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24/11/23

La Batalla de la Moneta Fiscale es el relato de la elaboración, difusión y realización de un proyecto innovador para la política económica italiana... la creación de facto de un circuito financiero basado en un esquema de compensación de créditos entre empresas, bancos y Gobierno... Con el instrumento de los créditos fiscales transferibles, de hecho, un Estado puede financiar la actividad económica en su territorio sin adelantar moneda de curso legal y, por tanto, sin endeudarse en los mercados financieros

 "Stefano Sylos Labini es testigo de un acontecimiento verdaderamente emblemático para todos aquellos interesados en comprender las relaciones institucionales que caracterizan la política económica italiana. La Batalla de la Moneta Fiscale, de hecho, puede leerse como el relato de la elaboración, difusión y realización de un proyecto innovador para la política económica nacional: la creación de facto de un circuito financiero basado en un esquema de compensación de créditos entre empresas, bancos y Gobierno.1 La definición más general de moneda fiscal es: "cualquier instrumento transferible a terceros que el Estado se compromete a aceptar del portador para el cumplimiento de sus obligaciones fiscales y de seguridad social en forma de reducción de las cantidades adeudadas a la administración pública" (p. 34).

Sin embargo, la definición más acertada es, según Sylos Labini, la que se encuentra en la proposición de ley de iniciativa parlamentaria A.S. 2012 "Delegación en el Gobierno para el establecimiento de bonos digitales de descuento fiscal", presentada el 9 de noviembre de 2020 en el Senado:

 'cualquier título al portador que el Estado se comprometa a aceptar, incluso en forma compensatoria, para el cumplimiento de obligaciones tributarias, de seguridad social y de seguridad social, así como para el pago de servicios sanitarios [...] proporcionados gratuitamente y además de, es decir, no en sustitución de, los ingresos percibidos en euros, con el fin de permitir la expansión del poder adquisitivo y estimular la demanda interna en el sistema económico y financiero nacional. [...] transcurridos dos años desde su emisión, los bonos digitales de descuento fiscal podrán ser utilizados tanto por particulares como por empresas para obtener la correspondiente reducción de las obligaciones financieras frente a la Administración sin que el Estado esté obligado a reembolsarlos en euros a su vencimiento como activos fiscales no exigibles (p. 116 y ss.).2'

  Lo que más llama la atención de este panfleto -escrito en varias partes como la autobiografía de un estudioso convencido de trabajar por un proyecto político transversal (p. 14)- es la forma en que pone de manifiesto las dinámicas que caracterizan el debate de política económica entre sus principales actores; dinámicas y actores en los que prevalece la dimensión ideológica, y hace que la confrontación política, incluso en medio de una situación extremadamente crítica para los ciudadanos, se vea continuamente perturbada por informaciones inexactas y acciones deshonestas destinadas a sembrar el malestar y la incertidumbre en la sociedad civil.3 

De este modo, instrumentos políticos innovadores, que merecerían ser evaluados objetivamente si realmente se preocuparan por el bienestar social, son sacados de la caja de herramientas de los responsables políticos para ser sumergidos y olvidados. Stefano Sylos Labini cuenta la historia del dinero fiscal refiriéndose a la década de 2011 a 2021. Sin embargo, es consciente de que está tratando una cuestión aún abierta, una batalla que todavía no se ha perdido. Al contrario, parece que las cuestiones relativas a la supervivencia o a la anulación definitiva de la circulación de los créditos fiscales que pueden solicitarse para los incentivos fiscales a la construcción viven un momento crucial precisamente en el transcurso de 2023.4

 Los dos primeros capítulos del libro están dedicados al origen de la idea y a la construcción de la propuesta de política económica propiamente dicha. También se ofrecen al lector algunos apuntes históricos que -siguiendo las enseñanzas de Giorgio Ruffolo, entre otros- apoyan implícitamente una tesis muy importante: "[el dinero] es una invención [...] que no procede de los dioses ni de un Dios, sino del genio de los hombres y que tiene por objeto utilizar racionalmente la capacidad que tienen [...] de transformar su entorno. [...] Es una norma, no una mercancía" (Ruffolo, 2011, p. 147). Sylos Labini se centra especialmente en los billetes Mefo introducidos por Hjalmar Schacht en la Alemania nazi:

'Los industriales alemanes utilizaban los bonos Mefo como medio de pago entre ellos: hasta 1938, por término medio, la mitad de los bonos Mefo eran siempre absorbidos por el mercado sin ser cobrados en el Reichsbank. Así, estos bonos se convirtieron en una moneda real con circulación fiduciaria entre las empresas que duró cuatro años [...] De este modo se creó un mecanismo monetario que podía proporcionar capital a la industria alemana sin pedir dinero prestado en los mercados financieros y sin imprimir dinero nuevo (pp. 21-22).'

 Keynes, aun reconociendo que se trataba de un método al servicio del mal, calificó de ingeniosa la maniobra ideada por el Presidente del Banco Central del Reich5.

  Los tres capítulos siguientes reconstruyen de forma puntual, seca y directa - un estilo que el autor parece tener en común con su famoso padre6 - las reuniones que el Grupo de la Moneda Fiscal mantuvo con diversas personalidades políticas,7 los ataques a la propuesta que aparecieron en los principales periódicos nacionales (que nunca concedieron al grupo el derecho de réplica, a pesar de las flagrantes inexactitudes de los artículos publicados) y la forma en que se trató el tema durante la campaña electoral de 2018 para desaparecer una vez formado el primer Gobierno Conte.

La parte más interesante del libro son los cuatro últimos capítulos. En ellos, el vínculo (no reconocido explícitamente por el Gobierno) entre la propuesta de moneda fiscal y el tortuoso proceso normativo que terminó con el Decreto de relanzamiento 34/2020 (convertido en Ley 77/2020) por el que se introdujo el descuento de facturas con la transferencia de crédito al banco.

'Hay que subrayar", escribe Sylos Labini (p. 91), "que la innovación fundamental no fue el 110%, es decir, el importe del incentivo concedido, sino [...] la transferibilidad ilimitada de las deducciones fiscales: éste es el mecanismo que permite que las deducciones circulen y funcionen así como medio de pago complementario al euro".'

Es interesante observar algunas diferencias entre lo que ha establecido el Gobierno y la propuesta original del grupo:

 'En el caso que nos ocupa, las asignaciones están ligadas a una decisión de gasto asociada a la rehabilitación de edificios y a medidas de eficiencia energética, en nuestra propuesta habíamos pensado en asignar las bonificaciones fiscales sin que necesariamente existiera una decisión de gasto preexistente: la asignación debía dirigirse principalmente a las rentas bajas (trabajadores precarios, parados, etc.) para aumentar su capacidad de gasto, lo que se traduciría inmediatamente en un aumento del consumo [...] no es justo asignar el mismo incentivo del 110% para un edificio situado en un barrio acomodado y para aumentar el consumo [...]. No es justo asignar el mismo incentivo del 110% para la renovación de un edificio situado en un barrio acomodado y un edificio situado en las afueras: el incentivo debería diferenciarse en función de las distintas zonas de la ciudad en las que viven personas con rentas muy distintas. Por lo tanto, el incentivo debería reducirse por debajo del 110% y diferenciarse (p. 91).'
La transferibilidad de los créditos fiscales aplicados al sector de la construcción es sólo un primer ejemplo de dinero fiscal. Siguiendo el razonamiento de Sylos Labini, la norma podría extenderse también a la financiación de inversiones industriales, plantas de energías renovables y bienes energéticamente eficientes, pero también al pago parcial de pequeñas obras públicas.

 Con el instrumento de los créditos fiscales transferibles, de hecho, un Estado puede financiar la actividad económica en su territorio sin adelantar moneda de curso legal y, por tanto, sin endeudarse en los mercados financieros. Si la difusión del poder adquisitivo, lograda mediante la transferencia de créditos fiscales, consigue reactivar los recursos ociosos del sistema económico, ello tendría consecuencias positivas no sólo sobre el crecimiento del PIB y el empleo, sino también sobre los ingresos fiscales, que compensarían la menor recaudación que se producirá cuando se ejerzan las bonificaciones fiscales.

 Los efectos del "Decreto Rilancio" siguen siendo hoy el centro de un increíble debate. En su panfleto, Sylos Labini pasa revista a los ataques contra el descuento de facturas con la transferencia del crédito al banco. Da la impresión de que estos ataques siguen la lógica prepotente de la famosa fábula de Fedro en la que un cordero y un lobo van a abrevar al mismo arroyo; una historia en la que los verdaderos protagonistas son los falsos pretextos que utiliza el lobo para abalanzarse sobre el cordero. En la historia contada por Sylos Labini, los pretextos en cuestión son esencialmente tres: 

1) comienzan con las dudas planteadas por el Departamento de Contabilidad del Estado, de las que se hacen eco el Istat y la Oficina Legislativa del Ministerio de Economía, que temen un cambio en los criterios contables de Eurostat. Dudas que parecerían una verdadera sugerencia para que Eurostat cambie esos criterios para dejar de incluir los créditos fiscales transferibles en los activos fiscales no exigibles; 

2) luego viene el momento del gobierno Draghi y las declaraciones del Ministro de Economía Franco sobre la insostenibilidad a largo plazo del instrumento porque necesariamente tendría un impacto negativo en la deuda pública del país; 

3) llegamos entonces a la atención completamente exagerada que los medios de comunicación dedican al fraude de las bonificaciones a la construcción, que encaja bien con el deseo del gobierno Draghi (pero también del posterior gobierno Meloni) de bloquear la transferencia de los créditos fiscales.

 Para dar una valoración más completa de las tesis argumentadas en La batalla de la moneda fiscal, es interesante presentar aquí, al menos parcialmente, la evolución de los acontecimientos relacionados con las tres cuestiones que acabamos de enumerar, teniendo en cuenta lo sucedido en los últimos meses.

