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22/5/23

Solidaridad racional: un nuevo modelo para la revolución ecológica y social en África... Se ha descuidado el campo; se ha preferido la ciudad en nombre de la estabilidad política y del progreso sin campesinos. Están explotando; ya no pueden más... pero en África la modernidad destructiva sigue, afortunadamente, rezagada y las prácticas sociales y los imaginarios colectivos han resistido, en parte, a la mercantilización de las relaciones humanas... En África, existen algunas fuerzas endógenas para que se desarrollen nuevos impulsos, que denominé bienes comunes o procomunes, que ponen en acción los diferentes niveles de subsidiariedad democrática adaptados a cada una de las cuestiones. Son bienes comunes que hay que promover entre el mercado, ineficiente, y el Estado, demasiado débil, arrasado por el ajuste estructural, fracasado por su captura y dependencia de los intereses de las multinacionales y de las grandes potencias... Esta solidaridad local podría utilizarse en el marco de una democracia ascendente comprometida con la inclusión de las personas y la reproducibilidad de las prácticas locales

 "Una constatación: los campesinos olvidados

África se encuentra en una encrucijada: no habrá desarrollo económico ni revolución ecológica sin políticas sociales proactivas que aumenten el bienestar de las personas. De lo contrario, experimentaremos una lenta o rápida progresión hacia el caos, mucho más allá de las fronteras de África. La tan necesaria revolución ecológica -puesto que se trata, efectivamente, de una revolución ecológica- no tendrá lugar sin justicia social en África ni en cualquier otra parte.

Los más desfavorecidos son, de hecho, los más vulnerables al cambio climático, aunque sean los menos responsables del mismo porque no disponen de recursos para adaptarse a él.

Los campesinos del África subsahariana están entre los primeros afectados por el cambio climático, que afecta sobre todo a la actividad del suelo: según el INRAE, el calentamiento global ya ha reducido su productividad en un 20% desde 1980, sobre todo en los trópicos, donde las condiciones son más extremas y el suelo más frágil. Estamos hablando de tres cuartas partes de las mujeres agricultoras y campesinas más numerosas, que en el África subsahariana siguen produciendo casi el 80% de lo que consumimos.

África es, por tanto, una de las regiones donde se acumulan los retos: la población volverá a duplicarse dentro de 25 años, es decir, en 2050, a pesar de la transición demográfica que se está produciendo en todas partes y a pesar de los esfuerzos de adaptación que han conducido, en parte, a una mejora de técnicas -de agroquímica, pero, también, de agricultura y ganadería- que ha permitido multiplicar la población desde 1960 y, en gran medida, una extensión de cultivos.

 Este deterioro de la productividad y de la fertilidad en los últimos 40 años ha llegado al límite de lo soportable para el campesinado africano, para los olvidados. Se ha descuidado el campo; se ha preferido la ciudad en nombre de la estabilidad política y del progreso sin campesinos. Están explotando; ya no pueden contener nada más.

 Para los que se quedaron atrás, cuyo número no puede sino crecer, el futuro sólo estará hecho de, en primer lugar, migraciones hacia el exterior del continente -ya han ocurrido migraciones internas hacia las ciudades o a los países más ricos-, hasta ahora, contenidas lo mejor posible, y, segundo lugar, de conflictos por los recursos que se vuelven conflictos «interétnicos», regionales e intercontinentales -terrorismo; ya surgieron entre agricultores y ganaderos o entre rivales por las minas-.

Peor aún: somos testigos de un aumento del resentimiento y de los repliegues identitarios reconfortantes a nivel psicológico -degenerados del mismo modo y surfeando sobre populismos instrumentalizados- que son, paradójicamente, la otra cara de la ausencia de futuro y de la exigencia de una vida mejor.

Los jóvenes, que no vivieron la independencia africana de los años sesenta, sino regímenes políticos tan largos como autoritarios, se rebelan ahora, tanto en las ciudades como en el campo. Si se rompe el impulso democrático y si, al final, no se brindan respuestas concretas, esto amenazará los inestables equilibrios dinámicos de la geopolítica continental e irá mucho más allá de eso.

También, estamos convencidos de que no hay una oposición necesariamente ni, siquiera, incompatibilidad, sino que, incluso, existe complementariedad entre los dos ejes de políticas públicas. Esto es particularmente cierto en África, donde la modernidad destructiva sigue, afortunadamente, rezagada y donde las prácticas sociales y los imaginarios colectivos se han resistido, en parte, a la mercantilización de las relaciones humanas, que alcanzó su apogeo, desde 1980, con el neoliberalismo y el declive de las grandes ideologías y utopías colectivas.

El fracaso de las políticas de desarrollo

Volvamos a las ciudades y a los fracasos del «desarrollo» que no pueden superarse, ahora, en el estado de extrema debilidad y fragilidad de las economías, agriculturas e instituciones africanas. Pensemos en los pequeños empleos informales saturados; empleos industriales inexistentes; ingresos de renta captados por las élites políticas y una clase administrativa que comparte cada vez menos con la población rural empobrecida de la que procede.

En efecto, la extraversión de las economías y la depredación de los recursos continuaron bajo la independencia a pesar de los intentos, con frecuencia, cortados de raíz por Occidente del puñado de ejecutivos africanos formados en la época y, luego, gracias a un nuevo orden económico mundial que, con el pretexto de una teoría económica perfecta e insuperable, aumentó la apertura comercial y mató cualquier voluntad de desarrollo endógeno, sin garantizar ninguna posición satélite habitable. Se cultivaron, a escala mundial, no sólo un materialismo sin límites, sino, también, la codicia como principio de inteligencia social.

Las teorías favorables a la liberalización de los flujos dejaron sin embargo en la sombra la libre circulación de las personas. Este impensado fue gestionado a posteriori por los países occidentales en el marco de una política de «cada quien por su cuenta» en África; no dudaron en apoyar regímenes autoritarios -gendarmes de los flujos anticipadamente-. A modo de comparación, recordemos que no menos de 60 millones de europeos emigraron entre 1850 y 1930 para regular las fracturas provocadas por la industrialización y la progresión demográfica…

Un método que hay que recuperar: provocar la solidaridad a través de los bienes comunes

¿Qué futuro, y más aún, qué revolución ecológica, qué «progreso económico y social», qué protección del medio ambiente pueden preverse para el continente cuando África ya no puede cubrirse con 2.000 millones de tractores, coches y aparatos de aire acondicionado, y cuando se acelera el empobrecimiento de la población, sobre todo de los campesinos -sin acceso al agua, sin retretes, sin electricidad, sin motorización y tampoco sin industria-?

Dar respuestas, desde el nivel local hasta el internacional, a los grandes problemas que amenazan, hoy, la supervivencia de las poblaciones y la paz mundial, y por lo tanto, a la comunidad humana, que ya no está ciega, pero que puede ser engañada: todo se sabe en Internet y la miseria se hace insoportable para los que no tienen nada en comparación con los que lo tienen, o parecen tenerlo, todo porque los países ricos no son cicateros con la miseria y los miserables, evidentemente, no saben compartir tan bien la abundancia.

Necesitamos más empleo y una vida más digna para todos, lo que significa derechos humanos y civiles. Hay que redefinir prioridades y basar políticas públicas decididas -disruptivas- en las fuerzas endógenas de un continente que no carezca de ellas. Para ello, es imperativo liderar un cambio casi cosmológico que haga que desarrollo, sostenibilidad medioambiental y bienestar para todos no sólo sean compatibles, sino complementarios. Un futuro «sostenible» en el sentido literal, soportable para todos, para África y Occidente por igual.

 No se trata de renunciar al llamado bienestar moderno, pero buena parte de la modernidad se basó en la colonización, en la explotación y en un dominio casi religioso, sino, para basar políticas públicas en una estrategia a largo plazo y no en las actuales dilaciones ni ilusiones de emergencia, de redefinir el bienestar humano en una relación diferente con el mundo vivo, de revivir lo mejor de cientos de miles de años en los que los seres humanos se sabían seres vivos entre otro en un universo que se ha vuelto materialista, que está sobrepoblado y ultraconectado. Ante los temidos colapsos, el reto es grande: devolverles un futuro envidiable tanto al sur como al norte, al este y al oeste. 

En África, existen algunas fuerzas endógenas para que se desarrollen estos nuevos impulsos, que denominé bienes comunes o procomunes, que ponen en acción los diferentes niveles de subsidiariedad democrática adaptados a cada una de las cuestiones. Son bienes comunes que hay que promover entre el mercado, ineficiente, y el Estado, demasiado débil, arrasado por el ajuste estructural, fracasado por su captura y dependencia de los intereses de las multinacionales y de las grandes potencias.

