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16/2/18

La voluntad de libertad de la ciudadanía aún hoy es demasiado tenue porque todavía sentimos en carne y hueso que la democracia no funciona. La ciudadanía no tiene la información suficiente porque se la están hurtando. Los economistas tienen mucha culpa de ello...

"Christian Felber (Salzburgo, 1972), profesor universitario, activista y cofundador del movimiento ATTAC en Austria —entre otras muchas cosas—, es conocido por ser el padre de la economía del bien común, una teoría que propugna un modelo económico basado en la ética y donde el Producto Interior Bruto (PIB) como unidad de medida de la riqueza dejaría paso a otro indicador, el Balance del Bien Común, que prima valores como la confianza, la honestidad, la responsabilidad, la cooperación, la solidaridad, la generosidad o la sostenibilidad ecológica.

En su último libro, titulado Por un comercio mundial ético (Deusto), publicado hace escasos días, da un paso más allá y denuncia los excesos del libre comercio mundial "convertido en la religión de nuestra era". 

Aboga por que las relaciones comerciales internacionales estén reguladas por Naciones Unidas y se atengan también a criterios éticos. Para lograr este objetivo, sin embargo, es necesario avanzar hacia lo que Felber denomina "democracia soberana",  superando a la actual democracia representativa, que él cree que "no funciona".

¿Qué aporta de nuevo su libro con respecto a su best-seller 'La economía del bien común'?

La dimensión internacional. Muchas personas me han preguntado qué tiene que hacer un país para implementar la economía del bien común y lo que expongo con detalle es cómo podría funcionar un sistema internacional de comercio ético y cómo serían las relaciones internacionales resultantes.

 Lo que intento demostrar en este libro es que el comercio, al igual que el capital, no es un fin en sí mismo, sino un medio que sirve a unos fines que ya están definidos. Fines como los derechos humanos, las condiciones laborales, la defensa del medio ambiente, la cohesión social y la diversidad cultural. El derecho internacional tiene que sobreponer los fines a los medios y someter los medios a los fines.

¿Qué entiende usted por comercio ético?

El comercio ético debe servir a los derechos humanos y a los valores fundamentales de una sociedad democrática. 

Su objetivo es la plena implementación de los derechos humanos, del desarrollo sostenible —los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU— y de una buena vida para todos o incluso del bien común mediante balances comerciales equilibrados entre países y posibilitando que los países con un nivel inferior de industrialización y tecnología den alcance a los países más desarrollados. 

Ahora impera el libre comercio y lamentablemente, eso no se está haciendo; se está haciendo justo lo contrario.

Eso le iba a decir, que parece que lo tiros no van por ahí. La pujanza del neoliberalismo sigue en todo lo alto.

Sí, efectivamente, pero al menos tenemos el marco legal. Al igual que la economía del bien común, las diferentes constituciones de los países democráticos establecen que el capital es un medio y que el fin de la actividad económica debe ser el bien común, el bien de la comunidad. Nosotros simplemente aplicamos lo que ya dicen las diferentes constituciones democráticas.

Si ya tenemos el marco legal, ¿qué falta entonces? ¿Voluntad política?

Es un problema de democracia y de poder. No es cierto que no haya alternativas al neoliberalismo; sí las hay, y una inmensa mayoría de la población las apoya, pero los ciudadanos no tienen poder para cambiar las cosas. Por eso, la otra pata de nuestra propuesta es avanzar hacia una democracia soberana. Hacen falta otros mecanismos democráticos.

¿La democracia actual entonces no es soberana?

La democracia está rota, no funciona. El poder está concentrado en los parlamentos y en los gobiernos y éstos a su vez están instrumentalizados por los poderes económicos. Esa es la debilidad de la democracia actual. El único derecho que ahora tiene el cuerpo soberano, el pueblo, es elegir unos representantes cada cuatro años que luego hacen lo que les da la gana sin dar muchas explicaciones. 

No hay forma de controlarlos de manera efectiva ni de destituirlos; no hay forma de elegir entre varias propuestas; no hay forma de cambiar una constitución. Quien cambia una constitución es un parlamento y quien incluye en los tratados europeos el mandato marco para la política comercial de la UE son los parlamentos y organismos europeos.

Y ahí es donde entraría en juego la democracia soberana

Una verdadera democracia soberana implica desarrollar la división de poderes. Está muy bien que ya tengamos el poder legislativo, ejecutivo y judicial pero eso no es suficiente. Los ciudadanos tienen que moverse, impulsar plataformas de iniciativas civiles, promover la creación de asambleas democráticas en los municipios, en muchos municipios, participar en la toma de decisiones y publicar los resultados de sus decisiones. De esta forma, los ciudadanos optarían por otras vías totalmente distintas para regular el comercio internacional.

Eso parece difícil: no me imagino a Mariano Rajoy, que también habla de valores y de democracia, apoyando una democracia soberana como la que usted propone.

Con un buen libro no lo voy a convencer. El mejor libro no va convencer a ningún gobernante mientras los grupos de presión sigan siendo tan poderosos. Pero puedo convencerlo con un movimiento ciudadano fuerte, un movimiento popular que crezca poco a poco, de abajo a arriba. 

Cuantos más ciudadanos, municipios, regiones, comarcas e instituciones se involucren, mayor será la presión. Entonces Mariano Rajoy empezaría a escuchar. Pero para que eso ocurra, los ciudadanos tienen que involucrarse, tienen que querer ser libres.

¿Cree que los ciudadanos no quieren ser libres o es que no saben cómo hacerlo?

Ambas cosas. La ciudadanía no tiene la información suficiente porque se la están hurtando. Los economistas tienen mucha culpa de ello, porque nos dicen todos los días que el libre comercio es lo mejor que tenemos. El neoliberalismo se ha terminado por imponer en todos los campos, hasta en las cátedras universitarias. 

El CETA es un tratado de 1.598 páginas de coerción legal creado para proteger desmesuradamente los derechos de los inversores y de las multinacionales, pero nos lo venden como algo maravilloso. Eso es simple proteccionismo bajo la máscara del neoliberalismo. Pero hace falta un segundo requisito: la ciudadanía debe tener una voluntad hacia la libertad más fuerte que la tiene hoy. 

La voluntad de libertad de la ciudadanía aún hoy es demasiado tenue porque todavía sentimos en carne y hueso que la democracia no funciona por sí sola, sino que es fruto de un esfuerzo continuo. Hay que moverse, para que los políticos, por ejemplo, no hagan una cosa totalmente distinta a lo que han prometido.

¿Con un comercio ético habría más abundancia y menos austeridad?

Habría más abundancia emocional, ética, de valores inmateriales, abundancia de calidad de vida, de felicidad, pero no necesariamente consumiríamos la misma cantidad de cosas que estamos consumiendo ahora.

¿Debemos consumir menos?

Lo que tenemos que hacer es limitar la capacidad de compra ecológica de la humanidad. La Tierra nos brinda un regalo de recursos naturales gigantesco cada año. Y este regalo en forma de recursos naturales deberíamos repartirlo de forma equitativa entre los 8.000 millones de habitantes del planeta adjuntando a nuestra cuenta bancaria financiera una cuenta ecológica, en la que abonaríamos el presupuesto ecológico, lo que podemos consumir cada año. 

Todo el mundo recibiría el mismo derecho de consumo ecológico, independientemente de su capacidad de compra. ¿No dicen los liberales dicen que los derechos tienen que ser iguales para todos?

A los mercados eso no les gustaría

Hay que empezar por derribar el mito de que los mercados se autorregulan. Ese es un criterio que hay que tener en cuenta para que los mercados puedan funcionar. Las empresas podrían tratar de producir más de lo necesario, sí, pero no podrían vender porque no existiría la demanda ecológica. Eso es un diseño inteligente de los mercados. 

Explíquese, por favor.

Permítame que me alargue un poco entonces. Los economistas clásicos creen en el mito de que los mercados se autorregulan y se estabilizan por sí solos. Pero eso  ocurre en los ecosistemas, no en los mercados. 

Los mercados son reducciones sociales, construcciones culturales que implican relaciones de poder, y hay tres cosas que nunca lograrán por sí solos: nunca jamás lograrán balances comerciales equilibrados, nunca jamás disminuirán la desigualdad ni nunca jamás limitarán el consumo ecológico.

 La gran visión de la economía del bien común es completamente opuesta: para que la economía sea estable a largo plazo hay que limitar la desigualdad, equilibrar los balances comerciales y limitar el consumo de recursos naturales por parte de la humanidad. Los mercados son diseñados al 100% por los seres humanos, así que tendríamos que tener en cuenta estos factores a la hora de hacerlo para que sean más inteligentes y efectivos.

Usted en el fondo habla de derrotar al neoliberalismo imperante

Trabajamos para transformar el pensamiento económico y la economía práctica en su conjunto y no para poner parches. Requiere un gran esfuerzo, pero estamos en ello. Hace falta.

¿Es optimista al respecto?

Me imagino un escenario positivo. Soy optimista a largo plazo, aunque a corto plazo no tengo ni idea. Pero sí, soy optimista porque las buenas ideas, las ideas con autoridad natural, se terminan imponiendo a la larga. 

A corto plazo será más difícil porque los imperios que se basan en la violencia son más fuertes, aunque si no tienen una autoridad natural, tienen una fecha de caducidad, sólo que no sabemos cuándo ocurrirá eso. Y el escenario positivo es que cada vez más empresas eligen el balance del bien común, sobre todo en Europa."             (Entrevista a Christian Felber, Jorge Otero, Público, 14/04/18)

24/1/18

Christian Felber: “No hay que ganar menos dinero, sino consumir menos”

"A Christian Felber (Salzburgo, 1972) le gusta hacer el pino. En mitad de una conferencia, se pone con los pies en alto para deleitar al público. Ventajas de ser bailarín, además de escritor y divulgador. Tiene estudios de filología hispánica, sociología y políticas, y da clase en la Universidad de Economía y Negocios de Viena. 

Felber defiende un cambio radical en el modelo económico, la llamada “economía del bien común”. Entre otros postulados, este austriaco defiende la sustitución del Producto Interior Bruto (PIB) como unidad de medida de la riqueza por otro indicador, el Balance del Bien Común, que prima valores como la justicia social, la dignidad humana o la sostenibilidad medioambiental. 

Otras propuestas de Felber consisten en limitar los ingresos de los individuos y poner límites a la propiedad privada (que un individuo no pueda acumular posesiones por encima de 10-30 millones de euros).

 En cuanto a la banca, es partidario de limitar el tamaño de las entidades para que, llegado el caso de una crisis, puedan quebrar sin necesidad de ser rescatadas. Y regular sus créditos, para garantizar que vayan a inversiones reales y beneficiosas.

Sus postulados no están exentos de críticas: ¿cómo se mide el bien común? ¿tiene legitimidad un Estado democrático para limitar la capacidad de la gente de ganar dinero? Se le acusa de promover el estatismo y el intervencionismo, y se compara su modelo con una especie de comunismo disfrazado, a lo que Felber responde que su propuesta incluye ideas tanto del comunismo como del capitalismo, pero con límites, y siempre en una “democracia soberana en la que el pueblo marque las pautas”.




Miembro de Greenpeace y confundador de la organización antiglobalización Attac en Austria, es autor de libros como Economía del bien común (Deusto, 2012) o Salvemos el euro (Anaya, 2013). A mediados de octubre participó en un congreso organizado por el Consejo General de Trabajo Social en Mérida, donde tuvo lugar esta entrevista.

PREGUNTA. Aboga por medir el éxito ético en lugar del éxito económico en las empresas. ¿Cómo?

RESPUESTA. El éxito suele medirse de acuerdo con el alcance de los fines y no con la disponibilidad de los medios. Aristóteles diferenciaba dos formas de entender y practicar la economía. En la oikonomía el fin es el bien común, la buena vida para todos, para lo que el dinero solo es un medio. 

Si el dinero se convierte en el fin, por definición no es economía sino crematística: el arte de enriquecerse. En ese caso el éxito se mide de acuerdo con indicadores financieros y monetarios, como los beneficios y el PIB.

 En una economía de verdad, donde el objetivo es el bien común, el éxito se mide según el alcance del fin: producto del bien común, balance del bien común (para empresas) y examen del bien común (para inversiones). La ciencia económica está completamente equivocada y se ha deslizado hacia el capitalismo.
P. Hace seis años que se puso en marcha su modelo, ¿qué resultados palpables ofrece?

R. Hay 500 empresas que ya aplican el balance del bien común. Pertenecen a todas las ramas y tienen todo tipo de formas legales: entidades privadas, sin ánimo de lucro o públicas de distintos tamaños. Desde la unipersonal a las de varios miles de empleados. Se han implicado 50 municipios en Europa, algunos más en Chile; unas 200 universidades están elaborando proyectos de investigación y enseñanza.

 Ya se ha creado la primera cátedra en la Universidad de Valencia; y hay tres escuelas técnicas superiores en Austria y Alemania que han realizado el balance del bien común, al igual que la Universidad de Barcelona. 

En España hay varias empresas que siguen el modelo, como Can Cet, la Fundación Guttman y la Agencia de la Juventud, en Barcelona. Además de cuatro regiones europeas: la Comunidad Valenciana, Salzburgo (Austria), Baden-Wüttemberg (Alemania) y Tirol del Sur (Italia).

P. ¿Qué resultados ofrecen las empresas que lo han puesto en marcha?

R. Hay hoteles que empiezan a reducir la oferta de carne en el menú, muchas empresas reemplazan coches de gasolina por eléctricos. Hubo un bufete de abogados que aumentó el salario de la secretaria al darse cuenta de la diferencia que había con respecto al del director. En varias empresas se ha aumentado la participación de la plantilla en las decisiones estratégicas e introducido un mayor grado de democracia interna. 

Hay otras en las que se han duplicado las solicitudes de empleo, por ejemplo en Alemania, porque los trabajadores quieren trabajar en este tipo de empresas a pesar de que no tengan bonificaciones económicas.

P. ¿Por qué prefieren ganar menos?

R. Porque la remuneración que más cuenta para los trabajadores es la ética. Encontrar un sentido a lo que hacen, no causar daños medioambientales, primar las relaciones dentro de la empresa y con el entorno. Esto contribuye a la felicidad. Los trabajadores se sienten más apreciados porque pueden participar en las decisiones.

P. ¿Hay ejemplos en España?

R. En la Comunidad Valenciana se preparan dos leyes que buscan crear un registro con las empresas que sigan estas reglas más éticas, fomentar inversiones que primen la transformación ética, dar incentivos legales a quienes sigan estos criterios. Por ejemplo, dándoles prioridad en la contratación pública o reduciendo los impuestos que gravan sus productos para que sean más competitivas. 

En Cataluña, son entidades y organizaciones tan diferentes como una empresa de inserción laboral y el distrito de Horta-Guinardó en Barcelona.

P. Defiende que las empresas que no sigan el modelo sean penalizadas.

R. El objetivo es que se invierta la tendencia actual y que los productos éticos sean más económicos, conseguir un mercado inteligente y ético en lugar de uno capitalista. Que se prime a estas empresas para la contratación pública, con condiciones crediticias en los bancos del bien común, libre comercio para las empresas más justas y prioridad en proyectos de investigación científica. 

Es el sueño de Adam Smith. El éxito de la empresa es el éxito de la sociedad, y no hay que medirlo con criterios financieros sino en términos de dignidad, de solidaridad, de justicia, de democracia.

 Es decir, solo cuando una empresa contribuye al éxito de la sociedad puede ser exitosa, lo que significa que no puede duplicar beneficios a costa de recortar plantilla, discriminar a las mujeres, destrozar el medioambiente o corromper la política.

P. Si se hiciera un reparto más equitativo de la riqueza, probablemente europeos como usted deberían ganar menos.

R. No sé si todas las culturas quieren ganar más. En Bután, según las estadísticas del Banco Mundial, viven en pobreza extrema pero les va bien. Cuando se les pregunta ‘¿Quién te va a ayudar si necesitas algo’, la respuesta es: ‘Todo el mundo’.

