Acaba de publicarse por primera vez la traducción completa al francés de los Annales franco-Allemandes.
Incluye no solo los escritos de Marx y Engels, sino toda la revista, lo
que permite ubicar sus textos en su contexto histórico e intelectual.
Como sabemos, esta revista, publicada en París en febrero de 1844, bajo
la dirección de Arnold Ruge y Karl Marx, fue originalmente un proyecto
orientado a forjar una alianza franco-alemana, filosófica y política.
Los Jóvenes Hegelianos, iniciadores del proyecto, eligieron París tanto
para escapar de la censura en Alemania como para establecer la
colaboración con los demócratas y socialistas franceses. Sin embargo,
estos - Lamennais, Etienne Cabet, Pierre Leroux, Louis Blanc -
rechazaron cortésmente su invitación, desanimados por el ateísmo de los alemanes.
Además
de Marx y Engels, los autores fueron Arnold Ruge, Johann Jacoby, Moses
Hess, Lazarus Bernays, Heinrich Heine, Georg Herwegh. Llama la atención
que la gran mayoría de ellos fueran de origen judío: este es el
caso de Marx, Hess, Jacoby, Bernays, Heine: ¡cinco de los ocho
participantes! Ciertamente, Marx y Bernays provenían de familias
conversas y no tenían conexión con la tradición judía. Serían "judíos no
judíos", según el famoso concepto de Isaac Deutscher. Los editores no
informan sobre este aspecto. Hasta cierto punto, los Anales son
un episodio en la larga historia del radicalismo de izquierda de los
intelectuales judíos, que comienza en el siglo XIX y que tendrá su
máxima expresión en el siglo XX.
En uno de los dos artículos
publicados por Marx en esta revista, la "Contribución a la Crítica de la
Filosofía del Derecho de Hegel. Introducción”, aparece la pequeña frase
que sancionará el divorcio entre el marxismo y la fe religiosa; "La
religión es el opio del pueblo". Considerada por partidarios u
opositores como una especie de resumen de la concepción marxista de la
religión, esta fórmula irónica no es en absoluto específica de Marx: la
encontramos, con algunos matices, antes de él, en Moses Hess, Heinrich
Heine, Bruno Bauer y varios otros autores de este período. Además, la
concepción de la religión que tenía Marx a principios de 1844 era
neohegeliana (Feuerbach) y ahistórica: la religión como alienación de la
esencia humana. Fue sólo más tarde, a partir de La ideología alemana (1846)
que surge un análisis propiamente "marxista" de la religión como una de
las formas de ideología, para ser puesta en relación con las clases
sociales y las condiciones históricas.
De hecho, Marx prestó muy
poca atención a los fenómenos religiosos. Fue su amigo Friedrich Engels
quien se interesó por el desarrollo histórico del cristianismo, en
particular en su libro sobre las guerras sociales y religiosas en
Alemania en la época de la Reforma. La pequeña obra de Nicos Foufas es
el primer análisis, en francés, de este texto “clásico” de Friedrich
Engels, Las guerras de los campesinos en Alemania (1850). Se
trata de una serie de artículos publicados por Engels en la Nueva Gazeta
Renana (revista económico-política) editada por los dos amigos en
Londres, donde se refugiaron tras la derrota de la revolución de 1848-49
en Alemania.
Nicos Foufas destaca con razón la novedad radical
de este texto, que de hecho es el primero y ¡uno de los más exitosos! a
la hora de aplicar el materialismo histórico a un acontecimiento del
pasado, el levantamiento campesino (1524-25) en el Sacro Imperio Romano
Germánico. El estudio de Engels, observa Foufas, es bastante original,
por su intento de explicar los conflictos religiosos por los conflictos
de clase, pero también porque no reduce la religión a un factor de
oscurantismo y conservadurismo: es también, bajo ciertas condiciones
históricas, capaz de expresar aspiraciones subversivas. Este fue el caso
de varios movimientos heréticos de la Edad Media y, en particular, de
la revuelta campesina del siglo XVI, donde la fe religiosa, en la forma
de la teología revolucionaria del predicador anabaptista Thomas Münzer
jugará un papel determinante. Si Engels consideró necesario escribir
sobre este hecho en el contexto de los años 1848-1850, es porque fue el
levantamiento revolucionario más importante de la historia de Alemania.
