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4/1/23

El amor roto de Isabel y Mario: una moraleja... Vargas Llosa ocupó el lugar que le correspondía cuando inició su convivencia con Isabel Preysler, la reina del Hola. Qué mejor encuentro: la burguesía que marcaba la diferencia con el valor de la expresión cultural matrimoniaba con la de la apariencia, la estética y la popularidad. Ambas eran el complemento de color de las élites que dictaban las reglas... Fue significativo que las cosas entre la pareja funcionaran de una manera muy distinta que si la unión hubiera tenido lugar unas décadas antes. En lugar de que la reina del corazón se convirtiera en la anfitriona de recepciones culturales, sucedió al revés, y el escritor de éxito se convirtió en la 'pareja de', en su acompañante en actos públicos, en ornamento para las revistas... refleja cómo el aprecio social de la cultura, esa distinción o esa elevación que se le atribuía, ha desaparecido en buena medida... Y sobre todo refleja cómo la cultura carece de valor distintivo para las élites; se trata de un ornamento desgastado. Solo es considerada, como cualquier otro elemento, en la medida en que produce éxito. Nuestras élites no leen un libro ni aunque se lo aten a una mano. Sus intereses son otros, y tiene que ver con la apariencia y la comparación, la competición y el poder, y los toques de color distintivos que añaden a sus vidas... Que Vargas Llosa ocupe un lugar secundario en ese escenario es lo normal: las élites se han vuelto vulgares, y no están atareadas en disimularlo... (Esteban Hernández)

 "No conozco a Vargas Llosa, carezco de información fiable sobre su vida amorosa, y tampoco me importa demasiado, entre otras cosas porque es algo que le compete a él y, en su caso, a sus allegados. En estas cosas conviene algo de distancia: estamos como para andar metiendo las narices en la vida de los demás, aunque sea algo que no terminemos de aprender. Sin embargo, hay algunos elementos que merecen reflexión, a partir de un relato, Los Vientos, que publicó Letras Libres y que, según El País, contiene aspectos autobiográficos de la relación del escritor con la famosa.

El personaje del relato abandona a una mujer con la que lleva muchos años casado a causa de un enamoramiento impetuoso, y se encuentra con el desencanto sentimental, pero también con la sensación de habitar un mundo fantasmagórico, el del espectáculo: "Es imposible gozar de un concierto, o de una ópera y hasta de una comedia ligera, rodeado de gente que no hace más que teclear o acariciar las tabletas que tienen bajo los ojos", escribe Vargas Llosa. O "La cena me impresionó mucho, es cierto, no por la comida, nada del otro mundo, sino por los hologramas. Toda la noche estuvimos rodeados de esos personajes fantasmales, duplicando a camareros o camareras, sirviendo la mesa, pasando las fuentes con bocaditos y bebidas".

Ese desasosiego podría ser la causa real de la ruptura, especulan diferentes medios. Otros se ciñen a la versión oficial difundida por Isabel Preysler, "un ataque de celos infundado". El entorno del escritor subrayaba que "eran incompatibles. A él le interesa la cultura y a ella el espectáculo". Los celos contra la vulgaridad, el despecho herido contra la falta de sustancia que hacía imposible la relación. La cultura contra el espectáculo.

Cultura contra espectáculo

Lo cierto es que, respecto del Vargas Llosa real, siempre pensé que había ocupado el lugar que le correspondía cuando inició su convivencia con Isabel Preysler, la reina del Hola. Qué mejor encuentro: la burguesía que marcaba la diferencia con el valor de la expresión cultural matrimoniaba con la de la apariencia, la estética y la popularidad. Ambas eran el complemento de color de las élites que dictaban las reglas. El centro intelectual de las clases altas actuales ya no está en la cultura, sino en la economía, en la consultoría y en la tecnología, y a quienes tienen poder les gusta poco salir en la prensa, en general; tampoco en la del corazón. Una ligazón como esta ponía involuntariamente de relieve que cultura y espectáculo no se enfrentaban, que formaban ya parte de lo mismo. 

 Fue significativo también que las cosas entre la pareja funcionaran de una manera muy distinta que si la unión hubiera tenido lugar unas décadas antes. En lugar de que la reina del corazón se convirtiera en la anfitriona de recepciones culturales, sucedió al revés, y el escritor de éxito se convirtió en la 'pareja de', en su acompañante en actos públicos, en ornamento para las revistas. De alguna manera, si esto fuera un ejemplo de la lucha entre cultura y espectáculo, el segundo habría resultado vencedor.

Plantear las cosas de esta manera tiene algo de falso, en la medida en que, después de un siglo de industria cultural, después de Adorno y Horkheimer, de todos los análisis de la interrelación entre capitalismo y cultura, de las oposiciones entre alta y baja cultura y demás, mantener la discusión en estos términos implica reducir enormemente su alcance. Pero también tiene algo de cierto, en la medida en que refleja cómo el aprecio social de la cultura, esa distinción o esa elevación que se le atribuía, ha desaparecido en buena medida.

 Y sobre todo refleja cómo la cultura carece de valor distintivo para las élites; se trata de un ornamento desgastado. Solo es considerada, como cualquier otro elemento, en la medida en que produce éxito. Nuestras élites no leen un libro ni aunque se lo aten a una mano. Sus intereses son otros, y tiene que ver con la apariencia y la comparación, la competición y el poder, y los toques de color distintivos que añaden a sus vidas no están moldeados por viejas poesías o narraciones vigorosas: prefieren toquetear sus aparatos móviles. Desprecian la cultura como un inconveniente del que se han liberado, es una obligación que ya no tienen que cumplir. Que Vargas Llosa ocupe un lugar secundario en ese escenario es lo normal: las élites se han vuelto vulgares, y no están atareadas en disimularlo.

Vargas Llosa se pregunta en Los vientos: "¿Será que la cultura ya no tiene ninguna función que cumplir en esta vida? ¿Que sus razones antiguas, aguzar la sensibilidad, la imaginación, hacer vivir el placer de la belleza, desarrollar el espíritu crítico de las personas, ya no hacen falta a los seres humanos de hoy, pues la ciencia y la tecnología pueden sustituirlos con ventaja?". Esa es la mentalidad de las élites, cierto, pero es una mentalidad que ha alabado, en otros aspectos, el mismo Vargas Llosa. Pero esa es otra historia."                (Esteban Hernández  , El Confidencial, 31/12/2022)

20/10/22

La década prodigiosa (y polémica) de Beyoncé como icono político... Desde 2013, Beyoncé ha ido incorporando a su discurso musical citas alusivas a la lucha contra el machismo o por la erradicación del racismo... El libro ‘Beyoncé en la intersección’, de Elena Herrera Quintana, analiza la recepción de los mensajes trasladados por la artista en sus discos, conciertos, vídeos y redes sociales

  (Imagen de promoción del disco ‘Renaissance’ de Beyoncé)

"Que la cultura de masas es terreno abonado para la disputa política es una afirmación difícil de rebatir desde, como poco, los años 20 y 30 del pasado siglo, con los postulados de la Escuela de Frankfurt. Si entonces la teoría crítica de Horkheimer y Adorno entendía que era imposible escapar del mensaje uniforme vehiculado a través de la industria cultural y sus nuevas formas de producción de significado para sus consumidores, otras voces han explicado que en el entramado de esa industria cultural existen huecos, fisuras abiertas por las que se pueden colar discursos diferentes. Es ahí donde la doctora en Sociología Elena Herrera Quintana sitúa a Beyoncé, la estrella más grande del universo pop occidental en el siglo XXI. “La cultura pop es un lugar como cualquier otro desde el que lanzar mensajes políticos y desde el cual iniciar la mecha para tener conversaciones amplias sobre temas políticos como el feminismo o el antirracismo”, asegura Herrera Quintana, autora de Beyoncé en la intersección (Dos Bigotes, 2022), un ensayo en el que trata la evolución de la cantante en la última década y las reacciones que ese trayecto ha suscitado. Porque de la Beyoncé de “Crazy in love”, su primer gran éxito tras dejar el nido de Destiny’s Child, a la que homenajea a la diáspora africana hay un buen trecho que no todas las figuras millonarias del pop están dispuestas a recorrer. Que se lo pregunten a Kanye West, por ejemplo.

Desde su proclamación como feminista hasta las citas de Malcolm X en canciones, en estos años Beyoncé ha integrado en su narrativa elementos simbólicos relativos al empoderamiento de las mujeres o la memoria de la lucha contra la esclavitud. Lo ha hecho dirigiéndose a una audiencia multitudinaria y desde los mayores escenarios del mundo, y lo ha hecho en tres discos formidables, llenos de música exuberante, poderosa conjunción de ritmos y estilos en la que pasado y presente se dan la mano. Y lo ha hecho, también, levantando ampollas.

Herrera Quintana cree que el posicionamiento de Beyoncé ha motivado conversaciones en torno a diversos temas que ya estaban sobre la mesa o que se han recuperado, y recuerda que ha tocado teclas que han hecho que la derecha estadounidense y algunos sectores de la izquierda sacasen a pasear parte de su argumentario más conservador. “La reacción contra Beyoncé, especialmente en Estados Unidos, pero también en España, ha desvelado el poso racista y machista de nuestras sociedades que hace tiempo llevan denunciando tanto el movimiento antirracista como los feminismos afrocentrados, dentro y fuera de nuestro país”, opina la socióloga, quien sostiene la tesis de que el trabajo artístico de Beyoncé ejemplifica “el aparataje que se pone en marcha para desacreditar o prejuzgar en muchos casos estos mensajes cuando son lanzados desde el pop y especialmente por una mujer negra”.

Sin previo aviso, en una maniobra inusual en el negocio musical, Beyoncé publicó en diciembre de 2013 su quinto disco, Beyoncé. En “Flawless”, una de sus canciones, incluía partes de una conferencia que la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie había impartido en abril de ese año, titulada We should all be feminist (Todos deberíamos ser feministas). En agosto de 2014, Beyoncé protagonizó la actuación principal en la entrega de premios de la cadena musical MTV y proyectó en pantallas gigantes varios textos de esa conferencia. Al final del concierto, la palabra “FEMINIST” se quedó en las pantallas. Fue la primera vez que Beyoncé se identificó públicamente como feminista.