En algunos lugares, se mantiene una vida basada en lo común. Así lo ilustran las prácticas sociales, el simbolismo colectivo y las solidaridades familiares dinámicas, cuya perversión actual es la solidaridad tribal. Esta solidaridad local podría utilizarse en el marco de una democracia ascendente comprometida con la inclusión de las personas y la reproducibilidad de las prácticas locales.

Además, se trataría de aprovechar al máximo la inventiva de los jóvenes y su creatividad; esta última, limitada en cuanto a recursos, reinventa cada día la low tech africana. La tecnología digital y la telefonía móvil han demostrado ser potentes herramientas de acceso a la información: hay que cultivar aplicaciones económica y socialmente útiles.

Del lado de la dimensión económica, se debe financiar las necesidades económicas de grandes políticas públicas a través, por una parte, de monedas comunes liberadas de la cómoda, pero contraproducente, paridad del euro y, por otra, del ahorro no utilizado de las clases medias garantizado por el financiamiento público internacional respaldándolos con procesos de integración regional, una integración mucho más pertinente que las fronteras coloniales heredadas.

El acceso para todos a las energías sostenibles descentralizadas -solar, eólica, geotérmica, hidráulica- es, en este contexto, un objetivo totalmente alcanzable y un factor evidente de desarrollo endógeno sostenible combinado con el bienestar de las poblaciones. La capacidad, probada durante décadas, de los campesinos y campesinas para evolucionar hacia técnicas más productivas, sin motorización ni agroquímicos agresivos, basadas en prácticas agrícolas ancestrales, en múltiples patrones de uso de la tierra -aunque estén amenazados por la apropiación privada y por el acaparamiento internacional de tierras- y en un patrimonio vegetal más resistente a la variabilidad climática que los paquetes técnicos estándar de la «revolución verde» y menos dependiente de los insumos de alto consumo energético de las multinacionales.

Al mismo tiempo, la riqueza de la biodiversidad del continente y los servicios medioambientales que prestan al mundo sus grandes bosques primarios y sus pequeños agricultores siguen estando infravalorados; los campesinos son ahora demasiado pobres para degradar sus tierras de forma agroquímica y mecánica. El continente, especialmente el África subsahariana, es casi neutro en carbono, pero está sometido a un mayor estrés por el cambio climático, aunque también a presiones para seguir siéndolo debido a la pobreza o a las limitaciones medioambientales mundiales.

Poner en práctica soluciones africanas: nuevas políticas públicas para el continente a través de la «solidaridad racional» internacional

En mi último libro1, desarrollé los ejes principales de una solución africana en el contexto actual, basada en las fuerzas detectadas cuyas potencialidades ya mencioné anteriormente.

En primer lugar, la única fuente importante de empleo está en el campo: el sector agrícola. La única forma de conciliar la escasez de combustibles fósiles con el bienestar de todos -es decir, la justicia social- es la intensificación agroecológica de las tierras de los pequeños agricultores capaces de duplicar los bajos rendimientos actuales para poder alimentarse a sí mismos y a su población.

En la ciencia agroecológica y agroforestal, la combinación de conocimientos y técnicas de baja y alta tecnología permite el aprovechamiento infinito de la energía del sol y el nitrógeno del aire, la maximización del agua y la resistencia de la biodiversidad cultivada y no cultivada ante los riesgos climáticos y las plagas, el uso sostenible de los elementos minerales del suelo a través de las raíces y la mejora de su fertilidad orgánica y su capacidad para fijar CO2 (en la biomasa).

En segundo lugar, en función de esto, tanto en el sur como en el norte, los circuitos cortos y el consumo local deben convertirse en la norma y favorecer la transformación artesanal e industrial de los recursos locales. Por consiguiente, hay que frenar el crecimiento de las actuales dependencias múltiples.

Este programa a gran escala tiene sus condiciones: lo que llamo neoproteccionismo, o, más bien, «comercio justo», no dogmatismo, sino pragmatismo económico: en estas cuestiones cruciales, proteger a los campesinos africanos y a los transformadores de la competencia insostenible -y subvencionada y respaldada políticamente- de los países desarrollados y aprovechar este sistema fiscal; animar a los consumidores -que ya están bien aculturados- a darle prioridad a este interés general; acompañar a los más pobres de las ciudades en el aumento transitorio del precio de los alimentos.

Por último, hay que invertir masivamente en la modernización del campo y en la revolución agroecológica «doblemente verde» de la agricultura campesina. La vida en el campo debe significar, por fin, educación, salud y electrificación sostenible. Éste es el precio de una transición demográfica rápida y del acceso de las mujeres a sus derechos: una verdadera educación para las niñas y los niños -al menos, hasta la enseñanza secundaria y en buenas condiciones-, como es sabido en todo el mundo.

Para contribuir a esta inmensa inversión ecológica, debemos velar por que se pague un precio justo por los servicios medioambientales que brinda el continente y, en particular, por su campesinado; no deforestar, sino reforestar, almacenar cantidades masivas de carbono y biodiversidad en el suelo y la vegetación y desarrollar energías sostenibles. Y no olvidemos los reiterados compromisos establecidos por los países desarrollados con la ONU desde 1970, que no se han respetado: 0.7 % de AOD, Fondos Verdes, Fondos de Pérdidas y Daños, Fondos de Biodiversidad.

Creo que ésta es la solución para África en un momento en el que todos sabemos que los magníficos objetivos de desarrollo 2030 -terminar con el hambre y terminar con la pobreza- no se cumplirán en 2030; se necesita un cambio drástico, un cambio que el Secretario General de la ONU reclama con vigor, previsión y urgencia

Las crisis mundiales -bancarias, sanitarias, vinculadas con las guerras- han mostrado la vulnerabilidad del sistema mundial y de los países africanos en particular. La contaminación de conflictos en el Sahel y África Central no invita al optimismo: se han cruzado umbrales críticos. El apoyo de Occidente hacia regímenes autoritarios considerados estables y complacientes no ayuda, pero los jóvenes se mueven y las ideas circulan.

En cualquier caso, hay que convencer y convencer contra la prevalencia de las ilusiones de «desarrollo» sin desarrollo humano de las multinacionales, contra, en particular, una gran ignorancia general en la que se considera que más de la mitad de la población africana está atrasada, ignorancia que ha sido cultivada por décadas de alabanza del agronegocio, contra el vapuleo ecológico, contra el derrotismo y el repliegue.

Si no basta con el derecho de todos a una vida digna, si no basta con la responsabilidad de todos por el hecho de que al menos un billón de seres humanos permanezcan década tras década tratando de sobrevivir, debemos insistir en que se trata de una cuestión de «solidaridad racional» internacional, aunque sea."               (Kako Nubukpo , El Grand Continent, 16/05/23)

3/10/22

Grandes ejemplos de resistencia ecológica procedentes de África: la Gran Muralla africana es el más visible y asombroso. Este proyecto que asocia a 11 países busca crear el monumento viviente más grande del planeta creando una franja de 8.000 kilómetros de árboles con el fin de detener el avance del desierto del Sahara y fomentar la creación de empleos en torno a este nuevo hábitat verde

 "(...) En lo que se refiere a las acciones, África no se queda atrás. Los esfuerzos para modernizar la agricultura e introducir una mecanización sostenible son algunas de las prioridades: hay que aumentar la eficiencia y productividad del campo ante posibles hambrunas y también hacer frente el aumento de la población de un continente en plena ebullición. África concentra la explosión demográfica del siglo XXI y todo esto amplifica inevitablemente los retos de la lucha climática. 

En materia energética, el continente africano sigue dependiendo en un 40 % del carbón, pero la Agencia Internacional de Energía Renovable (Irena) proyecta un aumento de la capacidad de las alternativas renovables en África del 290% entre 2015 y 2030 (superando los 161% en Asia y 43% en América Latina). Y ese optimismo se concreta en proyectos como el de Marruecos que, con la inauguración de la central Noor Ouarzazate IV, de 135 kilómetros cuadrados, una de las más grandes del mundo, ha logrado aumentar en un 42% la incidencia de las fuentes de energía renovable. Para 2030, el país magrebí aspira a proveerse en un 52% del total de su consumo con energías limpias. 

Si es cierto que Marruecos ha demostrado un afán de liderazgo verde, otras naciones africanas como Senegal o Benin tampoco se quedan atrás. Este último país se ha lucido con programas desarrollados en el centro de investigación Songhai de Porto Novo que permiten la producción de biogás a partir de deshechos animales y vegetales. El país de la Teranga, por su lado, ha adelantado un proyecto innovador que permite la transformación de la cáscara de maní en carbón y así aprovechar 7000 toneladas anuales de deshecho.  

