"Al calor de la revolución digital de las últimas cuatro décadas, las
tecnologías de la información y la computación han permeado nuestras
sociedades hasta el punto de convertirse prácticamente en ubicuas,
conectando entre sí a miles de millones de personas. El movimiento
socialista no iba a ser menos, y en los últimos años han surgido varios
colectivos bajo el paraguas de lo que podría denominarse cibercomunismo.
Pese a lo que pueda parecer, esto no va solo de comunistas usando
ordenadores. En este artículo pretendemos argumentar que el comunismo
cibernético se adjetiva así por considerar que la cibernética,
como ciencia de la información y el control, complementa a la crítica de
la economía política marxista de tal modo que permite vislumbrar el
sustrato informacional escondido tras las realidades burguesas y
compararlas con instituciones alternativas en términos de eficiencia y
adaptabilidad.
Para comprender las características esenciales de este nuevo
paradigma teórico es conveniente hacer un repaso histórico de los
conceptos, autores y corrientes de las que se nutre. Esta será la
intención última de este escrito: esbozar una suerte de «árbol
genealógico» del cibercomunismo.
I
Esta es la historia de cómo dos conceptos relativamente dispares
terminan confluyendo de manera coherente: comunismo y cibernética. El
primero es más conocido en los círculos en los que nos encontramos.
Hablamos de la expresión política del movimiento obrero desde la Primera
Internacional de los Trabajadores, sistematizada, entre otros, por Karl
Marx y Friedrich Engels. Teóricamente, esta partiría de la crítica de
la economía política expuesta en El capital. La
desnaturalización de las instituciones burguesas (mercados, dinero,
precios, incentivo de la rentabilidad, etc.) y el análisis de sus leyes
internas abrirían el camino para reclamar una planificación radicalmente
democrática de la economía: el programa político revolucionario capaz
de romper con esas leyes.
Ahora bien, ¿qué hay de la cibernética? Hablamos de un campo de
estudio interdisciplinar que dio sus primeros pasos diseñando antiaéreos
para la Segunda Guerra Mundial y se consolidó proyectando innovadores
enfoques en ámbitos como la neurociencia o la ecología.[1] Los seres vivos empezaron a ser conceptualizados como sistemas complejos
que obtienen información de su entorno a través de los sentidos, la
cual es transmitida al cerebro para que la procese y tome decisiones de
manera eficiente. Un comportamiento que podía ser modelizado como un sistema de control que reacciona a ciertas señales de entrada (input), generando una señal de salida (output) y creando lo que se conoce como un bucle de realimentación (entre el individuo y su entorno).
Pues bien, la hazaña de la cibernética fue descubrir que, en
realidad, este tipo de comportamientos se dan, de una forma u otra, en
multitud de realidades. Norbert Wiener —al que muchos consideran el
padre de disciplina— definió a la cibernética como «el campo de las
teorías de control y comunicación, ya sea en la máquina o el animal”[2],
explicando que dichos procesos de control no solo no quedaban
confinados al mundo animal sino que podrían ser emulados, creando autómatas que también serían capaces de adaptarse e interactuar con un entorno cambiante.
El desarrollo de dichos autómatas, en toda su complejidad, habría
sido imposible de no ser por dos de los mayores desarrollos teóricos del
siglo pasado: la teoría de la información de Claude Shannon[3] y la máquina de Turing de Alan Turing.[4]
Shannon dotó de formalización matemática al concepto de «información»,
concediendo un arsenal de herramientas teóricas que permitieron el
desarrollo de mecanismos para la transmisión y almacenamiento de la
información mucho más eficientes que los utilizados hasta el momento.
Por su parte, Turing demostró la posibilidad de codificar cualquier
función matemática computable paso a paso; es decir, cualquier
algoritmo, en una secuencia finita de bits conocida hoy en día como
programa o aplicación. Es más, también fue capaz de demostrar que dicho
código binario podía ser procesado por una máquina de Turing universal,
capaz implementar cualquier otra máquina de Turing, estableciendo de
este modo los fundamentos de los computadores actuales, capaces de
ejecutar cualquier programa.