En Beyoncé en la intersección, Herrera Quintana apunta que hay un sentimiento generalizado de que Beyoncé no es lo suficientemente auténtica como para ser considerada un icono feminista, un icono antirracista, una artista o todo eso a la vez. Esa supuesta falta de autenticidad deslegitima los movimientos que la cantante pueda hacer, en cualquiera de esas facetas. “Como icono político, para muchas personas se queda corto en tanto que Beyoncé se inserta en ese entramado altamente producido que es la celebridad”, afirma la autora. Por ser una mujer negra y rica, “se asume que no puede aportar nada respecto a la discriminación de género y de raza”; y como artista, al tratarse de una cantante pop, “se ponen sobre la mesa todas las ideas en torno al pop como lugar superficial y banal y sus artistas como personas sin agencia, al servicio de los intereses de la industria”. Sobre esto último, Herrera Quintana comenta que para entender algunas de las propuestas que vienen desde el pop en general, y el trabajo de Beyoncé en particular, “la tarea de las audiencias pasa por desprendernos de algunos prejuicios que todavía dirigen muchas de las opiniones que tenemos”. Uno de esos prejuicios, según esta socióloga, es la extendida idea de que “la cultura pop es por naturaleza un espacio superficial y apolítico, que los mensajes políticos no pueden insertarse en esos espacios y abrir grietas de significado”.

Pantera negra

En abril de 2016, Beyoncé lanzó su sexto disco, Lemonade, acompañado por un documental. Un fantástico caleidoscopio de géneros musicales junto a una propuesta estética de regreso a las raíces afroamericanas. Beyoncé no hizo sola este trabajo dual sino que se rodeó de músicos —Kendrick Lamar, Jack White, James Blake, Outkast— y famosos como la tenista Serena Williams. También contó con las madres de Trayvon Martin, Michael Brown y Eric Garner, tres jóvenes negros asesinados por agentes de policía. En febrero de ese año había publicado “Formation”, el primer adelanto del álbum en el que se situaba en la ciudad de Nueva Orleans tras el huracán Katrina. En el videoclip de esa canción, Beyoncé aparece subida a un coche de policía, una imagen que se interpretó como un mensaje contra las fuerzas de seguridad. El día después del lanzamiento de “Formation”, Beyoncé actuó en el descanso de la Super Bowl, el partido final de la liga de fútbol americano (NFL), con una retransmisión televisiva cuya audiencia superó los 111 millones de espectadores. En el concierto, Beyoncé rindió homenaje al 50 aniversario de la fundación de las Panteras Negras y mostró su apoyo al movimiento de denuncia del racismo policial #BlackLivesMatter, con ella misma y sus bailarinas vestidas con uniforme y boina.

Tras esta actuación, que escoció en el establishment blanco estadounidense, algunos sindicatos policiales llamaron al boicot de los conciertos de Beyoncé. “La actuación de Beyoncé en la Super Bowl como mujer negra —se lee en Beyoncé en la intersección—, cuya presencia en la estructura de la NFL es nula, se torna ciertamente más política de lo que pudiese parecer. Ya no solo por el show en sí, sino por decidir estrenarlo en ese escenario”.


En “Don’t hurt yourself”, otra de las canciones de Lemonade, Beyoncé cita un discurso de Malcolm X sobre el estatuto de las mujeres negras en Estados Unidos y también incluye un sample en el que se escucha al activista antirracista y líder social asesinado en 1965. “Si no conocemos a Malcolm X o a Chimamanda Ngozi Adichie, será difícil reconocer el valor o el alcance político de samplear discursos de estas personas en una canción”, afirma Herrera Quintana, que en el libro critica la “ignorancia blanca” de los medios de comunicación españoles sobre algunas cuestiones que Beyoncé plantea. Esa mirada sesgada, en su opinión, es incapaz de decodificar las capas del discurso que emite la artista y provoca que el foco de la crítica se centre en las desavenencias entre ella y su pareja, el también músico Jay-Z, reflejadas en la canción “Sorry”, y no en la multitud de asuntos que toca en Lemonade.

Para la socióloga, el trabajo de la artista “no tiene, de forma aislada, sentido en sí mismo, sino que su potencia política se revela en relación con los mitos, contramitos e ideologías de la cultura a la que pertenece”. Por eso considera que no se puede entender la propuesta de Beyoncé sin conectarla con una tradición reivindicativa afroamericana femenina que, desde la música popular y en un complejo entramado industrial, ha reclamado cuestiones políticas. Herrera Quintana nombra a Billie Holiday, Nina Simone, Lauryn Hill o Queen Latifah como eslabones de esa tradición musical. En su discurso de aceptación del Grammy al mejor álbum urbano contemporáneo en 2017 por Lemonade, Beyoncé lo dejaba claro: “Mi intención para la película y el álbum era dar voz a nuestro dolor, nuestras luchas, nuestra oscuridad y nuestra historia, confrontar imágenes que nos hacen sentir incómodas”.

La Beyoncé empresaria

El libro de Herrera Quintana, profuso en citas y referencias bibliográficas, recoge ejemplos de las numerosas críticas que ha recibido Beyoncé durante la última década, desde la hipersexualización del cuerpo que proyecta a la apropiación para su beneficio de un imaginario ajeno a su realidad pasando por la acusación de erigirse en portavoz de una discriminación que no conoce o el elevado precio de las entradas para sus conciertos. La cuestión material está muy presente en esas críticas, como la que realizó la escritora bell hooks en el artículo “Moving beyond pain” donde calificó Lemonade como “el negocio del dinero capitalista en su mejor versión”. Para la autora de Beyoncé en la intersección, la artista “encarna un lugar específico en el espacio social, su posición es diferente a la de otras mujeres e implica una clase económica privilegiada, pero sigue estando atravesada por otras variables de opresión inherentes a su género y a su raza”.

El desarrollo empresarial de Beyoncé también ha sido objeto de una justificada crítica, por caer en una práctica ampliamente denunciada: la deslocalización para aplicar peores condiciones laborales. En 2016 se produjo el lanzamiento de su marca de ropa deportiva, Ivy Park. El periódico británico sensacionalista The Sun publicó que la marca fabricaba en Sri Lanka y mantenía a sus trabajadoras en condiciones de explotación laboral. Ivy Park era propiedad de Parkwood Entertainment (la empresa fundada por Beyoncé en 2010) al 50% y de Topshop al otro 50%, siendo esta la encargada de la producción de las prendas. En 2018 la empresa de Beyoncé compró ese 50% a Topshop como respuesta a las informaciones que aseguraban que el presidente de Topshop, Philip Green, había emprendido acciones legales para evitar la publicación de las demandas de acoso laboral y sexual que se habían interpuesto contra él. En 2019 Ivy Park se fusionó con Adidas.

 

Herrera Quintana también señala que la periodista sudafricana Rufaro Samanga publicó que el concierto de Beyoncé en Nigeria en 2006 fue pagado por el presidente Goodluck Jonathan, con un dinero que en principio iba a ser dedicado a paliar la pobreza en el país; y que en 2010 ofreció un concierto privado para Gadafi y su familia.

“Está claro que Beyoncé forma parte de esta industria capitalista que hace una apología enorme del dinero y es algo criticable, de hecho es algo que a nosotras no nos gusta y no nos representa para nada. Pero ser una mujer negra en el punto de mira siempre va a dar pie a críticas que a un hombre blanco no se harían o se les deja pasar, precisamente por el racismo y machismo que hay en el mundo en el que vivimos”. Así habla Kathy, una de las hermanas catalanas de ascendencia ghanesa que forman el trío The Sey Sisters, un conjunto vocal de soul que funciona desde 2006 y ha grabado tres discos. Kathy cuenta que han escuchado a Beyoncé desde niñas, cuando la artista formaba parte de Destiny’s Child, y que han ido a un par de sus conciertos en Barcelona. “Ha sido una referente como cantante impresionante que es y como mujer negra muy potente”, resume.

Su hermana Edna añade que para ellas, mujeres negras, activistas y artistas, su influencia como mujer negra empoderada que crea desde su experiencia es “muy importante”, al igual que ver “cómo utiliza su influencia y poder para poner el foco en el racismo que sufrimos como ciudadanas negras”.

A Yolanda, la tercera hermana Sey, le interesan de Beyoncé “su perseverancia y su fuerza” y también valora especialmente el “compromiso hacia la comunidad negra en general y afroamericana en concreto, sabe muy bien lo importante que es la representación y la diversidad en ella, así que utiliza cualquier ocasión para mostrarlo”. Yolanda destaca el documental que Beyoncé hizo sobre su participación en el festival Coachella en 2018 porque “se ve a una gran artista, montó ese concierto muy poco después de parir a sus gemelos y enseña la dificultad y todo lo que le supuso exigirse tanto”.

Volviendo a casa

Homecoming, dirigido por la propia Beyoncé y estrenado por Netflix en 2019, es un documento muy interesante para entender lo que la artista propone en los últimos tiempos. El impresionante espectáculo de las dos actuaciones en Coachella es la base para una película que muestra cómo Beyoncé preparó durante varios meses esos conciertos, que supusieron su vuelta a los escenarios tras ser madre, con un objetivo fijado: llevar su cultura negra a un festival que nunca había presentado como cabeza de cartel a un artista afroamericano. Para cumplirlo organizó una “orquesta negra” con casi 200 músicos y bailarinas que formaban cuadros en cada canción. En el documental, Beyoncé intercala sus palabras con citas de las escritoras Toni Morrison, Alice Walker y Maya Angelou, también de W.E.B. Du Bois. 


Durante ese mismo 2018 Beyoncé y su marido, Jay-Z, también publicaron Everything is love, un disco conjunto bajo el alias The Carters. Un álbum más orientado al hip hop pero en el que ella deja la impronta de su maestría como vocalista. La imagen de este trabajo sitúa a la pareja en el Museo del Louvre en París, una institución cultural europea construida, como tantas otras, sobre el expolio artístico y patrimonial llevado a cabo por los imperios coloniales.

Los últimos movimientos de Beyoncé la han llevado a la pista de baile y a una cierta reivindicación de la cultura LGTBIQ. En Renaissance, su nuevo álbum de larga duración publicado a finales de julio como primera parte de una trilogía, la artista rinde homenaje a la música disco, con citas a Donna Summer, Madonna o Giorgio Moroder y la colaboración de Grace Jones, una de las músicas más destacadas de esa escena a finales de los años 70.