Por lo que se refiere a la clasificación contable de los créditos fiscales y al impacto que tendrían sobre la deuda pública, conviene en primer lugar citar las palabras exactas utilizadas durante la audiencia en el Senado por el director de estadísticas de finanzas públicas de Eurostat (Ascoli, 2023, pp. 2-4):

'Los créditos fiscales pagaderos son aquellos para los que debe reconocerse un gasto público y/o una obligación pública desde el principio, es decir, en el momento del hecho generador que provoca la creación del crédito (en el caso del superbonus, la actividad de construcción).

Los créditos fiscales no exigibles, en cambio, son aquellos que reducen los ingresos fiscales del Estado en el futuro, pero no suponen un gasto inmediato.

 Llegados a este punto, me gustaría también subrayar cómo, indebidamente, se ha escrito en algunos casos sobre el riesgo de un enorme efecto sobre la deuda pública, estimada en unos cien mil millones de euros, en el caso de que el crédito fiscal se considerase exigible. Quisiera reiterar aquí que esto no es en absoluto el caso, [...], ni Eurostat ha dicho o escrito nunca que podría haber un aumento de la deuda pública debido a un posible carácter pagadero de los créditos fiscales, al menos según las modalidades existentes de las operaciones relativas a la creación de créditos fiscales que han tenido lugar hasta ahora. [...] Reitero esto porque creo que es bueno despejar el campo de algunas interpretaciones inexactas que se han leído últimamente sobre el tema en relación con un posible aumento sustancial de la deuda pública debido al posible carácter "pagadero" del superbonus.'

 Son palabras muy claras dentro de un discurso más amplio en el que también emergen los límites de las responsabilidades de Eurostat, que en las revisiones periódicas del Manual sobre Déficit y Deuda Pública no puede sino compartir con los institutos nacionales de estadística todas las decisiones antes de que se tomen definitivamente, incluidas las relativas al modo de considerar los créditos fiscales específicos en circulación en los distintos países miembros de la UE. De ello se desprende que, en el caso italiano, el ISTAT tenía de hecho la tarea de evaluar la velocidad de circulación de los créditos fiscales en Italia para estimar el importe de dichos créditos que debía imputarse inmediatamente en el cálculo del déficit presupuestario, el importe de los mismos que no debía utilizarse y los posibles efectos positivos que la misma circulación podía tener sobre los resultados futuros del presupuesto público. Los datos publicados el 1 de marzo de 2023 por Istat sancionan una revisión de los déficits para 2020, 2021 y 2022 (del 9,5% al 9,7%; del 7,2% al 9%; del 5,6% al 8%, respectivamente) debido precisamente a que los créditos fiscales por los que se concede la cesión se consideraron activos fiscales exigibles, coincidiendo con Eurostat en una reclasificación de las bonificaciones a la construcción (Istat, 2023).

  No es éste el lugar para emitir un juicio definitivo sobre esta decisión, difícil de relegar a una mera cuestión técnica que, sin embargo, parece presagiar consecuencias importantísimas sobre la percepción que tendrán los ciudadanos sobre la bondad del instrumento de política económica que estamos debatiendo. Las limitaciones a la transferencia de créditos fiscales, introducidas en varias ocasiones desde finales de 20218, han transmitido incertidumbre al sector de la construcción y han tenido el efecto de debilitar los efectos multiplicadores de la medida, haciendo más fácil la monetización de los créditos en cuestión. difícil. Las empresas constructoras y aquellas involucradas en las actividades de reestructuración promovidas por las diversas bonificaciones se encontraron sin liquidez y en algunas circunstancias tuvieron que parar los trabajos ya iniciados, lo que redujo los ingresos fiscales.9 Sólo si los descuentos fiscales fueran libremente transferibles y divisibles , podría haber un impacto positivo en las finanzas públicas. 

 Y ahora llegamos al tercer pretexto: el importe real del fraude. A este respecto, conviene recordar los datos recogidos por Sylos Labini (p. 143): muestran que el mayor porcentaje de fraude en relación con los créditos asignados se refiere al ecobonus (28%), seguido del porcentaje de fraude relacionado al bono de fachada (15%). El porcentaje de fraude relativo al superbonus introducido con el Decreto de Relanzamiento es igual al 1%. “Esto demuestra – comenta el autor – que atacar la transferencia de créditos fiscales no tiene sentido: es necesario intervenir para cambiar la forma en que se asignan las deducciones imponiendo restricciones más estrictas al ecobonus y al bono de fachada” (p. 143).  

Uno de los puntos sustanciales del debate actual en teoría y política económica que La batalla del dinero fiscal nos invita a abordar frontalmente, y que habría merecido mayor atención en el libro, se refiere a la exactitud de las estimaciones relativas al factor multiplicativo, efectos atribuibles a la medida en cuestión.10 Es significativo que la audiencia en la Cámara de Diputados del director del Servicio de Estructura Económica del Banco de Italia comience con una observación enigmática: 

'la contribución del sector de la construcción al crecimiento en los últimos años ha sido significativa; el fortalecimiento de los incentivos en el sector de la construcción ha tenido un impacto significativo en este sector; sin embargo, su coste en términos de finanzas públicas fue enorme, aunque el impacto afectó sólo a una pequeña parte de los activos inmobiliarios nacionales. Se entiende que los datos y análisis actualmente disponibles no permiten aún una evaluación precisa y definitiva de la relación entre los costos y beneficios de las medidas (Tommasino, 2023, p. 6).  '

La audiencia en cuestión parece caracterizarse por una construcción argumentativa en la que surge en particular una fuerte contradicción: la metodología contrafáctica aplicada se apoya en la hipótesis de que, junto con los gastos adicionales debidos al refuerzo de las primas de construcción, se produciría (más bien alto) porcentaje del gasto que las familias habrían realizado incluso en ausencia de prestaciones; sin embargo, las declaraciones recogidas en la experiencia de campo de los operadores económicos apuntan a un bloqueo casi total de las actividades en el sector de la construcción en la primavera de 2020, antes de que las medidas del Decreto de Relanzamiento entraran en vigor.11 Que esta parada no es atribuible al bloqueo y que si esto es, por el contrario, el resultado de una tendencia recesiva más profunda, lo confirma también la serie histórica de datos sobre las intenciones de los consumidores de gastar en mantenimiento extraordinario, elaborada por la Oficina de Investigación del Confartigianato sobre los datos del Istat y del Banco de Italia.12"

(Stefano Lucarelli , Sinistrainrete, 19/11/23; traducción DEEPL; Reseña del libro  Sylos Labini S. (2022), La battaglia della Moneta Fiscale. L’idea, i rapporti politici, gli attacchi, le prime applicazioni, le prospettive, Firenze: Il Ponte Editore, pp. 152, ISBN: 978888861869: Fuente: Moneta e Credito, Vol. 76 n. 303 (settembre 2023);  Università degli Studi di Bergamo, email: stefano.lucarelli@unibg.it )

21/8/23

Michael Hudson: Supongamos que un gobierno toma prestados mil millones de dólares de los ricos tenedores de bonos, y los ricos tenedores de bonos van a sacar el dinero del banco y entregárselo al gobierno para que lo gaste. ¿Por qué necesita el gobierno a los tenedores de bonos para crear este dinero? O, ¿por qué necesitan que los bancos de repente vayan a su ordenador y creen un billón de dólares, para prestárselos al gobierno, que luego el gobierno volverá a depositar en estos mismos bancos? El gobierno va a crear el dinero en cualquier caso, ya sea prestado por los tenedores de bonos, o por los bancos, o simplemente impreso

 "(...) Hudson: Bueno, lo que esto es, está reflejando el poder de la economía basura y la ideología. Los economistas de derechas afirman que si el gobierno proporcionara más asistencia sanitaria pública, y más servicios públicos, los impuestos subirían. Y como tanto los republicanos como los demócratas han desplazado los impuestos del sector inmobiliario, de las finanzas, del 1% al 99%, eso significa que los impuestos de los asalariados subirían.

Pero, por supuesto, no tiene por qué ser así en absoluto, porque, como usted señala, la teoría estatal del dinero dice que los gobiernos pueden crear su propio dinero. Ese ha sido el caso durante los últimos cientos de años. Y China lo ha demostrado, los gobiernos no tienen que pedir dinero prestado a la gente rica para pagar intereses.

Pueden simplemente imprimir el dinero, y la gente de la economía basura dice, bueno, si imprimes tu dinero, eso es inflacionario. Pero no es más inflacionario que el crédito bancario. Supongamos que un gobierno toma prestados mil millones de dólares de los ricos tenedores de bonos, y los ricos tenedores de bonos van a sacar el dinero del banco y entregárselo al gobierno para que lo gaste.

¿Por qué necesita el gobierno a los tenedores de bonos para crear este dinero? O, ¿por qué necesitan que los bancos de repente vayan a su ordenador y creen un billón de dólares, para prestárselos al gobierno, que luego el gobierno volverá a depositar en estos mismos bancos? El gobierno va a crear el dinero en cualquier caso, ya sea prestado por los tenedores de bonos, o por los bancos, o simplemente impreso.

Así que la pretensión es que el gobierno tiene que pedir prestado a los tenedores de bonos. Porque los tenedores de bonos deciden lo que vale la pena económicamente. Bueno, ¿qué ignora esto? Que los tenedores de bonos son el 1%, y lo que ellos consideran que vale la pena económicamente, no es utilizar al gobierno para beneficiar el nivel de vida, beneficiar al trabajo y proporcionar servicios sociales.

El papel del gobierno es proporcionar más dinero para el 1%, a través del complejo industrial militar, y los otros proyectos del gobierno. (...)"