Influidos por estos planteamientos, autores como William Ross Ashby
demostraron ciertas relaciones entre la teoría de la información y el
control de sistemas complejos. Una de las más relevantes es lo que se
conoce como ley de la variedad requerida o teorema del buen regulador:
todo «buen controlador» debe ser capaz de manejar la complejidad del
sistema bajo control, expresada por la cantidad de posibles situaciones,
teniendo una respuesta para cada ellas. En caso contrario, la reducción
forzosa de la complejidad del sistema disminuye seriamente su capacidad
de respuesta.[5]
Llegados a este punto el lector podría preguntar, ¿qué tiene que ver
todo esto con el comunismo? Pues bien, ¿y si este análisis informacional
de los sistema complejos se aplicase a la economía? ¿Es posible y
fructífero? Es curioso comprobar cómo el mismo Wiener deslizó
declaraciones como las siguientes:
Escribo este libro principalmente para los ciudadanos de los Estados
Unidos, en cuyo ambiente las cuestiones de información serán evaluadas
con el criterio normal, propio de este pueblo: una cosa vale en cuanto
puede producir algo en un mercado abierto a todos. […] El destino de la
información en un mundo típicamente americano consiste en venderla o
comprarla. […] No es mi tarea dilucidar si esa actitud mercantilista es
moral o inmoral, grosera o sutil. Pero es mi deber demostrar que conduce
a que se entienda mal y se trate inadecuadamente la información y sus
conceptos asociados’.[6]
Sorprendentemente anticapitalista, ¿verdad? Al menos eso fue lo que
empezó a pensarse en ciertos sectores de la URSS y la RDA a partir de
1955. Wiener consideraba que las relaciones mercantiles manejan mal la
información porque convierten los descubrimientos y creaciones
tecnocientíficas —que son producto del esfuerzo colectivo y terminan
afectando a toda la humanidad— en propiedad privada, generando opacidad
social y, por ende, una gestión irresponsable de los mismos. Kitov,
Sobolev y Lyapunov declararon que esto suponía «una aguda crítica a la
sociedad capitalista» poco explorada hasta entonces.[7]
II
Una vez abierta esta incógnita, la aplicación de análisis
cibernéticos para fines socialistas no se hizo esperar. Los mercados y
las empresas capitalistas empezaron a explicarse como autómatas o
sistemas de control defectuosos.
El economista polaco Oskar Lange, apoyándose en Wiener, desarrolló
una novedosa comprensión de la problemática económica. En su polémica
con la Escuela Austriaca, Hayek y compañía habían intentado criticar a
su propuesta de «socialismo neoclásico» insinuando que los ordenadores
que Lange pretendía usar para calcular los precios de los productos sin
necesidad de competencia entre empresas eran una «versión digital del
mercado»; que este último, en realidad, es un «sistema de
telecomunicaciones» imprescindible para las sociedades industriales.[8]
Pues bien, dándole la vuelta a este argumento, Lange argumentó que el mercado no es más que un ordenador sui generis
que resuelve sistemas de ecuaciones mediante interacciones sociales a
través de información meramente estadística y dinámicas de tanteo. Una
afirmación congruente con los mencionados desarrollos de Turing: el
mercado, al ser un «programa descentralizado», debería ser equivalente a
uno que se puede realizar en cualquier máquina de Turing universal. De
esta forma, si comprendiésemos claramente su funcionamiento, podríamos
reproducir un mecanismo de retroalimentación capaz de hacer lo mismo y
mucho más, sin todos los inconvenientes del «mercado analógico»
convencional.[9]
Al otro lado del telón de acero, el británico Stafford Beer llevó la
ley de la variedad requerida de Ashby hasta sus últimas consecuencias,
considerando que la economía de mercado, al tener que encorsetar la
espontánea generación de necesidades e iniciativas sociales dentro de
los límites de lo rentable y colapsar toda la información a las
reductivistas variables monetarias, forzaba el metabolismo social a
dinámicas cibernéticamente «torpes» cuyas consecuencias humanas son
dramáticas.[10]
Para ambos, la planificación socialista superaba claramente a los
mercados al ser capaz de: tener un acceso transparente a toda la
información económica, poder actuar en reacción inmediata a las nuevas
necesidades ciudadanas sin la mediación de la rentabilidad y tener la
capacidad previsora de hacer cálculos económicos a largo plazo.
