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16/1/19

Identificados los genes relacionados con la tendencia a la monogamia

"Ser feliz con la misma pareja para toda la vida es una de las aspiraciones que sustenta la civilización, aunque la relajación de las costumbres y una vida cada vez más larga hagan improbable cumplir el sueño. 

Pese a tratarse de una rareza entre los animales, la monogamia, aunque sea en una versión imperfecta, existe en la naturaleza, y siempre hay quien busca en la biología una justificación para sus anhelos. Por eso tienen tanto interés los estudios que indagan en los orígenes de esta forma de organizar las sociedades, humanas o animales.

Esta semana, la revista científica PNAS publicaba uno de estos trabajos. En él se trata de comprender la transición hacia la monogamia de tipos de animales muy distintos a lo largo de los últimos 450 millones de años. Los científicos, liderados por Rebecca Young, de la Universidad de Texas, en Austin (EE UU), analizaron cinco pares de especies muy parecidas en la que una era monógama y la otra no.

 En el equipo de la monogamia, se escogió a los ratones californianos, los topillos de la pradera, un tipo de ave conocida como bisbita alpino, la rana venenosa Ranitomeya imitator y un pez (Xenotilapia) que vive en el lago Tanganica, en África central. En el lado polígamo quedaron los ratones ciervo, los Microtus pennsylvanicus (los primos infieles de los topillos de la pradera), el acentor común, otra rana venenosa (Oophaga pumilio) y otro pez cíclido africano.

Pese a tratarse de especies muy similares, en una de ellas machos y hembras se emparejaban al menos durante la temporada de apareamiento y compartían en alguna medida las tareas de alimentar a las crías y defenderlas. 

Estos animales se seguían considerando monógamos aunque tuviesen algún escarceo ocasional. Entre los polígamos, los machos trataban de difundir su esperma tanto como fuese posible, pero no se preocupaban de si sus vástagos sobrevivían o no.

Sorprendentemente, pese a tratarse de animales tan distintos como peces o ratones, el análisis del cerebro de los machos reveló que la distinta expresión de una misma serie de genes se asociaba a un individuo polígamo o a uno monógamo.

 Los resultados parecen indicar que la monogamia ha surgido de manera independiente muchas veces a lo largo de la historia debido al cambio de expresión de genes que están presentes tanto en monógamos como en promiscuos. En particular, los autores encontraron 24 genes cuya actividad en el cerebro tiene una relación más intensa con el comportamiento monógamo.

Rebecca Young reconoce que no saben cómo se relaciona la función de estos genes con las inclinaciones monógamas, pero se atreve a especular. “Sabemos que algunos de estos 24 genes están relacionados con el aprendizaje o la memoria, y es posible que formar un vínculo de pareja o cuidar de las crías requiera un cambio en los procesos cognitivos que están detrás del comportamiento social”, explica. “Por ejemplo, un individuo tiene que ser capaz de reconocer a su pareja y encontrar gratificante estar con ella para crear un vínculo”, añade.

Una de las especies empleadas en este estudio, el topillo de la pradera, es una de las favoritas para tratar de entender a ese grupo minoritario de mamíferos que son monógamos. Al contrario de lo que sucede con otros animales, que rehúyen a la hembra después de culminar su deseo, algo sucede en el cerebro de los topillos que genera un vínculo que durará para siempre. Estas parejas, cuidan a sus crías juntas y no parecen perder la pasión pese a sesiones maratonianas de apareamiento. 

Investigadores como Larry Young, de la Universidad Emory, descubrieron que el secreto de esta forma de vida se encontraba en los receptores de la vasopresina y la oxitocina que tienen los topillos en las regiones del cerebro que regulan la recompensa. Debido a mecanismos parecidos a los que provocan las adicciones, el cerebro de estos animales asocia una sensación placentera a la presencia de una pareja en particular.

 Más adelante, experimentos con otras especies de topillos muy similares, pero promiscuos, mostraron que si se les proporcionaba de manera artificial oxitocina y vasopresina también se volvían monógamos.

