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21/11/22

Saltarse el principio del chiismo, el primer motivo de la caída de los ayatolás

 "La primera vez que la casta clerical chiita toma el poder, y encima lo hace gracias a los G4, sucede en Irán en 1978, y sin duda será la última. Pero, ¿por qué durante 1400 años de su existencia nunca llegó a gobernar?

Veamos: El chiismo, la corriente minoritaria del islam (con cerca del 15% de la población musulmana), se separó del sunismo «El Tradicionalismo» básicamente por la lucha por el poder, y abogar por su transmisión hereditaria y además exclusivamente dentro de la familia de Mahoma, empezando por Alí bin Abú Taleb (hacia 600-661), primo y yerno del profeta. El término Chiismo, «Partidarios» se aplicó sólo a los leales de Alí. Mientras, sus oponentes seguían apostando por la fórmula del califato: la designación de uno de los hombres de la élite como gobernante por los jefes de las tribus árabes.

El chiismo, si bien comparte con el resto de los credos abrahámicos, -el sunnismo, el judaísmo y el cristianismo-, los fundamentos de la filosofía dualista zoroastriana (la creencia en un Dios y un Anti-dios, la resucitación de las almas tras la muerte para celebrar un Juicio Final, que les enviará al Cielo o al Infierno, la existencia de los ángeles alados, etc.), al contrario del sunnismo, toma prestados otros elementos de esta creencia persa: que en el periodo entre la muerte de Zaratustra (alrededor del s. X a.C.) y la "aparición" en un futuro lejano de El Salvador Sushiyans, por la concepción virginal de un descendiente de este profeta, serán los sacerdotes Mogh (los supuestos Reyes Magos), ayudados por 12 ángeles, mitad del sexo femenino y mitad masculino, quienes dirijan la comunidad. El grupo "duodecimanos" del chiismo cuenta con 12 santos a los que llama Imán («Emam» en persa), de los que el último, Mahdi, que desapareció a la edad de siete años en 873, regresará al Final de los Tiempos para anunciar el Juicio Final. La desaparición de Mahdi le salvaba del destino trágico que sufrieron los otros once, todos asesinados por los rivales. Dichos hombres inmaculados e infalibles eran los únicos seres humanos con legitimidad para gobernar a la comunidad chiita, por lo que se prohíbe a los líderes religiosos participar en el poder: este es el fundamento del chiismo. Se trata del mismo principio que lleva a los judíos ortodoxos oponerse al Estado de Israel, que debería ser proclamado por el Mesías. Esta estrategia, no sólo protegía el prestigio de este estamento de la ira de los pueblos hacia sus mandatarios políticos, sino que le llevaba a pactar con ellos los términos de las condiciones de esta "pasividad política": "Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", por lo que, en Irán, el islam ha estado separado del poder político.

Mientras, los fieles serán guiados por una jerarquía clerical, institución inexiste en el islam original: la legitimidad del matrimonio, por ejemplo, no requiere la presencia de un sacerdote. Los Ulama «sacerdotes sabios» (luego se llamarán "ayatolás") forman esta casta, quienes afirman que no solo conocen los secretos ocultos en los mensajes del Corán, sino que reciben los signos enviados por Mahdi preparando su advenimiento. Esta misión, así como la "complejidad" de la comprensión de los versículos del Libro Sagrado hacen imprescindible, aseguran, la existencia del clérigo para analizarlos, aunque se les olvida que para ello hace falta un tercer factor: considerar discapacitados mentales y rebaño a los files, y no darse cuenta del avance de las ciencias y el conocimiento, y seguir con este negocio religioso. Uno de los símbolos de esta estafa es el Pozo de Peticiones, situado en la parte trasera de la Mezquita Yamkarand en Qom, patrocinado por un tal Mahmud Ahmadineyad. Donde acuden miles de personas, que lanzan sus hojas de deseo y dinero para que Mahdi los recoja y salve a sus hijos de alguna enfermedad curable en un país donde la sanidad es privada, o a ellos mismos del hambre y pobreza, en uno de los países más ricos del planeta.

Los ayatolas tienen derecho a innovar («Bid’at») en materia de teología y jurisprudencia, promulgar decretos religiosos, suspender o congelar, temporalmente, los edictos del Corán y realizar un "Juicio Real Primario", sustituyéndolo, por conveniencia, el "Juicio Real Secundario", como lo que han hecho en Irán: la horca reemplaza a la Lapidación, para neutralizar las protestas internacionales. Justifican esta capacidad religiosa basándose en el versículo 2:173 del Corán, que prohíbe comer la carne de animales muertos y la del cerdo, para luego afirmar que "Si alguien se ve compelido por la necesidad -no por deseo ni por afán de contravenir- no peca. Alá es Indulgente, Misericordioso»: lo prohibido, ante la necesidad, se torna permitido. Algo que, si por un lado deja las manos de los ayatolás abiertas para modernizar la religión (nunca lo han hecho), sí que les ha permitido mentir (en el chiismo se llama "Taguiya"), engañar, estafar, matar, etc. Por otro lado, la ausencia de un "Papa", y la pluralidad de los ayatolás no ha convertido al chiismo en más "democrático" que el sunnismo: las diferencias en sus tesis se limitan en, por ejemplo, el tamaño de piedras que habría que lanzar a un ser humano caído en desgracia hasta morir.

La importación de ayatolás a Irán

Tras la invasión de los árabes procedentes de la Península Arábiga a Irán (637-651), y realizar la masacre y la destrucción inherentes a las agresiones militares, imponer su religión "sunnita", su forma de vestir, sus leyes y tradiciones, hasta su alfabeto a la lengua persa (de origen indoeuropeo), las continuas rebeliones nacionalistas iraníes consiguen expulsar a los ocupantes del poder, 200 años después. En el siglo XVI, un grupo de sufíes (la disidencia más grande del islam) asalta el poder, instaurando la dinastía Safavidas «Clan de los Sufíes», y uno de sus monarcas, Shah Ismail decide declarar el chiismo la religión oficial del Estado, con un principal objetivo: sabotear la declaración de soberanía sobre todo el "mundo islámico" por el Estado otomano. No iba a permitir que el antiguo imperio persa se convirtiese en otra provincia de los turcos: un león vale lo mismo vivo que muerto, reza un dicho persa. Así, impedirá la tentación de la absorción de las regiones de habla turca iraní por el vecino, al convertir Irán en el único Estado chiita.

 Con este fin, contrata a los destacados clérigos chiitas libaneses, para crear un sistema de jurisprudencia, entregando el poder legislativo al clero mentiras, concentra en su mano el ejecutivo.

Pacto que se mantiene hasta 1924, fecha del golpe de Estado de Reza Pahlavi, un hombre indocto, autoritario y muy religioso-, que en su intento de secularización de Irán sí reduce el poder del clero, pero no toca las leyes islámicas, sobre todo las que afectan a los derechos de la mujer. Los ajund (forma despectiva de "clérigo islámico" en persa) que aparecían con la sotana son flagelados y "desturbantizados" en público. En 1935, Pahlavi convierte a Irán en el primer Estado (y aún hoy, el único) que prohíbe el velo, mientras mantiene la poliginia (él mismo tenía cuatro esposas simultáneas), el matrimonio de niñas, y otras aberraciones medievales del sistema patriarcal-religioso.

Más adelante, en 1946, Mohammad Reza Pahlavi, el Sha, al suceder a padre, suavizará estas medidas, levantando la prohibición a la vestimenta árabe-islámica, aunque por las necesidades del capitalismo, incluye en su "revolución Blanca" del año 64, (para impedir una "Roja"), dos puntos en una serie de reformas, que darí

1. Las desamortizaciones y la expropiación de las tierras "vaghfi" «religiosas» del clero, y

2. Conceder el derecho al voto a las mujeres. Pues, si en islam ellas no pueden opinar, ni decidir su propia vida, ¿Cómo van a determinar el destino del país? ¡Exageraban! ¡En una monarquía absolutista sólo "piensa" y "decide" el rey!

Por lo que un joven Jomeini organiza unas protestas contra la pérdida de la influencia y poder de su estamento. El Sha, que a partir del golpe de Estado de la CIA 1953, se puso a encarcelar y ejecutar a miles de comunistas y seguidores de Mosadeq, para no verse obligado a encarcelarle, pacta con Jomeini su salida del país (se irá a Irak).

De hecho, la Revolución 1978, al contrario de la francesa, rusa, china o cubana, hubo dos principales grupos que deseaban el fin del Sha: las fuerzas progresistas y las oscurantistas que se oponían a la modernización (capitalista o socialista) de la sociedad.

A partir del 1970, y siguiendo las directrices de Washington, el Sha se dedica en cuerpo y alma a sembrar el país de mezquitas -en vez de puestos de trabajo, escuelas y hospitales-, para frenar el avance imparable de las fuerzas de izquierda. Este terreno abonado es utilizado por los G4 que, durante la revolución espontánea del 1978, se ven sin alternativa al Sha derrocado, rescatan a Jomeini, le llevan a París y acuerdan con él entregarle el poder para instaurar su totalitarismo islámico a cambio de que acabe, de una vez, con el marxismo en Irán y participe en el acecho a la Unión Soviética desde los 1600 kilómetros de frontera común (lo mismo hace con los Muyahidines afganos y con Lech Walesa en Polonia el mismo año). Aquella Revolución, al igual que las primaveras árabes, que no tenía ninguna posibilidad de triunfar.

Es así que Jomeini rompe la tradición chiita, y proclama no una "república" islámica, sino el Estado Islámico de Irán. "En el islam no hay republica", alega. Ante la ola de críticas y protestas, llegadas incluso desde las propias filas de los islamistas, cede, aunque utilizando la fórmula Taghiya: en la Constitución, el presidente será un mero personaje decorativo y sin facultades, y la totalidad del poder estará concentrando en la figura del Welayat-e Faghih («Gobierno de los jurisconsultos», no elegida por el pueblo sino por otros clérigos y juristas islamistas. Su plan levantó mucha polémica por su excesivo parecido a la monarquía del Sha. Tuvo que aclarase: "El Welayat ha sido ordenada por Dios. Un faqih no puede transformarse en un dictador. Si lo hace pierde la tutela de la gente". Y como prueba de que detestaba el poder, regresó de Teherán a Qom, el Vaticano chiita. Pero, la tentación era más fuerte que su fe: bajo el pretexto de que "islam está en peligro", por sus enemigos iraníes (la izquierda atea, los musulmanes modernos, los republicanos laicos, etc.), vuelve a la capital, prohíbe a la totalidad de partidos políticos veteranos, sindicatos, organizaciones feministas, prensa libre, reuniones (incluida bodas y cumpleaños, y cenas familiares), instalando un totalitarismo religioso inaudito en la larga historia de Irán, que además es protegido por un cuerpo militar llamado Guardianes Islámicos (y sus decenas de ramas y "brazos"), cuya única misión es -no proteger la patria y a los iraníes-, sino a la casta clerical de sus adversarios internos y extranjeros. "Enemigos de Dios" serán las decenas de miles de iraníes ejecutados: en islam no hay concepto de cárcel, justifica sus crímenes, que provoca hasta la contundente protesta pública del gran Ayatola Montazeri (que estuvo 11 años en las cárceles del Sha), quien iba a ser su sucesor (y no un tal Ali Jamenei), quien será arrestado en su domicilio.  Al aparecer el islam en una sociedad beduina y de escasos recursos, se aplicaba la justicia inmediata: a los "malos" latigazos, la ley de Talión, y la pena de muerte: no podían llevar jaulas con seres humanos a cuesta. Varios años después, y al no poder ejecutar cientos de miles de opositores, se verá obligado a construir más y más cárceles, haciendo que los partidarios del Sha hoy le presentasen a aquel sanguinario como "hermano de caridad".

