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24/10/23

Alternativa financiera en Ghana... ¿Qué es un Susu y cómo funciona? Los miembros de un Susu aportan periódicamente una cantidad determinada de dinero, que luego se junta y se entrega a cada miembro por turno durante un periodo definido. La suma global permite a los miembros acumular capital, lo que les facilita emprender negocios, hacer compras más grandes, pagar matrículas escolares, bodas o funerales y satisfacer otras necesidades... Suelen ser democráticos, con miembros del consejo elegidos para tomar decisiones en nombre del grupo. Además, la práctica se basa, como señalan los autores del artículo, «en el esfuerzo africano por mantener la vida comunitaria»

 "Alternativa financiera.

En la página de Radical Democracy publican esta iniciativa de un sistema financiero tradicional en Ghana que puede ofrecer una alternativa comunitaria.

 https://radicalecologicaldemocracy.org/susu-ghanas-informal-economy-is-a-case-study-in-postcapitalist-development/

Susu: La economía informal de Ghana es un ejemplo de desarrollo postcapitalista
17 de septiembre de 2023

 Susu es un sistema financiero centenario de Ghana. Es un tipo de asociación de ahorro y crédito rotatorio (ROSCA) y una de las numerosas instituciones financieras colectivas informales que se practican en África Occidental. Para su estudio, «Situating the West African System of Collectivity: A Study of Susu Institutions in Ghana’s Urban Centers» (1), Caroline Shenaz Hossein y Samuel Kwaku Bonsu entrevistaron a 46 miembros de Susu en ciudades de Ghana. Sus resultados revelan por qué estos sistemas y prácticas basados en la comunidad contribuyen de forma importante al desarrollo ascendente, abordando las desigualdades económicas y ofreciendo al mismo tiempo una alternativa sostenible a la nociva ideología neoliberal dominante.

El neoliberalismo imagina una economía centrada en la búsqueda individual de la riqueza y el materialismo. En el contexto del desarrollo, este modelo económico ve los procesos de cambio cultural socioeconómico únicamente desde una perspectiva histórica blanca: la economía dominante se enmarca como un sistema autorregulado impulsado por la motivación de los individuos para mejorar su propia condición, a menudo a expensas de los demás. Esta mentalidad se basa en la suposición de que el mundo tiene recursos infinitos, y acaba transformando las economías autosostenibles en sistemas devastadores para el medio ambiente.

Como práctica, Susu desafía silenciosamente el sistema global dominante. Su mera existencia refuta la insistencia del capitalismo en que es el único modelo posible de sociedad. La verdad es que existen sistemas totalmente alternativos, y existen desde hace mucho tiempo.

¿Qué es un Susu y cómo funciona?

 Susu significa «poco a poco» y también «planificar» en la lengua twi de Ghana. Los miembros de un Susu aportan periódicamente una cantidad determinada de dinero, que luego se junta y se entrega a cada miembro por turno durante un periodo definido. La suma global permite a los miembros acumular capital, lo que les facilita emprender negocios, hacer compras más grandes, pagar matrículas escolares, bodas o funerales y satisfacer otras necesidades.

Aunque ésta es la estructura general, cada grupo Susu tiene sus propias reglas.
Sin embargo, en Susu no se trata sólo de dinero. El objetivo no es el lucro, sino aunar y compartir recursos en beneficio de todos los miembros. Suelen ser democráticos, con miembros del consejo elegidos para tomar decisiones en nombre del grupo. Además, la práctica se basa, como señalan los autores del artículo, «en el esfuerzo africano por mantener la vida comunitaria».

La investigación ha demostrado que el Susu es anterior al colonialismo, pero su existencia al margen del sistema de mercado dominante significa que ha permanecido en cierto modo oculto y no reconocido. Sin embargo, es la naturaleza informal de los sistemas Susu lo que los hace especialmente útiles: son flexibles y dinámicos, capaces de movilizarse rápidamente en función de las necesidades cambiantes de sus miembros. También permiten crear y mantener fuertes lazos sociales a través de la ayuda mutua y la toma de decisiones democrática.

Por qué muchos ghaneses prefieren Susu al sistema bancario formal

 Según el estudio, «el éxito de las prácticas Susu en Ghana ha provocado inmensas presiones comerciales para formalizarlas». Sin embargo, los miembros de Susu entrevistados expresaron su firme rechazo a ser cooptados por los bancos comerciales. Los miembros son muy conscientes de que los sistemas Susu tienen muchas ventajas sobre los bancos, desde los fuertes lazos comunitarios que fomentan hasta el enfoque en la confianza, el cuidado y el bienestar en lugar del interés propio individual. A los miembros de Susu les mueve la solidaridad, no el lucro. Construyen amistades duraderas y reconocen que un sentido de propósito basado en fuertes lazos sociales es una parte central de vivir bien. «Pertenecer a una Susu es comprometerse con uno mismo y con la comunidad», escriben los autores. «Es una forma de vida que aporta alegría».

Además, a diferencia de los bancos, los Susus atienden las necesidades financieras de los sectores vulnerables de la sociedad y ayudan a conectar y proteger a las personas excluidas de las finanzas formales, abordando así eficazmente la desigualdad económica. La informalidad del sistema en este contexto es una ventaja. Durante más de 30 años, los bancos han intentado establecer conexiones con la economía informal, pero han fracasado en parte debido a que muchos miembros de Susu no cumplen las políticas formales de los bancos. Como dijo una entrevistada, propietaria de un negocio: «Los bancos están jugando a ponerse al día porque los Susus se basan en la confianza y los bancos no han creado oportunidades para que se les considere dignos de confianza».

Muchos informantes también consideraban que la forma de compartir de los Susu era un «invento muy africano», que corría el riesgo de quedar subsumido y borrado en el proceso de comercialización. Por tanto, participar en un Susu puede considerarse un acto político de resistencia a las fuerzas homogeneizadoras del capitalismo global.

Un antídoto contra el desarrollo internacional verticalista y corporativista
Los miembros de Susu cambian la forma de entender el desarrollo local al trascender el binario capitalista-socialista y demostrar que las comunidades pueden participar en actividades económicas sin ánimo de lucro, un compartir y poner en común que puede calificarse de postcapitalista. Y lo que es más importante, se trata de un tipo de economía comunitaria anterior a las teorías surgidas en Occidente.

La fijación del sistema económico mundial en los mercados formales desmiente la existencia de una miríada de mercados informales: «la economía viva en la que la mayoría de las personas interactúan entre sí de formas cruciales que sustentan la vida». En Ghana, nuestro ejemplo, el 88% de la economía se clasifica como informal.

Como señalan los autores: «El sistema Susu prospera en la informalidad, y en lugar de ignorar lo que puede ofrecer, debemos reconocer su postura inconformista en lo que respecta al desarrollo. Las prácticas Susu optan por ayudar a los excluidos en los negocios y en la sociedad, ofreciendo beneficios tanto materiales como sociales.»

A pesar de su larga historia de puesta en común de dinero en beneficio de la comunidad, los sistemas Susu rara vez, o nunca, se reconocen como alternativas económicas o como solución de desarrollo, ni siquiera en el discurso de la economía comunitaria. En su estudio, los autores tratan de rectificar esta omisión, señalando que una economía centrada en las necesidades locales libera a las comunidades del interminable ciclo de dependencia del desarrollo. Los debates sobre las economías comunitarias deberían, por tanto, incorporar este tipo de teoría político-económica negra.  Además, para quienes escriben sobre tecnología financiera y la desarrollan, las ROSCA como Susus ofrecen un punto de partida para explorar alternativas económicas sostenibles que a menudo están dirigidas por mujeres.
El sistema Susu se centra en el deseo y la capacidad de las personas para intervenir en sus propias vidas, al tiempo que está firmemente arraigado en sus economías comunitarias.

Economía más allá del crecimiento y el beneficio

 El estudio demuestra que, por naturaleza, el ser humano no tiene ánimo de lucro. Los sistemas de cooperativas Susu se resisten a la corporativización de la economía y ofrecen un caso de estudio inspirador sobre cómo las personas pueden dirigir -y dirigen- su propio desarrollo. Con sus raíces en las economías comunitarias, ofrecen una alternativa funcional a la búsqueda agresiva de rentas económicas y refutan activamente la tesis del crecimiento.
El hecho de que los sistemas Susu sigan sobreviviendo y prosperando en un contexto neoliberal contemporáneo es testimonio de la fuerza de los enfoques indígenas arraigados. Su sabiduría y su funcionamiento nos enseñan lecciones a todos los que nos comprometemos a contrarrestar las narrativas y prácticas destructivas del capitalismo.

