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6/3/23

Cuando la Iglesia luchó codo a codo junto a militantes comunistas: el caso de los 'curas rojos' de Menorca

 "Hacia mediados de los años 70 Menorca fue epicentro de un debate político que atravesó España y removió los cimientos de la vieja y franquista Santa Madre Iglesia. En la pequeña isla mediterránea, el llamado cristianismo de base tuvo una fuerte expresión organizativa, que resulta clave para entender la genealogía política de la isla desde la transición hasta la actualidad.

Hasta aquí, empujados por la tramontana, llegaron los ecos de un movimiento que logró sentar en la misma mesa a sacerdotes católicos y militantes comunistas para luchar por la democracia y contra las desigualdades sociales.

De las reuniones clandestinas en las parroquias, arropados por los curas rojos durante la dictadura, a la construcción de un amplio espacio que supo disputar la hegemonía política insular, en elDiario.es reconstruimos una parte de la historia de los católicos marxistas menorquines.

A Dios rogando…

El contexto global que permitió el encuentro entre la Biblia y El Capital sólo puede comprenderse con la irrupción de dos elementos históricos fundamentales. De un lado está el surgimiento de la Teología de la Liberación en Latinoamérica y la concepción liberadora del evangelio. Un proceso ideológico y político que inspiró el nacimiento de espacios como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile –que integraría la experiencia de gobierno del allendismo–, las experiencias revolucionarias de Nicaragua y el Salvador, el inicio de la guerrilla Montoneros en Argentina vinculado a los grupos de Acción Católica o el nacimiento del Ejército de Liberación Nacional en Colombia, comandado por un jesuita llamado Camilo Torres Restrepo.

El otro elemento es la convocatoria del Concilio Vaticano II, impulsada por un papa breve pero comprometido y progresista como Juan XXIII. La convocatoria a esta gran asamblea de la cristiandad no fue el fruto de la voluntad divina, sino del más racional cálculo político: los trabajadores del mundo rechazaban a la iglesia por su vinculación histórica con el poder y las clases dominantes. Al rol –cuestionable como poco– jugado por el papa Pío XII durante el nazismo en Europa se sumaba la escasa importancia que se le otorgaba a los obispos del llamado “tercer mundo” dentro de la estructura vaticana. 

Así fue cómo, apenas unas semanas después del triunfo de la revolución cubana, el recién asumido Juan XXIII convocó a todos los representantes del cristianismo para discutir cómo “modernizar la iglesia”. En este encuentro, que finalizó tres años después de su sesión de apertura, fueron ganando peso las posiciones de los obispos del llamado 'tercer mundo'. Las críticas al lujo y ostentación del Papa y a las concepciones vetustas y elitistas de los evangelios. Como en todo proceso político, se dibuja una “nueva forma de hacer Iglesia”, en este caso pobre y de izquierda.

Menorca roja, santa y soberanista

Para entender qué pintan los cristianos en la política de izquierdas de Menorca hay que remontarse a la guerra. A diferencia de Mallorca y Eivissa, esta isla se mantuvo fiel a la República hasta el fin de la contienda civil. Después de los bombardeos de la aviación italiana, los milicianos republicanos se vengaron fusilando a varios oficiales falangistas y a un número elevado de curas –entre 30 y 40–, en el barco Atlante de Maó y en el cementerio de Es Castell, cuenta Miquel Àngel Maria, actual número dos de la plataforma Més per Menorca, exsacerdote y miembro de la organización Cristians pel Socialisme.

“Con esto quiero decir que la persecución religiosa durante la guerra fue intensa en la isla, lo cual tiene un efecto ambivalente, porque si bien la iglesia del primer franquismo es absolutamente adicta al régimen, hacia mediados de los 60 y después del Concilio Vaticano II, en Menorca habrá un clero muy joven con un nuevo obispo llamado Miquel Moncadas Noguera que, sin ser progresista, tendrá clara la pluralidad de la iglesia en la isla”, explica Maria.

