes campesinos, del Movimiento de Ligas Agrarias, del Movimiento Rural de Acción Católica Argentina, que ha trabajado mucho en la región formando grupos de jóvenes campesinos. 

Eso nos ha permitido identificar y observar campesinos de Misiones, de Formosa, de Chaco, de Corrientes, de Santa Fe, de distintas partes del país y del Noroeste, ver cómo se desarrollaban las actividades. Muchos de los pequeños campesinos eran agroecológicos sin ponerle nombre. No tenían el rótulo, pero ellos no usaban venenos, no usaban semillas compradas, no usaban herbicidas, usaban el lomo, la azada. Y eso para nosotros fue muy fuerte.

Irmina: Y otro de los ingredientes es que nosotros en el 84 habíamos regresado del exilio, habíamos estado en Europa, y ahí vimos fuertemente los movimientos ambientales, la lucha contra la contaminación. Vimos los ríos muy contaminados, el ambiente contaminado. Entonces veíamos a dónde llevaría este proceso de matar la fertilidad del suelo, de contaminar y usar agroquímicos. Teníamos la imagen muy cerca. 

 ¿Cómo funciona Naturaleza Viva?  

Remo: Nuestra perspectiva es biodinámica, pero en el mismo trabajo que estamos realizando utilizamos otras según las condiciones: ya sea si son frutales, horticultura, producciones extensivas. Hay variables, hacemos de todo. Tambo y producciones lácteas. 

Nunca, o excepcionalmente, vendemos leche: lo que vendemos es queso, yogur, ricota, manteca, dulce de leche. En las otras actividades que tenemos, agricultura, hacemos la producción agropecuaria pero también hacemos la transformación de los productos. 

El hilo y el girasol los transformamos en aceite prensado en frío. El pellet, que queda de ese proceso de prensado, vuelve a ciclar en la granja. Por eso hablamos de granjas integrales, por eso hablamos de la importancia de saber cuántos minerales le quitamos al suelo a través del tipo de producciones que hacemos, para que el suelo no se desgaste y pierda la capacidad productiva. 

En eso es muy importante la agroecología, es decir, la recuperación de los nutrientes del suelo a partir de los procesos biológicos de los modos de producción. Y el trigo, el maíz, transformados en harinas integrales, que también tienen una diferencia respecto de las harinas integrales con lo que consumimos como harina blanca.

Es como un circulo virtuoso ¿verdad?

Irmina: Un suelo fértil es muy eficiente para producir sin agroquímicos. Porque los insectos y las malezas vienen en suelos deteriorados. De suelos deteriorados surgen plantas enfermas, y las plantas enfermas son atacadas por microorganismos, insectos, plagas en general. Pero las plantas plagas desaparecen con la fertilidad de la tierra, y la fertilidad se mantiene a través del ciclado de los elementos de nuestro ecosistema: el sol es gratis, el aire es gratis, el agua es gratis y la tierra es naturalmente gratis para el campesino.

 Un correcto manejo del sol, del aire, de la tierra y del agua optimiza la producción. Y si en el proceso productivo hacés rotación de cultivos, combinación de cultivos, combinación de agricultura y ganadería, se favorecen la vida y la incorporación de nutrientes. En el caso de “Naturaleza viva”, hacemos un agregado muy importante que es devolver el fósforo a la tierra a partir de la molienda de los huesos de nuestros propios ganados, que se vende la carne pero no los huesos. 

No hay que ser estúpidos en el trabajo agrícola, hay que ser inteligentes en la recuperación de los nutrientes. Si yo vendo el grano de girasol estoy vendiendo los minerales, porque lo que vendo es energía, vendo el aceite que consumen. Lo mismo si yo, en vez de vender la naranja, vendo el jugo, todo el resto forma parte del ciclado de los elementos, y así sucesivamente.

 Entonces, ¿cómo ciclan estos elementos? A través del animal. Las vacas lecheras consumen el pellet del girasol, consumen elementos vitales para ciclar, los minerales en el suelo para permitir una agricultura sustentable de alta rentabilidad pero además sustentable en el tiempo. 

