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6/6/24

El Imperio Británico fue el mayor productor y exportador de opio del mundo, el principal producto del comercio mundial tras el declive gradual del comercio de esclavos procedentes de África... El imperialismo británico que acabó con las dos principales potencias económicas hasta buena parte de la era moderna, India y China, utilizó el tráfico de drogas como ariete contra los dos países, haciendo de uno el productor y del otro el consumidor de esas sustancias, quedándose ellos con los beneficios (Stansfield Smith)

"Para los chinos, el trauma del Siglo de la Humillación sigue siendo un contundente recordatorio de su pasada derrota y servidumbre neocolonial, así como un recordatorio de la hipocresía y arrogancia farisaicas de Occidente.

En 1500, India y China eran las civilizaciones más avanzadas del mundo. Entonces llegaron los europeos. Acabaron saqueando y causando estragos en ambas, al igual que lo harían en América y África. En el caso de India y China, Gran Bretaña fue la principal culpable, recurriendo al tráfico de drogas patrocinado por el Estado y respaldado por un poder militar industrializado. El Imperio Británico fue el mayor productor y exportador de opio del mundo, el principal producto del comercio mundial tras el declive gradual del comercio de esclavos procedentes de África. Su «civilización» trajo a China el Siglo de la Humillación, que sólo terminó con la revolución popular liderada por Mao Zedong. Este trauma histórico y la lucha por superarlo y restablecer su país están grabados en la mente de los chinos de hoy.

Antes de que los británicos trajeran su «cultura», el 25% del comercio mundial se originaba en la India. Cuando se marcharon, no llegaba al 1%. El tráfico de opio de la India británica fue durante gran parte del siglo XIX la segunda fuente de ingresos más importante de la India colonial. Su «industria del opio era una de las mayores empresas del subcontinente, y producía unos miles de toneladas de la droga al año, una producción similar a la notoria industria del opio de Afganistán [durante la ocupación estadounidense], que abastece el mercado mundial de heroína». El opio representaba entre el 17% y el 20% de los ingresos de la India británica.

A principios del siglo XVIII, China producía el 35% del PIB mundial. Hasta 1800 la mitad de los libros del mundo se imprimían en chino. El país se consideraba autosuficiente, no buscaba productos de otros países. Los países extranjeros compraban el té, la seda y la porcelana chinos, teniendo que pagar en oro y plata. En consecuencia, la balanza comercial fue desfavorable a los británicos durante casi dos siglos, como la situación a la que se enfrentan hoy Estados Unidos y Europa con China.

Este comercio agotó lentamente las reservas occidentales. Finalmente, 30.865 toneladas de plata entraron en China, en su mayoría procedentes de Gran Bretaña. Gran Bretaña recurrió al contrabando de drogas patrocinado por el Estado como solución, y en 1826 el contrabando desde la India había invertido el flujo de plata. Así comenzó uno de los crímenes internacionales más largos y continuos de los tiempos modernos, en segundo lugar después del tráfico de esclavos africanos, bajo la supervisión de la corona británica.

(Los recién formados Estados Unidos ya traficaban con opio a China en 1784. El primer multimillonario de Estados Unidos, John Jacob Astor, se enriqueció traficando con opio a China, al igual que el abuelo de FDR, Warren Delano, Jr).

La Compañía Británica de las Indias Orientales fue clave en este contrabando de opio. Poco después de que Gran Bretaña conquistara Bengala en 1757, Jorge III concedió a la Compañía de las Indias Orientales el monopolio de la producción y exportación de opio indio. Con el tiempo, su Agencia del Opio llegó a emplear a unos 2.500 empleados que trabajaban en 100 oficinas repartidas por toda la India.

Gran Bretaña gravó con el 50% del valor de las cosechas de los campesinos indios para empujarlos a abandonar la agricultura y dedicarse al cultivo del opio. Esto pronto condujo a la hambruna de Bengala de 1770, cuando diez millones, un tercio de la población bengalí, murieron de hambre. Gran Bretaña no tomó ninguna medida para ayudarles, como hizo casi un siglo después con su hambruna orquestada en Irlanda. Otra hambruna azotó India en 1783, y de nuevo Gran Bretaña no hizo nada mientras once millones morían de hambre. Entre 1760 y 1943, según fuentes británicas, más de 85 millones de indios murieron en estas hambrunas, que en realidad fueron genocidios perpetrados por el Raj británico.

En su punto álgido, a mediados del siglo XIX, la exportación de opio patrocinada por el Estado británico representaba aproximadamente el 15% de los ingresos coloniales totales de la India y el 31% de sus exportaciones. Los enormes ingresos procedentes de esta droga consolidaron a la India como una importante base financiera para las posteriores conquistas mundiales de Inglaterra.

En 1729, el emperador chino declaró ilegal la importación de opio. En aquella época ascendía a 200 cofres al año, cada uno de 135 libras, un total de 14 toneladas. En 1799, el emperador volvió a promulgar la prohibición en términos más severos, dado que las importaciones se habían disparado a 4.500 cofres (320 toneladas). Sin embargo, en 1830 aumentaron a 1.100 toneladas, y en 1838, justo antes de que los británicos provocaran la Primera Guerra del Opio (1839-1842), ascendieron a 40.000 cofres (2.800 toneladas).

La producción de un cofre de opio costaba sólo 2 libras en la India, pero se vendía por 10 libras [más de 1.000 dólares a precios actuales] en China, casi 8 libras de beneficio por cofre.

Unos 40.000 cofres abastecían a 2,1 millones de adictos en una población china de 350 millones. China perdía más de 4.000 toneladas de plata al año. Los adictos eran en su mayoría hombres de entre veinte y cincuenta y cinco años, que deberían haber sido sus años más productivos. Fumar opio se extendió gradualmente a diferentes grupos de personas: funcionarios del gobierno, comerciantes, intelectuales, mujeres, sirvientes, soldados y monjes.

Justo antes de la Primera Guerra del Opio, el «zar antidroga» chino, Lin Zexu, escribió a la reina Victoria: «¿Dónde está su conciencia? He oído que fumar Opio está estrictamente prohibido en su país; esto se debe a que el daño causado por el Opio se entiende claramente. Ya que no se permite hacer daño a su propio país, menos aún debe permitir que se transmita al daño de otros países.» Con la arrogancia imperialista habitual, Gran Bretaña ignoró la carta y desafió la legalidad misma de la decisión soberana de China de prohibir las importaciones de Opio.

Gran Bretaña provocó esta Primera Guerra del Opio en represalia porque China incautó y destruyó 1.300 toneladas de opio en manos de traficantes británicos frente a Cantón (actual Guangzhou). Esto tenía un valor equivalente a una sexta parte del presupuesto militar del imperio británico. El ministro británico de Asuntos Exteriores, Palmerston, exigió una disculpa, una compensación por el opio, un tratado para impedir la acción china contra el narcotráfico británico y la apertura de más puertos al «comercio exterior», su eufemismo para referirse al tráfico de drogas.

La British India Gazette informó del saqueo de una ciudad china durante la guerra: No podía concebirse un saqueo más completo que el que tuvo lugar. Todas las casas estaban abiertas, todos los cajones y cajas saqueados, las calles sembradas de fragmentos de muebles, cuadros, mesas, sillas, grano de todo tipo… todo ello salpicado por los cadáveres o los cuerpos vivos de aquellos que no habían podido abandonar la ciudad por las heridas recibidas de nuestros despiadados cañones… El saqueo sólo cesó cuando no hubo nada que llevarse o destruir.

Una vez que Gran Bretaña derrotó a China, el Tratado de Nankín otorgó Hong Kong a los británicos, que rápidamente se convirtió en el centro del tráfico de drogas de Opio, proporcionando pronto a la colonia la mayor parte de sus ingresos. El tratado también permitía a los británicos exportar cantidades ilimitadas de opio.

En 1844, Francia y Estados Unidos obligaron a China a firmar tratados similares, desiguales e injustos, con los mismos derechos comerciales sin restricciones.

Tras la Primera Guerra del Opio, una devastadora hambruna asoló el sur de China, provocando la muerte masiva de millones de campesinos pobres. Pronto estalló la Rebelión Taiping contra el dominio imperial chino, que se cobró 20 millones de vidas chinas entre 1850 y 1864. Al igual que en muchas guerras civiles posteriores, como en Siria hace una década, los Estados europeos financiaron a los rebeldes para socavar el gobierno nacional.

