4/6/13
Las leyes no deben pretender zanjar las divergencias morales de los ciudadanos, sino crear un ámbito en el que puedan convivir todas sin humillación de nadie
1/4/11
"Mientras más se alejan los hombres de Dios, más avanzan en el conocimiento de las religiones"
- Humanidad. "Amar al prójimo es algo inconcebible. ¿Acaso se le pide a un virus que ame a otro virus?".
- Dios. "Una enfermedad de la que imaginamos estar curados porque nadie se muere de ella hoy en día".
- Muerte. "La naturaleza, buscando una fórmula para satisfacer a todo el mundo, escogió finalmente la muerte, la cual, como era de esperar, no ha satisfecho a nadie".
- Amistad. "Con la edad lo que más se teme es que los amigos nos sobrevivan".
- Literatura. "Toda literatura empieza con himnos y acaba con ejercicios".
- Relativismo. "¿Qué sería de nuestras tragedias si un insecto nos presentara las suyas?".
- Filosofía. "Para poder vislumbrar lo esencial no debe ejercerse ningún oficio. Hay que permanecer tumbado todo el día, y gemir".
- Pueblo. "Un pueblo no representa tanto una acumulación de ideas y teorías como de obsesiones".
- Religiosidad.
"Mientras más se alejan los hombres de Dios, más avanzan en el conocimiento de las religiones".
- Tiempo. "No hago nada, es cierto. Pero veo pasar las horas, lo cual vale más que tratar de llenarlas".
- Autodefinición. "Soy un filósofo aullador". (Aforismos de Cioran. El País, 30/03/2011, p. 40)
23/10/08
La dictadura laicista del relativismo ético, según Rouco Varela
Evidentemente, a Su Eminencia se le escapa que sólo se puede hablar de dictadura cuando a los ciudadanos se les obliga a aceptar, contra su voluntad, las decisiones de un poder autoritario. Por ejemplo, si un Estado obligase a todas las mujeres, independientemente de su voluntad, a abortar siempre que ya tengan un hijo, sería (incluso si estuviera justificado por motivos gravísimos de explosión demográfica) un caso de dictadura, aunque el Estado en cuestión fuera democrático. Ahora bien, el famoso relativismo laicista no pretende jamás obligar a nadie. Al contrario, en los lugares en los que, hasta ahora, ha logrado prevalecer, ese relativismo -que es lo mismo que el carácter pluralista de una sociedad abierta- ha permitido que cada mujer escoja con libertad si quiere llevar a término su embarazo o no. Lo cual es todo lo contrario de una obligación impuesta y sancionada por el Estado.
El derecho del Estado "a disponer ilimitadamente de la vida" se hace realidad, en todo caso, en otras ocasiones: en la guerra, cuando hay un servicio militar obligatorio, en la pena de muerte o, peor aún, en la legalización de la tortura a los detenidos. (...)
La amenaza totalitaria se hace realidad tan sólo cuando una institución pretende decidir en lugar del ciudadano cómo debe ser su vida. Porque, ¿quién puede disponer sobre la vida salvo quien la vive? Entre dos seres humanos, tú y yo, ¿qué aberración justifica que yo pueda decidir sobre tu vida? Y lo de menos es que ese yo que pretende decidir de forma totalitaria tu vida sea un individuo, sea el Estado o sea la Iglesia. (...)
En resumen, el derecho de cada uno a decidir sobre su propia vida (hasta la eutanasia) es un derecho primordial e inalienable que constituye la base de todos los demás. (...)
Lo irónico es que se hable de "un Dios que es amor" para obligar a los condenados a muerte por una enfermedad terminal a sufrir horas, días, semanas e incluso meses una tortura a la que su libertad desearía poner fin. Es un amor verdaderamente extraño éste que se atribuye a Dios.
Si no fuera porque, al atribuir a Dios una crueldad semejante, demuestran ser los herederos -claramente no arrepentidos-, no de Francisco de Asís, sino del inquisidor Torquemada." (PAOLO FLORES D`ARCAIS: A Su Eminencia el cardenal Rouco Varela. El Páís, ed. Galicia, Opinión, 18/10/2008, p. 27)