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20/7/20

¿El Covid-19 acabará con Londres, Berlín, Madrid...? El gran perdedor de hoy es la vida urbana, ya que las empresas y los empleados han descubierto los encantos de trabajar desde casa... grandes partes del sector de oficinas de Londres, como Canary Wharf, por ejemplo, se han convertido en pueblos fantasmas...

"Ciudad grande, R.I.P.

Nuestro enfoque en los micro cambios de la crisis se está convirtiendo en una miniserie improvisada. Hablamos sobre los medios de comunicación, los cambios entre pequeñas y grandes empresas, y los ganadores digitales y los perdedores analógicos. El gran perdedor de hoy es la vida urbana, ya que las empresas y los empleados han descubierto los encantos de trabajar desde casa. 

La primera de las empresas alemanas en obligar a los trabajadores a trabajar desde casa es Siemens, que tiene una gran sede corporativa en los centros de Munich y Berlín. Y Deka Bank ya está reduciendo el espacio de oficinas. Siemens ha pasado una orden a 140,000 empleados para trabajar en casa al menos dos o tres días por semana. La compañía lo llamó un cambio radical en una tendencia que ya había comenzado antes del cierre. La compañía contó que está llevando a cabo 800,000 conferencias en línea cada día.

En el Reino Unido, el gobierno ahora está tratando desesperadamente de que las personas vuelvan a trabajar precisamente debido al impacto catastrófico en los grandes centros urbanos, en particular Londres. Pero, al igual que Siemens, las compañías británicas también han descubierto los encantos y los ahorros de costos asociados, que resultan de la oficina en casa. Y esto también es popular entre la mayoría de los trabajadores de oficina, al menos hasta ahora.

Escribiendo en el Daily Telegraph, Alistair Heath habla sobre un evento a nivel de extinción para Londres. Es una gran inversión de una tendencia de urbanización que comenzó en el siglo XIX y que se aceleró con la edad de oro del capitalismo financiero global.

Trabajar desde casa fue una consecuencia muy predicha de la revolución digital en la década de 1990, pero nunca despegó a lo grande hasta ahora. Las tendencias a menudo permanecen inactivas hasta que se despierta por accidente.

Heath informa que grandes partes del sector de oficinas de Londres, como Canary Wharf, por ejemplo, se han convertido en pueblos fantasmas. Las finanzas como negocio y otros servicios continúan desde la oficina central; pero no los servicios auxiliares inmuebles, como la propiedad comercial y el turismo. Los precios de las viviendas aún no se ven afectados, pero supondríamos que las viviendas residenciales seguirán hacia abajo en Londres, y hacia arriba en el resto del país.

 No estamos de acuerdo con el análisis de Heath solo en un aspecto: su afirmación de que un renacimiento suburbano es la única esperanza del Reino Unido. Creemos que es más probable que el renacimiento ocurra en las ciudades de segundo nivel descuidadas y muy subestimadas del Reino Unido que en los suburbios todavía superpoblados y caros.

Los alemanes llegaron tarde a la tendencia global de la urbanización. Los precios de la vivienda en Berlín fueron planos desde 1980 hasta aproximadamente 2010, cuando despegaron como un cohete. Lo mismo hicieron en Munich. Si solo necesita viajar una o dos veces por semana, no hay necesidad de vivir en los suburbios. Pequeñas ciudades con conexiones menos que ideales desde el centro de repente se están volviendo viables.

El factor limitante para Alemania, pero no para el Reino Unido, es la falta de una infraestructura de datos móviles e Internet de alta velocidad adecuada. Es por eso que esperamos que este cambio sea mucho más abrupto en el Reino Unido, donde la infraestructura ya está a punto."           (
Wolfgang Munchau , Eurointelligence, 17/07/20)

21/3/18

Nueva York, capital americana de la soledad. En la Gran Manzana, incluso las actividades sociales son afrontadas como un trabajo

"“Soy el hombre solitario de Dios”, decía Robert de Niro en 'Taxi Driver', mientras se deslizaba hacia un agujero de insomnio crónico, paranoia, y, al final, una explosión de violencia.

