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27/10/14

¿Alternativas al capitalismo? Una estrategia... para Slavoj Zizek - No actúes. Solo piensa!




“Por otro lado, ya sabes, es un poco aburrido escuchar ese mantra de “el capitalismo está en su última etapa” ¿Cuando este mantra empezó?, si lees tempranas criticas al capitalismo, y no estoy bromeando, hace un par de décadas antes de la revolución francesa a finales del siglo XVIII…. 

No, el milagro del capitalismo es que se está pudriendo en decadencia, pero cuanto mas se esta pudriendo, mas prospera ¿sabes?. [...] No te dejes atrapar por esta presión pseudo-activista… “¡Haz algo, vamos a hacerlo!” y así sucesivamente, ¡no! Es tiempo de pensar [...] 

No estoy diciendo que mientras la gente esta sufriendo, soportando cosas horribles, deberíamos sentarnos y pensar, pero sí que tenemos que tener mucho cuidado con lo que hacemos. [...] 

Asi que entonces, la belleza esta en seleccionar el asunto que toque los fundamentos de nuestra ideología, pero al mismo tiempo, no podemos ser acusados de promover una agenda imposible como abolir toda la propiedad privada o parecidos.”   (Socioideas)

23/9/14

La rabia contra los bancos se extiende por todo el mundo, pero el problema no son los bancos, sino la existencia del dinero como relación social

"Lo primero, John, sería preguntarte de dónde viene, dónde se sostiene, la idea hegemónica de revolución en el siglo XX, es decir, la del cambio social mediante la toma del poder. 

John Holloway. Creo que el elemento central es el trabajo, el trabajo entendido como trabajo asalariado, es decir, trabajo enajenado o abstracto. El trabajo asalariado ha sido y es la base del movimiento sindical, de los partidos socialdemócratas que eran su ala política y también de los movimientos comunistas.

 Ese concepto conformaba la teoría revolucionaria del movimiento obrero: la lucha del trabajo asalariado contra el capital. Pero su lucha era limitada porque el trabajo asalariado es el complemento del capital y no su negación. (...)

Pero no es la única tradición para pensar la política de emancipación…

John Holloway. Desde luego que no. En los últimos veinte o treinta años encontramos muchísimos movimientos que afirman otra cosa: la posibilidad de emancipar la actividad humana del trabajo enajenado, abriendo grietas donde poder hacer de otra manera, hacer algo que nos parece útil, necesario y que merezca la pena, una actividad no subordinada a la lógica del beneficio.

Esas grietas pueden ser espaciales (lugares donde se generan otras relaciones sociales), temporales (“aquí en este evento, mientras estemos juntos, vamos a hacer las cosas de otra manera, vamos a abrir ventanas hacia otro mundo”) o relacionadas con actividades o recursos particulares (cooperativas por ejemplo o actividades que siguen una lógica no mercantil con respecto al agua, al sofware, a la educación, etc.). El mundo, y cada uno de nosotros, está lleno de estas grietas.

El rechazo del trabajo enajenado y enajenante implica al mismo tiempo una crítica de las estructuras institucionales, organizativas y de pensamiento que surgen de él. Así se puede explicar el rechazo de los sindicatos, de los partidos y del Estado que podemos observar en tantos movimientos contemporáneos, desde los zapatistas hasta los indignados griegos o españoles.

Pero no se trata de la oposición entre vieja y nueva política, me parece, porque lo que vemos en los movimientos de la crisis es que surgen las dos cosas al mismo tiempo: grietas como las plazas y también nuevos partidos como Syriza o Podemos. 

John Holloway. Creo que es un reflejo de que nuestra experiencia en el capitalismo es contradictoria. Somos víctimas y a la vez no lo somos. Buscamos mejorar nuestras condiciones de vida como trabajadores y también ir más allá, vivir de otra manera. Por un lado, somos efectivamente personas que tienen que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Pero, por otro, cada uno de nosotros tenemos sueños, comportamientos y proyectos que no caben en la definición capitalista de trabajo.

Lo difícil, ayer como hoy, es pensar la relación entre los dos tipos de movimientos. Cómo esa relación puede evitar la reproducción del sectarismo de siempre, cómo puede ser una relación fructífera sin negar las diferencias fundamentales entre las dos perspectivas.

Argentina en 2001 y 2002, los indignados en Grecia y España más recientemente… En cierto momento los movimientos por abajo se detienen, entran en crisis o impasse, se desvanecen… ¿Dirías que la política de las grietas tiene límites intrínsecos para durar y expandirse? 

John Holloway. No hablaría de límites, sino de problemas. Hace diez años, cuando publiqué Cambiar el mundo sin tomar el poder, se veían más los logros y las potencias de los movimientos de abajo, mientras que ahora somos más conscientes de los problemas. Los movimientos que citas son faros de esperanza de una importancia enorme, pero el capital sigue existiendo y es cada vez peor, implica cada vez más miseria y destrucción. No podemos limitarnos a cantar las glorias de los movimientos, no es suficiente.

¿Podría pasar una respuesta entonces por la opción que enfoca hacia el Estado?

John Holloway. Se entiende por qué la gente quiere ir para allá, se entiende muy bien. Han sido años de luchas feroces, pero la agresión del capitalismo sigue igual. Espero sinceramente que Podemos y Syriza ganen las elecciones, porque eso cambiaría el caleidoscopio actual de las luchas sociales. 

 Pero mantengo todas mis objeciones con respecto a la opción estatal. Cualquier gobierno de este tipo implica una canalización de las aspiraciones y de las luchas dentro de conductos institucionales que necesariamente tienen que buscar la conciliación entre la rabia que estos movimientos expresan y la reproducción del capital.

 Porque la existencia de cualquier gobierno pasa por fomentar la reproducción del capital (atrayendo inversión extranjera o de otra forma), no hay otra. Esto implica inevitablemente participar en la agresión que es el capital. Es lo que ya ha pasado en Bolivia o Venezuela y será también el problema en Grecia y España.  (...)

No descalifico la opción estatal porque yo tampoco tengo ninguna respuesta que ofrecer, pero no me parece que sea la solución.

¿Por dónde estás buscando esa respuesta?

John Holloway. Sin considerar a los partidos de izquierda como enemigos, que para mí desde luego no es el caso, yo diría que la respuesta hay que pensarla en términos de profundización de las grietas.

Si no vamos a aceptar la aniquilación de la humanidad, que es algo que me parece que está en la agenda del capitalismo como posibilidad real, entonces la única alternativa es pensar que nuestros movimientos son el nacimiento de otro mundo. Hay que ir construyendo grietas y buscando formas de reconocerlas, potenciarlas, extenderlas, comunicarlas. Buscar la confluencia o, mejor, la comunización de las grietas.

Si pensamos en términos de Estado y elecciones nos estamos desviando de eso, porque Podemos o Syriza pueden mejorar las cosas pero no crear otro mundo por fuera de la lógica del capital. Y creo que de eso se trata.  (...)

Nosotros por el momento debemos reconocer que no tenemos la fuerza suficiente para abolir el capitalismo. Y por fuerza me refiero aquí a construir maneras de vivir que no dependan del trabajo asalariado. A poder decir: “realmente no me importa si tengo empleo o no, porque si no lo tengo puedo dedicar mi vida a otras cosas que me interesan y que me dan el sustento suficiente para vivir dignamente”. Ahora mismo no es el caso. Quizá tengamos que construir eso antes de decir: “váyase al carajo, capital”.

En ese sentido, pensemos que una precondición de la Revolución Francesa fue que en cierto momento la red social de relaciones burguesas ya no necesitaba a la aristocracia para existir. De igual modo, debemos llegar trabajar para alcanzar el punto en que podamos decir: “no nos importa que el capital global no invierta en España, porque hemos construido una red de apoyo mutuo suficiente para vivir con dignidad”.

Hoy, la rabia contra los bancos se extiende por todo el mundo, pero me parece que el problema no son los bancos, sino la existencia del dinero como relación social. ¿Cómo pensar la rabia contra el dinero? Creo que ésta pasa necesariamente por construir relaciones sociales no monetizadas, no mercantilizadas.

 Y hay muchísima gente dedicándose a eso, por deseo, convicción o necesidad, aunque no salga en los periódicos. Construyendo otras formas de comunidad, de socialidad, de pensar la tecnología y las habilidades humanas para crear otra vida."           (Entrevista a John Holloway, Amador Fernández Sabater - eldiario.es, en Attac España, 02/08/2014)

2/6/14

A la hora de proponer alternativas, es importante la inserción de la clase obrera en el propio territorio

"(...) En las últimas décadas se han dado transformaciones sustantivas en la estructura y composición de la clase trabajadora, así como en su nivel de conciencia. En España, por ejemplo, todo ello aparece vinculado a los procesos de desindustrialización. 

Pero no debe olvidarse un fenómeno global: desde 1989, con la caída del campo socialista, se produce la denominada “gran duplicación”, es decir, 2.000 millones de trabajadores aparecen “de golpe” y dispuestos a valorizarse en el mercado mundial. 