El investigador comenta que el estudio es interesante “aunque no se sabe de qué manera cambian el sistema relacionado con la monogamia los genes identificados”. “El estudio no nos dice cómo actúan esos genes en el cerebro para favorecer la monogamia y eso es lo que se debería averiguar en el futuro”, continúa. 

No obstante, recalca la importancia de saber que hay un sistema común en biología por el que muchas especies pueden acabar teniendo un comportamiento monógamo. “Es la primera vez que veo algo así en lo que se refiere a comportamiento social”, añade.

Para quienes buscan una respuesta clara sobre si nuestra propia especie es o no monógama por naturaleza este estudio no la tiene. “No hemos estudiado esta pauta de expresión genética en humanos”, apunta Rebecca Young, en parte porque no se puede tomar el cerebro de un humano para analizarlo como han hecho con el resto de animales. Pero incluso si se hiciese, no se encontraría una pauta única.

Incluso los topillos de la pradera, con su intenso apego a su pareja, no renuncian a una aventura sexual si se presenta la ocasión. De hecho, se calcula que alrededor del 10% de las crías de una pareja no son hijos del macho que las cuida. Y no todos los topillos son iguales. Como observó Larry Young, entre los topillos, como entre los humanos, hay individuos que jamás se emparejan y otros que no pueden estar solos.

 El investigador fue capaz incluso de crear un sistema para diferenciar a los solteros empedernidos de los que se enganchan a su media naranja. Los primeros tenían una versión más larga del gen que produce el receptor de la vasopresina que los segundos y eran más sensibles a esta hormona que ayuda a crear vínculos.

Aunque es fácil imaginar el potencial comercial de una aplicación que permitiese este tipo de análisis en humanos, incluso con ella, la certeza sería esquiva. El entorno también determina las decisiones sobre cómo organizar la vida en pareja, tanto en animales como en humanos. 

 “Si hay pocas hembras o son difíciles de encontrar puede ser [práctico evolutivamente] quedarse con ella después de copular, porque el macho no sabe cuándo podría encontrar otra hembra”, apunta Rebecca Young. “Y lo mismo ocurre con la presión de los depredadores o si el entorno es muy impredecible. En esos casos, tanto el macho como la hembra pueden beneficiarse de permanecer juntos y cooperar en el cuidado de sus crías”.

La investigadora cree que una de las enseñanzas que podemos aplicar a nuestra vida de los estudios sobre la monogamia es saber “que también nosotros los humanos somos el producto de la evolución”. Comprender cómo surgieron los procesos biológicos que regulan nuestro comportamiento sería como el conocimiento histórico para un gobernante. Aplicar hoy recetas concretas del pasado es estúpido, pero saber de historia puede ayudar a interpretar mejor el presente."                    (Daniel Mediavilla, El País, 11/01/19)

18/11/16

Si no matan focas, los 'inuit' mueren

"En plena ola de frío recala en España la activista y artista inuk (plural inuit, los mal llamados esquimales) Aaju Peter. 

Recibe en su habitación de un hotel barcelonés cerca del Museo de las Culturas del Mundo, donde luego ofrecerá una charla junto a la etnóloga Michèle Therrien y ejecutará una performance ceremonial con cantos tradicionales y toque de tambor. Hoy estará en Madrid. Las sábanas en la cama deshecha sugieren las blancas extensiones heladas del Ártico.

Peter, nacida en Groenlandia en 1960, reside desde 1981 en Iqaluit en el norte (muy norte) del Canadá, en la isla de Baffin. En su ciudad están hoy a 19 grados bajo cero. Abogada, madre de cinco hijos, es una defensora de la cultura y los derechos de su pueblo —y especialmente de las mujeres—, y se ha enfrentado a los animalistas reivindicando la costumbre ancestral inuit de la caza de focas. En 2012 recibió la medalla de la Orden del Canadá.


¿A quién detesta más, al explorador Robert Peary, que se aprovechó de los inuit y los trató tan desconsideradamente, o a Brigitte Bardot? Aaju Peter arquea las cejas, entre las cuales, como en la barbilla, manos y muñecas luce tatuajes tradicionales, pero sonríe. 