 Esa alta rentabilidad, en el caso de ustedes, está vinculada además con el hecho de que no venden las materias primas…

Remo: Exacto. Nosotros tenemos toda la cadena: producción, elaboración, transformación, venta. Nosotros entregamos el alimento a ciudades y pueblos de 23 de las 24 provincias del país. Tenemos redes. Porque además lo hacemos a través de redes.

¿Es central entonces que el productor no resigne la elaboración de su propio producto?

Remo: Y además tiene que ver con la historia de la agricultura. La historia de los pueblos originarios. La historia de nuestros abuelos europeos. Ellos entregaban los productos al mercado porque en aquella época no nos olvidemos que más del 50% de las personas vivían en el campo. Hoy tenemos apenas el 7%, y me parece que estoy exagerando.

 Todo este fenómeno hizo que se apropiaran del trabajo del productor agropecuario. Entonces el productor agropecuario pasa a ser simplemente un productor de materia prima, que es el rubro más complejo y más riesgoso que existe. Porque tenés los factores climáticos: lluvia, sequías, plagas, enfermedades. 

Todo eso se fue complicando cada vez más y nos han quitado, conscientemente, esto de ser productores de alimentos. Porque además, detrás estaba todo el uso de los venenos, que no tienen nada que ver con la producción de alimentos. Esta es la gran paradoja de la sociedad actual, para los hombres de las ciudades, para los trabajadores agropecuarios. No puede ser que seamos productores de alimento contaminado con agroquímicos, y peor todavía, afectando la vida de nuestra Pachamama, que es la que nos da la posibilidad de vivir hoy y de seguir viviendo en el futuro. Estamos en una sociedad con mucho riesgo a partir de este gran fenómeno de urbanismo y cero ruralidad. Y además hemos perdido esto de la totalidad de la cadena de elaboración de alimentos. 

Remo: ¡Claro! Cuando nosotros nos dimos cuenta de eso, pues ahí estaba la papa: triplicamos la ganancia reduciendo los riesgos. ¿Te imaginás? Nos quedamos con los tres eslabones, pero no solo eso, lo más rico de esto es que de un eslabón a otro no hay trasmisión ni impuestos porque es el mismo productor el que genera todo. 

Por lo tanto desde la producción primaria, del movimiento de suelo, hasta el producto terminado es toda una cadena donde queda toda la ganancia para el productor y de esa manera puede reinvertir, puede recrear los sistemas productivos. 

Y todo eso a partir de recuperar la vida de la tierra, del suelo, el potencial más extraordinario que debemos cuidar para que las nuevas generaciones, tanto de los argentinos como de todos los que vivimos en el planeta podamos seguir viviendo en el futuro.

Irmina: Y por otra parte cada uno de esos eslabones productivos requiere manos y cabezas atrás haciendo y concretando las cosas, entonces del campo despoblado pasamos a un campo generador de empleo, de ocupación, y por lo tanto de recursos para las familias. Y se vuelve a poblar. Es un aspecto social fundamental, la estructura productiva del campo es una cuestión social.

Remo: Estamos acostumbrados a ver los campos libres de personas, de individuos, de familias. Tenemos que replantearnos seriamente esto, es muy grave lo que ha sucedido. Tenemos que repoblar la tierra.

Ustedes demuestran que no es una utopía, no es imposible.

Remo: Trabajamos doscientas hectáreas quince familias. Y si tenemos en cuenta que hay más de 60 millones de hectáreas en el país que no están pobladas, entonces 60 millones de hectáreas, dividido 200 por 15 necesitan de entre 4 y 5 millones de familias para repoblar el campo. Y seguramente me vas a decir “Che, ¿pero cómo vas a repoblar el campo?, si se perdió la cultura”.

 ¡La debemos recuperar! La cultura no está enterrada, está viva en nuestros abuelos y en experiencias de muchos campesinos, porque hay experiencias de Paraguay, de Brasil, de Colombia, de Ecuador, de Costa Rica, extraordinarias en este sentido, y hay universidades que se están replanteando los sistemas educativos y formativos para impedir este proceso decadente de una agricultura de los agrotóxicos y de los venenos y provocar una agricultura de la vida, de la fraternidad, de las relaciones afectivas y constructivas entre el campo y la ciudad.

