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15/2/22

La nostalgia de Hilarión... él nunca le ha contado a su familia que renta un espacio en un sótano de una casa en donde viven quince indocumentados más

 "Como tantos inmigrantes, él nunca le ha contado a su familia que renta un espacio en un sótano de una casa en donde viven quince indocumentados más.

Salió del segundo turno a las tres de la tarde, ha trabajado de 5 a 10 de la mañana en una mueblería cortando madera y de 11 de la mañana a las 3 de la tarde el segundo turno, limpiando oficinas.  En su camino para el tercer turno donde trabaja de ayudante de mesero en un restaurante libanés se detiene en un supermercado mexicano para enviar su remesa semanal a su familia en San Sebastián, Retalhuleu, Guatemala, es domingo en donde vive todos los días de la semana los trabaja por igual.  

Una enorme fila lo espera en el supermercado, siempre hay gente enviando remesas a cualquier hora cualquier día de la semana, siempre está el volumen del radio a todo lo que da con música mexicana, huele a carne frita, a pocos pasos hay otra fila esperando comprar los tacos de carne de coche que son la especialidad de la casa. Ve apiladas las cajas de aguacate maduro que se irán en un santiamén, es lo que más compra la gente los fines de semana  y los  tamales en bolsa que venden maleteados, también maleteadas venden las hojas de nopal, cosa que nunca deja de asombrarlo pues en Guatemala no se comen, las vio una vez que fue a Zacapa, enormes plantas de cactus que nadie tocaba y resulta que en donde está los mexicanos los compran como quien compra un rimero de tortillas o una bolsa de pan, parecieran el conqué y no un acompañamiento en el plato de comida.

Al principio, de recién llegado a Hilarión le llamaba la atención que la gente ponía remesas, recargaba tarjetas de teléfono en sus países de origen, cambiaban sus cheques y dejaban hasta el último centavo entre el supermercado y la licorería de al lado, nunca imaginó que pasarían tantos años y que él haría una rutina tan similar a la de esas personas que vio cuando recién llegó a ese lugar donde neva en   la época en la que los árboles de mango están a todo lo que dan en su pueblo natal.

Hilarión emigró cuando recién cumplió 17 años, con tres hijos por mantener dejó a su esposa y a los niños en casa de sus suegros y prometió regresar en dos años, si le iba bien y llevar dinero para comenzar un negocio, han pasado 25 años desde entonces, le falta por graduar de la universidad al último de sus hijos y al último de sus hermanos, no piensa regresarse hasta que lo logre.  En Guatemala trabajaba en las fincas de caña de azúcar, si le revisaran el cuerpo todavía le encontrarían  en la piel las tunas de la caña que como espinas se entierran hasta lo más profundo, en esas fincas se pasó la infancia y la adolescencia trabajando con sus papás y sus tíos, durmiendo en galeras y comiendo una vez al día, ganando  sólo para el pasaje de ida y vuelta a su pueblo,  no sabe leer ni escribir porque la escuela nunca fue una opción para la pobreza de su familia, tenía que ayudar a sus papás en la crianza de sus hermanos pequeños.  Se ha dado cuenta que en la fila esperando para enviar sus remesas hay tantos como él, a cargo de papás, abuelos, hermanos pequeños e hijos, cuando conversa con ellos resultan con historias similares, no importa de qué lugar de Latinoamérica lleguen, ahí hay hasta bisnietos de los braceros.

Hilarión se enteró de la existencia de los braceros cuando un día hace varios años se fue a tomar unas cervezas con un joven después de que ambos enviaron sus remesas, su bisabuelo había sido bracero. No era el único con una carga familiar en la espalda, era la mayoría de migrantes indocumentados, por eso es que no se regresaban en dos años como pensaron al principio. Como él también cargan fotos de los hijos y en sus teléfonos celulares, no los vieron crecer, pero lograron criarlos con el envío de remesas. Y también conoció en el transcurso de los años a tantos que nunca han contado a sus familias en sus países de origen cómo viven realmente en Estados Unidos, él nunca le ha contado a su familia que renta un espacio en un sótano de una casa en donde viven quince indocumentados más.