“Los inuit, por costumbre, no solemos odiar, no nos lo permitimos. Los enfrentamientos los solventamos con duelos cantados. Peary era un mentiroso arrogante, aunque he de recordar que no debo decir nada malo de nadie. 

En cambio apreciamos a Matthew Henson, que aprendió nuestras técnicas. Por eso sobrevivió, mientras que Franklin, por ejemplo, murió: ¡A quién se le ocurre llevar un piano al Ártico!”.

Henson era el explorador negro que acompañó a Peary en su ataque al Polo Norte en 1909. Le llamaban Miy Paluk, querido Matthew. También él, como su jefe, tomó concubinas inuit y tuvo descendencia mestiza.

Se ha hablado mucho de la permisiva sexualidad inuit, la poligamia, la cesión de la mujer al visitante, el lesbianismo alentado por las largas ausencias de los cazadores (la palabra arnaqatiminoortoq significa “mujer a la que le gustan las mujeres” y no tiene ninguna connotación negativa). 

“Somos criaturas sexuales, es parte de la naturaleza. Y algunas de esas costumbres que cita servían para paliar la escasa diversidad genética. Pero no quiero perpetuar estereotipos. Exploradores y balleneros dejaron su semen en el Ártico”. Eso sí que es congelar esperma. Peter ríe la broma. “Pero esos hombres no se preocuparon de la responsabilidad con los hijos que tuvieron...”.

Volviendo a BB... “No la conozco personalmente. Se equivoca, como los que quieren prohibirnos cazar focas. Nosotros dependemos de la caza de focas. Toda nuestra vida, nuestra cultura, nuestra economía gira en torno a ello. Impedirnos cazarlas es una forma de genocidio cultural. 

Hay muchas mentiras e hipocresía en torno a la caza de la foca. La que cazamos mayoritariamente es una especie muy prolífica, nunca ha estado en peligro de extinción y en los últimos años incluso se ha multiplicado: hay cerca de 14 millones de individuos. Son más que nosotros”.

Peter confía en que los animalistas y la sociedad occidental entera entiendan que la caza de focas es una actividad esencial para la pervivencia de los inuit. Mientras habla acaricia el colgante de plata en forma de foca que lleva al cuello. 

“Celebramos la foca”, dice. Sus manos tatuadas y de uñas azules resultan hipnotizantes. No ha visto la película de Isabel Coixet, Nadie quiere la noche, que ficcionaliza el encuentro entre la esposa de Peary y la amante inuit del explorador, pero muestra un gran interés al hablarle de ella.

¿Porqué se aferran los inuit a ese mundo hostil? “Sabemos que en cinco minutos podemos morir. Vivir exige conocimiento y respeto. Pero es un lugar increíblemente bello”. Y, añade, de una intensa espiritualidad. “El cuerpo no es mucho, pero la mente se eleva allí como el ave en la tundra”.

¿Está buena la foca? “En realidad prefiero la ballena. Me encanta la ballena hervida. ¡Soy inuit!”.        (Entrevista a la activista inuit Aaju Peter, El País, 10/11/16)

25/1/16

¿Es cierto que tiene dos esposas? Sí, las tengo. Tengo una mujer y una compañera y las quiero a las dos. Pero amo a todas las mujeres que he amado

"(...) P. En La guitarra azul el arte crea vida: Su protagonista, Olly, cuando se enamora de Polly parece crear a su personaje amado, en lugar de amar exactamente a la que es.
R. De todos los monstruos que he creado, Olly es el mayor monstruo, tengo un amigo que es muy tartamudo (lo imita) y me dice: te he leído, es el peor tipo, miente a todos, sobre todo miente al lector, ¿a que es bueno?

P. Cuando el protagonista se enamora de Polly…

R. ¿Se enamora? ¿Cree que se enamora de verdad?

P. Bueno, es lo que dice: enamorado otra vez.

R. Creo que solo está enamorado de sí mismo.

P. Pero lo dice: de nuevo enamorado. Y crea su propia imagen de Polly a su imagen y semejanza. Y cuando se estropea todo y ella viene llorando esta imagen se desvanece.

