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12/4/22

Marx llegó a creer que la evolución que él y Engels esbozaron en 1848 (que va del comunismo primitivo a las sociedades esclavistas, al feudalismo, al capitalismo y, en el futuro, al socialismo y al comunismo; o sea, la "vía occidental del desarrollo") era válida sólo para Europa Occidental. No podía transplantarse a otros lugares ni utilizarse para explicar el resto del mundo

 "El objetivo de este libro, muy bien documentado y escrito, es mostrar la evolución del pensamiento de Marx que se aleja de la visión unilineal de la evolución histórica, que va del comunismo primitivo a las sociedades esclavistas, al feudalismo, al capitalismo y, en el futuro, al socialismo y al comunismo. Este esquema unilineal de la historia que en El Capitalismo, Solo llamé la "vía occidental del desarrollo" (DMO) es el "pan de cada día" del marxismo clásico. 

Sin embargo, se basó, como muchos han argumentado, y Kevin Anderson muestra de forma muy persuasiva, en una generalización de la historia de Europa Occidental. No podía transplantarse a otros lugares ni utilizarse para explicar el resto del mundo.

Marx era consciente de ello e introdujo su famoso "modo de producción asiático" caracterizado por la propiedad de la tierra en común (ya sea por comunidades consanguíneas o no) y por una autoridad jerárquica superior. Era un prototipo de lo que más tarde definió el erudito marxista Karl Wittfogel como las sociedades orientales o "hidráulicas". El modo de producción asiático siempre fue bastante incómodo en el marco marxista porque no se podía decir mucho sobre su evolución: si esas sociedades tendían por sí solas a convertirse en capitalistas, incluso creando la propiedad privada de la tierra, o no. Menos aún se podía decir sobre sus perspectivas socialistas: pero si así fuera, ¿cómo podría el "socialismo científico" argumentar su validez global?

Anderson muestra que Marx en su período inicial, que podemos fechar a finales de la década de 1850, era eurocéntrico y, en algunos pasajes en los que discutía el modo de producción asiático, asumía que era ahistórico e inmutable.

Las cosas empezaron a cambiar en la década de 1860, bajo la influencia de los acontecimientos políticos fuera de Europa. Éstos llevaron a Marx a empezar a estudiar mucho más seriamente las sociedades no europeas (occidentales): el origen, la historia y la estructura de clases de las sociedades agrícolas sin propiedad privada de la tierra, sus similitudes y diferencias con dichas sociedades europeas tempranas (de tipo germánico y posteriormente eslavo). Los acontecimientos políticos de finales de la década de 1850 y principios de 1860 que atrajeron la atención de Marx y sobre los que escribió prolíficamente (sobre todo como corresponsal en Europa del New York Daily Tribune y también para Die Presse en Viena) fueron el levantamiento de los Taiping en China (1850-64), la rebelión de los Sepoy en la India (1857), el fin de la servidumbre en Rusia (1861) y la Guerra Civil estadounidense (1861-65).

Anderson dedica un capítulo entero a los escritos y la correspondencia mutua de Marx y Engels en relación con la Guerra Civil estadounidense. Como es sabido, ambos eran firmes partidarios de la Unión y admiradores de Lincoln -aunque Marx tendía a criticarlo por su timidez-, pero quedaron gratamente sorprendidos e impresionados cuando Lincoln despidió al general George McClellan y emitió la Proclamación de Emancipación. Engels, que tenía una considerable formación militar, era menos optimista sobre las posibilidades de una victoria militar absoluta del Norte. Marx, que prestaba más atención a las fuerzas sociales y a la posición de las distintas clases y grupos tanto en el Sur como en el Norte, nunca dudó de la victoria del Norte, ni siquiera en los momentos en que Gran Bretaña estuvo a punto de intervenir del lado del Sur.

La discusión de la Guerra Civil estadounidense es importante porque nos permite ver cómo Marx abordó y combinó las cuestiones raciales y de clase. Quizás esta cita de una carta de 1866 a François Lafargue (que luego se repite textualmente en El Capital), "el trabajo en la piel blanca no puede emanciparse cuando en la piel negra está marcado" resume mejor su opinión. Pero nos desvía del punto principal del libro, a saber, la transición de las naciones no europeas al capitalismo. Aquí, la India y, especialmente, Rusia desempeñaron un papel clave en la evolución del pensamiento de Marx.

En el período anterior a la publicación de El Capital (volumen I), Marx consideraba a Rusia, al igual que los liberales europeos de la época, como una extraordinaria potencia reaccionaria, dictatorial en lo interno y partidaria de las fuerzas antirrevolucionarias en lo externo: "Es en la terrible y abyecta escuela de la esclavitud mongola donde se crió y creció Moscovia... Incluso cuando se emancipó, Moscovia ha seguido desempeñando su tradicional papel de esclavo como amo" (p. 48; escrito en 1856). La intervención rusa en favor de Austria en 1848-49, la creación de la Santa Alianza, la guerra de Crimea y la sangrienta represión de varios levantamientos polacos encajaban en esa imagen.

El cambio en las opiniones de Marx, y el mayor interés por Rusia, comenzó tras la publicación de El Capital, cuando la traducción al ruso (que fue la primera traducción de El Capital, en 1872) atrajo no sólo un inesperado interés entre los intelectuales y revolucionarios de Moscú y San Petersburgo, sino también comentarios muy astutos y pertinentes, citados por Marx in extenso en varias páginas de su introducción a la segunda edición alemana de El Capital.