(1) Situating the West African System of Collectivity: A Study of Susu Institutions in Ghana’s Urban Centers"

(Caroline Shenaz Hossein es profesora asociada de Desarrollo Global y Ciencias Políticas en la Universidad de Toronto y uno de los miembros fundadores del Colectivo de Economías Solidarias Diversas (DISE). Más información en www.africanaeconomics.com .  Natalie Holmes es una escritora y editora independiente que trabaja en los campos de la economía regenerativa y el apoyo humanitario y la solidaridad. Es la editora jefe de Post Growth Perspectives. Salvador López Arnal, blog, 22/09/23; traducción DEEPL)

19/10/23

Inteligencia Artificial: ganancia vs. libertad... Si las nuevas tecnologías permiten a los empresarios sustituir de forma rentable a los trabajadores asalariados por máquinas, aplicarán el cambio. Los empresarios tienen poca o ninguna responsabilidad ante los trabajadores desplazados, sus familias, barrios, comunidades o gobiernos por las numerosas consecuencias de la pérdida de puestos de trabajo. Si el coste del desempleo para la sociedad es de 100, mientras que el beneficio para los empresarios es de 50, la nueva tecnología se implanta... Supongamos que la IA duplica la productividad de algunos empleados. Durante el mismo tiempo de trabajo, producen el doble que antes del uso de la IA. Los empresarios que utilicen la IA despedirán entonces a la mitad de sus empleados... Si imaginamos por un momento que los asalariados tuvieran el poder que el capitalismo confiere exclusivamente a los empresarios, optarían por utilizar la IA de una forma totalmente distinta. Utilizarían la IA, no despedirían a nadie, sino que reducirían las jornadas laborales de todos los empleados en un 50% manteniendo sus salarios... Por lo tanto, es simplemente falso escribir o decir que la IA amenaza millones de puestos de trabajo o de trabajadores. La tecnología no hace eso. Más bien, el sistema capitalista organiza las empresas en empleadores frente a empleados y, por lo tanto, utiliza el progreso tecnológico para aumentar los beneficios, no el tiempo libre de los empleados

 "La Inteligencia Artificial (IA) es una oportunidad de beneficio para los capitalistas, pero plantea una elección crucial para la clase trabajadora. Dado que la clase trabajadora es la mayoría, esa elección crucial enfrenta a la sociedad en su conjunto. Es la misma oportunidad de beneficio/elección social que se presentó con la introducción de la robótica, los ordenadores y, de hecho, con la mayoría de los avances tecnológicos a lo largo de la historia del capitalismo. En el capitalismo, los empresarios deciden cuándo, dónde y cómo instalar nuevas tecnologías; los trabajadores, no. Las decisiones de los empresarios se basan principalmente en si las nuevas tecnologías afectan a sus beneficios y cómo lo hacen.

Si las nuevas tecnologías permiten a los empresarios sustituir de forma rentable a los trabajadores asalariados por máquinas, aplicarán el cambio. Los empresarios tienen poca o ninguna responsabilidad ante los trabajadores desplazados, sus familias, barrios, comunidades o gobiernos por las numerosas consecuencias de la pérdida de puestos de trabajo. Si el coste del desempleo para la sociedad es de 100, mientras que el beneficio para los empresarios es de 50, la nueva tecnología se implanta. Dado que la ganancia de los empresarios rige la decisión, se introduce la nueva tecnología, sin importar lo pequeña que sea esa ganancia en relación con la pérdida de la sociedad. Así es como ha funcionado siempre el capitalismo.

Un simple ejemplo aritmético puede ilustrar el punto clave. Supongamos que la IA duplica la productividad de algunos empleados. Durante el mismo tiempo de trabajo, producen el doble que antes del uso de la IA. Los empresarios que utilicen la IA despedirán entonces a la mitad de sus empleados. Estos empresarios obtendrán la misma producción del 50% restante de sus empleados que antes de la introducción de la IA. Para simplificar el ejemplo, supongamos que esos empresarios venden esa misma producción al mismo precio que antes. Los ingresos resultantes también serán los mismos. El uso de la inteligencia artificial ahorrará a los empresarios el 50% de sus costes salariales totales anteriores (menos el coste de implantación de la inteligencia artificial) y los empresarios se quedarán con ese ahorro como beneficio añadido. Ese beneficio añadido fue un incentivo eficaz para que el empresario implantara la IA.

Si imaginamos por un momento que los asalariados tuvieran el poder que el capitalismo confiere exclusivamente a los empresarios, optarían por utilizar la IA de una forma totalmente distinta. Utilizarían la IA, no despedirían a nadie, sino que reducirían las jornadas laborales de todos los empleados en un 50% manteniendo sus salarios. Manteniendo de nuevo la sencillez de nuestro ejemplo, el resultado sería la misma producción que antes de utilizar la IA, con el mismo precio de los bienes o servicios y la misma entrada de ingresos. El margen de beneficios seguiría siendo el mismo después del uso de la IA que antes (menos el coste de implantación de la tecnología). El 50% de los días de trabajo anteriores de los empleados que ahora están disponibles para su ocio sería el beneficio que obtendrían. Ese ocio –libertad de trabajo– es su incentivo para utilizar la IA de forma diferente a como lo hacían los empresarios.

Una forma de utilizar la IA produce beneficios adicionales para unos pocos, mientras que la otra forma produce más ocio/libertad para muchos. El capitalismo recompensa y, por tanto, fomenta el modo de los empresarios. La democracia apunta en otra dirección. La propia tecnología es ambivalente. Se puede utilizar en ambos sentidos.

Por lo tanto, es simplemente falso escribir o decir –como hacen tantos hoy en día– que la IA amenaza millones de puestos de trabajo o de trabajadores. La tecnología no hace eso. Más bien, el sistema capitalista organiza las empresas en empleadores frente a empleados y, por lo tanto, utiliza el progreso tecnológico para aumentar los beneficios, no el tiempo libre de los empleados.

A lo largo de la historia, los entusiastas celebraron la mayoría de los grandes avances tecnológicos por sus cualidades de “ahorro de trabajo”. La introducción de nuevas tecnologías supondría menos trabajo, menos penoso y menos degradante. La implicación era que “nosotros” –todas las personas– nos beneficiaríamos. Por supuesto, los beneficios añadidos de los capitalistas gracias a los avances técnicos sin duda les proporcionaron más ocio. Sin embargo, el ocio añadido que las nuevas tecnologías hicieron posible para la mayoría de los trabajadores les fue negado en su mayor parte. El capitalismo –el sistema basado en el beneficio– provocó esa negación.

Hoy nos enfrentamos a la misma vieja historia capitalista. El uso de la IA puede garantizar mucho más ocio a la clase trabajadora, pero el capitalismo subordina la IA al lucro. Los políticos derraman lágrimas de cocodrilo ante el aterrador panorama de los puestos de trabajo perdidos por la IA. Los expertos intercambian estimaciones sobre cuántos millones de puestos de trabajo se perderán si se adopta la IA. Los liberales crédulos inventan nuevos programas gubernamentales destinados a reducir o suavizar el impacto de la IA en el empleo. Una vez más, el acuerdo tácito es no cuestionar si el problema es el capitalismo y cómo, ni buscar la posibilidad de un cambio de sistema como solución a ese problema.

En una economía basada en cooperativas de trabajadores, los empleados serían colectivamente sus propios empleadores. La estructura central de las empresas del capitalismo –el sistema de empleador contra empleado– ya no prevalecería. La aplicación de la tecnología sería entonces una decisión colectiva tomada democráticamente. Con la ausencia de la división del capitalismo entre empleador y empleado, la decisión sobre cuándo, dónde y cómo utilizar la IA, por ejemplo, pasaría a ser tarea y responsabilidad de los empleados como un todo colectivo. Podrían considerar la rentabilidad de la empresa entre sus objetivos para utilizar la IA, pero sin duda también tendrían en cuenta la ganancia en ocio que esto hace posible. Las cooperativas de trabajo asociado toman decisiones que difieren de las de las empresas capitalistas. Los distintos sistemas económicos afectan y conforman de manera diferente a las sociedades en las que operan.

A lo largo de la historia del capitalismo, los empresarios y sus ideólogos aprendieron a defender mejor los cambios tecnológicos que podían aumentar los beneficios. Celebraron esos cambios como avances del ingenio humano que merecían el apoyo de todos. Las personas que sufrían debido a estos avances tecnológicos eran desestimadas como “el precio a pagar por el progreso social”. Si los que sufrían se defendían, eran denunciados por lo que se consideraba un comportamiento antisocial y a menudo eran criminalizados.

Al igual que con anteriores avances tecnológicos, la IA sitúa en la agenda de la sociedad tanto nuevas cuestiones como viejas polémicas. La importancia de la IA NO se limita a los aumentos de productividad que consigue y a las pérdidas de empleo que amenaza. La IA también desafía –una vez más– la decisión social de preservar la división empleador-empleado como organización básica de las empresas. En el pasado del capitalismo, sólo los empresarios tomaban las decisiones con cuyos resultados tenían que vivir y aceptar los empleados. Tal vez con la IA, los empleados exijan tomar esas decisiones a través de un cambio de sistema que vaya más allá del capitalismo hacia una alternativa basada en cooperativas de trabajadores."

( Richard D. Wolff , El Viejo Topo, 16/10/23; Este artículo fue producido para Globetrotter.)

25/9/23

Coop57: “Ponemos el dinero al servicio de la economía social y solidaria”... Coop 57 Asturies ha cumplido cinco años desde su constitución como un ejemplo de servicio de ahorro y financiación para entidades que buscan la transformación social... “Coop 57 no te va a desahuciar. Está de tu lado, te ayuda a que devuelvas lo que se te ha prestado, pero sobre todo a que saques adelante tu proyecto y así puedas devolver el dinero... el objetivo de Coop57 no es maximizar beneficios, sino aumentar la capacidad de dar créditos a proyectos transformadores”... proyectos que tienen que ser llevados a cabo por unos colectivos que pueden ser asociaciones, cooperativas o fundaciones laborales. A los particulares o autónomos no se les presta dinero. Se fomenta el ahorro colectivo para otros colectivos”... Actualmente, asociaciones como Cambalache; cooperativas de la de vivienda, como Axuntase; o del ámbito de la energía sostenible, como Astuernerxía; o para materiales y técnicas de bioconstrucción, como Ecomateriales Ultravioleta; o en el campo ecológico, con productos como la crema de cacao y avellanas ecológica, Asturcilla, son algunas de las 24 entidades que participan en Coop57

 "¿Es posible un mundo donde los servicios financieros no busquen maximizar los beneficios y sí la rentabilidad social a la vez que la viabilidad económica? ¿Donde el dinero de los ahorradores no se destine a inversiones de tipo especulativo? ¿Donde la transparencia se imponga a la opacidad de las decisiones de un grupo reducido de accionistas? Hemos hablado con la sección territorial Asturies de Coop57 para que nos expliquen cómo están poniendo su grano de arena para responder afirmativamente a esas preguntas, después de que esta “herramienta para impulsar la economía social y solidaria” se haya consolidado en esta región y busque ahora su expansión y la captación de más ahorradores y entidades que necesiten préstamos.