 Eso es una seguridad social total. Lo que sí está claro es que los europeos tenemos que reducir nuestro consumo medioambiental. Si tú o yo consumimos cinco veces más recursos medioambientales de los que el planeta aporta por persona, vivimos a costa de la libertad de los butaneses. No tendríamos que ganar menos, sino consumir menos."                    (Entrevista a Christian Felber, El País, 17/01/18)

10/1/18

Cada vez que se produce una expansión en las relaciones capitalistas en un país o región se observa cómo la situación de las mujeres empeora. El desarrollo capitalista tiene como premisa la devaluación del trabajo reproductivo...

"Silvia Federici dejó su Italia natal a finales de los años sesenta para ir a estudiar filosofía a los Estados Unidos. Medio siglo después, se ha erigido en madrina del feminismo anticapitalista, azote de la violencia estructural del capitalismo global, pero también de la izquierda más clásica, que reclama el trabajo asalariado como epicentro de cualquier proyecto emancipador. Ni Goldman Sachs, ni Margaret Thatcher; ni Condoleezza Rice, ni Willy Brandt.

 Por el camino, fundó el Colectivo Feminista Internacional, con quién creó el movimiento ‘Wages For Housework’ (Salario por trabajo doméstico) durante los años 70, trabajó como profesora en Nigeria durante los años 80 y ha apoyado proyectos de comunidades indígenas en Latinoamérica en las últimas décadas.

Federici no se ha despegado de la realidad. Muy ligada actualmente a los movimientos de los comunes y en su momento a la autonomía y al marxismo, la profesora emérita de Hofstra University, en Nueva Jersey, ha centrado gran parte de su trabajo en la politización de la ‘reproducción’, poniendo de relieve el trabajo no remunerado que realizan las mujeres, y su papel central en el desarrollo capitalistas y su lógica de dominación, que desarrolla en sus dos libros más recientes, Calibán y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria (2004) y Revolución en punto cero: trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas (2013). 

Federici, con quien la serie ‘Qué hacer’ abre su repaso a las resistencias al ‘trumpismo', resalta el sustrato sociocultural –“la ‘nueva caza de brujas’— sobre el que se cimenta el ascenso político de un abierto misógino, y señala al movimiento inmigrante como antítesis del mismo y fuente de inspiración para la izquierda estadounidense.


A lo largo de su carrera ha resaltado el papel protagonista de las mujeres en la resistencia al desarrollo capitalista. Sin embargo, en los últimos años, se observa un cambio de perspectiva. Pone usted cada vez más el acento en el concepto de comunidad y en la práctica de ‘los comunes’. ¿Cómo se relacionan ambos conceptos?

Hoy en día son las mujeres quienes hacen la mayor contribución, la contribución más importante a la práctica de los comunes. Son quienes ponen los recursos en común, quienes transforman, revolucionan el proceso de reproducción, haciéndolo mucho más colectivo, mucho más cooperativo. 

Pienso, por ejemplo, en la construcción de comedores populares que se encuentran en Argentina, Perú y muchos otros lugares de América Latina. Y al hacer esto, construyen un tejido social mucho más fuerte, que les permite no sólo resistir ante el Estado,  sino construir algo nuevo.


Precisamente por su participación en la reproducción, las mujeres, mucho más que los hombres, han desarrollado mucho más esa capacidad para cooperar. Tradicionalmente, las mujeres han estado mucho menos conectadas con el sistema monetario, han dependido menos de él, y han tenido una relación mucho más precaria con el trabajo asalariado. 

Precisamente por eso, han dependido mucho más que los hombres para su supervivencia en los comunes de la naturaleza: en los bosques, el agua, la tierra, en los cultivos. Eso sigue siendo cierto en nuestros días. 

Las mujeres tienen incluso menos poder social que los hombres asalariados. En una sociedad que explota a los trabajadores, las mujeres sufren aún más explotación que los hombres.


Y, sin embargo, es su trabajo más ‘clásico’ el que sigue reverberando entre los movimientos contemporáneos. Cada vez hay más autoras feministas, como Kathi Weeks o Moira Weigel, que encuentran inspiración en sus reclamos de los años setenta. Cuando el feminismo liberal reclamaba la inclusión en el mercado de trabajo de la mujer, ustedes rechazaban de plano esa demanda y planteaban otra: que se remunerase el trabajo doméstico. ¿Por qué lo hacían?


En los años setenta, nuestra estrategia para el movimiento ‘salarios por trabajo doméstico’ partía de un análisis de la función del trabajo doméstico en la sociedad capitalista, en especial su relación con la opresión y la explotación que han sufrido las mujeres en el capitalismo.

 Una de las cuestiones centrales del movimiento feminista en los 70 era averiguar por qué: ¿Cuáles son las raíces de esa explotación, de esta condición diferenciada, y cómo la superamos?


Desde el feminismo liberal, la respuesta que se dio fue decir que las mujeres habían sido excluidas del mercado. “El problema no es que se pasen la vida haciendo pasteles, sino que no los vendan”. 

Los socialistas, claro está, repetían los argumentos de Marx y Engels de que a las mujeres se les había excluido del trabajo socialmente necesario, ya que el trabajo doméstico siempre se ha visto desde el socialismo como un legado del pasado, una servidumbre personal. Nosotras adoptamos una postura muy diferente.


¿Qué reclamaban exactamente?

Dijimos “No, el trabajo doméstico es esencial para la acumulación capitalista. El trabajo doméstico produce trabajadores, produce la capacidad de trabajar. Queríamos, a fin de cuentas, ponerle fin a nuestra contribución al fortalecimiento de la acumulación capitalista. 

La alternativa era luchar por el acceso al trabajo asalariado, que era la postura dominante en el feminismo, y nosotras nos negamos a hacerlo porque, en primer lugar, luchar por acceder al trabajo asalariado suponía reconocer que lo que hacíamos hasta entonces no era trabajo. 

Decir “dejadnos trabajar” suponía, además, demandar una doble jornada, un turno doble o triple, que tantas mujeres se ven hoy obligadas a afrontar para sostenerse a sí mismas y a sus familias.

En un contexto en el que muchas feministas hablaban de la mujer trabajadora, aceptando por completo la definición capitalista de quién es una “mujer trabajadora”, nosotras decíamos: “Toda madre es una madre trabajadora”. Creo que la cuestión que abrimos con ‘salarios por trabajo doméstico’ fue de enorme importancia. 

Creo que está volviendo a cobrar relevancia, porque hoy en día vemos cómo hay mujeres que tienen que compaginar dos o tres trabajos y viven consumidas por el trabajo. Las mujeres estadounidenses son las principales consumidoras de antidepresivos. Su esperanza de vida ha bajado cinco años.

 Esa misma crisis afecta a los niños. Vemos también esa crisis en la situación de los ancianos. Y las mujeres, en concreto, se incorporaron en masa a la fuerza de trabajo asalariado justo en el momento en el que los salarios empezaban a desplomarse. El trabajo asalariado se volvió completamente precario.

El mundo parece haber avanzado en la dirección opuesta a lo que ustedes reclamaban. ¿Qué vigencia tienen sus demandas, ahora que la mujer se ha incorporado casi por completo al mercado laboral el Occidente?

Ahora estamos ante una crisis reproductiva muy extendida. Las mujeres están en el centro
de esa crisis. Es muy importante enfrentarnos a las cuestiones que nos obligaron a dejar de lado en los setenta. ¿De verdad queremos seguir trabajando gratis para el capital?

Estamos ante un momento en el que dos concepciones del feminismo empiezan a chocar frontalmente. Hay toda una nueva generación de feministas que se preguntan qué define al feminismo. Y eso es muy alentador. Por otro lado, estamos ante una nueva guerra contra las mujeres. A menudo la comparo con las cazas de brujas del pasado.

Está la idea socialdemócrata del feminismo, impulsada por las Naciones Unidas: la emancipación de la mujer a través del trabajo. Está, por otro lado, la imagen mediática del feminismo, que es muy degradante, porque equipara a la mujer trabajadora, la imagen de la mujer trabajadora emancipada, con la de una mujer agresiva económicamente y agresiva sexualmente. 

Por supuesto, si miramos a Hollywood, vemos cómo hay una nueva representación de las mujeres, que es extremadamente peligrosa, extremadamente denigrante, que presenta a las mujeres como violentas, agresivas. Es la nueva imagen de la bruja

¿Qué impacto tienen esos procesos paralelos –el de la equiparación de la emancipación femenina con el trabajo asalariado y el retrato cultural de la mujer hiperambiciosa— en la vida cotidiana? En su trabajo reciente, critica la creciente ‘deserotización’ de la vida. ¿Qué relación tiene ese proceso con la posición relativa de la mujer en las sociedades desarrolladas?

La vida sexual no es solo cuestión de sexo, de unos pocos actos sexuales. La cuestión de la sexualidad es también una cuestión de trabajo. El capitalismo ha regimentado la sexualidad para que no interfiera con la semana laboral, de tal manera que es muy difícil vivir nuestra sexualidad de manera creativa. 

El sexo es algo que se practica el sábado o el viernes por la noche, y es algo limitado espacial y temporalmente. La vida cotidiana se ha ‘deserotizado’ por completo. Hoy en día para las mujeres jóvenes existen menos tabúes de los que había antes. Pero eso no tiene porqué traducirse en libertad para vivir una experiencia sexual muy diferente.

Cada vez que se produce una expansión en las relaciones capitalistas en un país o región se observa cómo la situación de las mujeres empeora. El desarrollo capitalista tiene como premisa la devaluación del trabajo reproductivo.

Ha pasado largas temporadas en América Latina últimamente. ¿Qué tienen en común las luchas de los inmigrantes y las mujeres estadounidenses, colectivos ambos que han sido señalados en la retórica y las políticas de Trump?

Sin duda, las políticas de Trump son malvadas y desastrosas, pero lo que me parece especialmente peligroso es que un segmento de la clase trabajadora blanca las apoye. 

Eso es suicida. No tengo duda de que todos estos ataques a los inmigrantes, los vetos, los muros, son una respuesta al hecho de que, durante las últimas décadas, las batallas más importantes de la lucha obrera en los Estados Unidos las han librado los inmigrantes. Y los movimientos sindicales más fuertes los han liderado los inmigrantes. 

No es un accidente que tengamos ahora a una estructura de poder haciéndoles la guerra a los inmigrantes. Si pensamos en el movimiento para la subida del salario mínimo, lo han capitaneado inmigrantes. Su lucha ha sido una enorme fuente de inspiración que ha unido a mucha gente, que ha sumado el apoyo  de los estudiantes.

 Igual que el propio movimiento inmigrante, el movimiento para la reforma de las leyes migratorias, para el reconocimiento del colectivo, ha sido muy fuerte, y ha traído consigo algunas de las movilizaciones y acciones más importantes de la historia sindical reciente en EEUU.

 La tendencia se extiende ya más allá de la situación latinoamericana. Se expande por Estados Unidos también. Lo que podría parecer todavía un experimento limitado, está en realidad cargado de posibilidades. 

‘Los comunes’ se han vuelto un concepto fetiche para cierta izquierda. Pero su ubicuidad en el discurso a menudo esconde cierta indefinición sobre su verdadero significado político. ¿De qué habla Silvia Federici cuando habla de ‘commons’, de comunes?

Cada vez pienso más en los comunes como una forma de relacionarnos con la vida cotidiana y como una lucha; una perspectiva. No podemos tener comunes puros. No podemos pensar en el común como una forma final. Entiendo los comunes como una riqueza material para ser compartida, necesaria para que nos reproduzcamos.

 Los que solo piensan en los comunes digitales son, creo, enormemente miopes. Tienen que implicar riqueza material. Y creo que parte de la lucha por los comunes tiene que enraizarse en la lucha por la reapropiación de esa riqueza. La realidad que creamos en el proceso de crear los comunes también es instrumental, y sirve para fortalecer nuestra capacidad frente al estado para apropiarnos de la riqueza.

Es evidente que para nuestra reproducción necesitamos tener tierra, agua, bosques, pero los comunes también significan un tipo de relaciones diferente. Significan una sociedad que está conectada, cimentada por relaciones de solidaridad, cooperación y trabajo colectivo. Los comunes son también una forma política. 

Es una riqueza material, pero también una forma política, en tanto que apropiación de nuestra capacidad de decidir políticamente juntos.

Por otro lado, hay formas de apropiación que son muy peligrosas, porque buscan precisamente lo contrario. Usan lo común para promover una agenda opuesta. Es el caso del Banco Mundial, que está ahora mismo, por ejemplo, expulsando muchas poblaciones indígenas de sus tierras, declarando estos bosques, estas tierras, patrimonio común de la humanidad, comunes mundiales, por ejemplo el Amazonas. Se autoproclaman protectores de estos espacios, y su concepción de la protección pasa por ponerles precio."               (Entrevista a Silvia Federici, CTXT, 23/12/17)

3/7/17

La economía del bien común: un modelo alternativo cada vez más sólido

"Los detractores de la economía del bien común (EBC), sobre todo los procedentes del campo del neoliberalismo, lo tienen ahora más difícil desde que Jean Tirole, economista reconocido y Premio Nobel 2014, ha publicado su libro titulado La economía del bien común.

Una de las principales críticas al modelo de la EBC es que ha sido formulado por una persona, Christian Felber, que no es economista, y que en su libro, Felber plantea un modelo económico sin ningún fundamento procedente de la teoría económica.

 Pues bien, con el planteamiento de Tirole, esta crítica ya no se sostiene. El nuevo libro sobre la EBC del economista francés es sin ninguna duda un tratado económico que da respuesta a los grandes retos actuales de la economía basándose en los principios y valores del modelo de la EBC formulado por Felber. 

Describe los problemas de la ecología, del empleo y el desempleo, del déficit y la deuda pública, de la competitividad de las empresas, de la innovación y de otros múltiples aspectos más, dando respuesta a todos ellos a través de los criterios de la EBC. Supone, sin ninguna duda, una gran aportación teórica desde el campo académico a este nuevo enfoque económico y social y da sustento a la gran mayoría de los planteamientos que Felber define en su libro de 2010.

La EBC es un modelo que engloba las diferentes visiones críticas y alternativas que sobre la economía ortodoxa, dominada por el neoliberalismo, han estado surgiendo durante estos últimos años, sobre todo a raiz de la crisis financiera y económica de 2008: la economía circular, la economía sostenible, la economía azul, la economía ecológica, la economía participativa, la Teoría del decrecimiento, la Teoría de los Stakeholders, la Ética en los negocios, la Responsabilidad Social Empresaria, … 

Además, incluye también las visiones de los planteamos ya clásicos pero críticos con el sistema capitalista como la economía social, el cooperativismo, el tercer sector, la economía solidaria, … Como el propio Felber reconoce, la EBC no inventa nada nuevo. Pero tiene el gran mérito de ser capaz de integrar de manera holística (global e interconectada) todos estos enfoques, haciendo una interesantísima aportación práctica. 

El gran mérito de Felber es que plantea instrumentos de medida concretos, de fácil aplicación, y que a la vez crea una red de empresas y de personas fuertemente comprometidas con el modelo. Esta es, desde mi punto de vista, la gran aportación de Felber. El Balance del Bien Común y la Matriz del Bien Común desde el punto de vista microeconómico, y el Producto del Bien Común desde el punto de vista macroeconómico, son instrumentos de una enorme aplicación práctica.

 Aunque habrá que ir afinando en su concreción y especificación según sectores, tipos de empresas, nivel de la propiedad, etc., representan en estos momentos herramientas al servicio de la economía de enorme utilidad.

De hecho, la EBC se ha ido consolidando precisamente en torno a estas herramientas y a partir de toda una amplia red de relaciones basada en los denominados campos de energía (redes regionales y locales de la EBC), Círculos de actores (redes de competencia), empresas y organizaciones, municipios y regiones y Círculos de coordinación y coordinados en torno a la Asociación Federal Española para el Fomento de la Economía del Bien Común.

