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28/9/20

MMT y “periferia”: el estado es el dueño de la pelota. Si bien es posible que el crecimiento esté limitado por las exportaciones, no es cierto que se necesite crecer para luego crear empleo: la propuesta de la MMT es crear empleo para luego, quizás, crecer.

 "En las últimas semanas han habido un número de evaluaciones críticas de la MMT (Teoría Monetaria Moderna) en este mismo medio (https://elpaisdigital.com.ar/contenido/teora-monetaria-moderna-y-periferia/27863 y https://elpaisdigital.com.ar/contenido/la-pelota-y-el-dinero/28035).

Nos enfocamos aquí en las que consideramos las ideas clave de las críticas para el sistema monetario actual (1):

1) aumentar el gasto para alcanzar el pleno empleo puede ser conflictivo/apresurado pues implica desconocer (o creer que no existe en un régimen de tipo de cambio -TC- flotante) la restricción externa -RE-, la cual impone limitaciones al gasto público en $ (ilusión ortodoxa 1)

2) controlar la demanda es suficiente para frenar la inflación (ilusión ortodoxa 2)

3) Argentina no es monetariamente soberana

4) Si estableciera una política de tasa de interés cero, la Argentina perdería definitivamente su moneda nacional

5) la MMT debería adaptarse a los desafíos del subdesarrollo

6) en lugar de las propuestas de política de la MMT (empleo de transición -ET-, TC flotante, tasa de interés cero y no endeudamiento en moneda extranjera), deberían perseguirse saldos comerciales positivos para acumular reservas y, así, relajar el objetivo fiscal

Algunas aclaraciones previas antes de abordar los puntos indicados pueden resultar útiles. Aunque en la traducción más usual al castellano puede parecer lo contrario, es el dinero lo que es moderno (en el sarcástico sentido de Keynes en el Treatise, es decir, el dinero de los últimos 4000 años) y no la teoría: MMT es la teoría del dinero moderno. Es preciso aclarar además, porque allí podría residir la clave de algunas interpretaciones equivocadas de los críticos, que la MMT no es “una variante de la visión keynesiana”, en el sentido de estímulo generalizado a la demanda agregada suplementado con propuestas de tipo de cambio fijo (pero ajustable) con controles de capital.

Gastar lo necesario para alcanzar el pleno empleo puede ser conflictivo: la RE limita el gasto en pesos

Según los críticos, la MMT -al igual que las finanzas funcionales- recomienda aumentar el gasto público hasta el pleno empleo, lo cual si bien sería correcto en general puede ser “conflictivo” y/o “apresurado” en una economía como la Argentina. A diferencia de lo que señala la MMT, el gasto público estaría “sometido a limitaciones diversas” dadas por la escasez de metales preciosos/dólares y, más evidentemente, en el caso del gasto en importaciones.

De hecho, la inexistencia (o el desconocimiento) de la RE sería una de las “ilusiones ortodoxas” de la MMT. Ilusiones que, incluso, asemejarían a la MMT con los economistas del macrismo. Lejos de ser expansivas, las devaluaciones reducen el salario real y alcanzan el equilibrio externo achicando la economía (un “mecanismo forzado de estabilización de la miseria”).

Es cierto que la MMT recomienda gastar lo necesario para alcanzar el pleno empleo pero, a diferencia de las políticas “keynesianas” de estímulo de la demanda, propone hacerlo de un modo específico: a través de un programa de ET.

El estado puede decidir vincular su moneda a un metal precioso y, en ese caso, su gasto queda limitado a la disponibilidad de dicho metal (como en cualquier régimen de tipo de cambio fijo). La capacidad de importar viene dada por las exportaciones más el deseo de ahorro del resto del mundo de la moneda doméstica: si el deseo de ahorro neto del resto del mundo es nulo entonces por cada dólar de importaciones el país deberá contar con un dólar de exportaciones. Esta es, ciertamente, una RE (límite al crédito externo). Si se necesitan dólares para importar más, endeudarse en moneda extranjera es una opción (no recomendada por la MMT) pero no una obligación.

Los balances balancean. Por definición, el déficit de cuenta corriente debe ser igual al superávit de la cuenta capital y financiera -incluyendo la variación de reservas-. Este hecho contable no implica asumir que las devaluaciones sean expansivas: si sube el tipo de cambio (TC) y la economía se contrae, simplemente aumentará el pool de empleo de transición lo que, a su vez, pondrá un piso a la recesión. 

 Lamentablemente, las objeciones al TC flotante “olvidan” la principal propuesta de política de la MMT, el ET. El “estrangulamiento de las cuentas externas” no tiene sentido como tal en un régimen de TC flotante; pero, si significa “no podemos importar todo lo que querríamos” entonces sí enfrentamos una RE. El salario real de los actualmente desempleados no se reduce, ya que es cero. Para los desocupados, el empleo de transición no es miseria sino más bien todo lo contrario. Con un empleo de transición, el desempleo ya no puede usarse para equilibrar las cuentas externas. La alternativa es usar el desempleo para sostener los ingresos reales -y en dólares- de quienes ya tienen ingresos.

La RE se vería agravada por la “fuga de capitales”, es decir, las “decisiones de cartera que perjudican a las monedas de menor jerarquía, especialmente en período inflacionarios”.

La inflación puede aumentar la demanda de activos alternativos. Algunas veces, parece olvidarse que para que alguien compre/venda dólares algún otro tiene que venderlo/comprarlo. Si la transacción se realiza es porque ambos están satisfechos con los términos del intercambio, esto es, el precio. En cualquier caso, aunque el deseo de ahorro neto en moneda doméstica del sector no-gubernamental no es una decisión de política (quizás a esto se refieran los críticos cuando sostienen que “la unidad de cuenta nunca es completamente determinada por la autoridad política”), la “fuga de capitales” no tiene porque implicar desempleo doméstico, excepto que se considere que se necesitan dólares para crear empleo.

El control de la demanda es insuficiente para frenar la inflación

Otra ilusión ortodoxa de la MMT sería que controlar la demanda es suficiente para frenar la inflación. 

Para la MMT, siendo el peso un monopolio público, el nivel de precios es necesariamente una función de los precios que paga cuando gasta. Si fija un precio -por ejemplo, el de la hora de trabajo básico en un empleo de transición- entonces, por definición, no puede haber inflación/deflación. Aunque la inflación no es algo malo en sí mismo, el empleo de transición cuenta con un mecanismo para controlarla: si lo considera deseable, el gobierno puede disciplinar la puja distributiva (los “crónicos conflictos distributivos” a los que se refieren los críticos) modificando la composición del empleo total utilizando el resto del gasto público -aquél no destinado al empleo de transición- y los impuestos.

Por otra parte, no hay que haber estudiado demasiado a la MMT para darse cuenta de que los “economistas del macrismo” hicieron de todo excepto seguir las recomendaciones de la MMT.

Argentina no es monetariamente soberana

Los críticos sostienen, en base a una oración del reciente bestseller de Kelton “The Deficit Myth”, que la Argentina no es monetariamente soberana. 

La deuda en moneda extranjera, indudablemente, impone restricciones para gastar lo necesario para alcanzar el pleno empleo. Sin embargo, la única razón para cumplir los compromisos en moneda extranjera es continuar endeudándose, algo que la MMT recomienda prohibir para todo el estado, incluidas las empresas públicas. En cualquier caso, el debate sobre el grado de soberanía monetaria puede resumirse en la siguiente pregunta: ¿puede la Argentina eliminar el desempleo a través de un empleo de transición? La propia Kelton ofrece la respuesta sólo unas páginas más adelante al referirse a la experiencia argentina de 2001 con el plan Jefes cuando “dejó de fijar su tipo de cambio” y “optó por no pagar la deuda externa”. El propio Warren Mosler ha propuesto cesar los pagos de la deuda en dólares, una opción de política que permitiría recuperar la soberanía monetaria.

