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27/12/25

Mañana es Nochebuena. El día de Nochebuena es siempre aquel día de Nochebuena de la infancia... Nos embargaba una extraña ansiedad y la miseria retrocedía como un ejército en desbandada; no es que hubiera menos miseria (o sí, durante aquella época disfrutábamos de muchos productos que desaparecían durante el resto del año), pero de alguna manera se revestía de unos ropajes y una fragancia que la hacían enormemente más llevadera (Juan Abreu)

 "Martes, 23 de diciembre de 2025

Mañana es Nochebuena. El día de Nochebuena es siempre aquel día de Nochebuena de la infancia. Este día:

Aquello era la alegría. Eso que después uno se ha pasado la vida buscando con palabras estaba ahí, de forma natural, impregnándolo todo como si fuera el alma misma de la materia con que está hecho el mundo. Se anunciaba como una brisa dulzona, desde semanas antes. En el ambiente general, en la actitud de la gente, en las risas y en las miradas. Y en el tono de la voz de los locutores de la radio, y en las canciones y en los adornos que resplandecían en las tiendas del centro de la ciudad.

Nos embargaba una extraña ansiedad y la miseria retrocedía como un ejército en desbandada; no es que hubiera menos miseria (o sí, durante aquella época disfrutábamos de muchos productos que desaparecían durante el resto del año), pero de alguna manera se revestía de unos ropajes y una fragancia que la hacían enormemente más llevadera.

Cuando al fin arribaba el día esperado, la actividad comenzaba bien temprano; yo y mis hermanos dábamos carreras de un lado a otro por encargo de mi madre: al puesto de Higinio a comprar lechugas o rábanos, o a casa de una vecina para que nos prestara una fuente. Al atardecer, nos bañábamos y acicalábamos con nuestra mejor ropa. Bien embetunados y cepillados los zapatos para disimular los desgastes. Las camisas de guinga bien planchadas y almidonadas, los pantalones con la raya impecable. Las medias sin agujeros o con los agujeros bien remendados. ¡Restriéguense bien los codos y las rodillas! Ordenaba mi madre asomando la cabeza por encima de la puerta del baño. Para terminar Mima nos entalcaba, peinaba y nos ponía un poco de agua de colonia en el pelo.

Cuando la temperatura se hacía más agradable, a las cinco o las seis, despejábamos el patio e instalábamos dos mesas unidas (la nuestra y la de algún vecino), poníamos los manteles de hule, organizábamos las sillas, los platos y metíamos las botellas de cerveza y refrescos en un tanque de metal con hielo. La llegada de mi padre constituía el gran acontecimiento. Venía cargado de turrones españoles (jijona, alicante, yema) manzanas de California, peras y melocotones enlatados, membrillo, queso blanco, botellas de vino y sidra El Gaitero, pan fresco, palitroques, dátiles, nueces, avellanas y otro montón de maravillas. Lo recibíamos a grito pelado, saltando y alborotando y nos peleábamos por ayudar a cargar los tesoros que transportaba. El reía y se le iluminaban los ojos y se hacía el enfadado: Pero que chillería es esa… vamos, vamos… Cuidado, cuidado que van a romper alguna cosa…

Mi madre reinaba en la cocina y de ella emanaban suntuosos aromas. Crujían los ajos, susurraban las cebollas, supuraban los tomates, rechinaban las patatas. Tenía que echarnos constantemente pues nuestras incursiones para robar alguna golosina, trozos de cualquier cosa que se pudiera tragar, no cesaban un instante. Todo era risa y goce caracoleante.

Un poquito de vino por aquí, una cerveza por allá, un sorbo de sidra acullá y los rostros de los mayores se acaloraban y adquirían un suculento tono atomatado. Venían las tías, los tíos y los primos, la abuela María Blanco. Los vecinos desfilaban por casa a brindar por tiempos mejores. En la radio sonaba el Benny, Blanca Rosa Gil, Vicentino Valdés, el Trío Matamoros, Barbarito Diez, María Teresa Vera, Tito Gómez, voy por la vereda tropical… y por supuesto Panchito Riset, el preferido de mi madre. ¿Qué atmósfera mágica se instalaba en nuestra miseria? ¿Qué nobleza descendía del cielo? ¿Qué sensación de dicha única encontraba refugio en nuestros corazones? Sé que en ningún otro momento de mi vida he sido más feliz, en ningún otro momento mi vida ha tenido más sentido. O mejor, no ha necesitado sentido alguno. Mi existencia no requería justificación. Yo era.

Ya alta la noche, estallaban bengalas, cohetes. La pandilla hacía explotar petardos y bombitas frente a la casa. ¡Cuidado muchachos que se van a sacar un ojo! ¡Qué niños estos virgen santísima! Gritaba mi madre. Del cielo del barrio descendía un fulgor que todo lo contaminaba, como si un dios benévolo vertiera sobre nuestras cabezas el polvo de un millón de estrellas.

Recuerdo, sobre todas las demás, una Nochebuena en la que mi padre y mi madre bailaron. Ninguna mujer sobre la tierra ha sido ni será más bella. Ningún hombre sobre la tierra ha sido jamás más elegante, más apuesto y grácil. Flotaban en la música ajenos al desconsolado futuro y a la muerte en tierras lejanas.

Nosotros, sentados en el suelo, silenciosos, sin atrevernos a mover un músculo para no romper el hechizo, los contemplábamos arrobados." 

(Juan Abreu, blog, 23/12/25)

4/5/22

Los determinantes políticos de la felicidad

 "Las Naciones Unidas acaban de publicar un informe que cada año produce su Grupo de Trabajo sobre Desarrollo Sostenible (United Nations Sustainable Development Solutions Network) que  ha catalogado a la gran mayoría de países de las Naciones Unidas según su Nivel de Felicidad. 

La edición de este año es la 10ª y su intento ha sido hacer una valoración de 148 países de tal organización por nivel de felicidad. Su intento de definir la felicidad se basa en la propia evaluación de la persona entrevistada, de su situación en la vida actual, así como sus respuestas a situaciones concretas de distinto contenido emotivo que puedan configurar tal medida de felicidad. Los investigadores son científicos sociales de disciplinas variadas que incluyen  primordialmente psicólogos, sociólogos y economistas. Y gran parte de la información ha sido recogida por Gallup World Poll.

LAS ENORMES LIMITACIONES DE UTILIZAR INDICADORES ECONÓMICOS PARA DEFINIR El DESARROLLO HUMANO

El objetivo de este tipo de análisis es presentar una alternativa a la manera más común de analizar el grado de desarrollo de un país centrándose en indicadores económicos, como por ejemplo su nivel de riqueza, medida por su Producto Interno Bruto, qué es el valor monetario de todos los bienes y servicios finales producidos en un país en un determinado tiempo. Si el objetivo del desarrollo sostenible es alcanzar el mayor nivel posible de calidad de vida, bienestar y felicidad de las poblaciones actuales y venideras, entonces hay que admitir que la evidencia muestra que muchos de los mayores indicadores económicos que se utilizan hoy para medir el desarrollo son insuficientes, cuando no erróneos. Por ejemplo, ninguno de los países más ricos del mundo, con mayor Producto Interno Bruto (el indicador más frecuente para medir riqueza económica), como son los Estados Unidos no.1 , China no. 2, India no 7, y Rusia no.13, están entre los países más felices del mundo. Antes al contrario, todos ellos están, según este informe, en niveles bajos y la mayoría, muy bajos en este ranking de  felicidad:  Estados Unidos no.16, China no.72, Rusia no. 80 y la India no.136.

Estos países de elevada riqueza tienen modelos económicos distintos e incluso opuestos (ej. EEUU y China), pero todos ellos tienen enormes desigualdades sociales con enorme concentración de las riquezas, generando impactos negativos en el bienestar, calidad de vida y felicidad de la mayoría de sus poblaciones. Y esto sucede, en gran parte, como consecuencia de la excesiva influencia que los super-ricos (billonarios) tienen sobre sus gobiernos. En la lista del número de billonarios (empresarios, gestores, y accionistas de grandes empresas) por país, EEUU es no.1. China es no.2. India es no.3 y Rusia es no.5.

Ejemplos de cómo el poder económico se transforma en poder político de forma perjudicial para la felicidad de la mayoría de la población, son múltiples. Y ello ocurre en países de sistemas económicos distintos e incluso opuestos. En EEUU por ejemplo (el país más rico del mundo y uno de los más desiguales), los poderosos empresarios y dueños de la industria del carbón de aquel país hicieron fracasar la altamente popular propuesta energética del Gobierno Federal (que hubiera aumentado el bienestar, calidad de vida y felicidad de la mayoría de la población), esto debido al voto negativo en el Senado Estadounidense del Senador Manchin, miembro del mismo Partido Demócrata que está gobernando el país. Tal Senador está financiado por tales grupos empresariales de la industria del carbón, lo cual es legal en un sistema político considerado como Estado Liberal Demócrata, en donde la mayoría del sistema electoral está financiado privadamente. En el polo opuesto, en China (también uno de los países con mayores desigualdades), el propio Presidente, el señor Xi Jinping Jen, ha indicado en plena campaña electoral (pues se presenta para reelección de Secretario General del Partido Comunista Chino, el partido gobernante por definición), que por el bien del país, hay que controlar más a los oligarcas (término utilizado en China para definir a los billonarios), temeroso a que tengan excesiva influencia sobre el Estado Chino (que él ha estado presidiendo por muchos años), definido como Estado Popular.