Esa mano de obra es empujada al mercado global con el fin de que la clase trabajadora compita entre sí. Es un fenómeno en el que se insiste poco. “Por eso, a la hora de proponer alternativas, es importante la inserción de la clase obrera en el propio territorio”, apunta Monereo. 

El comunismo existe. No es una abstracción. Y existe porque en las sociedades capitalistas se continúa dando una contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. 

Entonces, ¿dónde hallar el sujeto revolucionario? Una gran reserva estratégica para cualquier opción emancipadora esta en los jóvenes (hoy, desde los 15 a los 40 años), hijos de las capas medias y la clase trabajadora, muchos de ellos con buena formación pero sin empleo ni horizonte vital. “Esto será decisivo cara al futuro”. 

Según Monereo, “podríamos reducir la jornada laboral y repartir el trabajo pero, en lugar de hacerlo, construimos sociedades en las que los individuos se devoran”. Con todo, el socialismo continúa siempre ahí, filtrándose en las contradicciones de la economía capitalista. 

En el análisis debe considerarse que la izquierda se enfrenta aún a la gran derrota cultural de los años 90. Y por eso, ahora, “se trata de convencer a gran parte de los trabajadores de que esta sociedad no ofrece alternativa”. La gran cuestión: ¿Cómo se protegen las clases trabajadoras, desamparadas ante la crisis? 

O dicho de otro modo, ¿cómo despertar y reconstruir el imaginario socialista? El fascismo está al acecho, presto para proporcionarles identidad. Además, a la izquierda se le ha dejado inerme frente al capitalismo. “Y en ello tiene la socialdemocracia la responsabilidad principal”, concluye el politólogo. (...)

 “Necesitamos un socialismo que le diga a la gente que va a vivir mejor que en el capitalismo, y que va a ser protagonista”. Sabiendo, de nuevo, que hay que afrontar una larga transición para cambiarnos a nosotros como seres humanos (“fue esta la gran verdad del Che”, introduce Monereo). 

Que los hombres y las mujeres se conviertan en dueños de sus destinos en la fábrica, en el tajo y en los hogares. Es cierto, por tanto, que la sociedad capitalista está preñada, impregnada de comunismo, que penetra por todas las contradicciones.

 “Pero no hay socialismo sin que cambiemos nosotros un poco cada día; esto lo aprendí de Jesús de Nazaret, pero también de Anselmo Lorenzo, de Pablo Iglesias, Dolores Ibárruri y Pepe Díaz, que se la jugaron por eso que se dio en llamar socialismo y comunismo”.(...)"             (Entrevista a Manolo Monereo, Enric Llopis, en Rebelión, 13/05/2014)

31/10/13

“El hiperconsumismo del capitalismo global nos está matando”... y el elitismo ecologista nos despista

"Además de una autora y analista de renombrado prestigio, Naomi Klein es sobre todo una reportera. En una entrevista concedida a Alternet, la autora se refirió a las investigaciones que ha realizado durante los últimos años respecto a los Big Green, las organizaciones ecologistas que forman parte del problema que desean evitar, y cuyo informe será dado a conocer (en forma de película y de libro) en el 2014. (...)

Y es que según Klein, los grupos que deberían servir como un contrapeso al abuso corporativo y a la ceguera gubernamental en asuntos sobre el medio ambiente están reproduciendo las mismas prácticas elitistas de los grupos de poder. Además, no parece ser que luego de una década de vigilar muy de cerca el cambio climático tales grupos hayan logrado hacer una diferencia:

“No sólo las emisiones [de contaminantes] han aumentado, sino que tenemos un montón de estafas que señalar… Creo que es una pregunta importante el por qué los ‘grupos verdes’ han decidido desestimar a la ciencia en sus conclusiones lógicas”, pues analistas como Kevin Anderson y Alice Bows “han estado diciendo al menos durante una década que llegar a la reducción de emisiones que necesitamos en el mundo desarrollado no es compatible con el crecimiento económico.”

Las verdaderas causas de la contaminación no se resuelven haciendo que la gente compre cosas orgánicas o “verdes” solamente, sino atendiendo al modelo al que el capitalismo global nos ha orillado, y a cómo podemos detenerlo. Parte de la solución para Klein es que “si el movimiento ambientalista ha decidido pelear, deberían dejar de lado su estatus de élite”, cosa que no se han permitido. “Creo que eso es gran parte de la razón por la que las emisiones están como están.”

Pero no todo está perdido. Sin señalar falsas esperanzas, Klein valora el trabajo de muchos grupos ambientalistas especialmente en Europa, los cuales llaman a que Estados Unidos no trate de arreglar su sistema fallido de emisiones de carbono, “sino a que de hecho lo abandone y comience a pensar en detener las emisiones en el país, en lugar de seguir con este timo. Pienso que es el momento en que nos encontramos ahora. No tenemos más tiempo que perder con estos timos que son muy astutos, pero que no funcionan.”                 (Attac Madrid, 04/10/2013)

12/9/13

Podríamos tener carteles electorales en las calles que digan: “Vote a Goldman Sachs, ¡elimine al intermediario!”

"P. ¿Y cómo explica usted la crisis en la que nos hallamos inmersos?

R. Tenemos una crisis generalizada, una convergencia de varias crisis: la financiera, la de la creciente desigualdad engendrada por el capitalismo y la ecológica. Hay una crisis alimentaria y de agua que afecta cada vez a más gente, no solo a aquello que llamábamos el Tercer Mundo, también a los países ricos.

 Y por encima de todo ello está la crisis de la democracia: autoridades ilegítimas que no han sido elegidas por los ciudadanos son las que crean las reglas del juego. Hacia eso camina el mundo, y no es una dirección demasiado bella…

P. En su libro Sus crisis, nuestras soluciones, escribe usted: “La mayoría de las personas no necesitan más pruebas, ven perfectamente que el sistema no funciona ni para ellos, ni para sus familias, amigos o país”.

R. Bueno, depende de para quién. Para el 1% del 1% funciona. Y ese 1% del 1% ha decidido, desgraciadamente, que debemos tener desempleo, austeridad, sufrimiento de la población y pérdida de aquello que la clase trabajadora conquistó a lo largo de los últimos 50 años.

P. ¿El 1% del 1% es lo que usted denomina como “el grupo de Davos”, los poderosos del mundo que se reúnen cada año en la localidad suiza? ¿Son ellos los que deciden realmente, o eso es una teoría conspirativa?

R. No, yo no creo en conspiraciones, yo creo en el manejo de las situaciones en favor de determinados intereses. No es que ellos se reúnan y digan: “Bueno, vamos a derribar los derechos que la gente ha conquistado en los últimos 50 años”. No, ellos se reúnen y dicen:

 “Tenemos demasiadas cargas sociales; hemos ganado 10 puntos del PIB en los últimos años y ahora queremos otros 10”. Se trata de una convergencia de intereses. Luego la ideología neoliberal genera ideas que la gente se acaba creyendo, como esa que tanto se ha escuchado en España de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. ¡Eso es una tontería!

P. ¿Podría explicar por qué es una tontería?

R. El Estado español no pidió prestado para mejorar la educación, la sanidad, la cultura o cosas que beneficiaran a la población en general; pidió para salvar al sistema bancario tras la crisis inmobiliaria.

 España no estaba tan endeudada antes de la crisis. Proporcionalmente, estaba menos endeudada que los virtuosos alemanes, que son los que han sacado uno de esos números mágicos que aparecen en el Tratado de Maastricht: hay una cifra, el 3%, que marca el límite de déficit que los países no deben superar; la otra indica que no hay que endeudarse en más de un 60% del PIB. 

Nadie sabe de dónde vienen esas cifras; del Bundesbank, probablemente; pero ¿por qué es un 3% en vez de un 4%, o un 60% en vez de un 65%? Son cifras arbitrarias que además han sido rebatidas. Hace poco el FMI dijo que nos equivocamos con el rescate griego.

 La ATTAC ha publicado un estudio que muestra que de los 200.000 millones de dólares (153.000 millones de euros) que se entregaron a Grecia, el 77%, al menos, fue a parar a los bancos. Todo eso está basado en ideología. El sustento de la austeridad es una patraña. Sí, una patraña matemática y económica.

P. ¿Y qué habría que hacer para reinventarse el mundo?

R. Lo primero es poner el sistema financiero bajo control. Está operando conforme a sus propias reglas y nos va a llevar más allá del borde del precipicio. Los banqueros usan un lenguaje que los líderes políticos quieren creer, o no comprenden, no sé. Pero el caso es que acaban haciendo lo que les viene en gana. Y no serán penalizados, ni irán a la cárcel, ni serán multados; seguirán haciendo locuras.

P. ¿Son ellos los que detentan el poder real?

R. Sí, claro. Podríamos tener carteles electorales en las calles que digan: “Vote a Goldman Sachs, ¡elimine al intermediario!”. La banca es demasiado grande para quebrar, demasiado grande para que encarcelen a sus responsables; si es así, ¡es demasiado grande para existir!

 Mejor sería que por un lado estuviera la banca minorista, y por otro, la banca de inversiones, no las dos bajo un mismo techo. Y si la banca de inversión quiebra, que quiebre, ¡pero que no jueguen con nuestro dinero!