Si implementa una política de tasa de interés cero, la Argentina perdería definitivamente su moneda nacional

Según los críticos, en un país como la Argentina, la propuesta de la MMT de fijar la tasa de interés en cero por ciento sería “la manera más rápida y eficaz para perder definitivamente la moneda nacional”. Por el contrario, proponen tasas de interés “atractivas”.

En la medida que podamos imponer obligaciones impositivas -y hacerlas cumplir- no perderemos la moneda nacional. Las tasas de interés “atractivas” pueden aumentar el ingreso de dólares en el corto plazo pero -como demuestra la reciente experiencia del macrismo-, a partir de cierto tamaño de la deuda pública, predomina el canal de ingresos por intereses el cual tiende a depreciar -y no a apreciar- el TC. Lo que es peor, los intentos por controlar el TC pueden explicar, en buena medida, las bruscas devaluaciones de los últimos años. Si bien siempre se pueden cumplir las obligaciones en pesos, endeudarse a tasas “atractivas” implica indexar la economía y usar espacio fiscal para beneficiar a quienes ya tienen dinero.

La MMT debería adaptarse a los desafíos del subdesarrollo

 Al igual que la ortodoxia monetaria, la principal limitación de la MMT sería interpretar al estado norteamericano como la norma. Los seguidores de la MMT en la periferia deberían “adaptar su cuerpo conceptual a los desafíos reales y monetarios del subdesarrollo”, lo que exigiría una teoría del estado.

La MMT es una teoría del dinero que es inseparable de una teoría del estado: el estado impone una obligación impositiva y al declarar aquello que sirve para cumplirla define lo que es dinero. La teoría es general y puede explicar tanto la situación de EEUU como la de los demás países (incluido el “paradigmático” caso argentino). En pocas palabras, cuanto mayor sea el deseo de ahorro de una moneda mayor será el espacio fiscal: en la medida en que la gran mayoría de los países del mundo -y los economistas- creen que deben acumular reservas de dólares para poder gastar, desarrollarse, etc., EEUU puede disfrutar de todos los bienes producidos domésticamente más lo que el resto del mundo desea venderle (el déficit del sector público puede ser “grande” porque el sector no-público -privado y externo- desea acumular “muchos” activos financieros netos denominados en dólares). Argentina no tiene ese privilegio, pero eso no implica que no pueda comprar el trabajo desempleado que, por definición, está a la venta a cambio de pesos.

Saldos comerciales positivos para acumular reservas y relajar el objetivo fiscal

Los críticos sostienen que “agresivas políticas mercantilistas para conseguir saldos comerciales positivos y acumular metales preciosos” están lejos de ser una “caricatura sin sentido” en tanto permiten “relajar el objetivo fiscal”.

Acumular reservas no relaja, en modo alguno, el objetivo fiscal. En realidad, parece que los críticos siguen pensando en un marco de TC fijo en el que sí hacen falta dólares para gastar en pesos. De hecho, la cita de Keynes a menudo utilizada para defender las políticas mercantilistas se refiere a un régimen de TC fijo (del que los autores parecen no poder librarse) y es esencialmente correcta: como lo muestran los regímenes de TC fijo a lo largo de la historia, la actividad económica y el empleo doméstico quedan presos del resultado externo. La buena noticia es que no hay necesidad de auto-imponerse tal restricción.

Para la economía en su conjunto, las importaciones son un beneficio real; las exportaciones, un costo real: las exportaciones son el costo (real) de las importaciones. De aquí que no tiene sentido acumular reservas como objetivo de política (2). Se trata, en realidad, de maximizar las importaciones netas, dado el deseo de ahorro neto de pesos por parte del resto del mundo. Si tanto preocupa la depreciación del peso a la que supuestamente conduciría un TC flotante, debe tenerse en cuenta que acumular reservas implica un TC por encima del de no intervención (como lo muestra la propia experiencia Argentina del período 2002-2008).

El estado no está obligado a que el sector privado desee ahorrar pesos en términos netos. Si el sector privado desea un ahorro neto positivo (superávit), lo racional es gastar lo suficiente para satisfacerlo (déficit); de lo contrario, habrá desempleo (y el sector privado sólo puede desear desahorrar en la medida en que haya ahorrado previamente ya que, de lo contrario, no podrá cumplir la obligación impositiva).

A pesar de que los críticos consideran que “el peso dejó de funcionar como reserva de valor hace décadas”, el desempleo es evidencia de que el deseo de ahorro neto de pesos no ha sido satisfecho aún. Por más que suela actuar como si estuviera obligado a “correr detrás de la pelota”, es evidente que el estado es, en realidad, el dueño de la pelota (y quien lleva el marcador!).

Reflexiones finales

Para los críticos, el desarrollo sería un prerrequisito para la soberanía monetaria y el pleno empleo. Si bien es posible que el crecimiento esté limitado por las exportaciones, no es cierto que se necesite crecer para luego crear empleo: la propuesta de la MMT es crear empleo para luego, quizás, crecer. Las recomendaciones de política de la MMT no harán -necesariamente- rico a un país pobre; simplemente, minimizarán el costo real que implica mantener desocupadas a quienes están dispuestos a vender su tiempo a cambio de la unidad de cuenta estatal.

El pleno empleo no debería considerarse una “estrategia defensiva”, especialmente para quienes hoy se encuentran desempleados. La alternativa es seguir usando el desempleo para controlar el TC y/o acumular reservas.

Quizás la analogía futbolística explique la confusión de los críticos: en el fútbol, el objetivo no es controlar la pelota sino hacer un gol más que el rival."                       

(Agustín Mario, Esteban Cruz Hidalgo y Stuart Medina Miltimore, El País Digital, 19/09/20)

10/8/20

La Teoría Monetaria Moderna en la periferia debería adaptar su cuerpo conceptual a los desafíos reales y monetarios del subdesarrollo

"La llamada Teoría Monetaria Moderna (TMM) es probablemente el fenómeno académico y de difusión heterodoxa más interesante del último tiempo. En EEUU se ha estado debatiendo en muchos ámbitos académicos, periodísticos y políticos, además de haber tenido un notable impacto en otros países como en la Argentina.

Aunque se autodefine como “moderna”, las raíces de la TMM se encuentran en la vieja macroeconomía keynesiana basada en las “finanzas funcionales” de Abba Lerner, el enfoque de “dinero endógeno” de la escuela post-keynesiana, y la hipótesis de la “inestabilidad financiera” de Hyman Minsky. 

Entre los elementos novedosos de la TMM podemos destacar nuevamente su extraordinaria capacidad de difusión de enfoques heterodoxos y propuestas de política como la de “empleador de última instancia” (Job Guarantee) que, como ellos mismos lo reconocen, se ha inspirado en el programa de “Jefes y Jefas de Hogar” lanzado en 2002 luego del colapso de la Convertibilidad.

La TMM sostiene que, en una economía moderna y bancaria en presencia de un banco central que tiene el monopolio de la emisión de la base monetaria, la única restricción al crecimiento económico está dada por la disponibilidad de los recursos reales, no financieros. 