Es un fenómeno que ya se está dando.

Remo: Sí ¿sabes por qué? Porque está colapsando la “Revolución Verde”, la cultura de los agrotóxicos: no saben qué hacer porque los suelos se están deteriorando. Según datos de los organismos internacionales, cada minuto se desertifican doce hectáreas en el planeta Tierra. ¡Doce hectáreas! Es grave.

Irmina: Sí, es muy grave. Y por el otro lado, el argumento fuerte de la “Revolución Verde” siempre fue la necesidad de producir alimentos para combatir y reducir el hambre en el mundo. Resulta que después de 30 años no se reduce el hambre en el mundo, al contrario, sigue aumentando: entonces sabemos que no es un problema de producción de alimentos, sino de distribución de esos alimentos. 

Y que con las tierras desertificadas o pérdidas importantes de fertilidad obvio que se va a producir menos, si de dónde va a salir si matamos la vida del suelo. Eso es muy lógico: si no tenemos suelo, no podemos producir alimentos.

Remo: Tenemos problemas de hambre y a la vez de enfermedades graves, pero ¿cómo vamos a tener una población sana si consume agroquímicos, agrotóxicos, venenos? Entonces tenemos que modificar el sistema productivo para producir. Hay una frase muy linda de un gran maestro de la humanidad que fue Hipócrates, 350 años antes de Cristo: “Que tu alimento sea tu medicina, y que tu medicina sea tu alimento”.

Otro concepto que ustedes mencionaban, en relación con la diversidad de experiencias y de técnicas que se van generando. Hasta hace poco esas perspectivas tenían poco contacto entre sí, pero ahora cada vez hay más interrelación, en buena medida por los avances comunicacionales. Ustedes mencionaban que no son perspectivas contradictorias sino complementarias…

Remo: Sí, son propuestas que han surgido de la realidad, de personas muy habilidosas, entre ellos maestros como el caso de Masanobu Fukuoka, en Japón, con la agricultura natural. O la propuesta de Jairo Restrepo con la agricultura regenerativa, la biodinámica de Rudolf Steiner, la permacultura de Bill Mollison. 

Con todas ahora, por suerte, estamos interactuando, buscando los aspectos favorables de cada una, porque en una región favorece una, en otra región favorece otra, favorece con un sistema productivo, con otro sistema productivo. Son complementarias, y esto es lo importante: hay varias maneras de producir sin agredir y sin envenenar fundamentalmente los alimentos para nuestra querida población.

Y algunas de esas técnicas son milenarias, o están inspiradas en prácticas muy antiguas.

Irmina: ¡Es que antes de la “Revolución Verde” también existía la agricultura! Pero a partir de este sistema, todos los organismos de investigación fueron apoyando, investigando y dedicando sus energías y recursos a esa propuesta. Y se dejó de investigar lo otro. Entonces hoy es un terreno que desde la ciencia tendrán que recuperar.

 Pero menos mal, tenemos todas estas otras instituciones, organizaciones y estudiosos que por cuenta propia fueron desarrollando muchas herramientas para producir de otra manera, o para apoyar con técnicas específicas esa producción natural que se venía haciendo. Con errores, pero que no dañaban ni contaminaban el ambiente como la agricultura basada en agroquímicos.

Remo: Nosotros trabajamos en 200 hectáreas, de las cuales 110 son propias, y 120 que se alquilan a productores que han abandonado a partir de las deficiencias de la productividad de los suelos. Nosotros las vamos recuperando e incorporando a la producción agroecológica. Esto es muy importante decirlo porque lentamente los pooles de siembra, en nuestra región que es el norte de Santa Fe, con suelos de tercera, están abandonando las chacras porque terminan siendo improductivas.

 Porque además tienen que pagar el alquiler al productor y sacar sus ganancias. Y ahora están con algunos fenómenos mínimos, algunos de grandes lluvias y otros de sequía como las que tuvimos actualmente, entonces colapsa el sistema porque ellos, la agricultura de los químicos, tiene un alto porcentaje de costos, y sí o sí tienen que sacar cultivo para pagar las inversiones, los insumos comprados. Conozco casos de familias que producían en 13 a 15 mil hectáreas y que colapsaron. 