Luego, la teocracia realiza un truco: llama Imán a Jomeini: ¿Pasó el chiismo de ser duodecimano a "tridecimano"? Se pueden imaginar los chistes que generó entre los iraníes que Jomeini fuese el Imán número 13.

A estas alturas, y cansados de la pantomima de "República", el propio Caudillo de Irán, Jamenei dijo, hace poco, que "Es posible que en el futuro no celebremos elecciones", adelantando el plan de desmantelar uno de los pocos órganos "electos" de la teocracia, en un país sin partidos políticos reales. ¡Sr. Jamenei! No se moleste: esta es la última "república" de este Estado Islámico.

Chiismo quiere recuperar sus orígenes

Tanto los partidarios de la separación clara de las esferas temporal y espiritual como los que propugnan la teocracia pura expresan sus voces críticas contra el concepto de Welayat-e Faghih, que elimina la frontera entre lo político y lo religioso, anula el principio de "consulta" entre los ayatolás, y otorga el liderazgo político a un clero-rey. El Ayatolá Mohammad Shabastari pide que la religión no sea el fundamento ideológico de un gobierno. El Corán fija los valores del Estado y no debe ser utilizado como referente en su constitución, afirma. El Ayatolá Ali Sistani (en Irak) es otro que defiende el papel del clérigo como referente moral (bueno, ¿se refiere a los pederastas que casan a niñas de 7-8 años bajo el nombre de "matrimonio" o los que institucionalizan la prostitución?), que no dirigente político. Su discreto choque con el Alí Jamenei es constante, aunque no oculta su malestar por las injerencias de este clérigo en los asuntos de su herido país. En el propio Irán, el Ayatolá Kazem Shariatmadari (1905-1985), separaba la religión de la militancia política.

La actual revolución laica y anticlerical de Irán derribará a la teocracia, impactará al mapa del mundo, y también devolverá al chiismo a sus orígenes."                 (Nazanín Armanian, Público, 21/11/22)

19/8/22

Anna Teixidor, especialista en yihadismo: «Aún tenemos muchos déficits en la detección de la radicalización»

 "Anna Teixidor (Figueres, 1978) hacía tres años que se había especializado en yihadismo cuando tuvieron lugar los atentados de Barcelona y Cambrils. Como periodista de TV3 había codirigido varios ’30 minuts’ sobre esta temática, entrando en contacto con decenas de familias musulmanas que vivían en Cataluña y habían visto cómo alguno de sus miembros se iba a Siria, y en 2016 publicó Combatents en nom d’Al·là (Ara Llibres).

Cuando se producen los atentados, para Teixidor querer saberlo todo será un proceso natural en el que se volcará hasta un extremo que superaba con creces lo que se derivaba de sus obligaciones profesionales. Después de hablar con más de un centenar de fuentes, en 2020 publica Los silencios del 17-A (Editorial Diéresis), libro que ha sido la base del documental de tres capítulos estrenado hace unos meses por Netflix en todo el mundo, 800 metros, en el que también ha estado directamente implicada.

Hablamos con Teixidor, que además de periodista también es profesora del Máster en Prevención de la Radicalización de la UB, coincidiendo con el quinto aniversario de aquel 17 de agosto que marcó un antes y un después en la historia reciente de Cataluña.

¿Por qué Barcelona?

Sabíamos que habría un atentado y que probablemente sería en Barcelona, había muchas señales de alarma y una alerta de amenaza terrorista de 4 sobre 5, pero no por ser esperado fue menos traumático. Estos grupos ya habían puesto a Barcelona en el mapa, esto se ve en algunos vídeos, pero es que en aquellos momentos los Mossos y el Ministerio del Interior tenían identificadas a un centenar de personas que se habían ido a Siria y el número fue aumentando hasta el final de la guerra. Había un núcleo de personas que sentían que tenían que ir en un momento u otro a Siria. Y a veces era gente que venía del mundo de la venta de droga. Recuerdo en un piso de Badalona, hablando con 7 o 8 chicos y todos decían que tenían que irse a Siria, y ya tenían el referente de tres personas que estaban ahí y a los cuales veían en las redes vestidas de militares y cogiendo el kalashnikov.

Y, en cambio, ningún miembro de la célula de Ripoll había estado en Siria ni parecía que hiciera tanto de tiempo que le daban vueltas al tema, ¿no?

Entre mediados y finales de 2014 los hermanos mayores de la célula de Ripoll ya se están conectando a la propaganda de grupos yihadistas, ya se están descargando materiales, e incluso en febrero o marzo de 2015 crean un grupo para hablar del islam con otros chicos de Ripoll y de la zona, en total 15 o 20. Y allí ellos ya explican que se sienten discriminados, hablan de cómo es la religión, cómo tiene que ser, del porqué sus padres no saben más de religión…, es decir, en el mismo momento que nosotros estamos haciendo reportajes por Badalona, Salt, Figueres, Vilanova i la Geltrú o Calafell ellos ya se están haciendo preguntas. Pero esto pasa en todas partes. En Ripoll, Olot, Balaguer… Todos los musulmanes se están preguntando qué está pasando en Siria y si tienen que ir o no.

¿Y esto era detectable?

En aquel momento esto pasaba en círculos muy reducidos, se lo dicen entre amigos. Pero sí que era detectable en un nivel más general. Había imanes que ante la cámara nos explican que el viernes, cuando se acaba la oración, hacen una reunión y que la gente, con unos papelitos, escribe preguntas de forma anónima, y en estas mezquitas los musulmanes ya están preguntando si tienen que ir a Siria o se tienen que quedar. Por lo tanto, el entorno musulmán sabe que hay esta inquietud, sobre todo entre la gente joven, que confía más en el que les llega por las redes sociales que en lo que se dice en la mezquita, porque todo el mundo sabe que ahí pueden haber confidentes de la policía.

Entonces, ¿qué hace diferente lo que ocurre en Ripoll de este runrún que se está cociendo en todas partes?

Hay un agente catalizador, que es el imán. De hecho, cuando se produce el atentado, nosotros pensábamos en otro pueblo, porque había varias células bajo sospecha que estaban siendo investigadas por varios cuerpos policiales. Sabíamos que en algunas poblaciones había grupos pequeños muy sospechosos de radicalización y no sabíamos hacia donde podían derivar.

¿Durante tu trabajo previo no habías contactado con los de Ripoll?

No. Con Ripoll hay un problema. Forma parte del área policial de Girona, pero de Girona a Ripoll hay más de una hora, se tiene que ir expresamente. Desde Vic sí que queda cerca, pero no forma parte del área policial de Catalunya Central y por tanto no se va.

Volvamos al agente catalizador.

Estos chicos, antes de que llegue el imán, ya están consumiendo esta propaganda yihadista, y esto se ha podido ver al analizar sus dispositivos móviles. El imán llega a principios de 2015 y se encuentra un grupo de gente que ya está interesada por este tema. No sabemos si Abdelbaki Se-Satty va a Ripoll porque sabe que hay un grupo de gente interesada o porque alguien le dice que vaya ahí porque es un lugar que está fuera del radar policial, no sabemos quién o qué le envía a Ripoll. El caso es que llega y a mediados de marzo de 2015 se crea el grupo de WhatsApp donde empiezan a cuestionarse cosas, y en el que participan otros chicos de Ripoll que después no tendrán ninguna vinculación con la célula. Pero aquí es donde Es-Satty empieza a sondear a los chicos que van a la mezquita y a encontrarse y tomar el té, y aquí es donde empieza el contacto con Younes Abouyaaqoub y Youssef Aalla, no sabemos con quién de los dos primero, y con Mohamed Hichamy.

Sabemos que hay otros chicos de Ripoll que van a estos encuentros, pero que irán siendo descartados. Y el núcleo duro serán estos tres hermanos mayores con el imán. Entonces, claro, muchos chicos podrían sentirse llamados para ir a Siria, pero hace falta alguien que pula todo el discurso, que vehicule todas las frustraciones que tienes hacia un proyecto concreto y que finalmente todo esto tome forma y se acabe materializando en un atentado. Esta figura clave es el agente de radicalización, que es Es-Satty.

¿Qué sabemos de su vínculo con el CNI? ¿En qué nos basamos cuando decimos que era un confidente?

En el hecho de que, cuando él estaba en la cárcel de Castellón de 2010 a 2014, por tráfico de drogas, recibe cuatro visitas: dos son de agentes de información de la Guardia Civil y dos de agentes del CNI. Son visitas habituales para sondear a internos y ver si pueden ser fuentes más o menos fidedignas una vez salgan de allí. El mismo CNI admite estos contactos, pero no ha aclarado qué tipo de colaboración se acuerda. Yo he localizado a individuos que estuvieron muy cerca de Es-Satty en la prisión y a los que les explicaba estos contactos. Por ejemplo, cuando sale de prisión se va a la mezquita de la Caridad de Castellón y allí conoce a dos conversos, con los que entra en una relación muy franca en su casa, y con los que habla abiertamente de la yihad, de realizar atentados, y allí dice a estos jóvenes que no le molesten, porque va a tener una conversación con estos agentes. Con uno de estos conversos, que aparece en el documental de Netflix, he tenido muchas entrevistas, para ver si estaba diciendo la verdad, e incluso le he llevado al máster de radicalización violenta, y éste lo explica claramente. O sea que Es-Satty ya sale de la prisión con una idea muy clara.