R. Ella cambia todo el rato, es lo que está tocando la guitarra azul. De eso va el libro: de cómo el arte crea vida pero distorsiona la vida también. Crea belleza de lo ordinario. Si te enamoras, la persona se convierte en dios. Estás obsesionado. Todo lo que hace te interesa. 

El artista se concentra en el objeto mientras el amante se concentra en el amor. Me acuerdo una vez acostado con una chica, ella me dijo: Lo hago por llevarte la contraria, pero sabes que te quiero mucho, ¿verdad?

P. Usted presenta el amor como egoísta, narcisista.

R. Todo amor es narcisista, y luego se convierte en otra cosa.

P. ¿Es posible el amor sin herir? Él hiere a su mujer, a su amigo, a su amante, a todos.

R. Lo pondré así. Cada mujer que he conocido ha sido encantadora, amable, todo lo que he aprendido en la vida lo he aprendido de las mujeres, las mujeres me parecen completamente diferentes de los hombres, no puedo imaginar una cena con 12 hombres, toda esa testosterona… toda mujer que he amado de alguna manera me ha seguido queriendo.

P. ¿Pero es posible amar sin daños?

R. He intentado hacerlo sin daños. El amor del que hablamos solo dura poco tiempo. El enamoramiento. Luego cambia a otra cosa más importante, gustar es una palabra débil, pero es bueno gustar.

P. Puedo preguntarle algo personal, si no quiere no conteste. ¿Es cierto que tiene dos esposas?

R. Sí, las tengo. Tengo una mujer y una compañera y las quiero a las dos. Pero amo a todas las mujeres que he amado. Me enamoré por primera vez a los 11 años, con una chica de Liverpool que venía con su familia en verano. Teníamos 11 años y nos veíamos dos o tres semanas al año. Y así hasta los 17 años. Entonces fui a pasar la navidad con ellos y en Nochebuena rompió conmigo.

P. En su novela, ¿quién inspiró este Olly, este personaje?

R. Probablemente es como me veo a mí mismo, este horrible hombrecillo.

P. Pero él hiere a la gente.

R. Sí…

P. Él está bloqueado, no logra pintar de nuevo. ¿También es usted?

R. Pero creo que Olly volverá a pintar. Mire Picasso. Antipático, brutal y bajito. El artista es despiadado, éste y todos los artistas, son caníbales. 

Una vez, hace muchos años, estábamos mi mujer y yo en el coche y tuvimos una de estas discusiones, me dijo algo que sonaba bien y le dije: ¿puedo usar eso? Eres un monstruo, dijo. Lo sé, pero ¿puedo usarlo? Pero ella es la mujer de un artista y sabe el coste. Es una mujer maravillosa.

P. ¿Es escritora?

R. No, es lectora.

P: ¿Le entiende?

R. Sí. Rara vez pierde la paciencia. Cuando le digo que la quiero, me responde que ella también pero que no se lo pongo fácil. Y entonces yo le respondo que se aburriría si se lo pusiera fácil. Cuento esto, pero no quiero ni pensar en el dolor que he ocasionado. (...)

El escritor, ya en el café, enseña las fotos de esas hijas y un nieto.
R. Tengo dos hijos con mi mujer, que parecen mayores, más maduros que yo, ahora en sus cuarenta, y dos hijas con mi pareja, de 26 y 19 años.

P. ¿Y lo llevan bien? ¿Se conocen?

R. ¡Oh, no! Mi mujer me mataría…

P. Pero ella lo sabe.

R. Oh, claro. Paso la mitad de la semana con mi mujer y la otra con mi pareja

P. ¿Y ella está de acuerdo?

R. No.

P. O sea que el amor duele.

R. Claro que duele. Mucho. Pero no soy Olly, no tengo su egoísmo."          (   , El País,  2 ENE 2016)

12/4/13

El matrimonio reduce la probabilidad de la conducta criminal hasta la mitad


«En 2020, según algunos cálculos, habrá 30 millones más de hombres que de mujeres en el mercado de parejas de China, dejando quizá hasta un 15% de hombres jóvenes sin pareja. 

