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30/5/23

Emigración española en Alemania: "Sinceramente, nunca he podido constatar esas exhibiciones de xenofobia tan evidentes e intolerables. La sensación de rechazo era simplemente silente"

 "El invierno era rudo, por utilizar un adjetivo antropomórfico, en Hannover. Tan rudo como saberte diferente de algún modo, en un sitio que no te corresponde, que no es el tuyo. Diferente cuando vas en el U-bahn, metro con una sola línea en aquella época, camino de Kröpcke, el centro social y neurálgico de la ciudad, y conversas en español. 

Diferente cuando quieres entrar en una discoteca hablando en español con tus amigos y simplemente te dicen despectivamente 'No se puede pasar'. 

Incluso me llegaron a decir que en algunas salas de baile aparecía un cartel indicando que la entrada estaba prohibida para animales y extranjeros. 

Todo esto, claro, a ojos de un niño de unos 15 años.

Sinceramente, nunca he podido constatar esas exhibiciones de xenofobia tan evidentes e intolerables. La sensación de rechazo era simplemente silente. 

En ocasiones soportaba estoicamente que, de camino a casa en el U-bahn, alguna respetable anciana -por razones bélicas obvias, en la Alemania de los 70 había más ancianas que ancianos- me dijera, al escuchar hablar otras lenguas, con complicidad y a media voz aquello de 'Que fastidio de gastarbeiter, desaliñados y hablando esas jergas'.

Asentía cobarde y desganadamente con la cabeza. Si no hablaba demasiado, mi pelo rubio y piel clara no desentonaba entra la masa poblacional autóctona."

 (José Antonio López Guerrero JAL: Virus, chicas y laboratorios. Memorias de un científico. Ed. Guadalmazán, Madrid, 2023, p. 48/9)

15/2/22

La nostalgia de Hilarión... él nunca le ha contado a su familia que renta un espacio en un sótano de una casa en donde viven quince indocumentados más

 "Como tantos inmigrantes, él nunca le ha contado a su familia que renta un espacio en un sótano de una casa en donde viven quince indocumentados más.

Salió del segundo turno a las tres de la tarde, ha trabajado de 5 a 10 de la mañana en una mueblería cortando madera y de 11 de la mañana a las 3 de la tarde el segundo turno, limpiando oficinas.  En su camino para el tercer turno donde trabaja de ayudante de mesero en un restaurante libanés se detiene en un supermercado mexicano para enviar su remesa semanal a su familia en San Sebastián, Retalhuleu, Guatemala, es domingo en donde vive todos los días de la semana los trabaja por igual.  

Una enorme fila lo espera en el supermercado, siempre hay gente enviando remesas a cualquier hora cualquier día de la semana, siempre está el volumen del radio a todo lo que da con música mexicana, huele a carne frita, a pocos pasos hay otra fila esperando comprar los tacos de carne de coche que son la especialidad de la casa. Ve apiladas las cajas de aguacate maduro que se irán en un santiamén, es lo que más compra la gente los fines de semana  y los  tamales en bolsa que venden maleteados, también maleteadas venden las hojas de nopal, cosa que nunca deja de asombrarlo pues en Guatemala no se comen, las vio una vez que fue a Zacapa, enormes plantas de cactus que nadie tocaba y resulta que en donde está los mexicanos los compran como quien compra un rimero de tortillas o una bolsa de pan, parecieran el conqué y no un acompañamiento en el plato de comida.

Al principio, de recién llegado a Hilarión le llamaba la atención que la gente ponía remesas, recargaba tarjetas de teléfono en sus países de origen, cambiaban sus cheques y dejaban hasta el último centavo entre el supermercado y la licorería de al lado, nunca imaginó que pasarían tantos años y que él haría una rutina tan similar a la de esas personas que vio cuando recién llegó a ese lugar donde neva en   la época en la que los árboles de mango están a todo lo que dan en su pueblo natal.

Hilarión emigró cuando recién cumplió 17 años, con tres hijos por mantener dejó a su esposa y a los niños en casa de sus suegros y prometió regresar en dos años, si le iba bien y llevar dinero para comenzar un negocio, han pasado 25 años desde entonces, le falta por graduar de la universidad al último de sus hijos y al último de sus hermanos, no piensa regresarse hasta que lo logre.  En Guatemala trabajaba en las fincas de caña de azúcar, si le revisaran el cuerpo todavía le encontrarían  en la piel las tunas de la caña que como espinas se entierran hasta lo más profundo, en esas fincas se pasó la infancia y la adolescencia trabajando con sus papás y sus tíos, durmiendo en galeras y comiendo una vez al día, ganando  sólo para el pasaje de ida y vuelta a su pueblo,  no sabe leer ni escribir porque la escuela nunca fue una opción para la pobreza de su familia, tenía que ayudar a sus papás en la crianza de sus hermanos pequeños.  Se ha dado cuenta que en la fila esperando para enviar sus remesas hay tantos como él, a cargo de papás, abuelos, hermanos pequeños e hijos, cuando conversa con ellos resultan con historias similares, no importa de qué lugar de Latinoamérica lleguen, ahí hay hasta bisnietos de los braceros.

Hilarión se enteró de la existencia de los braceros cuando un día hace varios años se fue a tomar unas cervezas con un joven después de que ambos enviaron sus remesas, su bisabuelo había sido bracero. No era el único con una carga familiar en la espalda, era la mayoría de migrantes indocumentados, por eso es que no se regresaban en dos años como pensaron al principio. Como él también cargan fotos de los hijos y en sus teléfonos celulares, no los vieron crecer, pero lograron criarlos con el envío de remesas. Y también conoció en el transcurso de los años a tantos que nunca han contado a sus familias en sus países de origen cómo viven realmente en Estados Unidos, él nunca le ha contado a su familia que renta un espacio en un sótano de una casa en donde viven quince indocumentados más.

Hilarión sale del supermercado, ese día no ha estado tan frío, el sol se ha dejado ver por momentos y las temperaturas no son tan deprimentes y desesperantes, respira el aire fresco que por un segundo le llevó el aroma del corozo y de los mangos tiernos de los árboles en su natal San Sebastián, se pregunta mientras conduce hacia su tercer trabajo si los otros migrantes también extrañarán como él cuando el sol se asoma entre el cielo plomizo el invierno estadounidense. "                ( Ilka Oliva Corado , Rebelión, 15/02/2022)

2/12/20

Cuando «Queremos acoger» va en serio... Un vecino de Torroella de Montgrí ha convertido su casa en un centro de acogida de inmigrantes, lejos de toda ayuda oficial

 "(...) A veces hay personas que hacen recuperar la fe en la humanidad, como este vecino de Torroella de Montgrí, que ha acogido en su casa más de 40 inmigrantes, la mayoría ilegales, sin hacer preguntas y sin pedir nada a cambio, sólo por el simple placer de ayudar a los necesitados. O quizá porque tiene siempre presente lo que dice al despedirse: «De este mundo no nos llevaremos nada más que nuestras obras».

La gente del pueblo, de Torroella de Montgrí, que lo conocen, le advierten que poner desconocidos dentro de casa es un riesgo, que cualquier día se llevará un susto, que no sabe qué intenciones llevan, en fin, todo lo que se suele advertir. Su respuesta es tan sencilla que desarma cualquier:

-¿Verdad que ellos tampoco me conocen  MÍ y entran en mi casa? Pues estamos igual, el mismo riesgo es para ellos que para mí.

 Y continúa acogiendo. Nunca ha sido tan cierta la frase «mi casa es su casa» como puesta en labios de Josep Riera, nacido en Torroella de Montgrí hace 77 años, en la misma casa que donde vive ahora, que ya fue de sus padres y de sus abuelos.

Es muy fácil poner en las fachadas pancartas con el «Queremos acoger», pero muy difícil es llevar este deseo a la realidad. José lo hace.

 Su historia es sencilla: si sabe de algún inmigrante que no tiene donde vivir, le abre las puertas de su casa. Así de fácil. Así de complicado. Para la modesta casa de una vieja calle del núcleo de Torroella, han pasado ya más de cuarenta inmigrantes que no tenían donde caerse muertos, que no tenían nada para comer, nadie que les diera una palabra de ánimo. La casa Josep Riera han encontrado todo esto. El periodista quiere respuestas, y para conseguirlas, debe hacer preguntas.