En materia de conservación y reforestación ambiental, el ejemplo de la Gran Muralla africana es el más visible y asombroso. Este proyecto que asocia a 11 países busca crear el monumento viviente más grande del planeta creando una franja de 8.000 kilómetros de árboles con el fin de detener el avance del desierto del Sahara y fomentar la creación de empleos en torno a este nuevo hábitat verde.

Ese megaproyecto que lideran Senegal y Etiopía por su gran protagonismo -y que atraviese todo el continente desde el oeste hasta el este–, ya ha permitido la recuperación de 5 millones de hectáreas gracias al impulso de la Unión Africana y de otros apoyos internacionales (como el de Irlanda o Francia, en Europa), y, sin embargo, sólo está en su primera fase. Para avanzar y transformar esta región árida, se estima que se requiere un financiamiento de 36.000 millones de dólares y una implicación más rigurosa de cada uno de los Estados en el plano organizativo y social.  

Finalmente, en materia de gestión y planeación climática, el continente africano cuenta con el país que mejor desempeño ha tenido en el mundo en los últimos años. El ejemplo de Gambia, resaltado por el estudio del Climate Action Tracker en 2021, expone el esfuerzo de esta pequeña nación para cumplir con sus compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. 

La consistencia de Gambia y su coherencia es motivo de orgullo. El país ratificó su aspiración de reducir sus emisiones hasta un 44,4% en 2025 y uno de los pilares de la estrategia para alcanzar ese objetivo es el incremento de su capacidad en energías renovables con proyectos de energía solar fotovoltaica financiados parcialmente por el Banco Mundial y la Unión Europea. 

Según el Climate Action Tracker, si el resto de países de todo el mundo asumiera compromisos equiparables a los de Gambia, la especie humana podría evitar que en 2050 la temperatura de la Tierra supere los 2 ºC respecto a la era preindustrial.

Así pues, aunque lo estén haciendo con medios más limitados, los países africanos han asumido plenamente la lucha contra el cambio climático. Y no es una lucha cualquiera: es una lucha feroz que implica grandes cuestionamientos sobre la forma en que se construyen los presupuestos, la necesidad de lograr los compromisos adquiridos, y la urgencia de involucrar a cada sector de la sociedad. 

El esfuerzo de resiliencia es incuestionable, pero como trato de resaltarlo en “África: cambio climático y resiliencia”, toda transformación requiere una revolución de la mirada y los sentidos. Todo cambio durable implica entender las razones por las que se emprende ese cambio y una filosofía que permita sostener ese cambio en el tiempo. 

Como conclusión, es importante resaltar que África puede asumir un liderazgo verde y que el cambio climático puede ser una oportunidad de cambio favorable para el continente. Para avanzar en esta dirección, el esfuerzo de resiliencia debe superar el campo técnico y material –centrado en gran medida en la agricultura y la energía–, y adoptar distintas formas como la demográfica, económica, institucional y psíquica, para que la ruptura con los modelos y paradigmas establecidos sean plenos. Es necesario dar un nuevo orden a las prioridades e integrar el medio ambiente como eje central de todo programa de acción, porque, como bien lo subraya el profesor senegalés Felwine Sarr en su obra “Afrotopía”: el reto es salir de la dictadura de las urgencias."                  (Johari Gautier Carmona  , Nueva Tribuna, 30/09/22) 

22/9/22

Las amazonas del reino de Dahomey (en los siglos XVIII-XIX)

 "La epopeya histórica "The Woman King", que acaba de estrenarse en la taquilla estadounidense con una acogida exagerada, es una película realmente extraordinaria. Ambientada en el África occidental del siglo XIX y protagonizada por Viola Davis y John Boyega, es una historia de idealismo y pasión; de violencia brutal y de ira ardiente; de sueños hechos y rotos, de mitos y misterios, de mentiras y traiciones, de las ambiciones abotagadas y las hipocresías enconadas de una sociedad en plena revolución cultural. Estoy hablando de América, por supuesto, no de África. Todo esto es antes de que la película haya comenzado.

Enseguida hablaré de todas las controversias. Pero en un nivel, la historia detrás de The Woman King es en realidad bastante simple. Como ha explicado su productora, la ex actriz de Hollywood Maria Bello, se le ocurrió la idea hace unos años tras visitar la república de Benín, en África Occidental. Allí se enteró de la existencia de un regimiento de mujeres guerreras inmensamente feroces llamadas Agojie, que lucharon por el Reino de Dahomey en los siglos XVIII y XIX. Como era de esperar, los viajeros europeos, los misioneros y los traficantes de esclavos las llamaron "amazonas", y como pocos podemos resistirnos a una historia de terroríficas amazonas esculturales, a Bello le llamó inmediatamente la atención su potencial cinematográfico. Y dado que Pantera Negra de Marvel ha demostrado que hay un enorme público internacional para las historias con héroes negros que empuñan espadas, los ejecutivos de Sony estuvieron de acuerdo con ella. Hasta aquí, nada complicado.

¿Y la trama? De nuevo, no es muy complicado. Las epopeyas históricas suelen ser bastante melodramáticas, con héroes imposiblemente admirables y villanos diabólicamente crueles, y El rey mujer no es una excepción. Para abreviar una historia de dos horas y cuarto, nos encontramos en Dahomey en la década de 1820. El rey Ghezo, interpretado por John Boyega, es básicamente un tipo decente, al menos para los estándares de los reyes guerreros en tiempos turbulentos. Depende de Viola Davis y su regimiento de amazonas, sobre todo contra sus vecinos, los oyo, cuyo líder asesino y rapaz está aliado con los esclavistas portugueses.

 Hay varios tejemanejes familiares del tipo "Luke, soy tu padre", pero no es necesario entrar en ellos ahora. ¿Un personaje aparentemente huérfano resulta ser la hija de otro? No lo voy a decir. De todos modos, en un desarrollo totalmente impredecible, algunos de los buenos son tomados prisioneros. Igualmente imprevisible, el rey es reacio a jugárselo todo a una arriesgada misión de rescate. Así que, en un giro que nadie podría haber imaginado, Viola Davis desafía las órdenes y lidera una expedición para salvarlos de todos modos. (Puede que pienses que ya has visto esto antes, pero no es así, porque no estaba ambientada en África cuando la viste antes, así que esta vez es completamente diferente). ¿Y qué pasa? Bueno, no quiero estropearlo. ¿Son todos masacrados en el lugar donde se encuentran? ¿Termina la película con una nota sorprendentemente baja? ¿O los buenos ganan la partida? Tendrá que verla usted mismo para averiguarlo.

Los productores afirman, como siempre, que The Woman King está "basada en hechos reales". Y, para ser justos, no se equivocan del todo. En el siglo XIX existía un reino de Dahomey: orgulloso, independiente, ferozmente agresivo, y eso es decir poco. El historiador Stanley B. Alpern, autor de la historia definitiva de los Agojie en inglés, lo califica de estado "dedicado a la guerra y a la caza de esclavos... con el rey controlando y regimentando prácticamente todos los aspectos de la vida social". Uno de esos reyes se llamaba efectivamente Ghezo. Y los Agojie también existieron. Como explica un excelente ensayo de la revista Smithsonian, se fundaron probablemente a principios del siglo XVIII y contaban con unas 6.000 guerreras que "asaltaban aldeas al amparo de la oscuridad, tomaban cautivos y cortaban las cabezas de los que se resistían para devolvérselas a su rey como trofeos de guerra".

 ¿Eran tan intimidantes como sugiere la película? En realidad, aún más intimidantes. A las Agojie se les prohibía acostarse con hombres, se las reclutaba cuando eran jóvenes y se las obligaba a someterse al tipo de entrenamiento militar que convertiría a la mayoría de nosotros en objetores de conciencia. Un viajero británico describió cómo se les obligaba a atravesar densos matorrales de espinas de acacia, sin nada que les protegiera los pies de las hemorragias.

Otras pruebas fueron diseñadas para insensibilizarlos a los horrores del combate. Cada año, según el Smithsonian, "los nuevos reclutas de ambos sexos debían subirse a una plataforma de 4 metros de altura, recoger cestas con prisioneros de guerra atados y amordazados, y lanzarlas por encima del parapeto a una multitud que aullaba abajo". Y en lo que quizá sea el detalle más horriblemente memorable, un oficial francés llamado Jean Bayol vio cómo una recluta adolescente llamada Nanisca, "que todavía no había matado a nadie", era llevada ante un joven capturado que tenía las manos atadas. Según Bayol, ella "blandió su espada tres veces con ambas manos, y luego cortó tranquilamente la última carne que unía la cabeza al tronco. ... Luego exprimió la sangre de su arma y se la tragó".