P. ¿Y qué más habría que hacer?

R. Una vez controladas las entidades financieras, obligar a los bancos a contribuir a la transición verde. Esta es la idea central. Eso, además, permitiría crear empleo. Hay que controlar a la banca para que la gente no pierda sus ahorros, sus seguros, su salario… [RISAS]Probablemente[/RISAS] la gente esté más interesada en que se controle a estos bastardos por estos motivos. 

La otra razón es que hay que construir una sociedad sostenible, hacer la transición verde en transporte, hogares, agricultura. La humanidad se está yendo a tomar viento por las demandas de capital de un sistema productivo estúpido, mal organizado, que permite tremendas desigualdades. 

Tenemos que parar el calentamiento tan rápidamente como podamos; salvar las pequeñas granjas, dar la producción de alimentos a pequeños agricultores ecológicos… Hay que buscar la manera de sobrevivir. Estamos hablando del futuro de la humanidad. (...)

También le preocupa el ocaso del Estado de bienestar. “El año que viene cumpliré 80 años y no quiero morir en una Francia gobernada por el Frente Nacional”, espeta.

P. ¿Y cree que eso puede suceder?

R. Creo que están preparando la cama para los fascistas, les están preparando el bulevar. Mire Aurora Dorada en Grecia. ¡Eche la vista atrás, a los años treinta! Hitler fue elegido, no lo olvidemos. 

En el caso italiano, hubo un golpe, pero Mussolini gozaba del apoyo de buena parte de la población; y Berlusconi no está muy lejos de Mussolini."              (Entrevista a Susan George, El País, 04/08/2013)

18/7/13

No tenemos energía suficiente para situarnos en valores anteriores a la crisis. Esos tiempos jamás regresaran. No se puede dar a nivel físico, ni ecológico ni energético

"P. ¿Entonces no vamos a superar estas crisis como ha pasado con anteriores?

R. No. Los niveles registrados en los últimos 50 años muestran una progresiva decadencia estructural de las tasas de crecimiento. Entre los años 60 y 80 tenemos tasas de crecimiento del 8% y ahora de menos 0’1. Estamos saliendo de una corta época de la historia humana, muy corta, de unos 50 años donde toda la economía se basaba en el crecimiento, en la explotación brutal de los recursos naturales y la mano de obra. 

Eso se ha acabado porque ya hemos terminado con los recursos. No tenemos energía suficiente para situarnos en valores anteriores a la crisis. Esos tiempos jamás regresaran. No se puede dar a nivel físico, ni ecológico ni energético. Es imposible. Se pasará a un estadio diferente.

P.¿Qué riesgos implica continuar con las políticas de recortes marcadas desde Europa?

R. Las grandes desigualdades continuadas en el tiempo llevan sin remedio a graves conflictos sociales. Tenemos ejemplos actuales de los que podemos aprender como los abiertos en Egipto, Tuñez, Siria y Libia. Las revueltas árabes están provocadas por crisis alimentarias, porque la gente no tiene acceso a lo mínimo para poder comer. ¿Por qué? 

Porque hay una crisis energética y sube el precio del petróleo. Y hay una crisis alimentaria porque hay malas cosechas. En vez de tierras para alimentar a las personas explotan tierras para alimentar a los coches. La gente tampoco tiene acceso a los campos todos orientados al mercado exterior. Es un polvorín al que estamos contribuyendo.

P. Y para darle la vuelta al capitalismo imperante durante tanto tiempo ¿Por dónde se empieza?

R. Se empieza por cambiar las prioridades. Hay que empezar por abandonar el pacto por los recortes y el pacto por el crecimiento para acordar la transición social ecológica. Se deben trabajar tres vertientes. 

Primero apostar por el empleo verde y decente. La OIT, Organización Internacional del Trabajo nos dice que de cara al 2020, si tenemos una apuesta real por el empleo verde se pueden crear hasta un millón de empleos en España y hasta cien mil empleos en Euskadi. 

En segundo lugar es imprescindible modificar la distribución de la riqueza y del trabajo. Con las rentas que hemos alcanzado es inconcebible a nivel moral, político y económico que haya un sola persona que no tenga sus necesidades básicas cubiertas. Para acabar con esto tenemos que dotarnos de una renta mínima de ciudadanía y al mismo tiempo poner límites con una renta máxima. 

Si queremos reducir el impacto económico tenemos que reducir también el impacto que tiene las personas más ricas. Y es necesario también redistribuir el trabajo porque estas fórmulas permiten crear empleo sin crecimiento, es decir, producir la misma cantidad de cosas pero con más personas trabajando durante menos tiempo. 

A este beneficio se suma otro añadido: proteger el planeta. Reduciendo la jornada laboral se otorga tiempo a la ciudadanía para realizar más actividades sostenibles, cuidar un huerto, salir al campo, cocinar …No vivir para trabajar y consumir sino trabajar para vivir y tener las necesidades básicas cubiertas. Y por último, se ha de trabajar el pilar democrático. 

Los propios ciudadanos debemos definir cuáles son las necesidades básicas y cuáles las superfluas. Tenemos que escoger si no queremos que escoja un poder lejano. Debemos gestionar una democracia de la autolimitación, ser capaces de decidir por qué y para qué queremos trabajar, producir y consumir. Y una vez decidido esto plantear qué tipo de relación social y política vamos a tener.

P. Esa transformación implica abandonar ciertos sectores productivos en favor del empleo verde. ¿Las grandes multinacionales lo van a permitir?

R. Sí, podemos imponernos. Hay que luchar desde abajo. Tenemos mucho más poder del que pensamos en nuestras manos, debemos ejercerlo. Es posible cambiar el sistema. Y de hecho el empoderamiento ya se está dando. Proliferan las cooperativas energéticas, de banca ética, de vivienda, de producción y consumo… son ejemplos de un poder económico real de participación que estamos ejerciendo en paralelo a otros imperantes. 

Esas iniciativas están empujando y representan otra forma de ver la economía con valores de igualdad, participación, ecología y autonomía. Pero eso, por sí sólo, no es suficiente porque esas acciones son islas. Tenemos que tener la capacidad de ir tejiendo redes entre ellas para que vayan formando países y continentes. Dar un salto cualitativo. 

No tener miedo y plantear un sistema político y social que introduzca el cambio dentro de las instituciones y modifique al mismo tiempo las instituciones en sí mismas. El único eslabón que faltas en esa cadena y es capaz de darle la vuelta completa a todo esto y poner freno a los mercados, a la especulación financiera y a todos los problemas ambientales que no tienen fronteras es Europa. Tiene la capacidad de luchar contra los paraísos fiscales, que son, precisamente, bases para las multinacionales. 

P. ¿Y la sociedad está preparada?

R. Hay cada vez más gente que piensa diferente. Los propios trabajadores del sector automóvil o del turismo de masas, por ejemplo, ven que no tienen futuro. Se están poniendo en contacto con nosotros sindicatos como ELA porque sus trabajadores son conscientes de la nula proyección de algunas profesiones y piden formación en torno a la ecología de lo social.

 Además no son imprescindibles las mayorías. Los cambios también se pueden dar desde muchas minorías. No hay que creer que la gente que gobierna son mayorías. No lo son. Estamos gobernados por minorías, el famoso 1%. Hay muchos más intereses en común entre el 99% restante.

 Eso no quiere decir que no tengamos que superar mentalmente muchos obstáculos que nos hemos puesto nosotros mismos pero estamos en un momento de oportunidad que no hemos tenido desde hace muchos tiempo. La crisis, a pesar de todo lo malo, es un momento de gran oportunidad para todos. Es una ocasión extraordinaria a nivel de alternativas reales. Debemos aprovechar esto para darle la vuelta. Debemos jugar esta baza."              (Natalia González de Uriarte

21/6/13

“Como máximo, la Unión Europea durará 10 años más…”

"En primer lugar la Unión Europea fue construida según los moldes estadounidenses. Es decir, no cómo lo querían los europeos y por lo que lucharon durante varios siglos. Porque, en realidad, la unión europea ya existía en el siglo XIX. Porque toda Europa estaba gobernada por el concilio de las monarquías, entrelazadas por las relaciones de parentesco. 

Como se sabe, todas las monarquías clave, salvo Francia republicana, donde los Borbones fueron apartados, y Bonaparte perdió el imperio tras una guerra desastrosa – toda la demás Europa sencillamente estaba gobernada por parientes – primos hermanos y sobrinos.

La Unión Europea actual, que fue creada para sustituir aquella idea de la unidad, por la que en su tiempo luchó Napoleón y la que tenía en mente el Führer del Tercer Reich, esa Unión Europea no se corresponde en absoluto con el sueño histórico de los europeos. Porque existe como el sistema que sirve a la OTAN. 

Y la OTAN es el yugo que les fue colocado a los europeos después de la derrota de Europa en 1945. Es decir, que la OTAN es la forma que representa la pérdida de soberanía y el sometimiento de Europa por los Estados Unidos. Es por lo que actualmente la Unión Europea con respecto a los Estados Unidos está obligada a cumplir un papel servicial, incompleto. 

