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1/3/19

Mecano, ¿fraude o genio? Más allá de la honestidad de sus fines, la capacidad de Mecano para trascender géneros estaba en sintonía con genios como ABBA, donde el fin último era tan subjetivo como vibrante: moldear la canción pop perfecta...




"La progresiva reevaluación crítica de la trayectoria discográfica de Mecano, iniciada el día en que la revista Rockdelux incluyó Entre el cielo y el suelo (1986) como el 92 de los 100 mejores discos nacionales del siglo XX, invita a una reflexión sobre el valor de su legado artístico, más allá de la desorbitante cifra de ventas que cosecharon durante la segunda mitad de los años 80. 

No en vano, entre el álbum anteriormente mencionado y el archiconocido Descanso dominical (1988), llegaron a superar los dos millones, convirtiéndose en el grupo más exitoso en la historia del pop español.

Al plantear estos dos álbumes como la cúspide comercial y creativa de Mecano, siempre surgen las voces que recurren a su primera etapa como la más provechosa, rechazando la segunda por confundir pretencioso con ambiciones más cercanas al aura atemporal de los años 70 que a la aparente fugacidad de los new romantics

En sus comienzos, Mecano fueron adalides del synthpop de principios de los años 80. De su primer elepé, Mecano (1982), la periodista Grace Morales, colaboradora de El Salto , llegó a decir en su fabuloso ensayo Mecano 82 (Lengua de Trapo, 2013), que ““Hoy no me puedo levantar” sigue siendo muy significativo de los Mecano jóvenes, cuya única duda existencial era la indolencia y la apatía, signo de una generación de españoles”.

De interpretación bipolar, lo cierto es que el vacío existencial aludido se filtra bajo la apariencia moñas de canciones como “No me enseñen la lección” y “Perdido en mi habitación”, cuyos paralelismos se acercan más a los retratos de aparente frivolidad que remiten al John Foxx de los primeros 80 que a la algarabía juvenil de los Depeche Mode adolescentes. Cortes que, libres de maquillaje ochentero (o quizás por eso mismo), hoy en día siguen siendo tan representativos como lo fueron en su momento.

Aquellos primeros años de Mecano incluyen un ramillete de creaciones repletas de caras, como la fantasiosa “Barco a Venus” o el tecno pop antártico de “El amante de fuego”, la cual interpretaron el 17 de enero de 1984 en Tocata, bajo un escenario macabro, digno de una actuación de Soft Cell en su etapa de The Art of the Falling Apart (1983).

Tanto “Barco a Venus” como “El amante de fuego” definen la ambivalencia de una banda que jugaba con el estereotipo de la superficialidad, pero que en el fondo escondía intenciones repletas de aristas. De hecho, los hermanos Cano contaban con ansias proggys en sus gustos musicales, y únicamente contemplaban la vía synthpop como forma más fácil de alcanzar el éxito. Más allá de la honestidad de sus fines, su capacidad de trascender géneros estaba en sintonía con genios como ABBA, donde el fin último era tan subjetivo como vibrante: moldear la canción pop perfecta.





Pese a quien pese, Mecano invadieron el círculo de la excelencia en varias ocasiones. Y lo consiguieron empatizando desde esa extraña forma de cantar en primera persona del masculino de Ana Torroja que tanto extrañaba a Carmen Santonja: “Siempre nos ha chocado en Mecano que una mujer cantara como si fuera un hombre...”.

Precisamente, con la explosión comercial de Mecano, Jose María Cano dejó aflorar la inspiración de Vainica Doble en composiciones de poso clásico, tipo “Me cuesta tanto olvidarte”, aunque también a través de su gusto para jugar con géneros musicales prohibidos para el pop, caso de la marcha fúnebre integrada en “No es serio este cementerio”.

Siempre salvando las distancias, al igual que Vainica Doble con sus repetidas referencias literarias cervantinas y al Siglo de Oro, Mecano tradujeron lo culto en materia pop para todos los públicos. Como en “Héroes de la Antártida”, donde transforman en delicatessen pop el capítulo dedicado en Momentos estelares de la humanidad (1927), de Stefan Zweig, a la expedición realizada al Polo Sur en 1912.