 Qué bien. Fue esta Nanisca, por cierto, la que parece haber inspirado el nombre del personaje de Viola Davis. Acabó sus días luchando contra los franceses, cortando la cabeza de un oficial de artillería antes de ser abatida en su turno. Era lo que ella hubiera querido. Por supuesto, muchas películas históricas romantizan a sus héroes aterradoramente violentos, como puede atestiguar cualquiera que haya visto Gladiator o 300. Así es la naturaleza de la narración. Sin embargo, el problema de The Woman King es que Dahomey no era sólo una sociedad violenta, sino que era una sociedad violenta de tráfico de esclavos. De ahí el tsunami de controversias.

Aunque siempre nos han dicho que la esclavitud es un tema terriblemente difícil y complicado, la historia que hay detrás de todo esto es en realidad bastante sencilla. El comercio de esclavos era enormemente importante, si no esencial, para el reino de Dahomey. Como ha señalado la historiadora brasileña Ana Lucia Araujo, la expansión de Dahomey coincidió exactamente con el apogeo del comercio de esclavos en el Atlántico. En particular, Dahomey se apoderó y controló el puerto de Ouidah, uno de los centros más importantes de toda la red. Desde aquí, cientos de miles, tal vez incluso un millón de cautivos africanos fueron embarcados a la fuerza hacia el Nuevo Mundo.

 Y aunque esta fue una historia en la que los traficantes de esclavos europeos desempeñaron un papel destacado, las guerreras de Dahomey no fueron inocentes. Todo lo contrario. Como señala Araujo, El rey mujer se abre con una escena en la que los Adojie atacan una aldea vecina, matando a los hombres pero perdonando caballerosamente a las mujeres. Sin embargo, esto es pura ficción. En realidad, escribe, "los soldados del ejército de Dahomey (tanto hombres como mujeres) tomaban como prisioneros a los aldeanos más jóvenes y sanos y los llevaban a la capital de Dahomey, Abomey". Aquí, algunos se convertirían en esclavos locales, otros serían sacrificados. Pero "la mayoría serían transportados a la costa, donde serían vendidos, y subirían a bordo de barcos negreros que navegarían hacia las Américas, especialmente hacia Brasil".

Esta no es la única distorsión de la verdad. En la película, se convence al rey Ghezo para que deje de depender de los traficantes de esclavos europeos y se dedique a la producción de aceite de palma. Pero esto no tiene sentido. De hecho, para sus vecinos, la idea de que él y sus guerreros amazónicos fueran liberadores reformistas habría parecido francamente obscena. En realidad, Ghezo era tan brutal e interesado como cualquier imperialista europeo. Cuando subió al trono en 1818, uno de sus primeros actos fue castigar a sus rivales familiares vendiéndolos como esclavos. Y durante gran parte de su reinado se resistió activamente a las presiones de Europa para acabar con el comercio de seres humanos, ya que en las décadas de 1830 y 1840 los británicos intentaban enérgicamente acabar con él, llegando a bloquear sus costas con barcos de la Marina Real.

 ¿Importa todo esto? Tal vez no. Repito: todas las películas históricas convierten los hechos en ficción. Si usted acude a Hollywood en busca de su historia, ese es su problema, no el de ellos. Dirigiéndose a sus críticos en Variety, Viola Davis insistió en que una película es sólo, bueno, una película. "Si sólo contáramos una lección de historia, que bien podríamos haber hecho, eso sería un documental", dijo sin rodeos. "Por desgracia, la gente no iría a los cines". En cuanto a John Boyega, volvió a caer en el tipo de galimatías impenetrable por el que los actores han sido admirados durante mucho tiempo en todo el mundo. "El arte puede vivir en un espacio moral o inmoral, y a veces podría tratarse simplemente de arrojar una luz sobre la naturaleza humana, la historia y la realidad de ese conflicto", dijo gnómicamente. "Así que, para mí, incluir eso sólo demuestra que hay una forma en la que podemos abrazar historias que aceptan el hecho de que la humanidad no es perfecta, a la vez que son entretenidas y algo de lo que se puede aprender".

 ¿Qué significa eso? Sospecho que nunca lo sabremos.

Pero como se trata de África y de la esclavitud, algunas personas no ven esto como un asunto trivial en absoluto. Hace un mes, Nikole Hannah-Jones, del New York Times, cerebro del alocado "Proyecto 1619" para reescribir toda la historia de Estados Unidos en torno al tema de la esclavitud, lanzó una ominosa advertencia de que estaba deseando ver "cómo una película que parece glorificar a la unidad militar femenina de los Dahomey trata el hecho de que este reino obtuvo su riqueza de la captura de africanos para el comercio transatlántico de esclavos". The New Yorker, analizando las numerosas distorsiones de la película, la condenó no sólo como "confusa" y "poco sincera", sino como una "cínica distorsión de la historia".

 Y en Twitter, los sospechosos habituales han salido en masa, con las horcas preparadas. En cierto modo, no importa de qué lado estés; el mero hecho de entrar en las listas es exponerse a acusaciones de herejía. Así que cuando Ana Lucia Araujo, experta en la trata de esclavos de la Universidad de Howard, se aventuró en la red a hablar de un libro sobre otra reina guerrera africana de Angola, y cometió el error de utilizar la palabra "deportada" para describir el transporte de esclavos a través del Atlántico... bueno, eso fue su fin. "¡La absoluta caucasidad de esta persona!", tronó uno de sus críticos, él mismo, a juzgar por su foto, claramente caucásico. Académicos, ¿eh? "¡Qué espectáculo de payasos!", decía una respuesta. Bueno, tú lo has dicho.

En el fondo, pues, la historia de La mujer rey no es realmente una historia sobre Dahomey en el siglo XIX, sino una sobre la política racial salvajemente histérica de los Estados Unidos en el siglo XXI. Ni siquiera he mencionado el hecho de que la actriz Lupita Nyong'o, que originalmente iba a participar en la película, fue a África Occidental, hizo un documental sobre el comercio de esclavos, rompió a llorar cuando descubrió la participación de los Agojies en la esclavitud, y luego se retiró de la película. Tampoco tengo tiempo para entrar en la alegría desenfrenada de la derecha estadounidense ante el espectáculo de tantos liberales de Hollywood y locos académicos destrozándose unos a otros por una película sobre la esclavitud. "Pocos de los gobiernos extinguidos por el colonialismo europeo", exultaba un escritor en la National Review, "merecían tanto ser destruidos como el de Dahomey". Aunque apuesto a que no se atrevería a decirle eso a John Boyega.

 ¿Me molesta entonces la distorsión de la historia que hace la película? Bueno, quizás un poco. Las películas son importantes. Teniendo en cuenta su perdurable legado en antiguas sociedades esclavistas como Estados Unidos y Brasil, habría sido mucho mejor contar la historia de la esclavitud de forma cuidadosa y matizada, en lugar de reducirla a un melodrama caricaturesco, salvajemente distorsionado y risiblemente despierto de héroes y villanos. Y si los realizadores hubieran tenido la valentía de contar la verdadera historia de Dahomey -una historia en la que las mujeres africanas audaces e independientes eran a veces tan crueles y explotadoras como los más despiadados capitanes de mar portugueses-, entonces podrían haber animado a sus espectadores a ir más allá de la visión infantil de buenos y malos de la historia imperial que se ha vuelto tan común hoy en día.

De todos modos, no voy a ponerme demasiado nervioso al respecto. Gritar y vociferar sobre las películas de Hollywood nunca es una buena imagen. Vienen y se van, y la mayoría de los espectadores de a pie son demasiado sensatos para tomárselos en serio. Dejemos que los lunáticos monten en cólera en Twitter. El resto sabemos que es sólo una película." 
             ( , UnHerd, 22/09/22)

11/10/21

El parlamento de Reino Unido informa sobre cómo la guerra de la OTAN en Libia se basó en mentiras

 "Hemos traducido este artículo del periodista estadounidense Ben Norton por ser uno de los más exhaustivos que se han escrito sobre un importante acontecimiento que ha pasado prácticamente desapercibido en los grandes y principales medios de comunicación españoles y europeos.

