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6/3/23

Cuando la Iglesia luchó codo a codo junto a militantes comunistas: el caso de los 'curas rojos' de Menorca

 "Hacia mediados de los años 70 Menorca fue epicentro de un debate político que atravesó España y removió los cimientos de la vieja y franquista Santa Madre Iglesia. En la pequeña isla mediterránea, el llamado cristianismo de base tuvo una fuerte expresión organizativa, que resulta clave para entender la genealogía política de la isla desde la transición hasta la actualidad.

Hasta aquí, empujados por la tramontana, llegaron los ecos de un movimiento que logró sentar en la misma mesa a sacerdotes católicos y militantes comunistas para luchar por la democracia y contra las desigualdades sociales.

De las reuniones clandestinas en las parroquias, arropados por los curas rojos durante la dictadura, a la construcción de un amplio espacio que supo disputar la hegemonía política insular, en elDiario.es reconstruimos una parte de la historia de los católicos marxistas menorquines.

A Dios rogando…

El contexto global que permitió el encuentro entre la Biblia y El Capital sólo puede comprenderse con la irrupción de dos elementos históricos fundamentales. De un lado está el surgimiento de la Teología de la Liberación en Latinoamérica y la concepción liberadora del evangelio. Un proceso ideológico y político que inspiró el nacimiento de espacios como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile –que integraría la experiencia de gobierno del allendismo–, las experiencias revolucionarias de Nicaragua y el Salvador, el inicio de la guerrilla Montoneros en Argentina vinculado a los grupos de Acción Católica o el nacimiento del Ejército de Liberación Nacional en Colombia, comandado por un jesuita llamado Camilo Torres Restrepo.

El otro elemento es la convocatoria del Concilio Vaticano II, impulsada por un papa breve pero comprometido y progresista como Juan XXIII. La convocatoria a esta gran asamblea de la cristiandad no fue el fruto de la voluntad divina, sino del más racional cálculo político: los trabajadores del mundo rechazaban a la iglesia por su vinculación histórica con el poder y las clases dominantes. Al rol –cuestionable como poco– jugado por el papa Pío XII durante el nazismo en Europa se sumaba la escasa importancia que se le otorgaba a los obispos del llamado “tercer mundo” dentro de la estructura vaticana. 

Así fue cómo, apenas unas semanas después del triunfo de la revolución cubana, el recién asumido Juan XXIII convocó a todos los representantes del cristianismo para discutir cómo “modernizar la iglesia”. En este encuentro, que finalizó tres años después de su sesión de apertura, fueron ganando peso las posiciones de los obispos del llamado 'tercer mundo'. Las críticas al lujo y ostentación del Papa y a las concepciones vetustas y elitistas de los evangelios. Como en todo proceso político, se dibuja una “nueva forma de hacer Iglesia”, en este caso pobre y de izquierda.

Menorca roja, santa y soberanista

Para entender qué pintan los cristianos en la política de izquierdas de Menorca hay que remontarse a la guerra. A diferencia de Mallorca y Eivissa, esta isla se mantuvo fiel a la República hasta el fin de la contienda civil. Después de los bombardeos de la aviación italiana, los milicianos republicanos se vengaron fusilando a varios oficiales falangistas y a un número elevado de curas –entre 30 y 40–, en el barco Atlante de Maó y en el cementerio de Es Castell, cuenta Miquel Àngel Maria, actual número dos de la plataforma Més per Menorca, exsacerdote y miembro de la organización Cristians pel Socialisme.

“Con esto quiero decir que la persecución religiosa durante la guerra fue intensa en la isla, lo cual tiene un efecto ambivalente, porque si bien la iglesia del primer franquismo es absolutamente adicta al régimen, hacia mediados de los 60 y después del Concilio Vaticano II, en Menorca habrá un clero muy joven con un nuevo obispo llamado Miquel Moncadas Noguera que, sin ser progresista, tendrá clara la pluralidad de la iglesia en la isla”, explica Maria.