En Beyoncé en la intersección, Herrera Quintana resume la clave del éxito conseguido por la cantante nacida en Houston en 1981, tal vez lo que explica por qué ella sí y tantas otras no: “La gracia del trabajo de Beyoncé es que es capaz de conciliar dos niveles: lo concreto y lo abstracto se unen mágicamente para crear productos generalistas pero que a la vez interpelan a una determinada ‘comunidad interpretativa’”.                  (Jose Durán Rodríguez  , El Salto, 20/10/22)

22/9/22

Con tambores, disfraces y una pompa envejecida, Gran Bretaña lloró más que la reina... ofrecimos la droga más hipnótica disponible para cualquier país en decadencia: el nacionalismo con moda y un sólido pedigrí... La aristocracia británica es la élite más duradera del mundo, y lo sabe.

 "No era el funeral del jefe de Estado de una potencia mediana, que ha presidido la decadencia gestionada desde 1952: la lista de invitados lo decía. Era algo más antiguo, más mágico y más salvaje.

Cabezas coronadas y presidentes de repúblicas llegaron en autocar desde el Royal Hospital de Chelsea -no es realmente el oeste de Londres, como dijeron algunos medios, pero déjenlo estar- para despedirse del único vestigio real de la monarquía sagrada: la reina regente del trono más antiguo del mundo. (Sólo Joe Biden parecía estar exento del estrafalario viaje en autocar: El excepcionalismo americano se une al excepcionalismo británico. Pero Estados Unidos solía ser británico. También Francia, pero eso fue hace mucho tiempo, incluso para los relojes Windsor).

Fue un espectáculo: un teatro de asombro, con los plebeyos primero, y luego la calidad. Isabel II fue probablemente la última persona que creyó realmente en la monarquía sagrada, y por eso fue buena en ella: ser engreído, o mimado, no es lo mismo que creerse santificado. Es una idea la que lloramos, no una mujer, y sospecho que los que dicen que esto demuestra que Gran Bretaña importa en el escenario mundial se equivocan: vi lástima, y nostalgia, tanto como asombro. El excepcionalismo se fue con ella como el agua. Es exquisito, pero no es real.

 La pompa era explícitamente imperial: la fanfarronería. Aparentemente se ha hecho más grande, no más pequeña, desde que gobernamos un imperio, pero eso tiene sentido. Los Windsor son muy hábiles en el marketing. Fantaseo con que los jóvenes portadores de ataúdes fueron elegidos por sus rostros sublimemente expresivos: uno podría imaginárselos en Passchendaele o Agincourt. Las fuerzas armadas han estado practicando toda la semana, pero es fácil ocupar tu propia capital. Se sacaron trajes absurdos de los armarios oscuros y se desempolvaron porque, bajo el moderno estado británico, esto todavía existe: los heraldos; los tamborileros; la caballería; el duque de Norfolk con su sombrero ladeado y sus gafas, practicando el tipo más enrarecido de excentricidad inglesa. Parecía demasiado cómodo para ser absurdo, pero la aristocracia británica es la élite más duradera del mundo, y lo sabe. La edad es lo que tenemos a nuestro favor ahora y por eso le ofrecimos la droga más hipnótica disponible para cualquier país en decadencia: el nacionalismo con moda y un sólido pedigrí.

En homenaje, la BBC dio la espalda al periodismo por completo y ofreció un zumbido tranquilizador de tonterías hagiográficas, como la música de arpa, pero menos afinada. Espero que se callen los que les llaman revolucionarios peligrosos desde la votación del Brexit de 2016 -la BBC advirtió de los peligros del Brexit demasiado para la comodidad de los Leavers-. Si se es cínico, todo sonó como un vasto alegato para mantener el canon -el método por el que se financia- en su nivel actual.

No había ningún detalle más allá de lo caprichoso y lo sentimental: mencionar la vasta riqueza de la familia, o los errores -o cualquier dato duro de cualquier tipo- se consideraría inapropiado. Es curioso: la enterramos como una reina, pero seguimos tratándola como una mujer en nuestro salón. Así que rumiaron las cualidades de su sonrisa; hablaron de su afición al Scrabble y del placer que le producía ver parir a los caballos, sobre lo que me hubiera gustado saber más, para ser justos; mencionaron que ganaba premios por el manejo de perros de caza; permitieron que un colaborador la llamara "Reina del Mundo" sin comentarios. ¿Por qué lo harían? Su propio presentador calificó el funeral como "el mayor acontecimiento que ha ocurrido en el Reino Unido en décadas". ¿Está seguro?

Escuchamos a algunas de las últimas personas que asistieron al velatorio en Westminster Hall, después de esperar en la Cola. La Cola, que se escribe con mayúsculas por el asentimiento popular, era una pieza de masoquismo y giro de oro: si se aguantaba toda la noche en el frío, se podía lograr La Presencia. Se podría haber votado y multado, pero no habría dolor de por medio. (Todavía no se han dado a conocer las cifras definitivas de los hospitalizados por La Cola. Sean cuales sean, se considerará que ha merecido la pena). El Sr. y la Sra. Barlow se situaron en una página de la historia, como si se tratara de una pieza de rompecabezas a la espera de ser montada. Ella aprovechó la oportunidad para decir que era lo mejor que le había pasado en la vida, incluyendo el tener hijos. Un superfan de la realeza de Bristol dijo a un periódico sensacionalista que la reina siempre estaba "feliz". Pero eso es lo que hace el mito: te emplaza en los deseos de los demás y te convierte en un extraño para ti mismo. Un niño se preguntaba si la reina la verá por televisión desde el cielo. Un tuit del oso Paddington -un refugiado ficticio- agradeciendo a la reina "por todo" obtuvo un millón de likes. "Estoy en Londres pero me siento como si estuviera en un lugar completamente diferente", dijo una mujer, y tenía razón: lo estaba.

En funerales como éste es fácil separar a la gente que ama de la que ama el poder. Fue explícito en el funeral de Margaret Thatcher en la Catedral de San Pablo: sólo su hija Carol y su secretario de prensa Bernard Ingham parecían preocuparse. El resto se alegró, sin molestarse en disimular sus sonrisas. Lo mismo ocurrió aquí: las damas de su casa, vestidas muy parecidas a ella, como si fueran un espejo, lo cual es conmovedor - austeros sombreros de ala ancha, enormes bolsos - parecían apenadas, pero conocían a Elizabeth Mountbatten tan bien como a Elizabeth Regina. La Primera Ministra Elizabeth Truss sonrió al entrar en la catedral - todos los demás primeros ministros la precedieron. Luego leyó la lección, mencionando a Dios como si se tratara de un dignatario con el que aún no se había reunido, pero que podría hacerlo si hubiera espacio en la agenda.

 Nadie habló bien -el sermón del arzobispo de Canterbury fue apenas pedestre-, pero eso se ajustaba a la ocasión: nadie se atrevería a agraciar el funeral de una reina regente con algo que no fuera un tópico. Eso podría interpretarse como un alarde. Así que la poesía permaneció en su rincón designado. En su lugar hubo música coral, que es la que mejor expresa los anhelos de los monárquicos, y la que mejor cantan los niños pequeños, lo que no es casualidad. (Un niño parecía un veterano: tenía como mucho 12 años). La gente a la que le gustan los presagios también se alegró: había una araña en el ataúd de la Reina, trepando por la carta del Rey: "En amoroso y devoto recuerdo". Las arañas son constructoras, y también lo es Carlos III.

 Parte de la diversión consiste en ver cómo aguanta la familia: es esencialmente un deporte nacional sádico que se juega con orbes, no con pelotas. Si conviertes a la gente en dioses, ¿entonces qué? Tiene cliff-hangers secuenciales: "Sucesión", pero los actores sufren de verdad, y a veces mueren. Isabel II fue amada porque parecía sobrevivir moralmente: ¿lo hará Carlos III? Tenía un aspecto lamentable, pero su esposa, la nueva reina, tenía un aspecto peor: nunca lo buscó cuando coqueteaba con Carlos Windsor en los partidos de polo en los años setenta. Miraba a su alrededor con temor, como si una corona pudiera caer literalmente sobre su cabeza en ese mismo momento. No se sentiría tan extraña, no aquí. El duque de Sussex estaba en la segunda fila, detrás de su padre, irradiando rabia. ¿Qué pasa con los segundos hijos? El duque de York parecía haber estado sollozando dentro de sus osos de peluche, que deben estar dispuestos de cierta manera, como una compañía de soldados, durante once noches. Es parte de la crueldad de la monarquía: la primogenitura, o el ganador se lo lleva todo.

En el Palacio de Buckingham, las doncellas salieron con sus zapatos planos para ver pasar el féretro: más tarde, en Windsor, los novios hicieron lo mismo con brazaletes negros. En el Arco de Wellington, al ver partir a la reina hacia Windsor, parecía que el rey dejaba caer su saludo primero; y el resto se retiraba agotado, como un juego de cartas que hay que guardar. De camino a Windsor, viendo el coche fúnebre de Estado -una hermosa máquina de Jaguar Land Rover- la gente sostenía sus iPhones para hacer malas películas. Ojalá no lo hicieran. Desde la distancia parecía que estaban haciendo el saludo de Hitler a un coche.

Pero al final disminuyeron, y fueron sustituidos por los corgis supervivientes, que no parecían más confundidos que la mayoría de la gente. El servicio en Windsor fue más pequeño, y más comedido: al anochecer, cuando haya un servicio privado para la familia, puede que, por un momento, vuelva a ser una mujer. Pero para el resto de nosotros, Isabel II, como Thorin Oakenshield, pasó a la leyenda. Ese es el trabajo."  
               (Tanya Gold  , POLITICO , 19/09/22)

11/11/21

Ni Valle Inclán hubiera imaginado que en tiempos de pandemia mundial en los que buena parte de la humanidad no tiene para comer, un señor recién divorciado, Bezos, cuya fortuna no está ni al alcance de la imaginación de cualquier hijo de vecino, gastaría un dineral en elevarse unos minutos en un artefacto con forma de falo. No creo que hayamos visto símbolo más preciso del actual capitalismo salvaje y desbocado ni muestra más ridícula de ambición testosterónica

 "Que vuelva Valle-Inclán y aporte algo de sentido a esta constante sensación de asombro e incredulidad. Del escritor gallego por lo menos conocíamos la intención estilística al deformar la realidad, pero lo grotesco y absurdo del mundo actual no tiene detrás ningún genio literario, más bien parece obra de un inquietante ventrílocuo.

