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21/6/24

Y en una década Internet se llenó de basura... Google es solo el caso más evidente: ahora cualquier búsqueda devuelve un aluvión de contenidos optimizados por razones e intereses muy alejados de la calidad. Pero pasa también con las otras grandes plataformas que primero se adueñaron de la Red, y ahora la han convertido en un vertedero de anuncios, datos en venta y contenido sin verificar... ¿Y por qué no nos largamos? “El drama es que somos rehenes, audiencias cautivas, confinadas en motores globales de extracción de datos y además creemos que ya no tenemos donde ir”... “Google, Facebook, Instagram, Amazon operan con un modelo feudal extractivo que solo existe para mercantilizar todo lo que hace que la vida merezca la pena: los lazos familiares, la amistad, el amor, la solidaridad. Son organizaciones sociópatas”

 "Cómo estará la cosa para que la American Dialect Society, una sociedad académica fundada en 1889 para el estudio del inglés hablado en Norteamérica, eligiera como palabra del año 2023 un término larguísimo, de difícil pronunciación, derivado de la malsonante palabra shit (mierda), que alude, precisamente, al proceso por el cual un ente —en este caso, las plataformas de Internet— acaban llenas de ídem.

La palabra en cuestión es enshittification. En español diríamos enmierdamiento, mierdificación; la editorial Capitán Swing, que publicará este año un libro sobre el asunto, aún se debate en cómo traducirla. Apareció por primera vez en noviembre de 2022 en el blog Pluralistic, del activista y escritor canadiense Cory Doctorow, quien la creó para describir el patrón de deterioro que hace de Internet un lugar cada vez peor. Doctorow describió una curva de decadencia en tres estadios: “Así mueren las plataformas: primero son muy buenas para los usuarios; luego abusan de ellos para favorecer a sus clientes comerciales; después abusan también de esos clientes para quedarse, finalmente, con todo el valor. Luego mueren. Yo lo llamo enshittification”.

Si cada vez te fías menos de los resultados de Google es justamente por su mierdificación, que Doctorow diagnostica en estado avanzado. No son percepciones, los datos lo demuestran. Un equipo de investigadores de las universidades de Leipzig, Bauhaus y ScaDS demostraron que “la calidad de Google había empeorado notablemente después de controlar 7. 392 consultas durante un año. En su trabajo Is Google Getting Worse? A Longitudinal Investigation of SEO Spam in Search Engines identificaron las tres causas: la abrumadora presencia de contenido optimizado para SEO, el uso generalizado del marketing de afiliados, una estrategia de plataformas como Amazon, que recompensa a las páginas de asociados por vender sus productos, y la cada vez más confusa línea roja entre el contenido real y el spam creado por granjas de enlaces. Algo que viene empeorando sustancialmente desde hace tiempo, y que tampoco es que haya mejorado desde que Google anunció el 14 de mayo la nueva generación de su motor de búsqueda impulsado por inteligencia artificial.

A lo largo de los años, los portavoces de Google siempre han negado que los clics de los usuarios influyan en el posicionamiento de las webs que aparecen en sus búsquedas, pero los 2.500 documentos internos del buscador filtrados la semana pasada sugieren exactamente lo contrario. Al igual que una demanda antimonopolio del Departamento de Justicia de Estados Unidos que reveló la existencia de un factor de posicionamiento llamado Navboost, que premiaba los clics de los usuarios antes que la calidad, para elevar el contenido de las búsquedas.

Hace unas semanas, el buscador respondía a la pregunta de cuántas piedras debíamos comer cada día, recomendando al menos una diaria de tamaño pequeño para mejorar la salud digestiva y aportar minerales como el calcio y el magnesio. El descubrimiento lo adjudicaba a un equipo de geólogos de la Universidad de Berkeley. La realidad era que su nuevo modelo de AI lo había copiado de un artículo de The Onion, un periódico satírico tan popular en Estados Unidos como lo es en España El Mundo Today. Cualquier búsqueda en Google hoy arroja basura digital, a menudo toda la primera página, que hay que saltar antes de que empiece a aparecer algo potable. En las webs tecnológicas se empieza a recomendar añadir a las URL la línea de código “&udm=14″ para sortear las respuestas basura generadas por inteligencia artificial. Otro truco que empieza a hacerse popular para mejorar los resultados arrojados por Google es añadir “before 2023″ (antes de 2023) antes de la búsqueda.

A lo largo de 2023, la palabra enshittificacion se escuchó en foros y conferencias, y la usaron tecnólogos como Tim Hatford y John Naughton para aludir a varias plataformas que degradaron sin pudor su función principal en pos de la monetización y las ganancias de sus accionistas. A inicios de 2024, la Academia consideró que era “un neologismo exitoso y memorable, con capacidad para adaptarse a una variedad de contextos, aunque su uso original fuera describir cómo se iba degradando nuestra vida online”.

El mérito de Doctorow, además del de inventar una palabra, ha sido socavar la idea de que la decadencia es resultado de las misteriosas fuerzas que mueven la historia. En lugar de abrazar la idea del caos y la entropía, el escritor prefiere explicarlo como un fenómeno diseñado por personas reales que toman decisiones y tienen objetivos específicos.

Para definir el estado actual de internet a Doctorow le gustar citar un tuit del programador Tomas Eastman (@tveastman) que se hizo viral en 2018: “Soy lo suficientemente viejo para recordar aquellos tiempos en que internet no eran cinco webs gigantescas, cada una llena de capturas de pantalla de las otras cuatro”. En un loable esfuerzo pedagógico, el escritor explica la enshittification de casi todo en un artículo publicado bajo licencia Creative Commons, a través de casos emblemáticos, desde Amazon hasta el otrora Twitter.

Empecemos por Amazon. Durante años operó con pérdidas, prácticamente todo lo que vendía estaba subsidiado. Si buscabas algo, Amazon hacía todo lo posible por ponértelo delante. En su artículo, Doctorow explica que ante tantas ventajas acabamos comprando todo allí, y como consecuencia muchas tiendas físicas cerraron. Luego llegó Amazon Prime y nos hicieron pagar por adelantado los gastos de envío de un año; Amazon se convirtió en la tienda para todo, y la plataforma comenzó a subsidiar a los vendedores, que alcanzaron audiencias enormes con comisiones muy bajas.

“Cada vez era más difícil comprar o vender cualquier cosa fuera de allí. Entonces, cuando tenían a todos, vendedores y compradores, atrapados por Amazon, cambió las reglas del juego y comenzó a desviar todas las ganancias a sus accionistas. Ahora, si buscas en Amazon una cama para gatos las primeras cinco pantallas “estarán compuestas en un 50% por anuncios y porquería inútil”, detalla el escritor.

En conversación con este diario, Doctorow confirma que no solo hemos perdido la confianza en las grandes plataformas ­—él sostiene que nunca tuvo demasiada—, sino algo más valioso: la fe. “Quizás nunca has creído que Google protegería tus datos pero esperabas que te diera buenos resultados de búsqueda. Ahora tenemos lo peor de ambos mundos: Google abusa de tus datos y además te muestra publicidad y contenido sintético en lugar de buenas respuestas. Facebook e Instagram comparten tus datos con terceros y, encima, en lugar de conectarte con tus amigos (que era su promesa y lo que hicieron en los primeros tiempos), te exponen a anuncios y a contenido promocionado. En resumen, ni confiamos ni creemos en las grandes plataformas”.

¿Y por qué no nos largamos? “El drama es que somos rehenes, audiencias cautivas, confinadas en motores globales de extracción de datos y además creemos que ya no tenemos donde ir”, dice Doctorow. La escritora irlandesa y experta en tecnología del futuro María Farrell describe las plataformas como “entornos altamente concentrados y controlados, similares a las granjas de cría intensiva de pollos”. “Google, Facebook, Instagram, Amazon operan con un modelo feudal extractivo que solo existe para mercantilizar todo lo que hace que la vida merezca la pena: los lazos familiares, la amistad, el amor, la solidaridad. Son organizaciones sociópatas”, explica por correo electrónico.

Para Farrell, “devolver la vida a Internet” es un reto “ecológico”. En abril de 2024, los navegadores de Google y Apple monopolizaban el 78% del mercado, y solo Google controlaba el 92% de las búsquedas globales, según Statista. “Así como necesitamos salvar la biodiversidad para combatir el cambio climático, necesitamos rescatar nuestra diversidad tecnológica y de infraestructuras para preservar nuestra libertad y construir y usar internet en nuestro beneficio”. Fa­rrell alerta en su e-mail: “Mientras los europeos dormimos, la infraestructura fundamental de internet —cables submarinos, satélites, fibra, etcétera— está siendo monopolizada por unas pocas empresas cuyo objetivo es controlar todas las comunicaciones durante el próximo siglo”.

Doctorow, a quienes algunos acusan de ser un activista radical, no se corta para advertir a los gobiernos de que el día que las plataformas colapsen —según su curva de enshittification pasará más temprano que tarde— “no merecen ser rescatadas sino evacuadas” con el menor daño posible para los usuarios. Un paradigma de abuso de una plataforma enshittificada que le gusta citar al escritor es el de la tienda de e-books de Microsoft, que cerró en 2019 y arrebató a todos sus usuarios los libros comprados a lo largo de varios años. Como por arte de magia se evaporaron cientos de miles bibliotecas en el mundo. Según Doctorow, Facebook o Instagram podrían dar un portazo un buen día y que las fotos más importantes de nuestras vidas se esfumen.

La sensación comienza a ser de estafa y trae “cierta saturación y hartura de lo digital”, observa Felipe Romero, socio de la consultora The Cocktail. Las cifras del informe global Digital 2023 avalan su intuición. En 2022 se registró por primera vez una caída del tiempo que pasamos en internet, a razón de 20 minutos diarios comparado con el año anterior.

