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14/4/22

El nazismo y el fascismo en los años treinta, el trumpismo y previsiblemente el putinismo ahora

 "(...) Este déficit de conocimiento histórico adquiere especial significado en el período actual donde se están produciendo situaciones a ambos lados del Atlántico Norte, que tienen considerables parecidos a las existentes en los años 30 y principios de los años 40 en tal parte del mundo.

 El nazismo y el fascismo surgieron promovidos por los mayores poderes económicos, políticos y sociales en cada país, para terminar con los sistemas democráticos que habían permitido la aparición de movimientos político-sociales -el socialismo y el comunismo- que cuestionaron aquellos poderes.  El nazismo y el fascismo eran los instrumentos desarrollados y promovidos para parar aquellos movimientos con vocación transformadora. Aunque no eran idénticos, el nazismo y el fascismo tenían muchas características y objetivos comunes.

LOS ORÍGENES DEL NAZISMO EN ALEMANIA

El Partido Socialdemócrata Alemán era el partido gobernante durante la República Weimar y era su objetivo el conseguir la transformación de la sociedad alemana. La Gran Depresión y los estragos que esta causó entre la clase trabajadora explica su rápida expansión.  Para pararlo y eliminarlo se creó el Partido Nazi, que no fue fundado por Hitler, sino que éste lo captó más tarde dándole sus características más importantes.

 El partido Nazi era un partido de ultraderecha, con un nacionalismo extremo que se atribuía una superioridad moral, ética y cultural, sobre cualquier otra raza o grupo étnico, promotor de la violencia y ejercicio bélico para conseguir sus objetivos, sin ningún limite en su deseo de dominio, profundamente antisemita y anticomunista, siendo la fuerza política más hostil y antagónica a las formaciones políticas enraizadas en el movimiento obrero. Tenía además, una vocación imperial deseosa de expansión territorial.

Aunque se auto definió como anti-establishment, nunca se enfrentó con las fuerzas y clases dominantes, las cuales intentaron utilizarlos para exterminar a los partidos socialistas y comunistas. El gran bulo que el Nazismo promovió en el libro de Hitler Mein Kampf, fue el que Alemania, en realidad había ganado la Primera Guerra Mundial, pero había sido traicionada por los judíos y por los partidos socialistas y comunistas. 

A todos ellos se les debían eliminar y exterminar tanto en Alemania como en el resto del mundo. Entre ellos estaban españoles exiliados en Francia que habían iniciado, y en parte liderado la resistencia antinazi en aquel país, y de los cuales muchos terminaron en los campos de concentración nazis (incluyendo miembros de mi familia).

QUIENES APOYARON EL NAZISMO

 Hitler y el nazismo fueron promovidos por los grupos económicos más poderosos de Alemania y el establishment político conservador alemán, que consideraba a Hitler como una especie de payaso útil (tal y como lo había definido confidencialmente el presidente de Alemania del momento, Paul von Hinderburg, creyendo que lo podrían controlar fácilmente), cuando lo nombro primer ministro. 

 Hitler más tarde, destruyó la democracia, incluso quemando el parlamento alemán, instalando una dictadura profundamente nacionalista, centralista, que negó la diversidad territorial, racista, sexista, homófoba y profundamente reaccionaria y autoritaria, que negó cualquier forma de legitimidad a sus adversarios políticos, intentando controlar todos los aparatos del estado y los medios de información y orientación, infiltrando gran número de las instituciones para controlarlas eliminando todo vestigio de diversidad. Fue así como destruyó la democracia, iniciándose una de las páginas más represivas que ha existido en la historia de los países que controló.

EL FASCISMO EN ESPAÑA Y QUIENES LO APOYARON

En España el fascismo tuvo características comunes con el nazismo alemán y el fascismo italiano, como su nacionalismo extremo, jacobino, racista, sexista, homofóbico, y profundamente anti-clase trabajadora, intentando a la vez utilizar un lenguaje de partido seudo-obrerista, definiéndose como un movimiento nacionalsindicalista. Apoyado por las oligarquías económicas del país, promovió el bulo de que las izquierdas querían destruir y romper a España.