Efectivamente, en principio, si la economía está operando con capacidad productiva ociosa y desempleo de mano de obra, el gobierno debe hacer uso de las finanzas funcionales aumentando el gasto público (monetizando el déficit fiscal) hasta alcanzar el pleno empleo. De esta manera, mientras la economía no sufra escasez de recursos reales, el concepto de inflación por exceso de demanda carece de sentido.

Sin embargo, estos conceptos que son correctos como principios generales pueden entrar en conflicto con algunos aspectos elementales de las economías subdesarrolladas y financieramente dependientes.

Soberanía monetaria 

En su reciente libro “El mito del déficit”, Stephanie Kelton sostiene que “la TMM puede usarse para describir y mejorar las opciones de políticas disponibles para cualquier país con un alto grado de soberanía monetaria: Estados Unidos, Japón, Reino Unido, Australia, Canadá y muchos más” (traducción propia). Esta distinción es fundamental porque, por el contrario, existen “países con poca o ninguna soberanía monetaria: naciones como Panamá, Túnez, Grecia, Venezuela y muchos más” (ídem). Según Kelton, “a diferencia de Grecia, Venezuela o Argentina, los países con soberanía monetaria no están a merced de los mercados financieros” (ídem).

Por supuesto, no es casual que los países con alto grado de soberanía monetaria (en los términos de la TMM) pueden emitir monedas que son, a su vez, utilizadas como reservas internacionales por países que tienen poca de soberanía monetaria. Particularmente, no es ninguna novedad que alrededor del 60 por ciento de las reservas internacionales de los bancos centrales del mundo están denominadas en dólares estadounidenses. Esto ocurre porque los países que emiten monedas con cierto grado de internacionalización son justamente aquellos que no sufren las típicas corridas cambiarias a la que estamos acostumbrados en Argentina y en otros países periféricos.

Una manera simple pero solida de abordar los factores que inciden sobre la soberanía monetaria tiene que ver el desarrollo económico. No es casual que los países que emiten monedas internacionales son los mismos que tienen una alta productividad del trabajo, realizan mayores gastos en innovación y desarrollo y se encuentran en la frontera tecnológica. En otras palabras, los países desarrollados pueden financiar sus déficits externos imprimiendo sus propia monedas que, a su vez, gozan de algún grado de internacionalización como consecuencia del propio desarrollo económico.  

Restricción externa

Por el contrario, los países que tienen un bajo grado de soberanía monetaria son justamente aquellos que tienen baja productividad y sufren periódicamente crisis de balanza de pagos. Para el enfoque económico convencional, la teoría neoclásica, el concepto de “restricción externa” elaborado por el estructuralismo latinoamericano, carece de sentido porque presupone una función de producción flexible, es decir, la posibilidad de realizar múltiples combinaciones de capital y trabajo. En otras palabras, si la economía enfrentase un déficit comercial por un aumento en la demanda de insumos y maquinaria importada, la flexibilidad de precios permitirá un ajuste automático hacia métodos de producción más intensivos en trabajo (que es lo que sobra) y menos intensivos en capital (que es lo que falta).

Este maravilloso ejercicio abstracto no tiene ninguna conexión con el mundo real, en donde los coeficientes de producción son fijos y, aunque tuviesen cierta flexibilidad, en general, no existe la técnica que simplemente permitiese remplazar insumos y bienes de capital importados por fuerza de trabajo domestica.

Paradójicamente, la TMM pareciera también desconocer problema de la restricción externa al creer resolverlo con un régimen de tipo cambio flexible. Las devaluaciones de la moneda reducen el salario real y el poder acquisito de los trabajadores y, por esa vía recesiva, se comprimen las importaciones netas y se mejora el saldo de cuenta corriente. Pero este ajuste típico del subdesarrollo, lejos de establecer un sendero de crecimiento, no es más que un mecanismo forzado de estabilización de la miseria.

La TMM tiene su origen mayormente en economistas norteamericanos y, honestamente, seria pretencioso de nuestra parte exigirles a ellos una comprensión detallada de nuestros propios problemas. Por el contrario, los seguidores de la TMM en la periferia deberían adaptar su cuerpo conceptual a los desafíos reales y monetarios del subdesarrollo.

Estabilidad cambiaria y desarrollo 

La única manera de aumentar la productividad es estableciendo un sendero de crecimiento económico sin las interrupciones de nuestros recurrentes saltos devaluatorios que, en los últimos 40 años, han tenido una fuerte impronta financiera. Sin embargo, los países con poca soberanía monetaria y escazas reservas internacionales están muy expuestos a la volatilidad cambiaria y a la dolarización de carteras, aun cuando tuviesen superávits de cuenta corriente.

Por este motivo, es fundamental comprender que la planificación del desarrollo necesita del fortalecimiento de la moneda nacional. Cierta estabilidad nominal de corto plazo es una condición necesaria, aunque no suficiente, para la realización de los objetivos reales de largo plazo. Según John Maynard Keynes, las esferas real y monetaria están completamente integradas en una única economía monetaria de producción: el capital se inmoviliza en la incertidumbre y, nosotros podemos agregar, se dolariza si ello ocurre en la periferia.
La función histórica de los bancos centrales ha sido la de estabilizar mercados intrínsecamente inestables, fijando tasas de interés atractivas, estableciendo pautas cambiarias e implementando regulaciones macro-prudenciales con el objetivo de proveer previsibilidad y oportunidades de ahorro. Por ejemplo, en un país como la Argentina, la propuesta de la TMM de fijar la tasa de interés en cero por ciento seria la manera más rápida y eficaz para perder definitivamente la moneda nacional. 

Por ello, Argentina necesita de la TMM tal cual existe, pero fundamentalmente, aplicada en EEUU y demás economías desarrolladas para que contribuya a acelerar el crecimiento mundial y a abrir nuevas oportunidades para nuestras exportaciones y, además, para que la tasa internacional de cero por ciento facilite el fortalecimiento de nuestra moneda.

(Juan Matías De Lucchi es Investigador y estudiante de doctorado en The New School for Social Research. El País Digital Argentina, 08/08/20)

4/12/19

La Teoría Monetaria Moderna es una de las principales propuestas económicas, pero no produce un consenso entre las izquierdas...

"(...) Sánchez-Cuenca comentaba que junto con la propuesta de Renta Básica Universal y el keynesianismo verde supranacional, la Teoría Monetaria Moderna es una de las principales propuestas económicas, pero que esta no produce un consenso entre las izquierdas. 

Tu has dibujado un cuadro de divergencia transversal en torno a la misma (desde neokynesianos hasta economistas austríacos, pasando por la ortodoxia neoclásica y algunos economistas marxistas), y has planteado que algunos políticos como Ocasio-Cortez o Bernie Sanders han fundamentado sus propuestas económicas en base a esta teoría. La has defendido como la principal alternativa frente a la distopía de las derechas, hasta el punto de afirmar que su aplicación definitiva por parte de los ejecutivos naconales y el Banco Central Europeo sortearían la próxima crisis.

Además del protagonismo otorgado al estado como un actor capacitado, en economías con niveles significativos de desempleo, para emitir moneda sin tener con ellos consecuencias inflacionistas, entre los elementos que articulan esta teoría figuran los de “soberanía monetaria”, “pleno empleo” o “sistema fiscal equitativo”. ¿Cuáles son los principios de esta teoría?

