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15/2/22

La nostalgia de Hilarión... él nunca le ha contado a su familia que renta un espacio en un sótano de una casa en donde viven quince indocumentados más

 "Como tantos inmigrantes, él nunca le ha contado a su familia que renta un espacio en un sótano de una casa en donde viven quince indocumentados más.

Salió del segundo turno a las tres de la tarde, ha trabajado de 5 a 10 de la mañana en una mueblería cortando madera y de 11 de la mañana a las 3 de la tarde el segundo turno, limpiando oficinas.  En su camino para el tercer turno donde trabaja de ayudante de mesero en un restaurante libanés se detiene en un supermercado mexicano para enviar su remesa semanal a su familia en San Sebastián, Retalhuleu, Guatemala, es domingo en donde vive todos los días de la semana los trabaja por igual.  

Una enorme fila lo espera en el supermercado, siempre hay gente enviando remesas a cualquier hora cualquier día de la semana, siempre está el volumen del radio a todo lo que da con música mexicana, huele a carne frita, a pocos pasos hay otra fila esperando comprar los tacos de carne de coche que son la especialidad de la casa. Ve apiladas las cajas de aguacate maduro que se irán en un santiamén, es lo que más compra la gente los fines de semana  y los  tamales en bolsa que venden maleteados, también maleteadas venden las hojas de nopal, cosa que nunca deja de asombrarlo pues en Guatemala no se comen, las vio una vez que fue a Zacapa, enormes plantas de cactus que nadie tocaba y resulta que en donde está los mexicanos los compran como quien compra un rimero de tortillas o una bolsa de pan, parecieran el conqué y no un acompañamiento en el plato de comida.

Al principio, de recién llegado a Hilarión le llamaba la atención que la gente ponía remesas, recargaba tarjetas de teléfono en sus países de origen, cambiaban sus cheques y dejaban hasta el último centavo entre el supermercado y la licorería de al lado, nunca imaginó que pasarían tantos años y que él haría una rutina tan similar a la de esas personas que vio cuando recién llegó a ese lugar donde neva en   la época en la que los árboles de mango están a todo lo que dan en su pueblo natal.

Hilarión emigró cuando recién cumplió 17 años, con tres hijos por mantener dejó a su esposa y a los niños en casa de sus suegros y prometió regresar en dos años, si le iba bien y llevar dinero para comenzar un negocio, han pasado 25 años desde entonces, le falta por graduar de la universidad al último de sus hijos y al último de sus hermanos, no piensa regresarse hasta que lo logre.  En Guatemala trabajaba en las fincas de caña de azúcar, si le revisaran el cuerpo todavía le encontrarían  en la piel las tunas de la caña que como espinas se entierran hasta lo más profundo, en esas fincas se pasó la infancia y la adolescencia trabajando con sus papás y sus tíos, durmiendo en galeras y comiendo una vez al día, ganando  sólo para el pasaje de ida y vuelta a su pueblo,  no sabe leer ni escribir porque la escuela nunca fue una opción para la pobreza de su familia, tenía que ayudar a sus papás en la crianza de sus hermanos pequeños.  Se ha dado cuenta que en la fila esperando para enviar sus remesas hay tantos como él, a cargo de papás, abuelos, hermanos pequeños e hijos, cuando conversa con ellos resultan con historias similares, no importa de qué lugar de Latinoamérica lleguen, ahí hay hasta bisnietos de los braceros.

Hilarión se enteró de la existencia de los braceros cuando un día hace varios años se fue a tomar unas cervezas con un joven después de que ambos enviaron sus remesas, su bisabuelo había sido bracero. No era el único con una carga familiar en la espalda, era la mayoría de migrantes indocumentados, por eso es que no se regresaban en dos años como pensaron al principio. Como él también cargan fotos de los hijos y en sus teléfonos celulares, no los vieron crecer, pero lograron criarlos con el envío de remesas. Y también conoció en el transcurso de los años a tantos que nunca han contado a sus familias en sus países de origen cómo viven realmente en Estados Unidos, él nunca le ha contado a su familia que renta un espacio en un sótano de una casa en donde viven quince indocumentados más.

