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20/3/23

Mariana Mazzucato : Hay que enfrentar la crisis hídrica global... Sin una gestión adecuada del agua, no podremos enfrentar el cambio climático... hemos ingresado a un círculo vicioso en el que a través de su interacción, la crisis hídrica, el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad y de capital natural se agravan mutuamente... debemos adoptar un enfoque de misión, que abarque todas las formas en las que el agua es un elemento clave del bienestar humano. Eso implica tratar el acceso a agua apta para el uso doméstico como un derecho humano y actuar en forma colectiva para estabilizar el ciclo hidrológico global mediante una gestión del uso industrial del agua

 "La crisis hídrica mundial ya no se puede ignorar. Sin una gestión adecuada del agua, no podremos enfrentar el cambio climático, y la mayor parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible será inalcanzable.

 La serie inédita de inundaciones, sequías, ciclones y olas de calor del año pasado fue una muestra de lo que viene. Pero mientras esos desastres concitan abundante atención, la crisis hídrica subyacente pasa inadvertida. Los problemas relacionados con el agua (su escasez o su exceso, que no sea pura y apta para el consumo) ya provocan inseguridad alimentaria y sanitaria crónica en regiones enteras. Cada 80 segundos muere un niño de menos de cinco años por una enfermedad causada por el agua contaminada; y cientos de millones más crecen sin poder desarrollarse bien y con perspectivas vitales disminuidas.Para colmo de males, hemos ingresado a un círculo vicioso en el que a través de su interacción, la crisis hídrica, el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad y de capital natural se agravan mutuamente. La erosión de humedales y la pérdida de humedad del suelo amenazan con convertir algunos de los grandes depósitos de carbono del planeta en nuevas fuentes de emisión de gases de efecto invernadero, con consecuencias climáticas devastadoras.

 La mayor parte de la lluvia que recibe un país cualquiera se genera fuera de su territorio. La disponibilidad de agua dulce depende en última instancia de las precipitaciones, que a su vez dependen de la presencia de océanos estables, bosques intactos y ecosistemas saludables en otros países y regiones. Pero estamos desestabilizando la capacidad de los sistemas terrestres y oceánicos para generar agua.Como copresidentes de la Comisión Mundial sobre la Economía del Agua, convocamos a una acción colectiva para superar la crisis hídrica. Debemos organizar una respuesta más audaz, con mayor integración intersectorial, más interconectada en los niveles nacional e internacional y más equitativa que las iniciativas anteriores. Nuestro trabajo muestra que esto demandará una nueva «economía del agua» y una estrategia integral basada en siete puntos clave.

En primer lugar, debemos reconocer que el ciclo mundial del agua es un bien común y gestionarlo como tal. Puesto que en última instancia todos estamos conectados a través del agua, debemos trabajar juntos para romper el círculo vicioso y volver a una trayectoria hídrica sostenible. Eso demandará una mirada basada en la justicia y la equidad para todas las comunidades en todos los lugares del mundo.

 En segundo lugar, debemos adoptar un enfoque de misión, que abarque todas las formas en las que el agua es un elemento clave del bienestar humano. Eso implica tratar el acceso a agua apta para el uso doméstico como un derecho humano y actuar en forma colectiva para estabilizar el ciclo hidrológico global mediante una gestión del uso industrial del agua. Para garantizar la seguridad alimentaria y la resiliencia de las cadenas de suministro de alimentos, y para preservar la biodiversidad y los sumideros naturales de carbono, necesitamos una revolución en la gestión del agua verde (de lluvia) y azul (de riego).

 Además de movilizar a las diversas partes interesadas, tenemos que usar políticas de innovación y estrategias industriales para catalizar soluciones a la crisis hídrica. Hay que aumentar las inversiones en el agua por medio de nuevas alianzas público‑privadas tan ambiciosas como las que nos llevaron a la Luna hace cincuenta años; pero con condiciones contractuales que garanticen una amplia coparticipación en el valor creado en forma colectiva.

En tercer lugar, hay que dejar de subvalorar el agua. Con una fijación de precios adecuada y apoyo selectivo a los hogares pobres, habrá un uso más eficiente del agua en todos los sectores, más equitativo entre comunidades y más sostenible en los niveles local y global. Pero los procesos de toma de decisiones también deben tener en cuenta el valor no económico del agua, para proteger el ecosistema más amplio del que depende el ciclo del agua (y con él, las sociedades humanas).

 En cuarto lugar, debemos eliminar en forma gradual subsidios al agua y a la agricultura por un monto anual cercano a los 700 000 millones de dólares (que a menudo alientan un consumo excesivo de agua y otras prácticas perjudiciales para el medioambiente) y reducir las pérdidas en los sistemas de distribución actuales. Eso liberará importantes recursos para incentivar la conservación del agua y dar apoyo directo a los hogares pobres.

En quinto lugar, debemos establecer alianzas para la justicia hídrica de modo tal que los países de ingresos bajos y medios puedan invertir en el acceso al agua y en la resiliencia y sostenibilidad de los sistemas hídricos, en formas que contribuyan al mismo tiempo a sus objetivos nacionales de desarrollo y al bien común global.

 Esas alianzas ayudarán a reunir una variedad de flujos de financiación, no sólo porque los ineficientes subsidios locales se redirigirán a usos mejores, sino también porque los bancos multilaterales y otras instituciones de financiación del desarrollo podrán multiplicar el impacto de los fondos públicos y atraer junto con ellos más capital privado hacia los proyectos. El retorno económico de esas inversiones superará con creces el costo, sobre todo si las alianzas se diseñan de modo tal de maximizar sinergias con las iniciativas de lucha contra el cambio climático y lograr un crecimiento más inclusivo.

En sexto lugar, tenemos que dar apoyo a innovaciones más dinámicas que extiendan el alcance de los escasos recursos hídricos. Esas inversiones también generarán grandes retornos. El viaje a la Luna produjo avances no sólo en la industria aeroespacial sino también en las de los alimentos, la electrónica, las comunicaciones, los materiales y el software. Del mismo modo, concentrarnos en el desafío hídrico implica cambios en la forma de hacer muchas cosas, y eso traerá grandes avances creativos en muchos sectores.

 Por ejemplo, para fortalecer los sistemas de almacenamiento de agua dulce tenemos que reimaginar el modo de gestionar los humedales y los recursos hídricos subterráneos, que hoy están peligrosamente agotados. El desarrollo de una economía urbana circular (orientada al reciclaje) para el agua creará una nueva lógica para el tratamiento de aguas de desecho industriales y urbanas. El uso de sistemas de riego de precisión, agricultura de secano resistente a sequías y cultivos que demanden menos agua aumentará la sostenibilidad de los sistemas alimentarios y los ingresos de los agricultores. Y es posible reducir la huella hídrica de los procesos industriales, por ejemplo mediante la reutilización del agua en la producción de materiales críticos como el litio que necesitamos para una electrificación a gran escala.

Por último, tenemos que reconfigurar la gobernanza multilateral del agua. El sistema actual está muy fragmentado y no está a la altura del desafío. Una herramienta útil en esto es la política comercial. Incluyendo normas sobre conservación del agua en los acuerdos comerciales podemos alentar prácticas más sostenibles y desalentar los ineficientes subsidios al agua. 

También debemos usar el multilateralismo para desarrollar habilidades y capacidades en el nivel global y para proteger a los agricultores, las mujeres, los pueblos indígenas y los consumidores que están en la primera línea de la lucha por la conservación del agua.Todavía estamos a tiempo de convertir la crisis hídrica en una oportunidad global para un amplio progreso económico y para un nuevo contrato social centrado en la justicia y la equidad. Si no lo hacemos, dejaremos de tener un sistema planetario seguro."               