La
principal debilidad del análisis de Engels -en nuestra opinión- fue
analizar ciertas creencias religiosas como un mero "reflejo" o incluso
"máscara" de los intereses de clase. Sin embargo, en ciertos pasajes,
que Foufas no cita, Engels irá más allá de este tipo de reduccionismo
socioeconómico. Refiriéndose al comunismo de Münzer, Engels escribe:
"Su doctrina política correspondió exactamente a esta concepción
religiosa revolucionaria y fue más allá de las relaciones sociales y
políticas existentes de la misma manera que su teología fue más allá de
las concepciones religiosas de la época. (...) Este programa fue menos
la síntesis de las reivindicaciones de la plebeyos de la época, que una
brillante anticipación de las condiciones de emancipación de los
elementos proletarios que germinan entre esos plebeyos (…)”.
Lo
que se sugiere en este asombroso párrafo no es sólo la función
protestante e incluso revolucionaria de un movimiento religioso, sino
también su dimensión anticipatoria, su función utópica. Estamos aquí en
las antípodas de la teoría del "reflejo": lejos de ser la simple
"expresión" de las condiciones existentes, la doctrina
político-religiosa de Münzer aparece como una "genial anticipación" de
las aspiraciones comunistas del futuro. Encontramos en este texto una
nueva pista, que no es explorada por Engels, pero que será, más tarde,
ricamente trabajada por Ernst Bloch, desde su ensayo juvenil sobre
Thomas Münzer hasta su obra principal sobre "El principio esperanza".
Ernst
Bloch representa un importante punto de inflexión en la historia de la
reflexión marxista sobre la religión: es el primero que tiene como
objetivo no tanto la "crítica de la alienación religiosa - aunque esta
dimensión no esté ausente en sus escritos - como el rescate del excedente utópico". de las tradiciones religiosas y, en particular, del cristianismo. Su ateísmo religioso lo coloca en una posición filosófica singular, en oposición tanto a las teologías institucionales como al materialismo vulgar.
Nadie
estaba más calificado para tratar este tema que el filósofo
franco-alemán Arno Münster, discípulo y biógrafo de Ernst Bloch y autor
de varios ensayos notables sobre su pensamiento. El presente trabajo es
un poco desordenado: los capítulos no siguen un orden cronológico, ni
una organización temática, lo que da lugar a un cierto número de
repeticiones. La primera parte es una breve historia de la relación
entre socialismo y religión, desde Auguste Blanqui hasta la URSS,
pasando por Jean Jaurès (¡pero sin Marx!), lo que la hace
inevitablemente un poco esquemática. Pero el análisis de la filosofía de
la religión de Ernst Bloch propuesto por Münster es una contribución
muy importante al debate sobre marxismo y religión.
Como nos
recuerda Münster, Bloch se convertirá en marxista en 1921, bajo la
influencia de su amigo Georg Lukacs; compañero de viaje del movimiento
comunista, se exilió en 1933, tras la toma del poder por los nazis,
primero en Francia y luego en los Estados Unidos. Al regresar a Europa
después de la guerra, se instaló en la República Democrática Alemana,
donde fungió como filósofo semioficial de 1949 a 1956. Su oposición a la
intervención soviética en Hungría hizo que fuese condenado como
"revisionista" y se le prohibió enseñar. Cuando se empezó a construir el
muro en 1961, decidió establecerse en Tübingen, en la Alemania Federal,
donde se convertiría en un disidente marxista ampliamente escuchado por
la juventud rebelde de la década de 1968.
La filosofía de la religión está presente en cuatro momentos de la obra del filósofo judeo-alemán:
*Su obra temprana El espíritu de la utopía (1918), notablemente
en el capítulo final con el sorprendente título “Karl Marx, la muerte y
el Apocalipsis”; pero también en un Excursus "Símbolo: los judíos".
*El libroThomas Münzer, teólogo de la revolución ( 1921), su primer trabajo comunista, que renueva profundamente el enfoque marxista de la religión.
*El capítulo 53 del volumen III de su obra magna El principio esperanza, dedicado a las tres grandes religiones monoteístas, desde el punto de vista de su contribución a la utopía del No-Aún-Ser.