-José, ¿por qué lo hace esto?

-Me gusta servir. Si no sirves, de qué sirves?

 A pregunta tonta, respuesta sencilla.

Mientras nos sentamos en la mesa, entra ahora un inmigrante con una bicicleta, después uno con una cesta, tienen su propia clave, José les saluda con una sonrisa. Me cuenta que no tienen hora de llegada, son totalmente libres, como si entran a las tres de la mañana.

José ha trabajado en el campo, la construcción, en un almacén de madera, la brigada municipal, en un taller de artes gráficas ... No se ha casado nunca, la única familia que le queda es un sobrino.

-Pero habrá conocido chicas, alguna le habrá gustado alguna vez.

-Sí, pero siempre he tenido claro que me quiero dedicar al servicio a los demás, y una mujer ... Algo te hace distraer de lo otro- reflexiona con una sonrisa foteta.

 Su vocación de servicio lo llevó a ser voluntario de Cáritas durante más de treinta años. Cuando Cáritas dejó de ser parroquial y comenzó a recibir subvenciones, lo dejó. «Si recibes subvenciones, ya no estás haciendo caridad», afirma. Así que la comenzó a ejercer por su cuenta.

Todo comenzó ayudando a un inmigrante marroquí que sufría esquizofrenia y otras enfermedades. Tanto lo cuidó José, que el chico murió en sus manos. Un compañero del chico, Mohamed, quedó tan marcado de lo que le vio hacer a Josep, tan impresionado que un desconocido ofreciera a un extranjero enfermo todo lo que tenía, que años después, todavía le repite a José, con quien conserva la amistad: «Desde que te conocí, si veo un pobre ya no me quedo indiferente».

 Pero vayamos por partes: en los años 80 en Torroella de Montgrí había 4 o 5 familias necesitadas, todo el mundo las conocía y, más o menos, iban saliendo con la ayuda de unos y otros. Poco después comenzaron a llegar los primeros inmigrantes -marroquíes, en esta parte del Empordà-, los agricultores necesitaban mano de obra y no les faltaba el trabajo.

 Con el tiempo, vinieron también subsaharianos, la mayoría ilegales, y ya no había trabajo para todos. Muchos se encontraron en un país extranjero, sin papeles y sin maneras de ganarse la vida. En José les abrió la puerta de casa.

Primero, un par de marroquíes. Después se añadió un gambiano. Primeros conflictos: José explica que tuvo que poner freno a episodios de racismo.

 Lo que comenzó como una ayuda puntual, derivó en toda una casa de acogida. Josep Riera hizo obras en la casa para acondicionar como habitaciones, cámaras que tenía inutilizadas, compró camas, trabajó -una vez más- para desconocidos sin esperar nada a cambio. El resultado son habitaciones pequeñas y poco lujosas, por supuesto, pero habitaciones dignas para hombres que no tenían nada.

Pero como siempre ocurre, la autoridad y la burocracia suelen ser enemigas de la solidaridad, por más que de puertas afuera se llenan la boca con esa palabra. Aquellos hombres vivían ilegalmente en casa de José, es decir, en Torroella, es decir, en Cataluña.

Con la misma sonrisa de bonachón que poco antes me ha dicho que no me preocupe si se le enfría la comida -Me he presentado en su casa a las tres de la tarde-, admite todas las trampas que hizo.

-Para que lograran los papeles de residencia, los hacía contratos ficticios de trabajo, papeles falsos de servicio doméstico ...

 Y con ello, se presentaba en el Ayuntamiento de Torroella para empadronarlos. Los funcionarios no siempre veían con buenos ojos lo que llevaba en José entre manos, y se resistían a hacerlo porque no tenían domicilio fijo.

-Es obligatorio empadronarse? - preguntaba entonces en José.

-SI- respondía el funcionario.

-Y tener domicilio, es obligatorio por ley?

-Err ... no.

-Pues por eso mismo, ya los puede empadronarse aunque no tengan domicilio.

Al final se salía con la suya. En José tiene pinta de salirse siempre con su gracias a su mirada inocente.

 «No los quiero aburridos»

Y hasta hoy. Los que pueden, le dan poco más de 100 euros al mes, por la habitación. Los que no pueden, ya podrán algún día. O puede que no. De los ocho que viven en casa de José actualmente, cinco no pagan nada. Comparten la comida, cada uno aporta lo que puede, y la cocina. Antes el mismo José cocinaba para todos, pero la artrosis, la maldita artrosis que no le permite trabajar el huerto de la parte trasera - «esto sí que lo echo de menos» -, la aconseja tomarse las cosas con más calma. Siempre quedan los ratos de charla alrededor de la mesa.

-Una vez tuve dos muy aburridos. Yo quiero gente alegre, no me gusta la gente triste!

Un guineano empieza a hacerse la comida detrás nuestro, otro sale de su habitación, se despide de José y marcha. Volverá cuando quiera, aquí no hay normas.

-Alguna vez habrá tenido problemas, José.

-Sólo de vez en cuando alguno abusa de mi paciencia.

Hace un par de días, uno de los inquilinos vino asustado, a las tres de la mañana, después de un incidente. No había comido nada. José se levantó de la cama y le hizo cena.

-José, ¿por qué hace, esto?

-Mira, de este mundo sólo nos llevaremos nuestras obras. Yo soy creyente, y por lo tanto creo que todos somos hermanos. Si no te comportas como un creyente, todo ello de rezar y de misa son tonterías."             
    (Albert Soler, Diari de Girona, 28/11/20)

17/12/19

«El empobrecimiento de la población crea chivos expiatorios»... el mensaje contra la emigración sirve para amedrentar y conseguir mano de obra más barata. Dónde más se necesita esta mano de obra, como la agricultura, es donde más se usa la amenaza. En lugares como el oeste almeriense...

"Doctor en Antropología Social, forma parte del Grupo de Investigación en Exclusión y Control Sociales (GRECS). Es presidente de la Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado y autor de ensayos y novelas, entre las cuales, Aguas de venganza y Crímenes de hambre.


Está trabajando en un proyecto editorial sobre refugiados climáticos. A día de hoy, ¿Cómo sería una foto fija de esta realidad?
Lo que está pasando en este momento es que el cambio climático se está manifestando de una manera acusada en muchas zonas del planeta. No es una cosa del futuro, sino que ya está pasando. Se están destruyendo hábitats de poblaciones: terrenos de cultivo que dejan de ser productivos, costas que van desapareciendo... El nivel del mar no sube igual en todas partes. 

Lo hace más en las zonas ecuatoriales porque, al disminuir la fuerza gravitacional hacia los polos, pierden demasiado, y el agua tiende a gravitar hacia el Ecuador. Sabemos que en Barcelona ha subido 20 centímetros, pero prácticamente no lo percibimos. No es así en África o el Sudeste asiático... Están desapareciendo islas del Pacífico.
¿Cuál es la tendencia de todo esto?
Todos los informes climáticos que van saliendo advierten que las cosas están mucho peor de lo que pensábamos hasta ahora y, además, más aceleradas. Los procesos de desertificación, la subida del nivel de la mar, la pérdida de agua potable, las oleadas de calor... irán a más. Por lo tanto, esta pérdida de hábitats que ya se está produciendo será más grande y, en consecuencia, habrá más gente que tiene que marchar de dónde es.

Y esto, actualmente, es cosa de pobres…
Sí, pero hay que matizarlo. Las zonas tropicales son las más afectadas y lo continuarán siendo. Ahora, el impacto del crecimiento de los huracanes se está notando mucho en las costas de los Estados Unidos. Cada año son más destructivos. Y en Europa, todo el sur está siendo cada vez más árido y se irá desertizando. La península Ibérica lo tendrá muy mal. Londres también se podrá ver afectada por la subida del nivel de la mar y Venecia ya está sufriendo los efectos.