“Algo que definitivamente marca el surgimiento de esta organización y que la vincula con la isla fue un encuentro clandestino, llamado Encuentro de Ávila –que no fue en Ávila sino en Calafell–, en noviembre del 73, poco después del golpe a Allende en Chile. Allí se reúnen más de 200 cristianos de base convocados por referentes de esta corriente como Alfonso Carlos Comín y José María Díez-Alegría, que marca el nacimiento de Cristianos por el Socialismo. En ese encuentro hubo dos delegados menorquines”, relata Antonio Cassero, ex responsable político del Partido Comunista en Menorca.

Estos dos menorquines eran, según pudo reconstruir elDiario.es, Josep Seguí Mercadal, párroco de la Iglesia del Carmen, y Bartomeu Febrer, conocido como “es capellà petit”. Ambos sacerdotes fueron los organizadores en Menorca de una serie de conferencias, charlas y debates con los referentes del cristianismo de base de todo el estado español y de toda Europa. Del encuentro de posiciones laicas, cristianas, marxistas, obreras, nacionales, internacionales e insulares surgirá buena parte de lo que hoy es la representación política, sindical y social menorquina.

“Efectivamente las organizaciones sociales como las asociaciones de vecinos, los sindicatos y luego también los partidos políticos van a ir construyéndose desde entonces y hasta bien entrados los 90 al amparo de las parroquias. Concretamente la de Santa Eulàlia y la del Carmen. El movimiento ecologista incluso va a tener una confluencia importante de militantes que salen de las parroquias”, subraya Miquel Àngel Maria, quien vivió de cerca esta conjunción de corrientes, ya que a los 19 años ingresó al seminario de Menorca con la intención de ordenarse sacerdote. 

“Yo quería vivir la vocación desde la perspectiva de construir una nueva iglesia. Eran los años de la revolución sandinista en Nicaragua, proceso del que participé como brigadista voluntario durante seis meses en 1986. Esa experiencia me marcó profundamente. Finalmente me ordené cura en 1991 y fui párroco en Ferreries durante tres años y luego pasé otro año en Roma estudiando la biblia. Allí decidí secularizarme tras conocer a la que hoy es mi pareja. A pesar de dejar los hábitos no he dejado nunca de sentirme miembro de la iglesia ni de participar de las actividades. Yo soy parte de la minoría que piensa que entre cristianismo y revolución no hay contradicción, a lo que añadiría también una perspectiva soberanista”, señaló. 

Si hay otro elemento que atraviesa la apertura democrática en Menorca además del cristianismo de base y el florecimiento de los partidos políticos democráticos y de izquierda es el menorquinismo político, la recuperación de la cultura, el idioma y su raíz catalana. “Aunque yo era miembro del PC a veces participaba de las reuniones en las parroquias, porque creía que la transformación que hacía falta, la tarea que teníamos por delante no iba a venir solo del movimiento obrero, sino fundamentalmente de la cultura. Así fuimos recuperando la identidad cultural de Menorca”, subraya Cassero.

Una iglesia envejecida y lejos de los pobres

Sin embargo, la consolidación democrática y la apertura política posterior a los 70 disgregaron aquel rebaño menorquín, que se había reunido en torno de los evangelios y de la dialéctica materialista. “Hacia mediados de los años 80 hubo un retroceso fuerte en la iglesia, marcado por el papado de Carol Woijtila. El nombramiento de obispos de otro talante, como Ángel Suquía en Madrid, marca una involución importante. Regresa el tradicionalismo en los seminarios, vuelve una marcada moral ética y estética conservadora, se nota en cuestiones de moral e incluso en la liturgia hay un viaje hacia atrás, una involución clara”, señala Miquel Àngel Maria. 