Recordaré que los EE.UU. ejercen el papel de gendarme internacional desde hace tan solo un par de generaciones. Y que antes de la Segunda Guerra Mundial aunque ya se trataba de un país poderoso, que estaba entre los cinco primeros de Occidente, no era la potencia principal. Y antes de la Primera Guerra Mundial era un país con el estatus de Australia actual.

 Es decir, que la importancia de los EE.UU., su papel de superpotencia había aumentado increíblemente a costa de la derrota de Europa en 1945. Y a costa de la aparición del sistema bipolar, que sencillamente fue una confabulación entre Moscú y Washington, en última instancia un juego, además con una sola portería. 

 - Pero el mundo bipolar ya no existe, la Unión Soviética como superpotencia ha desaparecido…

- Y actualmente el Occidente de nuevo se acerca al umbral de la crisis cuyas proporciones, posiblemente, superen, los resultados de la Primera Guerra Mundial. Y, por cierto, la destrucción de la Unión Soviética, que a primera vista parece la victoria de Occidente, representa en realidad un durísimo golpe contra el orden mundial. 

Porque justamente la Unión Soviética proporcionaba a Occidente un seguro y se colocaba como un obstáculo en el camino de los movimientos revolucionarios que podían socavar y posiblemente derrumbar este orden mundial (Che Guevara, por ejemplo, era perfectamente consciente de este papel de la URSS – N. del T.). 

O sea que la Unión Soviética de hecho no aprovechó a toda una serie de circunstancias favorables para destruir el sistema capitalista occidental – después de Vietnam y cuando comenzó a derrumbarse la estructura de la OTAN en Europa – junto con los acontecimientos de 1968 en Francia, la revolución de 1974 en Portugal – todo ello fue bloqueado por la URSS. (Hacia 1974 quedaba claro que la URSS había ganado la “guerra fría”, pero el Politburó se asustó ante tal perspectiva y no quiso forzar la victoria.

 Por un lado, los dirigentes soviéticos temían que la situación mundial derivara en el caos y, por el otro, no querían quedarse a solas con China. Posteriormente el segmento soviético de la corporatocracia mundial y parte de la nomenklatura dirigente pasaron de la “convergencia” con Occidente a la rendición consciente, abandonando todo compromiso ideológico – N. del T.).

 Y en actualidad la Unión Soviética ha desaparecido, desestabilizando la situación mundial general. Por lo que en mi opinión a Occidente le espera una reestructuración muy seria. Incluido el reformateo de la Unión Europea que difícilmente podrá sobrevivir en su forma actual…

El caso es que ahora el Occidente y todo el mundo vive la fase inicial de la transición de una formación socio-política a otra. Porque se ha acabado la era del, digamos capitalismo financiero, basado en la división entre la producción y el consumo a nivel global. Cuando en una parte del mundo se concentra el consumo, y en otra la producción barata. Todo ello organizado y protegido por el sistema del crédito especulativo. 

Esa forma del capitalismo financiero, de consumo, está agotada y se acaba. Mientras tanto, los Estados Unidos como el país, basado en el capitalismo liberal, ejerce de gendarme mundial. Los EE.UU. por lo tanto representan un obstáculo para dar el siguiente paso histórico. Hacia una nueva formación político-económica que se basará en otros principios totalmente distintos. 

 - ¿De qué formación se trata? ¿Cuál será su base?

- Se trata de la economía postconsumista, que se basará en el retorno de algunas prácticas propias de las formaciones anteriores. En particular ciertas formas del neofeudalismo y la coacción de las personas, sacada fuera de la esfera económica. 

- ¿O sea que volvemos a la Edad Media?

- Se puede decirlo así. Pero en una nueva etapa, de alta tecnología. En resumen, los Estados Unidos representan un obstáculo para esta transición histórica y serán barridos por esta ola histórica.

- ¿Y cómo se imagina la transformación de la Unión Europea, cómo será la nueva Europa?

- Europa se liberará del papel de gendarme de los EE.UU. Lo cual no significa que Europa de nuevo se descomponga en estados nacionales y pierda la unidad. En esa época postliberal y postconsumista Europa de nuevo será transformada en un espacio unido, pero ya sin el factor estadounidense. Por así decir, sin las consecuencias del año 1945. 

Ya ahora en Europa se está planteando este tema y creo que dentro de 10 años en general se hará una revalorización de los años 1930-40 del siglo XX y la corrección política, relacionada con la derrota de Europa en 1945, con Núremberg será abandonada. Esa tendencia poco a poco, subterráneamente comienza a dominar en el espacio europeo. 

Segundo. Y casi lo más importante. La Europa del mañana no tendrá nada que ver con la Europa de los años 1960-70. En primer lugar porque la élite europea en el espacio posterior al de la UE, me refiero al espacio de Europa unida posterior a la descomposición de la UE, se liberará de todos los compromisos sociales ante las amplias capas populares. Estos compromisos fueron asumidos cuando existía la URSS. 

Durante la etapa cuando los movimientos sindicales, obrero y comunista ejercían una fuerte presión. Durante la etapa posterior a 1945 cuando los principales partidos de Europa fueron el partido comunista francés y el partido comunista italiano.

 Mientras que los liberales de Gran Bretaña, que llegaron después de Churchill, atacaron con mucha fuerza a la clase dirigente tradicional, aristocrática – con sus leyes sobre la herencia y demás.

 Ahora ya no existe el factor que obligaba a las élites a hacer grandes concesiones a las capas bajas. Por eso se van a librar de cualquier compromiso social y de nuevo pasar a una sociedad estamental con los privilegios estamentales. Lo cual prácticamente ya está en el aire.

Es interesante además observar que, al igual que nuestros actuales oligarcas fueron criados en el seno del komsomol y del KGB, igualmente los dirigentes de Europa del mañana hoy se están criando dentro del marco de la estructura que le han permitido tener los EE.UU.

 Los europeos ya hoy están criando a su burocracia internacional. Pero en el seno de un sistema ajeno, que les fue impuesto de la Unión Europea. Está claro que este sistema ya se está resquebrajando y que desaparecerá."        (Entrevista al politólogo ruso Geidar Dzhemal, Larisa Pérsikova y Nika Pérsikov,Vesti, Rebelión, 08/06/2013)

14/6/13

La Tercera Revolución Industrial: Desempleo, Exclusión y Precarización

"Entrevista a Robert Kurz (2 de septiembre de 2012) (...)

Los desastres de la tercera revolución industrial 

 

Como en el caso de las otras revoluciones precedentes, la brillante ilusión posmoderna que despertó la Tercera Revolución Industrial respecto a unas nuevas formas de "trabajo inmaterial" en una nueva “sociedad de la información” basada en unas nuevas relaciones entre el capital y el trabajo, con una mayor "autodeterminación" de los trabajadores,..., se acabó traduciendo, como era de esperar en capitalismo, en una oscura realidad de desempleo masivo, subempleo, auto-explotación y precaridad generalizada.

La Tercera Revolución Industrial, por la naturaleza de su alta mecanización y robotización, significa que una proporción cada vez mayor de la población va resultando excluida del proceso de producción, mientras que los que se quedan trabajando, aceptan una remuneración cada vez menor ante el temor de resultar también ellos excluidos.

 La Tercera Revolución Industrial ha generado una progresiva irrelevancia del costo de mano de obra en los costos finales de producción (un iPad de primera generación de 500 $  incluye solamente cerca de  33 $ de mano de obra de fabricación, de los cuales el ensamblaje final en China representó sólo  8 $).

Al igual que las fábricas de algodón aplastaron a los telares manuales y el Modelo Ford T dejó sin trabajo a todo el sector de transporte de tiro animal, las tecnologías digitales han sacudido el sector de medios de comunicación, han liquidado los negocios de intermediación y de venta al por menor, han vaciado de administrativos las oficinas y diezmado las fábricas, generando desempleo y exclusión por doquier. (...)

Sin embargo, las tecno-utopías y el ilusionismo posmoderno de la 3r Revolución Industrial no parece que pierdan fuelle: “Las fábricas del futuro ya no van a estar llenas de máquinas y trabajadores con mono azul. Muchas serán absolutamente limpias y permanecerán casi desiertas. Como ocurre ya en muchos casos (plantas hidroeléctricas, ...) la mayoría de los puestos de trabajo ya no estarán en la planta de la fábrica, sino en las oficinas cercanas, que estará llenas de diseñadores, ingenieros, informáticos, expertos en logística, personal de marketing y otros profesionales. Los trabajos de fabricación del futuro requerirán más habilidades. Muchas de las tareas repetitivas aburridas quedarán obsoletas.”

Estos brillantes análisis huyen de una contradicción interna cada vez más evidente para todos. Si la entrada de mano de obra humana es cada vez menos significativa en la producción de mercancías, y los salarios representan cantidades cada vez más pequeñas de capitales destinados a la producción (la amenaza de exclusión fuerza los salarios a la baja, incluidos los de los famosos “diseñadores, ingenieros, informáticos, expertos en logística, personal de marketing,...”), ¿quién exactamente va a comprar estos productos y con qué salario? ¿Cómo va la gente a subsistir en un capitalismo sin trabajo?