( , UnzReview, 15/07/23; traducción DEEPL)

3/5/23

En 2008, la Reserva Federal tenía alrededor de 900 mil millones de dólares en activos. Ahora está en casi 9 billones de dólares en activos ¿A dónde fue todo ese dinero? Una gran cantidad de estos 8 billones de dólares fué a la compra de bonos basura... el trabajo de un banco central es representar el interés de los bancos comerciales... así pues, la Reserva Federal creó la mayor cantidad de crédito en la historia de la humanidad. Y todo va a ir al 1% de la población. No va a ir a la economía. No va a construir infraestructura. No va a ir a los salarios. No va a reducir el precio de las viviendas y hacerlas más asequibles para los estadounidenses... Así que hubo un enorme auge del mercado de bonos, una triplicación de los precios del mercado de valores. Y si eres un miembro del grupo que posee el 72% de las acciones americanas, el 10% de la población, te has vuelto mucho, mucho más rico (Michael Hudson)

 "El economista Michael Hudson explica la crisis de la inflación y el "programa de austeridad de la Reserva Federal de Estados Unidos para reducir los salarios" y aumentar el desempleo. Advierte que se avecina una "larga depresión", en la que los pobres sufrirán para que los ricos se hagan más ricos, con el fin de avanzar en la nueva guerra fría de Washington contra Rusia y China. 

Entrevista realizada por Benjamin Norton del podcast Multipolarista. (...)

 BENJAMIN NORTON:

(...) En 2008, la Reserva Federal tenía alrededor de 900 mil millones de dólares en activos. Ahora está en casi 9 billones de dólares en activos.

Y podemos ver, después de la crisis financiera, o durante la crisis financiera, aumentó a alrededor de 2 billones de dólares. Y luego, alrededor de 2014, aumentó a alrededor de 4,5 billones de dólares. Y luego, especialmente a finales de 2019 y 2020, se disparó de alrededor de $ 4 billones hasta $ 7 billones. Y desde entonces, ha seguido disparándose hasta los 9 billones de dólares en activos.

¿A dónde fue todo ese dinero? ¿Y cuál fue el impacto en la economía, por supuesto?

MICHAEL HUDSON:

Bueno, el impacto en la economía ha sido aumentar enormemente la riqueza del 1% más rico de los estadounidenses que poseen la mayoría de las acciones y bonos.

Sheila Bair, el ex jefe de la Corporación Federal de Seguros de Depósitos, señaló que una gran cantidad de estos 8 billones de dólares se gasta para comprar bonos basura.

Este es el problema. El problema realmente comenzó con el presidente Obama. Heredó un sistema en el que se produjo la mayor ola de fraude bancario comercial en la historia de Estados Unidos.

Como mi colega Bill Black de la Universidad de Missouri en Kansas City ha señalado, todo el mundo sabía que había un fraude bancario. Los periódicos se refirieron a las hipotecas basura y a los prestatarios "NINJA": "sin ingresos, sin trabajo, sin activos".

Así que los bancos habían suscrito hipotecas muy por encima del valor real de las viviendas, especialmente a minorías raciales y étnicas, sin que los prestatarios tuvieran capacidad de pago real.

Y luego estos bancos habían empaquetado estas hipotecas, y las vendieron a los desventurados fondos de pensiones, y a otros inversores institucionales y a los bancos europeos que siempre son muy ingenuos sobre lo honestos que son los bancos estadounidenses.

Tenías toda esta acumulación de lo que el siglo XIX llamó capital ficticio. Hipotecas para la propiedad que no valía ni de lejos lo que la hipoteca es para.

Así que si la hipoteca fue impagada, si los propietarios tenían jingle mail - en otras palabras, usted acaba de enviar las llaves de vuelta al banco y decir, ok, tome la casa, me parece que puedo comprar una casa ahora a la mitad del precio que Citibank o uno de estos otros bancos prestó.

Bueno, normalmente tendrías una caída de los precios de vuelta a niveles realistas, de modo que el valor de las hipotecas reflejara realmente el valor de la propiedad, o el valor de los bonos basura emitidos por una corporación reflejara el poder real de ganancia de la corporación para pagar los intereses de los bonos basura.

Así que cuando Obama asumió el poder, toda la economía era en gran parte capital ficticio. Bueno, Obama llegó y dijo, mis donantes de campaña están en Wall Street. Llamó a los banqueros de Wall Street y dijo, soy el tipo que se interpone entre ustedes y la multitud con las horcas, la gente que votó por mí. Pero no se preocupen, estoy de su lado.

Dijo, voy a hacer que la Reserva Federal cree la mayor cantidad de crédito en la historia de la humanidad. Y todo va a ser para ustedes. Va a ir al 1% de la población. No va a ir a la economía. No va a construir infraestructura. No va a ir a los salarios. No va a reducir el precio de las viviendas y hacerlas más asequibles para los estadounidenses.

Va a mantener el precio de estos bonos basura tan alto que no se desploman a valores no ficticios. Va a mantener el mercado de valores tan alto que no va a bajar. Va a crear el mayor auge del mercado de bonos en la historia.

El boom pasó de tipos de interés altos a tipos de interés bajos, lo que significa una subida gigantesca del precio de los bonos que realmente pagan intereses que son más del 0,1%.

Así que hubo un enorme auge del mercado de bonos, un enorme mercado de valores, una triplicación de los precios del mercado de valores. Y si eres un miembro del grupo que posee el 72% de las acciones americanas, creo que es el 10% de la población, te has vuelto mucho, mucho más rico.

Pero si eres un miembro del 90% de la población, has tenido que endeudarte cada vez más para poder sobrevivir, para poder pagar la atención médica, los préstamos estudiantiles y tus gastos diarios con tu salario.

Así que si los salarios estadounidenses estuvieran en un nivel decente, las familias estadounidenses no se verían empujadas a endeudarse cada vez más. La razón por la que la deuda personal ha subido en Estados Unidos es porque las familias no pueden arreglárselas con lo que ganan.

Así que, obviamente, si no pueden arreglárselas con lo que ganan y tienen que pedir préstamos para salir adelante, no son responsables de causar la inflación. Están siendo exprimidos.

Y el trabajo de los economistas, y de los políticos del Partido Demócrata y Republicano, es distraer la atención del hecho de que están siendo exprimidos y culpar a la víctima, y decir, te lo estás haciendo a ti mismo por querer más dinero, en realidad estás creando la inflación que te está exprimiendo.

Cuando en realidad son los bancos, y la no aplicación de la política de monopolio por parte del gobierno, y el apoyo del gobierno a Wall Street los responsables de lo que está sucediendo.

BENJAMIN NORTON:

(...) Vemos que alrededor de 2008, la Fed tenía menos de 500 mil millones de dólares en valores. Y tienes esta política de flexibilización cuantitativa. Y desde entonces, básicamente todo el aumento ha sido en valores. De los aproximadamente 9 billones de dólares en activos que tiene la Reserva Federal, alrededor de 8,5 billones de dólares están en valores. (...)

Entonces, ¿cómo se compara esta política de la Reserva Federal de EE.UU. de 8,5 billones de dólares en valores con las políticas de otros bancos centrales?

(...) Y esos 8,5 billones de dólares en valores, ¿qué son esos valores? Incluso desde la perspectiva de esos libros de texto de economía neoliberal de los que usted hablaba, que se enseñan en las universidades, esto me parece una total locura. No veo cómo hay siquiera una explicación académica, de libro de texto neoliberal para esta política.

MICHAEL HUDSON:

(...) el trabajo de un banco central es representar el interés de los bancos comerciales.

Y como acabamos de señalar, el interés de los bancos comerciales es producir su producto: la deuda. Y crean su producto contra activos existentes, principalmente bienes raíces, pero también acciones y bonos.

Así que el trabajo del banco central aquí es apoyar al sector financiero de la economía, y ese sector que mantiene la riqueza en forma de acciones, bonos y préstamos, y especialmente los bonos bancarios que hacen su dinero con el crédito inmobiliario. (...)

En los últimos 15 años, más del 90% de los beneficios de las empresas en Estados Unidos se han destinado a la recompra de acciones y al pago de dividendos. Sólo el 8% de los beneficios de las empresas se ha gastado en nuevas inversiones, en plantas, en equipos y en contrataciones.

Y así, por supuesto, se ha desindustrializado la economía. Es esta idea de que se puede hacer dinero financieramente sin una base industrial, sin una base de fabricación; se puede hacer dinero sin realmente producir más o hacer algo productivo, simplemente haciendo que un banco central aumente el precio de las acciones, y los bonos, y los préstamos realizados por el 10% más rico.

Y por supuesto, en última instancia, eso no funciona, porque en un momento dado todo se derrumba desde dentro, y no hay base industrial.

Y por supuesto, cuando eso suceda, Estados Unidos se dará cuenta, espera un minuto, si cerramos la economía, todavía estamos dependiendo de China y Asia para producir nuestros fabricantes, y para proporcionarnos materias primas, y para hacer todo lo que necesitamos. Realmente no estamos haciendo nada más que actuar como un mundo - bueno, la gente solía decir parásito - como un rentista mundial, como obtener algo por nada, como una especie de colonialismo financiero. (...)"            

(Entrevista a Michael Hudson, Benjamin Norton, Brave New Europe, 02/07/22)

10/10/22

Monedas comunitarias, la otra cara de la economía

 "¿Es posible crear una nueva moneda, sin más? Para ello, es necesario comprender qué es el dinero, para qué sirve y quién lo controla.

El libro Para vivir libres de dinero-deuda ¡Creemos nuestras propias monedas comunitarias!, presentado en la IBERO Puebla, explora el rol del intercambio monetario en las sociedades y si es viable para las comunidades autónomas trascender el sistema internacional.

De acuerdo con el texto, solo el 3% de todo el dinero que circula en el mundo se encuentra en forma de billetes y monedas; el resto es creado a partir de préstamos bancarios. “Al estar en manos privadas, el dinero se utiliza para lo que las empresas saben: hacer negocios”, explicó el catedrático de la Universidad Jesuita, Juan Carlos Domínguez Vergara.