*El ateísmo en el cristianismo ( 1968),
una exégesis materialista de la Biblia, que ha generado mucha
controversia y debate, especialmente entre los teólogos cristianos.
Hostil
a lo que él llama "ateísmo vulgar indigente", pero también a las
teologías conservadoras de todas las religiones, Bloch estaba fascinado
por el mesianismo, el apocalipsis, la escatología, la Cabalá, el
misticismo, las herejías. Celebra con entusiasmo al profeta Amós, Jesús
de Nazaret, Joachim de Flore, Meister Eckhart, Jan Huss, Thomas Münzer,
Wilhelm Weitling y… Dostoyevsky. Pero fueron Karl Marx y Friedrich
Engels quienes proporcionan el hilo conductor: lucha de clases, praxis
revolucionaria, utopía comunista.
Como muestra Arno Münster con
gran inteligencia y sensibilidad, el ateísmo religioso de Bloch se
manifiesta sobre todo en una lectura crítica, heterodoxa y materialista
de la Biblia, en busca de sus momentos utópicos, subversivos y
emancipatorios. Una lectura "con los ojos del Manifiesto Comunista",
que le llevará a un diálogo crítico con la teología protestante más
avanzada: Rudolf Bultmann, Albert Schweitzer, Jürgen Moltmann y
especialmente su amigo Paul Tillich, socialista cristiano y antifascista
alemán, que se exilió también en los Estados Unidos. Por supuesto, los
teólogos cristianos no pueden aceptar la proposición central, paradójica
y algo provocativa de Bloch: "sólo un ateo puede ser un buen cristiano y
sólo un cristiano un buen ateo".
Con Moltmann, también socialista
cristiano, la manzana de la discordia será el rechazo categórico de
Bloch a la “teología de la cruz” de Pablo y Lutero, que lleva, a sus
ojos, a la aceptación del sufrimiento como destino humano. Uno de los
teólogos protestantes, Carl-Heinz Ratschow, profesor de la Universidad
de Marburg, incluso dedicó un libro completo en 1972 a la discusión de
las tesis heréticas de Ernst Bloch. A pesar de su simpatía por él,
rechaza su compromiso marxista y opone a la esperanza de Bloch, basada
en el combate, la esperanza cristiana, basada en la certeza. Ratschow
también rechaza, como era de esperar, la polémica interpretación de
Bloch del Libro de Job, como una rebelión contra Dios, culpable de
tolerar la injusticia en el mundo.
En última instancia, la
recepción más favorable de Bloch será la de los teólogos de la
liberación latinoamericanos (en particular, Gustavo Gutiérrez). Sin
aceptar su ateísmo, comparten plenamente la apuesta que se encuentra en
la conclusión de su libro de 1968: "La unión de la revolución y el
cristianismo en la guerra de los campesinos no será la última".
Si
los pensadores marxistas se han interesado por el cristianismo, ¿no hay
también cristianos atraídos por el marxismo? Por supuesto, se pueden
encontrar varios ejemplos a lo largo de la historia moderna. Un libro
reciente, publicado en los Estados Unidos, relata un caso bastante
sorprendente: una joven católica, Grace Carlson (1906-1992), que se
"convirtió" al marxismo, convirtiéndose en una de las principales
dirigentes del Socialist Workers Party (Partido Socialista Obrero),
organización trotskista asociada a la IV Internacional.
El libro
de Donna T. Haverty-Stacke es una biografía bien documentada de este
inusual viaje espiritual y político. Nacida en una familia católica de
clase trabajadora de origen irlandés, criada por las Hermanas de San
José, la joven Grace Holmes está interesada en la condición de la clase
trabajadora, pero desde la perspectiva de Rerum Novarum y la
doctrina social de la Iglesia. Estudiante de la Universidad de
Minesotta, se movilizará, junto con su esposo Gilbert Carlson y su
hermana Dorothy, en apoyo de una gran huelga obrera en Minneapolis en
1934, que fue liderada - bastante excepcional en ese momento - por
militantes trotskistas. Los tres empezaron a asistir a encuentros
políticos, que no consideraron incompatibles con su fe religiosa: podían
ir a misa y a un encuentro socialista el mismo domingo ... En los años
siguientes, las dos hermanas se irán acercando cada vez más a los
trotskistas y en 1936 se suman a esta corriente comunista disidente, que
va a fundar, en 1937, el Socialist Workers Party, que reclama a Marx,
Lenin y Trotsky. Alrededor de 1938, Grace deja de ser católica
practicante, lo que provocará su separación (pero no el divorcio) de su
esposo Gilbert Carlson.