 La bruma nocturna envolvía su taxi y Nueva York encarnaba, una vez más, como en las pinturas de Edward Hopper, o en las fotos de Vivian Maier, una postal icónica de la soledad urbana. El lado estético de algo muy real. Una “epidemia creciente” que ha disparado la curiosidad científica y movilizado a los terapeutas de la Gran Manzana.

“Es una ciudad dominada por la ambición profesional”, dice Kerrie Mohr, trabajadora social y terapeuta, en su consulta del distrito financiero. “La gente se muda aquí para conseguir sus objetivos profesionales. 

Cuando priorizas tu carrera, lo que estás haciendo es no priorizar el estar con la familia, o los amigos, ese tipo de apoyo orgánico. Por lo que veo en mi trabajo, en Nueva York mucha gente está aislada de diferentes maneras porque no tiene esas conexiones. Y las conexiones aquí requieren un mayor esfuerzo”.

Mohr se refiere a que la vida social en Nueva York es como un trabajo: los horarios son duros, la ciudad grande, el tiempo limitado, y quedar con alguien implica organizar con días de antelación un plan específico y bueno. Este mundo laboral aparte usa su propia jerga. “Quality time”, o tiempo de calidad, es la presión de hacer siempre algo significativo, memorable, diferente. 

El FOMO (“fear of missing out”: el miedo a perderse algo) es la asistencia compulsiva a estrenos, conciertos, bares nuevos, por miedo a no estar al tanto de las novedades. Un estado mental que impide cultivar relaciones sólidas.

 Para hacer y mantener amigos, dice Mohr, “hay que trabajar con intención. No hay esa facilidad automática de alguien que se presenta en la puerta de tu casa, como ocurre en los pueblos”. 

Es el precio del dinamismo de una ciudad superpoblada, disparada económicamente y con niveles de empleo récord. Una ciudad donde más de la mitad de los residentes viven solos, casi el doble que la media estadounidense del 27% y un récord nacional. En algunos barrios de Manhattan unas siete de cada diez personas viven por su cuenta.

 El resultado es que la soledad enseña a menudo su horrible pezuña. En el forastero que acaba de llegar y se agarra a cualquier plan con avidez desesperada. En la dificultad que experimentan las mujeres profesionales, estadísticamente, en encontrar pareja estable. En los hombres mal afeitados que pasan los días leyendo pilas de revistas en las bibliotecas públicas.

Un problema de salud

El pasado otoño Kerrie Mohr se unió a Sidewalk Talk, “charla de acera”, una iniciativa sin ánimo de lucro que desde 2014 intenta concienciar sobre el exceso de soledad y educar a los ciudadanos en cómo mantenerla a raya. De vez en cuando Mohr y media docena de voluntarios se establecen en un lugar concurrido, como Central Park, o la estación de Columbus Circle, y se ofrecen a escuchar los problemas de los peatones que necesiten hablar.

Sidewalk Talk fue fundado por varias terapeutas de San Francisco, entre ellas su actual directora, Traci Ruble. La especialista en terapia de pareja explica que tuvo la idea después de la matanza de Sandy Hook, la escuela primaria de Connecticut donde un joven mató a 20 niños de entre seis y siete años y a seis trabajadores del centro. “No quería hacer más análisis. Así que me senté en una acera y empecé a escuchar a la gente”, dice por teléfono.

A día de hoy su proyecto, financiado con pequeñas donaciones, cuenta con alrededor de 1.200 voluntarios en 40 ciudades de doce países. “Una de las razones por las que hemos tenido tanto éxito es que no preguntamos por la información personal. 

A la gente le encanta”. El peatón que quiera se detiene, habla durante un tiempo indeterminado, y se va sin más. Los voluntarios reciben previamente unas pautas sobre cómo escuchar, sin opinar ni dar consejos. Según Ruble, que ha practicado esta actividad en diferentes lugares y contextos socioeconómicos, se acercan todo tipo de perfiles.

“El animal humano está programado para vivir en grupo”, continúa. “El sentido de pertenencia no sólo tiene un impacto psicológico, sino físico. La soledad hace más daño que la obesidad, el alcoholismo, la adicción al tabaco o la falta de ejercicio”.

Un estudio conjunto de la Universidad de Carolina del Norte y la de Bringham Young, en Utah, demostró que las personas solitarias tienen el doble de posibilidades de morir prematuramente. Otra investigación estimó que los individuos aislados padecen un 29% más de enfermedades cardíacas y un 32% más de apoplejía, además de muchas otras dolencias. 