También pude contactar con uno de los compañeros de celda que tuvo el segundo semestre de 2010. Le contacté por teléfono, y decía que Es-Satty no era una persona como cualquier otra, sino que tenía un rol más importante dentro de la prisión, y que le decía que cuando te vengan a ver los de información les tienes que seguir el rollo, porque si no nos expulsarán, y para tener arraigo nos tenemos que quedar aquí. Y entonces ves que todos los compañeros de módulo que tuvo Es-Satty (salen en el sumario) han acabado expulsados de España en un momento u otro, excepto él, que consiguió demostrar el arraigo. Y lo que aconsejaba a este compañero de celda era que si le pedían colaboración, que hiciera este doble juego con la policía española para poderse quedar.

Y, en tercer lugar, por la actividad de Es-Satty cuando se va a Bélgica. Fui a hablar con el presidente de la mezquita de Diegem y este hombre explica (también lo dice en el sumario) que un día entra en la mezquita y ve que el imán está hablando en español. Cuando cuelga, y sin que el otro le pida nada, le explica que está hablando con la policía española porque allí es muy habitual que los imanes hablen con la policía y los servicios secretos. El otro queda muy sorprendido y a partir de esto es cuando se va a la policía para que mire quién es este hombre. O sea que tenemos varios testimonios que van corroborando que él mismo explica que existe esta relación.

O sea que lo que sabemos es que había una relación fluida con el CNI.

Fluida no lo sé, solo que había relación. Y tampoco podemos confirmar o descartar si él colaboraba con los servicios secretos marroquíes, porque sabemos que estos servicios tienen mucha implantación ahí donde hay comunidades musulmanas. Por tanto, esto no se puede excluir, pero no lo podemos afirmar.

O sea que hay bastantes indicios de esta relación, y de aquí algunos llegan a la conclusión que los servicios secretos españoles estaban al corriente de los planes de Es-Satty y que le dejaron hacer porque ya iba bien para desviar la atención del 1-O y que la gente sintiera la necesidad de la protección del Estado. Me gustaría conocer tu opinión sobre esta teoría.

Esto puede ser una hipótesis de trabajo, pero hoy en día no está confirmado, ni tenemos ningún elemento sobre la mesa que nos ratifique esta hipótesis. En el sumario aparecen todas las comunicaciones entre los terroristas, se han podido geocalizar (cosa que se ha hecho a posteriori, a pesar de que algún diario digital haya publicado que se había hecho con anterioridad) y gracias al hecho de que Mohamed Hichamy tenía una aplicación llamada call-recorder muchas conversaciones han quedado grabadas. Lo que pasa es que el móvil de Younes Abouyaaqoub, que sería muy interesante porque probablemente de todo el grupo era quien estaba más empoderado, no lo tenemos. Es-Satty tuvo la habilidad de empoderar mucho a los hermanos mayores. Y los que hacen viajes por el extranjero en momentos claves son los hermanos mayores. Por tanto, no podemos descartar que en alguno de estos viajes este empoderamiento venga de haber establecido contactos con otra gente.

¿Estos viajes cuando se producen?

Hay uno el 11 y 12 de agosto, a Francia, cuando van a ver la torre Eiffel y hacen un reportaje fotográfico, y todavía en los meses previos ya habían ido ahí, y Es-Satty a finales de marzo de 2017 se va dos días entre semana a Bélgica. Es muy curioso, porque allí se ha intentado reseguir sus pasos sin demasiada fortuna, pero cuando regresa sí que se ve claro que se aceleran los preparativos de los atentados. Es decir, cuando él vuelve de Bélgica la decisión ya está tomada.

Pero parece una obviedad que el atentado de las Ramblas fue una improvisación, como consecuencia de la explosión de Alcanar, y que tenían en mente otros objetivos.

Sí, pero cuando uno está radicalizado tiene esto en la cabeza continuamente, no le deja de dar vueltas, mientras reza, lee libros y consume propaganda. Antes de los atentados, esta gente que iba a Siria y con quién yo hablaba me llamaba a cualquier hora del día para hablar. Con esto quiero decir que los miembros de la célula de Ripoll tenían planeada otra cosa, pero seguramente habían pensado en muchos planes b, seguro que se había hablado de lo que harían si fallaba algo. Este converso de Castellón te lo explica. Dice que hubo una temporada con Es-Satty que todo el día era hablar de esto. Y este chico se va un tiempo a Alcanar, en 2016, cuando todavía no estaban haciendo los explosivos, y está con estos chicos, y te explica que todo el día hablaban de esto.

De hecho, ya había un precedente de atentado terrorista con un camión en Niza.

Se ve claro que es a la desesperada y que lo quiere hacer solo para dar ejemplo a los demás de lo que tienen que hacer, porque los demás estaban de camino, y Mohamed Hichamy estaba en la misma carretera que Younes yendo hacia Alcanar. Pero Younes no espera a nadie, da media vuelta y se va hacia Barcelona. Por tanto, estaba muy empoderado y por eso es difícil que no hubieran conexiones internacionales de este atentado.

Lo que se ha deducido es que querían hacer ataques coordinados y/o consecutivos, a la Torre Eiffel, la Sagrada Familia y el Camp Nou. Y lo que dicen quienes entienden de explosivos es que el TATP es tan volátil que quizás no habría llegado ni a la furgoneta. Es cierto que fueron a comprar congeladores, pero habría podido explosionar antes. Y con el calor que hacía en agosto, un viaje tan largo… por eso se ve a un grupo muy amateur. ¿Hasta qué punto esta gente estaban bajo el auspicio de una organización más grande?

¿En otros atentados yihadistas en Europa se ha visto este nivel de amateurismo?

En los atentados estamos muy acostumbrados que el primer y el segundo día hay seguimiento de los temas y que una vez se termina la investigación ya no hay seguimiento, pero en todos los casos –esto lo decía la Dolores Delgado cuando era coordinadora fiscal– siempre se encuentra a una persona que enlaza con otra operación, o sea que hay una red.

¿Y en el caso de Barcelona falta el vínculo?

Hoy en día, la conexión no la sabemos, pero hay estos desplazamientos.

Otro de los debates recurrentes es si se ha investigado lo suficiente o no. A menudo se oye decir que “no lo han querido investigar” porque no se abrió una comisión de investigación en el Congreso, que en cambio sí que se abrió con el 11-M. Pero claro, decir que no se ha investigado cuando ha habido toda una investigación policial y judicial… ¿Cómo lo ves?

Yo me fui a mirar la comisión del 11-M en el Congreso con muchas expectativas. Y también me miré la comisión de investigación del 17-A que se hizo en el Parlament de Catalunya. Y la palabra en ambos casos es “decepción”. Estas comisiones de investigación están hechas por políticos y al final cada partido hace sus propias conclusiones de acuerdo con sus dictados o intereses ideológicos.

Una de las primeras preguntas que te haces como periodista es: ¿quién está detrás de esta investigación? ¿Quién lleva esto? Yo he podido conocer a varias personas que llevaban la investigación policial y he visto a personas muy honestas, que no estaban marcadas políticamente, al contrario, que no querían entrar en ningún tema político. De hecho, en los Mossos hay un protocolo por el que ya está claro quién tiene que ser la persona que lleve la investigación de un atentado terrorista antes de que ocurrra. Y he hablado con esta persona y te explica que después de un año se dio cuenta de que su hijo había crecido. De la intensidad y de cómo se tuvo que volcar en la investigación. Piensa que hay momentos en que hay 200 personas trabajando en la investigación y que se doblan turnos de seguridad ciudadana. Y después esta persona, con todo su equipo, estuvieron trabajando durante los dos años que dura la instrucción. A toda esta gente la veo honesta. No hablo de cúpulas policiales ni de mandos, sino de la gente que hizo la investigación. Y esta gente asegura que han intentado ir hasta el fondo de la cuestión. Durante el juicio vi intereses políticos por parte de alguno de los abogados de las acusaciones, con la estrategia de cuestionar algunas cosas.

La policía no abona la teoría de la conspiración.

No, ni la cúpula policial tampoco, que sí que está marcada políticamente. El mismo Trapero tampoco, al contrario, cuando ha hablado con Javier Martínez y su entorno les ha dicho “no vayáis por aquí”. ¿Que la fiscalía o el juez instructor tenga más o menos interés en investigar algún tema concreto? Pues sí, evidentemente. Con el juez Andreu he hablado bastante y en la última entrevista que hicimos para Netflix decía que creía que no se había cerrado el tema con Es-Satty, y que con el tiempo sabríamos más cosas. Nos sorprendió mucho que dijera esto, y que por lo tanto reconociera que es un capítulo abierto.

¿Tuvieron buena acogida los reportajes de Netflix?

La repercusión es grande, porque se traduce a 50 lenguas y se puede ver en 192 países. Ahora bien, es un tema incómodo, que no ves un sábado por la noche cuando te quieres distraer y por tanto es muy difícil que pueda estar de manera consecutiva entre los documentales más populares de Netflix. Lo estuvo durante los primeros quince días y después fue bajando.

Me refería más a la acogida entre los mismos interesados, puesto que en el reportaje estos interrogantes que alimentan las teorías conspirativas no se destacan mucho.

Se hizo un pase privado con las víctimas y todo fue en positivo y todos estuvieron agradecidos, también Javier Martínez. Porque lo que sienten las víctimas es que se las ha olvidado. Ser víctima del terrorismo es muy chungo, pero una vez ha pasado lo que les da pánico es que todo aquello se olvide. Que se olviden los muertos y que se olviden las personas a las que todavía les cuesta salir de casa por aquello. El hecho de que Netflix les acogiera en una serie documental de tres capítulos, que aquello quede fijado, que lo pueda ver todo el mundo, porque hay muchas víctimas extranjeras, para ellos es un alivio, y por tanto lo vieron en positivo. Diría que los Mossos también, porque es un escaparate internacional y también han salido reforzados.

¿Y la comunidad islámica, supongo que también?

Bueno, las comunidades islámicas de Ripoll no quisieron salir en el reportaje. Y ahora, de cara al aniversario, tampoco quieren hablar. La asociación musulmana Annour [la segunda que contrató a Es-Satty] ha hecho una mezquita nueva, más grande, pero la jornada de puertas abiertas no la quieren hacer hasta septiembre. No quieren que se les estigmatice.

¿Mantienes todavía contacto con la comunidad de Ripoll?

Yo me leí todo el sumario, leí todas las declaraciones y me fui a encontrar con todo el mundo, fui a ver a cada persona, estuviera en Marruecos, Bélgica, Cataluña o cualquier zona de España, pero la parte más importante fue en Ripoll. Allí iba cada semana, sobre todo para conocer a las familias directas, y después para conocer a otra gente de ahí, a ver qué te explicaba. Y sobre todo era esencial ir a encuentros de mujeres en comedores de casa. Lo importante con las personas musulmanas es llegar al comedor de su casa, que te abran la puerta, te inviten a un té y a partir de aquí puedas hablar. El hecho de ser mujer te permite poder entrar en casa de alguien, hablar con mujeres, y como que tampoco está mal visto, también puedes hablar con chicos, aunque es más difícil. Y en Ripoll nadie quiere que se vea que estás hablando con una periodista o alguien de fuera.