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17/3/23

Wolfgang Münchau : Sequía... Después de tres años de repetidas sequías, los productores franceses también están cambiando de marcha y han empezado a invertir para ahorrar agua... La perspectiva de una escasez reiterada de agua, el aumento de los costes y la posible paralización de su producción han provocado una oleada de inversiones en nuevas formas de reciclar su propia agua o de compartirla con otros sectores cuando las normas lo permitan... La eficiencia hidráulica se está imponiendo en Francia... hay industrias que estudian la posibilidad de compartir su agua con industrias menos reglamentadas. La calidad del agua necesaria para la limpieza de las máquinas es claramente diferente de la que se necesita en el proceso químico de los medicamentos. Es más probable que estas soluciones respondan a las necesidades de los pequeños y medianos productores. Esto es sólo el principio de un largo camino

 "Cuando no llueve, no escampa

La escasez de agua va a ser un problema este año no sólo para Europa. El tiempo seco de los primeros meses ha aumentado las posibilidades de sequías y restricciones de agua en verano. Ha llovido menos y ha nevado menos en las montañas para derretirse y llenar las cuencas fluviales en primavera. Este mapa del Observatorio Europeo de la Sequía muestra ya déficits de humedad del suelo en toda Francia e Inglaterra, partes de Bélgica, los Países Bajos y el norte de Italia. En Irlanda, las alertas van un paso más allá en rojo, lo que indica estrés en la vegetación como consecuencia del déficit de humedad. Turquía también se ve afectada en gran medida por el déficit de humedad, así como partes de Rumanía y Grecia, mientras que países como España o Portugal parecen menos afectados. Esto repercute en las cosechas de esos países, pero también en sus industrias.

Según el gobierno francés, el sector manufacturero utiliza el 8% del suministro total de agua, casi tanto como la agricultura, con un 10%. Los sectores que más agua consumen son el químico, el papelero y el agroalimentario. Se necesitan 400 litros de agua para producir 1 kg de azúcar, y 10.000 litros para producir un par de vaqueros. El gobierno francés se prepara para la escasez de agua en los próximos meses; algunos municipios ya han limitado el uso del agua para no vaciar sus silos.

Después de tres años de repetidas sequías, los productores franceses también están cambiando de marcha y han empezado a invertir para ahorrar agua. La perspectiva de una escasez reiterada de agua, el aumento de los costes y la posible paralización de su producción han provocado una oleada de inversiones en nuevas formas de reciclar su propia agua o de compartirla con otros sectores cuando las normas lo permitan, escribe Les Echos.

La eficiencia hidráulica se está imponiendo en Francia. El reciclado del agua sigue siendo sólo del 0,6% en Francia, frente al 14% en España o incluso el 98% en Israel. Los fabricantes del sector químico están contratando a expertos en hidráulica para que les consulten qué calidad de agua se necesita en cada fase de su proceso de producción y qué disposiciones y capacidades de reciclado son las más adecuadas.

Algunas grandes empresas, como Silab, que forma parte de la cadena de suministro de la industria cosmética, han invertido ya millones en reciclar sus propias aguas. En el sector farmacéutico, hay una montaña de normativas a tener en cuenta.

No todos los sectores necesitan agua del grifo para su producción. Los hay que estudian la posibilidad de compartir su agua con industrias menos reglamentadas. La calidad del agua necesaria para la limpieza de las máquinas es claramente diferente de la que se necesita en el proceso químico de los medicamentos. Es más probable que estas soluciones respondan a las necesidades de los pequeños y medianos productores. Esto es sólo el principio de un largo camino."

(Wolfgang Münchau , Eurointelligence, 15/03/23;  Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

23/9/22

Mariana Mazzucato: El sector público debe verse a sí mismo como un actor configurador del mercado, que trabaje con todas las partes interesadas en la economía del agua para abrir senderos a la innovación y a la inversión y garantizar el acceso universal a agua pura y saneamiento y una provisión de agua suficiente a los sistemas alimentarios, energéticos y naturales... porque todos los grandes desafíos ambientales que enfrentamos se relacionan con el agua... Debemos reconocer las amenazas contra el sistema global de agua dulce y convertir esa conciencia en acciones colectivas... Es necesario reorientar la legislación y la economía hacia el acceso universal a agua potable, saneamiento e higiene y hacia la creación de sistemas alimentarios más resilientes y sostenibles... Todavía podemos redefinir nuestra relación con el agua y rediseñar las economías para que se la valore como un bien común global. Pero el tiempo se agota.

 " Las inundaciones, sequías, olas de calor e incendios que están devastando muchas partes del mundo ponen de manifiesto dos hechos fundamentales. En primer lugar, el daño a los suministros de agua dulce genera cada vez más presión sobre las sociedades (en particular las pobres), con amplias consecuencias respecto de la estabilidad económica, social y política. En segundo lugar, el impacto combinado de las condiciones extremas actuales no tiene precedentes en la historia de la humanidad y supera la capacidad de respuesta de las autoridades.

En África oriental, una devastadora sequía que ya dura cuatro años ha destruido los medios de vida de millones de personas y ha dejado a más de 20 millones en riesgo de morir de hambre. En Pakistán, las últimas inundaciones han dejado bajo el agua un tercio de la superficie del país; al menos 1500 personas han muerto hasta el momento, y se ha perdido el 45% de la cosecha de este año. 

En China, una ola de calor nunca antes vista ha causado grave escasez de agua en regiones que equivalen a un tercio de la producción de arroz del país. Además, sequías e incendios en Estados Unidos y Europa, y graves inundaciones y sequías en toda la India, han reducido la producción mundial de granos y las exportaciones de alimentos; eso resalta hasta qué punto la producción alimentaria depende de grandes volúmenes de agua estables. Con el agravante del efecto de la guerra en Ucrania sobre el suministro de granos y fertilizantes, existe un riesgo sustancial de que esta crisis mundial de alimentos perdure. 

 Por primera vez en la historia, la actividad humana pone en peligro el agua en su origen mismo. El cambio climático y la deforestación están alterando la temporada de monzones; eso provoca derretimiento del hielo en la meseta del Tíbet y afecta el suministro de agua dulce del que dependen más de mil millones de personas. El aumento mundial de temperaturas modifica los patrones de evaporación y reduce la retroalimentación de humedad desde los bosques, lo cual altera las precipitaciones viento abajo. 

Y el hecho mismo de que el ciclo global del agua esté desestabilizado contribuye a agravar el cambio climático. Por ejemplo, el agotamiento del agua en el suelo y en los bosques reduce su capacidad para la captura de carbono. Restricciones al uso del agua, cortes de energía y otras medidas provisorias no pueden seguir ocultando el hecho de que nuestros sistemas de gobernanza y gestión del agua no son adecuados para un mundo de cambio ambiental a gran escala. Todos nuestros esquemas actuales dependen del supuesto (que ya no es válido) de que el suministro de agua es relativamente estable (dentro de los límites de variabilidad natural), predecible y manejable en forma localizada. Pero la crisis del agua es global, y sólo puede resolverse con un cambio de mentalidad y nuevos modelos de gobernanza. 

 Debemos reconocer el hecho de que todos los grandes desafíos ambientales que enfrentamos se relacionan con el agua (porque es mucha, porque es poca, o porque está demasiado contaminada para el uso humano). Ahora la tarea es comprender los vínculos entre el agua, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, y darle al agua una definición, un valor y un modo de gestión adecuados en cuanto bien común global. Esta forma de conceptualizar el agua nos permitirá movilizar la acción colectiva y diseñar nuevas reglas que pongan la equidad y la justicia en primer plano.