En el pasado, el clima ha experimentado fenómenos extremos. ¿Cuál es la diferencia respecto a los de ahora?
Ha habido un tipo de fenómenos extremos que los científicos denominan "de cada cien años". Lo que ahora está pasando es que estos fenómenos se producen cada muy pocos años, y tienden a acelerarse. Además, por primera vez los fenómenos no son causados por la misma dinámica de la naturaleza, sino que son debidos a la intervención humana. Somos los humanos con nuestras actividades los que estamos modificando el comportamiento del clima. Sobre esto hay que dejar claro que no hay controversia científica. Es unánime la opinión de que somos nosotros los que hemos elevado la temperatura de la atmósfera a unos niveles intolerables. La temperatura media actual no la hemos tenido desde hace 130.000 años.

Una consecuencia inmediata de todo esto es que la gente afectada tiene que buscarse la vida como pueda para poder sobrevivir…
Principalmente, lo que ahora está pasando es que la gente deja las zonas rurales para irse a los suburbios de las ciudades. Por eso crecen tanto las ciudades tropicales. También con los conflictos, que, a su vez, no son ajenos al cambio climático. También hay personas que se van a otros países. Los somalíes se desplazan hacia Uganda, Kenia, Etiopía... Emigran a países cercanos. 

Cuando la gente huye para salvar la vida no se va muy lejos. El 84% de los refugiados por conflictos bélicos viven en países vecinos. Sólo un 16% se van más lejos. Otra cosa es cuando se emigra para cambiar de vida, para buscarse un trabajo mejor... Esto es lo que pasa también con los refugiados climáticos.
En cualquier caso, las crisis, como las consecuencias de la pobreza, suelen ser acumulativas…
Hay muchos conflictos que están muy relacionados con el cambio climático. El más paradigmático es el de Siria, con seis millones y medio de exiliados aproximadamente y el mismo número de desplazados internos. Más de la mitad de la población de Siria. En el 2006, empezó en Siria una gran sequía. Mucha gente acabó marchándose a las ciudades, y esto, ligado con la subida del precio de los alimentos, etc., generó mucha conflictividad. La revuelta inicial siria no se explica sin esta crisis. En Darfur, los pastores de norte se quedaron sin tierras de pastos y se iban hacia el sur, donde se enfrentaban con los agricultores.

¿Así pues, la "invasión" que se proclama desde Occidente, refiriéndose a los emigrantes, parece que está bastante alejada de la realidad?
La "invasión" es una falacia. Las migraciones laborales funcionan de acuerdo con la capacidad de atracción de los países. Si no hay trabajo en un país, la gente no va. En España hubo más emigración entre el 1998 y el 2008. Y después ha ido bajando. Además, todos los estudios serios sobre emigración coinciden en que las migraciones son beneficiosas para los países receptores. 

Lo que pasa es que las mentiras de la extrema derecha funcionan, porque se trata de mensajes muy simples: nos toman nuestros puestos de trabajo, utilizan nuestra sanidad, aumenta la delincuencia. Mensajes fáciles que la gente, cuando está angustiada, acaba compartiendo.
Llama la atención la aparente contradicción entre las ventajas económicas que comporta la emigración y el discurso político que la penaliza...
Si, aunque si a esto damos la vuelta resulta que no es tan contradictorio, porque todo este mensaje contra la emigración también sirve para amedrentar y, en definitiva, para conseguir mano de obra más barata. Y dónde más se necesita esta mano de obra, como la agricultura, es donde más se usa la amenaza. En lugares como el oeste almeriense, que ha prosperado basándose en el trabajo semiesclavo, es donde se produjeron las primeras revueltas contra los inmigrantes.

¿Cómo se explica la xenofobia en un mundo tan globalizado como el actual?
Porque los problemas que sufre la gente también son muy graves, y la necesidad de buscar explicaciones fáciles nos llevan a buscar cabezas de turco. Y esto tiende a agravarse porque las desigualdades crecen, la gente se empobrece... Globalmente, las migraciones han crecido, pero de un 2,8% a un 3,2% de la población mundial. Es decir, dentro de unos márgenes perfectamente asumibles. Si no fuera porque hay partidos que están sacando rédito de la xenofobia, ni nos enteraríamos.

En la mayoría de los países europeos y en los EE.UU. de Trump, la extrema derecha presenta la emigración como el enemigo principal…
La extrema derecha actual, que nace a principios de los 80, cuando Jean Le Pen saca un 14% de los votos, enlaza con la crisis del petróleo y el empobrecimiento de la población obrera, el triunfo de Reagan, la aparición del neoliberalismo... España parecía una excepción a todo esto, porque, como en el Reino Unido de la época de Margaret Thatcher, la extrema derecha estaba oculta entre los conservadores. 

Así, cuando estos pierden el poder, como le ha pasado ahora al PP, surge una extrema derecha con más posibilidades electorales. Pero no se tiene que olvidar nunca que la extrema derecha se beneficia del empobrecimiento de la población, que necesita buscar chivos expiatorios.
Ante este panorama, no faltan movimientos de repliegue a la izquierda, como el que propone Diego Fusaro en Italia...
No creo que esto tenga salida, pero es verdad que la democracia está defraudando, porque está siendo utilizada por los más ricos para enriquecerse más. Vemos que el simple hecho que Podemos entre al gobierno está despertando alarmas muy poco fundadas. Esta tentación de ir hacia regímenes más autoritarios pero que se enfrenten a los poderes fácticos puede estar bastante justificada. 

También está surgiendo lo que se ha denominado ecofascismo, un ecologismo que dice que los mercados no renunciarán a los combustibles fósiles, y que hay que obligarlos a hacerlo, como sea. En situaciones críticas, como la que estamos viviendo, la tentación de ir hacia poderes autoritarios es muy fuerte. Pero no veo que tenga futuro. Los autoritarios que han tomado el poder, en contra aparentemente de las élites, son parte significativa de ellas, y los más serviles.
O sea, ¿más democracia?
Sí. Y menos desorientación política, porque el cuerpo electoral actúa frecuentemente en modo zombi. Los gobiernos de Lula y Rousseff en Brasil bajaron el índice de pobreza de 34 a 13 millones de pobres, en un periodo relativamente rápido. Hicieron una revolución. Es obvio. Pero muchos que dejaron de ser pobres han votado Bolsorano. Una cosa parecida está pasando en Bolivia." 

(Entrevista a Miguel Pajares, presidente de la Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado, El Triangle, 09/12/19)

30/10/19

La ansiedad del emigrante

"Algunas personas sienten que desde que están viviendo en el extranjero tienen (más) ansiedad. 

Suelen comentar que de por sí han sido personas nerviosas o algo inseguras pero que sabían manejar los retos de su día a día y se consideraban suficientemente adaptadas. Otras desconocían la ansiedad por completo. Sin embargo, tras dar el paso de ir a vivir fuera, comienzan a ver que se les escapa el control: ataques de ansiedad, nerviosismo, inquietud, tensión interna y muchos, muchos pensamientos.


La ansiedad del emigrante es algo común. De por sí mudarse a vivir a otro país resulta una aventura y se producen cambios que pueden afectar a nuestra estabilidad emocional. Nuestros familiares, amigos y entornos conocidos quedan atrás para dar paso a lugares, personas y costumbres nuevas. Algunas personas lo viven como algo totalmente retador y disfrutan de este proceso. 

Otras logran adaptarse tras algunas dificultades iniciales. Y otro grupo de emigrantes nota que su salud mental parece haberse perdido de camino al nuevo país. „Yo me encontraba bien en mi país y aquí sufro de ansiedad“. Esto no significa que hayamos sido infectados con el virus de la ansiedad durante la mudanza. Probablemente tenga que ver con otras causas.


Teniendo que construir una nueva vida en el extranjero, de repente nos asaltan las dudas. ¿Podré lograrlo? ¿Seré suficientemente fuerte? ¿Y si no me dan un trabajo? ¿Y si fracaso? 

Estas dudas iniciales no tienen que ser patológicas. De hecho, es positivo cuestionarnos y ser capaces de reconocer cierta falta de habilidades ya que sólo así podremos tomar medidas. Por otro lado, puede que al inicio de la adaptación al nuevo país parezca que cambien las reglas del juego. Lo que hasta ahora creíamos saber y controlar parece haber cambiado. Por ejemplo, nos rechazan en varias entrevistas de trabajo, no congeniamos con las personas de nuestro nuevo entorno, se comienzan a producir cambios negativos en la convivencia de pareja… Así, puede que comencemos a generar miedos por estas nuevas experiencias. 