Cuando Open AI anunció la salida al mundo de ChatGPT-4o, una interfaz digital que lo mismo suspira, susurra al oído, calma una crisis de ansiedad o se parte de la risa contigo, Sam Altman dijo Her —en referencia a la película de Spike Jonze de 2013— y fue como si leyera el pensamiento a media humanidad. Por lo que sea, Altman olvidó mencionar que aquella historia, sobre la relación entre un humano y la voz de un sistema de IA, no acabó precisamente bien para la parte humana.

Tras ese anuncio de Open AI, César Astudillo, asesor independiente de diseño e innovación, barruntó casi inmediatamente en X el riesgo de enshittification del nuevo invento. Para Astudillo no es casual que con la salida al mercado de GPT-4o también se anunciara que sería gratuito, concretamente para que los que ya estaban en ChatGPT. “Considerando el inmenso gasto que supone hacer funcionar estos modelos, OpenAI, que ya operaba con pérdidas en febrero, podría entrar en bancarrota con este acto de “generosidad”, ¿De dónde vendrán los ingresos?”, se pregunta en conversación con EL PAÍS.

¿Acaso estamos entrando en la fase de seducción tecnológica de la enshittification, aquella en que nos dan gratis o muy subvencionado un servicio? Astudillo recuerda el viejo adagio que desoímos una y otra vez al inicio de las redes sociales: “Si es gratis, entonces el producto eres tú”, y se pregunta si utilizará OpenAI el potencial persuasivo de su nuevo modelo o los enganches emocionales que podamos desarrollar con nuestros asistentes de voz para inaugurar una nueva era de la persuasión comercial. “En este momento es muy aventurado afirmarlo… pero los indicios se acumulan”, reflexiona.

De momento es gratis interactuar con un potente modelo de inteligencia artificial cuyo desarrollo ha costado muchos millones. ¿Por qué? Parece una buena noticia pero… puede que esta historia ya la hayamos vivido."                (Karelia Vázquez, El País, 09/06/24)

1/8/23

¿Cómo accedieron Meta y Google a datos fiscales privados? Las empresas de declaración de impuestos han estado compartiendo información confidencial de millones de contribuyentes con Meta y Google; algunas desde hace más de una década... Meta aseguró haber utilizado los datos para dirigir anuncios a los usuarios en sus plataformas y entrenar sus programas de IA

 "Uno podría pensar, o al menos esperar, que los datos confidenciales, como las declaraciones de la renta, se guardan con sumo cuidado. Hace unas semanas, supimos que las empresas de declaración de impuestos han estado compartiendo información confidencial de millones de contribuyentes con Meta y Google; algunas desde hace más de una década.

Las empresas fiscales compartieron los datos a través de píxeles de seguimiento que se utilizan con fines publicitarios, según reveló un informe de investigación del Congreso de EE UU el 12 de julio. Muchas afirman haber eliminado los píxeles, pero no está claro si algunos datos sensibles siguen en poder de estas empresas tecnológicas. Los resultados exponen los importantes riesgos para la privacidad que plantean la publicidad y el intercambio de datos. Por lo tanto, puede que los reguladores hagan algo al respecto.

¿Cuál es la historia?

En noviembre de 2022, Markup publicó una investigación sobre empresas de declaración de impuestos como TaxAct, TaxSlayer y H&R block. Se descubrió que estos sitios enviaban datos a Meta a través de Meta Pixel, un código informático de uso común que a menudo está incrustado en las webs para rastrear a los usuarios. La noticia dio lugar a una investigación del Congreso de EE UU sobre las prácticas sobre los datos de las empresas fiscales. Ese informe, publicado el 12 de julio, mostró que la situación era peor de lo que sugería el informe bomba de Markup.

Las empresas tecnológicas tenían acceso desde 2011 a datos muy confidenciales, como los ingresos de millones de personas, el importe de sus devoluciones de impuestos e incluso su estado de inscripción en programas gubernamentales. Meta aseguró haber utilizado los datos para dirigir anuncios a los usuarios en sus plataformas y entrenar sus programas de IA. Al parecer, Google no utilizó la información para sus propios fines comerciales de manera tan directa como Meta. Aunque tampoco está claro si la empresa utilizó los datos en otros lugares, según explicó un asesor de la senadora Elizabeth Warren a CNN.

 Los expertos afirman que tanto las empresas de declaración de impuestos como las tecnológicas podrían enfrentarse a importantes consecuencias legales, como demandas privadas, desafíos de la Comisión Federal de Comercio (FTC, por sus siglas en inglés) e incluso cargos penales del gobierno federal estadounidense.

¿Qué son los píxeles de seguimiento?

En el epicentro de la controversia se encuentran los píxeles de seguimiento: unos fragmentos de código que muchas webs incrustan para obtener más información sobre el comportamiento de los usuarios. Algunos de los píxeles más utilizados son los de Google, Meta y Bing. Las webs que utilizan estos píxeles para recopilar información sobre sus propios usuarios a menudo acaban compartiendo esos datos con grandes empresas tecnológicas.

Los resultados pueden incluir información sobre dónde hacen clic los usuarios, qué escriben y cuánto tiempo se desplazan. De este tipo de actividades pueden extraerse datos muy sensibles, que se utilizan para orientar la publicidad en función de los intereses del usuario.

Los píxeles permiten que las webs se comuniquen con los servicios de publicidad a través de diferentes páginas y dispositivos, de modo que un proveedor pueda aprender sobre un usuario. Esto es diferente a las cookies, que almacenan información sobre el usuario, su ordenador y su comportamiento en cada web que visita. 

¿Cuáles son los riesgos?

Estos píxeles de seguimiento están por todas partes, y muchos anuncios online se colocan bajo su directriz. Así, contribuyen al modelo económico dominante en internet, que fomenta la recopilación de datos en aras de la publicidad selectiva y la hiperpersonalización online. A menudo, los usuarios no saben que las páginas que visitan tienen píxeles. En el pasado, los defensores de la privacidad han advertido sobre los píxeles que recogen datos de los usuarios sobre el acceso al aborto, por ejemplo.

"Este ecosistema incluye todo, desde recolectores de datos de primera mano, como aplicaciones y webs, hasta todas las herramientas de seguimiento y píxeles integrados, intercambios de publicidad online, corredores de datos y otros elementos tecnológicos que capturan y transmiten datos sobre las personas. Incluidos aquellos datos sensibles sobre salud, finanzas y, a menudo, a terceros", respondió Justin Sherman, investigador principal de la Escuela de Políticas Públicas Sanford de la Universidad de Duke (Carolina del Norte).

"El hilo subyacente es el mismo: los consumidores pueden ser más conscientes de cuántos datos recopila de manera directa una web, app o plataforma, pero la mayoría ignora cuántas empresas operan entre bastidores para recopilar datos similares o incluso más datos cada vez que se conectan", concluyó Sherman"               (Tate Ryan-mosley , MIT, 01 Agosto, 2023)

24/1/22

¿Por qué ha causado tanto alboroto el metaverso? “Se trata de estar dentro de la computadora en vez de acceder a la computadora. Es estar siempre en línea en lugar de siempre tener acceso a un mundo en línea”

 "El término “metaverso” está por todos lados.

El martes, Microsoft citó al llamado metaverso como razón para adquirir la compañía desarrolladora de videojuegos Activision Blizzard por 68.700 millones de dólares y declaró que el acuerdo le brindaría “los componentes esenciales para el metaverso”. El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, también le ha apostado al metaverso y cambió el nombre de su empresa de redes sociales a Meta. Google ha trabajado en tecnología relacionada con el metaverso durante años. Además, Apple prepara sus propios dispositivos relacionados.

Pero, ¿qué significa, en realidad, el metaverso? Y… ¿siquiera existe? A continuación, lo que necesitas saber al respecto

¿Qué es el metaverso?

El metaverso es la convergencia de dos ideas que han existido durante muchos años: la realidad virtual y una segunda vida digital.

Por décadas, los tecnólogos han soñado con una era en la que nuestra vida virtual desempeñe un papel tan importante como nuestra realidad física. En teoría, pasaríamos mucho tiempo interactuando con nuestras amistades y colegas en el espacio virtual. Lo que daría como resultado que también gastemos dinero ahí comprando atuendos y objetos para nuestros avatares digitales.

En lo que los amantes de la tecnología como Zuckerberg llaman el metaverso, la realidad virtual sirve como una plataforma informática para vivir una segunda vida en línea. En la realidad virtual, usas un visor que te sumerge en un entorno 3D. Portas controles sensibles al movimiento para interactuar con objetos virtuales y empleas un micrófono para comunicarte con otros.

 Matthew Ball, un capitalista de riesgo que ha escrito de manera abundante sobre el tema, dijo que el metaverso representaba la cuarta ola de la computación, después de las computadoras centrales, las computadoras personales y la computación móvil.

“Va en dirección de lo que la gente llama computación ambiental”, opinó sobre el metaverso. “Se trata de estar dentro de la computadora en vez de acceder a la computadora. Es estar siempre en línea en lugar de siempre tener acceso a un mundo en línea”.

Para explicarlo de manera simple, sí.

Hasta cierto grado, ya hay un metaverso en los juegos electrónicos. Pero —y es una salvedad importante— es rudimentario.

Algunos elementos sociales del metaverso ya pueden encontrarse en los juegos. Por ejemplo, en Fortnite, un videojuego de disparos que se juega en computadoras, consolas y dispositivos móviles en línea. El videojugador promedio de Fortnite pasa cientos de horas en el juego con un avatar personal, luchando e interactuando con los avatares de otros jugadores. Estos también acumulan monedas virtuales que desbloquean atuendos y otras recompensas para personalizar sus avatares.