El nuevo interés de Marx por las cosas rusas, que le llevó a aprender el idioma y a leer varios libros rusos en el original, tuvo otra consecuencia importante. Los marxistas rusos se plantearon la siguiente cuestión: ¿podría el socialismo en Rusia eludir el desarrollo capitalista y utilizar la tierra en común (el mir ruso) como base para la futura socialización de los medios de producción? La cuestión era si la evolución "natural" era siempre la de pasar de la propiedad comunal de la tierra a la pequeña propiedad privada y, finalmente, al socialismo, o si se podía obviar la pequeña propiedad privada.

En el período anterior a la publicación de El Capital (volumen I), Marx consideraba a Rusia, al igual que los liberales europeos de la época, como una extraordinaria potencia reaccionaria, dictatorial en lo interno y partidaria de las fuerzas antirrevolucionarias en lo externo: "Es en la terrible y abyecta escuela de la esclavitud mongola donde se crió y creció Moscovia... Incluso cuando se emancipó, Moscovia ha seguido desempeñando su tradicional papel de esclavo como amo" (p. 48; escrito en 1856). La intervención rusa en favor de Austria en 1848-49, la creación de la Santa Alianza, la guerra de Crimea y la sangrienta represión de varios levantamientos polacos encajaban en esa imagen.

El cambio en las opiniones de Marx, y el mayor interés por Rusia, comenzó tras la publicación de El Capital, cuando la traducción al ruso (que fue la primera traducción de El Capital, en 1872) atrajo no sólo un inesperado interés entre los intelectuales y revolucionarios de Moscú y San Petersburgo, sino también comentarios muy astutos y pertinentes, citados por Marx in extenso en varias páginas de su introducción a la segunda edición alemana de El Capital.

El nuevo interés de Marx por las cosas rusas, que le llevó a aprender el idioma y a leer varios libros rusos en el original, tuvo otra consecuencia importante. Los marxistas rusos se plantearon la siguiente cuestión: ¿podría el socialismo en Rusia eludir el desarrollo capitalista y utilizar la tierra en común (el mir ruso) como base para la futura socialización de los medios de producción? La cuestión era si la evolución "natural" era siempre la de pasar de la propiedad comunal de la tierra a la pequeña propiedad privada y, finalmente, al socialismo, o si se podía obviar la pequeña propiedad privada.

El mismo problema se planteó en otros lugares: en la India y en Argelia. En ambos casos, a los que Marx dirigió su atención, las autoridades coloniales fomentaron la privatización de la tierra. Esa era la forma en que los colonos esperaban hacerse con la tierra. Si cada parcela de tierra es mantenida en común por un clan o una familia extendida y no puede ser alienada, ¿cómo van a conseguir los colonos franceses y británicos algo de ella? Pero si se divide en parcelas privadas, estos lotes individuales pueden ser expropiados más fácilmente o comprados a los nuevos propietarios.

 Por eso los franceses se empeñaron en acabar con la propiedad de los clanes en Argelia, y los británicos ayudaron a los zamindars a convertirse en propietarios formales de la tierra (los zamindars eran originalmente agricultores fiscales que recaudaban los impuestos del campesinado y se quedaban con una parte para ellos, pero no eran propietarios de la tierra).

Por lo tanto, en todas partes, incluso en el caso ruso (las privatizaciones de la tierra tras el fin de la servidumbre), el movimiento parecía ir hacia la ruptura de la propiedad comunal y la introducción del "capitalismo de la tierra". Sin embargo, cuanto más estudiaba Marx las sociedades no europeas, más consciente era, según Anderson, de que el DPM no se aplicaba necesariamente a ellas: no había un equivalente al feudalismo de Europa Occidental, y el futuro de las comunas rurales no estaba predestinado. Es en ese contexto que se escribió la famosa carta de Marx de 1881 a Vera Zasulich, la revolucionaria rusa. 

La importancia de la carta de Marx no puede ser sobrestimada. Lo demuestra el hecho de que Marx, un escritor compulsivo y rápido, hizo no menos de cinco borradores de la carta, cada uno más detallado que la breve carta que finalmente envió. Circunscribió explícitamente la validez de su análisis: "La 'inevitabilidad histórica' de este curso [es decir, su análisis en El Capital] se limita, por tanto, expresamente a los países de Europa Occidental"; y permitía la posibilidad de saltarse la etapa capitalista: 

"El análisis de El Capital no ofrece, por tanto, ninguna razón ni a favor ni en contra de la vitalidad de la comuna rusa. Pero el estudio especial que he realizado sobre ella, incluyendo la búsqueda de fuentes originales, me ha convencido de que la comuna es el punto de apoyo para la regeneración social en Rusia. Pero para que pueda funcionar como tal, primero hay que eliminar las influencias nocivas que la asaltan por todos lados [refiriéndose muy probablemente a la privatización de la tierra], y luego hay que asegurarle las condiciones normales para un desarrollo espontáneo."