Desde un prisma de más actualidad, no se cortaban a la hora de abordar temas como el sida con desigual fortuna, ya fuera desde la lucidez del “Fallo positivo” o la ciertamente fallida “Una rosa es una rosa”. Siguiendo esta línea de acción, no deja de ser tremendamente revelador tocar un tema como el lesbianismo en pleno 1988, así como hicieron en “Mujer contra mujer”, y traducirlo en un éxito incontestable, incluso traspasando fronteras hasta países vecinos como Francia e Italia.





 A partir de Entre el cielo y el suelo, el tránsito entre fábula, costumbrismo y crítica social se impregnó en un cancionero que, a pesar de los brotes épicos recurrentes a toda producción encaminada a las zonas regias de las listas, germinó en frutos exóticos dilapidados a lo largo de los años por la crítica especializada de este país. 

En aquellos tiempos de límites definidos entre mainstream y música independiente, que un álbum superase el millón de ventas era una invitación directa al pozo de los prejuicios. A mayores, contaban con el odio tatuado en la frente de todo fan de Alaska y Dinarama, con quienes se produjo una brecha, más motivada por términos estéticos que musicales, amparada en una realidad: la grandilocuencia kitsch de los Berlanga y compañía contra la ausencia de carisma que desprendían Nacho, Jose y Ana.

En una época donde ser fan de un grupo de estrellas del pop estaba dictaminado por la herencia del “Beatles o Stones”, Mecano y Alaska partieron a la juventud española en dos. Si bien es cierto que Alaska solo tuvieron más popularidad que Mecano en la época de Deseo carnal (1984), su eco en las siguientes generaciones fue instantáneo. Decir que te gustaban resultaba hasta cool. Sin embargo, con Mecano ocurrió como con los votantes del PP: son millones, pero pocos lo reconocen. Dicha omisión es perfectamente aplicable a la gran cantidad de músicos que han bebido de su fuente, pero no lo expresan.

El paso del tiempo ha ido cambiando esta dinámica, apoyada por las comparaciones que surgían de medir méritos con supuestos sucesores tan inofensivos como La Oreja de Van Gogh y Alejandro Sanz.





Desde la orilla de sus herederos reales, hace años que figuras del indie nacional como Joe Crepúsculo, La Casa Azul o Meteosat no han dejado de enunciar las virtudes de un grupo que, en palabras de Guille Mostaza para Mecano 82, “no tiene una actitud atractiva, vamos, que no tiene actitud de nada, y eso hay gente a la que le molesta tanto como a otros les gusta.

 Esas cosas propician el éxito masivo, ya que tanta neutralidad hace que a nadie le parezcan excesivamente raros o freaks. Era un grupo que se preocupaba en hacer las mejores canciones posibles y ya está. De hecho, siempre he considerado tanto su lírica como su estética algo torpe, pero a nivel compositivo son de lo mejorcito que ha dado el país (...) Hay dos cosas que me marcaron mucho: el uso de los sintetizadores y la fonética”.

Alabanzas como las de Guille arman de razones a quienes la distancia del tiempo ha permitido ahogar prejuicios a la hora de decantarse por la segunda opción de la pregunta implícita ante la mera enunciación de la palabra “Mecano”: ¿fraude o genio? Parafraseando a mi editor en El Salto, Jose Durán Rodríguez, para fraude el de Ana Torroja con Hacienda."                  (Marcos Gendre, El Salto, 15/02/19)

19/10/17

“El flamenco es llorar con un ojo y reír con el otro”

"Silvia Cruz Lapeña (Barcelona, 1978) escribe por todos los palos y siempre remata por cabales, ese palo que abre pétalos en medio del invierno de la seguiriya. 

