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24/11/20

“No hubo debate en España sobre la reconversión industrial”... la revuelta obrera en Cartagena del año 1992, que se saldó con la quema del parlamento regional. El mismo año de, ¿lo recuerdan?, la Expo y los Juegos Olímpicos…

 "Nacido en el año 1981, en Murcia, Luis López Carrasco es miembro de Los Hijos y uno de los mejores y más arriesgados realizadores del país. Cercano a los experimentos entre la ficción y la no-ficción de Joaquim Jordà o Isaki Lacuesta, sus filmes El Futuro o Aliens buscan traer de vuelta cierto pasado oculto de España. Arqueólogo de heterodoxias, Carrasco trae ahora del olvido la revuelta obrera en Cartagena del año 1992, que se saldó con la quema del parlamento regional. El mismo año de, ¿lo recuerdan?, la Expo y los Juegos Olímpicos… 

¿Cuándo te contaron por primera vez las luchas sindicales de Cartagena?

No, de estas luchas no me habían contado nada. Solo recordaba ver el parlamento ardiendo en televisión cuando tenía once años y no entender absolutamente nada (risas). Y esto lo recordaba porque en el año 87 u 88 nos habían traído una lámina para colorear de ese edificio, que tenía un estilo ecléctico de imitación de Gaudí… Yo lo había coloreado y se me había quedado grabada la imagen de la fachada.

¿Había alguien cercano al suceso en tu familia o en tu círculo social?

De las luchas sindicales no conocía apenas nada, aunque yo iba a Cartagena de niño (mis abuelos vivían allí). Mi abuelo trabajaba en un banco, era subdirector y mis padres son médicos, psiquiatras, en Murcia. En mi colegio había más clases sociales, entre ellas gente de la construcción, pero gracias a la milenaria rivalidad entre Murcia y Cartagena (risas), según la cual en un lugar se ignora a otro, y que apenas había gente de mi familia de esa extracción, no me enteré. En un viaje a un certamen flamenco, con unos amigos de mi hermano, me encuentro con alguien cuyo padre es extrabajador de Navantia y le cuento que quiero profundizar en el tema. Es Raúl Liarte, que luego sería coguionista de la película. Había estudiado audiovisuales y es él quien tiene el vínculo. 

Era un “hecho monstruo” para todos los que vivieron esa revuelta, según los testimonios que grabas, pero estos no aparecen apenas en la prensa del tiempo. ¿Existió un silencio deliberado en la prensa, especialmente la socialdemócrata, con estas revueltas?

La sensación que yo tengo, después de ver dosieres de prensa y la televisión de aquel tiempo, es un poco parecida a la actual: son “eventos isla”. Cuando hay algún gran disturbio, puede abrir un informativo, pero no hay un seguimiento. Recuerda a lo actual cuando hay movilizaciones laborales o desahucios. Si que es cierto que en El País solo citan que se ha quemado un parlamento y…

“Estas no son maneras”, dice un jubilado como título respecto a la quema del parlamento de Murcia en una noticia de El País…

Mientras que en ABC sí se habla de heridos, de disturbios, más que de la quema del parlamento.

Esos finales de los 80 e inicios de los 90 son la edad de oro de PRISA como escudo del PSOE, apenas hay disidencia.

No, no la hay. Hay un buen reportaje en Antena 3, de diez minutos…

Pero más que como solidaridad obrera, como método de desgastar al felipismo…

Sí, absolutamente. Si mal no recuerdo, uno de los diputados del Partido Popular aparecía en Tele Cartagena con un discurso todavía de defensa de los derechos de los trabajadores.

Todavía parte del PP era estatalista, poco liberal…

Claro. Tengo que decir que la televisión local de Cartagena hizo una cobertura envidiable, ¿eh? Ahora solo da cobertura ADSL, pero nos pasó los materiales y eran estupendos.

¿Eran viables las empresas cartageneras en el sistema mundo? Especialmente aquellas destinadas a los fertilizantes, que comentas en tu pieza que se habían modernizado...

Sobre la viabilidad de estas empresas, claro, es evidente que en el filme tiene cierta preponderancia la visión sindical, puede estar escorado.

Cito la empresa de fertilizantes, porque si bien era difícil que la industria pesada pudiera competir con los tigres asiáticos, me sorprende que se vendiera a especuladores una empresa tan especializada y parece que sin pérdidas…

Hay una cuestión, que se quedó fuera del montaje, y es que Paco Segura, de CC.OO., cuenta que luego de la privatización, de la mala venta de esas empresas, España acabaría importando fertilizantes a Francia por el doble de lo que le costaba producirlos. Esa especie de geoestrategia intraeuropea de la cual no se pueden conseguir datos de cómo se pactó…

Parecen pactos económicos secretos, al estilo de Yalta, donde se decide la vida de decenas de trabajadores…

Exacto. Lo que es significativo es que luego de años de negociación y varios planes de inversión y empleo, Carlos Solchaga decide saltárselos a la torera y malvender a un grupo especulador. Lo que se pretende es vender ese centro de las ciudades: la desindustrialización va unida muchas veces a fenómenos de especulación inmobiliaria con el ladrillo. Hay un libro sobre la reconversión en Gijón, coordinado por Carlos Prieto, donde el proceso es el mismo: hay unos gobernadores y propietarios de empresa pública que se funden toda la pasta en congresos o viajes. El caso de los fertilizantes es ejemplar en el sentido que además era un sector estratégico. 

¿Cómo es posible que el PSOE vendiera empresas que daban beneficios a un “mangante”, definición de alguien tan poco comunista como Jiménez Losantos, como Javier de La Rosa? ¿Quién fue el responsable de esa poca visión estructural?

Según la película, Carlos Solchaga, aunque no soy un especialista. Se rumorea que en estas ventas siempre estaba de intermediario nuestro querido rey emérito.

Es vox populi que el gran momento de corrupción en España es a finales de los 80. Pero ¿no es una gran paradoja que en ese mismo año 1992 “de las luces” dos extremos del Mediterráneo, Yugoslavia y Cartagena, estuvieran en llamas?

Es interesante esto, ya que conecta con la idea de la cobertura mediática. No puedes decir que la noticia de la revuelta en Cartagena se tapó: abrió un telediario, pero fueron enmarcados de manera distinta. La comparación entre Yugoslavia y Cartagena no sabría decirte, pero nunca se debate en profundidad si la reconversión se está llevando de manera adecuada. Es decir, no se percibe como un problema nacional: está totalmente atomizado. Esto genera unos procesos de insolidaridad que no se habían dado en el antifranquismo, en los años 70. En el marco mediático, con respecto a él, el monopolio de la violencia pertenece a ETA y todo aquello que sea violento en las calles se puede llamar “terrorista”. Ahí aparece en la prensa la idea de “los incontrolados” o los “antisistema”.

La quema del parlamento se iguala a esto y le echan el muerto a dos delincuentes comunes. Los trabajadores, y esto no sale en la película, se auto inculpan todos, en un proceso de solidaridad interesante. A lo que quiero llegar es que no se debate sobre la reconversión: el marco de debate es el pasado versus el futuro. Es decir, los trabajadores que se están negando a la reconversión son personas en contra del progreso. Es una cuestión metafísica y si te niegas al futuro te pueden entroncar con el franquismo….

La parte en la que echan abajo la puerta del alcalde casi remite a las luchas obreras de inicios del siglo XX.

Nadie quiere estar en la calle manifestándose debajo de la lluvia. Eran personas que les habían obligado a gastar todo su paro: se quedaban en la calle.

De hecho, el franquismo sociológico, que era antiliberal, no quería que se privatizaran las empresas porque las consideraba “riqueza del país”.