Es probable que comencemos a ver el mundo y a los demás como posibles amenazas ante las que desarrollamos la respuesta natural de nuestro cuerpo: estrés y ansiedad. El expatriado siente sus nervios a flor de piel, se ve más afectado que antes por el estrés, siente que no tiene control, reacciona de manera irritada y se siente muy inseguro de sí mismo. Esto, a su vez, le enfada y le decepciona, empeorando aún más su estado de ánimo. 


En nuestro proceso migratorio nos llevamos con nosotros las posibles inseguridadesya presentes desde hace tiempo, como „no consigo hacer nada bien“, „soy débil“, „no gusto a los demás“, „soy raro“… La seguridad y la adaptación que hayamos podido generar en nuestro país a lo largo de los años desaparece en el nuevo entorno. A cambio, se nos presentan muchas situaciones en las que no nos desenvolvemos bien y en las que es muy probable que estas creencias se reactiven.

 Por ejemplo, uno de los pasos más difícil a la hora de emigrar es establecer nuevos contactos. El simple hecho de conocer gente nueva puede resultar muy estresante y ser valorado como potencialmente peligroso, ya que estamos expuestos a un posible rechazo. 

Si conocer a gente nueva lo interpretamos como una situación en la que se pone a prueba nuestra valía (“seguro que caigo mal porque soy aburrida”), muy probablemente nos sintamos bajo presión y reactivemos inseguridades durante el proceso de establecer nuevos lazos afectivos. Esto puede tener como resultado un desarrollo de ansiedad. 

Cómo afrontar la ansiedad en el extranjero:


Cada caso debe ser analizado de manera individual dado que las factores desencadenantes pueden ser muy diferentes y, por tanto, la intervención ser también distinta en cada caso. A rasgos generales se podría recomendar:


* Paciencia. Emigrar puede llevar tiempo. Se suele decir que de media se tardan unos 2 años en realmente sentirse acogido en un nuevo país: comprender la nueva cultura, el idioma, comenzar a tener un círculo de amigos en vez de conocidos…


* Analizar a qué le tienes miedo exactamente. ¿Es al rechazo? ¿Al fracaso? ¿A estar solo? ¿A no ser importante para las personas que has dejado atrás? Conociendo el desencadenante del miedo y la ansiedad, podrás cambiar tu diálogo interior de manera más precisa. Las nuevas experiencias que vayas sumando en el extranjero pueden ser una gran oportunidad analizar, comprobar y reajustar ideas y creencias. También nos ayudarán a poner en marcha acciones para evitar que se produzca eso a lo que le tenemos miedo. Por ejemplo:


– Si a lo que tienes miedo es al rechazo, piensa que la ventaja de estar en contacto con personas que no te conocen es que no van a valorarte por algo que hiciste en el pasado, si no por cómo actúas a día de hoy. Esto puede ser una excelente oportunidad para generar nuevas creencias sobre ti mismo y desarrollar más seguridad.


– Respecto al fracaso, plantéate: ¿qué significa exactamente fracasar? Vivir en el extranjero no implica demostrarle nada a nadie. Mientras tú decidas que quieres seguir viviendo en otro país, adelante. Si decides que para ti lo mejor es volver, adelante. He oído muchas veces que mis clientes formulaban ideas como „si me vuelvo ahora, habré fracasado“ o „tengo que esperar, no puedo volver ahora“. Comprueba si la presión realmente es externa o si te la estás generando tú. ¿Acaso eres tú el que considera que volver es un fracaso? ¿Cómo llegas a esa conclusión? Cualquier decisión que tomes será legítima, ya que para ti será importante.


* Permítete cambiar tus planes. Que tus planes inciales (montar una empresa, estudiar, comenzar de cero …) no sean llevados a cabo no implica un fracaso. ¿Has intentado montar una empresa y no ha funcionado? Seguro que probarás a trabajar de otra forma o incluso te reorientes a nivel laboral. ¿Te habías planteado estudiar en el extranjero pero te has dado cuenta de que no te interesa? Encontrarás otra forma de formarte o de ganarte la vida. ¿Pensabas que vivir en el extranjero iba a propiciarte un gran cambio interno y no se ha dado de esa manera? A lo mejor existe otra estrategia que te ayude más. Date permiso para adaptarte a la vida que te está ocurriendo y no a la planificada en tu mente.


* Valora tus esfuerzos. Si emigrar y adaptarte te está resultando difícil, es porque lo es. No es útil infravalorarse y decirse que debería adaptarme mejor o más rápido. Cada persona necesita su tiempo y va realizando los pasos necesarios a su ritmo. Observa qué estás realizando para acercarte a tu objetivo y háblate de manera empoderadora. ¿A un amigo le echarías la bronca si lo está pasando mal? Pues lo mismo ocurre contigo.  


* Contacta con un profesional. Si compruebas que la ansiedad y el estrés te están superando, no lo dudes. Contacta con un psicólogo. Trabajar con psicólogos en el extranjero te ayudará a entender la procedencia de la ansiedad y aprender pautas para manejarla y reducirla. Si tienes suerte, en tu ciudad puede haber profesionales que hablen tu idioma. Si no, siempre existe la terapia online que es una herramienta muy potente para las personas expatriadas.

…

(Este texto se publicó originalmente en blog personal de Marina González Biber...

3/10/19

Hemos progresado en nombre de la dignidad porque todo el mundo la sentía, aunque no fuera capaz de definirla... el asco a la indignidad marca el camino del progreso... lo podemos decir hoy de los inmigrantes... Hay una sociedad crítica con sus gobernantes escandalizada de cómo tratan a inmigrantes que huyen de la guerra y el hambre... ese escándalo es absolutamente nuevo en la historia de la humanidad porque presupone algo que nunca había hecho nadie antes, que es conceder al extranjero una dignidad infinita de origen...

"Tras dedicar una tetralogía a la ejemplaridad, el filósofo Javier Gomá (Bilbao, 54 años) se lanza en su último ensayo a reflexionar sobre otro concepto esquivo: la dignidad. Un término que define en Dignidad (Galaxia Gutenberg) como "lo que estorba y resiste a todo, incluido el interés general y el bien común" y que ha sido "olvidado y despreciado por la filosofía", frente a su presencia cotidiana en la calle, los mitines o los medios de comunicación.

 "Hemos progresado en nombre de la dignidad porque todo el mundo la sentía, aunque no fuera capaz de definirla", afirma en una entrevista con este periódico en Madrid, en la sede de la Fundación Juan March, que dirige desde 2003, un año antes de obtener el Premio Nacional de Ensayo por Imitación y experiencia.

Pregunta. ¿A qué se debe ese olvido de la filosofía por el concepto de dignidad que lamenta en el libro?

Respuesta. La primera causa, que es estructural, es la que dice Petrarca en el siglo XIV: que la miseria de la vida basta con abrir los ojos para verla, tan manifiesta es, mientras que la dignidad hay que cavar hondo para encontrarla. Es un concepto hasta cierto punto esquivo.

Hay además una causa cultural. A partir de Kant la filosofía es crítica. La cultura, durante siglos, era un instrumento de socialización, que permitía que ese salvaje que nacía de la madre se convirtiera, años después, en ciudadano. A partir de un momento, [la cultura] es sobre todo un instrumento de dominación. Y eso hace que sea liberador, pero poco creador y ciego al carácter transformador del concepto de dignidad. Hoy lo más frecuente es una ideología desconfiada, escéptica frente a cualquier ideal positivo, mientras que la dignidad es un ideal de transformación, de innovación.

La filosofía ha dado la espalda por completo al concepto de dignidad y ha sido la sociedad, como proyecto colectivo, la que —sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX— ha cogido la bandera de la dignidad y producido unas transformaciones extraordinarias, sin el respaldo de la filosofía. Es una inversión de lo que normalmente ocurre y ha tenido como consecuencia una filosofía que no ha meditado sobre la dignidad, pero también unos movimientos sociales realizados históricamente en nombre de un concepto que no ha definido.