Hacia el final de su vida, a través de una evolución impulsada en gran medida por los acontecimientos políticos fuera de Europa y las extensas lecturas de Marx, éste llegó a creer que la evolución que él y Engels esbozaron en 1848 era válida sólo para Europa Occidental y tal vez se limitaba a ella. Sólo dentro de este contexto podemos entender la aparentemente estéril última década de la vida de Marx, cuando, en lugar de completar los volúmenes restantes de El Capital, pasó una cantidad desmesurada de tiempo estudiando las minucias de la propiedad de la tierra rusa e india, la geología, las sociedades prehistóricas y similares.

David Riazanov, el primer editor de las obras completas de Marx y Engels, criticó a Marx por esta aparente pérdida de tiempo: "¿Por qué perdió tanto tiempo en este resumen sistemático y fundamental [de varios libros] o gastó tanto trabajo en un libro básico sobre geología, resumiéndolo capítulo por capítulo. En el año 63 de su vida, esto es una pedantería inexcusable" (p. 249). Sin embargo, según Anderson, el "despilfarro" puede entenderse si nos damos cuenta de que Marx, insatisfecho con el DPM y su "modo de producción asiático" no histórico, estaba, aunque sin éxito, tratando de generalizar las vías de transición al capitalismo mirando al mundo en su conjunto, ya no sólo a Europa." 

(Branko Milanović, Brave New Europe, 06/04/22; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

19/11/19

Por qué hombres y mujeres tienen distintas enfermedades mentales. La esquizofrenia y el autismo son más frecuentes entre los varones, mientras que la depresión y los trastornos de ansiedad son más habituales en la población femenina...

"Hombres y mujeres tienen más similitudes que diferencias, pero se sabe que muchas enfermedades no se distribuyen por igual entre los dos sexos. Las enfermedades mentales son un caso evidente. 

Las mujeres suelen recibir más diagnósticos de estrés postraumático, depresión o trastornos de ansiedad, mientras que los hombres suelen sufrir más de hiperactividad, esquizofrenia o autismo. En el inicio de la era de la medicina personalizada, entender esas diferencias será necesario para mejorar la prevención y los tratamientos, aunque como reconocen algunos expertos, pronunciarse sobre estas diferencias puede resultar polémico. 

El reconocimiento de diferencias innatas en los cerebros de hombres y mujeres, aunque solo sea hablando en términos globales y se recalque que dominan los rasgos comunes, puede entenderse como un intento de justificar y perpetuar desigualdades históricas.

En realidad, como suele suceder en todos los ámbitos, desligar lo biológico de lo social es complicado, porque la sociedad es fruto de la naturaleza humana y los cambios sociales pueden transformar la biología. Los paleoantropólogos plantean, por ejemplo, que fue la selección de machos más dados a la cooperación y a cuidar de sus crías por parte de las hembras lo que impulsó la evolución humana hacia la aparición de hombres con colmillos más pequeños y músculos menos potentes, pero más dotados para la interacción social.

“El dimorfismo sexual [las diferencias entre sexos] es algo que existe en muchos animales y también se da en el ser humano”, explica Eduard Vieta, director científico del CIBER de Salud Mental (CIBERSAM). “Algunas diferencias son susceptibles de ser cambiadas a nivel cultural y otras menos. Por mucho que entrene una mujer el levantamiento de peso, no va a lograr los mismos resultados que un hombre que entrene lo mismo”, añade. “En lo que se refiere a la conducta humana, la discusión está en ver qué proporción de las diferencias que se observan tiene un origen cultural y cuál viene de la biología. 

Algunos de los mecanismos son biológicos, sería un error atribuir todo a cuestiones culturales”, continúa. “Hay una biología distinta a nivel hormonal, y por ejemplo, la exposición a la testosterona durante la adolescencia puede hacer que un hombre sea más violento”, explica. “Aunque eso no significa que un hombre más violento vaya a tener mayores niveles de testosterona que uno menos violento. Son factores de riesgo”, aclara.

Hombres y mujeres tienen diferentes niveles de distintas hormonas que además se expresan de forma diferente a lo largo de la vida. Eso puede explicar, en parte, que los niños sean más propensos a sufrir algunas enfermedades durante la infancia y ellas empiecen a tener más problemas mentales durante la pubertad y la adolescencia. En ambos casos, el estrés es uno de los principales desencadenantes de estas dolencias. 

En los niños, según explica en un artículo publicado en Biological Psychiatry Georgia Hodes, del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia (EE UU), el periodo de mayor vulnerabilidad parece el propio embarazo y los años inmediatamente posteriores al nacimiento, y las enfermedades que desencadena son las relacionadas con la socialización, como los trastornos del espectro autista, los trastornos de atención o los problemas cognitivos. 

En esta etapa, según se indicaba en un trabajo liderado por Debra Bangasser, de la Universidad del Temple en Filadelfia (EE UU), parece que los estrógenos protegen a las mujeres de estas dolencias. Sin embargo, épocas de cambios hormonales, como la pubertad, el embarazo o la transición a la menopausia, hacen más vulnerables a las mujeres a desarrollar depresión o trastornos de ansiedad.

Junto a la predisposición biológica, que está mucho más relacionada con la familia que con el sexo, las circunstancias estresantes tienen que ver con el entorno en el que nace y crece cada individuo. La exposición a sustancias tóxicas en el útero o a través de la alimentación más adelante puede desencadenar una esquizofrenia en alguien propenso. En las mujeres, las experiencias de acoso o la presión por sentirse el pilar que sustenta a los hijos o a familiares enfermos pueden estar en el origen del estrés postraumático, los trastornos de ansiedad o la depresión.