“Algo que definitivamente marca el surgimiento de esta organización y que la vincula con la isla fue un encuentro clandestino, llamado Encuentro de Ávila –que no fue en Ávila sino en Calafell–, en noviembre del 73, poco después del golpe a Allende en Chile. Allí se reúnen más de 200 cristianos de base convocados por referentes de esta corriente como Alfonso Carlos Comín y José María Díez-Alegría, que marca el nacimiento de Cristianos por el Socialismo. En ese encuentro hubo dos delegados menorquines”, relata Antonio Cassero, ex responsable político del Partido Comunista en Menorca.

Estos dos menorquines eran, según pudo reconstruir elDiario.es, Josep Seguí Mercadal, párroco de la Iglesia del Carmen, y Bartomeu Febrer, conocido como “es capellà petit”. Ambos sacerdotes fueron los organizadores en Menorca de una serie de conferencias, charlas y debates con los referentes del cristianismo de base de todo el estado español y de toda Europa. Del encuentro de posiciones laicas, cristianas, marxistas, obreras, nacionales, internacionales e insulares surgirá buena parte de lo que hoy es la representación política, sindical y social menorquina.

“Efectivamente las organizaciones sociales como las asociaciones de vecinos, los sindicatos y luego también los partidos políticos van a ir construyéndose desde entonces y hasta bien entrados los 90 al amparo de las parroquias. Concretamente la de Santa Eulàlia y la del Carmen. El movimiento ecologista incluso va a tener una confluencia importante de militantes que salen de las parroquias”, subraya Miquel Àngel Maria, quien vivió de cerca esta conjunción de corrientes, ya que a los 19 años ingresó al seminario de Menorca con la intención de ordenarse sacerdote. 

“Yo quería vivir la vocación desde la perspectiva de construir una nueva iglesia. Eran los años de la revolución sandinista en Nicaragua, proceso del que participé como brigadista voluntario durante seis meses en 1986. Esa experiencia me marcó profundamente. Finalmente me ordené cura en 1991 y fui párroco en Ferreries durante tres años y luego pasé otro año en Roma estudiando la biblia. Allí decidí secularizarme tras conocer a la que hoy es mi pareja. A pesar de dejar los hábitos no he dejado nunca de sentirme miembro de la iglesia ni de participar de las actividades. Yo soy parte de la minoría que piensa que entre cristianismo y revolución no hay contradicción, a lo que añadiría también una perspectiva soberanista”, señaló. 

Si hay otro elemento que atraviesa la apertura democrática en Menorca además del cristianismo de base y el florecimiento de los partidos políticos democráticos y de izquierda es el menorquinismo político, la recuperación de la cultura, el idioma y su raíz catalana. “Aunque yo era miembro del PC a veces participaba de las reuniones en las parroquias, porque creía que la transformación que hacía falta, la tarea que teníamos por delante no iba a venir solo del movimiento obrero, sino fundamentalmente de la cultura. Así fuimos recuperando la identidad cultural de Menorca”, subraya Cassero.

Una iglesia envejecida y lejos de los pobres

Sin embargo, la consolidación democrática y la apertura política posterior a los 70 disgregaron aquel rebaño menorquín, que se había reunido en torno de los evangelios y de la dialéctica materialista. “Hacia mediados de los años 80 hubo un retroceso fuerte en la iglesia, marcado por el papado de Carol Woijtila. El nombramiento de obispos de otro talante, como Ángel Suquía en Madrid, marca una involución importante. Regresa el tradicionalismo en los seminarios, vuelve una marcada moral ética y estética conservadora, se nota en cuestiones de moral e incluso en la liturgia hay un viaje hacia atrás, una involución clara”, señala Miquel Àngel Maria. 

Posteriormente, en Menorca los militantes del cristianismo progresista abandonan la iglesia, aunque algunos mantienen compromisos sociales con nuevos espacios que van surgiendo. Incluso, muchos abandonan la fe y van abrazando posiciones agnósticas. “Con el avance de la secularización, este colectivo que eran jóvenes en los años 70 –yo soy de los últimos de esa camada y tengo 65– no tuvo recambio generacional. Hoy en día la de Menorca es una iglesia envejecida donde la parte más progresista está muy apagada respecto de lo que fue”, sentencia el exsacerdote."                     (Santiago Torrado , eldiario.es, 4 de marzo de 2023)

2/6/15

¿Simpatiza Francisco con el ateísmo cristiano? Para el Papa los verdaderos ateos no son los que niegan a Dios, sino al prójimo

"Está cada vez más claro que el papa Francisco se entiende mejor con ateos como José Mújica o Raúl Castro que con algunos católicos tradicionales que no le perdonan que se haya despojado de todos los símbolos del poder papal, heredados del Imperio Romano, cuando la Iglesia pasó de ser perseguida y escondida en las catacumbas a religión del Estado.