Las entidades financieras prestan dinero y generan intereses para producir ganancias. Esto deriva en especulación, la cual puede estar presente en todo aquello que puede ser medido en clave monetaria: desde bienes materiales y servicios hasta elementos de la naturaleza. El libro se centra en este modelo y debate si el dinero ha dejado de representar un bien común.

 Domínguez Vergara valoró la hipótesis planteada por la autora, Claudia Caballero Borja, quien asegura que el dinero se utiliza de forma corrupta. “La base del dinero es la confianza. El sistema de mercado ha convertido la confianza en usura. Hay que buscar la manera de cambiarlo”.

El académico llamó a adoptar un paradigma centrado en la colaboración, la creatividad y la vitalidad. De ahí la intención de muchas comunidades de consolidar un sistema que lleve al mínimo el uso del dinero-deuda para optar por un esquema basado en la eliminación del interés y la especulación: su principal uso sería el fomento de la producción y el intercambio.

Desde el bilimbique del México revolucionario hasta el bitcoin, la creación de monedas no es un tema nuevo; el reto está en su operatividad. “El plan de este libro es crear dinero comunitario. Se dice fácil, pero el sistema de mercado ha permeado mucho y ha propiciado el individualismo”.

Cada comunidad en desarrollo se enfrenta a procesos de desvinculación presentes en los entornos cotidianos, incluidos los de intercambio comercial. “Ahora vamos al supermercado y nos atiende una máquina”, indicó la profesora de la IBERO Puebla, Rocío García Bustamante.

Resignificar el concepto de dinero implica volver a los orígenes del intercambio, previos a los principios clásicos de la economía basados en la explotación y el despojo. Al mismo tiempo, demanda una reestructura de la idea de riqueza en favor de una mirada de necesidades colectivas.

Para vivir libres de dinero-deuda ofrece algunas pistas para identificar estas necesidades, siendo en la escucha activa y la valoración de prioridades comunes algunos de sus pilares. Se habla también de un paradigma basado en dar y recibir. “No es que exista una salida a la problemática. Son ensayos que surgen en distintos espacios”.

García Bustamante evocó el caso del Tianguis Alternativo de Puebla del cual es cofundadora. Tras 15 años de operatividad, el espacio se ha convertido en un foro propicio para experimentar formas distintas de comercializar: más del 80% de los productores realizan intercambio de productos al final de las jornadas.

VIVIR LA ECONOMÍA

Claudia Caballero tiene un amplio historial en materia de monedas alternativas. A través de la plataforma Feria Multitrueke, la autora del libro ha hecho de las monedas comunitarias una experiencia irrenunciable en su vida. El manual surge a partir del interés de ilustrar el impacto social de un recurso que va más allá del valor de cambio.

Desglosó la especialista: “Cuando les compro con esta moneda hay alegría, gozo, ganas de compartir. Sabemos que estamos compartiendo no solo los productos, sino el tiempo y el esfuerzo: el proyecto de vida, el ideal de que estamos tratando de crear comunidad”.

Caso contrario ocurre en los intercambios con dinero convencional, donde las personas se convierten en parte de una cartera de clientes cuyo único fin es el consumo. La contrapropuesta es a consolidar la figura del prosumidor: consumidores que producen. “Estamos pensando en qué vamos a producir para satisfacer las necesidades de la comunidad”.

Caballero Borja reconoció que el cambio de paradigma requiere de ajustes considerables a nivel cultural que pongan en entredicho el modo de vida, siempre en clave colectiva. La comunidad, redondeó, se construye de forma constante en las dinámicas del día a día.

Publicado originalmente en IBERO Puebla"                  (Roberto Pichardo Ramírez , Rebelión, 06/10/2022)

20/4/22

Diñeiro dixital público a prol da estabilidade financeira... Os cambios acelerados no actual sistema monetario abren a posibilidade de superar as formas de diñeiro arriscadas, e as crises recurrentes que crean, para poñer no centro os intereses da poboación.

"Máis do 80% dos bancos centrais do mundo están a estudar as súas propias moedas dixitais ou, directamente, a implementalas. Están creadas polo banco central, coma o efectivo, pero coas funcionalidades do diñeiro que tes na conta bancaria. 

O que parece un simple cambio de forma entre físico e dixital entraña cambios moi profundos no noso sistema monetario. Pensemos que nestes momentos o único diñeiro dixital que se usa amplamente para facer transferencias, pagar impostos ou pagar con tarxeta é un diñeiro que, para sorpresa de moitas, crean os bancos privados. Son quen regulan realmente a cantidade de cartos en circulación, pero non se lles esixe velar polo interese xeral. Son imprescindibles e, por iso, cando o fan mal realízanse os rescates. Que os cartos dixitais deixen de crearse por este sector e pasen a producirse por un ente público pode poñer fin por sempre ás crises financeiras e aos rescates á banca.

Son varios os motivos polos que o tema colle agora tanta forza. Durante os últimos anos, apareceron moitos novos medios de intercambio, principalmente dixitais e privados, mentres o papel do efectivo se foi reducindo. A irrupción de Bitcoin e outras criptomoedas, que son formas de transferir valor sen intermediarias, puxo de manifesto a desconfianza xeneralizada que existe cara os bancos. A expansión das criptomoedas e outras alternativas ao diñeiro convencional teñen algo que ver co repentino interese polas formas públicas de diñeiro amosado polas altas instancias de poder. Isto débese tanto á competencia que lle fan á moeda oficial como á tecnoloxía que poñen sobre a mesa. A posibilidade de utilizar os avances en xestión de datos que trae consigo a cadea de bloques (blockchain), a tecnoloxía que posibilita o funcionamento das criptos, fan o que ata o de agora parecía impensable: que todas poidamos ter dalgunha maneira unha conta con diñeiro dixital seguro no Banco Central (algo que de momento só poden facer os bancos coas chamadas reservas do Banco Central).

Pero se hai algo que rematou por decantar aos bancos centrais por tomar en serio a posibilidade dun diñeiro público dixital foron os intentos pasados, presentes e futuros dos xigantes tecnolóxicos como Facebook e Google de crear as súas propias moedas estables no modo en que os bancos o fan neste momento. Non foron as moedas sociais nin as criptomoedas as que puxeron nerviosas ás reguladoras, senón esta inusual irrupción na festa privada dos bancos. As moedas estables que propoñen, tanto polo seu número potencial de usuarias como, precisamente, por garantir un valor estable no tempo, teñen o potencial de facer unha intensa competencia a outras formas de diñeiro coas que xa convivimos, como son o diñeiro en efectivo ou o diñeiro bancario.

A forma que teñen de conseguir un valor estable é moi simple: trátase de manter un fondo en euros, dólares, iens, etc o suficientemente grande para crear a ilusión de que as súas moedas dixitais son intercambiables en todo momento por estas moedas oficiais. En concreto a de Facebook, chamada Diem (antes Libra), propuña manter depósitos bancarios con suficientes cartos para que quen quixese cambiala por euros, por exemplo, puidera facelo. É dicir, prometían o cambio á moeda oficial sempre que se quixese. Pero esa promesa podía chegar a ser incumprida, o que foi sinalado abertamente polos entes reguladores de moitos países, que ata o de agora botaron abaixo as propostas máis coñecidas deste tipo de moedas. E isto facíano non tanto por consideracións relativas ao abuso de poder e a privacidade das usuarias, senón fundamentalmente porque pretendían manter en dólares, euros e outras moedas oficiais só unha fracción do total que creaban. Se moitas usuarias desexaban retirar en euros a súa moeda á vez as promesas non se cumprirían.

Algo que se negaron a aceptar estas mesmas reguladoras é que o actual sistema de diñeiro bancario adoece do mesmo problema. Os bancos comerciais crean moitos máis depósitos que as reservas que atesouran, sendo estas só unha pequena fracción do total. Basta que unha porcentaxe pequena de clientes faga retiradas de cartos simultaneamente para poñer en quebra técnica a un banco. Imaxinas que lle ocorrería a súa credibilidade se cando queres facer unha transferencia a outro banco che din que non teñen os cartos que supostamente tes depositados nel? O pánico non tardaría en espallarse a outros bancos e o sistema colapsaría, pois só funciona se hai a suficiente confianza no sector bancario como para que as retiradas sexan constantemente compensadas con ingresos.

Este é o fundamento das denominadas crises bancarias que levan repetíndose incesantemente ao longo da historia. Todos os bancos con capacidade de crear diñeiro teñen o incentivo de crear o máximo diñeiro bancario posible, incluso se iso supón facer préstamos máis arriscados. Así poden cobrar intereses por diñeiro que non existe, ademais de inflar os prezos de activos en burbullas especulativas mediante créditos á inversión en vivenda ou en activos financeiros. Mentres as burbullas duran, permiten que se paguen os intereses, producindo enormes beneficios. Pero inevitablemente acaban por levarnos a todos ao colapso e a nosa perda de confianza neles retíralles o poder de seguir creando cartos. Tan prexudicial resultou esta dinámica para os propios bancos privados que por iso foron eles mesmos quen crearon os primeiros bancos centrais, para tratar de asegurarse que ningún deles chegaba á quebra.

Os bancos centrais, agora nacionalizados, son prestamistas de última instancia dos bancos privados e teñen como principal función axudar, subvencionar e chegado o caso rescatar a calquera banco que se meta en problemas. Só mediante esta estreita colaboración puideron manter o enorme poder que dá crear os cartos de nacións enteiras.