Un comité designado por el parlamento británico para evaluar la intervención de Reino Unido en la guerra de Libia ha concluido que todos los argumentos en los que se basaron quienes lideraron la coalición internacional atacante eran mentiras y exageraciones infundadas. Que fue una enorme irresponsabilidad por parte de los parlamentarios británicos apoyar una guerra basando sus decisiones en informaciones difundidas por medios de comunicación y otras fuentes sesgadas con intereses ocultos, y sin prever las graves conseciencias.

Nos vemos en la obligación de ofrecer algunas consideraciones sobre el informe ya que deja el papel fundamental de Estados Unidos en segundo plano, porque su objetivo es evaluar la actuación de su gobierno y no la de otros. Creemos que no concede el peso que realmente tuvo el Departamento de Estado de EEUU, bajo las órdenes de Hillary Clinton, en el inicio, incitación, desinformación y desarrollo de y sobre la guerra. Tras la publicación de los emails de Hillary Clinton ha quedado en evidencia que este papel fue de mayor peso del que el comité británico ha concedido. No olvidemos que el país aliado, colaborador y socio incondicional de los principales financiadores de la guerra de agresión a Libia, Qatar y Emiratos Árabes, es EEUU.

Documentos desclasificados del gobierno de EEUU desvelaron hace tiempo que desde los años 60 la diplomacia estadounidense lleva a cabo la estrategia -para acceder a los recursos africanos- de presionar a los países aliados y de la OTAN para que intervengan en África e impidan a los gobiernos nacionales controlar los recursos, quedando ellos como “observadores preocupados” ante la opinión pública y los propios gobiernos presionados. Esta estrategia que ha dado excelentes resultados durante los últimos 50 años se repite una y otra vez ante las narices de todo el mundo. Aunque es obvio que la apabullante ayuda militar y de inteligencia de EEUU, lo que se llama ahora de “Seguridad”, es lo que verdaderamente hace posible la intervención de otros países como Francia y Reino Unido en África. Este “observador preocupado” contactó con Sarkozy y le contó que Gadafi tenía infinitas toneladas de oro y plata porque quería implantar una moneda panafricana “que sustituyese al franco francés”, algo que el Banco Central de Francia no puede permitirse.

Hay que recordar que este plan era conocido porque el propio Gadafi lo venía proponiendo en las cumbres de la Unión Africana desde hacía años, y Francia nunca corrió a bombardear Libia por ello, a pesar de ser un país invitado a todas las reuniones de la UA, sino que se hacía cargo de ello por otros medios.

Sin embargo, los emails de los asesores de Clinton y de ella misma dejan entrever una clara intención de “malmeter” a Sarkozy y a su equipo, haciéndole ver de paso, que en EEUU cuando la popularidad de un presidente cae, el entrar en una guerra exterior le permite recuperar la popularidad, le hace caer en la cuenta de que puede hacerse con los recursos que van a quedar “sin dueño” en el Sáhara y le deja claro que no se preocupe por sus fuerzas militares, que no le faltará respaldo. De este modo, una vez más, EEUU queda como el “observador preocupado” y logra su objetivo principal que es acabar con el plan de Gadafi de comerciar el petróleo y el gas de la Organización de Países Productores de Petróleo, OPEP, en una moneda basada en oro, que podría ser el dínar libio, pero también cualquier otra, y no en el dólar estadounidense que no está basada en nada y su emisión por parte de la Reserva Federal es totalmente opaca. Eso sí es un peligro para el llamado Establishment económico mundial, encabezado por EEUU.

Esta estrategia se puede ver en diversos hechos que no suelen analizarse en los medios, como por ejemplo lo ocurrido cuando en uno de los primeros momentos de la intervención, la OTAN se había estancado combatiendo a las fuerzas de Gadafi, pero inmediatamente surgió de la nada un submarino estadounidense en el Mediterráneo, el USS Florida, y lanzó 100 misiles crucero contra el ejército de Libia en una sola noche, con lo que abrió un corredor para que los franceses, británicos y demás (España también intervino) pudieran seguir con “su” intervención.

Esta narrativa: “Francia no quiere perder su influencia”, “protestas internas suplican a la ex colonia intervención”, “quere tener el control de los recursos”, es muy similar a la de otras guerras de Francia en África, pero en todas hay un componente que se repite y que nunca se analiza: en cuestión de días, un descomunal despliegue militar -suministrado rapidamente por EEUU y aliados del Golfo- arrasa con países de escasa población y no preparados ni interesados en ninguna guerra. Francia necesita mantener el franco CFA, sí, pero sin el empuje, la incitación y el apoyo de EEUU no entraría tan alegremente en guerras en África, y de paso, EEUU logra su objetivo de impedir que los gobiernos africanos controlen sus propios recursos naturales y financieros.

Mientras tanto, el control de la información que crea la opinión pública sigue siendo un asunto tomado demasiado a la ligera por todos, incluso por informes tan importantes como estos. Por ejemplo, algunas de las fuentes de los propios investigadores británicos son tan sesgadas como las qataríes y saudís que ellos denuncian, ya que se ocupan más que de informar, de exonerar a EEUU por esta guerra -de la que no se depurarán responsabilidades, a pesar de estos informes-, como el New York Times, Washington Post o las palabras del propio Obama.


Investigación británica: Gadafi no iba a masacrar a civiles; los bombardeos occidentales empeoraron el extremismo islámico.

Un nuevo informe publicado por el Parlamento británico muestra que la guerra de la OTAN sobre Libia de 2011 se basó en una serie de mentiras.

“Libya: Examination of intervention and collapse and the UK’s future policy options” (Libia: Examen de la intervencion y colapso y las futuras opciones políticas de Reino Unido), una investigación realizada por el Comité de Asuntos Exteriores de la bipartita Cámara de los Comunes condena el papel interpretado por el Reino Unido en la guerra, que derrocó el gobierno del líder Muamar Gadafi en Libia, y sumió el país del norte de África en el caos.

“No hemos visto pruebas de que el Reino Unido llevase a cabo un análisis apropiado de la naturaleza de la rebelión en Libia”, afirma el informe. “La estrategia de Reino Unido se basó en suposiciones erróneas y en una comprensión incompleta de las pruebas”.

El Comité de Asuntos Exteriores concluye que el gobierno británico “no fue capaz de identificar que la amenaza a los civiles fue exagerada y que los rebeldes incluían un elemento islamista importante”.

“La investiación libia, que se lanzó en julio de 2015, se basó en más de un año de investigaciones y entrevistas con políticos, académicos, periodistas y más. El informe, que fue publicado el 14 de septiembre, revela lo siguiente:

  • Gadafi no estaba planeando masacrar civiles. Este mito fue exagerado por los rebeldes y los gobiernos occidentales, que basaron sus intervenciones en poca información de Inteligencia.
  • La amenaza de los extremistas islamistas, que tuviron una gran influencia en las revueltas, fue ignorada -y los bombardeos de la OTAN hicieron esta amenaza incluso mayor, proporcionando a ISIS una base en el norte de África.
  • Francia, que inició la intervención militar, estuvo motivada por intereses económicos y políticos, no humanitarios.
  • Las revueltas -que fueron violentas, no pacíficas- probablemente no hubieran tenido éxito si no hubiera sido por la intervención y la ayuda militar extranjera. Los medios de comunicación extranjeros, particularmente Al Jazera de Qatar y Al Arabiya de Arabia Saudí, también difundieron rumores infundados sobre Gadafi y el gobierno libio.
  • Los bombardeos de la OTAN hundieron a Libia en un desastre humanitario, matando a miles de personas y desplazando a otros cientos de miles, transformando Libia de ser el país africano con el mayor nivel de vida a un estado fallido devastado por la guerra.

Mito sobre que Gadafi iba a masacrar a civiles y falta de información de Inteligencia

“A pesar de su retórica, la proposición de que Muamar Gadafi había ordenado la masacre de civiles en Bengazi no se apoyaba en ninguna prueba disponible”, afirma claramente el Comité de Asuntos Exteriores.

“Mientras que Muamar Gadafi ciertamente amenazó con violencia a aquellos que se levantaron en armas contra su gobierno, esto no se traducía necesariamente en una amenaza contra todo el mundo en Begazi”, añade el informe. “En resumen, la escalada de amenazas a los civiles fue presentada con una certeza injustificada”.

El sumario del informe también señala que la guerra “no contó con información precisa de Inteligencia”. Añade que “Al parecer, agentes de Inteligencia de Estados Unidos describieron la intervención como una decisión tomada a la ligera”.