¿Estará Francisco simpatizando con el ateísmo cristiano? Cuando en el Vaticano recibe en audiencia a políticos ateos da la impresión de que conversa a gusto con ellos. Y ateos y agnósticos se sienten atraídos por la figura del pontífice, del que algunos miembros de la Curia afirman con cierto desdén que "no parece Papa".

Quienes conocen de cerca a Francisco confirman que cuando era cardenal de Buenos Aires mantuvo siempre una relación cordial con los no creyentes y con los ateos, así como con los líderes de otras religiones.

En su libro de conversaciones con el rabino Abraham Skorka, Entre el cielo y la tierra, el entonces arzobispo argentino contaba que cuando alguien se acercaba a él para conversar no le preguntaba si creía o no en Dios. Lo importante, afirma, era saber si su interlocutor "hacía algo por los demás" que era como preguntarle si creía en la humanidad.

Para Francisco, los verdaderos ateos no son los que niegan a Dios, sino al prójimo. Ha debido de ser esa postura suya, que recuerda al ateísmo cristiano o al cristianismo ateo, teorizado por teólogos como Paul von Buren, C.Lyas, Thomas Ogletree o Altizer entre muchos otros, lo que está llamando la atención de los no creyentes. Para los seguidores del cristianismo ateo "la palabra Dios, por sí misma, carece de significado y es engañosa", como afirma uno de sus teólogos.

Según dicho ateísmo cristiano "el tradicionalismo eclesiástico ha dejado de ser cristiano" y recuerda que Jesús fue un laico, un seglar, no un miembro de la casta sacerdotal.

Es justamente de lo que algunos católicos tradicionales acusan a Francisco: de haberse olvidado de ser Papa, eclesiástico, y de hablar y preocuparse más de los hombres y sus angustias, de su pobreza y de las injusticias perpetradas contra él, que de Dios.

El líder cubano, bajo cuyo régimen comunista sufrieron persecución y ostracismo miles de fieles cristianos, dijo al salir de una audiencia de una hora con el Papa: "Si sigue así volveré a rezar y regreso a la Iglesia".

Sin duda, Francisco no le habló de Dios al líder cubano, sino de la necesidad de que los cubanos puedan realizar sus deseos de felicidad y libertad.

La misma conversación fue la que Francisco tuvo con el entonces presidente de Uruguay, José Mújica, quien al salir de la audiencia confió que aunque él era ateo, se había entendido bien con el Papa en la lucha por la defensa de los más pobres y humillados de la Tierra.

No hay duda que Francisco, en sus discursos y en sus actos, sigue más el cristianismo de los orígenes que el de las teologías medievales. Su credo es el de aquel profeta judío que iba a la búsqueda de la caravana de desheredados que la sociedad bien de su tiempo arrinconaba o despreciaba.

Hay un pasaje de los evangelios emblemático: cuando Jesús dice que curaba a los enfermos y arrojaba los demonios porque "no soportaba ver sufrir a la gente". Era hacer el bien por el bien, no en busca de una recompensa ni siquiera divina.

El ateísmo cristiano afirma, justamente, que "no hay necesidad de amenazar con el infierno ni seducir con el paraíso para hacer el bien". Un concepto que Francisco recalca cada día en sus discursos y conversaciones con los periodistas.

Hay quien no ve de buenos ojos, dentro del catolicismo de Roma, que el Papa, mientras lleva una vida austera y sencilla, sin las viejas pompas pontificias, no desdeñe los pequeños placeres de la vida. Los de todos los mortales, desde un buen café o el entusiasmo por su equipo de fútbol al de cocinarse el mismo un pollo. Es un Papa que no tiene miedo al tacto, que besa, abraza y cultiva con pasión sus amistades.