Claro. El INI, el instituto para industrializar España, tiene un protagonismo en la película. No había elementos de debate y paralelamente la opinión pública estaba pendiente de los macroeventos deportivos y culturales del momento. Tampoco quiero infravalorar 1992 como “un espejismo”, es una de las pocas veces que la sociedad española estuvo unida en algo.

¿Cómo es posible que se dejara a 100.000 personas por la reconversión en la calle mientras Campsa, petrolera estatal, pagaba una millonada absurda a Camilo José Cela para realizar anuncios a su gusto?

(Risas.) Sí, claro: casos como esos hay cientos. Despilfarros cósmicos mientras se están negando los días de indemnización por despido. Existe una demonización del sindicalismo, como si este disfrutara manifestándose constantemente. Lo que me quedó claro en el caso de Cartagena es que las negociaciones colectivas estaban destruidas, reinaba la desesperación…

Mientras dejaban a miles en la calle, hablaban de la España triunfadora del 92.

(Risas.) Yo creo que todos los gobiernos emiten propaganda. En el caso español las instituciones intentaban legitimar un sistema extractivo para las elites reinantes. En aquel momento se estaba legislando para la mayor concentración oligopolista. Hay un momento en la película en la que se ve el holding olímpico internacional y son todas esas marcas: Dragados, Acevesa, Huarte, etc. Florentino por un tubo (risas). Los llamo los créditos “oficiosos” del documental.

La mayoría de empresas eran del ladrillo, apenas tecnología: no diversifican.

El modelo de crecimiento diseñado es el mismo que el del desarrollismo franquista, pero sin la industrialización. Atracción de capitales internacionales para absorber grandes bolsas de empleo no cualificado, como cuentan Emmanuel Rodríguez e Isidro López en su libro Fin de ciclo.

Ese modelo de ladrillo ya fracasó a mediados del XIX con la especulación del Marqués de Salamanca en la Castellana: acabó arruinado, ya que no hubo demanda para sus casas.

Qué interesante. Por cierto, se me ha olvidado decir que el alcalde del PSOE de Cartagena, José Antonio Alonso, acabó imputado por la trama Púnica.

¿Por qué no lo entrevistaste para el documental?

Intenté eludir las portavocías, las personas que hablaban mucho en los documentales de aquel tiempo.

En tu documental hay varios nostálgicos de lo que se llamó franquismo sociológico y su mercado controlado que permitía sobrevivir a estas empresas ¿No es tenebroso pensar que los intereses industriales españoles estaban mejor defendidos durante la dictadura?

Claro. Es tenebroso y peligroso: hay que tener cuidado con nostalgias industrializadoras que quizá son un pelín anacrónicas. Sobre todo, en un marco europeo y con la globalización de por medio. 

Está empezando a existir en Europa una convergencia de modelos antiliberales entre la derecha identitaria y la izquierda alter mundialista.

Yo no sé si eso que se ha dado en llamar rojipardismo es una realidad…

¿No hay una responsabilidad de los intelectuales de izquierdas al no protestar apenas por estos hechos?

Lo que se percibe en los años 80 es el control absoluto que se tenía de Televisión Española: la salida de José María Calviño. Existe un cambio a mediados de los 80 potente: desaparecen los espacios más libres como La Bola de Cristal, La Clave un poco antes, etc. Realmente había poco espacio para el debate. Hay una cuestión interesante y es cómo la prensa da cuenta de todo. No se puede hablar de “silenciamiento”. Estoy pensando en cómo aparecía el GAL en El País Semanal o cómo lo hacía con los debates sobre la Constitución europea. Suele existir una supuesta “neutralidad” con pensamientos a favor y en contra, pero que son debates pantomima. Si bien creo que no he podido profundizar. Ahora, ¿consideramos que Tele 5 y Antena 3 trajeron pluralidad informativa?

Al final es un juicio de valor…

¿Después del 15M se ha abierto la pluralidad informativa en España? Podríamos considerar que sí. ¿Esto hace que estemos más aislados en nuestras burbujas informativas? En El País estaban Vázquez Montalbán o Sánchez Ferlosio que sorprenden por estar en contra de la posición del gobierno, es difícil generalizar o certificar...

Volviendo a la parte fílmica, es imposible no pensar en los documentales de Joaquim Jordà sobre la empresa Numax y la sensación de desencanto en la izquierda obrera con el gobierno del PSOE ¿Los tuviste en cuenta a la hora de realizar este trabajo?

Para mí hay un descubrimiento y es la película Después de... de Cecilia Bartolomé y José Juan Bartolomé. No se menciona tanto como las obra de Jordà o Portabella porque tiene un aspecto más de reportaje y quizá para la cinefilia hay ciertas cuestiones de prestigio estético que si no están integradas en la obra no se tienen suficientemente en cuenta. Mientras yo preparaba El Futuro, lo he mencionado ya, vi al mismo tiempo Pepi, Luci y Bom y Después de…. Son casi del mismo tiempo, más o menos, y parecen hablar de dos países totalmente distintos. Después de… acaba de rodarse en enero de 1981, es decir Cecilia y José Juan han insistido mucho en que la gente no se expresara con esa vehemencia y libertad luego del 23-F.

Coincide con tu trabajo en que está poco editada, es muy natural…

Sí. Hemos querido mantener la continuidad de plano, sin ningún Jump-cut, para que se fuera desarrollando la opinión de los protagonistas y el pensamiento discursivo. Quería volver a Después de… porque al ver la película me pregunté el “¿qué fue de ellos?” respecto a todos esos grupos sociales. Toda esa gente desaparece del imaginario. ¿Dónde están? Siguen en sus lugares, pero el cine español ya no los atiende. La sensación es que todos se convirtieron en clase media de la noche a la mañana, lo cual es un espejismo.

Esa película tiene una pluralidad de testimonios que para mí fue muy influyente. También está la estela De Nens de Jordá y también Numax Presenta, pero se nos cayó la parte ficcional que tiene el último. Incluso el trabajo del Colectivo Videodrome; ante la ausencia de imágenes que no fueran prototípicas de los 80 acabé viendo imágenes de videoclips de Obús. Quería ver imágenes documentales de Vallecas. O el proyecto Nueva Ilustración Española de José Luis García Sánchez y Basilio Martín Patino, donde intentaron hacer una revista en vídeo. Se vendía en quioscos y en cada cinta entrevistan a Ricardo Bofill y luego a un heroinómano en la calle. Hay todo un discurso de las televisiones locales como “memoria comunitaria” que nos ayudaría a componer la realidad social.

La legislación era muy restrictiva: cuenta Jimmy Giménez-Arnau en sus memorias que montó una televisión pirata en Ibiza, en plan reality, con entrevistas extremas. Y creo que llegaron a entrevistar a un mudo…

Enrique Bustamante, de hecho, insistía mucho cuando daba clase en la Complutense en que las legislaciones del audiovisual han arrinconado a las teles locales.

¿Es deliberada la calidad vídeo VCR de las piezas rodadas en el presente? ¿Buscabas combinar estas con las piezas de televisión del tiempo? Parece una realidad caleidoscópica, entre la ficción y la realidad y el bar fuera el eterno retorno de todos....

Bueno, la idea de “eterno retorno”, la idea de “limbo” o “tiempo circular”, está en la génesis del proyecto. Incluido lo de encerrarlos en el bar: es la idea de conectar dos tiempos, de encerrarlos a la vez…

Recuerda estéticamente mucho a No de Pablo Larraín, que también combinaba formatos con mucha habilidad.

Fíjate que No me gusta mucho, pero creo que allí el U-matic es un pequeño pretexto. Aquí también lo es, pero creo que hemos intentado usar este formato de la época de una manera más concienzuda que el propio Larraín.