“Queremos darnos a conocer porque en Asturias hay bastantes entidades que podrían servirse de nosotros para empezar”, cuenta Verónica Sánchez, parte de esta cooperativa. “Coop 57 no te va a desahuciar. Está de tu lado, te ayuda a que devuelvas lo que se te ha prestado, pero sobre todo a que saques adelante tu proyecto y así puedas devolver el dinero.” Según ella, la clave está en que “el objetivo de Coop57 no es maximizar beneficios, sino aumentar la capacidad de dar créditos a proyectos transformadores”.

 Marcos García cuenta un poco más: “La idea es ofrecer dos tipos de servicios financieros. Uno de ahorro por parte de los socios colaboradores, cualquier persona o entidad que quiera dejar el dinero parado hasta que ellos consideren. Y luego, unos proyectos que tienen que ser llevados a cabo por unos colectivos que pueden ser asociaciones, cooperativas o fundaciones laborales. A los particulares o autónomos no se les presta dinero. Se fomenta el ahorro colectivo para otros colectivos.”

Una herramienta financiera nacida en Cataluña

Todo empezó en Cataluña en los años ochenta, entre los trabajadores de la Editorial Bruguera que buscaban mantener sus puestos de trabajo. En aquel entonces la editorial pasó a manos del Banco de Crédito Industrial y este tomó la decisión de liquidar la empresa. Un grupo de trabajadores iniciaron una lucha judicial para conseguir las indemnizaciones que consideraban justas y no las que ofrecía el banco. Ganaron la batalla, ya en los años noventa. Es entonces cuando estos trabajadores inician un fondo con parte de las indemnizaciones para promover proyectos económicos que crearan lugares de trabajo de calidad, aplicando principalmente modelos cooperativos. De esta forma, en 1995 nacía Coop57 como cooperativa de servicios financieros que, con el tiempo, acabaría poniendo en práctica un modelo de crecimiento en red extendido a otros territorios de España.

 Javier Arjona cuenta que “Coop57 Asturies empezó hace más de una década. Durante unos años estaba adscrita a la centralidad de Cataluña, pero en 2018 nos constituimos como una entidad territorial y fue al año siguiente que la gente de Asturias empezó a decidir qué proyectos querían financiarse aquí. Antes de eso el trabajo de las comisiones social y técnica se delegaba en la gente de Cataluña.”

Es en esta comunidad donde todavía hay más socios y proyectos financiados. Asturias es el territorio donde todavía hay menos socios colaboradores, si bien aquí recurren entidades de León o Cantabria porque en sus comunidades todavía no se ha implementado el modelo de Coop57. Tras varios años de funcionamiento y una vez consolidada su actividad en el Principado, creen que es el momento de crecer y “de que la gente conozca esta herramienta”. Repiten la palabra “herramienta” con frecuencia porque aunque basada en unos principios “alejados del capitalismo” reivindican su utilidad práctica. “A la izquierda le cuesta hablar de dinero”, bromea Verónica Sánchez. “Coop57 funciona como discurso, pero es sobre todo algo práctico. Las empresas involucradas pretenden generar beneficios sociales o medioambientales, pero a la vez son células capitalistas que han de resultar viables y producir capital de forma ética. Y Coop57 es la herramienta adecuada para ayudar a congeniar todo eso.”

 Actualmente, asociaciones como Cambalache; cooperativas de la de vivienda, como Axuntase; o del ámbito de la energía sostenible, como Astuernerxía; o para materiales y técnicas de bioconstrucción, como Ecomateriales Ultravioleta; o en el campo ecológico, con productos como la crema de cacao y avellanas ecológica, Asturcilla, como Kikiricoop; y fundaciones como la Fundación Edes para la Educación Especial, son algunas de las 24 entidades que participan en Coop57.

¿Cómo funciona?

Cualquier persona o entidad puede ser ahorrador, denominado socio colaborador en Coop57, “excepto las figuras jurídicas de Sociedad Anónima o Sociedad Limitada.” Las figuras jurídicas que se aceptan son las asociaciones, las cooperativas, las fundaciones y las sociedades laborales. Los socios de servicios, o entidades que reciben el préstamo, solo pueden estar constituidas de esta forma, si bien, a propuesta de la sección de Aragón también se ha incluido recientemente el ATP en el mundo agrario. “Cada región cuenta con diferentes experiencias y necesidades y de las que al trabajar en red todos aprendemos y nos adaptamos de forma flexible”, incide Verónica Sánchez.

Mantienen que la implicación de los socios es algo fundamental en Coop57. De hecho, la mayor parte de la estructura está formada por voluntarios. En Asturias solo hay una persona liberada que trabaja a media jornada para asesorar y realizar otro tipo de gestiones. Por otro lado, en Cataluña es donde se concentra la mayor parte de los profesionales remunerados que sustentan las evaluaciones técnicas que permiten la viabilidad de la cooperativa a nivel estatal.

 No obstante, para acceder a los préstamos en Asturias existen dos tipos de comisiones. Roberto Porras lo cuenta: “Cuando una entidad pide un préstamo, primero se hace una evaluación social. Se evalúa el impacto social de la actividad que realizan y para la que piden el dinero. Además, hay un cuestionario en el que se analizan las condiciones laborales que se tienen; la manera de tomar las decisiones de la empresa o proyecto; las medidas medioambientales; el compromiso con el entorno. Se analiza todo esto porque muchas veces hemos visto que una asociación o fundación no siempre está alienada con los valores de la economía social y solidaria. Además, el cuestionario va acompañado de una visita que debe comprobar en directo que se ha respondido con veracidad.”

Si no se pasa la evaluación social, se aconseja a la entidad qué cosas debe modificar para pasar a la siguiente fase: la evaluación técnica. Otra comisión debe atender a criterios de viabilidad del proyecto y, por supuesto, para que eventualmente devuelvan el préstamo. Sobre esto, Verónica Sánchez resalta que “prácticamente no hay morosidad”. Algo que concuerda con las cifras facilitadas los últimos años al comparar el número de morosidad entre la banca ética y la banca convencional: en 2021 la morosidad en el sector financiero se situaba en el 1,24%, mientras que en el convencional estaba en el 4,29%.

Verónica Sánchez afirma que “la mayor parte de nuestros proyectos podrían encontrar respaldo en un banco normal”, pero vuelve a sus argumentos del principio: “elegimos esta opción porque en parte se trata de una economía alternativa a los bancos.” Aun así, reconoce que “los fondos de Coop57 no están debajo de un colchón, están en un banco, en Caja Laboral”.

Apenas hay morosidad y no se cobran comisiones

En cuanto a la morosidad, desde Coop57 Asturies insisten en que “es muy difícil que se acaben ejecutando avales porque prácticamente no hay impagos. Además, hay toda una serie de mecanismos, antes de ejecutar un aval, porque lo que interesa es que salgan todos los proyectos adelante.” Por otro lado, los avales son el dinero de personas o entidades. “Con ello se trata también de que demuestres el arraigo social de tu proyecto. Mostrar que tienes unos grupos de consumo y que tienen confianza en el proyecto.”

Los intereses para devolver los préstamos se diferencian poco de la banca comercial, pero además del compromiso con el proyecto al que se financia, está el hecho de que Coop57 no cobra comisiones. “Si miramos los grandes números, el crédito de inversión está ahora mismo al 4,95. Está prácticamente a la par con las entidades bancarias, debido a que subieron mucho los tipos de interés”, relata Roberto Porras. “Pero si te pones a analizar los otros gastos vinculados, por ejemplo, por apertura, por cancelación, cuando quieres quitar una cuota de más, etc,. eso son todo gastos añadidos que Coop 57 no tiene. El único gasto que hay es el interés. Exclusivamente.” Y es con los intereses que se paga la estructura de esta cooperativa de servicios financieros.

 En cuanto al proceso de cómo se fijan los intereses”, Roberto Porras afirma que “este último año ha habido mucho debate en torno a si había que subir el precio de los créditos. Ese debate hizo que en vez de subir un 0,5 % subiera un 0,3% para no trabar los proyectos que ya tienen crédito o quieren acceder al crédito, y todo ello respetando la remuneración que deben tener los ahorradores. Eso se debatió en las asambleas territoriales, también en la asamblea estatal, teniendo en cuenta los objetivos de la cooperativa, a los ahorradores, a los proyectos y a la viabilidad de la cooperativa. Se tiene en cuenta todo.”

Javier Arjona dice que “el dinero está en manos de la ‘banca armada’ y hay que darse cuenta para qué lo utilizan. Nosotros lo ponemos el dinero al servicio de la economía social y solidaria. Es muy sencillo y tiene mucha más utilidad.” Verónica Sánchez concluye: “Si nosotros somos la célula, los bancos son el ladrillo y el hormigón armado del capitalismo que busca maximizar beneficios. Así que, ¿por qué no aliarte con aquellos que son más como tú y que van a intentar que salgas adelante con tus proyectos?”                (Ismael Juárez Pérez , Nortes, 23/09/23)

23/8/22

La carencia de una adecuada cultura organizacional democrática basada en los Siete Principios del Cooperativismo ha significado la muerte lenta y dolorosa de muchas empresas cooperativas: Afiliación voluntaria y abierta... Control democrático por parte de los miembros... Participación económica de los miembros... Autonomía e independencia... Educación, formación e información... Cooperación entre cooperativas... Preocupación por la comunidad

 "(...) No sirve de mucho nacionalizar fábricas y proceder a gestionarlas como empresas públicas si en el ámbito laboral se mantienen los elementos que caracterizan a las empresas privadas. El individuo que nace y es educado en una sociedad que asume como algo normal o aceptable los esquemas de dirección autoritaria y de expropiación de los excedentes, con mucha probabilidad se resignará en su adultez a ser explotado por un capitalista o por un tecnócrata que administra una empresa estatal.