Y es el ateísmo cristiano, para quien no hay otra divinidad que la propia humanidad, el que ha dejado de lado el llamado "odio paulino al cuerpo", aquel miedo que el Apóstol Pablo, demostraba por la sexualidad y que le llevó a relegar a las mujeres de la jerarquía de la Iglesia, a pesar de haber sido ella las promotoras de las primeras comunidades cristianas.

El papa Francisco se entiende más con los ateos que muchos de sus antecesores. Él siempre rechazó la idea de que ser ateo conlleve ser inmoral, ya que sin fe no existiría ética. Es la idea tan cultivada por los viejos católicos de que "Si Dios no existe, todo está permitido".

Francisco está recordando a su Iglesia que existe otro modo religioso de ver las cosas y la vida, y que no es indispensable la fe en Dios para sacrificarse por el prójimo. Él sabe muy bien que la Iglesia que representa, que tanto temió siempre a los ateos, fue capaz de matar en nombre de Dios. Por el contrario, el cristianismo ateo reconoce que el mandamiento de "no matarás" sigue siendo válido y razonable sin necesidad de dioses que lo prohíban.

El papa Francisco está repitiendo machaconamente a obispos y cardenales que la fe les debe arrancar de sus palacios para que vayan a la periferia de las ciudades, donde el poder ha creado los nuevos guetos de los condenados a la miseria. Les pide que no tengan miedo de "tocar" a los pobres. No les pide que recen a Dios por ellos, sino que sean un dios bueno para ellos.

¿No será esa insistencia más en los hombres que en Dios lo que atrae en Francisco la curiosidad y simpatía de ateos y agnósticos, así como cierta distancia de los católicos tradicionalistas?

Francisco está haciendo de algún modo suya la filosofía de los teólogos del ateísmo cristiano que defienden que no es posible creer en algún dios si antes no se cree y abraza a la humanidad más marginada y desamparada."                (   ,  El País,  14 MAY 2015)

17/5/13

“El Vaticano tendría que desaparecer, como Estado y como banco”


“Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios”. Con esta lapidaria frase, según cuenta el evangelio de Mateo, se dirigió Jesús a los sacerdotes, que utilizaban la posición que les daba la religión para hacer riqueza.

Esta visión la aplican hoy curas como Enrique de Castro, que lleva más de 40 años dedicando su vida a los desheredados desde una parroquia de Vallecas (Madrid), la San Carlos Borromeo, que ha servido de sede de asambleas a colectivos sociales en incontables ocasiones. El cura Javier Baeza le ha tomado el relevo, pero De Castro continúa su labor junto a los desheredados, pese al retiro nominal. (...)

Entonces comenzó el modelo de la parroquia de San Carlos Borromeo.

En 1981 me vengo a Entrevías. Allí empezamos a darle la voz a la gente, a hacerla participar, para que no sea sólo el cura el que hable. El trato es de tuteo, no hay tratamiento de don. Entonces, gente que no venía a la iglesia habitualmente empieza a venir, porque aquello les llama la atención. En la misa se habla de lo que está sucediendo en nuestra sociedad, se habla del franquismo, de la dictadura, de la lucha por las libertades y por la justicia. 

Se crean en la parroquia varias cosas de promoción social, como escuelas de padres o de mujeres. A los niños los sacamos del ámbito de la Iglesia y les conseguimos locales en el barrio para que se reúnan. Tratamos de que la Iglesia sea una institución por supuesto laica, voluntaria, a la que la gente venga porque quiera.

La misma estructura de los bancos para los fieles, dispuestos en semicírculo, configura un espacio participativo.

El altar se convierte en mesa. Le llamamos la mesa de Jesús, alrededor de la cual estamos todos, participamos, comentamos el Evangelio, hablamos de las cosas que están ocurriendo a diario en nuestras propias vidas. Y la gente cuenta lo que le preocupa. Claro, nosotros en aquella época sí estábamos muy vigilados. Teníamos policías en las misas de manera permanente.

¿Tuvieron algún problema con la justicia?

Sí, fuimos detenidos varias veces. Participábamos en encierros, en alguna que otra manifestación. Aquí se hizo la asamblea cristiana de Vallecas, prohibida por el Gobierno. Entonces hicimos una huelga de misas en la que participamos unas cincuenta parroquias. Hicimos una huelga de misas para que el Gobierno percibiera que no se podía jugar con estas cosas. 