“Personas con menos conexiones sociales tienen trastornos de sueño, sistemas inmunitarios alterados, más inflamación y niveles más altos de hormonas del estrés”, escribió el doctor Dhruv Khullar en The New York Times.

Programados para vivir en grupo

La soledad simplemente no es natural para la mayoría de las personas, como explica el director del Centro de Neurociencia Cognitiva y Social de la Universidad de Chicago, John Cacioppo: “Hemos sobrevivido como especie no porque seamos rápidos o fuertes o tengamos armas naturales en la punta de los dedos, sino por la protección social”, declaró a The Atlantic. “Nuestra fuerza es nuestra habilidad para comunicarnos y trabajar juntos”.

Su teoría ha sido reforzada por un hallazgo reciente. Según científicos de la universidad MIT, una parte del cerebro humano, el núcleo dorsal del rafe, contiene unas neuronas que reaccionan a la soledad y nos hacen buscar instintivamente la protección del grupo. Un mecanismo evolutivo que nos fuerza a ser gregarios para aumentar nuestras posibilidades de sobrevivir.

Las redes sociales también juegan su papel. Ese muro de atardeceres, piernas estiradas en la arena, honores y momentos inolvidables pueden ser un aguijón más en la carne del solitario. 

La depresión o la muerte prematura están al final del túnel en los casos extremos, como les ocurre a muchas personas ancianas en Nueva York, donde la mitad de los mayores de 85 viven solos y son más vulnerables, si se sienten aislados, al declive cognitivo. Pero las primeras fases tienen un sabor familiar para muchas personas.

“Con el tiempo, la soledad se convierte en inseguridad”, dice Kerrie Mohr. “La persona se encierra en sí misma, no quiere arriesgarse a ser rechazada. Y siente negativamente interacciones neutrales. Se siente mal, tiene ansiedad, y su tendencia es a aislarse aún más y a no a hacer el esfuerzo de llamar a un amigo o de invitar a un colega a tomar algo después del trabajo.

 No quiero que la gente se deje llevar por su miedo a ser rechazada y no haga cosas”.
Sidewalk Talk es una entre muchas iniciativas para combatir la soledad, algunas del ayuntamiento, otras de voluntarios.

 YouCaring se centra en acercar la música a los mayores neoyorquinos; Little Brothers, Dorot y Visiting Neighbors les organizan visitas de gente joven con la que conversar. “Siempre digo que no hay suficientes terapeutas en el mundo para arreglar lo que está roto dentro de nosotros”, dice Ruble. “Tenemos que implicarnos todos”.              (Argemino Barro, El Confidencial, 08/03/18)

28/10/16

Las ciudades generan el 80% del PIB mundial y sin embargo, también son las que consumen el 70% de la energía y emiten el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero

"(...) Las ciudades generan el 80% del PIB mundial y sin embargo, también son las que consumen el 70% de la energía y emiten el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

 Como señala José Bellver, investigador de FUHEM Ecosocial, es llamativo que “la mayor parte de consumo de energía y materiales se realice en las ciudades cuando su población representa el 54% de la población mundial y las ciudades ocupan entre el 1 y el 3% del territorio global”. 

Las ciudades de hoy tienen también que hacer frente a la escasez de metales, minerales y combustibles, y a los impactos de un sistema de alimentación, transporte y edificación, entre otros, que se extienden más allá de la región y el país que albergan dicha ciudad. Gary Gardner señalaba esta mañana que hay que tener en cuenta también la generación de residuos de una ciudad ya que “son la tercera fuente de emisiones de metano directamente causados por los humanos”. 

Estos impactos se agravan cuando se trata de la organización de ciudades de más de 10 millones de habitantes. Según el informe, “las megaciudades han pasado de 2 en 1950 a 29 en 2016, y para 2030 está previsto que lleguen a ser 41”. 

Pobreza y desigualdad en la ciudad 

Según Gary Gardner, “las ciudades son motores de economía y, a la vez, centros de pobreza”, ya que a proximadamente 1 de cada 7 habitantes de zonas urbanas vive en la pobreza, generalmente, en asentamientos marginales de los países en desarrollo. 

