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18/1/23

Las causas de la crisis alimentaria más allá de la guerra en Ucrania... la causa la responsabilidad de las cuatro transnacionales que concentran el negocio de granos a nivel mundial (Archer Daniels Midland, Bunge, Cargill y Louis Dreyfus) en el marcaje de los precios internacionales de los granos... la actual crisis de precios de alimentos no comenzó con la guerra en Ucrania y que es resultado de un conjunto más amplio de factores. Entre ellos, la pandemia del Covid-19 (con su consecuente y aún persistente interrupción en las cadenas de suministro a nivel internacional), la crisis climática y la especulación en los mercados financieros... Estudios convincentes de la misma FAO muestran que el alza de los precios de los alimentos está desvinculada tanto de su producción como del abastecimiento. ¿Entonces, por qué suben los precios? En parte, porque los grandes inversionistas –sean bancos, fondos de pensiones o simplemente particulares–, están comprando obligaciones y acciones ligados a materias primas, y los cereales se encuentran en el centro mismo de la especulación bursátil

 "(...) El hambre, drama inhumano

En 2019, según cifras de Naciones Unidas (ONU), 135 millones de personas sufrieron de “inseguridad alimentaria severa”, forma retórica para denominar el drama humano del hambre. Tres años después, a inicios de 2022, esta cifra se había más que duplicado: 298 millones de personas padecen ese flagelo social. Diferentes organizaciones internacionales calculan que el número de personas con hambre podría superar los 345 millones, en 82 países, a fines de 2022. 

Gian Carlo Cirri, Director adjunto del Programa Mundial de Alimentos (PMA), con sede en Ginebra, Suiza, presentó este cuadro dramático hace apenas unas semanas, durante una conferencia-debate en línea organizada por la ONG helvética SWISSAID.

Dicha ONG recuerda que, desde el comienzo de la guerra y la consiguiente interrupción de las cadenas de suministro mundiales, el acceso a los alimentos básicos se ha vuelto extremadamente complicado en varias regiones del mundo, especialmente para numerosas poblaciones del Sur.

Cinco países producen el 78% de las exportaciones de cereales. Rusia y Ucrania, controlan el 30% de las exportaciones de trigo. “Desde la guerra, los precios se han disparado, los productos desaparecen de las estanterías [en ciertos países] y las carteras están desesperadamente vacías. Pero la situación ya era tensa antes”, recuerda SWISSAID. Por su parte, el portavoz del PMA, introduce una interpretación más global de la crisis alimentaria actual y recuerda que hay cuatro causas fundamentales, las “4 Cs”, como las denomina Cirri: conflicto, clima, COVID y costos. Según su opinión, se trata de una situación sin precedentes y que no se puede reducir a un solo factor.

Alimentos no faltan, pero con precios especulativos

Durante las últimas semanas se han publicado nuevos datos y análisis que permiten comprender mejor la realidad alimentaria mundial, señala en un documento de julio la ONG Grain (“Grano”, en francés). Esta organización apoya a pequeños y medianos productores rurales y a movimientos sociales campesinos (https://grain.org/es/article/6865-de-crisis-alimentaria-en-crisis-alimentaria).

Desmitificando la lectura casi generalizada y lineal que identifica la hambruna actual únicamente con el conflicto en Europa Oriental, Grain afirma que “enfrentamos una crisis de precios, no una escasez de alimentos”.

Con los costos en aumento de la energía, y en parte debido a ello, los precios de los alimentos han estado subiendo a nivel mundial, afectando sobre todo a los sectores más pobres y vulnerables. Grain sostiene que, en realidad, no hay escasez de alimentos, y que algunos países, como China o India, disponen de grandes reservas, resultado de sus estrategias de seguridad alimentaria promovidas desde hace años.

Según Grain, adicionalmente, se verifica una distorsión absoluta de precios y abastecimiento, consecuencia de los sistemas alimentarios cada vez más industrializados y especializados, que generan sobreproducción y enormes desperdicios. Los ejemplos abundan: un 60% de la producción europea de trigo se usa para el ganado, mientras que un 40% del maíz cultivado en Estados Unidos se destina al combustible automotor. El 80% de la cosecha mundial de soya se transforma en alimento para animales, mientras que el 23% del aceite de palma mundial se transforma en gasolina tipo diésel.

Desde una perspectiva global, insiste Grain, no es que falte producción de granos, sino que los precios han aumentado desmedidamente y además existen problemas de mano de obra y distribución. Por otra parte, denuncia, “grupos de presión han instrumentado la crisis y, con el argumento de que es necesario producir más alimentos, buscan dar marcha atrás a determinadas reformas políticas en materia alimentaria y a otros objetivos relacionados con el cambio climático”.

La nueva estrategia “Farm to Fork” (“De la granja al tenedor”), de la Unión Europea, cuyo objetivo consiste en ajustar las prácticas agrícolas a criterios de sostenibilidad, es hoy blanco de cuestionamientos y presiones. En numerosos países surgen propuestas para eliminar las metas de producción de biocombustibles que se habían impuesto para reducir las emisiones climáticas. Muchos programas europeos tendientes a eliminar definitivamente la energía nuclear o la de origen fósil pasan rápidamente al basurero con el argumento de que la crisis del aprovisionamiento del gas y los combustibles rusos así lo exigen. La Unión Europea acaba de proponer planes para una reducción del 15% de los combustibles durante el próximo invierno continental (diciembre 2022 a marzo 2023). En este contexto, el combate por la defensa del clima y de reducción de ese tipo de energías queda relegado a un segundo plano debido a la preocupación creciente del ciudadano europeo por los “sacrificios” que podría confrontar en el ámbito de la electricidad.

En cuanto a las causas mismas de la crisis alimentaria, Grain insiste en que son estructurales y que van más allá de la guerra en Ucrania. Y advierte sobre la responsabilidad de las cuatro transnacionales que concentran el negocio de granos a nivel mundial (Archer Daniels Midland, Bunge, Cargill y Louis Dreyfus) en el marcaje de los precios internacionales de los granos.

Si bien es cierto que parte de este sector se ha visto afectado por la guerra, es en países con conflictos internos propios, como Afganistán, Yemen, Siria, Eritrea, Somalia y la República Democrática del Congo, donde se concentra el mayor aumento del hambre. Realidad que no tiene ninguna relación con la situación en Ucrania, señala esta ONG, la cual hace propia las palabras del dirigente campesino Ibrahima Coulibaly de Malí: “Dejen de difundir noticias falsas: África no necesita el trigo de Ucrania”. Dicha reacción de parte de Coulibaly, se debe a la utilización de la guerra como excusa para impulsar lo que él denomina “imperialismo agrícola occidental”, al cual responsabiliza por “la destrucción de bosques, tierras de cultivo y la diversidad alimentaria en todo el Sur global”.

Un sistema que juega con la comida de los necesitados

Los datos disponibles muestran que la actual crisis de precios de alimentos no comenzó con la guerra en Ucrania y que es resultado de un conjunto más amplio de factores. Entre ellos, la pandemia del Covid-19 (con su consecuente y aún persistente interrupción en las cadenas de suministro a nivel internacional), la crisis climática y la especulación en los mercados financieros.

 Estudios convincentes de la misma FAO muestran que el alza de los precios de los alimentos está desvinculada tanto de su producción como del abastecimiento. ¿Entonces, por qué suben los precios? En parte, porque los grandes inversionistas –sean bancos, fondos de pensiones o simplemente particulares–, están comprando obligaciones y acciones ligados a materias primas. Apuestan a precios futuros de determinadas materias primas, pero con efectos reales sobre su precio mundial actual. Los cereales, por supuesto, se encuentran en el centro mismo de la especulación bursátil.

En un reciente artículo publicado por Greenpeace México con el título de “¿Quién se beneficia con el hambre?”, su autor responde que “estas empresas, que afirman ser ángeles de la seguridad alimentaria y energética, siembran las semillas de la pobreza, el hambre, las enfermedades, el colapso climático, la destrucción de la biodiversidad y el sufrimiento de los pueblos indígenas y las comunidades locales”.

Y concluye que los comerciantes de cereales están obteniendo enormes ganancias debido al aumento de los precios de las materias primas. Al igual que las empresas de combustibles fósiles, con ganancias récord a medida que se dispara el costo de vida. Estas son las empresas que se benefician de la hambruna al especular con los precios de los productos básicos. Las grandes corporaciones del petróleo, así como sus primas, las grandes empresas agrícolas, cuentan con fuertes grupos de presión para oponerse a cualquier forma de regulación ya que no están realmente interesadas ​​en arreglar un sistema que no funciona. De hecho, hacen justo lo contrario, y no sólo a través de sus poderosos grupos de presión, sino también de la captura corporativa del Estado y otras instituciones multilaterales. (https://www.greenpeace.org/mexico/blog/51212/se-aprovechan-del-hambre-vs-alimentos-sostenibles/).

Movimientos sociales por el fin de la guerra y la especulación

La Vía Campesina, principal organización de los movimientos rurales a nivel internacional, no subestima el impacto de la guerra Rusia-Ucrania (ni de otros conflictos mundiales actuales) en la crisis alimentaria actual. Sin embargo, en uno de sus últimos pronunciamientos coincide también en que “actualmente, la crisis no está ligada a la escasez de alimentos a nivel mundial, sino a la especulación con los precios” (https://viacampesina.org/es/la-via-campesina-alto-a-la-crisis-alimentaria-soberania-alimentaria-ya/)

Los países que ahora dependen de la importación de alimentos, ya no pueden pagar los precios altísimos de los cereales en los mercados internacionales.

La Vía Campesina reitera que la agricultura en el mundo produce lo suficiente como para soportar un periodo más largo de crisis. El problema, según esta organización, no es la falta de alimentos, sino el hecho de que las grandes empresas capitalistas que dominan el mercado financiero y de distribución mundial han transformado el comercio de alimentos y productos agrícolas en un mercado altamente especulativo. La mayoría de los productos básicos negociados internacionalmente, ahora están sujetos a contratos a futuro, los cuales pueden comprarse y venderse en el mercado de valores varios cientos de veces al día. De ahí, que el precio final de estos productos para los países que los necesitan desesperadamente no tenga ninguna relación con los verdaderos costos de producción ni con la capacidad de compra e importación de dichos países.

Con esta lectura de la realidad, la organización campesina más representativa del planeta –con 200.000.000 de miembros en más de 80 países– llama a “la defensa intransigente de la vida y la paz”. Convoca a la “defensa de la soberanía de los pueblos o naciones contra la guerra y contra la destrucción de sus estructuras sociales”. Y al mismo tiempo, propone que se ponga “fin a la especulación con los productos alimenticios y la suspensión de la cotización de los mismos en las bolsas de valores”. Deben prohibirse los contratos futuros sobre productos agrícolas, agrega. Y concluye que el precio de los alimentos comercializados internacionalmente debe guardar relación con los costos de producción y seguir el camino del comercio justo, tanto para los productores como para los consumidores."           (Sergio Ferrari  , Rebelión, 23/08/2022)

7/9/22

La crisis alimentaria internacional y propuestas para superarla

 "Contrariamente a una idea ampliamente difundida en 2022, la crisis alimentaria mundial comenzó antes de la invasión rusa a Ucrania y al aumento de los precios debido a la especulación. A escala planetaria, entre 2014 y 2021, el número de personas que sufrían inseguridad alimentaria grave aumentó en más de 350 millones, pasando de 565 millones a 924 millones. Este aumento fue particularmente fuerte entre 2019 y 2021, afectando a un poco más de 200 millones de personas. En 2021, cerca de 2.300 millones de personas, o sea el 29,3 % de la población mundial, estaban en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave [1]. En 2022, todos los indicadores están en rojo e incluso el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reunió el 17 de mayo de 2022 para debatir sobre cómo hacer frente a la crisis alimentaria que podría provocar revueltas populares.