Quien lea a Cruz y no la conozca en persona, como es el caso, pensará que tiene el iris partido, en dos colores: su capacidad para captar los matices y las contradicciones de lo que observa la convierten en la cronista más original del flamenco actual. Escribe como baila Rocío Molina, sin exotismos fáciles y rechazando las fronteras expresivas sin que eso convierta sus textos en impostura. 

Molina consigue que sepa jonda una falda de plástico; Cruz desprende jondura hasta cuando habla de cifras de desempleo. El título de su libro Crónica Jonda es una declaración de intenciones, porque lo flamenco no es solo una música sino un paisaje que lo integra todo.

 Es un cuaderno de viajes, la cara B de lo que iba viviendo a través de su trabajo durante un año, 2014, que fijó en el calendario una de las fechas más imborrables del género: la muerte de Paco de Lucía. Es un relato vivencial, en primera persona. La autora habla de música, de periodismo, de sanidad, de vejez, de historia.

 Aplica al flamenco esa observación participante de la que hablaban los antropólogos. Gracias a ese empeño por estar describe a los personajes de cada historia con un pulso de novelista ruso. El frío de más allá de los Urales mezclado con el calor mediterráneo: de nuevo, la contradicción.

Cuando cuenta por qué le atrae el flamenco recuerda aquellas palabras de Manuel Alcántara sobre el boxeo: “No es porque me guste, es porque me interroga”. ¿Qué le pregunta el flamenco?

De todo y todo el rato. Me pone todo en cuestión. Cuando entré en este mundillo de la prensa flamenca, cosas que tenía contestadas de mi oficio y que tenía muy claras, se me vuelven a poner en tela de juicio. 

No es porque sea peor, normalmente se dice que es un mundo cerrado, pero no, mundos cerrados hay en todos los sitios; el tema es que es más pequeño y nos conocemos casi todos, destaca mucho tanto lo bueno como lo malo. Somos muy apasionados en lo positivo y en lo negativo: cada discusión es un Vietnam. (...)

¿Empezó a tomar contacto con el flamenco a los 14 años?

Más pequeña. Vivía todavía en Córdoba y leía el periódico con Rafa, el camarero del bar donde desayunaba. Él era cantaor e íbamos a las peñas; ya tenía contacto con la parte artística, pero no con la lectura. Además, no pensaba que eso se pudiera leer. Entonces empiezo a leer cosas y descubro que hay literatura también. 

En mi casa eso no estaba, lo encontré en la calle por azar. Pero no he encontrado resistencias, he encontrado, eso sí, la sorpresa de que donde menos te lo esperas surge una discusión. A veces temes estar haciendo un planteamiento un poco arriesgado y crees que lo pondrán en duda, pero nunca es por ahí, siempre es por donde menos te lo esperas. Y se montan unos cipotesmonumentales [ríe]. (...)

Sobre adolescencias… Dice que el flamenco no es un género viejo, sino adolescente, pero que tiene unos padres muy severos.

El flamenco ha tenido su línea, unas determinadas directrices con guardianes de esencias; esos para mí son los padres. Esa frase, a ver si la digo bien: “Lo malo no era Mairena sino los mairenistas”. Los padres a los que me refiero son los que se han dedicado a proteger, y hablar y dialogar con eso es muy difícil, uno se siente adolescente, y yo no soy artista, pero me hacen sentir como que estoy teniéndome que revelar todo el rato. 

Y eso le pasa a determinados artistas, como que todo el rato se tenga que dar explicaciones de por qué Dorantes toca con Renaud García-Fons. ¿Por qué va a ser? Porque es uno de los mejores músicos de Europa si no del mundo. También te digo que a veces es un fantasma, no una persona concreta, es esa entelequia a la que nos enfrentamos y por la que uno mismo dice, uy, voy a escribir esto y ya verás. Eso son los padres.

El periodista Luc Sante en un artículo sobre los orígenes del blues contradice esa idea de que esa música es primordialmente la expresión de la tragedia de un pueblo: decía que era imposible que hubiera prosperado y evolucionado si sólo había en ella una motivación trágica. ¿Eso pasa también en el flamenco?