La mayoría de los gobiernos lleva demasiado tiempo ignorando los fallos del mercado o respondiendo a ellos con parches, en vez de movilizar a los sectores público y privado en torno de ambiciones compartidas. El sector público debe verse a sí mismo como un actor configurador del mercado, que trabaje con todas las partes interesadas en la economía del agua para abrir senderos a la innovación y a la inversión y garantizar el acceso universal a agua pura y saneamiento y una provisión de agua suficiente a los sistemas alimentarios, energéticos y naturales.

Una enseñanza clave de los desafíos del pasado que demandaron innovación sistémica es que se necesita definir una misión clara que organice nuestros esfuerzos. Las políticas orientadas a una misión permiten a los gobiernos dirigir la innovación y el conocimiento práctico directamente al logro de objetivos críticos. Cuando las guía una mirada inclusiva basada en el «bien común», tienen una capacidad única para entregar soluciones a desafíos que demandan niveles inmensos de coordinación y financiación a lo largo de muchos años. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad y las crisis hídricas son ejemplos exactos de esa clase de desafíos.

 Las estrategias basadas en el concepto de misión pueden ayudar a los gobiernos a innovar con un sentido de propósito, dirección y urgencia. Pero para que sean eficaces, es necesario que las autoridades oigan la experiencia y la sabiduría de la ciudadanía, de las comunidades y de los innovadores que saben cómo prosperar en un mundo de escasez de agua, de temperaturas más altas y de alteración de los sistemas costeros y fluviales. Debemos reconocer las amenazas contra el sistema global de agua dulce y convertir esa conciencia en acciones colectivas. 

Como la escasez de agua pondrá en peligro todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible, debe reafirmar nuestra determinación colectiva a limitar el aumento de temperaturas a no más de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales (como estipula el Acuerdo de París sobre el clima) y a preservar los sistemas naturales que garantizan pautas estables de lluvia y escurrimiento. Al responder a estos desafíos globales, debemos integrar los principios de equidad y justicia como parte esencial de cualquier nuevo sistema que pensemos. Ninguna comunidad puede prosperar sin un suministro fiable de agua pura. Pero para proteger este bien común global se necesita un cambio de políticas y de sistemas.

 Es necesario reorientar la legislación y la economía hacia el acceso universal a agua potable, saneamiento e higiene y hacia la creación de sistemas alimentarios más resilientes y sostenibles. Se necesita un cambio de incentivos para que el sector privado pueda hacer su parte en la provisión de acceso a tecnología e innovación a países pobres y ricos por igual. 

Esto demandará financiación a largo plazo y mecanismos novedosos para regular los modos de colaboración entre los sectores público y privado. La Conferencia de Naciones Unidas sobre el Agua en 2023 (la primera en casi cincuenta años) será una ocasión trascendental para que la comunidad internacional empiece a imaginar un futuro que sirva para todos. A modo de preparación, podemos encontrar inspiración en Nicholas Stern, que reescribió la economía del cambio climático, y en Partha Dasgupta, que hizo lo mismo con la economía de la biodiversidad. 

En nuestro carácter de copresidentes de la Comisión Mundial sobre la Economía del Agua, nuestro objetivo es transformar la visión que tiene el mundo respecto de su economía y de su gobernanza, para que se le dé mucha más importancia a la equidad, la justicia, la eficacia y la democracia. Todavía podemos redefinir nuestra relación con el agua y rediseñar las economías para que se la valore como un bien común global. Pero el tiempo se agota. Para tener una chance de evitar una catástrofe climática y adaptarnos a los cambios inevitables, tenemos que asegurar un futuro hídrico resiliente para todas las sociedades, pobres y ricas por igual."                   

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28/3/22

Soluciones basadas en la naturaleza para adaptar la gestión del agua al cambio climático

 "Más allá de la sequía meteorológica que nos afecta, nos encontramos ante una situación de emergencia hídrica derivada del aumento imparable de la demanda y la degradación de la calidad de las masas de agua por sobreexplotación y contaminación.

A estas grandes amenazas se les suma otra no menos preocupante: los efectos negativos de la evolución climática del planeta. El calentamiento global está produciendo alteraciones acusadas en la dinámica atmosférica y oceánica, y con ello, en el régimen de precipitaciones y temperaturas, y en la recurrencia, intensidad y duración de eventos extremos.

En este preocupante escenario, es fundamental que se aborde la sostenibilidad de los recursos hídricos desde un enfoque integrador. En consonancia con este, en los últimos años están cobrando importancia las llamadas soluciones basadas en la naturaleza (SbN), como herramientas innovadoras en la gestión de los recursos hídricos.

¿Qué son las soluciones basadas en la naturaleza?

Las soluciones basadas en la naturaleza son soluciones a desafíos o problemas a los que se enfrenta la sociedad que están inspiradas y respaldadas por la naturaleza; que son rentables y generan beneficios ambientales, sociales y económicos, y que ayudan a aumentar la resiliencia de los ecosistemas.

Se trata, en definitiva, de proteger la naturaleza y la sostenibilidad de los recursos naturales y sus servicios ecosistémicos apoyándonos en la propia naturaleza y los procesos naturales.

Así, las soluciones basadas en la naturaleza vienen definidas por un conjunto de condiciones u objetivos a cumplir (...) 

¿Cómo se aplican a la gestión del agua?

En el caso de la gestión de los recursos hídricos, además, se plantean tres objetivos específicos: la seguridad hídrica, la mitigación de los efectos del cambio climático en los recursos hídricos y la adaptación de su gestión a tales impactos.

En este contexto, las soluciones basadas en la naturaleza tienen diferentes aproximaciones:

-Protección, restauración del suelo.

– Adaptación de los usos del suelo.

– Revegetación de especies autóctonas, eliminación de especies invasoras, gestión forestal.

– Restauración de riberas.

– Restauración geomorfológica.

– Reconexión de ríos, acuíferos y llanuras de inundación.

– Recarga de acuíferos.

– Restauración y recuperación de humedales.

– Aplicación de tecnologías extensivas: filtros verdes, humedales artificiales, etc.

– Urbanismo sostenible (espacios verdes, pavimentos permeables).

– Prácticas agrícolas sostenibles (adecuación de cultivos a disponibilidad hídrica, sistemas eficientes de riego, rotaciones, etc).

– Uso de fertilizantes y fitosanitarios sostenibles.

– Prácticas ganaderas sostenibles.

Existen dos aspectos de las soluciones basadas en la naturaleza cuya importancia conviene resaltar. Uno es ese carácter integrador del binomio ecosistemas-sociedad. Otro es su alineación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, precisamente por la interrelación profunda entre esas dos dimensiones: en la actualidad no se puede entender el progreso y bienestar de la sociedad sin la conservación y protección de los ecosistemas.

Existen en España grupos que llevan desarrollando su actividad en la aplicación de soluciones basadas en la naturaleza en el ámbito de los recursos hídricos desde hace años.

Es el caso de la Fundación Centro de las Nuevas Tecnologías del Agua (CENTA) con el desarrollo de tecnologías extensivas (humedales, filtros verdes, etc.), el grupo FILVER de la Universidad de Alcalá y la Fundación IMDEA Agua, con el estudio de filtros verdes y otras SnB. Aunque estos grupos fueron en su día pioneros, en la actualidad no son los únicos trabajando en el desarrollo de soluciones basadas en la naturaleza para su aplicación en la gestión de los recursos hídricos.