Larraín es más estético, al ser una ficción…

Es más estético, claro. Pero en nuestra película había una intención de que hubiera continuidad entre el material de archivo y el actual, que se desdibujaran temporalmente en la primera parte del filme. Esto me permitía realizar esas comparativas o asociaciones entre generaciones de una misma clase social. Luego creo que el Hi8 es un formato doméstico, de microhistoria, de cotidianidad. De alguna manera, como codificación cultural, dentro de 150 años esas asociaciones quizá no existirán…Esos naranjas, azules, del Hi8 me llevan a esa Cartagena perennemente contaminada. José Ibarra, asesor y uno de los protagonistas de la película, me citó a las seis de la mañana en el chiringuito de Navantia y luego me llevó al valle de Escombreras. Allí me dijo: “Huele… esto es anhídrido sulfuroso: a esto tiene que oler la película” (risas).

¿Fue deliberado enfrentar a los distintos testimonios, algunos opuestos, en el documental?

Sí. También el policía. Éramos muy conscientes de que por nuestras afinidades con la izquierda la película podía acabar teniendo un sesgo panfletario. No queríamos hacer una hoja parroquial de CC.OO. Luego había muchas diferencias entre los líderes obreros: no es lo mismo lo que opinan los líderes sindicales antiguos, que odian a los líderes actuales. Por eso pusimos a Ibarra en el último segmento razonara sus motivaciones: estas pueden ser convincentes o no. Intentamos en todo momento que los interlocutores que no estuvieran de acuerdo fueran convincentes y pudieras empatizar con ellos. Me preocupa muchísimo que convirtamos en “parodia” al votante conservador o de ultraderecha. Este votante tiene sus motivos…

Es la cita de Welles sobre su ambigüedad: “Todo villano debe tener sus motivos” …

Claro. En este caso lo intentamos bastante. Me gustaría que en la película hubiera aparecido un militar en activo, además de más policías. Al militar no le permitieron aparecer. Hay otros huecos de representación sin cubrir en la película: trabajadores magrebíes y más mujeres, que participaron en las movilizaciones del 92. Intentamos encontrar a la mujer que dice “…estoy aquí en la puerta del parlamento y…” pero se fue a vivir a Sevilla, y no fue posible. 

¿Siempre te planteaste este documental a dos pantallas?

Originariamente nos pareció que recreaba muy bien la experiencia de habitar el espacio del bar. Multiplicaba el espacio: recreaba la experiencia de estar en la barra del bar, escuchando y mirando lo que dicen otros. Era un montaje fluido y orgánico. La película pretende conectar lo individual en lo colectivo, especialmente en el aperitivo. En el epílogo, cuando mostramos todos los rostros contrapuestos que ya has visto, adquiere un significado nuevo. Casi los títulos de una sitcom, donde ves a los personajes otra vez… 

Reivindicas también la oralidad, el dialecto murciano, en los testimonios y ofreces una pequeña ventana a su cultura popular ¿Ha sido estigmatizada el habla en el resto del país?

Sí…

¿Están guionizados?

En ningún momento. Yo desconozco cuánta producción murciana y de su idiosincrasia ha existido en los últimos años, pero hay una apuesta nuestra por mostrar esa cultura. Hay una serie de estereotipos muy fuertes respecto al sur de España. Ya sabrás esa anécdota de la Complutense: el profesor de radio decía a principio de curso aquello de “todos los murcianos están suspendidos”. A mí ha habido trabajos donde me han dicho que no hable con acento, porque no podían tomarme en serio. Por eso quería hacer una película con tanto acento murciano y que cuando parezca alguien, que es de Burgos, te salte la alarma: “¿qué raro?”. Es importante no reforzar estereotipos.

Murcia se ha convertido ahora en la mofa nacional, es el nuevo Lepe, y yo quería entender de otra manera ese colectivo. Porque eso genera al fin y al cabo baja autoestima en el colectivo y detrás de ello, creo, siempre está la ultraderecha…

¿De dónde viene la durísima tradición sindicalista de Cartagena? (Cantón de Cartagena, Guerra Civil, etc.) ¿Crees que compite con Asturias, Euskadi o Barcelona como región "más conflictiva socialmente" del país?

Yo creo que procede totalmente de su tradición industrial, de su tradición obrera. Un historiador me comentaba que en la Segunda República se decía que Cartagena era Moscú y Murcia, Roma. Los astilleros de Bazán, los astilleros reales, los monta Felipe V en castigo a Cataluña por el apoyo al candidato de los Austrias. Era un foco industrial y las primeras CC.OO. se crean en Bazán.

El Partido Popular lleva presidiendo Murcia desde el año 95 y dominando la ciudad de Cartagena ¿Fueron estas revueltas sociales el inicio del fin de la izquierda allí?

Para mí la cuestión fundamental es: ¿cómo debían de ser de fuertes las presiones internacionales para que se acometiera la reconversión industrial? Quiero decir, es una política suicida: están legislando contra sus votantes. Yo conozco casos de votantes de izquierda que prefirieron morirse votando al Partido Popular, castigar al PSOE, que votar a otras opciones de izquierda precisamente por la rabia o el sentimiento de traición.

¿Cuándo vas a adentrarte en el cine de ficción de nuevo? El futuro es una excelente pieza de retro futurismo...

La verdad es que no lo sé. Me gustaría que el próximo proyecto fuera de Antonio García Quesada, que al final no salió en el documental. Fue el primer insumiso al servicio militar con condena civil y era de Cartagena. Tengo una entrevista con él de 50 minutos, en la cual hace repaso del movimiento antimilitarista. Con respecto a la ficción, soy incapaz al acabar un proyecto de pensar en otro porque acabo totalmente quemado. Más en este, que han sido tres películas en una.

Por otra parte, siempre he querido adaptar las escenas corales de las novelas de Max Aub: hay una escena fascinante en Campo de Sangre que es absolutamente increíble, también en La calle de Valverde, a la que sería interesante aproximarse por ser en un bar, de rollo tabernario. No tengo ni la más remota idea, vaya.

¿Serías capaz de hacer cine comercial utilizando los parámetros fuera del documental? ¿O es un sacrificio moral para tu manera de realizar estas obras?

Tengo la inmensa suerte de trabajar con Luis Ferrón, que me da libertad absoluta.

Pero, ¿podrías hacer cine convencional sin estética documental?

Sí, sin problema. No sé si me parecería, eso sí, estar en un proyecto donde no tuviera control total.

¿Cómo valoras el éxito de la pieza? ¿Lo esperabas? ¿O quizá preveías algo más local?

Lo esperaba.

Es un poco narcisista esto… (risas.)

(Risas.) A ver, desarrollo un poco. Tenía dudas de si iban a poder seleccionar los festivales una película de tres horas y veinte. Siempre tienes dudas de si una película tan local va a funcionar. Ha sido premiada en lugares como París, Tesalónica, Bogotá, Toulouse, México DF, Curitiba Brasil, Jeonju Corea y en Sevilla, y a la salida del filme me encuentro a público japonés, coreano o chino diciendo “a nosotros nos pasa lo mismo”, quizá porque hablaba de un fenómeno global laboral. Ahora, te confieso, con mi narcisismo, sabía que la película iba a funcionar. No sabía si en dos, diez, veinte años o ahora, pero confiaba en ello.

El documental empieza y acaba con dos sueños; alucinaciones, en parte de impotencia. ¿Es esta frustración la que lleva a muchos obreros a votar opciones nacionalistas estatales o locales en el país?