Sí. En el capítulo de Bobote [palmero] cuento que se había muerto el Eléctrico, que era su pareja artística desde que tenían doce años. Es muy triste, y lo que él hace es cantarme por bulerías, hacerme el compás.

 Decía baila, baila, y yo estaba a punto de llorar y le decía que no sabía, que bailara él porque yo quería verlo para poder contarlo [“sin dejar de hacer palmas y haciendo como que olvidaba y tenía ganas de guasa”, se lee en el libro]. Y es eso, el flamenco me interroga porque es pura contradicción, es llorar con un ojo y reír con el otro. Me encanta esa contradicción, si no, no sería periodista, a lo mejor sería física.

Hay historias de mitos del flamenco que han corrido como la pólvora, anécdotas que todos asumimos sin cuestionar su veracidad, pero ¿hasta qué punto podemos fiarnos de lo que se cuenta de los antiguos?

Esa es otra de las cosas que quiero reclamar en el libro. Dedico un capítulo a Cristina Cruces. Para mí era un deber por el trabajo académico que hace. Pensar que porque es académico es frío o tiene menos verdad flamenca me parece muy injusto, y un desastre. También cito el trabajo de David Pérez Merinero y Montse Madridejos sobre Carmen Amaya. 

Me parece muy importante porque es una manera de deshacer tópicos. Por ejemplo, cuando Bohórquez descubre lo de Fernando el de Triana, que no era gitano ni era de Triana, dices qué arte Dios mío, vaya operación de marketing. Y no pasa nada, no pierde ningún encanto. Hay que escuchar a esta gente y darle más voz y más eco, y ser rigurosos con eso.

 En esto los periodistas también hemos hecho mal trabajo, nos hemos arrimado al flamenco para perpetuar el baila pa’ reventar y que Agujetas era un paleolítico. A mí no me podría gustar más Agujetas y todo lo que representaba, pero hay cosas que no me gustaban y no le gustaban a otra gente y quedaban ocultas tras eso de paleolítico.

 No, este es un señor que se saltaba la ley si hacía falta. Nosotros hemos contribuido a engordar el velo y eso ha dejado a mucha gente fuera. A veces nos ven y dicen: ya están estos con la sangre, con la pasión, con su rollo, y no, creo que como periodistas sí hay ahí una labor que podemos hacer. Y contradecir, que se puede contradecir a las fuentes por muy expertas que sean, pero con trabajo, y a veces, también hay que decirlo, no nos lo pagan.

¿Cuál es el motivo de esa falta de rigor que a veces se ha seguido? ¿Comodidad, miedo a rascar en los mitos?

Yo pregunté por Facebook para que me dieran información, pero también buscando el tema. Pregunté que por qué no hay una biografía de la Paquera de Jerez. ¿Alguien se lo puede creer? Y me decían que había algún libro, pero no eran biografías. Hacer una lista de momentos estelares y un calendario con fechas clave en su vida no es una biografía. 

No hay cuando Jerez se llena la boca con ella, como debe ser por otra parte. Que no se dedique una persona a ello y entrar en todos los aspectos del personaje sin temor y sin problemas haciéndose con respeto. Eso para mí es un preguntón. La biografía de Camarón de Francisco Perejil es muy digna porque están claras la mirada y la intención de quien está viendo al personaje, y así está claro que no va a ser un reguero de babas.

 Hay una intención de retratar al personaje y está escrita con pasión... Pero si todavía estamos escuchando que Camarón estaba malito cuando estaba con el mono; todavía no se puede hablar con cierta tranquilidad, y eso no le quita ni un ápice de su valor."              (Entrevista a Silvia Cruz, Esteban Ordóñez  , CTXT, 10/10/17)

16/6/15

"El flamenco alcanza su máxima entidad cuando nos emociona"... el flamenco es una experiencia

"(...) ¿Cómo definiría el arte flamenco?


No tengo capacidad para definir el arte flamenco. Nunca lo he intentado. Siempre he dicho que no es una ciencia; si acaso, una experiencia. Creo que el flamenco alcanza su auténtica entidad cuando nos emociona, cuando nos sugiere otra dimensión de las cosas, cuando nos conmueve y nos abre el corazón a mundos desconocidos. 