Sin embargo, a pesar de ello se reconoce un retraso en la adopción de estas estrategias en la gestión del agua, que se hace especialmente urgente en el contexto actual.

Como resultado de esta necesidad, el Ministerio español para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) ha realizado un análisis preliminar de algunas experiencias llevadas a cabo, identificando los retos y desafíos, y planteando actuaciones necesarias para la adopción de estas estrategias.

Ejemplos de proyectos

Un buen ejemplo de soluciones basadas en la naturaleza aplicadas a la sostenibilidad y protección de los recursos hídricos es el proyecto LIFE RIBERMINE (Fluvial freshwater habitat recovery through geomorphic-based mine ecological restoration in Iberian Peninsula) que se plantea, como objetivos principales, reducir la presión hidromorfológica y la contaminación física y química en los cuerpos de agua dulce y la restauración de los servicios ecosistémicos perdidos, mejorando la calidad y dinámica del agua.

Por primera vez a escala europea se ha llevado a cabo la utilización conjugada y complementaria de diferentes técnicas de restauración minera en dos cuencas hidrográficas, la cuenca del Alto Tajo (España) y la cuenca del Sado y Mira (Ribeira de Corona, Portugal).

En el caso portugués, se trata de un proyecto pionero en el que que se plantean soluciones basadas en la estabilización química y física de residuos mineros de una mina (Lousal) cuya alteración genera drenaje ácido de mina y, con ello, la contaminación por metales y acidificación de los suelos y aguas del entorno (figura 2). Para la estabilización se han utilizado, de forma conjunta, técnicas de restauración geomorfológica, de restauración edáfica y de revegetación.

La restauración geomorfológica se ha basado en la modelización de un relieve coherente con el relieve natural del entorno, buscando la minimización de la erosión, y con ello la remoción y transporte de material contaminado.

La restauración edáfica ha consistido en la construcción de una capa edáfica formada por dos horizontes, uno orgánico (mezcla de estiércol y tierra vegetal) y otro mineral (mezcla de gravas calizas y arcillas), para facilitar la implantación de la vegetación y la ocurrencia de procesos biogeoquímicos de neutralización de la acidez y la retención de metales. La revegetación ha consistido en la siembra de especies de gramíneas, leguminosas y herbáceas locales (...).

 Todos los materiales, semillas y mano de obra utilizados en la actuación han sido, en la medida de lo posible, suministrados por empresas del entorno geográfico.

La luz al final del túnel

A pesar del actual y preocupante escenario de emergencia hídrica, la aplicación de soluciones basadas en la naturaleza se presenta como un horizonte prometedor, que ayudará a minimizar los efectos de las crecientes amenazas de los recursos hídricos asociadas al cambio climático, la sobreexplotación y la contaminación. Sin embargo, como ha puesto de manifiesto el MITECO, aún queda mucho por hacer.

En este sentido, es primordial que se adquiera y afiance la percepción de que los recursos hídricos son parte de un todo y que, por ello, su sostenibilidad depende de la sostenibilidad de los ecosistemas, de la misma manera que la sostenibilidad y conservación de estos depende de la de los recursos hídricos. Si logramos aprender esto, tendremos las bases necesarias para la aplicación de las soluciones basadas en la naturaleza."

(Javier Lillo Ramos. Profesor de Geodinámica e investigador en geología y cambio global, Universidad Rey Juan Carlos. Rebelión, 25/03/22)

21/10/21

Los peces se vuelven adictos a las metanfetaminas vertidas en los ríos

 "Una nueva investigación ha revelado cómo las truchas marrones de los ríos de la República Checa se están volviendo adictas a las metanfetaminas consumidas y excretadas por los seres humanos. 

Estas sustancias llegan a los ríos a través de las aguas residuales. Pavel Horký, profesor del departamento de zoología de la Universidad de Ciencias de la Vida de Praga y primer autor del trabajo, explica que los usuarios de esta droga ilícita pueden causar, sin saberlo, la dependencia de los peces.

Según los resultados del trabajo, publicados el 6 de julio en la revista Experimental Biology, el consumo agudo e inmediato de la metanfetamina aumentó la actividad en el cerebro de los peces por un periodo corto de tiempo, mientras que durante los momentos de abstinencia la actividad cerebral disminuyó. “Los antojos de recompensa de drogas de los peces podrían remplazar las recompensas naturales como la búsqueda de comida o el apareamiento”, dice el científico checo.

 De acuerdo con Horký, el efecto directo sobre el comportamiento de las truchas puede variar en función de muchos aspectos, como el tiempo de exposición o la concentración del fármaco. 

“La consecuencia más grave es que la droga altera los patrones de comportamiento naturales de los animales”, afirma por correo electrónico. Y continúa: “La contaminación de los ríos con estas sustancias podría cambiar el funcionamiento de ecosistemas enteros”.

 Para llegar a estas conclusiones, el equipo liderado por Horký, en alianza con colegas de la Universidad del Sur de Bohemia, en la República Checa, diseñó un experimento que midió el nivel de adicción de los peces. Los científicos dividieron 120 truchas marrones en dos tanques de agua de 350 litros durante ocho semanas. Uno de los tanques tenía cientos de nanogramos de anfetaminas por litro, el mismo nivel de concentración de la droga hallado en los ríos del país europeo.

Al terminar el tiempo de prueba, los investigadores eliminaron la metanfetamina del tanque experimental y analizaron al azar el comportamiento de los peces en los siguientes diez días para detectar signos de adicción y abstinencia. Con ese propósito, diseñaron un tanque con dos compuertas que simulaba el fluir del río. En un lado, los peces podían nadar en agua contaminada con el mismo nivel de anfetaminas al que habían sido expuestos antes. En el otro, el agua estaba limpia.

“El pez de control no mostró preferencia por un lado del arroyo o por el otro, pero el pez que había sido drogado eligió repetidamente permanecer en el agua con metanfetaminas”, se lee en las conclusiones del trabajo. Los científicos también revelaron que habían encontrado altos niveles de la sustancia psicoactiva en el tejido cerebral de los animales y que al pasar los días de abstinencia, los peces afectados eran menos activos que los otros. Esto podría “reducir sus posibilidades de sobrevivir y reproducirse”.

Las conclusiones del estudio son preocupantes: “Nuestros resultados sugieren que la llegada de drogas ilícitas a los ecosistemas de agua dulce causa adicción en los peces y modifica las preferencias de hábitat con consecuencias adversas inesperadas de relevancia a nivel individual y poblacional”. El estudio es una prueba más, dicen los científicos, de la transmisión de problemas sociales humanos a los ecosistemas acuáticos.

 Aunque en la actualidad hay pocos experimentos similares, Horký y sus colegas coinciden en que la contaminación de drogas en los ríos es un problema muy común en todo el mundo. “La adicción a la metanfetamina se considera ahora una de las amenazas para la salud mundial más difíciles de controlar. Sabemos que donde hay usuarios de metanfetamina, también hay contaminación de agua dulce por metanfetamina”.

Un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito de 2018 revela que la metanfetamina es la droga sintética más usada en el mundo y que su consumo ha ido creciendo exponencialmente en los últimos años. “En 2005 se incautaron 25 toneladas de esta droga, mientras que en 2016 se incautaron 159 toneladas”.

Los hallazgos de este trabajo son similares a los encontrados hace poco por un grupo de científicos estadounidenses que mostró como las anfetaminas estaban alterando la base de la vida de los ríos en Norteamérica. Según esa investigación, publicada en la revista Environmental Science & Technology, las aguas residuales llevan narcóticos que afectan a las algas, las bacterias y los insectos fluviales.