Yo sería muy cuidadoso en dar por sentado que a la ultraderecha la vota la gente trabajadora. Hemos visto en las primeras elecciones andaluzas, según el catastro de El Ejido, que votan a Vox los barrios de urbanizaciones. Vota la clase media empobrecida con la crisis, que no soporta que “las vacas gordas” no vayan a volver. En Murcia, votan extrema derecha los empresarios agrícolas, regantes, cuya mano de obra es la inmigración no regularizada. En cambio, en Mazarrón o en Águilas, más obreros, sigue ganando el Partido Socialista. Es importante no asociar clase trabajadora y ascenso de la ultraderecha, de ahí que la última frase de la película sea: “La próxima vez que me cruce con los nazis, se van a acordar de mí…”.              (Julio Tovar, CTXT, 18/11/20)

4/10/17

A la clase dominante el robo del erario público, evadir impuestos, la comisión de delitos financieros o enviar sus botines a paraísos fiscales no le repugna tanto como el robo de carteras en el metro por un raterillo

"(...) A la clase dominante el robo del erario público, evadir impuestos, la comisión de delitos financieros o enviar sus botines a paraísos fiscales no le repugna tanto como el robo de carteras en el metro por un raterillo. 

Cuando esa moral se hace mayoritaria en el pueblo, se explica que haya trato de favor a muchos de los corruptos imputados o que delincuentes fiscales y financieros como Trump o Rodrigo Rato hayan llegado a la cima del poder. Tanto por parte de los gobiernos, de la fiscalía como de la judicatura, o de algunos medios de comunicación y de los voceros de los partidos que juegan el papel de abogados de los delincuentes se considera que el ladrón de guante blanco es un gentleman que cometió un error: le pillaron. 

Eso es también lo que explica que el FMI, el santa sanctorum capitalista, haya tenido al frente en los últimos años como directores a insignes sinvergüenzas: además del citado patriota Rodrigo Rato le han sucedido Dominique Strauss-Khan y Christine Lagarde. Son de los suyos. Son muestras de la doble moral burguesa. 

(...) en una sociedad regida por el afán de lucro y la riqueza, en la que el discurso político se reduce al presupuestario, en la que la gestión, incluida la pública, tiene como criterio fundamental el coste/beneficio, la atracción que ejerce el dinero es determinante. 

El poder social del dinero, la ocupación de las mentes por el dinero es enorme y, por tanto, con esa metástasis de la mercancía dinero viaja su huésped la corrupción. Dinero y corrupción se constituyen en una fuerza clave en el entramado de la sociedad burguesa.

Como telón de fondo ideológico de la doble moral burguesa, está la ideología económica liberal que parte de dos premisas, ambas indemostradas. Por un lado, la superioridad de la gestión privada frente a la pública, o sea del mercado respecto al plan para asignar recursos, y, por otro, la existencia de una separación drástica entre la esfera pública y la privada, que coexisten, pero no se “contaminan”.

 Por eso los gobernantes y sus corifeos no ven problema alguno en las “puertas giratorias”, que los señores diputados procedan de ciertas empresas, formen parte de ciertos despachos de abogados o ingenierías, o que acaben formando parte de consejos de administración en “sectores-premio”; ni atisban corrupción en la aprobación de las innecesarias y ruinosas autopistas de peaje radiales en Madrid que se han realizado para más INRI con aval financiero público. 

Tampoco ven problema a declarar de “interés nacional” el grueso de las obras públicas sean infraestructuras viarias del AVE o autopistas o las derivadas de la política hidráulica, cuando realmente esas decisiones quien realmente las tomó fueron las empresas que se dedican a la obra pública. Para conseguirlo las grandes compañías cuentan con importantes bazas: amigos en partidos, presiones y el lubricante monetario.

Mandel (1994) desarrolla la idea que es el poder económico y su concentración en pocas manos el factor decisivo en la corrupción porque “el poder corrompe. Mucho poder engendra mucha corrupción. Pero en la época del capitalismo, no puede haber poder [político] absoluto, pues en última instancia la riqueza y el dinero dominan. 

La gran riqueza corrompe tanto como el poder, si no es que más” 5/. Idea que también esbozó años antes Gramsci, al afirmar en las Notas sobre Maquiavelo que la acumulación de poder económico genera corrupción 6/. Ambos autores corroboran algo evidente: en el capitalismo, las sacas de billetes, acciones y obligaciones otorgan un gran poder a quien las poseen y corrompen lo que tocan en su entorno social.

Situar la posición respecto al dilema que encabeza el apartado es básico. El riesgo que comporta la corrupción sistémica no es que acabe con las instituciones. De hecho, algunas de ellas están precisamente diseñadas para poder saquear las arcas, bienes y servicios públicos. Puede perpetuarse la corrupción y seguir funcionando la institucionalidad.

Lo incompatible con la corrupción es el interés de la mayoría social y el ejercicio real de la democracia en condiciones de igualdad y libertad porque la corrupción mina las bases mismas de la sociedad e impide que se fundamente en la persecución del bien común. Lo incompatible con la corrupción por tanto es el interés público.

Por ello es errónea la idea que subyace en la afirmación del filósofo Gustavo Bueno (2010) cuando afirma que “la democracia no muere por la corrupción, solamente hiede” 7/. Las que pueden sobrevivir a la corrupción son las instituciones del Estado, bajo forma y apariencia más, menos o nada democrática, pero la democracia, entendida como el gobierno del pueblo por el pueblo sufre un importante deterioro y quebranto con la corrupción porque ésta va contra el interés público y merma el espacio material de lo público. El catedrático de Derecho Administrativo Alejandro Nieto afirma que “La corrupción no ataca al Estado en general… pero sí al democrático” 8/.

Dados los debates en curso, conviene recalcar que institucionalidad y democracia no son sinónimos; como tampoco lo son democracia y capitalismo. Y también que el Estado no es un artefacto neutral en el conflicto entre las clases con capacidad para acabar con la corrupción. 

 Depende del momento, el Estado, puede jugar diferentes papeles dependiendo de los intereses generales de la burguesía con el objetivo de perpetuar su dominación. Por ello en las sociedades burguesas con libertades políticas el “sensor” primordial del Estado para actuar frente a los casos de corrupción es el del grado legitimidad social del poder en esa situación.

El conocimiento público de la proliferación de casos de corrupción con grados muy altos de latrocinio puede producir tal alarma social que ponga en riesgo la legitimidad de los gobiernos e incluso del sistema que amparan. 

En el caso de que haya un descenso de esa legitimidad, Adam Smith, fundador del pensamiento económico capitalista en los albores del mismo, para defender lo esencial del sistema (el negocio), advertía que “El comercio y las manufacturas, en pocas palabras, no pueden florecer fácilmente en un Estado en el que no haya un cierto grado de confianza en la justicia del gobierno” 9/.  (...)

Llegado un punto crítico de ebullición y para enfriar la caldera social una de las opciones en manos de la burguesía es sacrificar peones para defender los intereses del conjunto del sistema e incluso realizar reformas para regenerar el sistema si afectar a su naturaleza. Incluso en situaciones extremadamente graves como la que vive Brasil en estos momentos, sectores de la burguesía representada por el ex presidente Cardoso o la cadena Globo estén pidiendo la dimisión del todavía presidente Michel Temer. 

Por ello Mandel (1994), advierte que “el remplazo de las camarillas más corruptas por otras fuerzas políticas no significa que se altere la dinámica fundamental si sigue imperando el criterio del enriquecimiento” 12/. Cosa que se pudo constatar en los años posteriores a ese escrito con los gobiernos italianos de Silvio Berlusconi.

Por ello nuestra apuesta en el para instituciones / democracia antes planteado, debe superar los marcos formales y situar sus respuestas en torno a los elementos que sustancian la democracia, la justicia y la igualdad que son los que efectiva y materialmente son incompatibles con la corrupción.

Tres consideraciones sobre los instrumentos

Para conjurar el mal del latrocinio de arcas y bienes públicos y sus consecuencias, y también el peligro de aparición de cavalieri populistas, debemos ser conscientes de tres cuestiones:

El laissez faire liberal es un suicidio social

Dejar “pasar” la corrupción genera indignación, pero también impotencia cuando no cinismo social que puede ser caldo de cultivo de la derechización de sectores de masas que buscan en líderes demagogos parafascistas las soluciones mágicas. Hay que hacerle frente desde el primer momento con todos los medios y decisión.

