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28/4/23

Spinoza, militante de la potencia de vivir

 "-Vos has escrito varios libros y artículos sobre Spinoza. Tal vez podríamos decir que es tu filósofo de cabecera. ¿Quién era Baruch Spinoza? 

-Podemos decir algunas cuestiones. Fue un filósofo del siglo XVII, 1600. Él vivió una época que estaba signada por la impronta de la religión. La religión era un elemento fundante de la sociedad de toda esa época en Occidente. Digamos que no se concebía una persona que no tuviera o no perteneciera a alguna religión, ya sea judía, católica o mahometana en el caso de las religiones monoteístas.  

Obviamente en Occidente lo hegemónico era la religión cristiana y sus diferentes variables: católica y protestante. Baruch, que nació con el nombre de Bento Spinoza, vivía en Ámsterdam. Nació en Ámsterdam. Perteneció a una familia sefardí, en Ámsterdam había una comunidad muy importante de sefardíes producto de que habían escapado de la Inquisición en España y Portugal. Recordemos que en 1492, cuando se descubre América, se expulsan a todos los judíos de España. Es la forma en que los Reyes Católicos buscan unir a los españoles. Muchos de ellos van a Portugal, en Portugal terminan echándolos y van a distintos lugares.  

Un lugar fundamental es Holanda que vivía una suerte de tolerancia religiosa. Ahí se instala una comunidad judía sefardí muy importante. Sefardí porque viene de Sefarad que era como nombraban a España los judíos en esa época. Y todo este proceso hizo que esta comunidad judía sufriera muchas transformaciones.  

A algunos se los obligaba a ser cristianos, otros se mantenían siendo cristianos mientras que en forma secreta conservaban la religión judía. Todos estos eran los «nuevos cristianos» como se los denominaba. Spinoza venía de una familia así, esto implicaba una subjetividad, una forma de pensar. 

El judío estaba acostumbrado a pensar en secreto, a no decir cosas. Spinoza nace en una familia de comerciantes sefardí. Su madre muere joven, fallece su padre y sus dos hermanos y, en principio, queda él con un hermano dirigiendo una empresa familiar comercial.  

Ya siendo muy joven tiene una formación judía y a partir de ahí empieza a concebir ciertas cuestiones que no eran toleradas dentro de esa sociedad como, por ejemplo, que el alma no iba a trascender luego de la muerte, que no había nada más que el cuerpo y, fundamentalmente, que Dios no era un dios trascendente. No existía un Dios trascendente, lo que él pensaba era un Dios inmanente.  

La inmanencia es un elemento central en Spinoza y forma parte de que no hay nada fuera del mundo, no hay nada fuera de la cosa, no hay nada trascendente en ninguna cosa o en ninguna persona. En este sentido él negaba este Dios trascendente, que podía castigar, sancionar o hablar. A partir de ahí Spinoza empieza a concebir con el tiempo un Dios que llama Naturaleza. Para él la Naturaleza es Dios.  

Algunos hablan de un panteísmo en Spinoza, que casualmente es un término que utilizan para definir la filosofía de Spinoza, pero en realidad no es panteísta. Porque el panteísmo sostiene que en todas las cosas de la naturaleza está Dios, o sea que Dios está en una silla, en una cucaracha, en el ser humano, etc. Acá Spinoza no dice lo mismo, lo que dice es que la Naturaleza es Dios.  

Por eso muchos sostenemos que Spinoza es el padre de los ateos. Pero bueno, antes de desarrollar la mayoría de estas concepciones es reprendido por los rabinos mientras que se lo obliga a que no trate de pensar en estas cosas, él se niega y finalmente se le hace lo que se llama un Hérem, se lo expulsa de la comunidad. El Hérem es uno de máxima, es decir, ninguna persona de la comunidad se puede acercar a unos metros de él ni puede hablar, por supuesto, con él, ya sean amigos o familiares.  

A partir de ahí Spinoza se va de Ámsterdam y empieza a desarrollar su sistema filosófico. Acá hay dos cuestiones a mi entender fundamentales, a partir de ahí se crea todo un mito con relación a Spinoza que era un ser aislado, no es así. Fue una persona que fue un militante, por eso le pongo este nombre al título, porque él militaba su filosofía que era una potencia a la vida, su concepción en relación con la democracia, estaba contra la monarquía. Era conocido del que fue en su momento Primer Ministro republicano en contra de la monarquía en Ámsterdam.  