En la agroecología la ventaja es que vos no arriesgás previamente: la semilla la producís vos, los insumos de la fertilidad de la tierra los producís vos a través del manejo de las pasturas, de los abonos verdes, de los composts, a través de los biofertilizantes, a través de los preparados biodinámicos, a través de la agricultura regenerativa, que con una tonelada de preparados que vos hacés podés hacer 100 hectáreas, 200 hectáreas vitalizar y provocar el efecto de mayor fertilidad y de mayor productividad de la tierra.
El otro elemento que me parece central en una época que la que hay tantos factores que encadenan a las personas, es que la producción natural le devuelve la autonomía al productor, el poder sobre sí mismo, el sentido de ser dueño de su destino ¿verdad?

Remo: ¡Claro! Y no solo la autonomía. Le devuelve las ganas de vivir, el entusiasmo, porque el agricultor pasa a ser la parte más importante del proceso productivo, el que genera el proceso productivo. En la agricultura de los agroquímicos, el productor es un paria, es un instrumento de las multinacionales.

De hecho puede estar o no estar. Da lo mismo.

Remo: Puede estar o no estar, tenés los personeros de las corporaciones que le pueden desarrollar el cultivo sin necesidad de que estén presentes. Pero en la agricultura ecológica el campesino es parte activa, porque va desarrollando el proceso, un proceso de crecimiento. Un proceso ascendente de fertilidad. Un proceso ascendente en mano de obra. Un proceso ascendente de calidad de vida, de salud, de bienestar, de diversidad biológica, de comenzar a vivir procesos extraordinarios. También desde el punto de vista de los animales que vienen a repoblar el lugar.

“En la agricultura ecológica el campesino es parte activa, porque va desarrollando el proceso, un proceso de crecimiento. Un proceso ascendente de fertilidad. Un proceso ascendente en mano de obra. Un proceso ascendente de calidad de vida, de salud, de bienestar, de diversidad biológica, de comenzar a vivir procesos extraordinarios”.

¿Cómo es eso?

Irmina: A nosotros nos preguntan “Che pero ustedes que hacen mermelada de higo, hacen higos en almíbar, ¿cómo hacen, si a mí me comen todo los loros?” Bueno, en la granja habitan las águilas coloradas y los caranchillos que no dejan una cotorrita. No existe una cotorra en “Naturaleza viva”. Pero si no era por la reflexión de este productor, no sabríamos por qué. Entramos a observar de qué manera están las aves. Porque tenemos árboles altos. Eucaliptus, y otros árboles altos…
Remo: De todo tipo de árboles muy altos. 

Además tenemos una familia de monos, que lo poblaron hace 8, 10 años, vino una hembra, pionera, y antes del año vino el macho, y ahora son ocho monos que están poblando “Naturaleza Viva”. Y además es una forma eficiente: nos siembran los bosques que construimos. Porque nosotros empezamos “Naturaleza Viva” con 60 árboles que los gringos teníamos en aquellos tiempos nada más, porque todo había que dedicarlo a la agricultura. 

Hoy tenemos más de 20 mil árboles, en un sistema de bosques interactuando con frutales, además con otras especies del lugar y especies misioneras, de frutales, que se adaptan perfectamente a nuestra región del norte de Santa Fe porque pasamos a ser una zona casi tropical.

Qué maravilla. Dan ganas de ir a ver “Naturaleza Viva” 

Remo: ¡Cuando quieras! Y te aseguro que es un lugar que al ir a verlo, da ganas de compartir, porque el ser humano es protagonista, no es un paria. Porque mientras que para el sistema molesta el agricultor, para la agroecología es el protagonista. Es el que conduce el proceso. Porque además tenés muchas alternativas.
Me hizo acordar a la idea del antropocentrismo humilde, que propone Guillermo Priotto. El ser humano asumiéndose como parte del ambiente, pero dirigiendo el proceso, claro que con otros valores.