¿Tú te presentabas como periodista?

Eso siempre.

¿Y te costó mucho entrar en estos comedores?

Es difícil, porque no puedes llamar la puerta y presentarte. A lo largo del tiempo he podido tener contacto con cuatro de las cinco familias. Hay una que está muy cerrada y ni siquiera quiere saber nada de los servicios sociales. Y también hay diferencia entre quienes tienen los hermanos muertos y quienes los tienen vivos y en la cárcel. Piensa que en Ripoll han sido investigadas una veintena larga de personas que no han sido detenidas, también hermanos y hermanas. Poco antes de cerrar la instrucción todavía se les volvió a llamar ante los Mossos para presionarles, a ver si decían algo que no habían dicho previamente, pero al final todos quedaron en libertad sin cargos. En aquellos momentos todo el mundo vigilaba lo que decía por el móvil, y hubo gente de la mezquita que hizo ver que prácticamente no conocía a estos chicos ni se hablaba con Es-Satty, cuando después, por la triangulación de los móviles, se vio que había tenido mucha relación y tuvieron que rectificar sus declaraciones.

¿Qué hay de la teoría según la cual Es-Satty todavía puede estar vivo?

Aquí todo el mundo busca un chivo expiatorio. Y para la comunidad musulmana de Ripoll, una de las vías de escape ha sido pensar que aquí detrás había el Estado y el CNI, y que los han puesto en medio de un problema que tiene que ver con el independentismo y que ellos no se podían dar cuenta de nada porque esto era un complot que iba mucho más allá. El caso es que en Ripoll no se ha hecho una reflexión clara en el seno de la comunidad sobre lo que ocurrió. La gente joven, que eran amigos de estos chicos, no ha recibido ninguna reflexión sobre el porqué de este imán. Hay amigos de estos chicos, amigos muy próximos, que todavía ahora están muy desorientados, no entienden qué ha pasado, ni por qué si eran tan buenos amigos no les invitaron a participar en todo aquello. Y aquellos días previos vemos que hay al menos tres personas próximas a estos chicos que dejan Ripoll. Uno se va a Alemania y no ha vuelto. Este ha sido sometido a una vigilancia importante. Hay otro que era muy amigo de los más jóvenes que se va a casa de una hermana en Francia. Y hay un tercer chico de 17 años que se va con unos parientes, y la madre no entiende por qué, y después del atentado llama a su madre y le dice que se había ido porque veía y oía cosas que no le gustaban. Pero después, cuando le preguntas qué cosas, dice que veía a Es-Satty medio dormido y que su amigo hacía distinciones entre los musulmanes fieles e infieles…

No parece que esto sea motivo para largarse.

Este chico tiene la particularidad de que toda su formación religiosa la hizo en Marruecos, porque llega a Ripoll con 16 años. Por tanto, está más capacitado para no hacer seguidismo de Es-Satty.

Me parece que no me has dicho si hay alguna posibilidad de que esté vivo.

Yo no lo sé. Pero cuando se hacen las pruebas de ADN no se coge solo un resto humano, sino muchos, y en Alcanar encuentran muchos y los Mossos lo que dicen es que cogieron una túnica que encontraron en el piso de Ripoll y en su furgoneta que tenía en La Ràpita y lo compararon. Los Mossos tenían la duda inicialmente y después de todo esto lo descartaron totalmente. Pero sí que hay algunos elementos, que si quieres hablamos, de cosas que hoy no tienen explicación.

Pues hablemos.

Hay unos testigos franceses que estaban en una casa junto al chalé de Alcanar que tras la explosión ven una furgoneta que se va. Ahora bien, no te saben decir ni el modelo ni el color, ni mucho menos quién había dentro. Los Mossos miraron las cámaras de vigilancia de la carretera, lo que pasa es que estaban en una urbanización aislada, y de la que te puedes ir por muchos caminos, y estoy segura de que esta gente habían calculado ya todos los caminos, porque el converso nos dice que Es-Satty decía que un mujahidin siempre tiene que dormir con el chaleco explosivo puesto por si viene la policía. Por tanto, seguro que sabía todos los caminos en los que no había cámaras de vigilancia.

La segunda cosa es que la furgoneta de Es-Satty se encuentra en La Ràpita. Aunque también puede ser por muchos motivos.

¿Te parece que la radicalización de aquel momento está ahora más atenuada, o esto es un espejismo?

En aquel momento se estaba creando un Estado, el autodenominado Estado islámico, con un territorio, moneda propia… era una causa muy concreta. Esto se ha derrumbado. Y esto ha hecho que el llamamiento hacia un territorio real se haya apagado. También ha habido la pandemia. Pero todavía últimamente en Cataluña ha habido tres detenciones por este tema y de momento no se ha bajado la alerta terrorista de 4 sobre 5, y por lo tanto todavía es una preocupación importante que debería haber en Cataluña. Lo que pasa es que otro atentado tanto puede ser que sea de raíz yihadista como que sea por extremismo de derecha. Hablo a nivel europeo, no solo catalán.

¿Quieres decir que se está detectando que se está radicalizando mucho el mundo de la extrema derecha?

Hay un auge del supremacismo. Hace un par de años hubo una operación en Lleida, con la detención de un grupo que estaba en una masía aislada y que seguía toda la doctrina del nacionalismo blanco supuestamente con base científica. Consideraban que la actual clase política quería perjudicar a los blancos favoreciendo la llegada de la inmigración clandestina.

¿Podrías hacer un resumen rápido de qué errores no se tendrían que volver a cometer?

Lo primero es que ni en Ripoll ni en otros puntos de Cataluña no había ni hay una concienciación lo suficientemente clara de lo que es un proceso de radicalización. Nos pensamos que no va con nosotros. No hay ningún organismo que no sea policial al que pueda acudir un padre, una madre o un hermano para explicar que mi hijo se está radicalizando. Porque si tú vas a la policía y lo denuncias, inmediatamente se abre una investigación, y a veces hay padres, hermanos o amigos que no quieren algo así, lo que quieren es actuar con discreción para que esto no acabe siendo un delito.

¿Los técnicos de integración social no realizan esta función?

La mayoría de los técnicos que había en Ripoll en 2017 han dejado lo que estaban haciendo en aquel momento, por agotamiento emocional, porque la administración no les ha apoyado, porque el dinero que se dijo que se invertiría en Ripoll y su entorno no ha llegado, porque se sienten frustrados… Como mínimo seis han dejado el trabajo o están haciendo otras tareas dentro de la administración, por todo el desgaste de estos cinco años. Dos de las técnicas que más trabajaron han hecho un libro sobre el impacto que aquello supuso para Ripoll, desde la visión de la psicología, y no lo publican.

¿Por qué?

Porque creen que la sociedad hoy no es lo suficiente madura para encarar este debate. Y porque lo han hecho en horas libres, sin el apoyo de la administración. De hecho, la administración no quiere cuestionar en ningún momento el modelo de integración y convivencia que tenemos en Cataluña.

Sigamos con los errores que no se tienen que repetir.

Los que únicamente están haciendo cosas son los Mossos d’Esquadra, que han ajustado protocolos, pero la mirada tiene que ir más allá de los Mossos, aunque ellos ahora introduzcan los educadores sociales, a los que también están formando. Yo creo que la tarea de neutralizar discursos extremistas no lo tendría que liderar la policía, se tendría que hacer desde un organismo civil.

Hay amigos de estos chicos con depresiones profundas y que todavía lloran a moco tendido cuando hablan de ellos. Y hay unos cuántos, de estos que han sido investigados o detenidos, que un año después han colgado la foto de su amigo en instagram diciendo que lo añoraban. A veces nos preguntamos: “¿Cómo puede ser que pasara tan desapercibido?” Es que no pasó tan desapercibido, todo el mundo vio que la gente hacía vida aparte, pero no supieron traducir lo que veían en lo que podía ser. Yo creo que los padres sabían muy poco, pero cuando todo esto pasa ¿qué lectura hacen los padres? Porque ahí también hay hermanos y sobrinos pequeños, y todos viven en Ripoll. ¿Y qué lectura harán estos hermanos y primos de lo que hicieron los terroristas? Todo esto para decirte que sí que era importante trabajar con el entorno.

Has comentado que la administración no ha hecho todo aquello que dijo que haría.

Creo que el 17-A no ha servido para tomar nota de las lecciones que tendríamos que haber aplicado después del 17-A. Han pasado cinco años, pero todavía tenemos muchos déficits en la detección de la radicalización y en los protocolos que se tienen que seguir, porque son excesivamente policiales. Todavía no tenemos suficientes herramientas para detectar estos procesos de una manera discreta, y que la gente pueda tener confianza para pedir consejo sobre ello. Hemos tenido la pandemia, que también ha hecho que estos temas pasaran a segundo plano, y al final del 17-A solo hablamos en agosto, y ahora porque es el quinto aniversario, pero en el sexto o séptimo no sé si hablaremos de esto. Los supervivientes tienen mucho interés en continuar haciendo el acto que hacen en la Rambla cada 17 de agosto, que para ellos es una necesidad, pero por ejemplo este año el Ayuntamiento de Ripoll ya no quiere hacer declaraciones sobre este tema y el de Cambrils ya no lo quería hacer el primer año."               (Victor Saura, La Marea, 17/08/22)

1/6/22

Los talibanes, una fuerza fascista que no fundamentalista... el totalitarismo más agresivo y la economía de mercado son los dos puntos de unión entre el fascismo clásico y el fundamentalismo en el poder, fenómeno que apareció de repente a finales de la década de los ochenta cuando EEUU decidió patrocinarlo y armarlo como una herramienta política para contener el avance del socialismo en Oriente Próximo... La nueva extrema derecha es el fascismo de siempre

 "Las mujeres afganas no solo deben llevar el velo sino también cubrir su rostro. Esta es la última orden de los talibanes, después de que les privaran de ser atendidas por doctores masculinos, ir al hospital solas, trabajar en público, estudiar en la escuela segundaria, salir de casa si "no es necesario", coger taxi o autobús sin un varón familiar, montar en bicicleta, cantar, bailar, hablar en voz alta, reír, usar cosméticos o zapatos con tacón, hacer deporte, asomarse a las ventanas y balcones, elegir a su marido, organizarse en asociaciones políticas, feministas o gremiales, aspirar al poder, etc., etc. El burka solo es el símbolo del poder de esta fuerza de extrema derecha, que cohabitó con la OTAN en Afganistán, durante las dos últimas décadas.

Los "seminaristas" afganos han sido coherentes con su ideología, lo que es incomprensible es que el mundo les pidiera un trato humano y civilizado hacia los hombres y mujeres del sufrido país.