Hilarión sale del supermercado, ese día no ha estado tan frío, el sol se ha dejado ver por momentos y las temperaturas no son tan deprimentes y desesperantes, respira el aire fresco que por un segundo le llevó el aroma del corozo y de los mangos tiernos de los árboles en su natal San Sebastián, se pregunta mientras conduce hacia su tercer trabajo si los otros migrantes también extrañarán como él cuando el sol se asoma entre el cielo plomizo el invierno estadounidense. "                ( Ilka Oliva Corado , Rebelión, 15/02/2022)

17/12/19

«El empobrecimiento de la población crea chivos expiatorios»... el mensaje contra la emigración sirve para amedrentar y conseguir mano de obra más barata. Dónde más se necesita esta mano de obra, como la agricultura, es donde más se usa la amenaza. En lugares como el oeste almeriense...

"Doctor en Antropología Social, forma parte del Grupo de Investigación en Exclusión y Control Sociales (GRECS). Es presidente de la Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado y autor de ensayos y novelas, entre las cuales, Aguas de venganza y Crímenes de hambre.


Está trabajando en un proyecto editorial sobre refugiados climáticos. A día de hoy, ¿Cómo sería una foto fija de esta realidad?
Lo que está pasando en este momento es que el cambio climático se está manifestando de una manera acusada en muchas zonas del planeta. No es una cosa del futuro, sino que ya está pasando. Se están destruyendo hábitats de poblaciones: terrenos de cultivo que dejan de ser productivos, costas que van desapareciendo... El nivel del mar no sube igual en todas partes. 

Lo hace más en las zonas ecuatoriales porque, al disminuir la fuerza gravitacional hacia los polos, pierden demasiado, y el agua tiende a gravitar hacia el Ecuador. Sabemos que en Barcelona ha subido 20 centímetros, pero prácticamente no lo percibimos. No es así en África o el Sudeste asiático... Están desapareciendo islas del Pacífico.
¿Cuál es la tendencia de todo esto?
Todos los informes climáticos que van saliendo advierten que las cosas están mucho peor de lo que pensábamos hasta ahora y, además, más aceleradas. Los procesos de desertificación, la subida del nivel de la mar, la pérdida de agua potable, las oleadas de calor... irán a más. Por lo tanto, esta pérdida de hábitats que ya se está produciendo será más grande y, en consecuencia, habrá más gente que tiene que marchar de dónde es.

Y esto, actualmente, es cosa de pobres…
Sí, pero hay que matizarlo. Las zonas tropicales son las más afectadas y lo continuarán siendo. Ahora, el impacto del crecimiento de los huracanes se está notando mucho en las costas de los Estados Unidos. Cada año son más destructivos. Y en Europa, todo el sur está siendo cada vez más árido y se irá desertizando. La península Ibérica lo tendrá muy mal. Londres también se podrá ver afectada por la subida del nivel de la mar y Venecia ya está sufriendo los efectos.

En el pasado, el clima ha experimentado fenómenos extremos. ¿Cuál es la diferencia respecto a los de ahora?
Ha habido un tipo de fenómenos extremos que los científicos denominan "de cada cien años". Lo que ahora está pasando es que estos fenómenos se producen cada muy pocos años, y tienden a acelerarse. Además, por primera vez los fenómenos no son causados por la misma dinámica de la naturaleza, sino que son debidos a la intervención humana. Somos los humanos con nuestras actividades los que estamos modificando el comportamiento del clima. Sobre esto hay que dejar claro que no hay controversia científica. Es unánime la opinión de que somos nosotros los que hemos elevado la temperatura de la atmósfera a unos niveles intolerables. La temperatura media actual no la hemos tenido desde hace 130.000 años.

Una consecuencia inmediata de todo esto es que la gente afectada tiene que buscarse la vida como pueda para poder sobrevivir…
Principalmente, lo que ahora está pasando es que la gente deja las zonas rurales para irse a los suburbios de las ciudades. Por eso crecen tanto las ciudades tropicales. También con los conflictos, que, a su vez, no son ajenos al cambio climático. También hay personas que se van a otros países. Los somalíes se desplazan hacia Uganda, Kenia, Etiopía... Emigran a países cercanos. 