Un precursor del metaverso también pudo haber sido Second Life, una plataforma social en línea desarrollada por Linden Lab hace casi dos décadas, en la cual las personas creaban representaciones digitales de ellos mismos para socializar con otros. En dicho espacio, los usuarios podían comprar y construir propiedades para enriquecer su vida virtual.

La realidad virtual también está algo avanzada en los videojuegos. En 2016, Sony lanzó el PlayStation VR, un visor de realidad virtual con un costo de 400 dólares que se conectaba a su consola PlayStation 4 para jugar en un entorno de realidad virtual. Este mes, Sony anunció que un visor de segunda generación estaba próximo a salir para la PlayStation 5, aunque no dio a conocer una fecha de lanzamiento.

No obstante, esos solo eran las bases hacia el metaverso absoluto, que todavía está tomando forma. Los tecnólogos afirman que gracias a varios elementos —conexiones rápidas a internet, visores de realidad virtual potentes y una numerosa audiencia de videojugadores— ahora hay mayores posibilidades de vivir en una simulación 3D vivamente animada y parecida a la vida real.

“Es apenas en los últimos años que una masa crítica de piezas funcionales se han unido”, mencionó Ball.

La verdad, no mucho.

Activision Blizzard es muy conocida por crear videojuegos en línea que tienen un componente de metaverso, donde los jugadores pasan cientos de horas formando comunidades dentro de los videojuegos. En su juego de rol World of Warcraft, lanzado en 2004, los jugadores colaboran para completar misiones en un esfuerzo para mejorar sus avatares digitales al coleccionar artículos como armas y armaduras.

No obstante, la compañía no ha incursionado en la realidad virtual. Ha elaborado principalmente juegos para computadoras personales y consolas de videojuegos, pero todavía no ha lanzado un juego de realidad virtual.

Hasta el momento, el trabajo de Microsoft en el metaverso ha sido incipiente.

Durante varios años, el gigante del software ha desarrollado el HoloLens, un visor de 3500 dólares que muestra hologramas digitales, con un enfoque en las aplicaciones de negocios y para agencias gubernamentales. El dispositivo está relacionado con la realidad aumentada, que algunas tecnologías consideran como parte del futuro metaverso.

Microsoft es también propietaria de Xbox, la segunda consola de videojuegos más popular después de la PlayStation de Sony. A diferencia de PlayStation, Xbox ha estado misteriosamente ausente del espacio de la realidad virtual en los videojuegos."                  (

8/11/21

Spotify tiene un "modelo tipo Uber para los artistas independientes"... sus algoritmos y las listas de reproducción guían a la gente hacia la escucha de los artistas representados por las grandes discográficas... Una plataforma de streaming financiada con fondos públicos en la que la música se considere un bien público de acceso universal, de propiedad colectiva y controlado por el pueblo, democratizaría la industria musical y crearía una economía digital más sostenible

 "(...) Con la llegada de la Web 2.0, en la que los músicos y los sellos independientes podían publicar música a un público conectado a nivel mundial con unos costes marginales muy bajos, algunos argumentaron que la industria se democratizaría. A su vez, todos los artistas podrían ganarse bien la vida, mientras que los sellos independientes podrían competir en igualdad de condiciones con las grandes discográficas.

Sin embargo, como la mayoría de las visiones de la utopía digital, esto ha resultado estar muy lejos de la realidad. La cuota de mercado de las grandes tecnológicas en la industria musical ha aumentado enormemente en los últimos años -el streaming ha sustituido a la música grabada como mayor fuente de ingresos dentro de la industria- y las plataformas digitales ejercen un poder cada vez más depredador.

Durante la pandemia, los artistas han dependido en gran medida de las plataformas digitales de streaming para su subsistencia, debido a las prohibiciones impuestas a las actuaciones en directo y a las inadecuadas ayudas estatales (en el Reino Unido, más de una cuarta parte de los que trabajan en la industria musical no cumplían los requisitos para acogerse al Plan de Apoyo a los Ingresos de los Autónomos, o SEISS). Como los músicos dependen de las actuaciones en directo, los problemas estructurales del streaming se pusieron de manifiesto, ya que los artistas se vieron obligados a aceptar los pagos de derechos de autor a la baja como única fuente de ingresos.

El auge del streaming de bloqueo ha consolidado aún más la posición de las grandes plataformas de streaming, lo que ha provocado un aumento de la desigualdad y la falta de equidad en los pagos. Los grandes sellos utilizan su ventaja estructural para obtener grandes beneficios a costa de los sellos y los músicos independientes, mientras que la gamificación del éxito intenta enfrentar a los músicos atomizados. Como escribe la crítica cultural Liz Pelly en el Baffler, 

Spotify tiene un "modelo tipo Uber para los artistas independientes".

El activo más comercial de Spotify es su algoritmo, que busca mercantilizar los gustos de los usuarios con sugerencias y listas de reproducción elaboradas. Mediante la vigilancia, la plataforma pretende rivalizar con Facebook y Google como espacio publicitario. A través de contratos secretos desconocidos para el público, los algoritmos y las listas de reproducción de marca guían a la gente hacia la escucha de los mismos artistas representados por las grandes discográficas,

Junto con los devastadores recortes en la financiación de la música, cada vez más artistas proceden de entornos privilegiados, y los músicos de clase trabajadora están cada vez más excluidos económicamente. (...)

 Como sugiere Nick Srnicek en Platform Capitalism, las plataformas tienen tendencias monopolísticas. Sus "efectos de red", en los que el valor aumenta con el número de usuarios, significan que es casi imposible que las plataformas más pequeñas entren en el mercado y compitan eficazmente. Una vez que una plataforma de streaming es capaz de establecerse y adquirir importancia, puede incluir más música en su catálogo, lo que conlleva más suscripciones y, en última instancia, más datos valiosos de los usuarios.

A principios de este año, una investigación parlamentaria sobre el mercado de streaming sugirió un "reajuste completo" del mercado de streaming, y se anunció que la CMA (Autoridad de la Competencia y los Mercados) pondrá en marcha un estudio sobre la base de esas recomendaciones. Sin embargo, los intentos de regulación de los monopolios naturales suelen ser ineficaces y tienden a reforzar los principios neoliberales de competencia, atomización y explotación.

La acción parlamentaria se ha visto forzada por los llamamientos del Sindicato de Músicos y la Academia Ivors. En Estados Unidos, el Sindicato de Músicos y Trabajadores Afines también lanzó la campaña "Justicia en Spotify" en 2020, consiguiendo más de cuatro mil firmas de trabajadores de la industria musical, que plantearon una serie de demandas a Spotify. Aunque la acción colectiva de los trabajadores es vital para la lucha contra las prácticas de explotación de las grandes tecnológicas, esto solo puede ser una solución a corto plazo. Sólo se hará justicia cuando la música salga de la lógica del libre mercado.

Recientemente se ha producido una tendencia a utilizar plataformas más equitativas, como Bandcamp y Resonate, así como el servicio de afiliación Patreon. Estas plataformas son más amigables con los artistas y han sido un salvavidas para muchos durante la pandemia. Sin embargo, de nuevo, son soluciones a corto plazo que dependen de que los artistas ya tengan una base de fans considerable para ganar un salario decente. Los músicos siguen expresando su frustración por las bajas tarifas que se pagan por el streaming de su trabajo en Bandcamp.

Para cambiar el paradigma actual, hay que presentar propuestas de regulación junto con cambios más fundamentales y a largo plazo en la propiedad y el control de las plataformas digitales. Una plataforma de streaming financiada con fondos públicos en la que la música se considere un bien público de acceso universal, de propiedad colectiva y controlado por el pueblo, democratizaría la industria musical y crearía una economía digital más sostenible.

Como escribe Common Wealth en su informe Una plataforma común, las cooperativas digitales suelen enfrentarse a dos problemas. En primer lugar, es difícil para una cooperativa atraer financiación ética para sus empresas. En segundo lugar, las cooperativas digitales siguen estando motivadas por el beneficio y, por tanto, no separan el arte de la mercantilización.

Al igual que el advenimiento de los recursos culturales públicos -como las bibliotecas, las galerías de arte y los archivos públicos-, un streaming commons sería una plataforma pública, donde la financiación estatal sustituye a la inversión de capital riesgo. Es importante que, sin algoritmos ni control de las listas de reproducción, un fondo común de streaming reduzca la desigualdad entre los sellos independientes y los grandes, y evite la vigilancia y la mercantilización de los datos. A través de la democratización y la propiedad colectiva, los algoritmos podrían ser transparentes y responsables, garantizando así la privacidad y la protección de datos en línea con los deseos y necesidades del público.

El actual modelo de streaming no se construyó pensando en los artistas. Los intereses de los grandes sellos discográficos, las plataformas de streaming y el capital riesgo pretenden que el sistema permanezca inalterado y sirva a sus intereses, mientras continúa la explotación de los artistas y la devaluación de su música. En contra de la opinión de Rishi Sunak y del gobierno conservador, todos los músicos, comercialmente viables o no, pueden recibir los recursos adecuados. La música no debe ser simplemente un contenido utilizado para vender publicidad a las marcas corporativas: Diseñado para servir a los artistas, los trabajadores y el público, un modelo de streaming cooperativo y de propiedad común rescataría el potencial radical de las plataformas de streaming de los precios depredadores, el capitalismo de vigilancia y la financiarización." 
               (Charlie Bird  , POLITICO, 05/11/21; traducción DEEPL)

26/10/21

Aclarando las conclusiones del estudio de Twitter sobre cómo su algoritmo fomentó la difusión de contenidos de derechas e izquierdas... la situación es mucho peor de lo que apunta el informe, y particularmente en España... y se ha convertido en un gran problema para nuestra democracia. La nuestra. Llama la atención que Twitter afirme que no se explica por qué sucede eso. Debe ser que no usa diariamente su plataforma como hacen sus usuarios

 "Esta semana Twitter destapaba una pequeña tormenta afirmando que un reciente estudio encargado por la misma red social se determinaba que los contenidos de “derechas” eran más difundidos en su red que los de “izquierdas”. La mala noticia es que en realidad Twitter no dice exactamente eso, y los matices son tan importantes que voy a intentar aclararlos, y traducirlos en algo entendible por cualquiera, fiel a mi estilo.