Ni siquiera la experiencia del socialismo autogestionario de Yugoslavia se embriagó a plenitud de la democracia obrera, pues la autogestión se interpretó principalmente como una cesión del poder económico a las élites empresariales para que tomaran sus propias decisiones comerciales.[1]

A pesar de que la Recomendación 193 de la Organización Internacional del Trabajo propone la inclusión del estudio del modelo empresarial cooperativo en los programas de enseñanza de todos los niveles de los sistemas educativos nacionales, se ha avanzado poco en su concreción. En los países que han optado por la senda del socialismo, la enseñanza de la administración empresarial en las facultades de Economía se limita a replicar los paradigmas de gestión de las empresas privadas. Muchos trabajadores y emprendedores no han entrado en contacto con el know-how[2] del movimiento cooperativista, que basa sus procesos organizacionales en la gestación de un ambiente de relaciones interpersonales permeado por la participación democrática.

La carencia de una adecuada cultura organizacional democrática basada en los Siete Principios del Cooperativismo ha significado la muerte lenta y dolorosa de muchas empresas cooperativas, así como la baja efectividad de políticas gubernamentales que han implementado los movimientos de izquierda de forma apresurada para generalizar la presencia de las empresas cooperativas en un escenario económico de escala nacional.

 Uno de los primeros académicos que estudió el rol de la cultura en el ámbito empresarial fue Andrew Pettigrew, quien la describió como «el sistema de significados públicamente y colectivamente aceptados operando para un grupo determinado en un tiempo dado».[3] La cultura organizacional representa la personalidad colectiva o la identidad grupal que destila cada empresa, expresada en las actividades que esta realiza con sus públicos de interés, tanto con los trabajadores en el ambiente interno, como con los consumidores en el ámbito externo. En la construcción y estabilidad de la cultura organizacional influye mucho la sensación de identificación de los trabajadores cuando perciben a la empresa como un todo, significación que trasciende el compromiso laboral específico de la tarea que desempeñan según el tipo de conocimiento inherente a la profesión que hayan aprendido.

A diferencia de otros modelos empresariales cuya cultura organizacional no ha sido sistematizada ni definida con claridad, las cooperativas sí disponen de Siete Principios de funcionamiento acordados de forma democrática por todos los integrantes de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI); de manera tal que cualquier persona interesada en fundar una cooperativa, cuenta de antemano con un conjunto de recomendaciones sobre las mejores estrategias para gestionar la empresa según las características del movimiento cooperativo. La adecuada aplicación de los principios cooperativistas marca la diferencia y constituye la clave del éxito de las cooperativas.

Aunque los principios no son una norma rígida, pues han sido perfeccionados por la sabiduría acumulada a partir de la solución de los problemas que surgen en la experiencia práctica y se deben implementar tomando en cuenta el contexto económico, sociocultural y jurídico con el que tiene que lidiar cada empresa, las guías orientativas aportan directrices y consejos pormenorizados para la aplicación del know-how del movimiento cooperativo.

En este artículo se expone un resumen de las recomendaciones para la implementación de los Siete Principios del Cooperativismo. La información presentada se puede conocer con más detalle mediante la lectura de las Notas de orientación para los principios cooperativos,[4] documentopublicado por la ACI que rezuma todo el acervo de saberes acumulado por muchas generaciones de cooperativistas comprometidos con la causa de la democracia económica.

Primer principio: Afiliación voluntaria y abierta. Las cooperativas son organizaciones voluntarias y abiertas a todas las personas capaces de utilizar sus servicios y dispuestas a aceptar las responsabilidades de la afiliación, sin discriminación de género, condición social, raza, convicción política o religiosa.

En la tradición de los fundadores de la primera cooperativa moderna, la Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale, que era una cooperativa de consumo, figuraban la inclusión y la prohibición de la discriminación. Los Pioneros de Rochdale admitieron a personas de cualquier clase social y a mujeres como miembros de pleno derecho, al margen de sus ideas políticas o concepciones religiosas. Las cooperativas han creado un entorno de oportunidades para el acceso al escenario empresarial para colectivos históricamente muy discriminados, como las personas transgénero y los dalit de India.

Muchos gobiernos han impuesto la afiliación a las cooperativas para impulsar el desarrollo económico. Este ha sido un error muy lamentable que han cometido los países que aplicaron el modelo soviético. No se puede forzar a las personas a que cooperen en entornos donde el cooperativismo no ha alcanzado una hegemonía cultural.

Unirse e implicarse con los demás para satisfacer las más variadas necesidades y aspiraciones comunes es un acto que implica un altísimo grado de voluntariedad. Pero si las personas conocen poco de cooperativismo, no surgirá con frecuencia el deseo de fundar cooperativas. Por eso se deben crear mecanismos de divulgación de los principios del cooperativismo en los medios de comunicación y en todos los centros de enseñanza.

Aunque cada miembro debe realizar un aporte dinerario inicial para incorporarse a la cooperativa, acción que sirve para combatir la alienación que experimenta el trabajador en relación al fruto del trabajo colectivo pues en la cooperativa cada miembro es dueño de una porción de la empresa, el umbral de ese aporte inicial debe ser lo suficientemente asequible para que cualquier interesado pueda pagarlo, pero también debe adecuarse a las necesidades financieras de la empresa. Para aquellas personas que no posean lo suficiente para el aporte dinerario inicial deberán establecerse modalidades de pago fraccionado o facilidades de crédito a través de un banco cooperativo.

Segundo principio: Control democrático por parte de los miembros. Las cooperativas son organizaciones democráticas bajo el control de sus miembros, los cuales participan activamente en la determinación de sus políticas y en la toma de decisiones. Los hombres y las mujeres que ejercen como representantes elegidos son responsables respecto a todos los miembros. En las cooperativas de primer grado[5] los miembros tienen los mismos derechos de votación (un miembro, un voto) y las cooperativas de otros niveles también se organizan de manera democrática.

Las cooperativas que se comprometen con el cumplimiento de los principios del cooperativismo funcionan como un Estado democrático en miniatura. Los asociados celebran asambleas en las que establecen y modifican los estatutos que regularán el funcionamiento de los procesos organizacionales, como si se tratara de un parlamento que diseña su constitución. La asamblea de asociados aprueba planes económicos (presupuesto, inversiones, marketing, calidad…), aprueba el ingreso y la salida de los miembros, y también elige y revoca a quienes integran los órganos de administración y de fiscalización. El órgano de administración, que actúa como el gobierno de una república, se encarga de ejecutar los planes económicos aprobados por la asamblea de cooperativistas y supervisa la realización de las actividades productivas diarias. El órgano de fiscalización sería como una especie de contraloría, pues se ocupa de velar por el correcto uso de los bienes y recursos de la cooperativa.

Todos los miembros deben tener la posibilidad de proponer representantes y de revocarlos mediante el voto por mayoría cuando ocurran casos de corrupción u otras indisciplinas. Las cooperativas conformadas por una membresía muy numerosa pueden nombrar un defensor de los cooperativistas, cargo que se asemeja mucho al defensor de la ciudadanía en una república y que se encarga de atender las quejas de los asociados sobre la falta de oportunidades de participación democrática o sobre irregularidades en el proceso de trabajo.

Es recomendable que las elecciones se realicen mediante el voto secreto y no a mano alzada, porque la experiencia práctica demuestra que cuando el criterio de individuos aislados no concuerda con la línea de pensamiento que impera en el grupo las personas tienden a ocultar sus verdaderas intenciones y a supeditarse a la tendencia de la mayoría para no ser criticadas por los demás. En la actualidad, el desarrollo de Internet y las aplicaciones informáticas viabiliza la realización de votaciones en secreto, incluso para grupos humanos que se encuentran muy alejados geográficamente.

Las decisiones pueden acordarse por mayoría absoluta, cuando se aprueban con el 50 % más un voto según el cuórum prestablecido en los estatutos, o mediante mayoría cualificada, como lo estipulan muchas de las cooperativas de Rojava[6] que requieren el 60 % de los votos. Se recomienda que las asambleas de asociados se reúnan mensualmente para acendrar el sentido de pertenencia al colectivo de trabajo o de consumidores, o como mínimo la asamblea de cooperativistas deberá sesionar dos veces al año.

La manipulación del proceso electoral es uno de los principales mecanismos utilizados por las élites para aferrarse a sus puestos. También es el truco utilizado por quienes pretenden privatizar el patrimonio de las cooperativas. Por ello, se debe velar porque los comités electorales no sean designados por el órgano de administración ni estar supeditados a los directivos. Los miembros de los comités electorales serán elegidos por todos los afiliados y responderán ante la asamblea de asociados para garantizar que las elecciones sean abiertas y transparentes y que representan la voluntad soberana de todos los miembros.

Resulta muy saludable la continua renovación democrática de los cargos administrativos con nuevos candidatos, pues las cooperativas con órganos de administración rígidos, integrados por los mismos miembros durante periodos de tiempo muy prolongados, pudieran evidenciar estancamientos productivos o incapacidad de adaptación a los cambios del escenario económico.