Pensé en lo que me asustaban a mí las mandíbulas partidas y los ojos fijos de aquellos siniestros muñecos al escuchar por primera vez la voz de Bezos, cuando compareció antes de emprender su inútil viaje. Ni don Ramón hubiera imaginado que en tiempos de pandemia mundial en los que buena parte de la humanidad no tiene para comer, un señor recién divorciado cuya fortuna no está ni al alcance de la imaginación de cualquier hijo de vecino, gastaría un dineral en elevarse unos minutos en un artefacto con forma de falo. 

No creo que hayamos visto símbolo más preciso del actual capitalismo salvaje y desbocado ni muestra más ridícula de ambición testosterónica. Ya lo decía uno de los personajes de José Mota: ir pa’ ná es tontería.

Pero resulta que la tontería de Bezos, su fortuna pantagruélica, es fruto de un juego que parece de todo menos limpio. Algunos admirarán sus éxitos y su espíritu emprendedor, pero se mire por donde se mire es un síntoma de decadencia de civilización que el hombre más rico del mundo pague menos impuestos que los asalariados que perciben lo mínimo legal. 

Por no hablar del hecho de que los billones que no sabe en qué gastarse el bueno de Jeff fueron acumulados a base de competencia desleal y un modelo de negocio que tiene muchas víctimas: trabajadores explotados, pequeño comercio aniquilado, creación de necesidades inexistentes y un impacto medioambiental que pagamos todos.

No sé si es el calor infernal de una Barcelona que parece una zona catastrófica por la cantidad de obras y franjas amarillas dibujadas en muchas de sus calzadas, pero creo que este sistema no funciona si permite bufonadas como el turismo espacial. 

Se necesita un carnet para conducir un ciclomotor de 50 cc, pero no hay que cumplir ningún requisito para viajar al espacio, basta con tener el dinero suficiente. Más que esperpéntico, este paisaje es monstruoso: o se establecen mecanismos para frenar los delirios cipotudos de los muy, pero que muy millonarios, o estamos abocados a la extinción. Lo cual, para la Tierra, seguro que es un alivio."               (Najat El Hachmi , El País, 23/07/21)

23/3/21

Rocío Carrasca contra David Flores... la sociedad del espectáculo. Mira el dolor de esta mujer desgarrada que se intentó suicidar por ser maltratada... y ahora sorteamos 12.000 €!!! No he visto nada nunca nada más grotesco

  AntonioMaestre @AntonioMaestre

 Llevan cebando el programa toda la semana con declaraciones de Antonio David Flores. Esta misma semana cuando ya sabían el contenido del documental porque lo habían grabado ellos le entrevistaban en la puerta de su casa para que cebara el enfrentamiento.

"Telecinco deja de contar con Antonio David, que no volverá a ninguno de sus programas. El tertuliano desaparecerá de 'Sálvame' y del resto de espacios después de las confesiones y acusaciones de Rocío Carrasco en 'Rocío, contar la verdad para seguir viva'." (Vertele, 22/03/21)

En los programas de Telecinco promovieron hasta este mismo viernes ese maltrato que luego denuncian en el programa del domingo. No entiendo cómo se tolera este lavado de imagen corporativo usando el sufrimiento de una mujer.

Sálvame Oficial @salvameoficial

ANTONIO DAVID: "El documental de Rocío Carrasco es una farsa" #yoveosálvame

2:28 p. m. · 22 mar. 2021
202 Retweets 16 Tweets citados 892 Me gusta

AntonioMaestre @AntonioMaestre

 Una de las premisas básicas a la hora de informar sobre violencia machista es no equiparar la versión de víctima y maltratador. Si han hecho bien su trabajo, de forma comprometida, sincera y rigurosa no pueden luego dar voz al victimario. A no ser que solo busquen un show.

10:40 a. m. · 22 mar. 2021
235 Retweets 13 Tweets citados 1.257 Me gusta


AntonioMaestre @AntonioMaestre

 Mira el dolor de esta mujer desgarrada que se intentó suicidar por ser maltratada...y ahora sorteamos 12.000 €!!! No he visto nada nunca nada más grotesco.

11:27 p. m. · 21 mar. 2021
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AntonioMaestre @AntonioMaestre 

Seguid haciendo de este caso una denuncia sincera contra el maltrato. Que se emite días antes de que la mujer del denunciado por maltrato vaya a un reality para seguir haciendo dinero de un drama social. Es un negocio. Hacer de la violencia machista un negocio.

12:08 a. m. · 22 mar. 2021
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 "El caso Rocío Carrasco o cómo el fin justificó los medios.

 Nadie como Telecinco y La fábrica de la tele —la productora de la casa que se ha encargado del especial sobre Rocío Carrasco—, nadie como ese paradigmático (de lo bueno y de lo malo) imaginario de Mediaset podía hacer lo que hizo ayer en televisión. Un 33,2% de audiencia, 3.700.000 espectadores.

¿Fue un espectáculo lo de Rocío Carrasco de anoche? Claro. Pero al acabar pensé en una frase tópica y típica: el fin justifica los medios. Ayer Telecino jugó en una liga, cómo decirlo ¿más sincera? ¿más sólida?

 Tranquilos, ya sé que la puesta en escena, los silencios, las músicas, esos momentos en los que Jorge Javier se levantaba a ofrecer 12.000 euros tras un testimonio letal de Rocío Carrasco, eran show televisivo puro, pero, salvo todo eso —insisto, sé que es mucho, pero así es la tele de Vasile, que vemos todos, no nos vamos a llevar ahora las manos a la cabeza—, el especial —la entrevista de ella, fundamentalmente— estuvo a la altura de lo que se venía anunciando desde el martes. La historia había colonizado la parrilla y otros tantos medios digitales, era un bombazo televisivo en toda regla, y sí, el contenido parecía ser dinamita. De la mala.

 Yo que estoy bregada en procelosos momentos televisivos, que suelo ir con el chaleco antibalas puesto ante estos dramas, me quedé estupefacta y conmovida. Por supuesto me creí a esta mujer a quien no conozco en persona, pero a quien he visto, crecer, casarse, presentar programas, llorar, desaparecer, renacer… También he visto cómo la propia cadena que anoche la acogía, la había despedazado día a día. En el documental, que está hecho sin remilgos, a saco, se pudo ver un buen resumen de ese machaque. Invito a cualquiera a imaginarse en esa situación sólo unos minutos. Y luego a alargar esos minutos a 20 años.

Sí, ya sé —o ya supongo, porque nadie ha comunicado de manera oficial nada en esa dirección— que Rocío Carrasco ha hecho este especial a cambio de una sustanciosa cantidad económica, ya sé que Telecinco no lo ha hecho para luchar contra la violencia de género o para hacerse perdonar por la hija de la Jurado. Todo eso lo sé. Pero también sé que anoche estaba frente a la tele un público diverso, el especifico de Telecinco y el otro, el que no se suele acercar a su universo. En ambos hay mujeres maltratadas, seguro, mujeres que nunca lo cuentan por miles de razones, mujeres de todo tipo. Cultas, analfabetas, adineradas, discretas, madres, famosas… Y las frases mortales de la hija de Rocío Jurado se quedaron ahí, en sus cabezas, y quizá las llevó a tomar decisiones. A contarlo todo ante quien deben contarlo: la policía, los jueces…

 Lo más importante de anoche fue que un personaje tan de casa, tan popular como Rocío Carrasco contase su maltrato y el vínculo de este con la maternidad, algo de lo que se habla poco y de lo que yo sé poco o nada. Pero también fue importante por varias cosas, relacionadas con la trascendencia televisiva, que nunca me cansaré de repetir:

1. Que la tele puede ser muy cruel y destrozar y levantar reputaciones y en lo que dura una pausa publicitaria.

2. Que su repercusión es siempre mayor de la que nos creemos. A Rocío Carrasco, una mujer muy hecha desde pequeña a los medios, que ha negociado mil veces con ellos, que conoce su lenguaje perverso, sus trampas, la condujo, literalmente, a un intento de suicidio.

 3. Que dar voz, minutos, risas, defensas, a maltratadores, elegir a los gallitos del corral en los castings (da igual que estén en La Isla de las tentaciones, en Supervivientes, en los platós de tertulianos, en Mujeres, hombres y viceversa, en GH…) emponzoña el mundo y es perverso. Y debería, sí, estar vetado."           (Mariola Cubells, HuffPost, 22/03/21)

 

"En casi cuatro horas de programa, y tras 25 años de silencio, Rocío Carrasco pasó de ser un ‘diablo’ y “una mala madre” para muchos espacios del corazón y audiencia a ser una víctima. 

Su testimonio en la serie documental Rocío, contar la verdad para seguir viva, emitido en Telecinco, ha sido más que revolucionario. No sólo en la calles: en las redes sociales seguía siendo uno de los temas más comentados 24 horas después del programa. “Es lo que le pasa a todas las mujeres que han sufrido violencia de género. No les creen nunca. De hecho, muchos de los que participaron en la tertulia rectificaron su opinión y se han dado cuenta de lo que hay. No por lo que cuenta ella, sino porque empiezan a entender cosas”, explica Gregorio Gómez Mata, secretario de la Asociación ALMA.

Entre otras muchas declaraciones, Rocío Carrasco dijo mirando a cámara entre lágrimas y con síntomas visibles de ansiedad sobre su exmarido Antonio David Flores: “Nunca se le ha cuestionado, siempre se ha dado por veraz lo que esta persona ha dicho de mí. Si no hubiese tenido a mis hijos no me habría importado, pero eso es lo que recibían mis hijos día a día y con lo que ellos han crecido, con ese ’mala madre”.

 Su dolor es, sobre todo, el que surge después de que le hayan arrancado “lo más importante” de su vida, sus hijos. Carrasco aseguró que el colaborador, del que Telecinco ha decidido prescindir en sus programas, le increpaba cuando llegaba a su casa a dejar a los niños. La hija de Rocío Jurado está diagnosticada desde 2011 de un síndrome ansioso-depresivo moderado y grave cronificado en el tiempo.

Como apunta a El HuffPost la ministra de Igualdad, Irene Montero, la importancia de esta entrevista no sólo reside en la cantidad de gente a la que ha llegado y en las mujeres que se puedan sentir identificadas, sino también en todas “las que sufren o han sufrido violencia machista y no lo han denunciado por miedo a no ser creídas, como dicen los datos de la macroencuesta que presentamos”.

 Datos, indica la ministra, que son preocupantes: “De media se tardan 8 años y 8 meses en denunciar la violencia machista. El ‘Yo sí te creo’ es una manera de ensanchar esas puertas de acceso, y más cuando se tiene una repercusión a tan gran escala. Que todas esas mujeres que han visto el programa y viven una situación de violencia machista sepan que no están solas”.