No sistema actual, cando a alguén se lle concede un préstamo en calquera banco, os cartos que aparecen na súa conta son creados nese mesmo momento. Non saen dos aforros nin do capital de ninguén. E da mesma forma, cando as débedas se pagan, os cartos desaparecen. O problema é que cando un banco fai demasiados malos préstamos, por exemplo especulando nunha burbulla, e chega á quebra, a súa desaparición supón a desaparición de todos os aforros que tiña a xente depositados nel. Eran puro fume, apuntes contables, promesas incumpridas. Se deixaramos ao libre mercado autorregularse sen intervención estatal, teríamos que ver como desaparecen todos os cartos dixitais que tiñamos depositados nese banco e, inmediatamente despois, en todos os demais, quedando o efectivo como único medio de intercambio.

A idea das moedas estables (as de Google e Facebook) é ben sinxela. Mantendo un fondo mínimo, pero suficiente, para dar a aparencia de que o diñeiro inventado pareza ser sempre intercambiable por diñeiro do Estado, entón o valor da moeda vaise manter estable ao redor do valor do diñeiro oficial. Neste caso as tecnolóxicas estarían engadindo unha nova capa de fraxilidade por riba da actual, pois ían utilizar diñeiro bancario (que xa é fráxil) como reservas do seu. O feito é que calquera axente económico podería dar servizos de pagos ou financeiros sen crear novos cartos, en base ao aforro e a cartos que xa existen, pero isto non ten tanto aliciente lucrativo.

Perante esta fraxilidade de calquera forma de diñeiro privado con reserva fraccionaria (só ter respaldada unha fracción da moeda total) e, para evitar danos maiores, o Estado vese na obriga de garantir a seguridade dos aforros. E ten dúas opcións. Por unha banda, pode aseguralo mediante fondos de garantía de depósitos, extensa regulación, rescates e outras moitas axudas encubertas que conseguen que o emisor non chegue ao punto de desastre. Ou ben, tras comprobar que a aversión á quebra non evita a expansión dunha burbulla de crédito (lóxico, se saben que o Estado non os vai deixar quebrar nunca), podería simplemente nacionalizar o diñeiro e impedir que estes axentes privados movan cartos que non teñen.

Se opta por esta segunda vía, podería esixir aos bancos e a outros emisores que respalden o 100% da súa moeda. É dicir, que non creen novo diñeiro e que non presten máis do que teñen. Isto suporía unha competencia máis real no sector financeiro entre grandes e pequenos, un maior aliciente a facer as cousas ben e manterse afastados das burbullas especulativas, na medida en que quen o faga mal non sexa rescatado. Ademais suporía un aforro enorme de recursos públicos e un ingreso extra recuperado para toda a sociedade: a creación de novo diñeiro.

As múltiples formas en que un diñeiro dixital público pode chegar a implementarse están atravesadas por consideracións importantes que de seguro afectarán aos dereitos de todas. En todo caso, un ente democrático pode resistir mellor a tentación de poñer en risco todo o sistema por razóns de lucro. Se nos importa a estabilidade financeira e queremos deixar de dilapidar cartos públicos rescatando bancos, o diñeiro debería ser un activo sen risco. Pódese poñer fin ao privilexio dos bancos de prestar o que non teñen e, sobre todo, evitar que outros axentes económicos importen o actual modelo de funcionamento bancario, onde o Estado paga os pratos rotos.

Igual nun futuro “100% respaldado con diñeiro público” deixe de ser a descrición dun sistema bancario en permanente rescate e acabe sendo unha garantía de prudencia que todas as moedas que pretendan garantir o cambio a euros deberan ter.

Na busca do interese xeral, ademais da estabilidade financeira, poden tratar de garantirse dereitos tan importantes como poder aforrar sen risco, que non se usen os datos persoais das transaccións con ánimo de control e de lucro ou o dereito a poder usar as moedas que queiramos entre particulares. De todas formas, que estes cartos públicos, dos que tanto se está a falar nas altas esferas do poder, acaben garantindo todos estes dereitos está por ver." 

  (Mario Martínez, El Salto, 18/04/22)

21/2/22

Juegos Olímpicos de inverno en Beijing y el debate sobre el control social

 "Los Juegos Olímpicos que estos días están llevándose a cabo bien podrían ser una diapositiva de lo que nos espera. Miras a China y ves las políticas del presente y su relación con su cultura milenaria. 

Y es muy preocupante la deriva autoritaria que puede tener el uso intensivo de la tecnología en manos del Estado o de grandes conglomerados privados. En China y, atentos, en cualquier otro país del mundo.

 No soy de los que piensa que nos están escuchando todo el día. Por mi trabajo sé que el monitoreo que sufrimos todos se basa en el que y no tanto en el quien. A las grandes plataformas les interesa que hacemos y no quienes somos. El problema es que es muy fácil modificar eso. Es muy sencillo saber quien es el que hace algo concreto y como.

Os recomiendo leer el libro ‘Red Mirror: ¿qué futuro se escribe en China?’ del periodista italiano Simone Pieranni, donde se explica que el desarrollo tecnológico de China es un elemento clave en el crecimiento de la economía de las últimas dos décadas, pero también un formidable aparato de control social. Lo detalla asegurando que los teléfonos inteligentes hacen la vida más fácil, pero permiten hacer un seguimiento minucioso de la actividad de los ciudadanos; los puntos que se asignan según el cumplimiento de las leyes, aseguran un mayor apego a las normas y automáticamente generan listas negras, personas marcadas y señaladas; las ciudades inteligentes son una proeza de la planificación y el bienestar, y tienen implícito un sistema de vigilancia y castigo. De momento parece que es imposible el progreso sin que eso no conlleve una mayor intromisión del Estado la esfera privada.

Sin alarmar a nadie, sí me gustaría que este vídeo fuera un toque de atención. Si miramos a China podemos identificar lo que no queremos. Si nos miramos con detalle nosotros podemos identificar el embrión de cosas que allí ya pasan. Hoy te voy a describir algunas de las tecnologías que allí se están utilizando bajo la excusa vírica pero que conllevan derivadas peligrosas. La tecnología es lo mejor que tenemos, la herramienta que nos mejora la vida de un modo más intenso, la defiendo desde que tengo uso sociológico de razón, pero por eso, también sé que, su mal uso, su uso desleal puede ser todo lo contrario. El fino espacio entre la libertad que proporciona tener más conocimiento gracias a la digitalización y la prisión que supone el control de tus datos, es lo que debemos limitar bien.

Cerca de 3000 atletas, además de miles de participantes más, incluidos entrenadores, personal y medios de comunicación, estarán dentro de una burbuja olímpica. El nombre ya tiene su que. Los Juegos mostrarán innovaciones de alta tecnología en todas las escalas, desde inteligencia artificial hasta infraestructura de Internet e incluso una nueva forma de mantener el hielo fresco . También servirán como sede para el lanzamiento oficial de la moneda digital de China, e-CNY, que será uno de los únicos mecanismos de pago aceptables en la Villa Olímpica de Invierno de Zhangjiakou.

Aquí hay cinco tecnologías que no solo impulsarán los Juegos Olímpicos de Beijing, sino que prometen transformar la vida en el país mucho después de que terminen los Juegos.

1. Robots por todas partes

La Villa Olímpica está poblada con cientos de robots que ayudan a mantener la distancia entre los atletas y el personal local haciendo de todo, desde entregar paquetes hasta preparar hamburguesas. 

Los robots ayudan con la atención médica de los atletas, recolectan basura e incluso dispensarán desinfectante para las manos. Los robots itinerantes escanean el aire en busca de partículas y desinfectan las habitaciones. Una flota de 120 robots de catering está disponible para servir comida las 24 horas del día, los 7 días de la semana en el comedor del área de medios. 

Fuera de la burbuja olímpica, han desplegado robots en las calles de las ciudades y los campus universitarios para entregar paquetes y, dentro de los lugares de eventos y hoteles , para brindar servicios a los invitados. Los gigantes del comercio electrónico y la entrega de alimentos Alibaba, Meituan y JD.com se han comprometido a poner miles de robots de mensajería en las carreteras para reducir costos.

2. Una app que vigila a todo el mundo

Todos los que se encuentran dentro del circuito cerrado de los Juegos Olímpicos (atletas, medios de comunicación y espectadores por igual) deben usar la aplicación My 2022 especialmente desarrollada dos semanas antes de ingresar al área sellada. Una vez dentro de la Villa Olímpica, los participantes también se someten a pruebas PCR diarias. La aplicación rastrea los datos de salud de los participantes, como la información de vacunación, así como los resultados de las pruebas diarias. 

Para poder salir de sus habitaciones y viajar entre las instalaciones, todas las personas dentro del circuito deben recibir una señal verde que indica resultados negativos de PCR dentro de las 24 horas anteriores al escanear sus pases. El sistema de semáforos se asemeja al sistema de códigos QR que los residentes chinos han utilizado para moverse por el país durante la pandemia.

Aunque proteger la privacidad de los ciudadanos y frenar la recopilación de información innecesaria ha sido una prioridad política importante de los reguladores de Internet de China, especialmente con la aprobación de la Ley de Protección de Información Personal el año pasado, una investigación realizada por Citizen Lab descubrió que la aplicación My 2022 recopila información del usuario y la comparte con terceros: algunas de las compañías tecnológicas más grandes de China, incluidas Huawei, Xiaomi, Tencent e iFlytek. 

La política de privacidad de la aplicación especifica que puede compartir información del usuario sin consentimiento en circunstancias relacionadas con la seguridad nacional y la salud pública. La aplicación también contiene una lista de palabras clave que se pueden censurar.

3. Todos monitorizados con camas inteligentes

Los apartamentos de los atletas han sido equipados con colchones de espuma viscoelástica que controlan la respiración y el ritmo cardíaco. Estas camas inteligentes están diseñadas para capturar la ‘firma corporal’ de cada atleta e incluso pueden enviar informes a sus entrenadores sobre cambios en los signos vitales.