¿Cuáles son las razones de lo que el autor llama "la conversión"? Sugiere una hipótesis interesante: la afinidad electiva -
en el sentido weberiano del término - entre la conciencia católica de
Grace de la clase trabajadora y el socialismo de clase trabajadora del
SWP. Pero esta intuición no se desarrolla en el libro ...
En los
años siguientes, Grace se convertiría en la única mujer en el Comité
Nacional, la dirección del SWP (1942). Después de haber pasado un año en
prisión (1945), acusada de "querer derrocar al gobierno de los Estados
Unidos por la fuerza", en 1948 fue candidata a la vicepresidencia de los
Estados Unidos por el SWP - el candidato presidencial fue uno de los
líderes de la huelga de 1934, Farrell Dobbs.
Sin embargo, en 1952
se producirá una segunda conversión: Grace Carlson decide dejar el
Partido y volver a la Iglesia Católica ... lo que la lleva a
reconciliarse con su marido, todavía católico, Gilbert Carlson, pero a
romper con su hermana Dorothy, quien permaneció en el Partido, con su
amante Ray Dunne, y con sus muchos amigos socialistas, con quienes había
formado una red de "sororidad". James P. Cannon, el fundador y
principal líder del SWP, quien se había convertido en un amigo personal,
trató de explicarle a Grace que la Iglesia Católica era "la fuerza más
reaccionaria y oscurantista del mundo entero", pero sin mucho éxito. ...
Desconcertados,
sus amigos marxistas intentan explicar este cambio de rumbo por la
fatiga frente a la represión y la caza de brujas del macartismo, pero
para Grace se trata de otra cosa: un punto de inflexión espiritual, una
necesidad de Dios. He cambiado, dice, mi actitud religiosa pero no mi
política: "He seguido siendo marxista a mi manera". Será recogida por
las Hermanas de San José y enseñará en una Escuela de Enfermería en el
Hospital Saint Mary's, no sin cooperar con Slant (Point of View), un grupo marxista cristiano de Inglaterra, y denunciar la Guerra de Vietnam.
Es,
en el caso de Grace Carlson, un viaje singular y personal. Lo que
encontraremos, una generación después, en América Latina, fue de otra
dimensión: todo un movimiento social, especialmente entre la juventud
católica, se apropiará de ciertos conceptos marxistas y formulará una
nueva visión cristiano-socialista. Este movimiento, nacido en Brasil a
principios de la década de 1960, después de la Revolución Cubana, pero
antes del Concilio Vaticano II, tomará diferentes formas, incluida la
formación, en 1962, por militantes de la Juventud Universitaria
Cristiana, de un partido político socialista / humanista, Acción Popular
(AP). Fue solo mucho más tarde, después de 1971, que la teología de la liberación se desarrolló a partir de esta experiencia sociopolítica., no solo en Brasil sino en toda América Latina.
Uno
de los episodios más llamativos de esta convergencia entre catolicismo y
marxismo fue el compromiso, hacia 1968-70, de un grupo de frailes
dominicos del Convento de Perdizes, en São Paulo, con la resistencia
armada contra la dictadura militar establecida en 1964 en Brasil. El
libro de Leneide Duarte-Plon es la biografía de uno de estos dominicanos
brasileños, el hermano Tito de Alencar, quien pagó con su vida este
compromiso social y político.
Militante de la Juventud
Estudiantil Cristiana, ingresó en la Orden de los Dominicos en 1966.
Tito compartió con sus hermanos del Convento de Sâo Paulo, la admiración
por el Che Guevara y Camilo Torres, y el deseo de asociar a Cristo y
Marx en la lucha por la liberación del pueblo brasileño. Tito era
cercano a Acción Popular, que era hegemónica en el movimiento
estudiantil, y contribuirá a la organización clandestina, en 1968, del
Congreso de la Unión Nacional de Estudiantes en la aldea de Ibiuna. Como
todos los delegados, será detenido por la policía en esta ocasión, pero
pronto será liberado.