 ¿Cómo podemos explicar que en el siglo XXI continuemos confrontados con el hambre?

Es el resultado del modelo de agrobusiness que solamente busca la realización de inmensos beneficios y no le preocupa la alimentación de la población. Y esta situación es mucho más flagrante en los países del Sur Global donde los programas de ajuste estructural del FMI y el Banco Mundial alentaron la agricultura intensiva de exportación según criterios competitivos y de rentabilidad en el mercado mundial [2] , y marginalizaron el sector de producción hortícola y la agricultura campesina que, sin embargo, suministra el 70 % de la producción de alimentos mundial. Los alimentos son transformados en mercadería sometida a la especulación en el mercado mundial, donde un grupo de grandes multinacionales fijan los precios.

 Esas grandes empresas del agrobusiness se benefician de subvenciones públicas, acaparan cada vez más tierras para extender el cultivo de agrocombustibles, recursos de agua para cultivos híper consumidores, destruyen las semillas naturales en provecho de híbridas y OGM, generalizan la utilización de abonos químicos y de pesticidas. Ese modelo de producción aumenta considerablemente la vulnerabilidad de los cultivos frente a factores externos y contribuye enormemente al cambio climático y a las sequías que afectan la agricultura de secano y agotan las napas freáticas. Y todo esto está directamente ligado al sistema capitalista mundial y a su crisis multiforme de las que la crisis alimentaria es una de sus manifestaciones.

 ¿Cuál es la amplitud de la crisis en el ámbito humanitario?

Según un criterio más amplio que fue elaborado por la FAO y otros organismos de la ONU, el 30 % de la población mundial sufre de manera moderada de inseguridad alimentaria.

Si nos concentramos en el continente africano, siempre según la FAO, cerca del 60 % de la población está afectada por la inseguridad alimentaria moderada y el 20 % por la inseguridad alimentaria grave. Estas cifras podrían aumentar mucho con la inestabilidad climática.

En 2020, «se estima que 45 millones de niños y niñas de menos de 5 años sufren emaciación, la forma más mortífera de la malnutrición, que puede multiplicar por 12 el riesgo de muerte en temprana edad. Además, 149 millones de niños y niñas de menos de 5 años presentan un retardo de crecimiento y de desarrollo debido a una carencia crónica de nutrientes esenciales en su alimentación.» [3] El 45 % de las muertes de niños y niñas de menos de 5 años es debido a la malnutrición, y eso representa 3,1 millones de niñas y niños.

«En 2021, la diferencia entre mujeres y hombres en cuanto la inseguridad alimentaria se acentuó todavía más: 31,9 % de mujeres en el mundo estaban en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave frente al 27,6 % de hombres. Esta diferencia muestra un aumento de más del 4 % frente al 3 % correspondiente a 2020». [4]

Según un comunicado de prensa de la UNICEF del 23 de junio de 2022: Cada minuto, un niño sufre malnutrición grave en 15 países afectados por la crisis mundial del hambre: «Casi 8 millones de niños menores de 5 años en 15 países afectados por la crisis del hambre corren el riesgo de morir a causa de emaciación grave a menos que reciban alimentos y atención terapéutica inmediata, y la cifra aumenta cada minuto, advirtió hoy UNICEF con motivo de los preparativos para la reunión de líderes mundiales en la cumbre del G7.»

Desde principios de año, la creciente crisis alimentaria mundial ha provocado que 260.000 niños más –o un niño cada 60 segundos– sufran emaciación grave en los 15 países más afectados por la crisis, entre ellos en el Cuerno de África y el Sahel Central.» UNICEF agrega: « Mientras tanto, el precio de los alimentos terapéuticos listos para usar, que se utilizan para tratar la emaciación grave, se ha disparado en un 16% en las últimas semanas debido a un fuerte aumento del coste de las materias primas, lo que deja a otros 600.000 niños en peligro de morir sin no reciben acceso a un tratamiento que pueda salvarles la vida.»

Estructuralmente y de manera paradójica, una mayoría de personas víctimas del hambre pertenecen a la población rural. La mayor parte son familias de productores rurales que no poseen la tierra en propiedad o no tienen suficiente tierra, ni medios para valorizarla.
Tienen que vender una gran parte de sus productos agrícolas en el mercado, en particular para poder pagar sus deudas, quedando la familia con escasez de alimentos. Por supuesto, también hay una población urbana muy empobrecida.

Algunas definiciones dadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la UNICEF:

Inseguridad alimentaria moderada: nivel de la gravedad de la inseguridad alimentaria que se caracteriza por el hecho de que las personas afectadas no tienen seguridad en poder procurase alimentos y se han visto obligadas, en un momento o en otro durante el año, a reducir la calidad y/o la cantidad de alimentos consumidos debido a la falta de dinero o de otros recursos. La inseguridad alimentaria moderada hace referencia por lo tanto a una falta de regularidad en el acceso a los alimentos, lo que disminuye la calidad de la alimentación y perturba los hábitos alimentarios normales. Para su cálculo se utiliza la escala de experiencia de inseguridad alimentaria (FIES-Food Insecurity Experience Scale).
Inseguridad alimentaria grave: nivel de gravedad de la inseguridad alimentaria que se caracteriza por el hecho de que, en un momento dado del año, las personas afectadas agotan sus reservas de alimentos, sufren hambre y, en un grado más grave, quedan uno o varios días sin comer. Se utiliza el mismo sistema de cálculo que para la moderada.
Subalimentación (hambre crónica): Situación en la que una persona tiene un consumo alimentario habitual inferior al necesario para suministrar el aporte energético necesario para llevar una vida normal, activa y sana. La prevalencia de la subalimentación se utiliza para medir el hambre.
Emaciación: La emaciación constituye una forma mortal de malnutrición que enflaquece y debilita a los niños y niñas y los expone a un gran riesgo de morir, así como a problemas de crecimiento, de desarrollo y de aprendizaje.
En 2022, más de 45 millones de niños y niñas menores de cinco años sufren emaciación.
Emaciación severa: Se caracteriza por una delgadez extrema del niño/niña en relación a su altura, debido a debilitamiento del sistema inmunitario. La emaciación severa es la forma de malnutrición más inmediata, más visible y más mortal.
En 2022, más de 13 millones de niños y niñas de menos de 5 años son víctimas de emaciación severa.
 

Citado por el diario Le Monde (Sous-alimentation: près d’une personne sur dix souffre de la faim dans le monde, un chiffre en forte hausse depuis deux ans), Émile Frison, miembro del panel internacional de expertos sobre los sistemas alimentarios durables (IPES-food), declaraba: « No es necesario que nos engañemos diciéndonos que asistimos a una crisis alimentaria debido únicamente a la Covid y a la guerra en Ucrania, y que si esos problemas se solventan, todo se arreglará». Mathilde Gérard, periodista de Le Monde agrega: «En realidad, esos dos mayores acontecimientos internacionales exacerbaron las dificultades estructurales precedentes» (Fuente: Mathilde Gérard, « Sous-alimentation: près d’une personne sur dix souffre de la faim dans le monde, un chiffre en forte hausse depuis deux ans », Le Monde, 6 de julio de 2022) [5].

 La crisis alimentaria mundial no está provocada por una reducción de la producción de cereales o de otros alimentos

La crisis alimentaria mundial no está provocada por una penuria mundial de producción de alimentos. En efecto, la producción alimentaria mundial aumenta más rápidamente que el crecimiento demográfico desde hace más de medio siglo. En 2021, la cosecha de cereales superó un récord histórico. Pero es importante remarcar que una parte creciente de los alimentos no se dedica a la alimentación humana.

 Los gobiernos del Norte promueven la producción de agrocombustibles, llamados erróneamente biocombustibles con el fin de crear una reacción positiva en la opinión pública. En un artículo de abril de 2022, Jean-François Collin, alto funcionario y exconsejero en el ministerio de Agricultura en Francia pone en evidencia «el considerable aumento de los usos industriales de la producción mundial de cereales (…), especialmente en la producción de etanol: 30% de aumento de la producción mundial de los últimos cincuenta años fueron dedicados al desarrollo de los usos industriales de los cereales. Esto concierne principalmente al maíz y también al trigo. (…) cerca de 200 millones de toneladas de maíz estadounidense son transformadas cada año en etanol, que se incorpora al combustible de los vehículos con motor de gasolina. 10% de los cereales producidos en el mundo ahora se utilizan como combustible. Se podría agregar las superficies dedicadas a otros vegetales como la colza, la soja o la palma (aceite de palma) con los cuales se puede producir un diester también utilizado como combustible. Y son superficies que no se dedican a la producción de trigo o de arroz que pueden alimentar directamente a los humanos.»

También es importante señalar que más de un tercio de la producción mundial de cereales, el 35% según Collin, se destina a la alimentación del ganado.

Un grupo de sociedades transnacionales controlan ampliamente el mercado de cereales, formando un oligopolio, y aumentan permanentemente sus beneficios y su fortuna a costa de la población mundial. A escala planetaria, cuatro sociedades, de las cuales tres son estadounidenses y una es francesa, controlan el 70 % del mercado internacional de cereales. Tienen un papel fundamental en la fijación de los precios y del aprovisionamiento. Las cuatro son: Archer Daniels Midland, De Bunge, Cargill y Louis Dreyfus, a menudo designadas con la sigla ABCD.

Tomemos el caso de Cargill, veamos que dice Oxfam internacional sobre esta compañía en un reciente informe: « Cargill es un gigante mundial del agroalimentario y una de las más grandes sociedades privadas del mundo. En 2017, se la ha catalogado entre las cuatro empresas que controlan en conjunto el 70 % del mercado de los productos de base agrícola. El 87 % de la propiedad de la empresa pertenece a la undécima familia más rica del mundo. La riqueza acumulada por los miembros de esta familia, que figuran en la lista de milmillonarios de Forbes es de 42.900 millones de dólares, y su fortuna aumentó en 14.400 millones de dólares (un 65%) desde 2020, aumentando a un ritmo de 20 millones por día durante la pandemia. Ese aumento fue debido al aumento de precios de los productos alimentarios, principalmente los cereales. Por otra parte, cuatro otros miembros de la gran familia Cargill figuran, desde hace poco, en la lista de las 500 personas más ricas del mundo. En 2021, la sociedad registró ingresos netos de 5.000 millones de dólares, realizando uno de los más grandes beneficios de su historia. El año precedente, pagó dividendos por 1.130 millones de dólares, cuya mayor parte estaba destinada a miembros de su familia. La sociedad debería, nuevamente, obtener beneficios récords en 2022, lo que engrosaría la ya colosal fortuna de la familia.»