En definitiva, cuando su poder de transmisión adquiere todo su vigor y nos descubre algo que nos hace crecer espiritualmente.
El cante flamenco surge como un quejío de las clases populares, y a la vez como una expresión que ayuda a superar ciertas condiciones de vida. Como dijera el recientemente fallecido Manuel Molina, en Triana se cantaba flamenco porque el mejor remedio para combatir la tristeza es la alegría. 
¿Qué ha supuesto para el flamenco pasar de ser casi un gueto a ser declarado por la UNESCO Patrimonio Inmaterial de la Humanidad?
(...)  El flamenco es patrimonio mundial porque desde el siglo XIX hasta ahora los grandes artistas flamencos han triunfado en los más renombrados escenarios del mundo y es un arte que desde siempre ha tenido un inmenso prestigio internacional, alabado y valorado desde hace más de doscientos años por grandes músicos, escritores, pintores, directores y actores de cine, pensadores y hombres y mujeres de la cultura de todos los países.
También ha pasado de estar localizado casi en exclusiva en Andalucía a hacerse mucho más universal, habiendo experimentado una expansión asombrosa. Incluso han venido personas japonesas a estudiar y a interesarse por el fenómeno del flamenco.

Un solo dato: Todos los años en el Festival de Jerez, que es el más influyente acontecimiento de danza flamenca del mundo, se inscriben 1000 alumnos de 50 países distintos para asistir a los cursos de baile, que, por cierto, imparten conocidos bailaores y bailaoras.

Usted ha conocido a los artistas de antes y conoce a los de ahora, ¿cómo ha evolucionado el arte flamenco?

El arte flamenco es un elemento vivo y cambiante. Es una vieja tradición en continuo proceso evolutivo. Cada artista flamenco es un mundo, particular y diferente, que interpreta el flamenco según su actitud, su sensibilidad, sus necesidades expresivas, sus conocimientos, sus experiencias y capacidades. Pero la grandeza es que una seguiriya en boca de Terremoto es muy distinta a la de, por ejemplo, Chocolate, Morente, Vicente Soto, Poveda o Marina Heredia. 

Es una característica del flamenco: su particularidad, que es donde reside su riqueza musical y expresiva. Hoy en día existe un mayor desarrollo en las técnicas guitarrísticas y dancísticas y una mayor información en cuanto a los cantes y los estilos.

Entre los artístas flamencos hay familias enteras, sagas en las que se trasmite, ¿destacaría alguna?

Tradicionalmente, el flamenco ha bebido de las casas cantaoras. Esas casas constituyen la fuente y las referencias vivas donde se apoya el flamenco para su desarrollo. Hoy tenemos, por ejemplo, los Sordera, los Zambo, los Morao, todos ellos de Jerez; los Peña, de Lebrija y Utrera; los Fernández, de Triana; los Heredia, de Granada; los Piñana, de Murcia…

La trasmisión de padres a hijos, por familias o en barrios, era oral, porque no había discos, pero ahora es distinto, se aprende escuchando discos, ¿qué ha supuesto ese cambio?

Han mejorado los sistemas de información. Hay más facilidad para adquirir unos conocimientos que antes había que buscarlos por otros medios. (...)"         (Entrevista a José María Velázquez-Gaztelu, Diagonal, 03/06/2015)

25/10/11

El placer de la música

"Estudió psicología experimental y utilizó los métodos de la psicología para comprender qué es la música, de dónde viene y por qué existe. Cuestiones transcendentales que la mayoría de las personas ignoran porque se limitan a sentirla y disfrutarla. Pero Zatorre le confiere al tema un halo científico.
De entrada aclara: "Me interesa especialmente el estudio de la corteza auditiva, porque es una de las áreas que mayormente distinguen a los humanos de otras especies. Por eso me interesé por la música como vehículo para entender mecanismos básicos del cerebro, porque además toca casi todas las funciones neuronales (motoras, emotivas, memoria...)".   (...)