No hay un “prototipo” de mujer maltratada

Es importantísimo “señalar que en la cuestión del maltrato a las mujeres no hay ninguna barrera, ni que seas rico ni que seas pobre, ni que tengas una madre famosa o anónima”, indica la expolítica y abogada Cristina Almeida. De ahí también la importancia de que se emita en una cadena como Telecinco, en la que más de 9,5 millones de personas vieron alguna parte del programa este domingo. De hecho, Gómez Mata reconoce que ALMA ha recibido ya varias llamadas a raíz del documental de mujeres que se han visto reflejadas.

“Con la audiencia que tiene y con el tipo de programas que emite en los que todo ha sido siempre a favor del padre, que alguien diga ‘ahora voy a hablar yo’, independientemente de las razones que le muevan, es importante. Desgraciadamente, sólo en estos casos la trascendencia es tan grande, y hace ver que el maltrato es algo muy cotidiano”, puntualiza Almeida.

 Incluso políticos como Íñigo Errejón, líder de Más País, Adriana Lastra, vicesecretaria general del PSOE, y también Irene Montero se pronunciaron sobre el testimonio de la hija de Rocío Jurado en Twitter.

 Aunque esto no es nuevo. Cristina Almeida ya vivió esta situación hace años con Carmina Ordóñez, recuerda. “Denunció a Ernesto Neyra y el juez dijo que ‘no era el prototipo de mujer maltratada’. No hay un prototipo, este tipo de cosas demuestran que el maltrato es consustancial a las mujeres de todo el mundo por una cuestión heteropatriarcal y machista que está en todas las sociedades”, relata la abogada.

En el caso de Rocío Carrasco, “siempre ha tenido una visibilidad en los medios relacionada con otros asuntos y no con este problema”, por eso para Almeida es tan importante su discurso como que “su supuesto maltratador —una figura que siempre cuida su imagen hacia el exterior y que consigue la distancia emocional de la que no se desprende la víctima, según los expertos— ya no esté en en todos los programas, hablando de todo el mundo y acallando el problema, como si no pasara nada. Necesitan su reproche y Telecinco se lo ha dado”.

Como ha apuntado Carlota Corredera este lunes en Sálvame, los protagonistas de estas tragedias también son los hijos, porque el maltrato está vinculado también a la maternidad. En este punto coincide el secretario de la asociación ALMA: “El pacto de estado está guardado en un cajón. Rocío Carrasco habla en el documental de la manipulación que sufren sus hijos. El pacto de estado decía que en el momento que hubiera una denuncia por violencia de género la custodia compartida se eliminaría, pero sigue ahí”. Como en el caso de Rocío Carrasco y Antonio David Flores.

“Su testimonio demuestra que la violencia de género no depende de estatus sociales ni de formación, ese es el error que comete la sociedad, afecta a cualquier mujer. En Rocío se ve cómo es el proceso de la manipulación. Necesitamos más mujeres que den el paso al frente”, sentencia Gregorio Gómez Mata."           (Paula M. Gonçálvez, HuufPost, 22/03/21)

 

 ".Irene Montero corta 'Sálvame' por sorpresa y habla sin rodeos de Rocío Carrasco : "Ha sido valiente"

 El documental de Rocío Carrasco y su desgarrador testimonio sobre el maltrato que habría recibido durante estos años de Antonio David Flores ha causado gran conmoción. Incluso el tema ha llegado al mundo de la política después de que Irene Montero, la Ministra de Igualdad, no dudara en mostrar su opinión sobre el problema de la hija de Rocío Jurado.

Tras el revuelo causado, ‘Sálvame‘ ha querido contar este lunes 22 de marzo con Irene Montero en directo para conocer su visión de la historia de Rocío Carrasco. “Muchas gracias por intervenir esta tarde en ‘Sálvame’. ¿Cómo se vive desde el ministerio de Igualdad un testimonio como el de Rocío Carrasco que llegaron a ver hasta diez millones de personas, al menos algunos minutos del programa?”, le preguntaba Carlota Corredera.

“Creo que tanto el testimonio como los niveles de audiencia, es una obligación estar ahí como Ministra de Igualdad. Se expone a esa mujer para revivir esas situaciones de maltrato. Tenemos que estar ahí siempre que una mujer se atreve a dar el paso a hablar de su historia de violencia de género y ese relato de mala madre; y de tacharla así sin conocer su historia”, expresaba Irene Montero nada más empezar.

“Es importante como Gobierno estar ahí”

Justo después, Montero destacaba lo que puede suponer públicamente que se de voz a un testimonio como el de Rocío Carrasco. “Hay miles de mujeres que pueden sentirse identificadas con su relato o verse reflejadas en algunas de esas historias. Y es importante como Gobierno anunciar que estamos con ellas, que da igual donde hayas nacido, si tienes fama o no, que todas las mujeres en cualquier circunstancia puede ser víctima; y que hay un teléfono el 016 para ayudar. Además de que tenemos todas las herramientas puestas para ayudarlas”, proseguía afirmando la ministra.

“Es muy importante el testimonio de Rocío Carrasco para poner en valor y se ponga el foco en esa violencia tan difícil de demostrar. ¿Qué ha ocurrido para que los jueces hayan un sobreseimiento. En qué les estamos fallando a las mujeres?”, le preguntaba entonces Carlota Corredera a la política de Unidas Podemos.

“Hay muchos retos por delante. Lo primero que hicimos fue que se reconociera a todas las víctimas por igual. Hemos visto los casos de la Manada que hay una justicia patriarcal. Y uno de esos retos y por eso quiero dar la cara hoy porque hay mucha gente que está siguiendo esto; es que las puertas de acceso institucional para denunciar son pequeñas para ojos de muchas mujeres y los datos están ahí. De media una mujer que sufre violencia machista tarda 8 años y 8 meses en denunciar y muchas tienen miedo de que no se las crea y por eso está el grito de ‘Hermana, yo sí te creo'”, le respondía Irene Montero.

 “Lo que no podemos es pedirle a las mujeres que denuncien y que el sistema no esté a la altura. Hay mucha gente que lo que contó ayer Rocío creen que es mentira”, le destacaba Carlota Corredera a Irene Montero tras escucharla. “Ella ha sido valiente, se ve también en lo que he podido ver y como revive esas experiencias de violencia que sigue siendo dolorosa para ella”.

“Es una revictimización que es a lo que se enfrentan las víctimas de violencia de género. Es verdad que nuestra sociedad ha avanzado mucho en la conciencia y en radicar la violencia machista pero tengo la sensación de que tenemos muy distante aún lo que es vivir una historia de maltrato”, añadía después de que Carlota le preguntara si quería decirle algo directamente a Rocío Carrasco.

“Y me importa mucho que las mujeres puedan verse reflejadas en su historia y les pueda hacer pensar en sus propias vidas y buscar esos apoyos. Al igual que el que haya también un periodismo que de voz a las mujeres víctimas de género y que las apoyen es muy necesario. Jugáis un papel fundamental”, concluía diciendo la ministra dando las gracias al programa por visibilizar un problema tan serio como el de la violencia de género."                    (Roberto Jiménez, Huff Post, 22/03/21)

2/3/21

Mara Wilson (Matilda: Hollywood ha decidido enfrentar el acoso en la industria, pero yo nunca fui acosada sexualmente en un plató de filmación. Mi acoso sexual siempre vino de los medios y el público. Desde que tenía seis años, la gente me preguntaba en las entrevistas si tenía novio. Los periodistas llegaron a pedirme que dijera quién pensaba yo que era el actor más sexi y que diera mi opinión sobre el arresto de Hugh Grant por contratar una prostituta

 "Pasé mi cumpleaños número 13 encerrada en una habitación de hotel en Toronto.

Era julio de 2000 y estaba en una gira de prensa para promocionar la película Thomas y el tren mágico. Me habían prometido un día libre por mi cumpleaños, pero al llegar a Los Ángeles la noche anterior, me enteré de que pasaría todo el día hablando con periodistas. Trabajar el día de mi cumpleaños no era algo nuevo para mí —había cumplido ocho años en el plató de Matilda y nueve mientras filmaba Un simple deseo—, pero aun así era decepcionante. Salvo por la compañía de una niñera, estaba sola.

A la mañana siguiente me levanté somnolienta por el desfase horario y me puse mi mejor atuendo de Forever 21. Dos coordinadores de prensa se me acercaron antes de comenzar la entrevista: “¿Quieres que apaguemos el aire acondicionado? ¿Quizás una gaseosa?”. Les dije que estaba bien: no quería ganar reputación de quejumbrosa. Pero cuando la periodista me preguntó cómo me sentía, cometí uno de los mayores errores de mi vida: le dije la verdad.

No sé por qué me sinceré con ella, pero nunca había sido buena ocultando mis sentimientos (actuar, para mí, es algo muy distinto a mentir). Y a la periodista realmente parecía importarle mi bienestar.

Al día siguiente, el periódico canadiense me puso en la portada de su sección de entretenimiento. El artículo iniciaba con la frase: “La entrevista con la estrella infantil Mara Wilson ni siquiera había empezado y ella ya se estaba quejando con su equipo”.

El texto continuó describiéndome como una “niña malcriada” que había alcanzado “la mediana edad”. Describió los caminos oscuros que las estrellas infantiles como yo suelen terminar recorriendo. Adoptó lo que ahora llamo “El Relato”, esa idea de que todos los que crecen en el ojo público tendrán un final trágico.

A los 13 años, ya sabía todo sobre El Relato. Debuté como actriz a los cinco años y ya protagonizaba películas a los ocho, así que se me entrenó para parecer —para ser— lo más normal posible; se hizo todo lo que fuera necesario para prevenir mi inevitable caída. Compartía una habitación con mi hermana menor. Fui a una escuela pública. Fui una niña exploradora. Cuando alguien me llamaba “estrella”, debía insistir en que era una actriz y que las únicas estrellas estaban en el cielo. Nadie tocaría el dinero que ganaba hasta que cumpliera 18 años. Pero en ese momento tenía 13 años y ya estaba arruinada, como todos esperaban.

Hay una parte del artículo que llama mi atención hoy, en medio de los agentes que dicen que las niñas de 12 años tenían que verse “inocentes” y como “niña de comercial de detergente para ropa de bebé” para obtener papeles y de las horrendas descripciones de las estrellas infantiles con problemas de adicción. La periodista pidió mi opinión sobre Britney Spears. Al parecer, le respondí que la “odiaba”.