Oxfam agrega: «Según Bloomberg, Cargill no es la única empresa que realiza beneficios importantes aprovechándose de las penurias alimentarias y de la volatilidad de los mercados. Una de las competidoras de Cargill, la sociedad de comercio agrícola Louis Dreyfus Co. declaró en marzo haber realizado un 82 % más de beneficios que el año anterior, en gran parte gracias a las fluctuaciones de los precios de los cereales y a los fuertes márgenes con los granos oleaginosos» (Fuente: Oxfam, «QUAND LA SOUFFRANCE RAPPORTE GROS» «Face à l’explosion de la fortune des milliardaires et alors que le coût de la vie grimpe en flèche, il est urgent de taxer les plus riches », [Cuando el sufrimiento trae la riqueza. Frente a la explosión de las fortunas de los milmillonarios y mientras el coste de la vida sube vertiginosamente, es urgente poner impuestos especiales a los más ricos», publicado el 23 de mayo de 2022. https://www.oxfamfrance.org/wp-content/uploads/2022/05/Final-Davos-Media-Brief-12.5.22_FR-final.pdf) 

 Ese control sobre el comercio de alimentos permitió a esas empresas de la agroindustria, y también a grandes cadenas comerciales como Wallmart o Carrefour, imponer aumentos de precio del orden del 30% en 2021. [6]

Las políticas neoliberales de apertura de los mercados, que analizamos más adelante, son otra causa fundamental de la crisis alimentaria. En efecto, esas políticas convirtieron a los países del Sur Global cada vez más dependientes de sus importaciones de cereales (véase más adelante la crítica de las diferentes políticas aplicadas por los países del Sur bajo la presión de instituciones como el BM y el FMI, y también de sus propias clases dominantes). En caso de un shock exterior que produzca un aumento de los precios en el mercado mundial y/o una dificultad de aprovisionamiento, los países del Sur Global, que no producen cereales suficientes para su población, están directamente afectados.

Entre los factores recientes que agravaron la crisis alimentaria, está la enorme especulación que tuvo lugar en los mercados de cereales después de la invasión rusa a Ucrania. El precio del trigo y del maíz aumentó cerca de un 50% en unos quince días mientras que en esos momentos no había ninguna destrucción de la producción y ningún problema de aprovisionamiento. Se trataba de pura especulación por parte de las grandes sociedades privadas que compran stocks de cereales (incluyendo cosechas futuras) en las bolsas de cereales, siendo la principal la de Chicago. El precio del arroz también aumentó, pero en forma más moderada. Inmediatamente, las grandes sociedades de comercialización, los grandes supermercados aumentaron el precio de los alimentos sin justificación alguna.

Tras la invasión de Ucrania, el precio del trigo y del maíz subió casi un 50% en quince días, a pesar de que no hubo destrucción de la producción ni problemas de abastecimiento en ese momento

En el momento en que se escribe este artículo, al final de agosto, durante los últimos tres meses, el precio del trigo en la bolsa de Chicago bajó un 32 % y el del maíz un 22%, sin embargo eso no ha repercutido en una reducción de precios en la venta minorista.

Los precios para los consumidores y consumidoras de las clases populares aumentaron enormemente y es poco probable que bajen, puesto que los gobiernos no aplican políticas de control de precios o fijación de precios. Efectivamente, las grandes empresas privadas son libres de fijar los precios que desean.

 La crisis alimentaria no comenzó con la invasión de Ucrania

En realidad, la situación se degradaba desde 2014 en el mundo entero. En 2007-2008 se había desarrollado una crisis alimentaria muy grave (véase nuestra explicación de la crisis de 2007-2008 en «Volvamos a hablar de las causas de la crisis alimentaria», https://cadtm.org/Volvamos-a-hablar-de-las-causas-de), que llevó a más de 800 millones de personas a pasar hambre. Entre 2009 y 2013, la situación había mejorado, sin embargo, comenzó a degradarse nuevamente a partir de 2014. (...)

 ¿Es posible erradicar el hambre?

Sí, es totalmente posible. Las soluciones fundamentales para alcanzar ese objetivo vital pasan por un proyecto de soberanía alimentaria alternativo al modelo actual de agrobusiness intensivo. La soberanía alimentaria es el derecho que tienen todos los países de mantener y desarrollar su propia capacidad para producir su alimentación de base y supone la protección de los recursos naturales, en particular: la tierra, las aguas y las semillas. La soberanía alimentaria coloca a productores y productoras, a distribuidores y distribuidoras y a consumidores y consumidoras de alimentos en el centro de los sistemas y políticas alimentarias en lugar de las exigencias de los mercados y de las transnacionales. Por consiguiente, la soberanía alimentaria tiene por objetivo alimentar a la población a partir del esfuerzo de los productores y productoras en el ámbito local, y limitando, también, las importaciones y exportaciones.

Para avanzar hacia la soberanía alimentaria, es necesario colocar a la agroecología en el centro de las decisiones políticas de los gobiernos. La agroecología es una alternativa al modelo neoliberal productivista. Esta práctica garantiza los derechos colectivos de campesinos y campesinas, protege la biodiversidad, refuerza los sistemas alimentarios locales y valoriza el trabajo de las mujeres en el campo, que es, literalmente, vital.

La agroecología nos permite disponer de una alimentación de calidad: sin OGM, sin pesticidas, sin abonos químicos. Pero para alcanzar este objetivo, es necesario que más de 3.000 millones de campesinos y campesinas puedan acceder a la tierra en cantidad suficiente y trabajarla por su cuenta, en lugar de enriquecer a los grandes propietarios, a las transnacionales del agrobusiness, a los comerciantes y a los prestamistas. Es necesario, también, de que dispongan, gracias a la ayuda pública, de medios para cultivar la tierra sin agotarla.

Para hacerlo, hay que hacer una reforma agraria, una reforma que falta, cruelmente, en Brasil, Bolivia, Paraguay y Perú, también en Asia y en algunos países de África. Tal reforma agraria debe organizar la redistribución de tierras, prohibiendo a los terratenientes privados y proveyendo una ayuda pública al trabajo de los agricultores. Esta reforma agraria se ha de oponer a las políticas agrarias puestas en práctica por el Banco Mundial, por grandes fundaciones como la Fundación Bill Gates y multinacionales que favorecen las grandes operaciones de acaparamiento de tierras.

La reforma agraria debe preservar los bosques y selvas existentes y estimular la plantación de árboles, allí donde estaba devastado, detener la privatización y comercialización de los recursos hídricos, y evitar el monocultivo que está en los orígenes de la degradación de los suelos.

También, es importante señalar las enormes responsabilidades que tiene el FMI y sobre todo el Banco Mundial en la crisis alimentaria puesto que son especialmente estas instituciones las que llevaron a los Estados a conectarse cada vez más con los mercados internacionales, haciendo crecer su dependencia, a suprimir las ayudas a los pequeños productores agrícolas y a ofrecer una plaza privilegiada a las transnacionales del agrobusiness. El FMI y el Banco Mundial recomendaron a los gobiernos del Sur suprimir los silos de granos que servían para alimentar el mercado interior en caso de insuficiencia de la oferta y/o de un aumento vertiginoso de los precios. El Banco Mundial y el FMI alentaron a los gobiernos a suprimir los organismos de crédito público al campesinado y llevando a campesinos y campesinas a caer en las garras de los prestamistas privados (con frecuencia grandes comerciantes) o de los bancos privados que aplican intereses de usura. Eso provocó el endeudamiento masivo del pequeño campesinado, ya sea en la India, México, Egipto o en numerosos países del África subsahariana. Según las encuestas oficiales, el sobreendeudamiento de los campesinos que afecta a los indios es la causa principal de suicidio de más de 400.000 campesinos en la India durante los últimos 25 años (Statistics say nearly 4,00,000 farmers committed suicide in India between 1995 and 2018. Why? (scroll.in)) (solo en inglés). Ese es un país donde, precisamente, el Banco Mundial se empeñó con éxito a convencer a las autoridades a suprimir las agencias públicas de crédito a los agricultores. Y eso no es todo: durante los últimos 50 años, el Banco Mundial y el FMI también promovieron en los países tropicales y otros países del Sur Global a reducir su producción de trigo, arroz o maíz y a reemplazarlos por cultivos de exportación (cacao, café, bananas, cacahuetes, flores, algodón…). Finalmente, para completar su trabajo a favor de las grandes sociedades del agrobusiness y de los grandes países exportadores de cereales (comenzando por Estados Unidos, Canadá y Europa), hicieron que los gobiernos abrieran totalmente las fronteras a las importaciones de alimentos que benefician de subvenciones masivas por parte de los países del Norte. Eso provocó la quiebra de numerosos productores y productoras del Sur, y una fuerte reducción de la producción de alimentos local.

En resumen, es necesario poner en marcha la soberanía alimentaria, promover la agroecología y aplicar la reforma agraria. Se debe dejar de producir agrocombustibles industriales y eliminar las subvenciones públicas a sus productores. También, es necesario instalar de nuevo los stocks públicos de reserva de alimentos (en partículas los granos: arroz, trigo, maíz…), instaurar los organismos públicos de crédito para agricultores y agricultoras y restablecer una regulación del precio de los alimentos. Hay que garantizar que las poblaciones con bajos ingresos puedan beneficiarse de precios bajos para alimentos de calidad. Se debe suprimir el IVA de los alimentos básicos. El Estado debe garantizar a los pequeños productores y productoras agrícolas unos precios de venta suficientemente altos con el fin de permitir una mejora real de sus condiciones de vida. El Estado también debe desarrollar los servicios públicos en los medios rurales (de salud, educación, comunicaciones, cultura, «bancos de semillas» …). Los poderes públicos tienen capacidades suficientes para garantizar, al mismo tiempo, precios subvencionados a los consumidores de alimentos y precios de venta suficientemente altos para los pequeños productores y productoras agrícolas puedan disponer de unos ingresos suficientes.

 Este combate contra el hambre, ¿acaso no es participe de un combate mucho más amplio?

No podemos pretender seriamente luchar contra el hambre sin atacar las causas fundamentales de la situación actual. La deuda es una de ellas, y la palabrería sobre el tema, frecuente estos últimos años durante las cumbres del G7 y del G20, no disimula para nada, que el problema sigue estando ahí. La crisis global que ahora afecta al mundo agrava la situación de los países en desarrollo frente al coste del endeudamiento y se preparan nuevas crisis de deuda en el Sur. Lo que está pasando, en este 2022, en Sri Lanka y Argentinason ejemplos emblemáticos. Esa deuda condujo a pueblos del Sur, a menudo provistos de riquezas humanas y naturales considerables, a un empobrecimiento masivo. El sistema deuda es un pillaje organizado al que hay que darle fin urgentemente.

En efecto, el mecanismo infernal de la deuda pública ilegítima es un obstáculo esencial a la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales, entre las cuales, el acceso a una alimentación decente. Sin ninguna duda, la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales debe prevalecer sobre cualquier otra consideración, geopolítica o financiera. En un plan moral, los derechos de los acreedores, rentistas o especuladores no están a la altura en relación a los derechos humanos fundamentales de 8.000 millones de personas, abrumados por ese mecanismo implacable que representa la deuda.