La primera idea fuerza es que el entorno actual es TMM. Tras la ruptura de Bretton Woods en 1971, la mayoría de gobiernos empezaron a emitir sus monedas mediante decretos legislativos bajo un tipo de cambio flotante. Un tipo de cambio flexible libera a la política monetaria de tener que defender una paridad fija. 

Por lo tanto, las políticas fiscal y monetaria pueden concentrarse en garantizar que el gasto doméstico sea el suficiente para mantener altos niveles de empleo. Los gobiernos que emiten sus propias monedas ya no tienen que financiar su gasto, ya que los gobiernos emisores de moneda nunca pueden quedarse sin dinero. El culto a la austeridad se deriva de la lógica del patrón oro y no son aplicables a los sistemas monetarios “fiat” modernos.


Los elementos más importantes de la TMM. Son los siguientes:


1. El dinero es una criatura del estado. El dinero es efectivamente un pagaré (IOU). Cualquiera puede emitir dinero; el problema es conseguir que se acepte. La capacidad de imponer impuestos (u otros obligaciones) hace que el “dinero” de un país sea valioso.


2. La comprensión del entorno monetario es vital. El régimen monetario bajo que un país opera es importante. Cualquier país que emita deuda sólo en su propia moneda y tiene un tipo de cambio flotante se puede pensar que es monetariamente soberano. Esto significa que no se le puede obligar a pagar su deuda (es decir, los EE.UU., Japón, Reino Unido, Suecia, Suiza, Dinamarca, Canadá, Nueva Zelanda,… pero no la Eurozona ni la mayoría de los mercados emergentes).


3. Una descripción operativa del sistema monetario es fundamental. La comprensión de que los préstamos crean depósitos (que a su vez crean reservas, es decir, dinero endógenamente) es un punto de partida mucho más realista que el punto de vista general de que los depósitos crean préstamos. Por ejemplo, conocer que el gasto público crea reservas y reduce los tipos de interés es vital para entender el mercado de bonos de Japón.


4. Finanzas funcionales, no sound finance. La política fiscal es mucho más potente que las política monetaria. La política fiscal debe orientarse a la generación de pleno empleo al tiempo que se mantiene una inflación baja (en lugar de, por ejemplo, lograr un presupuesto equilibrado). Un plan de empleo garantizado es un ejemplo de una opción política útil para este resultado (actuando como una reserva de amortiguamiento en un mercado de productos básicos) a los ojos de la MMT.


5. Los límites son límites reales de recursos y ecológicos. Si cualquier sector de la economía lo empuja más allá de los límites de la capacidad, entonces se producirá una inflación. Si un gobierno gasta demasiado o grava muy poco, puede crear inflación, pero no hay nada único en el sector gubernamental a este respecto. Estos son los límites que importan -personas, máquinas, fábricas- no las restricciones de “financiación”.


6. La deuda privada importa. Incluso en un Estado monetariamente soberano, la deuda privada importa. El sector privado no puede imprimir dinero para pagar sus deudas. Como tal, tiene el potencial de crear una vulnerabilidad sistémica. Piense en la hipótesis de inestabilidad financiera de Minsky: la estabilidad engendra inestabilidad.


7. La contabilidad macro (estilo Balances Sectoriales de Wynne Godley donde el sector público es un residuo) nos dicen la verdad. La deuda de un sector es para otro un activo. Por lo tanto, la deuda del gobierno es el activo del sector privado. 

Entender cómo un sector se relaciona con otro utilizando un marco de equilibrio sectorial es muy útil, como lo es entender la ecuación de las ganancias de Kalecki, o la forma en que las reservas trabajan en un del sistema financiero. La contabilidad no es glamurosa y las identidades no deben ser tomadas como pero pueden ayudarnos a detectar situaciones insostenibles.


¿Cómo se han relacionado con la TMM los principales partidos de izquierda españoles?

 
En el PSOE con mucho escepticismo, casi como un tabú, por dos razones. Sus economistas han sido educados en el actual paradigma y a diferencia del Partido Laborista británico o del Partido Demócrata de los Estados Unidos (Bernie Sanders, Ocasio-Cortez…) ninguna de sus referencias académicas entiende la Teoría Monetaria Moderna. Además la TMM supone un tabú dentro del euro porque no disponemos de soberanía monetaria salvo que realmente existieran los Estados Unidos de Europa.


Dentro de Unidas Podemos han sido mucho más receptivos y es dentro de UP donde algunos de sus economistas se alinean con la TMM (Eduardo Garzón, yo mismo).


También has comentado que desde 2013, la expansión cuantitativa realizada por el BCE favoreció una recuperación de la economía española y una relajación de la austeridad, lo cual, dado el endeudamiento y la dependencia de la financiación internacional de la misma, en el momento en el que el BCE cancele su apuesta por esta política monetaria y fiscal puede percutir de forma muy negativa en la economía española.

 ¿Qué recepción tiene la TMM entre los principales actores políticos europeos? ¿Qué disposición mantiene actualmente el BCE?

 
Dentro de la Unión Europea es como un tabú, y más desde el predominio hegemónico del ordoliberalismo alemán. Solo ha sido receptivo de manera sorprendente y positiva Mario Draghi, el presidente del BCE. 

Reconoció el agotamiento de las políticas económicas actuales y mostró un honda preocupación por el futuro de Europa y la necesidad de estudiar nuevas teorías como la TMM. En este sentido recientemente recibió en el mismo BCE a una de las economistas más relevantes de la TMM, Pavlina Tcherneva. (...)"                      (Entrevista a Juan Laborda, Nicolás Filgueiras González.  A Xanela, 29/11/19)

13/3/19

¿Por qué no probar primero la teoría monetaria moderna en un país pequeño?

"Durante muchos años, los defensores de la “teoría monetaria moderna” (MMT, por su sigla en inglés) han sido una banda alegre de contreras. Si dieran un curso, se podría llamar “Todo lo que sabes sobre macroeconomía está mal”. 

Sostienen que los déficits presupuestales y la deuda no deben restringir a un gobierno capaz de pedir préstamos en su propia moneda: es decir, puede actuar de una manera más atrevida de la que suponen los economistas, sin consecuencias negativas.

Hace poco algo cambió. A los defensores de la MMT se les está tomando mucho más en serio.
Ideas basadas en este enfoque aparecen en el Nuevo Acuerdo Verde y otras iniciativas de la izquierda del Partido Demócrata. Además, aunque de manera un tanto escéptica, estas ideas cada vez son más rebatidas por importantes intelectuales de la política económica de centro-izquierda.

Entre los más prominentes del último grupo, el ganador del Nobel y columnista de The New York Times Paul Krugman y el exsecretario del Tesoro Larry Summers han escrito en semanas recientes con desprecio al referirse a la teoría monetaria moderna, aunque aceptan algunos de sus argumentos y en términos prácticos tienen preferencias similares de política económica a corto plazo.
Como se podía esperar, a Stephanie Kelton, una de las principales defensoras de la teoría, no le agrada.

Hasta ahora, este debate ha presentado una buena cantidad de teoría macroeconómica abstracta, pero también estilos retóricos discrepantes y varias dinámicas entre la gente del sistema y los foráneos. Los partidarios de la MMT son los insurgentes que consideran a sus antagonistas una élite calcificada y esa clase dirigente ve en los simpatizantes de la MMT a idealistas empalagosos. Kelton y otros adeptos a la teoría parecieran estar en un viaje desde el exterior hacia el interior del sistema.
Sus consecuencias
Sin embargo, a pesar de toda la tinta digital que se ha vertido sobre la economía pura de la teoría en semanas recientes, causa sorpresa que casi no se hayan debatido las consecuencias prácticas del funcionamiento de la política económica.