Queremos destacar el caso de las empresas que están implantando ya el modelo de la EBC. Son ya cerca de mil empresas en todo el mundo, desde que iniciaran el proceso las 100 empresas pioneras en el 2010, lo que nos da una idea de su grado de aplicación. 

Entre las empresas que lo están implantando, se incluyen empresas privadas con ánimo de lucro (sociedades anónimas, sociedades limitadas, cooperativas, ...), organizaciones sin ánimo de lucro (asociaciones, fundaciones, ONG...) y administraciones públicas (ayuntamientos).

Este aspecto es especialmente importante, pues muchas de las alternativas e iniciativas económicas que ha ido surgiendo, suelen centrarse en determinados tipos concretos de organizaciones. La iniciativa de las BCorp, por ejemplo, solo es aplicable a empresas privadas con ánimo de lucro, quedando fuera las organizaciones no lucrativas y las empresa públicas. 

La economía social se ha centrado históricamente en determinadas formas jurídicas (cooperativas, sociedades laborales y entidades no lucrativas), descartando a las empresas públicas y a las empresas privadas capitalistas. La EBC incluye a todas las formas jurídicas que pueden tomar las organizaciones (públicas, privadas con ánimo de lucro y privadas sin ánimo de lucro), lo que lo convierte en un modelo global e integrado.

Cuando hablamos del modelo de la EBC estamos hablando ya de un modelo con una implantación, que permite el contraste de las hipótesis sobre las que se sustenta. Sin duda aún es necesario un gran esfuerzo y una adaptación constante a las particularidades geográficas, sectoriales y societarias, pero que ya tiene un cierto rodaje.

 Podamos afirmar, por tanto, sin dudas, que estamos ante un modelo de empresa sostenible y socialmente responsable que puede contribuir con su implantación a un cambio en profundidad del sistema económico y del modelo productivo actuales. El esfuerzo merece la pena."                  (El Salmón Contracorriente, 16/05/17)

3/4/17

La Economía del Bien Común: con un baremo, llamado balance del Bien Común, se puede calcular la contribución de cada compañía o institución al bien de la sociedad




"El profesor universitario, escritor y divulgador austriaco Cristian Felber está empeñado en promover un cambio radical en la lógica del sistema económico actual. Pretende que las empresas no funcionen como hasta ahora: competiendo unas contra otras y buscando el máximo beneficio económico, pues esa lógica conlleva comportamientos contrarios al bien común. 

Y es que, sostiene, los sistemas económicos no son 'neutrales': favorecen o perjudican que salga lo mejor del ser humano. Para ello ha puesto en marcha la llamada Economía del Bien Común, un camino "moderado" e "intermedio" entre el sistema capitalista y la economía planificada del comunismo, y que se basa en los mismos valores que hacen florecer las relaciones: confianza, honestidad, responsabilidad, cooperación, compasión, cooperación, democracia o generosidad.

Y que se puede medir. No son palabras bonitas. Ha creado un baremo, llamado balance del Bien Común, con el que se puede calcular la contribución de cada compañía o institución al bien de la sociedad.


 Cuanto más social, ecológica, democrática y solidaria sea la actividad, mejores serán los resultados del balance del bien común alcanzados. ¿Conseguirá implantar un nuevo orden económico mundial? Este austriaco de 44 años estuvuvo en Chile a fines del año pasado y dictó la charla que muestra el clip. Recientemente respondió estas preguntas de europapress:

¿QUÉ ES LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN?
 
Es un modelo económico alternativo, completo y consistente -pero al mismo tiempo abierto al desarrollo- que busca la reorientación de la totalidad de las acciones económicas hacia al bien común, algo que ya está recogido en las Constituciones de muchos países pero que no se está llevando a la práctica. 

La Economía del Bien Común busca cambiar las reglas del juego de afán de lucro y competencia por la cooperación y contribución hacia el bien común. Y quiere que las empresas con buenos balances del Bien Común disfruten de ventajas legales como rebajas fiscales, poder acceder a créditos baratos o ser privilegiados en la compra pública. 

La economía actual busca el crecimiento del PIB de una nación o maximizar el beneficio financiero de las empresas, lo que deja de lado si esa empresa crea empleo y de calidad, si hay igualdad de trato entre hombres y mujeres en las compañías, si cuida o destruye el medio ambiente, si produce armas o productos sostenibles...

¿QUÉ FALLA EN EL MODELO ECONÓMICO ACTUAL?
 
La economía actual convierte los medios en fines. El dinero -el beneficio financiero y el PIB- es el fin, y entonces los valores que servimos son el egoísmo, el crecimiento ilimitado, el ir unos contra otros, la desigualdad ilimitada...Estos valores no están en ninguna Constitución, filosofía o religión del mundo y es un sistema de valores que la sociedad no quiere.

 Los valores fundamentales que la inmensa mayoría quiere para la economía son justicia, solidaridad, sostenibilidad y democracia. Y el actual modelo beneficia a los actores económicos y empresarios no éticos, porque ellos tienen una ventaja competitiva (no pagan salarios justos o no tienen en cuenta el medio ambiente, por ejemplo) lo que hace sus bienes o servicios tengan un precio final menor para el consumidor. 

Y esto es perverso. Lo que pretendemos es invertir la dinámica del sistema actual y erradicar la causa pasando de un capitalismo a una economía del bien común.

¿CÓMO SE PUEDE LLEVAR A CABO A ESTE CAMBIO DE SISTEMA?
 
El sistema solo se puede transformar paulatinamente, con pasos pequeños, pero muchos pasos pequeños. La estrategia es colaborar con todos estos agentes sociales y contar con pioneros en cada área que reorienten sus actividades hacia el bien común. Se trata de generar una nueva dinámica: de la escasez a la satisfacción, de la competencia a la cooperación, del exceso al equilibrio.


¿CUÁNTAS EMPRESAS UTILIZAN YA ESTE BALANCE?
 
Más de 400 empresas, bancos, municipios, organizaciones o universidades en 10 países, más de 2.200 organismos que apoyan la Economía del Bien Común. Más de 100 universidades están colaborando en la enseñanza, investigación, aplicación y difusión pública. Y la Universidad de Barcelona es la primera en el mundo que realiza el balance del Bien Común.


¿ESTÁIS SATISFECHOS CON EL RITMO ACTUAL DE IMPLANTACIÓN?
 
Para un cambio radical estas cifras no son suficientes, para eso se necesitarían docenas de miles de agentes sociales que implanten sus balances sobre el Bien Común. Estos cambios son complejos y, al mismo tiempo, desafiantes. Pero hay que tener en cuenta que el balance financiero actual no se creó en unos años si no en siglos, y la Economía del Bien Común la hemos puesto en marcha hace 5 años. 

A principios de abril pondremos en marcha la herramienta Balance del Bien Común 5.0 para que de forma sencilla las empresas puedan hacer sus balances del Bien Común. Saldrá primero en alemán y lo previsible es que entorno a verano esté la herramienta en inglés y español. Con esta herramienta veremos si las cifras de las empresas con este tipo de balance aumentan considerablemente.

¿CUÁLES SON LOS PRINCIPALES IMPEDIMENTOS PARA QUE SE IMPLANTE LA EBC?
 
Los impedimentos son muchos y muy distintos. El primero es la ciencia económica clásica, que se ha confundido a sí misma con la crematística que criticaba Aristóteles (acumular riquezas) y con el capitalismo. Otro de los impedimentos es la creencia de que el ser humano es egoísta y competitivo por naturaleza, algo que no tiene ninguna base científica. 

En el sistema actual predomina la competencia de los unos contra los unos, la lógica de que alguien tiene que ser el ganador, el egoísmo, la desconsideración de los otros, la desconexión de la naturaleza. Se trata de traer valores como la cooperación, el cuidado, consideración, la empatía. Y el tercer impedimento es el poder político, mediático y financiero, que no apoya este cambio, al menos no en este momento.

ABOGAN POR UN LÍMITE DE GANANCIAS POR PERSONA, ¿CUÁL SERÍA EL MÁXIMO?
 
Éste es un punto muy controvertido, pero solo en las élites. Ellas creen que para la sociedad es mejor si no hay un límite a la desigualdad, pero la evidencia científica dice que está bien que haya una moderada diferencia en ingresos, en patrimonio, en herencia y en el tamaño de las empresas, pero si la desigualdad supera un cierto límite se convierte en un peligro para la estabilidad y el bienestar de la sociedad. 

El máximo de la ganancia por persona es algo que tienen que decidir los ciudadanos, que son soberanos. Nuestros experimentos empíricos en 25 países nos dicen que la población optaría por un ingreso máximo similar al salario mínimo multiplicado por 10 o 20.

¿PERO DEBE EL ESTADO LIMITAR LA CAPACIDAD DE LAS PERSONAS DE GANAR DINERO?
Es una limitación para salvaguardar una mayor libertad de otros o las mismas libertades de todos. Esta sería la justificación de esta limitación. En nuestra vida existen muchas limitaciones a nuestras libertades para salvaguardar las mismas libertades de todos.


TAMBIÉN CREEN QUE DEBE LIMITARSE LA PROPIEDAD PRIVADA, ¿CUÁL SERÍA ESE LÍMITE?
 
Si permitimos la libertad de la propiedad de forma ilimitada se acaba la libertad de todos para tener al menos cierta propiedad. Esa es la explicación. Mi propuesta personal sería que las personas pudieran tener en concepto de propiedad privada de entre 10 y 30 millones de euros como límite superior. 

En vez del dominio total de la propiedad pública -como quiere el comunismo- o del dominio total de la propiedad privada -como quiere el capitalismo-, la Economía del Bien Común defiende que haya propiedad privada pero limitada y condicionada al balance del bien común, y que puede haber propiedad pública, pero limitada a recursos estratégicos y bienes públicos. También puede y debe haber propiedad colectiva, como las cooperativas o empresas sociales.

¿CÓMO SE LLEVARÍA A LA PRÁCTICA ESTA LIMITACIÓN?
 
Esto se podría regular con el sistema de tributaciones. Pudiendo heredar como máximo entre 1 y 3 millones de euros, por lo que podrías ganar 27 millones de euros más (si el límite total estuviera en 30 millones). 

En una generación transitoria esto se implantaría poniendo tasas sobre el patrimonio ligeramente crecientes y limitando la herencia, pero sin necesidad de expropiaciones. Se trataría de limitar el derecho de apropiación. Así, el problema de la extrema desigualdad en los patrimonios de las personas se podría resolver en una generación y sin ninguna expropiación.

¿QUÉ PENSÁIS SOBRE LAS ACUSACIONES QUE DICEN QUE SOIS UNA FORMA COMUNISMO MODERNO?
 
Pues que entonces estas personas no saben qué es el comunismo. Nosotros nos oponemos igualmente al comunismo como al capitalismo, porque ambos son totalitarios, ya que tienden a la concentración de la riqueza y el poder. 

La Economía del Bien Común es un enfoque eminentemente democrático, porque no se va a implementar si no es decidido democráticamente por los ciudadanos soberanos. A diferencia de los extremismos que suponen el capitalismo y el comunismo, la Economía del Bien Común es un camino moderado, intermedio, que incluye ciertos elementos de ambos extremos, pero con límites y condiciones. 

Capitalismo y comunismo son mucho más semejantes de lo que la gente piensa: ambos confunden los fines con los medios, se enfocan en un solo tipo de propiedad y tienden a la concentración de poder, público o privado.

DICEN QUE LA EBD TIENE MUCHOS ELEMENTOS EN COMÚN CON EL PENSAMIENTO SOCIAL CRISTIANO. ¿ESTÁN DE ACUERDO?
 
Sí, empezando por Tomas de Aquino quien dijo 'Bonus comune melius bonus unus'. El bien común es más importante que el bien de solo uno." La doctrina social del cristianismo es responsable de que el bien común aparece como una estrella en muchas constituciones de países democráticos, unido con la dignidad de la persona. Sin embargo, el buen vivir, para mi significa exactamente lo mismo y es otra fuente de inspiración para la EBC.

 Lo mismo con "ubuntu" de África, el Dharma del budismo, la ecología profunda, la ecofilosofía, la Ilustración y, muy importante, Aristóteles quien nombraría nuestro patrono/patrocinador teórico. La EBC tiene un fundamento filosófico muy amplio, yo diría universal.

30/9/16

La economía del 'compartir'... la abundancia

"(...) No se puede impedir a nadie el acceso al aire por los mecanismos de la propiedad y por eso es un bien pero no es un producto. Mientras que sí se puede restringir el acceso al agua dulce, razón por la cual es un bien y también puede ser un producto. El hecho de que algo tenga valor económico pueda venderse depende de su demanda y de su escasez.

La era de la abundancia ha sobrevenido gracias a la revolución digital, que ha convertido en abundantes algunos bienes que antes eran (o se podían hacer) escasos. A semejanza de agua se convirtiera en aire, de forma metafórica, este proceso también “evapora” el valor económico.

Los ejemplos más conocidos de este fenómeno los tenemos en los bienes del conocimiento: libros, música, películas, planos, fórmulas, noticias, marketing… El ejemplo de los libros es fácil de seguir: la tecnología digital permite separar el continente (las páginas de papel) y el contenido (el texto). 

Este último puede adoptar otro formato, el formato digital, que se puede poner a disposición del público para su descarga por un coste ínfimo. Con cierta infraestructura como un dispositivo digital de lectura y acceso a internet, cualquiera puede descargar este formato digital del libro y disfrutarlo en unas condiciones que en muchos casos son igual de satisfactorias que en soporte papel. El producto se libera de sus límites y fluye a través de la red, reduciendo mucho sus posibilidades de venta.

Otro tipo de abundancia nos ha llegado por la apertura de mercados tradicionalmente cerrados y monopolísticos. Se trata de la capacidad de cada persona de acceder a la capacidad de producir para su propio consumo en esas industrias. 

Esto es algo que generalmente no puede hacer una persona de forma aislada y exige la formación de algún tipo de estructura colaborativa o cooperativa con otras personas que persigan el mismo fin. Como resultado, se rompe el monopolio de oferta de estos servicios y se reducen los márgenes de beneficio en estos sectores. 

La electricidad es un ejemplo. La producción eléctrica hasta hace poco exigía grandes operadores y tendía a la concentración empresarial. Con el surgimiento de las energías renovables, la producción se puede descentralizar, las redes de distribución tienen capacidad de reducirse para formar islas territoriales que permiten compartir la energía generada en un radio menor e incrementar la eficiencia.

En Alemania las cooperativas de energía verde constituyen el 27% de la generación eléctrica. La abundancia en este caso consiste en acceder a mercados tradicionalmente monopolísticos para que los antaño meros consumidores, haciendo una determinada inversión, pasen a auto-abastecerse de ese bien. 

El cliente y el productor se funden en una sola figura: el prosumidor, que se une a otros prosumidores, en unas ocasiones para poder generar el servicio, pues la clave del servicio en muchos casos está en la red, o para optimizarlo en otros casos.

La desmercantilización

Esta tendencia se ha denominado desmercantilizaciónii, pues lo que es común en estos dos casos es que el mercado se reduce, bien porque el producto deja de serlo, para convertirse en un bien libre con muy pocas posibilidades de venta, bien porque el consumidor se autoabastece del bien gracias a unas determinadas estructuras organizativas, y la inversión atomizada en infraestructuras.

Napster redujo a escombros la industria discográfica, Wikipedia acabó con las enciclopedias, los blogs y el formato ePub tienen contra las cuerdas al mundo editorial. Linux dio fin a la línea de Windows para servidores. Las recomendaciones de otras personas generan ya mucha más confianza en los productos y negocios para los consumidores que los consejos publicitarios que producían las antaño boyantes agencias de publicidad. 

Si el dinero electrónico y las apps móviles, como medio de acceder a él, van a suponer el cierre de más de un 50% de las oficinas bancariasiii, la cadena de bloque tiene muchas posibilidades de acabar con la banca como modelo de negocio y las monedas sociales tienen muchas posibilidades de sustituir una buena parte del dinero tal como lo conocemos.