P.  ¿Por qué esa diferencia entre el peso de la palabra en la filosofía y en ámbitos como el jurídico o el periodístico?

R: Porque es un término que connota, casi hechizante, sugiriendo esa cualidad del individuo que no puede ser atropellada. El gran hallazgo del siglo XX es que la dignidad individual prevalece sobre proyectos colectivos, de progreso, de mayor felicidad.

Es aquello que no puede ser sustituido por algo equivalente, que es lo que es el precio. Incluso invocando causas justas: el progreso, el bienestar, la felicidad de la mayoría... Es esa cualidad diamantina, resistente a todo, que incluso puede detener la marcha del progreso, porque convierte al resto de la humanidad en deudora. 

Quien la posee, y todo el mundo la posee, se convierte en acreedor, porque la humanidad le debe el derecho a la dignidad. Hemos progresado en nombre de la dignidad porque todo el mundo la sentía, aunque no fuera capaz de definirla.

P. ¿No puede generar monstruos un concepto que puede oponerse al bien común y que cada uno define de forma individual?

La filosofía no da la solución del crucigrama, una respuesta a todas las situaciones generadas por la riqueza e imprevisibilidad de la vida. Cuando se ha usado la dignidad para dar un problema taxativo a la eutanasia, al aborto, a la manipulación genética o a si se puede disparar a un avión cargado de pasajeros que va a estrellarse contra el Congreso de Estados Unidos, es cuando se convierte en recetario, que es algo que la filosofía no debe dar.

P. En el libro habla de cómo el asco a la indignidad marca el camino del progreso...

R: Asociamos la moral con lo fijo, pero hay un progreso moral que tiene que ver con una evolución de lo que consideramos evidente. En el ámbito de la dignidad, el progreso viene a menudo a partir del escándalo, como ocurrió con la novela social en el siglo XIX. 

Se te hace evidente algo que durante muchos siglos no es que no fuera evidente, es que era invisible, porque formaba parte del entramado normal de dominación. De repente ves el niño que, como en las novelas de Dickens, trabaja 18 horas al día, o la mujer abandonada después de ser violada o a un preso por deudas, algo que se suprimió en el siglo XIX.

Sí, se sigue violando a las mujeres, pero antes no se le daba ese nombre, porque no se reconocía dignidad a esas mujeres y, por tanto, no se violaba nada. La gran diferencia es que ya no puedes violar sin degradarte, envilecerte, sin producir asco a tu alrededor.

No sé cómo verán nuestros nietos el trato que hoy reciben los refugiados...

Lo mismo que decimos sobre las mujeres podemos decir hoy de los inmigrantes. Hay una sociedad crítica con sus gobernantes, al menos en Occidente, escandalizada de cómo tratan a inmigrantes que huyen de la guerra y el hambre. Y es justo que se escandalicen, siempre y cuando se ponga también el énfasis en que ese escándalo es absolutamente nuevo en la historia de la humanidad, porque presupone algo que nunca había hecho nadie antes, que es conceder al extranjero una dignidad infinita de origen, abstrayendo de todas las consideraciones. 

El principio de que el ciudadano tiene todos los derechos y el extranjero es un paria, que casi se asimila al esclavo, ha sido universal. Que hoy día nos estemos escandalizando es una extraordinaria noticia porque implica un progreso moral sin precedentes.

P. ¿Existen dignidades colectivas?

R: Sería un uso coloquial, no técnico. Sobre la que yo reflexiono es individual y pone el acento en lo distintivo de lo humano frente a los colectivismos, pero también frente a conceptos como la dignidad de la tierra, en el que se trata de relativizar la dignidad de lo humano para decir que el lagarto y el humano tienen la misma dignidad por pertenecer a la naturaleza. Yo trato de exasperar aún más la diferencia entre el hombre y el lagarto.




La creciente demanda de dignidad a los políticos


Pregunta. En el libro menciona la renuncia al "perfeccionismo político" y la búsqueda del acuerdo en la Transición, lo que conecta con la actualidad política española estos días

Respuesta. En política, la finalidad es la obtención del poder. Y una vez obtenido, su mantenimiento. Si no pones frenos, será una obtención desvergonzada, no sujeta a reglas. No es ser cínico, sino realista, decir que la política es sobre todo el arte de obtener y mantener el poder, por todos los medios que la sociedad le permita. ¿Cuál es el mayor contrapoder que existe en el mundo? Una ciudadanía ilustrada, consciente de su dignidad y de lo que se le debe.

Yo entiendo que los políticos hacen siempre lo que más les conviene para obtener sus objetivos políticos, pero no pueden ignorar del todo la demanda de una ciudadanía que, siendo cada vez más lustrada, es progresivamente más consciente de su dignidad y castiga aquellos comportamientos que, entiende, son ofensivos para la dignidad que considera que los políticos le deben respetar.

Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, pero también [Albert] Rivera y [Pablo] Casado, tienen que combinar la obtención cruda del poder, con la imagen de la dignidad. Y una sociedad ilustrada hace que esa demanda de dignidad sea creciente."                    (Entrevista al filósofo Javier Gomá, antonio Pita, El País, 18/09/19)

26/11/18

La receta del ecólogo Salvador Rueda para salvar las ciudades: las supermanzanas

"Cuando Madrid está a punto de estrenar una valiente, pionera y amplia restricción del tráfico privado al centro de la ciudad, entrevistamos al ecólogo urbano Salvador Rueda, que se ha empeñado en rediseñar las ciudades para evitar el fin del mundo. 

Su receta: las supermanzanas. Licenciado en ciencias biológicas y psicología, las clases de su maestro, el ecólogo Ramón Margalef, le hicieron ver las tramas urbanas como los más complejos ecosistemas que ha creado la especie humana.

 Su novedosa visión científica está empezando a aplicarse en las grandes urbes de todo el mundo en un intento por entenderlas, estructurarlas y equilibrarlas, pues en ese equilibrio está la habitabilidad, lo más cercano a la felicidad. Además tiene algo claro: “Hay que cambiar el uso del coche en la ciudad. No es necesario cuando hay alternativas. Es posible moverse de otro modo”.

Director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona, el famoso ecólogo urbano propone agrupar los barrios en supermanzanas a modo de grandes células donde el tráfico motorizado se reduzca al máximo y los espacios públicos crezcan. 

Un modelo urbano pensado para las personas. Más ecológico, social, abierto, interconectado, sostenible, basado en el equilibrio ecosistémico, el mismo que rige en la naturaleza. Urgentemente replicable si de verdad tenemos interés por el futuro porque, advierte, nos queda poco tiempo.

¿Cómo podemos hacer las ciudades más ecológicas?

Acabo de presentar una carta [Carta para la planificación ecosistémica de las ciudades y metrópolis] que quiere poner las bases para el diseño de los nuevos desarrollos y la regeneración de lo ya existente. Las ciudades son las principales responsables del actual desaguisado ambiental del Planeta. Producen más del 70% de los gases de efecto invernadero, son las que más suelo ocupan en el territorio y las que demandan la mayor parte de los recursos. Las ciudades son la clave. Y las tenemos que repensar.

¿Son el problema o la solución?

Hoy son el problema, mañana tienen que ser la solución si queremos reducir las incertidumbres actuales y mejorar nuestra capacidad de anticipación. La posibilidad de asegurar el futuro vendrá de las ciudades o no vendrá.

¿Nos están matando las ciudades?

Ahora nos están matando. Son causantes de los mayores impactos en el globo. Se ha extendido la degradación fruto del mal funcionamiento de las ciudades, el mal diseño y organización de las mismas, y necesitamos repensarlas profundamente para volvernos a adherir a las leyes de la naturaleza. 

El problema es que la sociedad industrial quiso jugar a ser dios, modificando las reglas de juego que tiene el planeta. Y la naturaleza nos ha respondido que, cuando se agoten los límites, nos vamos a enterar. Nos va a dar una respuesta contundente de lo que representa que suba el nivel de las aguas, que se deserticen ciertas áreas, que las temperaturas suban hasta extremos insospechados. Y eso solo hablando de los efectos del cambio climático, pero podemos hablar de otras variables que también han sobrepasado la línea roja.

¿Es un problema de diseño de las ciudades o de concepto?

De las dos cosas. La sociedad industrial se ha hecho una sociedad urbana. Ahora vivimos en las ciudades el 50 % [de la población mundial], pero dentro de unos años, hacia 2050, se espera que el 75 % de los seres humanos sean habitantes de las ciudades. Una sociedad eminentemente urbana. En la ciudad está el problema, pero también la solución.