Pregunta 1: ¿Pedirían los demócratas a los nazis, por ejemplo, respetar la prensa libre, la igualdad entre los seres humanos, los derechos económicos, políticos, y sociales de los ciudadanos, cuando lo primero que hicieron los talibanes (y fue ignorado por la prensa europea) fue desmantelar de forma más violenta los partidos políticos, sindicatos, las libertades sociales, de prensa, reunión, expresión, para justamente privar a la sociedad afgana de voz y voto? ¡Hasta este punto se ha normalizado la persecución de las fuerzas progresistas en el mundo!

Pregunta 2: ¿Por qué la prensa de masas afirmaba que los talibanes del 2022, que recibieron el poder en Kabul a mano de EEUU, se habían transformado en "moderados" y no eran los mismos bárbaros de los años 90? ¿Cómo podían cambiar de actitud teniendo la misma ideología?

Pregunta 3: Puesto que el fundamentalismo es el ejercicio intransigente de una doctrina (religiosa o secular), ¿qué tipo de sistema político establece cuando toma el poder? ¿Fue el franquismo un simple régimen de católicos conservadores?

 En líneas generales, el totalitarismo más agresivo y la economía de mercado son los dos puntos de unión entre el fascismo clásico y el  fundamentalismo en el poder, fenómeno que apareció de repente a finales de la década de los ochenta cuando EEUU decidió patrocinarlo y armarlo como una herramienta política para contener el avance del socialismo en Oriente Próximo y América Latina. Así, son instalados, de forma sutil y sigilosamente, los primeros regímenes de extrema derecha después de su espectacular derrota en la Segunda Guerra Mundial, para luego como movimiento respaldado por EEUU extenderse por gran parte del mundo, con el mismo discurso, pero con distintos ropajes y acentos.

Los medios de masas interesados han conseguido despolitizar dicho  movimiento presentándolo como el despertar de las tradiciones y culturas autóctonas no globalistas.

La nueva extrema derecha es el fascismo de siempre

 Los totalitarismos religiosos en Turquía, Afganistán o Irán, a pesar de sus singularidades (al igual que los fascismos clásicos), comparten una serie de elementos entre sí y también con sus antecesores europeos. La República Islámica de Irán es el Estado más similar al prototipo de este sistema político, que además ha sido capaz de tomar prestados algunos elementos de la Santa Inquisición, pues, su Código Penal está basado en  los textos abrahámicos.

 Aquí algunos aspectos comunes entre el fascismo y el totalitarismo religioso:

 - Son reacciones a la modernidad y el progreso: Mussolini anunció la muerte de la Revolución Francesa, y los fundamentalistas equiparan las conquistas sociales de los ciudadanos europeos con el colonialismo de sus gobiernos (de allí el término del "feminismo blanco"), para así, justificar su afán de resucitar el orden medieval del dominio sobre los ciudadanos convertidos en "rebaños".

- La existencia de un Führer, Caudillo, Líder Espiritual carismático, capaz de concentrar la totalidad del poder en su persona (Jomeini y Erdogan).

- Un Estado centralista, antifederal, contrario a las "autonomías" locales, porque reduce el poder de la autoridad central.

- Resucitar e incluso inventar mitos y leyendas del pasado para fascinar a las masas, en torno a un discurso familiarizado del Líder: decir que "Madrid tiene 2000 años de historia" es igual de falso que afirma que en el siglo VII nació el feminismo islámico en lo que hoy son tierras de Arabia Saudí, el único país del planeta donde las mujeres aún ni pueden ni votar, por la venia de Dios.

- La militarización de la sociedad, mediante la creación de numerosos cuerpos armados y de seguridad, y su presencia pública. Formar organizaciones paramilitares de los lumpen, e individuos desclasados, sin escrúpulos y capaces de cometer barbaries a cambio de tener poder, dinero y estatus. Los Basiy (Reclutas) de Irán es la viva imagen de los Escuadristas ( los Camicie Nere italianos). Las patrullas antivicios que controlan hasta la vestimenta y conducta moral de los ciudadanos en el espacio público. La coerción para los "antisistema" y la recompensa para los obedientes, al igual que en el "Cielo".

- Uso sistemático de la violencia y de la pedagogía del terror contra los críticos (redadas, lapidaciones, ahorcamientos públicos, latigazos, etc.). La fe hace que el terror se banalice: En aquel tiempo tomamos todas sus ciudades, y exterminamos a hombres, mujeres y niños de cada ciudad. No dejamos ningún sobreviviente (Deuteronomio, 2 :34). La normalización del odio y la venganza (ojo por ojo) contra otros, como muestra de valentía y el reclamo de justicia, en vez de justicia civilizada, comprensión y solidaridad.

- Nutrirse de la ira y los sentimientos de marginación entre las clases sociales "inferiores ofreciéndoles soluciones mágicas que pasan por delatar, oprimir o matar (en guerras) a personas como ellos, que ni conocen: el trabajador "ario" es como el "musulmán" o el "judío" contra sus hermanos de otros grupos étnicos y de otros credos a beneficio de los que mueven el negocio.

 - El control y vigilancia de las masas, a través de los templos, los vecinos, las instituciones, etc.

- La primacía del concepto de "nación" o "comunidad" (racial o religiosa) para desdibujar las diferencias entre las clases sociales, evitando la solidaridad nacional e internacionalista de los oprimidos.

- Una visión social tribal: nosotros contra ellos.

- Un feroz anticomunismo: por ser un sistema económico socialista, y políticamente igualitario entre los hombres de cualquier credo, color de piel, estatus social, y entre los hombres y las mujeres.

- Rechazo hacia las democracias liberales, que no hacia el capitalismo, por las conquistas sociales de sus ciudadanos en cuanto a limitar el poder de los mandatarios, las libertades individuales y colectivas, y de que su autoridad emana de la "Demo", el pueblo y puede ser revocada, que no del "Teo", el Dios, un ente absolutista.

- Establecer el control, no solo sobre las actividades políticas y sociales, sino también sobre el pensamiento de los ciudadanos. Tener ideas distintas es considerado delito, aunque no se pongan en práctica ni se divulguen.

- La imposición de la uniformidad tanto entre los hombres pero sobre todo entre las mujeres (de allí el velo y la gabardina o el chador y el burka), eliminando las singularidades entre los "ciudadanos", con el objetivo de convertirles en una "masa" a la que se pueda dar la forma que desea el poder.

- Se basan en los dogmas de fe, las certezas inventadas, que no en la razón y el racionalismo, apelando a las emociones.

- Usan la represión sexual como método de manipulación y el control social: duros castigos para las relaciones entre personas del mismo sexo, adulterio, fornicación, etc. creando personas psicológicamente desequilibradas

- Al contrario de las dictaduras que se apoyan en el respaldo de una pequeña élite, los fascismos cuentan con una base social, a menudo amplia, y con millones de pobres y desheredados entre sus filas. En su desgaste y por la decepción de las masas por expectativas incumplidas, los totalitarismos pierden esta base para convertirse en una simple dictadura.

- Supremacía de hombres sobre mujeres, de elites sobre plebeyos, militares (mártires vivientes) sobre civiles, y creyentes sobre ateos. Los judíos afirman ser el "pueblo elegido por Yahvé" y los musulmanes que "su religión es la última, la más perfecta", por lo que consideran blasfemia y perseguibles los creados nacidos después del siglo VII. Esta ideología, que considera untermenschen (infrahumanos) a los integrantes de otros grupos, genera la llamada "fascismo social": no solo inculca en los hombres ser superiores a las mujeres, sino que consigue que ellas mismas asimilen esta creencia como una realidad biológica. Ellas no podrán contraer matrimonio con un hombre fuera del grupo, hecho llamado por los nazis «ley de bronce»: el rechaza del apareamiento entre dos seres de distinta raza, porque reduce la calidad biológica de los descendientes. Para justificar el sistema de Apartheid contra las mujeres que se estableció en Irán a partir del 1978, el expresidente de la República Islámica Hashemi Rafsenyani argumenta que «La diferencia de tamaño, vitalidad, voz, desarrollo, calidad muscular y fuerza física entre un hombre y una mujer demuestran que los hombres son más fuertes y más capaces en todos los campos (…) el cerebro de los hombres es mayor (…) Estas diferencias afectan a la delegación de responsabilidades, deberes y derechos". Aquí, las diferencias se convierten en desigualdades.

- Discursos populistas, término que significa manipular, estafar a las "masas": Hitler utilizó las palabras "socialista" y "obrero" para denominar a su partido, cuando sus objetivos eran justamente antisocialistas y burgueses, mientras la versión religiosa del fascismo roba las consignas "antiimperialistas" a las fuerzas progresistas y llama "desheredados" a la clase trabajadora. Intenta, de este modo, hacerse con la bandera de la defensa de los explotados, que ha sido exclusivamente de la izquierda y sigue siendo la única fuerza con programa viable para poner fin a las injusticias sociales.

- Afán de expansionismo, para exportar su ideología mediante patrocinio de grupos afines, e incluso ocupando territorios de otros estados, bajo el pretexto de la "hermandad internacional" "Liberar a hermanos oprimidos", etc.

- Sus guerras, por muy santas y justas que sean siempre son por los recursos, fortunas y mercados.

- Son profundamente misóginos. Hacen exaltación del patriarcado, glorifican la maternidad, y mandan que la mujer debe ser esposa obediente y subordinada, madre sacrificada y depositaria de los valores del grupo, y ser la ama de casa perfecta, por lo que prohíben la educación mixta. Paralelamente, establecen un sistema de Apartheid prohibiendo el acceso de la mujer al poder y a ciertos espacios, y consideran al feminismo y el derecho a la igualdad una aberración antinatural y demoniaco.

La violencia contra la mujer y su discriminación en las  religiones semíticas, no sólo consolidan el sistema patriarcal basada en la superioridad jurídica del hombre, sino las santifican (Corán, 4:34; Biblia 11.2–16); les excluyen del poder (Corán 17-40) que niegan la existencia de ángeles del sexo femenino "Dios nunca envió a una profeta", y eso a pesar de que el cielo de Oriente Próximo está repleto de las diosas. La exclusión y opresión de las mujeres es una táctica política, dentro de "divide y vencerás": luego irán a por la otra mitad de la sociedad, los hombres. Cuando deciden incluir a mujeres en sus equipos, por propaganda o por la presión social, lo hacen sin permitir su emancipación. No deja de ser una paradoja o un elitismo que mujeres como Marine Le Pen, cuya ideología está basada en la "incapacidad natural" de la mujer, luche por ocupar el lugar que su creencia ha reservado a los hombres.