Luego, cuando las últimas ejecuciones del franquismo, en el año 1975, decidimos hacer una homilía contra la pena de muerte. Entonces el obispo hizo una que nos gustó mucho y fue la que leímos. (...)

Sin embargo, ustedes continuaron con su manera de hacer las cosas.

Yo había pasado una época de descubrir en el Evangelio lo que era la lucha por las libertades y demás. A partir de 1980 llegan los chavales de la calle, con el tema de la droga, y nos piden ayuda. Yo empiezo a convivir con ellos. En ese momento, nosotros estamos muy centrados con la tarea con estos chavales. Cárceles, comisarías, el descubrimiento de la tortura, habitual en todas las comisarías.

 No conozco ninguna donde no se haya torturado. En aquellos años, y hablo de los 80, a partir de la legislatura de Felipe González, seguía pasando exactamente lo mismo. A los chavales los persiguen, los mata la policía, pasan años en prisión. Luego ya viene, como consecuencia de la heroína y la aguja, el sida. De esta manera se exterminó a dos generaciones enteras de chavales. Esto ocurre entre la década de los 80 y de los 90.  (...)

Ya estamos en el 2004. A partir de ese momento, la legislacion de Zapatero pone a la Iglesia en frente, con temas como el aborto o el matrimonio gay. Entonces vino la prensa a hablar con nosotros, a preguntarnos sobre estos temas. Yo en un principio les decía que tenían a los moralistas, a los teólogos, que acudieran a ellos. Nosotros estábamos en otro frente.

 Pero los medios insistían, nos decían que querían conocer la opinión del cura de calle. Finalmente opinamos sobre el tema y nuestras opiniones no gustaron. Tuvieron mucha repercusión.

Y entonces sí toparon con la Iglesia oficial.

Exacto. Eso, unido a la liturgia que hacemos, en la que la gente participa, comenzó a molestar. En vez de comulgar con ostias, las madres de esos chavales con los que trabajábamos hacían pan y nos lo traían. 

Otras veces, en vez de pan preparaban un bizcocho, o rosquillas. Con eso hacíamos la liturgia. Hay temas determinados que la Iglesia oficial no acepta. Ahí surge ya el conflicto visible y es cuando nos dicen que cierran la parroquia, en 2006.

No gustó vuestra manera de entender los evangelios.

En la misa participamos cristianos, musulmanes, ateos, agnósticos. Descubrimos que la fe es un elemento humano, no religioso. Es de todo ser humano. Es decir, el ateo tiene la misma fe que tengo yo, en el hombre, el ser humano, en la lucha, en la utopía, en querer cambiar las cosas, en crear vida. 

En esa fe participamos quienes participamos ahí. Fuera de eso, cada uno tendrá sus creencias. Pero la fe es un elemento humano, es patrimonio de la humanidad. Es además un motor en nuestras vidas, lo que nos hace luchar, lo que nos hace comprometernos.

¿Considera que la Iglesia está alejada de las enseñanzas recogidas en los evangelios?

Claro. Jesús, en su tiempo, se enfrenta con la misma estructura con la que podemos estar enfrentándonos hoy. Él se enfrenta con las autoridades religiosas y civiles. Él dice que el ser humano está por encima de la ley y que el ser humano está por encima del sábado. Jesús dice que el ser humano es dueño del sábado, el símbolo de lo religioso. 

Él desafía y se convierte en un ilegal, porque está contaminándose con los ilegales, con los impuros, con los que convive y a los que les dice que pueden salir adelante, que su fe es el potencial para salir adelante. Su fe realiza los gestos liberadores que él viene a proponer. Jesús se enfrenta con el templo y se enfrenta con el sacerdocio. 

Realmente, si hoy estuviera Jesús aquí se enfrentaría de la misma manera. Esta vez no iría al templo de Jerusalén, iría al templo del Vaticano. Sociológicamente vivimos la misma situación.

¿Cómo ves en este sentido a la jerarquía eclesiástica y cómo podría cambiar?

Ya hay muchas voces diciendo que el Vaticano tiene que desaparecer. Primero, como Estado. La Iglesia no es un Estado y esto ya lo han dicho varios obispos latinoamericanos, teólogos, y nosotros mismos. Luego, todo lo que es la Banca Vaticana, el poder que representa. 