Lo primero es que el estudio origen de todos estos titulares y tweets que hemos leído  está disponible y cualquiera puede leerlo, y sacar sus propias conclusiones. Algo, que desgraciadamente, no solemos hacer. En todo caso lo pueden encontrar aquí.

Vamos a ello. Twitter señala 4 conclusiones que voy a intentar explicar una a una.

Twitter, los contenidos de derechas o izquierdas y el campo de estudio

1. “Tweets about political content from elected officials, regardless of party or whether the party is in power, do see algorithmic amplification when compared to political content on the reverse chronological timeline”.

Lo que dice Twitter en esta conclusión es importante porque delimita el campo del estudio. El infrome de Twitter no habla de contenidos de derechas o izquierdas, se habla de contenido político difundido por  cargos electos, y sobre uno de los tipos de presentación del time line, esa ristra de tuits que recibimos cada vez que entramos en su red social, en particular. El estudio se hizo sobre la difusión que habían conseguido diputados o cargos electos, que se extrajeron de la Wikipedia, por cierto. La consulta que extrajo a los españoles puede verla en el informe. Punto uno. 

El punto dos es que se refiere a que ellos apreciaron que hubo más difusión de esos contenidos en el modo de presentación de los tuits, si este modo estaba definido en “mostrar tuits destacados primeros”, que, en la segunda opción (que por cierto es la recomendable), “ver los tweets más recientes a medida que se publican”.  Eso es lo que se evalúa como difusión. Para ser claros, detectaron que en esas cuentas su algoritmo, esa entidad etérea a la que solemos echar la culpa de todo como si tuviera vida propia, recomendaba más tuits de esa tendencia que de la contraria. Es decir, lo hacía más veces.

La asusencia de efecto, según el informe de Twitter

2. “Group effects did not translate to individual effects. In other words, since party affiliation or ideology is not a factor our systems consider when recommending content, two individuals in the same political party would not necessarily see the same amplification”.

Bien. Twitter afirma que no existe un efecto en los grupos políticos, o ideologías, si no que este efecto es individual y personalizado. Es decir, no hay más difusión en el PP, o en Podemos, si no en individuos y personas que los componen. No todos fueron beneficiados dentro del mismo sector ideológico, o del mismo partido. En España la consulta utilizada devuelve 521 resultados, entre cargos del gobierno, diputados de distintos partidos, parlamentarios de las comunidades autónomas, etc.

 Twitter no hace mención a quienes fueron los “premiados” sobre los demás, algo que nos aclararía y permitiría centrarnos en buscar una explicación alternativa. No lo hace, porque evidentemente -y esto lo digo yo- mostraría sus vergüenzas de una forma muy clara. Algo que solemos hacer los que estudiamos diariamente cómo el odio y los bulos se amplifican en su red. Está claro que Twitter no lo hace.

Twitter y los contenidos políticos: países analizados

3. “In six out of seven countries —all but Germany— Tweets posted by accounts from the political right receive more algorithmic amplification than the political left when studied as a group”.

Este es el punto que más se ha difundido como “más difusión de la derecha que de la izquierda”. Pero siendo académicos hay que poner el contexto de los dos puntos anteriores. Efectivamente algunos cargos elegidos de  la derecha recibieron más difusión que los de la izquierda en al menos seis de los siete países en los que se centró el estudio. Estos fueron: Estados Unidos, Japón, Francia, Canadá, Alemania, Turquía y España. Excepto en Alemania, los agraciados por el tratamiento del algoritmo fueron de “derechas”. 

4 “Right-leaning news outlets, as defined by the independent organizations listed above, see greater algorithmic amplification on Twitter compared to left-leaning news outlets. However, as highlighted in the paper, these third-party ratings make their own, independent classifications and as such the results of analysis may vary depending on which source is used”.

Los medios de derechas recibieron más amplificación que los de izquierdas. ¿Pero de qué medios habla el estudio? La lista de medios a los que hace referencia se puede ver aquí. Cómo bien se explica en el estudio, está calificación es el punto de vista de Estados Unidos y Reino Unido sobre medios foráneos de allí. Es decir, no hay medios españoles en el estudio, y por tanto no se evaluó el impacto en nuestro país.

Las tendencias y el algoritmo de Twitter

Resumiendo, efectivamente el algoritmo de Twitter benefició contenidos calificados de derechas según el punto de vista político de EEUU y Reino Unido, en cuentas muy específicas (por tanto, a nivel particular), entre cargos electos de siete países y medios de esa “tendencia” asignada.

Tengo una buena y una mala noticia. La buena es que al menos haya intención, aunque según mi opinión responda a otras cuestiones que la de la propia transparencia en la gestión de la plataforma, de aclarar algo sobre el impacto de una red social en el discurso político. La mala es que la situación, y esto está basado en la propia experiencia en la plataforma y no en datos (es decir: es opinión), es que esta situación es mucho peor de lo que apunta el informe, y particularmente en España. Si les parece interesante el tema, y ya he escrito bastante sobre el papel de los algoritmos en Twitter, me comprometo a profundizar y explicar algunas razones por las que creo que sucede esto mismo, y se ha convertido en un gran problema para nuestra democracia. La nuestra.

Llama la atención que Twitter afirme que no se explica por qué sucede eso. Debe ser que no usa diariamente su plataforma como hacen sus usuarios."                           (

20/10/21

Zygmunt Bauman y David Lyon: vigilancia consumista y consumismo líquido... Hoy en día, los detalles más insignificantes de nuestras vidas son registrados y examinados como nunca antes, y a menudo quienes son vigilados cooperan voluntariamente con los vigilantes... la cooperación consciente o inadvertida, pero indudablemente masiva de los vigilados con el negocio de la vigilancia mientras este elabora sus «perfiles» no quiero atribuirlo sin más al «amor de ser visto»... sino que surge de la extendida sensación de haber sido abandonado y descuidado, obligado a la invisibilidad en medio de un bazar de abigarradas y seductoras imágenes... Esa sensación genera sentimientos que «oscilan entre una rabia entumecida y una desesperación resentida». Creo que esas sensaciones son los principales responsables del enorme éxito de la actividad de «creación de perfiles elaborados por uno mismo»... por eso, las grandes compañías comerciales van camino de situarse a la cabeza en desarrollo actual de las estrategias de vigilancia, por delante de los laboratorios militares

 "Hoy en día, los detalles más insignificantes de nuestras vidas son registrados y examinados como nunca antes, y a menudo quienes son vigilados cooperan voluntariamente con los vigilantes. Desde Londres y Nueva York hasta Nueva Delhi, Shanghái y Río de Janeiro, la presencia de cámaras de vídeo en los lugares públicos ya es algo habitual y aceptado por la población.

En la actualidad, los viajes aéreos implican el paso por escáneres humanos y controles biométricos que se han multiplicado a raíz del 11-S. Diariamente Google y los proveedores de tarjetas de crédito apuntan el detalle de nuestros hábitos, preocupaciones y preferencias, y con ellos van elaborando estrategias de marketing personalizadas con nuestra activa y, en algunos casos, entusiasta cooperación. En este libro el análisis de la vigilancia de David Lyon confluye con el mundo líquido moderno que Zygmunt Bauman ha descrito con su característica agudeza.

¿Nos encontramos ante un futuro lúgubre de vigilancia continua o existen aún espacios de libertad y esperanza? ¿Cómo podemos ser conscientes de nuestras responsabilidades para con nuestros semejantes, perdidos como estamos con frecuencia en discusiones sobre datos y categorizaciones? Nos encontramos ante temas del poder, la tecnología y la moral, este libro constituye un análisis brillante de lo que implica ser observado -y estar observando- en la actualidad. Vigilancia líquida.

Vigilancia consumista

Este es un diálogo entre el sociólogo, filósofo y ensayista polaco-británico Zygmunt Bauman, y el sociólogo escocés David Lyon:

David Lyon: Un tema central en su trabajo, Zygmunt, ha sido exponer las vías por las que el consumismo ha sido tan importante para la producción de las divisiones sociales pero también para las identidades. Yo me encontré entre aquellos que recibieron con alegría Work, Consumerism and the New Poor cuando se publicó en 1998. Pero la paradoja, tal y como yo la entiendo, está en que, mientras el consumo implica la seducción placentera de los consumidores, esa seducción también es el resultado de una vigilancia sistemática a escala masiva. Si esto no estaba tan claro con las formas anteriores de bases de datos orientadas al marketing, la llegada de Amazon, Facebook y Google da una idea de cuál es la situación actual. Aunque Thomas Mathiesen, en el prefacio de un libro reciente, Internet and Surveillance, destaca también cómo esta vigilancia se oculta: «Bajo la superficie se halla un enorme hinterland de vigilancia que recoge los usos de internet […] el amplio rastro de signos electrónicos que dejamos detrás de nosotros cada día, en el banco, en las tiendas, en los centros comerciales y en cualquier otro sitio, cada día del año» tormentas, las erupciones, los terremotos.