Karl Marx detalló cómo Gran Bretaña provocó la Segunda Guerra del Opio (1856-1860). Francia se unió al saqueo. El Times de Londres, propagandista de su mafia de la droga patrocinada por el Estado, declaró, “Inglaterra, con Francia… dará tal lección a estas pérfidas hordas que el nombre de Europa será en adelante un pasaporte de temor, si no puede serlo de amor, en toda su tierra.”

En octubre de 1860, los militares británicos y franceses atacaron Pekín. A pesar de las protestas francesas, el comandante británico Lord Elgin destruyó Yuanming Yuan, el palacio de verano del emperador, en una muestra de desprecio hacia los chinos.

«El Palacio de Verano era la casa del tesoro por excelencia de China. Jamás había existido en el mundo una colección de riqueza y belleza semejante. Ni volvería a existir jamás: en unos 200 edificios fabulosamente decorados, treinta de ellos residencias imperiales, yacían riquezas que superaban todos los sueños de avaricia. Joyas, jade, trajes ceremoniales, tesoros de la corte, fardos de seda e innumerables objetos de valor incalculable representaban los años de tributo acumulado ante los emperadores chinos. Había espléndidas galerías de pinturas y bibliotecas irremplazables… Durante tres días, las tropas británicas y francesas arrasaron los pasillos de mármol y los relucientes apartamentos del palacio, destrozando con porras y culatas de fusil lo que no podían llevarse». Cuando el robo y la destrucción terminaron, quemaron Yuanming Yuan hasta los cimientos. Se calcula que se llevaron 1,5 millones de reliquias chinas, muchas de las cuales siguen llenando museos y casas de ricos en Occidente.

Gran Bretaña y Francia obligaron a China a legalizar la importación de opio, que alcanzó las 5.000 toneladas en 1858, una cantidad superior a la producción mundial de opio en 1995. China tuvo que aceptar que ningún occidental pudiera ser juzgado en tribunales chinos por delitos cometidos en el país e, irónicamente, legalizar la labor misionera cristiana.

El panfleto de 1881, Opium: La política coercitiva de Inglaterra y sus desastrosos resultados en China e India, afirmaba, “Como muestra de cómo se llevaron a cabo ambas guerras, citamos lo siguiente de un escritor inglés sobre el bombardeo de Cantón: «Piezas de campo cargadas de uva fueron plantadas al final de largas y estrechas calles atestadas de hombres, mujeres y niños inocentes, para segarlos como hierba hasta que las cunetas fluyeran con su sangre». En una escena de carnicería, el corresponsal del Times registró que medio ejército de 10.000 hombres fue destruido en diez minutos por la espada, o forzado a lanzarse al ancho río. El Morning Herald afirmó que ‘un crimen más horrible o repugnante que este bombardeo de Cantón nunca se ha cometido en las peores épocas de la oscuridad bárbara.’”

A mediados de la década de 1860, Gran Bretaña controlaba siete octavas partes del comercio de opio con China, que había crecido enormemente. Las importaciones de opio de la India se dispararon a 150.000 cofres (10.700 toneladas) en 1880. Los ingresos británicos procedentes del opio ascendían a 2.000 millones de dólares anuales en moneda actual y representaban casi el 15% de los ingresos fiscales del erario británico. El London Times (22 de octubre de 1880) afirmaba escandalosamente que «el gobierno chino admitió el opio como artículo legal de importación, no bajo coacción, sino por voluntad propia». Lord Curzon, más tarde Subsecretario para la India, «ningún historiador de renombre, ni ningún diplomático que supiera algo del asunto, apoyaría la proposición de que Inglaterra coaccionó a China en este sentido.»

China inició la producción nacional para no perder más plata con el opio importado. A partir de 1858, grandes extensiones de tierra se dedicaron a la producción de opio, y las provincias pasaron de cultivar alimentos y otros productos de primera necesidad al opio. Con el tiempo, los chinos llegaron a producir 35.000 toneladas, cerca del 85% del suministro mundial, con 15 millones de adictos que consumían 43.000 toneladas anuales.

China, ahora muy debilitada por el narcoestado británico, cedió a Rusia un territorio equivalente a la extensión combinada de Francia, Alemania y España. En 1885, Francia se apoderó del sudeste asiático chino. En 1895, Japón se apoderó de Taiwán y de la Corea controlada por China.

La Alianza de las Ocho Naciones (Japón, Rusia, Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Alemania, Italia y Austria-Hungría) invadió de nuevo el país en 1900 para aplastar la rebelión nacionalista de los bóxers. Se exigió una indemnización de 20.000 toneladas de plata y China quedó reducida a una neocolonia.

En 1906, además de a la India británica, el tráfico de opio también aporta ba el 16% de los impuestos a la Indochina francesa, el 16% a las Indias Holandesas, el 20% a Siam y el 53% a la Malaya británica.

Ese año, los británicos, que seguían exportando 3.500 toneladas a China, acordaron finalmente poner fin al sucio negocio en un plazo de diez años. La corona británica tuvo el honor de ser el mayor contrabandista de opio de la historia, un factor central en su destrucción de las civilizaciones china e india.

En 1995, la producción mundial de opio se redujo a 4.200 toneladas métricas (4.630 toneladas), procedentes en su mayor parte de Birmania y Afganistán. Los talibanes lo prohibieron en 2000, y la producción cayó de 3.400 a sólo 204 toneladas. La invasión estadounidense de Afganistán en 2001 revirtió esta situación y, en 2008, el Afganistán ocupado por Estados Unidos producía el 90% del opio del mundo, alcanzando las 10.000 toneladas en 2017. Tras la expulsión de Estados Unidos en 2021, los talibanes detuvieron rápidamente la producción de opio. El Instituto de la Paz de Estados Unidos, posiblemente revelando el apoyo estadounidense al narcotráfico, declaró: «La exitosa prohibición del Opio por parte de los talibanes es mala para los afganos y para el mundo» y «tendrá consecuencias económicas y humanitarias negativas.»

La plaga del opio en China no se resolvió hasta la victoria revolucionaria de 1949, aunque continuó en la Hong Kong británica. Mao proclamó que «China se ha levantado», poniendo fin a su Siglo de Humillación, durante el cual al menos 100 millones de chinos murieron en guerras y hambrunas, y hasta 35 millones durante la invasión japonesa de 1931-1945.

En 1949, China había quedado reducida a uno de los países más pobres del mundo. Hace sólo 75 años, cuatro de cada cinco chinos no sabían leer ni escribir. Pero desde 1981, China ha sacado de la pobreza a 853 millones de sus habitantes, se ha convertido en un país de renta media alta según el Banco Mundial y ha recuperado su estatura en el mundo. Occidente ve ahora a China como una amenaza renovada, tratando de nuevo de inutilizarla económicamente y cortarla en pedazos. Sin embargo, esta vez el pueblo chino está mucho mejor preparado para combatir los designios imperialistas de imponerle una nueva era de humillación."

( Stansfield Smith , MRonline, 30 de mayo de 2024, traducción DEEPL)

10/10/23

La epidemia de la desesperación... "no hay absolutamente ningún perfil para el adicto a los opiáceos. Puede ser tu amable vecino, puede ser tu abuelo mayor, puede ser un niño de once años. Conozco a varias personas que comenzaron a usarlos a esa edad"... entre 2006 y 2014 se distribuyeron en Estados Unidos más de 100 mil millones de opiáceos y otros 24 mil millones más de dosis de pastillas para el dolor altamente adictivas... a 92 millones de personas, se les prescribieron opiáceos... entre ellos, los adolescentes a los que les recetan automáticamente opiáceos al ponerles aparatos dentales... entre los menores de cincuenta años son las drogas y Estados Unidos es el país del mundo con el mayor número de fallecimientos por ese motivo. La incidencia es tal que, debido principalmente a este factor y al aumento de las muertes por alcoholismo o suicidio, la esperanza de vida se reduce cada año que pasa... Es decir, la desesperación está invirtiendo la progresión vital de una de las principales potencias económicas del planeta, un fenómeno sin parangón en el último siglo... No obstante, cabría preguntarse: ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? Es decir, ¿es la adicción la que mengua el número de trabajadores o, más bien, es la falta de oportunidades aquello que los empuja a la desesperación y lo que se deriva de la misma? Los adultos sin título están literalmente muriendo de dolor y desesperación... el mayor coste de ser pobre en Estados Unidos es el coste psicológico, la falta de esperanza, la falta de respeto a sí mismos y el distanciamiento del resto de la sociedad... el 79% de los estadounidenses blancos de clase trabajadora que estuvieron de acuerdo con estas dos declaraciones votaron por Trump: «Las cosas han cambiado tanto que a menudo me siento como un extraño en mi propio país» y «el estilo de vida estadounidense debe protegerse de la influencia extranjera» (Helena Villar)

 "Jenny Roberts entra con un busto de plástico a la sala y lo coloca con delicadeza en la mesa. A continuación, abre el kit que contiene el Naxolone, la medicación necesaria para revertir una sobredosis de opiáceos. Con la pericia de una enfermera o un médico explica cómo revivir el muñeco inerte que tenemos delante. Lo hace de forma casi automática, no en vano 15 mil personas han aprendido en dos años gracias a ella.