Cuando la gente huye para salvar la vida no se va muy lejos. El 84% de los refugiados por conflictos bélicos viven en países vecinos. Sólo un 16% se van más lejos. Otra cosa es cuando se emigra para cambiar de vida, para buscarse un trabajo mejor... Esto es lo que pasa también con los refugiados climáticos.
En cualquier caso, las crisis, como las consecuencias de la pobreza, suelen ser acumulativas…
Hay muchos conflictos que están muy relacionados con el cambio climático. El más paradigmático es el de Siria, con seis millones y medio de exiliados aproximadamente y el mismo número de desplazados internos. Más de la mitad de la población de Siria. En el 2006, empezó en Siria una gran sequía. Mucha gente acabó marchándose a las ciudades, y esto, ligado con la subida del precio de los alimentos, etc., generó mucha conflictividad. La revuelta inicial siria no se explica sin esta crisis. En Darfur, los pastores de norte se quedaron sin tierras de pastos y se iban hacia el sur, donde se enfrentaban con los agricultores.

¿Así pues, la "invasión" que se proclama desde Occidente, refiriéndose a los emigrantes, parece que está bastante alejada de la realidad?
La "invasión" es una falacia. Las migraciones laborales funcionan de acuerdo con la capacidad de atracción de los países. Si no hay trabajo en un país, la gente no va. En España hubo más emigración entre el 1998 y el 2008. Y después ha ido bajando. Además, todos los estudios serios sobre emigración coinciden en que las migraciones son beneficiosas para los países receptores. 

Lo que pasa es que las mentiras de la extrema derecha funcionan, porque se trata de mensajes muy simples: nos toman nuestros puestos de trabajo, utilizan nuestra sanidad, aumenta la delincuencia. Mensajes fáciles que la gente, cuando está angustiada, acaba compartiendo.
Llama la atención la aparente contradicción entre las ventajas económicas que comporta la emigración y el discurso político que la penaliza...
Si, aunque si a esto damos la vuelta resulta que no es tan contradictorio, porque todo este mensaje contra la emigración también sirve para amedrentar y, en definitiva, para conseguir mano de obra más barata. Y dónde más se necesita esta mano de obra, como la agricultura, es donde más se usa la amenaza. En lugares como el oeste almeriense, que ha prosperado basándose en el trabajo semiesclavo, es donde se produjeron las primeras revueltas contra los inmigrantes.

¿Cómo se explica la xenofobia en un mundo tan globalizado como el actual?
Porque los problemas que sufre la gente también son muy graves, y la necesidad de buscar explicaciones fáciles nos llevan a buscar cabezas de turco. Y esto tiende a agravarse porque las desigualdades crecen, la gente se empobrece... Globalmente, las migraciones han crecido, pero de un 2,8% a un 3,2% de la población mundial. Es decir, dentro de unos márgenes perfectamente asumibles. Si no fuera porque hay partidos que están sacando rédito de la xenofobia, ni nos enteraríamos.

En la mayoría de los países europeos y en los EE.UU. de Trump, la extrema derecha presenta la emigración como el enemigo principal…
La extrema derecha actual, que nace a principios de los 80, cuando Jean Le Pen saca un 14% de los votos, enlaza con la crisis del petróleo y el empobrecimiento de la población obrera, el triunfo de Reagan, la aparición del neoliberalismo... España parecía una excepción a todo esto, porque, como en el Reino Unido de la época de Margaret Thatcher, la extrema derecha estaba oculta entre los conservadores. 

Así, cuando estos pierden el poder, como le ha pasado ahora al PP, surge una extrema derecha con más posibilidades electorales. Pero no se tiene que olvidar nunca que la extrema derecha se beneficia del empobrecimiento de la población, que necesita buscar chivos expiatorios.
Ante este panorama, no faltan movimientos de repliegue a la izquierda, como el que propone Diego Fusaro en Italia...
No creo que esto tenga salida, pero es verdad que la democracia está defraudando, porque está siendo utilizada por los más ricos para enriquecerse más. Vemos que el simple hecho que Podemos entre al gobierno está despertando alarmas muy poco fundadas. Esta tentación de ir hacia regímenes más autoritarios pero que se enfrenten a los poderes fácticos puede estar bastante justificada. 