Tras el endurecimiento de la dictadura
militar en 1968 y la imposibilidad de cualquier protesta legal, el ala
más radical de la oposición a la dictadura tomó las armas. La principal
organización de la lucha armada contra el régimen fue la Acción de
Liberación Nacional (ALN), fundada por un líder comunista disidente,
Carlos Marighella. Un grupo de jóvenes dominicos - Frei Betto, Yvo
Lesbaupin, Fernando Brito y otros - se comprometerá con la ALN, sin
tomar las armas pero brindando apoyo logístico; Sin pertenecer a quienes
trabajan directamente con Marighella y sus compañeros, Tito de Alencar
es solidario con su compromiso. Como ellos, cree que el Evangelio
contiene una crítica radical de la sociedad capitalista; y como ellos,
cree en la necesidad de una revolución. Como escribió más tarde, “la
revolución es la lucha por un mundo nuevo, una forma de mesianismo
terrenal, en el que existe la posibilidad de encuentro entre cristianos y
marxistas”.
El 4 de noviembre de 1969, durante la noche, el
Comisionado de Policía Fleury invadió el Convento de Perdizes y arrestó a
varios dominicos, entre ellos Frei Tito. La mayoría serán torturados y
sus confesiones permitirán a la policía tenderle una trampa a Carlos
Marighella y asesinarlo. Tito no tuvo contacto con la ALN y respondió
negativamente a todas las preguntas. Fue sometido dos veces a torturas
(descargas eléctricas) a fines de 1969 y principios de 1970, primero por
Fleury y luego en las instalaciones del servicio de inteligencia del
Ejército, designado por los militares como "la sucursal del infierno".
Para escapar de sus torturadores, intenta suicidarse con una cuchilla de
afeitar. Internado en el Hospital Militar, recibió la visita del
Cardenal de São Paulo, D. Agnelo Rossi, figura conservadora, que se
solidariza con los militares y se niega a denunciar las torturas a los
dominicos. Finalmente es enviado a una prisión "ordinaria", donde Tito
escribe un relato de sus sufrimientos que será publicado por la revista
estadounidense Look y distribuida en Brasil por activistas de
la resistencia, con considerable impacto. El Papa Pablo VI termina
condenando "un gran país que aplica métodos de interrogatorio inhumanos"
y reemplaza a D. Rossi por Paulo Evaristo Arns, nuevo cardenal de São
Paulo, conocido por su compromiso con la defensa de los derechos humanos
y contra la tortura.
Unos meses después, los revolucionarios
secuestran al embajador suizo y lo canjean por la liberación de 70
presos políticos, entre ellos Tito de Alencar. El joven dominico duda en
aceptar, tan ajena le resulta la idea de salir de su país. Los 70 serán
expulsados del país y no podrán regresar. Tras una breve estancia en
Chile, Frei Tito se instaló con los dominicos del Couvent Saint-Jacques
de París. El exilio es para él un gran sufrimiento: “Es muy duro vivir
lejos de su país y de la lucha revolucionaria. Debemos soportar el
exilio como soportamos la tortura”. Participó en campañas de denuncia de
los crímenes de la dictadura y comenzó a estudiar teología y los
clásicos del marxismo: “Acepto el análisis marxista de la lucha de
clases. Para aquellos que quieren cambiar las estructuras de la
sociedad, Marx es fundamental. Pero la visión del mundo que tengo como
cristiano es diferente a la visión del mundo marxista”. El dominico
francés Paul Blanquart, conocido por sus opciones “a la izquierda de
Cristo”, lo describe como “el más comprometido y el más revolucionario
de los dominicos”.
Sin embargo, con el paso del tiempo, Tito
muestra signos cada vez más inquietantes de desequilibrio mental. Cree
que está siendo seguido y perseguido por su torturador, el comisario
Fleury. En 1973 se le ofreció, por tanto, un lugar más tranquilo: el
Convento de los Dominicos de l'Arbresle. Se hace amigo del hermano
dominico Xavier Plassat, quien intenta ayudarlo, y sigue un tratamiento
psiquiátrico con el doctor Jean-Claude Rolland. En vano. Después del
golpe de Estado en Chile en septiembre de 1973 se puso cada vez más
ansioso, convencido de que Fleury todavía lo perseguía y que los
dominicos, o las enfermeras del hospital psiquiátrico, eran sus
secuaces. Finalmente, exhausto, desesperado, el 8 de agosto de 1974, se
suicida ahorcándose.