Tampoco es una condición de felicidad el ser muy poderoso y tener gran poderío militar. De nuevo, ninguno de los países que tienen mayor gasto militar está entre los más felices. Antes al contrario, ninguno entre los cuatro países más armados del mundo, Estados Unidos no.1, China no.2, India no.3 y Rusia no.4 (que sumando su gasto militar representan más del 60 % del gasto militar mundial), están entre los países más felices. La mayoría de sus poblaciones dista mucho de ser feliz. En realidad, en muchos de estos países el elevado gasto militar se ha alcanzado a costa de un descenso del gasto público social. Por cierto, el país con menor nivel de felicidad es Afganistán no.146 (el país que ha estado en guerra por más tiempo).

¿CUÁLES SON LOS MÁS FELICES? ¿HAY ALGO EN COMÚN ENTRE ELLOS?

Según el informe, los 10 países más felices del mundo son: Finlandia no.1, Dinamarca no. 2, Islandia no.3, Suiza no.4, Holanda no.5, Luxemburgo no.6, Suecia no.7, Noruega no.8, Israel no.9 y Nueva Zelanda no.10. España por cierto es el no.29, por encima de Italia no.30. Es interesante señalar que tampoco hay una relación entre nivel de felicidad y PIB per cápita. Entre los 10 más felices, siete de ellos (Finlandia, Dinamarca, Islandia, Holanda, Suecia, Israel y Nueva Zelanda, no están entre los doce países con mayor PIB per cápita. Finlandia es el país más feliz del mundo, y en cambio es el no. 25 en la lista de países catalogados por su PIB per cápita. Nueva Zelanda es el no. 10 entre los más felices y solo el no.31 en cuanto al PIB per cápita. Por otro lado, Singapur, el no. 3 en la lista de PIB per cápita, es el no. 27 en cuanto a felicidad. Debería ser obvio que el indicador de PIB per cápita tiene también muy escaso valor, pues asume que la riqueza está igualmente distribuida entre los ciudadanos, lo cual nunca es cierto. Y de ahí que su valor para analizar el grado de bienestar y felicidad sea muy limitado, pues no define ni documenta un tema clave para determinar ambos indicadores, que es precisamente la distribución de la riqueza, así como de los bienes y servicios. Y ello queda claro cuando analizamos las características de algunos de los países catalogados como más felices.

En este sentido es importante destacar que los cinco países nórdicos escandinavos, Finlandia, Dinamarca, Suecia, Noruega e Islandia, que están todos ellos entre los más felices, tienen características comunes que sorprendentemente el informe no detalla. Todos ellos han estado gobernados (por periodos largos después de la II Guerra Mundial) por coaliciones de partidos progresistas de izquierda que históricamente han priorizado las políticas redistributivas,  estando entre los países con menos desigualdades de renta y menos concentración de la riqueza, con menos desigualdades también por clase social y por género, con programas universales de derecho de acceso a la  asistencia sanitaria, a la educación y a los servicios  de ayuda a las familias, denominado este último como el Cuarto Pilar del Bienestar (el primero es el Derecho de Acceso a la Sanidad; el  segundo, a la Educación; el tercero, a la Jubilación; y el cuarto, a los Servicios de Atención Familiar, como son las escuelas de infancia y los servicios de atención a las personas dependientes). Es sorprendente la escasa atención del informe a estos servicios esenciales y transferencias del Estado de Bienestar, que juegan un papel clave en determinar la calidad de vida y el bienestar de la mayoría de la población. Y por cierto, estos países tienen relativamente bajo gasto militar. Su gasto militar es 1.22% del PIB en Suecia, 1.49% en Dinamarca y 1.53 % en Finlandia (mucho más bajos que el 2.88% en India, el 3.74% en EEUU y el 4.26 % en Rusia).

Ni que decir tiene que tales países escandinavos tienen problemas graves y algunos de ellos están diluyendo su vocación transformadora. Pero ello no desmerece la importancia de los datos que muestran que aquellas formaciones políticas que históricamente han llevado a cabo políticas redistributivas, basadas en principios de solidaridad  y equidad, hayan alcanzado niveles de bienestar y felicidad más acentuados que aquellos países gobernados (durante la mayor parte del periodo post II Guerra Mundial) por formaciones liberales y conservadoras poco redistribuidoras de la riqueza y del bienestar, y que priorizan la acumulación individual de bienes y servicios sobre la universalización de los derechos y el bien común. Y lo que es  también interesante es que, como ha tenido que reconocer incluso el Vaticano del neoliberalismo -Davos, están entre los países de mayor eficiencia económica.

ÚLTIMA OBSERVACIÓN. LO QUE EL INFORME NO CITA.

Como he indicado en el artículo, el enorme dominio del pensamiento neoliberal en las llamadas ciencias económicas explica la sobreutilización de indicadores económicos sesgados en los trabajos de evaluación del Desarrollo Sostenible, llevados a cabo por agencias e instituciones internacionales, que van desde el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial a muchas agencias de las Naciones Unidas. De ahí que sea muy positivo desarrollar indicadores distintos, como hace este informe, que valoren más directamente la felicidad de la mayoría de las poblaciones, que por cierto, en cualquier país son las clases populares.

Ahora bien, también es importante que tales informes vayan más allá que la mera descripción del fenómeno y que traten de analizarlo para cambiarlo. Y ahí es donde el informe que he analizado tiene vacíos importantes. Y uno de ellos, es el silencio sobre la importancia del contexto político para configurar la naturaleza del Desarrollo Sostenible y sus objetivos. Entre las variables que hay que analizar  para explicar el nivel de felicidad de un país, hay que incluir las variables políticas, estudiando las políticas públicas de las formaciones políticas existentes en cada país, sean del color que sean. Y de ahí que pueda analizarse si hay alguna que mejoren más que otras su nivel de felicidad. Y es ahí donde radica el silencio sistemático en estos informes internacionales sobre este punto, pues la evidencia muestra claramente que algunas políticas públicas (por ejemplo, las redistributivas) características de opciones políticas progresistas, crean mayor seguridad, bienestar y felicidad que otras. Y esto es lo que incomoda a algunos gobiernos enormemente poderosos en estas agencias e instituciones internacionales.

Hay otros temas también en el informe que merecen mayor explicación, como el elevado nivel de felicidad de países como Arabia Saudita, bien conocidos por su explotación de clase y genero entre la mayoría de la población, así como la importancia que el informe atribuye a factores genéticos como determinantes de felicidad para algunas poblaciones. No creo que haya sido la intención de los autores, pero esta última consideración puede generar interpretaciones de determinismo racial, que sorprenden aún más si hacen parte de un informe de las Naciones Unidas. Por lo demás y a pesar de sus vacíos e imprecisiones, el informe es un paso importante en la búsqueda de alternativas a la sabiduría convencional neoliberal que domina los estudios sobre el Desarrollo Sostenible."               ( Vicenç Navarro , Público, 04/05/22) 

4/10/21

¿Qué condiciones consideran las personas de diferentes edades, etnias, orígenes y circunstancias socioeconómicas que son necesarias para una "buena vida" en el lugar donde viven?

 "¿Tendría la misma percepción de una buena vida alguien que vive en un pequeño pueblo de mercado en un parque nacional que alguien que vive en un pueblo de gran afluencia o en una ciudad postindustrial? 

Esta fue la pregunta que nos planteamos en nuestro estudio "Condiciones necesarias para la buena vida", es decir, qué consideran las personas de diferentes edades, etnias, orígenes y circunstancias socioeconómicas que son necesarias para una "buena vida" en el lugar donde viven. Queríamos ver en qué aspectos pueden divergir las visiones de una buena vida, pero también dónde puede haber elementos de consenso, y ver el potencial de esto para asegurar "una buena vida" que sea socialmente justa.

 La realidad es que una "buena vida" tiene menos que ver con la necesidad de posesiones materiales y aspiraciones a tener más que con sentirse parte del lugar donde se vive y de su comunidad. También se trata de tener lo suficiente, ya sea trabajo, vivienda digna, espacios verdes o perspectivas para las generaciones futuras. "Siempre he pensado, ya sabes, que [una buena vida es] sobre la familia, sobre el lugar donde vivo y cosas así. Sólo pequeñas cosas".