Papel y límites de la ética

Desde la ética y el cambio de valores y parámetros culturales se puede denunciar e impugnar la corrupción, pero no erradicarla o al menos minimizarla dada su textura y las causas que la originan. El cambio de las mentes y los valores es condición sine qua non para luchar contra la corrupción, pero ni la corrupción es un asunto de meras desviaciones morales individuales, ni se erradica a (simple) golpe de una nueva ideología regeneracionista; es preciso modificar las condiciones materiales y el marco institucional concreto que en cada caso le sirven de base.

Papel y límites de las medidas jurídico institucionales

Las medidas jurídicas y administrativas para su detección, control y castigo son necesarias e imprescindibles, pero no suficientes, precisamente porque la corrupción sistémica tiene relación directa con el modelo productivo vigente y con el mismo modo de producción. Sin la acción política no se puede erradicar o minimizar la corrupción, pero la esfera de la política es una parte, un ingrediente, que sin el concurso de los cambios materiales tiene muy limitada su capacidad de cambio.

Hannah Arendt, en sus interesantes consideraciones sobre la naturaleza corruptora de la mafia italiana, afirma que para acabar con la injusticia social que genera esta gangrena es necesaria la política como materialización de la libertad de elección, cosa que es cierto, pero, a la vez, critica innecesaria e incomprensiblemente a Marx porque, según la autora, éste subordina la política a la producción -afirmación que jamás hizo el alemán- 13/.

Para luchar contra fenómenos como la corrupción que atraviesan la esfera cultural, moral, institucional y material, se necesita la acción política desde ya, inmediatamente, sean cuales sean las condiciones y las correlaciones de fuerza, pero a medio y largo plazo o se modifican las relaciones de producción o no se logrará combatir efectivamente la lacra social ni habrá democracia real.

hitos de una hoja de ruta anticorrupción

Si acertamos en las tareas en las instituciones y en la organización, movilización y expresión política de la indignación popular, es posible que conozcamos la crisis de la Tangentópolis “a la española” pero sin el desgraciado resultado de la aparición de los Berlusconi. 

Vamos a estar atentos a los posibles efectos que a medio plazo tengan las muy oportunas mociones de censura en la Asamblea de Madrid y en el Parlamento español presentadas por Podemos. Mociones que tienen como primer objetivo exigir públicamente responsabilidades políticas para dar paso, si es posible, en el futuro, a cambios de gobierno y responsabilidades penales. Y ¿por qué no?, empujar en el sentido de la ruptura democrática que posibilite la apertura de procesos constituyentes.

Si logramos hacer patente ante la mayoría de la sociedad que la corrupción anida en el régimen y se alimenta del sistema habremos dado un paso positivo en la senda de ahondar las grietas del régimen político y de aumentar la desconfianza y rechazo de las masas respecto al capitalismo.

En este caso como en tantos de la vida social y económica la clave sigue siendo tanto en la sociedad actual como en una sociedad pos capitalista lo que el marxista alemán Stefan Heym perseguido por el nazismo y represaliado por el estalinismo denominaba “control social desde abajo.” 

Esta es la base de una democracia real, basada en la iniciativa y participación popular, en el control de las decisiones de los representantes y en la permanente deliberación del conjunto de la sociedad sobre los asuntos que les atañe creando mecanismos para poder decidir en última instancia de forma colectiva y soberana.

En el plano de la actividad política

La batalla exige ejemplaridad y contención en el ingreso de los cargos públicos como han ejercitado Podemos, las confluencias y las candidaturas municipalistas del cambio. Y tal como se plantea en sendos trabajos de Pastor en viento sur, entender la actividad política como compromiso voluntario con la transformación social y no como un oficio o profesión en la que escalar, terminar con la profesionalización mediante la limitación de mandatos, la aplicación de incompatibilidad con otras actividades remuneradas y rendir cuentas al electorado, asegurar la regulación de mecanismos como las primarias y la rotación y revocación de cargos 14/ y asimismoacabar con “la presión derivada del incremento de las necesidades de financiación de los partidos políticos y de las campañas electorales estimulada cada vez más por el nuevo estilo de hacer política ´a la americana´” 15/ cosa que solo se puede hacer limitando el gasto de las actividades en campañas y fuera de campañas, y la total transparencia en las cuentas de los partidos e instituciones en tiempo real.

Se trata de convertir instituciones, partidos, sindicatos y cualquier asociación que se nutra de fondos públicos en auténticas casas de cristal, dónde prime el derecho de la información ciudadana sobre cualquiera otro, información ergonómica para las personas o sea accesible y ordenada. Lo que exige una nueva legislación que regule el estatuto de los cargos electos, el funcionamiento y la financiación de los partidos políticos y el sistema electoral.

Sigue el dinero y encontrarás el corrupto

La batalla exige una legislación que condene al ostracismo total a los paraísos fiscales y a las empresas e individuos que esconden sus patrimonios en los mismos. Asimismo, es preciso modificar la legislación de contratación pública para erradicar absolutamente cualquier grado de discrecionalidad y legislar ex novo sobre los bienes estratégicos como el suelo, el agua, la energía y el dinero para impedir la especulación que suele llevar aparejada la corrupción.

Los cambios en la administración pública implicarán minimizar los cargos de libre designación en beneficio del desempeño de los profesionales de la función pública que deberán estar sometidos al escrutinio ciudadano permanente mediante modos claramente establecidos. La batalla exige que se pongan en pie los mecanismos de alerta y control, los protocolos de actuación, los procedimientos de seguimiento y denuncia en manos de una ciudadanía moralmente rearmada.

Más democracia asegura menos corrupción

Más allá, si establecemos el horizonte civilizatorio al que queremos encaminarnos, si pensamos en términos de proyecto de sociedad, podemos concluir que se pueden eliminar las consecuencias negativas del poder absoluto o casi absoluto que tienen los gobernantes y las élites económicas sobre su ciudadanía si, y solo si, se combate y elimina a la vez el Estado fuerte y la gran riqueza del dinero. A eso se le llama transición post capitalista en ruta hacia la sociedad de iguales y libres, pero exige luchar contra el capital y sus desmanes, y la ruptura con el sistema político que lo ampara para poner en pie una nueva arquitectura económica y política, social y cultural. 

Ello va más allá de la “estatalización” de la economía, se trata de socializar las fuentes de riqueza y la gestión de los bienes comunes, de impulsar la autogestión y, por supuesto, el propio poder para evitar que una nueva oligarquía acabe adoptando las decisiones fundamentales en los temas que afectan a la dignidad de las personas y el equilibrio de la biosfera."                         (Manuel Garí, economista y miembro del Consejo editorial de viento sur)

8/1/15

Retrato del corrupto: 'Alejandro y Ana', la obra de teatro que destapó la trama Gürtel


"La edición especial del Hola fue el detonante: había que hacer una obra de teatro sobre el pensamiento de la derecha. Once años más tarde supimos que, con Alejandro y Ana. Lo que España no pudo ver del banquete de la boda de la hija del presidente –uno de los acontecimientos teatrales del país en pleno aznarismo–, los Animalario descubrieron, mientras parodiaban la corrupción, el caso Gürtel. 

 José María Aznar reinaba con mayoría absoluta, acababa de hacerse la foto de las Azores con George Bush y Tony Blair y el sector cultural mostraba su cara más incómoda en los Goya del "No a la guerra", ideada y protagonizada también por Animalario un mes antes del estreno de la obra.