Emma Rosi-Marshall, investigadora del Instituto Cary para el Estudio de los Ecosistemas y autora del trabajo, afirmó: “Al exponerlas a las anfetaminas, vimos que la producción de las algas se detenía. Las productoras primarias de la biopelícula hacían peor la fotosíntesis, por lo que crecían menos. Esto es una mala noticia para los organismos que dependen de las biopelículas para alimentarse”.

Los científicos plantean una última reflexión: “La contaminación humana a menudo es evidente por las manchas de petróleo y el plástico que se arrastra a la orilla, pero muchas de las drogas que consumimos también terminan en el agua y el tratamiento actual de las plantas residuales y de los ríos no está preparado para eliminarlas”, afirman en el trabajo. Un porcentaje alto del principio activo de las drogas llega a los ríos. Por eso en la actualidad muchos gobiernos miden el consumo de estas sustancias haciendo análisis en los ríos. Solo en la Unión Europea se hace un seguimiento periódico a las aguas residuales de 67 ciudades para el programa de control de estupefacientes.

Horký reconoce que a pesar de que los resultados del trabajo parecen concluyentes, aún se necesitan muchas más investigaciones de campo para detallar los efectos de abstinencia y la adicción de la metanfetamina observados en este estudio experimental en ecosistemas naturales. El científico termina con una anécdota: “La República Checa es el mayor productor de metanfetaminas en Europa, una droga ilícita generalmente conocida bajo la marca Pervitin”, dice Horký. Y continúa: “La historia de su auge se remonta a la década de 1970, cuando esta droga se convirtió en parte de la clandestinidad, la consumían muchas personas que se oponían al régimen comunista y al establecimiento, originalmente jugó un papel similar al LSD en los Estados Unidos durante la revolución hippie”.                (J. M. Hernández Bonilla, El País, 06/08/21)

7/4/21

Desalación de agua de mar: el proceso más rentable y respetuoso con el medio ambiente

 "Más de 2.200 millones de personas, o uno de cada tres seres humanos, carecen de agua potable. Con el rápido crecimiento de la población mundial y las actividades económicas en medio del cambio climático, muchos países necesitarán soluciones urgentes. Desalar el agua de mar es una idea tentadora.

 Para ello, se han desarrollado durante unos cincuenta años membranas de filtrado que permiten el paso de las moléculas de agua pero que detienen los iones que forman la sal. Pero su desempeño hasta ahora solo ha dado como resultado soluciones energéticas muy costosas, que a su vez contribuyen al cambio climático.

 La membrana híbrida que hemos desarrollado podría cambiar las reglas del juego (1). Combinación de una matriz de poliamida, ya utilizada por los fabricantes de desalinizadores, y canales de agua artificiales, desala tres veces más agua y consume un 12% menos de energía por cada metro cúbico de agua tratada que los métodos actuales (2).

 Actualmente se desalan alrededor de 100 millones de metros cúbicos de agua por día en todo el mundo. Se utilizan varias tecnologías avanzadas. Se basan principalmente en un proceso inspirado en la naturaleza: la ósmosis. Esto corresponde, por ejemplo, al paso espontáneo del agua por los poros de una membrana que separa dos soluciones de diferente concentración de sal: el agua pasa de la menos concentrada a la más concentrada, que diluye esta última y acaba por reducir la diferencia. en concentración entre las dos soluciones. 

Pero para desalar el agua de mar, por el contrario, es necesario "empujar" el agua en la dirección opuesta a este movimiento espontáneo, para obtener concentraciones de sal muy diferentes a cada lado de la membrana, o incluso una concentración nula o casi nula en un lado. Esto requiere aplicar alta presión al agua. Hablamos de ósmosis inversa bajo presión.

 Aún más imitación de la naturaleza La síntesis de tales membranas, llamadas biomiméticas porque reproducen procesos biológicos, se beneficia del progreso constante de la química. Ha pasado más de medio siglo desde la concepción de la primera membrana utilizada para la desalación por ósmosis inversa. 

Producida como una fina capa de poliamida, tiene una permeabilidad al agua que varía de 1 a 1,5 litros por metro cúbico por hora por bar y una tasa de rechazo de sal del 99%. Más recientemente, la fabricación de membranas hechas de películas delgadas de poliamida que incluyen nanopartículas ha mejorado la permeabilidad con, sin embargo, una menor tasa de rechazo de sal.

 Otras membranas, desarrolladas en la década de 2010, se han centrado en una imitación aún más profunda de la naturaleza. Incorporan proteínas, "acuaporinas", formando canales permeables al agua y rechazando iones. El descubrimiento de estas acuaporinas, que realizan esta tarea dentro de la membrana de las células biológicas, ganó el Premio Nobel de Química para el biólogo estadounidense Peter Agre en 2003. 

Gracias a ellas, la permeabilidad de las membranas ha mejorado en aproximadamente un 30%, pero con selectividad iónica reducida (la tasa de rechazo de sal es sólo del 97%). Sobre todo, las aplicaciones a gran escala de membranas de poliamida acuaporina híbridas todavía adolecen de muchos inconvenientes: alto coste de producción de acuaporinas por biosíntesis, baja estabilidad, limitaciones de fabricación, inestabilidad a altas presiones, etc.

 Para mejorar las membranas para la desalación, las acuaporinas se pueden reemplazar por canales sintéticos: canales de agua artificiales. Por ejemplo, hemos trabajado en canales que se insertan en una doble capa de moléculas lipídicas (sustancias grasas), similar a la membrana de nuestras células biológicas. 

Y descubrimos que para pasar por estos canales, las moléculas de agua se alinean en una sola fila y se orientan de una manera específica. Esta disposición genera una mayor movilidad de moléculas en estos canales, favoreciendo así el transporte de materia, con un aporte energético externo reducido.

 Metros cuadrados de membranas Estos canales de agua artificiales rápidamente representaron una alternativa prometedora. Para fabricar membranas que lo contienen a escala de metros, las combinamos con la probada poliamida de los primeros tiempos. Lo hemos logrado mejorando el proceso de polimerización química convencional. Y obtuvimos una estructura híbrida en forma de “superesponja”.

 Este trabajo fue objeto de una solicitud de patente en 2019 y estas membranas híbridas están en desarrollo con varios socios industriales. Su comportamiento en permeabilidad (3 litros por metro cúbico por hora por bar) y rechazo de sal (superior al 99,5%) permiten reducir en un 12% la factura energética por tres veces más agua producida que con los métodos actuales cuyos rendimientos se han estancado desde hace cincuenta años.

 Por tanto, suponen un cambio de escala, a la vez que ofrecen una mejora en la estabilidad a largo plazo de estos materiales y una reducción de las dimensiones de las desaladoras. También se podría considerar el uso de estas membranas para la producción de una forma más sencilla de agua ultrapura necesaria para la fabricación de vacunas o componentes de microelectrónica, evitando al mismo tiempo el uso de costosos métodos de intercambio iónico muy sensibles a la dureza del agua en algunas partes de el mundo. 

 Comprender el flujo selectivo de agua en los canales artificiales es un área que une la investigación básica con las aplicaciones industriales. Sorprendentemente, los canales de agua artificiales a nanoescala (¡un nanómetro vale una millonésima de milímetro, o 10-9 metros!) Permiten fabricar metros cuadrados de membranas para producir millones de metros cúbicos de agua desalinizada por día ... Ésta es la belleza de la química que tiene el poder de construir sus objetos a diferentes escalas y para aplicaciones tan diversas."             