Los factores culturales también pueden estar detrás de que, como plantea la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un informe sobre el distinto impacto de las enfermedades mentales en hombres y mujeres, los hombres acudan menos al médico cuando sufren este tipo de problemas o de que los médicos, dejándose llevar por estereotipos, diagnostiquen depresión a más mujeres y les ofrezcan más ansiolíticos, un tipo de fármacos mucho menos consumidos por los hombres. En España, el 13,9% de las mujeres los consumen, frente al 7,4% de los hombres. Hasta ahora, sin embargo, ellos sufren adicciones con mucha más frecuencia, algo que más que una tendencia biológica a beber o a drogarse puede reflejar una forma de reaccionar a los problemas.

El suicidio es otro aspecto de la enfermedad mental en el que los datos dibujan una gran brecha entre los dos sexos. Según Eurostat, de las 53.500 personas que se suicidaron en los países de la Unión Europea en 2016, el 77% eran varones. Sin embargo, según cuenta Vieta, las mujeres realizan más intentos que los hombres, aunque no los consumen. “Las mujeres emplean formas poco letales para intentar suicidarse. No suelen pegarse un tiro, en parte también porque tienen menos acceso a las armas, ni saltan de un edificio o se ahorcan”, ejemplifica. “En muchas mujeres, los intentos de suicidio son una demanda de ayuda, porque las mujeres, cuando tienen problemas, suelen pedir más ayuda que los hombres”, añade.

El conocimiento de los riesgos específicos de las personas de distinto sexo en distintos momentos de su vida puede ayudar a mejorar las labores de prevención de la enfermedad mental. Por ahora, aunque no se sabe si se debe a un incremento global de estas dolencias o a que se tienen más en cuenta y se diagnostican problemas que antes pasaban desapercibidos, hay indicios de que la prevalencia de problemas mentales está creciendo. 

En España, según el INE, en 2012, el 9,3% de los ingresos hospitalarios se debía a enfermedades psiquiátricas. En 2015, era del 9,7%. En el Reino Unido, que lleva midiendo la prevalencia de estas dolencias desde 1993, se observa una clara tendencia al alza. En aquel año, un 6,9% de la población tenía un trastorno mental, que subió al 7,9% en 2000, al 8,5% en 2007 y al 9,3% en 2014. Y el problema es mucho peor en mujeres y en particular entre las jóvenes, de entre 16 y 24 años. 

En 2014, el 26% tenía síntomas de alguna enfermedad de este tipo, frente al 9,1% de los hombres de la misma edad. En España, según la Encuesta Nacional de Salud, el 9,1% de las mujeres decía sufrir ansiedad crónica frente al 4,3% de los hombres. Las cifras eran similares para la depresión, con un 9,2% y un 4%, respectivamente."                  (Daniel Mediavilla, El País, 23/10/19)

24/11/15

Manuel Castells: la tecnología, los movimientos, los migrantes moldean una nueva era

"(...) –¿Estamos comenzando una nueva era?

–En términos tecnológicos, económicos y culturales, la hemos comenzado hace tiempo. Ahora empezamos una nueva era en términos políticos e institucionales.

–¿Y cómo será?

–Lo que sabemos es que no será como antes. Las instituciones actuales no tienen legitimidad, y esto, en las sociedades democráticas, no puede durar mucho tiempo. De hecho, no está durando. Las instituciones serán, por un lado, cada vez más supranacionales, como la Unión Europea, pero por otro lado, las identidades, en su mayoría, serán cada vez más locales, específicas, nacionales o religiosas, o étnicas.

 Y aquí hay una contradicción fundamental: hay una sociedad global, una economía global conectada en red, pero al mismo tiempo la gente, ante ese cambio vertiginoso de lo que eran las coordenadas de la vida, se refugia en sus identidades y, entre medio, las instituciones tienen que relacionarse cada vez más. 

Los estados europeos no pueden funcionar por su cuenta sin la Unión Europea, pero al hacer eso se alejan de sus ciudadanos. Si no se establecen mecanismos de participación, control, representación, etcétera, entonces la europeización, que es la forma de globalización en Europa, se convierte en una amenaza para lo que la gente piensa sobre su vida. Se ven sin control.

–Una contradicción…

–Sí, y como no puede durar mucho tiempo, estamos asistiendo a la formación de nuevos actores políticos, de nuevas redes institucionales y de nuevas crisis, porque nadie dice que todo eso acaba en que la Unión Europea se consolida y se hace más democrática y participativa.

 Se puede romper. Se puede romper por identidades nacionales fraccionadas que no aceptan la soberanía compartida porque esa cosoberanía nunca es igual, porque hay poderes mayores que otros. (...)

–Entramos en época de cambios…

–Una cosa importante en Europa es que hay dos procesos de cambio: uno deriva de los movimientos sociales y por lo tanto apuesta por nuevos actores, y otro deriva de posiciones nacionalistas, xenófobas y defensivas contra la globalización, contra el extranjero en defensa de la nación. Hoy en Europa esas posiciones son mayoritarias. Europa del Norte es otra cosa que Europa del Sur, Europa se ha cortado cultural y políticamente entre el norte y el sur, y Francia se encuentra en medio por razones de historia y cultura política.