Remo: ¡Sí! Y a tal nivel de humildad que me tuve que sentar en el bosque a reírme porque los monos me enseñaron a producir en el bosque.

A ver, cuente eso.

Remo: Claro, porque el grupo de monos que tenemos come los frutales que están en el predio de la granja y me los llevan al bosque. Como decir, cerella, mamón, chirimoya, dátiles, nísperos, chaucha ingá, una chaucha dulce. Todo eso lo comen, y van y duermen en el bosque. No hace mucho me tuve que sentar a reír en el bosque. 

Pensar que los monos me enseñaron. Porque yo peleando para producir frutales que me afectaban por el sol o las heladas. Y ellos, no: me los sembraron con abono y en el bosque. Así que ahora tengo los plantines hechos por la familia de los monos.

Hecho naturalmente por los monos, al ir a hacer sus necesidades…

Remo: Naturalmente. Te aseguro que yo no les dije nada (risas).

La última: ¿qué debemos exigirle al Estado? Hoy conversábamos acerca de su rol, la presencia o la ausencia, la complicidad del Estado o la decisión de impulsar algo distinto. En el caso del estado municipal, que normalmente se desentiende de estas cuestiones (“no es problema mío, es problema de la provincia o el Estado nacional”).

 ¿Qué pasa si el Estado, y en especial el Estado municipal acepta el desafío de impulsar a sus productores a producir alimentos de manera ecológica, para darle de comer a su gente, a sus propios vecinos? 

Irmina: Es fundamental: que el Estado, que sin duda alguna tiene el rol de velar por toda la población y procurar que su organización, sus caminos, vayan por el mejor lugar posible. Si nosotros integramos el problema de la salud que está relacionado íntimamente con esta cuestión del alimento, lo ambiental, el suelo, y la parte productiva, creo que la mejor propuesta es esto, ir limpiando metafóricamente los caminos, porque a todos va a favorecer, a los productores porque van a retomar el camino de las producciones limpias y dejar de gastar en agroquímicos que en realidad no son necesarios; en contribuir que desde la producción se revitalice el suelo, y así cerrar el camino de la pérdida de la fertilidad; a repoblar de árboles donde se pueda repoblar, o sea, los árboles pueden ser para uso forestal como árboles de producción de alimentos, las dos cosas. 

Y sobre todo, la salud para la población, en un ambiente limpio, la salud de la población obviamente va a ser mucho mejor. 

Remo: Un intendente debe ser, entre otras cosas, el administrador de la calidad de vida de la ciudad, y debe provocar a la gente de campo a que revise su comportamiento para evitar que se sigan deteriorando los suelos, pero también evitar que se sigan hipotecando comprando agrotóxicos y venenos, y que además proyecten una acción de la agroecología que ya nos está dando ejemplos. Es lo que tenemos que hacer. A partir de este fenómeno de la “Revolución Verde”, hemos perdido la sensibilidad de las relaciones mutuas entre los seres humanos, entre el campo y la ciudad, entre la producción de alimentos y los consumidores. 

Tenemos que recrear relaciones de humanos, de seres humanos, no de bestias como sucede en este momento. Y digo que es posible porque nosotros hace ya 31 años que somos autosustentables en la producción de alimentos. Lo único que tenemos que comprar es la sal, pimienta y un par de otras cosas. 

El resto lo producimos todo, porque la Pachamama es maravillosa, nos da la oportunidad con mínimos manejos que nosotros como agricultores, como campesinos, como personas vinculadas a la tierra, podemos generar todo en nuestras tierras. La agricultura de los agrotóxicos, la agricultura industrial, le hace perder al productor el cariño a la tierra. ¡A cualquier ser humano! ¿Qué cariño puedo tenerle si la estoy envenenando?"

22/1/18

La agricultura campesina produce el 70 % de los alimentos del mundo en el 25 % de la tierra, mientras que el agronegocio, para producir el 25 % de la comida recurre al 75 % de la tierra

"Los campesinos, indígenas y agricultores familiares producen el 70 por ciento de los alimentos del mundo, a pesar de contar con sólo el 25 por ciento de la tierra. En contraposición, las empresas del agronegocio cuentan con el 75 por ciento de la tierra pero sólo producen el 25 de la comida. 