Participó de muchas cuestiones, fundamentalmente después escribe un Tratado Teológico Político, que es una intervención política que hace en esa época sobre cuestiones en relación con la democracia, la monarquía y la multitud, que en términos actuales podríamos decir que es el colectivo social, y donde fundamenta una democracia radical. Una democracia donde todos tienen derecho sobre todas las cosas para poder decidir.  

En síntesis, es un crítico de dos elementos fundamentales. La pregunta que se hace Spinoza es por qué la gente apoya situaciones o posiciones políticas que los transforma en esclavos, creyéndose que pueden ser libres. De ahí se desprenden dos cuestiones que lo transforman en un crítico radical: el miedo y la esperanza.  

A través del miedo se domina a la gente y la esperanza, una esperanza pasiva y no una esperanza activa, no de esa esperanza que nos permite a todos nosotros poder generar una lucha, sino esa esperanza pasiva en la cual estamos esperando que alguien nos solucione los problemas, llámese Dios, llámese Hitler, quien sea. Un ser superior que creemos nos va a solucionar los problemas y no pensarnos a nosotros mismos dentro del colectivo social quienes podemos transformar, modificar y resolver los problemas.  

-¿Por qué estudiar en la actualidad un filósofo del siglo XVII? 

-Esto lo planteo en la Introducción, hay varias cuestiones. Una de las fundamentales va ligada a lo que tiene que ver con pensar una democracia radical. Lo que plantea Spinoza es que el colectivo social, el multitudo, se potencia, textual, no a partir de participar de derechos que da la sociedad, sino de participar en cómo generar la potencia de cada uno de los sujetos, es decir, un colectivo social es importante en la medida que sus miembros puedan potenciar sus posibilidades, lo que él llama las pasiones alegres, potenciar todo eso que nos lleve a la creatividad y no solamente es una cuestión en relación con los derechos. 

 

Hoy las sociedades actuales evidentemente tenemos muchos derechos, pero nos lleva permanentemente a una democracia donde lo que predomina es la impotencia. En este sentido es importante cómo pensar formas de organización democrática donde podamos lograr a nivel individual y colectivo esta generación de potencialidades. En especial, y yo tomo algunas cuestiones, hoy lo que encontramos son formas autoritarias, fascistas o neofascistas, que detrás de un supuesto pensamiento libertario, que nos deja a todos encerrados en nuestro propio narcisismo, nuestro propio individualismo, caemos en cuestiones que nos llevan a estar todos contra todos. Es un desafío que hoy tenemos en la sociedad actual no solo acá en Argentina sino en el mundo. 

-¿Por qué «filósofo marrano»? 

-«Marrano» en el sentido del pensamiento marrano, es un pensamiento organizado en el secreto, en lo no dicho, en un doble sentido o en frases que quieren decir lo contrario de lo que dicen. Es así que los textos de Spinoza están atravesados por todo esto, fundamentalmente la Ética, que es su texto fundamental, está atravesado por este doble sentido que lo hace dificultoso de leer, además que en esa época el paradigma de la escritura era el pensamiento geométrico, por lo tanto, el libro está organizado como si fuera una geometría donde hay cuestiones que se van armando en función de ciertas formulaciones geométricas.  

Todo esto lo hace difícil de leer y fundamentalmente hace que tenga necesariamente múltiples interpretaciones, además de que la vida de Spinoza está llena de secretos, de cuestiones que uno dice una cosa, otro dice otra. Antes de morirse, se quemaron las mayorías de sus cartas, dejaron algunas que es la correspondencia actual. Esto lo hace en forma de cuidado, teniendo en cuenta que en esa época tener este pensamiento no era gratuito, es decir, que tener este pensamiento lo podía llevar a uno a morir quemado en la hoguera. Pensar por fuera de la religión y ser considerado hereje llevaba a que a uno lo matarán. Todo esto no es un cuidado gratuito, sino que formaba parte de una cuestión de época. 

Marx y Freud, lectores de Spinoza 

-La segunda parte del libro está dedicada a las lecturas de Spinoza, en particular a la que hicieron Marx y Freud. ¿Qué nos podés comentar al respecto? 

-Hay varias cosas. Marx fue un lector de Spinoza, cuando era joven hacía resúmenes de las obras que leía y una de ellas es la obra de Spinoza. Lee el Tratado Teológico Político y la correspondencia de Spinoza y a partir de ahí hace un resumen que transcribe en papel, lo manda a que otros lo transcriban y armó un texto que llamó El tratado teológico político de Spinoza. Así se conoce, como si él hubiese sido el autor. Obviamente, este texto nunca se publicó, no se publicó en vida. Tampoco se publicó después, tampoco se publica cuando se hacen las Obras Completas en la época de Stalin, que corre ese texto y recién se publica en 1976.  