Los tecno-utópicos también tienen la respuesta para esto. La situación del capitalismo actual es susceptible de reconducirse:

Internet ha propiciado la desintermediación comercial y la aparición de redes sociales de distribución. Ello, combinado con el perfeccionamiento de la impresión 3D y la posibilidad de la libre fabricación modular, ¿podría representar una oportunidad para los excluidos a partir de un retorno a las formas de la pequeña producción mercantil y el trabajo artesanal, donde los trabajadores volverían a poseer los medios de producción?

 ¿Una manufacturación modular, peer-to-peer, de código abierto y fácilmente replicable, de sólidos, que se producirían en base local y en respuesta a las necesidades de una comunidad específica, y que podría extenderse a otras muchas otras áreas como la fabricación de automóviles, de muebles o de ropa? Con la propagación de estas nuevas tecnologías modulares los empleos deslocalizados volverían al suelo patrio.

 Pero en estas disertaciones hay un factor clave y determinante que nunca aparece: los monopolios, criaturas que ganan peso con las revoluciones industriales y sobre todo con las crisis de sobreproducción que aquellas generan. 

La Tercera Revolución Industrial y sus crisis asociadas, han propiciado la transnacionalización y la hipertrofia monopolista, de forma que apenas queda ningún resquicio que pueda escapar a su penetración y control. A diferencia de las computadoras, el "reinicio" no funciona para el capitalismo.

Como ha ocurrido con la producción y comercialización de alimentos orgánico-ecológicos alternativos (las grandes superficies monopolistas ya tienen operativas sus respectivas secciones para capturar este particular segmento del mercado global), en capitalismo, lo más probable es que estas tecno-utopías, acaben conformando un nuevo sistema de subcontratación y auto-explotación, tipo “putting out system” (como en el caso del género de punto en el área de Módena), bajo el control de alguna corporación monopolista multinacional.  (...)

La hiper-concentración monopolista global significa que el capitalismo ha alcanzado una barrera sistémica interna que ya no puede traspasar. Sin crecimiento, los excluidos por la 3ª revolución industrial ya no van a ser reabsorbidos. La mayoría de la población quedará progresivamente excluida y definitivamente marginada, sin acceso a los revolucionarios logros de la técnica y la productividad.

La misma "destrucción creativa" ha dejado de funcionar.  En las otras revoluciones industriales, las crisis de sobrecapacidad forzaban la desaparición de los menos competitivos, dejando el campo libre para las iniciativas más productivas, modernas y agresivas. Una especie de rejuvenecimiento que favorecía una ulterior expansión del sistema.

En la actualidad, la "destrucción" necesaria para el rejuvenecimiento del sistema ya no tiene lugar. Cuando en un determinado sector está repartido entre dos corporaciones (duopolio), no existen firmas marginales susceptibles de destrucción. Cuando ruge la recesión, el duopolio sencillamente deja de invertir, despide obreros y mantiene la sobrecapacidad esperando tiempos mejores.

Además, la sobrecapacidad constituye la mejor barrera de entrada para mantener sus cuotas de mercado. WalMart mantiene abiertas y operativas, en ciertas zonas estratégicas, grandes superficies comerciales deficitarias, para disuadir posibles contrincantes.

Los monopolios son criaturas que sobreviven, e incluso prosperan, durante  las primeras fases de la depresión. Son capaces de mantener, e incluso subir, los precios en plena recesión. Aunque pierden clientes (excluidos), compensan su cifra de negocio con la subida de precio para los que aún siguen conectados. Los capitales que no invierten los utilizan para especular o concentrar aún más el negocio.

En estas condiciones, cualquier atisbo de recuperación choca con una infranqueable barrera interna puesto que "todo" está ya globalizado. La globalización significa que la expansión ulterior del sistema ya no es posible. (...)

Los carteles “se vende” o “se alquila” se eternizarán, para siempre, en la mayoría de los espacios urbanos y polígonos industriales del planeta. Todo aumento de la productividad, todo invento o avance para reducir el trabajo necesario, se convierte en un peligro para la humanidad. La “destrucción creativa” se ha convertido de hecho en “creación destructiva”. (...)

En realidad, la “era de la información” conlleva el desempleo en masa, el subempleo y a la precariedad de las relaciones laborales. La supuesta “autodeterminación” ha conducido a una compulsiva “autoexplotación” en la más pura tradición del “putting out system” (Bimbo convirtiendo a sus transportistas en “empresarios” autónomos). 

 Los supuestos “nuevos emprendedores”, “empresarios autónomos de su fuerza de trabajo”, o “gestores de su propio capital humano”, son en realidad agresivas formas de flexi-explotación que dejan a los trabajadores completamente a merced de las condiciones del capitalismo en crisis.

La esperanza ludópata de la mayoría de los “nuevos emprendedores” es la de descubrir o desarrollar algún recóndito nuevo "nicho de valor”, para venderlo cuanto antes, por una buena tajada, al monopolista de turno y retirarse de por vida.  (...)

En realidad lo que se está imponiendo en el primer mundo es la conocida terciarización de la miseria, habitual en el Tercer Mundo. Un puñado de ejecutivos high-tech, viviendo en barriadas exclusivas, montando en autos y yates de última generación, rodeados de multitudes de sirvientes, guardaespaldas, abogados, cocineros, sastres y criados aduladores.

 Los trabajadores expulsados del sector industrial y agrícola, han de buscarse la vida en otros sectores cada vez más precarizados o renunciar, sucumbiendo en la exclusión. La polarización social genera una extensa gama de sub-empleos precarios en los que los expulsados pasan a “servir” a los ricos o a los que aún mantienen sus precarios puestos de trabajo; precarios sirviendo a precarios (criados, chicas de servicio, chóferes, camareros/as, damas de compañía, prostitutos/as, camellos, siervos domésticos, …), según el modelo de la terciarización tercermundista. 

Los apóstoles de la terciarización plantean que estos servicios terciarios son portadores del futuro crecimiento del sistema. Pero, en la práctica, la demanda de consumo que puedan pagar estos servicios es cada vez más pequeña, ya que en la 3ª revolución industrial está acabando con la clase media. 

Las multitudes que fracasan, son excluidas del sistema por los apropiadores cada vez más exclusivos de las ganancias de la productividad. Para miles de millones de seres humanos ya no existe ningún futuro capitalista.  (...)

Sin embargo, en la actualidad, con el extraordinario nivel alcanzado por la productividad, la terciarización constituye la única estructuración socioeconómica factible para la mayoría de la población,.

La posibilidad de una futura sociedad terciaria, necesita de una nueva visión del mundo social, frente a un sistema irracional, cuyo absurdo reduccionismo orgánico y mecánico conducen inexorablemente a la catástrofe social y ecológica."         (Cáncer capitalista, 08/06/2013)

22/4/13

¿El final del camino para las fábricas deslocalizadas?

"Immanuel Wallerstein, La Jornada

Desde que existe una economía-mundo capitalista, un mecanismo esencial de su funcionamiento exitoso ha sido la fábrica deslocalizada. Tras un periodo significativo de acumulación de capital por las llamadas industrias líderes (por lo común 25 años), el nivel de ganancias termina bajando, debido a que el cuasi monopolio de la industria líder se debilitó y a que aumentaron los costos de la mano de obra a consecuencia de acciones sindicales de algún tipo.

Cuando esto ocurría, la solución era que la fábrica se deslocalizara. Esto significa que el sitio de la producción se transfería a otra parte del sistema-mundo que tuviera niveles de salario históricamente más bajos. 

En efecto, los capitalistas que controlaban las industrias líderes intercambiaban costos de transacción mayores por los menores costos de la mano de obra. Esto mantenía un ingreso significativo para ellos, pese a ser menor que en el periodo previo, cuando todavía mantenían el cuasi monopolio.

Los costos de la mano de obra eran menores en la nueva locación, porque la fábrica deslocalizada reclutaba mano de obra de las áreas rurales que antes estuvieron menos involucradas en la economía de mercado. 

Para estos trabajadores rurales la oportunidad de trabajar en estas fábricas deslocalizadas representaba un aumento en su ingreso real, mientras los dueños de la fábrica deslocalizada le pagaban a estos trabajadores menos que a aquellos que habían trabajado en la locación previa. Esto es lo que se conoce como una solución donde ambas partes ganan.

El problema con esta solución, aparentemente maravillosa, ha sido siempre que no es duradera. Tras otros 25 años, aproximadamente, los obreros en la nueva locación comenzaban a emprender acciones sindicales y el costo de su mano de obra comenzaba a subir. Cuando subía lo suficiente, los dueños de la fábrica deslocalizada tenían una opción real única –volver a dislocarse.

 Entre tanto, se iban construyendo nuevas industrias líderes en las zonas de riqueza acumulada. Así, siempre ha habido un constante movimiento de la locación de las industrias de todas clases: ¡cuasi monopolios tras cuasi monopolios!, ¡fábricas deslocalizadas tras fábricas deslocalizadas!