 En realidad la victoria de las izquierdas en el año 1936 fue lo que motivó el golpe militar que sin la ayuda del nazismo alemán y el fascismo italiano, no habrían conseguido ganar el golpe, pues la Segunda República y las medidas propuestas por el Frente Popular gozaban de gran apoyo popular, habiendo sido la república una de las etapas con mayor potencial transformador en España que de haber triunfado se habría generado décadas de desarrollo, pudiendo alcanzar el nivel de bienestar que han alcanzado los países nórdicos escandinavos de Europa, donde el movimiento obrero históricamente ha sido más fuerte dentro de sistemas democráticos.

EL FASCISMO Y EL NAZISMO EN ESTADOS UNIDOS Y DE DONDE SURGIÓ

En Estados Unidos hubo también varios movimientos con características fascistas apoyados por grandes poderes económicos y financieros a fin de parar los cambios realizados por las fuerzas progresistas. El más conocido fue liderado por Huey Long, y el sacerdote Charles Coughlin, profundamente antijudío, con claras simpatías hacia el nazismo y el fascismo europeos. En realidad, el banquero J.P. Morgan, quien se describió a sí mismo como "algo así como un misionero" del fascismo italiano, expresando su admiración por Il Duce, proveyó un préstamo a Mussolini de cien millones de dólares.

 Estos movimientos tenían milicias armadas y con simpatías dentro de sectores del ejército, que llegaron incluso a planear un golpe de estado, detrás del cual estaban, además de J.P. Morgan, otras conocidas personalidades dirigentes de la General Motors, entre muchos otros.  Su objetivo era terminar con las altamente populares reformas del New Deal llevadas a cabo por el Presidente Roosevelt, quien estableció las bases del Estado de Bienestar en Estados Unidos. Tal movimiento era profundamente anti-New Deal y antisocialista y anticomunista, con características de tales movimientos semejantes a aquellos movimientos de nacionalismo extremo, racismo, sexismo, homofobia, y anti-clase trabajadora. El golpe militar que al final fue interrumpido planeaba un golpe al capitolio (ver: Why is so little known about the 1930s coupe attempt against FDR? Por Sally Denton, The Guardian, 12/1/2022).

¿SE ESTÁ REPITIENDO AHORA LA HISTORIA?

Elementos en común que tenían el nazismo y el fascismo es que la estructura de poder económico, político y social que dominaba las sociedades citadas, promovieron las prácticas nazis y fascistas para parar y eliminar las propuestas de cambio, utilizando la violencia para destruir la democracia a fin de eliminar a sus adversarios.

 En realidad, todos ellos cuestionaron la legitimidad de sus adversarios, percibidos todos ellos como carentes de legitimidad. Este tipo de acusación, de nula legitimidad para gobernar el país, era una característica definitoria de tales movimientos. ¿Se está repitiendo esta situación ahora? Vemos como lo que está ocurriendo en Estados Unidos ahora (con la aparición del trumpismo), está jugando un papel semejante al de Alemania (con la existencia del nazismo) en los años 30 y 40, al de ser uno de los mayores ejes del movimiento reaccionario nacional e internacional."                       (Vicenç Navarro , Público, 14/04/22) 

26/5/14

Franquismo, el fascismo católico

“Hemos banalizado el franquismo para defendernos de él”, las comillas son del historiador Ferran Gallego, que publica El evangelio fascista. La formación de la cultura política del franquismo (1930-1950), en la Editorial Crítica, en el que argumenta que el fascismo proporcionó un proyecto global a Franco.

 La intención de Gallego es desmontar la revisión del pasado reciente de este país que dice que aquí no hubo fascismo porque hubo una guerra civil, que actuó de cortafuegos ante la llegada del totalitarismo europeo.

“La guerra civil fue la conquista del poder por un movimiento que en Europa se llamó fascismo. La guerra civil no es una alternativa al fascismo”, declara el historiador. La peculiaridad del caso español frente al europeo es que la guerra es el origen del fascismo, no el resultado.

 “En España, el fascismo toma el poder con la guerra civil, a diferencia de Alemania e Italia”, explica. No hubo un partido poderoso que implantara el fascismo, sino un proceso de fascistización reflejo del europeo. 

 La posición ideológica que ocupó el fascismo fue el de la construcción del discurso nacionalsindicalista. Y se ejecutó en estrecha relación con el pensamiento tradicionalista católico. “El fascismo ofrecía envidiables aspectos de modernización, de tensión militante, de atractivo juvenil y de llamada permanente a la nacionalización de masas, dando a su propaganda una singular vehemencia revolucionaria”, añade el autor.