Las concreciones histórico-políticas más destacadas de estos planteamientos fueron: 1) el OGAS de Víktor Glushkov en la URSS,[11] 2) el Cybersyn de Beer en el Chile del Frente Popular[12]
y 3) los proyectos de «geografía económica» que, a la luz de las obras
de Leonid Kantorovich y Nikolai Veduta, orquestó el Instituto de
Novosibirsk. Los primeros se conocen más. El ultimo está mucho menos
explorado, pero tiene interés por la sensibilidad ecológica que
desarrollaron mientras urbanizaban la estepa siberiana.[13]
III
Tras la extensión de dictaduras neoliberales por América Latina y el
posterior desmantelamiento de la URSS, todos estos proyectos fueron
abortados. Sin embargo, de manera inesperada, aparecía en el Occidente
de 1993 una obra que, poco a poco, resucitaría el interés de pequeños
círculos por estos planteamientos: Towards a New Socialism, de los escoceses Paul Cockshott y Allin Cottrell.[14] Esta, junto a Classical Econophysics,
publicada una década y media más tarde junto a Gregory John
Michaelson, Ian P. Wright y Victor Yakovenko, rescataban todas las
intuiciones de los autores antes mencionados llevándolas a grados de
formalización y refinamiento sin precedentes.
Se puede decir sin rodeos que estos trabajos fundaron el actual
cibercomunismo, brindando dos interesantes armas teóricas al movimiento
revolucionario: la econofísica, como análisis de las economías de mercado, y la planificación cibersocialista, como propuesta política que aspira a superar los estructurales deficiencias de las formas tradicionales de planificación.
Empezando por la primera, merece una especial atención la obra de 1983, Laws of Chaos. A Probabilistic Approach to Political Economy,
de Emmanuel Farjoun y Moshé Machover. Esta, reproduciendo el paso de la
determinista física clásica a la física estadística, explicaría que la
dinámicas de la economía política solo son expresables matemáticamente a
través de la estadística, ya que el objeto de estudio es un sistema
fundamentalmente caótico.[15]
Las técnicas matemáticas del marxismo quedarían actualizadas,
permitiendo el desarrollo de modelos más precisos capaces de captar toda
la complejidad mercantil. Como había insinuado Lange, la dinámica
competitiva mediante la cual se establecen precios, salarios y demás,
juega con información de naturaleza meramente estadística.
Esta tarea se profundizaría en Classical Econophysics, donde
el marxismo terminaría de conjugarse con la cibernética. Así, autores
como Wright explicarían que el capital, como relación social de
producción, es, en términos cibernéticos, un «sistema de control» que
pretende adaptarse a nuestro entorno biofísico, pero también
geopolítico, mediante cierto bucle de retroalimentación: unidades
sociales atomizadas compiten entre sí por ciertos nichos de consumo para
rentabilizar monetariamente su actividad.[16] La ley del valor y su fórmula básica, D-M-D’,[17]
actúan cómo un estándar de validación que filtra a las iniciativas no
rentables como «irracionales». La conceptualización de Marx del capital
como un «sujeto automático» cuya «voluntad» está por encima incluso de
los capitalistas mismos no es una metáfora.[18]
Los capitalistas, incentivados por la opulencia ligada a sus
privilegios y atemorizados por la posibilidad de ser barridos por la
competencia, en realidad, no hacen otra cosa que personificar o ejecutar
las señales de salida del sistema de control al que están subsumidos.