Alejandro y Ana tomó ese paseíllo de políticos, banqueros, empresarios y demás poderosos nacionales e internacionales a la entrada del monasterio de El Escorial y, en un ejercicio de transparencia que va mucho más allá de una página web, nos enseñó lo que nadie quería que viéramos.

 Tejemanejes, pisotones, trapicheos, codazos, falta de valores y escrúpulos… Todo por el poder. Muchos de aquellos ilustres invitados hoy están imputados, con Francisco Correa y Álvaro Pérez el Bigotes a la cabeza, quienes, además, “regalaron” a los novios parte de la boda con cargo a la trama corrupta.  

Reunimos a Andrés Lima, director del montaje, y a Juan Mayorga y Juan Cavestany, sus dramaturgos, en el Teatro del Barrio de Alberto San Juan, también parte de Alejandro y Ana, para recordar lo que supuso esta obra –y esta boda– pero, sobre todo, quiénes éramos entonces, qué somos hoy y cómo (no) ha cambiado la casta.

Mayorga: Esa boda fue expresiva precisamente de algo que luego se ha convertido en un lugar común: apareció una casta. José María Aznar nos dijo “os mando una casta”.
Cavestany: Hizo alarde de ello.

Mayorga: Un hombre que además había presumido permanentemente, y sus partidarios, de su austeridad y su gravedad castellana, sobre el hecho de que su primera acción en Castilla y León fue quitar la Visa Oro esa a sus consejeros. Pues, de repente, se le subió el poder a la cabeza y, desde esa embriaguez, hizo un gesto absolutamente obsceno que se reflejaba extraordinariamente en aquel número del Hola.

Lima: La obra atendía coyunturalmente a un momento muy particular. Era el momento álgido del PP en el poder, con mayoría absoluta, e hizo esta exhibición. Pero justo en ese momento álgido es cuando empiezas a caer y ese acto de ‘somos los más poderosos y entramos en guerra junto al entrañable George’ fue lo que hizo que fuéramos una pequeña balsita en la cresta de esa ola. Y eso le dio una significación especial al montaje.

Mayorga: Creo que nos quedamos cortos. El personaje más corrupto es ese que interpretaba Javi Gutiérrez, Volpone, que se dedica a vender de todo y hasta acaba vendiendo a su hija, pero lo que hemos visto luego supera a cualquier Volpone.

Cavestany: Hay algo de tragedia para mí y, sobre todo, visto con el paso del tiempo. Miro estos años atrás y lo que fue aquello, una especie de culminación patética de la austeridad traicionada o el no poder contener las ganas que tenía ese señor de hacer ese despliegue, y me parece trágico.

Lima: Y, de hecho, la consecuencia fue trágica: la guerra de Irak.

Mayorga: Una boda como esta hoy no sería posible. Se montaría tal lío…

Lima: A mí la impresión que me ha dado en estos 11 años es que el peso de toda esa boda ha estado sobre el país. Ahora toda esta gente es la que está metida en casos de corrupción y es muy significativo. Hace falta echarlos fuera a todos. 

Cavestany: En este tiempo lo que ha irrumpido es la crisis, que ha puesto en un segundo plano la reflexión sobre la política, que es de lo que hablaba esta obra. Creo que lo que ha habido últimamente ha sido una cierta oleada con mucho montaje y comentario sobre la crisis, la supervivencia, los desahucios… pero no ha habido una mirada o visión política documental del momento como fue esto. 

A lo largo de los años nos decían: “Oye, de esto podéis hacer un Alejandro y Ana”, de la boda de Felipe y Letizia o de la Gürtel…

Lima: Se siguen haciendo pero no suficientemente y creo que es por la precariedad del sector. El poder y el pensamiento de la derecha han tenido muy claro desde aquel entonces que no es cuestión de callarle la boca a la gente sino de quitarle el sustento a la cultura para que no se pueda hablar. Creo que hay un ataque directo hacia la cultura en este país, salvaje, y el buque insignia es el 21% de IVA.

Mayorga: Un ejemplo de obra que podría hacerse hoy y sería muy interesante son las andanzas del Pequeño Nicolás. Dan para un muy interesante espectáculo. Y también la apertura del retrato de retrato de Antonio López de la Familia Real.

Lima: La aparición de Podemos es un descanso porque hubo mucho tiempo en que nos pedían hacer cosas con la actualidad. Así que me hace muchísima ilusión que haya salido y que la izquierda empiece a reaccionar un poquito ante todo este atropello.

Mayorga: Usamos en aquel momento la noción de teatro histórico de urgencia.
Lima: Nosotros queríamos hacer mucho hincapié en que no era parodia. Era un análisis muy serio pero evidentemente jugábamos con elementos paródicos y el humor. Tomarnos esto con sentido del humor era básico.

Mayorga: Recuerdo que hubo mucha presión. Un buen amigo, un autor veterano, me dijo pocos días antes del estreno, de esta sólo os podéis librar por la calidad. Como hagáis una mierda, os van a machacar.

Lima: Había también un reto claro difícil que es representar a gente que existe y que vive todavía hoy. Eso en una obra tan coral y que quería hablar de algo tan grande como se supone que es el pensamiento de la derecha, es decir, no hablar de un hecho concreto te obliga por un lado a generalizar y hacer cierta parodia pero, por otro lado, a ser muy fiel a la realidad y no meter la gamba. Ese equilibrio es lo que le da algo especial. Y es verdad que realmente es documental.

Cavestany: Hoy tenemos algo que no había entonces y que me inquieta: las redes sociales. Hay una respuesta instantánea de humor, parodia y comentario que se extiende como la pólvora al minuto de cualquier acontecimiento. Nos pone el nivel de exigencia más alto porque tenemos que hacer con el teatro otra cosa. 

La pregunta es cómo plantear escenas de reflexión sobre la actualidad que no sean lo que se hace a diario en las redes, que es la parodia, la farsa… Por ejemplo, ¿cómo meterle mano con rigor y altura de miras a un tema como el del pequeño Nicolás sin caer en la broma?

Mayorga: Plantea una mayor exigencia. Hacer algo que no sea un gag.

Cavestany: Cuando hicimos Alejandro y Ana contamos con una balsa de varios meses, pero ahora no existe esa balsa para trabajar, estrenar y estar ahí, porque lo de Granados ya se ha acabado, las tarjetas black, el ébola…

Mayorga: Creo que precisamente la proliferación de reacciones en las redes sociales, además muy ingeniosas, nos lleva a nosotros a una mayor autoexigencia y a buscar precisamente, parafraseando el subtítulo, lo que España no puedo ver de Nicolás o de la elaboración durante 20 años del retrato de la Familia Real. Ahí hay algo explosivo, que podría ser enorme. Invitas a la gente a ver eso y es algo vinculado a la coyuntura, pero que puede rebasarla. Es verdad que esto nos obliga a ser más exigentes y autocríticos.

Lima: Un año antes habíamos tomado la decisión de hablar del pensamiento de la derecha. Surge un 12 de octubre cuando Alberto [San Juan] y yo íbamos paseando por Colón y, de repente, nos encontramos toda la movida del Ejército. A partir de ahí empezamos a pensarlo y con esa premisa fue con la que os llamamos. No había boda ni nada. Había las ganas de hacer algo juntos nada más.

Cavestany: Te has saltado el momento clave. Teníamos esa inquietud y nos juntamos los tres con Roberto y Alberto para hablar de cómo abordar el tema de cómo piensa la derecha. Y tú trajiste el Hola de la boda.  (...)

Mayorga: Era tan rico el material que tuvimos que dejar mucho fuera. Recuerdo que dejamos fuera era que la escena de que a Gallardón no le dejaran entrar en la boda. En ese momento era como el electrón libre. Nos lo planteábamos como Spiderman intentando entrar por cualquier ventana y siempre le echaban. A veces he lamentado eliminarlo (risas)."              (

18/6/13

España: alumno aventajado del capitalismo latino

"El capitalismo latino, una letal combinación entre una profusa regulación de la actividad económica y un escaso requerimiento de su cumplimiento, vendría a estar situado en una posición intermedia y pantanosa entre el capitalismo regulado renano y el capitalismo desregulado anglosajón.