–Sorprende que pese a la crisis económica y de legitimidad de las instituciones y de los políticos, los ciudadanos hayan recurrido, como en España, a las urnas para expresar su voluntad de cambio optando por opciones prácticamente recién nacidas. Es la revolución en las urnas, no en las calles…

–Bueno, sí, pero al mismo tiempo recuerde que, primero, salieron a las calles y, segundo, están en las redes. Las urnas son la consecuencia de esto. Han salido a las calles y están en las redes y han constituido unos movimientos sociales que son los que han creado presión sobre la opinión pública. 

Entonces, es posible un cambio político como consecuencia de que hay un cambio de mentalidad ligado a los movimientos sociales. Ese cambio luego tiene que expresarse de alguna forma, y como los partidos tradicionales no aparecen a ojos de muchos ciudadanos como cauces posibles de ese cambio, buscan otras opciones. 

Además, también empujan a los partidos tradicionales a cambiar, porque algo está cambiando: primarias, medidas anticorrupción… Ahora bien, apuestan por nuevas opciones, pero dentro de marcos que legal y constitucionalmente no funcionan.  (...)

–Hay gente que cree que las primaveras árabes han fracasado, y así se lo han preguntado más de una vez. Usted defiende lo contrario.

–Estoy de acuerdo. Las revoluciones de verdad son un largo proceso, recordemos las revoluciones europeas del siglo XIX. Esto es un proceso que se ha iniciado y que sigue, que no sabemos adónde va. No se ha parado. Está en la mente y en los corazones de las personas. Lo mismo pasó en EE.UU.

 No se acabó Occupy, se acabó sólo como forma de ocupación porque las ocupaciones físicas del espacio tienen un límite. Las últimas ocupaciones se pararon en- diciembre porque la gente estaba congelada. Empíricamente, todas las revueltas de 2014 y 2015, de Ferguson a Nueva York y Baltimore, contra los abusos de la policía, la campaña “las vidas negras también valen”, son los mismos activistas los que las han organizado y salido a la calle en contacto con movimientos negros y blancos. Esto es Occupy Wall Street de otra manera.  (...)"                

 (Entrevista Manuel Castells, Artículo de Alex Rodriguez en revistaenie.clarin.com , en  Ssociólogos)

9/4/15

La precarización ha destruido las posibilidades de solidaridad, de comunidad, de relación afectiva, política o incluso territorial

"(...) Berardi ya decía entonces que este sistema era “una fábrica de infelicidad” donde el futuro ya no era seductor. “El futuro como dimensión cultural ha sido modelado por la modernidad en términos de expansión, acumulación, intensificación del ritmo de producción. Todo esto se ha vuelto sencillamente imposible, y por eso el futuro es inimaginable”, explica Franco Berardi a Números Rojos.

Obviamente, la crisis económica actual ha difuminado más aún si cabe un hipotético horizonte más allá de la supervivencia. “Hoy, el poder repite incansablemente que hay que relanzar (revitalizar) el crecimiento, aumentar el tiempo de trabajo, relanzar el consumo. Sin embargo, todo eso es imposible e insensato. 

El consumo no puede ser reactivado porque la gente no necesita más jerséis, ni más coches, ni más zapatos. Lo que necesita es más tiempo, más placer, más relaciones afectivas… He aquí la paradoja fundamental de nuestra época: la lógica del más contradice lo que podemos, lo que realmente necesitamos”.

Bifo incide, en Después del futuro, en cómo los totalitarismos, fascistas y comunistas, usaron la utopía como parte esencial de sus doctrinas. Y cómo generaron violencia y destrucción en la búsqueda de un futuro ideal. También, cómo no, analiza la utopía mediática, la proximidad entre las tecnologías de la comunicación moderna y los movimientos futuristas, hasta la llamada ‘última utopía’, la cíbercultural.

“Paul Valéry ya pronosticó que un día los ciudadanos del mundo podrían recibir información directamente en sus habitaciones, al igual que el agua podía salir ya del grifo”, cuenta Berardi en este libro. Hoy, aquel sueño de Valéry ha alcanzado su máxima expresión. Pero la avalancha mediática es solo una causa de nuestro aturdimiento:

 “La alienación no surge de la relación comunicativa, sino  de una relación productiva basada en la hiperexplotación, el empobrecimiento psíquico, el aislamiento. Las tecnologías digitales son solo el soporte perfecto de esa alienación”.

La contradicción informativa, como en cualquier proceso productivo de nuestro tiempo, está latente: “El gran problema de los  medios de comunicación es que no necesitamos información. Tenemos demasiada. El exceso de información produce un efecto de ignorancia extraordinaria, y un efecto de desatención, de sufrimiento cognitivo. El principal problema de la comunicación en los tiempos venideros será el silencio. Un silencio que haga posible volver a sentir de nuevo el cuerpo del otro”.

Y llegamos por fin, en palabras de Bifo, a la cuestión más difícil. Ante el triunfo del individualismo, frente a la destrucción de la construcción colectiva de un futuro común, ¿cómo podemos reaccionar? 

“La precarización ha destruido las posibilidades de solidaridad, de comunidad, de relación afectiva, política o incluso territorial. Por eso se nos hace tan cuesta arriba reconstruir un frente político del trabajo frente a la ofensiva neoliberal. Creo que el punto desde el cual volver a arrancar es el sufrimiento psíquico. Allí donde se halla el peligro, allí hay que buscar la salvación.