No tarda en hablar de música y emociones. La mayoría de la gente escucha música, y si se les pregunta el porqué darán una respuesta que tiene que ver con las emociones; les gusta, les hace sentir bien, les traen recuerdos... "Lo importante es que ayuda a comprender qué ocurre en el cerebro; y lo interesante de la música es que es un estímulo que provoca placer pero el desencadenante no es biológico [como por ejemplo la sexualidad] sino mental", asegura. (...)

"si la música no fuera placentera no existiría", la pregunta es porqué es placentera. "Sabemos cómo funciona la música dentro del sistema nervioso y que lo hace igual que otras sustancias químicas [drogas, fármacos], lo que no sabemos es ni el porqué ni el cómo", concluye."        (ROBERT ZATORRE: "Si la música no fuera placentera no existiría". El País, 13/10/2011, última)

14/3/11

"¿Nos hace falta coraje?... vivo en América desde hace años... Y sí, hace falta coraje, mirar hacia delante"

"P. Y sobre el título del disco, ¿nos hace falta coraje?

R. Hago letras también para el mundo occidental, vivo en América desde hace años, y ya entiendo sus problemáticas. Y sí, hace falta coraje, mirar hacia delante.

P. Sus actuaciones son un espectáculo de fuerza, pero ¿por qué cierra los ojos cuando toca? ¿En qué piensa?

R. Créame, cuando toco solo pienso en la parte siguiente. No me importa nada más. Soy feliz entonces. Es una sensación especial que no le puedo explicar. Puede que estés triste, pero al coger la kora todo se pasa. Hay maneras de tocar música pero tienes que sonar propio, genuino, si no tocas bien tu instrumento, si no eres un maestro, no vale, no eres músico.

P. Y la voz, ¿no cuenta?

R. La voz es otra cosa. Un instrumento tiene que ver con la energía y con el alma. La voz no tiene músculo, no tiene que ver tanto con la energía." (MAMADOU DIABATÉ : "En el mundo occidental hace falta coraje". El Pais, 13/03/2011, p. 46)

24/2/11

"La música es filosofía y deporte"

"P. Abrió la temporada de La Scala con Wagner. Y le defendió, una vez más, pese al rechazo que genera en Israel...

R. Wagner fue usado por los nazis como un profeta. Pero hay gente que dice que le odia sin haber oído una nota. Es el problema que existe entre los hechos y la percepción. Fue un genio y un gran compositor abusado por lo que decía.

P. ¿Se puede separar la ética y la estética del creador?

R. No se debería. Pero la música tiene un lado magnífico que permite olvidar muchas cosas. Una bestia como Hitler se emocionaba bañado en lágrimas con el Lohengrin en Bayreuth. ¿Cómo alguien con esa sensibilidad puede tener la crueldad de matar a tanta gente? La única forma de combatir esto es con más educación musical.

¿Cómo se va a entender el asunto de la ética y la estética sin el menor contacto con ella? Parece que la música esté fuera de la existencia, cuando es todo lo contrario: es una expresión del alma humana. Y además, es algo físico. La música es como hacer filosofía y deporte al mismo tiempo.

Recortes económicos como los de Italia vienen porque la cultura no es importante para un número suficiente de ciudadanos. Sería más económico invertir en educación que tener que pagar millones para subvencionar teatros y orquestas.

P. ¿Por esa falta de educación musical no existen orquestas de primer nivel en España?

R. No conozco bien las orquestas españolas. Pero le puedo decir que Europa está llena de músicos españoles de primerísimo nivel. A esos hay que traerlos aquí.

P. ¿Qué lugar ocupa la música en la cultura hoy?

R. Es una torre de marfil.

P. ¿Por qué? No hace tanto que la música ocupaba el centro de la revolución cultural.

R. Se olvidaron de educar a la gente.

P. ¿No será que el discurso musical ha perdido la capacidad de hablar del presente?

R. Yo toqué el domingo un recital todo de Schubert, sonatas de 1826 y 1828, el año en que murió. ¡Pero son contemporáneas! La música solo existe en el momento en que se ejecuta y se oye. La gente no vivió el concierto como un acto del pasado, sino como algo que tiene lugar en el presente. Y eso es lo más importante.