Las tres localidades elegidas fueron Stoke-on-Trent, Woking y Hay-on-Wye. Stoke-on-Trent se considera una ciudad postindustrial con zonas desfavorecidas, pero con un rico patrimonio cultural; Hay-on-Wye es conocida por ser una pequeña ciudad de mercado en la frontera entre Gales e Inglaterra con una fuerte historia local, pero también es conocida como un destino para las personas que desean encontrar la buena vida; y Woking se considera una ciudad de cercanías acomodada, que también tiene zonas de desventaja social.

Dedicamos tiempo a conocer estos lugares y a las personas que viven en ellos, pidiéndoles que nos hablaran de su vida cotidiana, incluyendo dónde trabajan o estudian, cómo se desplazan, el entorno local, el tiempo de ocio y las formas de consumo, y les pedimos que reflexionaran sobre el lugar donde viven, lo que les gusta de él y lo que cambiarían. La última pregunta que hicimos fue "¿qué es para ti una buena vida?".

Nuestro planteamiento fue siempre situar a las personas y sus relatos en el centro de nuestra investigación, y compartir nuestro trabajo con ellas, por lo que concluimos nuestro estudio de cada lugar organizando talleres en los que invitamos a los habitantes locales a escuchar un resumen de nuestras conclusiones y a comentar cómo se relacionan con sus propias experiencias. También les pedimos que consideraran cómo podrían utilizarse estas conclusiones y su propio conocimiento del lugar en el que viven para configurar positivamente el futuro de su ciudad. Se elaboró un informe de cada uno de los talleres y se difundió ampliamente.

Existen claras diferencias en cada una de estas localidades que, por supuesto, tienen su propio contexto histórico, su entorno geográfico, sus capacidades económicas y su medio social. El alto coste de la vida y de la vivienda en Woking era una preocupación para todos los residentes; el desempleo era un problema importante en Stoke, especialmente para los jóvenes, y el transporte público dentro y fuera de Hay-on-Wye se consideraba caro y deficiente. Sin embargo, también hay ideas compartidas sobre lo que significa vivir bien, que resultan prometedoras a la hora de considerar cómo pueden alcanzarse las visiones inclusivas de una buena vida.

 1. Identidad y pertenencia: "Estoy orgulloso de ser de..."

Desde el patrimonio industrial de las alfarerías de Stoke on Trent ("somos los alfareros"), hasta la mezcla ecléctica de los residentes de Hay ("hay una gran variedad de personas que viven aquí"), y la vitalidad de Woking ("la ciudad ha sido rejuvenecida"), los habitantes de la zona estaban dispuestos a compartir las cosas buenas del lugar donde viven y su fuerte sentido de identidad local. Estos aspectos positivos compartidos de un lugar eran importantes para los residentes, no sólo para crear sentimientos mutuos de apego al lugar, sino también para defender la reputación de sus ciudades frente a los "forasteros" que pudieran verla de otra manera. El reto consiste en mantener el sentimiento de identidad compartida cuando los lugares sufren cambios constantes. En Stoke-on-Trent y Woking, la regeneración en curso está cambiando tanto el aspecto como la sensación de los centros de las ciudades y las zonas urbanas circundantes. Los residentes de Woking no estaban seguros de la futura identidad de su ciudad, de cómo cambiaría, de quién se beneficiaría de esos cambios e incluso de para quién son realmente.

Nuestra estancia en Stoke-on-Trent coincidió con la votación del Brexit, y Stoke se convirtió en el centro del interés negativo de los medios de comunicación, llegando a ser llamada "La capital británica del Brexit" (Domokos 2018). Sin embargo, al hacerlo, los medios de comunicación no tuvieron en cuenta cómo las representaciones perjudiciales en realidad reforzaron la identidad local: "lo llamamos un agujero de mierda, pero nadie más puede hacerlo". Los residentes de Hay-on-Wye han tenido que adaptarse de ser una ciudad de mercado con un fuerte patrimonio y economía agrícola a ser también una atracción turística que acoge festivales regulares. La afluencia regular de turistas fue un reto para los residentes locales de larga data, cuyo modo de vida depende de los visitantes estacionales y transitorios para vivir, pero también se ve perturbado por ellos.

2. Comunidad

Nuestros participantes compartieron numerosos relatos y definiciones de "comunidad". Desde la importancia de los grupos comunitarios establecidos con lugares de reunión, hasta el concepto más amplio de "espíritu comunitario", la gente habló de cómo sus propias comunidades tienen un valor incalculable para apoyarse mutuamente, unir a la gente, colmar las lagunas en los servicios y proporcionar fuentes de conocimiento histórico y local. El apoyo y el mantenimiento de las comunidades locales se consideró un componente esencial de una buena vida, y los residentes de cada lugar señalaron la pérdida de espacios de reunión accesibles debido a los recortes de austeridad, que afectaron especialmente a los jóvenes.

Sin embargo, también se reconocieron divisiones en las comunidades de los tres lugares: en Hay-on-Wye los residentes eran conscientes de las narrativas que circulaban sobre la posible disensión entre los residentes de larga data y los recién llegados. En varias de nuestras conversaciones en Hay se mencionó a los "recién llegados" y a los "autóctonos", aunque la definición de lo que constituye un residente local de larga duración era imprecisa: "Alguien dijo en Facebook que se trata de si tienes seis generaciones en el cementerio".

Asimismo, en Woking se comentó si los recién llegados a la ciudad se convertirían en residentes activos o utilizarían la ciudad como base para una vida en la cercana Londres. En Stoke-on-Trent las líneas de disensión eran más políticas que sociales a la luz del voto del Brexit y los cambios en las lealtades políticas. En los tres sitios, sin embargo, también se expresaron preocupaciones por los individuos, comunidades y grupos de personas marginados, y cómo podrían ser más visibles al hacer planes dentro de la comunidad.

3. Espacios verdes

Las comunidades no sólo necesitan habitaciones o edificios designados para prosperar, también se identificaron espacios verdes accesibles y agradables como un componente importante de una "buena vida". Para los residentes de Hay, la facilidad de acceso a las colinas, los ríos y las zonas naturales no se daba por sentada, sino que era la principal razón por la que la gente volvía a vivir allí desde otros lugares "Bueno, no podía imaginarme vivir en ningún sitio que fuera llano. Hay muchas colinas y montañas por aquí y eso es lo que se siente como un hogar"; los residentes de Woking valoraban igualmente el canal, y los parques, y su proximidad al campo ("Es esta ciudad que aparece al final de un arco verde"), al igual que los que viven en Stoke-on-Trent ("Es fantástico, estamos a diez minutos del campo"). En los tres lugares, los residentes coinciden en la necesidad de conservar estos espacios en el lugar donde viven y en sus alrededores, y reconocen las posibilidades que ofrecen para el futuro de sus ciudades ("Tengo una visión de Stoke, será una ciudad verde porque tenemos muchos espacios verdes").

 4. Buen trabajo, buenos hogares

"El empleo es la principal preocupación, porque [los jóvenes] no pueden acumular nada para los ahorros, para una casa o cualquier otra cosa, ya sabes, conseguir un depósito y todo eso. No pueden planificar el futuro".

Mientras que los aspectos sociales y medioambientales del lugar donde se vive se identificaron como componentes importantes para vivir bien, las preocupaciones económicas apuntalaron las posibilidades de una buena vida. Disfrutar de los espacios verdes y de un fuerte sentido de la comunidad era claramente valioso para la población local, pero también necesitaban la seguridad de saber que había empleos y carreras disponibles, y que la vivienda y los hogares eran accesibles y asequibles.

En Hay-on-Wye y Woking los precios de la vivienda se inflaron más allá del alcance de muchos habitantes locales, por el turismo en Hay y por la accesibilidad a Londres en Woking. Mientras que el coste de la vivienda en Stoke-on-Trent era más bajo, el alto nivel de empleo, las limitadas perspectivas de trabajo y los bajos sueldos hacían que muchos no pudieran comprar sus propias casas o les impedían poder trasladarse incluso a una corta distancia fuera de la ciudad, donde los precios de la vivienda eran mucho más altos "Si piensas en las propiedades de Londres, cómo han subido de precio, ya sabes, no se ha extendido realmente a nosotros. Seguimos siendo, no sé, una mancha en el paisaje, ¿no?".

Los jóvenes se sienten más afectados por la incertidumbre de las perspectivas laborales y profesionales y por la imposibilidad de acceder a la vivienda. En Hay-on-Wye y Stoke-on-Trent existía una preocupación real de que los jóvenes no sólo perdían empleo, sino también oportunidades para desarrollar sus carreras: "hay muchos jóvenes aquí [Hay-on-Wye] con trabajos sin futuro que podrían estar haciendo algo. [Deberían tener carreras y ser capaces de ganar y tener un trabajo que les guste, en lugar de limitarse a vivir al margen de sus trabajos". Aunque la regeneración y los cambios que se están produciendo en Woking deberían ofrecer más perspectivas para que los jóvenes consigan trabajos locales, existía una preocupación real de que éstos sólo fueran en el sector minorista o de la hostelería, e incluso estas perspectivas estaban en duda debido a la pandemia.