Además, “el 10% de la población urbana en países en desarrollo carece de acceso a la electricidad y el 18% utiliza madera, estiércol o carbón para cocinar”, según el investigador.(...)

Hay alternativas: 7 claves para dar forma a las ciudades sostenibles 

Sin embargo, las ciudades de hoy en día están también en una interesante posición para asumir el liderazgo de construir economías sostenibles. 

Gary Gardner explicaba la dificultad para describir un único modelo de ciudad sostenible: “Las ciudades difieren en cuanto a geografía, clima, cultura, historia, riqueza y otra multitud de aspectos, cada uno de los cuales hace imposible plantear un modelo único para la sostenibilidad urbana”. Además, insiste el investigador, “no disponemos de ningún modelo maduro de sostenibilidad urbana en ningún lugar del planeta”. Debido a estas incertidumbres, describir una ciudad sostenible requiere un esfuerzo de imaginación. 

La Situación del Mundo 2016 no formula una única vía para lograr ciudades sostenibles, sino que ofrece ideas para avanzar hacia la sostenibilidad urbana. En este sentido, Gary Gardner resumía en 7 las claves para desbloquear la transición hacia la sostenibilidad: 

Reducir, hacer circulares, y no contaminantes los flujos de materiales; 

invertir en infraestructuras verdes que den espacio a la naturaleza; 

que el desarrollo de la ciudad sea compacto, conectado y a escala humana; 

dedicar espacios para el encuentro de la gente; 

fortalecer las ciudades como centro de bienestar cuidando los servicios sanitarios o evitando la contaminación atmosférica; 

que el desarrollo se centre en las personas; y, finalmente, 

 asegurar que la gobernanza es participativa.(...)"             (FUHEM, en Rebelión, 27/10/16)

8/10/14

Londres con 15 millones de habitantes, convierte recursos venidos de fuera, en 15 millones de toneladas de desperdicios sólidos y vierte 66 millones de toneladas de Carbono, y consume 22 millones de toneladas de petróleo cada año

"(...) Casi todas las ciudades grandes y todas las mega ciudades hoy, más que nunca antes en la historia, son ruidosas, congestionadas a pesar de que algunas tienen formidables autopistas y moderno transporte público, derrochadoras de recursos, devoradoras de agua, alimentos, combustible y energía y productoras de montañas de basura, polvo contaminante, esmog, ozono, monóxido de carbono, dióxido de azufre y más. 

La OECD (Organización para la Cooperación al Desarrollo Económicos) estima que las ciudades hoy usan la mayor parte del flujo energético que se produce en el mundo -dominan el 82 por ciento del consumo mundial de gas natural, el 76 por ciento de carbón y el 63 por ciento del consumo de petróleo. Las 25 ciudades más grandes producen más de la mitad de la riqueza del mundo.

El escritor canadiense Andrew Nikiforuk en su libro “Energy of the Slaves” (La energía de los esclavos) nos muestra varios ejemplos de lo que él llama el metabolismo patológico de las mega ciudades, describiendo a Londres en Inglaterra (la madre de la mega ciudades) y citando al urbanista Herbert Girardet que nos informa que Londres con 15 millones de habitantes en su área metropolitana, convierte recursos y energía venidos mayormente desde fuera de Londres en 15 millones de toneladas de desperdicios sólidos y vierte 66 millones de toneladas de Carbono, al tiempo que consume 22 millones de toneladas de petróleo cada año.

 Londres monopoliza las tres cuartas partes de la energía de la isla de Gran Bretaña aunque sus habitantes ocupan solamente 1580 kilómetros cuadrados. Para alimentar a Londres se necesita cultivar alimentos, criar animales comestibles y proveer maderas en 196.800 kilómetros cuadrados, vale decir las tres cuartas partes de toda Gran Bretaña.

Un impacto conocido y gigantesco de ciudades grandes y mega ciudades es la polución del aire; en París esta se extiende por más de 100 kilómetros fuera del área metropolitana. Según el Clear Air Institute (Instituto de Aire Limpio) en América Latina, Ciudad de México, Santiago de Chile, San Salvador y Montevideo, tienen excesiva polución que causa serios problemas de salud a sus habitantes. 