Es un texto que lo importante no es solo lo que está ahí escrito sino lo que sacó Marx de los textos de Spinoza. Así, digamos, Marx logra incorporar un pensamiento crítico, con Spinoza va tomando forma en Marx el pensamiento crítico, especialmente sobre las posiciones religiosas que en el siglo XIX todavía tenían una gran importancia. Creo que en este sentido la deuda de Marx hacia Spinoza es desarrollar, avanzar en este pensamiento crítico, que en caso de Marx  le da un desarrollo posterior con El Capital y otros textos.  

En Freud, hay conjunciones y tensiones con el pensamiento de Spinoza. Marx reconoce la influencia de Spinoza aunque no lo nombra, en cambio, Freud tenía temor de citar a filósofos como Spinoza o Nietzsche, para que no pensaran que el psicoanálisis era una filosofía, sino que el psicoanálisis formaba parte del pensamiento positivista de la medicina. En este sentido Freud dice que él es deudor del pensamiento de Spinoza.  

Hay varias cuestiones en esta relación, por ejemplo, la concepción que tiene Spinoza donde plantea que en la vida del ser humano existen pasiones alegres y pasiones tristes. Es decir, las pasiones tristes están determinadas por el odio, la depresión, etc. Mientras que las pasiones alegres son el amor, la solidaridad, etc. La forma de luchar contra las pasiones tristes es apoyarse y sostenerse a pensamientos ligados a las pasiones alegres. 

 Esto recuerda a las pulsiones de vida, al erotismo y las pulsiones de muerte, que están ligadas al odio y a todo lo destructivo y autodestructivo. Acá hay una dicotomía entre Freud y Spinoza que es en relación con la muerte, para Freud la muerte forma parte de la condición propia del ser humano y en la medida que el ser humano genere sus posibilidades de vida, su erotismo, en el sentido amplio de la palabra, va a permitir que la muerte se vaya desplazando paso a paso. La muerte forma parte de la interioridad del ser humano, venimos de la nada y volvemos a la nada, en el medio está la vida.  

En cambio, Spinoza no tenía este pensamiento, porque no incorpora la negatividad, él sostiene que la muerte es un accidente que viene del exterior, no es algo propio del ser humano sino algo propio de la exterioridad del sujeto que lo tiene que asumir, pero como algo exterior.  

Otro punto importante está ligado a la relación entre lo que yo llamo la corposubjetividad que es la ligazón entre lo psíquico, lo cultural y lo orgánico, o sea, hay una interrelación entre estas tres cosas. Spinoza habla de un paralelismo entre lo orgánico y lo psíquico, que él llama pensamiento, en realidad es el alma, cuando desaparece el cuerpo, desaparece el pensamiento, desaparece el alma.  

También plantea que los cuerpos afectan y son afectados dentro del colectivo social, este pensamiento que retomó de diferentes maneras Freud, es lo que hace que exista una relación entre lo psíquico, lo orgánico y la relación con lo social y cultural.  

Acá encontramos cuestiones, figuras importantes como para poder encontrar cierto hilo entre el pensamiento de Spinoza y Freud, y anteriormente Marx. Pero también encontramos cuestiones que se oponen, pensemos que Spinoza estaba muy lejos de pensar como Marx de la lucha de clases o como pensaba Freud el inconsciente, estaba muy lejos, no lo tenía. Por eso, se suele tomar a Spinoza para pensar ciertas cuestiones de Freud y Marx, también es importante pensar ciertas cuestiones de Spinoza de forma dialéctica desde lo que nos plantean Marx y Freud, cómo es la lucha de clases dentro del multitudo, dentro del colectivo social o el inconsciente dentro de la subjetividad de cada uno. 

-¿Querés agregar algo más? 

-Creo que es un pensador importante para poder desarrollar hoy, para poder pensar cómo combatir esta nueva forma de fascismo, para poder pensar cómo se ha vaciado la democracia en tanto ya no permite el desarrollo de nuestras potencias, sino todo lo contrario, más allá de nuestras cuestiones de derechos que son importantes en la medida en que podamos desarrollar nuestras potencias. Nos encontramos con un mundo dónde, por ejemplo, nuestro país tiene 50% de pobreza, aumento de depresión y suicidios, etc. Nos llevan a esta sensación de impotencia, cómo decía Spinoza, el predominio de las pasiones tristes.  