 Y el peligro está en la soledad del trabajador precario. Desde el sufrimiento de la soledad arranca el proceso de recomposición política del trabajo. Probablemente tengamos una respuesta cuando la catástrofe contemporánea haya producido sus efectos en la vida cotidiana. Mientras tanto, deberíamos tratar de constituir núcleos comunitarios, existenciales o psicoterapéuticos que permitan a la vida precaria reconocer su subjetividad”.     (Entrevista con Franco Berardi, Bifo. Público, 08/04/2015)

5/10/12

Algunos datos sobre la Venezuela de Chávez

"Sobre el proceso que se está desarrollando en Venezuela en los últimos años se pueden tener diferentes opiniones. Es natural. (...)

Pero, con independencia de los juicios basados en las preferencias o intereses de cada uno, me parece que, ahora que van a tener nuevas elecciones, no está de más tener en cuenta los hechos, sobre todo, porque es muy habitual que se dejen de lado para descalificar por las buenas todo lo que se está haciendo allí... Ahí van algunos:
 
En 2003, siete de cada diez venezolanos no tenían cédula de identidad (el dni español) y el 90 por ciento de esas personas pertenecían a las clases más desposeídas. Hoy en día el documento se obtiene de manera gratuita, rápida y confiable para todos.

Durante el periodo 1999-2010, la inversión social acumulada se sitúa en 330 mil millones de dólares (20% del PIB), mientras que, en la década de 1988-1998, sólo alcanzó el 8% del PIB.

Según el Banco Mundial, la pobreza disminuyó del 70% en 1996 al 23,9 en 2009 y la pobreza extrema se redujo de un 40% a un 5,9%. Desde 2001 más de tres millones de venezolanos salieron de la categoría de pobres y otros dos de la pobreza extrema. En su informe de Enero de 2012, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPALC, un organismo de la ONU) establece que Venezuela es el país suramericano que – junto con el Ecuador-, entre 1996 y 2010, ha logrado la mayor reducción de la tasa de pobreza

El índice de Gini, para medir la desigualdad, se redujo en un punto, situándose en 0,4068, el más bajo de toda América Latina.

La tasa de desempleo no supera el 6,2% y el salario mínimo pasó de 185 dólares en 1998 a 462 dólares en 2010.

En 1998 los beneficiarios del sistema de pensiones eran 387.000 personas, hoy suman 1.916.618 personas, con una pensión homologada al salario mínimo, inexistente hasta la revolución.

La tasa de mortalidad infantil ha sido dividida por dos.

El analfabetismo ha sido erradicado.

El número de docentes se ha multiplicado por cinco (de 65 000 a 350 000)

En 2011, la banca pública aumentó en un 50% sus fondos de préstamos, pasando de 40.200 millones de bolívares a 60.346 millones.

En 2011 se realizaron 113 obras de nueva construcción, cuatro hospitales, nueve maternidades y se incrementó en un 21,1% el número de camas.

La Misión Milagro, programa conjunto cubano-venezolano, cuyo lema “una visión solidaria del mundo”, desde 2004, opera a población de bajos recursos en patologías oculares de córnea, cataratas, glaucomas, oftalmología pediátrica y oncológica y ha devuelto la visión a un total acumulado de 1.413.708 personas de casi todos los países latinoamericanos.

Venezuela tiene hoy una deuda externa saneada y sus reservas mundiales acumuladas se han duplicado en diez años, siendo de 30.000 millones de dólares aproximadamente.

En contra de lo que se dice, la inmensa mayoría de los medios de comunicación están en manos de adversarios del gobierno. De 111 estaciones televisivas, 61 son privadas, 13 públicas y 37 comunitarias con alcance limitado. En las emisoras de radio AM, el 87% pertenecen al sector privado, el 3% a comunitarias y el 10% son públicas. Y en FM el 57% son privadas, el 31% comunitarias y la minoría es pública. Y en la prensa escrita un 80% está en manos de la oposición, siendo los dos diarios más influyentes – El Universaly El Nacional –, adversos al gobierno.

El instituto norteamericano de sondeos Gallup ubica al país de Hugo Chavez como la sexta nación «más feiz del mundo».

El ex presidente de Estados Unidos J. Carter ha afirmado “de las 92 elecciones que hemos monitoreado, yo diría que el proceso electoral en Venezuela es el mejor del mundo”.              (Juan Torres López, 05/10/2012)

24/3/10

La civilización empática... una conciencia planetaria para resucitar la economía y revitalizar la biosfera

"Dos espectaculares colapsos, separados por sólo 18 meses, han marcado el fin de la era contemporánea. En julio de 2008, el precio del petróleo en los mercados mundiales alcanzó la cifra récord de 147 dólares por barril, la inflación se disparó, y con ella todos los precios, desde los alimentos a la gasolina, y el motor de la economía mundial se atascó. Lo que precipitó la crisis fue la creciente demanda de combustibles fósiles de China, India y otras economías emergentes. La capacidad de compra se desplomó y la economía mundial se derrumbó. Ese fue el terremoto que hizo trizas esa época industrial. El colapso de los mercados financieros dos meses después no fue más que una réplica. (...)