Los antropólogos han documentado un patrón histórico constante: cuando la tasa de sexos se inclina hacia una proporción menor de mujeres, los hombres se vuelven cada vez más competitivos, siendo cada vez más propensos a una conducta arriesgada y cortoplacista que incluye el juego, el consumo de drogas y la delincuencia. 

Este tipo de patrón encaja bien con el resto del mundo biológico. Décadas de trabajo en ecología conductual han demostrado que en las especies en las que hay una variación sustancial en el éxito de los machos para aparearse, los machos competen con especial ferocidad. 

Los detalles precisos del camino entre una tasa desequilibrada de sexos y la conducta social en los humanos no se conocen plenamente, pero un posible vínculo fisiológico es que permanecer soltero aumenta los niveles de testosterona —a veces simplemente llamada "T"—, lo que a su vez influye en la toma de decisiones y la conducta. 
¿Debería toda esta T en China ser una causa de preocupación?

Las diferencias entre las sociedades que permiten la poliginia y las que no son potencialmente ilustrativas. En las sociedades con poligamia, hay, por motivos obvios, un mayor número de hombres no casados que en las sociedades que prohíben la poligamia. 

Estos hombres no casados compiten por las mujeres que quedan sin casar, lo que incluye una mayor propensión a la violencia y a tener una conducta criminal que sus equivalentes casados. De hecho, la investigación transnacional demuestra una relación constante entre las tasas de sexos desequilibradas y las tasas de crímenes violentos. 

Cuanto mayor sea la proporción de hombres no casados en una población, mayor la frecuencia de robos, fraudes, violaciones y asesinatos. El tamaño de estos efectos no son triviales: algunos cálculos estiman que el matrimonio reduce la probabilidad de la conducta criminal hasta la mitad. 
 
Además, los hombres no casados relativamente pobres se han asociado, históricamente, a otros hombres no casados, empleando la fuerza para asegurarse recursos que de otro modo serían incapaces de obtener. 

Aunque el aumento del crimen y la violencia en los países asiáticos por unas tasas de sexos desequilibradas es un motivo de preocupación por sí mismo, el problema no son solo las posibles víctimas de crímenes que podría haber a causa de la desproporción de sexos. Las evidencias indican que el excedente de jóvenes no casados tiene un impacto económico medible, reduciendo el PIB per capita. "   (en Arcadi Espada, 11/04/2013)

8/1/09

Poligamia a la española


Sonia Sampayo


Kiné, Pap Ndiaye (el marido), Fama (la segunda esposa), y Sonia

"Pap suele ir a Senegal una o dos veces al año. Pasa meses. Yo le acompaño. Me encanta Senegal, y Louga, su ciudad. La primera ocasión, ya casados, fue en 1999. Resultó muy duro para mí. Coincidió con el bautizo del primer hijo de Fama. Ella lo pasó fatal con mi boda; fue un mes después de la suya. Entre eso, el parto complicado y que yo llegaba... Pero yo me sentía aún peor. Me quedé ocho semanas. Ni bailar pude. Porque si voy y bailo, como hago siempre ahora, lo demás se anula; para mí bailar es una necesidad física, me salva de la locura. Pap no se daba cuenta de nada. Ni se planteó que tuviera que ayudarme a adaptarme. Nada. Hizo su vida, y punto. Ellos son así... Ya me he acostumbrado. Y él ha aprendido. Hoy, si me ve cabizbaja, se acerca a socorrerme. Pero entonces no. Uf, no había nadie en quien confiar. (...)

Pap y yo tenemos la implicación sentimental, claro, pero sin la profesional no seríamos nada. ¿Qué he ganado con la película? De algún modo he querido reivindicar mi libertad, la de elegir.

Pap dice que conmigo él lo tenía claro desde el principio; había intentado ligar con otras, sí; aquí están solitos, lo intentan siempre... Como una hormiguita, me conquistó. La verdad, yo no pensaba que la cosa llegaría a tanto. Me limité a vivirlo. Un día me preguntó si quería casarme. Por dos razones: papeles y religión, por tranquilidad; no ven bien el sexo sin matrimonio. Dudé, pero me dije: 'Vale, si no voy a modificar mi vida, qué más da'. Ellos, además, tienen esa concepción tan seria de las relaciones, del sexo, ese respeto a los padres... Eso a mí me gusta; nosotros hemos perdido aquí ya mucho esos valores.

