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4/1/22

Cada protón se formó hace 13.800 millones de años, había puro hidrógeno y helio, las estrellas agarraron el helio y formaron carbono 12, oxígeno. ¿Y de qué estamos hechos? De lo que fabrican las estrellas, se murieron y aventaron eso al espacio... Estamos hecho de carbono, nitrógeno y oxígeno porque es lo que más fabrican las estrellas... Ahorita existimos gracias a que hubo aquellas explosiones estelares... todos tenemos átomos de millones de años que estuvieron antes en un dinosaurio

 "Observar una galaxia es como escuchar una canción en finlandés, dice Julieta Fierro: “Aunque no hables ese idioma la canción puede gustarte”. Así es la física, así es el universo, conocimientos tan intrincados como poéticos a los que esta astrónoma mexicana de reputación internacional le echa paletadas de humor. Nació en Ciudad de México hace 73 años: 40 libros publicados, tres honoris causa, una silla en la Academia Mexicana de la Lengua; escuelas, planetarios, sociedades científicas llevan su nombre.

 Ha sido presidenta de la Comisión de Educación de la Unión Astronómica Internacional y es investigadora titular del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Toda esa ciencia que hay bajo su melena de luna la usa para divulgar sin cansancio, no le importa perder unos minutos en explicar a los terraplanistas que andan bien equivocados. En sus palabras está toda la poesía planetaria. Si la entrevista resulta prosaica echen la culpa a las preguntas.

“Me puedes hablar de tú, soy una señora normal”, dice. Pero lo que demuestra a cada instante no es exactamente normalidad, sino una cotidianidad amable y desprovista de petulancia. En varias ocasiones se levantará del sofá para buscar en el interior de la casa objetos con los que demostrar cómo operan los eclipses, o cómo la ciencia está lejos de la verdad absoluta. Para eso jugará con la periodista y la fotógrafa, como si estuviera en una escuela explicando a los infantes. Al acabar la charla, Fierro se prepara para las fotos: “Voy a cepillarme el pelo y a hacer pipí”. Más adelante se verá la importancia del pipí, hasta del de los dinosaurios.

Pregunta. ¿Cómo se imagina a un ser extraterrestre, con antenas?

Respuesta. Depende de si es listo o no listo; si es tipo bacteria pues pueden crecer, ni siquiera necesitan estrellas. Júpiter tiene 92 satélites y uno tiene hielo y un mar abajo del hielo, podría haber vida submarina, y hay mundos como Júpiter, que van por ahí sin estrellas, se llaman flotadores libres. Pero para tener inteligencia se necesitan varias cosas, un tamaño mínimo para desarrollar neuronas, tentáculos o trompa para poder manipular a la naturaleza, y se piensa que al menos deberían tener dos o tres kilos de peso y sentidos, depende del lugar.

P. ¿Se lo imagina entonces como un pulpo?

R. Podría ser, son muy inteligentes, lo que pasa es que viven poco, un año. Juegan, saben contar, se divierten, exploran los acuarios, hacen trampas…

P. Y predicen el ganador de los mundiales de fútbol. Volvamos a los terrestres: los humanos somos polvo de estrella.

 R. [Señala con un dedo una partícula invisible en su muñeca]. Mira, ve un protón, velo, lleva 13.800 millones de años en el universo.

P. ¿Ahí, en la muñeca?

R. Sí. Ha entrado una estrella, ese protón se fusionó para hacer carbono.

P. ¿Pero es el mismo que soltó una estrella al morir hace miles de millones de años?

R. Sí, el mismo. Cada protón se formó hace 13.800 millones de años, había puro hidrógeno y helio, las estrellas agarraron el helio y formaron carbono 12, oxígeno. ¿Y de qué estamos hechos? De lo que fabrican las estrellas, se murieron y aventaron eso al espacio.