(Mihail Barboiu, directeur de recherche au CNRS et membre de l’Institut européen des membranes de Montpellier, Liberation, 02/04/21)

11/3/20

La lección de la ciudad (Ciudad del Cabo) que estuvo a punto de quedarse sin agua

"Antes de cada ducha, Bridgetti Lim Banda acerca el cubo vacío, lo coloca bajo la alcachofa y gira la manivela. Una vez sale, lo deja al lado del váter, con el agua que hay en él lista para ser reutilizada. “Mi conciencia no me dejaría tirar de la cadena. ¿Cómo podría hacer eso cuando sé que hay mujeres caminando kilómetros cada día para conseguir agua?”, señala. “La experiencia de hace dos años ha cambiado mi vida”, añade.

 En febrero de 2018 los habitantes de Ciudad del Cabo agonizaban por la falta de suministro. Tenían una restricción de 50 litros al día por persona —una ducha de cinco minutos consume unos 45—. Una de las mayores sequías de la historia de la región había dejado a Theewatersklof, la presa más grande, a un 12,5% de capacidad y con un consumo de 900 megalitros al día. La ciudad se iba a quedar sin agua el 22 de abril. 

El gobierno de la región lo llamó Día Cero desde enero y alertó a la población: o reducían su consumo de forma extrema o se cerrarían los grifos ese día. Poco a poco y con el esfuerzo de muchos se fue retrasando la fecha en la que Ciudad del Cabo se quedaría seca: 11 de mayo, 4 de junio y finalmente 9 de julio. Llegó la primera semana del séptimo mes de 2018 y el gobierno municipal anunció el milagro: habían conseguido evitar la catástrofe.

En apenas medio año la ciudad redujo su consumo a la mitad hasta los 450 megalitros al día. Los agricultores cedieron sus reservas para abastecer a la población durante un mes y finalmente, con el invierno sudafricano llegaron las ansiadas lluvias. “El Día Cero ha sido lo mejor que le ha pasado a Ciudad del Cabo y a toda Sudáfrica”, asegura Benoit Le Roy, director de la asociación Water Shortage South Africa y codirector de la organización SA Water Chamber, que aglutina a unas 250 compañías privadas del sector del agua. “Sin la campaña, los grifos se hubieran cerrado”, apostilla.

Durante meses, la municipalidad combinó tácticas de concienciación con otras de coerción y restricción. Por una parte obligó a las casas a instalar medidores de agua amenazando con multas de hasta 700 euros para quienes no contaban con ellos, subió el precio del agua y prohibió lavar coches y regar jardines. Pero por otra parte se las ingenió con creatividad: empapeló de carteles la ciudad en la que se mostraba el consumo medio de cada persona. También promovió la iniciativa 2 minute water songs, una lista de canciones de artistas sudafricanos que acortaron sus canciones hasta los dos minutos y las versionaron con referencias a ahorrar y lanzó la campaña Si es amarillo, déjalo estar para un buen uso del agua del váter.

Ahora Theewatersklof acaba de pasar otro verano, pero a diferencia de hace dos años se encuentra a un 61,5% de capacidad y el total de todas las presas que abastecen a Ciudad del Cabo tienen de media un 66,9% de agua. La ciudad sigue con algunas restricciones; de cinco niveles posibles están en el uno, el más bajo, pero la situación no es para nada similar. Tal es el ejemplo dado por Ciudad del Cabo que acogerá del 18 al 20 de mayo de este año el congreso internacional W12 que reunirá a funcionarios, activistas, expertos y empresarios para buscar alternativas sostenibles de agua.

El Gobierno alertó de la catástrofe que supondría tener que cerrar los grifos y consiguió su objetivo, pero algunas voces critican la campaña. “Fue un éxito en el sentido de que se evitó el Día Cero, pero un desastre mediático ya que puso a Sudáfrica como un mal destino turístico y destrozó la economía de la región del Cabo Occidental”, explica Anthony Thurton, científico conferenciante y profesor del Center for Environmental Management de la University of Free State.

El turismo internacional se redujo en un 5% de julio de 2018 a julio de 2019 en todo el país, pero la municipalidad de Ciudad del Cabo aseguró que tenía previsto que este creciera en los primeros meses de 2020. “Fue terrible en el sentido de que mintieron a las personas y les asustaron”, añade Lim Banda, quien coincide con Thurton en la mala imagen dada. Por su parte, Le Roy critica que el plan de establecer puntos de recogida de suministro cuando se cerraran los grifos era inverosímil: “Cada persona hubiera tardado un día en recoger su ración de agua, la ciudad hubiera colapsado en una semana”, espeta.

A pesar de todo, los expertos aseguran que esta campaña no hubiera funcionado en otro lugar debido a las características únicas de Ciudad del Cabo. “No es una zona con mucha industria”, asegura Le Roy. “No se manufactura lo que realmente se necesita”, añade Thurton. “Además, la urbe tiene tan solo un 15% de media de fugas, mucho menos que el 41% de todo Sudáfrica”, matiza Le Roy. A ello se le une que la región cuenta con sus propias presas, no como la provincia de Gauteng —que acoge a las dos principales ciudades, Johannesburgo y Pretoria— o KwaZulu-Natal —con Durban, la tercera ciudad más grande del país—, que dependen de Lesotho.
Los agricultores, los más afectados

Los efectos de la mayor sequía jamás registrada en la provincia del Cabo Occidental lo siguen pagando los agricultores. Ellos fueron los que salvaron a la ciudad de la catástrofe abriendo las puertas de sus reservas, pero son ahora los que más sufren las peores consecuencias. “Tardarán todavía de cinco a siete años en recuperarse”, asegura Le Roy. El sector primario está utilizando un 40% menos de agua que hace cinco años, pero el cambio climático y los nuevos patrones de lluvia están afectando a su producción. “En periodo estival solíamos sufrir grandes tormentas”, asegura Thurton. “El cambio climático está cambiando la economía agrícola ya que, por ejemplo, la producción de cultivos como la uva está prevista a día de hoy con las lluvias de invierno”.

En tan solo un año se perdieron 30.000 trabajos en el sector agrícola en la provincia del Cabo Occidental y los efectos de la sequía en el oeste del país siguen afectando. El presidente de la región del Cabo Oriental culpó a la falta de agua de los 19.000 trabajos perdidos en la agricultura en el último cuatrimestre de 2019.

Más allá de los límites de la ciudad, el Día Cero sí llegó. En la zona semidesértica de Karoo se encuentran numerosas poblaciones pequeñas a los que los grifos si se les cerraron. Entre ellas se encuentra Graaf-Reinet, la cuarta urbe más antigua del país, una localidad con más de 35.000 personas sin suministro. Los vecinos se quejan de que todavía tienen que pagar por agua a pesar de no contar con ella. 

“En esos lugares la tierra está tan seca que no absorbe el líquido”, asegura Lim Banda, que cree que la situación es crítica. “Los ganaderos están teniendo que matar sus animales para que no sufran. Tienen que elegir entre darles de comer a ellos o tener comida para uno mismo”, lamenta. La escasez hace que muchos hayan migrado de ciudades como la propia Graaf-Reinet a las grandes urbes, lo que pone todavía más presión a los sistemas de agua de estas últimas al incrementar la demanda.