Hilarión sale del supermercado, ese día no ha estado tan frío, el sol se ha dejado ver por momentos y las temperaturas no son tan deprimentes y desesperantes, respira el aire fresco que por un segundo le llevó el aroma del corozo y de los mangos tiernos de los árboles en su natal San Sebastián, se pregunta mientras conduce hacia su tercer trabajo si los otros migrantes también extrañarán como él cuando el sol se asoma entre el cielo plomizo el invierno estadounidense. "                ( Ilka Oliva Corado , Rebelión, 15/02/2022)

30/10/19

La ansiedad del emigrante

"Algunas personas sienten que desde que están viviendo en el extranjero tienen (más) ansiedad. 

Suelen comentar que de por sí han sido personas nerviosas o algo inseguras pero que sabían manejar los retos de su día a día y se consideraban suficientemente adaptadas. Otras desconocían la ansiedad por completo. Sin embargo, tras dar el paso de ir a vivir fuera, comienzan a ver que se les escapa el control: ataques de ansiedad, nerviosismo, inquietud, tensión interna y muchos, muchos pensamientos.


La ansiedad del emigrante es algo común. De por sí mudarse a vivir a otro país resulta una aventura y se producen cambios que pueden afectar a nuestra estabilidad emocional. Nuestros familiares, amigos y entornos conocidos quedan atrás para dar paso a lugares, personas y costumbres nuevas. Algunas personas lo viven como algo totalmente retador y disfrutan de este proceso. 

Otras logran adaptarse tras algunas dificultades iniciales. Y otro grupo de emigrantes nota que su salud mental parece haberse perdido de camino al nuevo país. „Yo me encontraba bien en mi país y aquí sufro de ansiedad“. Esto no significa que hayamos sido infectados con el virus de la ansiedad durante la mudanza. Probablemente tenga que ver con otras causas.


Teniendo que construir una nueva vida en el extranjero, de repente nos asaltan las dudas. ¿Podré lograrlo? ¿Seré suficientemente fuerte? ¿Y si no me dan un trabajo? ¿Y si fracaso? 

Estas dudas iniciales no tienen que ser patológicas. De hecho, es positivo cuestionarnos y ser capaces de reconocer cierta falta de habilidades ya que sólo así podremos tomar medidas. Por otro lado, puede que al inicio de la adaptación al nuevo país parezca que cambien las reglas del juego. Lo que hasta ahora creíamos saber y controlar parece haber cambiado. Por ejemplo, nos rechazan en varias entrevistas de trabajo, no congeniamos con las personas de nuestro nuevo entorno, se comienzan a producir cambios negativos en la convivencia de pareja… Así, puede que comencemos a generar miedos por estas nuevas experiencias. 

Es probable que comencemos a ver el mundo y a los demás como posibles amenazas ante las que desarrollamos la respuesta natural de nuestro cuerpo: estrés y ansiedad. El expatriado siente sus nervios a flor de piel, se ve más afectado que antes por el estrés, siente que no tiene control, reacciona de manera irritada y se siente muy inseguro de sí mismo. Esto, a su vez, le enfada y le decepciona, empeorando aún más su estado de ánimo. 


En nuestro proceso migratorio nos llevamos con nosotros las posibles inseguridadesya presentes desde hace tiempo, como „no consigo hacer nada bien“, „soy débil“, „no gusto a los demás“, „soy raro“… La seguridad y la adaptación que hayamos podido generar en nuestro país a lo largo de los años desaparece en el nuevo entorno. A cambio, se nos presentan muchas situaciones en las que no nos desenvolvemos bien y en las que es muy probable que estas creencias se reactiven.

 Por ejemplo, uno de los pasos más difícil a la hora de emigrar es establecer nuevos contactos. El simple hecho de conocer gente nueva puede resultar muy estresante y ser valorado como potencialmente peligroso, ya que estamos expuestos a un posible rechazo. 

Si conocer a gente nueva lo interpretamos como una situación en la que se pone a prueba nuestra valía (“seguro que caigo mal porque soy aburrida”), muy probablemente nos sintamos bajo presión y reactivemos inseguridades durante el proceso de establecer nuevos lazos afectivos. Esto puede tener como resultado un desarrollo de ansiedad. 