Los estatutos deben garantizar buenas prácticas de gobernanza que incluyan normas para solucionar conflictos de intereses entre asociados y administradores, para controlar los obsequios ofrecidos y recibidos por los directivos, así como evaluaciones del desempeño y auditorías de competencias del consejo administrativo.

No es casual que la descripción de la puesta en práctica del Segundo Principio se asemeje mucho al diseño de un sistema democrático desde la perspectiva politológica, dado que las cooperativas encarnan la transferencia de las nociones de democracia al escenario empresarial. Las sociedades contemporáneas han asimilado las evidentes ventajas de la democracia en el marco político, pero la generalización de la democracia económica es el gran salto civilizatorio que aún no ha dado la humanidad.

Tercer principio: Participación económica de los miembros. Los miembros contribuyen de manera equitativa al capital de la cooperativa y lo controlan democráticamente. Al menos una parte de dicho capital suele ser propiedad común de la cooperativa. Los miembros suelen recibir una compensación limitada, si la hubiera, sobre el capital aportado como requisito de afiliación a la cooperativa. Los miembros destinan los excedentes repartibles a cualquiera de los fines siguientes: al desarrollo de la cooperativa —posiblemente mediante la creación de reservas, al menos una parte de las cuales será de carácter indivisible—, a la retribución de los miembros de manera proporcional a sus transacciones con la cooperativa, y a sufragar otras actividades aprobadas por los miembros.

La razón de ser de las cooperativas es la satisfacción de las necesidades de las personas y no el afán de lucro que caracteriza a las empresas privadas, por lo que la empresa cooperativa se adecua de forma más pertinente a la finalidad de la ciencia económica, cuyo objetivo es la planificación de los procesos de producción, distribución y consumo para la satisfacción de las necesidades materiales humanas.

El movimiento cooperativo apuesta por la integración de productores y consumidores en cooperativas de consumo de participantes múltiples en las que los miembros gestionan democráticamente todos los procesos organizacionales, lo cual supera las contradicciones de las cooperativas de producción cuyo enfoque mercantil es la acumulación de capital para la remuneración de los trabajadores.

Equidad e igualdad son dos conceptos distintos, por lo que la distribución equitativa de los excedentes no implica que todos los miembros ganen lo mismo, sino que los excedentes se distribuirán según las proporciones acordadas en los estatutos, apelando siempre a una racionalidad de justicia laboral que no fomente la excesiva desigualdad económica.

El capital social y las reservas para inversiones y contingencias debe considerarse patrimonio común e indivisible de la cooperativa. Para evitar que los miembros se apropien del capital social y las reservas para su propio beneficio a través de la desintegración de una cooperativa, se establece en los estatutos que en caso de disolución se cederá el capital neto residual a una organización sin ánimo de lucro, a otra cooperativa o a un instituto para el fomento del cooperativismo. Este mecanismo de protección del patrimonio de las cooperativas puede ser establecido como norma jurídica por los legisladores.

Cuarto principio: Autonomía e independencia. Las cooperativas son organizaciones autónomas y de autoayuda controladas por sus miembros. Si llegan a acuerdos con otras organizaciones —incluidos los gobiernos— o si reciben capital de fuentes externas, lo hacen en condiciones que garanticen el control democrático por parte de sus miembros y que respeten su autonomía cooperativa.

La vinculación de una cooperativa con una institución estatal o un inversionista privado, no puede implicar la pérdida de la identidad e individualidad de la cooperativa como persona jurídica. Un aspecto que afecta mucho a las cooperativas es el papel intervencionista y obstaculizador de sus actividades económicas que han desempeñado históricamente los gobiernos. Al establecer el marco legislativo donde operan las cooperativas, los Estados frecuentemente regulan los precios de las mercancías y les imponen planes de producción o políticas fiscales a las cooperativas que no tienen en cuenta las características coyunturales de los mercados.

Si bien las cooperativas no son empresas privadas, tampoco deben ser vistas como empresas públicas. Las cooperativas pertenecen a los miembros que las integran, quienes planifican y controlan sus procesos económicos de acuerdo a una racionalidad que responde a sus necesidades. El apoyo del Estado a las cooperativas no deberá interpretarse como un control gubernamental de estas formas empresariales.

Un ejemplo que ilustra la importancia de la autonomía de las cooperativas es el caso de Milk Vita, una unión de cooperativas lácteas creada por el gobierno de Bangladesh en los años setenta para mejorar los ingresos y la organización de los pequeños agricultores. Mientras estuvo bajo el control del Estado la cooperativa operó según planes burocráticos que no la favorecían y dependía de constantes subsidios. A partir de 1991 Milk Vita obtuvo autonomía como verdadera cooperativa. Los asociados comenzaron a controlar las ventas y el procesamiento de los productos lácteos, por lo que las decisiones ya no se basaron en aspectos políticos, sino en principios de negocios. A partir de entonces el número de socios y los ingresos se incrementaron de forma exponencial. El proyecto de Milk Vita se ha vuelto tan exitoso desde que obtuvo autonomía que el gobierno de Bangladesh ha decidido replicarlo en otros sectores.[7]

Quinto principio: Educación, formación e información. Las cooperativas ofrecen educación y formación a sus miembros, representantes electos, administradores y empleados para que puedan contribuir con eficacia al desarrollo de la cooperativa. Asimismo, informan al público en general, en especial a los jóvenes y a los líderes de opinión, sobre el carácter y las ventajas de la cooperación.

La educación se erige en aspecto medular para comprender los principios cooperativos y para saber cómo aplicarlos en el funcionamiento diario de una cooperativa. Este principio abarca la formación de las aptitudes que necesitan los asociados para la aplicación de prácticas empresariales éticas y democráticas, así como la información para el público en general acerca del carácter de la empresa cooperativa y de sus ventajas.

Para ello, se deben crear planes de marketing y de comunicación, así como programas de capacitación amenos y didácticos que tengan un impacto en la prensa escrita, las redes sociales, la radio y la televisión, y que permitan introducir nociones sobre cooperativismo con lenguaje coloquial y cercano a la persona común. La gestión cooperativa debe añadirse al plan de estudios de todos los niveles de enseñanza, con enfoque especial en los centros de educación superior especializados en la ciencia económica. En el caso de la educación primaria se puede apelar a los juegos de mesa cooperativos, como Coopolis.

La educación no debe desconocer la importancia de formar a líderes de opinión y actores políticos, dado que los legisladores tienen la responsabilidad de diseñar el marco jurídico en el que se desempeñarán las cooperativas. En la medida en que las autoridades dominen las características y las ventajas de las empresas cooperativas, se enfocarán en generar un escenario propicio para su desarrollo.

Sexto principio: Cooperación entre cooperativas. Las cooperativas sirven a sus miembros de la manera más efectiva y fortalecen el movimiento cooperativo trabajando conjuntamente a través de estructuras locales, nacionales, regionales e internacionales.

Las cooperativas deben integrarse en federaciones (cooperativas de tercer grado) que usen racionalmente los recursos al tiempo que respetan la identidad de los miembros de menor tamaño. La integración de las cooperativas les permite operar como mayoristas y realizar compras conjuntas para mejorar el poder adquisitivo combinado, así como la creación de fondos solidarios, diseñados para generar un depósito conjunto de recursos financieros que facilite la creación de nuevas cooperativas.

La historia de la corporación Mondragón describe la importancia de la integración entre cooperativas para el crecimiento acelerado de este modelo empresarial. Partiendo de la simiente sembrada por la cooperativa Ulgor, se realizaron aportaciones a las reservas para impulsar la Caja Laboral Popular, la Escuela Profesional y el centro de investigación Ikerlan, lo que permitió que las cooperativas ofrecieran un puesto de trabajo digno e introdujeran nuevos paradigmas de democracia empresarial, propiedad compartida y una retribución aceptable, incluso en la situación económica desfavorable que experimentaba el País Vasco en la década de 1950. De tal forma pudieron ser fundadas 47 cooperativas entre 1956 y 1975.[8]

Para que las cooperativas encuentren nuevas oportunidades de innovación y crecimiento deben trabajar en conjunto con otros movimientos sociales, como la organización Comercio Justo,[9] una iniciativa de la ONU para la articulación de canales comerciales enfocados en el desarrollo sustentable que respeta la idiosincrasia de los pueblos, sus culturas, sus tradiciones y los derechos humanos básicos.

Séptimo principio: Preocupación por la comunidad. Las cooperativas trabajan en favor del desarrollo sostenible de sus comunidades mediante políticas aprobadas por sus miembros.

Las cooperativas deben comercializar bienes y servicios de calidad a precios asequibles, priorizando los productos locales, así como crear empleos en su zona de influencia y proveer un marco financiero confiable para la obtención de créditos y seguros. Las cooperativas exhiben una orgullosa tradición en la satisfacción de las necesidades sociales mediante la prestación de servicios sanitarios, la construcción de viviendas, escuelas y clínicas, la integración en el mercado laboral de personas socialmente desfavorecidas, y la atención a comunidades devastadas por catástrofes naturales.

Las cooperativas apuestan por generar un desarrollo social sostenible que satisfaga en las comunidades no solo las necesidades materiales, sino además las culturales, como las artes, la educación, la no discriminación, el patrimonio histórico y los festivales comunitarios. Para ello, las cooperativas crean reservas financieras que serán utilizadas en proyectos sociales para el mejoramiento de la calidad de vida de la población local.

Las cooperativas deben realizar auditorías más completas que no se limiten al análisis financiero, sino que comprendan además la evaluación social y ecológica de su desempeño, para que los efectos de las actividades productivas equilibren el bienestar de las comunidades con la necesidad de generar rentabilidad.