Posteriormente, en Menorca los militantes del cristianismo progresista abandonan la iglesia, aunque algunos mantienen compromisos sociales con nuevos espacios que van surgiendo. Incluso, muchos abandonan la fe y van abrazando posiciones agnósticas. “Con el avance de la secularización, este colectivo que eran jóvenes en los años 70 –yo soy de los últimos de esa camada y tengo 65– no tuvo recambio generacional. Hoy en día la de Menorca es una iglesia envejecida donde la parte más progresista está muy apagada respecto de lo que fue”, sentencia el exsacerdote."                     (Santiago Torrado , eldiario.es, 4 de marzo de 2023)

2/5/13

Cristianos de base buscan pastor

"La Iglesia de base es, en definición del sacerdote y teólogo Evaristo Villar, portavoz de Redes Cristianas, aquella “que no tiene poder (ni lo busca); que trata de ser más fiel al Evangelio que a los dictados de la curia vaticana o diocesana, que está allí donde algo se mueve, en las movilizaciones por la sanidad pública, por la educación, en parte del 15-M y los indignados; parando desahucios o ayudando a inmigrantes”. (...)

La Iglesia de base española tiene un referente doctrinal, el Concilio Vaticano II —el mismo del que salió la Teología de la Liberación—, y una larga andadura a pie de calle desde los setenta, en un inicio en los barrios obreros del extrarradio de las ciudades, “y hoy en la Cañada Real [zona deprimida de Madrid] o en Lavapiés”, recuerda Villar. 

Aunque el 52% de los católicos ven en el papa Francisco el inicio de nuevos tiempos, resulta imposible cuantificar la fuerza de la base (todos los cristianos de base son católicos, pero no todos los católicos, ni mucho menos, son cristianos de base); solo en Madrid, por ejemplo, el colectivo En Común reúne a 25 comunidades, compuestas por entre 3 y 30 personas, y la asociación Iglesia de Base de Madrid las tiene de entre 8 y 40 miembros, aunque no todos los cristianos viven en comunidad. 

Es también un segmento profundamente igualitario, antagónico de la tradicional polaridad jerarquía-laicos, y que reclama, entre otras cosas, la integración plena de las mujeres y la denuncia por parte del Estado de los Acuerdos con la Santa Sede de 1979, que sustituyeron al Concordato de 1953. “La Iglesia debe huir completamente de los vínculos con el poder, y del poder político”, subraya Ruiz Fernández. (...)

“Lo más importante es restaurar una Iglesia que, desde el siglo XVI, había caído en la idolatría del poder y del dinero, por no hablar de asuntos tan actuales y dolorosos como la pederastia, y hacerlo hacia dentro pero también hacia fuera, hacia la sociedad”, explica Villar. “Lo de una Iglesia pobre y de los pobres no es nada nuevo, nació con Jesús e impregna toda la Teología de la Liberación en los setenta. 

La intuición de Juan XXIII [que convocó el Vaticano II en 1959] fue determinante: hay que estar atento a los signos de los tiempos, y hoy los signos son, entre otros muchos, las necesidades de los inmigrantes o los requerimientos de la tierra, agotada por el cambio climático”.

“Otro de los retos de la Iglesia —continúa Villar— es apearse del patriarcalismo y la estructura piramidal y subsanar la ausencia total de la mujer; debe apostar por un estatuto de igualdad entre todos los cristianos y acoger por igual a hombres, mujeres; clérigos, laicos, divorciados, excuras, homosexuales, célibes o sacerdotes casados. 

Que el celibato sea una opción libre”. Villar fue uno de los participantes en las I Jornadas de fe y orientación sexual celebradas la semana pasada en Madrid y que abordaron la realidad de los creyentes homosexuales.

Un sondeo de Metroscopia mostraba hace unos días las principales preocupaciones de los católicos en general: luchar contra la pederastia (99%), ponerse del lado de los pobres (93%), admitir los anticonceptivos (93%) o permitir el divorcio (91%). 

 Pero según la mayoría de testimonios recogidos en este texto, una de las más urgentes es incorporar plena e igualitariamente a las mujeres a la institución (una exigencia que aparece en quinto lugar en el citado sondeo, con el 90% de las opiniones).  (...)

 ¿Dónde está la democracia? ¿Dónde las mujeres, tan presentes en las tareas cotidianas?”, se pregunta Charo Mármol. “Nos ocupamos de la catequesis, de Cáritas, de las parroquias… Si algún día hiciéramos una huelga, estas dejarían de funcionar. Pero a nosotras nos toca limpiar y obedecer…

 Obedecer doblemente, como fieles y como mujeres”, añade Mármol, moderadamente optimista ante el nuevo Papa, “con muchas luces y algunas sombras”, en referencia a su oposición al matrimonio gay o su aireada presunta connivencia con la dictadura argentina. (...)