Tenemos que poder pensar una democracia desde «la alegría de lo necesario», como titulo mi primer libro sobre Spinoza y Freud. La alegría de lo necesario son esas potencias alegres que nos permiten conseguir lo necesario que todos necesitamos. (...)"                       (Entrevista a Enrique Carpintero,  Mario Hernandez  , Rebelión, 28/10/2022)

14/4/22

La Semana Santa es "una celebración festiva"... es una teatralización de la pasión [los sufrimientos] de Cristo, este es un elemento básico en Andalucía, donde la dramatización no se recrea en la parte de la salvación, sino en la pasión y muerte... se representa un agravio y eso favorece que la gente se pueda identificar con los protagonistas a partir del sentimiento de injusticia... en los barrios populares hay esa identificación con el perseguido, el que va a ser ajusticiado de forma injusta... La Semana Santa como cualquier fiesta viva, está sometida a procesos de control y de manipulación... vemos cómo Vox utiliza la Semana Santa como una forma de posicionarse socialmente y establecer diferencias nosotros-ellos... y es una experiencia colectiva. Puesto que es un drama en el que pueden participar grupos sociales, uno debe aprender a ser respetuosos, un gran laboratorio de antiindividualismo y supone un aprendizaje de la diversidad

 "No por casualidad la Semana Santa está situada en el inicio de la primavera, las primeras lunas llenas de la primavera", afirma el antropólogo David Florido, profesor de la Universidad de Sevilla. "Hay relaciones naturales-culturales que se pueden experimentar dentro de la Semana Santa: este sentido de la religiosidad más amplio, que no está encorsetado en el catolicismo también está presente", añade.

"Me gusta pensar en la experiencia religiosa en un sentido profundo y de muchas dimensiones, todas trascendentes, hay otras relaciones y experiencias de lo divino, entre las que se incluye la forma católica", analiza el profesor Florido. Público ha contactado con él para conocer una visión de la Semana Santa, una celebración poliédrica y masiva, como experiencia humana, desde el punto de vista de la antropología.

Para Florido la Semana Santa es "una celebración festiva". "En primer lugar es una teatralización de la pasión [los sufrimientos] de Cristo, este es un elemento básico en Andalucía, donde la dramatización no se recrea en la parte de la salvación, sino en la pasión y muerte. Esto tiene que ver con la figura del chivo expiatorio. Te puedes identificar con Cristo y con María, que son seres dolientes". Florido traduce esta idea a un lenguaje llano: "Es como si fuera una película en la que se representa un agravio y eso favorece que la gente se pueda identificar con los protagonistas a partir del sentimiento de injusticia".

Además, añade el profesor, "desde el punto de vista de la teología católica es irreverente que haya tanto énfasis en la pasión y no tanto en la salvación. Esto favorece otras lecturas: que en los barrios populares haya esa identificación con el perseguido, el que va a ser ajusticiado de forma injusta".

"El tipo de piedad –añade Florido–, de devoción religiosa, que se ha ido decantando con las procesiones y el culto a las imágenes, es lo que conocemos como religiosidad popular, basada en una iconodulía [veneración de imágenes]. La persona devota habla de tú a tú a la divinidad, le pide cosas y le promete cosas, humanizándola, en una relación imaginada de reciprocidad que expresa una deuda permanente".

"Son cuestiones –prosigue el profesor– relativas a carencias y necesidades cotidianas, donde la salud o la economía de los pucheros son el elemento principal. Otra vertiente de esta experiencia es la identificación, diría que totémica, que los fieles tienen respecto a las imágenes: estas representan al barrio, a determinado sector urbano o a la ciudad".

Control y manipulación

"Así se articulan identidades colectivas que se activan por doquier, incluso en un sentido de tensión simbólica entre imágenes, porque la más plena de divinidad, de gracia, es la propia y no la ajena. Muy importante el poder de las madres en la transmisión de estos vínculos. Se intentó controlar históricamente, especialmente después del II Concilio Vaticano y es la causa de una tensión latente entre iglesia y cofradías", afirma el profesor.

"La semana santa como cualquier fiesta viva está sometida a procesos de control y de manipulación, incluso. No solo la iglesia ha protagonizado estas dinámicas, sino el poder político también ha tenido ese afán por controlar. La relación con el poder civil y eclesiástico es difícil: es expresión de religiosidad popular, sensitiva, emotiva, no racional y esto genera un deseo de control. Hoy vemos cómo Vox utiliza la Semana Santa como una forma de posicionarse socialmente y establecer diferencias nosotros-ellos, eso está ahí", agrega Florido.