Otra característica propia del fascismo español es que fue el único caso revocable: es alterado sin echar a nadie del nuevo proyecto, sin romper con el 18 de julio. Ferran Gallego explica que el fascismo consigue evolucionar a una realidad propia basada en la idea del imperio católico, frustrado tras la derrota del siglo XVII.  

En ese sentido, el historiador cita a Rafael Sánchez Mazas, quien defendía el establecimiento del mito de la nación y el mito del Imperio. “La misión de destino, como misión nacional en el mundo tiene esta disyuntiva: imperar o languidecer”. La tarea era rehacer España, actualizar la tradición y hacer de las raíces y los orígenes la originalidad española.

 “Todo nuestro avance está aquí: en el retroceso a las virtudes y razones que dieron a España en los siglos fuerza y esplendor”, escribe en Estado e Historia (1933).


Francisco Javier Conde avisa en 1942 que el totalitarismo no había sido todo lo satisfactorio que se esperaba para superar el "fracaso" del Estado liberal. La alternativa era regresar a la doctrina que inspiró el Estado imperial español y demostrar que el pensamiento católico moderno podía enfrentarse a la torcida evolución política de la Europa protestante.

“El español de hoy cuenta entre sus posibilidades con una que desde hace siglos ha perdido el europeo: la de ser movilizado desde la raíz por lo religioso”, escribió Conde, uno de los intelectuales más importantes del franquismo.

El proyecto nacionalista español no miraba al futuro o al pasado exclusivamente, sino a ambos a la vez. Este era el punto de encuentro entre todas las diferencias que pudieran existir entre falangistas y sectores de extrema derecha. Según Gallego el franquismo combinó represión y convencimiento.

 “Se hizo con sutileza, erudición y potencia del discurso. Pero éste ha sido infravalorado para protegernos. El franquismo no era ignorante. No era mera retórica”, cuenta.  (...)

“La tarea debía subrayar la continuidad entre el proceso de fascistización y la consolidación del Nuevo Estado”. La elite académica se reafirmó en sus aseveraciones doctrinales desde antes de la guerra hasta los años de la transición, según explica el autor.

 Se formaron en la Alemania, donde los intelectuales de la “revolución conservadora” proporcionaban, desde los años veinte, propuestas para la construcción del nuevo Estado alemán, en el que debía ser abolida la democracia parlamentaria. Los pensadores franquistas “habían evolucionado radicalizando sus posiciones a medida que se aproximaba la guerra civil, convirtiendo sus simpatías hacia el fascismo en una identificación española con sus planteamientos”.  

El fascismo no era un proyecto político más, era “la esencia de la nación”. “La única forma de ser español, porque saca el ser originario. Por eso no puede entender la pluralidad”. Parece que Ferran Gallego se acerca vertiginosamente el presente, pero aclara que el fascismo corresponde a su época, que es un dinosaurio adaptado a un ecosistema y que cuando éste cae, lo hace el dinosaurio. Fallece en 1945. (...)"           (El Confidencial, 09/05/2014)

16/4/14

El fascismo español no fue muy diferente de otros fascismos

"El historiador Ferran Gallego analiza en su último libro, "El evangelio fascista", la evolución del fascismo español desde la República hasta 1950, que, según ha explicado el autor, denota que "el caso español no fue muy diferente del de otros fascismos europeos de los años 30".

La única peculiaridad que Gallego señala para el régimen que arranca en 1936 es que "conquista el poder a través de una guerra civil, pero en ningún caso se puede negar su naturaleza fascista".

En una entrevista con Efe, Gallego indica que "decir que no hubo fascismo en el régimen franquista es tanto como negar el antifascismo que combatió en la Guerra Civil española y el espíritu de las Brigadas Internacionales, que vienen a España a luchar contra el fascismo".

Rompe asimismo Gallego la vieja idea de la historiografía de que el fascismo español llegó tarde y mal: "Es verdad que cuando quiere ganarse adeptos, la mayor parte de sus potenciales clientes se han hecho de la CEDA o del carlismo, pero el fascismo como fenómeno de masas es en Europa un fenómeno de los años 30, con la única excepción de Italia".

En "El evangelio fascista" (Crítica), Gallego sitúa el embrión de ese fascismo ya en plena República, porque "no deben confundirse el partido y el espacio cultural de fascinación por el fascismo" que ya se encuentra en Calvo Sotelo y el Bloque Nacional, que "se declaraban fascistas pero no militaban en Falange".