 Cuando pasamos de considerar las materias urgentes en relación con la seguridad y la vigilancia a tratar la cuestión del consumo parece que podemos respirar aliviados. Después de todo, se trata del reino de la diversión, del flâneur, de la libertad. Pensémoslo mejor. Ahí tenemos operaciones de gestión que se basan de nuevo en reunir datos personales a gran escala para su concatenación, clasificación y tratamiento diferenciado de cada categoría de consumidor, en función de su perfil. Pensemos en qué medida nos ayuda que Amazon.com, mediante su técnica de «filtrado colaborativo», pueda decirnos qué compran los demás consumidores, que es como si miráramos lo que compran los demás. Cada transacción genera información propia que luego es utilizada para orientar los gustos de otros consumidores. Hace unos años combiné sus ideas sobre la seducción de los consumidores con las de Gary T. Marx sobre las clasificaciones policiales de sospechosos probables («sospecha por categoría») para crear el concepto de «seducción por categoría». Creo que todavía funciona.

Sin embargo, Amazon.com avisa amablemente a los consumidores de cómo los demás consumidores los vigilan, a través de su Lista de Deseos. ¡No se trata de un proceso totalmente oculto! Hasta ahora, para que algo fuera secreto tenía que ser ignorado por casi todo el mundo. La Lista de Deseos nos recuerda lo mucho que le gusta a cierta gente que la miren; existe aquí una suerte de escopofilia de los consumidores. Como destacó dana boyd, el voyeur converge con el paseante gracias a las redes sociales. Pero no es solamente eso, sino que la Lista de Deseos da a los consumidores la oportunidad de mostrar un aspecto específico de su persona. Amazon.com ha conseguido, aparentemente, influir en los consumidores a través de la relación con ellos y también dándoles la impresión de que ellos son los que deciden.

Sin embargo, al final del día, Amazon.com habrá conseguido los datos que necesita, dejando que los consumidores habiten felizmente lo que Eli Pariser llama de manera reveladora su «burbuja filtrada» . Es de sobra conocido que cuando diferentes personas buscan en Google la misma palabra pueden llegar a resultados distintos. Esto se debe a que Google refina su búsqueda de acuerdo con las búsquedas anteriores. De la misma forma, los que tienen muchos amigos en Facebook sólo recibirán las actualizaciones de aquellos amigos que Facebook entiende que quieren recibir, según la frecuencia de su interacción con esas personas. Por supuesto, Amazon.com también utiliza este modelo. Una preocupación paralela a la de Pariser, y legítima, es la que concierne a «los filtros de personalización al servicio de una suerte de autopropaganda invisible, que nos adoctrina con nuestras propias ideas, amplificando nuestro deseo por las cosas que nos son familiares y alejándonos de los peligros que rondan por el oscuro territorio de lo desconocido».

Pero en un contexto más amplio, los efectos generales de la vigilancia de los consumidores, especialmente la que se da a través de cualquiera de los usos de internet, no son sólo seleccionar a esos consumidores contentos y prometerles beneficios y recompensas futuras, sino también eliminar a aquellos que no cumplen las expectativas. Mencioné antes el trabajo de Oscar Gandy sobre este tema, que muestra cómo, en varios ámbitos, la «discriminación racional» que llevan a cabo las empresas tiene efectos negativos para algunos. Como dice Gandy:

“La discriminación estadística que permiten los sofisticados análisis contribuye a la desventaja acumulativa que sobrecarga, aísla y excluye y que, por último, amplía la brecha entre los que están arriba y todos los demás. Aunque los observadores han tendido a centrarse en el uso de esos sistemas publicitarios por internet, el alcance de estos es mucho mayor. Incluye el acceso a una serie de bienes y servicios, entre ellos los mercados financieros y de la vivienda, así como el de la salud, la educación y los servicios sociales”.

Todos estos temas ilustran la «vigilancia líquida», pero ahora desde el punto de vista del consumidor, y estoy seguro de que le apetece hacer comentarios sobre más de uno. Pero ¿podemos empezar con una pregunta que surge de su propia obra? Me parece que su preocupación por los efectos excluyentes de la vigilancia —en la que coincido plenamente con usted— le lleva algunas veces a minimizar las vías por las que los propios mecanismos de la vigilancia líquida ejercen presión sobre todos los consumidores. Esto es cierto si creemos que el análisis social tiene que preocuparse especialmente por aquellos que están marginados y excluidos; resulta vital comprender los mecanismos que lo facilitan. Pero el propio poder de vigilancia produce una variedad de comportamientos que afectan a diferentes grupos de manera diversa. ¿Está seguro de que, debido a la normalización de la mayoría, en este caso mediante la seducción por categorías, la minoría es objeto de una desventaja acumulativa?.

Zygmunt Bauman: Hace varias décadas, la gran ruptura (o salto adelante, como se recuerda en los anales del marketing) en el progreso de la sociedad de consumo fue el paso de la satisfacción de las necesidades (es decir, de la producción que responde a la demanda existente) a la creación de necesidades (es decir, el ajuste de la demanda a la producción existente) mediante la tentación, la seducción y el incremento del deseo. Este cambio estratégico produjo un enorme aumento de las ventas, junto con un considerable aumento de los costes: «Crear demanda» (o sea, producir y mantener un deseo por obtener y poseer algo) cada vez resultaba más costoso. Y ese coste en principio no se puede reducir: cada nuevo producto lanzado al mercado requería un deseo que tenía que crearse prácticamente de la nada, porque el deseo siempre es específico y orientado, y por ello no es transferible.

En la actualidad estamos avanzando hacia el tercer segmento de la tríada hegeliana. Dada la propensión general y asentada de buscar satisfacción entre los bienes en venta y la disposición universal a identificar «nuevo» con «mejorado» — así como la sofisticación de la tecnología de almacenamiento de datos que permite a esta predisposición situarse donde se le pueda dar respuesta cuanto antes—, puede producirse otro cambio fundamental: dirigir ofertas a personas o categorías de personas dispuestas a responder con entusiasmo a las mismas. La parte más costosa de esta estrategia de marketing —el surgimiento de los deseos— es eliminada entonces del presupuesto del marketing y trasladada a las espaldas de los consumidores potenciales. Como en la vigilancia, el marketing de bienes se vuelve cada vez más un asunto individual, y la servidumbre resultante del mismo se hace más y más voluntaria… Siempre que entro en Amazon, recibo un saludo con una serie de títulos «seleccionados especialmente para usted, Zygmunt». Siguiendo los datos de mi última compra de libros, existe una alta probabilidad de que me sienta tentado… ¡Y de hecho lo estoy! Por supuesto, gracias a mi diligente, aunque inocente, cooperación, los servidores de Amazon conocen ahora todas mis preferencias y aficiones mejor que yo mismo. Por eso ya no considero sus sugerencias como anuncios; las veo como una ayuda amable para facilitar mi progreso a través de la selva del mercado de libros. Y les estoy agradecido. Y con cada nueva compra, pago por actualizar mis preferencias en su base de datos e inevitablemente influyo en mis futuras compras…

Rastrear los nichos de mercado disponibles, una actividad que no necesita inversiones preliminares y promete resultados inmediatos, ha resultado ser un ámbito especialmente apropiado para el desarrollo de la tecnología de la vigilancia, como hecho a su medida. Es en este sector donde se realizaron los progresos más rápidos e impresionantes, y donde se espera el incremento más rápido e importante en un futuro próximo. El ejemplo de Amazon, que usted ha comentado con acierto, constituye un ejemplo perfecto de ello; se inicia aquí, como ya dije, la última parte de la tríada hegeliana en su aplicación a la historia del marketing. Otras compañías han seguido a Amazon, y muchas otras se preparan para hacerlo. Las herramientas de la vigilancia en el marketing se han afilado y adaptado a la vez que se difundían. Y en el marketing que practica Facebook, por ejemplo, se evitan las referencias a las preferencias personales del receptor de la oferta que puedan causar su rechazo. Se recurre en su lugar a las referencias «socialmente correctas», inofensivas para los defensores de las libertades personales, como las referencias a los gustos, las preferencias y las compras preferidas de algún amigo. De hecho, una ofensiva intencionada y descarada, de estilo panopticista, se disfraza bajo un ejemplo de sinóptico hospitalario y desinteresado, socialmente positivo, que actúa en nombre de la solidaridad…

Todas las campañas, por supuesto, se llevan a cabo únicamente sobre verdaderos consumidores. Pues los intentos de llegar a consumidores imperfectos o indolentes, los «sospechosos habituales» que los banópticos deben descubrir, identificar y eliminar, sólo supondrían un gasto inútil de recursos. En el ámbito de la vigilancia consumista, los dispositivos panópticos y sinópticos se ponen en marcha una vez que la labor de limpieza del terreno de los banópticos se ha completado.

Consumismo líquido

David Lyon: Sí, exactamente. Y esta es otra razón por la que pienso que su teoría de la «modernidad líquida» es tan útil para estudiar la vigilancia. Allí donde reina el consumismo, las llamadas redes sociales resultan más bien escasamente sociales.  Como usted dice, estas pueden verse como un sinóptico que actúa bajo el seductor pretexto de la solidaridad. Los consumidores líquidos modernos, incitados por los dispositivos electrónicos, tienden a acabar buscando el placer de manera individual. De hecho, oí un día a un estudiante que se quejaba (en una yuxtaposición curiosa de discursos) de que «tenemos el derecho a pasarlo bien». La burbuja con filtros en que nos envuelven las redes sociales, pero que inflamos nosotros cuando le soplamos nuestras preferencias y predilecciones con cada clic de ratón, reproduce simplemente esa «introversión» líquida, moderna y consumista que es simultánea y paradójicamente una forma de extroversión, y un deseo de publicidad.