¿Qué significa un Papa, que se dice vicario de Cristo en la Tierra, reciba, como a la muerte de Juan Pablo II, a 172 jefes de Estado? ¿Con quién se relaciona Jesús? No es con ellos con los que se relacionaba. Jesús a ellos los fustigaba. Se relacionaba con la gente pobre, con la gente que nadie quiere.

¿Cómo se puede lograr que la Iglesia cambie y se desprenda de esa jerarquía alejada de los marginados?

Yo creo que la solución nunca va a venir del poder de la Iglesia. Ninguna solución viene del poder. Jesús eso lo plantea muy claramente. El poder no sirve para la liberación humana, sino el servicio, la ayuda, la solidaridad, la lucha por la justicia, y eso está en las bases. Que un Papa cambia algo, pues fenomenal.

 Pero, primero, la estructura no lo va a permitir, o van a intentar que no lo pueda hacer. Por eso, el hecho de que un Papa sea distinto, pongamos a Juan XXIII, cambia poco. Ahora dicen que éste tiene otro talante. A mí me alegra mucho que se haya quitado los zapatitos rojos y esos detalles, pero son más cosas.

 Bueno, ha escrito una carta a la Conferencia Episcopal latinoamericana que a mí me ha parecido muy importante, porque les ha dicho que vuelvan a Aparecida, un encuentro que supone la consagración de la Teología de la Liberación en Latinoamérica. Eso es un toque fuerte de atención a los obispos. En una carta que es un folio nada más, bien sencilla.

Pero no va a ser el Papa quien haga el cambio. O lo hacemos los curas y sobre todo la gente de base o no se hará. Los curas no somos más que una pieza, quizás de principio de unión, de coordinación de la comunidad, de lo que se quiera, pero no somos nada distinto. 

El concepto de sacerdote, entendido como intermediación entre Dios y el ser humano, se lo cargó Jesús hace ya más de veinte siglos. Jesús era laico. En este sentido, presidir una comunidad lo puede hacer un hombre, una mujer, un casado, da lo mismo. No tiene que ser nada especial ni es una persona sagrada. El sacerdote es como cualquiera.

En este sentido, vosotros desmitificáis figuras como la del celibato…

Totalmente. Lo que yo digo no es que una mujer pueda o no ser sacerdotisa. Lo que digo es que tiene que desaparecer el sacerdocio. Pongamos la palabra cura o la palabra presbítero. Pongamos la que sea, pero que no tenga una connotación sagrada, de alguien distinto y separado del resto de los seres humanos.

El momento en que Jesús nombra a Pedro como “edificador” de la Iglesia, ¿no se puede interpretar como la justificación de esta jerarquía?

Ése es uno de los textos más discutidos en la exégesis evangélica. Hay un consenso entre los exégetas en que éste es un texto añadido de manera posterior, y además de una pluma distinta. Basta con ver cómo actuaba Jesús. Cuando entra en el templo y derriba las mesas de los cambistas. Los cambistas eran los que hacían el cambio de moneda, que eran los sacerdotes. 

Eran de la casta de los saduceos, eran los dueños del templo. Se llevaban el 65% de los impuestos del pueblo. No se podía entregar dinero al templo en moneda extranjera porque era moneda impura, sobre todo la romana, que tenía la efigie del césar Augusto como emperador divino. Entonces, los judíos que estaban en la diáspora, en Roma, en Grecia, venían y se iban a donar al templo. 

Tenían que cambiar la moneda, y se la cambiaban en el propio templo. Eso hacían los cambistas, y era un negocio. Jesús también derribó las mesas de los que vendían palomas y demás para los sacrificios. La gente no podía llevar un pichón de su casa, o un cordero, porque eran animales impuros.

 Tenían que comprarlos en el templo porque ya lo habían purificado, y entonces se ofrecía en sacrificio. Es decir, era otro negocio. Esos son dos ejemplos entre otros muchos. Los saduceos eran los grandes terratenientes, tenían el 90% de las tierras en Palestina.
Existen muchas similitudes con la Iglesia moderna…

Sí, claro. El poder religioso es eso y hay que ponerlo en evidencia.