El intento de hacer de nuevo “escasos” estos bienes para poder seguir vendiéndolos pasa por una regulación que prohíba las prácticas de compartir entre iguales (también llamado P2P por su acrónimo del inglés peer to peer) o destruir la neutralidad de la red para que los contenidos que se comparten en modo P2P se descarguen de forma mucho más lenta que los demás. Ambas estrategias se están dando pero, como veremos, están provocando una desmercantilización aún mayor.

Los prosumidores y la autoprestación de servicios: Electricidad, telecomunicaciones, movilidad, etc.

El fenómeno del autoabastecimiento que hemos mencionado en relación al sector eléctrico no es único. El sector de las telecomunicaciones ha empezado a sufrir una transformación similar cuando los usuarios han decidido crear sus propias redes de telecomunicaciones en formato de autoprestación, precisamente para garantizar una neutralidad de internet cada vez más amenazada, la privacidad y el acceso a bajo coste de los usuarios que la componen.

 Güifi.net es una experiencia pionera de red de malla (mesh networking en inglés)iv, que son redes auto-gestionadas muy robustas por la alta replicación del servicio a través de sus nodos. Es el primer operador de telecomunicaciones que adopta una visión de las telecomunicaciones como una parte del procomún con una licencia que se ha denominado RALNv (procomún de la red abierta, libre y neutral).

El objetivo que persigue, y está logrando cumplir, güifi.net es que las personas organizadas puedan construir una red de telecomunicaciones que garantice condiciones en la prestación que son esenciales, sin necesidad de tener el músculo financiero que suele exigir un proyecto tal. De forma descentralizada, con pequeñas inversiones: routers, antenas, instalados en sus hogares y empresas, los usuarios forman la red que ellos mismos utilizan. 

La organización además instala fibra óptica allí donde es necesaria. No hay accionistas que aprovechen una posición dominante de mercado para extraer beneficios. La red se mantiene gracias a los propios usuarios, que mantienen personalmente el servicio en algunos casos y también pagan un coste módico por el servicio a través de la Fundación Güifi. Al ser gestionado por una fundación, el servicio se ofrece sin ánimo de lucro por principio.

Otros sectores ya apuntan hacia un modelo similar, como la posibilidad de un sector del transporte sostenible sin conductoresvi, con vehículos alimentados con fuentes de energía renovable conectados entre sí gracias a la tecnología GPS y el internet de las cosas. Si bien ha sido una plataforma privada, Uber, la que apunta de forma explícita en esta dirección, la infraestructura necesaria (el parque de vehículos) de momento la ponen los usuarios y conductores. 

Nada impide que estos usuarios se auto-organicen, cuando la tecnología esté disponible, para evitar la captura de la mayor parte del margen por parte de la plataforma. La infraestructura puede ser construida poco a poco a base de inversiones individuales (aportando cada persona el vehículo que adquiera) y el coste del servicio podría limitarse al mantenimiento de dicha infraestructura.

 La ventaja de añadir el vehículo a una red, en lugar de disfrutarlo a título individual consistirá en la capacidad de compartir su uso para amortizar antes su coste o el hecho de poder utilizar otro vehículo de la red cuando uno tenga la necesidad, cuando se encuentre en otra localización geográfica, por ejemplo.

De todas estas transformaciones, la más interesante y vertiginosa con diferencia es la del sector bancario. El sector bancario está sufriendo una reducción en su negocio y en sus márgenes gracias a la irrupción de los prosumidores. Por el lado del crédito, con el P2P lending, o las plataformas que articulan el crédito de particular a particular, como Zopla o Comunitae. 

Por el lado de la creación monetaria, que es en realidad la principal función del sistema bancario, la competencia disruptiva está llegando de Bitcoin. Bitcoin permite la desintermediación del sistema monetario, cada persona puede crearse una cuenta y recibir y enviar bitcoins a través de internet por medio de un protocolo denominado cadena de bloque.

 Este protocolo permite que la tradicional función del banco, que es mantener la información de quien debe a quien qué, sea sustituida por las verificaciones entre pares (P2P). O sea, en lugar de que cada banco mantenga un libro contable con las transacciones que realiza, la cadena de bloque permite que se mantenga un libro público de registro de estas transacciones. Las personas que participan en este sistema, verifican las transacciones, sin necesidad alguna de que un banco lleve a cabo esta función. Ya hay más transferencias internacionales en bitcoin que a través de Western Union.

La economía colaborativa y la abundancia de compartir

La economía colaborativa es un campo en el que se pueden incluir muchas de las transformaciones que ya hemos descrito. La reutilización de objetos, el acto de compartirlos o los esquemas de ayuda mutua también pueden considerarse otra ramificación de la desmercantilización, pues permiten a los usuarios satisfacer necesidades que en otras circunstancias se podrían haber satisfecho mediante la producción formal de bienes y servicios. 

Gracias a plataformas online, en la mayor parte de los casos, los prosumidores contactan entre sí, colaboran y se evalúan mutuamente. En ocasiones se trata de convertir el activo que es propiedad de una particular, en tanto no lo use, en un activo transferible que le da capacidad de acceso a otros bienes, aumentando su poder adquisitivo y sustituyendo a los operadores tradicionales. Los ciudadanos comparten su casa, su coche, etc., activos concebidos para un uso exclusivamente privado, como medios de producir algún tipo de valor en la comunidad.

 De este modo, viajeros que van en coche transportan a otros viajeros, haciendo la competencia a los autobuses de línea o los trenes. Personas que se van de vacaciones, en lugar de dejar su casa vacía, permiten que otros la usen y gracias a eso pueden ellos recibir alojamiento en otra ocasión, convirtiéndose en una alternativa a los hoteles y alquileres turísticos profesionales.

 Los progenitores de bebés de 6 meses cambian la ropa de cuando tenía 3 por prendas para bebés de 9, ahorrando en ropa nueva. En todos estos casos, se trata de la sustitución de sectores de producción tradicional por agrupaciones de prosumidores organizados alrededor de una plataforma de colaboración, en la cual se genera valor para los participantes y para la comunidad.

Este valor se puede registrar o no. Mientras que Couchsurfing es una forma de generar y recibir un valor no registrado, en otros casos, ese valor se registra en moneda convencional, como Blablacar: unos usuarios pagan por que otros les lleven de un punto a otro en su coche.

 En otros casos, el registro del valor se produce en monedas complementarias, por ejemplo, en los bancos del tiempo la gente hace favores y pequeños servicios a sus vecinos y ese valor generado se registra en una contabilidad de horas entregadas y recibidas a cualquier otro miembro de la comunidad. 

Es importante destacar que este valor social, cuando se registra en moneda convencional, en algunos casos no acaba en manos de los prosumidores sino principalmente en manos de los gestores de la plataforma a través de la cual se coordinan para colaborar. Por ejemplo, las reseñas dejadas por los usuarios construyen la reputación de algunos negocios, algo que atrae a los usuarios buscando opciones de consumo. Esta audiencia se convierte en un activo que explotan los proveedores de la plataforma a nivel económico (Google places, Tripadvisor, etc.).

 No vamos a entrar en la cuestión de qué parte del valor de estas plataforma la constituyen las plataformas tecnológicas y qué parte la constituyen las opiniones de los usuarios, pero este tipo de servicios tienen efecto red y por lo tanto tienden al monopolio de forma natural, lo cual propicia una apropiación de valor mayor por parte de la plataforma que por parte de los prosumidores.

 De este modo, se ha establecido una distinción entre economía colaborativa en general y economía colaborativa procomún. En ésta última las plataformas digitales que desarrollan recursos comunes son de propiedad compartida y devienen accesibles como bien público, permitiendo así que los prosumidores acaparen la mayor parte del valor en ellas y también que tomen parte en definir su evolución como medio de producciónvii.

 En todas estas industrias, la irrupción de los prosumidores sienta las bases para ofrecer una competencia atroz a los operadores dominantes y para la drástica reducción de la productividad y los dividendos de estos operadores como consecuencia, tal como veremos después.

La llave de la abundancia: Tecnología, protocolos, licencias, reputación y comuneros

Desmercantilización es un término que surgió como una demanda social para detener la entrada del mercado en todos los ámbitos de la vida, pero en la actualidad se trata de un fenómeno que se está dando por una serie de causas que vamos a examinar. 

Todas estas transformaciones que hemos examinado tienen de fondo una realidad: el producto tiende a minimizarse y, en última instancia, a desaparecer, a convertirse en un bien sin posibilidades de ser monetizado gracias los productos definitivos de la industria del conocimiento como son protocolos, licencias, y diseño de nuevos usos sociales. Por un lado, los protocolos de acceso, compartición y reproducción casi ilimitada de los activos digitales. 

El protocolo TCP/IP, que da base al propio internet, sería el primer ejemplo. Los protocolos de comunicación son como lenguajes, formas de transmitir información. Si Bittorrentviii o eDonkey son los protocolos de comunicación líderes para compartir archivos, la cadena de bloque se está afianzando como protocolo de comunicación de valor económico, que está permitiendo la construcción de sistemas monetarios paralelos, de los cuales, Bitcoin es el primero y más exitoso hasta ahora. 

Los contratos inteligentes (Smart contracts) que se pueden crear con la cadena de bloque, permiten la ejecución automática de determinadas acciones cuando se dan determinadas circunstancias, sin intervención humana, y tienen muchas posibilidades de alterar de forma disruptiva la industria de los seguros o la actividad de los notarios.

 Por otro lado tenemos las licencias que protegen la integridad del uso de los activos que se gestionan mediante los protocolos: las licencias de creative commons (para contenidos editoriales), la licencia GLP creada por Richard Stallman para el proyecto GNUix y que se usa desde entonces para el software libre, o el mencionado RALN, creado para la redes de telecomunicaciones procomún.

 Y no podemos olvidarnos del diseño y usabilidad de las plataformas, que establecen nuevos patrones de actividad social en la economía colaborativa. Un ejemplo fue empezar a registrar la reputación de los participantes, que empezó en el portal eBay y de ahí se extendió a innumerables plataformas y ha generado toda una nueva fuente de valor.

Pero si los protocolos de comunicación y las licencias son importantes, más lo son las personas. En contra del homo economicus, el axioma de la teoría económica que considera como hecho evidente el comportamiento egoísta del ser humano, y que ha sido ya perfectamente refutada a nivel empíricox, aparecen como un fenómeno ya consolidado los comuneros (commoners en inglés), aquellos que perpetran la producción de bienes desmercantilizables. 

Por un lado están las personas que construyen los registros de reputación dejando una reseña de un restaurante, una empresa, un servicio u otro prosumidor en alguna plataforma para que otros usuarios se beneficien. Por otro, nos encontramos con los voluntarios que construyen y mantienen Wikipedia, Güifi, Linux o cualquier otro bien común.

 Se trata de un comportamiento basado en que las personas entienden que el bien de otro, de la comunidad, es también su bien particular, y que si muchas personas hacen lo mismo, todos salen ganando. Un comportamiento irracional según la ortodoxia económica, pues la mayoría de estos comportamientos no tienen una retribución económica directa, o si la tienen, su coste de oportunidad es elevado.

 En algunos casos, en los que estas personas dedican una parte importante de su tiempo a estas actividades, los modelos de retribución que las sostienen (donaciones, crowdfounding, etc.) con frecuencia no pagan los costes reales de producción sino una parte de ellos, otra parte sigue sostenida por trabajo voluntario no retribuido, un trabajo que llega a darse en condiciones de auto-explotación difícilmente sostenibles en el largo plazo.

 Es evidente que su sustento es un reto a resolver, al igual que lo es el desempleo. Pero también es importante destacar que el axioma del homo economicus no se cumple: las personas se comportan de diferente manera ante diferentes circunstancias y es incorrecto tomar el egoísmo ciego por principio.

El impacto de la desmercantilización en la economía actual

Según el ranking de Forbes 2016 de las mayores empresas que cotizan en bolsaxi, el 65% son empresas de la economía del conocimiento: banca, seguros, informática, internet, salud, laboratorios farmacéuticos y entretenimiento, con gran predominio de las dos primeras. Agregando las de Telecomunicaciones y energía llegan al 80%. 

A principios de los años 2000 los puestos de cabeza de este ranking estaban dominados por las empresas petroleras y constructoras de vehículos, mientras que las empresas del conocimiento encabezaban el ranking de aquellas cuyos beneficios crecían más rápido. Una de las diferencias más llamativas entre las industrias que encabezaban el ranking en 2000 y las que lo encabezan ahora, es que las primeras empleaban millones de personas y las últimas emplean tan solo algunos cientos de miles. 

Nuestra economía (la española, al igual que la europea) está altamente terciarizada. Un 75% del PIB son servicios, entre los cuales están los clasificados dentro de la economía del conocimiento. Es decir, la tendencia a la desmercantilización nos afecta de lleno.

La historia económica de la humanidad viene marcada por la evolución que genera la innovación. Con cada innovación, los sectores más innovadores producen un mayor valor añadido, es decir, acaparan más margen de beneficios y como consecuencia, más talento y más trabajadores, en detrimento de los sectores más primitivos.

 Los sectores de vanguardia han ido evolucionando a lo largo de la historia. En la antigüedad era la agricultura, en la edad media pasó a ser la artesanía, en la edad moderna el comercio, luego la industrialización, y ahora es el conocimiento. Un sector del conocimiento que, desde la revolución digital, ha empezado a evaporar el valor.

Esta evaporación del valor da la vuelta a la tendencia evolutiva milenaria del sistema económico. Anteriormente ya había anunciado la “atrofia del camino evolutivo natural del capitalismo”xii refiriéndome a este fenómeno. Un fenómeno cuyo protagonista es el sector financiero, como veremos.

La tendencia a la desmercantilización ya se está empezando a ver en ciertos indicadores, uno es el estancamiento de la productividad. Recientemente, Robert J. Gordon en su libro “El auge y caída del crecimiento americano”xiii denunciaba que la revolución digital no está aportando los incrementos de crecimiento económico, ni los incrementos de la productividad, que se experimentaron gracias a las innovaciones que se dieron en el siglo comprendido entre 1870 a 1970.

Es necesario aclarar que la productividad laboral se puede medir en unidades de producto producidas por hora de trabajo, pero la medición más extendida es en términos monetarios, y es a este tipo de productividad a la que se refiere Gordon.

 Este tipo de medición de la productividad mide el valor económico de la producción por hora trabajada (otros indicadores usan el valor añadido), o por persona ocupada. Por ello, para que se dé un aumento de productividad es necesario no solo que aumenten las unidades o cantidad de producto obtenido por hora trabajada, sino que esa producción se venda. 

En este último punto es justo donde las innovaciones digitales no cumplen con el papel que otras innovaciones anteriores cumplieron. Lo que está ocurriendo en la actualidad es que mientras que la productividad en unidades sube, la productividad en valor económico baja.

La productividad se ha estancado por falta de ventas. La revolución digital está generando procesos que aumentan la productividad en unidades: las unidades de producto obtenido por hora trabajada, pero algunas de ellas también desmercantilizan el producto, de forma en algunos casos las ventas de ese producto no aumentan en la misma proporción o incluso disminuyen. 

Volviendo al ejemplo de la industria discográfica, la digitalización de la música y su distribución en el entonces nuevo formato CD supusieron un abaratamiento muy importante en los costes con respecto a la producción en vinilo, y esto hubiera incrementado los beneficios y la productividad de la industria, si no hubiera sido porque la digitalización, con el advenimiento de internet, permitía hacer algo más que vender la música en CD’s; permitía algo hasta entonces inédito: los usuarios podían compartir archivos de música online, de forma que otros usuarios tenían acceso al archivo de música con la misma calidad que el original de forma sencilla y casi gratuita, eliminando así la necesidad de adquirir CD’s para disponer del bien, la música, reduciendo así los ingresos por ventas de la industria y, como consecuencia, la productividad.