Es inmoral demandar a los pueblos de los países empobrecidos por una crisis global, de la que no son en absoluto responsables, consagrar una gran parte de sus recursos al pago a los acreedores ricos (ya sean del Norte o del Sur) en lugar de dedicarlos a la satisfacción de sus necesidades fundamentales. La inmoralidad de la deuda deriva del hecho de que muy frecuentemente fue contraída por regímenes no democráticos que no utilizaron las sumas recibidas en el interés de la población y que a menudo organizan desvíos masivos de dinero, con el acuerdo tácito o activo de los Estados del Norte, de los acreedores privados del Norte, del Banco Mundial y del FMI. Los acreedores provenientes de los países más industrializados prestaron el dinero con pleno conocimiento de causa a regímenes con frecuencia corruptos. Por consiguiente, esos acreedores no tienen derecho a exigir a los pueblos el reembolso de esas deudas inmorales e ilegítimas.

En resumen, la deuda es uno de los principales mecanismos por los que una nueva forma de colonización se está operando en detrimento de los pueblos. La deuda se agrega a las vulneraciones históricas realizadas por los países ricos: esclavitud, exterminaciones de poblaciones indígenas, yugo colonial, saqueo de materias primas, de la biodiversidad, de los conocimientos del campesinado (por el patentado en provecho de las transnacionales del agrobusiness del Norte de productos agrícolas del Sur como el arroz basmati indio) y de bienes culturales, fuga de cerebros, etc. Ya va siendo hora de reemplazar la lógica de dominación por una lógica de redistribución de las riquezas en pro de la justicia.

El G7, el FMI, el Banco Mundial, el Club de París imponen su propia verdad, su propia justicia, de la que son, al mismo tiempo, juez y parte. Desde la crisis de 2007-2009, el G20 tomó el relevo del G7 y contribuyó a reponer un FMI desacreditado y deslegitimado al centro del juego político y económico, en particular, con respecto al Sur Global. Hay que poner fin a esta injusticia que beneficia a los opresores, ya sean del Norte o del Sur.

El CADTM sostiene con entusiasmo las propuestas y reivindicaciones adelantadas por el movimiento campesino internacional La Vía Campesina: ¡Alto a la crisis alimentaria! ¡Soberanía Alimentaria, ya! Lo reproducimos íntegramente.

Propuestas de La Vía Campesina para enfrentar la actual crisis alimentaria y avanzar hacia la Soberanía Alimentaria

«Frente a este dramático contexto, La Vía Campesina expresa fuertes demandas y propuestas para enfrentar la crisis, tanto a corto como a largo plazo.
Demandamos acción inmediata por:

  • El fin de la especulación con los productos alimenticios y la suspensión de la cotización de los productos alimenticios en las bolsas de valores. Los contratos futuros sobre productos agrícolas deberían prohibirse inmediatamente. El precio de los alimentos comercializados internacionalmente debe estar vinculado a los costos de producción y seguir los principios del comercio justo, tanto para los/las productores/as como para los/las consumidores/as;
  • El fin de la Organización Mundial de Comercio en el control del comercio de alimentos, así como los tratados de libre comercio. En particular, las normas penales de la OMC que impiden a los países desarrollar reservas públicas de alimentos y la regulación de precios y mercados deben eliminarse de inmediato, para que los países puedan desarrollar las políticas públicas necesarias para apoyar a los/las productores/as de alimentos a pequeña escala en este difícil contexto;
  • Una reunión de emergencia del Comité de Seguridad Alimentaria y la creación de un nuevo organismo internacional para llevar a cabo negociaciones transparentes sobre acuerdos de productos básicos entre países exportadores e importadores, para que los países que se han vuelto dependientes de las importaciones de alimentos puedan tener acceso a alimentos a un precio accesible;
  • La prohibición del uso de productos agrícolas para producir agrocombustibles o energía. La comida debe ser una prioridad absoluta por sobre el combustible.
  • Una moratoria global en el pago de la deuda pública por parte de los países más vulnerables. En el contexto actual, presionar a algunos países muy vulnerables para que paguen la deuda es una gran irresponsabilidad y está desembocando en una crisis alimentaria. Hacemos un llamado al fin de las presiones del Fondo Monetario Internacional, FMI, para desmantelar las políticas públicas nacionales y los servicios públicos y a la cancelación de la deuda pública externa ilegítima en los países en desarrollo.

Exigimos cambios radicales en las políticas internacionales, regionales y nacionales para reconstruir la soberanía alimentaria a través de:

  • Un cambio radical en el orden comercial internacional. La OMC debe ser desmantelada. Un nuevo marco internacional para el comercio y la agricultura, basado en la soberanía alimentaria, debe abrir el camino para el fortalecimiento de la agricultura campesina local y nacional, para asegurar una base estable para una producción de alimentos relocalizada, el apoyo a los mercados liderados por campesinos y campesinas, locales y nacionales, así como en cuanto a asegurar un sistema de comercio internacional justo basado en la cooperación y la solidaridad en lugar de la competencia y la especulación;
  • La implementación de la Reforma Agraria Popular e integral, para detener el acaparamiento de agua, semillas y tierras por parte de las transnacionales, y garantizar a los/las pequeños/as productores/as derechos justos sobre los recursos productivos. Protestamos contra la privatización y el acaparamiento de ecosistemas y recursos naturales por intereses corporativos bajo el pretexto de la protección de la naturaleza, a través de mercados de carbono u otros programas de compensación de biodiversidad, sin consideración a las personas que viven en los territorios y que han estado cuidando de los recursos por generaciones;
  • Un giro radical hacia la agroecología, con el fin de producir alimentos sanos en cantidad y calidad para toda la población. Debemos tener en cuenta que la crisis climática y medioambiental será nuestro gran reto en el contexto actual y debemos afrontar el desafío de producir suficientes alimentos de calidad mientras reanimamos la biodiversidad y reducimos drásticamente las emisiones de GEI.
  • Una regulación efectiva del mercado de insumos (créditos, fertilizantes, pesticidas, semillas, combustible…) para apoyar la capacidad de los/las campesinos/as para producir alimentos, pero también para asegurar una transición justa y bien planificada hacia más prácticas de agricultura agroecológica;
  • Una gobernanza alimentaria basada en la gente, no en las transnacionales. A nivel mundial, regional, nacional y local, se debe detener la captura de la gobernanza alimentaria por parte de las transnacionales y se debe poner el interés de la gente en el centro. Se les debe reconocer a los/las pequeños/as productores/as un papel clave que debieran ocupar en todos los organismos de la gobernanza alimentaria;
  • La transformación de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de de campesinos y campesinas en un instrumento jurídicamente vinculante para la defensa de los pueblos rurales.
  • El desarrollo en cada país de las capacidades públicas de almacenamiento. La estrategia de acumulación de alimentos debe llevarse a cabo tanto a nivel nacional, como a través de la creación y el apoyo público a reservas de alimentos a nivel comunitario con alimentos producidos localmente provenientes de prácticas agrícolas agroecológicas;
  • Una moratoria global sobre tecnologías peligrosas que amenazan a la humanidad, como la geoingeniería, los transgénicos o la carne celular. La promoción de técnicas de bajo costo que incrementen la autonomía campesina y de las semillas campesinas.
  • El desarrollo de políticas públicas para asegurar nuevas relaciones entre quienes producen alimentos y quienes los consumen, quienes viven en las áreas rurales y quienes viven en las áreas urbanas, garantizando precios justos definidos en base al costo de producción, que permitan ingresos dignos para los y las que producen en el campo y un acceso justo a alimentos saludables para los/las consumidores/as;
  • La promoción de nuevas relaciones de género basadas en la igualdad y el respeto, tanto para las personas que viven en el campo como entre la clase trabajadora urbana. La violencia contra las mujeres y diversidades debe cesar ya."

( Eric Toussaint , Omar Aziki, CADTM, 05/09/22)

22/8/22

¿Estamos ante un episodio pasajero provocado por la guerra de Ucrania o ante una gran mutación del modo de regulación en la gobernanza del sistema capitalista mundial? Bienvenidos al capitalismo de escasez... El fin del ciclo financiarizado con centro en Estados Unidos lleva en declive más de una década, pero ninguna otra zona de la geografía del sistema-mundo capitalista muestra de momento el suficiente dinamismo como para poder arrastrar al sistema mundial en su conjunto a un nuevo ciclo de acumulación basado en la producción real de valor y ganancia... una posible transición hacia un modelo de regulación capitalista donde la escasez y el racionamiento sean la norma social no afectará por igual a los países del llamado centro del sistema que a los de la periferia... la llamada periferia de tardía industrialización se verá especialmente golpeada por las interrupciones en las cadenas de suministros de alimentos, pudiendo producirse hambrunas a gran escala... más de 260 millones de personas adicionales podrían verse sumidas en la pobreza extrema este año 2022... En los países del centro del sistema-mundo capitalista, como en Europa, se instaurará un nuevo régimen regulatorio en el que los precios altos de la energía y su racionalización de uso se instaurarán como realidades permanentes... Este escenario de capitalismo de escasez va a tener repercusión en las legislaciones nacionales, que preparan un escenario de mayor castigo para controlar a una población más pauperizada

 "Que el sistema-mundo capitalista está en una fase crítica de cambio y cronificación de la crisis económica es asumido por todas las grandes corporaciones del capital y sus instituciones gobernantes, el Foro Económico Mundial lleva hablando desde el inicio de la pandemia de covid19 de un plan de “Gran Reset” para reconstruir la economía mundial y dirigirla a un nuevo ciclo de acumulación. Este cambio de paradigma se enmarca como la finalización y profundización lógica a lo que podemos denominar, siguiendo las palabras del sociólogo Andrés Piqueras, como la Segunda Gran Crisis de Larga Duración del capitalismo que comenzó hacia 1973 y que encontró su salida temporal en el marco de regulación en el modelo financiarizado-neoliberal. El fin de este modelo puede estar llevándonos en la actualidad hacia otra Gran Mutación del modelo de acumulación-regulación capitalista.

Sin embargo, pese a los cantos de sirena que se lanzaron a comienzos de la pandemia augurando un nuevo modelo de “keynesianismo pandémico”, sobre todo desde ámbitos políticos progresistas, que se basaría en una suerte de vuelta al paradigma del Estado redistribuidor, la actual crisis inflacionaria y bélica demuestran que los derroteros de la gobernanza capitalista apuntan hacia un modelo de escasez marcado por la pobreza y proletarización crecientes. Todo esto junto al intento de control de la exclusión y sus problemas sociales vía políticas estatales de subsistencia mínima.

Tal y como plantea Giovanni Arrighi, uno de los autores más destacados del paradigma del sistema-mundo capitalista, cada vez que sucede una crisis por los excesos del capital financiero sobre el productivo, esta marca la señal de la decadencia de cierto modelo de crecimiento y de la potencia que se ha hecho hegemónica con el mismo. En esa fase nos encontramos, a una década del estallido del sistema financiero y con tensiones geopolíticas crecientes por el dominio mundial. Pese a no poder vislumbrar todas las características de esta nueva fase, es evidente que vivimos un periodo de transición hacia algo nuevo, y que a todos ojos no se parece en nada a los “felices años” posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Los cambios de fase capitalista

Como hemos mencionado, el capitalismo occidental lleva décadas en crisis, destacados economistas marxistas y heterodoxos hablan de una larga depresión al menos desde la década de 1970 hasta la actualidad. Y los datos estadísticos oficiales demuestran esta tesis; las tasas de reinversión y productividad no han hecho más que caer en las últimas décadas, pese a que se ha tratado de mantener viva la demanda agregada vía crédito fácil, burbuja que estalló con la crisis del 2008. Pero esta vez nos encontramos ante una nueva dimensión de la crisis, ya que el capitalismo se acerca a lo que podemos llamar sus límites biofísicos; por lo tanto, además de sus límites internos debe enfrentarse a los externos, a que los recursos del planeta que han asegurado su reproducción en el tiempo son finitos.