Conclusión: mirar atrás y avanzar

Los recuerdos de cómo eran las cosas en el pasado y las experiencias de vivir en el presente se unieron para influir en las ideas sobre las perspectivas de futuro en cada uno de los tres lugares que visitamos, desde la nostalgia por cómo eran las cosas antes, hasta la aceptación de la necesidad de cambio para avanzar. Lo más destacable es que se reconocía que los retos de la vida cotidiana también ofrecen oportunidades de cambio y mejora. Nuestro trabajo en Stoke tuvo lugar antes de la pandemia, pero la ciudad se enfrentaba a sus propios retos en cuanto a su reputación, ya que su población votó por el Brexit, y la incertidumbre sobre su futuro. Sin embargo, los relatos de los participantes hablaban de aspiraciones para el futuro, de encontrar formas de avanzar que se basaban en su herencia cultural y en su fuerte identidad como "Stokies". En Woking y Hay-on-Wye, la pandemia ofreció una oportunidad para revalorizar lo que es más importante para la gente. Muchos de nuestros participantes expresaron su esperanza de que las relaciones recién formadas, las redes de apoyo de la comunidad y las prácticas de permanecer simplemente "locales" para las compras y las actividades de ocio continuaran. Al apreciar lo bueno del lugar en el que viven, aprender de lo que funciona bien y, lo que es más importante, ser conscientes de las personas de la comunidad que necesitan apoyo, había aspiraciones de que el futuro fuera más brillante en sus ciudades a medida que la propia pandemia se desvanece en el recuerdo.

La respuesta a la pregunta de qué constituye una buena vida se ha presentado a menudo en términos de las aspiraciones de un individuo a vivir bien, a adquirir más, a proporcionar alimento y refugio para sí mismo y para sus familias, y a participar efectivamente en la vida de la sociedad. Sin embargo, como hemos comprobado en nuestros propios lugares, este enfoque deja de lado las realidades y los retos más amplios de la vida cotidiana, en la que las circunstancias materiales y el contexto determinan las posibilidades de vivir bien."        
         

(Susan Venn es investigadora del CUSP en el Departamento de Sociología y el CES de la Universidad de Surrey, Kate Burningham es profesora de sociología en la Universidad de Surrey, Tim Jackson es el Director del CUSP, Brave New Europe, 25/08/21; Cross-posted from CUSP ; traducción: DEEPL)

21/7/21

Hay una alegría que nos falta... “El contagio emocional se da cuando literalmente los demás nos propagan sus emociones”... cuando las medidas de confinamiento y distanciamiento social se volvieron la norma, este tipo de momentos fueron disminuyendo cada vez más... muchos de nosotros nos sentimos inmersos en una nube negra

 "A finales de junio, más de 15.000 personas vacunadas se congregaron para la reapertura del Madison Square Garden en Nueva York con el concierto de los Foo Fighters. Cuando la banda llevó como telonero al comediante Dave Chappelle para cantar una versión de “Creep” de Radiohead el público estalló en lo más parecido a una catarsis que he visto en un año y medio.

 A nadie le importó que Chappelle cantara desafinado. Todos eran partícipes de una experiencia que hace apenas unos meses resultaba inimaginable. Algún día les contarán a sus nietos sobre esa noche, cuando la ciudad de Nueva York volvió a la vida y su banda favorita interpretó la canción de otra banda y ellos trataron de seguirle el ritmo a un cómico legendario que hacía de vocalista.

Para la mayoría de la gente, las emociones existen principal y exclusivamente en su cabeza. La felicidad se considera un estado mental; la melancolía es una posible señal de advertencia de una enfermedad mental. Pero la verdad es que las emociones son inherentemente sociales: están entretejidas en nuestras interacciones.

 Las investigaciones han descubierto que la gente se ríe cinco veces más cuando está con otras personas que sola. Hasta el intercambio de bromas con un desconocido en un tren basta para desatar alegría. Eso no quiere decir que no se pueda encontrar placer al ver una serie en Netflix. El problema es que ver un episodio tras otro es un pasatiempo individual. La felicidad máxima reside sobre todo en la actividad colectiva.

Encontramos los mayores momentos de gozo en la efervescencia colectiva. Es un concepto que acuñó a principios del siglo XX el sociólogo iconoclasta Émile Durkheim para describir el sentimiento de energía y armonía que la gente siente al congregarse en torno a un propósito compartido. La efervescencia colectiva es sentirnos en sintonía cuando bailamos junto con desconocidos en una pista de baile, cuando los colegas de trabajo llevan a cabo una lluvia de ideas, cuando los primos están en un servicio religioso o cuando los compañeros de equipo están en el campo de juego. Y durante esta pandemia, este sentimiento ha brillado por su ausencia en nuestra vida.

 La efervescencia colectiva ocurre cuando la joie de vivre se propaga en un grupo. Antes de la COVID-19, las investigaciones demostraban que más de tres cuartas partes de la gente experimentaban efervescencia colectiva al menos una vez a la semana y casi una tercera parte, al menos una vez al día. La percibían al cantar a coro o competir en carreras y en momentos de conexión más relajados en cafeterías y clases de yoga.

Sin embargo, cuando las medidas de confinamiento y distanciamiento social se volvieron la norma, este tipo de momentos fueron disminuyendo cada vez más. Comencé a ver especiales de comedia, con la esperanza de obtener un poco de efervescencia colectiva mientras me reía junto con la audiencia. Estuvo bien, pero no fue lo mismo.

En cambio, muchos de nosotros nos sentimos inmersos en una nube negra.

Las emociones son como enfermedades contagiosas: pueden transmitirse de una persona a otra. “El contagio emocional se da cuando literalmente los demás nos propagan sus emociones”, explicó mi colega Sigal Barsade, profesora de Gestión en Wharton e investigadora principal en esta materia. “En casi todos nuestros estudios, hemos descubierto que la gente no se da cuenta de que sucede”.        

(. Es psicólogo organizacional en Wharton, The New York Times en español, 17/07/21)

7/10/19

Para ser feliz, la genética marca la diferencia. Por ejemplo, yo no nací con una genética ligada a las emociones positivas. De niño sentía ansiedad, igual que mis padres y abuelos. De media la felicidad depende en un 50% de la genética, en un 40% de las elecciones personales y en un 10% del entorno... pero el 94% de los universitarios estadounidenses sufren estrés. "Es la nueva pandemia global"...

"Tal Ben-Shahar (Ramat Gan, Israel, 1970), doctor en Psicología y Filosofía por la Universidad de Harvard, donde fue profesor 25 años, lleva otros tantos estudiando la felicidad. Como muchos otros expertos, cree que el gran enemigo del bienestar es el estrés: el 94% de los universitarios estadounidenses lo sufren. "Es la nueva pandemia global", dice en alusión al calificativo empleado por la Organización Mundial de la Salud. 

Los médicos lo llaman el "asesino silencioso", cuenta. Pero el psicólogo israelí cree que durante años se ha estado mirando al lado equivocado; no hay que estudiar los factores que lo provocan, sino las conductas que no lo curan. "Hemos dejado de darle importancia al descanso, a la recuperación y no basta con el sueño", apunta.
 
Ben-Shahar cambió hace unos años Boston por Nueva York y ahora imparte un seminario sobre la felicidad en la Universidad de Columbia, además de dirigir el Happiness Studies Academy, una plataforma online con cientos de estudiantes interesados en aprender a gestionar sus emociones. Desde hace años tiene claro el diagnóstico: la felicidad constante no existe.


Esta semana ha participado en EnlightED, un evento sobre el futuro de la educación y su relación con la tecnología organizado en Madrid por South Summit, la Fundación Telefónica, IE University y la Fundación Santillana.


Pregunta. ¿Existe un sistema inmune psicológico? ¿Hay personas que tienen mayor tendencia a la tristeza?

 Respuesta. La genética marca la diferencia. Por ejemplo, yo no nací con una genética ligada a las emociones positivas. De niño sentía ansiedad, igual que mis padres y abuelos; la hemos padecido generación tras generación. El hecho de ser infeliz hizo que me interesara por este campo: la ciencia de la felicidad. En los años setenta, en Estados Unidos, se hizo una serie de investigaciones sobre gemelos con idénticos genes. Se les separó al nacer, fueron criados en países distintos, con economías diferentes. Pasados los años se observó que había muchas similitudes en cuanto a sus niveles de bienestar, su comportamiento e incluso sus pasiones. De media la felicidad depende en un 50% de la genética, en un 40% de las elecciones personales y en un 10% del entorno. Esos porcentajes pueden cambiar en situaciones extremas, como una guerra.


P. ¿Cómo se miden los niveles de felicidad en el cerebro?


R. Hay patrones cerebrales que están asociados con la felicidad, con la depresión o con la rabia. No es solo una parte, sino múltiples que trabajan de forma conjunta. Un ejemplo es la corteza prefrontal: la parte izquierda se asocia con las emociones positivas y la derecha, con las negativas. Es importante conocer los hallazgos en este campo para entender que con nuestra conducta podemos mejorar los niveles de bienestar.