También está surgiendo lo que se ha denominado ecofascismo, un ecologismo que dice que los mercados no renunciarán a los combustibles fósiles, y que hay que obligarlos a hacerlo, como sea. En situaciones críticas, como la que estamos viviendo, la tentación de ir hacia poderes autoritarios es muy fuerte. Pero no veo que tenga futuro. Los autoritarios que han tomado el poder, en contra aparentemente de las élites, son parte significativa de ellas, y los más serviles.
O sea, ¿más democracia?
Sí. Y menos desorientación política, porque el cuerpo electoral actúa frecuentemente en modo zombi. Los gobiernos de Lula y Rousseff en Brasil bajaron el índice de pobreza de 34 a 13 millones de pobres, en un periodo relativamente rápido. Hicieron una revolución. Es obvio. Pero muchos que dejaron de ser pobres han votado Bolsorano. Una cosa parecida está pasando en Bolivia." 

(Entrevista a Miguel Pajares, presidente de la Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado, El Triangle, 09/12/19)

11/1/19

Las unidades reales de migración no fueron (y no son) ni individuos ni familias, sino grupos de personas unidas por parentesco y por experiencia de trabajo... Una vez que las redes transnacionales están establecidas, las personas empiezan a trasladarse por una variedad de razones muy diferentes a las de aquellos que iniciaron la salida: para reunirse con la familia, para atender a enfermos, para obtener educación, o incluso porque se vuelve “la conducta de moda” entre jóvenes de ambos sexos en comunidades expulsoras... los orígenes de los flujos inmigrantes contemporáneos no representan una “invasión silenciosa” de masas empobrecidas provenientes de los países menos desarrollados, sino que han sido iniciados y puestos en curso por gobiernos y actores económicos poderosos de los propios países receptores...

"La visión popular y periodística de los actuales desplazamientos de población desde países menos desarrollados a ciudades del mundo avanzado es que éstos ocurren como escape al hambre y la necesidad, como un éxodo en busca de oportunidades. 

Hay mucha verdad en tal análisis porque, como arriba señalo, los migrantes siempre se han trasladado hacia la metrópolis en pos de la libertad y del progreso económico. Sin embargo, por lo menos en el mundo moderno, la historia es aún más complicada. 

Si los orígenes de la migración contemporánea estuvieran exclusivamente arraigados en la necesidad desesperada, el flujo debería originarse en las regiones y países más pobres y dirigirse hacia las áreas de mayor riqueza de las naciones desarrolladas, pero no sucede así.

 Un vistazo rápido a la evidencia empírica revela que los países africanos y asiáticos más pobres —como Sierra Leona, Burkina Faso, Myanmar o Indonesia— no están bien representados entre las principales fuentes de migrantes internacionales hacia Estados Unidos; de manera semejante, países latinoamericanos pobres, como Bolivia, Honduras o Paraguay, envían un número insignificante de migrantes a Francia, Alemania y el Reino Unido (Massey et al., 1998; Portes y Rumbaut, 1996; U.S. Immigration and Naturalization Service, 1998, y Weil, 1999). 
En cambio, las principales fuentes de inmigración contemporánea hacia Estados Unidos se originan en México, Filipinas, Cuba, Taiwán y Vietnam. Los principales contribuyentes de flujos de migración hacia Francia son Argelia, Marruecos, Túnez y, en menor grado, los países de la África francófona. 
La India, Pakistán y las Indias Occidentales Británicas estan bien representadas en las colonias de inmigrantes de Londres y Manchester, y Turquía tiene el lugar de honor entre las principales fuentes de población extranjera de Alemania. En cada caso, estos desplazamientos reflejan una historia de anteriores relaciones económicas y políticas entre naciones expulsoras y receptoras. 
Algunas veces estas relaciones están marcadas por la proximidad física, pero más comúnmente se originan en intervenciones y ocupaciones coloniales o semicoloniales de los países más débiles (expulsores) por los más fuertes (receptores) (Portes, 1981; Sassen, 1988; Bade, 1995, y Seifert, 1998). 