En su rostro no hay atisbo del drama que, apenas cinco años antes, la empujó a enseñar a los demás a intentar burlar la muerte. El día en que Jenny encontró a su hermano menor Chris tendido en el salón de casa pensó que podía ser como las anteriores veces, ya eran seis años entrando y saliendo de tratamientos, pero esta vez no volvió a respirar. «Ni siquiera sabía que existía un medicamento para revertir esa situación.

Cuando me enteré, empecé a pensar en todas esas familias que iban a pasar por lo mismo, por lo que decidimos crear una fundación con el nombre de mi hermano con esta única misión: salvar vidas.» En el momento de la entrevista, al menos 86 personas habían vuelto a abrir los ojos gracias al entrenamiento impartido por Jenny, quien da el dato con un orgullo tímido, para nada triunfal.

Aún queda demasiado por hacer: «no hay absolutamente ningún perfil para el adicto a los opiáceos. Puede ser tu amable vecino, puede ser tu abuelo mayor, puede ser un niño de once años. Conozco a varias personas que comenzaron a usarlos a esa edad y no es que se despertasen un día y dijeran, oye, creo que me he vuelto adicto a los opioides. Cada camino es diferente aunque, por supuesto, de lo que más se hable sea de la medicación recetada».

Según una investigación del diario The Washington Post basado en datos federales, entre 2006 y 2014 se distribuyeron en Estados Unidos más de 100 mil millones de opiáceos y otros 24 mil millones más de dosis de pastillas para el dolor altamente adictivas. Un volumen que, además, se disparó a medida que la epidemia iba siendo más mortal, llegando al punto de cobrarse un centenar de vidas al día.

Para hacernos una idea, en 2014, cada 15 minutos nacía en el país un bebé con síndrome de abstinencia neonatal –cada 25 minutos en 2020–; según un estudio basado en la Encuesta Nacional sobre Uso de Drogas y Salud, a más de la tercera parte de los adultos, 92 millones de personas, se les prescribieron opiáceos, y en 2016 hubo más muertes por este motivo que por violencia armada.

Este tipo de medicación altamente adictiva está tan normalizada que el primer ejemplo que me puso un exdrogodependiente y activista al que entrevisté fue el enganche temprano de adolescentes a los que les recetan automáticamente opiáceos al ponerles bráckets o aparatos dentales. Así, los estupefacientes en este país son ingeridos de una manera tan masiva que no parece exagerado afirmar que el Soma[1] de la distopía de Huxley, Un mundo feliz, es una realidad en los Estados Unidos actuales. Detrás, sobre todo, seis compañías distribuidoras: McKesson Corp., Cardinal Health, Walgreens, AmerisourceBergen, CVS y Walmart, y tres fabricantes: SpecGx, una subsidiaria de Mallinckrodt; Actavis Pharma, y Par Pharmaceutical, una subsidiaria de Endo Pharmaceuticals. «Se las comen como si fueran Doritos. Haremos más», escribiría en un correo electrónico, filtrado posteriormente, Victor Borelli, gerente nacional de cuentas del mayor fabricante de opiáceos de Estados Unidos.

Pese a la ingente cantidad de pruebas y al dolor inflingido, la mayoría de los responsables resolvieron cualquier demanda con acuerdos sellados a base de millones de billetes de dólar. Tampoco fueron obligados a dejar de producir la droga. Una paradoja constante en este país, donde es más común de lo que parece pasar buena parte de tu vida en la cárcel por consumir o menudear con drogas si se es un ciudadano pobre.

La dureza del castigo penal por consumo, sin embargo, no evita lo siguiente: pese a la referencia de Jenny al perfil universal del adicto, existe una mayor incidencia entre jóvenes y adultos jóvenes. Así, la principal causa de muerte entre los menores de cincuenta años son las drogas y Estados Unidos es el país del mundo con el mayor número de fallecimientos por ese motivo según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, con una enorme ventaja sobre los siguientes de la lista. La incidencia es tal que, debido principalmente a este factor y al aumento de las muertes por alcoholismo o suicidio, la esperanza de vida se reduce cada año que pasa.

Es decir, la desesperación está invirtiendo la progresión vital de una de las principales potencias económicas del planeta, un fenómeno sin parangón en el último siglo. Estados Unidos es el único país avanzado del mundo donde la flecha de la esperanza de vida se movió en la dirección equivocada de 2014 a 2017. Si entre 1959 y 2014 aumentó de los 69,9 años a los 78,9 años, el promedio tres años más tarde era de 78,6. Aunque la tendencia logró revertirse tímidamente en años recientes, la pandemia la empujó por debajo de los setenta y ocho años, niveles inferiores a los de Líbano, Chile o Cuba, países con un PIB muy inferior.

Esto es sumamente sangrante para el orgullo de la nación que se autoerige como modelo si tenemos en cuenta que en 1960 los estadounidenses tenían la esperanza de vida más alta del mundo. «Es un problema desgarrador» y «extremadamente insólito», llegó a admitir la propia presidenta de la Reserva Federal en 2017. Janet Yellen, ahora actual secretaria del Tesoro, reconoció que el nivel de consumo de estupefacientes era tal que estaba reduciendo el número de población activa.

No obstante, cabría preguntarse: ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? Es decir, ¿es la adicción la que mengua el número de trabajadores o, más bien, es la falta de oportunidades aquello que los empuja a la desesperación y lo que se deriva de la misma? Yellen, por otro lado, también destacó lo siguiente: cuando la tasa de población activa se reduce, el paro también.

Otro factor que, por lo tanto, evidencia lo expuesto anteriormente: había que mirar con lupa los en principio espectaculares datos de desempleo. Es decir, dicho problema se termina si los parados acaban en la cárcel, son drogodependientes o directamente se mueren.

En su obra Deaths of despair, Anne Case y Angus Deaton vinculan de manera magistral el papel que la clase y la educación, y, por tanto, el sistema, desempeñan en la era de la angustia a la que se ha visto abocada la otrora nación de los sueños: «para la clase trabajadora blanca, la América de hoy se ha convertido en una tierra de familias rotas y pocas perspectivas. Los adultos sin título están literalmente muriendo de dolor y desesperación». Una de las cuestiones más interesantes de su estudio es que Case y Deaton ponen el foco más allá de la desigualdad racial, situándolo en la clase trabajadora blanca y más concretamente en los hombres. En este sentido, no es que nieguen el racismo sistémico y estructural, todo lo contrario, pretenden llamar la atención sobre el hecho de que, si hay algo realmente transversal en la actualidad, es el flagelo a la clase trabajadora.

Así, si bien, tal y como apuntan los datos, las tasas de mortalidad entre los afroamericanos siguen siendo las más altas, la diferencia entre este grupo y el de los blancos ha disminuido de manera muy considerable entre 1990 y 2015. En este sentido, la brecha real se sitúa entre quienes tienen y quienes no tienen un título universitario; coincidiendo además con las respuestas a encuestas sobre sufrimiento y dolor. Volviendo al objeto principal de su análisis –los hombres blancos–, si el salario medio de los varones estadounidenses se ha estancado de forma generalizada, el poder adquisitivo en el caso de los blancos sin educación superior se redujo un 13% entre 1979 y 2017, periodo durante el cual el ingreso nacional per cápita creció un 85%.

La falta de trabajo estable o de calidad, argumentan, ha conllevado además una desintegración de las antiguas costumbres sociales de clase, como el formar una familia y tener hijos, por lo que el sujeto se ha encontrado de repente en una situación vital sin perspectiva conocida. Cualquier ávido lector podría argumentar que esto no sólo sucede en Estados Unidos, sino en buena parte del mundo occidental.