- Formular mensajes simplistas y primitivas a las masas, desactivando su intelecto e impidiendo que la audiencia tenga acceso a términos capaces de expresar la complejidad de los fenómenos. El uso de términos como "el Gran Satán", en vez de EEUU, un país muy complejo, o el "Eje del Mal" para llamar a los supuestos enemigos es simplemente despreciar la inteligencia de los receptores del discurso.

Que se respeten los "límites de la libertad religiosa": no confundir el respeto a los creyentes y sus derechos como ciudadanos a respetar su credo. La religión, un complejo sistema de creencias metafísicas con normas establecidas hace siglos, cuando se encuentra en el poder es peligrosamente totalitaria."                       (Nazanín Armanian , Público, 30/05/22)

6/7/20

«La extrema derecha violenta y el yihadismo comparten una misma cosmovisión»... comparten lecturas reaccionarias de las religiones en las que se sustentan, se alimentan del descontento popular, de la incertidumbre dominante en nuestro tiempo, de la precariedad, de una melancolía por un supuesto pasado heroico al que habría que volver… y sobre todo, son dos fenómenos que se retroalimentan

"Moussa Bourekba, investigador experto en procesos de radicalización, extremismo violento en Europa y en el Norte de África, así como en Islam en los países occidentales, analiza en esta entrevista la relación simbiótica entre la extrema derecha y el yihadismo.

Hace apenas cuatro meses, antes de que la pandemia y sus consecuencias lo ocupasen y englobasen todo, ya vivíamos uno de los momentos históricos más convulsos y violentos: decenas de países aplacaban sin contemplaciones revueltas de su ciudadanía descontenta, los efectos de la crisis climática se hacían acuciantes, el auge de la extrema derecha se materializaba en cada vez gobiernos y parlamentos más autoritarios y el terrorismo yihadista seguía expandiéndose. 

Paradójicamente, la extrema derecha y el yihadismo se presentan y, a menudo así son descritos en los medios de comunicación, como fenómenos contrarios. Los partidos y líderes neofascistas se promocionan como antítesis y antídoto del fundamentalismo islamista, cuando son las manifestaciones más evidentes de la ola involucionista que vive el mundo.  

 Ambas propuestas comparten  lecturas reaccionarias de las religiones en las que se sustentan, se alimentan del descontento popular, de la incertidumbre dominante en nuestro tiempo, de la precariedad, de una melancolía por un supuesto pasado heroico al que habría que volver…  Y, sobre todo, son dos fenómenos que se retroalimentan: cuanto más crece uno, más lo hace el otro, aumentando la polarización de nuestras sociedades.

Sobre esta íntima relación entre la extrema derecha y el yihadismo conversamos con Moussa Bourekba, investigador francés del think tank CIDOB (Centro de Asuntos Internacionales de Barcelona) y profesor asociado de la Universidad Ramon Llull, de la misma ciudad. Experto en los procesos de radicalización, en el extremismo violento en Europa y en el Norte de África, así como en Islam en los países occidentales, es una de las voces más autorizadas para desentrañar este interesado binomio. 

¿Por qué la opinión pública generalista sigue percibiendo la extrema derecha y el yihadismo como fenómenos contrarios cuando son fenómenos simbióticos que responden a la misma lógica involucionista? 

Porque la lectura que se hace es como si de una guerra se tratase. La extrema derecha violenta sostiene, según una lectura huntingtoniana del mundo [la que dio lugar a la teoría del Choque de Civilizaciones], que Occidente está en guerra contra el Islam. Los yihadistas responden que, efectivamente, Occidente ha declarado la guerra a esta religión y que toca defenderse. Y ambos coinciden en presentar ambos bloques como homogéneos. 

En 2015 tienen lugar los atentados de Charlie Hebdo, el 7 de enero, y de París, el 13 de noviembre. Para entonces, la sociedad francesa ya estaba muy polarizada y una parte de la extrema derecha no violenta, que se identifica con Marine Le Pen, explicó estos atentados como la prueba definitiva de la naturaleza violenta del Islam y de su proyecto de conquista e islamización de Occidente. Por su parte, el yihadismo defiende la idea de que Occidente declaró la guerra a los musulmanes a través de la injerencia en Libia, Irak, Palestina, Afganistán y, como la extrema derecha, sostiene que musulmanes y occidentales no pueden convivir.

La extrema derecha violenta considera que el pueblo blanco constituye una entidad homogénea en vía de extinción, por lo que toca salvaguardarla. Y los yihadistas que un musulmán no puede vivir en una tierra donde no rige la ley islámica. Al final, la extrema derecha violenta y el yihadismo comparten una misma cosmovisión en la que oponen dos bloques monolíticos. 

Ha hablado de la extrema derecha no violenta, pero la violenta ya comete más atentados en el mundo que el yihadismo, aunque su número de víctimas sigue siendo menor. ¿Qué métodos comparten estos dos movimientos terroristas? 

Hay un aumento espectacular de atentados de la extrema derecha desde 2015, precisamente cuando la organización Estado Islámico lanzó su campaña internacional de atentados. Hay una similitud sorprendente en las técnicas de propaganda que utilizan ambos para el reclutamiento. Al igual que las organizaciones yihadistas, la extrema derecha violenta también recluta por las redes sociales, así como en foros y plataformas de videojuegos.

También comparten códigos de comunicación: apología de la violencia, convertir en héroes a los que se ‘sacrifican’ para cometer atentados… Incluso hemos visto materiales de la extrema derecha violenta que muestran a yihadistas, por ejemplo, para aprender a elaborar TATP, la sustancia que iban a utilizar los terroristas de Ripoll y Barcelona. O declaraciones en las que dicen seguir como ejemplo a los yihadistas porque comunican y reclutan bien, porque no tienen miedo a la muerte y porque hay un tema de masculinidad tremendo: entienden que castigan como ha de castigarse a las mujeres, que las devuelven a su sitio natural, a los roles tradicionales y nada de feminazis ni igualdad de género… 

Ahora estoy investigando si el escenario ucraniano será para la extrema derecha violenta lo que fue y sigue siendo Afganistán o Siria para los yihadistas. Es decir, un escenario de guerra en el que tenemos a los llamados combatientes extranjeros: en este caso, muchos neonazis de países europeos que se han unido a la lucha en Ucrania, lo que significa que saben manejar armamento, producir explosivos…

Y también estamos viendo una transnacionalización de los grupos de extrema derecha, cuando tradicionalmente eran muy nacionales. El ejemplo es el atentado de marzo de 2019 en Nueva Zelanda, en el que un señor de Australia atentó en nombre de un manifiesto inspirado por un escritor francés. Ya no podemos entender la extrema derecha violenta en términos nacionales.  

¿Qué semejanzas encuentra en el uso que hacen estos grupos de las redes sociales?

Es preocupante porque estamos viendo con la extrema derecha violenta lo que ocurría con el yihadismo hasta 2015-2016, momento en el que las plataformas de redes sociales y los proveedores de Internet empezaron a preocuparse por la divulgación de su propaganda. Es decir, en la actualidad, la extrema derecha está siguiendo las lógicas algorítmicas por las que te puedes radicalizar mirando vídeos de Youtube. Si pones en su buscador “La gran sustitución” [la teoría del escritor ultraderechista Renaud Camus] es muy probable que en cinco vídeos estés viendo llamadas a masacrar a los no blancos.

Luego están sus propios códigos, por ejemplo, los memes de The Frog: recurrir al humor para reclutar a gente. Y también el reclutamiento presencial, en protestas como las que se están dando ahora del movimiento White Lives Matter como repulsa al de Black Lives Matter, o las manifestaciones contra los refugiados… Una táctica que no puede darse en el caso del yihadismo porque no hay manifestaciones a favor de Bin Laden convocadas con el consentimiento de las autoridades.

¿Y el yihadismo está copiando algo de la extrema derecha violenta? 

No lo sé, pero es cierto que, aunque la extrema derecha violenta es más antigua, en términos de experiencia sobre el terreno, de lucha de guerrilla, de sobrevivir en condiciones duras, tiene que aprenderlo todo del yihadismo. De hecho, en muchos foros online donde se juntan neonazis encuentras documentos del yihadismo, como el de referencia Gestión del salvajismo, en el que se da pautas de cómo intervenir en lugares donde el Estado está ausente o por qué usar las decapitaciones. Es fascinante ver a gente de extrema derecha decir que hay que inspirarse en esa gente a la que detestan y odian profundamente.

Si bien es cierto que la extrema derecha violenta no tiene tanta experiencia militar, es cierto que en los últimos años ha aumentado mucho su presencia en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de Francia, de Alemania, y parece que ahora también en España. Esto significa que tenemos a gente con formación militar y policial que, llegado el caso, podrían organizarse en grupos paramilitares de extrema derecha. ¿Cómo ha sido este fenómeno en Francia? 

Es difícil de cuantificar, pero hay encuestas y sondeos que reflejaban que más de la mitad de los policías franceses votan por la extrema derecha. Es habitual que se desmantelen grupos en Facebook de agentes que llaman a masacrar a los árabes. En Estados Unidos hemos visto que soldados, a su retorno de Irak o Afganistán, se unían a grupos de extrema derecha violenta, y ahora lo estamos viendo en Francia. 

El año pasado se desmanteló una célula terrorista con veteranos militares y policías que planeaban atentar en Francia. Y en Alemania parte de la extrema derecha violenta creó una lista de personalidades públicas que matar para la que fue necesaria la colaboración de policías. Es un fenómeno muy preocupante porque son personas familiarizadas con técnicas de combate o incluso que han podido estar destinados en escenarios bélicos. Frente a la preocupación que hay por los combatientes extranjeros que retornan de Irak o Siria, no hay una atención equivalente a cómo miembros de nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado pueden estar amenazando nuestra seguridad. 

De hecho, Francia lleva desde 2015 combatiendo el yihadismo en el Sahel con la operación Barkhane. ¿Se está atendiendo a qué pasa con estos soldados cuando vuelven? ¿Si pueden haberse radicalizado y unirse a grupos de extrema derecha violenta? 

No es un tema que se está abordando. Pero es más. Hay combatientes franceses que se unieron a los kurdos en el conflicto sirio, que han retornado y que no han tenido que pasar un examen psicológico, ni han sido juzgados ni han tenido que dar explicaciones. Recuerdo el caso de un joven que contó ante las cámaras en prime time que había sido francotirador durante dos años con los kurdos, que echaba de menos su arma porque era adictivo lo que hacía… Y no parece que se hayan tomado medidas para juzgarlo o encarcelarlo. 

Hemos hablado sobre los factores que tienen en común ambos fenómenos. En el caso de sus públicos objetivos, de los colectivos que reclutar, ¿tienen algo en común también?