Así lo revela una investigación de la ONG internacional Grupo ETC, que desarma los mitos de la agricultura industrial y transgénica. El estudio asegura que si los gobiernos quieren acabar con el hambre y frenar el cambio climático, deben aplicar políticas públicas para impulsar la agricultura campesina.


“¿Quién nos alimentará? ¿La red campesina alimentaria o la cadena agroindustrial?”, es el nombre de la investigación del Grupo ETC (Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración) que, en base a 24 preguntas, aporta pruebas de las consecuencias de la agricultura industrial y de la necesidad de otro modelo. 


“Los campesinos son los principales proveedores de alimentos para más del 70 por ciento de la población del mundo, y producen esta comida con menos del 25 por ciento de los recursos –agua, suelo, combustibles– “, afirma al inicio la investigación. Por contraposición, la cadena agroindustrial “utiliza el 75 por ciento de los recursos agropecuarios del mundo, es de las fuentes principales de emisiones de gases de efecto invernadero y provee de comida a menos del 30 por ciento de la población mundial”.

A lo largo del trabajo se precisan 232 citas de otras investigaciones y publicaciones científicas que son la base documental que da sustento teórico y argumental al Grupo ETC. En datos monetarios, precisa que por cada dólar que los consumidores pagan dentro de la cadena agroindustrial, la sociedad paga otros dos dólares por los daños ambientales y a la salud que la misma cadena provoca.

Cuando se refiere a la “cadena agroindustrial” se trata de los eslabones que van desde los insumos para la producción hasta lo que se consume en los hogares: empresas de genética vegetal y animal, compañías de agrotóxicos, medicina veterinaria, y maquinaria agrícola; transporte y almacenamiento, procesamiento, empacado, venta a granel, venta minorista y finalmente la entrega a los hogares o restaurantes.

La investigación del Grupo ETC aborda una crítica sistémica. “La cuestión de fondo es que al menos 3.900 millones de personas padecen hambre o mala nutrición porque la cadena agroindustrial es demasiado complicada, costosa y –después de 70 años de vigencia– ha demostrado ser incapaz de alimentar al mundo”.

Desde hace décadas, el trillado argumento de las empresas, científicos del modelo transgénico, periodistas y funcionarios es que la población mundial aumenta y se necesita más producción para alimentarla. La investigación cita decenas de trabajos científicos que exhiben la falacia detrás del discurso del agronegocio. 

Ya existen suficientes alimentos para toda la población, señala, y el problema no es la producción, sino la injusta distribución. “En un mundo lleno de comida, más de la mitad de los habitantes no puede acceder a la comida que necesita. Lo más trágico es que tanto en números duros como en porcentajes, la proporción de personas mal nutridas va en aumento”, alerta.

En relación al ambiente, también existen grandes diferencias entre ambos modelos. El modelo campesino utiliza sólo el 10 por ciento de la energía fósil y menos del 20 por ciento del agua que demanda la totalidad de la producción agrícola, con “prácticamente cero devastación de suelos y bosques”. 

En tanto, la cadena agroindustrial destruye anualmente 75.000 millones de toneladas de capa de suelo arable y desmonta 7,5 millones de hectáreas de bosque.
También es responsable del consumo del 90 por ciento de los combustibles fósiles que se usan en la agricultura.

El modelo agroindustrial es el principal responsable del desperdicio de alimentos. Según el Grupo ETC, de los 4.000 millones de toneladas de alimentos que produce la cadena agroindustrial anualmente, entre 33 y el 50 por ciento se desperdicia a lo largo de las etapas de su procesamiento o transporte y almacenamiento. 

Entre los ganadores del modelo están las empresas de insumos agrícolas, que también son grandes promotoras y aliadas de medios de comunicación, universidades y gobiernos. En el mercado de semillas, negocio de 41.000 millones de dólares, sólo tres empresas (Monsanto, DuPont y Syngenta) controlan el 55 por ciento del sector. El modelo agroindustrial es dependiente de los agrotóxicos. Tres compañías (Syngenta, Basf y Bayer) controlan el 51 por ciento de un mercado de 63.000 millones de dólares. 