¿Cómo ves el papel de la Iglesia actual ante la crisis? Normalmente se le critica que no está tomando partido a favor de los afectados.

Están ofreciendo el silencio. Se están preocupando de lo que es la doctrina moral de la Iglesia y sobre todo en materia sexual. Respecto a lo demás, se callan. No se van a enfrentar con los poderes que la mantienen. 

Si veo un Papa que se va del Vaticano y decide irse a vivir a donde sea, con la gente sencilla, a ese sí que voy a ir verle, allí donde esté. Pero no, la Iglesia está muy encerrada en sí misma. Fíjate en que ha perdido mucha vigencia, por todos los escándalos que han saltado. Está preocupada por cómo mantener su poder."             (Entrevista a Enrique de Castro, cura. La Marea, 16/05/2013)

2/5/13

Cristianos de base buscan pastor

"La Iglesia de base es, en definición del sacerdote y teólogo Evaristo Villar, portavoz de Redes Cristianas, aquella “que no tiene poder (ni lo busca); que trata de ser más fiel al Evangelio que a los dictados de la curia vaticana o diocesana, que está allí donde algo se mueve, en las movilizaciones por la sanidad pública, por la educación, en parte del 15-M y los indignados; parando desahucios o ayudando a inmigrantes”. (...)

La Iglesia de base española tiene un referente doctrinal, el Concilio Vaticano II —el mismo del que salió la Teología de la Liberación—, y una larga andadura a pie de calle desde los setenta, en un inicio en los barrios obreros del extrarradio de las ciudades, “y hoy en la Cañada Real [zona deprimida de Madrid] o en Lavapiés”, recuerda Villar. 

Aunque el 52% de los católicos ven en el papa Francisco el inicio de nuevos tiempos, resulta imposible cuantificar la fuerza de la base (todos los cristianos de base son católicos, pero no todos los católicos, ni mucho menos, son cristianos de base); solo en Madrid, por ejemplo, el colectivo En Común reúne a 25 comunidades, compuestas por entre 3 y 30 personas, y la asociación Iglesia de Base de Madrid las tiene de entre 8 y 40 miembros, aunque no todos los cristianos viven en comunidad. 

Es también un segmento profundamente igualitario, antagónico de la tradicional polaridad jerarquía-laicos, y que reclama, entre otras cosas, la integración plena de las mujeres y la denuncia por parte del Estado de los Acuerdos con la Santa Sede de 1979, que sustituyeron al Concordato de 1953. “La Iglesia debe huir completamente de los vínculos con el poder, y del poder político”, subraya Ruiz Fernández. (...)

“Lo más importante es restaurar una Iglesia que, desde el siglo XVI, había caído en la idolatría del poder y del dinero, por no hablar de asuntos tan actuales y dolorosos como la pederastia, y hacerlo hacia dentro pero también hacia fuera, hacia la sociedad”, explica Villar. “Lo de una Iglesia pobre y de los pobres no es nada nuevo, nació con Jesús e impregna toda la Teología de la Liberación en los setenta. 

La intuición de Juan XXIII [que convocó el Vaticano II en 1959] fue determinante: hay que estar atento a los signos de los tiempos, y hoy los signos son, entre otros muchos, las necesidades de los inmigrantes o los requerimientos de la tierra, agotada por el cambio climático”.

“Otro de los retos de la Iglesia —continúa Villar— es apearse del patriarcalismo y la estructura piramidal y subsanar la ausencia total de la mujer; debe apostar por un estatuto de igualdad entre todos los cristianos y acoger por igual a hombres, mujeres; clérigos, laicos, divorciados, excuras, homosexuales, célibes o sacerdotes casados. 

Que el celibato sea una opción libre”. Villar fue uno de los participantes en las I Jornadas de fe y orientación sexual celebradas la semana pasada en Madrid y que abordaron la realidad de los creyentes homosexuales.

Un sondeo de Metroscopia mostraba hace unos días las principales preocupaciones de los católicos en general: luchar contra la pederastia (99%), ponerse del lado de los pobres (93%), admitir los anticonceptivos (93%) o permitir el divorcio (91%). 