 Tenemos que incorporar visiones ecosistémicas que permitan enlazar aquello que proponemos en la planificación y en la ejecución de la misma, para no sobrepasar aquellos límites que hacen que los procesos se hagan irreversibles. Pero que nos permitan, de algún modo, acomodarnos a esas leyes sin que ello suponga ninguna merma de servicios.

¿Qué cambiaría de las ciudades?

Tenemos que cambiar su morfología, su funcionalidad y modelos de movilidad, las condiciones de habitabilidad de nuestro espacio público. Tenemos que saber cuál es la pieza clave en el desarrollo de la organización urbana, de la mezcla de usos. Debemos cambiar las reglas de convivencia para que nuestras ciudades estén más cohesionadas socialmente. Esas son las claves.

¿Cambiarlo todo para que nada cambie?

Esa es una muy buena pregunta. Pero es así. Necesitamos incorporar la inteligencia, e incluso la sabiduría, entendiendo que la sabiduría es la inteligencia con memoria y con sentido común. Cuando incorporas las tres piezas, la resultante son soluciones que a alguien le pueden parecer tibias, pero que si están bien planteadas son revolucionarias.

Póngame un ejemplo.

Por ejemplo, la movilidad y el espacio público. La propuesta de reordenar la circulación con la intención de liberar el 70% del espacio público que hoy ocupa la movilidad. Es factible hacerlo con una reducción, en el caso de Barcelona, de solo un 13% menos de coches circulando. Con lo cual la podemos hacer habitable. Muchísimo más habitable. 

En el momento en que reducimos el 13% [de coches], quiere decir que las condiciones de vida de esas personas que vivan en la periferia de esas supermanzanas serán las mismas que tienen hoy o similares. Pero hemos de ir más allá o no lograremos reducir la contaminación atmosférica a los niveles que necesitamos. 

Y en el caso de Barcelona ponemos como meta un 21% en lugar de un 13%. De esta forma los niveles de contaminación atmosférica estarán por debajo de los que marca la legislación europea. Y eso supondrá que las condiciones ambientales y urbanas de las personas que vivan en la periferia con un 21% menos de coches serán mucho mejores que las que tienen ahora.

¿Y cómo se consigue algo así? ¿Apostando por el transporte público?

No. Se consigue con una panoplia de propuestas, pero la principal es la redefinición de una red ortogonal de vías en donde se generan unas células de unos 400 por 400 metros en cuyo interior se libera el espacio para usos distintos al de la movilidad, que se restringe fundamentalmente a las periferias de esas células. Y eso con un coste en el cambio relativamente pequeño, porque reduciendo un 13% de coches conseguimos un mismo servicio de tráfico. Garantizamos la funcionalidad. Garantizamos la organización urbana. Pero liberamos el 70% del espacio. Parece como magia, ¿no?

Es lo que usted llama “supermanzanas”. ¿Pero es algo posible o tan solo es una teoría?

Eso es posible mañana en Barcelona. En Madrid no sé cuál es el porcentaje. En Vitoria es el 8% [menos de coches]. Y conseguimos lo mismo. Conseguimos que la ciudad sea para el ciudadano. Ahora mismo, todos los que planifican hablan de crear áreas peatonales, sin darse cuenta de que el peatón es un modo de transporte.

 Necesitamos que sean ciudadanos y no solo peatones. Que puedan utilizar el espacio para el entretenimiento, ver a los niños jugando en la calle sin peligro. Que el ciego, la persona que no ve, pueda andar y deambular sin miedo, porque las velocidades internas de las supermanzanas no pueden sobrepasar los 10 kilómetros por hora; velocidad que hace compatible el conjunto de usos y de intereses. Necesitamos garantizar los derechos de intercambio. El mercado es el que hace ciudad en gran medida. Pero no solo es la venta de frutas y verduras. Hay millones de cosas para intercambiar en la ciudad, desde cromos hasta el pan o el hecho de tomarte una cerveza en una terraza. 

Garantizar el derecho a la cultura, al arte y al conocimiento en el espacio público. Y el derecho a la democracia, de nuevo al ágora, a la posibilidad de expresarse la gente. A todo eso tenemos derecho y, además, a movimientos alternativos a pie y en bicicleta. Funciona porque garantizas la funcionalidad del sistema.

¿Lo están aplicando ya en Barcelona?

En Barcelona hemos hecho una nueva red de transporte público, pero fundamentalmente hemos cambiado toda la red de autobuses. Pasamos de 84 a 28 líneas, con frecuencias de cuatro a cinco minutos en toda la ciudad y una espera media de dos minutos, pero como el reloj mental de una espera es de dos minutos, en realidad no esperas. La distancia desde cualquier punto a las paradas se ha reducido. 

Todo el mundo tiene ahora mejor acceso a esta red, 30.000 personas más. Y eso permite que, vivas donde vivas, tienes el mismo servicio. También es básico contar con una nueva red de bicicletas que sea completa para toda la ciudad. Cuando tú tienes todas las alternativas, luego puedes pedir sacrificios a la población, pero si no las tienes no puedes.

¿Es rentable ese nuevo modelo?

Una medida que es clave en cualquier proceso de planificación es entender que el órgano más sensible de la especie humana es su bolsillo. [Se ríe]. Con unos pocos céntimos somos capaces de reducir un número brutal de vehículos circulando cuando los aplicamos al aparcamiento. Brutales. No hay medida mejor. La gente se va acomodando a estos cambios, poco a poco. Y al final consigues cambiarlo todo sin que parezca que hayas cambiado nada.

Suena un poco ingenuo pensar que un buen diseño puede cambiar el mundo cuando no se cambian también las estructuras económicas y de poder.

El tema está claro. Esto es una guerra de intereses. Yo soy un servidor público. A mí me interesa la ciudad. Cuando a mí me contratan para trabajar en una ciudad, yo les digo a los políticos que no trabajo para ellos. Yo trabajo para los ciudadanos. Para los que les han votado y para los otros también.

 ¿Qué ocurre? Que los intereses económicos, por su propia definición, son intereses privados. Y por lo tanto no tienen en su ADN la necesidad de incorporar los criterios, los principios y los objetivos de lo público. Van a ganar dinero. Lo público está, precisamente, para que ganando ellos dinero, no suponga una merma de la calidad urbana y de vida de sus habitantes. Yo hoy no estoy diciendo que no se hagan coches.

 Mañana no lo sé, pero hoy lo que estoy diciendo es que hay que cambiar el uso del coche en la ciudad. Que no es necesario cuando hay alternativas. Que es posible moverse de otro modo de una forma competitiva respecto al uso del coche. Pero hay que poner la infraestructura y diseñar los elementos que permitan que eso sea así. Y hay que hacer una apuesta pública por lo que es público, que es el derecho de todas las personas a acceder a la ciudad.

Usted ha sido discípulo de Ramón Margalef. Como ecólogo, ¿cree que la ciencia puede ayudarnos a mejorar las ciudades?

Entendiendo que una buena teoría es la mejor práctica, tiene que venir sobre bases a ser posible científicas. No por nada, sino porque la ciencia lo que busca es conocer las regularidades que se producen de un determinado fenómeno, y define el sistema de clasificación que nos permite encajar todas las piezas y poder avanzar en el proceso de conocimiento cuando alguna pieza no encaja y se generan nuevos paradigmas. 

Mi inicio teórico empieza con la ecología académica. Cuando necesitas tener marcos de referencia que te permitan ligar las variables, y en el caso de la ecología, ligarlas de manera integrada. Porque la ecología es la ciencia que estudia los ecosistemas. Y fuera de los sistemas no hay nada. La ciudad es el ecosistema más complejo que ha creado la especie humana.

A pesar de toda la información que maneja, o precisamente por eso mismo, usted se declara un pesimista activo. ¿Ve muy negro el futuro?