Cómo afrontar la ansiedad en el extranjero:


Cada caso debe ser analizado de manera individual dado que las factores desencadenantes pueden ser muy diferentes y, por tanto, la intervención ser también distinta en cada caso. A rasgos generales se podría recomendar:


* Paciencia. Emigrar puede llevar tiempo. Se suele decir que de media se tardan unos 2 años en realmente sentirse acogido en un nuevo país: comprender la nueva cultura, el idioma, comenzar a tener un círculo de amigos en vez de conocidos…


* Analizar a qué le tienes miedo exactamente. ¿Es al rechazo? ¿Al fracaso? ¿A estar solo? ¿A no ser importante para las personas que has dejado atrás? Conociendo el desencadenante del miedo y la ansiedad, podrás cambiar tu diálogo interior de manera más precisa. Las nuevas experiencias que vayas sumando en el extranjero pueden ser una gran oportunidad analizar, comprobar y reajustar ideas y creencias. También nos ayudarán a poner en marcha acciones para evitar que se produzca eso a lo que le tenemos miedo. Por ejemplo:


– Si a lo que tienes miedo es al rechazo, piensa que la ventaja de estar en contacto con personas que no te conocen es que no van a valorarte por algo que hiciste en el pasado, si no por cómo actúas a día de hoy. Esto puede ser una excelente oportunidad para generar nuevas creencias sobre ti mismo y desarrollar más seguridad.


– Respecto al fracaso, plantéate: ¿qué significa exactamente fracasar? Vivir en el extranjero no implica demostrarle nada a nadie. Mientras tú decidas que quieres seguir viviendo en otro país, adelante. Si decides que para ti lo mejor es volver, adelante. He oído muchas veces que mis clientes formulaban ideas como „si me vuelvo ahora, habré fracasado“ o „tengo que esperar, no puedo volver ahora“. Comprueba si la presión realmente es externa o si te la estás generando tú. ¿Acaso eres tú el que considera que volver es un fracaso? ¿Cómo llegas a esa conclusión? Cualquier decisión que tomes será legítima, ya que para ti será importante.


* Permítete cambiar tus planes. Que tus planes inciales (montar una empresa, estudiar, comenzar de cero …) no sean llevados a cabo no implica un fracaso. ¿Has intentado montar una empresa y no ha funcionado? Seguro que probarás a trabajar de otra forma o incluso te reorientes a nivel laboral. ¿Te habías planteado estudiar en el extranjero pero te has dado cuenta de que no te interesa? Encontrarás otra forma de formarte o de ganarte la vida. ¿Pensabas que vivir en el extranjero iba a propiciarte un gran cambio interno y no se ha dado de esa manera? A lo mejor existe otra estrategia que te ayude más. Date permiso para adaptarte a la vida que te está ocurriendo y no a la planificada en tu mente.


* Valora tus esfuerzos. Si emigrar y adaptarte te está resultando difícil, es porque lo es. No es útil infravalorarse y decirse que debería adaptarme mejor o más rápido. Cada persona necesita su tiempo y va realizando los pasos necesarios a su ritmo. Observa qué estás realizando para acercarte a tu objetivo y háblate de manera empoderadora. ¿A un amigo le echarías la bronca si lo está pasando mal? Pues lo mismo ocurre contigo.  


* Contacta con un profesional. Si compruebas que la ansiedad y el estrés te están superando, no lo dudes. Contacta con un psicólogo. Trabajar con psicólogos en el extranjero te ayudará a entender la procedencia de la ansiedad y aprender pautas para manejarla y reducirla. Si tienes suerte, en tu ciudad puede haber profesionales que hablen tu idioma. Si no, siempre existe la terapia online que es una herramienta muy potente para las personas expatriadas.

…

(Este texto se publicó originalmente en blog personal de Marina González Biber...

28/5/15

La copla berlinesa: un producto cultural salido de la emigración española




"Paloma Lirola forma parte del colectivo de españoles que en los últimos años ha aterrizado en Alemania en busca de oportunidades. En Berlín, la acumulación de experiencias como expatriada le ha dado para crear una etiqueta con la que pretende regenerar un estilo musical clásico de la cultura popular española: la copla.

  Lirola nos cuenta que está desarrollando un medio de expresión con el que, entre otras cosas, exorcizar los males propios de la difícil realidad de ser emigrante, algo que ha vuelto a ser muy común en España debido a la crisis económica. (...)

“ Lo de copla berlinesa es una etiqueta que he puesto porque hoy día se exige poner una etiqueta a todo, y yo, antes de que se me pregunte cómo se llama esto, ya le he puesto el nombre”, explica esta treinteañera, que dice haber “nacido con la Constitución en 1978” y ser “andaluza de adopción”, pues aunque vino al mundo en Zaragoza se acabó criando en Málaga desde muy pequeña. 