Sin embargo, elementos como los que vamos describiendo, como el poder de las grandes empresas sobre los brazos legislativos y judiciales del Estado, la ausencia de una sanidad universal y de un sistema social básico, la agonía del sindicalismo o las enormes dificultades de acceso a una educación superior son excepcionalmente definitivos en la situación de unos ciudadanos alimentados por los mitos del individualismo y la tierra de las oportunidades.

«Hay algo de ser pobre en este país que es super deprimente. Vienes aquí y vas a lugares desfavorecidos, y, por encima de todo, del crimen o de todo aquello que no tienen, está lo siguiente: la falta de esperanza, la falta de respeto a sí mismos y el distanciamiento del resto de la sociedad. Para mí, el mayor coste de ser pobre en Estados Unidos es el coste psicológico.» Carol Graham es investigadora especialista en pobreza, desigualdad y salud pública del Instituto Brookings. Tras años de estudio en América Latina, al regresar a su país se dio cuenta de que había un elemento diferencial que se le estaba escapando y decidió medir la falta de esperanza.

Empecé comparando las actitudes acerca de que si un individuo trabaja duro en este país puede subir en el escalafón social, es decir, hice la clásica pregunta basada en el sueño americano. Comparé las respuestas obtenidas en América Latina y Estados Unidos, y cómo varían entre pobres y ricos. Lo que encontré fue fascinante. En América Latina, los pobres y los ricos casi contestaban igual, con un «no», y no había diferencias estadísticas. Sin embargo, aquí, había una diferencia de casi 20 veces entre pobres y ricos.

Es decir, en Estados Unidos, aquellos que no están en los estratos más bajos creen fervientemente que es por méritos propios. O lo que es lo mismo, los ricos que siempre lo han sido creen que quienes no lo son pueden llegar a serlo mediante esfuerzo y trabajo. Dicho desprecio e incomprensión son fatales en el caso de la población blanca, a la que se presupone que debería irle bien por su condición social. Graham lo explica de este modo:

El suicidio y la depresión son menos comunes en pobres de América Latina, y, en Estados Unidos, lo son menos entre los latinos y los afroamericanos que entre los blancos, porque los primeros no tienen el estigma y, por ejemplo, sus familias los ayudan. Para los blancos, el devenir pobre en los últimos tiempos ha sido un gran shock; de hecho, siguen siendo el grupo más opuesto a las ayudas gubernamentales porque lo relacionan con las minorías.

Graham pone como ejemplo de esta disociación el programa sanitario impulsado por Barack Obama, el llamado Obamacare, asegurando que muchos beneficiarios acabaron por votar a Donald Trump, contrario al mismo. «Es increíble. Hay cosas que puedo explicar y otras cosas que no puedo explicar, pero lo que sí puedo afirmar en función de los resultados de mis estudios es que este tipo captó la frustración con promesas que no tenían que ver con la realidad. Cuando la gente está en situación de perder es mucho más fácil manipularlos.» Graham desgrana el siguiente perfil:

Aquellos hombres ahora sin trabajo o con empleos precarios que se dedicaban a oficios manuales, pesados, difíciles, como minas, factorías…, que además conllevan estilos de vida no muy sanos, con lesiones o dolores. En este contexto, además, las compañías de opiáceos empezaron a repartirlos como caramelos. Se creó la tormenta perfecta: un mercado saturado de opiáceos, altas tasas de desesperación, falta de ayuda comunal y, en muchos casos, lugares completamente aislados. Ve al Misuri rural, vas a encontrar la nada.

Es decir, el votante blanco de clase trabajadora, un tercio del total de los adultos estadounidenses y que en esas elecciones serían decisivos en la victoria de Donald Trump. Siguiendo el ejemplo del Obamacare, poco después de las elecciones en las que el republicano saldría ganador, una reportera de la publicación VOX se acercó a Kentucky a preguntar a beneficiarios de dicho programa sanitario qué los había llevado a votar en contra de sus intereses.

En general, todos le contestaron que creían en la promesa de que Donald Trump mejoraría aún más su plan de salud, pese a no haber concretado cómo. Meses después, la misma periodista regresó para tantear los ánimos. Si bien se encontró con una decepción generalizada, también con justificaciones de que el presidente lo estaba haciendo muy bien en otras áreas como la inmigración, además del clásico: «Como decía mi padre, este es y será un condado republicano».

Este ejemplo sobre el terreno coincidiría con un análisis hecho por The Atlantic en el que, contrariamente a la narrativa de que solamente la pobreza o la ansiedad económica impulsaron ese voto hacia Donald Trump, fue la ansiedad cultural lo que definitivamente los empujó a decidirse por el republicano. En resumen, aquellos que aseguraban sentirse como un extraño en Estados Unidos, que apoyaban la deportación de inmigrantes o que no creían que a mayor educación su situación individual pudiera mejorar.

Así, la publicación destacó que el 79% de los estadounidenses blancos de clase trabajadora que estuvieron de acuerdo con estas dos declaraciones votaron por Trump: «Las cosas han cambiado tanto que a menudo me siento como un extraño en mi propio país» y «el estilo de vida estadounidense debe protegerse de la influencia extranjera». Además, el 87% de los estadounidenses blancos de clase trabajadora que dijeron estar a favor de una política de identificación y deportación de inmigrantes ilegales también le votaron. Finalmente, un 61% de los hombres blancos de clase trabajadora aseguraron que invertir en una carrera universitaria es «una apuesta arriesgada».

Este texto es un extracto del capítulo III (Cómo sobrevive y se sobrevive al sistema) del libro de Helena Villar “Esclavos Unidos. La otra cara del American Dream”. Editorial Akal. Colección A Fondo. Publicado con la autorización de la editorial y de la autora."

(Helena Villar , Venezuela News, 21/09/23)

25/6/18

"La narcoeconomía no genera riqueza, destroza al pequeño comercio"

"La lucha contra el narcotráfico en el Campo de Gibraltar no sólo está encabezada por las fuerzas del orden y las instituciones. 

Son muchas las asociaciones de ciudadanos que vienen peleando desde hace muchos años y una de las personas más activas es Miguel Alberto Díaz, cofundador de la asociación Barrio Vivo y secretario comarcal de la Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO.

Pocos como él conocen el daño que hace el narcotráfico en la comarca y puede hablar del asunto desde el prisma laboral y también desde el humano. "La narcoeconomía de la comarca no crea nada de empleo. Alrededor del narcotráfico hay mucho dinero y mucho poder, pero eso no genera riqueza, sino gente comprada. 

Si están blanqueando con una tienda de textil, a las empresas de textil del sitio donde sea le hace la puñeta porque ellos venden a un precio muy barato no para vender más, sino para justificar que después tienen otros ingresos, y eso crea una competencia desleal con el pequeño comercio y lo destroza", explica.

 El Puerto de Algeciras es uno de los pilares de la economía de la zona, pero todas las voces coinciden en que siguen faltando inversiones e infraestructura para plantar cara a los grandes problemas de la comarca. "La única manera de contrarrestar el narcotráfico es hacer inversiones, crear un tejido empresarial donde la gente pueda vivir de una economía que no esté ligada a ese mundo. 

Sin entrar en las consideraciones de que te cojan y de entrar en la cárcel, el narcotráfico trae también una cultura del dinero fácil. Por una noche puedes ganar 1.000 euros y los chavales ven la posibilidad de tener un móvil de última generación, una moto o un coche de gran cilindrada. Pero no consiste en hacer terapia de grupo, sino convencer al niño de que si estudia va a trabajar, algo que a día de hoy es muy complicado", explica Díaz.

"Aquí cuando se abrió la Verja fue un bálsamo porque hay unas 10.000 personas del Campo de Gibraltar trabajando allí. En el nubarrón que tenemos encima también está el Brexit. Es mucha incertidumbre para la gente joven de aquí. Hay muchos que se han ido a trabajar a Londres o la Costa del Sol como camareros. 

Es necesario implantar un plan integral. Aquí se pueden instalar grandes empresas, pero para eso es necesario un proyecto de tejido de empresas que puedan vivir del Puerto. Eso generaría empleo con ingresos. Aquí no se puede vivir de una escuela taller porque eso alivia la situación económica por un año o dos nada más", añade.

Otro problema de fondo es de formación para estar preparados en el momento en el que aparezcan las posibilidades laborales. En una zona donde hay un 40% de paro y con un paro juvenil que puede llegar al 70% en algunos barrios, es esencial la preparación. Según Miguel Alberto Díaz, "esta comarca ha sido rica y hay sectores que tienen una situación económica importante. En torno al Puerto viven unas 30.000 personas de un modo directo o indirecto. 