Si bien las camas de alta tecnología podrían ayudar a algunos de los mejores atletas del mundo a dormir más profundamente, muchos de los usuarios de estas camas no han encontrado tan cómoda esa implementación de tecnología de seguimiento de sus signos vitales. Esto es algo que ha empezado a ser norma en algunas empresas chinas por cierto.

Algo que, cuando los empleados de una empresa de tecnología con sede en Hangzhou recibieron cojines para sillas de oficina que podían monitorear de manera similar sus signos vitales, como la frecuencia cardíaca y los niveles de alerta física, descubrieron que sus supervisores también estaban usando la tecnología para realizar un seguimiento de sus descansos y horas de trabajo. Dicen que tienen la sensación de estar constantemente vigilado en el trabajo.

4. Tecnología 5G constante.

¿Recuerdas cuándo los funcionarios estadounidenses y europeos se preocuparon por la seguridad de la tecnología 5G china? En estos Juegos, no hay más remedio que usarla. No hay otra opción. Esta tecnología es la columna vertebral de las comunicaciones dentro de un circuito cerrado, alimentándolo todo, desde un tren de alta velocidad entre Beijing y la Villa Olímpica hasta los minibuses autónomos que circulan libremente por todas partes. 

Para justificar el uso del 5G, el tren está equipado con un estudio de transmisión de la CCTV en alta definición brindando acceso constante a Internet, incluso mientras viaja a través de túneles a 350 kilómetros por hora. Dentro de la Villa Olímpica, el 5G hace que Internet sea más rápido para los atletas, a quienes, según se les informa, se les permite acceder libremente a sus redes sociales, algo que normalmente está bloqueado en China. Aun así, el comité Olímpico de EE.UU. advirtió que es probable que se vigile la actividad en línea de todos ellos. 

y 5. Una moneda digital que controla el capital.

Según los organizadores chinos, en la burbuja olímpica, no habrá una "expansión desordenada del capital. Los Juegos serán la primera oportunidad a gran escala para que los visitantes de fuera de China utilicen la nueva moneda digital del país. La moneda digital del banco central permitirá a las autoridades chinas rastrear cómo se mueve el dinero a través del país y se pretende que sea tan fácil de usar como las populares plataformas de pago digital WeChat Pay y Alipay. 

Dentro de la burbuja olímpica, las únicas formas de pago aceptables serán el efectivo, las tarjetas Visa y la moneda digital e-CNY. El yuan digital ya se acepta dentro de China a través de WeChat, JD.com y Alipay, y los funcionarios informan que al menos 140 millones de personas ya se habían registrado hasta el pasado noviembre. Los atletas y entrenadores visitantes podrán pagar con pulseras portátiles que pueden agitar para pagar con e-CNY dentro de la Villa Olímpica.

Esta lista de implementaciones tecnológicas en los Juegos Olímpicos de China podrían parecer anécdotas puntuales pero, desde mi punto de vista, debería ser un espejo en el que no deberíamos vernos reflejados en el futuro. La distancia entre el uso inteligente y nutritivo socialmente de la tecnología y el control absoluto a partir de ella, es muy corta.

La aplicación WeChat se puede utilizar para realizar cualquier actividad de la vida diaria en China. Es impresionante como está involucrada en toda la vida social y pública de las personas, por lo que es realmente difícil prescindir de esa aplicación. El riesgo es replicar según que cosas. Mira, recientemente WhatsApp lanzó en Brasil un proyecto piloto para permitir a los usuarios pagar mediante la aplicación, que es lo que hace WeChat. Esto se vincula con un modelo de negocio que consiste en ganar dinero con las transacciones, cosa que por el momento Facebook, Instagram y Whatsapp no hacen. Pero que sin duda el algo que protagoniza los sueños más húmedos de Mark Zuckerberg.

Nos paramos en esa aplicación. En China WeChat es sinónimo de teléfono móvil. Imaginemos que encendemos el móvil y en lugar de la pantalla que conocemos ahora, encontramos una especie de página de inicio desde la que se accede a la mensajería, redes sociales, Instagram, cuentas bancarias, compras, reservaciones, etc. Una especie de sistema operativo de aplicaciones: todos los otros sistemas tendrían que «correr» dentro del suyo. Eso es lo que hace WeChat. Y eso significa dinero, pero sobre todo una enorme cantidad de datos. Y precisamente, por razones tecnológicas, políticas y demográficas, China se está convirtiendo en la gran potencia del big data.

Pero, si esto te preocupa, y atendiendo a los desarrollos que se usan en la burbuja olímpica, ojo a esto. Los sistemas de puntuación social (los social score) serían una especie de cualificación del ‘buen ciudadano’. Este sistema de crédito social nació con una doble función: se trata de una forma de regulación económica para las empresas, y de control a las personas por otro lado. No existe todavía un sistema unificado y nacional de crédito social, sino muchos experimentos. Pero ya se puede ver que se trata de asignar un puntaje a cada persona en función de su confiabilidad en términos administrativos, penales y cívicos. Por supuesto, en un Estado de partido único, los criterios para juzgar a una persona pueden ser problemáticos. Pero por el momento, aunque existen también en China intentos de reflexión sobre la protección de la privacidad y el uso de los datos, la idea del crédito social está aceptada por casi todos allí porque la población china lo percibe como un sistema realmente capaz de garantizar una mayor seguridad y armonía social. Vaya… lo de desayunar cloroformo es muy peligroso.

 No sé a ti, pero a mi me parece inquietante llegar a ese nivel, pero igual no estamos tan lejos. Piensa en todas las veces en que somos evaluados y calificados. Cuantas veces lo hacemos nosotros incluso hacia los demás con sistemas de valoración en múltiples plataformas. La diferencia es que en Occidente, nos evaluamos entre ciudadanos; en China, es un proceso que viene de arriba. En este canal encontrarás videos sobre la cadena de bloques, criptomonedas y, especialmente sobre la Web3, ese mundo digital descentralizado donde los intermediarios desparecerán y donde podremos relacionarnos los individuos sin el control de plataformas o gobiernos. Por lo menos eso dicen…

En todo caso, como defensor de la tecnología, como impulsor de la misma, espero que no la fastidiemos otra vez. Que el futuro sea simplemente un escenario de control por culpa de esos desarrollo o que por el contrario nos ayude a construir una humanidad tecnológicamente más humana, al final dependerá de nosotros. Exijamos a nuestros dirigentes que se instruyan en lo que eso significa y que planteen y expliquen su hoja de ruta al respecto. ¿cuantos ministros, diputados, secretarios de estado o funcionarios de alto nivel podrían definir correctamente que es ‘blockchain’, un sistema experto, web3 o diferenciar entre machine learning y deep learning? Pues eso… que seguramente el desconocimiento es el mayor riesgo." (Marc Vidal, blog, 16/02/22)

20/12/21

La otra economía que NO nos quieren contar: la Teoría Monetaria Moderna... Si la creación de dinero genera inflación… ¿cómo es posible que la mayor parte del dinero del mundo sea dinero bancario (dinero creado por los bancos al conceder un crédito) y aquí no pase nada? ¿No será que el dinero no es más que una unidad de cuenta y no un depósito de valor? Cada vez que un banco genera un crédito, al ser solo un apunte contable, no crea nada. Ni siquiera tiene que “imprimir” un billete, como un banco central. De hecho, frente da 7,6 billones de dólares que son las monedas y billetes físicos, hay unos Pasivos Monetarios (deudas de Gobiernos, empresas y familias) de 215 billones de dólares... ¿Genera inflación monetaria sólo el dinero creado por el Gobierno y el de los bancos privados NO? Cuando hay un Estado Soberano, con seguridad jurídica y una economía real productiva fuerte, no hay que tener miedo a usar la emisión de dinero para conseguir objetivos económicos... No podemos condicionar nuestra economía real por un apunte contable. El miedo a la inflación financiera o a no subir las pensiones no es real... El emperador (monetarismo) estaba desnudo. Y la tiene pequeña

 "Tenía que pasar y ha pasado. Así como en la teoría de la ciencia, se ha pasado de tener una visión unificada y coherente (Newton) a dos “visiones” una micro, (para el mundo atómico) y otra macro, (para el universo), en la teoría económica había una visión unificada que explicaba y conectaba tanto el mercado de bienes y servicios como el mercado financiero. Esta teoría, era el modelo IS – LM y o de Hicks-Hansen [1] un hermoso modelo matemático que permitía entender TODA la macroeconomía y sus interrelaciones y que sintetizaba y daba un corpus matemático (¡con la respetabilidad científica que eso genera!) a las teorías monetarias y neo-liberales. 

Este modelo, hasta hace poco, era el que tenía en su cabeza desde los más sesudos asesores del FMI hasta todos los profesores de economía de todas las facultades económicas. Pero eso modelo hacía mucho tiempo que hacía aguas. Muchos comportamientos de los mercados reales y financieros no se ajustaban al modelo y lo que se hacía era incrementar su complejidad añadiendo parámetros y correctores (ya se sabe que la realidad tiene la mala costumbre de ir en contra de una buena teoría).

 Si la creación de dinero genera inflación… ¿cómo es posible que la mayor parte del dinero del mundo sea dinero bancario (dinero creado por los bancos al conceder un crédito) y aquí no pase nada? ¿No será que el dinero no es más que una unidad de cuenta y no un depósito de valor? Cada vez que un banco genera un crédito, al ser solo un apunte contable, no crea nada. Ni siquiera tiene que “imprimir” un billete, como un banco central. De hecho, frente da 7,6 billones de dólares que son las monedas y billetes físicos, hay unos Pasivos Monetarios (deudas de Gobiernos, empresas y familias) de 215 billones de dólares.