P. Hay un boom, cientos de best sellers sobre el tema. ¿Nos preocupamos más ahora por intentar ser felices?


R. No, es algo ancestral. Hace 2.500 años, Aristóteles escribía sobre ello. La Biblia también trata ese tema. Siempre ha sido parte de nuestro pensamiento. La diferencia es que ahora tenemos más tiempo libre y a eso se suman unas expectativas de vida irreales. El resultado es que nos sentimos infelices porque no entendemos lo que es la felicidad.


P. ¿Qué es la felicidad?


R. No es posible estar siempre feliz. Las emociones negativas, como la rabia, el miedo, o la ansiedad, nos hacen falta. Solo los psicópatas están a salvo de eso. El problema es que, por falta de educación emocional, cuando las sentimos, las rechazamos, y eso hace que se intensifiquen y que nos domine el pánico. Si bloqueamos una emoción negativa, igualmente lo hacemos con las positivas. Hay que sentir el miedo y ser conscientes de que tiramos hacia adelante con él. No es resignación, sino una aceptación activa. Cuando nació mi hijo David, al mes empecé a sentir celos de él. Mi esposa le dedicaba más atención que a mí. En ocasiones las emociones se polarizan, llegamos a extremos y no por ello somos mejores o peores personas. Somos humanos.


P. Según un reciente estudio de la agencia europea Eurofound, los niveles de estrés están aumentando en la escuela y la transición de los jóvenes hacia la vida adulta se complica por las expectativas de sus padres y las presiones de la sociedad.


R. Las expectativas tienen un papel clave en la felicidad. La más peligrosa es creer que se puede estar en la cresta de la ola de forma constante. La obsesión por ser feliz todo el tiempo hace que la gente se sienta miserable. En los últimos años las redes sociales han influido bastante; ver las caras sonrientes de los demás, sus relaciones de pareja idílicas, un trabajo ejemplar. Cuando sentimos tristeza o ansiedad esas imágenes refuerzan nuestra idea de que algo estamos haciendo mal. Pero nada de eso es real, todos vivimos en una montaña rusa emocional. Es inevitable y no es malo.


P. El 14% de los jóvenes europeos entre 15 y 24 años está en riesgo de sufrir depresión —según el último informe de Eurofound— y lideran el ranking países como Suecia (con una tasa del 41%), Estonia (27%) y Malta (22%). En España, donde la tasa de desempleo juvenil es más elevada, está por debajo del 10%. ¿Qué está fallando?


R. Te pondré otro ejemplo. En Estados Unidos cada cinco años se miden los niveles de salud mental, que suelen variar un 1% hacia arriba o abajo. En el último periodo, los resultados han sido muy diferentes: entre adolescentes, los niveles de depresión han crecido hasta en un 30%. Uno de los motivos es que están disminuyendo las interacciones cara a cara, se sustituyen por el smartphone. Las relaciones personales son un antídoto contra la depresión.


P. En el siglo XIX se trabajaba hasta 18 horas diarias y ninguna ley impedía hacerlo 24 si era necesario. Hoy tenemos mayor calidad de vida. ¿Cuál es la raíz de la insatisfacción permanente?


R. La expectativa de vida de los trabajadores era proveer suficiente comida a su familia para sobrevivir. Hoy pensamos en ganar más dinero, en las vacaciones soñadas... Hoy lo puedes hacer todo; aunque tengas un empleo interesante y te gusten tus colegas, no es suficiente. Como puedes elegir y cambiar, nunca estás satisfecho.


P. ¿Cómo puede la escuela prepararnos para saber lo que es la felicidad?


R. Hay que enseñar a cultivar relaciones sanas, a identificar propósitos y sentido en lo que hacemos. Y lo más importante: a encontrar tiempo para el descanso. Las investigaciones han demostrado que ese el gran problema, que no nos recuperamos del estrés. No vale con leer best sellers de autoayuda, hace falta una acción. En el trabajo, hacer un parón cada dos horas de 30 minutos, o de 30 segundos si trabajas en Bolsa, pero desconectar y respirar. Tomarte un día libre. Aprender que la felicidad no es un código binario, de uno a cero, sino un subir y bajar. Es un viaje impredecible que termina cuando mueres."                         (Entrevista a Tal Ben-Shahar, Ana Torres Menárguez, El País, 04/10/19)

31/1/18

“El autodesarrollo práxico mediante la actividad es el origen del placer y de la felicidad”

"Nos habíamos quedado aquí, en este punto de la segunda parte de tu libro cuando afirmas que el fin de la política, de nuevo según Aristóteles, es el buen vivir, que es lo mismo que ser feliz. ¿La comunidad humana existe entonces para que seamos felices? ¿Cuándo lo somos, cuándo podemos serlo?

La polis tiene como finalidad el vivir bien, la buena vida; Buen Vivir: eú zen –εῦ ζῆν-. Solo la comunidad social genera la vida humana y a la par crea la antropología, la individualidad y las necesidades humanas.

 A comenzar por los recursos materiales y espirituales, imprescindibles para nuestra socialización, sin todo lo cual no hay posibilidad de vida humana. O sea la vida humana, la buena vida, es consecuencia inmediata y solo posible gracias a -o debido a- la actividad de la comunidad social. 

La felicidad de cada individuo tiene esa precondición, no puede existir sin la misma. Pero la noción de felicidad aristotélica se basa en el autodesarrollo de cada individuo que no es posible sin su voluntad de hacer, de auto elegirse en este o aquel hacer, y en aplicarse a esa praxis.

 La felicidad es una sensación inherente a la actividad que genera en sí el individuo activo, el individuo cuya característica ontoantropológica exige que pueda hacer, cuya antropología individual como ser humano solo se genera a medida que aprende a hacer y pone en obra su hacer: el hacer es la autogénesis de cada sujeto individual, y su auto desarrollo como tal. 


Hablas de actividad...

Debemos entender por actividad todo uso –toda génesis y todo uso- de todas y cada una de las facultades intelectuales humanas, y esto incluye también a las que ponemos en obra ante el arte o en el estudio de las ciencias y demás saberes; pero no solo esas. En la Ética Nicomáquea Aristóteles reflexiona sobre este asunto del placer, y de la felicidad. Muy especialmente en el libro X.

 El placer es generado por la actividad, esto es, por el desarrollo activo de cada una de las facultades y capacidades humanas. La felicidad, por ello, es inherente a toda actividad desarrollada conforme al saber hacer previamente elaborado por la comunidad, del que nos hemos apropiado previamente y cuya apropiación nos ha desarrollado las correspondientes capacidades y facultades –las dynameis-. 

Ese saber hacer incluye el conocimiento práxico que garantiza la pericia y el conocimiento de las normas que orientan la actividad para el bien de la comunidad. La felicidad depende del ethos, que es el que nos posibilita el desarrollo de nuestras capacidades, cuando nos lo apropiamos y ponemos en obra protagónicamente, autodeterminadamente, pero este ethos incluye. a la vez, ethos como saber hacer y ethos como norma ética o norma moral. 

Podemos aceptar claramente que el autodesarrollo práxico mediante la actividad es el origen del placer y de la felicidad. Es una axiología de valor de la felicidad nada pasiva, nada basada en el fin del consumo/consumismo, sino en la creatividad, que es imposible si no es en común. Y es una axiología potente y válida. Más procelosa es la justificación de que el bien moral nos causa felicidad.


Es una idea hermosa...

Es una idea hermosa, pero hemos visto que en las sociedades divididas en clases, hay quienes se autodesarrollan plenamente con independencia de los demás, y disponen de los medios que posibilitan su actividad autodesarrollada debido al sufrimiento o explotación de los demás. 


Perdona que insista. Cuando afirmas que el desarrollo de cada individuo como género homo depende de la comunidad social, ¿no estás subvalorando la libertad de los seres humanos y poniendo en primer plano el conjunto de la comunidad? ¿No puede derivarse de esa prioridad un aplastamiento de seres humanos concretos que la comunidad puede considerar disidentes, antisociales o conflictivos, enemigos del bien común, del buen vivir, de la vida feliz de la que hablábamos?

Es importante que plantees esta pregunta, cuya respuesta conoces mejor que yo, pero que me permite salir al paso de uno de los prejuicios ideológicos que el liberalismo moviliza contra la noción de prioridad ontológica de la sociedad sobre el individuo y, por tanto, contra toda alternativa de orden social que trate de oponerse al existente.


El tema, el asunto es importante.

El ser humano, puede ser considerado consecuencia o resultado de la sociedad, o resultado de su propia inherente, y previa a la sociedad y la socialización, naturaleza. De ser así, el hacer humano sería una etología más, como la de los animales, gobernada por instintos naturales. Sería inmodificable. 