Esto ha sido una maravilla del ajuste capitalista a un largo proceso de cambio constante de circunstancias. Sin embargo, este maravilloso sistema ha dependido de un elemento estructural: la posibilidad de hallar nuevas áreas vírgenes para relocalizar las fábricas deslocalizadas. Por áreas vírgenes quiero decir zonas rurales que han estado relativamente poco involucradas en la economía-mundo.

Sin embargo, durante los últimos 500 años hemos venido acabándonos tales áreas. Esto puede medirse de manera muy simple en la desruralización de las poblaciones mundiales. Hoy, dichas áreas rurales se han reducido a una minoría de la superficie del mundo y parece probable que para 2050 sean una muy pequeña minoría.

Para entender las consecuencias de esa desruralización masiva necesitamos referirnos a un artículo del New York Times del 9 de abril. Se intitula Hola, Camboya. El artículo describe el vuelo a Camboya de fábricas que están abandonando China debido al aumento de los niveles salariales en China, un previo receptor de tales fábricas deslocalizadas. Sin embargo, continúa el artículo, las compañías multinacionales se están encontrando que pueden correr de los crecientes salarios de China, pero no pueden esconderse de verdad.

El problema para las multinacionales es que la increíble expansión de las comunicaciones ha ocasionado el fin de esta situación donde ambas partes ganan. Los obreros en Camboya han comenzado las acciones sindicales después de unos cuantos años, no tras 25 años. 

Hay huelgas y presiones en pos de salarios más altos y beneficios mayores, y los están consiguiendo. Esto, por supuesto, reduce el valor de que las multinacionales se muden a Camboya, Myanmar, Vietnam o Filipinas. Ahora resulta que los ahorros por mudarse de China no son para nada tan grandes.

El artículo del New York Times apunta que algunas fábricas se han movido de todas formas, por la petición de los compradores de Occidente que temen depender de un solo país. La conclusión de un consultor de manufactura es que hay riesgos en mudarse a Camboya, pero también hay un riesgo en quedarse en China. En cualquier caso, ¿hay algún lugar a dónde mudar una fábrica deslocalizada? ¿O es Camboya el final de la línea?

El fondo del asunto es que la combinación de una desruralización ya de por sí enorme y que continúa creciendo, junto con la rapidez con que pueden aprender los obreros que sus salarios son relativamente bajos y por tanto pueden emprender acciones sindicales, ha tenido por resultado un aumento continuo en los niveles de la paga de los obreros menos calificados y como tal una presión negativa mundial de las posibilidades de acumular capital. Éstas no son buenas noticias para las grandes multinacionales.

Todo esto es un elemento en lo que se ha vuelto la crisis estructural del moderno sistema-mundo capitalista. Estamos experimentando una combinación de presiones siempre crecientes en pos de austeridad para 99 por ciento con un sistema capitalista que ya no es rentable para los capitalistas. Esta combinación significa que el capitalismo como sistema-mundo está de salida.

Ambos lados buscan alternativas –pero es obvio que no son las mismas. Enfrentamos colectivamente una elección en las décadas venideras.

 Una posibilidad es un nuevo sistema, no capitalista, que replique (y tal vez empeore) los tres rasgos esenciales del capitalismo: las jerarquías, la explotación y la polarización.

 La otra posibilidad es un nuevo sistema que sea relativamente democrático y relativamente igualitario. Este último sistema, debemos subrayar, nunca ha existido en la historia del mundo. Pero es posible.

En cualquier caso, Camboya no es el futuro del sistema-mundo moderno. Más bien representa los últimos vestigios de un mecanismo que ya no ejecuta su tarea de salvar el capitalismo."           (Jaque al neoliberalismo, 22/04/2013)

20/3/13

El 'neo-liberalismo' es...

"Christian Laval está en Madrid estos días para presentar su ensayo La nueva razón del mundo, ensayo sobre la sociedad neoliberal (Gedisa), un estudio genealógico sobre el neoliberalismo y que ha escrito conjuntamente con el filósofo Pierre Dardot. (...)

Pregunta.- En su ensayo explica que el neoliberalismo no es ni un retorno al liberalismo clásico, ni al capitalismo “puro”. ¿Cómo definiría el neoliberalismo hoy en día?

Respuesta.- El neoliberalismo se define generalmente como una ideología fanática del mercado o como una política económica. En este libro, Pierre Dardot y yo mismo queremos demostrar que el neoliberalismo es mucho mas que eso. 

Es un proyecto de construcción de una sociedad en la que un sistema de normas gobierna a las instituciones, formadas por la competitividad generalizada de todos los individuos entre sí. Estas normas imponen un modelo único a la acción pública, a la acción social y a la acción de los individuos, y este modelo único se llama la empresa. (...)

P.- ¿Qué están haciendo los gobiernos para salir de la crisis?

R.- Los gobiernos están aplicando las mismas medidas que a lo largo de la historia han conducido al fracaso. Se piensa erróneamente que la única manera de salir de la crisis europea es volver a las medidas que fracasaron en las crisis anteriores: que la competencia sea aún más fuerte a través de reformas estructurales, del endurecimiento de las disciplinas monetarias y las coacciones presupuestarias.

 Y además se sirven de los mercados financieros como instrumentos de sanción de la manera más deliberada posible. Esto ha ido en contra de la solidaridad entre los individuos, entre las regiones, del compromiso social y de la protección de los derechos.

P.- ¿Piensa que una de las consecuencias serían entonces los movimientos de independencia que vive Europa hoy en día, en particular España?

R.- Si el principio general de coordinación en Europa es la competencia, esto significa que se espera competencia entre los países, entre las regiones de estos países, para una salida de la crisis. La filosofía dominante en Europa consiste en presionar de tal manera la competitividad en todos los sectores que hemos llegado a una bajada de los salarios en general mientras los precios se han mantenido.

 Esto disminuye el poder de venta y hunde todas las economías europeas. Lo que mostramos en el ensayo es que esta política de austeridad no se ha inventado estos últimos meses y que ya hemos visto en varias ocasiones que conduce a la catástrofe y a la autodestrucción de Europa.

P.- El último capítulo del libro se refiere al individuo construido en una sociedad neoliberal. Usted habla de un animal productivo y consumidor, de un “hombre-empresa”. ¿A qué se refiere?

R.- El libro no es un libro de economía aunque muestre que la economía es un medio político que conduce a las sociedades y a los individuos. El neoliberalismo sistematiza lo que ya se inventó a principio del siglo XIX. Es un proyecto de sociedad que consiste en adaptar a los individuos al mercado, es decir, a la competitividad permanente. 

Cuando el mercado del trabajo se liberaliza, por ejemplo, fuerza al individuo a convertirse en rival de los demás y se convierte en capital. Como un valor que debe ir creciendo de forma ilimitada. Esa es su finalidad. Estas estrategias neoliberales nos cambian nuestro contacto con la vida. Todo se convierte en capital.

 Este sistema de normas sobrepasa el marco económico y contagia todos los terrenos de la existencia. El punto de unidad es el propio sujeto, que no importa en qué terreno se encuentre, su finalidad deberá ser siempre el enriquecimiento. Esto es una nueva forma de “subjetivación”, término de Foucault, una nueva manera para el individuo de concebirse a sí mismo, que le obliga a sobrepasarse continuamente, como un deportista de alto nivel.

P.- ¿Qué vendría entonces después del neoliberalismo?

R.- La verdad es que ya estamos asistiendo a una construcción alternativa y que nace de todos aquellos que se han visto excluidos de esta sociedad neoliberal. Pierre Dardot y yo mismo trabajamos en ello, mantenemos un seminario abierto sobre estas nuevas fórmulas de sociedad que están apareciendo por todo Europa y que llamamos “lo común”. Es una forma de racionalidad alternativa a la del mercado. 

“Lo común” es un conjunto de prácticas que, contrariamente al neoliberalismo, pretenden la “puesta en común” de las competencias, de los conocimientos, del trabajo y que suponen la creación de nuevas instituciones. "             (Jacinta Cremades, elcultural.es, Rebelión, 15/03/2013)

15/3/13

La crisis de la democracia representativa encierra dos resultados posibles: el autoritarismo tecnocrático, quizás decorado con algún elemento participativo; y la democracia participativa

"Desde hace meses, los comentaristas están divididos: hay los que consideran que el Movimiento 5 Estrellas es una “costilla de la izquierda” y los que lo consideran una organización populista, mayormente de derechas, en algunos casos tendencialmente fascista. Ambas opiniones están en lo cierto.  (...)

Resulta particularmente rompedora la fuerza del mensaje participativo, lanzado por el M5S con una radicalidad y una eficacia que ningún movimiento político de la izquierda reciente ha logrado alcanzar: la cancelación de la diferencia entre representados y representantes, la sustitución de la delegación por la participación y la destrucción de la política como profesión. 

Sin embargo, ¿dónde está, en el M5S, la “derecha”? En primer lugar, en una posible evolución de este ideal democrático mismo. Si se percibe como objetivo que una única fuerza social realmente pueda ir auténticamente en contra de todas las demás (partidos políticos, sindicatos, etc.), la hiperdemocracia puede convertirse en su opuesto. (...)