 Y el monetarismo, absurdamente obsesionado por la inflación que puede generar la creación de dinero sólo por parte de Gobierno no explica esto. ¿Genera inflación monetaria sólo el dinero creado por el Gobierno y el de los bancos privados NO? ¿O será que la relación tipo de interés – inflación (curva LM) sigue otro rollo?

Eduardo Garzón, explica brillantemente cómo el dinero no es un depósito de valor, si no una unidad de cuenta. Le da un repaso a la historia de la economía financiera y a la nueva visión de la Teoría Monetaria Moderna, que le quita el tradicional miedo a la inflación por parte de los gobiernos soberanos y explica lo que está sucediendo. Cuando un Estado es fuerte, no hay problema en imprimir dinero, puesto que sólo es un apunte contable, como el de los bancos. Eso explica la situación de USA, que usa y abusa de la creación de dólares en la economía mundial al ser la divisa de las transacciones internacionales. O de Japón con su enorme deuda pública. Cuando hay un Estado Soberano, con seguridad jurídica y una economía real productiva fuerte, no hay que tener miedo a usar la emisión de dinero para conseguir objetivos económicos.

Y esto es revolucionario…. Ya no hace falta recaudar para gastar más. Ya no hace falta preocuparse por la hucha de las pensiones. Solo hay que preocuparse por mantener una economía real con muchos trabajadores. Y si hace falta, que los contrate el Estado. Los impuestos, la emisión de deuda pública son sólo instrumentos para controlar los tipos de interés. Ya no tenemos que preocuparnos que el Estado tenga dinero para tenerlo que gastar, puesto que el Estado ES el dinero, lo puede crear siempre y cuando sea un Estado fuerte y soberano financieramente (no como España, que tiene cedida las competencias al BCE).

¿Y no hay peligro de la temida inflación financiera? La economía es sobre todo REAL y sí puede haber riesgo de burbuja si se emite en exceso. Puede haber inflación, DEBE haber inflación para obligar al dinero a moverse (si no se invierte o gasta, pierde valor), pero los fenómenos de hiperinflación se producen más por inflación de costes (o destrucción de capacidad productiva) que por situaciones financieras.

Cuando el BCE inyecta dinero en los estados, no vienen camiones cargados de dinero de Bruselas. Es sólo un apunte contable. Como los bancos privados al crear una hipoteca. Cuando uno firma una hipoteca no sale con maletín lleno de dinero para entregar de una parte a otra.

No podemos condicionar nuestra economía real por un apunte contable. El miedo a la inflación financiera o a no subir las pensiones no es real. Lo que si necesitamos son Estados fuertes, empleo real y soberanía financiera. El emperador (monetarismo) estaba desnudo. Y la tiene pequeña."          (Jaime Ramajo Escalera, Espai Marx, 17/12/21)

28/4/21

Rohan Grey: "Si la gente no entiende qué es el dinero, no puede haber una democracia real"

 "La crisis económica desatada por la pandemia del coronavirus está obligando a los gobiernos de todo el mundo a tomar decisiones económicas inauditas: en Estados Unidos, el Senado, en manos republicanas, aprobó en marzo incluso dar dinero en mano a sus ciudadanos (hasta 1.200 dólares por persona). 

Con el telón de fondo de esta crisis y como ya sucedió en la de 2008, los economistas han abierto un debate en profundidad sobre las fallas del modelo económico imperante y qué otros modelos implantar. El profesor de la Universidad de Willamette, en Oregón, Rohan Grey, es una de las voces jóvenes más destacadas y prometedoras de la economía norteamericana. Adscrito a la llamada Teoría Monetaria Moderna nacida en los años 70, Grey, que nació en Sidney hace poco más de 30 años, plantea una visión diferente de conceptos tan aparentemente unívocos como el dinero, los impuestos, la deuda o el déficit. 

En estos tiempos de (presuntos, según Grey) rescates, el economista alerta contra "los halcones del déficit" y contra los políticos que, ante las ayudas lanzadas por los Estados para paliar la crisis, no dejan de martillear con la pregunta: ¿cómo vamos a pagar esto? Para él son preguntas (en el mejor de los casos) capciosas, producto "de una narrativa que los poderosos, los políticos e incluso los medios ayudan a crear en el ciudadano medio".

Grey es, además de profesor en Willamette, director de la Red Nacional de Trabajos para Todos, director de investigación del Instituto de Moneda Fiduciaria Digital y director de la Red de Dinero Moderno, una agrupación de profesores y estudiantes que tiene el objetivo de divulgar información para que el público general comprenda cómo funciona el sistema económico y, en particular, el dinero. "Si los ciudadanos no lo entienden, entonces cada asunto que tiene una dimensión monetaria, incluyendo algo tan fundamental como la financiación de las cosas, tampoco es entendido… no creo que pueda haber una democracia real cuando el público general no entiende cómo funciona el dinero".

La conversación con Grey, que atiende a Público en conversación telefónica desde Chicago, se produce mientras el Senado de Estados Unidos está completamente encallado en torno al nuevo paquete de estímulos para paliar los efectos económicos del coronavirus (también la UE tuvo en MES0000 sobre esta tema la segunda cumbre más prolongada de su historia, que duró cuatro0000 días). "Más que una crisis es una depresión", opina Grey. Los demócratas aprobaron en mayo en la Cámara de los Representantes, donde tienen mayoría de diputados, una propuesta inicial de tres billones de dólares. 

Ésta llegó al Senado y su líder, el republicano Mitch McConnell, la rebajó hasta el billón de dólares, una cifra insultantemente baja para los demócratas y elevadísima para el sector conservador republicano, el llamado Tea Party, los llamados halcones del déficit. Los senadores de esta corriente reclaman (volvemos a 2008) cerrar el grifo del Estado (es decir, austeridad) y alegan que ese billón de dólares llevará al país a contraer una deuda descomunal que comprometerá la solvencia de las arcas públicas puesto que no se podrá pagar. Un planteamiento que Grey, en la línea con los postulados de la Teoría Monetaria Moderna, considera un sinsentido y una manipulación al ciudadano. Spoiler: Grey asegura que se puede emitir todo ese dinero sin que haya que pagar nada.

 Acuñar dos monedas de un billón de dólares

Pero no son sólo palabras expuestas en la teoría abstracta: el economista colaboró con las congresistas demócratas Rashida Tlaib y Pramila Jayapal, ambas del ala izquierdista del partido, en la elaboración de la propuesta de la Ley ABC, que presentaron a trámite en abril en la Cámara de los Representantes. La norma propone dar 2.000 dólares mensuales en efectivo a cada estadounidense mientras dure la pandemia y, una vez que acabe, mil dólares durante los siguientes doce meses. Este dinero se daría a través de tarjetas de créditos digitales que cada uno podría tener instalada en su móvil, por ejemplo.

Tras presentar la norma, Tlaib y Jayapal afirmaron en un comunicado conjunto que "la Ley ABC se financiaría directamente mediante el Departamento del Tesoro [el Ministerio de Economía, y no el Banco Central, es decir, la Reserva Federal], sin crear ninguna deuda adicional, mediante la acuñación inicial de dos monedas de un billón de dólares cada una y de tantas monedas como sea necesaria en el futuro". ¿Magia o economía real? El título de un artículo previo de Grey da respuesta a esa pregunta: "El dinero no es escaso, es infinito".

Es uno de los planteamientos básicos de la Teoría Monetaria Moderna y que se aplica, explica Grey, siempre que un Estado tenga la soberanía completa sobre su moneda; es decir, en el caso de España habría que aplicar este precepto a la Unión Europea en su conjunto. Dicha teoría es una de las corrientes que con la actual está crisis está ganando presencia y difusión. De hecho, otra de sus adalides, Stephanie Kelton, ha sido una de las responsables de la estrategia económica de Bernie Sanders. Kelton acaba de publicar en Estados Unidos un libro que lleva por título, no por casualidad, El mito del déficit.

 La Teoría Monetaria Moderna comenzó en los años 70 en Estados Unidos. Su padre fue el economista e inversor Warren Mosler, que tiene ahora 70 años. Defiende que en los países con un control completo de su moneda los gobiernos se liberan de pensar en el gasto al modo en que lo hace una familia con su presupuesto puesto que los Estados tienen la capacidad de imprimir cuanta moneda necesiten para afrontar cualquier pago (siempre que ésta sea aceptada por el cobrador; y no parece que nadie vaya a rechazar dólares o euros como modo de pago).

 Mosler comenzó a elaborar la teoría mientras trabajaba de bróker en Wall Street, donde aplicó sus postulados con éxito. A primeros de los 90, por ejemplo, los inversores temían que Italia se declarase en quiebra al no poder afrontar su deuda, pero Mosler pensó que esto era imposible porque siempre podría imprimir cuantas liras necesitase y éstas no serían rechazadas por los cobradores. La firma para la que trabajaba se convirtió en uno de los mayores compradores de liras fuera de Italia en ese momento. El impago de Italia nunca se produjo y la empresa inversora de Mosler logró obtener un beneficio de 100 millones de dólares.

No es la economía ¡es el dinero, estúpido!

Por este motivo, Grey pone el acento inicial en la comprensión de qué es el dinero: "Muchos de los estudios de economía tratan el dinero sólo como un velo o una capa encima de los recursos reales y yo creo que esa visión no es cierta", sostiene.

 "Habría dos historias incluidas en esta visión: una, en la que el dinero es sólo la herramienta para obtener más bienes; en la otra, el objetivo de la economía entera es la de emplear el dinero para que haya más dinero, luego cada uno tomaría sus decisiones personales, pero la lógica del sistema, del capital, sería esa. Desde mi punto de vista, nada de eso es cierto", rebate Grey, "para empezar", añade, "la capa monetaria de la economía no es un mero velo que esté por encima de los recursos: el dinero es la capa central".