Para el historiador barcelonés, Falange, un partido minoritario durante la República, se convierte en el partido hegemónico a partir de 1936 porque "es congruente con el momento de guerra civil, ya que era un partido militarizado, no pedía la vuelta de ningún rey, tiene un discurso populista, cree en la movilización de la masas y su ideario da por superada la democracia parlamentaria".

Además, "su doctrina se ajusta a la situación de violencia extrema que hay en España y está dispuesta a aceptar un caudillaje carismático".

A su juicio, el fracaso del golpe de Estado del 18 de julio propició el surgimiento de un movimiento de masas a favor de fascismo: "No es un mero golpe militar, puesto que se suma un poder civil con 60.000 milicianos falangistas y 30.000 requetés".

Falange, añade Gallego, proporciona un ideario al ejército, cuyos oficiales tendrán la obligación de militar en Falange, algo que no sucede en la Alemania nazi.

La Guerra Civil permite a los fascistas además "una unidad del mando", que no se produce en el bando republicano.

La diversidad de fuerzas que se integraron en la sublevación de 1936 acabó más adelante facilitando la oportuna desfascistización del régimen, convertido en un estado nacional-católico.

"Cuando el fascismo europeo cae, el español aguanta porque se muestra como garante de un catolicismo glorioso y ya en 1944-45 plantea una especie de vía española hacia el estado católico huyendo del totalitarismo alemán".

Opina Gallego que, por esa razón, no es exacto hablar de una antítesis entre católicos y fascistas en el período analizado, ya que "el falangismo es desde su formación un partido profundamente católico", que encuentra en el Imperio de Carlos V el referente simbólico de la defensa de la sociedad católica frente a protestantes y turcos.

El autor de "Todos los hombres del Führer" y "El mito de la Transición" cierra su análisis en 1950 porque poco antes se produce el último debate cultural de la España de la posguerra sostenido por Pedro Laín Entralgo y Antonio Tovar, partidarios de "incorporar a la Generación del 98, a Machado y Ortega, a la idea de España", frente a intelectuales como Rafael Calvo Serer que "rechazan hablar de varias Españas legítimas".      (Lainformacion.com, 31/03/2014)

14/11/13

La dictadura franquista fue totalitaria, no solo autoritaria

"(...) Una de las contribuciones más conocidas nacional e internacionalmente del profesor Juan Linz (a partir de ahora JL) fue su distinción entre regímenes políticos totalitarios, tales como los regímenes comunistas, que intentaban cambiar todas las dimensiones de la sociedad y del ser humano que la habita, invadiendo incluso sus componentes más íntimos, y regímenes políticos autoritarios, que no lo intentaban.

 Estos últimos se limitaban a mantener, por medios autoritarios, un orden establecido, que JL consideraba eran cambiables para convertirse en sistemas democráticos en periodos posteriores. 

Y entre ellos incluía el régimen dictatorial que existió en España desde 1936 hasta 1978. Los regímenes totalitarios, al contrario de los regímenes autoritarios, eran incapaces de cambiarse y transformarse en sistemas democráticos.

Esta teoría de JL fue la que, explícitamente, se utilizó desde el Departamento de Estado de EEUU para apoyar a algunos de los regímenes dictatoriales más sangrientos y represivos que hayan existido en América Latina y en el sur de Europa. (...)

Creo que la propia realidad ha mostrado el error de las teorías de JL. Varios regímenes comunistas se han transformado en regímenes democráticos en contra de lo que JL indicaba, alcanzando en muchos de ellos niveles de democracia más avanzados que los que existen en España, cuya democracia es conocida internacionalmente por su baja calidad (un indicador, por cierto, de ello, es que este artículo que cuestiona las teorías dominantes en el establishment político-mediático de España no podrá publicarse en ninguno de los cinco periódicos más importantes del país. Y tengo pruebas de ello. La libertad de prensa en España está extraordinariamente limitada).

Otra realidad que cuestiona la definición del régimen dictatorial español como autoritario pero no totalitario, es la propia experiencia de aquellos que sufrimos aquel régimen. JL procedía de una familia falangista (su madre fue dirigente de la Falange) y sus raíces están basadas en aquel régimen.

 Y no sufrió, por lo tanto, la enorme opresión de aquella dictadura, que era agresivamente intervencionista en las esferas más privadas del ser humano, desde el idioma y la lengua hasta el sexo. 