El otro conocido impacto es con respecto al agua; en grandes y mega ciudades en promedio un tercio de sus habitantes vive en barrios pobres con pequeña o ninguna seguridad de suministro de agua. Con el fin del petróleo barato viene el aumento del costo de la energía por lo tanto se hace más difícil tratar el agua y obtener agua limpia. Ciudad de México con 21 millones de habitantes está cerca de secar sus acuíferos que ya están contaminados.

 El rio Riachuelo en Buenos Aires, donde viven 12 millones de personas y casi cuatro millones de ellas viven de su cuenca de drenaje, tiene 50 veces más metales pesados de lo permitido. Shanghai, con 23 millones de habitantes, tiene ríos contaminados con agua salada. Bangkok la gran ciudad de Tailandia, la llamada “Venecia del Oriente,” tiene contaminación de ruido y polución que superan todos los límites y el agua contaminada de sus canales se ha vuelto fétida.

 Como consecuencia del cambio climático, ha aumentado el nivel del mar afectando ciudades como Mumbai en la India ubicada en costas planas y con 25 millones de habitantes -afectados ya por las fuertes lluvias que hacen colapsar su sistema de aguas servidas. Un aumento del nivel del mar significa que eventualmente partes enteras de la ciudad quedaran sumergidas envenenando sus acuíferos.

A esta irracionalidad de crecimiento deformado en las zonas urbanas se suma la locura capitalista del crecimiento eterno al que sucumbe incluso China; según cálculos de sus autoridades y promotores en los próximos 25 años se construirán 50 mil rascacielos en ese país, la mitad de lo que se planea construir en todo el mundo –mas allá de que se haga esto realidad dado el creciente costo de la energía. 

China cuenta ya con 120 ciudades con más de un millón de habitantes que consumen 55 millones de toneladas de carbón cada año, ciudades pobladas por las más de 400 millones de personas que han abandonado el campo en busca de oportunidades.

La explosión de las megas ciudades ha creado una clase de asesores y académicos promotores activos del crecimiento de estas urbes con la idea de que de esta forma se crea riqueza; hay una complicidad que le sirve a los especuladores del sector inmobiliario y financiero, que aunque desprestigiado continúa promoviendo el crecimiento en base al crédito.

 Hay una ideología dominante en favor del crecimiento eterno que se propaga gracias a la falsimedia que funciona más que como agencias de información como agencias de propaganda de un sistema que está claramente colapsando. Por ejemplo la revista Economist, y su pomposa “Intelligence Unit” (Unidad de Inteligencia) ha dado un reporte tan dudoso como fantasioso sobre las ciudades más habitables del mundo, que son por supuesto todas localizadas en el Primer Mundo, diciendo lo que muchos quieren escuchar, que hay ciudades paraísos y otras que están muy lejos de serlo, como Moscú, San Petersburgo y Caracas. (...)

El agotamiento comprobable de importantes recursos, como el combustible fósil y los minerales, la falta de energía y de agua; la proliferación de impactos negativos al medio ambiente consecuencia de la extracción y uso de los recursos naturales, el cambio climático que ha transformado ya regiones a través de habituales sequías o de inundaciones, y los trastornos financieros consecuencia de la incapacidad de nuestros sistemas monetario y bancario, y de la imposición de acarrear enormes deudas privadas y públicas pues gran parte del crecimiento económico del mundo occidental se ha debido a la generación de deudas de todo tipo en las últimas décadas, nos habla de este colapso. 

La solución a estos graves problemas no puede venir de manos de la tecnología, las comunicaciones o el internet. Se trata de problemas básicos y materiales que requieren soluciones también fundamentales y materiales, un plan racional que considere la realidad y no la fantasía y que tome en cuenta el tamaño del peligro de un colapso con potencialidad de terminar con la existencia humana. Una barrera importante que bloquea el entendimiento general sobre la severidad de los problemas que enfrentamos es sin duda la falta de ética reinante y la generalizada corrupción de las élites que manejan el poder y de sus administradores políticos en los países más agresores del mundo. (...)