P. Pero unas estrellas murieron antes y otras después, mi protón puede ser más antiguo y el suyo más moderno.

R. Claro. Estamos hecho de carbono, nitrógeno y oxígeno porque es lo que más fabrican las estrellas.

P. Si las galaxias van perdiendo fecundidad, como dicen, y producen menos estrellas, la existencia del ser humano pende de un hilo, aunque sea un hilo de millones de años.

R. Ahorita existimos gracias a que hubo aquellas explosiones estelares, el sol también se evaporará y se irá al espacio y se va a mezclar con otras nubes y se formará otro sistema solar con nuestra materia, porque todos nosotros estamos reciclados, ustedes tienen moléculas de Cristo y de Barrabás, y de Nerón, porque todos hacemos pipi y la atmósfera transporta los gases.. todos tenemos átomos de millones de años. Tú tienes átomos que estuvieron antes en un dinosaurio.

 P. ¡Somos un reciclado de Barrabás!

R. Perdón, debería haber dicho de Cristo nada más, jajaja.

P. Mejor Barrabás.

R. ¿Los malos son personajes más interesantes, no?

P. Dicen que el universo se muere, por eso de la infertilidad de las galaxias.

R. Hay de todo, vivimos en un universo que lleva evolucionando 3.800 millones de años y han sucedido muchas cosas. El universo empezó muy denso, donde había más materia nacieron las primeras estrellas. Hubo brotes importantes. Conforme el universo se fue dilatando más y más la densidad de materia disminuyó, pero hay 100.000 millones de galaxias y cada una tiene 100.000 millones de estrellas. Se siguen formando galaxias pequeñitas, con mucho gas, que se unen a otras y se hacen más grandes. Por ejemplo, la Vía Láctea se va a fusionar con Andrómeda dentro de 500 millones de años y las dos galaxias van a tener más brotes de formación estelar hasta que agoten su gas. En el presente hay menos brotes, sí, pero nuestra galaxia sigue muy activa y su satélites también.

P. Entonces se muere o no se muere.

R. La energía del universo se va degradando, y los agujeros negros del universo se van a evaporar cuando el universo tenga un 1 con 70 ceros en años. Los protones se van a desintegrar cuando el universo tenga un 1 con 32 ceros o sea, con un 1 con 100 ceros el universo será frío, puras ondas de radio, ya no habrá luz visible, estrellas agotadas, agujeros evaporados, protones desintegrados.

P. Qué miedo. ¿Y a eso le sucederá otro universo desconocido?

R. Antes se pensaba que nuestro universo era como una pelota, se expande y se cae, se expande y se cae, un universo oscilante, pero en esta ocasión se va a expandir tanto que se va a expandir por siempre. Pero hay, además, otros universos, que surgen de la nada. El vacío está lleno de energía siempre, y esa energía varía, si se mueve un planeta la gravedad cambia, si un campo magnético se modifica, también la energía… Los campos de la física… De ahí puede surgir un universo como el nuestro, en este momento podría estar generándose, pero no es que el nuestro se acabe y surja otro, pueden existir en paralelo y ser diferentes.

P. Pensar en otros universos ¿no le causa ansiedad?

R. Uy, no, qué maravilla, a mí la mecánica cuántica me encanta.

P. El telescopio James Webb ha sido lanzado con éxito esta nochebuena. Con él vamos a ver más atrás de lo que antes vimos, más pasado. ¿Los astrónomos miran hacia atrás para saber de dónde venimos o también a dónde vamos?

P. Lo que quiere la ciencia es avanzar el conocimiento, el pasado, el futuro y qué pasó en el ínter, somos curiosos, James Webb quiere saber la evolución, las etapas.

P. ¿Qué sacamos para el presente?

R. Pues que Andrómeda y la vía láctea se van a fusionar, por ejemplo. Al mirar hacia atrás sabemos cómo se va a comportar el futuro, que el sol va a vivir otros 4.500 millones de años, por ejemplo, que no se va a apagar mañana.