Hay que prescindir de la curia; la Santa Sede, el Vaticano, no tienen lógica ninguna, porque Jesús no creó ningún Estado. Hay que reformar la curia hasta hacerla desaparecer”, propone Figueras. “Y pedir la denuncia de los Acuerdos de 1979. ¿No es este un Estado más o menos laico? 

Pues si lo somos lo somos de verdad, no debe haber privilegios para la Iglesia católica porque equivaldría a decir que es la verdadera y la auténtica. Cada religión debe ser financiada por sus propios fieles”, dice. Solo el pago de los profesores de religión (católica) costó en 2012 al Estado 94 millones de euros; organizaciones laicistas elevan la cifra a 500.

En el colectivo, que nació hace 27 años, se mezclan “laicas, consagradas; monjas feministas y algún hombre”, cuenta Figueras; “nos surtimos de la teología feminista para denunciar el papel de la mujer en la Iglesia”, añade. Reclaman la libertad de conciencia en casos como el aborto y la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

 “Es indignante que Rouco condicione a Rajoy sobre el aborto, es vergonzoso que estos señores nos digan cómo debe ser nuestra sexualidad, cuando se supone que no tienen experiencia alguna. Coartan la libertad más íntima de la mujer, ¿por qué siempre hablan de la mujer? ¿Es que el hombre no ha tenido nada que ver? No tienen por qué meterse”, concluye Figueras.  (...)

“Junto a eso, del poder de arriba no espero ningún cambio, pero si el poder no siega ni condena ni prohíbe, los que estamos abajo, el pueblo de Dios, podremos vivir y organizarnos con más libertad”.   (...)

“Aun pareciéndome importante denunciar los Acuerdos de 1979, el Papa debería también denunciar explícitamente el mercadeo en que se ha convertido la vieja Europa; las vidas que está costando el coltán en África o las que se cobra la inmigración. Espero que [Francisco] le haya dado un buen tirón de orejas a Rajoy por su cerrazón en los desahucios, por la reforma laboral o la privatización de la sanidad.

 A la Iglesia debemos exigirle pronunciamientos más concretos sobre la violencia cotidiana de la crisis o el repliegue de derechos fundamentales, como la imposibilidad de acceder a la sanidad pública para los inmigrantes”, apunta Baeza. “Es una barbaridad que la Iglesia defienda que la gente debe traer al mundo todos los hijos que Dios mande, ¿para qué? ¿para sufrir?”, se pregunta.   (...)

“Buena parte de los grupos [que componen la Iglesia de base] en España se hallan en una situación de desamparo institucional, sin espacio; funcionan de forma autónoma. El clima que se respira es conservador, cerrado, nada inclusivo, y los cristianos de base son ignorados por los no creyentes, pero también por la curia. 

Mientras unos [los conservadores] logran todos los avales, otros son ignorados y algunos más mirados directamente con recelo”, subraya Gómez, colaborador del Instituto Superior de Pastoral —puro Vaticano II—, quien recalca que el tipo de Iglesia imperante en los últimos años “puede dar sus frutos de puertas para adentro, pero hacia afuera es incapaz de conectar con el resto de la sociedad”.

 Superar el divorcio o aislamiento entre las dos Iglesias, que conviven como un Jano bifronte —el dios romano con dos caras, dos perfiles opuestos uno al otro—, está también en el alero de ese jesuita un poco franciscano llamado Jorge Mario Bergoglio."         (El País, 28/04/2013)

21/11/12

“A quien tienen miedo es a Jesús, no a Pagola”. El sacerdote vasco es investigado por hereje a petición de los obispos

"El teólogo José Antonio Pagola, llevado por la Conferencia Episcopal ante la Inquisición romana, se alegra cuando le digo que también a Jesucristo lo harían preso si osara volver. “Claro, el peligro no soy yo, sino Jesús. A quien tienen miedo es a Jesús, no a Pagola”. 