Dichas señales de salida, supuestamente, garantizan la adaptación
social a nuevas circunstancias optimizando gastos monetarios en torno a
cierto «equilibrio». En la práctica, tal y como demuestran Farjoun y
Machover, el equilibrio es inalcanzable ya que las señales son demasiado
simplistas para recoger toda la complejidad del sistema, derivando así
en dinámicas de inversión y recortes impulsivas y rudimentarias. Esto no
solo forzaría a la mayoría social a ciertos salarios y nivel de
consumo, cierta tasa de crecimiento o, en definitiva, cierta tasa de
ganancia, sino que también estaría detrás de la continua inestabilidad
social y crisis periódicas que observamos en nuestros días. Por esta
razón se califica a los mercados como autómatas defectuosos. Estos
sobrecomplejizan el metabolismo social al generar paralelismos y
opacidad, dando lugar a información algunas veces redundante y otras,
directamente, inútil. Esto se traduce en sobresfuerzo y desperdicio de
recursos en periodos de crecimiento, y en infrautilización de las
capacidades productivas en periodos de crisis. Pensemos que cientos de
empresas se lanzan diariamente a producir distintas variantes del mismo
bien en cantidades que los ciudadanos no pueden ni pagar ni consumir.
Sin embargo, eso no es todo. Paradójicamente y al mismo tiempo, el
mercado ignora e incluso obstruye la consideración de información de
vital importancia para nuestro futuro. En algún sentido, esto es así
porque el mercado, simplemente, «no detecta» como señal de entrada
aquello que transcienda los estrechos limites de las variables
monetarias. Pero el verdadero problema es que, incluso cuando estos son
visibilizados políticamente, su consideración entra en contradicción con
el imperativo de la rentabilidad, por lo que son desatendidos. Así, una
infinidad de cuestiones que los especialistas no dejan de señalar como
cruciales (aridificación de terrenos, escasez progresiva, estrés
crónico, etc.) son incluidas dentro del cajón de sastre de las
«externalidades negativas«, abandonándonos a la suerte de unas
administraciones publicas que, a medio plazo, dependen tanto de la
rentabilidad empresarial como las empresas mismas.[19]
Llegados a este punto, podemos intuir
cual es la conexión entre econofísica y planificación cibersocialista.
La primera nos permite explicar que, frente a la economía de mercado,
esta última optimiza o ajusta el uso de la información social,
aumentando considerablemente nuestra capacidad de adaptación. La
planificación es cibernéticamente superior cuantitativa y
cualitativamente. Al quitarnos de encima información redundante, hace lo
que hace el mercado (optimizar costes y distribuir trabajo entre
sectores en base a la demanda) de manera más rápida y precisa. La
posibilidad, abierta por TICs, de recolectar, almacenar y procesar
enormes cantidades de información de manera viable nos permite
prescindir de este.[20]
La planificación también es claramente distinta y superior en
términos cualitativos. Tal y como explicó Otto Neurath, gracias al
cálculo en especie y la democracia directa, emerge un nuevo tipo de
racionalidad aprehensiva de factores multidimensionales y centrada en la satisfacción de necesidades sociales.[21] Hablaríamos de un sistema de control con la capacidad de decidir conscientemente
qué hacer y cómo. Los planes son la expresión consciente de la voluntad
popular en un determinado momento a través de objetivos y restricciones
autoimpuestas. Esto puede concretarse tanto en expansiones como en
retracciones de diferentes los sectores productivos, según se considere.