Después hay refinerías va a hacer una inversión que va a crear unos 2.000 empleos, pero la gente tendría que haber hecho formación para absorber el empleo local. No estamos en contra de que venga a trabajar gente de fuera, pero si se genera eso, que se hagan cursos de formación para la gente de aquí para ser parte de esa mano de obra que pedirán las industrias".

Una barrera invisible

En opinión del sindicalista, "la comarca está separada del resto del mundo por una barrera invisible que es la barrera del sonido. No llegan nuestras reivindicaciones arriba y no sé si es por el perfil de los que nos representan o por lo esquinado que está esto.

 La gente aquí vive normal, pero es como si te vas a Sevilla a Las Tres Mil Viviendas o en Cádiz en el barrio de Santa María. Nosotros ganamos una batalla a finales de los 80 y principios de los 90 porque logramos que dejaran de morir los chavales por la droga. Creamos centros alternativos, comunidades terapéuticas y hay cosas que el narcotráfico impide ver".

"Aquí hay muchos esfuerzos de asociaciones, empresas e instituciones, pero si después hay un tiroteo o un alijo de 900 kilos de cocaína, todo el esfuerzo que has hecho por ganar imagen, se te va. Los que estamos acostumbrados a pelear con esto no nos aburrimos porque sabemos que si lo dejamos ir es cuando esta comarca ya no tendrá solución. Por eso cuando pedimos protección para las fuerzas de seguridad lo hacemos porque sabemos que son el muro de contención ante esta gente", explica Miguel.

Conocedor de lo que supone enfrentarse al narcotráfico, ensalza "el papel de los medios de comunicación de esta zona. Hacen un gran trabajo con valentía dando nombres y hay que ponerlo en valor porque son de aquí y se la juegan cada día". 

Él también se expone siendo un luchador constante, pero lo asume: "Si van a por ti, lo van a hacer y quien no tenga miedo, está loco. Yo pienso en mis hijos, mis nietos... Si a mí me queda un cacho de vida, tengo que emplearla. Sería un cobarde si no hiciera lo que tengo que hacer para pelear. Algunos tenemos que dar la cara. Me encanta la vida y lucharé mientras pueda".

Frivolización del narco

Ya son muchos años de pelea de alguien que sufrió en sus propias carnes la dureza de la droga: "Entro en este mundo porque fallece mi hermano en 1990 por drogas. Llegué a la conclusión de que la mejor venganza era una venganza dulce: ayudar a los chavales. En el año 90 hicimos una manifestación y nos paramos en la puerta de la comisaría de Algeciras para hacer cinco minutos de silencio porque sabíamos que había algo que no olía bien. 

Eso fue en mayo y en junio, durante la Feria, detuvieron a toda la brigada de estupefacientes. Desde entonces hemos creado centros terapéuticos y hemos denunciado puntos de venta de droga. Barrio Vivo fue la respuesta a tantas muertes".

Las cosas han cambiado en las tres últimas décadas, pero para Miguel Alberto Díaz lo más importante es haber creado "una conciencia". "Hemos creado una conciencia de que el toxicómano es un enfermo y no es el culpable. Aquello de los años 80 ha mutado en narcotráfico. Aquí estamos por la ética y no por la estética y le estamos plantando cara y por eso denunciamos todo lo que está pasando. 

Ahora hay una nueva generación de narcotraficantes. Queda gente antigua, pero ha entrado mucha gente joven, que son unos inconscientes y que se meten más de lo que venden. Lo malo es la relajación de la sociedad porque ahora, con tantas series y películas sobre los narcos, la gente relativiza y frivoliza sobre esta figura".

El papel de la justicia

Se siente orgulloso de que la sociedad del Campo de Gibraltar le haya plantado cara a la lacra del narcotráfico en concentraciones como la del día 17 de mayo en Algeciras: "Una hora antes de la manifestación hubo un tiroteo y a pesar de eso la gente fue. Algeciras y la comarca se tiraron a la calle contra el narcotráfico. 

Aquí estamos siempre al filo de la navaja, en preinfarto permanente. Esta semana dijo el jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras, el coronel Jesús Núñez, que no habrá paz para los que agredan a los agentes y queremos que sea así. Ojalá se conjuren la justucia, la fiscalía y las fuerzas del orden con medios para poder trabajar".

Y sabe cómo se las gastan los narcotraficantes a la hora de ganar tiempo en los procesos judiciales: "Ellos tienen abogados muy preparados que se encargan de dilatar los procesos hasta que haya una sentencia que atenúe la condena. Tienen mucho dinero y se lo montan muy bien. Pero los policías no se aburren, nosotros tampoco y vamos a seguir exigiendo medidas. Hay que hacer un juzgado especial que coordine todo igual que la fiscalía antidroga".   
     (ENTREVISTA | Miguel Alberto Díaz, cofundador de la asociación Barrio Vivo y sindicalista de CCOO. Francisco J. Jiménez, eldiario.es, 01/06/18)

29/7/16

La leyenda de Benjamin Meléndez, pandillero y pacificador del Bronx... en los tiempos en que cien bandas de hasta 10.000 miembros se disputaban la ciudad

 Benjamín Meléndez

"Dicen que a los 11 años teloneó a Tito Puente y que fundó una pandilla juvenil con miles de seguidores que dominaba el Bronx Sur sin alardes violentos. 

Que este Orfeo en zapas pacificó con sus ideas y su música la jungla de un Nueva York con más de 10.000 pandilleros, que compuso un disco de culto que fusiona la intensidad del rock con la algarada de los sonidos latinos y que incluso fue invitado a una cumbre de las Naciones Unidas. Que sin este judío latino enamorado de los Beatles no habría nacido el hip hop.

Sin embargo, el recuerdo más dulce de Benjamin Meléndez (1952), el líder de los Ghetto Brothers, es otro. Lo explica por teléfono, recién levantado de una cama del hospital New York Presbyterian, en el Upper East Side, donde lleva atrapado mes y medio por severos problemas en su hígado: “Lo mejor fue la primera vez que mis hermanos y yo actuamos para nuestros padres. 

Él siempre se estaba inventando canciones y nosotros tocábamos encima, y mi madre me enseñó a leer la biblia en español y siempre me decía: cuídense entre ustedes o nadie lo hará”. Recientemente les han dedicado cómics, documentales y su leyenda sobrevolará una nueva serie de televisión. Pero no lo tuvieron fácil.

En el South Bronx de 1970 no había civiles: o eras de una pandilla o eras una víctima fácil. El barrio estaba en llamas, literalmente: en diez años prendieron 30.000 incendios, la tasa de homicidios se cuadriplicó, cien bandas con hasta 10.000 miembros se disputaban una ciudad que vivía la resaca del hippismo en medio de reformas urbanísticas que expulsaban a todos los vecinos con un mínimo poder adquisitivo.

 Algunos jóvenes se suicidaban a medio plazo con la heroína y otros optaban por la vía rápida: la violencia pandillera como único lenguaje y sentimiento de pertenencia a algo.

 Meléndez no comulgaba con las gangas más malcaradas, así que creó la suya con sus familiares. Estampó su imaginario en los chalecos tejanos que vestían: unos cubos de basura enmarcados por las palabras Ghetto Brothers.

 En poco tiempo, tenían 2.500 seguidores solo en el Bronx. Incluso en las épocas más violentas, estos hijos de emigrantes portorriqueños eran diferentes: mantenían contactos con los Panteras Negras y con el Partido Socialista de Puerto Rico. Trataban de igual a igual a las Ghetto Sisters. Echaban a los traficantes de droga, conseguían ropa para los niños y ofrecían chocolate caliente a las prostitutas.

En el resto de tribus, el rito iniciático era el eterno paseíllo de bates y puños, mientras que ellos solo golpeaban al novato el tiempo exacto que duraba un single de una canción a 45 revoluciones. “¡Un día me enfadé mucho porque a uno se le ocurrió hacer el rito con un elepé!”, bromea ahora Yellow Meléndez. Aún les aguardaba el gran momento.

Cuando salió de su casa el 8 de diciembre de 1971, Benjy Meléndez sabía que esa misma tarde Nueva York podía quedar bañada en sangre. “Claro que tenía miedo. Pero también tenía la razón”, recuerda.
Días antes, había enviado a su amigo Black Benjy a pacificar una reyerta entre pandillas.