Esto explica también como, algunas nuevas tendencias e innovaciones han sido sobrevaloradas en su capacidad de generar crecimiento económico, por ejemplo, el internet de las cosasxiv. 

El internet de las cosas consiste en conectar los aparatos a internet para publicar sus datos, lo que genera grandes datos (Big data) en abierto que pueden ser capturados por aplicaciones para dar servicios a los usuarios. Por ejemplo, tu ayuntamiento puede poner sensores o etiquetas de radiofrecuencia (RFID) a los autobuses urbanos, detectar el paso de cada autobús por cada parada, y emitir estos datos en abierto. 

 Si el autobús que te lleva del trabajo a casa pasa cada 20 minutos o más, una app móvil que lea esos datos te puede cambiar la experiencia de volver a casa de forma radical: consultas cuando va a venir el autobús, te mantienes ocupado hasta que falten 5 minutos, luego te bajas a la parada y el autobús aparece, como si hubieras llamado a un taxi. La posibilidad de que este tipo de aplicaciones cambien la vida de la gente a mejor es enorme. La posibilidad de que supongan crecimiento de la economía o del empleo no está tan clara.

 El internet de las cosas permite el acceso a información sobre vehículos, electrodomésticos, y otros aparatos a distancia, así como su control remoto, todo esto puede ahorrar mucha mano de obra. Además, también permite una mejor coordinación para disfrutar cómodamente de bienes comunes, facilita el compartir y, en este sentido, puede contribuir a reducir las necesidades de la gente de poseer determinados activos, o al menos de poseerlos en exclusiva. 

Sin duda, los nuevos aparatos de todo tipo cada vez incorporarán más dispositivos de conexión para aprovechar estas ventajas, pero el argumento de que esto generará mayor actividad económica en términos absolutos es poco concluyente.

El otro indicador que apoya la hipótesis de la desmercantilización es la falta de inversión empresarial que se está registrando a causa de la falta de beneficios empresariales esperados, tal como Michael Roberts viene anunciando en su blog. 

Incluso en momentos como los actuales en que la economía estadounidense parecía que despegaba, estudios recientes demuestran que el crecimiento es efímero y basado exclusivamente en el consumo, que ha sido alimentado artificialmente por condiciones crediticias favorables y un aumento de los precios inmobiliarios (de nuevo).

 A pesar de esta recuperación del consumo estadounidense, la inversión empresarial no aumentaxv. Analizando el crédito empresarial, Richard Koo en un reciente artículo defendía que falta demanda de crédito por falta de rentabilidad o falta oportunidades de negocioxvi. Esta falta de demanda de crédito está presionando el tipo de interés a la baja, de forma que estamos probablemente ya en un tipo de interés natural igual a cero.

No es simplemente desempleo tecnológico

Es importante identificar la desmercantilización como un proceso de diferente naturaleza a la automatización pues hay un proceso de automatización en todo proceso de desmercantilización, pero la automatización no siempre ha tenido ese efecto; hasta hace poco también aumentaba la productividad. 

El desempleo resultante de la automatización se llama desempleo tecnológico y para resolver este problema se planteaban políticas redistributivas como una solución para todos: los trabajadores y la industria. Estas políticas permitían a los trabajadores recibir subsidios que les habilitaban para seguir consumiendo el producto a las empresas. 

Así, las empresas podían seguir vendiendo y el Estado recaudaba impuestos que servían para pagar los subsidios y redistribuir así la renta. Esta era la base económica del contrato social implícito en la socialdemocracia. 

En el proceso de desmercantilización esta solución no funciona igual, ya que, por mucho que los trabajadores tengan acceso a mayores rentas, el producto desmercantilizado no va a venderse más, pues nadie paga por algo que no es necesario pagar, aunque tenga dinero. Si la automatización destruye empleo, la desmercantilización destruye empleo y valor económico, y en genera un tipo de desempleo que se podría denominar de desempleo tecnológico definitivo.

La transición

Nos espera la transformación radical del sistema económico que conocemos hasta la fecha y de sus dinámicas de evolución. La economía de mercado no dejará de existir y, sin duda, no todas las innovaciones causarán la desmercantilización, aunque potencialmente puedan generarla. Sin embargo, es patente que algunas innovaciones sí lo están haciendo y que existe un empuje social en esa dirección. 

Con una brecha creciente entre la innovación, la productividad y el crecimiento económico en estos casos, se abre una nueva era que ya se está denominando la era de la abundancia. Esta tendencia a la desmercantilización, aunque sea en ámbitos acotados del sistema económico, irá erosionando cada vez más el empleo y los beneficios en muchas de las industrias de vanguardia.

En las demás industrias, la tendencia a los rendimientos decrecientes del capital seguirá su curso histórico, reduciendo también los márgenes empresariales. Esta tendencia es la que históricamente reduce el beneficio en las empresas en las industrias consolidadas, cuando hay competencia perfecta, pues cuantas más hay, menos ganan cada una y más tienden los precios a igualarse al coste marginal de producción. 

Lo nuevo en la situación actual es que también las industrias de vanguardia y los monopolios el valor económico tienda a reducirse de forma bastante rápida también. En conjunto, la combinación de estas dos tendencias irá erosionando las posibilidades de beneficio y de crecimiento económico de forma inexorable.

Esta tendencia en algunos casos se contrarrestará con la contraria, la financiarización, todavía presente y muy viva entre nosotros. La acaparación del valor por parte de ciertas plataformas que operan en la economía colaborativa, en detrimento de los usuarios que ponen sus activos para hacerlas posibles, es un ejemplo muy significativo de este caso.

 Antes hemos mostrado los ejemplos de Google places y Tripadvisor, pero podemos incluir en este grupo a otros como Uber o AirBnB. Es decir, es posible que no todos aquellos sectores que reúnen las condiciones para desmercantilizarse experimenten dicha transformación.

También se están dando acciones políticas para frenar esta tendencia a la caída del beneficio: reforzando los monopolios y la regulación, una regulación que en muchos casos está enfocada a proteger los mercados con barreras de entrada, a apuntalar los derechos de copia y las patentes en un intento legislativo de dar cuerpo a una escasez evanescente. 

El ejemplo del “impuesto al sol” implantado en España recientemente, que desincentiva el autoconsumo de energía renovable es un claro precedente, cuyo objetivo es mantener los beneficios de las grandes empresas eléctricas en contra del bien público de sustituir fuentes de energía fósil por fuentes renovables.

Retos para un nuevo modelo económico

El impacto de la desmercantilización en nuestra economía se traducirá en unas nuevas circunstancias que nos impondrán algunos retos que será necesario abordar. Antes incluso de empezar a pensar cómo queremos abordarlos, es necesario empezar por entender cuáles son las variables económicas esenciales que se perfilan en estas nuevas circunstancias:
  1. La reducción del mercado. Todo indica que el tamaño del mercado se reducirá inevitablemente y habrá una producción de bienes cada vez mayor fuera del mercado.
  2. Reducción del empleo. El empleo formal también se reducirá en la misma medida, con un menor número de horas de trabajo pagadas en total.
  3. La evaporación del valor. Hemos estado describiendo el proceso de evaporación del valor económico que ha traído la desmercantilización. El valor económico es lo que permite obtener renta o ingresos a los participantes en el proceso de producción (o financiación) del bien. Esto tiene enormes ramificaciones.
  4.  Reducción de la renta. Al desaparecer el valor económico, desaparece la renta, o la capacidad de extraer ingresos de la producción económica o la financiación de dicha producción. Esto es problemático en la medida en que mantengamos estructuras sociales en las que los ingresos en forma de renta sean esenciales para la vida de la gente o la producción.
  5. La producción pública adquiere más importancia. Cuando no es posible monetizar un bien vendiéndolo, la única forma de sufragarlo es con un criterio de inversión para el bien público, que es tradicionalmente la función del Estado. A medida que se van desmercantilizando los bienes, su creación dependerá cada vez más de esta esfera de producción pública, no mercantil, que puede ser sufragada no solo desde el ámbito gubernamental, sino también desde el comunitario o desde el ámbito privado.
  6. Se reducen los recursos del Estado. El aumento de la importancia de la producción pública no es óbice para que la reducción de renta mencionada afecte también a los ingresos fiscales del Estado. Al reducirse la renta, los ingresos del Estado por impuestos sobre la renta, sociedades, IVA, etc. serán cada vez menores, si continuamos con la configuración fiscal de la mayoría de los Estados, basada en grabar la renta (el ingreso).
  7. Indicadores. En un contexto de reducción de la renta es un problema seguir midiendo el bienestar con indicadores basados en ella, como el PIB o la renta per cápita. Mientras la política económica siga dirigiéndose y controlándose con este tipo de indicadores, estaremos a ciegas en lo que se refiere a medir el bienestar o la prosperidad.
  8. Infraestructuras de acceso. La abundancia en muchos casos dependerá de disponer de ciertas infraestructuras que sí tienen un valor económico. Por ejemplo, para obtener energía gratis del sol hace falta una placa solar o un molino que no es gratis. O para acceder a contenidos online necesitamos un dispositivo (ordenador, portátil, móvil…) y conexión a internet. Que la gente pueda disponer de estas infraestructuras será algo estratégico, pues abrirán la puerta de acceso al disfrute de bienes desmercantilizados.
  9. La innovación. La innovación seguirá siendo una fuente de productividad, en unos casos funcionará como tal y en otros no, pero innovar nunca ha sido un negocio seguro, y sin embargo ha estado siempre presente en las sociedades más avanzadas. El papel del Estado en producir innovación ha sido mucho mayor del que con frecuencia se reconoce, tal como Mariana Mazzucato ha descrito de forma pormenorizada en su libro “El Estado Emprendedor”xvii, por lo tanto, en gran medida, no depende del mercado. Por consiguiente, la innovación no tendría por qué sufrir grandes amenazas, siempre que el Estado o la producción pública tenga medios de financiación.
  10. Redefinir la escasez y la abundancia. En la era de la abundancia tendremos que hacer frente a nuevos retos de escasez. Si los productos de alto valor añadido han dejado de ser escasos y se están convirtiendo cada vez más en bienes libres, sin embargo hay recursos que hace solo 70 años eran abundantes, como los combustibles fósiles o ciertos minerales y metales, que han pasado a ser escasos, así como nuestra capacidad de emitir CO2 a la atmósfera por su incidencia como coadyuvante del cambio climático, o la destrucción de la biodiversidad, amenazas muy claras a la supervivencia de nuestra especie.
  11. Superar un modelo económico diseñado para crecer. En la vigente terminología económica, la tendencia que estamos describiendo se denomina depresión o recesión, pero también decrecimiento, cuando viene en forma de demanda ecológica. Es decir, la cuestión no es si decrecemos o no, la cuestión en el futuro cercano va a ser cómo lo hacemos. El reto más importante al que nos enfrentamos en esta coyuntura consiste en decrecer en un modelo económico como el nuestro, diseñado para crecer. Si continuamos como hasta ahora, decreceremos con una desigualdad social creciente.
La desigualdad de la nueva normalidad

Thomas Piketty demostró recientemente en su libro “El capitalismo en el siglo XXI”xviii que cuando el rendimiento del capital es mayor que la tasa de crecimiento económico, las desigualdades tienden a incrementarse. 

En un escenario de decrecimiento, la única posibilidad de que las desigualdades no se incrementen es con una tasa de retribución del capital igual o menor que cero. Sin embargo el sistema monetario y financiero actual no puede funcionar en esas condiciones, pues en teoría se basa en un mercado (el mercado de dinero). No hay mercados a precio cero.

Es decir, el sistema monetario y financiero actual no puede funcionar en las condiciones exigidas por el nuevo escenario de abundancia. De hecho, el diseño de ese sistema, desde el abandono del orden monetario insituido en Bretton Woods en 1971, es justamente el motor del movimiento contrario, la financiarización, y también es la razón principal de que tengamos un sistema económico que solo puede funcionar con crecimiento económico.

Una breve descripción del funcionamiento del sistema monetario es necesaria para explicar este hecho con mayor claridad. La mayor parte del dinero en circulación es dinero bancario, creado por los bancos como anotaciones en cuenta. La forma en que se crea este dinero es variada, pero esencialmente hay dos mecanismos: cuando la banca emite pagos hacia el público no bancario y cuando otorga préstamos al público no bancarioxix. 

La mayor parte de estas operaciones exigen la perspectiva de un beneficio futuro para poder llevarse a cabo. Tanto cuando un banco adquiere activos (bonos, obligaciones, acciones, inmuebles), como cuando otorga préstamos, debe haber un beneficio esperado que permita la retribución del capital financiero. Si no se da esa expectativa de beneficio futuro, los activos no se compran y los créditos no se otorgan, y por tanto no se crea dinero.

 Esto no sería un problema, si el dinero en circulación se pudiera mantener constante, pero esto no es posible, ya que esta forma de generación monetaria, el dinero bancario, exige la generación monetaria nueva de forma constante. La razón es que, si emitir créditos incrementa el dinero en circulación, devolverlos lo reduce, y mientras que lo que se crea es el principal, lo que se destruye es el principal más los intereses. 

Por ello, las operaciones de crédito bancario son una trampa de deuda: cuanto más dinero se crea más dinero falta, lo que exige siempre creación monetaria adicional, que solo se produce si hay un beneficio esperado. Así podemos ver que, el crecimiento económico es un requisito imprescindible para que el sistema monetario y financiero actual funcione. 

En un contexto de desmercantilización como el descrito, el resultado solo puede ser la parálisis del sistema financiero, algo que ya es un hecho constatado, primero en Japón y después en occidente, tras sendas crisis bancarias causadas ambas por burbujas especulativas del sector inmobiliario.

En otras palabras: el sistema monetario y financiero actual es incompatible con un escenario de abundancia, ya que por definición, solo funciona en un escenario de escasez. La escasez es condición imprescindible para que haya beneficio, que es condición indispensable para que haya crédito y creación monetaria. 

Nos vamos a enfrentar a una coyuntura en la que la abundancia material estará disponible con moneda convencional pero esa moneda cada vez será más escasa para dedicarla a determinados objetivos. Por ejemplo, si deseáramos financiar la transición energética hacia energías renovables, reducir la demanda energética, reducir el movimiento de materiales sustituyendo el consumo global por el consumo local, eliminar la obsolescencia programada, o crear procomún, el sistema monetario y financiero actual no será el más indicado para financiar esta transición. 

Y sin embargo, financiará copiosamente cualquier proyecto que vaya en el sentido opuesto: inventar ingenios que favorezcan la obsolescencia programada, generar burbujas especulativas o monopolios, implantar barreras a los mercados, o apoyar opciones políticas que legislen en este sentido. 

El dinero convencional, generado en su mayor parte como dinero bancario, tiene que servir su propósito: retribuir el capital financiero. Esta es su razón de ser y no puede funcionar de ninguna otra forma sin experimentar una transformación.

Nuestro sistema económico es dependiente del crecimiento. Esta dependencia ha hecho que los políticos dirigentes del mundo desde el comienzo de este milenio hayan dejado que se formen burbujas especulativas de todo tipo para que nuestros sistemas económicos puedan aparentar un crecimiento económico que finalmente ha resultado ser un espejismo. Para sostener estos espejismos hemos dilapidado recursos en exceso: talento humano, energía y materiales, recursos que deberíamos aprovechar mejor en el futuro.

¿Hacia qué modelo económico nos dirigimos?

Esencialmente las opciones a nivel político se reducen a dos: tratar de frenar la tendencia a la desmercantilización o adaptarnos a ella para conseguir para nuestras sociedades una vida digna, próspera y en armonía con el medio. 

La izquierda protegiendo puestos de trabajo e ingresos del Estado, y la derecha protegiendo el poder de la escasez que tantos beneficios le ha supuesto, han llegado al acuerdo tácito de seguir impulsando un modelo económico de crecimiento económico. 

Para seguir como hasta ahora tendrán que favorecer la escasez sobre la abundancia, ignorar que el crecimiento económico no viene de un impulso natural del ser humano sino de una condición básica de funcionamiento del sistema monetario y financiero, y hacer caso omiso a las voces que alertan sobre los límites medioambientales del planeta. 