No habría en consecuencia libertad alguna, excepto la de cumplir con la propia innata naturaleza biológica, y los impulsos e instintos naturales, ni habría por lo tanto, lugar al debate sobre lo que sea la libertad. 

Es ridículo plantearse la libertad respecto de los anélidos, las lombrices, los tiburones, etcétera. Son así, y basta, nadie puede decirles que ejerzan autodominio, que «repriman su fiera condición», para expresarlo con Calderón de la Barca, con una de las frases, dirigida a Segismundo sobre la libertad humana, que hay en La Vida es Sueño.


El individualismo antropológico es un determinismo biológico que, ese sí, excluye toda libertad humana posible


¿Por qué?

Porque convierte el asunto de la libertad en un sin sentido. Libertad sería dejar libre a la necesidad natural. Dejar a la naturaleza hacer su curso, por ser vano y loco tratar de domeñarla.

Que el individuo depende, incluso en su génesis individual, no de la naturaleza, sino de la sociedad, sin embargo, es la tesis que se abre a la libertad. 

La misma sociedad, posterior al individuo, surge como resultado de la praxis en común. y posibilita a su vez, una nueva actividad, un nuevo nivel de hacer, que es el que otorga libertad. Todo hacer decidido en grupo, genera economía de tiempo, al inventar tareas nuevas. Si un solo animal o un grupo muy reducido de individuos tiene que asumir las tareas imprescindibles para la subsistencia, hace las cosas de otro modo; el «posterior» modo social. 

Cada posterior modo social de cada posterior nivel de comunidad mayor tiene que ser traído a la realidad –inveniat, invento-. Junto al aumento de tiempo libre, que posibilita a su vez la creación o invento de nuevas acciones. El tiempo libre es lo que posibilita la auto interpelación, interpela a cada sujeto sobre qué hacer en ese tiempo. La diversidad de quehaceres interpela a la reflexión sobre posibilidad de elección, sobre qué hacer, cómo autoelegirse. 

El carácter social del hacer común exige el aprendizaje de ese saber hacer nuevo, y esto, plantea un nuevo nivel de desarrollo auto gobernado de la personalidad social: el que es inherente a la exigencia de que cada individuo ponga en obra ese saber hacer, cosa que exige que ese saber hacer que yace en nuestra consciencia sea operado protagónicamente cada caso, y eso exige, por tanto, protagonismo libre, como el desarrollo, previo, generado por cada saber hacer nuevo, de las nuevas capacidades y facultades correspondientes, en cada individuo que interioriza ese saber. 

La subjetividad y la libertad son creación, construcción derivada de esa previa, ontológicamente, construcción social, construcción en sociedad, de la propia praxis social y de la propia comunidad social activa.


La sociedad, la comunidad es la matriz generadora de la individualidad y de su necesidad de auto dirigirse y de ser libre.


Remarco lo que acabas de señalar. Disuelve un falso (e interesado) problema sobre la sociedad y el individuo.

La libertad por tanto es comunitaria, es fruto de la comunidad, porque la comunidad es autogénesis, no es natural ni posee etología natural. El ser humano que sí es comunitario y que sí es un ser que se autocrea mediante una actividad que se denomina praxis, es libre porque la praxis carece de patrón de saber hacer apriorísticamente definido por la naturaleza. Ese saber hacer debe ser creado en cada caso por cada comunidad. 

Ese ser en común, ser intersubjetivo, que dispone de capacidad de hacer, no dispone ontológicamente de saber hacer inherente. Lo debe crear, somos una subjetividad en común sin proyecto, pero necesitamos de uno que oriente nuestra praxis –fines, objetivos, saber hacer- para poder subsistir.

 Somos una nada que puede serlo todo, y eso es lo que nos hace libres ab origo, Legibus solutus, como el rey absoluto, por naturaleza. La libertad es consecuencia del orden social del que nos dotemos, pero este no es natural, sino social, histórico, autogenerado.


Tu reflexión, en mi opinión, tiene mucho interés. Abuso un poco más. Aristóteles, señala, lo citas tú mismo, que todo es obra de la filia, de la amistad, que la elección de la vida en común presupone amistad. Pero ¿es eso posible en comunidades grandes, enormes y complejas como las nuestras? ¿Cómo podemos sentir amistad por gentes que no conocemos ni conoceremos seguramente a lo largo de nuestra vida?

Recuerdo un hermoso ejemplo que debo a Cornelius Castoriadis. 


Un autor muy estudiado por uno de nuestros compañeros, por Jordi Torrent Bestit.

Sí, efectivamente. Él, Cornelius, decía que su abuelo, ya muy mayor, se había puesto a plantar olivos. Olivos que él sabía que no iba a disfrutar él. Y sin conocer quién acabaría disfrutando. Este es un hecho empírico.


Aparte de eso, todos nos sabemos miembros de comunidades, y las comunidades sociales nos transmiten –paideia- la solidaridad. Una catástrofe nos conmueve y si nos hallamos próximos, tratamos de ayudar, como podemos. La percepción de copertenencia a una sociedad y a la especie humana nos induce a comportamientos sociales solidarios, no por utilitarismo sino por reversibilidad de consciencia: no espero nada a cambio de lo que hago, pero hago lo que quisiera que se hiciera conmigo, con los míos, lo hago porque son mis iguales.


Mis iguales, en efecto.

Porque me parece que no es justo que teniendo yo para comer haya quién no pueda comer, puesto que es mi igual; no seré yo quien se ría de quien aporta unos alimentos a un centro de reparto. 


Yo tampoco, pienso que es una blasfemia hacerlo.

No es mala consciencia, pero incluso si aceptáramos esa ofensa: por qué de la misma. Es la ideología del individualismo antropológico liberal la que hace apología del aislamiento. Pero la experiencia de que toda actividad nuestra es en común, es inmediata…Y además, la creación de instrumentos para la organización política que nos permita intervenir en la sociedad, nos crea mayor consciencia de ello.


De acuerdo, tienes razón en lo que señalas. Lo dejamos aquí por ahora."          

(Entrevista a Joaquín Miras Albarrán sobre Praxis política y estado republicano. Crítica del republicanismo liberal, Salvador López Arnal , en Rebelión,  28/01/18)

7/7/17

Una vida que se basta a sí misma: la revancha de los "valores del sur"

"En los años 70, el cineasta italiano Pier Paolo Pasolini propuso pensar el conflicto político como una disputa fundamentalmente antropológica: entre diferentes modos de ser, sensibilidades, ideas de felicidad. Una fuerza política no es nada (no tiene ninguna fuerza) si no arraiga en un "mundo" que rivalice con el dominante en términos de formas de vida deseables.

Mientras los "hombres políticos" de su tiempo (dirigentes de partido, militantes de vanguardia, teóricos críticos) miraban hacia el poder estatal como el lugar privilegiado para la transformación social (se toma el poder y desde arriba se cambia la sociedad), Pasolini advertía –con sensibilidad poética, esto es,sismográfica– que el capitalismo estaba avanzando mediante un proceso de "homologación cultural" que arruinaba los "mundos otros" (campesinos, proletarios, subproletarios) contagiando los valores y modelos del consumo "horizontalmente": a través de la moda, la publicidad, la información, la televisión, la cultura de masas, etc. 

El nuevo poder no emana, irradia o desciende desde un lugar central, sino que se propaga "indirectamente, en la vivencia, lo existencial, lo concreto", decía Pasolini.

En el vestir y en los andares, en la seriedad y las sonrisas, en la gesticulación y los comportamientos, el poeta descifraba los signos de una "mutación antropológica" en marcha: la revolución del consumo. Frenarla desde el poder político sería como tratar de contener una inundación con una manguera. 

No es posible imponer otros contenidos o finalidades a un mismo marco de acumulación y crecimiento. Es más bien al revés: el modo de producción-consumo será el que determine los márgenes del poder político. Una civilización sólo se para con otra. Son necesarios otros vestires y otros andares, otra seriedad y otras sonrisas, otra gesticulación y otros comportamientos.

La disputa política (la que no es simple juego de tronos) expresa un "desacuerdo ético" entre diferentes ideas de la vida o, mejor, de la buena vida. No ideas que flotan por ahí o se enuncian retóricamente, sino ideas prácticas encarnadas, materializadas, inscritas en los gestos y los dispositivos más cotidianos (Facebook, Uber o Airbnb son figuras del deseo, de ahí su fuerza). 

¿Qué podría decirnos una mirada antropológica sobre la política? ¿Qué mundos colisionan hoy? ¿En qué desacuerdos éticos sobre la vida buena podrían aflorar acciones políticas transformadoras?  (...)

La socialidad del sur 

Según el sociólogo (de la vida cotidiana) Michel Maffesoli, siempre ha existido, insistido y resistido una “socialidad del sur”. Una socialidad difusa, sumergida y oculta, difícil de ver pero presente, capaz de rebelarse y activarse si resulta amenazada. Una dinámica informal (formas de vínculo, de pertenencia subjetiva, de hacer práctico) determinante en la vida diaria, como substrato o “manto freático” de la existencia colectiva. 