Estoy muy de acuerdo con el profesor de Psicología José María Rodríguez cuando sostiene que “hay tres tipos de mentiras: las grandes, las pequeñas y los perfiles de radicalizados”. 
En el caso de la extrema derecha violenta no tengo conocimiento de estudios que demuestren que existe un perfil de radicalizado de extrema derecha. Se trata, en general, de hombres jóvenes, blancos, que enganchan con la narrativa de que el pueblo blanco está amenazado por la extinción, por las olas migratorias, por la presencia musulmana y por los atentados terroristas. 

En el caso del yihadismo, en Francia hubo un estudio en el que se analizaba el perfil de 137 personas que se fueron a combatir a Siria e Irak. Revelaba que no se diferencian mucho del perfil de los detenidos por delincuencia o crimen en Francia: pobres, que proceden de suburbios, cuyas familias son de origen magrebí, que han vivido con un sentimiento de humillación y frustración… 

¿Qué políticas está desarrollando el Gobierno francés para frenar ambos fenómenos?.

En cuanto a los yihadistas, desde 2014 se han adoptado cuatro planes de lucha antiterrorista, que han pasado de un paradigma centrado en las medidas represivas a otro más preventivo que consiste en: actuar antes de que la amenaza aparezca. 

El problema es que el Estado francés tiene un carácter extremadamente centralizado, cuando sabemos que este tipo de políticas son mucho más eficaces si se desarrollan a escala local. En cuanto a la amenaza de la extrema derecha, ni Francia ni la mayoría de los países europeos están dándole la prioridad política y securitaria que merece. 

En 2016, le preguntaron a Patrick Calvar, número uno de la Dirección General de la Seguridad Interior (el CNI francés) por la mayor amenaza a la que se enfrentaba Francia. No contestó el yihadismo, sino el peligro de que estallase una guerra civil por la retroalimentación constante entre el yihadismo y la extrema derecha violenta. Advirtió de la expansión de la esta última en un país donde hay campamentos de verano en los que te puedes formar militarmente. Las autoridades son conscientes de esto,  pero es como si estuviésemos ciegos ante algo tan gordo.

Cuando la extrema derecha violenta comete atentados en Francia, Reino Unido o Canadá, se habla de desequilibrados, de locura transitoria y problemas psiquiátricos. El año pasado, un hombre intentó incendiar la mezquita de Bayona para matar a quienes estaban en su interior y disparó a dos personas. Lo trataron como un desequilibrado y no hubo reacción gubernamental. El verano pasado, un imam muy famoso y seguido en Francia fue acribillado con cuatro disparos ante su mezquita y tampoco hubo respuesta oficial. Esto sería impensable si hubiese sido un rabino o un cura.

Me preocupa que se suela politizar la violencia, a veces apolítica, de algunos individuos porque son musulmanes, mientras se despolitiza otros actos de violencia claramente política cometida por individuos blancos. Es un problema ante el que hay que reflexionar. 

Ambos fenómenos también comparten en su origen un conflicto con el concepto de la libertad. En el caso de la extrema derecha, se aprovecha de que la libertad, como pilar fundamental de nuestras sociedades, ha desembocado en parte de la población en la incertidumbre de no saber qué significa realmente frente a una especie de dictadura de los mercados y de la precariedad. Un contexto que ha desembocado en una tendencia a la frustración por no cubrir las expectativas de unas vidas en las que se nos vendía que todo lo que deseáramos era posible. En el caso del yihadismo, la libertad se plantea como un concepto occidental que degenera las sociedades. Y al mismo tiempo, que en los países europeos la libertad está restringida a los blancos, mientras los musulmanes son oprimidos económica, social y religiosamente. ¿Cómo podría revertirse esas lecturas conflictivas de la libertad?

Es una pregunta eminentemente filosófica. El uso de la libertad es bastante distinto según el tipo de extremismo violento. En el de las extrema derecha violenta y no violenta, me preocupa que nos hayamos acogido al pretexto de la libertad de pensamiento y del pluralismo para mover las fronteras de lo aceptable. Es decir, hace diez o veinte años no creo que fuese aceptable tener un discurso supremacista blanco. Es preocupante que ahora lo sea. El proceso de presentar esta deriva ideológica como aceptable ha sido sencillo en Europa.

 Aquí cada vez se habla menos de inmigrantes bengalíes, pakistaníes, turcos o argelinos, y más de musulmanes. La extrema derecha se acogió a esta excusa de la libertad para decir “nosotros no somos racistas porque no tenemos problema con su origen o color de piel, sino que su religión y sus valores son incompatibles con los nuestros”. Así, la extrema derecha ha conseguido que puedas tener un discurso, aceptable para la ley, racista y lleno de odio porque ha trasladado el conflicto del ellos versus nosotros al terreno de los valores. 

La mejor demostración de este giro del discurso islamófobo es que la inmensa mayoría de las víctimas son las mujeres, porque llevan el velo y, por tanto, son más visibles, porque el velo ‘constituye una separación entre hombres y mujeres’… La extrema derecha violenta defiende que hay que luchar contra lo políticamente correcto y el ‘buen pensamiento’ que, según ellos, es la fachada más visible de una conspiración de los gobiernos y las élites corruptas que nos están escondiendo la verdad. Cosas como que en las hospitales materno-infantiles nacen diez musulmanes frente a un blanco.

En el caso del yihadismo, el concepto de libertad es muy interesante porque por una parte sostiene que es occidental, pero, por otro, que la libertad no es eso, sino que se recupera cuando te sometes a su ideología. Durante años hemos pensado que las mujeres que se fueron a Siria e Irak eran víctimas de esta ideología, una lectura profundamente machista porque se basa en que las mujeres no tienen autonomía intelectual. 

Sin embargo, hemos visto que algunas de ellas aprueban completamente una separación estricta entre hombres y mujeres, de tareas asignadas según el género, y que rechazan el modelo occidental de igualdad. Los recientes estudios sobre las motivaciones de esta mujeres revelan que fueron seducidas por un discurso que denuncia la falsa libertad occidental y que organizaciones como Estado Islámico les ofrecen una verdadera emancipación, concebida como el retorno a los roles tradicionales de hombres y mujeres.

Para revertir esta lectura de la libertad, en el caso de la extrema derecha tenemos que pensar en los límites de lo aceptable. ¿A qué nos da derecho la libertad? Dos de las personas que figuran en el manifiesto al que se acogió Brenton Tarrant, el autor de la matanza de Nueva Zelanda, Eric Zemmour y Renaud Camus, están diariamente en los medios de comunicación franceses. Esta gente que promociona una dicotomía entre el ellos versus nosotros, que denuncian la llamada gran sustitución, ¿hasta qué punto se les puede dejar seguir sembrando la semilla del odio? 

En el caso de la organización Estado Islámico, para revertir este concepto de libertad hay que enseñar lo que hacen en el día a día. Y ahí te metes en un campo, muy extenso y aún verde, que es el de las contranarrativas y narrativas alternativas. Es decir, dentro del mito del Estado Islámico ¿qué hay realmente? Así encontrarán cosas que les lleven a plantearse su concepción de libertad.

¿Cree que es posible la desradicalización?

Me cuesta pensar que tengamos la solución para hacer cambiar unas profundas convicciones ideológicas de una persona que cree en la extrema derecha violenta o en el yihadismo. La inmensa mayoría de las experiencias que se presentan como exitosas no cuentan con evidencias científicas. La radicalización engloba dos conceptos: adoptar una ideología radical y actuar de forma violenta.

 Una cosa es que alguien pueda pensar que el Califato es la mejor forma de vivir y que lo que hace Estado Islámico en Irak es legítimo. Otra es que se vaya allí a luchar o que haga promoción de esas ideas. Creo que tenemos más posibilidades de hacer que renuncien al uso de la violencia que de desradicalizarlos. 

En Alemania existe la política de llevar exneonazis a las escuelas y a las cárceles para hablar con grupos ya radicalizados. Y se ve que funciona. En Dinamarca, muchos daneses se fueron de la ciudad de Aarhus a combatir en Siria o Irak. Algunos de ellos volvieron traumatizados porque vieron que los yihadistas eran violentos, racistas, porque no defendían a sus hermanos sirios de los ataques de Assad… Volvieron y lo que las autoridades les dijeron fue que tenían derecho a soñar con el Califato, a considerar que la sharia es el mejor modo de gobernanza, pero que estaban en Dinamarca y que allí no podían emplear la violencia. Desarrollaron programas de acompañamiento psicológico, económico y social para reinsertarles en la sociedad. 

Creo que se puede conseguir desactivar las ganas de pasar al acto violento, pero no una ideología profundamente anclada en la mente de un individuo. 

En una entrevista que le hice a José Luis Gordillo, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Barcelona, cuestionaba que hubiera formaciones dirigidas a prevenir la radicalización porque  “¿cómo previenes la radicalización sin controlar la ideología de la gente?”. Considera que son propuestas liberticidas. ¿Qué opina usted?

En los cursos en los que yo participo lo que intento es que se entienda la ideología, que no es un factor determinante para la radicalización, pero que sirve para entender el fenómeno. También es fundamental distinguir la radicalización cognitiva, el hecho de adoptar ideas radicales, de la radicalización conductual, es decir adoptar un comportamiento violento. La ley condena sólo el segundo tipo de radicalización, y esto es clave para evitar lo que llamas “propuestas liberticidas”.

 Primero hay que entender por qué la gente se radicaliza: la ideología sólo es uno de los posibles motivos. En segundo lugar, hay que recordar que la adopción de ideas radicales no lleva automáticamente a la adopción de un comportamiento violento.  Ha habido una explosión de cursos sobre la radicalización en la que no siempre intervienen expertos con las titulaciones adecuadas. A veces, llegan al extremo de dar a entender que la radicalización nace de una práctica demasiado intensa del Islam. Dan una serie de indicadores, supuestamente para detectar la radicalización, que no se sustentan en ningún tipo de evidencia científica. 

Como el protocolo catalán contra la radicalización que establecía como un indicio que un niño dejase de beber Coca-Cola… 

Exacto. O que deje de ir a clase el viernes para rezar, o que las mujeres se tapen un poco más que antes, o que dejen de ir al cine o de escuchar música. Existe un verdadero negocio de la radicalización, del que se aprovechan decenas de consultorías y asociaciones y hay que ser consciente de esta realidad. En realidad lo que buscan es detectar la radicalización y no prevenirla, como las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que lo que querrían sería un kit en el que se les dijese A más B igual a radical. 

Pero se trata de un proceso fundamentalmente íntimo, que pasa en la mente de una persona y que no sigue un patrón inamovible de explicaciones. 