En realidad no odiaba a Britney Spears. Pero jamás habría admitido que me agradaba. En ese momento estaba pasando por una fuerte etapa de actitud tipo “no soy como las demás”, lo cual es algo vergonzoso ahora, aunque ¿cómo no creer eso cuando había pasado gran parte de mi infancia compitiendo en audiciones contra tantas otras chicas? En parte lo dije por puros celos: celos porque ella era hermosa y genial de una manera que yo jamás lograría ser. Creo que, sobre todo, yo ya había absorbido la versión de El Relato que rodeaba a Spears.

La forma en que la gente hablaba en ese momento de Britney Spears me aterrorizaba y me sigue aterrorizando en la actualidad. Su historia es un ejemplo notable de un fenómeno del que he sido testigo durante años: nuestra cultura construye a estas chicas solo para poder destruirlas. Afortunadamente, las personas se están dando cuenta de lo que le hicimos a Spears y han comenzado a pedirle disculpas. Pero seguimos viviendo con las cicatrices.

Para 2000, Spears ya había sido etiquetada como una “chica mala”. Las chicas malas, por lo que pude observar, eran en su mayoría chicas que mostraban algún atisbo de sexualidad. Seguí el escándalo sobre su artículo de portada en la revista Rolling Stone, donde la primera línea describía su “terso muslo”, y el furor en los foros de discusión de AOL cuando se le veían los pezones a través de la camisa. Vi a muchas actrices y cantantes adolescentes abrazar la sexualidad como un rito de iniciación al aparecer en las portadas de revistas para chicos o en videos musicales provocativos. Decidí que esa jamás sería yo.

De todos modos, ya había sido sexualizada y lo odiaba. Actué principalmente en películas familiares: la nueva versión de Milagro en la calle 34, Matilda, Papá por siempre. Nunca aparecí en pantalla con algo que fuera más revelador que un vestido de verano hasta la rodilla. Todo eso fue intencional: mis padres pensaron que sería más seguro de esa manera, pero no funcionó. Desde que tenía seis años, la gente me preguntaba en las entrevistas si tenía novio. Los periodistas llegaron a pedirme que dijera quién pensaba yo que era el actor más sexi y que diera mi opinión sobre el arresto de Hugh Grant por contratar una prostituta. Fue lindo recibir cartas de niños de diez años diciendo que estaban enamorados de mí. No lo fue cuando quienes las mandaban eran hombres de 50 años. Incluso antes de cumplir 12 años, había imágenes mías en sitios web de fetichismo de pies y en montajes de pornografía infantil creados con Photoshop. Todas las veces sentí vergüenza.

Hollywood ha decidido enfrentar el acoso en la industria, pero yo nunca fui acosada sexualmente en un plató de filmación. Mi acoso sexual siempre vino de los medios y el público.

Una parte importante de El Relato es la suposición de que los niños famosos se lo tienen merecido. Se lo ganaron por volverse famosos y privilegiados, así que está bien atacarlos. De hecho, El Relato por lo general tiene mucho menos que ver con la estrella infantil que con las personas que la rodean. MGM le dio a Judy Garland pastillas para evitar el sueño y perder peso durante su adolescencia. La actriz Rebecca Schaeffer fue asesinada por un acosador. Drew Barrymore, quien estuvo en rehabilitación durante su temprana adolescencia, tuvo un padre alcohólico y una madre que en vez de llevarla a la escuela la llevaban a Studio 54. Y a esto habría que sumarle la cantidad de abuso que los actores no blancos, en particular los negros, reciben del público. Amandla Stenberg fue acosada tras aparecer en la película Los juegos del hambre por interpretar a un personaje que había sido concebido por la autora como de raza negra, pero que algunos lectores de la saga de libros habían imaginado blanco.

Lo más triste del “colapso” de Spears es que nunca hubo necesidad de que sucediera. Cuando se separó de su esposo, se afeitó la cabeza y atacó furiosamente el auto de un paparazzo con un paraguas, El Relato se le impuso, pero la realidad es que acababa de tener un bebé y estaba lidiando con cambios importantes en su vida. Las personas necesitan espacio, tiempo y cuidado para lidiar con esas cosas. Ella no tuvo nada de eso.

Muchos momentos de la vida de Spears me son familiares. Ambas tuvimos muñecas creadas y basadas en nosotras, amigos cercanos y novios que compartieron nuestros secretos, así como hombres adultos que hicieron comentarios sobre nuestros cuerpos. Sin embargo, mi vida fue más fácil no solo porque nunca tuve el nivel de fama requerido para salir en los tabloides, sino porque, a diferencia de Spears, siempre tuve el apoyo de mi familia. Sabía que tenía dinero guardado para mí y que era mío. Si necesitaba escapar de la atención pública, podía desaparecer y estar a salvo en casa o en la escuela.

Cuando se publicó el artículo que me describió como una malcriada, mi padre fue empático. Me recordó que debía ser más positiva y amable en las entrevistas, pero me di cuenta de que él también pensaba que el artículo no había sido justo. Mi padre sabía que yo era más de lo que esa periodista había escrito sobre mí. Eso me ayudó a saberlo también.

A veces la gente me pregunta: “¿Cómo hiciste para terminar bien?”. Una vez, alguien a quien consideraba mi amigo me preguntó, con una enorme sonrisa: “¿Qué se siente saber que ya alcanzaste tu punto máximo?”. En aquel momento no supe cómo responder, pero ahora le diría que esa pregunta es incorrecta. No he alcanzado mi punto máximo porque, para mí, El Relato ya no es una historia que alguien más está escribiendo. Yo misma la puedo escribir."                   

(Mara Wilson apareció en las películas Matilda y Papá por siempre. The New York Times, 25/02/21)

27/11/20

Diego Maradona... Más que humano... Adiós a Diego y adiós a Maradona

 


 "Entre las mil imágenes que bombardearon las redes en cuanto se supo la noticia, vi una que mostraba al Diego de espaldas, caminando por el túnel, en botines, shorcitos, la diez en la espalda, la nube de rulos en la cabeza. 

Se está yendo rumbo al campo de juego, casi se alcanza a oír el ruido de los tapones contra el piso y, a sus costados, dos filas de superhéroes despidiéndolo. Superhéroes de pacotilla, de la Marvel: a él, que nunca fue un muñequito, que rompió todos los moldes por ser de carne y hueso, por ser tan rabiosamente humano. 

Diego yéndose por el túnel, yéndose como le hubiera gustado a él: vestido para jugar, listo para romperla toda una vez más.

Pelusa, cebollita, barrilete cósmico, mano de Dios, Segurola y Habana, me cortaron las piernas, la pelota no se mancha, más solo que Kung-Fu, ¿sabés qué jugador hubiera sido sin droga? Rey del bardo, siempre al mango, el que dijo, el que se animó a decir: “Yo nunca quise ser un ejemplo”. Y también: “Yo me equivoqué y pagué”. 

El que dijo: “Yo nací en un barrio privado: privado de luz, de agua, de teléfono y de gas”. Y también: “Cuando entré al Vaticano y vi todo ese oro dejé de creer”. El que dijo: “Soy completamente zurdo: con el pie, con la mano, con la cabeza y con el corazón”. Y también: “Gracias a la pelota le di alegría a la gente; con eso me basta y sobra”.

Gracias a vos, genio inmortal, imposible no quererte, nunca te vamos a olvidar. "                (Joan Forn, Página12, 26/11/20)

 

 "Maradona.

Ningún futbolista consagrado había denunciado sin pelos en la lengua a los amos del negocio del fútbol. Fue el deportista más famoso y más popular de todos los tiempos quien rompió lanzas en defensa de los jugadores que no eran famosos ni populares.

Este ídolo generoso y solidario había sido capaz de cometer, en apenas cinco minutos, los dos goles más contradictorios de toda la historia del fútbol. Sus devotos lo veneraban por los dos: no sólo era digno de admiración el gol del artista, bordado por las diabluras de sus piernas, sino también, y quizá más, el gol del ladrón, que su mano robó. Diego Armando Maradona fue adorado no sólo por sus prodigiosos malabarismos sino también porque era un dios sucio, pecador, el más humano de los dioses. Cualquiera podía reconocer en él una síntesis ambulante de las debilidades humanas, o al menos masculinas: mujeriego, tragón, borrachín, tramposo, mentiroso, fanfarrón, irresponsable.

Pero los dioses no se jubilan, por humanos que sean.

Él nunca pudo regresar a la anónima multitud de donde venía.

La fama, que lo había salvado de la miseria, lo hizo prisionero.

Maradona fue condenado a creerse Maradona y obligado a ser la estrella de cada fiesta, el bebé de cada bautismo, el muerto de cada velorio. Más devastadora que la cocaína es la exitoína. Los análisis, de orina o de sangre, no delatan esta droga."    (Eduardo Galeano, JACOBIN América Latina, 26/11/20)

 

"Maradona, según Eduardo Galeano: "El más humano de los dioses".

Diego Armando Maradona y Eduardo Galeano compartían una admiración mutua que no temían manifestar, hecho que se puede comprobar en diferentes declaraciones públicas y en las múltiples referencias al astro argentino que el escritor uruguayo plasmó en sus obras. 

Una de las más resonantes y recordadas aparece en su libro Cerrado por Fútbol (2017), en el cual Galeano describe al "10" como “el más humano de los dioses”, una definición que ya había adelantado en el programa Los días de Galeano.

“Maradona se convirtió en una suerte de Dios sucio, el más humano de los dioses. Eso quizás explica la veneración universal que él conquistó, más que ningún otro jugador. Un Dios sucio que se nos parece: mujeriego, parlanchín, borrachín, tragón, irresponsable, mentiroso, fanfarrón”, decía Galeano.

En ese mismo fragmento, el escritor uruguayo hacía referencia al precio de la fama y el éxito que debió soportar Diego, por ser el mejor de la historia del fútbol: “Pero los dioses no se jubilan, por muy humanos que sean. Él nunca pudo regresar a la anónima multitud de donde venía. La fama, que lo había salvado de la miseria, lo hizo prisionero”, agregó Galeano.

Su libro "El fútbol a sol y sombra" (1995), biblia imprescindible para quienes defienden que deporte y letras pueden convivir, incluye ocho relatos en los que aparece Maradona.

En uno de ellos, "Gol de Maradona", narra un tanto del que fuera técnico de Gimnasia y Esgrima de La Plata cuando integraba los equipos infantiles de Argentinos Juniors, en 1971.