En el caso norteamericano, Cuba y las Filipinas estuvieron ocupadas durante largos periodos por fuerzas militares de Estados Unidos como consecuencia de la guerra entre España y ese país; México perdió la mitad de su territorio ante el ejército estadunidense y sufrió la ocupación de su capital; Taiwán surgió y sobrevivió como país independiente gracias a la protección estadunidense, y Vietnam fue blanco de una prolongada intervención militar por ese país para evitar una ocupación comunista. 
Los lazos coloniales a largo plazo definen los orígenes de las principales corrientes migratorias hacia Francia y Gran Bretaña. Turquía nunca fue una colonia alemana, pero aun en este caso hay una historia de relaciones clientelistas y de colaboración geopolítica que datan por lo menos de la Primera Guerra Mundial. 
Estas relaciones históricas establecieron firmes lazos políticos y económicos entre las naciones y transformaron parcial o totalmente el orden social de la colonia o país dependiente, familiarizando a grandes sectores de su población con el idioma, cultura y oportunidades económicas de la nación más fuerte (Massey et al., 1998, y Portes, 1990).
Así, los principales flujos de migración contemporáneos no siguen una lógica económica absoluta, sino que están normados por lazos históricos de hegemonía y por el desequilibrio estructural de sociedades periféricas sujetas a la influencia de naciones más poderosas. Esta influencia se manifiesta hoy en fenómenos novedosos, tales como la difusión masiva del estilo de vida y modos de consumo de Norteamérica y Europa occidental en países menos desarrollados. 
Sus poblaciones son atraídas por relucientes promesas de prosperidad, mientras que carecen de los medios para obtener acceso a ellas en sus propias sociedades (Alba, 1978; Sassen, 1988, y Grasmuck y Pessar, 1991). Estas nuevas formas de desequilibrio cultural de las sociedades más débiles, desde luego, han incrementado y diversificado las fuentes de migración internacional más allá de las áreas de influencia colonial o semicolonial originales.
 
Eventualmente, las relaciones de colonialismo y dependencia entre naciones siguen un modelo clientelista en el que el poder dominante no sólo encuentra más fácil contratar trabajadores dentro de su esfera de influencia, sino que también adquiere ciertas obligaciones hacia las poblaciones dependientes. Es por eso que cuando acontecen desastres políticos o económicos en un área geopolítica particular, el flujo subsecuente de refugiados normalmente se dirige y es aceptado por el Estado-nación hegemónico. 
Por ejemplo, el fin del coloniaje argelino activó corrientes diversificadas de refugiados hacia Francia; el triunfo comunista en Cuba causó un fenómeno semejante hacia el sur de la Florida, y su derrota en el sur de Vietnam obligó al gobierno estadunidense a recibir a sus vencidos aliados del sudeste asiático (Zolberg y Suhrke, 1986; Eckstein, 1994; Rumbaut, 1990, y Bach y Gordon, 1984). Incluso, el pequeño Portugal ha sido obligado a enfrentarse con las incómodas consecuencias de las guerras civiles en su antiguo imperio colonial (Sole, 1995).
 
Estos acontecimientos históricos estructuraron los desplazamientos demográficos contemporáneos, pero no los explican completamente. Dentro de los mismos países expulsores, algunas comunidades producen grandes cantidades de migrantes y otras apenas si son afectadas por el proceso. En las clases trabajadora y media baja, algunas familias optan por desarraigarse en busca de mejores oportunidades en el extranjero, mientras que otras se quedan en sus lugares de origen. 
Una vez más, las decisiones individuales no se toman aisladamente sino que están insertas en un contexto social que hace viables y concebibles algunas opciones y no otras. Entre las fuerzas que moldean este contexto inmediato de la migración externa, dos son especialmente importantes:
 
Primero, la contratación deliberada de trabajadores representa un mecanismo importante para activar tendencias establecidas por pasadas relaciones de colonialismo y semicolonialismo. El reclutamiento deliberado de mano de obra ha conducido a migraciones transcontinentales, por lo menos, desde principios del siglo XIX, y continúa hasta el momento de diversa manera (Piore, 1979, y Portes y Bach, 1985).
 
El reclutamiento de trabajadores ha moldeado los orígenes y destinos de muchos flujos migratorios y les ha dado suficiente impulso para hacerlos autosustentables. El reclutamiento inició los flujos transatlánticos desde Irlanda, seguida por Italia en el siglo XIX, y fue el motivo de la migración campesina proveniente del interior de México hacia el medio oeste y suroestecde Estados Unidos. 
Muchas compañías enviaron agentes pagados cuyoobjetivo fue informar a grupos “preparados” por anteriores procesos históricos de penetración y desequilibrio estructural acerca de las nuevas oportunidades disponibles en Estados Unidos. 
Las acciones de estos reclutadores determinaron cuáles comunidades emisoras encabezarían el flujo y cuáles se quedarían atrás; también establecieron la dirección del movimiento, arreglando de antemano su destino (Piore, 1979; Lebergott, 1964, y Barrera, 1980). Aún en nuestros días, pequeñas comunidades puertorriqueñas pueblan las ciudades desindustrializadas de Pensilvania, Ohio e Illinois. 
Tales fueron los puntos de arribo original de los flujos de trabajadores agrícolas contratados para laborar en la industria pesada en periodos anteriores. Incluso, hay una comunidad puertorriqueña en Hawai, la cual es el resultado del esfuerzo de un propietario de plantación del siglo XIX al enfrentar la escasez de mano de obra en la industria azucarera (Portes y Grosfoguel, 1994).
 