Arabía Saudí ha advertido de que ya ha llegado a su techo de producción de petróleo y que, pese a seguir siendo el principal productor de petróleo del mundo, no tendrá capacidad adicional para aumentar la producción por encima de los 13 millones de barriles por día que se comprometió a tener para 2027. El petróleo sigue siendo una pieza clave en todos los procesos productivos e imprescindible para todo el sistema de transportes. La crisis no es solo un bache puntual, sino que va a traer cambios que serán instaurados como temporales, pero vendrán para quedarse, como el del racionamiento de energía a todos los niveles.

Pero, además, el sistema capitalista arrastra la habitual contradicción entre el valor ficticio generado por el entramado financiero mundial y la plusvalía y valor real producido, lo que responde a un estancamiento de la tasa de ganancia que vuelve a caer en nuestros días. Muestra de ello es que la producción industrial global cayó un 2,7% en abril, tras haber caído un 1% en marzo. Concretamente, en Alemania, la principal potencia industrial europea, el componente de compras prospectivas e inventarios manufactureros medido por el índice PMI (Índice de Gestores de Compras, por sus siglas en inglés) ha caído en picado hasta los niveles de 2008, por lo que es probable que la fabricación alemana y la demanda industrial mundial ya estén en recesión.

El fin del ciclo financiarizado con centro en Estados Unidos lleva en declive más de una década, pero ninguna otra zona de la geografía del sistema-mundo capitalista muestra de momento el suficiente dinamismo como para poder arrastrar al sistema mundial en su conjunto a un nuevo ciclo de acumulación basado en la producción real de valor y ganancia. Además de que este nuevo ciclo se enfrentaría a los mencionados límites biofísicos. Ante este agotamiento de reservas energéticas y primarias vitales puede surgir un modo de regulación y gobernanza capitalista nuevo, con la guerra por los recursos como elemento de regulación a nivel externo y la imposición de medidas de racionamiento a la población a nivel interno. De todas maneras, el impacto y alcance de este nuevo modo de regulación capitalista tendría distintos efectos y formas en la periferia o en el centro del sistema.

Capitalismo de escasez en la periferia

Está claro que esta posible transición hacia un modelo de regulación capitalista donde la escasez y el racionamiento sean la norma social no afectará por igual a los países del llamado centro del sistema que a los de la periferia. Ya que en estos segundos la escasez material real ha sido la norma más que la excepción durante los siglos de modernización capitalista. Sin embargo, podemos decir que, en esta fase bélica de reconfiguración de las relaciones capitalistas globales, la llamada periferia de tardía industrialización se verá especialmente golpeada por las interrupciones en las cadenas de suministros de alimentos, pudiendo producirse hambrunas a gran escala como la que ya se vislumbra por el bloqueo del trigo ucraniano y la solución que han tenido que buscar las potencias globales para su desbloqueo provisional.

El trigo de Ucrania y Rusia se exporta principalmente a Oriente Medio y al norte de África. Por su parte, Rusia es el mayor exportador mundial de fertilizantes, con un 15% del suministro mundial. En la actualidad, de los 195 países del mundo, al menos 34 son incapaces de producir su propia comida debido a limitaciones de agua o de tierra, de estos 34 la mayoría se sitúan en la lista de los principales importadores alimenticios de Rusia y Ucrania, situados en la región del Norte de África y Oriente Medio. Entre estos países también hay claras diferencias, los países productores de petróleo del Golfo pueden acceder a otras vías de suministro de alimento gracias a sus divisas procedentes de los hidrocarburos, pero existen otros países africanos que no, ya que dependen de que el trigo ruso y ucraniano es más barato por su calidad proteica inferior respecto a otros exportadores de esta materia prima.

Por ejemplo, Egipto, que obtenía hasta ahora más del 85% de sus importaciones de trigo de la región del Mar Negro y necesitará encontrar proveedores alternativos, que serán más caros. Otros países de la región, como Yemen y Siria, están en una posición aún más grave a causa de su dependencia de las ayudas alimentarias, ya que el Programa Mundial de Alimentos (World Food Program) tiene también dificultades para aprovisionarse. En una época donde el índice de precios alimenticios ha llegado a récords históricos, la predicción del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas es que 2022 será “un año de hambre catastrófica”.

Precisamente, los datos de la misma FAO ya alertan de que la inflación alimentaria mundial ha hecho subir de manera considerable y en el rango temporal de un solo año el porcentaje de personas en situación de inseguridad alimentaria, sobre todo en África, América Latina y el Caribe. En este contexto, los países más desfavorecidos ya han optado por una estrategia de proteccionismo alimentario. Uganda y Ghana han prohibido la exportación de granos y otros productos agrícolas. Este último país ha vivido una subida repentina del 27% de la inflación y numerosas protestas recorrieron las calles del país el mes de mayo por la situación de hambre que empezaba a expandirse.

Al problema del hambre se le une en la periferia global el de la deuda y la subida de tipos de interés generalizada, que dificultará la refinanciación de los Estados más débiles y mermará su capacidad importadora de alimentos y de otros bienes básicos. La quiebra de Sri Lanka puso de relieve que el problema de financiación de los países capitalistas es de máxima actualidad. Según una información publicada por el portal de noticias económicas Bloomberg, hay al menos 15 países con riesgo de incurrir en impago en los próximos meses, con una prima de riesgo por encima del 10% (>1000 bps), entre los que destacan países como Líbano, Bielorrusia, Ucrania o Túnez.

Las consecuencias de las turbulencias económicas globales son claras, más de 260 millones de personas adicionales podrían verse sumidas en la pobreza extrema este año 2022, según un reciente informe de la ONG Oxfam Intermón. Tal es la situación, que la clase capitalista ha comenzado a alertarse por las posibles consecuencias sociales de esta desigualdad creciente. Larry Flink, CEO de BlackRock, se ha pronunciado advirtiendo de que le preocupa mucho más la subida de los precios alimentarios que la de los de la gasolina u otros carburantes.

Capitalismo de escasez en el sistema central

En los países del centro del sistema-mundo capitalista, como en Europa, la situación no llegará hasta el extremo de una escasez tan generalizada, pero sí que se instaurará un nuevo régimen regulatorio en el que los precios altos de la energía y su racionalización de uso se instaurarán como realidades permanentes. Pese a la intervención que distintos gobiernos puedan realizar sobre la factura de la luz, la verdad es que el tiempo de la energía barata parece haber llegado a su fin. Por ejemplo, y pese a la relativa prontitud para un juicio absoluto, el tope al precio de la energía impuesto por el Gobierno de España ha rebajado la factura de la luz, pero según datos de Facua, la factura de junio de este año fue la tercera factura más cara de la historia: el usuario medio abonó 133,85 euros, un 65% más que hace un año.   (...)

En consecuencia, independientemente del alcance que finalmente tenga el racionamiento energético, lo que ya se puede vislumbrar es que de este invierno la clase obrera europea saldrá notablemente más empobrecida, ya que la mayoría de la población europea ha estado enfrentando durante todo el año 2022 unas cifras de inflación cercanas al 10%. Al contrario, como ejemplo paradigmático, según datos del ministerio de Trabajo español, los salarios subieron en el primer trimestre una media del 2,36%, lejos de las cifras que marcaba el IPC, siempre superior al 6%.

Por tanto, el relato del ahorro energético también tiene consecuencias psicosociales en el sentido de que gran parte de la población percibe que sus ahorros se han reducido, pero ahora existe un relato en pro del ahorro y de una vida más austera justificado por el escenario bélico. En este contexto, la tasa de ahorro de los hogares españoles ha entrado en negativo en el primer trimestre por primera vez en tres años, lo que presupone que los ahorros acumulados durante la pandemia no eran tan grandes como el relato oficial presuponía. El índice de confianza de los consumidores de la eurozona se ha hundido también hasta niveles mínimos desde el año 2012, en plena crisis del euro.

Este escenario de capitalismo de escasez va a tener repercusión en las legislaciones nacionales, que preparan un escenario de mayor castigo para controlar a una población más pauperizada. El Congreso de los Diputados español dio luz verde en junio a una reforma del Código Penal que prevé castigar con prisión pequeños hurtos en caso de reincidencia. Todo ello con el objetivo de estigmatizar a quienes más va a afectar este encarecimiento de la vida, como menciona el juez Ramiro García de Dios Ferreiro, por regla general, de 23 juicios señalados en el conjunto de los juzgados, 20 son exclusivamente de tentativa de hurto de productos de menos de 400 euros en comercios.

Otros Estados europeos preparan también un endurecimiento de su normativa legal en el ámbito laboral. Noruega, uno de los principales sustitutos exportadores de gas y petróleo en detrimento de Rusia, intervino el derecho a huelga de los trabajadores de la empresa estatal energética a finales de junio por el miedo de que las reclamaciones huelguísticas de los trabajadores por un alza salarial pudieran disminuir en un 13% el suministro de gas del país.

Conclusiones políticas

No es la primera vez en la historia del sistema capitalista mundial en la que coinciden una crisis energética y una crisis inflacionaria, ya que el mismo escenario se vivió en los años posteriores a la conocida crisis del petróleo de 1973. Sin embargo, en aquel entonces la economía capitalista mundial solamente comenzaba a vivir el largo declive que sufriría en las siguientes cinco décadas, con la concatenación incesable de crisis de mayor o menor medida solamente paliadas vía crédito y crecimiento artificial, al menos en el polo europeo-estadounidense. Ojo, que el escenario sea de escasez no quiere decir que las grandes empresas oligopólicas que gestionen esta escasez vayan a dejar de tener beneficios extra, ya que el precio al alza les favorece, como demuestran las cuentas de récord de las principales empresas energéticas.

Además, al contrario que en la década de 1970, hoy no existe un movimiento obrero fuertemente organizado en la mayoría de países occidentales. Coincidiendo con la crisis inflacionaria de los años 70, la mayoría las patronales doblaron el brazo de la clase obrera organizada imponiendo pactos de rentas muy por debajo de la inflación, al estilo de los Pactos de la Moncloa. Sin embargo, lo que en el contexto actual destaca es la existencia de una amplia capa de población excluida temporal o permanentemente de los circuitos del trabajo asalariado, lo que la hace todavía más dependiente de las ayudas estatales de subsistencia mínima que se le puedan ofrecer. Tras el shock pandémico, que ya introdujo nuevas modalidades en la regulación social, bajo el escenario bélico podemos avanzar a lo que todas luces se puede caracterizar como un capitalismo donde el consumo de energía y ciertos recursos será el primer objetivo social a regular. Bienvenidos al capitalismo de escasez."                 