El ser humano ha hecho que el mundo cambie, pero él no ha cambiado. Hay gente curiosa, gente inteligente, gente estúpida, gente que ama, otra celosa... Lo que ha cambiado es el ambiente y el mundo exterior. Pero es un círculo: si hubiese más educación, no se habría perdido el contacto entre la música que se escribe hoy y el público.

Y la prueba es que muchos intérpretes que viajan en avión y tienen todo a disposición, viven en el mundo artístico que terminó hace 100 años.

P. La media de edad de los asistentes a conciertos y óperas es de 49 años. Debería bajar.

R. Siempre ha existido ese problema. Yo toqué mi primer concierto en agosto del 1950, y el público ya era así. Si queremos ver más gente joven tenemos que dar el paso y no esperar a que el otro venga a ti.

P. El domingo, en Madrid, actuó como solista. ¿Qué diferencia hay con dirigir a una orquesta? ¿Cuándo se siente menos solo?

R. El piano te da un contacto físico con el sonido. Hay un placer sensual y digital. El director no produce el sonido, lo hace la orquesta. Es una tontería decir que uno es un buen director o que tiene una buena orquesta solo porque esta sabe seguirle.

La gran música solo se produce cuando el director es capaz de animarles y convencerles de que todos piensen de la misma manera.

P. ¿Y cómo logra convencer a tantos egos reunidos?

R. Ja, ja, ja. La dirección es una profesión. Muchos solistas han tenido malas experiencias con malos directores y piensan que como son buenos músicos pueden dirigir las orquestas desde el piano o el violín. Mentira. Eso no es tocar y dirigir al mismo tiempo: es tocar sin director. Aunque a veces sea mejor eso que un director malo.

Esta profesión se basa en saber como funciona el fenómeno del sonido. Y el sonido no existe, lo traemos. ¿Qué quedó de las sonatas que toqué ayer? Nada. El sonido es algo físico que permite transmitir el mensaje espiritual de la música.

Esto, y muchas otras cosas, hay que recordárselo continuamente a los músicos. Pasar el mensaje con el gesto, con la mirada, con la palabra." (DANIEL BARENBOIM: "La música es filosofía y deporte". El País, 23/02/2011, p. 36)

3/11/10

"Aquí (en el jazz) no hay emociones de contrachapado"

"Pregunta. ¿Diría que tocar el saxofón es su emoción favorita?

Respuesta. No hay nada de lo que esté más seguro. Y créame, lo sé hace nada menos que 72 años. Tenía ocho cuando vi un saxo por primera vez y sigo tocando con la misma pasión y el mismo entusiasmo. El día que acerté dos notas seguidas tuve claro que había nacido para esto.

P. ¿Qué sintió al ver por primera vez uno de esos trozos de metal dorado?

R. Era de un amigo de mi madre. Lo tenía bajo la cama. Entonces las cosas importantes se guardaban bajo la cama. Era un saxofón precioso, metido en una caja de terciopelo. Había visto instrumentos en fotografías centelleantes sobre la chimenea de las casas de los amigos de mis padres. Pero la emoción real lo superó todo.

P. ¿Siempre supo que tocaría el tenor?

R. Empecé con el alto, luego escuché a Coleman Hawkins y se acabó la discusión. Caí rendido a aquel sonido tan profundo, intrincado y colorido. (...)

P. ¿Qué problema tuvo siempre con el piano? Lo eliminó de su ecuación en 1957, en sus legendarias sesiones en el Village Vanguard.

R. El piano es demasiado determinante armónicamente. Me gusta saber hacia dónde se dirige la música y conducirla yo. (...)