Esto dessafía y contradice lo que las figuras políticas afirmaron en aquellos momentos previos a los bombardeos de la OTAN. Después de los violentos levantamientos que estallaron en Libia en febrero, y de que Bengazi -la segunda ciudad más grande de Libia- fuera tomada por los rebeldes, figuras de la oposición en el exilio como Soliman Bouchuiguir, presidente de la Liga para los Derechos Humanos con sede en Europa, afirmaron que si Gadafi retomaba la ciudad, “se produciría un auténtico baño de sangre, una masacre como la que se vivió en Ruanda”.

El informe del Parlamento británico, sin embargo, señala que el gobierno libio había retomado ciudades de los rebeldes a primeros de febrero de 2011, antes de que la OTAN lanzase su campaña de ataques aéreos, y las fuerzas de Gadafi no habían atacado a los civiles.

El 17 de marzo, señala el informe, dos días antes de que la OTAN empezase a bombardear, Gadafi dijo a los rebeldes en Bengazi: “Tirad vuestras armas, exactamente como hicieron vuestros hermanos en Ajdabiya y otros lugares. Ellos depusieron sus armas y están a salvo. Nunca los hemos perseguido”.

El Comité de Asuntos Exteriores añade que, cuando las fuerzas del gobierno de Libia retomaron la ciudad de Ajdabiya en febrero, no atacaron a los civiles. Gadafi “también intentó apaciguar a los protestantes en Begazi con una oferta de ayuda al desarrollo antes de desplegar finalmente las tropas”, añade el informe.

En otro ejemplo, el informe indica que, después de luchar en febrero y marzo en la ciudad de Misrata, la tercera ciudad más grande de Libia, que también había sido tomada por los rebeldes, solamente un 1% de las personas matadas por el gobierno de Libia eran mujeres y niños.

“La disparidad entre las muertes de hombres y mujeres sugiere que las fuerzas del régimen de Gadafi atacaban a los combatientes en una guerra civil y no a civiles indiscriminadamente”, asegura el Comité.

Altos funcionarios británicos admitieron en la investigación del Parlamento que no tuvieron en cuenta las actuaciones que de verdad estaba llevando a cabo Gadafi, sino que pidieron la intervención militar en Libia basándose en su retórica.

En febrero, Gadafi pronunció un acalorado discurso amenazando a los rebeldes que habían tomado el control de las ciudades. Dijo que “solo eran unos cuantos” y “unos pocos terroristas”, y los llamó “ratas” que “están convirtiendo Libia en los emiratos de Zawahiri y Bin Laden”, haciendo referencia a líderes de Al Qaeda.

Al final de su discurso, Gadafi prometió “Limpiar Libia, palmo a palmo, casa por casa, hogar por hogar, callejón por callejón” de estos rebeldes. Muchos medios occidentales, sin embargo, dieron por sobreentendido e informaron rotundamente que estas palabras significaban una amenaza para todos los manifestantes. Un periodista israelí popularizó esta línea de información convirtiéndolo en una canción titulada “Zenga Zenga” (callejón, en árabe). El vídeo de Youtube con el discurso remezclado circuló por todo el mundo.

El Comité de Asuntos Exteriores apunta en su informe que, en aquel momento, los funcionarios británicos “carecían de información de Inteligencia fiable”. William Hague, que sirvió como Secretario de Estado británico para Asuntos Exteriores y de la Commonwealth durante la guerra en Libia, afirmó al Comité que “Gadafi había prometido “ir casa por casa, habitación por habitación, exigiendo su venganza contra el pueblo de Bengazi”, citando erróneamente el discurso de Gadafi, añadiendo que “un montón de gente iba a morir”.

“Dada la falta de información de Inteligencia fiable, tanto Lord Hague como el doctor Fox destacaron el impacto de la retórica de Muamar Gadafi a la hora de tomar su decisión”, apunta el informe, también haciendo referencia al entonces Secretario de Estado para la Defensa, Liam Fox.

George Joffé, un académico del King’s Collegue de la Universidad de Londres, y un experto en Oriente Medio y Norte de África, declaró al Comité de Asuntos Exteriores para su investigación que, mientras que Gadafi algunas veces utilizaba una retórica intimidatoria bastante de “helarte la sangre”, ejemplos del pasado mostraban que el líder libio que tanto tiempo llevaba en el poder era “muy cuidadoso” para evitar la muerte de civiles.

En una ocasión, contó Joffé, “en lugar de intentar eliminar las amenazas al régimen en el este, en Cyrenaica, Gadafi se pasó seis meses intentando pacificar a las tribus del lugar”. Gadafi “hubiera sido muy cuidadoso con la respuesta real” agregó Joffé en el informe. “El temor a la masacre de civiles fue enormemente exagerado”.

Alison Pargeter, investigadora senior del Instituto Royal United Services, y especialista en Libia que también fue entrevistada para las investigaciones, se mostró de acuerdo con Joffé. Pargeter dijo al Comité que en aquel momento no había pruebas reales de que Gadafi se estuviera preparando para lanzar una masacre contra sus propios civiles”.

“Emigrados opositores a Muamar Gadafi explotaron la agitación en Libia exagerando la amenaza a los civiles y alentando a las potencias occidentales a intervenir”, señala el informe, resumiendo el análisis de Joffé.

Pargeter añadió que los libios que se oponían al gobierno exageraron el uso de “mercenarios” por parte de Gadafi, un término que a menudo se utiliza como sinónimo para designar a los libios de ascendencia subsahariana. La investigadora añade que los libios le habían dicho: “Los africanos están viniendo. Nos van a masacrar. Gadafi está mandando africanos a las calles. Van a matar a nuestras familias”.

“Creo que eso se amplificó demasiado”, asegura Pargeter. Este mito amplificado llevó a la violencia extrema. Los libios negros fueron reprimidos violentamente por parte de los rebeldes libios. La AP (Associated Press) informó en septiembre de 2011: “Fuerzas rebeldes y civiles armados están acorralando a miles de libios negros y migrantes del África Subsahariana”. Señalaba: “Prácticamente todos los detenidos dicen que son trabajadores migrantes inocentes”.

(Los crímenes que cometieron los rebeldes contra los libios negros iban a llegar a ser mucho peor. En 2012, hubo informes sobre que los libios negros fueron metidos en jaulas por los rebeldes y obligados a comer banderas. Como informó previamente Salon, Human Right Watch (HRW), también advirtió en 2013 de “graves y continuandas violaciones de los derechos humanos cometidas contra los habitantes de la ciudad de Tawergha, que son considerados por lo general como seguidores de Muamar Gadafi.” Los habitantes de Tawergha eran mayoritariamente descendientes de esclavos negros y eran muy pobres. HRW informó de que los rebeldes libios llevaron a cabo el “desplazamiento forzado de unas 40.000 personas y que las detenciones arbitrarias, las torturas y los asesinatos son generalizados, sistemáticos y lo suficientemente organizados como para considerarse crímenes contra la humanidad”.)

En julio de 2011, el portavoz del Departamento de Estado, Mark Toner reconoció que Gadafi es alguien dado “a utilizar una retórica exagerada”, pero en febrero, los gobiernos occidentales convirtieron sus discursos en armas.

El Comité de Asuntos Exteriores señala en su informe que, a pesar de la falta de información de las agencias de Inteligencia, “el gobierno de Reino Unido se centró exclusivamente en la intervención militar” como solución en Libia, ignorando otras formas disponibles de compromiso político y diplomáticas.

Esto es coherente con la información difundida por The Washington Times, que averiguó que el hijo de Gadafi, Saif, había esperado negociar un alto el fuego con el gobierno de Estados Unidos. Saif Gadafi abrió comunicaciones sigilosamente con la Jefatura del Estado Mayor Conjunta, pero la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton intervino y pidió al Pentágono que detuviera las conversaciones con el gobierno de Libia. “La Secretaria Clinton no quiere negociar en absoluto”, dijo a Saif un funcionario de Inteligencia de EEUU.

En marzo, la Secretaria Clinton había llamado a Muamar Gadafi una “criatura” “que no tiene conciencia y que amenazará a cualquiera que se ponga en su camino”. Clinton, que tuvo un papel de liderazgo en presionar para que la OTAN bombardease Libia, afirmó que Gadafi “haría cosas terribles” si no se le detenía.

Desde marzo hasta octubre de 2011, la OTAN llevó a cabo una campaña de bombardeos contra las fuerzas del gobierno de Libia. Afirmaba estar en una misión humanitaria para proteger a los civiles. En octubre, Gadafi fue brutalmente asesinado -sodomizado con una bayoneta por los rebeldes. (Al oír la noticia de su muerte, la Secretaria Clinton anunció, en directo en televisión, “We came, we saw, he died!” (¡vinimos, vimos y él murió!).