( Jose Castillo  ,   investigador doctoral en el departamento de Geografía Política de la Universidad Complutense de Madrid. CTXT, 17/08/22)

21/1/22

“Se produce un 60% más de alimentos de lo que necesita la humanidad y la mayor pandemia que hay es el hambre”... En el 2005 por primera vez se iguala el número de hambrientos y el número de personas obesas y con sobrepeso... En Tanzania hay una ley que prohíbe a los agricultores el uso de semillas tradicionales bajo multa de hasta 200.000 dólares o 10 años de cárcel. Esto ha hecho que hayan desaparecido la mayor parte de las variedades tradicionales. ¿Cómo es posible? Porque algunos países ricos han condicionado su ayuda internacional a Tanzania a que tengan esa ley. ¿Quién está detrás de todo esto? Las grandes compañía semilleras... por cada euro que pagamos en el mercado por un producto del agrobusiness o agroindustria, nosotros estamos pagando a través de impuestos dos euros más para paliar los daños medioambientales y a la salud humana. Eso es lo que yo llamo subvención encubierta, lo que no puede permitirse. Y ahí está la raíz del problema. Es un problema estructural del sistema... Hay que ampliar el número de especies, el número de variedades de cada especie y todo eso con una agricultura amigable con el medio ambiente, o sea, agroecológica. Además, todo esto tiene otro valor adicional que es dar más empleo... No puede ser que sigamos teniendo publicidad engañosa de grandes compañías de producción de alimentos... En Francia está prohibido que los restaurantes tiren alimentos... En Portugal hay una ley por petición popular para que los colegios de niños tengan comida vegetariana al menos una vez a la semana e incentivos para que el suministro de comida para comedores públicos sea del tipo agroecológico

 " José Esquinas (Ciudad Real, 1945) es un científico y un humanista. De familia de agricultores y formación como ingeniero agrónomo en España y doctor en Genética en EEUU, Esquinas ha dedicado 30 años de su vida a trabajar en la FAO, la organización de Naciones Unidas para acabar con el hambre en el mundo. 

Cuenta con un interminable currículo de experiencias y trabajo en el ámbito de la preservación de la diversidad de las especies agrícolas para contribuir a erradicar el hambre. Ha sido presidente del Comité de la FAO sobre Ética en la Alimentación y la Agricultura, puesto en el que trabajó en cuestiones como la biodiversidad agrícola, la justicia distributiva, la contaminación del medio ambiente y la volatilidad de los precios de los alimentos. 

Y esa experiencia le hace ser una voz más que autorizada en estos tiempos en los que la ONU aconseja cambiar la dieta humana y por primera vez ha relacionado la alimentación con la sostenibilidad del planeta. 

 Se produce el 60% más de lo que la humanidad necesitaría para alimentarse bien de manera saludable. Y sin embargo, tenemos 821 millones de hambrientos. Y la cifra ha crecido en los tres últimos años. Eso significa que unos 17 millones de personas mueren de hambre como consecuencia de la malnutrición y el hambre cada año: unas 40.000 mueren cada día. Más que cualquier otra causa, enfermedades y demás. La mayor pandemia de la humanidad es el hambre.

¿Qué está fallando en la producción de alimentos?

Yo cuestionaría qué está fallando en el sistema agroalimentario. Si es capaz de producir mucho más de lo que se necesita y, sin embargo, mueren de hambre cantidad de personas y la malnutrición crece y en estos momentos el número de personas obesas y con sobrepeso es una de las causas principales de enfermedades… Esto ha crecido mucho más rápido que el hambre. 

En el 2005 por primera vez se iguala el número de hambrientos y el número de personas obesas y con sobrepeso. Se igualan no porque baje el número de hambrientos sino porque sube el de personas con sobrepeso. Y hoy es más del doble el número de hambrientos. Por tanto, algo está fallando.

¿Es eficiente nuestro actual sistema agroalimentario? ¿Es sostenible?

Si la eficiencia la miramos desde el punto de vista económico, es muy eficiente, porque si no, no tendría la cantidad de inversiones que tiene y no estarían las grandes compañías interesadas en él. ¿Es eficiente desde otros puntos de vista como el social? No, porque produce mucho más de lo que se necesita y aumenta el hambre. ¿Es un sistema justo? Tampoco.

Para hablar de sostenibilidad hay que hablar la relación que existe entre el medio ambiente y la alimentación. ¿Qué es producir alimentos? La agricultura es la transformación de los recursos naturales del planeta -tierra, agua, aire, diversidad biológica y energía- en alimento, a través de tecnologías muy distintas que pueden ir desde ordeñar a una vaca o cultivar un campo a la ingeniería genética. Pero siempre son recursos naturales limitados y perecederos que se transforman en alimentos. Abusar de estos recursos para producir más de lo que necesitamos no es sostenible.

Si producimos mucho más, ¿a dónde va lo que no se consume? ¿Somos conscientes de cuánta comida se tira?

Parte va a la producción de biocombustible, que puede ser útil y, si hay alimentos para todos, por qué no se va a poder hacer. Otra parte va a otras actividades que no tienen que ver con la producción de alimentos…. Pero un tercio de la producción mundial de alimentos se desperdicia por el camino dentro del sistema agroalimentario. En el mundo Occidental, lo que se pierde es en gran parte lo que se tira. En países en vías de desarrollo también se tira, pero se pierde mucho en transporte y conservación.

 ¿Cuánta comida se pierde? 1.300 millones de toneladas métricas a nivel mundial, 89 millones de toneladas métricas en Europa. En España se desperdician 7,7 millones de toneladas métricas, lo que equivale a 169 kilos por habitante y año. La mayor parte de eso termina en la basura y el 25% o 30% son envases sin abrir porque han caducado.

Hay un sistema con elementos perversos, pero también hay una corresponsabilidad de cada persona, porque al final soy yo el que compra, el que toma las decisiones de comprar, qué compra, cuánto compra y dónde compra y si se interesa por la huella ecológica de lo que compra.

¿Cómo afecta esa producción de alimentos que se pierden al medio ambiente?

En producir los alimentos que no se va a comer nadie estamos utilizando a nivel mundial 1.400 millones de hectáreas, 28 veces la superficie de España si toda España fuera fértil. En producir lo que no se va a comer nadie estamos utilizando la cuarta parte del agua dulce del planeta al año, 250 km cúbicos de agua; estamos utilizando al año 300 millones de barriles de petróleo. Y la emisión de gases invernadero que se producen como consecuencia de la producción de los alimentos que no se come nadie, está teniendo un peso en el cambio climático del 12%. Por ejemplo, el alimento medio que llega a nuestras bocas hoy en España ha recorrido entre 2.500 y 4.000 km.

Si hay ese desperdicio de recursos naturales, el sistema no es sostenible. Y además, se está destruyendo la diversidad biológica. En el siglo XX se ha perdido más del 90% de la diversidad biológica agrícola.

Otra cuestión sería poner el foco en si el actual sistema agroalimentario es saludable.

Aquí entramos en la generación de personas obesas y con sobrepeso. En la UE, el 67% de la población es obesa o con sobrepeso. Y el 32% de los niños entre 3 y 9 años también. Y España no le va a la zaga. El problema está en que esa obesidad y sobrepeso es la causa fundamental del desarrollo e incremento de enfermedades no transmisivas: la diabetes, las cardiovasculares y también las oncológicas. Ese grupo de enfermedades está incentivado por la obesidad y el sobrepeso. Y más del 70% de las muertes en los países europeos están ligadas a esas enfermedades en última instancia.

Además, Europa se está gastando cada año 700.000 millones de euros en medicamentos para combatir esas enfermedades. Es el coste de las enfermedades derivadas de una mala alimentación. Algo está fallando. Y las compañías farmacéuticas no son ajenas a esto.

¿Cómo se cambian los objetivos de las empresas de alimentación: el vender más por el alimentar bien?

Cuando buscas el por qué está ocurriendo esta sinrazón de producir cuanto más mejor, y fomentar un consumo cuanto más grande mejor independientemente del efecto que pueda tener en la salud, para mí la razón principal es el proceso de mercantilización de los alimentos. Antes se producía para alimentarse, ahora se produce para vender. Hoy no importa que se tiren los alimentos, cuanto más se venda y se compre, mejor.

 Sobre ello siempre ha habido un control por parte de pocas empresas pero eso ha empeorado en los últimos años. Hace unos meses, Monsanto y Bayer se habían unido para formar una única compañía por un total de unos 70.000 millones de euros. Pero es que unos meses antes se habían unido Syngenta con Chem China y poco antes se habían unido DuPont y Dow. Distintas compañías multinacionales semilleras o de agroquímicos se están fusionando y estas tres grandes fusiones controlan casi el 75% de las semillas comerciales del mundo y el 65% de los agroquímicos. Entonces ¿quién manda? Eso forma parte de ese proceso de mercantilización.

En eso es donde están los grandes problemas, porque de alguna manera lleva a la pérdida de biodiversidad y a otras muchas cosas, porque dependemos de sus semillas, de sus fertilizantes, de su maquinaria…y todo nos lo venden en un paquete. Y el agricultor cada vez tiene menos grado de libertad, con lo cual al final el agricultor prácticamente está desapareciendo por la agroindustria.

¿Los agricultores tienen toda la información para producir de manera lo más "limpia" posible?

Los agricultores tienen la información y la capacidad, ellos no saben producir de otra manera. Un agricultor que ha estado produciendo, él y sus antepasados, a lo largo de 10.000 años y ha llegado a nuestros días, es porque era una forma sostenible de producción. Saben producir en armonía con el planeta. Siempre han hecho lo que hoy llamamos economía circular. El que más conocimientos tiene de sostenibilidad es el agricultor. El problema es que, en estos momentos, no pueden hacerlo.

Aquí hay un problema grave. Y hay un problema debido a las legislaciones. Impiden que el agricultor siembre, intercambie o venda sus propias semillas tradicionales, que son las que han sido adaptadas a sus condiciones locales a lo largo de los siglos. Hay una normativa dentro de los acuerdos internacionales de libre comercio -el acuerdo internacional ADEPIC sobre derechos de propiedad intelectual y comercio- que establece que la semilla para ser vendida, intercambiada y/o comercializada debe ser uniforme y estable. Pero claro, las semillas tradicionales de los agricultores no han sido nunca uniformes ni estables, porque su gran riqueza era la diversidad interna que es lo que le permite adaptarse a las condiciones cambiantes.

En el momento en que tú, por ley, castras las semillas de esa diversidad interna, ya la fijas y ya no se puede adaptar. Lo que está haciendo esa ley es impedir al agricultor sembrar sus propias semillas o intercambiarlas o venderlas. En la UE eso llega hasta ahí. Pero en el caso de algunos países pobres es más cruento. En Tanzania, por ejemplo, hay una ley de hace un par de años en la que se prohíbe literalmente a los agricultores el uso de semillas tradicionales bajo multa de hasta 200.000 dólares o 10 años de cárcel. Esto ha hecho que en un periodo mínimo de tiempo hayan desaparecido la mayor parte de las variedades tradicionales. ¿Cómo es posible? Porque algunos países ricos han condicionado su ayuda internacional a Tanzania a que tengan esa ley. ¿Quién está detrás de todo esto? Las grandes compañía semilleras.