 Este ghetto brother, con apenas 25 años, se plantó ante la multitud para pedirles tranquilidad. Minutos después, yacía muerto en el suelo. Horas después, todas las pandillas de Nueva York se organizaban para la gran batalla, pero Meléndez decidió convocar una cumbre entre gangas para intentar sellar una tregua.

El día señalado cien líderes debían acudir a la cita en el Boys and Girls Club de Hoe Avenue. Por las calles desfilaban cientos de Savage Skulls, Black Spades y Seven Inmortals, entre muchas otras tribus. Incluso habían apostado a francotiradores en las azoteas por si alguien rompía la calma.

 “Los que yo sabía que lo habían matado me decían: no quiero morir, Benjy”, recuerda. Cuatro horas después, los principales líderes habían firmado la tregua. En esa reunión estaban presentes futuras figuras claves del hip hop como Afrika Bambaataa.

En el armisticio se especificaba que las pandillas podían pasear por las zonas controladas por sus antiguos enemigos. “Nosotros dábamos fiestas cada viernes y tocábamos música. A veces se sumaba con sus instrumentos gente de otras gangas. Ganaban en autoestima”, explica Meléndez. Desterraron sus chalecos y cultivaron un vestuario más cuidado para competir por las miradas de las chicas, hasta ahora prohibidas.

Y ellas podían elegir libremente. Era una forma de competir sin violencia, como también lo eran las batallas de baile o de disc jockeys, los verdaderos líderes ahora. “La primera vez que los vi así en círculo pensé que eran de la Iglesia de Pentecostal… Hasta que mi hermano me dijo: ¡no, esto es nuevo, es hip hop!”. Las firmas saltaron de las chupas a las paredes y los lemas, de los callejones a las radios. El resto es historia.

Meléndez y su familia lograron grabar en 1971 un disco titulado Ghetto Brothers – Power Fuerza. En la contraportada, un Meléndez que aún no había descubierto su labor como trabajador social remunerado escribió: “La música cubre el vacío entre la sociedad y las minorías. Es el lenguaje común del mundo”.

El eslogan sonaría algo trillado o cursi en boca de un una estrella de la radiofórmula. Pero no en la de un personaje del que dicen que cambió la historia de su barrio, de su ciudad y, a su modo, de la música. Y que ahora asiente desde el hospital: “That’s right, mihermano”. 

Los guardianes de la llama 

El fotógrafo Julian Voloj trabajaba en una serie de retratos sobre la diversidad judía en Nueva York cuando conoció a Benjy: “Su historia me fascinó: sonaba más extraña que cualquier ficción”. Aquello se materializó en el poderoso cómic Ghetto Brother. Una leyenda del Bronx, firmado con Claudia Ahlering y editado en España por Sapristi.

El pasado verano muchos descubrieron este relato gracias al documental Rubble Kings, de Shan Nicholson, que se puede ver en Netflix. Esta plataforma estrenaba recientemente el tráiler de The Get Down, serie dirigida por Baz Luhrmann (Moulin Rouge) que retratará la transformación neoyorquina de los setenta a través de unos chavales del Bronx.

 El elepé de los Ghetto Brothers era un objeto de coleccionista hasta que Truth and Soul lo reeditó hace unos años. Meléndez sigue reclamando una placa en el parque para su amigo caído Black Benjy."                ( , El País, 06/02/16) 

30/5/14

Los chavales que apenas unos meses antes formaban bandas de música, ahora esgrimían navajas y temblaban en los parques por el mono

"Esa es la frase que me resonaba en la cabeza al terminar de leer ayer la entrevista de Henrique Mariño a Pepe Ribas, un himno a la rabia, a la impotencia, a la tristeza. Nos lo quitaron todo. 

Yo no he vivido en Barcelona el auge de asociaciones vecinales en los últimos años del franquismo pero sí estaba en Madrid, en el barrio de Simancas, con doce años, cuando una generación entera, la mía, fue arrasada por la heroína.

 De la noche a la mañana, los chavales que apenas unos meses antes formaban bandas de música y grupos de teatro, ahora esgrimían navajas y temblaban en los parques atacados por el mono, cambiaban su alma por un pico, deambulaban como zombis en busca de una dosis.

Fue la noche de los muertos vivientes, la larga noche de finales de los setenta en la que una plaga salida nadie sabe cómo ni de dónde iba tronchando vidas y sueños. Sólo ahora, contrastando historias, abarcando la magnitud de un fenómeno que comprendió la práctica totalidad de la periferia de las grandes ciudades españolas, empezamos a sospechar quiénes podían estar moviendo los hilos del guiñol y escribiendo el desenlace de la obra. 

Era la misma argucia que el FBI había ensayado con éxito en los barrios negros de Los Angeles controlados por los Panteras Negras: introducir subrepticiamente la heroína en las escuelas. Aquel precario espejismo de libertad del black power y de la contracultura hippie se hizo añicos: la poesía se disolvió en sangre, el anarquismo en delincuencia, las comunas en bandas, tan fácil como inyectarle azúcar al depósito de la moto de Easy Rider.

En España, donde la libertad no había dado más que unos pocos pasos, el experimento fue aun más sencillo, como engañar a un niño con un caramelo trucado. Lo cuenta el escritor Paco Gómez Escribano en el prólogo a su novela Yonqui, un crudo testimonio del apogeo de la heroína en el barrio de Canillejas: “Los hijos empezaron a robar a los padres y hasta a los abuelos para conseguir una jodida papelina. 

Y unos años más tarde empezaron a aparecer muertos por todas las esquinas. Mi generación no ha sufrido una guerra, pero puedo asegurarles que hemos sufrido tantas bajas como un frente bélico”.

Nos lo quitaron todo: como dice el asesino William Munny en Sin perdón, todo lo que teníamos y todo lo que podíamos tener. El dinero sucio de toda aquella rapiña desembocó en el narcotráfico, en la construcción, en el compadreo, en las raudas fortunas hechas de la nada, de la noche a la mañana, por virtud de un milagro económico cimentado con sangre de antebrazos.

 En dos de mis novelas, El gran silencio y Niños de tiza, aparece el paisaje desolado y criminal de esas barriadas sembradas de solares y cascotes, ese panorama apocalíptico donde un superviviente de esa época, Roberto Esteban, lucha por explicarse por qué está todavía vivo entre un montón de cadáveres.

 No había muchas vías de escape y Roberto eligió el boxeo, una disciplina de redención que el tinglado cultural de la época se apresuró a tachar de salvaje y de zafia al tiempo que ensalzaba los toros y el fútbol.

 Luego, en lugar de cultura, nos dieron la Movida, un balón pinchado, un sucedáneo de contracultura, metadona y yeso, un fenómeno artístico tan ridículo, inofensivo y domesticado que algunos de sus maniquíes todavía andan por las televisiones haciendo el payaso.

Sí, nos lo quitaron todo y a cambio nos dejaron la tele, esa ventana abierta a todas horas que sólo da a la muerte."                  (David Torres, Público, 30/05/2014)

21/10/13

“Camarena fue asesinado por la CIA”

"La historia criminal de México podría estar a punto de reescribirse. Las declaraciones de tres agentes federales que sostienen que el exagente de la DEA Enrique Kiki Camarena fue asesinado por un miembro de la CIA, y no por el narcotraficante Rafael Caro Quintero, cambian radicalmente la versión oficial desde hace casi tres décadas. 

La banda Los Broncos de Reynosa ya apuntaban a esta teoría hace 25 años en uno de sus narcocorridos pero se tomó como un chisme de cantina regado con tequila. (...)

El giro a la historia corre a cargo de Phil Jordan, exdirector del Centro de Inteligencia de El Paso (EPIC); Héctor Berrellez, exagente de la DEA; y Tosh Plumlee, expiloto que en ocasiones realizó trabajó para las agencias federales.

 Los tres detallaron a la cadena Fox News que policías mexicanos y particulares estadounidenses relacionados con la CIA participaron en las torturas a Camarena en 1985 y que incluso las grabaron en video. Un portavoz de la CIA lo negó rotundamente: “Es ridículo”.

La revista mexicana Proceso hizo su propia investigación y fue más allá. “Fin de un mito”, titula en su portada de esta semana. La publicación, con base en el testimonio de los tres funcionarios estadounidenses, sostiene que El Gato Rodríguez introdujo en México al hondureño Juan Matta, quien servía de enlace entre los narcos colombianos y el cartel de Guadalajara en los años ochenta. 