Para prevenir la radicalización tenemos que conocer las ideologías para entender por qué atraen a gente de tan distintos perfiles. La cuestión no es saber cuánto conocía del Corán tal terrorista de Ripoll, sino por qué el discurso de que los españoles son unos infieles que hay que matar ha tenido resonancia en esta persona. Si ha sido solo fruto de la manipulación del imán, o porque vive en un contexto social que le lleva a creer que hay una guerra global, en la que tiene que defender a los hermanos sirios, a los que no conoce y cuya lengua no habla, de sus vecinos, a los que sí conoce. 

Es un proceso tan complejo que merece más la pena explicar a la gente que trabaja en el terreno y a los políticos lo que no es radicalización antes de cómo prevenirla. Con eso estaría un 80% del trabajo hecho. 

Ha explicado que la mayoría de las personas que sufren ataques islamófobos son mujeres, entre otras cuestiones porque son más visibles por el velo. Siendo francés, ¿qué opinión tiene sobre el debate entre laicismo, el velo u otros símbolos religiosos como la cruz cristiana o el velo de las monjas? 

La laïcité, es decir, el respeto por la ley es lo que los musulmanes quieren. Los que no están contentos son los que quieren cambiar la ley, que no dice que haya que guardar los símbolos religiosos en el ámbito privado, sino que no tienen cabida en el espacio en el que se expresa la fuerza pública. Por la calle puedo llevar una cruz o a ponerme lo que sea. Otra cosa es que sea diputado o que represente al Estado siendo alcalde, doctor en un hospital público… 

Como explicaba Raphaël Liogier en su magnífico libro El mito de la islamización. Ensayo sobre una obsesión colectiva,  la laïcité es “como el castillo de Versalles, un patrimonio del que los franceses se sienten orgullosos pero en el que ya no vivimos”. 

Se ha pasado de una concepción extremadamente práctica del laicismo, por la que no se hacía ninguna distinción entre nadie, a la “laïcarde”, como se llama en francés: una visión muy restrictiva que intenta borrar cualquier símbolo del religioso del espacio público en general. Y eso es liberticida. 

El objetivo de la laicidad era la igualdad, que todo el mundo pudiera pensar e interactuar independientemente de su fe. Pero si lo que hacemos es restringir el derecho en nombre de la emancipación y la libertad, lo que estamos haciendo es dictaminar una cierta concepción de la libertad.  

Para mí, el laicismo es dejar que una mujer lleve lo que quiera, la ley no tiene que imponer nada en ese sentido. No hay nadie más laico ahora que el Frente Nacional, un partido de tradición católica que ha trasladado el discurso racista del color de piel o de la raza a un tema religioso. Han convertido el laicismo es una nueva herramienta para recordar que no todos somos iguales y que hay un problema de incompatibilidad entre un grupo de la población: los musulmanes y la mayoría. 

Hay otro factor fundamental en el origen y motor del yihadismo y la extrema derecha: el miedo. Ese miedo a la incertidumbre, pero también al otro, al subalterno, a ese enemigo que se ha construido el uno del otro. ¿Dónde está el origen de ese miedo recíproco? ¿Cómo combatirlo? ¿Qué miedos comparten ambos procesos?

Hay un miedo muy práctico que es la supervivencia de sus organizaciones: tener finanzas, simpatizantes, cobertura mediática, seguir reclutando. La periodista italiana Loretta Napoleoni desarrolló muy bien esta tesis comparando Al Qaeda e ISIS con grandes empresas. Y esto se puede aplicar perfectamente a la extrema derecha violenta. 

El segundo miedo, y puede sonar hippy, es que un acto terrorista sea respondido con la fraternidad y no con el odio o el miedo al otro. Un atentado no es un fin, sino un medio de la organización para comunicarse con el Estado, para amenazarlo, aterrorizar a la población y que la respuesta estatal se radicalice. Una respuesta desproporcionada como el estado de alerta francés tras los atentados de París o la Patriot Act en Estados Unidos puede acabar afectando a gente que no tiene nada que ver con el terrorismo y radicalizándola. También hace subir a los partidos de extrema derecha. Otro de sus temores es que sus atentandos no tengan la suficiente repercusión en los medios.

Entonces, ¿cómo se debería informar en los medios de comunicación de esos atentados?

Lo primero que deben hacer es plantearse su responsabilidad, su rol social. Hemos visto como con la pandemia han tenido que hacerse un planteamiento ético: si debían dar más miedo, solo informar o amplificar sus consecuencias. En el caso de los atentados de índole yihadista, vemos que reciben mucha más atención que los de la extrema derecha violenta y que siempre se menciona el origen de la persona que atenta. 

Si no es un elemento relevante, ¿para qué sirve? Cuando se explican los motivos de un atentado, se reproduce la explicación del terrorista, pero el periodista tiene que investigar y contrastarlos. Explicar quién es esta persona, su contexto. Hay que desideologizar nuestra aproximación a los atentados y recordar que es una táctica de guerra con unos objetivos determinados. 

En los casos de atentados de la extrema derecha violenta, dejemos de hablar de locos. En una investigación noruega se comprobó cómo en los 800 primeros artículos publicados tras la masacre cometida por Anders Breivik en 2011 no se mencionó la palabra terrorista: siempre era un loco. Él reivindicó que no lo estaba, que sabía perfectamente lo que hacía. 
En contraposición, cuando dos narcotraficantes se matan en Bélgica, inmediatamente se baraja la posibilidad de que sean terroristas porque son musulmanes.

El reto de los medios está en el relato. Un atentado es un medio de comunicación en sí mismo. Y la eficiencia, la amplitud del mensaje depende de los medios de comunicación. Sin cobertura mediática, un grupo terrorista pierde su audiencia, finanzas, simpatizantes… 

En uno de sus últimos artículos ha abordado el peligro de que las medidas excepcionales adoptadas para frenar la pandemia de la COVID-19 se mantengan una vez acabe o se controle. Y lo ejemplifica con todas aquellas normativas antiterroristas que se pusieron en marcha tras los atentados de Charlie Hebdo y del Bataclán, y que se mantuvieron en Francia durante tres años de estado de excepción hasta que se incluyeron en el derecho común. ¿Qué otras lecciones podemos aprender de la pérdida de derechos que se ha justificado por la lucha antiterrorista?

Va a ser muy difícil evitar que todas las medidas excepcionales que se han creado para frenar la pandemia se incorporen a la ley común. La justificación va a ser la de evitar rebrotes. ¿Cuánta gente habría aceptado hace cuatro meses instalarse una aplicación esponsorizada por el gobierno que puede rastrear tus contactos durante los últimos quince días? Da igual que sean datos desagregados. Esta aceptación generalizada es resultado del discurso de que es por el imperativo mayor de la salud de todos

Me preocupa el uso de nuestros datos. Hemos visto cómo todos los gobiernos de las sociedades democráticas han mantenido conversaciones con corporaciones como Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft, que tienen una cantidad gigante de datos personales nuestros para compartirlos y no sabemos casi nada de esos encuentros. Quiero saber qué datos tienen sobre mí y no me vale la excusa que ponen algunos de que no tienen nada que ocultar. Tengo derecho a la privacidad, a determinar qué quiero que sepan de mí, y con esta pandemia también se ha cedido en ese límite. 

Otro límite que se sobrepasó con los atentados fue la videovigilancia. Más del 98% de la información que ha permitido impedir atentados en Europa ha sido de fuentes humanas. Las cámaras son inútiles para prevenir el crimen. Y, sin embargo, se han seguido implantando y desarrollando el reconocimiento facial. En la ciudad de Niza se puso en marcha un programa piloto de videovigilancia tras los atentados del verano 2016 que se extenderá al resto de Francia en los próximos años.

En definitiva, la cuestión es cómo un Estado democrático utiliza el miedo para mover las fronteras de lo aceptable. ¿Por qué se tiene que plantear todo en términos del dilema seguridad versus privacidad? Yo quiero ambas, a menos que me demuestren que es imposible. 

La lucha va a depender de la ciudadanía porque no se puede olvidar que se trata de un negocio de miles de millones de euros entre gobiernos y corporaciones. Superan todo lo imaginable, por lo que ya hay un lobby muy fuerte para ir hacia este tipo de sociedad. El caso chino nos ofrece un buen ejemplo de lo que nos podría pasar con medidas como el crédito social, el uso de la vigilancia con la minoría uigur –que luego se extendió a toda la población–… Me preocupa como muchos aplaudieron el modelo chino en el principio de la pandemia. 

¿De dónde viene su interés por investigar a estos grupos y personas violentos?

No me interesa investigar a las personas, sino el perfil o las pautas que puedes encontrar en los procesos de radicalización. Mi perspectiva no consiste en decir los terroristas son malos o están locos, por que no lo están. Lo que me apasiona es que los terroristas son el reflejo de lo que está pasando en nuestras sociedades y en el mundo. Paradójicamente, tenemos que humanizar al terrorista, no deshumanizarlo, para entender, que no es justificar. Me interesa mucho entender las dinámicas sociales, políticas y económicas que hacen que una persona se convierta en terrorista, porque nadie nace siendo terrorista, ni se levanta una mañana y dice voy a coger un kalashnikov.

Lo que despertó mi interés en estos temas es que tras los atentados de Charlie Hebdo y de Bataclán, cuando yo trabajaba otros asuntos, iba a un seminario en Europa y me preguntaban “¿por qué se radicalizan los marroquíes?”. Y cuando iba a El Cairo o Estambul, la pregunta era “¿por qué más de 5.000 europeos se han ido a combatir a Siria o Irak?, ¿Qué está tan mal en Europa para que esto pase?”. Al final ves que es un reflejo de la sociedad que no queremos ver.

 El terrorista siempre es el Otro en una sociedad determinada. Por eso, cuando se habla de un atentado yihadista, conviene hablar de un individuo de origen marroquí para evitar decir que se radicalizó aquí. O si es de extrema derecha, que es un loco porque no interesa entender que nosotros hemos producido esto. Son los monstruos de nuestra sociedad, y para prevenir necesitamos entender lo que está ocurriendo.  

Las imágenes de un exlegionario simulando una ejecución de miembros del Gobierno nos ha recordado episodios como el asesinato de la diputada laborista inglesa Jo Cox a manos de un terrorista de extrema derecha. ¿Somos conscientes del riesgo que entraña informar sobre estos individuos? 

Mi perfil es distinto porque como investigador no tengo una gran audiencia para el público general. Es diferente si sales en la tele o tienes una gran presencia mediática. Aunque los periodistas hacen un favor a estos grupos al hablar de ellos, les hacen publicidad. En los comentarios de muchos vídeos de Youtube de la extrema derecha ves que varias personas preguntan cuántos han llegado al mismo tras leer un artículo de un medio. Y por las respuestas ves que son muchos."                   

(Entrevista a Moussa Bourekba, investigador experto en procesos de radicalización, Patricia Simón, 03/07/20)