Su amigo dominico, el hermano Xavier
Plassat, finalmente se instalará en Brasil, donde se convertirá en el
organizador de la campaña contra el trabajo esclavo de la Comisión
Pastoral de la Tierra: según su testimonio, “mi trabajo aquí es un
legado dejado por Tito”.
Como sabemos, el Vaticano, bajo Juan
Pablo II y Ratzinger, rechazó la teología de la liberación como un
“error”, principalmente por su uso “indiscriminado” de conceptos
marxistas. Con la elección de Bergoglio, Papa Francisco, de origen
argentino, parece abrirse una nueva etapa. Gustavo Gutiérrez no solo fue
recibido en el Vaticano, sino que el Papa decidió, durante un encuentro
en 2014 con Alexis Tsipras y Walter Baier, dos líderes de la izquierda
europea, abrir un diálogo entre marxistas y cristianos. Diálogos de este
tipo habían tenido lugar en la posguerra, en ciertos países europeos
(Francia, Italia, Alemania), pero una iniciativa bajo la égida del
Vaticano no tiene precedentes.
El Papa ha delegado en el arzobispo
Angelo Vincenzo Zani, secretario de la Congregación Vaticana para la
Educación Católica, y al movimiento de los Focolares, una red laica fundada por Chiara Lubich en la Italia de la posguerra, este diálogo. El libro Europa en común es
la primera publicación de este intento de explorar una “ética social
transversal”. Dos de los editores del libro, Franz Kronreif y Luisa
Sello, pertenecen a la red Focolari, y los otros dos, Walter Baier
(exsecretario general del Partido Comunista de Austria) y Cornelia
Hildebrandt, de la Fundación Rosa Luxemburg de Berlín representan ¡Transform! , red de Fundaciones de Investigación Marxista vinculadas a la Izquierda Europea.
El
diálogo tuvo lugar primero en las instalaciones del Instituto
Universitario Sophia, del movimiento Focolari, ubicado en el pueblo de
Loppiano, cerca de Florencia, donde los participantes fueron recibidos
por el sociólogo belga Bernard Callebaut. Otros simposios tuvieron lugar
en Catelgandolfo, ¡la residencia de verano del Papa! - y en Viena. En
septiembre de 2018, sin embargo, se llevó a cabo una universidad de
verano conjunta, en las instalaciones de la Universidad del Egeo,
ubicada en la isla de Siros, sede de una comunidad católica
tradicional. La mayoría de los documentos reunidos en la colección Europa en común (primer
volumen) son las presentaciones realizadas durante esta
iniciativa. Durante sus estudios, los alumnos de ambas corrientes
redactaron conjuntamente un documento, “El Manifiesto de Hermoupolis”,
que también aparece en el libro.
En su introducción, los cuatro
editores de la colección recuerdan que el objetivo del diálogo no es la
conversión mutua, ni la producción de sincretismo, sino la búsqueda de
lo común sin desconocer diferencias fundamentales. Tres intervenciones
iniciales sirven como punto de partida:
Franz Kronreif, del
movimiento de los Focolares, habla de “consenso en la diferencia” y
sugiere que los puntos de referencia iniciales para el diálogo sean la
Encíclica Laudato Si del Papa Francisco y las Tesis sobre el concepto de historia de Walter Benjamin. Walter Baier, de la red Transform! recuerda
la necesidad de los marxistas de una reflexión autocrítica sobre los
crímenes cometidos en nombre del socialismo en la URSS y encuentra en
los escritos de Karl Polanyi elementos para una convergencia entre
socialismo y cristianismo. Finalmente, Mons. Zani, en un saludo dirigido
a la Universidad de Verano 2018, rinde homenaje a los ideales de
justicia, fraternidad y solidaridad de los jóvenes participantes en este
encuentro.