En 2002 ya se anunció que el 98% del agua disponible en la superficie había sido utilizada. A pesar de los avisos, la mala planificación provocó la situación límite de 2018 en Ciudad del Cabo. Esto se sumó a la burda corrupción durante la etapa del expresidente Jacob Zuma, en cuyo segundo mandato se esfumó un tercio del PIB de Sudáfrica, un total de 1,5 billones de rands, unos 93.000 millones de euros. Mientras, en 2013 comenzó la segunda fase del proyecto para exportar agua de las montañas de Lesotho a Sudáfrica. Una construcción que debía estar lista para 2020 y que abastecería a Gauteng, pero que no lo estará hasta el año 2027. “El Gobierno ha pedido reducir un 4% el consumo de agua al año hasta que se complete la fase dos”, comenta Le Roy.

Durante la época de Zuma, el Gobierno se cerraba en banda a recibir ayudas por parte del sector privado. La legislación indica que es el Estado el encargado de abastecer a todos los sudafricanos, pero las empresas piden entrar en el proceso. El nuevo presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, se ha mostrado más dispuesto a la participación privada y ha creado la iniciativa multisectorial Public Private Growth Initiative para contar con el apoyo de compañías.

El Gobierno está trabajando con el sector privado en un plan a 30 años con un objetivo claro: conseguir que un tercio del suministro venga de lugares alternativos a las presas. Los expertos calculan que hacen falta unos 75.000 millones de euros para renovar la tecnología, establecer controles de presión, potenciar la reutilización y establecer plantas de desalinización. “Al principio el Gobierno se comprometió a pagar dos tercios de la factura total, luego nos dijo que solo podrían pagar uno y ahora que lucharán por poder pagarlo”, explica Le Roy.

Lim Banda sigue con sus vídeos en directo para concienciar sobre el ahorro, algunos de los cuales afirma, los han llegado a ver 40.000 personas. “Nos asustaron”, dice, echando la vista atrás. “Pero sirvió, todavía hay gente que hace cola para buscar agua gratis”. Ahora Lim Banda ha abierto otros canales para informar sobre otros problemas que sufre Sudáfrica como la crisis energética que provoca apagones casi diarios. “La escasez ha afectado a esta situación, ya que hace falta agua para generar electricidad”, indica, y asegura que ella trabaja por descubrir si los apagones se deben en parte a la falta de agua momentánea, como alegan recurrentemente las autoridades.

 “No puedes cambiar lo que no sabes, la información es poder”, dice Lim Banda, mientras se dispone a hacer la colada en su adosado. “Prefiero tener mi ropa limpia a darme una ducha de cinco minutos o regar el jardín. Claro que me gustaría tener uno bonito y cuidado, ¿a quién no? Pero si tengo que elegir entre el césped o lavar la ropa, no hay discusión”.                   (David Soler, El País, 03/03/20)

23/1/20

España rompe el termómetro: la década más cálida... “España tiene las condiciones para que se reproduzca la situación que está sufriendo Australia”...

"Estar a favor o en contra de si se debe informar sobre la emergencia climática amenazando cada día con el apocalipsis es todo un debate, pero lo cierto es que, con cada nuevo informe científico que aparece, es difícil no ver el vaso medio vacío y ponerse en el peor escenario. 

Y la novedad de hoy va en el mismo sentido: 2019 cierra la década con la mayor temperatura media registrada en España históricamente y con récord de fenómenos meteorológicos extremos, tanto en la Península como en el resto del mundo. Son las conclusiones que señala el informe Summer is coming 2020: análisis de evolución de temperaturas medias, olas de calor, incendios e inundaciones, realizado por el Observatorio de Sostenibilidad (OS).

“Se acumulan las evidencias de que estamos en emergencia climática. El año 2019 cierra una década de máximos de calor y fenómenos meteorológicos extremos en España y en el resto del mundo”, señalan desde el organismo. De hecho, la temperatura media de la última década ha sido la mayor desde que existen mediciones, llegando a los 15,7ºC, 1,7ºC más que la de la década de los 70. Si se mira por quinquenios, la diferencia es más acusada: la temperatura media de los años 2015-19 —con datos estimados en el caso de diciembre del pasado año— ha sido la mayor nunca registrada: 15,9ºC, 2,1ºC más que la de los años 1965-69. 

 Fernando Prieto, director de OS, señala a El Salto cómo la situación está empeorando: “En los últimos años el ritmo de calentamiento es mucho mayor”. La última década ha sido testigo de más olas de calor que en décadas anteriores, fenómenos que han registrado mayor extensión, intensidad y duración, destacando las de 2017 —año en que se registraron más episodios, con cinco y 25 días de duración total—,  2015 —con la ola más larga, 26 días— y 2012 —año en que se registro la ola más extensa, con 40 provincias afectadas—. 

2019, a pesar de que solo se registraron dos olas de calor, destaca porque la primera de ellas, acaecida a finales de junio, es la que cuenta con temperaturas más elevadas desde que hay datos, afectando a 29 provincias. Además, un estudio de la Agencia Española de Meteorología (Aemet) revela que la posibilidad de que la península sufra una ola de calor en el mes de junio es hoy diez vez más probable que en en la década de los años 80 del pasado siglo. 

En el pasado año, además, se produjeron registros récord históricos de temperatura en los observatorios del Retiro (Madrid), con 40,7ºC el 28 de junio —en una ola europea que en Francia creó el nuevo récord nacional de tempertura máxima, con 46ºC, 1,9ºC por encima del anterior, récord que también sufrieron en Alemania, Países Bajos, Bélgica, luxemburgo y Reino Unido— y en el de Igeldo (San Sebastián), con 39ºC el 23 de julio, cuatro décimas por encima de su anterior récord. 

 Es por ello que el científico expone que la adaptabilidad a lo que viene debería ser una de las prioridades del nuevo Gobierno. “Se va a notar mucho en la cuenca mediterránea, y concretamente en España, y el Gobierno tiene que tomarse muy en serio el tema de la adaptación”. Se refiere a actuaciones como retirarse de primera línea de costa en muchas zonas o de las zonas de riesgo de inundaciones, que según la comunidad científica van a ser mucho más frecuentes en los próximos años. 

 Asimismo, Prieto expone habrá que tomar medidas para paliar las olas de calor en las ciudades: “Van a aumentar, de hecho ya hay más gasto energético en los meses de verano que en los de invierno, lo que quiere decir que la gente gasta más en refrigerar su casa que en calentarla”. El científico señala que “la gente que vive en pisos altos orientados hacia el sur sin aire acondicionado va a tener serios problemas. Y advierte: “Habrá un aumento de la mortalidad asociada a las olas de calor”.

 La irregularidad en las precipitaciones es otra de las consecuencias de la emergencia climática que destaca el informe del OS. La DANA —gota fría— de septiembre de 2019, que inundó vastas zonas del sureste peninsular, fue “un temporal histórico de lluvia sin precedentes en los últimos 100 años en la Vega Baja del Segura”, señala el documento. En dicho episodio “se acumularon en el promedio de la comarca el equivalente a la lluvia de un año”, apunta el informe; una catástrofe cuyo coste final, según Aemet, podría alcanzar los 422 millones de euros, acercándose al récord de 500 millones que pagó el consorcio de compensación de seguros por el terremoto de Lorca (Murcia).

“Hay mucha más irregularidad en las precipitaciones, donde no hay una tendencia clara, con sitios con más lluvia y otros con menos. Pero sí está claro que la lluvia se concreta en momentos  y mucho más fuerte, como pasó con la DANA”, denuncia Prieto, quien recuerda que los tres últimos años se han rozado niveles alarmantes de sequía, una situación que no ha ido a más por la llegada de irregulares picos de precipitación. 

“El tema del agua va a ser uno de los más importantes, la superficie de regadío —al que se destina el 85% del agua embalsada en España— va a haber que reducirla”, incide el experto.