Muy mal. Yo soy un optimista redomado en la acción, pero la información que tengo solo me permite ser pesimista a partir de la constatación y la evolución de las variables que he ido siguiendo a lo largo de 40 años. Creo y espero que reaccionemos ante una catástrofe, pero la catástrofe viene sí o sí. Fruto de los impactos que generamos en la Tierra, esa catástrofe vendrá por la mucha gente que tendrá que moverse de lugar. Migraciones que no serán como las de hoy: serán masivas. Y ese movimiento generará cortocircuitos de materiales y de energía. Y la primera víctima será la organización.

Suena terrible…

Creo que estamos en una situación de riesgo muy elevada, y que la solución está en buena medida en cómo diseñemos las ciudades del futuro. En el caso de África se espera que en 20 años crezca la población en 2.000 millones de personas. Mi pregunta es dónde van a ir esas personas si no hay organización, no hay ciudad para acogerlas.

 Pero tienen que sobrevivir. No podemos levantar muros. Tenemos que empezar a rediseñar las ciudades, a construir aquellas ciudades que permitan que esas personas puedan vivir en buenas condiciones en ellas. Y estoy hablando de 20 años. Si eso no es incierto, que venga Dios y lo vea.

¿A qué esperamos para tomarnos todo esto en serio?

Que nadie crea que si no se repiensan las ciudades hay futuro. No lo hay. Aunque se pongan las naciones de acuerdo ¿Para hacer qué? La gente tiene que vivir. ¿Y dónde vive? ¿Cuáles son los flujos, los recursos? Tiene que ser en ciudades. ¿Y qué ciudades? Esa es la cuestión. No hay más vuelta de hoja. 

Con la Carta para la planificación ecosistémica de las ciudades y metrópolis que en mayo pasado presenté en Barcelona, propongo crear una comunidad que desde abajo vaya sumando apoyos. Y que esa suma sea tan potente, genere tantos instrumentos, metodologías, soluciones de carácter legal y académico, que permita aflorar desde abajo lo que los políticos nunca van a aprobar porque están al servicio de los intereses económicos. Y como he dicho al principio, nunca van a apostar, digo nunca es nunca, por el bien común. 

Aunque lo vistan como quieran y le pongan la etiqueta de ecológico, de sostenible, de verde. No sé cuál será la próxima palabra que se van a inventar, me parece que será la resiliencia. Es igual. Al final nos querrán vender la moto para beneficiar intereses espurios. Y lo que nos estamos jugando es bastante más serio que esa puesta en escena del mundo económico por la ecología."                       (Entrevista al ecólogo Salvador Rueda, Publico, 20/11/18)

31/10/18

¿Nativistas, racistas y otras personas desagradables? Entender quiénes son los populistas y lo que realmente quieren...

"El auge del populismo nacional sigue siendo un tema central en la política europea, pero ¿los políticos y los comentaristas dominantes aún no logran comprender quiénes son los populistas y qué quieren? Basándose en un nuevo libro, en coautoría con Matthew Goodwin, argumenta que ver los movimientos populistas como expresiones de nativismo o racismo es altamente problemático. 

Debe haber una mayor comprensión de las opiniones de los partidarios populistas, junto con un debate abierto y franco sobre cómo la inmigración puede influir en las sociedades europeas en las próximas décadas.  

En su discurso final sobre el Estado de la Unión en septiembre de 2018, Jean-Claude Juncker advirtió sobre un creciente "nacionalismo insalubre", "plagado de veneno y engaño". En su mira había partidos como el Rally Nacional de Francia (antes Frente Nacional), la Liga Italiana, la Alternativa para Alemania, los 'Partidos de la Libertad' en Austria y los Países Bajos, los Demócratas de Suecia, el Partido Popular Danés, Fidesz en Hungría y la Ley. y Justicia en Polonia. Todos estos partidos comparten una característica común: están ampliamente condenados como "nativistas" y / o "racistas" excluyentes, incluso como "fascistas" en los últimos tiempos. 

 En nuestro nuevo libro El populismo nacional: la revuelta contra la democracia liberal, Matthew Goodwin y yo argumentamos que tanto el nativismo como el racismo pueden ser términos problemáticos en el contexto de la política contemporánea europea y estadounidense, mientras que la etiqueta fascista es inapropiada para esta familia de partidos (aunque No los extremistas como el griego Golden Dawn). 

"Nativista" se acuñó en el siglo XIX en Estados Unidos para referirse a aquellos que buscaban restringir la inmigración nueva a los protestantes justos, pero hoy en día el término se usa normalmente para referirse a cualquier persona que plantee preguntas sobre la necesidad de una nueva inmigración extensa o que busque defender la cultura y las tradiciones nacionales.

 El término "racista" entró en uso común en el siglo XX, refiriéndose inicialmente a la creencia de que el mundo estaba dividido en razas jerárquicamente ordenadas (una visión reforzada por la ciencia racial), y a la creencia en las conspiraciones judías peligrosas.

 Hoy en día, el enfoque académico se centra más en un "racismo nuevo" generalizado, que se basa en diferencias culturales supuestamente irreconciliables, junto con el racismo "institucional" e "implícito" que no requieren ningún sesgo o prejuicio consciente.

Si bien los populistas nacionales están vinculados por sus ideologías nacionalistas y populistas con delgados lazos, si observamos ejemplos específicos de sus discursos y políticas, encontramos diferencias notables. En Europa Central y del Este todavía es posible encontrar claros rastros de antisemitismo y sentimiento anti-gitano, junto con una defensa nativista de la cultura en partidos como el Fidesz de Hungría y la Ley y Justicia de Polonia, que gobierna en un país donde está muy por encima. 

El 90 por ciento de las personas reclama la nacionalidad polaca. Esta última es una de las principales razones por las que ambos se han resistido a los esfuerzos de la UE por distribuir refugiados desde la llegada a Europa del Sur en gran número desde Medio Oriente y más allá después de 2014.

 En contraste, aunque ocasionalmente podemos encontrar comentarios racistas de estilo antiguo de prominentes populistas nacionales de Europa occidental, la oposición a la nueva inmigración ahora se enfoca mucho más en la necesidad de enseñar a los recién llegados con escasez de habilidades.

 Una preocupación creciente también ha sido la percepción de los peligros de la inmigración musulmana, que ha llevado a acusaciones generalizadas de islamofobia y la afirmación de que los populistas nacionales no distinguen entre musulmanes e islamistas. 

Ciertamente, su lenguaje puede ser alarmista, pero también plantean preguntas legítimas sobre las actitudes del Islam hacia temas como los derechos de los homosexuales, la igualdad femenina y la separación de la iglesia y el estado, temas que se relacionan con las interpretaciones de la cultura y no con tipologías raciales pseudocientíficas. 

Por lo tanto, Geert Wilders en los Países Bajos ataca al Islam "atávico" y "totalitario" en nombre de la igualdad y la libertad holandesas, pero las minorías étnicas como los indonesios no han sido objeto de ataques colectivos por parte de su Partido por la Libertad. El partido tampoco es antisemita y apoya firmemente a Israel, con aproximadamente el 10 por ciento de los judíos votando por él en las elecciones generales de 2017.

 Volviendo a las opiniones de los votantes populistas nacionales en general, aunque una minoría lleva la insignia racista con orgullo, encontramos que grandes números rechazan el supremacismo blanco y el nacionalismo étnico estrecho que los críticos a menudo asocian con ellos. 

En Europa occidental y los EE. UU., Pocos buscan restringir la inmigración a quienes se adapten de inmediato a la cultura dominante, aunque los temores sobre el Islam son generalizados y muchos buscan restringir los derechos de bienestar de los nuevos inmigrantes económicos (una política que ha ayudado a los populistas nacionales a apelar a ex votantes socialdemócratas en países como Dinamarca y Suecia, donde dichos presupuestos han estado bajo presión).

 Además, muchas de las cuestiones planteadas por los populistas nacionales abordan cuestiones más amplias, como la importancia de un sentido de pertenencia y comunidad ante las tasas de cambio étnico a menudo sin precedentes. 

Algunos países europeos tienen un porcentaje cercano, incluso mayor, de la población nacida en el extranjero que los EE. UU., Que varía entre el 11% y el 17% en Austria, Suecia, Gran Bretaña, Alemania, Francia y los Países Bajos, mientras que en Francia el número de musulmanes es mayor. se proyecta que aumentará de 9 a 17 por ciento para 2050. 