Esto no será difícil pues la financiarización, que tiende a mercantilizar cada aspecto de nuestra vida, sigue siendo la tendencia predominante en la actualidad. Se trata del “business as usual” del que podemos dar un ejemplo para ilustrar: 

En contra modelo de autoprestación en la movilidad mediante coches sin conductor al que nos referíamos antes de forma teórica, ya existe de hecho un acuerdo entre el fabricante de vehículos Volvo y la plataforma Uber para que el primero provea de vehículos que disponen de esta tecnología al segundo y empezar en septiembre a hacer una prueba piloto en Pittsburgh, en el estado de Pensilvania en los EEUUxx. 

El que la movilidad quede en un futuro en manos de un oligopolio de grandes fabricantes articulados a través de una plataforma como Uber no parece un horizonte inverosímil. Y con este escenario vendría la consolidación de un futuro distópico de beneficios sin producción (que Costas Lapavitsas ya ha retratado en un libro con ese mismo nombrexxi) para las empresas y reducción del empleo (y las rentas del trabajo) para los trabajadores. 

Es muy posible que, desde un punto de vista de política pública, la posibilidad de fomentar que los prosumidores generen sus propias estructuras de autoprestación sea la única alternativa a dejar que se formen este tipo de estructuras oligopolísticas.

Sin infravalorar en absoluto el enorme reto de adaptar nuestra sociedad a un modelo económico basado en la abundancia, ese es el germen de la oportunidad que se abre en el horizonte. Apuntar en esa dirección precisamente es el propósito de las ideas que se esbozan a continuación, que exploran la forma en que estas circunstancias y retos que he descrito hasta ahora podrían resultar en una mejora sustancial para nuestras sociedades y nuestra vida. Lo que finalmente ocurra dependerá en una gran medida de lo que haga la sociedad en el presente y en el futuro inmediato.

Estrategias políticas y sociales de cambio

Sin pretender que estas sean las únicas líneas de acción relevantes, aquí definimos tres objetivos prioritarios: por un lado, garantizar el sustento de las personas, en segundo lugar, sufragar los bienes públicos (dentro de los cuales está tanto el procomún como los bienes y servicios que provee el Estado), y preservar el medioambiente para evitar una hecatombe climática de consecuencias imprevisibles. 

Analizaré posibilidades dentro de estos ejes de actuación. La mayoría exigen nuevos mecanismos monetarios y financieros. Un nuevo sistema que puede venir desde arriba, con un cambio de diseño en el sistema actual (por ejemplo, desde los Bancos Centrales), o también puede venir desde abajo, a través de la creación de monedas complementarias.

El reparto del trabajo

En 2011 anunciabaxxii que una de las claves de esta nueva era consistiría en encontrar la manera en que los incrementos de productividad (unidades de producto generadas por hora de trabajo) que genera la innovación se transformen en ocio equitativamente distribuido, en lugar de desempleo. Mi visión de este asunto no ha cambiado.

 En aquel momento me decantaba por una estrategia de reparto del trabajo con la reducción de la jornada laboral para conseguirlo. También proponía que dicha reducción fuese acompañada de un mantenimiento de los ingresos del trabajador, aumentando el salario por hora trabajada, aunque en este momento considero más factible en el corto plazo que el salario disminuya proporcionalmente a la reducción de jornada y los ingresos del trabajador se complementasen con una renta básica para compensar la disminución de rentas laborales, tal como se enuncia en la propuesta de un estado estacionario social y sostenible (MESSE)xxiii.

Renta básica universal

La renta básica universal o la renta básica garantizada, son distintos tipos de soluciones que van todas en la línea de ofrecer a los ciudadanos acceso a un ingreso mínimo de subsistencia o un complemento para alcanzarlo. 

A corto y medio plazo es probablemente la mejor opción y ya hay distintas ciudades y países que están haciendo pruebas piloto para evaluar su viabilidad. Sin embargo hay que tener presente que una renta básica en moneda convencional depende para su sostenibilidad en el tiempo de los ingresos fiscales de los gobiernos, y tal como hemos apuntado antes, la desmercantilización previsiblemente reducirá la renta y con ella, tal como están configurada la fiscalidad en el momento presente, los ingresos fiscales de los gobiernos. Es muy probable que a largo plazo sea necesario otro tipo de solución complementaria o sustitutiva de la renta básica en moneda convencional.

Por ejemplo, en Gran Canaria hay una moneda social, el demosxxiv que puede servir de inspiración. El demos es una moneda que se pone en circulación con el pago de una renta básica y no depende de ingresos fiscales convencionales. 

La renta básica en moneda social es un tipo de solución que se está testando en este y otros proyectos piloto cuyas posibilidades están aún por desplegarse en su verdadero potencial. En la misma línea, los autores suizos del libro “The End of Banking”xxv han explorado la posibilidad teórica de modelo monetario en el que la creación monetaria se produce con transferencias de renta del Estado a los ciudadanos (esto abriría la vía para el pago de una renta básica) y con un tipo de interés negativo (oxidación) se impulsa a la gente a invertirlo en empresas o gastarlo.

Otra posibilidad consiste en cambiar de forma radical la fiscalidad. Partiendo de la base de que la mayoría de los bienes que provee el Estado son servicios que llevan a cabo los propios ciudadanos, y lo que va a ser abundante en el nuevo escenario serán el tiempo de trabajo disponible de dichos ciudadanos, una posibilidad de sufragar la producción pública del Estado sería algo similar a que los ciudadanos entregasen sus contribuciones en vales que representen un determinada cantidad de dinero en horas de su propio trabajo. Se trataría de una fiscalidad complementaria a la fiscalidad que graba los ingresos de los ciudadanos y las empresas. Los vales serían un nuevo sistema monetario respaldado con horas de trabajo de las personas. Más adelante lo detallo en mayor profundidad.

Aprovechar la abundancia de compartir

Hemos ya mencionado el argumento de que algunas plataformas de la economía colaborativa se apropien de un valor que en realidad les corresponde a los prosumidores de las mismas, lo que ha dado origen al estudio de diversas estrategias para que los beneficiados de esta transición sean los usuarios o prosumidoresxxvi. 

 Trevor Scholz apunta en esta misma dirección y defiende el modelo de cooperativa para gestionar este tipo de plataformas en su reciente libro Cooperativismo de plataformaxxvii. Generar un valor social en forma de moneda complementaria puede ser otra estrategia que puede facilitar el que el prosumidor pueda crear derechos de acceso a los bienes. 

Por ejemplo, la plataforma de intercambio de casa MyTwinPlace.com, utiliza un sistema de puntos para que los usuarios intercambien casas y puedan así viajar a otros lugares por el mero hecho de permitir que alguien use sus casas vacías. Los puntos que el usuario A obtiene al alojar al usuario B le sirven a A para viajar y obtener alojamiento en casa de C. 

El reto mencionado de disponer de las infraestructuras de acceso está presente economía colaborativa: para poder compartir casa, coche o herramientas, hay que tener alguna de estas propiedades en primer lugar. En las sociedades occidentales en las que hay una clase media acomodada que dispone de ciertas propiedades este modelo funciona de forma espontánea. En el largo plazo y en otros contextos, el acceso a dichas infraestructuras será un tema prioritario a resolver.

Colectivos como Ouishare están promocionando y asesorando sobre las posibilidades de la economía colaborativa, que se perfila ya como un sistema para que los ciudadanos generen nuevos derechos de acceso a los bienes, y en determinados ayuntamientos, como el de Barcelona, se está fomentando el desarrollo de la economía colaborativa procomún y el co-diseño de políticas públicas a través del desarrollo de este tipo de plataformas.

Estrategias para una nueva fiscalidad

Si pudiéramos convertir el tiempo disponible de cada persona desempleada (el tiempo laboral: por ejemplo 8 horas diarias) en dinero, seríamos un país rico. Como apuntábamos antes, una posibilidad para incrementar los ingresos del Estado consiste en que los ciudadanos creen una moneda respaldada con su trabajo y con ella financiasen al Estado. 

Este sistema permitiría a los ciudadanos pagar en tiempo de trabajo los impuestos al Estado a cambio de que el Estado utilice justo este dinero para proveer los servicios públicos. Sería como hacer entrar al Estado en el esquema de una industria de prosumidores. Con ello se podrían sufragar todos los servicios que se han recortado recientemente en prestaciones sociales tales como educación o sanidad.

Este mecanismo podría funcionar así: primero se generarían los presupuestos generales del Estado, y luego se definiría qué proporción de ellos se financiará mediante este mecanismo. Esa cantidad se dividiría en partes iguales entre todos los ciudadanos y así tendríamos la aportación tributaria per cápita en la moneda ciudadana.

 Los ciudadanos crearán la cantidad de moneda necesaria para pagar estos impuestos al Estado con un mecanismo a implantar de moneda complementaria. Al pagar, el ciudadano se endeuda con el sistema por la misma cantidad que ha pagado, es decir, tendrá una deuda sin intereses con los demás conciudadanos y el Estado en su nombre, una deuda tributaria. 

El Estado usa el dinero que han pagado los ciudadanos para pagar sobre todo servicios, servicios que los ciudadanos van a proveer con su trabajo. El ciudadano, debe cancelar su deuda en un periodo determinado. Si el pago de impuestos es anual, el periodo de cancelación de la deuda también lo sería, así como el periodo a realizar esos trabajos.

 Esta obligación de cancelar la deuda exigirá al ciudadano llevar a cabo algún trabajo necesario para ingresar la cantidad necesaria en moneda ciudadana como para cancelar su deuda tributaria. Una vez recibe la cantidad suficiente para pagar su deuda tributaria, ya no necesitará trabajar más para cancelar la deuda. Este modelo podría suponer el reparto del empleo del Estado, o no. 

La posibilidad de mantener el esquema actual de trabajo funcionarial es factible y en el corto plazo sería lo más fácil, los funcionarios obtendrían una parte de sus ingresos en este tipo de moneda, y quizá otros ciudadanos no recibirían ningún pago directo del Estado en ella.

 Los funcionarios necesitarán comprar bienes y servicios en el mercado, y otros ciudadanos necesitarán obtener la moneda para compensar su deuda tributaria, con lo cual, existe capacidad de intercambio entre ellos y la moneda puede circular.

Cabe la posibilidad de generar algún tipo de vínculo entre la producción pública financiada por el Estado y la producción pública a iniciativa de las comunidades auto-gestionadas. Se trataría de destinar una parte de los presupuestos para que los ciudadanos elijan libremente qué trabajos desean hacer para el bien público y que su retribución venga marcada por el aprecio de sus conciudadanos muestren ante estas aportaciones. 

Se trataría de descentralizar la toma de decisiones respecto a qué hacer para incrementar el bien común. Un sistema que empieza a perfilar este tipo de retribución en moneda social es Civi Club que paga puntos a las personas que realizan aportaciones a ciertas ONG; estos puntos se pueden utilizar en descuentos de productos de las empresas colaboradoras que obtienen así un reconocimiento de responsabilidad social corporativa. 

Otro proyecto, Autentika, retribuye de una forma parecida acciones enfocadas al bien común publicadas por la gente en Facebook en función de los “me gusta” que recibe de otras personas.

Los municipios

Los municipios pueden tener un papel esencial al poder ofrecer a los ciudadanos bienes desmercantilizables. Dentro de la política de fomento de la economía colaborativa procomún que hemos mencionado, un ejemplo es el recién anunciado operador energético de Barcelonaxxviii. Se trata de generar formas de acceso democrático a las infraestructuras generadoras de energía renovable como bienes de producción, a sus rendimientos y a su consumo. 

El consumo y los rendimientos pueden compensarse mutuamente abaratando un servicio cuyo precio en España se ha incrementado un 70% en los últimos 5 años. De esta forma, los ciudadanos se convierten en prosumidores de energía y el sistema de producción es la autoprestación.

De igual forma, los servicios de pago en moneda convencional también se podrían ofrecer a través de los ayuntamientos, ya que estos tienen capacidad legal de convertirse en proveedores de sistemas de pagos. 

De esta forma, los ayuntamientos pueden ofrecer, por ejemplo, una cuenta corriente en euros a personas excluidas del sistema financiero convencional así como a otros ciudadanos y proporcionar un servicio de pagos a la ciudadanía que permita acaparar los márgenes de estas operaciones financieras para revertirlos al bien común. 

En esta línea, Hervé Falciani formuló su propuesta para crear un sistema de pagos ciudadano, con el que además se pueden gestionar monedas sociales y complementarias creadas desde el propio ayuntamiento.

Financiación de infraestructuras de acceso

El proyecto Dinero Verdexxix, nacido en el seno de los verdes europeos, propone el uso de dinero convencional en la transición energética a través del Banco Europeo de Inversiones a modo de rescate de las personas, como alternativa al rescate bancario, cuyo objetivo de restaurar el crédito está resultando fallido.

 Incluso el propio programa de compra de activos (APP) del Banco Central Europeo, mediante el cual se están empezando a comprar activos empresariales, podría ser un marco adecuado para modificar los programas de flexibilización cuantitativa (QE) de forma que que se incluyan activos de pymes.  

Este puede ser un camino adecuado, siempre que las contrapartidas de la creación monetaria sean acciones, obligaciones sin intereses, o ayudas, pero no si se distribuyen con la exigencia de una retribución del capital financiero, pues no estaríamos haciendo más que alimentar el mecanismo de creación de deuda que ya tenemos.

Otra posibilidad para derivar el dinero convencional hacia la inversión en infraestructuras de acceso (entre ellas, las enfocadas a la transición energética) será sustituir el dinero convencional por moneda social aceptada en la comunidad como pago (o como parte del pago) de bienes producidos localmente, e invertir el dinero convencional así obtenido en sufragar dichas infraestructuras.

 Los municipios están en una posición excelente para liderar este tipo de acciones, pues ofrecen una cierta garantía a los ciudadanos y pueden así ofrecerles acceso a las rentas de las inversiones. Existe ya una propuesta teórica para financiar la transición energética con moneda complementaria de Shann Turnbullxxx. 

Por ejemplo, para financiar la inversión en generadores de energía renovable por parte de la población y acceder a la co-propiedad de los generadores, he planteado un mecanismo de moneda social descrito en este documento que lleva por título “Financiación del operador energético de Barcelona en moneda social”xxxi.

Las comunidades y la financiación del procomún

Las comunidades constituyen lugares vibrantes en los que se están produciendo cada vez más bienes comunes. Normalmente se financian con Crowdfunding y se articulan con frecuencia a través de fundaciones y asociaciones. 

La búsqueda de financiación de los comunes han llevado a un grupo de personas a reunirse para encontrar estrategias para para generar dinero y capital para los comunes. David Bollier y Pat Conaty ha resumido en un documento estas posibilidadesxxxii, algunas de ellas siguen estando dentro del sistema monetario y financiero convencional, pero también apuntan ya a la necesidad ineludible de crear sistemas monetarios complementarios para llevar a cabo este tipo de transformaciones.

Para la financiación del procomún desde el ámbito comunitario existe un modelo que probablemente tenga muchas posibilidades de prosperar. Esencialmente, se trata de destinar los beneficios producidos por una empresa en la economía de mercado a la producción de bienes públicos. Sería como unir economía de mercado con producción pública. 

Un ejemplo es Guerrilla Translation, una cooperativa que trabaja en el ámbito de la P2P Foundation. Se trata de una cooperativa de traductores cuyos beneficios se utilizan para traducir textos de interés público y poca salida comercial. 

Es decir, los beneficios de la cooperativa obtenidos con encargos de traducción convencionales pagan las horas de trabajo de los propios trabajadores dedicadas a traducir textos que aportan algo al bien común. El resultado es una cooperativa sin ánimo de lucro.

La clave de este modelo es incorporar fuentes de ingresos de la economía de mercado a un modelo de distribución democrática de los beneficios, invirtiéndolos en la financiación del procomún.