P. Siempre habrá un universo, entonces

R. Pues es la idea de ahorita, pero la ciencia por definición no tiene la verdad, el teorema de Gödel muestra que la verdad no existe. Ahora tenemos las ondas gravitacionales para saber, es como si nos regalaran un nuevo sentido para explorar, otra manera, sin ver ni oler ni tocar, eso es un regalo de este siglo y con eso vamos a poder explorar de manera más completa el universo, pero nuestra ignorancia va a seguir.

P. La verdad no existe. Pues la religión dirá: ya la pongo yo.

R. Pues sí, pero hay verdades nocivas, por ejemplo eso de que Adán esté feliz y toda la culpa la tengamos las mujeres. ¿Es muy cómodo para un señor creer en esa religión, no? Tu pareja es la culpable de todo por la eternidad.

P. México es un país muy supersticioso, a buena parte de la población le ha costado creer que el coronavirus era una verdad científica. ¿Cómo se siente una astrónoma al contar estas cosas que son casi de ciencia ficción, hacer entender verdades, aunque incompletas, a una población?

R. Se han hecho muchos experimentos y las personas pueden vivir con dos sistemas del mundo distintos. En los museos de ciencia les preguntan a los niños cómo surgió el hombre, y hablan de células y tal. Si a la salida un líder religioso les pregunta lo mismo, le dicen: Dios lo creo.

P. Qué paranoia. Podemos vivir con dos verdades.

R. Exactamente y, según el contexto, aplicar una u otra, y es a lo más que puede aspirar la ciencia. No podemos competir con la religión, solo respetarla, es demasiado fuerte.

P. ¿Para nuestro lado religioso?

R. Y por la gente que aprovecha la religión a su favor. Para la mujeres es nefasta, el sexo es malo, es bueno sufrir, la cupa, somos las brujas. No hay deidades femeninas más o menos razonables.

P. Los antepasados mexicanos eran unos grandes astrónomos.

R. Las grandes culturas de la antigüedad han usado los astros para la cuenta del tiempo, los relojes, la noche, los meses del año. Eso ayudaba a organizar la vida social. Había que planear con cuidado los mercados, el comercio de mercancías, la construcción de pirámides y la época del estar en el campo. Los mayas construían pirámides y los astrónomas sabían qué día era y cuántos faltaban para llevar al mercado de Oaxaca las plumas, los pigmentos, etcétera.

P. Pero todas las civilizaciones tenían esa necesidad de establecer un calendario, sin embargo en México fueron alumnos avanzados…

R. Sí, tenemos una ventaja. La astronomía empezó como ciencia en Europa, pero están muy al norte y México está más cerca del ecuador, donde se ven secciones del cielo que no ven en el hemisferio norte, y en diciembre está despejado en México.

P. Los mayas partían con ventaja.

R. Sí.

P. El Webb ha costado 9.000 millones. ¿La sociedad entiende este gasto?

R. La ciencia básica no pretender mejorar la vida diaria, sino avanzar el conocimiento. Los científicos básicos buscar herramientas para interrogar de la mejor manera a la naturaleza

 P. Son ustedes unos preguntones.

R. Tú también, jaja. Tenemos la misma profesión con objetos distintos de conocimiento.

P. Terraplanistas, pandemias que asolan la tierra, antivacunas. Esto huele a edad media.

R. Los terraplanistas agarraron fuerza con la serie Juego de Tronos, donde hay un muro de hielo al final. Es muy bonito pensar que la Tierra sea plana y esté rodeada de ese muro de hielo. Todas las grandes culturas pensaron que la Tierra era plana. Se dieron cuenta del error los babilonios cuando vieron la sombra de la Tierra sobre la Luna, pero Cristóbal Colón no le dijo a Chabelita (perdón): ‘mira la sombra de la Tierra, hay dos eclipses al año’. Nadie se molesta en pensar que la sombra de la tierra no es una tortilla, no es un taco, una enchilada.