De hecho, es un modelo que reproduce exactamente la forma del llamado “capitalismo cognitivo”. 

Como se ha señalado en varias ocasiones, entre otros por Carlo Formenti, la economía de la Red se caracteriza por una vasta participación desde abajo (de usuarios, consumidores, activistas de medios, etc.) y por una restricción piramidal en la parte superior, es decir, el papel oligopólico de unas pocas empresas muy grandes (Google, Amazon, etc.).

 El M5S aparece organizado de una manera similar. Tal vez sea esta analogía entre su forma y la de la economía de la Red lo que explica, en parte, su éxito.(...)

¿Puede un proyecto surgido en este entorno favorecer los intereses de las clases populares? ¿O es plausible pensar que ofrece oportunidades a las élites económicas? La valoración de los resultados electorales del M5S que han hecho los entornos de Goldman Sachs y Confindustria permiten pensarlo. 

¿Y pues? El Movimiento 5 Estrellas es tan de izquierdas como de derechas, es tan hiperdemocrático como autoritario. Incluye en sí mismo todas las formas en que la políticas representativas ha sido cuestionadas en los últimos años desde arriba y desde abajo: es a la vez un movimiento social, un partido-empresa y un partido personal. 

Contiene en sí la idea de la politización total de la sociedad (“no me votéis, ¡activaos!”) y la idea de una despolitización tecnocrática en la que la administración reemplaza a la política (las capacidades en lugar de las pertenencias). Es profético (la Utopía acrítica de la Red) y antiprofético, es decir, opuesto a la tipología específica de profecía política que es la ideología moderna. 

La crisis de la democracia representativa encierra dos resultados posibles: el autoritarismo tecnocrático, quizás decorado con algún elemento participativo; y la democracia participativa. El M5S contiene en sí en ambas posibilidades. Y de esta coparticipación deriva su éxito: las dificultades de una construcción “asambleísta” del proceso de decisión política se obvia por medio del verticismo.

 Su éxito indica que, utilizando el lenguaje de Gramsci, en la política contemporánea se da una nueva oscilación de la “guerra de trincheras” (en la que las alternativas políticas se incluyen en el orden existente) a la “guerra de movimientos”, en la que están en juego el orden existente mismo, y las formas generales de la política y la economía. 

Este paso abre un nuevo campo de posibilidades a la izquierda. A condición de que sepa cómo jugar a este nivel. De que sepa organizar, junto a su propio modelo de democracia radical, un proyecto global de sociedad. Lo que está en crisis no es sólo la representación sino también el capitalismo.

 A este respecto, Grillo no dice (casi) nada: éste es nuestro trabajo, éste es nuestro terreno. Actuar a este nivel significa, en mi opinión, construir un nuevo sujeto plural que sepa federar las luchas por los bienes comunes, el movimiento anti austeridad, las luchas del trabajo, el mundo del trabajo dependiente y el del trabajo “cognitivo”, tratando de construir una alternativa global de sociedad, un proyecto de “democracia de los bienes comunes”, la idea innovadora de un “socialismo del siglo XXI”.    (Loris Caruso, Il Manifesto, Rebelión,  15/03/2013)

26/2/13

El estado de crisis permanente significa que estamos ante una crisis de la valorización capitalista, que no se transforma en aumento de plusvalor

"Es evidente que la governance capitalistica impuesta por los mercados financieros ha fracasado, aún habiendo obtenido grandes resultados al plasmar y definir las nuevas modalidades de valorización y las nuevas formas de mando y jerarquía actuales. 

Tal governance consistía en nuevas funciones económicas asumidas por los mercados financieros, con el paso de una economía monetaria de producción (aquella del paradigma taylorista-fordista) a una economía financiera de producción (aquella del biocapitalismo cognitivo): redefinición continua de la unidad de medida del valor (una vez que el patrón oro cayó con el colapso de Bretton Woods) y, por tanto, financiación de la inversión privada; asegurador social de la vida como resultado de la financiarización, y consecuente privatización, de los sistemas de bienestar; instrumento de crecimiento económico y regulador de la distribución de la renta gracias a los procesos de expropiación de la cooperación social y a su endeudamiento, y multiplicador financiero de la demanda final.

La condición para que tal governance pudiese garantizar estabilidad era una continua, ilimitata expansión de los propios mercados financieros, capaces de producir (plus)valor siempre superior a los efectos mudables y negativos sobre la demanda causados por la creciente concentración de las rentas y por la expropiación de la riqueza social producida por el «común». 

Dado que esta condición no puede persistir indefinidamente, la inestabilidad estructural que se deriva sólo puede ser políticamente y socialmente gobernada recurriendo a shock exógenos, dictados por la emergencia de turno. En otras palabras, la governance se da en la emergencia. 

A principios del siglo xxi la emergencia era la guerra al terrorismo. Hoy la emergencia se da por la propia crisis de los mercados financieros y por los Estados europeos. La crisis deviene instrumento de governance y, por tanto, es permanente. Esto significa que la emergencia ha terminado y la crisis se convierte en «norma».

El estado de crisis permanente significa que estamos ante una crisis de la valorización capitalista. A pesar de los intensos procesos de restructuración organizativa y tecnológica que han ampliado la base de la acumulación, imponiendo –detras del chantaje de la necesidad– la puesta en valor de la vida, del tiempo de vida y de la cooperación social humana, la valorización actual, precisamente porque se basa solamente en la expropiación externa de la vida y del «común» humano, sin ser capaz de organizarlo, no se transforma en aumento de plusvalor. 

 El proceso de financiarización sí ha permitido una poderosa «acumulación», pero no ha sido capaz de traducirse en valorización directa y real. Esta es la contradicción central que está en la base de la crisis actual.

 A pesar de todos los intentos (desde la adulación, desde el imaginario, al chantaje, el castigo, a la mercantilización total), la vida humana puesta en valor produce de todas formas un excedente que escapa al control capitalista, un excedente que no se transforma en valor económico, es decir, que no es posible medir en términos capitalistas.

En un contexto semejante no es posible ninguna política «reformista», lo que se traduce también en crisis política e institucional. No existen condiciones para definir un nuevo New Deal compatible con la actual economía financiera de producción, a diferencia de lo sucedido en los años Treinta del siglo pasado. La salida de crisis sólo puede darse en un contexto postcapitalista. Pero de esto hablaremos más adelante."            (Andrea Fumagalli, Alfabeta2, Jaque al neoliberalismo, 25/02/2013)

21/2/13

2013 en Europa será un desastre en el plano social e imprevisible en el plano político. El actual contexto de crisis requiere una nueva política de frentes populares a escala local, estatal y europea

"¿Lograrán los gobiernos europeos, en especial los del sur, crear la estabilidad que les permita terminar el mandato o habrá crisis políticas que les obliguen a convocar elecciones anticipadas? Digamos que cada una de estas hipótesis tiene un 50% de probabilidad. (...)

Siendo así, es preciso que los ciudadanos tengan la certeza de que la inestabilidad política que pueda generarse es el precio a pagar para que surja una alternativa de poder y no sólo una alternancia en el poder. 

 ¿Podrán construir las izquierdas esta alternativa? Sí, pero únicamente si se transforman y unen, lo que es exigir mucho en poco tiempo.

  En primer lugar, las izquierdas deben centrarse en el bienestar de la ciudadanía y no en las posibles reacciones de los acreedores. La historia muestra que el capital financiero y las instituciones multilaterales (FMI, BCE, BM, Comisión Europea) sólo son rígidos en la medida en que las circunstancias no los obligan a ser flexibles.

 En segundo lugar, lo que históricamente une a las izquierdas es la defensa del Estado social fuerte: educación pública obligatoria y gratuita; servicio estatal de salud universal y tendencialmente gratuito; seguridad social sostenible con sistema de pensiones basado en el principio de repartición y no en el de capitalización; bienes estratégicos o monopolios naturales (agua, correos) nacionalizados.

 Las diferencias entre las izquierdas son importantes, pero no impiden esta convergencia de base que siempre condicionó las preferencias electorales de las clases populares. 

 El Estado social no es sostenible sin desarrollo. En ese sentido, si bien habrá divergencias acerca del peso de la ecología, de la ciencia o de la flexiseguridad en el trabajo, el acuerdo de fondo sobre el desarrollo es inequívoco y constituye, por tanto, la segunda prioridad para unir a las izquierdas. 

Como la salvaguarda del Estado social es prioritaria, todo debe hacerse para garantizar la inversión y la creación de empleo. 

Y aquí surge la tercera prioridad que deberá unir a las izquierdas. Si para garantizar el Estado social y el desarrollo es necesario renegociar con la troika y los otros acreedores, entonces esa renegociación debe ser hecha con determinación. 

Es decir, la jerarquía de las prioridades muestra con claridad que no es el Estado social el que debe adaptarse a las condiciones de la troika; al contrario, deben ser éstas las que se adapten a la prioridad de mantener el Estado social. Este es un mensaje que tanto los ciudadanos como los acreedores entenderán bien, aunque por diferentes razones.