P. ¿Se acostumbra uno con la edad a la regularidad con la que la muerte se presenta?

R. No creo en la muerte como algo malo. He compartido escenario con Monk, con Coltrane, con Miles... todos han muerto. Es el modo en el que funcionan las cosas, no merece la pena darle más vueltas. (...)

P. ¿Sintió en algún momento que competía con alguno de sus pares?

R. La gente decía 'Sonny está tocando mejor que Coltrane' y cosas así. Luego te haces mayor y te das cuenta de que solo un estúpido de remate deja de escuchar a Johnny Hodges al descubrir a Charlie Parker. Es una cuestión de madurez, el único antídoto contra la tontería. Esto no es pop, hijo, esto es jazz, es música de verdad, no hay emociones de contrachapado, las cosas suceden, la gente se hace daño, ríe y llora todo el rato.

P. ¿Considera el jazz una música culta?

R. Hay quien ve mi arte como algo complicado, a mí me resulta sencillo. Es difícil poner la música en palabras, pero yo la describiría con una escena. Tengo 10 años, estoy practicando en casa, es domingo, el resto de los chicos juegan en la calle, roban en las tiendas...

Llevo 10 horas en un rapto de conciencia. Toco y toco. Llega mi madre y dice: 'Sonny, cariño, es la hora de cenar, así que haz el favor'. Eso es la música para mí, algo que me hace olvidar que tengo que alimentarme para sobrevivir. (...)

P. Su última actuación en Nueva York ha adquirido ya la categoría de histórica.

R. Fue una noche genial, pero no estuve a la altura. El perfeccionismo es la madre de todas las fuentes de insatisfacción... Los Virgo somos así. No quiero llegar a la meta, me conformo con el camino. Si no creyese que puedo ser mejor cada día, ¿para qué demonios iba a despertarme?

P. Usted es ese célebre saxofonista que se retiró en 1959, en el pico de su carrera, porque se estaba defraudando a sí mismo.

R. Fue la mejor decisión de mi vida. Llevo a gala escuchar a mi voz interior. Esa voz no estaba afinada.

P. Y de todos los puentes de Nueva York, ¿por qué escogió el de Williamsburg para practicar sin que nadie lo viese?

R. Estaba cerca de casa. Subía al puente y tocaba y tocaba para los oficinistas que volvían de Manhattan derrotados, frustrados y borrachos después de unas copas al salir del trabajo.

P. Pasaría frío...

R. Cuando hacía frío de verdad, bajaba a una licorería de chinos del Lower East Side y me subía una botella de brandy... Los oficinistas, el brandy, el rumor del río... ¿Qué más podía pedirse en este mundo? Por lo que a mí respectaba, absolutamente nada.

P. Si volviera a nacer, ¿cambiaría algo?

R. ¡Claro! He cometido un montón de estupideces. Pero, ¿sabe qué? Acabo de cumplir 80 años y estoy empezando a dejar de sentirme ignorante." (SONNY ROLLINS: "Aquí no hay emociones de contrachapado". El País, 31/10/2010, p. 40)

3/3/10

"Hay que evangelizar con la música"

"Ese peso, esa herencia se nota cuando abordan la Segunda sinfonía de Brahms como lo hicieron el martes en Madrid. Aunque se apreciaba también una tensión rejuvenecedora, un chorro de aire fresco, como si alguien la hubiese compuesto ayer. "Tenemos que pensar constantemente en cómo hacer de la música del pasado algo presente, actual", afirma Rattle. "Bruno Walter ya lo advertía: 'Cuidado con buscar la emoción recordada, recuperada. No es real. Hay que tender a crear una nueva en cada momento". (...)

La aventura de la improvisación le fascina. "En Madrid, con la segunda de Brahms, en el tercer movimiento, creo que logramos cosas que no habíamos conseguido antes. Una melancolía graduada". El gran momento del disfrute. La puerta abierta a la sorpresa: "Por más que ensayes, cuando la orquesta despega, debes dejarte llevar. No saber adónde va. Eso es lo bueno". (SIMON RATTLE: "Hay que evangelizar con la música". El País, ed. Galicia, cultura, 25/02/2010, p. 39 )