Por ejemplo, una idea central detrás de la teoría es que el Congreso debería gastar dinero como le plazca, y que para llevar a cabo esas ambiciones de gasto sus únicas limitantes sean los recursos disponibles en el mundo real relacionados con la mano de obra y los materiales. En este modelo, la señal que necesita el gasto para ser controlado o para que aumenten los impuestos es la inflación.

Sin embargo, tal vez sea demasiado esperar que el Congreso se mueva con visión y sensatez al momento de meter los frenos en el momento adecuado. Los funcionarios electos han tendido a mostrar justo los instintos opuestos de los defensores de la MMT. En 2011, el Congreso exigió una reducción del déficit en un momento en el que había riesgos de deflación y un crecimiento débil. En 1981, el gobierno de Reagan y el Congreso promulgaron recortes fiscales y aumentos en el gasto militar en un momento en el que la inflación tenía dos dígitos.

Está bien criticar el desempeño de la Reserva Federal —una institución cuya principal responsabilidad es estabilizar la economía bajo el sistema económico actual— por haber tomado malas decisiones a lo largo de los años. No obstante, es poco probable que cualquiera que haya escuchado las preguntas a veces disparatadas sobre la Reserva Federal que se han hecho en las audiencias del Congreso durante la última década llegue a la conclusión de que los legisladores tienen un mejor entendimiento de la política económica.

Además, la capacidad de un país de pedir dinero prestado en su propia moneda no es una situación permanente. Es una credibilidad que un país puede ganar o perder, como ha sucedido con innumerables naciones a lo largo de los siglos. La opinión convencional es que esa capacidad se logra con el paso del tiempo por medio de una inflación baja, un banco central independiente, un sistema legal sólido y una buena gobernanza. En esta línea, ¿qué tanta credibilidad tendría Estados Unidos en un mundo MMT?

Sin duda alguna, los defensores de la MMT estarán preparados para explicar por qué su enfoque no va a terminar en una catástrofe, pero hay un punto más extenso. La propuesta es un reordenamiento fundamental de la manera en que funcionan las instituciones y las prioridades económicas. No estaría mal tener pruebas del concepto antes de implementarlo en la economía más grande del mundo… asimismo, el hogar de la moneda de reserva del mundo.

En verdad, sería fascinante ver cómo un país pequeño —con su propia moneda— se gobierna a sí mismo con los principios de la teoría. Estas son algunas posibilidades: Nueva Zelanda, Noruega, Suiza, Suecia, Israel, Singapur.

Si esos países más pequeños pueden sortear los obstáculos de gobernanza económica en un mundo MMT y lograr un estándar de vida más alto, ¿tal vez habría que escalarlo a un país de talla mediana? Los estamos viendo a ustedes, Australia, Canadá, Reino Unido y Corea del Sur.

No tiene nada de malo desafiar el saber popular, y la teoría monetaria moderna en efecto identifica fallas en la manera en que ha visto el mundo la gente que formula políticas de una forma tradicional. Por ejemplo, el caso sería que un país como Estados Unidos —que pide prestado en su propia moneda— no sea vulnerable al tipo de crisis fiscal que experimentó Grecia a inicios de 2010, contrario a las advertencias de los halcones del déficit estadounidenses.

Sin embargo, el sustento de miles de millones de personas en todo el mundo depende de la idea de que Estados Unidos —con su importancia central en la economía y el sistema financiero globales— no hará un mal trabajo.

Tal vez la gobernanza macroeconómica debería tener su propia forma de juramento hipocrático: primero, no lastimarás."                     (neil Irwin, New York Times News Service, El Observador, 10/03/19)

14/6/18

Trabajo Garantizado: ofrecer un empleo de duración indeterminada, con Seguridad Social, con un salario digno, a toda persona apta para el empleo. Los ayuntamientos serían, mediante la participación vecinal, los que decidirían los proyectos en los que trabajarían en cada municipio

"En la mayoría de los ayuntamientos de todo el Estado español surgen cada cierto tiempo los mismos problemas que ponen sus gestores ante decisiones sumamente difíciles. 

Son los planes de empleo en las diferentes comunidades autónomas la base sobre la que la población más desfavorecida accede a un puesto de trabajo durante seis meses. Frente a esta situación los alcaldes se ven en la coyuntura de decidir qué personas van a conseguir un trabajo por encima de otras. 

En casi todos los casos estas personas ya han acabado cualquier tipo de prestación y se encuentran al borde de la exclusión social. Por si fuera poco todas ellas saben que es imposible que puedan ser contratadas al finalizar el contrato y su salario no supera los 700 euros.

Los alcaldes reciben a estos trabajadores con la esperanza de poder realizar las tareas sobre las que normalmente están más apurados, pero lo que observamos es que a muchos trabajadores simplemente se les da una escoba y pocos medios más. 

Además, vemos situaciones en las que algunos ayuntamientos ven incrementada su plantilla sustancialmente y los trabajadores del ayuntamiento son incapaces de gestionar a toda esta cantidad de trabajadores, generando tensiones innecesarias entre el funcionariado y los trabajadores del plan de empleo.  (...)

 Los planes de empleo son ineficientes debido a la incapacidad de los políticos y economistas pertenecientes al paradigma vigente de reconocer el problema de fondo: el abandono del objetivo de pleno empleo a partir de los años 70 del siglo pasado. 

Desde entonces el paradigma neoliberal vigente asigna al sector privado la responsabilidad de crear empleo bajo la premisa de que las administraciones públicas deben limitarse a crear condiciones favorables al empleo y mejorar la empleabilidad de los trabajadores con programas de formación. 

Los actuales programas fracasan porque se basan en un planteamiento de incorporación provisional, dentro de las peores tradiciones de la improvisación y creación de empleo precario de las administraciones públicas españolas. (...)

El planteamiento tradicionalmente empleado consiste en esperar a que se recupere la economía con la esperanza de que se reactivará la contratación de trabajadores. Sin embargo, hay cohortes de desempleados que nunca llegarán a beneficiarse de la recuperación económica porque simplemente el sector privado los considera 'inempleables'. 

Nos referimos a personas en riesgo de exclusión social con bajo nivel de estudios, jóvenes sin experiencia previa, personas mayores que no han alcanzado la edad de jubilación, minorías, etc. El estímulo presupuestario que tendría que acometer el Estado para asegurar el empleo de las personas consideradas menos productivas sería de tal calibre que su impacto podría ser incluso inflacionista.  (...)

El trabajo es fundamental porque asegura un acceso al reparto de las rentas, es el principal vehículo de socialización e integración en la sociedad, refuerza la autoestima y sentimiento de realización del individuo y es el mejor instrumento para luchar contra la exclusión y la pobreza.

 Los costes del desempleo para la persona, sus familias, sus comunidades y la sociedad son inmensos e incluyen problemas de salud física y mental, mayores tasas de criminalidad, maltrato y abuso en el entorno familiar y ruina de los proyectos individuales.  (...)

Una sociedad que tolera elevadas tasas de desempleo en su seno simplemente no merece ser tenida entre las naciones civilizadas. Estamos pues hablando de atender una situación de urgencia.

La Teoría Monetaria Moderna, una doctrina económica que reconoce la capacidad que tiene el estado dotado de soberanía monetaria para movilizar todos los recursos ociosos de la economía lleva años proponiendo una alternativa superior a los planes de empleo. 