“La copla son mis raíces, que cuando uno está fuera de su país reaparecen con mucho peso”, confiesa Lirola. Ella se sirve del genero con el que se encumbraron grandes estrellas de la música española – Lola Flores, Marifé de Triana, Antonio Molina o Cocha Piquer – para contar las experiencias típicas de la vida como expatriada en Alemania. En febrero de 2015 colgó en Youtube una de sus canciones, " mi invisibilidad” , dedicada a lo que se siente en Alemania cuando no se controla la lengua de Johann Wolfgag von Goethe. (...)

“ Lo que tiene la copla es que cuenta historias de principio a fin y con ello yo dejó ahí mi aportación con una temática que está enfocada a historias que pasan aquí y que sólo te pueden pasar aquí”, explica la cantante, que llegó a Berlín en febrero de 2010. 

“Vivir aquí te hace tener unas experiencias muy concretas, como empezar de cero, lidiar con el idioma, la falta de luz, sol y calorcito, el largo invierno, en el que llega de verdad un momento en el que las defensas bajan, los resfriados duran meses y uno no los suelta ni para atrás, sin olvidar que a las cuatro de la tarde es noche cerrada y hasta hay una depresión del invierno; todo esto yo he tenido que volcarlo en algún sitio, que es la música”, añade.

Lirola acaba de presentar en la Kulturwerkstadt , una pequeña sala berlinesa del distrito de Charlottenburg-Wilmersdorf, un espectáculo de One Woman Show titulado Desde Berlín con humor. En él, además de cantar y tocar el ukelele, pone a prueba sus dotes como cómica, habilidades que quiere presentar en otras ciudades alemanas donde hay abundante público hispanohablante, como Colonia (oeste), Stuttgart (suroeste) y Hamburgo (norte). “El espectáculo lo va a entender mejor el hispanohablante que vive en Alemania, porque trata aquellas situaciones que son cotidianas para los expatriados”, avisa la artista. 

22/9/14

El 'síndrome de Ulises', el estrés crónico del inmigrante

"(...) El psiquiatra Joseba Achotegui, secretario de la Sección de Psiquiatría Transcultural de la Asociación Mundial de Psiquiatría, ha centrado sus estudios en los efectos psicológicos que supone para millones de migrantes en todo el mundo dejar todo atrás y comenzar de nuevo en otro lugar. 

 Una perspectiva emocional, defiende, que pretende evitar la "deshumanización" hacia la que se encamina el fenómeno migratorio y que ha enmarcado el congreso ‘Emigrar en condiciones extremas y Salud mental', celebrado este jueves en la Universidad de Comillas de Madrid en colaboración con diferentes fundaciones y entidades, entre ellas la del diario Público. (...)

Una de estas secuelas psicológicas, ubicada en el estrecho margen entre la salud y la enfermedad, es lo que, con cierto simbolismo, Achotegui ha denominado síndrome de Ulises. Una variante extrema del duelo ya habitual por el que pasan los inmigrantes (familia, seres queridos, lengua, entorno, etc.) y que viene dado por la soledad forzada, la ruptura con el instinto de apego, la lucha incesante por la supervivencia y la falta de oportunidades, y el terror provocado ante el peligro que ha supuesto para esa persona llegar a su destino.

El resultado, aunque no supone un trastorno mental, sí implica para quienes lo padecen episodios de estrés intenso y crónico, sumado a otros síntomas como la depresión o fuertes y frecuentes dolores de cabeza que el psiquiatra ha definido como "in-migrañas".
"Este tipo de consecuencias psicológicas no están bien atendidas por el sistema de salud porque, o bien se banaliza por parte de los profesionales, o bien se trata con componentes farmacológicos", dice Achotegui. (...)

Pero el síndrome de Ulises no es puntual. La repetición de estos síntomas en los inmigrantes ha permitido al equipo de psiquiatras poder construir incluso un perfil de quienes son más propensos a sufrirlo. Se trata, en la mayoría de casos, de hombres y mujeres (no hay diferencias de género) de origen subsahariano o latinoamericano, de entre 30 y 45 años, que lleva entre 1 y 2 años en España y que suele ser el hijo mayor de un núcleo familiar.

"No es un enfermedad, ni un trastorno mental, pero existe el riesgo de que derive en alcoholismo o drogadicción", advierte el profesional. (...)"             (Público, 18/09/2014)