P. Pero que en el siglo XXI surja toda esta caterva de terraplanistas...

R. Es un súper negocio, todo lo mágico lo es, la astrología… Vivimos en una sociedad de culpa y es cómodo buscar justificaciones raras. Y además da cierto glamour, cuando nos invitan a la tele y van los astrólogos pues es fascinante, con esos ropajes, esas pelucas. En cambio, llega el astrónomo y te preguntan la distancia hasta Plutón en centímetros y te quedas calculando como el idiota que no tiene ya esa distancia sabida.

P. ¿Cuál es su astro favorito?

R. Me gusta el universo, el conjunto, esto que a ti te inquieta a mí también me fascina, pensar que sabemos tanto de algo tan vasto y que con este nuevo telescopio veremos hasta 13.000 millones de años luz de distancia, el nacimiento del universo.

P. Eso puede arrojar sorpresas. ¿Qué espera?

R. No sabemos, cuándo lanzaron el Hubble, organizamos un congreso en Atlanta para ver los resultados, y no salió hasta años más tarde y para cuando lo mandaron estaba desenfocado y de aquí a que lo arreglaron… Era miope, como yo. Se usó para ver los objetos cercanos, y ahora ha vivido tanto que ya está tomando puras imágenes bonitas para la gente que se pregunta. Esa es la despedida del Hubble.

P. Ahora veremos la primera luz del universo, el gran parto. ¿O solo son titulares?

R. Sí, son titulares. El universo surgió del vacío y se liberó energía. El 70% es energía y la luz es parte de ella. Después, del 30% restante, el 26% es materia oscura, una materia que genera gravedad pero no luz, no la absorbe, no la refleja, no la emite. Pero había luz antes. La primera luz. Hubo una época en la que el universo temprano se empezó a expandir, pero la luz rebotaba de un lugar a otro. Solo cuando el universo cumplió 380.000 años de vida se hizo transparente y la luz pudo viajar, así que es lo más antiguo que podemos ver. Antes, aunque hubiera un rayo de luz que quería decir estoy aquí, voy a llegar hasta ti, no podía salir. El universo entonces era de color rojo, como el sol más o menos, rojo y opaco."             (Entrevista a la astrónoma Julieta Fierro, Carmen Morán, El País, 03/01/22)

26/11/21

Manipulando deliberadamente algunas de las operaciones físicas y biológicas más básicas del planeta, los humanos estamos a punto de convertir un mundo que nos venía dado en un mundo construido por nosotros. Las tecnologías dominantes en esta nueva época cambiarán no solo el aspecto del planeta, sino también y sobre todo su funcionamiento. La naturaleza y los procesos que la conforman serán cada vez más algo diseñado por nosotros...

 "(...) Nadie puede negar que muchas e importantes transformaciones planetarias ya han tenido lugar. Pero hasta ahora, sin embargo, casi todos los impactos globales provocados por nuestra especie se han producido de forma no deliberada, inadvertidamente. 

Nadie había planeado contaminar con mercurio todas las calas de Alaska o permitir que sustancias químicas industriales penetrasen en la carne de las ballenas que nadan bajo el hielo del Ártico. Ni el calentamiento atmosférico atribuible a la quema de combustibles fósiles ni las extinciones masivas debidas a la destrucción de extensos hábitats han sido deliberadas. 

En todas las transformaciones que han tenido lugar hasta la fecha, los cambios globales estaban muy lejos de la mente de quienes los estaban perpetrando.

Pero de ahora en adelante las cosas serán diferentes. Una vez que nos hemos dado cuenta del carácter global de los daños que estamos infligiendo a la naturaleza, no tenemos otra opción que tomar las decisiones acerca de nuestras futuras acciones de un modo mucho más autoconsciente. Igual que el animal herido que hemos encontrado sufriendo en la cuneta, el planeta roto se ha convertido de pronto en nuestra responsabilidad. Ya no tenemos la alternativa de apartar la vista y pretender que no nos hemos dado cuenta de nada. La buena conciencia no nos lo permitirá.