Le cito a Dostoievski y se entusiasma, como si acabase de leer en Los hermanos Karamázov, la historia del Gran Inquisidor. Ahí está la esencia de la inquina del poder imperial del Vaticano contra la Ilustración, la libertad y la ciencia moderna.

Dostoievski sitúa la acción en Sevilla, en los tiempos más pavorosos de la Inquisición. Un día, el cardenal inquisidor, vestido como un emperador romano, hace quemar a 100 herejes “a mayor gloria de Dios”. Los sevillanos asisten en silencio, hasta que reconocen a Jesús entre ellos. Lo rodean, entusiasmados. El viejo inquisidor no resiste la escena. Ordena arrestar a Jesús y que se lo lleven al caserón del Santo Oficio.

 “¿Por qué has venido a estorbarnos?”, le dice cuando lo visita de noche. Pagola: “Claro. Jesús estorba. La crítica más dura a la Iglesia no llega de fuera. Llega desde las palabras de su fundador. Hoy estaría con los que se están quedando sin nada. Un libro sobre el auténtico Jesús es peligroso, sobre todo si se vende”. (...)
 
Nos hemos quedado colgados de la historia del Gran Inquisidor porque resume lo que ha pasado “con nuestra Iglesia”, reflexiona Pagola, con ese posesivo. “Nuestra Iglesia. Adoramos al crucificado ignorando a los crucificados de hoy”. Jesús predica la libertad. El Inquisidor se lo reprocha.

 “Los hombres se alegran de verse otra vez conducidos como un rebaño”, le dice. El Preso le da un beso en los labios. El viejo se estremece. Se dirige a la puerta, la abre y dice: “¡Vete y no vuelvas nunca, nunca!”.

Pagola publicó Jesús. Aproximación histórica en 2007 y todo iba bien hasta que el libro empezó a venderse. “Se está vendiendo como rosquillas”, advirtió un obispo a la Inquisición española. “Ese fue el detonante: ‘Que se vendía como rosquillas”. (...)

“No creo que lleguen a decir tanto, cuando se pronuncie la Inquisición romana, que ya lleva tomándose tiempo”. Se ha escrito que el cardenal Rouco y el obispo de San Sebastián, Munilla, dicen no haber leído su Jesús. “Si es verdad, malo; si mienten, peor”, le consuelo. “Déjelo estar”, replica. La atracción del hereje también está en su resistente paciencia."                  (El País, 19/10/2012)

27/11/09

Dios, el infierno, la iglesia... en pocas palabras...

"A miña teoloxía vive dunhas cantas intuicións moi claras, e procuro ser coherente e honesto coas súas consecuencias, tamén as filosóficas. O mundo está entregado ás nosas mans, e Deus chámanos a que o transformemos. Se eu lle pido que remate coa fame de África, bótolle a culpa a el e excúlpome a min. Iso, que para min é evidente, causou un escándalo. Sobre a cuestión do inferno tamén o houbo, cando eu só digo que é absurdo que un Deus que nos crea por amor nos poida facer inmortais para que esteamos sufrindo eternamente... Na teoloxía, hoxe, penso que hai un gran défice de filosofía. (...)

Escribiu que os valores evanxélicos "proban que unha revolución é posible dentro da Igrexa católica".

R. O gran problema do goberno eclesial é a falta de democracia, por un sentido xerárquico sacralizado. Os evanxeos son expresamente ultrademocráticos; por estrutura, o cristianismo é revolucionario. Ollo: nos peores momentos da Igrexa, séguese lendo o Evanxeo; por iso suscita revolucións. De feito, os tempos de Pío XII eran moito máis pechados e veu o Concilio Vaticano II: Xoán XXIII recoñeceu a necesidade de abrir as fiestras. Esa cachoeira de renovación, como toda revolta, xerou conflitos. O ton público desde entón é de restauración, pero a sementeira de ideas que foi o Concilio segue xermolando." (ANDRÉS TORRES QUEIRUGA Filósofo e teólogo: "Se lle pido a Deus que remate coa fame, estoulle botando a culpa". El País, ed. Galicia, Galicia, 06/11/2009, p. 9)