Añade Florido: "En el caso de Sevilla, la Semana Santa ha servido para articular a los diferentes grupos sociales en un escenario, que es la ciudad. La Semana Santa del siglo XX es de barrios, el barrio tiene mucha importancia: es una forma de restituir formas de solidaridad que chocan bastante con el individualismo de la cultura contemporánea: la Semana Santa es una experiencia colectiva. Puesto que es un drama en el que pueden participar grupos sociales, uno debe aprender a ser respetuosos, un gran laboratorio de antiindividualismo y supone un aprendizaje de la diversidad, por así decirlo".

"Se trata de sentir y vivir la experiencia de la ciudad como fenómeno masivo, darte cuenta de que no eres tan importante como te crees, hoy en día se incide mucho en el yo, aquí el yo se diluye un tanto en la masa. La forma en que uno ve la Semana Santa es una más entre otras, ahí hay un aprendizaje de respeto, de ver otras sensibilidades, es difícil encontrar en otras representaciones hoy en día".

Estética y alcohol

Analiza el antropólogo: "La música y todo lo que tiene que ver en el rito como estético es también un vehículo de experiencia trascendente, hay que entender lo religioso en un sentido menos convencional. La Semana Santa tiene toda esta vertiente de celebración festiva. Desde el punto de vista simbólico el alcohol es un enteógeno, una sustancia que ayuda a alterar la conciencia, esta palabra tiene la misma raíz de entusiasmo, de tener a la divinidad dentro. El alcohol favorece esa experiencia de plenitud y esto está presente en todas las religiones antiguas. El cristianismo primitivo lo dulcificó un tanto, con el vino, este es mi cuerpo y mi sangre".

"Esta forma –agrega– de comer y beber, lo que llamamos en antropología el comensalismo implica que se ajusta tu cuerpo y mente para vivir la celebración con los tuyos, esto ha formado parte de la Semana Santa sin que hablemos de un exceso o desmadre. En las últimas décadas, hay experiencias que se salen de estas tradiciones. Por ejemplo, el botellón. Y aparecen formas de represión y encauzamiento: el Ayuntamiento de Sevilla aplica solo un enfoque de orden público, preventivo-represivo, que se convierte en un exceso como los que quiere reprimir".

"Existe esa tensión histórica de la sociedad que quiere liberarse de lo cotidiano y usa la fiesta como una experiencia un tanto desbordante y esto preocupa al poder", remacha Florido."               (Raúl Bocanegra, Público, 13/04/22)

31/3/21

La Semana Santa, más que religión, es barrio, familia y recuerdo. Y diversión, por supuesto...

 "No es tan pura como parece, ni siquiera tan religiosa. Ni mucho menos tan solemne. La Semana Santa que aparece descrita en el ensayo El mito de la tierra de María Santísima. Religiosidad popular, espectáculo e identidad, de César Rina (Centro de Estudios Andaluces, 2021), asoma al lector a una celebración con vetas populares, heterodoxas y hasta rebeldes, que ha vivido en una histórica tensión con su interpretación más canónica y que es clave para explicar su éxito.

 Rina, que no se ciñe a Sevilla pero sí le presta especial atención, nos muestra una cara b de la celebración –a menudo ignorada por un relato dominante hecho de religión y turismo– que también tiene su historia y sus hitos. Y que también se ve interrumpida con la segunda suspensión consecutiva de las procesiones.

La autoridad política y religiosa, como muestra el trabajo de Rina, ha tratado siempre de poner bajo control y encauzar la Semana Santa, mimando a los valedores de su línea oficial, dándole visibilidad y recursos públicos. Incluso sin procesiones, como volverá a ocurrir este año, la complicidad del mundo oficial cofradiero sigue siendo objeto de deseo del poder político, que ahora ha compensado a las hermandades con ayudas públicas extraordinarias. “Los enemigos natos de la Semana Santa son el cardenal y el gobernador”, escribió Manuel Chaves Nogales en Ahora en 1935, defendiendo que la celebración en Sevilla no es "ni de los curas, ni de los gobernantes", por más que se empeñen.

El periodista reivindicaba que la Semana Santa, más que religión, es barrio, familia y recuerdo. Y diversión, por supuesto. "Donde se supone que tendría que haber ayuno y abstinencia, hay jolgorio y pecado. Y luego el Domingo de Resurrección, que se supone que debería ser un día de gozo, lo que hay es depresión porque se ha acabado la diversión", sonríe el antropólogo Ángel del Río, que resume con una anécdota lo que es también –y a menudo no se conoce, o no se comprende– la Semana Santa: "Estaba viendo la Macarena con un amigo mío ateo, de izquierda, que no pisa una iglesia, y de repente se pone a llorar. Yo estaba sorprendido. Y me lo explicó: 'Aquí lo que estoy viendo es a mi abuelo, a mi padre, a mi barrio, a mi gente'".