En modelo de crecimiento español experimentado desde los años noventa hasta el estallido de la crisis entronca plenamente con los dos rasgos definitorios de este capitalismo latino: 

1) una parte sustancial de la generación de riqueza de un país depende de decisiones administrativas discrecionales, es decir, las reglas del juego no son iguales para todos y, particularizando en el ámbito fiscal, 

2) se usa la política tributaria como elemento de competitividad. Como destaca el economista Manuel Lago[1] la principal causa de caída de la recaudación del Impuesto de Sociedades en España tras el estallido de la crisis, incluso por encima de la reducción de beneficios, ha sido la exuberante ingeniería fiscal desarrollada por las grandes empresas. 

Hay que recordar que la perdida de recaudación de esta figura tributaria es la principal causa de la disminución de los ingresos fiscales entre 2007 y 2011. En 2011 el tipo efectivo del Impuesto de Sociedades sobre el resultado contable de los grupos empresariales, el porcentaje de beneficios que realmente pagaban las grandes empresas, fue tan solo del 5%, mientras que su tipo nominal está en un quimérico 30%. 

Gran parte de las contrarreformas fiscales realizadas por el gobierno de Aznar estuvieron inspiradas por un secretario de Estado de Hacienda, que previamente parece que había participado en la redacción de un manual sobre evasión fiscal, así como en el asesoramiento tributario a importantes grupos empresariales y financieros de nuestro país para pagar lo menos posible, y que ahora está imputado en relación con el caso Bankia, de cuyo Consejo de Administración formó parte tras dejar las responsabilidades públicas.

Es evidente que ambos elementos, evasión fiscal y la discrecionalidad de la administración a favor de determinados grupos económicos, son comunes en gran cantidad de países capitalistas desarrollados, pero lo que hace que adquieran la condición de calificativo de los países del sur de Europa es la magnitud que han adquirido en ellos. 

La facilidad de lograr un enriquecimiento rápido para una casta con conexiones privilegiadas con un poder político no sujeto plenamente al imperio de la ley, el “capitalismo de amiguetes”, está en el núcleo de la elevada corrupción que atraviesa la política española, el segundo problema nacional tras el paro, según una reciente encuesta del CIS.

En las últimas dos décadas la constatación de que la política podía ser una “profesión” de alta rentabilidad a corto plazo fue un claro incentivo para que muchos individuos con escasa ética optaran por entrar en ella. Estos individuos eran plenamente conscientes de que los beneficios de muchas empresas privadas dependían de sus decisiones, insuficientemente sujetas al control interno de la propia administración, tanto en el ámbito local, como en el autonómico e incluso en la Administración Central. 

Tal vez el ejemplo que mejor ilustra esta versión castiza del “capitalismo latino” sea el hecho de que quien llegó a representar al conjunto de los empresarios de este país, a ser presidente de la CEOE, fue un individuo que forjó su fortuna a partir de las concesiones administrativas y de su cercanía con importantes dirigentes del PP, y que ahora está incurso en varias causas penales por presuntos delitos de alzamiento de bienes, evasión fiscal, estafa y apropiación indebida."        (Bruno Estrada, Economistas frente a la crisis, 06/06/2013)

14/3/13

Los costes económicos de la corrupción

"El objeto de estas  líneas es el análisis de la corrupción tanto desde el lado de los corruptos como de los corruptores, de modo que se pueda tener una visión más completa de los efectos económicos de la misma.

Las reflexiones que siguen se apoyan en los avances del análisis económico reciente y en la evidencia empírica internacional, teniendo en cuenta como telón de fondo los casos de corrupción en España.  (...)

Cada uno de ellos tiene sus propias peculiaridades; pero, en conjunto, muestran comportamientos irregulares que afectan al partido de gobierno (en el ámbito central, autonómico o local), en los que median donaciones de carácter anónimo, opaco e ilegal, y que llevan consigo delitos múltiples: prevaricación, cohecho, apropiación indebida, malversación de caudales públicos, tráfico de influencias, fraude fiscal, evasión de capitales, falsedad en documento oficial, financiación ilegal, concesiones y adjudicaciones ilícitas, delitos urbanísticos y blanqueo de dinero.

 Asimismo, en los casos de las empresas privadas, lo habitual es que la corrupción trate de eludir las cotizaciones sociales-“dumping social”-, las cargas impositivas-“dumping fiscal”- y la reducción irregular de los costes de producción distorsionando la competencia.

Todos estos comportamientos forman parte del concepto amplio de corrupción; es decir, de aquella actividad que implica  abusos del poder público por parte de quienes lo detentan para, a cambio de sobornos del sector privado,  influir en la elaboración de leyes, regulaciones, licitaciones y concesiones. 

Este concepto de corrupción supone asimismo la búsqueda de rentas consistente en acceder o controlar las oportunidades de ganancias -en detrimento de los intereses colectivos- derivadas del ejercicio de “lobbying” de los grupos de presión ante las administraciones públicas.

La complejidad del fenómeno de la corrupción obliga a limitarnos únicamente a tratar tres aspectos: la relación negativa entre corrupción y crecimiento económico, los perjuicios de la corrupción en el sector público y el aumento de la desigualdad social  que dicho fenómeno comporta.

En primer lugar, la corrupción es un incentivo a la inversión en bienes tangibles (suelo, construcción y vivienda, por apropiación de rentas al ser contratados) frente a la inversión en bienes intangibles (educación, formación, investigación, desarrollo, innovación y progreso técnico), que promueven en mayor medida la elevación de la productividad y generan el crecimiento de las economías.

La corrupción deteriora el entorno de las actividades económicas, crea inestabilidad política y erosiona la seguridad jurídica, empeora la imagen del país y degrada su confianza, eleva el riesgo y aumenta la incertidumbre económica, actúa como un impuesto perverso que premia a las actividades no productivas (depredadoras y buscadoras de rentas) de los corruptores y castiga a los talentos  creativos incrementando sus costes, provee menos recursos y bienes públicos (y de menor calidad) y perjudica las bases de la inversión y, por ende, el crecimiento económico.

Por otro lado, la corrupción disuade a la inversión extranjera al hacer menos transparente y accesible el laberinto burocrático de las administraciones, disminuye la protección efectiva de los inversores (sobre todo de la propiedad intelectual) ante contenciosos entre socios nacionales y extranjeros y, en el caso de inversiones con un  alto contenido tecnológico, induce una mayor aversión a involucrarse en proyectos empresariales en países con una alta corrupción percibida.

En segundo lugar, la corrupción reduce los ingresos públicos al comprometer la capacidad recaudatoria y aumenta el gasto público improductivo al subir los costes de licitaciones no competitivas, limita la capacidad inversora del Estado y empeora la calidad del servicio por utilización de materias primas y equipos de inferior calidad para disminuir costes.

Al tiempo, la corrupción incentiva la evasión fiscal de las empresas, expande la economía informal, asigna ineficientemente los recursos y altera la composición del gasto público en perjuicio de actividades socialmente más rentables (educación y sanidad) frente a otras con ganancias rápidas y fáciles vinculadas a grandes operaciones urbanísticas.

 Este es el caso de los “elefantes blancos” o proyectos públicos de difícil justificación económica y social por su naturaleza y dimensión (grandes proyectos frente a otros ajustados a las necesidades), que no han sido previamente evaluados con criterios razonables basados en el análisis coste/beneficio.