¿Por qué? Porque al barrer del mapa a la clase capitalista y
centralizar los medios de producción, la reproducción social ya no
depende de que cierto empresario vea expectativas de ganancia en un
sector ni de los deficientes juegos monetarios, sino que, los diferentes
ámbitos de la vida humana (la salud, el consumo, la ecología, etc.) se
gestionarían, caso por caso, en base a estudios científicos particulares
y consideraciones ético-políticas expresadas en la deliberación
pública.
Para esta nueva forma de organizar el metabolismo social, la
democracia —algo bien distinto del despotismo representativo del
parlamentarismo burgués, postrado ante el poder del capital y cuya tarea
esencial es garantizar sus condiciones generales de reproducción— no es
una floritura retórica. Solo la participación popular masiva y
recurrente puede garantizar una reproducción social no turbulenta en
tanto que consentida.
Asimismo, el registro objetivo; es decir, expresable de manera
matemática, de necesidades sociales y, por ende, la planificación misma,
es imposible sin una transmisión fluida de información de abajo a
arriba.[22] Algo que, afortunadamente, se ha venido reconociendo en nuestro entorno por —si se nos permite la expresión— cibercomunistas avant la lettre
como Felipe Martínez Marzoa: «la integración de toda la producción en
un cálculo único sólo es posible mediante la total transparencia del
aparato productivo […], [lo cual] solo se logra si la información y el
control constituyen un hecho de comunicación social general; pues es
evidente que estas condiciones solo pueden cumplirse en una situación
política de democracia sin restricciones».[23]
IV
Esperamos que con este escueto esbozo haya quedado un poco más claro
a qué nos referimos con que complementamos a la crítica de la economía
política mediante las modernas teorías de la información y el control.
Es curioso que incluso la etimología de la palabra parece sugerirnos
algo así. «Cibernética» viene del verbo griego kybernao, que significa «manejar» o «timonear» un navío.[24]
Por lo que una manera visual de explicar nuestro planteamiento sería
que el mercado supone dejar el barco (la sociedad) a la suerte de los
vientos y mareas, mientras que la planificación cibernética permitiría
tomar el timón y navegar hacia donde queramos.
En cualquier caso, y como conclusión, nos gustaría señalar que
nuestra intención última es la de advertir que cualquier programa
político revolucionario del siglo XXI debería tener entre sus
prioridades la promoción de proyectos de investigación que ayuden a
conceptualizar la socialización de los medios de producción y su gestión
radicalmente democrática mediante el uso de las tecnologías
disponibles. Como tal, aun queda mucho por hacer, de ahí la importancia de los nuevos teóricos y colectivos de trabajo.[25]
Tenemos camino por delante, pero la rápida proliferación de este
enfoque en los últimos cinco años nos indica que sus bases son sólidas y
su futuro prometedor.
Notas
[1]
El éxito de la cibernética ha sido tal que ha quedado diseminada en
distintas ramas del conocimiento, siendo la más novedosa el denominado machine learning.
Si la cibernética es a día de hoy “invisible” es porque está en todas
partes: telecomunicaciones, ingeniería de control, biotecnología,
neurología, Inteligencia Artificial, robótica, etc.
[2] Norbert Wiener. Cybernetics: Or Control and Communication in the Animal and the Machine. 1948.
[3] Claude Shannon. Una teoría matemática de la comunicación. 1948.
[4] Alan Turing. Maquinaria computacional e inteligencia. 1950.
[5] Roger C. Conant y W. Ross Ashby. Every Good regulator of a system must be a model of that System. 1970.
[6] Norbert Wiener. The Human Use of Human Beings: Cybernetics and Society. 1950.
[7] El texto que inicia todo este interés es el articulo de los mencionados soviéticos, Las principales características de la cibernética, de 1955. En el caso de la RDA, el principal promotor de esta fue Georg Klaus, sobre el cual se puede leer en: https://cosmonautmag.com/2021/07/the-introduction-of-cybernetics-in-the-gdr-by-jerome-segal/.
[8] Friedrich August von Hayek. El Uso del Conocimiento en la sociedad. 1945.