En estos momentos, para colmo, la responsabilidad es especialmente grave. En el mismo momento en que estamos asumiendo esta carga moral, nuevas tecnologías hacen posible una transformación del mundo que nos rodea mucho más profunda que cualquiera que haya tenido lugar anteriormente. Algunas de las funciones más básicas de la Tierra –cómo se construye el ADN, cómo penetran en la atmósfera los rayos del Sol, cómo se forman los ecosistemas– estarán cada vez más determinadas por el diseño humano. Lo que solía ser el resultado no planificado de unos procesos naturales, será cada vez más el producto de nuestras decisiones conscientes. En el marco de la discusión sobre cómo será el futuro que vamos a habitar, el premio Nobel de química Paul Crutzen expresa de una manera contundente lo que nos espera: “Somos nosotros quienes decidimos qué es y qué será lo natural”.[3]

 La sustitución de los procesos naturales por los procesos sintéticos es el sello distintivo de lo que podríamos denominar la era del Plastoceno. La elección de este término no pretende sugerir un mundo lleno de plástico. Durante las próximas décadas la humanidad encontrará buenos motivos para alejarse de esta creación sintética particular. El término Plastoceno refleja el uso como adjetivo de la palabra plástico y alude a un planeta que se está volviendo cada vez más flexible y moldeable. La palabra Plastoceno apunta a un grado sin precedentes en la maleabilidad de la Tierra que están haciendo posible las nuevas tecnologías para aquellos que tengan los recursos para desarrollarlas e implementarlas.

Manipulando deliberadamente algunas de las operaciones físicas y biológicas más básicas del planeta, los humanos estamos a punto de convertir un mundo que nos venía dado en un mundo construido por nosotros. En el Plastoceno, el mundo será totalmente reconstruido, desde sus cimientos, por los biólogos moleculares y los ingenieros, lo que dará lugar al comienzo de la primera Era Sintética del planeta.[4]

La reconstrucción del planeta durante la Era Sintética no se limitará a una serie de cambios superficiales. Penetrará en lo más profundo del metabolismo de la Tierra. Las tecnologías dominantes en esta nueva época cambiarán no solo el aspecto del planeta, sino también y sobre todo su funcionamiento. La naturaleza y los procesos que la conforman serán cada vez más algo diseñado por nosotros.

Comprender el carácter de estas transformaciones es muy importante, porque tendremos que tomar decisiones cruciales. Los contornos exactos del camino a seguir todavía no están determinados. Hemos de decidir hasta qué punto queremos llegar en esta reconstrucción de la Tierra. Aunque un cierto nivel de gestión de los procesos naturales es ya inevitable, el Plastoceno puede todavía adoptar diversas formas en función de lo agresivamente que decidamos imponer nuestros diseños.

Según un enfoque, la nueva relación que vamos a establecer con la Tierra en la época que se avecina requerirá que rechacemos definitivamente la idea de dar un paso atrás y de tratar de disminuir nuestra huella en el planeta. Consistirá, al contrario, en una aceleración de la intervención humana en la naturaleza y en sus procesos. En vez de ejercer un impacto sobre la naturaleza de una manera irreflexiva y accidental, un Plastoceno “a tope” significa que le daremos forma deliberadamente, confiadamente, y en ocasiones implacablemente, siempre de acuerdo con las mejores habilidades de nuestros expertos técnicos. Nada estará fuera de límite.