Los Siete Principios Cooperativos que se han expuesto a lo largo de estas páginas no deben ser vistos como patrones de acción aislados, sino como piezas interdependientes de un engranaje sistémico que se complementan entre sí para crear sinergia. Cuando se respetan y aplican estos principios de forma adecuada en el funcionamiento cotidiano de una empresa cooperativa, su desempeño se torna más eficaz y resiliente que el de las empresas convencionales, como lo demuestran las abundantes investigaciones que se han realizado.[10]

La cooperativa es una manifestación del paradigma altruista de las civilizaciones en el ecosistema empresarial. La cultura organizacional de las cooperativas se aprende, se vive, y transforma ¡para bien! las vidas de las personas. Sirva esta breve descripción para abrevar la sed de la curiosidad deleitosa en aquellas personas que investigan cuáles serían las alternativas económicas más factibles para construir un mundo más justo."                     (Iran Morejón Quintana  , Rebelión, 22/08/2022)

23/11/21

Branko Milanović: La estructura de poder de las empresas socialistas... basta con sustituir a los accionistas por trabajadores empleados en las empresas, cada uno con igual poder de voto, que eligen al consejo de trabajadores, que a su vez elige al director de la empresa, y se tiene la estructura de gestión de una empresa gestionada por los trabajadores

 "El extraño y bastante ignorante debate de ayer sobre el Komsomol en el Congreso de los Estados Unidos y el reciente fallecimiento de Janos Kornai, el famoso "inventor" de la restricción presupuestaria blanda, me recordaron que durante varios años planeé describir en términos muy sencillos cómo funcionaban realmente las empresas socialistas de gestión laboral, como en Yugoslavia. 

Al haber trabajado en una y haber leído bastante sobre ella, creo que conozco el tema bastante bien. Especialmente cuando pienso que la mayoría de la gente en los países capitalistas nunca tuvo una idea clara de cómo las empresas gestionadas por el trabajo (LM) se diferenciaban en su estructura interna de las empresas capitalistas, y nadie menor de 55 o incluso 60 años en los antiguos países comunistas tiene una experiencia directa de cómo funcionaban dichas empresas. 

La estructura descrita aquí es totalmente relevante para Yugoslavia en el periodo 1965-90, y probablemente para Hungría y Polonia después de 1968-70, e incluso para la Unión Soviética y China en la parte que trata del papel del Partido Comunista (PC) en la gestión.

 Accionistas y trabajadores. Tomemos la empresa capitalista estándar. Está dirigida por accionistas cuyo poder individual es igual a la cantidad de acciones que poseen. Los accionistas eligen un consejo de administración que realiza una supervisión más estrecha de la gestión, y el consejo elige a los directores ejecutivos que realizan el trabajo diario. Ahora bien, basta con sustituir a los accionistas por trabajadores empleados en las empresas, cada uno con igual poder de voto, que eligen al consejo de trabajadores, que a su vez elige al director de la empresa, y se tiene la estructura de gestión de una empresa LM.

 Esto no es en absoluto muy difícil de entender. Algunas características son evidentes incluso en un esquema tan sencillo. En primer lugar, los trabajadores tendrán el poder de decidir sobre la gestión de la empresa (en Yugoslavia, al tratarse de una economía de mercado, participaban incluso en las decisiones sobre qué producir, cómo obtener beneficios y demás). En segundo lugar, la capacidad de disfrutar únicamente de los derechos de usus fructus del capital (el trabajador no podía vender su participación en la empresa; simplemente no existía) llevó a los trabajadores a centrarse en las ganancias a corto plazo; y en tercer lugar, el poder de los trabajadores para decidir sobre las contrataciones llevó a su tendencia a restringir la participación en la empresa. Estos problemas fueron ampliamente discutidos en la literatura económica de la época (también los explico aquí). Pero mi objetivo ahora no es discutirlos, sino explicar la estructura interna de la empresa.

Hasta ahora esa estructura parece relativamente sencilla. Pero ahora entra la parte complicada. Hay que explicar el papel de los sindicatos y de la organización del partido comunista en la empresa (ELCP).

Sindicatos. Su papel era básicamente nulo. La razón es obvia. Si la empresa está dirigida por la asamblea de trabajadores y el consejo de trabajadores, los mismos que son miembros de los sindicatos (la afiliación sindical era obligatoria y por tanto del 100%), ya han tomado sus decisiones. No tienen nada que hacer a través de los sindicatos. Los sindicatos eran, pues, un órgano superfluo y se les prestaba muy poca atención.

 La organización del partido comunista. El PCLE era importante. Sus miembros eran empleados que eran miembros del PC. Esto podía oscilar, supongo, entre el 10-20% de la mano de obra y el 80%. También ellos se reunían en asambleas (en sentido estricto, después de las horas de trabajo, mientras que los órganos de dirección de los trabajadores, incluyendo la asamblea y los consejos obreros, se reunían durante las horas de trabajo), y elegían un pequeño comité y/o al jefe de la organización del partido a nivel de empresa. Tendremos que hablar más de él/ella.

Elección del director. Volvamos ahora a la estructura de dirección. La empresa tiene un director. El director es elegido por el consejo de trabajadores. Sin embargo, la organización del Partido dentro de la empresa tiene también un poder de veto informal. Así que el director, para ser elegido, también tiene que tener el apoyo del ELCP, que esencialmente significa del jefe de la organización del partido de la empresa.

 Aquí la dualidad de poder se hace inmediatamente evidente. Se ve reforzada por el hecho de que el director es casi siempre un miembro del Partido y dentro de la organización del partido está por debajo del líder del Partido en la empresa. Pero como director es su jefe dentro de la empresa. No es una situación fácil.

Pero la cosa se complica. El director de empresa de cualquier empresa de tamaño medio o grande necesitaría también, para ser elegido, contar con el apoyo tácito o incluso con la autorización explícita de la organización territorial del Partido en la que se encuentra la empresa. Las decisiones sobre los ascensos en la dirección de las empresas muy grandes no se dejaban a la discreción del consejo de trabajadores. Su soberanía era limitada. Por lo tanto, nuestro director tiene que cortejar a tres circunscripciones: los trabajadores de su empresa, la organización del PC y su líder empresarial, y la organización del Partido a nivel territorial. Además, el líder del ELPC está estructuralmente vinculado con los responsables del Partido a nivel territorial. En consecuencia, puede ejercer presión sobre el director a través de dos canales: internamente, por ser el líder de una gran parte de los trabajadores (que son miembros del PC), y externamente, por tener estrechos vínculos con la organización del partido a nivel territorial que debe vetar la elección del director.

El director está, pues, acorralado por todas partes. A menos que cuente con poderosos aliados a nivel territorial y con un jefe de partido de la empresa que se muestre complaciente, su poder de decisión es bastante limitado, pero la responsabilidad, si la empresa va mal, es toda suya. El jefe del partido a nivel de la empresa no tiene ninguna responsabilidad sobre los beneficios o las pérdidas de la empresa.

 Esta dualidad de poder dentro de la empresa, y el divorcio entre el poder de decisión y la responsabilidad, es la causa tanto de la aparición de la restricción presupuestaria blanda como de las constantes fricciones entre los gestores (directores) de mentalidad más tecnocrática y las personas de mentalidad más burocrática que hicieron su carrera dentro del Partido. (Este último tema fue muy estudiado en la literatura sociológica de los años sesenta y setenta sobre las economías socialistas).

Restricción presupuestaria suave. Las líneas jerárquicas mixtas entre los gerentes y los líderes empresariales del PC no sólo dan un gran poder indirecto a estos últimos, sino que pueden estimular en ellos el deseo de convertirse en gerentes ellos mismos (y ser pagados más: el jefe del partido a nivel de empresa era un puesto no remunerado). Ahora bien, las personas que harían su carrera a través del Partido solían estar menos informadas e interesadas en los asuntos económicos y a menudo tenían un conocimiento casi nulo de cómo gestionar empresas. Esto era diferente de los directores "normales" que ascendían pasando gradualmente de la gestión de una sección dentro de una empresa, a una rama más grande, y finalmente a toda la empresa. Pero si el líder del PC a nivel de empresa conseguía ser elegido (obteniendo el apoyo del consejo de trabajadores y de la organización territorial del PC), no prestaría necesariamente mucha atención al funcionamiento de la empresa, confiando más bien en sus conexiones políticas. Con buenas conexiones políticas (a nivel territorial) podría estar seguro de que casi cualquier cantidad de pérdidas de la empresa sería cubierta por el sistema bancario (que estaba controlado por el gobierno). Incluso puede ser muy popular entre los trabajadores. Puede relajar la disciplina laboral, los trabajadores pueden trabajar mucho menos, y luego cubrir todas las pérdidas a través de créditos que nunca se devolverían o a través de subvenciones directas. Así, para los trabajadores, a menudo era preferible tener como director a un incompetente, pero bien conectado, del partido, que a una persona con una mentalidad más tecnocrática: los salarios de los trabajadores podrían ser más altos mientras trabajarían menos.

 Ineficiencia. Como esto deja claro, la restricción presupuestaria blanda era una parte endógena del sistema. Su origen está, creo, en la falta de voluntad del PC de renunciar al poder de decisión de la empresa (que en teoría confería a los consejos de trabajadores). De este modo, creó una estructura de poder dual que tenía muchas ineficiencias propias (largas discusiones, búsqueda permanente de apoyos, creación de facciones, etc.) y, además, creó la limitación del presupuesto blando. La suavidad era mayor cuanto más poderoso era el director de la empresa, y los más poderosos eran los que dirigían las grandes empresas ("demasiado grandes para quebrar") que además tenían buena conexión con las organizaciones territoriales del partido. Así, el centro de poder se desplazó decisivamente hacia el Partido y la burocracia, y se alejó de los directivos o tecnócratas. Y esto, a su vez, redujo la eficiencia de las empresas.