El profesor de la Universidad de Willamette defiende que "pensar en el dinero sólo en cuanto a una posible reclamación de recursos es extremadamente corto de miras. El dinero", dice, "es un instrumento legal que da derecho a usarlo para satisfacer deudas legales. Es la herramienta que el Estado elige como instrumento legal para pagar deudas: ese instrumento, sea cual sea, se convierte en la forma primera de dinero en una sociedad y ése", sentencia, "es un poder que tiene el Estado".

 Ese poder no es infinito, tiene sus límites: "Lógicamente: si se abusa o se usa incorrectamente ese poder se puede causar un colapso en todo el sistema monetario y los dos ejemplos típicos de esto es cuando se causa hiperinflación o deflación", admite el economista. Pero entonces el límite no es ya un porcentaje del PIB o del presupuesto: el límite a la creación y emisión de dinero sería el propio impacto de dicha emisión.

El economista también alerta contra el pensamiento estándar de que "como las cosas a adquirir son finitas, el dinero es finito y esto, sencillamente, no es verdad. El dinero tiene su propia lógica de funcionamiento al margen de eso". La concepción real del dinero, argumenta, tiene más que ver con el derecho (y, por lo tanto, con el lenguaje), que con las matemáticas. Acaso no por casualidad, Grey está licenciado en Derecho (antes de eso estudió economía política).

 "Es un proceso lógico, hay mucha evidencia de juristas historiadores que han estudiado la evolución del sistema monetario", asegura, y añade: "Un billete es una obligación legal, es un contrato. Creo que si no se habla de ese modo más veces es porque la mayoría de los economistas no saben mucho de leyes y creo que no tiene ningún sentido tratar de hacer una teoría completa del dinero si se pierde de perspectiva que es un instrumento legal. Se puede hacer economía monetaria sólo con números, pero esa economía monetaria", sentencia, "depende de las leyes, que son palabras escritas, palabras que tienen un significado legal".

 Cuando se cambia el enfoque sobre el dinero, el terreno que emerge es también diferente. "Los halcones del déficit", dice Grey, "hacen creer a los ciudadanos que todo el dinero que se ponga en circulación genera una deuda como si fuera la deuda de una familia, y, si se ha emitido muchísimo dinero, será una deuda que no se podrá pagar y eso sencillamente no es así. Son conceptos diferentes, realidades diferentes", defiende.

"No culpo a la gente por ello porque esa noción de deuda está en los libros de texto, en los medios de comunicación, en todas partes, y la gente escucha deuda y lo asocia a la deuda de su vida diaria, su deuda personal o familiar", explica, y prosigue: "Son dos cuestiones diferentes: una cosa es como cualquier persona normal usa el dinero y otra muy diferente es cómo el dinero funciona como moneda, dentro del sistema social de las instituciones y del sistema legal".

 Así que si la Ley ABC de Tlaib y Jayapal se aprobara (cosa difícil porque la aprobación final recaería sobre el Senado republicano) y se repartieran esos dos billones de dólares entre los ciudadanos "no habrá que pagar nada para devolver esa cantidad porque se puede afrontar cualquier cosa que emitamos en nuestra propia moneda. La única cuestión es el efecto de hacer eso". Y esto nos lleva a la crisis anterior.

 "Una de las preocupaciones que teníamos cuando redactábamos la propuesta de ley viene de lo que vimos en 2008. Desde entonces sabemos que después de un enorme paquete de estímulos, lo que viene es que los halcones del déficit empiezan a hablar de cuan grande son la deuda y el déficit y contraatacan empujando hacia las políticas de austeridad, lo que resulta completamente inapropiado", critica. Por este motivo, añade, la norma propone acuñar moneda (en concreto dos, cada una con un valor de un billón de dólares) y poner ese dinero en circulación en vez de emitir bonos del tesoro, "para evitar la idea de que esa cantidad vaya a sumarse a la deuda pública o al déficit".

Para huir de esa asociación, la norma propone jugar con el marco institucional: la acuñación de moneda la ejecutaría no la Reserva Federal como banco central, sino el Departamento del Tesoro (equivalente a un ministerio de finanzas). A partir de ahí, la Reserva compraría esas dos monedas de un billón de dólares al Tesoro e inyectaría en la población estadounidense esa cantidad, a razón de 2.000 dólares por persona y mes. 

Este extremo, que puede parecer polémico, está fundamentado legal e históricamente en Estados Unidos: "No sólo es que el Tesoro puede emitir deuda pública, lo que no deja de ser dinero, sino que el Tesoro está legalmente autorizado a acuñar el dinero que la Reserva Federal no emita. Por lo tanto, es factualmente erróneo que la Reserva Federal sea la única capacitada para crear dinero. El Tesoro, de hecho, es una institución más antigua y operó así durante la mayor parte del siglo XIX", defiende Grey, para sostener la legalidad inmaculada de la operación.

 Así que no es magia, dice Grey, sino que un país con soberanía completa sobre su moneda puede imprimir tanta moneda crea necesaria sin estar preocupado por tener que pagar esa presunta deuda. Ésa es la infinitud del dinero de la que habla Grey, aunque esa infinitud tiene un límite: el efecto que causará poner tanta moneda en circulación. Aquí, los halcones del déficit, los adalides de la austeridad, también se suelen alzar con una misma letanía: el miedo a la hiperinflación.

 "Estamos en medio de una depresión económica", dice Grey, "con un desplome en la demanda de una forma que se retroalimenta". La gente es despedida masivamente, por este motivo consume menos, al consumir menos más gente es despedida y así sucesivamente, en una espiral hacia abajo en caída libre, "así que imprimir más dinero", prosigue el economista, "y darle a cada ciudadano una temporal tarjeta de crédito para que lo gaste debería ser poco controvertido.

 Mucha gente simplemente usará ese dinero como usaba su salario: lo gastarán enseguida en comprar comida, pagar el alquiler o la hipoteca, en las facturas médicas u otras facturas que surjan, por eso no veo ninguna indicación de que por dar ese dinero a las familias de repente los precios de los bienes y servicios vayan a incrementarse. A cambio", apostilla, "se conseguirá un acceso equitativo durante la pandemia a esos bienes y servicios, a que la gente tenga comida y esté garantizado el derecho a la vivienda, la salud, etcétera".

"Bill Gates debería de dejar de mentir sobre los impuestos"

Esta estrategia derivada de ese nuevo enfoque sobre el dinero abre otra brecha en uno de los elementos cruciales de nuestro tiempo: los impuestos. Y aquí Grey tampoco se anda con medias tintas: "la idea de que éstos sirven para que el Estado recaude dinero no tiene ningún sentido porque se puede imprimir una cantidad infinita de moneda", afirma. "Esto no es nuevo", abunda Grey, "lo dijo ya en 1945 el presidente de la Reserva Federal de Nueva York, Beardsley Ruml, en una estupenda conferencia que tituló Los ingresos por impuestos son obsoletos. Ruml aseguró que si tienes un banco central capaz de crear dinero imprimiéndolo, los gobiernos estatales están libres de usar los impuestos como herramienta para obtener ingresos".

 Con estas ideas sobre la mesa, Grey defiende que las funciones de los impuestos en las economías actuales siguen siendo muchas y variadas, una de las más destacadas "es la de eliminar dinero del sistema: puede ser bien para quitar dinero a ciertas personas o de ciertos sectores por que tengan demasiado y puedan generar un riesgo o una desigualdad muy grandes, o por que estén gastando dinero de un modo que puedan causar una inflación elevada". Otros usos serían, añade Grey, "para cambiar comportamientos: es entonces cuando se pone un impuesto al tabaco o el alcohol; y también puedes bajar los impuestos para fomentar el uso de algo".

El profesor de la Universidad de Willamette critica que si aún es masiva la concepción tradicional de los impuestos como herramienta del Estado para recaudar fondos, "se debe a la enorme campaña pública que existe vinculando ambas ideas. Está presente en todas partes y con ella se da muchas veces la impresión de que la gente que mantiene el gobierno a flote son los pagadores de impuestos a pesar de que hay gente tan pobre y con tan pocos recursos que no pueden pagar ningún impuesto y apenas tienen su trabajo para poder sobrevivir".

Una consecuencia de esto último, dice Grey, es que "se alimenta el mito de que un ciudadano en esa situación desfavorecida es peor ciudadano porque no paga impuestos, lo que sólo contribuye a incrementar el poder de la gente que ya tiene poder. Es un lenguaje que se usa todo el tiempo. Bill Gates siempre dice que paga más impuestos que nadie en este planeta y que de ese modo él financia más escuelas que nadie. Bien, eso es basura. Se da una idea de solidaridad absolutamente atrasada. Hay que cambiar esa narrativa, sencillamente es mentira y él debería dejar de mentir sobre eso".

Para combatir esa narrativa oficial sobre la economía, Grey fundó en 2012 la Red de Moneda Moderna, de la que es presidente y que se creó como una organización de estudiantes en la Escuela de Leyes de la Universidad de Columbia, en Nueva York. "Fue creada para promover la educación pública sobre el dinero y las finanzas. La llamamos red y no organización porque la idea era atraer a personas y ponerlas en común en torno a esos temas. Organizamos seminarios públicos, conferencias, escribimos artículos de opinión, etcétera. Es una red de aprendizaje para los que la componemos y trabajamos para difundir este conocimiento sobre el sistema económico".

Junto a esto, y por aquello de que las palabras vuelan pero lo escrito queda, que decían en la antigua Roma, Grey trabaja en un libro sobre moneda digital en el que abordará, entre otros, los eternos asuntos del funcionamiento de la economía, la deuda, el déficit, el dinero y los impuestos. Saldrá a la venta en Estados Unidos a principios de 2021 y se titulará Digitalizando el dólar: la batalla por el alma del dinero público en la era de las criptomonedas. Una batalla tan vieja como el mundo y que la crisis ha puesto de nuevo al orden del día."                     (Manuel RuizRrico, Público, 12/09/20)