En esa época Caro Quintero era “el mero mero”, el jefe de jefes. Matta contaba con la aprobación de las autoridades (o al menos se hacían la vista gorda) como operador de la CIA y traficaba asiduamente con cocaína y marihuana. Parte de las ganancias las recibía la CIA, que a su vez las destinaba a los contrarrevolucionarios de Nicaragua, que lo utilizaban para comprar armamento. Era una forma indirecta para EE UU de financiar la lucha contra el régimen sandinista.

Camarena descubrió estos tejemanejes. Eso fue, según los entrevistados, su sentencia de muerte. “La CIA mandó levantar y torturar a Kiki Camarena, y cuando lo mataron nos hicieron creer que fue Caro Quintero para así tapar las cosas ilegales que estaban haciendo en México”, le contó Jordan al periodista Jesús Esquivel. Jordan no es un cualquiera. 

Como jefe de la EPIC en El Paso fue el encargado del centro más poderoso de EE UU para vigilar la frontera común. Fue un funcionario de alto rango, de ahí que su testimonio tenga valor. “El caso tiene una enorme relevancia pero pasó desapercibido en EE UU, donde andan a otra cosa. Solo una investigación sólida de una corte penal podría sacarnos de dudas pero hay pocas posibilidades de que eso vaya a ocurrir”, cuenta Esquivel desde Washington por teléfono.

La DEA sigue persiguiendo a Caro Quintero, que técnicamente no puede volver a ser juzgado por el caso Camarena pero la administración estadounidense puede que formalice cargos en su contra por lavado de dinero. El departamento del Tesoro ha aplicado sanciones contra empresas y familiares de Quintero. (...)

El asesinato de Camarena se convirtió en leyenda y la figura de Caro Quintera ha sido retratada por el escritor norteamericano Don Winslow en el libro El poder del perro. La historia de uno y otro había quedado zanjada con el ingreso en prisión de Quintero, detenido en Costa Rica en 1985. Allí se había refugiado de la DEA, que prometió buscarlo hasta el fin del mundo. Camarena era el primero de sus agentes que había sido asesinado.

El considerado como el primer gran narcotraficante mexicano fue condenado por el crimen a 40 años de cárcel y ahí debería de seguir si no fuera por un tecnicismo legal, aprovechado por sus abogados, que le abrió las puertas de la celda en agosto de este año.

 La liberación revivió el caso y las nuevas revelaciones aportan más confusión si cabe a un hecho (en un sentido u otro) que ya forma parte de la historia del narcotráfico. El dúo que formaban Los Broncos de Reynosa en su día había dado pistas pero nadie había prestado atención a unos hombres con sombrero blanco y acordeón."         ( , El País, México 15 OCT 2013 )

19/4/11

"La colusión de intereses entre la mafia y las empresas... ha dado lugar... a la creación de un capitalismo mixto" Legal e ilegal

"El mundo de la delincuencia transnacional y el mundo de la gente normal son dos caras de una misma moneda; es más, se alimentan mutuamente.

Aquello que creemos combatir fuera de nosotros se encuentra dentro de nosotros, en nuestra vida cotidiana, aunque no seamos conscientes de ello.

Para entender esta circunstancia elemental, basta con considerar que el crimen organizado ofrece una variedad de bienes y servicios ilegales a los consumidores que lo consienten.

En cuanto a los bienes, proporciona drogas, seres humanos para la prostitución, la esclavitud y la explotación laboral, las armas y la pornografía infantil.

En el sector de los servicios proporciona capital de inversión, gestión de residuos tóxicos ilegales y nocivos para el medio ambiente, facturación falsa para evadir impuestos y facilita, usando la violencia o la corrupción, la obtención de licencias y concesiones por parte de la autoridad pública.

Los señalados sólo son algunos ejemplos entre los muchos sectores del extenso mercado de las actividades ilegales en todo el mundo.

El suministro de estos bienes y servicios ilegales es la resultante de la existencia de una fuerte demanda por parte de la sociedad civil

Los delincuentes existen y prosperan porque millones de ciudadanos quieren comprar bienes y servicios ilegales. Ellos son el espejo que refleja los vicios secretos de muchas personas comunes en los países más diversos del mundo.

De esta manera, la mayor parte de la actividad criminal se puede calificar como un fenómeno de mercado regido por las leyes de la oferta y la demanda.

La demanda de bienes y servicios ofrecidos por la mafia ha tomado dimensiones macroeconómicas, que ya no se pueden controlar con las herramientas del derecho penal, como consecuencia de la globalización económica que ha ampliado extraordinariamente el número de consumidores finales de los productos ofrecidos.

A propósito de las relaciones estructurales entre la dinámica del mercado global y el incremento de la delincuencia trasnacional, me limitaré a señalar dos ejemplos que atañen al mercado de las drogas y de la prostitución.

A finales de los años ochenta el mercado mundial de cocaína estaba limitado sólo a los países occidentales y ya estaba saturado, tanto que los precios de la droga se había reducido para ponerla al alcance de nuevos consumidores en los segmentos más pobres de la población.

Ahora la situación ha cambiado por completo, como resultado de la globalización al abrirse nuevos mercados con un gran potencial de consumidores.

El nacimiento en China de una nueva clase media acomodada con más de 250 millones de personas que aspiran a un tipo de consumo al estilo occidental y el crecimiento progresivo de la renta media en la población de Europa del Este y en los países emergentes, han sentado las bases para el desarrollo de un nuevo mercado global de consumidores de drogas, que se estima que llegará a un 15% de la población mundial en las próximas dos décadas.

La expansión global y en tan poco tiempo del mercado de estupefacientes en todo el mundo, volvería impotentes las estructuras penales represivas a pesar de todos los esfuerzos de la cooperación internacional, habida cuenta de que todas las políticas de erradicación de las plantaciones han sido ineficaces.

Los ingresos derivados del mercado mundial de las drogas experimentarán un salto tan grande que darán a las organizaciones delictivas transnacionales una porción enorme de riqueza, y por lo tanto de poder global, mayor que la de los Estados y las multinacionales más grandes.

La consiguiente transformación en términos políticos de semejante poder económico supondría la construcción de una nueva jerarquía, de facto, entre las potencias del mundo.(...)

Un segundo ejemplo es el mercado de la prostitución

Hasta finales de los años ochenta, la oferta de mujeres para la prostitución se limitaba al mercado nacional aprovechando los recursos locales, por lo que esta área no la gestionaba el crimen organizado sino, principalmente, delincuentes individuales o pequeñas organizaciones que operaban en pequeñas porciones de territorio.

En los años noventa, la repentina entrada en el mercado ilegal de la prostitución de cientos de miles de mujeres de Rusia y de Europa del Este, reducidas a la pobreza por el repentino colapso del imperio soviético -que en el pasado garantizaba el trabajo femenino para el 80% de las mujeres-, así como de las mujeres de los países africanos, ha provocado una revolución en este segmento del mercado que ha dado lugar a un cambio radical en los protagonistas del crimen y en su producción ilegal.

El aumento de la oferta se ha visto acompañado por un incremento cada vez más importante de la demanda en los países occidentales, incluso en países como Israel, donde la oferta de prostitutas era muy reducida, siendo suficientes los recursos locales.

La necesidad de administrar el tráfico a escala industrial, en el que están implicados diferentes países -aquéllos donde se reclutan las mujeres, los de tránsito y los de destino final- ha dado lugar a una división internacional del trabajo entre las mafias de varios países que corresponden a las diferentes etapas del proceso de producción y de valor añadido.

Así las mafias rusas, búlgaras y rumanas se dedican a la contratación de mujeres en los países de origen.

La delincuencia de los Balcanes está especializada en el tránsito y el transporte hacia varios países occidentales.

En países como Italia, donde existen mafias locales que controlan el territorio, se llega a acuerdos económicos y de intercambio entre las mafias locales y las extranjeras(...)

A raíz de esta reestructuración extraordinaria del mercado de la prostitución, los criminales comunes que antes manejaban la prostitución local con métodos artesanales fueron desplazados por las poderosas mafias internacionales y utilizados como mano de obra barata.(...)

Mucho más complejas son las relaciones y la colusión de intereses entre la mafia y las empresas que operan en el mercado legal y que han dado lugar no sólo a relaciones de intercambio, sino también a la creación de un capitalismo mixto, constituido por la fusión de capitales legales e ilegales, que se está convirtiendo en un componente estructural importante del capitalismo mundial. (...)

En particular en diversos procesos relacionados con la mafia siciliana, se ha encontrado que en sectores líderes de la comunidad empresarial, cuyos exponentes a menudo han desempeñado también un papel de liderazgo en las diversos asociaciones de empleadores, han utilizado sus relaciones políticas y sus relaciones con la mafia tradicional para convertirse en reguladores de amplios sectores del mercado de acuerdo con la lógica del oligopolio. (...)