Nota bene. Algunas de estas características indeseables podrían aparecer en las empresas chinas (privadas y públicas) en las que se reintroduzcan organizaciones de PC a nivel empresarial. En mi opinión, para una gestión eficaz, las organizaciones políticas, como el PC, no deben formar parte de la estructura de poder dentro de la empresa. Pueden permanecer en el nivel territorial. Pero entonces, por supuesto, su poder económico real se vería muy disminuido. Este es el dilema."   
         (Branko Milanović , Brave new Europe, 19/11/21)

5/8/21

Las farmacéuticas sin ánimo de lucro existen, y salvan millones de vidas cada día

"El cristal con el que se mira a las enfermedades es muy diferente según quién sea el observador. Para un paciente, cuestiones como si la dolencia será grave o leve, crónica o pasajera, incurable o curable, resultan vitales para su proyecto de vida.

 Para la industria farmacéutica, las enfermedades se dividen principalmente en rentables o no rentables. A partir de esta clasificación fundamental se dirigen las inversiones y los esfuerzos de las farmacéuticas para investigar, desarrollar y comercializar fármacos.

 
Nadie espera que las farmacéuticas actúen como hermanitas de la caridad en el terreno sanitario. Son empresas, al fin y al cabo, y su fin principal es ganar dinero. Y lo hacen muy bien, de hecho: el ámbito farmacéutico es uno de los sectores económicos más lucrativos. Los márgenes de beneficios de las grandes empresas farmacéuticas son muy superiores a la absoluta mayoría de las diversas empresas que cotizan en bolsa.

Por supuesto, los laboratorios farmacéuticos tienen todo el derecho del mundo a cosechar beneficios millonarios. El problema llega cuando el afán de lucro va en contra del bien común. Un ejemplo clásico es el desarrollo de nuevos antibióticos. La limitada rentabilidad que ofrecen este tipo de fármacos contra infecciones pasajeras, en comparación con aquellos dirigidos a tratar enfermedades crónicas, ha sido un factor clave. Principalmente para que casi todas las grandes farmacéuticas en las últimas décadas hayan abandonado la investigación en antibióticos en un momento u otro.

Y más si tenemos en cuenta que las resistencias a antibióticos se presentan, en el futuro próximo, como una de las grandes amenazas para la salud de la población mundial (la OMS estima que podría ser la primera causa de muerte para 2050). Con esto está claro que el conflicto entre rentabilidad farmacéutica y bien común tiene claras consecuencias sobre todos nosotros. 
 
Medicamentos huérfanos, una apuesta común

Desafortunadamente, en ocasiones, lo que es mejor para la salud financiera de las empresas no tiene por qué coincidir con lo que es mejor para la salud de los pacientes. Para atajar estos puntos conflictivos, gobiernos e instituciones públicas crean incentivos para que las farmacéuticas destinen esfuerzos y dinero en aquellos ámbitos sanitarios menos rentables. Un ejemplo de ello es la consideración de medicamentos “huérfanos” a fármacos de interés en salud pública, pero que no se investigan o comercializan porque carecen de un claro potencial lucrativo al dirigirse a enfermedades raras o a dolencias típicas de vías en desarrollo.

Las farmacéuticas que se implican en medicamentos huérfanos tienen diversas ventajas según la región del planeta como desgravaciones fiscales, financiación pública de las investigaciones, exclusividad de la comercialización, procedimientos más rápidos en la aprobación del fármaco… En España, además, los medicamentos huérfanos quedan exonerados del sistema de control de precios.

Más allá de lo anterior, han ido surgiendo con el tiempo diferentes iniciativas farmacéuticas sin ánimo de lucro en diferentes lugares del mundo que han conseguido beneficiar a los pacientes que habían quedado olvidados por el sector farmacéutico convencional. Iniciativas que demuestran que se pueden hacer las cosas de otra manera en el sector de los medicamentos, con los pacientes como prioridad. 
 
La farmacéutica sin ánimo de lucro contra el desabastecimiento

Estados Unidos tiene un grave problema desde hace tiempo con el desabastecimiento o la ausencia de medicamentos genéricos. No existen incentivos en este país para que genéricos de bajo precio lleguen al mercado y, con frecuencia, estos no llegan siquiera a comercializarse porque su rentabilidad es limitada. El ejemplo más extremo se encuentra en la insulina que, hasta hace unos pocos años, carecía de genéricos en el mercado a precio asequible. El resultado de todo ello: precios desorbitados, bancarrota por facturas médicas entre diabéticos de pocos recursos o directamente la muerte de aquellos más vulnerables que no pueden acceder a este fármaco esencial para su supervivencia.

En 2018, decenas de hospitales, siete importantes sistemas sanitarios y tres grupos filantrópicos de Estados Unidos se plantaron ante los serios problemas de desabastecimiento de genéricos críticos y la escalada artificial de precios de medicamentos antiguos que estaban sufriendo: se decidieron a crear su propia farmacéutica sin ánimo de lucro: Civica Rx. El presidente de Civica, Dan Liljenquist, explicaba al Washington Post en el momento de su creación cuál era su objetivo: «Estamos intentando hacer lo correcto: crear el primer bien social de este tipo con una misión: asegurar que los medicamentos genéricos esenciales sean asequibles y estén disponibles para todo el mundo».
Un camino de éxitos

Esta farmacéutica atípica, enfocada en la producción de fármacos genéricos a precios asequibles y transparentes, ha conseguido numerosos logros en los tres años que lleva funcionando. Su objetivo inicial era mantener suministros estables de 14 fármacos genéricos que se administran en hospitales. Dicho objetivo se ha superado con creces: para finales de 2020, Civica estaba involucrada en la producción de más de 40 genéricos diferentes, entre los que se incluyen analgésicos, sedantes o bloqueantes neuromusculares, lo que ha supuesto el ahorro de millones de dólares para los hospitales. Su objetivo es llegar a más 100 medicamentos diferentes para 2023.

Además, esta farmacéutica ha creado reservas de medicamentos esenciales para evitar cualquier escasez en caso de mayor demanda (como ha ocurrido con algunos medicamentos usados para tratar la COVID-19) y ha aportado millones de dosis de medicinas a la Reserva Nacional Estratégica de Estados Unidos. En la actualidad, Civica sirve medicamentos a más de 50 sistemas sanitarios, lo que implica a más de 1.200 hospitales y más del 30% de las camas de hospital en dicho país. Esta iniciativa sin ánimo de lucro ha recibido numerosos reconocimientos por su labor centrada en los pacientes. 
 
La Iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi)

Las enfermedades raras o las enfermedades infecciosas limitadas a los países en desarrollo son áreas, en general, muy poco atractivas para las farmacéuticas por su escaso potencial de beneficio económico. Como resultado, las opciones terapéuticas para tratar estas dolencias han sido históricamente de escasa eficacia, tóxicas, excesivamente caras o ni siquiera estaban disponibles. Así, dolencias como el ébola, la tripanosomiasis (enfermedad del sueño) o el pian han sido frecuentemente dejadas a un lado por esta industria cuando no directamente ignoradas.

A raíz de este problema, en 2003 siete organizaciones de diferentes lugares del mundo se unieron para crear la Iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi). Entre ellos, se encontraban la Organización Mundial de la Salud, el Instituto Pasteur de Francia y Médicos sin Fronteras que contribuyó a esta causa destinando los fondos recibidos por el Premio Nobel de la Paz (otorgado en 1999).

La idea de esta organización sin ánimo de lucro era sencilla: crear un modelo alternativo de investigación y desarrollo farmacéutico en áreas de gran interés sanitario, pero de nulo o reducido interés empresarial. El objetivo era llegar hasta donde las farmacéuticas convencionales no llegaban para mejorar la salud de pacientes afectados por enfermedades como las antes mencionadas u otras como la leishmaniasis, la enfermedad de Chagas o el SIDA infantil. 
 
18 años y 8 tratamientos para enfermedades olvidadas

En los 18 años de existencia de la DNDi , esta iniciativa ha conseguido desarrollar ocho nuevos tratamientos para enfermedades olvidadas que han supuesto un antes y un después para millones de personas. Entre ellos destaca el fexinidazol, un fármaco olvidado durante décadas, rescatado en 2007 por la DNDi y clave en la lucha contra la tripanosomiasis en África. Gracias a este medicamento, se han producido grandes avances en la erradicación de esta enfermedad, que se limitaba a menos de 1.000 casos en todo el mundo en 2020.

Además, esta organización también ha contribuido a atraer inversiones privadas para I+D de medicamentos destinados a enfermedades de poco interés empresarial y ha establecido alianzas con diversas farmacéuticas para acelerar y reducir el coste de las fases más tempranas de descubrimiento de fármacos."                      (Esther Samper, Hipertextual, 26/07/21)

22/3/21

A periodos de mayor competitividad (resultantismo, nihilismo social, individualismo) siguen otros de mayor cooperación. Estoy convencido de que vamos a asistir ahora a una mayor cooperación. Pero habrá que trabajársela. En un mundo interdependiente, o hay cooperación o nos vamos al garete todos... necesitamos una “competitividad cooperadora”

 "(...) P: En el libro propone contraponer el “resultantismo” (competitividad) de la sociedad con la idea de “comunidad”. ¿Qué es la comunidad?

R: El ser humano es fruto de la combinación de cooperación y competitividad. Hemos escalado en la evolución animal por encontrar el equilibrio entre ambos factores. La Historia nos demuestra en que hay periodos de mayor competitividad (resultantismo, nihilismo social, individualismo, como la Revolución Conservadora de Thatcher y Reagan) y otros de mayor cooperación. Estoy convencido de que vamos a asistir ahora a una mayor cooperación. Pero habrá que trabajárselo: no va a caer del cielo porque sí. En un mundo interdependiente, o hay cooperación o nos vamos al garete todos.