“Desde que se introdujeron las semillas transgénicas hace 20 años han ocurrido más de 200 adquisiciones de pequeñas empresas semilleras. Y, si las megafusiones corporativas que actualmente se están negociando prosperan, solamente tres nuevas empresas monopolizarán el 60 por ciento del mercado comercial de semillas y el 71 por ciento del mercado de agrotóxicos”, advierte la investigación.

El estudio asegura que, con las políticas adecuadas, el modelo campesino-agroecológico podría triplicar el empleo en el campo, reducir sustancialmente la presión sobre las ciudades ejercida por la migración, mejorar la calidad nutricional de los alimentos y eliminar el hambre."                (Darío Aranda, Página12, 18/01/18)

11/4/17

Datos contundentes avalados por las Naciones Unidas: la concentración de la tierra en Latinoamérica, causa de conflicto social y subdesarrollo. El 1% de los propietarios concentra más de la mitad de las tierras

"El 1% de los propietarios de América Latina concentra más de la mitad de las tierras agrícolas. La Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), retomó estos datos de un informe de la ONG OXFAM para describir la enorme desigualdad que atraviesa al continente .

El tema de la concentración de las tierras junto con la reflexión sobre el impacto de las reformas agrarias de la región, constituyó el tema central de la Reunión de alto nivel sobre “Gobernanza Responsable de la Tenencia de la Tierra, la Pesca y los Bosques en América Latina y el Caribe”, realizada en Santiago de Chile en el transcurso de la primera semana de abril.

La región de América Latina y el Caribe tiene la distribución de la tierra más desigual del mundo. La FAO destacó que esa distribución es aún más inequitativa en Sudamérica, mientras que en Centroamérica es levemente inferior.

La región tiene la distribución de tierras más desigual de todo el planeta: el coeficiente de Gini –que mide la desigualdad– aplicado a la distribución de la tierra en el continente alcanza al 0,79, superando ampliamente a Europa (0,57), África (0,56) y Asia (0,55).

El organismo de la ONU sostiene que administrar mejor los derechos de la tierra, así como el acceso a los bosques y la pesca es fundamental para reducir la pobreza en las zonas rurales y proteger los recursos naturales. E instó a mejorar el reconocimiento de los derechos de tenencia.

Mejorar el reconocimiento de los derechos de tenencia de la tierra y su distribución es un paso necesario para erradicar el hambre y avanzar hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe, subrayó la FAO en Santiago de Chile.

Otro problema significativo, según el organismo onusiano: cada vez es menor el porcentaje de la tierra en manos de pequeños propietarios. Fenómeno que conspira, en particular, contra las mujeres. En Guatemala, por ejemplo, sólo el 8% de las mujeres es propietaria. En Perú, sólo el 31%. En la mayoría los casos, estas propiedades son de menor tamaño y calidad que las que poseen los hombres.

A fines del año pasado OXFAM publicó “Desterrados: Tierra, Poder y Desigualdad en América Latina”, uno de los informes más completos realizados hasta ahora sobre la situación agraria del continente. El mismo centraliza su análisis en 17 países latinoamericanos.

“El 1% de las fincas acapara más de la mitad de la superficie productiva. Es decir, este 1% concentra más tierra que el 99% restante. Esta situación no ofrece un camino para el desarrollo sostenible, ni para los países, ni para las poblaciones ” , indica el informe de la ONG, retomado ahora por la FAO.

La desigualdad económica y social es uno de los mayores lastres que impiden a las sociedades latinoamericanas alcanzar el desarrollo sostenible y supone un obstáculo para su crecimiento económico. “En la región, 32 personas privilegiadas acumulan la misma riqueza que los 300 millones de personas más pobres. Esta desigualdad económica está íntimamente relacionada con la posesión de la tierra, pues los activos no financieros representan un 64% de la riqueza total”, subraya OXFAM."                     (Sergio Ferrari , Rebelión, 10/04/17)