¿Están bien retribuidos los agricultores? Siempre se escuchan las quejas sobre el precio pagado por el producto en origen y el que se paga en el mercado

Los agricultores están teniendo que competir con semillas comerciales que pueden, si quieren, no tener en cuenta el efecto medioambiental o sobre la salud. Cuando se dice que el campo no es rentable es verdad. Pero en otros muchos ámbitos sí es rentable, por su multifuncionalidad de la agricultura o externalidades económicas. La idea es que la agricultura no es y no ha sido sólo producir alimentos, esa es una de sus funciones. Pero es la única que se cotiza en el mercado. Las otras funciones como la conservación de la biodiversidad, la conservación de los recursos naturales, la producción de agua limpia y de aire menos contaminado, el desarrollo rural, el mantenimiento del paisaje…todas esas otras funciones de la agricultura no cotizan en el mercado. 

 Cuando esto se lo expones a los economistas y les dices que esto también tiene un valor, dicen: sí, pero esto son externalidades del sistema. Cierto, pero tiene remedio. El reto en la primera Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992 era, para resolver los problemas medioambientales, internalizar esas externalidades. En otras palabras, que cuando tú compras una manzana tienes que pagar no solo por el coste de producción de la manzana, sino también por el coste de conservar los recursos naturales que van a permitir a tus nietos seguir comiendo manzanas. Al agricultor no se le está pagando por el valor real de su trabajo.

 Pero la industria no tiene en cuenta estos elementos y se le está permitido producir a costes mínimos…. No se trata de dar una subvención a los agricultores ecológicos. Se trata de evitar las subvenciones encubiertas a la agroindustria. Porque por cada euro que pagamos en el mercado por un producto del agrobusiness o agroindustria, nosotros estamos pagando a través de impuestos dos euros más para paliar los daños medioambientales y a la salud humana. Eso es lo que yo llamo subvención encubierta, lo que no puede permitirse. Y ahí está la raíz del problema, que está ligada al propio sistema. Es un problema estructural del sistema.

La ONU ha recomendado cambiar la dieta mundial, tomar menos carne y más vegetales para luchar contra el cambio climático. ¿Está de acuerdo?

No se puede estar en desacuerdo. No hay opción. Entre un tercio y un cuarto de los gases de efecto invernadero son debidos al actual sistema de producción agroalimentaria, unos 11.000 millones de toneladas métricas de gases invernadero. Por lo tanto, es obvio, no se puede solucionar el problema del cambio climático pensando solamente en cambiar el tipo de energías o que los coches sean eléctricos.

Otro aspecto del informe es el uso de los suelos. Más del 70% del suelo en el mundo no cubierto por hielos está dedicado a la producción de alimentos o a satisfacer otras necesidades básicas del ser humano. Y como decía recientemente un político español, estamos transformando los suelos de ser los sumideros de los gases de efecto invernadero a ser emisores de los mismos. Y con los incendios como los de la Amazonia, muchísimo más CO2. Además, lo peor es que muchos de estos incendios son provocados y/o consentidos para utilizar esas tierras en la producción de soja para alimentar animales en ganadería intensiva.

Todo esto sin hablar de la cantidad de agua que se necesita en la agricultura intensiva…. Es imposible de mantener. El problema más grave que se va a plantear es la escasez de agua dulce en el mundo.

Es imprescindible tener en cuenta esto para frenar el cambio climático. ¿Por qué carne versus vegetales? Para producir la misma cantidad de nutrición humana necesitas nueve veces más hectáreas si es con carne que si es obtenida directamente de plantas. Con respecto al agua, para producir un kilo de carne de ternera estamos utilizando 25.000 litros de agua, lo cual es una monstruosidad.

Con respecto a la biodiversidad, muchas de las enfermedades son debidas a la falta de micronutrientes. Justamente es la biodiversidad y la diversidad en la dieta la que te da esos micronutrientes. Con respecto a la salud, la obesidad es debida, muchas veces, a la ingestión de grasas no saturadas procedentes de carnes poco saludables. En España nos sobran grasas y proteínas y sin embargo nos faltan vitaminas y micronutrientes que son los que tienen los vegetales.

 Además, el informe no habla de vegetales y carne en abstracto: habla de frutas y verduras, de leguminosas y frutos secos. Y en el caso de la carne, que sea de ganadería extensiva, que es la que menos daño hace al medio ambiente. Este es el primer informe que pone de relieve la relación directa entre la producción y consumo de alimentos y la crisis climática.

En general, ese informe de la ONU habla de los cambios necesarios en la producción, de los cambios en nuestras dietas y en el consumo y de la necesidad de mirar a las prácticas agrícolas tradicionales y de los pueblos indígenas. No es volver al tiempo de las cavernas: utilicemos las nuevas tecnologías pero en sinergia con los conocimientos tradicionales, con la sabiduría milenaria de los agricultores, con la información y las tecnologías locales. Se trata de utilizar ambas cosas, poniéndolas no al servicio de la economía en abstracto, sino en beneficio del ser humano y siempre en el contexto de la sostenibilidad.

Se han puesto multas a la compañía Monsanto por los efectos cancerígenos del glifosato en EEUU. ¿Cómo ha llegado a ser el herbicida más utilizado del mundo con tantos riesgos?

Multas por valor de más de miles de millones de dólares en EEUU. Hay riesgos e incertezas. La OMS, a través de la Agencia Internacional de Investigaciones del Cáncer, clasifica el glifosato como probablemente cancerígeno. Sin embargo, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria dice que no hay suficiente evidencia y no se atreve a condenarlo. Pero también hay una aparente interferencia en el sistema endocrino que la Agencia Europea no descarta.

Con respecto a la salud ambiental, el glifosato afecta a las plantas y a los animales. Mata las malas hierbas. ¿Pero qué son malas hierbas? Una planta de tomates en un campo de trigo es una mala hierba. ¿Dónde estableces los límites? Si tú matas masivamente muchos tipos de plantas, estás cambiando los agroecosistemas. Y al cambiar los agroecosistemas te estás cargando plantas que son vitales para la subsistencia de determinados insectos polinizadores que a su vez forman parte del proceso agrícola, porque son insectos beneficiosos. Estás alterando estos equilibrios ecológicos. Incluso con algunos mamíferos. De hecho, la Agencia Alemana para el Medio Ambiente hace recomendaciones sobre el glifosato , diciendo que si se usa, hay que reservar áreas compensatorias en barbecho para que las plantas e insectos puedan sobrevivir y actuar. Si te cargas los polinizadores, te estás cargando la productividad de las plantas cultivadas a medio y largo plazo. Pero las grandes empresas buscan beneficios a corto plazo.

Además hay otras cuestiones. Pasa como con los antibióticos. Ya han aparecido en EEUU y Canadá las primeras "supermalas hierbas" resistentes al glifosato . Para lo cual ya se está pensando en otros herbicidas más potentes. Es una carrera alocada en la que cuanta más potencia tenga eso, más daños va a causar al medio ambiente y a la salud. Por otra parte, un problema grave es que la mayor parte de las pruebas las hace la empresa, con investigadores pagados por la propia empresa. ¿Qué fiabilidad tiene?

¿La presión de las grandes empresas como estas puede más que los efectos nocivos que sus prácticas en ocasiones tienen para la salud?

No cabe ninguna duda. Un ejemplo: el DDT -un eficaz insecticida de amplio espectro que comercializó Monsanto en los años 50 del siglo XX con gran éxito-. Cuando aparecen en un libro de Rachel Carson ‘La primavera silenciosa’ (1962) las primeras denuncias de los efectos negativos del DDT sobre la salud y el medio ambiente, hay una serie de ataques furibundos contra la autora, hasta que finalmente se impone la verdad. O pasó con el tabaco. La reacción de los productores de tabaco y las grandes compañías que decían que cómo iba a producir enfermedades. Las grandes compañías están detrás de eso, como ahora ocurre en el caso de las bebidas azucaradas.

En cualquier caso, siempre hay una salida bastante lógica. Si hay dudas, se debe aplicar el principio de precaución. La UE lo ha ratificado, pero no se está cumpliendo.

¿Qué efectos tiene este "monopolio" de Monsanto y las otras grandes compañías sobre la alimentación mundial?

Muy grande. La producción de alimentos a nivel mundial está condicionada profundamente por estas multinacionales. Es realmente un oligopolio. Prácticamente las tres grandes compañías controlan el 75% de las semillas comerciales del mundo y el 65% de agroquímicos.

Tiene un efecto económico, el más claro: los oligopolios distorsionan el mercado y controlan los precios. Además, se produce para vender y no para alimentar. Y en tercer lugar, el no tener en cuenta las externalidades medioambientales y sobre la salud humana conlleva una especie de subvención encubierta. 

 También está el efecto político, porque están condicionándose las legislaciones, los lobbys están teniendo repercusiones en Unión Europea, a nivel mundial en los tratados de libre comercio con la obligación de uniformidad para las semillas….Se obliga a los países a que sus semillas estén protegidas y para que estén protegidas y certificadas, tienen que reunir el requisito de ser uniformes y estables, con lo cual no solo afecta a los agricultores sino a la biodiversidad.

¿Tienen también un efecto directo sobre la pérdida de biodiversidad agrícola?

A lo largo de la historia de la Universidad y los 10.000 años de agricultura, las plantas se han ido adaptando a las condiciones climáticas y de suelo, y a las costumbres y a las necesidades de las familias. Eso dio pie a que hubiese una infinita multitud de variedades locales y razas locales de plantas y animales en cada uno de los lugares. En el siglo pasado, a mediados, ocurre un fenómeno: la producción de nuevas variedades comerciales, más uniformes y estables, que tenían una alta producción, lo cual estaba muy bien. El problema es que en muy pocos años, en 40 o 50 años, en la segunda mitad del siglo XX, se sustituye esa inmensa cantidad de cientos de miles de variedades locales de cada una de las plantas cultivadas por un número muy reducido de variedades comerciales, uniformes y estables, producidas y promovidas por las grandes multinacionales. Hoy, a nivel mundial, hemos perdido más del 90% de las variedades cultivadas en el siglo pasado.

Además estas grandes multinacionales tienen, por las leyes que se han aprobado con sus propios lobbys, la facultad de patentar esas variedades o reclamar derechos de propiedad intelectual sobre ellas. Esa patente hace que el agricultor que quiere cultivar esas variedades tiene que pagar royalties, no una vez sino de forma permanente porque la propia ley prohíbe resembrar una semilla patentada. Como algunos no lo cumplían, lo que han hecho es que muchas de esas variedades tengan semillas estériles, no puedes sembrarlas. Donde no llegaba la ley ha llegado la biología. Ese proceso de control permanente es el `principal responsable de esa pérdida de biodiversidad biológica.

No es que sea malo cultivar esas semillas comerciales. No. Pero tiene que hacerse con pleno respeto y libertad para las semillas tradicionales, que el agricultor tome la decisión y que no le prohíban sembrar lo que desee. Y además está también la diversidad en los sistemas agrícolas, los sistemas agroalimentarios…. Eso es la base de la libertad y de la democracia.

Eso nos lleva a una pérdida de diversidad. Un ejemplo: en los años 70, para mi tesis doctoral, yo recolecté unas 380 variedades distintas de melón en España. Hoy, no encuentras en el mercado más de 10 o 12 variedades. Eso se ha perdido.