Asimismo, la corrupción genera regulaciones ineficientes amañadas para generar rentas, porque los corruptores sólo están dispuestos a pagar sobornos (para licencias, concesiones y otras políticas públicas) únicamente si esas rentas son de acceso restringido. 

Obviamente, los potenciales corruptores son todos aquéllos que tienen un acceso privilegiado a la información y conexiones de influencia sobre los decisores públicos para obtener subvenciones, beneficios de monopolio y regulaciones más laxas; cuando no para alterar en beneficio propio el precio del bien público  sometido a privatización.

En tercer lugar, la corrupción aumenta la desigualdad social. Perjudica a la distribución equitativa de la renta, porque desvía recursos en perjuicio de las clases y grupos sociales de menores ingresos, encarece los costes de  acceso a los servicios públicos, implica mayores cargas fiscales y costes públicos derivados de la evasión fiscal, reduce el gasto social y provoca pérdidas de empleo por un menor crecimiento económico. 

 Y  al contrario, la corrupción no sólo es depredadora de recursos de la sociedad, sino que permite acumular más poder y riqueza a la minoría social de mayores ingresos.

En una palabra, la corrupción está afectando a factores claves de salida de la crisis: el consumo, la inversión y las exportaciones. Impide a su vez el saneamiento de las cuentas públicas, desvía recursos hacia actividades improductivas y deteriora el modelo de desarrollo de la economía española haciéndolo cada vez más desigual e insostenible.

Finalmente, alguien podría argüir, con razón, que la corrupción es inherente a la naturaleza misma del capitalismo (incluidos los regímenes de capitalismo de Estado), porque es un sistema económico que tiene como motor la búsqueda del beneficio privado, lícito o ilícito, moral o inmoral. 

Sin restarle un ápice de rigor a tal argumento, mientras no se tenga otro sistema mejor y las opciones anticapitalistas no prosperen, convendría fijarse en lo que se ha hecho en otros países de democracia más avanzada y más cohesionados socialmente,  en los que la corrupción es mínima o sus posiciones relativas en el clasificación internacional de transparencia son mucho mejores que las nuestras.

En estos países, las políticas anti-corrupción descansan en una fuerte voluntad política basada en la calidad  de las instituciones y en regulaciones y legislaciones que fomentan la transparencia democrática, la rendición de cuentas, la existencia de un poder judicial independiente, la persecución y el castigo de los responsables, la participación ciudadana, el control de los elegidos por parte de los electores y la cultura cívica. 

Pero me temo que las políticas anti-corrupción sean insuficientes, sino van acompañadas de otras políticas que permitan  una mayor igualdad social y una economía más sostenible."      (José María Mella – Público.es, Attac España, 12/03/2013)

14/2/13

¿Por qué no castigamos la corrupción? Cuando nos beneficia de alguna manera

"Las causas de la persistencia de la corrupción en nuestras instituciones son múltiples. En nuestra opinión una de sus principales explicaciones se encuentra en la ausencia de un castigo en las urnas a aquellos representantes que incurren en comportamientos delictivos o, al menos, poco éticos. 

Evidencia de ello es que, en los dos últimos comicios locales, un elevado porcentaje de los alcaldes imputados en casos de corrupción fueron reelegidos: 70% en 2007 y 39% en 2011. A nivel autonómico, casos como los de la Comunidad Valenciana o Andalucía sugieren también que los votantes otorgan poco peso a la corrupción a la hora de decidir la orientación de su voto. (...)

La paradoja existente entre la popularidad de los políticos corruptos y la impopularidad de la corrupción es el objeto de estudio de nuestro más reciente artículo de investigación. Utilizando datos electorales y de corrupción municipal, encontramos un interesante resultado: la magnitud del castigo electoral depende de manera muy significativa del tipo de corrupción de que ha sido acusado el alcalde.

 Aquellos casos de corrupción que produjeron, al menos en el corto plazo, un enriquecimiento del municipio no generaron ningún tipo de consecuencias electorales. Por el contrario, cuando el escándalo consistía en una merma del bienestar económico de los votantes, estos reaccionaron con un castigo electoral de 5 puntos porcentuales de media.

Para entender la diferencia entre estos dos tipos de corrupción política, vale la pena considerar dos ejemplos que ilustran, en nuestra opinión, la diversidad existente en España. El primero de ellos ocurrió en el muncipio de El Ejido (Almería), cuyo alcalde fue acusado de malversación y desvío de fondos públicos en 2011. 

Con la colaboración de varios miembros del gobierno local y la complicidad del alcalde, una empresa municipal cedió la prestación de servicios públicos a empresas políticamente cercanas que inflaron el importe de las facturas al municipio. Según la investigación judicial, el desvío de fondos alcanzó una cantidad cercana a los 150 millones de euros, el doble del presupuesto anual del municipio. 

La actuación del alcalde en este caso constituye una clara apropiación indebida de recursos públicos para su beneficio personal que esperaríamos que fuera castigada por los votantes, siempre que tengan información precisa sobre estos comportamientos.

Aunque la mayoría de escándalos de corrupción a nivel municipal está asociado a un enriquecimiento ilícito de miembros de sus consistorios, ha sido relativamente frecuente que la corrupción haya producido, a su vez, externalidades positivas a nivel económico en el electorado, al menos a corto plazo.

 Muchos de estos casos están relacionados con la burbuja inmobiliaria, que dio lugar a grandes plusvalías para propietarios de terrenos rurales recalificados y que, en general, supuso para muchas localidades un aumento temporal de la actividad económica impulsado desde el sector de la construcción. Un ejemplo de ello es Pastrana, en Guadalajara. 

En 2010, el alcalde este municipio de 1.200 habitantes permitió presuntamente la construcción de edificios de viviendas en suelo rústico de protección especial. En una localidad de este tamaño, este tipo de obras puede generar un impacto considerablemente positivo en la economía local, al crear nuevos puestos de trabajo y revalorizar las viviendas existentes. 

En este contexto, una amplia proporción de los votantes comparten los beneficios asociados con la acción irregular. Incluso si existe la sospecha de que esta decisión política es ilegal, los votantes pueden considerar que el flujo de ingresos para el beneficio "compensa" los perjuicios asociados al comportamiento corrupto del alcalde.

Estos dos casos representas únicamente un par ejemplos de una pauta generalizada a nivel municipal, y cuya validez se mantiene incluso tras descontar el efecto de otros factores que explican el voto en elecciones locales. El gráfico bajo estas líneas resume los principales resultados de nuestro análisis.


Como podemos ver, al considerar de manera agregada las consecuencias electorales de todos los escándalos de corrupción destapados entre 2007 y 2011 (primera fila del gráfico), encontramos que los alcaldes corruptos perdieron de media menos de 2 puntos en su porcentaje de voto, un castigo que estadísticamente es indistinguible de cero.

 Sin embargo, al diferenciar entre casos de corrupción que incrementaron el bienestar del municipio (segunda fila) y aquellos que lo disminuyeron (tercera fila), podemos comprobar el importante poder explicativo de este factor. Cuando la corrupción genera beneficios que revierten en todo el municipio, muchos electores parecen no tener problema en ignorar el comportamiento irregular de su alcalde y contribuir con su voto a mantenerle en el poder.


Los resultados de nuestro análisis son relevantes tanto para el diagnóstico de la corrupción en España como para el debate sobre las posibles estrategias a seguir para combatirla. En efecto, nuestras conclusiones contribuyen a cuestionar el lugar común según el cual la corrupción en España es endémica por razones de cultura política.

 Por el contrario, demostramos que los ciudadanos hacen dejadez de su capacidad de sancionar de manera racional: entienden que determinados políticos, aun dispuestos a actuar al margen de la ley, proporcionan resultados positivos para sus conciudadanos. En definitiva, no se castiga porque se tolere la corrupción en sí, sino porque se valoran los beneficios indirectos de la misma.