Las encuestas muestran que en Europa y en los EE. UU., las mayorías abrumadoras afirman que se sienten fuertemente vinculados a su nación (un promedio del 82 por ciento). Por lo tanto, no es sorprendente que muchos estén preocupados por las implicaciones de la creciente diversidad biológica, y vinculen cuestiones tales como mantener la confianza que es tan fundamental para la vida política y social estable.

 Pero los políticos y los comentaristas tradicionales suelen mostrar poca empatía por tales sentimientos. Para tomar dos ejemplos notables: en 2006, David Cameron se burló de los partidarios del creciente Partido de la Independencia del Reino Unido como "aplatanados, locos y racistas de armario", mientras que durante la campaña presidencial de 2016, Hillary Clinton rechazó a la mitad de los partidarios de Donald Trump como "una cesta de deplorables" , personas cuyos puntos de vista fueron 'racistas, sexistas, homopohóbicos, islamófobos - lo que sea'. 

Estos comentarios revelan mucho sobre el elitismo de los políticos contemporáneos, lo que ayuda a impulsar el lado populista del populismo nacional. De hecho, existe evidencia de que las acusaciones de "racismo" alienan a los muchos populistas nacionales que se ven a sí mismos motivados por preocupaciones legítimas, más que por prejuicios y odio.

 Pero los políticos y los comentaristas tradicionales suelen mostrar poca empatía por tales sentimientos. Para tomar dos ejemplos notables: en 2006, David Cameron se burló de los partidarios del creciente Partido de la Independencia del Reino Unido como "tortas de fruta, locos y racistas de armario", mientras que durante la campaña presidencial de 2016, Hillary Clinton rechazó a la mitad de los partidarios de Donald Trump como "una canasta de deplorables" , personas cuyos puntos de vista fueron 'racistas, sexistas, homopohóbicos, islamófobos - lo que sea'.

 Estos comentarios revelan mucho sobre el elitismo de los políticos contemporáneos, lo que ayuda a impulsar el lado populista del populismo nacional. De hecho, existe evidencia de que las acusaciones de "racismo" alienan a los muchos populistas nacionales que se ven a sí mismos motivados por preocupaciones legítimas, más que por prejuicios y odio.

 Si bien la revuelta populista nacional está impulsada por mucho más que las preocupaciones por el origen étnico y la inmigración, nuestro principal argumento en este contexto es que debe haber una mayor comprensión de las opiniones de la mayoría de sus partidarios. 

En particular, debe haber un debate abierto y franco sobre el tamaño y el tipo de inmigración que sea aceptable, y cómo afectará esto a la nación y las diferentes comunidades, incluidas las minorías étnicas, en las próximas décadas."                    (Roger Eatwell – University of Bath, LSE EUROPP)

19/9/18

Chantal Mouffe: La globalización y el cambio social han llevado a nuevas formas de inseguridad en la vida de muchas personas, no solo de las clases bajas. El discurso xenófobo articula toda una serie de necesidades y demandas que no tienen nada que ver básicamente con la migración, como la necesidad de protección. Soluciones a las migraciones africanas: parar las guerras y la globalización comercial. En Senegal solo puedes comprar cebollas europeas de Holanda

"(...) 3. Globalización y migraciónSin embargo, hoy muchas demandas, resistencias y debates están fuertemente influenciados por la cuestión de la migración.

El problema de la migración es difícil. En política, también hay problemas para los que realmente no hay solución. Creo que hay dos aspectos cruciales: En primer lugar, el discurso xenófobo articula toda una serie de necesidades y demandas que no tienen nada que ver básicamente con la migración.¿Tienes un ejemplo?

Toma el Brexit. Los votos afirmativos vinieron principalmente del norte de Inglaterra, especialmente de las capas precarizadas. En resumen, fueron los perdedores de la globalización, las víctimas de la hegemonía neoliberal, quienes abogaron por el Brexit. Estas fueron las personas a las que nadie hizo una oferta política, ni los conservadores (...) ni la izquierda del New Labour (...). Nadie se ha interesado más por los problemas de estos votantes. Entonces Farage pudo recogerla. Pudo traducir sus miedos y dificultades en un problema de política europea y migración, incluso si era una tontería en el asunto. Y él respondió a su necesidad de protección.Una necesidad de protección?

Este es un tema importante en este contexto. La globalización y el cambio social han llevado a nuevas formas de inseguridad en la vida de muchas personas, no solo de las clases bajas. Es por eso que anhelan la protección. Y dado que la globalización es responsable de esta inseguridad, uno regresa al estado nacional. La única pregunta es si es un estado nacional progresista o nacionalista.¿Y cuál es el segundo aspecto básico de la cuestión de la migración?

Estoy convencido de que necesitamos fronteras. No soy un defensor de fronteras completamente abiertas. La tragedia es que los europeos y Occidente tienen una gran responsabilidad por las guerras en el Medio Oriente y de las dificultades económicas en África pero las consecuencias, en forma de migración, no nos importan. Sin embargo, una democracia completamente cosmopolita es, en mi opinión, una imposibilidad.

 Entonces, ¿qué debería pasar?

Debemos tener una política activa para mejorar realmente las condiciones en el Tercer Mundo. Lo más importante es una corrección del libre comercio, que destruye la industria agrícola en África y conduce a grandes movimientos de población. 

 He estado varias veces en Senegal en los últimos años: solo puedes comprar cebollas europeas de Holanda. Necesitamos una dosis razonable de proteccionismo, no una ejecución hipotecaria, sino una regulación sensata de los mercados para mejorar las condiciones de vida en África.

 Debemos dejar de destruir las economías de los países en desarrollo con nuestras exportaciones. La fuga de cerebros también es un problema: el sistema de salud británico colapsaría de inmediato sin médicos de Europa del Este y del sudeste asiático. Estas fuerzas faltan en sus países de origen.  

Es cínico que Occidente ahorre costos al incitarlos tan pronto como sean educados. En definitiva, se trata de conseguir trabajadores calificados de la forma más económica posible. Es el pináculo de la lógica neoliberal, que causa un daño inmenso.Consideran inevitable que el estado nación vuelva a ser más importante. ¿Necesita un nacionalismo de izquierda?

Prefiero hablar de patriotismo izquierdista. Pero sí, estoy convencido de que todavía hay una ocupación afectiva muy fuerte de la identidad nacional, al menos así es hoy y debería ser mañana. Esto incluso aumentará como una reacción contra la globalización, incluso si no nos gusta.  

No considero que la teoría política sea una ciencia puramente normativa. Tenemos que comenzar con las personas, ya que realmente funcionan.Y a este funcionamiento pertenece el poder de las identidades colectivas?

Elias Canetti analiza muy bien este problema en "Mass and Power". Él dice que los humanos tienen dos impulsos básicos. Tienen un impulso por la individualidad, por la libertad. Pero también tienen un impulso hacia las masas, sienten la necesidad de ser parte de un colectivo. Las ciencias sociales de hoy tienden a reprimir completamente este hecho.

 ¿Qué opina del argumento de que, en el fondo, la identidad regional es mucho más importante que la identidad nacional? ¿Eso, por ejemplo, de que un Bayer es mucho más bávaro que alemán?

Esto puede tener alguna justificación para regiones y países individuales, pero creo que está fuera de discusión que el regionalismo reemplace de algún modo el nacionalismo. El afecto nacionalista sigue siendo fuerte.  

Y, además, el estado nación sigue siendo el principal marco institucional para el funcionamiento de las comunidades democráticas. Mientras permanezca así, no es deseable que el estado nación se debilite aún más.Y Europa?

Soy una europea absolutamente convencida. Europa debe defender su modelo social y social en conjunto. Pero quiero otro, no quiero la Europa neoliberal que existe hoy.  

Para construir esta otra Europa, debes comenzar a nivel regional y nacional, cambiar los discursos allí y crear nuevos espacios políticos allí. No creo que ese proyecto pueda tener éxito si comienza en el nivel superior, paneuropeo. 

 La democratización no se puede realizar de arriba hacia abajo. Por ejemplo, soy escéptico del movimiento democrático paneuropeo de Yanis Varoufakis. Eso no funcionará"

  (Entrevista a Chantal Mouffe, Daniel Binswanger, Republik, 08/09/18 ; traducción google)