Durante los diálogos y debates de la Universidad de
Verano pudimos presenciar debates entre puntos de vista bastante
opuestos, como por ejemplo entre Leonce Bekemans, profesora de la
Cátedra Jean Monnet de la Universidad de Padua, partidaria convencida de
la Unión Europea "realmente existente", y Luciana Castellina,
exdiputada comunista europea, que sueña con "otra Europa", no sujeta a
los mercados capitalistas. Sin embargo, los interlocutores de las dos
partes lograron redactar un documento común, como fue el caso de
Cornelia Hildebrandt y Pal Toth, profesor del Instituto Universitario de
Sophia, sobre "Una estrategia no-violenta en un mundo plural". Lo mismo
ocurre con la contribución de Petra Steinmair-Pösel, teóloga vinculada a
los Focolares, en colaboración con Michael Brie,de la Fundación Rosa
Luxemburg de Berlín, sobre “Los Comunes: ¿nuestro terreno común? ".
Europa como común también
contiene contribuciones de Piero Coda, rector del Instituto
Universitario de Sophia, de Bernard Callebaut, sociólogo de la misma
Institución, de Spyros Syropoulos, profesor de la Universidad del Mar
Egeo, de Alberto Lo Presti, de la Universidad Católica Lumsa de Roma, de
José Manuel Pureza, profesor de la Universidad de Coimbra y miembro del
Bloque de Izquierda en el Parlamento portugués, de la teóloga musulmana
Adnane Mokrani - un llamamiento a favor de "un estado laico como una
necesidad religiosa" -, del psicólogo social Thomas Stucke, del
politólogo colombiano Javier Andrés Baquero (quien relata su experiencia
en la gestión “verde” de la ciudad de Bogotá), y el autor de esta nota.
El conjunto, que da testimonio de la pluralidad de perspectivas
comprometidas en esta iniciativa "transversal", se complementa con una
conferencia del Papa Francisco sobre “La opción preferencial por los
pobres, criterio clave de la autenticidad cristiana” (19/8/2020).
¿Qué podemos concluir de este itinerario bibliográfico bastante desigual, que nos lleva del joven Marx al Pontifex Maximum Bergoglio? La
única conclusión es que la relación entre marxistas y cristianos sigue
siendo un libro abierto, cuyos próximos capítulos se escribirán menos
sobre la base de las Sagradas Escrituras de los demás, que en respuesta a
los desafíos ecológicos, sociales y éticos del siglo XXI.
Referencias
Friedrich
ENGELS et Karl MARX Annales franco-allemandes, Edition complète
préparée par Alix Bouffard et Pauline Clochec. Traduction par J-C
Angaut, V.Beguin, A.Bouffard, J-M Buée, P.Clochec, C.Fradin, M. L’Homme
et J.Quétier. Présentation et annotation par P.Clochec, Paris, Editions
Sociales, Geme (Grande Edition Marx et Engels), 2020, 328 pages;
Nicos
FOUFAS, Friedrich Engels et la Guerre des Paysans Allemands, Paris,
L’Harmattan, «Ouverture Philosophique», 2020, 117 pages.
Arno
MÜNSTER, Socialisme et religion au XXe Siècle. Judaisme, Christianisme
et athéisme dans la philosophie de la religion d’Ernst Bloch, Paris,
L’Harmattan, coll. «Ouverture Philosophique», 2018, 175 pages;
Donna T. HAVERTY-STACKE, The FieRce Life of Grace Holmes Carlson, New York, New York University Press, 2021, 289 pages;
Leneide
DUARTE-PLON et Clarisse MEIRELLES, Tito de Alencar (1945-1974). Un
dominicain brésilien martyr de la dictature, Paris, Karthala,
Collection «Signes des Temps», 2020, 308 pages. Traduit du portugais
par les auteures. Préface de Vladimir Safatle, Avant-Propos de Xavier
Plassat ;
Walter BAIER, Cornelia HILDEBRANDT, Franz KRONREIF,
Luisa SELLO (Eds.), Europe as a Common. Exploring Transversal Social
Ethics, Zürich, LIT Verlag, 2021, Vol. I, 267 pages."
(Michael Löwy, reconocido filósofo e historiador marxista del pensamiento
contemporáneo, de origen brasileño afincado en Francia, donde es
director emérito de investigación del CNRS.Sin Permiso, 29/12/21)