En mi opinión, todo esto tiene que ver con un prolongado proceso en las culturas occidentales en el que la escopofilia (es decir, la afición a ser visto) se mezcla con la creciente ubicuidad de las prácticas de vigilancia, con varios efectos importantes. El primero concierne a la clara voluntad de participación de los consumidores en su propia vigilancia. Como hemos dicho, con el ejemplo de Amazon podemos entender desde dentro cuán atractivo resulta este proceso. Pero me pregunto si este fenómeno, que también puede considerarse en un sentido más crítico como la nula preocupación de los consumidores por su propia información personal, no puede llevarnos a complacernos por los viajes que realizan nuestras encarnaciones digitales. Antes que preguntarnos por qué la persona que está detrás del mostrador nos pide nuestro número de teléfono, el número de nuestro permiso de conducir y nuestro código postal, o por qué la máquina nos solicita más datos para poder completar la transacción, asumimos que debe haber una razón para ello que nos beneficia. Por ejemplo, cuando se trata del uso de las, ahora generalizadas, «tarjetas cliente» de alguna cadena de supermercados, compañías aéreas y otras. Un estudio reciente muestra que el pueblo «o bien no sabe o bien le da igual» saber la relación entre la utilización de tarjetas cliente y la elaboración de perfiles.

Sin embargo, por otra parte, la burbuja filtrada que con frecuencia creciente intenta convertir nuestra categoría de mercado en un nicho de consumidor también impide averiguar si otras personas han sido filtradas mediante el mismo criterio. Si el pueblo «no sabe o no se preocupa» por la construcción de perfiles de consumidores en la red, no es difícil deducir que todavía le interesará menos saber sobre el dispositivo banóptico del consumo, con su abruptamente llamada «desmarketización» de los consumidores fallidos. Por no mencionar los demás sistemas banópticos que abundan en los espacios urbanos, como los que impiden el acceso a servicios esenciales a las poblaciones proscritas conforme a sus perfiles personales, o aquellos otros que valorizan algunos distritos y demonizan otros, lo que nos devuelve a nuestra conversación anterior. Como mostró Stephen Graham, algunas ciudades norteamericanas, al igual que algunas del lejano Afganistán u otros lugares, se han vuelto «espacios de batalla», y por ese mismo hecho se han convertido en objetivos, también basados en los perfiles de la población. Y en estos casos trabajan juntos los militares y el mercado, en lo que James Der Derian llama el «complejo militar-industrial-mediático de entretenimiento».

Así pues, en varios aspectos, parece que la vigilancia del mundo del consumidor que busca la comodidad muestra curiosas conexiones con otros aspectos más familiares de la vigilancia. Estos mundos se apoyan mutuamente, y se ayudan mutuamente a crece…

Zygmunt Bauman: Sí, la tecnología es transferible, y en este caso, al igual que en muchos otros, fielmente transferida. No resulta fácil, imagino, decidir qué elemento del nuevo (ampliado, y presumiblemente más impresionante) «complejo» lleva la delantera. Hasta hace relativamente poco —durante la Guerra Fría y las subsiguientes aventuras militares del aspirante, y finalmente fallido, imperio mundial— la opinión más común asumía que el liderazgo era de los militares. Sin embargo, parece que la centralidad continuada de la seguridad pública en las políticas estatales se apoya hoy en día más en la búsqueda de legitimidad por parte de los Estados que en las «situaciones de hecho», esos hechos que orientan el centro de gravedad hacia el sector comercial (que incluye los medios de entretenimiento) del «complejo».

Usted sabe seguramente más que yo sobre la situación actual en este campo, pero supongo que los departamentos de I+D de las grandes compañías comerciales van camino de situarse a la cabeza en desarrollo actual de los gadgets y las estrategias de vigilancia, por delante de los laboratorios militares ultrasecretos. No dispongo de estadísticas —cuento en esto con usted, que está en una mejor posición, ya que estudió la materia con mucho mayor detenimiento que yo—, pero supongo que hoy en día no sólo los grandes beneficios de las empresas las orientan hacia esta vía, sino que también en tiempos de depresión económica esos departamentos de I+D forman parte de esas pocas áreas que no han sufrido recortes y que son inmunes a los mismos en el conjunto truncado o severamente recortado del capital de riesgo.

En cuanto a la cooperación silenciosa o vociferante, consciente o inadvertida, intencionada o por defecto, pero indudablemente masiva de los vigilados con el negocio de la vigilancia mientras este elabora sus «perfiles», no quiero atribuirlo sin más al «amor de ser visto». Es conocida la frase de Hegel que define la libertad como la necesidad aprendida y reconocida… La pasión por hacerse notar es la principal, y quizá el ejemplo más flagrante de esa regla hegeliana en nuestra época, en la que la versión actualizada y ajustada del cogito de Descartes es «Me ven (miran, notan, recuerdan) luego existo».

La llegada de internet puso al alcance de todo hijo de vecino una hazaña que antes requería escapadas nocturnas por parte de algunos artistas grafiteros entrenados y aventureros: hacer visible lo invisible, convertir lo ignorado y abandonado en flagrante e inesperado presente. En suma, convertir el existir en el mundo en tangible e irrefutable. O, recordando el diagnóstico realizado hace una docena de años por Dick Hebdige, del Centre for Contemporary Cultural Studies de Birmingham, internet ha sustituido el trabajo de intentar salir de la invisibilidad y del olvido, y de dejar de esta manera una huella en un mundo ciertamente extraño e inhóspito, sin tener que romper botellas o espinazos… Visto desde esta perspectiva, existir en el mundo con la ayuda de Facebook presenta ventajas sobre pintar graffitis, no requiere habilidades especiales y está libre de riesgos (la policía no te pisa los talones), es legal, está ampliamente reconocido, apreciado y respetado. El impulso es más o menos el mismo. Sólo son diferentes los medios para conseguirlo, que son mejores y proporcionan una mayor disponibilidad y un manejo más fácil. Y eso plantea si se ha convertido en diversión la rendición ante la necesidad…

Este impulso en cuestión, igual de imponente y arrollador, si no más, que en la era anterior a internet, surge de la extendida sensación de haber sido abandonado y descuidado, obligado a la invisibilidad en medio de un bazar de abigarradas y seductoras imágenes. Esa sensación genera sentimientos que, utilizando un reciente comentario de Le Monde, «oscila entre una rabia entumecida y una desesperación resentida». Creo que, en último término, ese impulso y esas sensaciones son los principales responsables del enorme e impresionante éxito de la actividad de «creación de perfiles elaborados por uno mismo».                

(Diálogo entre el sociólogo, filósofo y ensayista polaco-británico Zygmunt Bauman, y el sociólogo escocés David Lyon, Contrainformación, 25/09/21)

4/5/21

¿Qué hay detrás de la disputa entre Apple y Facebook?

 "Desde el lunes, las personas que tienen un iPhone comenzarán a ver mensajes emergentes en sus pantallas que les preguntarán si desean permitir que las empresas los sigan de una aplicación a otra.

Actualmente, Facebook y otras compañías similares rastrean la manera en que las personas usan sus celulares y recopilan información, como la frecuencia con la que abren su aplicación de yoga y lo que compran en Target. Luego, Facebook usa esa información para ayudar a las empresas a dirigir sus anuncios.

 Apple dice que quiere que las personas puedan elegir si participan en este sistema de recolección de información. Facebook dice que estos anuncios ayudan a hacer que internet sea gratis para todos. Estas dos compañías tienen visiones incompatibles del futuro de la vida digital y realmente no se caen bien, como detallaron mis colegas Mike Isaac y Jack Nicas.

Jack me habló sobre por qué deberíamos prestar atención a la lucha entre estos dos gigantes de la tecnología y cuál compañía tiene razón. Alerta de espóiler: ambos tienen un poco de razón y también son un poco desagradables.

 Shira: ¿Qué hace esta nueva función del iPhone y por qué Facebook está tan molesto con ella?

Jack: Con la última actualización del software del iPhone, las empresas y los anunciantes deben solicitar un permiso explícito —en forma de mensajes de “sí permitir” o “no permitir” que aparecen en la pantalla— para rastrear a las personas de una aplicación a otra.

Muchas empresas de aplicaciones, incluida Facebook, han pronosticado que un gran número de personas dirán que no. Y eso significa que las empresas que dependen de mostrar publicidad en línea a la gente tal vez tengan menos datos para ajustar los anuncios en función de nuestra actividad y nuestros intereses.

¿Por qué la gente debería preocuparse por esta larga disputa entre Apple y Facebook?

El vencedor podría decidir cómo será internet para el consumidor en el futuro. Apple opina que la gente debería pagar una prima, en la mayoría de los casos a la misma Apple, para tener una experiencia privada y segura en los espacios digitales. La posición de Facebook es que internet debe permanecer abierto y gratuito y que los anunciantes lo han hecho posible.

Entonces, ¿quién tiene razón, Apple o Facebook?

Las dos empresas tienen algo de razón, pero sus puntos también tienen cierta hipocresía.

Facebook tiene razón en que miles de millones de personas han podido acceder a redes sociales, correo electrónico, noticias y entretenimiento porque todo eso lo pagan los anuncios. El mensaje de la empresa es que este sistema necesita datos sobre nosotros para publicitar de manera tanto eficaz como eficiente.

Y Apple tiene razón cuando dice que la publicidad digital opera en gran medida sin el verdadero consentimiento o conocimiento de las personas.

El mensaje de Apple parece más sencillo

Es verdad. La opinión de Apple es que simplemente está otorgando a las personas la opción de ser rastreados a través de aplicaciones o no. El argumento de Facebook para el público es más complejo: es necesario realizar el rastreo para que internet funcione y la gente no sabe lo que es bueno para ella.