Para que la unidad entre las izquierdas tenga éxito político, hay que considerar tres factores: riesgo, credibilidad y oportunidad. 

En cuanto al riesgo, es importante mostrar que los riesgos no son superiores a los que los ciudadanos europeos ya están corriendo: los del sur, un mayor empobrecimiento encadenado a la condición de periferia, abasteciendo mano de obra barata a la Europa desarrollada; y todos en general, pérdida progresiva de derechos en nombre de la austeridad, mayor desempleo, privatizaciones, democracias rehenes del capital financiero. 

El riesgo de la alternativa es un riesgo calculado con el propósito de probar la convicción con la que está siendo salvaguardado el proyecto europeo. 

La credibilidad radica, por un lado, en la convicción y la seriedad con las que se formula la alternativa y en el apoyo democrático con que se cuenta; y, por otro, en haber mostrado la capacidad de hacer sacrificios de buena fe (Grecia, Irlanda y Portugal son un ejemplo de ello). Únicamente no se aceptan sacrificios impuestos de mala fe, sacrificios impuestos como máximos apenas para abrir caminos a otros sacrificios mayores.

Y la oportunidad está ahí para ser aprovechada. La indignación generalizada y expresada masivamente en calles, plazas, redes sociales, centros de trabajo, salud y estudios, entre otros espacios, no se ha plasmado en un bloque social a la altura de los retos que plantean las circunstancias. 

El actual contexto de crisis requiere una nueva política de frentes populares a escala local, estatal y europea formados por una pluralidad heterogénea de sujetos, movimientos sociales, ONG, universidades, instituciones públicas, gobiernos, entre otros actores que, unidos en su diversidad, sean capaces, mediante formas de organización, articulación y acción flexibles, de lograr una notable unidad de acción y propósitos.

El objetivo es unir a las fuerzas de izquierdas en alianzas democráticas estructuralmente similares a las que constituyeron la base de los frentes antifascistas durante el período de entreguerras, con el que existen semejanzas perturbadoras.

 Dos de ellas deben ser mencionadas: la profunda crisis financiera y económica y las abrumadoras patologías de la representación (crisis generalizada de los partidos políticos y su incapacidad para representar los intereses de las clases populares) y de la participación (el sentimiento de que votar no cambia nada).

 El peligro del fascismo social y sus efectos, cada vez más sentidos, hace necesaria la formación de frentes capaces de luchar contra la amenaza fascista y movilizar las energías democráticas adormecidas de la sociedad. Al inicio del siglo XXI, estos frentes deben emerger desde abajo, desde la politización más articulada de la indignación que fluye en nuestras calles.

Esperar sin esperanza es la peor maldición que puede caer sobre un pueblo. Y la esperanza no se inventa: se construye con inconformismo, rebeldía competente y alternativas reales a la situación presente."            (Boaventura de Sousa Santos, Rebelión, 21/02/2013)  

18/2/13

Los comunes: una alternativa económica al capitalismo expoliador de libre mercado

"En 1649, un grupo de comunistas ingleses comenzó a cuestionar la noción de propiedad privada formando una agrupación conocida como el "movimiento de los comunes". 

Durante ese periodo inestable de la historia de Inglaterra, el movimiento presentaba un nuevo concepto económico, en el cual la tierra, los pozos de agua y otros recursos eran considerados patrimonio común. Este grupo evitaría que un pequeño grupo de gente se apoderara y consolidara derechos sobre elementos básicos para la vida, como el agua y los alimentos.

 En una celebración anual, que también cumplía con el propósito de protestar, formaban un círculo alrededor del pueblo y cavaban o nivelaban cualquier cerco que indicara propiedad privada. Se los comenzó a llamar los "niveladores" (levelers) o "cavadores" (diggers).

El movimiento, que fue reprimido en 1651 por los terratenientes y el Concejo de Estado, ha resurgido en la década pasada. (...)

Los comunes luchan contra la privatización de los recursos principales, como la pesca de la langosta en Maine o el manejo de los campos de pastoreo en Mongolia, basándose en que los colectivos deben regular la extracción. Se evita de ese modo la explotación porque ningún individuo tiene más derechos que el otro sobre los recursos.

"[Los comunes] ofrecen una manera intelectualmente coherente de hablar sobre valor inalienable, para el que nosotros no tenemos vocabulario", dijo David Bollier, autor de La riqueza de los comunes, a fines de enero en una conferencia organizada por la Fundación Heinrich Böll, en Washington D.C.

Bollier dice que es una manera de introducir formalmente los aspectos "políticos, de gestión pública, culturales, personales y hasta espirituales" de la vida en nuestro sistema económico, el que ahora solamente considera el valor monetario.

Agrega: "Podemos decir que es una metafísica diferente de la del estado liberal moderno, que considera al individuo como el único agente".

El movimiento de los 'comunes' es una reacción al capitalismo expoliador de libre mercado. Rechaza la noción de que los recursos, espacios y otros bienes son meramente un medio para conseguir riqueza. Condena la privatización de las obras públicas, como los medidores de estacionamiento de Chicago, que permite que la empresa (sovereign wealth fund, fondo de inversiones) que los controla aumente las tarifas.

Cuando una economía le asigna bienes valiosos a entidades privadas, los derechos de propiedad serán inevitablemente consolidados en manos de un puñado de instituciones poderosas que controlarán esos recursos.

Para evitarlo, dice, necesitamos proteger los bienes comunes con reglas que prohíban la propiedad privada de esos recursos esenciales. Sin embargo, no es un espacio que va a ser libre para todos; debe tener regulaciones y reconocimiento estatal para evitar que sea explotado por grupos privados.

El "movimiento de los comunes" introduce un "rol de auto-gobierno organizado en oposición al gobierno; aunque ambos puedan ser complementarios", dice Bollier. "La comunidad administra los recursos y tiene interés en evitar que otros diezmen las provisiones porque la licencia pertenece al público", agrega.

Pero los bienes comunes no se circunscriben a los recursos naturales sino que también incluyen la ciencia, el internet y otras tecnologías.

El internet se ha convertido en el campo de una feroz batalla entre los defensores de la comunidad que quisieran diseñar foros abiertos y libres, y las compañías que buscan controlar los contenidos mediante leyes como Stop Online Piracy Act (SOPA) y Protect IP Act (PIPA). 

Muchos programadores ceden sus derechos de propiedad intelectual al público mediante las licencias General Public (Público en General) y Creative Commons (Comunidad Creativa), las que permiten que el público acceda y contribuya a los foros de manera gratuita. También sirven para evitar el uso de información personal con fines comerciales, como sucede con Facebook.

Además, los medios privados son los dueños, a través de patentes, de un quinto del genoma humano. La empresa Myriad Genetics radicada en Salt Lake City, por ejemplo, es dueña del gen de susceptibilidad al cáncer de mama, lo que les garantiza el monopolio del control de investigación oncológica. Esto desalienta la búsqueda de nuevos tratamientos, circunstancia que podría paralizar los avances médicos.

El tema tiene mayores alcances aún: Monsanto usa organismos genéticamente modificados para desplazar a las semillas naturales, las compañías embotelladoras de agua están privatizando las napas subterráneas y las compañías de software se apoderan de derechos de propiedad intelectual de algoritmos matemáticos que otros no pueden usar después.

"Enclosure [el cercamiento de los campos abiertos] es despojo", dice Bollier en referencia a patentes y propiedad privada. Es un proceso mediante el cual los poderosos convierten un recurso comunal en una commodity de mercado... Esto se llama desarrollo.

"Lo raro sobre los bienes comunes es que son invisibles porque no forman parte ni del mercado ni del estado", dice Bollier. "No se visualizan como valiosos y no son reconocidos porque tienen muy poco que ver con derechos de propiedad para el mercado o con poder geopolítico... pero se estima que hay unos dos mil millones de personas en el mundo cuyas vidas dependen de bienes comunes, como pesca, bosques, agua de riego y otros recursos."  (...)

Muffett dice que la cuestión ya fue dilucidada cuando se construyó en Sudáfrica la estación de energía de carbón Medupi Power Station. Una evaluación de la estación de energía proyectaba que no habría suficiente agua para mantener el funcionamiento de la empresa y para satisfacer las necesidades de la comunidad local. 

La napa subterránea adyacente a la estación está tan sobrecargada que ya no llega al mar. La compañía Eskom propuso recanalizar el agua de otra napa subterránea para el funcionamiento básico de la estación y usar el agua local para el sistema de filtrado de la estación. Se aumentaría el precio del agua a la comunidad para evitar que "ladrones" acaben con el recurso.

"El consumo furtivo de agua se debe a que la gente necesita consumir agua dulce y regar sus cultivos de subsistencia", dice Muffet.

"Ponerle un precio a ese recurso de la comunidad es perder de vista el punto fundamental. El agua no tiene precio. Si te doy un galón de agua y tu me das mil dólares. Yo no puedo beber mil dólares."                 (Thomas Hedges, Truthdig.com / Center for Study of Responsive Law, Rebelión, 11/02/2013)