La dirección de estos cárteles que operan en diferentes partes del territorio y en los diversos sectores del mercado, de acuerdo con una división de esferas de influencia, es asumida por los empresarios que tienen la función de fungir como «hombres bisagra» entre los políticos y la mafia, dictando las normas de ingreso, fijando los precios, imponiendo condiciones a la mano de obra, señalando a los proveedores, etc.

La mayoría de los empleadores han aceptado estas estructuras por varias razones:

En primer lugar, porque las numerosas empresas que participaron en los cárteles se han convertido en parte de un sistema sustancialmente proteccionista que elimina los costos y riesgos de la competencia, asegurándose el reparto del mercado y el beneficio de acuerdo con un sistema de rotación interna.

En segundo lugar, porque rebelarse contra los líderes de los cárteles es exponerse a una doble venganza: la política y la mafiosa.

La venganza política consiste en el ostracismo para las empresas díscolas a las que se excluye de la posibilidad de obtener financiación pública del Estado o del gobierno europeo, dirigido por los políticos, y en ser sancionadas de diversas maneras por las burocracias administrativas que niegan la autorización de los pagos o los retrasan hasta llevar a determinadas empresas al riesgo de quiebra.

La represalia mafiosa consiste en el uso de la violencia física contra los pocos que se atrevieron a rebelarse, algunos de los cuales han sido asesinados y otros han sufrido graves daños.(...)

Los políticos controlan el flujo de gasto público y de las aprobaciones administrativas. Los empresarios manejan el acceso al mercado, los mafiosos lavan capitales ilegales, participan en los negocios y proporcionan la fuerza física para eliminar los obstáculos que no se pueden eliminar con métodos incruentos. (...)

El componente político-administrativo sigue desempeñando un papel esencial en la disposición de los fondos públicos reservados para las empresas pertenecientes a las diferentes estructuras criminales y en la creación de posiciones de oligopolio mediante una gestión racional de las licencias administrativas necesarias para iniciar actividades comerciales en muchas áreas, como por ejemplo la producción de energía alternativa.

Recientes investigaciones judiciales han permitido comprobar que, en Sicilia, esos sectores están controlados directa o indirectamente por unos pocos contratistas que trabajan ocultos detrás de una multitud de empresas.(...)

Las estructuras criminales son la señal de una peligrosa y progresiva conexión entre el mundo empresarial y el mundo de la corrupción, llenos de gente sin escrúpulos interesada en la obtención del máximo beneficio personal de los cargos públicos que ocupan, y el mundo de la mafia de cuello blanco, integrado por personas altamente educadas. (...)

La Sindicatura de Cuentas ha estimado que el volumen de negocios anual de la corrupción en Italia ha alcanzado la cifra de sesenta mil millones de euros. (...)

En el panorama italiano, desde el norte hasta el sur, las estructuras criminales se están convirtiendo en los nuevos actores emergentes en la escena del crimen nacional, sustituyendo progresivamente a la mafia tradicional en el segmento superior del mercado ilegal, cuya gestión requiere diferentes habilidades en múltiples niveles.

Dejan a las mafias tradicionales aquellas áreas de mayor riesgo penal como el tráfico de estupefacientes, la exacción violenta de recursos por la extorsión, así como sectores del mercado de baja tecnología o en vías de extinción como la construcción.

Por supuesto esto es dibujar a grandes trazos las líneas generales del fenómeno, porque la realidad del mismo tiene una tipología muy variada.(...)

En realidad, el nuevo capitalismo mafioso se presenta con el aspecto tranquilizador de administradores y empleados de oficina que ofrecen a las empresas una variedad de servicios ilegales muy atractivos, ya que permiten concretar una serie de grandes ahorros sobre los costos de producción y obtener beneficios adicionales.

Para limitarnos sólo a unos pocos ejemplos, basta pensar que las empresas mafiosas ofrecen la eliminación de residuos a precios reducidos hasta un 50% en comparación con los precios de mercado, porque funcionan con métodos ilegales de vertidos prohibidos y dañinos para el medio ambiente(...)

Además las empresas mafiosas, cabezas de cientos de empresas que operan también en el extranjero, trabajan como «cárteles» ofreciendo a las empresas legales facturas por transacciones inexistentes que permiten la evasión de impuestos por montos muy elevados, a veces millones de euros. Los beneficios así obtenidos se reinvierten en parte en las empresas y en parte para crear fondos negros para la corrupción tanto a nivel nacional como internacional.

En una investigación de febrero de 2010, que terminó con la detención de cincuenta y seis personas, se encontró que una estructura criminal compuesta por directivos de multinacionales de telecomunicaciones que cotizan en bolsa y hombres de negocios vinculados a la ‘Ndrangheta, habían realizado entre 2003 y 2006 un complejo fraude fiscal administrando 2.200 millones de euros y perjudicando al fisco por 370 millones de euros.(...)

En los procesos penales de julio de 2010 se comprobó que una gran empresa con capital mixto –legal y mafioso- durante muchos años había obligado a sus 1.500 empleados a devolver cada mes el 30% de sus salarios, acumulando así, gracias a la complicidad del el mundo de la banca, varias decenas de millones de euros transferidos al extranjero.

En otro caso en 2010 se estableció que los gerentes de una empresa que forma parte de un holding multinacional, que cotiza en la Bolsa y opera en el sector de la construcción, había firmado estrechos acuerdos con la mafia, incorporando a su propio plantel de dirigentes a líderes mafiosos y elaboró sus marcos de gestión contando también con líderes de la mafia.

Con esos acuerdos se pretendía lograr un progresivo control del mercado en la región y la empresa había obtenido muchísimos beneficios al proveer grandes cantidades de hormigón debilitado (es decir, sin la cantidad de cemento mínima de 30 Kg. por m3) para la ejecución de obras públicas. Una porción de las ganancias se entregó a la mafia siciliana a través de un sistema de facturas falsas.(...)

También hay que tener en cuenta que las mafias ofrecen el aporte de capital que permiten a las empresas legales efectuar nuevas inversiones sin gastos, accediendo a liquidez sin costes bancarios, capitales especialmente atractivos especialmente en un momento de crisis económica y de fuerte competencia internacional.(...)

Un empresario que ha trabajado durante varios años en Lombardía me dijo que el silencio de muchas empresas no significa actuar en connivencia con la mafia, sino que también se deriva de la conciencia de no estar en regla con la ley en varios aspectos: por la evasión fiscal, el incumplimiento de la normativa laboral, violaciones de las normas de seguridad laboral, etc.

Estas empresas que trabajan fuera de la ley se convierten en carne de chantaje de las organizaciones mafiosas que, por tal motivo, saben que puede contar con su silencio.(...)

El Presidente de la Cámara de Comercio de Reggio Emilia, una ciudad que se encuentra en una de las regiones más ricas del país, dijo a la prensa que durante un decenio había tratado en vano de convencer a los políticos y funcionarios de que en esa zona las empresas mafiosas estaban conquistando varios sectores del mercado como el transporte, la construcción y la eliminación de residuos, ofreciendo precios competitivos fuera del mercado que ponían de rodillas a las empresas legales.(...)

Sería un error creer que los fenómenos que he descrito pertenecen sólo a la realidad italiana. (...)

En otros países donde estas condiciones no existen, totalmente o en parte, el mismo fenómeno se propaga de una manera oculta.

Por ejemplo ahora se reconoce universalmente que el capitalismo soviético es un capitalismo mafioso en un porcentaje que equivale a entre sesenta y setenta por ciento.

De hecho, fuentes del gobierno ruso afirman que alrededor del 40% de las empresas privadas, el 60% del Estado, el 85% de los bancos rusos y el 70% de las actividades comerciales están sujetos a infiltraciones o bajo la influencia de organizaciones criminales, y que casi todas las empresas comerciales en las principales ciudades están controladas directa o indirectamente por los grupos delictivos.(...)

Por último, en el corazón de Europa el blanqueo de los capitales mafiosos que se invierten en los más diversos sectores es un fenómeno creciente y el riesgo de una invisible colonización económico-mafiosa en áreas cada vez mayores del territorio europeo no debe subestimarse." ('Las nuevas caras del capitalismo mafioso', de Roberto Scarpinato,/a>Antimafiaduemila.com ; Rebelión, 19/04/2011)