Era obvio que aquella dictadura, basada en el nacional-catolicismo (suma de un nacionalismo extremo, oprimente de todos aquellos que no compartían ese nacionalismo imperialista, y de una religión sumamente reaccionaria), intentaba crear una nueva sociedad y un “nuevo hombre”, tal como así indicaba su narrativa. 

Es sorprendente que un régimen basado en dos ideologías tan profundamente totalizantes, como el nacionalismo y el catolicismo, se presente como un régimen que era meramente autoritario. 

Es obvio que su descripción de España y su descripción de los nacionalismos en España es profundamente errónea, y la gran visibilidad de estas teorías se debe, no a su potencia intelectual, sino principalmente a las cajas de resonancia proveídas por los establishments españoles y estadounidenses a los que dichas teorías benefician.

La España que yo y millones de españoles vivimos era muy distinta a la España que narró JL  (...)"                     (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 14 de octubre de 2013, en vnavarro.org, 15/10/2013)

4/9/13

El franquismo fué una dictadura fascista, como todo el mundo sabe... en Europa

"La dictadura que el golpe militar de 1936 estableció en España, que la gobernó desde 1939 hasta 1978, se define fuera de España como una dictadura fascista. 

Cuando el Sr. Juan Antonio Samaranch, delegado de deportes durante aquella dictadura, y más tarde Presidente del Comité Olímpico, visitó Atlanta en EEUU para inaugurar los Juegos Olímpicos que tomaron lugar en aquella ciudad, la nota biográfica que el The New York Times publicó de él lo presentó como Director General de Deportes del régimen fascista liderado por el General Franco. 

Y así en Gran Bretaña y Suecia (entre otros muchos países) donde también viví y trabajé por largos periodos de mi vida. Solo en España se conoce aquel régimen como la dictadura franquista, término ampliamente utilizado no solo por las derechas sino incluso también (sorprendentemente) por las izquierdas.

La causa de definir aquel régimen de esta manera se debe a un proyecto conservador altamente exitoso que tenía por objeto presentarlo como un régimen caudillista, autoritario, liderado por un general, que limitaba la expresión de libertades sin intentar, sin embargo, cambiar la sociedad e imponer una ideología totalizante a la población. Los que intentaban hacer esto último eran los regímenes totalitarios, tales como los regímenes comunistas.

 Estos eran no solo autoritarios sino también totalitarios pues promovían el comunismo, que es una ideología totalizante que quería establecer una nueva cultura, ideología y manera de pensar diferente y opuesta a la de un sistema democrático, laico y republicano.

Esta distinción entre regímenes autoritarios y totalitarios la había establecido el politólogo español Juan Linz, profesor de Yale, EEUU, y había sido adoptada por el Departamento de Estado de aquel país para justificar su apoyo a gran número de regímenes caudillistas latinoamericanos, indicando que no eran totalitarios y que, por lo tanto, tenían el potencial transformador en regímenes democráticos, cosa que no ocurría con los regímenes totalitarios tales como los regímenes comunistas, que no eran reformables y, por lo tanto, eran dignos de todo tipo de oposición.

Y el mismo Sr. Linz (español procedente de una familia militante de la Falange, el partido fascista español) negaba que el régimen español fuera totalitario y todavía menos fascista. Según él, el régimen liderado por el general Franco era autoritario pero con el tiempo fue cambiando, dando origen a un régimen democrático.

 Según este autor, aquel régimen liderado por el General Franco tuvo muy poco de fascista, pues la Falange (el partido fascista) fue una fuerza política con poco peso sobre el aparato del estado. Debido a la enorme influencia del Sr. Linz en las ciencias políticas españolas, esta visión fue ampliamente aceptada no solo por la comunidad académica sino por la cultura mediática y política dominante, de manera que incluso las izquierdas la aceptaron.

 Pocos líderes de izquierda se refieren a aquel régimen como fascista. A lo único a lo que se llega es a aceptar que puede que el régimen fuera fascista al principio, pero luego, con la llegada de los tecnócratas del Opus Dei a la gobernanza del país, el régimen cambió.

¿Qué es fascismo?

Veamos ahora los datos. El profesor Malefakis, Catedrático de la Universidad de Columbia en Nueva York, y uno de los mayores expertos sobre el fascismo europeo, ha definido las características del fascismo (según él, ocho) de manera tal que si un régimen político las tiene entonces es –según él- un régimen fascista. Veamos cuáles son y si el régimen que existió en España tuvo cada una de ellas, señalando la evidencia que lo avala.