Y sin embargo aunque sea difícil adaptarse a una vida más elemental, más sobria y balanceada, no debemos descartar la posibilidad en algunos lugares del mundo de que el sentido común se imponga y desarrollemos el potencial necesario para enfrentar las dificultades que nos esperan a nivel personal, de grupos humanos e incluso de países."          (Rebelión, Mario R. Fernández, en  Attac Madrid, 04/10/2014)

18/8/11

En la vida urbana hay algo que no le sienta bien al cerebro humano

"Que vivir en la ciudad aumenta significativamente el riesgo de padecer depresión, ansiedad y sobre todo esquizofrenia se sabe hace décadas, y el vínculo es tan claro que los expertos aceptan que debe de haber una relación causal: en la vida urbana hay algo que no le sienta bien al cerebro humano. La cuestión es encontrar qué.

Los culpables se buscan hace años: estrés, falta de apoyo social, mayor consumo de drogas... incluso un virus. Aún no hay una respuesta. La última pista llega de la neurociencia: un grupo de investigadores ha descubierto que el cerebro de quienes han crecido entre edificios reacciona de forma distinta al estrés social. (...)

Las primeras evidencias de que los habitantes de las ciudades sufren más esquizofrenia datan de los años cuarenta. (...)

¿Y si el culpable fuera el estrés? Se admite que los sucesos estresantes son un desencadenante de los trastornos de tipo psicótico, como la esquizofrenia. Y ese ha sido el punto de partida para los primeros neurocientíficos en abordar el misterio de las ciudades y la salud mental. (...)

Diseñó un curioso experimento: mientras 32 estudiantes resolvían problemas aritméticos complejos, los experimentadores los estresaban con comentarios negativos y actitudes reprobatorias.

"Les decíamos que sus resultados estaban siendo inferiores a la media, y les sugeríamos con impaciencia que se dieran un poco más de prisa...", ha contado Meyer-Lindenberg en Nature.

De entre las áreas cerebrales que se activaban durante la prueba, dos variaban en función de la procedencia urbana o rural de los voluntarios. La amígdala, un área clave en el procesado de las emociones, se activó exclusivamente en quienes vivían en ciudades en el momento de la prueba.

El córtex cingulado -la región PACC-, que contribuye a regular la amígdala y a procesar emociones negativas, se activó más intensamente en quienes crecieron en ciudades.

Los investigadores detectaron variaciones incluso según el tiempo transcurrido en la ciudad durante la infancia, y según el tamaño de la ciudad en cuestión.

La asociación aparecía tan clara que Meyer-Lindenberg desconfió y repitió el experimento con más voluntarios, teniendo en cuenta factores como -entre otros- edad, nivel educativo, ingresos, situación familiar, estado de salud, personalidad y estado de ánimo.

Pero "ninguno de ellos alteraba el efecto de la urbanicidad, lo que sugiere que vivir en un ambiente urbano cambia la respuesta del cerebro en situaciones de estrés social, por un mecanismo claro aunque misterioso" (...)

"La incidencia aumenta con el grado de urbanización", escribe en The British Journal of Psichiatry; los habitantes de las áreas más densamente pobladas "tenían un riesgo entre un 68% y un 77% mayor de desarrollar psicosis, y entre un 12% y un 20% mayor de desarrollar depresión".Ningún investigador defiende, no obstante, que sea malo vivir en las ciudades. (...)

Y la planificación del crecimiento urbano debería tener en cuenta también la salud mental, opina Sundquist: "Es importante que los expertos en urbanismo sepan más sobre los mecanismos específicos que actúan sobre la salud mental, y esto podemos proporcionarlo los investigadores".

Ella coincide con Van Os en que hay que estudiar más el papel de factores como el soporte social y el grado de estrés cotidiano, y profundizar en las diferencias entre estilos de vida dentro de la propia ciudad. No es lo mismo, suponen, un entorno urbano con muchas zonas verdes que una zona industrial. (...)

Ana Dolado, del estudio Araujo-Dolado Arquitectos, reflexiona sobre lo que considera un exceso de estímulos en el espacio urbano actual: "La ciudad es un soporte que cambia a una velocidad difícil de procesar.

La gente reconoce el entorno pero no se identifica con él. El ritmo es tal que a los habitantes no les da tiempo a establecer vínculos con su espacio". (...)

"hay elementos culturales protectores de la salud mental". Resume uno de ellos: "En vez de pasarte cuatro horas en Facebook, queda con un amigo a tomar una caña". (El País, ed. Galicia, 14/08/2011)