El plan de empleo de transición propone ofrecer un empleo de duración indeterminada, sin condicionalidad, dentro del régimen general de la Seguridad Social, con un salario digno a toda aquélla persona apta para el empleo. 

El puesto de trabajo debe estar dotado de contenido e ir vinculado a un programa o proyecto definido desde las administraciones públicas o incluso ONGs y entidades sin ánimo de lucro.

Existen numerosas necesidades desatendidas en nuestra sociedad y por tanto los programas podrían incluir el desarrollo de actividades culturales, proyecto de rehabilitación medioambiental, reforzamiento del cuarto pilar del estado de bienestar o soporte a los sistemas públicos de salud. 

Los programas del New Deal bajo el mandato de Roosevelt, que llegaron a emplear a más de 13 millones de personas y dejaron un legado de obras públicas que ayudaron a transformar y modernizar los EEUU, son un buen ejemplo de los beneficios y la potencia de un programa de este tipo. 

Un programa de empleo de transición acabaría con el uso del empleo como variable de ajuste en los ciclos a la baja y a la vez asegura la estabilidad de precios al evitar las tensiones inflacionistas asociadas a las tradicionales políticas keynesianas de estímulos fiscales empleadas hasta los años 70.

Supongamos por un momento que el equilibrio de fuerzas cambia en favor de los defensores de la Teoría Monetaria Moderna y a partir de mañana el programa de Trabajo de Transición fuera implantado en la totalidad de los ayuntamientos del estado español. 

Obviando la parte que le corresponde al Estado de contratación para educación y sanidad pública y centrándonos en lo municipal es importante ver algunas de las diferencias con los actuales planes de empleo que los diferentes gobiernos del bipartidismo han realizado durante estos años.

Para empezar los ayuntamientos serían, a ser posible mediante procesos participativos entre los vecinos, los que decidirían los proyectos que se desarrollarían en cada municipio. 

Así podríamos ver ejemplos de proyectos como: limpieza de zonas boscosas para evitar incendios en verano, plantación de arbolado y zonas verdes, apoyo a la ayuda a domicilio para personas mayores, acompañamiento a niños y personas discapacitadas, servicios de guarderías, apoyo al turismo, actividades culturales, etc.. 

Es decir, serían los vecinos directamente los que verían las necesidades de su municipio y mediante trabajadores directamente sacados de las listas del paro se irían cubriendo progresivamente estas necesidades.

La seguridad de que estos proyectos tendrían continuidad en el tiempo haría que los problemas entre el funcionariado y los empleados del Trabajo De Transición disminuyeran, siendo incluso necesaria la contratación de más funcionariado municipal para gestionar al nuevo personal.

 Todos los parados tendrían la seguridad de poder trabajar en un futuro cercano lo que ayudaría a motivar el personal participante en los programas de Empleo de Transición. La naturaleza universal e incondicionada de la prestación acabaría con los enchufismos y las discriminaciones.

Por parte de los trabajadores las mejoras son claramente visibles, ya que cumpliendo con el trabajo jamás serán despedidos, con lo cual la perspectiva de futuro cambia totalmente. Además, el salario sería algo mayor, no inferior a 800€. 

Por tanto, es importante resaltar que los problemas de exclusión social y las enfermedades que provienen de la falta de perspectiva y futuro por no tener las condiciones mínimas de vida garantizadas acabarían. 

Adicionalmente estas personas tendrían mayor facilidad para encontrar un empleo en el sector privado ya que están demostrando día a día con su trabajo su capacitación, mejorando con ello las condiciones de vida de una gran parte de la población que precisamente es la que más está sufriendo durante todos estos años. 

Asimismo, el empleo de transición ayuda a convertir a las personas participantes en empleables por el sector privado al darles un curriculum vitae y una formación en el puesto de trabajo de forma que se genera un pool de trabajadores productivos que está a su disposición cuando la economía se recupera.

Franklin Delano Roosevelt dijo que «Ningún país, sin importar su riqueza, puede permitirse el derroche de sus recursos humanos. La desmoralización causada por el desempleo masivo es nuestra mayor extravagancia. Moralmente es la mayor amenaza a nuestro orden social.»

(Ángel Carrasco Fernández, concejal de Ganemos Torrijos y Stuart Medina Miltimore, economista. Ambos son miembros de la Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios, El País, 26/10/16)

13/6/18

El Pleno Empleo como medio para construir una sociedad inclusiva

"Todo el dinero que se crea proviene en origen último del Banco Central, lo que no quiere decir que sea introducido por él. Los bancos privados son hoy en día el principal vehículo de introducción de dinero nuevo.

 La actividad de intermediación que se le supone no es entre prestamistas y prestatarios, entre agentes privados, sino que es una intermediación entre el monopolista de moneda y la sociedad. Los préstamos que otorga la banca privada no requieren depósito previo alguno. 

Aunque los bancos privados no se vean limitados en su actividad por los ahorros de los agentes privados, la concesión de créditos se restringe por una serie de criterios relacionados con la incertidumbre en el futuro. Este aspecto es imposible de eliminar en una economía monetaria de producción, basada en la fragmentación de las decisiones de producción. La incomprensión de ello lleva a tratar de imponer un modelo bancario proto-capitalista. 

La rigidez de un sistema de reservas fijas en los orígenes del negocio bancario producía una escasez en el suministro de liquidez que los agentes privados se ingeniaron por superar. 

Hizo falta poner en lo alto de la jerarquía de deudas al banco central para gestionar la inestabilidad sistemática y los cuellos de botella que obstaculizaban el desarrollo del sistema capitalista.

Esta innovación institucional implicaba dejar atrás la coyuntura histórica en la cual el dinero tomaba cuerpo en los metales preciosos, permitiendo avanzar hacia la forma de dinero capitalista, dinero-crédito, requisito fundamental para la ampliación del capitalismo. 

Los fundamentos históricos e institucionales sobre los cuales se levanta la Teoría Monetaria Moderna (en adelante MMT, por sus siglas en inglés) permiten completar y extender la noción de dinero endógeno, esto es, de cómo se introduce el dinero en una economía donde las decisiones se toman de forma descentralizada respondiendo a las necesidades o demandas de los agentes privados.

 La oferta de dinero no es, por tanto, discrecional, como sugiere algún monetarista despistado. La ortodoxia monetaria es tan perjudicial como la ortodoxia fiscal.

LA ARQUITECTURA MONETARIA EUROPEA

Si un banco central no puede quebrar, esto significa que no se puede quedar sin dinero. El Banco Central es el brazo monetario del Estado. La coordinación entre la política fiscal y la política monetaria es posible en un Estado soberano donde los gastos públicos son efectuados en la moneda del Estado, emitida por su Banco Central. Esto no ocurre en la Zona Euro, donde de facto el euro es una moneda extranjera para todos los Estados. 

En estas economías la moneda extranjera debe buscarse en los mercados, endeudándose, o ser recaudada a través de impuestos. La secuencia de que el Estado debe ingresar antes de gastar, indudablemente, es una mala comprensión del funcionamiento de una economía monetaria de producción. Como hemos dicho, el origen último de todo el dinero que circula es el Banco Central. 

Para que los agentes privados puedan tener un solo euro en su bolsillo, éste previamente debe salir de alguna manera del emisor de euros. Esta disfunción tanto en el diseño de la arquitectura de la Unión Europea como en el diseño de su arquitectura monetaria hace que surjan problemas irresolubles que provocan un volumen de dinero en circulación muy inferior al necesario para mantener el pleno empleo y la estabilidad de precios.