Conforme al Profesor Malekafis, un régimen era fascista si:

1. estaba dirigido por un hombre presentado por el régimen como superhumano. Evidencia: el régimen dictatorial español presentaba a Franco como “Caudillo por la Gracia de Dios”. Yo no soy creyente, pero entiendo que es difícil alcanzar un nivel superior para un ser humano que el ser nombrado a dedo por Dios, dotándolo de características superhumanas. El hecho de que Franco fuera, en realidad, un personaje de gran mediocridad es irrelevante. El régimen lo presentó como superhumano;

2. este caudillo superhumano utilizó a un partido, creado antes del régimen, que le ayudó a tomar el poder y establecer su liderazgo en los distintos aparatos del Estado. Evidencia: dicho partido se llamó la Falange, partido creado e inspirado por el Partido Fascista Italiano, tal como reconoció su propio fundador, José Antonio Primo de Rivera;

3. este partido tiene que tener una ideología nacionalista extrema, con deseos imperialistas, con un canto a la fuerza militar y a la fuerza y masculinidad en general. Evidencia: esta fue la ideología que transmitía el régimen a través del partido;

4. tiene que tener pleno control de todas las instituciones mediáticas creadoras de opinión con fines propagandísticos, desde la radio, la prensa, las escuelas, las universidades. Evidencia: el dictador nombraba a dedo a todos los directores de todos los canales radiofónicos o de televisión, diarios y cualquier institución transmisora de información y persuasión;

5. este control tiene que tener como objetivo el de transmitir la ideología del régimen con el fin de crear una nueva mentalidad y un nuevo tipo de sociedad. Evidencia: esa ideología era un nacionalismo españolista extremo y un catolicismo profundamente reaccionario. Tanto el nacionalismo como el catolicismo son ideologías totalizantes que invaden todas las esferas del ser humano, desde la lengua hasta el sexo. En realidad, es difícil encontrar una ideología menos totalizante que el nacionalcatolicismo, que fue la ideología propia e impuesta por el régimen en todos sus medios de información. Desde la lengua que la población debía hablar hasta como realizar el sexo (dos esferas de máxima intimidad) estaban normatizados en aquel régimen, con sanciones (torturas, cárcel, asesinato y/o exilio) en caso de no cumplimiento;

6. el régimen debe intentar romper con un orden anterior para crear uno nuevo. Evidencia: el régimen dictatorial intentó no solo romper sino eliminar cualquier institución republicana, a la cual consideró como anti-española. Su objetivo era crear una sociedad opuesta a la sociedad democrática, laica y republicana, a la que intentó erradicar;

7. el régimen debe presentarse como creador de una sociedad nueva. Evidencia: el objetivo explícito de aquel régimen fue alcanzar este objetivo de desarrollar una sociedad nueva, opuesta a la anterior republicana, con un imperialismo extremo, regida por una cultura religiosa liderada por la jerarquía católica profundamente reaccionaria, subordinando todas las instituciones económicas, sociales y políticas a este objetivo;

8. el régimen debe basarse en tener una alianza con grupos de poder económico y otros, subordinados al estado, que sirvan al poder totalizante. Evidencia: en España, todos los poderes y grupos fácticos, desde la Iglesia y el ejército hasta las grandes empresas y bancos y los grandes terratenientes, apoyaron al régimen, beneficiándose enormemente por ello;

Estas son, pues, las ocho categorías que Malefakis considera necesarias y suficientes para que un régimen fuera definido como fascista. Ahora bien, yo creo que estas categorías son incluso insuficientes (para expandir en este punto ver mi libro El subdesarrollo social de España, 2006, pp. 127-145). 

Hay que añadir tres que se encontraron en el nazismo alemán y en el fascismo italiano:

9. el régimen debe ser racista. Evidencia: el régimen dictatorial español justificó la conquista de América Latina y el imperio que se estableció en una supuesta superioridad de la raza española. De ahí que el Día Nacional (día que celebraba el imperio) se conocía como el día de la raza;
10. el régimen debe negar que el mundo empresarial y el mundo del trabajo tengan intereses contrapuestos. Evidencia: el régimen dictatorial negó la existencia de la lucha de clases, de donde deriva el establecimiento de los sindicatos verticales, en los que se incluía al empresariado y a los trabajadores;
11. el régimen debe ser profundamente anticomunista. Evidencia: el régimen se caracterizaba por su anticomunismo.