Este modelo puede extenderse a ciertos ámbitos gubernamentales, como son los ayuntamientos. Los gobiernos locales tienen la posibilidad de generar fuentes de ingresos (el operador energético mencionado puede ser un ejemplo) que puedan luego revertirse en el abaratamiento de ciertos servicios. Pero en este caso, los beneficios de la producción para el mercado también pueden utilizarse en el pago de algún formato de renta básica o para sufragar otros gastos públicos.

El procomún y la transformación de las infraestructuras productivas

En el ámbito de la producción las estructuras tienen que adaptarse al nuevo paradigma. Una cuestión básica será la transformación de los procesos de toma de decisiones y la gobernanza. En un artículo de la P2P Foundation titulado Plan para una sociedad P2Pxxxiii se analizan importantes cuestiones en este respecto.

 Una de ellas es cómo definir qué se produce. El márquetin deja de ser algo que se pone en marcha cuando hay que vender el producto para ser algo que se pone en marcha cuando hay que crearloxxxiv. Si antes había que crear primero un producto y después se vendía utilizando herramientas de marketing, el bien desmercantilizado habrá que venderlo primero, como método para calibrar el interés de la gente en su producción, para poder financiarlo y crearlo después. 

En mi libro apuntaba a esta opción definiendo el premercado como el ámbito donde se define qué producir xxxv, y recientemente el artículo Crowdfunding: más crowd que fundingxxxvi defendía la misma idea.

Proteger el beneficio cuando llega a cero

Las empresas pequeñas y medianas son las que peores ratios de productividad tienenxxxvii pero también son las que más cumplen con los requisitos que la legislación local les obliga a cumplir, pues su capacidad de deslocalización es mucho menor o incluso nula. 

Las pymes no solo son la fuente de más del 90% del empleo, además están ligadas al territorio, tienden a operar en competencia perfecta y su capacidad de hacer lobby es muy baja. Esto hace que, si hay alguna posibilidad de transformar el sistema productivo en aquel que es óptimo para los objetivos ambientales y sociales de la mayoría de la población, esta posibilidad pasa indudablemente por las pymes, por mejorar su productividad y su competitividad. 

La tendencia a la caída del beneficio que venimos señalando se combina con otros factores que amenazan a las pymes que operan en economía de mercado. Si la razón fuese la excelencia empresarial de las empresas que sobreviven estaríamos dentro de los límites tolerados de “destrucción creativa”, pero en muchos casos estos fracasos empresariales se están produciendo por el dumping social, fiscal o ambiental de empresas que producen en instalaciones deslocalizadas, o por causas financieras, como la retirada súbita del crédito que dejó a miles de empresas españolas solventes en la ruina por falta de liquidez entre 2008 y 2012 a causa de la cancelación de pólizas de crédito por parte del sistema bancario, azotado por la crisis generada por ellos mismos. 

La financiación convencional cada vez alimenta menos a la economía productiva. Hace poco se calculaba que solo el 1,4% de la financiación ofrecida por el sistema bancario británico va a parar a las empresas productivasxxxviii.

En este escenario, una estrategia para mantener este tipo de empresas, de producción y de empleo, puede articularse mediante la creación de sistemas de moneda complementaria. Este tipo de sistemas permiten la generación de una liquidez estable, libre de intereses y a muy bajo coste.

 Los mecanismos de publicidad del sistema, como revistas o páginas web donde figuran todos los integrantes, proporcionan a las empresas nuevos clientes entre los demás participantes en el sistema. En una estructura económica diversificada, este tipo de sistemas constituyen un factor de competitividad esencial para muchas empresas pequeñas y medianas, pues blinda su acceso a la liquidez y las desvincula de los avatares del mercado financiero global.

 Los sistemas de monedas sociales y complementarias actúan de forma contracíclica, aumentan el multiplicador económico en su ámbito de actuación y aportan estabilidad macroeconómica, tal como se ha probado en el caso del WIR suizo, una moneda complementaria suiza creada por un grupo de empresarios para su propio uso en la gran depresión y que ha sido estudiado en sus 80 años de existenciaxxxix: en las épocas buenas no crecen mucho, pero en las contracciones económicas que son típicas en las crisis financieras, suponen una tabla de salvación para numerosas empresas y sus participantes aumentan en número y grado de actividad.

Los sistemas de moneda complementaria pueden tener un importante papel adicional y es el de convertir a los consumidores y empleados de las mismas en prosumidores. Susan George dijo en El informe Luganoxl que no tiene sentido seguir separando los mercados de producción (buscando lugares cada vez más baratos) y los mercados de consumo (buscando lugares con consumidores de alto poder adquisitivo) pues se trata de una aritmética imposible.

 En el fondo, los empleados y los consumidores son las mismas personas. Las monedas complementarias pueden suponer una herramienta de proteger el empleo de calidad. pues aceptando una parte del salario en moneda social el empleado garantiza la demanda de producto a su empresa y a todas las que como ella cumplan la regulación local (que el ciudadano como sujeto político ha participado en elegir) que garantiza los derechos del empleado y otros objetivos sociales y medioambientales. 

En la medida en que el empleado voluntariamente acepte moneda social generada por empresas locales, que cumplen la normativa local, en pago por su trabajo, se compromete a gastar esa renta en adquirir el producto de esas empresas, garantizando las ventas de las mismas y protegiendo así la supervivencia de su empleador y de su proveedor. 

Es más, la demanda de cada consumidor se convierte de este modo en un arma de negociación que le permite optar a un puesto como participante en el proceso productivo, y al reparto de ingresos del proceso productivo.

Reducir la demanda energética

La transición energética hacia fuentes de energía renovable no es más que el principio del camino para llegar a un horizonte de sostenibilidad medioambiental. Es también esencial la reducción de la demanda energética. 

Que el crecimiento económico incrementa la demanda energética es un hecho probado, y también hemos mostrado aquí y en otros trabajos cómo el imperativo de crecimiento económico surge del sistema monetario y financiero a causa de la creación monetaria como crédito con intereses. 

Prescindir de este modo de creación monetaria sería indispensable para reducir el imperativo de crecer y la demanda energética. Los sistemas de moneda complementaria aportan dos factores adicionales en este sentido.

En primer lugar, este tipo de sistema genera una renta que no puede ir a ningún paraíso fiscal. Solo puede gastarse de forma local propiciando una sustitución del producto global por el producto local, en la medida en que haya producto local adecuado disponible, reduciendo así la distancia kilométrica de la cadena de suministro (entre el punto de producción y el de consumo) y la huella ecológica.

En segundo lugar, este tipo de sistemas suelen generar el dinero mediante crédito sin intereses, algo que también reduce el imperativo de crecimiento económico. Para crear este tipo de sistemas hay que afrontar el reto de gestionar el riesgo de crédito sin pago de intereses. 

Esto ha sido trabajado en el proyecto Eurocat, que propone la creación de una moneda complementaria para Cataluña, con una propuesta denominada Capital confianzaxli, en el que el crédito se basa en determinados criterios sociales, como los avales de otras empresas, que se traducen en un control social y descentralizado del crédito.

Un sistema monetario y financiero compatible con la era de la abundancia

El debate monetario, que ha sido muy vivo durante un tiempo en los países de la zona euro, se ha despachado con la cuestión sobre si salir o no del euro, enfrentando a aquellos que prefieren tener una moneda fuerte sin soberanía con aquellos que quieren una moneda soberana pero débil y sometida al castigo de la especulación del mercado de divisas.

 Este es un debate superficial, pues la servidumbre consiste en tener que elegir entre un mal o el otro. La oportunidad es superar este debate con una transformación real del sistema monetario y financiero. 

Y esta transformación inevitablemente pasa por la obtención del reconocimiento del derecho ciudadano a participar en la toma de decisiones sobre el diseño y gestión del sistema monetarioxlii y respetar el derecho de todo ciudadano a crear dineroxliii, y por lo tanto, no poner trabas al proceso de desmercantilización el dinero y el crédito que ya se está produciendo.

En todas estas propuestas hay numerosas instrumentos monetarios y financieros. Es pronto para saber qué forma tendrá el sistema financiero del futuro. Todas las formas de creación monetaria descrita pueden trabajar de forma aislada o en combinación unas con otras. Por ejemplo, la moneda ciudadana para financiar el Estado puede también financiar a las empresas, o quizá las empresas pueden generar su propia moneda respaldada con su producción. 

La moneda generada en una plataforma de economía colaborativa al compartir casa podría servir también en una plataforma de compartir coche, o restringirse al uso dentro de la plataforma en la que fue creada. Esta nueva generación de sistemas monetarios podría ser una industria nueva, que sustituiría al oligopolio bancario por una infraestructura generada por parte de los prosumidores que necesitan utilizarla. 

Se trataría de generar la infraestructura necesaria para producir dos bienes, el dinero y el crédito. En el momento actual hemos sido ya testigos de un paso en esa dirección. El Bitcoin tiene muchas posibilidades de ser a la industria bancaria lo que Napster fue a la industria discográfica. No solo está acaparando un buen número de operaciones de envío de divisas a otros países, incluso apunta ya a constituirse en el nuevo activo refugio en caso de crisis, tal como se ha visto en el caso del Brexitxliv. 

La consecuente reducción de los ingresos de la industria bancaria les ha obligado a movilizarse en el mayor consorcio de entidades bancarias que se ha creado en mucho tiempo a la búsqueda de soluciones. Este consorcio se llama R3 y su razón de ser era crear Cordaxlv, una especie de bitcoin centralizado, que no va a servir para proteger su oligopolio. 

No es que el sistema bancario no pueda mejorar su eficiencia aplicando la cadena de bloque, que sí puede. La cuestión es que la cadena de bloque elimina la necesidad de tener un sistema bancario, lo cual nos lleva a un escenario en el que el monopolio se desactiva.

El procomún del dinero y del crédito

Una parte importante de la infraestructura necesaria para producir este bien es la confianza. El dinero es una institución social basada en la confianza. Los usuarios de la moneda dan su tiempo y sus bienes a cambio de la moneda de su país, lo que constituye la esencia del poder del dinero. 

Esa confianza históricamente ha sido tejida entorno a figuras autoritarias como reyes o Estados, pero en la actualidad es el sector bancario quien la detenta, aunque la desinformación al respecto es tal, que la creencia de que el dinero lo crea el Estado sigue muy extendidaxlvi. 

La innovación que ha aportado Bitcoin en este sentido es una evolución de la confianza en el dinero, que en este caso se basa en la tecnología que garantiza la escasez del Bitcoin y la inviolabilidad de su código. 

Sin embargo, el acceso a la producción del bitcoin no está al alcance de cualquiera, su producción es descentralizada pero tiene enormes barreras de entrada, no cualquier puede producir bitcoins por el coste que supone en infraestructura y energía, por lo que el bitcoin difícilmente puede ser un medio que permita el acceso a los prosumidores a la creación monetaria y que elimine sus barreras de entrada.

Para poder financiar las operaciones necesarias para que estas nuevas circunstancias puedan ser plenamente aprovechadas por la sociedad en general, será necesario el desarrollo de una nueva generación de sistemas monetarios y financieros que consigan mantener la escasez relativa, sin la cual el dinero no tiene valor y no funciona, pero garantizando el acceso de cualquier persona a su producción, que es lo que bitcoin no puede hacer, aunque la tecnología de cadena de bloque que da base a Bitcoin sí podría seguir siendo relevante para cumplir este propósito. 

En este sentido, será necesario crear otros mecanismos de confianza autogenerados desde la ciudadanía que podríamos denominar el procomún del dinero. Se trataría de mecanismos o protocolos para producir una confianza que sirva para dar respaldo a las monedas sociales y complementarias. 

Además de todo lo que lo que la tecnología de cadena de bloque pueda aportar en este sentido, podrían tener un papel central mecanismos para registrar la reputación de personas y empresas, que les permitan confiar las unas en las otras para respaldar la solvencia de estos nuevos instrumentos monetarios. 

El hecho de que muchos de estos nuevos instrumentos monetarios se crean a base de crédito mutuo, ha llevado a articular la idea del procomún del créditoxlvii concepto introducido por Thomas Greco y desarrollado Matthew Slater y un grupo de personas, entre las que me encuentro, para generar protocolos de convertibilidad entre monedas sociales, así como la propuesta de Capital confianza antes mencionada, en la que un factor para respaldar el crédito son los avales de otros participantes en el sistema.

Un nuevo modelo para la era de la abundancia

En definitiva, estas son las 7 cuestiones que centrales en una nueva era de la abundancia:
  1. Renta básica. En un primer momento, se debería garantizar un ingreso mínimo a todas las personas, como medida de choque en la situación actual de alto desempleo sin esperanza alguna de ser eliminado. Con posterioridad, una vez se haya testado la medida, será necesario encontrar soluciones complementarias a la renta básica en moneda convencional para hacer frente a la reducción de la renta, o sustituirla por otra medida más adecuada.
  1. Reducción del tiempo de trabajo. Si el empleo se reduce, será necesario repartirlo como sistema de garantizar unos ingresos en moneda convencional a todo el mundo, que les permitan financiar infraestructuras de acceso y otras necesidades. El desempleo no puede desaparecer. Solo puede convertirse en horas de ocio equitativamente distribuidas.
  1. Nueva fiscalidad: El Estado deberá empezar a financiar sus ingresos con base en otros criterios diferentes a la generación de rentas.
  1. Nuevas gratuidades y ahorros. Si la era de la abundancia está marcada por la desmercantilización del bien producido, probablemente la principal forma de aprovecharla será dentro de esa misma lógica, es decir, ofrecer fuera del mercado el acceso al bien generado fuera del mercado, ya sea de forma gratuita, a un precio bajo, en moneda convencional o complementaria, o condicionando el acceso al bien a haber contribuido en su creación o mantenimiento de alguna manera, como en el modelo de autoprestación.
  1. Reducir la dependencia del ingreso de las personas. Mientras haya productos, especialmente todo lo que se puede producir en formato de autoprestación, se debería garantizar el derecho democrático a contribuir a su producción en las condiciones adecuadas, para generar derechos de acceso al producto, y comenzar así un proceso de reducción de la dependencia de los ingresos en forma de renta por parte de la población, no solo del Estado. Esto podría incluir el acceso o financiación de infraestructuras técnicas, tecnológicas o incluso también tierra para cultivar.
  1. Sistema financiero y monetario: Será imprescindible sustituir el sistema financiero actual que se moviliza solo ante la escasez. Se puede modificar la forma en que el sistema monetario y financiero actual crea el dinero, lo que constituye un objetivo político, pero también es posible generar nuevos sistemas monetarios palalelos o complementarios y hacer que estos vayan gestionando cada vez más una mayor proporción de la economía, en concreto, los sectores desmercantilizables. Esto hará presión para la transformación del sistema convencional gestionado por los bancos centrales. Además, permitirá generar estrategias en las que la moneda convencional se ponga al servicio de financiar infraestructuras de acceso, sustituyéndola allí donde se pueda por monedas complementarias para poder hacerlo. Los sistemas de moneda sociales y complementarias pueden financiar algunas actividades importantes en la transición a un modelo económico de abundancia, como:
    1. Financiación ciudadana del Estado: Esta moneda nace cada año en el pago de impuestos (Ciudadano→Estado) y muere en el pago de servicios públicos (Estado→ Ciudadano). Se trata de una moneda emitida por el ciudadano para pagar al Estado contribuciones con las que el Estado financia servicios públicos que llevan a cabo los ciudadanos. Los ingresos del Estado se desvinculan de la obtención de renta, tanto del ciudadano como del Estado.
    2. Moneda emitida desde el Estado mediante el pago al ciudadano (por ejemplo de la renta básica). Se destruye con oxidación, pago de impuestos y servicios públicos (vendibles). El pago desde el Estado es un esquema bastante tradicional de emisión monetaria, la única novedad en este caso sería hacer lo pagando una renta básica ciudadana.
    3. Financiación empresarial: la moneda se pone en circulación cuando el empresario paga insumos productivos (empresa→ empresa o empresa→ ciudadano) y se destruyen con el cobro del producto en moneda complementaria (ciudadano→ empresa o empresa→ empresa). El mecanismo se origina con el fin de obtener financiación para la actividad productiva. Estas monedas proporcionan financiación estable y sin vaivenes originados en “los mercados financieros”. No se van a paraísos fiscales. Su coste es muy reducido (mucho menor que el interés bancario) y generan una renta local que se puede gastar solo localmente, provocando la sustitución de producto global por producto local cuando existan sustitutivos adecuados, y reduciendo la demanda energética.
    4. Inversión en infraestructuras: La moneda se crea cuando el ciudadano cambia moneda convencional a moneda complementaria. Se redimen cuando el ciudadano paga un servicio (producido por esa infraestructura) en moneda complementaria. La moneda convencional se sustituye por moneda complementaria para el consumo, y con esa moneda convencional se pagan infraestructuras de acceso. El ciudadano a cambio puede obtener una parte de la propiedad de la infraestructura así financiada. Este mecanismo se podría aplicar a la financiación de fuentes de energía renovable, asi como a la construcción de infraestructuras de otro tipo: vehículos solares o eléctricos, redes de telecomunicaciones (como güifi.net), viviendas sostenibles, etc.
7.  Nuevos indicadores: Necesitamos indicadores que reflejen el verdadero bienestar de las personas y las sociedades y abandonar el PIB o la renta per cápita como medida de progreso. Una propuestaxlviii consiste en crear una lista de bienes a fomentar, y una lista de males a reducir. Ambas serían definidas mediante encuestas por los propios ciudadanos. El indicador de progreso recogería la reducción de los males y el incremento de los bienes, cuya evolución sería medible. Existen otras propuestas que podrían ser igualmente válidas, como el índice de desarrollo socioeconómico.