[9] Oskar Lange. La computadora y el mercado, 1966; Introduction to economic cybernetics, 1969.
[10] Staffor Beer. Brain of the Firm; Second Edition (much extended). 1981.
[11] Vasily Pikhorovich. Glushkov y sus ideas: La cibernética del futuro. 2014. Disponible en: https://cibcom.org/glushkov-y-sus-ideas-la-cibernetica-del-futuro/.
[12] Jeremey Gross. Stafford Beer: Eudemony, Viability and Autonomy. 2020. Disponible en: https://www.redwedgemagazine.com/online-issue/stafford-beer-eudemon.
[13] West, D. K. Cybernetics for the command economy: Foregrounding entropy in late Soviet planning. 2020. Disponible en: https://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/0952695119886520.
[14]
Tenemos constancia de que Elena Veduta, hija de Nikolay Veduta, parece
haber jugado un papel similar en la Rusia post-soviética, influyendo a
colectivos cibercomunistas como Tsifrovoy Sotsializm
(Socialismo Digital) (https://vk.com/@digital_socialism), pero, hasta
hace pocos meses, nos hemos desarrollado de manera relativamente
paralela.
[15] Un buen acercamiento a estos planteamientos puede encontrarse en la reseña de I. Wright a How labor powers the global economy, el ultimo libro que Farjoun y Machover han publicado junto a David Zachariah: https://weeklyworker.co.uk/worker/1395/understanding-capitalist-dynamics/.
[16] I. Wright. Marx on Capital as a Real God. Disponible en: https://ianwrightsite.wordpress.com/2020/09/03/marx-on-capital-as-a-real-god-2/.
[17]
Sin entrar en muchos detalles, la formula D – M – D’ es la expresión
formal de la dinámica básica de los mercados: cierto agente hace una
primera inversión monetaria (D) para comprar capital y producir cierta
mercancía (M) que espera poder vender a posteriori generando cierta
ganancia; es decir, más dinero del que tenía en un principio (D’).
[18] K. Marx. El Capital. Crítica de la economía política. 1867. Ver fragmento en: https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/4.htm.
[19] E, Altvater. Notes on some problems of state interventionism.1973; W. Müller and Christel Neusüss, The illusion of state socialism and the contradiction between wage labor and capital.
[20] Ver Paul Cockshott y Allin Cottrell, Hayek, information and knowledge, en “Classical Econophysics”; Contra Hayek, en “Ciber-comunismo. Planificación económica, ordenadores y democracia”.
[21] J. O’Neil. Cálculo Socialista y Valoración Ambiental: Dinero, Mercado y Ecología. 2021. Disponible en: https://cibcom.org/calculo-socialista-y-valoracion-ambiental-dinero-mercado-y-ecologia/ ; A. Benavav. Cómo fabricar un lápiz. 2020. Disponible en: https://cibcom.org/como-fabricarun-lapiz/.
[22]
Esta idea se desarrolla ampliamente en la obra de Marzoa: “solo es
posible un cálculo total cuando todos los datos del sistema productivo
son de tal naturaleza que pueden ser todos ellos expresados en términos
rigurosamente objetivos, y esto implica la sustitución de un proceso
productivo con infinidad de microoperaciones humanas contingentes por
uno de carácter automático, en que las decisiones se centren en los
procesos de cálculo científico-técnico” (Felipe Martínez Marzoa. La Filosofía de El Capital. 1983. Capítulo IX.).
[23] Ibíd. Capítulo X.
[24] Etimología de CIBERNÉTICA: http://etimologias.dechile.net/?ciberne.tica.
[25]
Tomas Härdin, Jan Phillip Dapprich, David Zachariah, Grigory Kopanev,
Spyridon Samothrakis, Nicolas D. Villarreal, etc. Son buenos ejemplos."
( CibCom , JACOBINLAT, 25/10)