¿En qué consiste esta socialidad del sur? En primer lugar, es un impulso vital, a-racional. Una voluntad de vivir, un querer vivir. Pero no vivir de cualquier modo, sino afirmando un tipo de vínculo, un tipo de existencia, una cierta idea de felicidad: un estar-juntos antropológico. Es también un conjunto de saberes y estrategias para reproducir esos vínculos, esas formas de vida.

Ese "sur" se refiere original e históricamente a los países mediterráneos y latinoamericanos, pero se convierte enseguida en la obra del autor en una noción más movediza que apunta a "valores" y "climas afectivos" más que a una localización geográfica.

 En ese sentido, hay "sur en el norte", como también hay "norte en el sur". Colonia (vividora, alegre, habladora, proletaria) sería el "sur" en Alemania y la financiera Frankfurt, el "Norte".

Podemos entresacar ahora cinco "valores" (lo que vale) para esta socialidad del sur:

—en primer lugar, el presente: la vida no se proyecta "hacia adelante" (un futuro de salvación, de perfección), sino que se afirma "ahora". Esa cierta despreocupación hacia el mañana no excluye (¿paradójicamente?) una obstinación por reproducirse y durar. La temporalidad de la socialidad del sur es intensa y no extensa, pero ella se empeña en "perseverar en su ser".

—en segundo lugar, el vínculo: La vida se da en continuidad con otros, entramada con otros, enredada con otros. No solamente por necesidad, sino también por el placer de compartir. El vínculo más apreciado es el vínculo cercano, próximo, al alcance de la mano (lo táctil como valor). Este "aquí" no nos separa de lo que está "allí" (lo lejano), sino al revés: a partir de lo que vivimos "aquí" nos puede resonar algo "allí".

—en tercer lugar, lo trágico: la asunción de la anarquía de lo que hay, de lo que es. No se trata de "solucionar" o "superar" lo dado (incierto, oscuro, múltiple), sino más bien de saber "componérselas" con ello. Otra relación pues con el mal, el riesgo o la muerte, que no son algo a erradicar (según las lógicas imperantes del control, la securización y la previsibilidad total), sino un costado de la vida (y también pueden ser fuerza, palanca, si nos sabemos componer).

—en cuarto lugar, lo dionisíaco: no la vida encerrada en uno mismo (trabajo, éxito, progreso), sino la vida "extática" que busca salir de sí a través del goce del cuerpo, el gusto por la máscara y el disfraz (las apariencias), la fusión con el otro en las celebraciones colectivas (musicales, deportivas, religiosas), etc. Exceso, derroche, vértigo, entrega, destrucción: lo "dionisíaco" son tanteos con la alteridad.

—por último, el doble juego: no la pasión por lo recto, lo frontal y lo explícito, sino por el desvío, la astucia, el apaño, el rebusque, la brega, la duplicidad, el disimulo, el juego con la ley y la norma, las estrategias informales de conservación y supervivencia (mía y de los míos). No la pasión por corregir y enderezar, sino por sortear, regatear, driblar y burlar.

La crisis como ocasión 
Los economistas neoliberales hacen su propia lectura "antropológica" del mundo y concluyen que la crisis económica de 2008 tiene que ver con la "insuficiente movilidad geográfica", el "limitado espíritu emprendedor", el "colchón familiar", el "trabajo informal" o la "indiferencia (o incluso la repugnancia) hacia el enriquecimiento" aún demasiado presentes en los países del sur (los llamados PIGS: Portugal, Italia, Grecia, España, ninguno de ellos un país protestante, por cierto). Al trasluz de estos análisis, vemos a la socialidad del sur en acción.

¿Podemos leer la gestión neoliberal de la crisis como la tentativa de suprimir por fin todas esas "inadecuaciones culturales" y acelerar así "el devenir mundo del capital" (Laval y Dardot)?

 La crisis de la deuda sería de ese modo la ocasión perfecta para desatar la "destrucción creativa" de todo aquello que, dentro y fuera de nosotros mismos, nos indispone para pensarnos y actuar como simples átomos sociales, partículas egocéntricas desvinculadas, máquinas del cálculo egoísta. Costumbres y vínculos, apegos y solidaridades. 

Eliminando las protecciones sociales, fragilizando los derechos asociados al trabajo, favoreciendo el endeudamiento general de los estudiantes y las familias, precarizando, reduciendo los salarios y el gasto social, se trata de fomentar el "sálvese quien pueda" y destruir todo aquello que permita a la gente cualquier margen de libertad con respecto al mercado.

 Todo lo que hay "entre" los seres y hace de ellos algo más que "partículas elementales" en competencia: lazos de mil clases, derechos conquistados, lugares vivos, recursos públicos y comunes, redes de solidaridad y apoyo, circuitos no mercantiles de bienes y servicios, etc. La base material de cualquier autonomía. Gobernar hoy consiste precisamente en erosionar ese "entre", esa trama densa de lazos, afectos, apoyo mutuo...

Pero justo cuando se quería "extirpar", la socialidad del sur se tensa y activa. En la España de la crisis han proliferado por ejemplo los micro-grupos informales de solidaridad y apoyo mutuo (familiares, vecinales, amistosos) que han atemperado los efectos devastadores de la gestión neoliberal de la crisis: miedo, soledad y desamparo. Una proliferación que impugna en sí misma el paradigma liberal-individualista: "cada uno tiene su vida".

Justo cuando se nos dijo que "habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades" y tocaba expiar y pagar, los valores del sur se toman su revancha, afirmando y difundiendo otras ideas de riqueza y felicidad: más basadas en el presente que en el futuro, en los vínculos que en la soledad, en el tiempo disponible y no en la vida para el trabajo, en la empatía y no en la competencia, en el disfrute de la gracia más que en la culpa por la deuda.

El nuevo espíritu del capitalismo 
Más difícil todavía. Según algunos autores, estaríamos atravesando hoy el pasaje hacia la superación (¿intensificación, radicalización?) del antiguo "espíritu" del capitalismo cuyos orígenes estudió Weber.

Por ejemplo, según Franco Berardi (Bifo), la burguesía aún "vivía en los vínculos" (con una comunidad, unos lugares, unos bienes físicos, una clase trabajadora que no podía suprimir, la relación entre valor y tiempo de trabajo). Sin embargo, el capitalismo financiero es mucho más abstracto: no se identifica con ningún lugar, con ninguna población concreta, con ninguna clase del trabajo, con ninguna regla, aunque sus decisiones tengan consecuencias (devastadoras) sobre lugares, poblaciones, trabajadores, etc.

Por otro lado, según Christian Laval y Pierre Dardot, esta lógica de acumulación infinita del capital se ha vuelto hoy una "modalidad subjetiva". ¿Qué quiere decir esto? Pues que al "homo economicus" (definido por la prudencia, la ponderación, el equilibrio en los intercambios, la felicidad sin excesos, la balanza de los esfuerzos y los placeres) le sustituye el "empresario de sí mismo" (definido por la competencia y la autosuperación constante: vivir en el riesgo, ir más allá de uno mismo, asumir un desequilibrio permanente, no descansar o pararse jamás, poner todo el goce en la autosuperación). Una expresión resume según los autores franceses el tipo subjetivo del capitalismo actual: "siempre más". El gozo de la ilimitación.

En esta transformación habría que reevaluar seguramente la resistencia que presenta la "socialidad del sur", cuando por ejemplo la cultura capitalista hoy ya no exige la represión de lo afectivo/pasional, sino más bien su completa instrumentalización al servicio de la lógica del beneficio: la instrumentalización de lo íntimo. 

 Pero sin duda la afirmación de una "vida que se basta a sí misma" sigue siendo absolutamente subversiva (¿más que nunca?). Una vida que no persigue extraer y acumular "siempre más", sino que se vive en el gozo de cuidar y compartir, lo más cercanamente posible, aquello que nos ha sido dado, aquí y ahora.

La insurrección de la socialidad del sur consistiría en afirmar políticamente esta otra idea de felicidad, esta potencia subterránea, este mar de fondo."               (Amador Fernández-Savater

8/3/16

La ideología de la autoayuda produce desesperanza

"Ser optimista es casi una obligación para la ciudadanía occidental del siglo XXI. Expectativa de éxito, pensamiento positivo y búsqueda a ultranza de la felicidad son algunos de los elementos que conforman un nuevo paradigma psicosocial que se está instalando entre nosotros.

 Su raíz no es autóctona, se trata probablemente de la más reciente manifestación de la colonización cultural norteamericana.

 Cotidianamente nos llegan reclamos para asistir a cursos o conferencias sobre cómo lograr la felicidad, se nos insta a rechazar sentimientos como la tristeza, el desánimo o la duda y centrarnos en el llamado pensamiento positivo e incluso, en el colmo de la audacia, se llega a afirmar que el sufrimiento es una elección personal. (...)

una legión de libros de autoayuda que en diez pasos nos conducirán al Edén o al enriquecimiento económico e incluso, recientemente, aparece un nuevo puesto de trabajo en las organizaciones: responsable de la felicidad en la empresa. 