 Otros se niegan a aceptar este elevado nivel de intervención y contemplan el amanecer de la nueva época como una oportunidad de hacer retroceder el dial de nuestra interferencia intrusiva. Aunque intensifiquemos nuestra gestión de la naturaleza en determinadas áreas, podemos implicarnos cada vez menos en otras. Eligiendo tratar determinados fragmentos de ADN como inviolables, por ejemplo, podríamos garantizar la protección de algunas porciones de lo que nos ha legado la evolución. Designando determinados paisajes como zonas enteramente vedadas, podríamos preservar algunos símbolos importantes de la independencia y del estado salvaje de la Tierra. Al mismo tiempo que alentamos el desarrollo de ciertas tecnologías a escala planetaria por razones humanitarias, podríamos contrarrestar otros aspectos de un mundo cada vez más sintético.

Con muchas de las preguntas acerca de la forma que tendrá esta Era Sintética aún por responder nos encontramos en un momento de transición crucial y tenemos una oportunidad fugaz de reflexionar mientras el planeta entra en un período diferente de su historia. En el mismo momento en que reconocemos finalmente la magnitud de nuestro impacto, mi sugerencia en las páginas de este libro es que el debate acerca de qué tipo de futuro deseamos todavía tiene que estar abierto durante un tiempo. En vez de asumir que la época que ahora se inicia tiene ya grabado de manera indeleble el nombre de nuestra especie, es preferible considerar que ocupamos un espacio de pensamiento breve pero importante. Invocando a Jano, el dios romano de las transiciones, que con una cara mira hacia el futuro y con otra hacia el pasado, este momento proporciona una ventana de oportunidad para examinar los impactos accidentales del pasado y para reflexionar meticulosamente sobre los impactos deliberados del futuro.

La reciente ola de populismo que recorre la política europea y norteamericana ha sido interpretada como significando que cada vez son más las personas que piensan que el control del futuro se les ha escapado de las manos. Tienen la sensación de que su vida está cada vez más en manos ajenas. Si no logramos comportarnos reflexivamente en este momento de transición, los contornos de la Era Sintética los determinarán efectivamente unos intereses económicos y unos expertos distantes. Las decisiones sobre hasta qué punto es preciso reconstruir la Tierra las tomarán una élite de expertos y el mercado, atraídos ambos por una determinada combinación de altruismo genuino y de la posibilidad de obtener nuevos beneficios de unas intervenciones cada vez más drásticas. En este caso, si nos dejamos arrastrar irreflexiblemente por unos intereses puramente comerciales hacia un Plastoceno a toda marcha, nos veremos abocados a un cambio trascendental. La Tierra y muchos de sus procesos fundamentales perderán su independencia respecto a nosotros, y en un sentido final y muy real nuestro entorno se verá privado de su carácter esencialmente natural. La biosfera quedará totalmente subsumida en la tecnosfera.

 Y esto tendrá consecuencias. Si le hacemos esto a la Tierra, nos lo estaremos haciendo de hecho a nosotros mismos.

Déjenme aclarar desde el principio que este libro no es un rechazo de las importantes áreas de investigación y descubrimiento en él descritas.[5]  Partiendo del nivel atómico y avanzando hacia la manipulación de la atmósfera en su conjunto, los capítulos que vienen a continuación tratan de manera elogiosa algunas de las poderosas tecnologías que están actualmente emergiendo. No cabe duda de que necesitaremos muchos de estos desarrollos para hacer frente a los impactos que está creando una población cada vez más urbanizada e industrializada. Dichas tecnologías permitirán a un número mayor de seres humanos vivir una vida mejor y con menos impactos negativos que ninguna de las tecnologías del pasado. Algunas de estas herramientas serán también esenciales para reparar los daños que ya le hemos causado al planeta. De un modo u otro, una determinada versión de la Era Sintética es algo inevitable.

 De todos modos, la inevitabilidad de algunas de estas transformaciones va acompañada de una advertencia aleccionadora. Entre las promesas de las tecnologías acechan algunas seducciones peligrosas. A menudo implican unas fantasías exageradas sobre la idea de control. Nos colocan en un rol de gestores planetarios para el que estamos poco preparados. Y disuelven un antiguo pacto acerca de la forma en que los humanos deberíamos aspirar a tratar el mundo que nos rodea.