El informe del Comité de Asuntos Exteriores no obstante señala que, si bien la intervención de la OTAN fue vendida como una misión humanitaria, su objetivo ostensible fue logrado en tan solo un día.

El 20 de marzo de 2011, las fuerzas de Gadafi retrocedieron aproximadamente 40 millas [algo mas de 64 kilómetros] de Bengazi, después de que atacaran los aviones franceses. “Si el objetivo primordial de la intervención de la coalición era la urgente necesidad de proteger a los civiles en Bengazi, entonces este objetivo se logró en menos de 24 horas”, dice el informe. Sin embargo la intervención militar continuó durante varios meses más.

El informe explica: “la intervención limitada para proteger a los civiles se transformó en una política oportunista de cambio de régimen”. Este punto de vista ha sido cuestionado por Micah Zenko, un alto rango del Consejo de Relaciones Exteriores. Zenko utilizó los propios materiales de la OTAN para demostrar que “la intervención libia lo que pretendía desde el principio era el cambio de régimen”.

En su investigación, el Comité de Asuntos Exteriores cita un informe de Amnistía Internacional de junio de 2011, que señala que “la mayoría de la cobertura de los medios occidentales ha presentado desde el principio un punto de vista muy sesgado de la lógica de los acontecimientos, presentando el movimiento de protesta como completamente pacífico y sugiriendo repetidamente que las fuerzas de seguridad del régimen estaban masacrando impunemente a manifestantes desarmados que no suponían ninguna amenaza para la seguridad.”

Amnistía Internacional también dijo que fue incapaz de encontrar pruebas para las acusaciones de que el gobierno de Libia había dado viagra a sus tropas y los había alentado a violar a mujeres en las zonas tomadas por los rebeldes. La Secretaria de Estado Clinton, entre otros, había contribuido a esta mentira no probada.

Extremistas islamistas y la expansión de las armas libias

Hoy, Libia alberga la mayor base del grupo extremista genocida ISIS fuera de Irak y Siria. Otros grupos islamistas se apoderaron de grandes franjas de territorio después de que fuera destruido el gobierno de Libia.

“Ahora está claro que las milicias de militantes islamistas tuvieron un papel importante en la rebelión de febrero de 2011 y después”, afirma claramente el Comité de Asuntos Exteriores.

“La información de las agencias de inteligencia sobre el alcance de la implicación de los elementos militantes islamistas en la rebelión anti-Gadafi fue del todo inadecuada”, añade el informe. Cita al antiguo jefe de Estado Mayor de Defensa británico David Richards, quien “confirmó que la información de inteligencia sobre la composición de las milicias rebeldes “no era tan buena como uno hubiera deseado”.

La investigación preguntó a Richards si sabía si miembros del Grupo combatiente islamista de Libia afiliado a Al-Qaeda estaban participando en la rebelión de marzo de 2011. Dijo que “era una zona gris”. Richards recordó que “libios respetables estaban asegurando a la Oficina de Exteriores que “Extremistas islamistas no se beneficiarían de las revueltas, pero admitió, con el beneficio de la retrospectiva, que aquello no era más que un deseo en el mejor de los casos”.

“La posibilidad de que los grupos militantes extremistas intentaran beneficiarse de la rebelión no debería haberse reservado para la retrospectiva”, comenta el Comité. “Las conexiones libias con grupos extremistas militantes transnacionales eran conocidas antes de 2011, porque muchos libios habían participado en la insurgencia iraquí y en Afganistan con Al-qaeda.”

La destrucción del gobierno de Libia por parte de la OTAN también causó que algunas de sus inmensas reservas de armas y municiones “cayeran en manos de milicias” y que fueran traficadas por todo el norte y oeste de África y Oriente Medio”, señala el Comité de Asuntos Exteriores.

“La incapacidad de la comunidad internacional para asegurar las armas abandonadas por el régimen de Gadafi alimentó la inestabiliad en Libia y permitió que aumentase el terrorismo por todo el norte y oeste de África y Oriente Medio”

Cita un estudio de un panel de expertos de la ONU, que encontró armas del antiguo gobierno de Libia en Argelia, Chad, Egipto, Gaza, Mali, Níger, Túnez y Siria. El panel de la ONU señala que “armas originarias de Libia han reforzado significativamente la capacidad militar de grupos terroristas que operan en Argelia, Egipto, Mali y Túnez”.

Un estudio anterior del Parlamento británico citado por el informe también descubrió que las armas libias terminaron en las manos de Boko Haram, el grupo extremista afiliado a ISIS que ha llevado a cabo masacres de civiles en Nigeria.

El Antiguo Jefe de Estado Mayor de Defensa, Richards dijo a los investigadores que el Reino Unido esperaba impedir que las armas y munición del gobierno de Libia fueran confiscadas, pero no pudo recordar que el gobierno británico “hiciera nada para lograrlo”.

Motivaciones políticas y económicas de Francia

El Comité de Asuntos Exteriores confirma que “Francia lideró a la comunidad internacional en avanzar el caso para una intervención militar en Libia en febrero y marzo de 2011.” El Reino Unido se unión después, seguido de Estados Unidos.

El informe también señala que las principales razones para que Francia presionase en pro de la intervención militar en Libia eran los “recursos financieros casi sin fondo” de Gadafi, el plan del líder libio de crear una divisa alternativa al Franco francés en África. “El plan a largo plazo de Gadafi de suplantar a Francia como poder dominante en el FrancAfrique” y el deseo de “aumentar la influencia francesa en el norte de África”.

Inicialmente, los Estados Unidos no estaban decididos sobre la intervención militar en Libia, según el informe. “Había divisiones en el gobierno estadounidense”, descubrió la investigación. Esto confirma lo que ha dicho el presidente Obama después (dijo que la guerra de Libia había sido su “mayor error”), y lo que el New York Times averiguó en su propia investigación detallada.

Francia y el Reino Unido fueron los primeros en presionar a la comunidad internacional para imponer una zona de exclusión aérea en Libia, aparentemente para proteger a los civiles, según el informe. Sin embargo, una vez que estuvo a bordo del plan, los Estados Unidos fueron los que más agresivamente presionaron para la intervención militar.

“Los Estados Unidos fueron fundamentales en ampliar los términos de la resolución 1973 [Del Consejo de Seguridad de la ONU] más allá de la imposición de la zona de exclusión aérea para incluir la autorización de “Todas las medidas necesarias para proteger a los civiles”, señala el informe. “En la práctica, esto llevó a la imposición de una zona de exclusión vial y la autoasumida autoridad para atacar a todo el comando del gobierno de Libia y su red de comunicaciones al completo”.

Explicando las motivaciones de Francia, el informe cita un email de abril de 2011 a la entonces secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton que destacaba que “Gadafi tenía recursos financieros casi sin fondo para continuar indefinidamente”.

“El gobierno de Gadafi tiene 143 toneladas de oro, y una cantidad similar de plata”, escribió el asistente de Clinton Sidney Blumenthal, citando “fuentes con acceso a asesores de Saif al-Islam Gadafi”, el hijo de Gadafi.

Se pretendía que este oro “fuera utilizado para establecer una moneda pan-africana basada en el Dínar de oro líbio”, dice Blumenthal, citando “individuos con conocimientos”. Añadió que “Este plan había sido siseñado para proporcionar a los países del África francófona una moneda alternativa al Franco francés”.

“Oficiales de Inteligencia franceses descubrieron este plan poco después de que comenzase la actual rebelión, y esto fue uno de los factores que influyeron en la decisión de Sarkozy de comprometer a Francia con el ataque a Libia”, escribió Blumenthal, haciendo referencia al entonces presidente francés Nicolas Sarkozy, del partido de derechas Unión por un Movimiento Popular.

Los oficiales de Inteligencia francesa articularon 5 factores que motivaron a Sarkozy:

“1- Un deseo de obtener una mayor participación en la producción de petróleo de Libia
2- Aumentar la influencia de Francia en el Norte de África
3- Mejorar su situación política a nivel interno en Francia
4- Proporcionar al ejército francés una oportunidad de reafirmar su posición en el mundo
5- Hacerse cargo de la preocupación de sus asesores por los planes a largo plazo de Gadafi, para suplantar a Francia como poder dominante en el África francófona.”

El papel crucial de la intervención extranjera

El informe del Parlamento británico señala que los bombardeos de la OTAN “movieron la balanza militar en la guera civil de Libia en favor de los rebeldes”.