Conclusiones

Durante años hemos estado viviendo el incremento constante del tamaño del mercado a causa de la financiarización del sistema económico. El mercado ha invadido de forma paulatina cada parcela de nuestra vida.

 La revolución digital nos trae el movimiento contrario: la desmercantilización. La desmercantilización toma dos formas: productos que se vuelven bienes libres con muy pocas posibilidades de ser vendidos, y la auto-prestación: soluciones articuladas por parte de prosumidores organizados que anulan monopolios de productos y reducen márgenes empresariales de las industrias que venían produciéndolos.

La desmercantilización marca una tendencia natural hacia el estancamiento económico, si se quiere expresar dentro de los parámetros económicos actuales. Si se quiere analizar con un poco más de rigor y perspectiva, lo que realmente nos anuncia es el fin del modelo económico centrado en los bienes escasos, los productos, y el comienzo de un nuevo modelo económico. Esta economía de la abundancia nos impone sus condiciones que deberemos entender para aprovechar su potencial.

Uno de los factores diferenciales de esta nueva economía es que el pacto keynesiano que dio base a la socialdemocracia se rompe y el desempleo tecnológico se convierte en desempleo definitivo que no puede ser resuelto solo con prestaciones sociales convencionales. Esto nos lleva a la necesidad de repartir el empleo con reducciones de jornada laboral, de forma que el desempleo se transforme en ocio democráticamente distribuido.

Por otro lado, la desmercantilización lleva a que el mercado y la renta tiendan a reducirse y, como consecuencia, los ingresos fiscales del Estado que graban la renta también lo harán. Esto exige medidas explícitas encaminadas a reducir la dependencia de la renta (o del ingreso) tanto de las personas como de los gobiernos.

Para ello, serán necesarios nuevos mecanismos monetarios y financieros, ya que el sistema monetario y financiero convencional solo se moviliza ante la expectativa de beneficios.

 Una tasa de retorno del capital muy superior a la tasa de crecimiento nos llevará a incrementar las desigualdades sociales, por lo que, en un escenario de decrecimiento, será esencial activar formas de creación monetaria desligadas del crédito con interés y de la expectativa de beneficios. Estas nuevas soluciones serán especialmente necesarias en materia de financiación pública.

 Pues, aunque se espere una reducción de los recursos del Estado, también se espera una importancia relativa creciente de la producción pública. Esto se debe a que un producto desmercantilizado, que no se puede vender, solo puede producirse con criterios de bien público. 

Esto no quiere decir que la esfera de producción estatal sea la única posible para los bienes públicos. También es factible la organización de la producción desde esferas comunitarias o privadas, pero el Estado no dejará de tener un papel importante.

Como suele ocurrir, esta crisis del modelo actual trae consigo el germen de las soluciones. Se desencadena por el hecho de que el ser humano se convierte en el medio de producción que más valor produce, y de ese hecho precisamente surgen las soluciones: 

Frente a la dicotomía del consumidor y el empleado como figuras diferenciadas, crece en importancia la figura del prosumidor y de los sistemas de colaboración que le permiten organizarse en una economía compleja como la nuestra, formando esquemas de auto-prestación para acceder a los productos que estima necesarios con el mínimo esfuerzo y libera potencialmente al prosumidor, en el proceso de producción, de las exigencias de los dueños del capital. 

El paso definitivo de este proceso es culminar la desmercantilización del sector que, precisamente, ocupa el lugar central del modelo económico actual: el sector monetario y financiero, para que los prosumidores de dinero y crédito puedan hacerse así con las riendas del capital y del poder. Pues en todo este proceso, la transformación clave va a ser la de las estructuras de poder. 

La abundancia estará disponible solo para aquellos que dispongan de las infraestructuras de acceso a ella, y la capacidad de emitir dinero estará estrechamente ligada con la posibilidad hacerse con estas infraestructuras. De ahí la necesidad de una soberanía financiera ciudadanaxlix que dé entrada al ciudadano para decidir los asuntos relativos al sistema monetario de forma democrática, respetando el derecho fundamental de emitir dinero por parte de cada ciudadano.

 Por un lado, hay una serie de propuestas de modificación en la política de compra de activos por parte del BCE o por parte del BEI, lo que significaría una modificación del sistema monetario y financiero convencional, algo que constituye una clara vía de acción política.

 Por otro lado, los sistemas de moneda sociales y complementarias pueden financiar algunas actividades importantes en la transición a un modelo económico de abundancia, como la financiación de una nueva fiscalidad independiente del nivel de renta, la financiación empresarial de la economía productiva, la financiación de infraestructuras de acceso a la abundancia. Muchos de estos esquemas son compatibles entre sí y pueden complementarse unos a otros.

Un modelo económico de la abundancia podría tener muchas posibilidades de generar sociedades más vibrantes, sanas, equilibradas y justas, pero sobre todo, permitirá la recolocación de la escasez donde realmente está, nuestra capacidad de polucionar y destruir la biodiversidad es lo que cada vez tiene un margen más escaso, si es que no queremos extinguirnos. 

Un sistema monetario y financiero desmercantilizado nos liberará del imperativo de crecimiento económico y nos permitirá gestionar adecuadamente esta escasez.

Autora:  Susana Martín Belmonte

Licencia Creative Commons 3.0.


NOTAS

i Martín Belmonte, Susana (2011) Nada está perdido. Un sistema monetario y financiero alternativo y sano. Editorial Icaria, Barcelona.
ii Escuché la denominación de desmercantilización a Marco Berlinguer en la conferencia de los comunes (procomuns.net) en Barcelona en marzo 2016 refiriéndose al caso de Wikipedia. Hasta entonces yo hablaba de la destrucción del producto o expresaba esta idea con otros circunloquios. Marco Berlinguer, Mayo Fuster y otros investigadores han estado estudiando el valor de los bienes comunes dentro del proyecto europeo P2P value (más información en https://p2pvalue.eu).
iii El cierre de oficinas bancarias conduce a la reducción de la competencia en el sector (20/05/2016) Mundiario Disponible en: http://www.mundiario.com/articulo/economia/cierre-oficinas-bancarias-conduce-disminucion-competencia-sector-financiero/20160520131558060163.html
v RALN: Publicado en la web de güifi.net. Disponible en https://guifi.net/es/ProcomunXOLN#ProcomunXOLN. Consultado en agosto de 2016.
vi Entrevista a Jeremy Rifkin: “En 35 años el capitalismo ya no será el modelo dominante” – 21/09/2014 – Huffingtonpost – disponible en: http://www.huffingtonpost.es/2014/09/21/jeremy-rifkin-entrevista_n_5851246.html
vii Sobre la economía colaborativa procomún puede encontrarse más información en la convocatoria de la conferencia procomuns.net. Celebrada en marzo 2016. “Construyendo economías colaborativas procomunes en Barcelona: http://in3.uoc.edu/opencms_portalin3/opencms/es/activitats/seminaris/agenda/2016/agenda_005
viii Definición del protocolo BitTorrent publicado en: https://es.wikipedia.org/wiki/BitTorrent Consultado en Agosto 2016.
ix El proyecto GNU fue iniciado por Richard Stallman con el objetivo de crear un sistema operativo completamente libre, tal como lo define wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Proyecto_GNU Consultado en Agosto 2016.
x Zaman, Asad (2016) Economic Theory as Ideology. Publicado en WEA- Disponible en: https://weapedagogy.wordpress.com/2016/07/13/economic-theory-as-ideology/#more-1259 Consultado en Agosto 2016.
xi Lista de las 2000 empresas que cotizan en bolsa más grandes del mundo 2016 – Forbes – disponible en: http://www.forbes.com/global2000/list/ consultado en julio 2016.
xii Martín Belmonte 2011, pg. 153.
xiii El falso auge tecnológico puede estar condenándonos al estancamiento económico (08/04/2016) MIT, disponible en: http://icvdecreixement.blogspot.com.es/2016/04/el-falso-auge-tecnologico-puede-estar.html
xiv La consultora IDC en la presentación de sus predicciones de 2013 en Madrid (13/02/2013), reconoció que una de las tendencias de 2012 que no se había cumplido fue el crecimiento del sector tecnológico generado por el internet de las cosas.
xv Roberts, Michael (29/07/2016) Shopping for growth – The Next Recession Blog: https://thenextrecession.wordpress.com/2016/07/29/shopping-for-growth/
xvi Koo, Richard () The other half of macroeconomics. The Real World Economics Blog – Disponible en: https://rwer.wordpress.com/2016/07/21/the-other-half-of-macroeconomics-richard-koo/
xvii Mazzucato, Mariana (2014) El Estado emprendedor – RBA libros.
xviii Piketty, Thomas (2014) El capitalismo en el siglo XXI – Fondo de Cultura económica de España.También TED Talk:
 https://www.ted.com/talks/thomas_piketty_new_thoughts_on_capital_in_the_twenty_first_century?language=es
xix Griera i Roig, Jordi y Martín Belmonte, Susana (07/2016) Funcionamiento del sistema monetario y financiero convencional. Disponible en: http://www.monedasocial.org/funcionamiento-del-sistema-monetario-convencional/
xx Uber se alía con Volvo para su flota de coches sin conductor – (20/08/2016) – diario El País.
xxi Lapavitsas, Costas (2015) Beneficios sin producción – Traficantes de Sueños. Reseña disponible en: https://www.traficantes.net/noticias-editorial/lanzamiento-de-beneficios-sin-produccion-de-costas-lapavitsas
xxii Martín Belmonte 2011 – Pg. 104.
xxiii Propuesta de modelo económico-social sostenible y estacionario (2014) El viejo topo. Reseña: http://tienda.elviejotopo.com/alternativas/1082-hacia-un-nuevo-modelo-economico-social-sostenible-y-estacionario-9788494209765.html
xxiv Demos es una moneda social en Gran Canaria. Más información: www.monedademos.es Consultado en Agosto 2016.
xxv MacMillan, Jonathan (2014) The End of Banking – Amazon books. Más información en: http://www.endofbanking.org/
xxvi 5 estrategias para recuperar nuestra hegemonía digital (17/03/2016) P2P Foundation. http://www.guerrillatranslation.es/2016/03/17/estrategias-para-recuperar-nuestra-hegemonia-digital/
xxvii Scholz, Trevor (2016) Cooperativismo de plataforma – Dimmons.net – Disponible en: http://dimmons.net/wp-content/uploads/2016/05/maq_Trebor-Scholz_COOP_PreF_DP.pdf
xxviii Operador energético de Barcelona- Medida de gobierno del ayuntamiento de Barcelona (junio 2016) https://barcelonaencomu.cat/es/programa/navega/detall/promover-la-creacion-de-un-operador-energetico-verde-integral. Consultado en Agosto 2016.
xxx Turnbull, Shann (2009) Money, Market and Climate Change http://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=1304083. Consultado en Agosto 2016.
xxxi Martín Belmonte, Susana (2016) – Soberanía financiera – Financiación del operador energético de Barcelona en moneda social: http://soberaniafinanciera.org/transicion-energetica-financiada-con-moneda-social/ Consultado en Agosto 2016.
xxxii Bollier, David & Conaty, Pat (2016) Democratic Money and Capital for the Commons- P2P Foundation -Disponible en: https://blog.p2pfoundation.net/democratic-money-and-capital-for-the-commons/2016/03/02 Consultado en Agosto 2016.
xxxiii Bauwens, Michael (2014) Plan para una sociedad P2P (12/02/2012) P2P Foundation. Publicado en castellano en Consumo Colaborativo. Disponible en: http://www.consumocolaborativo.com/2012/04/27/plan-para-una-sociedad-p2p-el-estado-socio-y-la-economia-etica/ Consultado en agosto 2016.
xxxiv Martín Belmonte 2011, pg. 246.
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xxxvi Acconcia, Valentí (2015) Por qué el crowdfunding es más crowd que funding – Ouishare. Disponible en http://magazine.ouishare.net/es/2015/10/crowdfunding-mas-crowd-que-funding/Consultado en Agosto 2016.
xxxviii Is Finance fit for Purpose? (31/03/2016) Michael Roberts blog “The next recession”. Disponible en: https://thenextrecession.wordpress.com/2016/03/31/is-finance-fit-for-purpose/ . Consultado en Agosto 2016.
xxxix Caso del WIR. Documentado en el centro de recursos de monedas sociales y complementarias – Disponible en: http://community-currency.info/es/monedas/wir-bank/ . Consultado en Agosto 2016.
xl George, Susan (2001) Informe Lugano – Pg. 46 – Icaria Editorial – Barcelona.
xli Martín, Belmonte Susana (2015) Notas para una propuesta de dinero-crédito descentralizado y basado en la reputación – International Social currency conference. Disponible en: https://socialcurrency.sciencesconf.org/conference/socialcurrency/pages/Capital_confianzafinal.pdf
xlii Dinero positivo es un movimiento que hace campaña en favor de la obtención del reconocimiento del derecho ciudadano a participar en la toma de decisiones sobre el diseño y gestión del sistema monetario.
xliii Martín Belmonte 2011, pg. 169
xliv Bitcoin como valor refugio tras el Brexit: la criptomoneda se va haciendo mayor (18/07/2016) El blog Salmón. Disponible en: http://www.elblogsalmon.com/economia/bitcoin-como-valor-refugio-tras-el-brexit-la-criptomoneda-se-va-haciendo-mayor
xlv R3 Consortium Blockchain Initiative. What makes Corda different? (2016) Cryptocoinsnews. Disponible en: https://www.cryptocoinsnews.com/r3-consortiums-blockchain-initiative-what-makes-corda-different/. Consultado en Agosto 2016.
xlvi Poll results: Only 1 in 10 MPs understand that banks create money (19/08/2016) positivemoney.org – disponible en: http://positivemoney.org/2014/08/7-10-mps-dont-know-creates-money-uk/ Consultado en Agosto 2016. En Reino Unido, la organización Positivemoney.org hizo una encuesta a los diputados del parlamento británico preguntándoles quién creaba el dinero. Más del 80% dieron una repuesta equivocada.
xlvii Slater, Matthew (2016) Credit Commons – A for the solidarity economy – Disponible en: http://creditcommons.net/ Consultado en Agosto 2016.
xlviii Martín Belmonte 2011, Pg. 189
xlix Martín Belmonte 2011, pg. 169