La reconstrucción de la Tierra y de nosotros mismos que nos ofrece la Era Sintética tiene todo el aspecto de ser un arma de doble filo. Ciertamente producirá muchos beneficios, pero también tendrá un coste importante. En algunos casos, significará una visión nueva y feliz de salud y opulencia, y una exploración optimista de nuevos tipos de relaciones con nuestro entorno. En otros momentos creará un intento desesperado de aferrarnos a nuestra cordura en un mundo que se estará volviendo cada vez más irreconocible en comparación con el que habitábamos en el pasado. Nos encontraremos corriendo desenfrenadamente y con los ojos vendados por un terreno inestable e irregular.

Tenemos la garantía de que el futuro que habitaremos será diferente, pero la forma concreta que adoptará aún está por determinar. En un mundo justo, esta forma la decidirá unas elección popular racional y bien informada. Este es uno de los mensajes centrales que espero transmitir en lo que sigue. No son decisiones que puedan dejarse en manos de un grupo selecto. Al fin y al cabo, es mucho lo que se juega en ello nuestra especie."                   

(Introducción del libro de Christopher J. Preston La Era Sintética. El Viejo Topo, 20/06/21)

31/1/13

El genetista George Church plantea resucitar al neandertal, la otra especie humana e inteligente, y formar una colonia de individuos. Éramos pocos...

Recreación de un hombre de Neandertal por el fotógrafo Graham Ford

 "El genetista de Harvard George Church, que ha inventado el marketing genético al escribir en una molécula de ADN su propio libro —Regénesis: cómo la bilogía sintética va a reinventar la naturaleza y a nosotros mismos—, ha propuesto no ya resucitar a un neandertal, sino a toda una cuadrilla de ellos (ver entrevista adjunta).

Y entre los científicos que consideran técnicamente factible la resurrección de los neandertales —si no ahora mismo, sí en el plazo de sus vidas— milita nada menos que Svante Pääbo, jefe de genética del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, líder indiscutible de la paleogenética, o recuperación de ADN antiguo a partir de huesos fósiles, y máximo artífice de un reto científico que se consideraba imposible hace solo unos años: el genoma neandertal, la lectura de la secuencia (tgtaagc…) de los más de 3.000 millones de bases, o letras químicas del ADN, que portaban en el núcleo de cada una de sus células aquellos homínidos que dominaron Europa durante cientos de miles de años y hoy duermen el sueño fosilizado de los justos. (...)

 Tratemos provisionalmente de pasar por alto los problemas técnicos, algunos muy relevantes, para preguntarnos: una vez que sepamos resucitar al neandertal, ¿deberemos hacerlo? 

Ante este dilema moral caben dos clases de respuestas, la de los sabios cínicos —lo que puede hacerse acaba haciéndose— y la de los sabios de la realpolitik, que intentan prever escenarios y minimizar daños por si los cínicos acaban teniendo razón, que es lo habitual.

¿Por qué resucitar al neandertal? ¿Y por qué no hacerlo? ¿Cuáles son los riesgos, cuántas las ventanas abiertas, cuáles las oportunidades de negocio? Lo digo en serio: imaginen que un economista neandertal nos saca de la crisis. (...)

Cabe imaginar, de hecho, una postura ética que defienda no ya nuestro derecho, sino incluso nuestro deber de recuperar a la especie. Después de 300.000 años campando a sus anchas por Europa, los neandertales empezaron a replegarse hacia el oeste en sospechosa coincidencia —dentro de los geológicos márgenes de error de la paleontología— con la llegada por el este de nuestra especie, el Homo sapiens, el último invento de la evolución de los homínidos en la Madre África.

El repliegue hacia el oeste de los neandertales no fue flor de un día —se prolongó por 10.000 años y se salpicó de ocasionales intercambios, y no solo comerciales—, pero fue consistente e implacable. 