La concepción ilustrada de la naturaleza humana se reflejó en el recién acuñado Estado-nación, cuyo objetivo era proteger la propiedad privada, estimular el mercado y servir de intermediario a los intereses de la ciudadanía en el ámbito internacional. Se consideraba que los Estados-nación eran agentes autónomos envueltos en una incesante batalla con otras naciones por la obtención de ganancias materiales.

Si la naturaleza humana es como indicaban los filósofos ilustrados, probablemente estemos condenados. Imposible concebir cómo podríamos crear una economía mundial sostenible y devolverle la salud a la biosfera si todos nosotros, en nuestra esencia biológica, somos agentes autónomos, egoístas y materialistas.

Sin embargo, los últimos descubrimientos sobre el funcionamiento del cerebro y el desarrollo infantil nos obligan a repensar esos arraigados dogmas. Los biólogos y los neurocientíficos cognitivos están descubriendo neuronas espejo, llamadas de la empatía, que permiten a los seres humanos sentir y experimentar situaciones ajenas como si fueran propias. Parece que somos los animales más sociales y que buscamos interactuar íntima y amigablemente con nuestros congéneres.

Por su parte, los científicos sociales están comenzando a reexaminar la historia con una lente empática, descubriendo así corrientes históricas ocultas que sugieren que la evolución humana no sólo se calibra en función del control de la naturaleza, sino del incremento y la ampliación de la empatía hacia seres muy diversos y en ámbitos temporales y espaciales cada vez mayores. Las pruebas científicas de que somos una especie básicamente empática tienen consecuencias sociales profundas y de gran alcance, y podrían determinar nuestra suerte como especie.

Para resucitar la economía mundial y revitalizar la biosfera, lo que ahora necesitamos es, nada más y nada menos, que dar, en menos de una generación, el salto hacia una conciencia empática mundial. La cuestión es la siguiente: ¿cuál es el mecanismo que permite la maduración de la sensibilidad empática y la expansión histórica de esa conciencia?

Los momentos cruciales que dan un vuelco a la conciencia humana tienen lugar cuando nuevos sistemas energéticos se conjugan con revoluciones en las comunicaciones, creando nuevas eras económicas. Los nuevos medios de comunicación se tornan mecanismos que rigen y controlan la estructuración, organización y gestión de las civilizaciones más complejas que los nuevos sistemas energéticos posibilitan. La primera revolución industrial del siglo XIX, gestionada gracias a la comunicación impresa, dio paso a la conciencia ideológica. La comunicación electrónica se convirtió en el mecanismo rector y de control de la segunda revolución industrial del siglo XX, que marcó el inicio de la conciencia psicológica.

Las revoluciones en las comunicaciones, al hacerse más complejas, van poniendo en contacto a cada vez más gente dentro de redes sociales más amplias y variadas. La comunicación oral tiene un limitado alcance temporal y espacial, mientras que las comunicaciones manuscrita, impresa y electrónica amplían el margen y la profundidad de las interacciones sociales.

Al desarrollar el sistema nervioso central de cada individuo y del conjunto de la sociedad, las revoluciones en las comunicaciones no dejan de proporcionar escenarios cada vez más incluyentes para la maduración de la empatía y la expansión de la conciencia. Durante la primera revolución industrial, caracterizada por la imprenta y la conciencia ideológica, la sensibilidad empática se extendió hasta alcanzar las fronteras nacionales, de manera que los estadounidenses se identificaban con los estadounidenses, los españoles con los españoles, los japoneses con los japoneses, etcétera. Durante la segunda revolución industrial, caracterizada por las comunicaciones electrónicas y la conciencia psicológica, los individuos empezaron a identificarse con otros de ideas afines.

Hoy en día nos encontramos en la cima de otra convergencia histórica, en una tercera revolución industrial de la energía y la comunicación, que podría extender la sensibilidad empática a la propia biosfera y a toda la vida terrena. La repartida revolución de Internet se está conjugando con la diseminación de las energías renovables, haciendo posible una economía sostenible que se gestiona localmente con vínculos en todo el mundo.

Durante el siglo XXI, cientos de millones de personas transformarán sus edificios en centrales productoras de energía que producirán in situ fuentes renovables, almacenándolas en forma de hidrógeno y electricidad compartida, e intercambiándolas a través de retículas locales, regionales, nacionales y continentales de funcionamiento similar al de Internet. En el ámbito energético, al igual que en el de la información, la difusión de fuentes de código abierto dará lugar a espacios de colaboración energética, no diferentes a los de índole social que en la actualidad existen en Internet.Si conseguimos aprovechar nuestra sensibilidad empática para instaurar una nueva ética mundial habremos superado los distantes, egoístas y utilitaristas presupuestos filosóficos que acompañaban a los mercados nacionales y el orden político de los Estados-nación, situándonos en una nueva era de conciencia biosférica. Así, dejaremos el antiguo mundo de la geopolítica para entrar en la nueva era de la política de la biosfera. (...)