Perfiles similares a los de este ateo en lágrimas, o incluso capillitas convencionales, forman parte del público que ha convertido en un éxito la obra teatral Estrella sublime, una comedia cargada de gags y transgresiones que es un auténtico fenómeno popular en Sevilla. Ángel López, director de programación de la Sala Cero, donde se representa, ha comprobado cómo los mismos que se arroban ante una imagen pueden reírse con un chiste sobre la misma, sin contradicción. "No olvidemos que en Sevilla la Semana Santa es una fiesta de la primavera. Aquí apenas tenemos carnaval. El fenómeno tiene más de cultural que de religioso", señala López. Dice que en Semana Santa es inútil abrir un teatro en Sevilla, entre otras cosas porque el teatro está en la calle.

El antropólogo Isidoro Moreno, referente en el análisis intelectual de la Semana Santa, combate cualquier visión reduccionista y tópica sobre la celebración, que encuadra dentro del concepto de "hecho social total", acuñado por el etnólogo francés Marcel Mauss. En este tipo manifestaciones la estructura social expresa todas sus dimensiones: religiosa, moral, política, familiar, económica, artística... "Cada cual elige su forma de participar", afirma Moreno, para quien la clave está en los factores "identitario" y "emocional", vinculados a la memoria familiar y al propio barrio. Son significados que suelen quedar eclipsados por un relato sobre la Semana Santa que destaca su dimensión religiosa y económica. Rina pone el foco en otro punto: en su capacidad de creación de comunidad en un mundo cada vez más globalizado. Eso también es la Semana Santa. 

Tensiones y choques

Lo religioso contra lo profano. Lo popular contra lo elitista. Lo oficial contra lo subversivo. El autor de El mito de la tierra de María Santísima, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura, recorre todas las tensiones que han rodeado a esta celebración, que este 2021 volverá a sufrir una no-edición, debido a la suspensión de las procesiones. Pero ni siquiera eso suspende sus contradicciones. De un lado, el mundo cofrade funciona con ayudas públicas. No en vano, el Gobierno andaluz de PP y Ciudadanos y el Ayuntamiento de Sevilla del PSOE han aprobado ayudas específicas, de ámbito autonómico y local, por valor de 3 y casi 1 millón de euros, saliendo en apoyo de unas cofradías en horas bajas. 

Al mismo tiempo que se trata de un tejido asociativo y de una fiesta subvencionada, la Iglesia trata de reivindicar su carácter estrictamente católico. "Por mucho que la Iglesia reivindique que la Semana Santa es católica, se trata obviamente de una fiesta pública, como demuestra el que esté subvencionada con dinero público", señala Rina. Y no es algo nuevo, recalca. Las procesiones no hubieran renacido en el siglo XIX con la fuerza que lo hicieron sin las ayudas municipales, explica Rina.

Y hay otra tendencia histórica. La derecha política, la jerarquía de la Iglesia y las cúpulas cofradieras han tratado de encauzar la Semana Santa hacia la pureza y el oficialismo, mientras otros sectores reclamaban su espacio e independencia. Isidoro Moreno, catedrático de Antropología y cita ineludible al hablar de los significados profundos de la religiosidad popular, lamenta que hoy en día las cofradías apenas defiendan ese margen de independencia y sean "cada vez más sumisas" al dictado del Arzobispado.

Rina detecta un "dualismo" entre las directivas de las hermandades, "identificadas con las élites políticas conservadoras", y el conjunto de los hermanos, con "perfiles ideológicos más diversos". Detrás, siempre, la Iglesia, en el caso de Sevilla el Arzobispado, que mantiene la vigilancia para que las cofradías se ciñan lo más posible a pureza católica del rito. En Sevilla, el Consejo General de Hermandades y Cofradías, que depende de la autoridad eclesiástica y constituye uno de sus brazos de influencia, es la es clave para la preservación de las tradiciones y el carácter católico de la Semana Santa. Similar esquemas siguen otras ciudades andaluzas. 