En un marco institucional donde estén consolidados el Banco Central y el Tesoro como brazos monetario y fiscal del Estado, las operaciones de gasto constituyen un abono en las cuentas bancarias privadas, destruyéndose dinero a través de los impuestos al generarse un débito en ellas.

 Igualmente, los bonos corresponderían a la base de reflujo del circuito monetario, ofreciendo a los agentes privados un activo a cambio de retirar las reservas excedentes que pudiesen desviar el tipo de interés objetivo fijado por el Banco Central.

Este componente monetario de la política fiscal implica, por tanto, que no es lo mismo un marco institucional donde el déficit público se monetiza directamente, que uno que se hace indirectamente mediante la compra de bonos, como podría ocurrir si, por ejemplo, se eterniza el Quantitative Easing del Banco Central Europeo, medida que tiene presumiblemente los días contados con la llegada de Jens Weidmann en sustitución de Mario Draghi. 

Con el final de esta “excepcionalidad” en la política monetaria del BCE, podremos comprobar, por ejemplo, el éxito de las políticas de nuestros hermanos portugueses. Acabar con la respiración asistida que provee la autoridad monetaria podría traernos un déjà vu, una re-edición de Syriza. Ya veremos.

EL DESEMPLEO, UNA DECISIÓN POLÍTICA

El desempleo es un fenómeno monetario. Es un síntoma de que falta dinero en la economía, un problema que el mercado no puede resolver endógenamente por medio de ninguna redistribución entre agentes privados. Los agentes privados no crean dinero, el dinero es un bien público. Contra la “falacia de Robin Hood”, la Teoría Monetaria Moderna introduce el concepto de “pre-distribución”.

Cómo se introduce el dinero en la economía importa. No es lo mismo que el Estado introduzca el dinero a cambio de nada que lo haga a cambio de trabajo. Ciertamente, hay espacio para que el excedente de bienes y servicios producidos pueda ser absorbido por una parte de la sociedad con la creación de nuevo poder adquisitivo, como podría ocurrir, por ejemplo, con el pago de las pensiones de algún modo por iniciativa del Banco Central Europeo. 

Esto se podría ver como un nuevo acuerdo inter-generacional y un alivio transitorio para la crisis europea, permitiendo sustituir la caja de la Seguridad Social por otro tipo de impuestos que permitan incrementar el espacio fiscal.

 Los pensionistas consumen lo que producimos en la actualidad, no pueden consumir los bienes y servicios que ellos producían en el pasado. Los trabajadores no aseguran con su trabajo las pensiones del futuro con el derecho a recibir una renta monetaria mañana, sino que sus pensiones son aseguradas por los recursos reales existentes entonces. 

Si no hay excedente de bienes y servicios que consumir, no habrá renta monetaria suficiente para garantizar las pensiones. El estudio de la introducción del dinero por parte de la MMT tiene claras implicaciones sobre la teoría del valor y el valor de la moneda en relación a otras divisas internacionales, así como con el funcionamiento y gestión del mercado de trabajo, por eso se liga al empleo.

El valor de la moneda se vincula a lo que se debe hacer para obtenerla, y el sector público puede establecer directamente sus términos de intercambio con la compra de trabajo a través de los Programas de Garantía de Empleo. Estos programas están diseñados desde abajo, respondiendo a las necesidades sociales establecidas a nivel municipal con la participación de todos los colectivos de la sociedad civil. 

Las administraciones regional y nacional tendrían un papel coordinador y supervisor en estos programas. Estos empleos ofrecerían un salario y unas condiciones laborales dignas a todo aquel que quiera trabajar, complementándose con una renta mínima en los momentos en que estos programas no estuviesen en marcha. 

El sector privado, para no perder a sus trabajadores una vez que la alternativa para ellos no es entre la precariedad y el desempleo, se vería obligado a ajustar los contratos a lo estipulado por el sector público. Los Programas de Trabajo Garantizado funcionarían así como un estabilizador de las condiciones laborales, pero también del ciclo económico y de los precios. 

El ciclo económico se suavizaría al absorber los trabajadores expulsados por el sector privado en tiempos de crisis, sosteniendo la demanda agregada. Por su parte, establecería un estándar de valor que, por ser el trabajo un elemento común a cualquier tipo de actividad, operaría como un punto de gravitación para los precios.

Los Programas de Trabajo Garantizado se financian sin necesidad de ingresos previos por parte del Estado, lo cual no significa que la fiscalidad no sea necesaria. Los impuestos son esenciales para que la moneda circule y sea aceptada generalmente. En esto el nivel de imposición es importante. Nada tienen que ver con la necesidad de ingresar dinero para financiar gasto alguno, pues como hemos visto, esto es lógicamente inconsistente con el hecho fehaciente de que la autoridad siempre gasta primero.

Por esta lógica, el déficit público constituye necesariamente un superávit del sector privado. A falta de un sector exterior que absorba el gasto de los socios comerciales mediante políticas neo-mercantilistas, traspasando sus problemas a otros países, una conclusión es clara: no puede haber ahorro neto de activos financieros del sector no gubernamental sin que el sector gubernamental acumule déficits públicos. 

Un Estado soberano, que ejerce su función de monopolista de la moneda, a través de la coordinación con su Banco Central, es la única entidad que mediante su gasto puede proporcionar los fondos para acomodar cualquier deseo de obtener ingresos, ahorros o beneficios de las familias y las empresas, y por lo tanto eliminar el desempleo. El gasto deficitario de un sector es el que genera el excedente o superávit del otro. 

Por norma general, una situación en la que el sector público acumula superávits significa que los agentes privados están endeudándose, lo cual evidencia una situación potencialmente inestable en cuanto las expectativas de los agentes cambian.

En este mundo al revés que nos cuenta el neoliberalismo, paradójicamente, nos horroriza el déficit público y alabamos el superávit de las cuentas públicas, señal de futuras conmociones. Esto suele saldarse con sufrimiento innecesario y fracasos muy costosos. 

Las políticas de austeridad reducen las expectativas de beneficios del sector privado sumiendo la economía en un círculo vicioso, al que las empresas responden con nuevas reducciones de inversiones y contratos por no encontrar salida a sus productos, y en muchos casos, nuevos despidos y cierres que agudizan el efecto contractivo. Debe haber quedado claro que la sociedad no puede decidir aumentar sus ingresos, pero sí gastar más.

LA TEORÍA MONETARIA MODERNA

Desde su origen la MMT ha recibido una serie de críticas, siendo las más comunes las que hacen referencia a la estabilidad de precios y la restricción exterior. Estos son fenómenos reales, no monetarios. La MMT no pretende movilizar a través de las herramientas que propone recursos reales allá donde no existen.

 Lo que explica es que no hay razón para que cualquier país, tenga los recursos que tenga, los infrautilice desaprovechando su potencial real. No es la panacea, no tenemos una varita mágica para hacer desaparecer todos los problemas. En función de las características de cada país las herramientas que la MMT pone a disposición de los Estados deberán ser gestionadas de una forma u otra. 

Habrá Estados que podrán diseñar Programas de Trabajo Garantizado enfocados al sector servicios y actividades de baja productividad económica; otros deberán apostar por actividades de mayor valor añadido para ampliar su acceso a recursos reales que no están a la venta en su propia moneda, buscando un tamaño de los multiplicadores mayor, incluso habrá que complementar estos programas con el manejo de la política comercial, o diseñar una estructura impositiva que incentive o desincentive ciertas producciones y consumos.