En mis visitas a Louga no tengo derecho a dormir con Pap. Es la norma. Ya le tengo en Madrid. Y no resido en la misma casa que Kiné y Fama. Nunca lo hice, nunca lo hago. No quiero. No podría soportar oírle decir 'buenas noches' y que se fuera con otra. Si estoy lejos, lo aguanto; sino, no. Por el día lo paso bien; por la noche, fatal. Él viene a verme, sí, pero no se queda. Kiné y Fama son rivales, sí, pero su relación es fraternal. Están juntas siempre; se cuidan los hijos. Las tres tenemos celos, claro. Pero Pap no permite malos rollos. Y en Senegal no hay esas vueltas de aquí, esa maldad. Y si existe, queda entre mujeres. (...)

Yo no soy rival para ellas: piensan que Pap, al no tener yo hijos, nunca se quedará conmigo; regresará. Yo no podría vivir en Louga, ni en Dakar. ¿Y si Pap deja España? Pues, adiós. Pero aún no va a irse, debe sacar adelante a sus hijos, se marchará cuando envejezca.

Cómo viven ellas los celos no lo sé. Sólo puedo hablar de mí. Lo peor es la imaginación. Tan dañina. Lo que hace dos días con una, dos días con la otra. En habitaciones contiguas. Visualizarlo es brutal. Lo evito. Intento pensar en lo que compartimos, estar activa. Si viviera con ellas me desesperaría. Un día me decían: 'Si ya estás aquí, ¿por qué tenemos que cocinar nosotras?'. Y yo: '¿Pero no os acostáis con él? ¡Pues haced-

le la comida!'. Se reían. Pero aún más al hablar de sexo, lo hablan mucho, en grupo, con pelos y señales... ¡Ríete de la liberación sexual! En ese primer viaje me montaron una encerrona. Para impresionarme. Me mostraban su ritual con el marido ('Debes hacerlo así y así'), qué ropa usar, los gestos, el perfume... Yo no me corté: 'Ah, no, pero mirad, yo no lo hago así'. Me inventaba posturas. Se morían de risa. (...)

Debes blindarte para no sucumbir al desaliento. ¡Y hay tantos códigos culturales que lo hacen todo tan difícil! En la manera en que satisfacen a las mujeres, por ejemplo: allí es dándoles dinero; aquí yo me mantengo, sólo le pido atención, cariño, que cubra necesidades afectivas. Con Pap he aprendido algo: a pedir. De él no salía dar. No tenía ese registro. No ve lo que me pasa si no le cuento. Porque las mujeres allí les ocultan sus cambios emocionales. Aquí somos más cómplices. Ellas al hombre lo cuidan, hacen de madres... Yo eso lo dejé claro el primer día: no estoy aquí para servirle. Él lo sabía. Se adapta. (...)

Lo de la poligamia como tal me importó al principio. Pero, tras pensarlo y asumirlo, quedó superado. Luego ya ni lo ves raro. Piensa que me casé en 1997. Entonces lo africano sí era raro. Ahora casarse con ellos es más habitual. (...)

Sí, he tenido y tengo muchos ratos de desesperación, de tristeza, de rebeldía, pero nunca dudas del amor que siento. Todo se me pasa al ver a mi marido. Siento que hay una conexión, que lo que tenemos que aprender el uno del otro no ha terminado. Cuando eso suceda nos separaremos, y no tendrá que ver con sus mujeres, sino con nosotros. ¿Podría tener yo otros maridos? Uf, le chincho con eso y se pone malo. ¿Y qué pasaría si él tomara esa cuarta esposa que su religión le permite? Uf, aquí tampoco tengo dudas. Una cosa es aceptar su pasado, y otra, que elija y quiera a alguien después de mí, para el futuro. Pasaríamos entonces a otro nivel. Con todo el dolor de mi corazón, seríamos sólo amigos". (El País Semanal, 30/11/2008, p. 31/4)