Espera, volvamos a la parte de la hipocresía

A Facebook le preocupa que sus propias ganancias se vean afectadas por la nueva función de Apple. Sin embargo, se ha centrado principalmente en hacer que las empresas más pequeñas que se anuncian en Facebook sean el rostro de su resistencia a la función de seguimiento de aplicaciones de Apple. Sí, las empresas más pequeñas podrían resultar perjudicadas, pero es justo preguntar si mi pizzería local necesita saber qué estoy haciendo en una aplicación de ejercicio para promocionarse de manera eficaz.

Y Apple no admitirá que lo que está haciendo es fenomenal para la empresa, no solo para los propietarios de iPhone. Poder decir que los iPhone son el lugar para la privacidad es un buen principio de mercadeo. Apple también dice que la publicidad digital dirigida es peligrosa, pero cada año recibe miles de millones de dólares de Google, la mayor empresa de publicidad dirigida.

¿Es posible que esta función de seguimiento de aplicaciones de iPhone no sea un gran problema?

Para ser honesto, sí. No es fácil predecir el impacto de este cambio en el iPhone o si las empresas lo contrarrestarán con diferentes métodos para la recopilación de información. Existe la posibilidad de que mucha gente diga no al seguimiento de aplicaciones cuando los iPhone ofrezcan la opción, pero la industria de la publicidad seguirá avanzando."              (

29/12/20

Las alternativas locales al monopolio de Amazon

 "¡Por una Navidad sin Amazon! Es el nombre de la campaña viral impulsada en Francia para reducir las compras en la multinacional y promover el comercio local. Al llamamiento global se ha unido la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que reivindica la importancia de potenciar los establecimientos de proximidad, tocados por la crisis de la covid-19. 

Colau recuerda que "las grandes plataformas no aportan ningún valor añadido a la ciudad ni tributan los impuestos que generan". De hecho, el PSC, que forma parte del gobierno municipal de la capital catalana, quiere impulsar la creación de una tasa Amazon, para gravar a las plataformas de comercio electrónico.

Esta situación se produce en un contexto en que más de la mitad de las pymes y los comercios de proximidad sufren dificultades económicas para seguir adelante por la crisis del coronavirus. Ante las críticas, el gigante norteamericano, con ocho centros y estaciones logísticas y de distribución en Catalunya, justifica su política empresarial, asegurando en un comunicado que "las ventas de las firmas catalanas superaron los 100 millones de euros en 2019 y además se genera empleo para ingenieros, desarrolladores de software, científicos de datos y expertos en aprendizaje automático y almacenamiento en la nube, además de un centro de soporte para pymes del sur de Europa".

 Amazon ha facturado más de 81.700 millones de euros en el tercer trimestre de este año, lo que supone un incremento del 37,4% en relación al mismo periodo de 2019. Más allá del debate sobre las prácticas y las políticas fiscales de la compañía, existe otro sobre las condiciones laborales de sus empleados. La semana pasada, CCOO Catalunya anunció que iniciaba acciones legales contra la multinacional por el supuesto espionaje a sindicalistas durante la huelga de centros logísticos y transportistas de octubre del año pasado en su centro del Prat de Llobregat. El sindicato considera que vulneró los derechos fundamentales de los trabajadores y se plantea presentar una demanda penal contra la multinacional y la agencia de detectives Castor & Polux.

La vida más allá de Amazon

Pese al escenario de monopolio y de denuncias, de la apuesta creciente por la compra digital derivada del confinamiento, unida a la necesidad de adquirir todos los productos en un mismo espacio, han surgido alternativas locales y sostenibles que, salvando las distancias, utilizan las mismas armas tecnológicas que el gigante del comercio online. Una de estas es La Zona, impulsada por la cooperativa de economía social catalana, Opcions. Su responsable de comunicación, Joana Ariet, enmarca la creación del proyecto en "la necesidad de prolongar los servicios de consumo responsable que proporcionamos en la cooperativa".

Ariet detalla que la covid-19 ha dibujado una nueva realidad, en la que se han acelerado fenómenos como la compra por internet, el consumo de datos y los usos digitales. En esta coyuntura, La Zona ha aprovechado para madurar su iniciativa con el objetivo de "favorecer el comercio local, ecológico y sostenible". Para lograrlo, la entidad se presentó a un concurso público, con el que recibirá 160.000 euros de la Generalitat de Catalunya y 40.000 del Ayuntamiento de Barcelona, a los que hay que sumar los 50.000 que aportan como cooperativa.

El proyecto de La Zona ha buscado aliados en otros actores de la economía social, como la agencia de comunicación Talaia, la Federació d’Ateneus de Catalunya (FAC), la plataforma de micromecenazgo de la economía social, Goteo, y la empresa repartidora de mensajería Koiki, caracterizada por su compromiso social y ambiental. Ariet toma como ejemplo esta última para destacar el modelo que representa La Zona. "Colaboramos con Koiki porque utiliza un transporte sostenible en la última milla, ocupan a personas con discapacidad en un Centro Especial de Trabajo y potencias los puntos de recogida en detrimento de las entregas a domicilio".

 La filosofía del consumo responsable

En la línea de promover otro tipo de actitud ante el consumismo, Ariet revela que "reivindicaremos acciones que no se basarán en las rebajas o en el comprar por comprar, sino que potenciaremos fórmulas como el préstamo o el alquiler de productos". Para seleccionar los establecimientos que formarán parte de La Zona, desde la cooperativa Opcions se están llevando a cabo tareas de prospección para comprobar que estos cumplen una serie de criterios económicos, sociales o ambientales. Ariet comenta que, por el momento, se excluyen los productos alimentarios de la plataforma, pero se ofrecerán de otro tipo, incluyendo servicios y suministros básicos.

La Zona, que iniciará el periodo de pruebas de la plataforma a principios de 2021, tiene previsto ofrecer sus productos a partir de junio del año que viene. "Buscamos visualizar la filosofía del consumo responsable y que el comprador conozca a los productores que fabrican los artículos que adquieren". A la vez, la plataforma supone "una oportunidad para los pequeños comercios que no disponen de recursos para vender por internet".

En el mismo año 2021, pero durante el primer trimestre, se pondrá en marcha Amazcat, que se podría considerar el Amazon catalán. En este caso, el proyecto nace de nueve socios de una empresa privada, que ya ha firmado acuerdos con productores, tiendas y empresas de servicios. "Es una plataforma en la que comprará cualquier persona y en la que habrá una serie de socios premium, que recibirán determinados descuentos y no pagarán el coste del transporte". Así lo explica Andreu Mas, uno de los socios fundadores.

 Un centro comercial virtual

El criterio de proximidad y una oferta de servicios, como los seguros y los suministros de luz, agua y gas, son algunos de los aspectos que caracterizan a Amazcat. Andreu Mas precisa que los comercios, productores o tiendas que lo deseen podrán promocionar su web en la plataforma. "No solo potenciaremos a los productores locales, sino también a los establecimientos". La iniciativa se define como la tienda online de Catalunya o un centro comercial virtual.

En el momento de salir al mercado, Amazcat espera contar con 400.000 usuarios y un millar de productores, tiendas y empresas. Mas afirma que "es necesario crear una alternativa a Amazon, pero teniendo en cuenta la experiencia del usuario, de forma que pueda encontrar en un mismo espacio todo lo que quiera comprar". Los productos tienen un alcance por todo el territorio catalán, pero también garantizan la distribución al Estado español.

La aceleración del comercio digital ha favorecido la irrupción de estas plataformas de comercio local y con valores sociales, que ponen el foco en las pymes, las más afectadas por las consecuencias de la pandemia y las que más notan el impacto de Amazon. Sus impulsores comentan que, al empatizar con estas, entienden su problemática. Ahora, el reto pendiente es conquistar al cliente no habitual de estos servicios a través criterios como la sostenibilidad, las condiciones laborales o el fomento de un consumo responsable."                   (David Rodríguez, Público, 21/12/20)

18/9/20

El artista ha muerto.... “Soy como un trabajador del automóvil o del acero: mi industria se ha vuelto arcaica”. La música es un sector cuyo viejo modelo está desapareciendo, y el nuevo se ha llevado por delante las condiciones de subsistencia de los artistas... en 2018, las obras de 20 personas supusieron el 64% de las ventas totales de artistas vivos. Fuera de ese núcleo reducidísimo, apenas queda nada para repartir... de los más de seis millones de libros disponibles en Kindle, el 68% vende menos de dos copias al mes; y sólo hay dos mil de ellos que ingresan 25.000 $ anuales... La cultura sigue ahí y continúa generando beneficios, la cuestión es para quién... lo que se ha producido es la devaluación del precio de la mano de obra, aun cuando las obras continúen costando lo mismo o más... Crear es cada vez más cosa de ricos

 "El libro cultural más importante de este año es ‘The death of the artist’, de William Deresiewicz. No traza nuevos caminos formales, no promueve el nacimiento de una nueva corriente creativa, no señala sendas artísticas que deberían explorarse. 

Su punto de partida es mucho más inmediato: expone las condiciones de vida de la gran mayoría de la gente que se dedica a la práctica artística, en sus múltiples vertientes. Y llega a una conclusión que es muy de la cultura, siempre aficionada a términos grandilocuentes: la literatura ha muerto, la pintura ha muerto, el rock ha muerto, ese tipo de afirmación. Sólo que, en este caso, no se trata de llamar la atención, sino de constatar una realidad: el artista ha muerto.