¿Se puede dar marcha atrás? ¿Podemos recuperar esa biodiversidad perdida?

Sí y no. Una parte se ha mantenido en bancos de germoplasma. Pero si en vez de hablar de variedades, habláramos de especies cultivadas, también ha habido una pérdida. Según estudios de la FAO, la humanidad ha utilizado a lo largo de su historia de manera documentada de 7.000 a 10.000 especies distintas de plantas para la agricultura. Hoy no se cultivan comercialmente más de 150, y de ellas solo cuatro -trigo, arroz, maíz y patata- están contribuyendo a más del 60% de la alimentación calórica humana. Ese es empobrecimiento. Hay tres tipos de diversidad que se está perdiendo: las especies, las variedades y la existente dentro de cada variedad.

Pero claro, ¿le conviene a las grandes industrias que esto ocurra? Claro. Tú no puedes controlar decenas de miles de variedades y especies. Cuanto menos y más uniformes sean, más fáciles son de controlar. Pero hace a la agricultura más vulnerable, y de alguna manera, es suicida.

En la FAO se consiguió aprobar por más de 150 países del mundo el Tratado de Recursos Fitogenéticos. Ese Tratado regula y compromete a los países a la conservación, tanto en bancos de germoplasma como en áreas protegidas y reconoce algo fundamental: los Derechos de los Agricultores tradicionales, donde se define a los agricultores como los custodios de la diversidad agrícola. Pero esos derechos, que son vinculantes, en muchos países no se han desarrollado…. Y son derechos para proteger los conocimientos tradicionales, la distribución justa y equitativa de los beneficios, el derecho a resembrar sus propias semillas y decidir qué cultivar, y el derecho a participar en la toma de decisiones políticas que les afectan. Esto ha sido reforzado con la reciente aprobación -diciembre de 2018- por la Asamblea General de Naciones Unidas de la Declaración Universal sobre los Derechos de los Campesinos. España aún debe desarrollar las normativas necesarias para implementarlo. Sin embargo, esto entra en conflicto con las grandes multinacionales de semillas y sus intereses.

Sobre la irreversabilidad de la pérdida de biodiversidad, hay muchas cosas que se han perdido para siempre. Pero aún hay mucho que salvar y sería suicida no salvarlo. Porque la alimentación humana depende de eso. Y la capacidad de adaptarse a las condiciones climáticas cambiantes depende de la diversidad de las semillas, porque se van a seleccionar las más adaptadas, como ha ocurrido durante milenios.

Ahora Monsanto está hablando de semillas comerciales “inteligentes”, con capacidad de adaptación al cambio climático. Esto no es verdad. Las únicas semillas con capacidad de adaptación son las que tienen diversidad intravarietal, las que tiene genes que les permite irse adaptando y les permite ir seleccionando lo que necesita en casa caso. Pero para eso debe haber diversidad. Tú no puedes seleccionar lo que necesitas en la uniformidad, solo en la diversidad.

¿Qué soluciones se pueden poner en ese sistema? ¿Qué medidas políticas se deberían tomar en este sentido?

Las soluciones desde el punto de vista técnico, pasan por producir sólo lo que necesitamos. Y hacerlo desde lo local, lo más cerca posible de nosotros. La globalización es un hecho, no se puede estar en contra. La cuestión es qué tipo de globalización. Yo quiero la globalización que es el sumatorio de los locales y a eso lo llamo ‘glocalización’. Si acercamos la producción, eliminamos muchos costos de transporte y de preservantes, etc… Además son alimentos más sanos, más frescos, y al mismo tiempo, marginamos la producción del agrobussines. 

 En lugar de ir a un modelo único, la diversificación es imprescindible. Con unas leyes que ponga límite a lo que destruye el medio ambiente y la salud humana. Es la base de una dieta más diversificada, pero solo hay diversidad en la mesa si hay diversidad en el campo. Hay que ampliar el número de especies, el número de variedades de cada especie y todo eso con una agricultura amigable con el medio ambiente, o sea, agroecológica. Además, todo esto tiene otro valor adicional que es dar más empleo.

Luego están las soluciones que tienen que venir con medidas políticas y leyes. Lo primero sería cumplir las leyes existentes, pero que no están implementadas. La alimentación tiene que contemplarse como derecho humano y ser sancionable. Al mismo nivel que lo son el derecho a la educación y la sanidad. También habría que derogar o cambiar las leyes que van contra todo ello.

Y habría que desarrollar nuevas leyes, entre ellas estaría las legislaciones como la creación de la figura del Defensor de las Generaciones Futuras, porque destruir el planeta es destruir la base de la vida de las generaciones futuras. Habría que establecer también un Alto Comisionado de Transición Agroecológica o Agroalimentaria. Teresa Ribero lo está haciendo muy bien en mi opinión, pero la parte agrícola sigue siendo débil porque hay un conflicto permanente entre los intereses cortoplacistas entre ministerios técnicos y los más políticos. Se necesita esa figura del Alto Comisionado que abarque varios ministerios porque son elementos interdisciplinarios: agricultura y alimentación, medio ambiente, sanidad alimentaria y salud, industria, hacienda, etc. Este organismo interministerial tendría la fuerza necesaria para buscar políticas integradoras.

 Luego, en la política europea, la Política Agraria Común (PAC) debería transformarse en Política Agro-Alimentaria Común (PAAC). Y esta debería depender no solo de los ministerios de agricultura sino que también tiene que ser interministerial e interdisciplinaria. Es fundamental mirar a este problema de una manera integral.

Otro elemento debería ser la formación académica, es absolutamente necesaria que haya una formación medioambiental y nutritiva desde el Bachillerato hasta el final de la Universidad, una enseñanza transversal, porque nuestra vida depende de eso.

También es importante la información sobre estos temas. No puede ser que sigamos teniendo publicidad engañosa de grandes compañías de producción de alimentos. Aquí aplicaría el sistema de la zanahoria y el palo: esa información engañosa debe desaparecer y debe haber información fidedigna fomentada por los poderes públicos, y por los medios de comunicación, sobre qué es la buena alimentación y los efectos de la mala alimentación en nuestra salud y en la del medio ambiente.

Esa información debe estar también en el etiquetado de los productos, como por ejemplo con la Ley Semáforo que hay en Reino Unido: sintetiza en un color el efecto dañino o beneficioso de un producto para la salud y el planeta. En lo mínimo, sería rojo, naranja o verde, o puede ser una gama más amplia y de un simple vistazo puedes ver lo que te conviene más.

Además, el precio de los alimentos no debería ser solo el económico: sino el ecológico y el energético. Y nada impide, aunque sea solo de forma indicativa, que tú tengas en la etiqueta una estimación de la huella ecológica de ese producto. A eso lo llamaría precio ecológico o energético. Eso ya se está haciendo en algunos lugares porque, aunque aún no se refleje en el precio, al menos como comprador lo puedes tener en cuenta.

Hay leyes en países de nuestro entorno, por ejemplo, contra la pérdida o desperdicio de alimentos. En Francia está prohibido que los restaurantes tiren alimentos: eso conlleva desarrollar alternativas, el propio restaurante regula la cantidad de comida y lo que sobra va a comedores públicos o a animales, pero no se tira. En Dinamarca hay un distintivo especial para los restaurantes que reciclan, es decir, que con la comida que sobra hacen otros platos como se ha hecho siempre por ejemplo con el cocido y luego las croquetas con la carne que sobraba.

 En Portugal hay una ley por petición popular para que los colegios de niños tengan comida vegetariana al menos una vez a la semana e incentivos para que el suministro de comida para comedores públicos sea del tipo agroecológico.

¿Y los ciudadanos cómo podemos contribuir?

Si las medidas políticas no van acompañadas por una concienciación profunda del ciudadano, no van a ser eficientes. Ni los políticos van a reaccionar si no sienten la presión. Por eso, ese proceso de concienciación es esencial, sentirnos corresponsables del hambre en el mundo y de la pérdida de recursos naturales y destrucción del planeta.

En la Cumbre de Río el lema era: ‘Piensa globalmente y actúa localmente’. Eso es plenamente actual y lo podemos hacer. Si estamos hablando del despilfarro, de la pérdida de alimentos,…eso depende de nosotros y nosotros tenemos que tener conciencia de eso y ser responsables cuando vamos al supermercado. Ser conscientes de que comprar es un acto político. Y que cuando yo compro una cosa u otra distinta estoy incentivando o desincentivando determinados tipos de producción. Por tanto, mi actitud como consumidor va a tener una repercusión en la oferta.

Un producto debe ser bueno, limpio y justo: bueno desde el punto de vista nutritivo y organoléptico, limpio desde el punto de vista ecológico sin destruir recursos naturales, y justo desde el punto de vista social, pagado con salarios justos. Son tres elementos esenciales a la hora de decidir qué compras. Yo añadiría que sea local y que sea estacional, también son elementos importantes.

Por eso, el consumidor puede transformar su carro de la compra en un carro de combate por un mundo mejor, más justo y más sostenible. Para hacer eso tenemos que cambiar nuestros valores, nuestra forma de pensar, ser conscientes de que el verdadero valor es cuánto consume de recursos naturales. Eso significa un cambio por dentro.

¿Algo más?

Y hacerlo también a través de nuestros votos. No da igual votar a unos que a otros. Y si alguien dice que no sabe a quién votar, pues aprende al menos contra quién. No habrá uno que piense como tú, pero habrá muchos que te lleven en la dirección contraria. El tema medioambiental no puede estar hoy ajeno a los programas políticos. Y lo está. Cuando hablas con políticos y preguntas por qué el tema de la alimentación, del medio ambiente, no está en su programa… La respuesta inexorable ha sido: porque no da votos. Depende de nosotros el que dé votos.

Y debemos ser mosquitos y colibrís. Cuando alguien te dice que soy tan pequeño que no puedo tener impacto en la sociedad, decía alguien que ese es que nunca había dormido con un mosquito en su habitación. Y desde ese punto de vista, tenemos que ser no solo mosquitos sino moscas cojoneras e impedir dormir a quien nos impide vivir. Concienciar exigiendo. Y al mismo tiempo ser también colibrí. Cada uno debe hacer su parte, es absolutamente esencial.

Para ello, la ciencia y la tecnología tienen que ser nuestros aliadas e ir orientadas en la dirección correcta para beneficiar a la humanidad. Tenemos la capacidad hoy de transformar la tierra en un paraíso pero también tenemos la capacidad de destruir el planeta. Por eso la Ética es el elemento esencial que nos tiene que servir para decir en qué dirección queremos ir.

El saber que, por primera vez en la historia de la humanidad tenemos en nuestras manos el volante de la evolución, nos tiene que hacer más corresponsables. Esta generación es única porque, por una parte, es la primera que tiene ese poder, pero al mismo tiempo tiene una responsabilidad que ninguna generación ha tenido, que es la de destruir el planeta. Seamos consecuentes y tengamos en cuenta esa responsabilidad. Aunque solo sea pensando en nuestros nietos."                 

(Entrevista a José Esquinas, ingeniero agrónomo y doctor en genética ha dedicado su vida a trabajar para acabar con el hambre en el mundo desde la FAO. Carmen Reina, eldiario.es, 14/09/19)