La periodista Bárbara Ehrenreich denunció hace ya unos años las consecuencias negativas del hecho de hacer a las personas responsables únicas de sentirse bien, además de mostrar los enormes beneficios económicos que la nueva industria de la felicidad otorgaba a sus promotores.

 Posteriormente, rigurosos estudios desde la Psicología han mostrado que el optimismo, o tendencia a pensar que el futuro será positivo, tiene tanta racionalidad (o irracionalidad) como el pesimismo, y no siempre tiene un valor adaptativo y protector del bienestar, sino que, en ocasiones, puede provocar desajustes en la percepción de la realidad que conllevan consecuencias negativas. 

José César Perales ha sido uno de los científicos que ha descrito algunos de los peligros que pueden acechar al optimista, como “la ilusión de control” o la llamada “falacia de la planificación” al sobrevalorar sus posibilidades de éxito.

Sin embargo, el principal peligro de la ideología de la felicidad es el olvido clamoroso que supone de las condiciones socioeconómicas de la sociedad, de carácter estructural, y del impacto que tienen sobre el bienestar, o malestar, de las vidas humanas. La premisa del “si quieres, puedes”, tan atractiva a nuestros oídos, conduce a pensar que, si alguien no ha podido, es porque no se ha esforzado lo suficiente. 

En el mismo sentido, el mandato de no rendirse jamás puede ser una trampa que hipoteque el futuro de muchas personas. De este modo, las víctimas de una sociedad desigual e injusta son doblemente victimizadas y culpadas, además, de su propio sufrimiento. 

Una muestra de ello es la propuesta del gobierno británico de ofrecer terapia cognitiva a las personas en paro como forma de afrontar el desempleo, lo que ha provocado una fuerte polémica.

En un país como el nuestro con una tasa de paro del 20%, casi una tercera parte de familias en riesgo de pobreza, con desigualdades crecientes en educación, salud y servicios de todo tipo, ¿cómo puede atreverse alguien a afirmar que el sufrimiento se elige? 

Hace décadas que conocemos los estragos del paro y la precariedad en las vidas de las personas y, por supuesto, en su estado de ánimo: los análisis longitudinales realizados a personas que han perdido su puesto de trabajo en diversos países europeos han mostrado elevados niveles de ansiedad, trastornos del sueño, depresión, mayor posibilidad de adicciones, desmotivación y, sobre todo, una profunda desesperanza.

La tendencia a considerar que todo se basa en la libre elección tiene, por otra parte, otras consecuencias que también conocemos: la dejación de las administraciones en sus responsabilidades sociales y la disminución de políticas públicas que corrijan las desigualdades socioeconómicas que cada vez son mayores.

 Por otra parte, desincentiva la solidaridad y los movimientos colectivos y cooperativos al ser la persona y su trabajo interior la principal fórmula para alcanzar el éxito.

La filósofa ilustrada Mary Wallstonecraft decía, refiriéndose a las mujeres, que en ocasiones parecían más interesadas en sacar brillo a sus cadenas que en liberarse de ellas. Este pensamiento podría extenderse a nuestra sociedad cuando acepta de forma mayoritariamente acrítica modelos que no van a tratar de cambiar las condiciones estructurales de desigualdad sino, en todo caso, a perpetuarlas. Sabemos que la confusión intelectual interesada es el terreno donde mejor se abona la pasividad y la discriminación; tal vez valga la pena estar alerta."              ( , El País ,1 MAR 2016)

22/1/16

Lo mejor de la vida, la felicidad, sólo puede ser un subproducto de algo que es auténticamente bueno (a saber, una buena acción, una noche de sueño reparador, el amor)

"Lo mejor de la vida, la felicidad, sólo puede ser un subproducto de algo que es auténticamente bueno (a saber, una buena acción, una noche de sueño reparador, el amor) y está ausente de cualquier mercado. (...)

Tratar de substituir la auténtica felicidad con algún objeto o servicio adquiridos es el equivalente de substituir el sopor provocado por una píldora para dormir con una noche de sueño reparador. En el siglo XIX, algunas revistas norteamericanas publicaban esta definición: 

“La felicidad es como una mariposa, que siempre parece más allá de nuestra alcance cuando se la persigue; pero que, cuando nos sentamos tranquilamente, puede posarse sobre nosotros”. ¡Abandonar esta búsqueda materialista no cuesta nada en absoluto!

Si se condena la búsqueda de la felicidad como contraproducente, ¿cuál debería ser nuestra guía? El optimista que hay dentro de mí cree que hay algo innato en los seres humanos que, como el mecanismo que da pie a que los girasoles sigan al sol a lo largo del cielo, puede ayudar a desatar nuestro lado creativo. Porque sí. Con la felicidad como subproducto no buscado, la mariposa que se nos posa suavemente en el hombro.

Ay, las sirenas del diario esfuerzo pueden distraernos y convertirnos en consumidores a los que les gusta lo que compran, compran lo que creen que les gusta y acaban aburridos e insatisfechos, permanentemente incapaces a la hora de concretar la naturaleza de su descontento y confirmación viviente de lo razonado por Mark Twain acerca de la “multiplicación sin límite de innecesarias necesidades”.

Por otro lado, Dorothy Parker dijo que deberíamos “cuidarnos de los lujos y las necesidades se cuidarán por si solas”. Por supuesto, las necesidades se cuidan de sí mismas sólo para aquella gente que pertenece al minúsculo segmento de la sociedad en el que se reproduce el privilegio. 

Una sociedad civilizada le proporciona a todo el mundo condiciones que otorguen libertad vigorosa y creativamente para buscar sus propias metas. Pero para que esto suceda, cada uno ha de tener libertad frente al miedo, el hambre y la explotación, así como disponer, de acuerdo con Virginia Woolf, de “una habitación propia”."           (Yanis Varoufakis, Sin Permiso, en jaque al neoliberalismo, 23/12/15)
Yanis Varoufakis)

7/3/14

Aquellos países que tienen servicios públicos universales son más felices que aquellos países que no tienen tales servicios

"Uno de los libros que está causando más interés en muchos círculos anglosajonas es el escrito por el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Notre Dame en EEUU, Benjamin Radcliff, titulado The Political Economy of Human Happiness. (...)

Lo que el profesor Radcliff hace es analizar los tipos de intervención del Estado, desglosando las distintas dimensiones del sector público así como las diferentes regulaciones públicas que inciden sobre el bienestar de la población, y muy en particular del mundo del trabajo. 

Este análisis detallado del Estado y de sus intervenciones es muy necesario para poder analizar con detalle y rigor las distintas formas de intervención pública. Y con este estudio, que se centra en países de la OCDE, el grupo de países más ricos del mundo, se demuestran varios hechos:
  1.  Que aquellos países que tienen servicios públicos universales (es decir, que sirven a toda la población), tales como sanidad, educación y servicios sociales, son más felices (tienen un porcentaje mayor de la población que se encuentra satisfecha y feliz con su vida) que aquellos países que no tienen tales servicios, siendo sustituidos por servicios asistenciales o de beneficencia, cuyo acceso depende de la capacidad adquisitiva de la población.
  2.  Que aquellos países que se gastan más por habitante en cada uno de estos servicios tienen mayor felicidad que aquellos que se gastan menos.
  3.  Que los países gobernados durante más tiempo desde los años cuarenta por partidos más favorables al intervencionismo redistributivo a favor de las rentas del trabajo (es decir, partidos de centroizquierda o izquierda) son más felices que aquellos que favorecen las rentas del capital (partidos de derecha o centroderecha).
  4.  Que las políticas neoliberales afectan negativamente a los niveles de felicidad de la población.
 Soy consciente de que algunos lectores de este artículo creerán que este libro es un documento político al servicio de un ideario político. Pero se equivocan. Los datos están ahí, con una metodología de trabajo muy rigurosa, intentando analizar qué otras variables podrían haber intervenido en el resultado que presentan. Y, una por una, excluye otras explicaciones que se han dado para explicar estos hechos, mostrando que no son sostenibles en base a los datos.

Esta última observación es importante, pues existe la costumbre en los medios de información de intentar aparentar objetividad, presentando lo que ellos llaman los dos lados de la misma moneda.

 Es decir, que intentan presentar un equilibrio, mostrando países de tradición conservadora y liberal y países de tradición socialdemócrata (que mantiene esta tradición) como países de elevada felicidad, concluyendo que la felicidad no tiene signo político. 

El fallo de estas conclusiones es que los datos no lo muestran. Aquellas sociedades que son más solidarias y tienen menos desigualdades permiten y facilitan el desarrollo de la felicidad mucho más que aquellas que no lo son. Así de claro."               (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 31 de enero de 2014, en www.vnavarro.org, 31/02/2014)