"El número 10 de Argentinos recibió la pelota de su arquero, esquivó al delantero centro del River y emprendió la carrera. Varios jugadores le salieron al encuentro: a uno se la pasó por el jopo (tupé), a otro entre las piernas y al otro lo engañó de taquito. Después, sin detenerse, dejó paralíticos a los zagueros y al arquero tumbado en el suelo, y se metió caminando con la pelota en la valla rival. En la cancha habían quedado siete niños fritos y cuatro que no podían cerrar la boca".

Pero, sin duda, es "Maradona" el relato que mejor disecciona al futbolista y sus circunstancias, su choque frontal con el poder y hasta la carga de 'ser' él.

"El estaba agobiado por el peso de su propio personaje. Tenía problemas en la columna vertebral, desde el lejano día en que la multitud había gritado su nombre por primera vez. Maradona llevaba una carga llamada Maradona, que le hacía crujir la espalda", detalla Galeano, que agrega: "No había demorado en darse cuenta de que era insoportable la responsabilidad de trabajar de dios en los estadios, pero desde el principio supo que era imposible dejar de hacerlo".

Quizá el más emotivo relato dedicado a Maradona sea "El parto", de "Bocas del tiempo" (2004).

Allí cuenta el nacimiento de Diego Armando y explica que su madre, doña Tota, "encontró una estrella, en forma de prendedor", en el suelo del hospital cuando fue a dar a luz. "La estrella brillaba de un lado, y del otro no", narra Galeano en una mágica fábula de lo que luego sería su vida. "Esa estrella de plata y de lata, apretada en un puño, acompañó a doña Tota en el parto. El recién nacido fue llamado Diego Armando Maradona", concluye.

“La exitoína es una droga muchísimo más devastadora que la cocaína, aunque no la delatan los análisis de sangre ni de orina”, concluyó el escritor en el conmovedor video.

En vida, cada uno de ellos era declarado fanático del otro. Los unían ideales, pensamientos que defendieron siempre. 

En 2015 cuando “el 10” supo que Galeano había muerto le dedicó un cálido mensaje: “Gracias por luchar como un 5 en la mitad de la cancha y por meterles goles a los poderosos como un 10. Gracias por entenderme, también. Gracias, Eduardo Galeano: en el equipo hacen falta muchos como vos. Te voy a extrañar”.

Este 25 de noviembre pasará a la memoria de los argentinos por la muerte de Maradona. Lo que muchos creían imposible finalmente sucedió en el mediodía de este miércoles. 

Por eso, es necesario recordar el día que Galeano cayó a sus pies."                 (Página 12, La Haine, 26/11/20) 


Daniel Bernabé @diasasaigonados
 
Diego Armando Maradona es el paradigma de la cultura popular del sigloXX: acontecimiento inesperado, héroe plebeyo, rebelde iconoclasta, icono en sí mismo, genio inédito, culpable ejemplarizante, barro y brillo, vida y obra con auge y caída.

Maradona dio a los demás la oportunidad de escapar de sus vidas aunque fuera por 90 minutos, de sentir una tristeza y una alegría sinceras. Fue hundimiento, pero también gloria. Pero sobre todo fue todavía de verdad. La última estrella del rock and roll en un terreno de juego.
 
10:02 p. m. · 25 nov. 2020
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"Adiós a Diego y adiós a Maradona.

Hay algo perverso en una vida que te cumple todos los sueños y él sufrió como nadie la generosidad de su destino. Fue el fatal recorrido desde su condición de humano a la de mito el que lo dividió en dos.

 Aquellos que arrugan el rostro pensando en el último Maradona, con dificultades para caminar, problemas para vocalizar, abrazando a Maduro y haciendo de su vida lo que le daba la gana, harán bien en abandonar esta despedida que abrazará al genio y absolverá al hombre. No van a encontrar un solo reproche, porque el futbolista no tenía defectos y el hombre fue una víctima. ¿De quién? De mí o de usted, por ejemplo, que seguramente en algún momento lo elogiamos sin piedad.

 Hay algo perverso en una vida que te cumple todos los sueños y Diego sufrió como nadie la generosidad de su destino. Fue el fatal recorrido desde su condición de humano al de mito, el que lo dividió en dos: por un lado, Diego; por el otro, Maradona. Fernando Signorini, su preparador físico, tipo sensible e inteligente y, posiblemente, el hombre que mejor le conoció, solía decir: “Con Diego iría al fin del mundo, pero con Maradona ni a la esquina”. Diego era un producto más del humilde barrio en el que nació. A Maradona lo sobrepasó una fama temprana. Esa glorificación provocó una cadena de consecuencias, la peor de las cuales fue la inevitable tentación de escalar todos los días hasta la altura de su leyenda. En una personalidad adictiva como la suya, aquello fue mortal de necesidad.

 Si el fútbol es universal, Maradona también lo es, porque Maradona y fútbol ya son sinónimos. Pero a la vez era inequívocamente argentino, lo que explica el poder sentimental que siempre ha tenido en nuestro país y que lo hizo impune. Un hombre que, por su condición de genio, dejó de tener límites desde la adolescencia y que, por su origen, creció con orgullo de clase. Por esa razón, y también por su fuerza representativa, con Maradona los pobres le ganaron a los ricos, de manera que las adhesiones incondicionales que tenía allá abajo fueron proporcionales a la desconfianza que le tenían los de arriba. Los ricos odian perder. Pero hasta sus peores enemigos tuvieron que sacarse el sombrero ante su descomunal talento futbolístico. No había más remedio.

 Con poco más de 15 años empezó a concursar para dios del fútbol. Lo hizo, además, en un país que lo acogió como a un mesías sentimental, porque el fútbol, en Argentina, es un juego que solo llega a la mente después de pasar por el corazón. La fascinación por el arte barrial que Diego llevó a los estadios trascendió al hinchismo. No importaba la camiseta que llevara, era un genio, era argentino y eso resultaba suficiente para desatar el orgullo.

Domador de la pelota

Como es su obra lo que lo hizo grande, y no su vida, empecemos por ahí. Hay una primera imagen de Diego dominando la pelota en un escenario humilde, concentrado como un burócrata y feliz como un niño que arma y desarma la pelota, el juguete de su vida. Primero la zurda y luego la cabeza no la dejan caer en lo que parece una amable discusión con esa pelota que aún se le rebela. Está a punto de escaparse, pero Diego no la deja, la somete, como si la estuviera domando más que dominando. Tiene poco más de diez años y ya apunta para virtuoso, aunque la pelota y Diego aún se estén conociendo.

El idilio del domador con la pelota creció con el tiempo hasta llegar a un punto en que ver a Diego manejarla era un espectáculo aparte. Cuando entrenaba, y solo para dar un ejemplo, la tiraba hasta el cielo con un efecto que solo él entendía y, mientras la pelota viajaba, Diego hacía ejercicios como si no se acordara de lo que había dejado colgado en el aire. Pero cuando la pelota, ya cayendo, llegaba a su altura, volvía a mirarla haciéndose el sorprendido, para devolvérsela al cielo con otro efecto y olvidarse de ella otro ratito. Sabía exactamente el momento y el lugar del reencuentro. Lo demás corría a cuenta de su precisión milimétrica. Su infinito repertorio acomplejaba."            (Jorge Valdano, El País, 25/11/20)

 

 "Muchos lloran su muerte, pero la mayoría acabaron con su vida. Son cómplices necesarios. 

Periodistas deportivos, cronistas políticos, tertulianos, cómicos. Aquellos que pasan del amor al odio en cuestión de segundos, que disfrazan su mediocridad bajo la crítica fácil y la descalificación. Se han reído de sus enfermedades, de su adicción, la han instrumentalizado para subir audiencia. A esta lista, debemos agregar compañeros, quienes compartieron vestuario, los que callaron. Lo abandonaron. Los presidentes de clubes en los cuales se entregó en cada partido, lo ningunearon. Lo transformaron en un esclavo de sus intereses, fue moneda de cambio.

Diego jugó y jugaba con la pelota. Fuese de trapo, plástico, cuero, o papel en una media anudada. Pero le tocó vivir en un mundo en transición, el tiempo del neoliberalismo, donde el futbol mutaba en negocio especulativo. Incluso el balón tuvo nombre. Diego retrasó su advenimiento, pero lo situó en el centro del huracán. La televisión era el medio de comunicación por excelencia. Titulares, entrevistas, era noticia.

En 1990, cuando Maradona había dado todo al Nápoles, su afición lo criminalizó. No soportaron la eliminación de Italia en el Mundial de Futbol [en su tierra] a manos de Argentina. Lo persiguió el poder y su equipo lo aisló. La FIFA lo inhabilitó por consumo de drogas. Hubo de abandonar Italia, con su mujer e hijas, una familia rota. Un viaje entre la desesperación y la depresión. Tenía 30 años. Su vida se desmoronaba.

Unos pocos amigos dieron la cara, el resto se dedicó a maldecir. Surgió un Maradona al cual difamar. La prensa amarillista lo hundió un poco más. Periodistas sin escrúpulos. Ocupó las primeras planas de todos los periódicos del mundo por lo que hacía, dejaba de hacer, decía o dejaba de decir. Así fueron sus segundos 30 años. Idas y venidas. Recaídas y momentos de euforia. Jugaron con su persona, lo maltrataron, lo persiguieron, hasta hundirlo en una profunda depresión. Los que hasta hace 24 horas lo ridiculizaban, hoy le lloran. La hipocresía les acompaña. Nunca soportaron su compromiso político, del cual se enorgullecía y con razón.

La revolución cubana, su apoyo a Venezuela, la petición de salida al mar para Bolivia o la defensa de Lula da Silva. Se solidarizó con Cuba y Fidel, se abrazó a Chávez y Maduro, apoyó a todos los líderes populares. Cuba le tendió la mano en medio del tormento. Un país nada futbolero, supo de su grandeza. Entendió su sufrimiento. Pero otra vez padeció la mofa de la prensa. Hiciese lo que hiciese, su vida se fue apagando, entre la desilusión y la incomprensión. En internet, youtube o twitter fue objetivo fácil de aquellos que desde el anonimato lo trasformaron en un monstruo. Todos, unos y otros, no tuvieron la humanidad de la que ahora hacen gala. Lo maltrataron hasta quebrarlo.

