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28/1/10

La justicia... o la seguridad

"Un tribunal británico deberá decidir en los próximos días si la compañía aérea British Airways tiene derecho a impedir que, dentro de sus aviones, un hombre adulto se siente al lado de un niño, niña o adolescente desconocido. La demanda, según publicó el Daily Mail esta semana, ha sido presentada por un hombre de 33 años, al que se obligó a cambiar de butaca, pese a sus protestas, con la advertencia de que el avión no despegaría hasta que acatara la orden. El pasajero estima que la decisión de la compañía aérea supone asumir la idea de que todo hombre es un posible abusador infantil.

Aunque la empresa no respondió a las preguntas del periodista británico, alegando que el caso está sometido a la justicia, parece evidente que deben haberse producido ya algunos incidentes concretos en los que un hombre adulto ha molestado a un menor sentado a su lado y que son estos sucesos los que han llevado a los responsables de seguridad de la línea aérea a poner en marcha una política tan radical. Los tribunales deberán decidir si la voluntad de garantizar que no se volverán a producir casos parecidos puede justificar "controlar" a toda la población masculina.

En el fondo, qué más le da al hombre sentarse en un lado o en otro del avión, si, a cambio, se garantiza que ningún pasajero infantil sufra daños físicos o psicológicos tan graves como los que provocan los abusos sexuales, aducen los defensores de esa medida. Pero para muchos otros, lo que los tribunales tienen que decidir no es cómo garantizar la seguridad de los niños, sino hasta qué punto se puede controlar a todo un colectivo o a toda una población en búsqueda de esa protección y tranquilidad." (SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ . La parábola del pasajero. El País, 24/01/2010, p. 21)

23/1/09

¿A qué deben ser leales los ciudadanos? A la patria, a la democracia...

"La enciclopedia de Filosofía de la Universidad de Stanford explica que la lealtad es considerada una virtud, "aunque una muy problemática". (...)

Hannah Arendt (filósofa, judía alemana, refugiada en Estados Unidos) respondió una vez a esa pregunta: yo debo mi lealtad a la República de Estados Unidos, es decir, a la forma de gobierno, a lo que los Padres Fundadores de la república establecieron como principios democráticos y morales de su organización política, no al país.

Y, por supuesto, también a las personas "entre las cuales hoy, siendo éste un momento decisivo, me siento bien".

Si Estados Unidos se comportara como una potencia imperialista, creía ella, la república de Estados Unidos no sobreviviría a ese desarrollo (el país desde luego que sí) y no habría por qué prestarle lealtad. Si los medios de comunicación renunciaran a la búsqueda de la verdad y al respeto de los principios profesionales sobre los que se desarrollaron, no sobrevivirían como medios de comunicación (quizá sí como negocios) y no habría por qué prestarles lealtad alguna.

Si los actuales ciudadanos de Estados Unidos se hubieran hecho esa pregunta, quizá no hubieran aceptado el brutal ataque a la república que supuso el segundo mandato de George W. Bush.

Si los actuales ciudadanos de Israel se hicieran esa misma pregunta, quizá fueran capaces de parar el brutal ataque de su Gobierno y su ejército contra los habitantes de Gaza... y contra los principios de la república que fundó Israel." (SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ: Una virtud problemática. El País, Domingo, 18/01/2009, p. 13)

19/5/08

La seguridad flexible. De siempre

“(Flexiguridad significa, entre otras cosas, permitir la máxima flexibilidad empresarial, es decir, lisa y llanamente, el despido libre, sin coste para el empleador, pero asegurando que en los periodos entre empleo y empleo el Estado se hace cargo del ciudadano, con programas sociales potentes y con planes de formación que habiliten permanentemente para nuevas tareas. Son una especie de "puertas giratorias" a lo pobre (nada que ver con la de David Tanguas, o de los altos funcionarios que combinan lo público y lo privado). En este caso, el giro es: ahora trabajas, ahora no, en cambios continuos y muy rápidos. La idea es que el Estado no te ayuda a permanecer en el puesto de trabajo sino a permanecer en el mercado laboral, dicen los expertos.

En Dinamarca, con un Estado social muy fuerte, es ya un éxito, pero ahora son todos los empresarios de toda Europa quienes reclaman el modelo. ¿Qué pasará en Estados donde, al mismo tiempo, se disminuye la presión fiscal?” (SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ: Italianos y vascos. El País, ed. Galicia, España, 16/05/2008, p. 20)