Instrumentalización política

La historia de la instrumentalización de la Semana Santa por parte del poder tiene anclajes antiguos. Es elocuente la estrategia de los borbones de buscar legitimación popular en Sevilla vinculándose a su imagen más señera, la Macarena: fueron hermanos la reina María Cristina (1892) y Alfonso XIII (1904), entre otros. El ensayo se detiene en cómo la cúpula eclesial, las élites cofradieras y la derecha no sólo protagonizaron el boicot a las procesiones de los años 1932 y 1933, en un intento de socavar el apoyo popular a la República, sino que luego el franquismo logró fabricar con éxito el mito de que había sido el régimen tricolor el que las había prohibido. 

La Estrella, del arrabal obrero de Triana, fue la única que se atrevió a plantar cara al boicot, como explica Rina. Su salida no fue un camino de rosas. Un ladrillo rompió un ala de un ángel, fueron arrojados huevos con gasolina y un anarquista llegó a disparar contra la imagen de la Virgen, mediando la intervención de las fuerzas del orden para evitar su linchamiento. No obstante, el apoyo popular a la procesión se convirtió, explica Rina, en un "alegato ciudadano".

El mito de la tierra de María Santísima desmenuza además la apropiación y resignificación de la Semana Santa que hizo el franquismo, que pretendía superar su "noción festiva y espectacularizada", militarizando y fascistizando los rituales. Durante el régimen se siguieron produciendo tensiones entre las dimensiones oficial y popular de la Semana Santa. Tensiones con fondo político, por supuesto. ¿Un ejemplo? En 1941 salió por primera vez en procesión Jesús Despojado, cuya imagen era obra de Antonio Perera, un republicano del barrio de San Marcos, en pleno "Moscú sevillano", que la talló en la cárcel tomando como modelo la imagen de un compañero sentenciado a muerte. El obispado destituyó a la junta de gobierno de la hermandad.

Otro más. Millán Astray, en 1939, presidió como hermano mayor honorario el paso del Cristo de la Buena Muerte. En su honor sonó el Novio de la muerte al paso del crucificado por la Plaza de San Francisco, provocando el enojo del público sevillano, que quería silencio. La hermandad pidió que la banda de música de la Legión no volviera a salir con ella. Millán Astray no volvió a la Semana Santa de Sevilla, pero mantuvo su vinculación con el Cristo de la Buena Muerte, de Málaga, donde no había límites a la representación legionaria. Rina desvela la impostura de algunas supuestas tradiciones seculares. "Los legionarios empiezan a salir con la Buena Muerte en 1928, pero ya en 1930 en la prensa de Málaga se habla de una tradición eterna de la ciudad de Málaga", explica el autor. Los empujones entre políticos para lucirse en la Buena Muerte llegan hasta el presente. En 2018 hubo hasta cuatro ministros: Cospedal, Zoido, Catalá y Méndez de Vigo. Esa es la Semana Santa que sale en la foto. Pero no es la única.

Un conflicto histórico

La Semana Santa oficialista, purificada y conservadora contrasta en las páginas de Rina con otra popular, excéntrica, bohemia, en ocasiones canalla, que la mayoría desconoce. La historia ha ido enfrentando a los custodios del dogma con un pueblo en fiesta en toda su diversidad. El propio auge de las procesiones en el siglo XIX ya despertó la alerta de la jerarquía católica, que se resistió y trató de embridar una manifestación bulliciosa e imprevisible. El arzobispo de Sevilla llegó a prohibir cofradías alegando que entre sus miembros había inmorales y homosexuales.

En Semana Santa insólita (Almuzara, 2014), obra citada por Rina, los periodistas Eva Díaz Pérez y José María Rondón ya hicieron repaso a una celebración "subterránea, casi clandestina y ajena a la versión oficial", que demuestra que los caminos de la devoción son imprevisibles. El aviador republicano Ignacio Hidalgo de Cisneros anotó en Cambio de rumbo lo frecuentes que eran los altares de la Macarena o el Gran Poder en las casas de prostitución. John Haycraft, autor de Babel en España (1958), se refirió a las procesiones como "borracheras eucarísticas", desarrolladas en un entorno "sensual y báquico". "Báquico" por Baco, dios del vino. En 1973 la delegación episcopal de Málaga pidió la revisión de todas las piezas musicales, después de que el año anterior hubiera sonado en varios puntos Soy rebelde, de Jeanette. Y aquí un ejemplo extremo de desviación con respecto al dogma: en 1900 hubo hermanos de Monte-Sión que remitieron al arzobispo una carta alertando de "desmanes gravísimos" detectados tanto en la procesión como en el templo: una "sacrílega camarilla" de "crápulas" organizaba "orgías".