P: Y entonces surge su propuesta estrella, la  .

R: Pondré un ejemplo de mi etapa sindical: las empresas de automoción no son solo empresas, sino cadenas de valores. Cadenas que contienen a su vez a otras empresas más pequeñas y repartidas en diferentes países. Los empresarios del sector saben que si quieren ser más competitivos tienen que poner a cooperar a toda esa cadena. Si la empresa central que construye automóviles externaliza la producción, inicialmente reduce costes pero tarde o temprano se va a encontrar con huelgas que paralizarán esa producción.

P: Uno de los ejemplos que usted aporta que muchas empresas están internalizando los riesgos ambientales y sociales que generan. ¿Es suficiente?

R: Estos días China está inmersa en un proyecto colosal científico y tecnológico sobre las nubes que en teoría le va a permitir modificar el clima. Eso, que es de una soberbia tecnológica brutal, tiene unos riesgos tremendos, no solo para los chinos sino para los países de su entorno.

P: ¿Qué quiere decir cuando plantea “reemplazar las relaciones de ciudadanía por las de cliente de la política”?

R: Algo obvio. El mercado ha irrumpido en nuestra vida. Completamente. Y en la práctica se han terminado regulando cosas brutales. Hay personas que creen tener derecho a acceder a vientres de alquiler. La vivienda, que era un derecho, ha terminado siendo un producto de inversión financiera regulado por mercado. Y todas las relaciones comunitarias, sociales se convierten en relaciones de mercado o clientelares.

Gran parte de los clubes de fútbol de Cataluña nacen vinculados a fábricas. Antes, si querías hacer montaña, te apuntabas a un club, al menos en Cataluña; ahora, la gente que quiere hacer montaña contrata una empresa. Y no hablemos del fútbol y el mercado. La propia política acaba atrapada por esa lógica de mercado. ¿Se relacionan los partidos políticos con la ciudadanía a través de vínculos asociativos estables? No, a través de vínculos clientelares, y ahí están las redes sociales: vínculos más efímeros y menos comprometidos.

P: ¿Qué propone?

R: Propongo acotar mucho la función del mercado, el intercambio de bienes y servicios, y reequilibrar esa función en favor de la sociedad. La sociedad organizada en partidos, en comunidades...

P: Dice que ya no habrá “ni militantes ni afiliados ni adheridos, ni tan siquiera ciudadanos. Solo clientes.

R: Lo planteo como una cuestión de presente, no futuro. Curiosamente, me parece ver que los que están aguantando mejor las crisis son aquellos que mantienen estructuras analógicas. ¿Qué ha sido de Ciudadanos? Que se relacionaba con la ciudadanía de manera clientelar. De ahí su debilidad. La gente imputa su hundimiento a errores estratégicos de Rivera. Pero si Ciudadanos fuera una organización más sólida, esta crisis se supera. El problema es que sus cimientos descansaban sobre relaciones clientelares. (...)"                                        (Entrevista a Joan Coscubiela, Pablo García, InfoLibre, 26/02/21)

29/12/20

Las alternativas locales al monopolio de Amazon

 "¡Por una Navidad sin Amazon! Es el nombre de la campaña viral impulsada en Francia para reducir las compras en la multinacional y promover el comercio local. Al llamamiento global se ha unido la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que reivindica la importancia de potenciar los establecimientos de proximidad, tocados por la crisis de la covid-19. 

Colau recuerda que "las grandes plataformas no aportan ningún valor añadido a la ciudad ni tributan los impuestos que generan". De hecho, el PSC, que forma parte del gobierno municipal de la capital catalana, quiere impulsar la creación de una tasa Amazon, para gravar a las plataformas de comercio electrónico.

Esta situación se produce en un contexto en que más de la mitad de las pymes y los comercios de proximidad sufren dificultades económicas para seguir adelante por la crisis del coronavirus. Ante las críticas, el gigante norteamericano, con ocho centros y estaciones logísticas y de distribución en Catalunya, justifica su política empresarial, asegurando en un comunicado que "las ventas de las firmas catalanas superaron los 100 millones de euros en 2019 y además se genera empleo para ingenieros, desarrolladores de software, científicos de datos y expertos en aprendizaje automático y almacenamiento en la nube, además de un centro de soporte para pymes del sur de Europa".

 Amazon ha facturado más de 81.700 millones de euros en el tercer trimestre de este año, lo que supone un incremento del 37,4% en relación al mismo periodo de 2019. Más allá del debate sobre las prácticas y las políticas fiscales de la compañía, existe otro sobre las condiciones laborales de sus empleados. La semana pasada, CCOO Catalunya anunció que iniciaba acciones legales contra la multinacional por el supuesto espionaje a sindicalistas durante la huelga de centros logísticos y transportistas de octubre del año pasado en su centro del Prat de Llobregat. El sindicato considera que vulneró los derechos fundamentales de los trabajadores y se plantea presentar una demanda penal contra la multinacional y la agencia de detectives Castor & Polux.

La vida más allá de Amazon

Pese al escenario de monopolio y de denuncias, de la apuesta creciente por la compra digital derivada del confinamiento, unida a la necesidad de adquirir todos los productos en un mismo espacio, han surgido alternativas locales y sostenibles que, salvando las distancias, utilizan las mismas armas tecnológicas que el gigante del comercio online. Una de estas es La Zona, impulsada por la cooperativa de economía social catalana, Opcions. Su responsable de comunicación, Joana Ariet, enmarca la creación del proyecto en "la necesidad de prolongar los servicios de consumo responsable que proporcionamos en la cooperativa".

Ariet detalla que la covid-19 ha dibujado una nueva realidad, en la que se han acelerado fenómenos como la compra por internet, el consumo de datos y los usos digitales. En esta coyuntura, La Zona ha aprovechado para madurar su iniciativa con el objetivo de "favorecer el comercio local, ecológico y sostenible". Para lograrlo, la entidad se presentó a un concurso público, con el que recibirá 160.000 euros de la Generalitat de Catalunya y 40.000 del Ayuntamiento de Barcelona, a los que hay que sumar los 50.000 que aportan como cooperativa.

El proyecto de La Zona ha buscado aliados en otros actores de la economía social, como la agencia de comunicación Talaia, la Federació d’Ateneus de Catalunya (FAC), la plataforma de micromecenazgo de la economía social, Goteo, y la empresa repartidora de mensajería Koiki, caracterizada por su compromiso social y ambiental. Ariet toma como ejemplo esta última para destacar el modelo que representa La Zona. "Colaboramos con Koiki porque utiliza un transporte sostenible en la última milla, ocupan a personas con discapacidad en un Centro Especial de Trabajo y potencias los puntos de recogida en detrimento de las entregas a domicilio".

 La filosofía del consumo responsable

En la línea de promover otro tipo de actitud ante el consumismo, Ariet revela que "reivindicaremos acciones que no se basarán en las rebajas o en el comprar por comprar, sino que potenciaremos fórmulas como el préstamo o el alquiler de productos". Para seleccionar los establecimientos que formarán parte de La Zona, desde la cooperativa Opcions se están llevando a cabo tareas de prospección para comprobar que estos cumplen una serie de criterios económicos, sociales o ambientales. Ariet comenta que, por el momento, se excluyen los productos alimentarios de la plataforma, pero se ofrecerán de otro tipo, incluyendo servicios y suministros básicos.

La Zona, que iniciará el periodo de pruebas de la plataforma a principios de 2021, tiene previsto ofrecer sus productos a partir de junio del año que viene. "Buscamos visualizar la filosofía del consumo responsable y que el comprador conozca a los productores que fabrican los artículos que adquieren". A la vez, la plataforma supone "una oportunidad para los pequeños comercios que no disponen de recursos para vender por internet".

En el mismo año 2021, pero durante el primer trimestre, se pondrá en marcha Amazcat, que se podría considerar el Amazon catalán. En este caso, el proyecto nace de nueve socios de una empresa privada, que ya ha firmado acuerdos con productores, tiendas y empresas de servicios. "Es una plataforma en la que comprará cualquier persona y en la que habrá una serie de socios premium, que recibirán determinados descuentos y no pagarán el coste del transporte". Así lo explica Andreu Mas, uno de los socios fundadores.

 Un centro comercial virtual

El criterio de proximidad y una oferta de servicios, como los seguros y los suministros de luz, agua y gas, son algunos de los aspectos que caracterizan a Amazcat. Andreu Mas precisa que los comercios, productores o tiendas que lo deseen podrán promocionar su web en la plataforma. "No solo potenciaremos a los productores locales, sino también a los establecimientos". La iniciativa se define como la tienda online de Catalunya o un centro comercial virtual.

En el momento de salir al mercado, Amazcat espera contar con 400.000 usuarios y un millar de productores, tiendas y empresas. Mas afirma que "es necesario crear una alternativa a Amazon, pero teniendo en cuenta la experiencia del usuario, de forma que pueda encontrar en un mismo espacio todo lo que quiera comprar". Los productos tienen un alcance por todo el territorio catalán, pero también garantizan la distribución al Estado español.

La aceleración del comercio digital ha favorecido la irrupción de estas plataformas de comercio local y con valores sociales, que ponen el foco en las pymes, las más afectadas por las consecuencias de la pandemia y las que más notan el impacto de Amazon. Sus impulsores comentan que, al empatizar con estas, entienden su problemática. Ahora, el reto pendiente es conquistar al cliente no habitual de estos servicios a través criterios como la sostenibilidad, las condiciones laborales o el fomento de un consumo responsable."                   (David Rodríguez, Público, 21/12/20)