 Los datos recabados por el OS a nivel estatal concuerdan con la situación global. Este jueves la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) y la Administración Nacional Oceánica y Atmosfércia (NOAA) estadounidenses hacían un publico un informe en el que señalan que, a nivel global, la década que acaba de terminar ha sido la más cálida de la historia. 

Los cinco años más cálidos en los últimos 140 años se registraron desde 2015 y nueve de los diez con la media de temperatura más alta desde 1880 se encuentran en los últimos tres lustros. Asimismo, 2019 fue el segundo más caluroso de la historia, según el estudio de ambas agencias, después del récord de 2016. 

 “Cada década desde los años 60 ha sido claramente más cálida que la anterior”, señalaba el director del Instituto Goddard para los Estudios Espaciales (GISS, por sus siglas en inglés) de la NASA. Por si —aparte de Trump— a alguien le quedaba alguna duda, desde este organismo señalan que, “utilizando modelos climáticos y análisis estadísticos de datos de temperatura global, los científicos han concluido que este aumento se debe principalmente al incremento de las emisiones a la atmósfera de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero producidos por las actividades humanas”. 

De Australia a Galicia 

Si bien 2019 registró cifras de incendios moderadas en España, con 80.431 hectáreas quemadas —la cifra más baja de la última década— y 14 grandes incendios forestales con más de 500 hectáreas afectadas, según datos registrados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, no hay que olvidar la tragedia de Gran Canaria, donde “ardió más del 30% del total de la superficie forestal en un entorno especialmente frágil y vulnerable”, recuerdan desde el OS.

El organismo señala que “analizando la serie temporal se observa que durante cuatro años se superaron las 400.000 hectáreas en superficies quemadas”, una situación que, según denuncian,“ puede repetirse en cualquier momento, sobre todo en masas de cultivos forestales monoespecíficas como eucaliptos, pinus radiata o gran parte de las masas de pino pinaster o en especies especialmente pirófitas, y más en un escenario de cambio climático”. Aunque los cuatro casos se dieron en el siglo XX, en la última década dos años —2012 y 2017— han registrado cifras cercanas a las 200.00 hectáreas.


“España tiene las condiciones para que se reproduzca la situación que está sufriendo Australia”, apunta Prieto, “especialmente con todos los eucaliptales del norte”. Para el OS, la falta de gestión y planificación en gran parte de los ecosistemas forestales supone que exista un gran riesgo de incendios de grandes intensidad y extensión, algo que en otras zonas de clima mediterráneo está pasando —Australia— o ha acaecido recientemente —California—."              (Pablo Rivas, El Salto, 19/01/20)

15/1/20

Esta agua se ha generado de la 'nada' con un panel solar y sabe genialmente normal... se puede convertir y almacenar cientos de litros solo con luz del sol y aire...

"El Centro de Convenciones de Las Vegas (LVCC) es un edificio de dimensiones titánicas. Muchos de los kilómetros que se recorren cada día se hacen a través de los pasillos enmoquetados que conforman los diferentes 'stands' de las miles de marcas que se exponen en CES. 

Expositores que aprovechan para convertir sus recintos en puntos de avituallamiento en muchas ocasiones. Ofrecen un refresco, un café o algo con lo que tener una excusa para colocarte una demostración de un caso único, por ejemplo, de 'blockchain' aplicado a la inteligencia artificial del 'big data'. En Zero Mass Water pasa eso. Ofrecen agua. Pero no hay nada más. No es el gancho. En realidad, es el producto. Sí, el agua es el producto. ¿Y qué tiene eso de innovador? La forma en la que se obtiene.

El líquido rey, en este caso se genera de la nada como quien dice. Del aire y del sol. Su particular 'hidropanel' (si no lo conoces, te parecerá un panel solar) es capaz de acelerar el proceso de condensación en cualquier punto del planeta y conseguir cientos de litros cada mes. Hasta en el desierto. Y lo mejor de todo es que sabe genialmente normal. Uno, que lleva diez años educándose y viviendo la religión del grifo de Madrid, se pensaba que encontraría un regustillo similar al que tiene el agua corriente en Levante. Pero nada de eso. Ni un ápice de sabor que delate su peculiar origen.

La clave: materiales higroscópicos

En esta ocasión, la segunda que esta pequeña 'start up' de Arizona participa en el CES de Las Vegas, han presentado dos cosas. Por una parte, un nuevo modelo de 'hidropanel' bautizado como Rexi. Se trata de una versión mucho más pequeña que la anterior. "Hemos conseguido reducir el tamaño en un 50% frente al anterior modelo", cuenta Kaitlyn Fitzgerald, directora de marca de la empresa, que ya ha hecho instalaciones en 35 países de todo el mundo, incluyendo varios europeos. "Esto nos permite poder ofrecerlo e instalarlo en superficies más pequeñas, como domicilios particulares".

Pero, ¿cómo funciona exactamente? Aprovechando la energía solar crean un entorno para que la humedad relativa del ambiente pueda ser condensada en el interior de estos tanques. La clave está en los materiales higroscópicos que absorben en primer término ese vapor de agua. Estos materiales, explican desde la compañía, solo absorben las moléculas de agua, así que se obtiene un líquido similar al agua filtrada.

Hasta 300 litros al mes

El tamaño de la instalación depende del lugar donde se encuentre. En un escenario muy árido harán falta más unidades para lograr un abastecimiento similar a un entorno como un clima tropical. La firma, que tiene sede en Arizona, dice que es capaz de generar agua incluso en niveles de humedad relativa de tan solo 5%. En un lugar estándar, sin un clima extremo hacia ningún punto, aseguran que la media al mes ronda los 150 litros por cada 'hidropanel'. En condiciones óptimas, su nuevo modelo puede doblar esa cifra hasta los 300 litros mensuales.

Cada unidad de Rexi cuesta 2.500 dólares, ya se pueden reservar y esta nueva versión empezará a distribuirse el próximo verano. "La instalación que se hace en una jornada incluye también la conexión al punto de consumo de ese agua", explica Fitzgerald. Puede ser a la nevera, a una fuente, a un calentador... "Cada panel tiene un tanque de 30 litros. Si se queda corto, siempre se puede conectar a un depósito externo y distribuirlo desde ahí". 

En ese primer depósito se agregan las sales minerales necesarias. En el caso de este nuevo modelo doméstico, que toma el relevo al primer modelo que presentaron en el pasado CES, cuenta con una serie de sensores que permiten consultar desde un móvil o un ordenador la cantidad de agua almacenada, la calidad, etc.

'Agua como servicio'

La otra novedad que han traído a la feria es una nueva manera de explotar su negocio que han bautizado como 'agua como servicio'. Es decir, en lugar de vender el aparato, instalar, mantener y explotar una 'granja' de hidropaneles e ir proporcionando agua potable a una población remota. Lo más sorprendente del sistema es que no necesita electricidad, ni tuberías ni ningún otro tipo de infraestructura pública para generar el agua. Autoabastecimiento, como con la luz solar y las placas, pero con el agua.

 Gestionan, a día de hoy, cuatro grandes instalaciones con este modelo. Tienen dos en los Emiratos Árabes, capaces de producir al año, entre ambas, cerca de 1,2 millones de litros anualmente. Otra en Australia, que genera hasta un millón de litros anualmente que se suministran a una marca de agua embotellada local. La última, en Phoenix, produce cerca de 200.000 litros anuales que se distribuyen a domicilios y negocios locales. "El agua no tiene que ser un elemento finito. Al menos de esta manera", afirman. "El sol y el aire son ilimitados".                ( , El Confidencial, 11/01/20)