¿Qué se concluye, en conjunto? Que la celebración de la Semana Santa no es ni política, ni moral, ni culturalmente unívoca. Y que tiene tanto de fiesta como de rito.

Un "auténtico lobby"

Esta pluralidad interna no evita que la celebración tenga sus representantes oficiales, las hermandades y cofradías, que viven tiempos de dificultad. 2021 será el segundo año seguido sin procesiones. El problema impacta de forma llamativa en Andalucía, donde el mundo cofrade está reconocido por la Junta como el "cuerpo social más numeroso", con más de 300.000 hermanos.

Rina no duda en considerarlas "un auténtico lobby", con gran "capacidad de influencia". "Según lo que digan las hermandades se cortan calles, se quitan árboles, quioscos... Los centros de algunas principales ciudades se organizan en función de una semana, condicionando qué se pone en una calle según vaya a pasar o no una procesión", señala.

La revista Pasión en Sevilla contabilizó en el primer trimestre de 2017 un total de 545 cortes de vías, de los que el 43% eran por procesiones, el por 11% ensayos, el 10% por cruces de mayo, el 12% por vía crucis, el 7% por traslados de imágenes, el 5% por romerías y el 4% por otros cultos externos. Es –era– frecuentísimo ver a sevillanos cabreados por tener que dar un rodeo para llegar a tal o cual sitio. Más aún, si no les gustaba la Semana Santa. Porque huelga decir que en la "tierra de María Santísima" también hay a los que no les gustan las procesiones, aunque quizás ahora, dadas las circunstancias, también puedan echarlas un poco de menos."                  (Ángel Munárriz, Info Libre, 29/03/21)

22/4/10

Desiré Kouakou atiende cinco parroquias en Galicia y una ONG en Costa de Marfil



"Con todo, lo que aún no acaba de asimilar es la vivencia religiosa de sus parroquianos: "Aquí se nace católico y la religión es una costumbre más, mientras que en África es una opción personal, en dura competencia con otros credos: aquí hace falta más fe y menos costumbre". Para él, "la Iglesia es alegría, volcarse en los demás y no sólo rezar". "Entiendo que para los otros sacerdotes fue una sorpresa esta manera de entender la religión", cuenta.

Desiré está entregado a una comunidad rural que va a menos: sólo tres bautizos por veinte entierros en el 2009. Procura tener trato con todos. "Al tener que atender tantas parroquias, debo dar bastantes misas, y para mí es algo muy intenso, con lo que me vuelco, y eso me deja agotado". Le gusta hacerlas muy participativas, un acto de confraternidad, y hablar con sus feligreses, y eso requiere tiempo.

Con ese trato tan directo, les ha contagiado un poco de su alegría. Ahora, en el mes de junio, celebran una fiesta al estilo africano en el embalse del Xallas, con menú de pollo a la brasa y arroz con salsa de cacahuete. "Es un día de intercambio y optimismo", explica. En su opinión, así debe ser la vida religiosa, "porque la fraternidad y la alegría son un don de Dios".

Si se le pregunta, reconoce que la Iglesia "debe quitarse el polvo de 2.000 años de historia y descubrir su esencia". Sobre los casos de pederastia dice: "Me duelen, porque la Iglesia es mi familia". (El País, ed. Galicia, Galicia, 17/04/2010, p. 8)

12/1/10

A mis 94 años, creo que la religión es... alegría

"A mis 94 años he llegado a la conclusión de que todo tiene importancia y nada tiene importancia, porque la buena vida sólo consiste en saber aprovecharse tanto de las cosas buenas como de las malas. (...)

Sostengo que todo lo que has de creer, orar y practicar está contenido en el Padre Nuestro. Y me inspiro en los discípulos próximos a Jesús y en ese pequeño libro del siglo I, la Didajé, que se traduce por Enseñanza o Doctrina y que nos muestra que toda conducta positiva ha de basarse en la regla de oro: "No hagas a los demás lo que no quieras para ti". Igualmente, el Pastor de Hermás nos dijo en el siglo II que "todo el que está alegre obra bien y piensa bien".

La religión en la que creo no es cosa de tristes gruñones, sino apertura y ayuda mutua, que siempre repercutirá en un mundo mejor, sea cual sea nuestro pensamiento: por eso, con el tiempo, mi fe se ha vuelto más sencilla y más dependiente de lo interior y de una conducta abierta a los demás. Porque Dios, lejos de ser un amo exigente, es "poesía en la cual se cree". (Enrique Miret Magdalena: Porque Dios es poesía en la cual se cree. El País, ed. Galicia, opinión, 24/12/2009, p. 27)