Está surgiendo la civilización empática. Las generaciones más jóvenes están llevando su capacidad de empatía más allá de los credos religiosos y la identificación nacional, incorporando así a toda la humanidad y al ingente proyecto vital que envuelve la Tierra. Pero nuestra prisa por alcanzar la conectividad universal empática tropieza con un gigante entrópico en constante aceleración: el cambio climático. ¿Podremos alcanzar la conciencia biosférica y la empatía mundial a tiempo de evitar el derrumbe planetario?" (JEREMY RIFKIN: La civilización empática. El País, ed. Galicia, opinión, 19/03/2010, p. 29 )

20/1/10

La idea de metamorfosis, más rica que la de revolución, aporta la esperanza en un mundo mejor

"Cuando un sistema es incapaz de resolver sus problemas vitales por sí mismo, se degrada, se desintegra, a no ser que esté en condiciones de originar un metasistema capaz de hacerlo y, entonces, se metamorfosea. El sistema Tierra es incapaz de organizarse para tratar sus problemas vitales: el peligro nuclear, agravado por la diseminación y, tal vez, privatización del arma atómica; la degradación de la biosfera; una economía mundial carente de verdadera regulación; el retorno de las hambrunas; los conflictos étnico-político-religiosos que tienden a degenerar en guerras de civilización... La ampliación y aceleración de todos esos procesos pueden considerarse el desencadenante de un formidable feed-back negativo, capaz de desintegrar irremediablemente un sistema.

Lo probable es la desintegración. Lo improbable, aunque posible, la metamorfosis. ¿Qué es una metamorfosis?... El nacimiento de la vida puede concebirse como la metamorfosis de una organización físico-química que, alcanzado un punto de saturación, crea una metaorganización viviente, la cual, aun con los mismos constituyentes físico-químicos, produce cualidades nuevas.

La formación de las sociedades históricas, en Oriente Medio, India, China, México o Perú, constituye una metamorfosis a partir de un conglomerado de sociedades arcaicas de cazadores-recolectores que produjo las ciudades, el Estado, las clases sociales, la especialización del trabajo, las religiones, la arquitectura, las artes, la literatura, la filosofía... Y también cosas mucho peores, como la guerra y la esclavitud.

A partir del siglo XXI, se plantea el problema de la metamorfosis de las sociedades históricas en una sociedad-mundo de un tipo nuevo, que englobaría a los Estados-nación sin suprimirlos. Pues la continuación de la historia, es decir, de las guerras, por unos Estados con armas de destrucción masiva conduce a la cuasi-destrucción de la humanidad.

La idea de metamorfosis, más rica que la de revolución, contiene la radicalidad transformadora de ésta, pero vinculada a la conservación (de la vida o de la herencia de las culturas). (...)

De hecho, todo ha recomenzado, pero sin que nos hayamos dado cuenta. Estamos en los comienzos, modestos, invisibles, marginales, dispersos. Pues ya existe, en todos los continentes, una efervescencia creativa, una multitud de iniciativas locales en el sentido de la regeneración económica, social, política, cognitiva, educativa, étnica, o de la reforma de vida. (...)

Para elaborar las vías que confluirán en la Vía, tenemos que deshacernos de las alternativas reductoras a las que nos obliga el mundo de conocimiento y pensamiento hegemónico. Así es necesario, al mismo tiempo, mundializar y desmundializar, crecer y decrecer, desplegar y replegar.

La orientación mundialización-desmundialización significa que, si bien hay que multiplicar los procesos de comunicación y "planetarización" culturales, si bien necesitamos que se constituya una conciencia de "Tierra-patria", también hay que promover, de manera desmundializadora, la alimentación de proximidad, los artesanos de proximidad, los comercios de proximidad, las huertas periurbanas, las comunidades locales y regionales.

La orientación crecimiento-decrecimiento significa que hay que potenciar los servicios, las energías verdes, los transportes públicos, la economía plural -y por tanto la economía social y solidaria-, las disposiciones para la humanización de las megalópolis, las agriculturas y ganaderías biológicas, y reducir los excesos consumistas, la comida industrializada, la producción de objetos desechables y no reparables, el tráfico de automóviles y de camiones en beneficio del ferrocarril.

La orientación despliegue-repliegue significa que el objetivo ya no es fundamentalmente el desarrollo de los bienes materiales, la eficacia, la rentabilidad y lo calculable, sino el retorno de cada uno a sus necesidades interiores, el gran regreso a la vida interior y a la primacía de la comprensión del prójimo, el amor y la amistad.

Ya no basta con denunciar, hace falta enunciar. No basta con recordar la urgencia, hay que comenzar a definir las vías que conducen a la Vía. ¿Hay razones para la esperanza? Podemos formular cinco:

1. El surgimiento de lo improbable. (...)
2. Las virtudes generadoras-creadoras inherentes a la humanidad. (...)
3. Las virtudes de la crisis. (...)
4. Las virtudes del peligro. (...)
5. La aspiración multimilenaria de la humanidad hacia la armonía (paraíso, luego utopías, después ideologías libertaria/socialista/comunista, más tarde aspiraciones y revueltas juveniles de los años sesenta).

Las viejas generaciones están desengañadas de tantas falsas esperanzas. A las jóvenes les entristece que no haya una causa común como la de nuestra resistencia durante la II Guerra Mundial. Pero nuestra causa llevaba en sí misma su contrario. Como decía Vassili Grossman de Estalingrado, la mayor victoria de la humanidad fue también su mayor derrota, puesto que el totalismo estalinista salió victorioso de ella. Hoy, la causa es inequívoca, sublime: se trata de salvar a la humanidad." (EDGAR MORIN: Elogio de la metamorfosis. El País, ed. Galicia, opinión, 17/01/2010, p. 35 )