La Teoría Monetaria Moderna presenta una caja de herramientas que los responsables políticos deben decidir cómo aprovechar, disponiendo de un potencial significativo para desarrollar políticas sociales que pueden ser enfocadas a satisfacer también las demandas de organizaciones ecologistas, feministas, y plataformas de defensa de los servicios públicos. 

No existe un “mundo MMT”. La MMT describe los sistemas reales tal y como tienen lugar por debajo de los fenómenos superficiales del mercado, considerando las diferencias que surgen de momentos particulares caracterizados por unas instituciones específicas. 

La rigidez institucional que se defiende con las presentes instituciones europeas, ya sea de forma activa o pasiva, se traduce políticamente en la aceptación de la estrategia neoliberal. Una guía progresista hace necesario el pleno empleo como eje sobre el que construir el movimiento de la sociedad que queremos. La pretendida superioridad moral no es suficiente."

(Esteban Cruz Hidalgo  . Doctorando en Economía y miembro de Red MMT España. El Salto, 02/04/18)

26/9/17

El trabajo requerido debería ser aquel que permita que todos tengamos las necesidades básicas cubiertas...

"Trabajamos para vivir, no vivimos para trabajar, lo cual sería una enajenación de nuestros fines. El trabajo requerido debería ser aquel que permita que todos tengamos las necesidades básicas cubiertas y, además, nos permita desarrollar nuestras potencialidades y buscar nuestra felicidad. 

El sistema capitalista no parece, sin embargo, dar las mismas oportunidades a todas las personas y en su versión neoliberal hace que la desigualdad aumente imparablemente, así unos tienen una vida regalada (por el mercado y no por el Estado) y otros luchan por sobrevivir. La Teoría Monetaria Moderna y algunas de las medidas que se vienen reclamando desde los sectores sociales, vienen a significar en este contexto instrumentos de liberación.

En los momentos actuales el problema no es el fin del trabajo a pesar de una mejor tecnología y la repetida escasez de empleo, el problema es que las medidas políticas que se toman y el capitalismo neoliberal atentan contra la mano de obra y por tanto contra el trabajo remunerado, es decir el empleo.

 Las sociedades están centradas en el trabajo, aunque sólo viven (y no todos) aquellos que consiguen un trabajo retribuido, olvidando la tarea esencial que se desempeña en el trabajo de cuidados y de reproducción.

 Los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA), del 4º trimestre del 2016, nos informan de que los activos (quienes están disponibles para trabajar, ocupados o desempleados) se han visto reducidos en 694.400 personas desde el cuarto trimestre de 2012, un 5,2%.

 ¡Qué derroche de recursos! ¡Qué montón de posibilidades perdidas en aras a una mejora de nuestra sociedad y evitar las necesidades extremas de nuestra ciudadanía! Y para los economistas que adoran el PIB ¡que derroche de PIB!

La distribución de la renta proporciona a los políticos un medio para mejorar el bienestar de los ciudadanos y el empleo es de momento el sistema que facilita esa igualdad necesaria y los recursos básicos para el cumplimiento del artículo 40.1  de nuestra Constitución.

 Un ejemplo de esta necesidad nos lo muestra el trabajo realizado por los economistas Richard Wilkinson y Kate Pickett, trabajo que se  publicó en el año 2009, en él se concluía que los niveles de renta no influyen (al menos en los países desarrollados, relativamente ricos), y el gasto en asistencia sanitaria de alta tecnología tampoco hace una gran diferencia. 

¿Cuál es el factor determinante? No podemos afirmarlo con certeza, pero parece que la desigualdad es el factor clave. Decían que lo más fascinante de su estudio es que demuestra que reduciendo la desigualdad se aumentaría el bienestar y la calidad de vida de toda la población. Lejos de ser inevitable e imparable, el deterioro del bienestar social y de la calidad de las relaciones sociales es reversible.

Puede que haya que elegir entre utilizar el gasto público para mantener baja la desigualdad o bien para hacer frente a los problemas sociales cuando la desigualdad es elevada. Un ejemplo de una mala elección en este sentido se puede observar en EE UU durante el periodo que comienza en 1980, cuando la desigualdad de renta aumentó de forma especialmente rápida. 

En esa época, el gasto público en cárceles aumentó seis veces más rápidamente que el gasto público en enseñanza superior, y una serie de Estados han llegado ahora a un punto en que gastan tanto dinero público en cárceles como en enseñanza superior. ¡Lamentable!

Pero hemos de ser muy conscientes de que el problema de los costes y gastos superfluos de la administración tiene más que ver con los problemas burocráticos que con los servicios esenciales que presta. No obstante, la TMM y la Renta Básica Universal (RBU) nos dan la oportunidad de facilitar los costes de la burocracia estatal con su puesta en marcha. 

También pueden hacer más fácil la vida de las personas, aunque no permitir la vida regalada que llevan algunos en el adorado mercado libre.

Uno de los economistas principales de la TMM, William Mitchell, en su libro La Distopía del Euro nos dice: 

“La crisis fue creada por una mentira y la situación actual de austeridad fiscal está empeorando las cosas porque se basa en esa misma mentira […] La mentira más grande de todas, repetida sin cesar por lo economistas neoliberales y de la que acríticamente se hacen eco los principales medios de comunicación, es que si los gobiernos disminuyen su gasto, entonces el sector privado ‘se unirá’ para cubrir el hueco dejado [...] la ideología triunfa sobre la evidencia y así aceptamos falsedades como si fueran verdad [… ] La Gran Depresión nos enseñó que la economía debe ser entendida como una creación nuestra diseñada para que nos beneficiemos de ella, no como una entidad abstracta que reparte recompensas o castigos según un marco moral determinado.”

Y otro de ellos, Randall Wray, en su libro Teoría Monetaria Moderna escribe:

 “La creencia de que el gobierno está obligado a equilibrar su presupuesto cada cierto tiempo es comparado con una religión, una superstición necesaria para asustar a la población de manera que esta se comporte de la manera deseada […] en realidad el  gasto público no se enfrenta a ninguna restricción presupuestaria […] No es dinero recaudado mediante impuestos.” Hemos de tener en cuenta que antes de recaudar impuestos el gobierno competente tiene que haber emitido ese dinero.

Los impuestos, en consecuencia, tienen que servir para buscar el modo de mejorar la vida de la sociedad. No pueden ser instrumentos de desigualdad e injusticia. Mientras unos pagan dos y tres veces por la misma renta (non bis in ídem, no dos veces por la misma causa) otros, entre deducciones, paraísos fiscales, bufetes de abogados, etc., apenas pagan (aunque sean Vicepresidentes de Gobierno). Los impuestos tienen que ser instrumentos de equidad, justicia y eficiencia. La pena es que como decía Keynes la “elusión de impuestos  es la única actividad intelectual que tiene recompensa.” ¡Que razón tenía!

La TMM puede llegar a ser un instrumento de liberación, si tenemos en cuenta, como señala, que no son necesarios los impuestos para que el Estado gaste cuando éste dispone de la potestad de emitir moneda. 

Los impuestos no deben ser una maraña poco comprensible, deben ser claros y eficaces para los fines que se persiguen, deben servir para buscar un mundo menos desigual y una economía más eficiente, respetuosa con el medio ambiente y en beneficio de todos."              (Ernesto Ruiz Ureta , Nueva Tribuna, 12/02/17)