“La combinación del potencial aéreo de la coalición con el suministro [extranjero] de armas, Inteligencia y personal a los rebeldes garantizó la derrota militar del régimen de Gadafi”, añade el Comité de Asuntos Exteriores.

La resolución 1973, en marzo de 2011, del Consejo de Seguridad de la ONU que impuso una zona de exclusión aérea en Libia, se suponía que era para garantizar una extricta implementación del embargo de armas”, sigue señalando el informe, pero “la comunidad internacional miró para otro lado ante el suministro de armas a los rebeldes.”

Las fuerzas rebeldes sobre el terreno dentro de Libia “estaban reforzadas por personal y servicios de Inteligencia proporcionados por” Reino Unido, Francia, Turquía, Qatar y Emiratos Arabes Unidos, según desvela la investigación.

El entonces jefe de Defensa británico David Richards también dijo a los investigadores que el Reino Unido “tenía unas cuantas personas empotradas” en las fuerzas rebeldes sobre el terreno.

Richards hizo hincapié en “el grado en que los elementos de los Emiratos Árabes y Qatar… tuvieron un papel importantísimo en el éxito de las operaciones sobre el terreno”.

Citando a The Guardian, el informe señala que Qatar dio en secreto misiles antitanques de fabricación francesa a algunos grupos rebeldes. La investigación también dice que Qatar, una monarquía teocrática “canalizo sus armas hacia milicias favorecidas en lugar a a todos los rebeldes en conjunto.”

Por otra parte, Alison Pargeter, la expecialista en Libia, dijo al Comité “También creo que los medios árabes tuvieron un papel importante aquí”.

La especialista destacó Aljazeera, un medio de comunicación qatarí, y Al Arabiya, un medio de comunicación saudí, por difundir historias infundadas sobre Gadafi y el gobierno libio. Estos medios “verdaderamente estaban difundiendo exageraciones que después resultaron no ser ciertas”, explica.

Desastre humanitario y ecos de la guerra de Irak

El informe del Comité de Asuntos Exteriores reprocha a Rerino Unido, Estados Unidos y Francia por no haber articulado “una estrategia para apoyar y dar forma a la Libia post Gadafi”.

El resultado de esto, señala el informe en el sumario, “fue el colapso político y económico, la guerra entre milicias y entre tribus, crisis humanitaria y migratoria, violaciones generalizadas de los derechos humanos, la propagación de las armas del régimen de Gadafi por toda la región y el crecimiento de ISIS en el norte de África”.

El Comité cita en informe de Human Right Wotch de 2016, que indica:

“[Libia] se dirige hacia una crisis humanitaria, con casi 400.000 personas desplazadas internamente y el aumento de la interrupción de los servicios básicos, como el suministro de electricidad y combustible. Fuerzas implicadas en el conflicto continuan llevando a cabo con total impunidad detenciones arbitrarias, torturas, asesinatos ilegales, ataques indiscriminados, secuestros y desapariciones forzadas de gente de sus casas. El sistema nacional de justicia criminal se ha derrumbado en la mayoría de las partes del país, empeorando la crisis humanitaria”.

Antes de los bombardeos de la OTAN de 2011, por otro lado, Libia había sido la nación más rica de África, con la esperanza de vida más alta y el Producto Interior Bruto per cápita más alto. En su libro “Perilous Interventions” (intervneciones peligrosas) el antiguo representante de la India en la ONU, Hardeep Singh Puri, señala que antes de la guerra, Libia tenía menos pobres en su población que los Países Bajos. Los libios tenían acceso gratuito a una sanidad y edicación pública, acceso gratuito a la electricidad y a préstamos sin intereses, y la mujer gozaba de una gran libertad que había sido aplaudida por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en enero de 2011, en vísperas de la guerra que destruyó su gobierno.

Hoy Libia sigue siendo un país tan peligroso que de hecho el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de los Comunes no pudo viajar al país durante sus investigaciones. Señala en el informe que una delegación visitó el norte de África en marzo de 2016. Se reunieron con políticos libios en Túnez, pero “no pudieron visitar Tripoli, Bengazi, Tobruk o ningún otro lugar en Libia debido al colapso de la seguridad interna y el estado de derecho”.

El informe sobre Libia del Parlamento británico llega justo dos meses después del informe Chilcot, la investigación del gobierno británico sobre la guerra de Irak, que también admite que la invasión de Irak liderada por Estados Unidos estuvo basada en numerosas mentiras, y de igual modo desvela que la guerra no ha hecho sino reforzar a Al-Qaeda y otros extremistas.

Citando la investigación de la guerra de Irak, el informe de Libia hace comparaciones entre las acciones de la administración del ex Primer Ministro Tony Blair y la de David Cameron. En 2010, Cameron creó el Consejo de Seguridad Nacional, ostensiblemente para proporcionar un modo de supervisión que no había antes de la invasión de Irak en 2003.

El informe de Libia, sin embargo, pide al gobierno británico que encargue una revisión independiente del Consejo de Seguridad Nacional. Esta revisión “debería estar informada de las conclusiones de la investigación sobre Irak y examinar si las debilidades en la toma de decisiones deo gobierno en relación con la intervención en 2003 han sido abordadas con la llegada del Consejo de Seguridad Nacional”, dice el informe.

En el único momento de humor en el -por otro lado macabro- informe, el Comité resume la situación humanitaria en Libia hot escribiendo, “En abril de 2016, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, describió la Libia de después de la intervención como un “Espectáculo de mierda”. Es difícil estar en desacuerdo con esta sucinta valoración”.

Por Ben Norton , reportero especializado en asuntos políticos que escribe en Salon. Rebelión, 23/07/21; fuente: Salon – U.K. Parliament report details how NATO’s 2011 war in Libya was based on lies.)

16/10/18

Nelson Mandela: Las victorias cubanas destruyeron el mito de la invencibilidad del opresor blanco e inspiraron a las masas combatientes de Sudáfrica ... un punto de inflexión para la liberación de nuestro continente... las tropas cubanas negras rechazaron una invasión sudafricana apoyada por Estados Unidos en Angola y obligaron a Sudáfrica a abandonar Namibia...

"(...) ¿Cómo evalúa y evalúa el significado histórico y el impacto de la revolución cubana en los asuntos mundiales y hacia la realización del socialismo?El impacto en los asuntos mundiales fue extraordinario. Por un lado, Cuba jugó un papel muy importante en la liberación de África Occidental y del Sur. Sus tropas rechazaron una invasión sudafricana apoyada por Estados Unidos en Angola y obligaron a Sudáfrica a abandonar su intento de establecer un sistema de apoyo regional y abandonar su control ilegal sobre Namibia. 

 El hecho de que las tropas cubanas negras derrotaran a los sudafricanos tuvo un enorme impacto psicológico tanto en el África blanca como en la negra. Un notable ejercicio de internacionalismo dedicado, realizado con gran riesgo por la superpotencia reinante, que fue el último partidario de la Sudáfrica del apartheid, y completamente desinteresado. 

 No es de extrañar que cuando Nelson Mandela fue liberado de la prisión, uno de sus primeros actos fue declarar:
  • Durante todos mis años en prisión, Cuba fue una inspiración y Fidel Castro una torre de fuerza ... [Las victorias cubanas] destruyeron el mito de la invencibilidad del opresor blanco [e] inspiraron a las masas combatientes de Sudáfrica ... un punto de inflexión para la liberación de nuestro continente, y de mi gente, del flagelo del apartheid ... ¿Qué otro país puede señalar un registro de mayor desinterés que Cuba ha mostrado en sus relaciones con África?
La asistencia médica cubana en áreas pobres y en situación de sufrimiento es también bastante singular.A nivel nacional, hubo logros muy significativos, entre ellos, simplemente la supervivencia frente a los esfuerzos de los Estados Unidos para llevar “los terrores de la tierra” a Cuba (la frase del historiador Arthur Schlesinger, en su biografía de Robert Kennedy, a quien se le asignó esta tarea como su más alta prioridad) y el feroz embargo. 

 Las campañas de alfabetización fueron altamente exitosas, y el sistema de salud es justamente reconocido. Hay graves violaciones de los derechos humanos y restricciones de las libertades políticas y personales.  

Cuánto se puede atribuir al ataque externo y cuánto a las decisiones políticas independientes, uno puede debatir, pero el hecho de que los estadounidenses condenen las violaciones sin el pleno reconocimiento de su propia responsabilidad masiva otorga a la hipocresía un nuevo significado. (...)"                            (Entrevista a Noam Chomsky, C. J. Polychroniou,  Truthout, 19/06/16)