Podría agregar más ejemplos, pero llevarían a la misma conclusión. El reclutamiento de trabajadores no es ciertamente el único factor que determina movimientos de población internacionales, pero ha sido significativa al formar lo que pueden llamarse las “microestructuras” de la migración; esto es, los esquemas perceptuales que hacen dicho traslado viable para algunos individuos y familias, pero no para otros.
 
Segundo, una vez iniciados, los flujos inmigrantes fácilmente se autoperpetúan a causa del funcionamiento de otro par de fuerzas: a) los desequilibrios sociales y económicos entre sociedades fuertes y débiles y b) el fortalecimiento de las redes sociales. 
La primera fuerza apoya el deseo potencial de marcharse de amplios segmentos de la población del país expulsor; la segunda activa ese potencial de manera continua. 
La migración internacional es, sobre todo, un mecanismo constructor de redes. Una vez iniciada por el reclutamiento de trabajadores u otros fenómenos activadores, el movimiento crea una red de lazos sociales a larga distancia. 
El crecimiento de tales lazos hace que la decisión para trasladarse sea cada vez menos costosa, ya que reduce la incertidumbre y los peligros del viaje para los migrantes más recientes.
 
La relación entre redes sociales y migración ha sido un leitmotif de las literaturas histórica y sociológica acerca del tema: desde el estudio de los lazos sociales entre migrantes portugueses que se dirigían a Toronto (Anderson, 1974) hasta los modelos contemporáneos de la migración mediada por redes de comunidades rurales mexicanas construidos por Massey (1987) y sus colegas. Tilly (1990) ha llegado a declarar que “las unidades reales de migración no fueron (y no son) ni individuos ni familias, sino grupos de personas unidas por parentesco y por experiencia de trabajo” (p. 84). 
La aportación práctica fundamental de las redes sociales no sólo es que bajan los costos de la migración, sino que pueden sostener el proceso, incluso cuando los incentivos originales desaparecen o son debilitados en gran medida. 
Una vez que las redes transnacionales están establecidas, las personas empiezan a trasladarse por una variedad de razones muy diferentes a las de aquellos que iniciaron la salida: para reunirse con la familia, para atender a enfermos, para obtener educación, o incluso porque se vuelve “la conducta de moda” entre jóvenes de ambos sexos en comunidades expulsoras (Massey y García España, 1987).
 
Este prolongado excursus sobre los orígenes de los flujos inmigrantes contemporáneos tiene la intención de mostrar que tales movimientos no representan una “invasión silenciosa” de masas empobrecidas provenientes de los países menos desarrollados, sino que han sido iniciados y puestos en curso por gobiernos y actores económicos poderosos de los propios países receptores. 
En gran parte, las migraciones contemporáneas de trabajadores y refugiados representan la contrapartida lógica de las expediciones de colonización europeas y posteriormente norteamericanas que subordinaron a grandes sectores del planeta en el contexto de la economía mundial capitalista. El conocimiento de estos determinantes y de las fuerzas que sostienen a la migración puede ayudar a elaborar una propuesta más inteligente para su asentamiento en las ciudades de países avanzados. 
Con redes sólidamente establecidas entre naciones, las medidas hostiles y restrictivas contra la población inmigrante no sólo son inútiles sino, con frecuencia, también contraproducentes. Los resultados de políticas que buscan deshacerse de la población inmigrante, pueden retardar su proceso de incorporación, fragmentar socialmente a las ciudades receptoras y promover el crecimiento de una subclase urbana. 
Extraído de "Inmigración y metrópolis:  Reflexiones acerca de la historia urbana" de Alejandro Portes"                     (Nikolás Santos, Socioideas, 12/12/18)