 Pero según la mayoría de testimonios recogidos en este texto, una de las más urgentes es incorporar plena e igualitariamente a las mujeres a la institución (una exigencia que aparece en quinto lugar en el citado sondeo, con el 90% de las opiniones).  (...)

 ¿Dónde está la democracia? ¿Dónde las mujeres, tan presentes en las tareas cotidianas?”, se pregunta Charo Mármol. “Nos ocupamos de la catequesis, de Cáritas, de las parroquias… Si algún día hiciéramos una huelga, estas dejarían de funcionar. Pero a nosotras nos toca limpiar y obedecer…

 Obedecer doblemente, como fieles y como mujeres”, añade Mármol, moderadamente optimista ante el nuevo Papa, “con muchas luces y algunas sombras”, en referencia a su oposición al matrimonio gay o su aireada presunta connivencia con la dictadura argentina. (...)

Hay que prescindir de la curia; la Santa Sede, el Vaticano, no tienen lógica ninguna, porque Jesús no creó ningún Estado. Hay que reformar la curia hasta hacerla desaparecer”, propone Figueras. “Y pedir la denuncia de los Acuerdos de 1979. ¿No es este un Estado más o menos laico? 

Pues si lo somos lo somos de verdad, no debe haber privilegios para la Iglesia católica porque equivaldría a decir que es la verdadera y la auténtica. Cada religión debe ser financiada por sus propios fieles”, dice. Solo el pago de los profesores de religión (católica) costó en 2012 al Estado 94 millones de euros; organizaciones laicistas elevan la cifra a 500.

En el colectivo, que nació hace 27 años, se mezclan “laicas, consagradas; monjas feministas y algún hombre”, cuenta Figueras; “nos surtimos de la teología feminista para denunciar el papel de la mujer en la Iglesia”, añade. Reclaman la libertad de conciencia en casos como el aborto y la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

 “Es indignante que Rouco condicione a Rajoy sobre el aborto, es vergonzoso que estos señores nos digan cómo debe ser nuestra sexualidad, cuando se supone que no tienen experiencia alguna. Coartan la libertad más íntima de la mujer, ¿por qué siempre hablan de la mujer? ¿Es que el hombre no ha tenido nada que ver? No tienen por qué meterse”, concluye Figueras.  (...)

“Junto a eso, del poder de arriba no espero ningún cambio, pero si el poder no siega ni condena ni prohíbe, los que estamos abajo, el pueblo de Dios, podremos vivir y organizarnos con más libertad”.   (...)

“Aun pareciéndome importante denunciar los Acuerdos de 1979, el Papa debería también denunciar explícitamente el mercadeo en que se ha convertido la vieja Europa; las vidas que está costando el coltán en África o las que se cobra la inmigración. Espero que [Francisco] le haya dado un buen tirón de orejas a Rajoy por su cerrazón en los desahucios, por la reforma laboral o la privatización de la sanidad.

 A la Iglesia debemos exigirle pronunciamientos más concretos sobre la violencia cotidiana de la crisis o el repliegue de derechos fundamentales, como la imposibilidad de acceder a la sanidad pública para los inmigrantes”, apunta Baeza. “Es una barbaridad que la Iglesia defienda que la gente debe traer al mundo todos los hijos que Dios mande, ¿para qué? ¿para sufrir?”, se pregunta.   (...)

“Buena parte de los grupos [que componen la Iglesia de base] en España se hallan en una situación de desamparo institucional, sin espacio; funcionan de forma autónoma. El clima que se respira es conservador, cerrado, nada inclusivo, y los cristianos de base son ignorados por los no creyentes, pero también por la curia. 

Mientras unos [los conservadores] logran todos los avales, otros son ignorados y algunos más mirados directamente con recelo”, subraya Gómez, colaborador del Instituto Superior de Pastoral —puro Vaticano II—, quien recalca que el tipo de Iglesia imperante en los últimos años “puede dar sus frutos de puertas para adentro, pero hacia afuera es incapaz de conectar con el resto de la sociedad”.

 Superar el divorcio o aislamiento entre las dos Iglesias, que conviven como un Jano bifronte —el dios romano con dos caras, dos perfiles opuestos uno al otro—, está también en el alero de ese jesuita un poco franciscano llamado Jorge Mario Bergoglio."         (El País, 28/04/2013)