Hasta el extremo de que los neandertales se extinguieron en Gibraltar, la última reserva occidental que se había librado de nuestro acoso. La irreductible aldea del hombre antiguo. El registro fósil no nos deja muy bien parados, y clonar al neandertal se puede interpretar como nuestro humilde resarcimiento por haber causado su extinción. (...)

El neandertal podría morir en cualquier momento de su desarrollo embrionario o fetal o, peor aún, nacer con horribles malformaciones y grandes penalidades. O quizá naciera bien pero luego resultara ser un miserable, un psicópata, un impertinente. Aun si todo lo anterior va bien, ¿cómo sería el humor de un neandertal? No me digan que contaría chistes de Gibraltar.  (...)

Pero el neandertal va mucho más allá de un dinosaurio, porque ahora hablamos de una especie humana, inteligente —su capacidad craneal era mayor que la nuestra— y lo bastante sensible como para cuidar de sus enfermos y enterrar a sus muertos. Exhibirlos en un parque de atracciones no parece una opción, ni encerrarlos en una jaula."      (El País, 23/01/2013)



" En una entrevista de Der Spiegel, el experto en biología sintética George Church, de la Universidad de Harvard, explica cómo el ADN se convertirá en el material de construcción del futuro, capaz de crear seres humanos resistentes a los virus y posiblemente resucitar especies desaparecidas como el hombre de Neandertal. (...)

P. Hablemos entonces de los posibles beneficios de un neandertal en este mundo.

R. Bueno, puede que los neandertales piensen de manera diferente a como lo hacemos nosotros. Sabemos que tenían un tamaño craneal mayor. Incluso podrían ser más inteligentes que nosotros. Llegado el momento de enfrentarse a una epidemia o escapar del planeta o lo que sea, cabe la posibilidad de que su modo de pensar pudiera resultar beneficioso.

P. ¿Cómo debemos imaginarnos eso: usted cría a los neandertales en un laboratorio, les pide que resuelvan problemas y de ese modo estudia su manera de pensar?
 
R. No, sin duda habría que crear una cohorte, para que así tuviesen algún sentido de la identidad. Incluso podrían crear una nueva cultura neoneandertal y convertirse en una fuerza política.

P. ¿No sería éticamente problemático crear a un neandertal solo por satisfacer la curiosidad científica?

R. Bueno, puede que la curiosidad forme parte de ello, pero no es la fuerza impulsora más importante. El principal objetivo es incrementar la diversidad. Lo que es malo para la sociedad es que haya poca diversidad. 

Esto es así para la cultura y la evolución, para las especies y también para las sociedades en general. Si uno se convierte en una monocultura, corre un gran riesgo de perecer. Por tanto, la recreación de los neandertales sería principalmente una forma de evitar riesgos sociales.

P. Dejando a un lado todas las dudas éticas, ¿cree que es técnicamente posible reproducir a un neandertal?

R. Lo primero que hay que hacer es secuenciar el genoma del hombre de Neandertal, y eso ya se ha hecho. El siguiente paso sería cortar este genoma en, por ejemplo, 10.000 trozos y luego sintetizarlos. Finalmente, se introducirían estos trozos en una célula madre humana. 

Si lo hacemos con la frecuencia suficiente, generaríamos una línea de células madre que se acercaría cada vez más a la secuencia correspondiente del neandertal. En mi laboratorio hemos desarrollado el procedimiento semiautomático necesario para hacerlo. Finalmente, unimos todos los trozos en una célula madre humana, lo que al final nos permitiría crear un clon neandertal.

P. Y las madres de alquiler serían humanas, ¿verdad? En su libro escribe que una “mujer humana extremadamente audaz” podría servir de madre de alquiler.

R. Sí. Sin embargo, el requisito previo sería, por supuesto, que la clonación humana fuese aceptable para la sociedad."       (El País, 22/01/2013)