Una conversación, recogida en el texto, entre Deresiewicz y Kim Deal, miembro de Pixies y The Breeders, nos da una pista sobre las contradicciones contemporáneas. Deal se crió en Dayton (Ohio), y continúa viviendo allí cuando ya ha alcanzado la cincuentena. Su paisaje vital es el del medio Oeste industrial, ese que amplió su prosperidad gracias a las fábricas. 

Deal se identifica con ese horizonte, también porque su experiencia profesional es muy similar:“Soy como un trabajador del automóvil o del acero: mi industria se ha vuelto arcaica”. La música, como casi todo lo relacionado con la segunda mitad del siglo XX, es un sector cuyo viejo modelo está desapareciendo, y el nuevo se ha llevado por delante las condiciones de subsistencia de quienes formaban parte de él.

'Eppur si muove'

Sin embargo, como bien puntualiza Deresiewicz, no estamos hablando de la minería del carbón o de las lámparas de gas. La cultura está excepcionalmente viva, y la pandemia lo ha subrayado: la gente dedica una parte no despreciable de su tiempo a leer novelas, ver series, conciertos o películas, escuchar música y tantas otras experiencias ligadas con la creación. De modo que si hay algo que se ha ido, no ha sido la industria cultural. Quizá deberíamos mirar en otro lugar para entender qué está ocurriendo.

Tengamos en cuenta que el libro de Deresiewicz expone el caso de EEUU, que es un país culturalmente privilegiado por la difusión global de sus creaciones: es mucho más sencillo que un músico, novelista, pintor o cineasta estadounidense vea sus obras publicadas en cualquier otro país que al revés, lo que tiene una enorme importancia a la hora de generar ingresos, ya que incluso las obras minoritarias pueden resultar muy rentables gracias a su difusión por todo el mundo. Sin embargo, incluso en ese ámbito privilegiado, las cifras son crueles.

 Algunos ejemplos. Del 1% de los creadores de las artes visuales que más ingresan por sus obras, el último de ellos genera 13.000 dólares anuales, lo que subraya claramente el nivel de pobreza del 99% restante. El mercado del arte está concentrado: en 2018, las obras de 20 personas supusieron el 64% de las ventas totales de artistas vivos. Fuera de ese núcleo reducidísimo, apenas queda nada para repartir.

Dos ejemplares al mes

Las cosas no mejoran en otros sectores. Más cifras recogidas por Deresiewicz: de los más de seis millones de libros disponibles en Kindle, el 68% vende menos de dos copias al mes; la gran mayoría de los libros son autoeditados, y sólo hay dos mil de ellos que generen ingresos equivalentes o superiores a 25.000 $ anuales. Y así sucesivamente: sólo el 3% de las personas que dirigen una película de bajo presupuesto vuelve a dirigir en un par de ocasiones más.

 En Spotify hay dos millones de artistas, y el 4% de ellos concentra más del 95% de las reproducciones; hay un 20% que no ha sido escuchado ni una sola vez.

 En cuanto a los ingresos, los pagos en esas plataformas varían dependiendo de diversos factores. Deresiewicz asegura que las tarifas se mantienen en secreto, pero que estimaciones muy aproximadas en marzo de 2018 eran las siguientes: Apple Music pagaba 0,74 centavos de dólar por reproducción; Spotify, 0,44 centavos; Pandora, 0,13 centavos; YouTube, 0.07 centavos. Pero eso sólo son promedios, porque la práctica real varía mucho. 

La violinista Zoë Keating ingresó 2400 $ por 1,44 millones de escuchas, lo que entra en la tasa promedio. Pero el rapero Sammus recibió 6.35 $ de Spotify por 14.000 reproducciones, menos de 0.05 centavos por cada una de ellas; y Rosanne Cash ganó 104 $ por 600.000 reproducciones, a 0.017 centavos por reproducción. Y esas diferencias, apunta Deresiewicz, se dan entre aquellos que cobran algo, lo que no siempre ocurre.

Marc Ribot, un excelente guitarrista que, además de su carrera en solitario, ha trabajado con Tom Waits, Elton John, McCoy Tyner o Elvis Costello, subraya el cambio que ha vivido el sector: con su banda Ceramic Dog ganó 187 $ en Spotify haciendo un tipo de música minoritaria que antes le generaba entre 4.000 y 9.000 dólares por la venta de cds. Hubo tiempos mejores, y esa conciencia permanece clara en la mente de los creadores, que ven cómo sus ingresos han disminuido sin lo que haya hecho su aceptación. Y este es el centro del asunto.

El abaratamiento del creador

 La cultura sigue ahí y continúa generando beneficios, la cuestión es para quién. La afirmación de Kim Deal sobre lo obsoleto de su trabajo no acierta a describir lo que sucede, porque los coches siguen fabricándose, pero en lugares donde la obra es mucho más barata. La gente no dejó de comprar coches de repente y las fábricas siguieron existiendo; lo que se produjo fue su desplazamiento para reducir costes

A la cultura le ocurre algo similar, sólo que no se han llevado nada a China: han abaratado enormemente la producción, hasta el punto de que la gran mayoría de los autores asume el coste de su obra y lo cuelga en las plataformas esperando generar algún ingreso. Los que no, aquellos que tienen la teórica suerte de contar con firmas que ponen su obra en el mercado, aceptan condiciones a la baja ante la imposibilidad de competir en un entorno saturado.

En este punto suelen confundirse los conceptos con la realidad. Se discute sobre si el soporte digital es mejor que el físico, sobre la comodidad de poder ver las películas en casa, sobre si tener los libros en un ebook es mejor que ne la estantería o sobre los beneficios de ver los conciertos de tu grupo preferido en el sofá; o sobre lo mala que era la industria discográfica, o la editorial, o la cinematográfica, de décadas anteriores, y se tacha a quienes la recuerdan de nostálgicos que todavía no se adaptado. Pero todo eso es palabrería, porque lo que se ha producido es la devaluación del precio de la mano de obra, aun cuando las obras continúen costando lo mismo o más. Dicho de otra manera, lo que está en juego son las condiciones de reparto de los beneficios, no el soporte o su modernidad.

El auge del aficionado

En esa situación de abaratamiento radical de la mano de obra, la primera consecuencia es la muerte del artista, ya que no existen las condiciones de reproducción necesarias para que puedan desarrollar su trabajo. El entorno malthusiano, de sobrepoblación cultural, que generan los nuevos canalizadores de la cultura, empobrece masivamente al sector, lo que facilita pagar precios mucho menores. El artista no sólo aporta su conocimiento, su talento y su esfuerzo sino que añade a menudo los medios de producción; a cambio, apenas consigue retribución por su trabajo, salvo casos muy esporádicos. 

La cultura no era una cuestión de cara o cruz, sino que incluía una clase media relevante, personas que, de distintas maneras, podían vivir de su actividad. Los nuevos modelos de negocio convierten a la gran mayoría de los creadores en simples aficionados que producen prácticamente gratis para que los canales de distribución ganen cada vez más dinero, o que aceptan trabajar para las empresas físicas del sector sin apenas cobrar o, en los mejores casos, con ingresos menguantes.

La cultura se ha convertido en la actividad secundaria de personas que se ganan la vida con otros empleos, y el libro de Deresiewicz constata hasta qué punto es así. Crea en sus ratos libres, los que otros dedican a montar en bicicleta o en tomar unas cañas en las terrazas, mientras espera que alguna vez la suerte le sonría y pueda encontrar algo que le saque de la pobreza o que le dé cierta estabilidad. 

Las condiciones de subsistencia de las personas que se dedican mayoritariamente a la creación son paupérrimas, y por eso sólo personas sin hijos suelen dedicarse a ello. O, por supuesto, quienes tienen recursos familiares que les permiten vivir de las rentas. Crear es cada vez más cosa de ricos, ya que no sólo tienen el dinero, también los contactos que permiten que las carreras profesionales sean más exitosas.

La cultura española

Fruto de esta situación, las obras suelen ser cualitativamente pobres, porque se carece de las condiciones (tiempo, dinero y consejo) que ayudarían a potenciar lo que que contienen. Al mismo tiempo, en un entorno de gran saturación, es muy difícil que incluso las obras formalmente logradas destaquen: la cantidad de material producido vuelve muy complicado que alcance al público potencialmente interesado.

Este escenario era el previo a la pandemia, y el coronavirus no ha hecho más que empeorarlo. Muchos sectores de la cultura española, en particular aquellos que todavía generan ingresos, se están quejando de la falta de apoyo institucional y del desinterés del ministro por apoyar a un ámbito que es claramente rentable. Pero hay que entender el propósito de fondo. 

No se trata únicamente de que el Gobierno tenga poco dinero para todo, lo cual es cierto, sino de que ve con buenos ojos esta transformación hacia lo digital que el virus ha acelerado. Igual que en otros sectores de la economía las empresas “tradicionales”, las no digitales, están perdiendo la confianza del mercado, se entiende que la cultura debe ser más eficiente, que está en proceso de transformación y que lo deseable es que dé el salto hacia la nueva época: la parte “presencial” del sector tendrá que adaptarse o salir del juego.

Las implicaciones sociales, económicas y políticas de este giro en la cultura son mucho mayores de lo que suele pensarse. Pero de ellas hablaremos otro día; baste hoy con constatar que ese mundo que parece caerse es todo lo contrario: es vibrante y floreciente, lo que ocurre es que quienes crean, aquellos sin los cuales nada sería posible, (los artistas, pero también quienes los rodean y ayudan, incluida una parte no menor de técnicos) son los que están desapareciendo. El sector se ha convertido en fabricación de mercancía ‘low cost’ para el contenedor, y sus productores en ‘low cost’ ellos mismos."                 (Esteban Hernández, El Confidencial, 6/09/20)