Maradona cometía tantos pecados que hasta sus muchos pecadores que lo rodearon de tentaciones se animaron a juzgarlo y simulando ser inmaculados pusieron el grito en el cielo. Un personaje excesivamente famoso que las élites dominantes utilizaron para hacer fortuna, también excesivamente. En el Mundial del 86, en México, fue coronado como rey del futbol, después de gambetearle a todos los rivales ingleses que le aparecieron e hiciera el gol más bonito de la historia. Eso fue después que Dios le prestara la mano en ese mismo partido.

Víctima del personaje que hubo de representar, Diego fue desapareciendo y Maradona tomó su lugar para protegerse. La batalla era desigual. Diego era un amigo entrañable, cariñoso y generoso. Diego era un chico de barrio. Había nacido en Buenos Aires, en una villa miseria. Se llamaba Villa Florito, condenado al hambre y la miseria. Su sueño ayudar a sus padres y hermanos. Comprar una vivienda para su familia y jugar al futbol en un equipo de primera división.

Diego jugaba al futbol como dios, pero mejor. Con la pelota esquivaba el hambre y la tristeza. Repartía alegría, ilusiones, fantasías y belleza. Diego no abandonó nunca a la gente de su barrio, de su clase social. Y siempre alzó la voz. Denunció las injusticias, se encaró con los que mandan para defenderse y defenderlos.

Por eso, Diego vivirá siempre en su pueblo y en el recuerdo de todo el mundo que supo apreciar, disfrutar de su arte y compartir su rebeldía. Lo mató Maradona. Y a Maradona lo mataron quienes lo explotaron hasta el último día. Quienes lo sabían y no hicieron nada, quienes no sabían y prefirieron no saber. Todos, salvo aquellos que no sabían y en todo caso no podían hacer otra cosa que amarlo."                  

 (Ángel Cappa y Marcos Roitman Rosenmann , La Haine, 28/11/20; fuente. La Jornada)

 

 "Maradona, sin autoengañarnos. Huérfanos de jugadores rebeldes como seguimos estando, quienes reconocemos en el fútbol una manifestación fundamental de la cultura popular sujeta a un contexto socioeconómico del que no escapa, acogimos a Maradona como si fuera un revolucionario.

 Era El Diego, o d10s, con esa familiaridad con la que nos queremos acercar a las alturas emparentándonos de pega con ellas. También intuyo que un poco meme para bastantes personas jóvenes. Fácil con una cámara apuntándote siempre, teniendo que ser tantas cosas a la vez. Porque puede que la vida de Maradona —corta, intensa y con un final no menos abrupto por muchas veces que fuera anticipado en reuniones informales o redacciones— estuviera marcada precisamente por lo que se esperaba de él desde pronto y en diferentes momentos concretos.

Su trayectoria puede ser también vista como una especie de cartografía del último medio siglo que excede a la persona. Ese mapa le lleva primero de Villa Fiorito a los Cebollitas, el equipo de Argentinos Juniors con el que ganó uno de los Juegos Nacionales Evita. Ese último nombre, el del otro icono nacional, llevaba el hospital de Lanús donde había nacido. Es por esa época que deja un vídeo en el que asegura que tiene dos sueños que en realidad eran el mismo: jugar el Mundial y ganarlo.

Cuando debuta en Primera, el matrimonio Perón ya no vive y en su lugar manda en el país la dictadura más sangrienta de América Latina. La de los militares y Maradona es una historia entretejida a voluntad, sobre todo, de la primera de las partes. Menotti le deja fuera de la convocatoria de Argentina’78, la Copa del Mundo que Videla levanta a menos de un kilómetro del centro de torturas de la ESMA, y la pregunta que se hace Maradona es “¿cómo se lo digo a mi padre?”. A partir de ahí, se da cuenta de que la bronca, el cabreo, ser contrariado, la rabia, le da combustible. Ese es un hambre que seguramente no saciaría jamás.

Con la mayoría de edad, a Diego le llega el turno de la colimba, acrónimo de “correr, limpiar y barrer” y nombre popular de la mili argentina. La del nuevo ídolo vestido de milico era una imagen que la dictadura no podía dejar escapar, pero más importante era dejarle la libertad de que fuera a Japón a ganar el Mundial Juvenil. Aquellos días de septiembre del 79, la Organización de Estados Americanos estaba en Buenos Aires investigando las violaciones de Derechos Humanos denunciadas por colectivos como el de las Madres de Plaza de Mayo. El gobierno no dejó que Maradona y sus compañeros se asomasen al balcón de La Casa Rosada a celebrar nada. El fútbol, sin tampoco total culpabilidad, volvía a echar un capote a quienes arrojaban cuerpos vivos al Río de La Plata. De la estrella se esperaba que, como hasta entonces, no se saliera de la foto.

Pero nada, ni siquiera el torturador Suárez Mason, conocido como “el carnicero del Olimpo” y dirigente de Argentinos Juniors, fue capaz de detener la carrera de Diego hacia un grande, Boca, y poco después hacia, esta vez sí, el primer Mundial. España’82 —jugado en mitad del trauma colectivo por la derrota en Malvinas y el destrozo de una generación de soldados, los nacidos en 1962 y 1963, casi coetáneos al “diez”— lo pasó prácticamente tirado en el césped, cosido a patadas de los rivales. Iba a ser duro en Europa, pero ese verano Maradona llegó a Barcelona. Se esperaba de él que levantase la autoestima de un equipo en depresión. “No creía ser tan importante”, dijo al aterrizar en El Prat.

Si la vida deportiva de Maradona fuera una serie, su etapa en Barcelona sería un capítulo de transición donde van ganando peso un par de tramas hasta ahora subterráneas que después cobrarán mayor importancia. El Diego se convierte, cerca de su representante Jorge Cyterszpiler, en una marca. Anuncia Coca-Cola, McDonald’s. El entourage, cuando ni siquiera se llamaba así la pléyade de personas que pululan con afectos y legitimidades dispares en torno a una persona famosa, carismática y millonaria, aumenta. El “clan Maradona”, lo llamaron. Casi nunca estaba solo.

Los entrenamientos con Menotti eran por la tarde en lugar de por la mañana. Se abren de par en par las posibilidades que brindaba para un chico de 21 años una ciudad como la Barcelona ochentera de vivas Ramblas, Ocañas, Nazarios, y también la de los reservados y los chalets en Pedralbes. Hubo destellos, claro, regates de escándalo o calentamientos de otra época, pero también enfrentamientos con Núñez, un tobillo roto y una noche, tal y como siempre mantuvo él mismo, en que probó la cocaína. Una sanción de meses —con una directiva nada dispuesta a defenderle por los rumores de sus salidas— por una batalla campal tras la final de Copa entre el Barça y el Athletic en su último partido fue el detonante final de su firma con el Nápoles.

El ventajismo dice que la historia de amor entre Maradona y la ciudad del Vesubio estaba casi escrita. Ambas partes carismáticas, desprolijas, exageradas, viscerales. Mágicas. Ya solo la fecha del 5 de julio de 1984 queda en el recuerdo de la afición napolitana, correspondiendo a su presentación. Llegaba tras una grave lesión y a un club que jamás había ganado un scudetto, pero que tenía una fortaleza simbólica latente: este sí, mucho más que aquel Barcelona incluso, podía ser el ejército en pantalón corto, quizá la guerrilla más bien, de un territorio económicamente sometido al tirón capitalista de otras latitudes. El sur de Italia por fin tenía bandera.

Para muchas de las gradas escoradas a la derecha, y para parte del aparato mediático del país, Nápoles representaba un motivo de cruel escarnio. Fue precisamente una pancarta dándoles la “bienvenida” a Italia lo primero que vieron Maradona y sus compañeros al llegar al primer partido en el estadio del Verona. Se fueron sucediendo cánticos xenófobos por varios campos hasta que desde el norte, desde Milán y desde Turín, vieron que aquello iba en serio. Pero la culminación tuvo que esperar a que Diego fuese a México a conquistar el mundo, primero tirando de un equipo al que la propia prensa argentina vaticinaba, y casi deseaba, un descalabro. La bronca por demostrar que los medios estaban equivocados y que aquella albiceleste sin grandes nombres podía salir del Azteca como campeona fue la gasofa que por el camino dejó el gol con la mano y el del barrilete cósmico a los ingleses.

Volvió a Nápoles, donde siguen diciendo hoy día que quien ama no olvida, y le ganó dos ligas a Berlusconi. Una de ellas con polémica arbitral a favor, que así escuece más a los poderosos acostumbrados a hacer ley de su voluntad. Pero, precisamente, con el paso del tiempo, que incluye su paso por Sevilla, Newell’s y Boca de nuevo, las suspensiones por distintos positivos, los intentos de establecerse como entrenador o declaraciones políticas quizá con más alma de manifiesto personal que de contribución a una transformación colectiva real, Maradona fue dibujándose como un símbolo intocable para un montón de aficionados al fútbol. Intentamos congelar la imagen en una gambeta, una celebración, un puño apretado, hicimos lema aquello que supo definir el escritor Roberto Fontanarrosa: “Qué importa lo que Diego hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía”. Evocábamos un tiempo perdido, la nostalgia de cuando era posible competir no con publicidad de casas de apuestas en el pecho, sino con la de salsas Buitoni o chocolatinas Mars.

Huérfanos de jugadores rebeldes como seguimos estando, quienes reconocemos en el fútbol una manifestación fundamental de la cultura popular sujeta a un contexto socioeconómico del que no escapa, acogimos a Diego como si fuera un revolucionario. Alguien que, al menos, parecía libre. Pero ni lo era ni lo fue, ni tampoco dejó de estar la mayoría de su vida en una posición privilegiada, a pesar de esa retórica transgresora que por momentos parecía que iba a acabar, qué menos, con la formación del sindicato de futbolistas definitivo que le diese la vuelta a este maravilloso juego secuestrado por el marketing, la falsa neutralidad, por el capital.

 Lo que se dice no es nunca más importante que lo que se hace. Por eso, obviar que, con el fogonazo que en nuestras cabezas siguen encendiendo esos goles, camisetas y fotos, convive la desmesura y egolatría de quien pudo usar su poder para no tratar bien, para tratar mal, para maltratar —hay que escribirlo si recordamos a sus compañeras denunciantes—, sería injusto. Con ellas, sobre todo, con quien a su lado haya podido sentirse mal. Pero también con él, por reducirle de manera condescendiente a objeto de consumo adaptado a nuestra comodidad. E injusto hasta con nosotros mismos por autoengañarnos."                 (Ignacio Pato, el Salto, 26/11/20)