Argumentos en contra de la definición de aquel régimen como fascista: sí que lo fue pero solo al principio.

 Presentados con la evidencia de que el régimen dictatorial reunía estas once características, han aparecido toda una serie de contraargumentos (a los que contesto en el libro citado anteriormente) entre los cuales el que se repite más frecuentemente es que, aun admitiendo que el régimen pudo reunir estas características al principio, dejó de tenerlas pronto. 

La Falange, por ejemplo, excepto en la primera etapa de gran represión, fue perdiendo poder, cambiando la naturaleza del estado, dominado en su última etapa por los tecnócratas del Opus Dei. Este argumento ignora varios hechos. Uno, la complicidad del Opus Dei con la Falange y su reproducción del nacionalcatolicismo. Es más, la simbología fascista y su parafernalia continuaron hasta el último día de la dictadura.

 En la entrada de cada pueblo de España aparecía el símbolo fascista, junto con el nombre del pueblo. Y ello hasta 1978. También hasta esta fecha se requería juramento de lealtad al Movimiento Nacional (que tenía desde el uniforme hasta el saludo, el fascista) a todos los funcionarios públicos. Y así una larga lista de hechos.

El hecho de que en las últimas etapas la nomenclatura que controlaba el estado no fuera o no creyera en el fascismo es irrelevante. Tampoco la nomenclatura que controlaba el aparato burocrático en la URSS creía en el comunismo y en cambio se le llamó hasta el último día régimen comunista.

 En ambos casos, la nomenclatura eran personalidades que no se adherían a ninguna ideología, defendiendo solo y exclusivamente sus intereses personales (desde el Rey hasta Suárez, jefe del Movimiento Nacional). Pero ello  no previene que se debiera definir a aquel Estado como fascista, pues todos sus símbolos así lo fueron.

Otro argumento que se ha utilizado en contra de definir aquel régimen como un régimen fascista fue la existencia de otros grupos y fuerzas políticas que competían con la Falange en su influencia sobre el Estado. En realidad, varios autores han considerado la Falange como un partido con escasa influencia. La evidencia muestra, sin embargo, lo contrario. La ideología dominante de aquel régimen reunía cada una de las once características definidas en este artículo.

En cuanto a la pequeñez de la Falange, ignora que un partido o fuerza política puede ser de escaso tamaño y en cambio, su ideología, puede ser la hegemónica en el país. Los partidos liberales hoy en Europa son minoritarios y, en cambio, el neoliberalismo es hegemónico en Europa.  (...)"     (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 9 de julio de 2013, en vnavarro.org, 09/07/2013)

31/10/12

El franquismo fué fascismo

"Usted también criticó a Eric Hobsbawm por su negación del carácter fascista del Estado español. ¿Por qué?

R- Hobsbawm no conocía bien la historia del sur de Europa, lo cual aparece en sus observaciones sobre la dictadura que en España se llama franquista. Hobsbawm reproduce acríticamente la sabiduría convencional existente en el establishment español que definía tal dictadura como un sistema caudillista.

P- Y usted, ¿no está de acuerdo con esta definición? ¿Por qué?

R- Porque era mucho más que un régimen caudillista. Era un régimen dictatorial, con un partido único, la Falange, un partido claramente influenciado por el partido fascista italiano que, convertido en Estado, tuvo gran influencia en, juntamente con la Iglesia católica, configurar una ideología totalizante, el nacional sindicalismo, que intentaba crear una nueva sociedad basada en la destrucción de la sociedad anterior, la República. 
Su ideología, como es la ideología fascista, era una ideología totalizante y totalitaria, con un nacionalismo extremo que se atribuía el derecho de conquista sobre otros pueblos, superioridad dada por su pertenencia a una raza superior. El día nacional se llamaba “el día de la Raza”. Negaba la existencia de clases, estableciendo los sindicatos verticales, característicos del fascismo.

 Tal dictadura fue enormemente represiva. Por cada asesinato político que cometió el fascismo italiano, el español cometió 10.000, según el investigador del fascismo europeo más conocido en EEUU, el profesor Malekafis, de la Universidad de Columbia en Nueva York. Tal dictadura intentaba controlar todos los medios productores de valores e información.

P- Usted escribe sobre ello en su libro Bienestar Insuficiente, Democracia Incompleta.

R- Sí. Escribí el libro a la vuelta de mi exilio. El profesor Malekafis había indicado que para definir a un régimen como fascista, éste debía tener ocho características.

P- A las que usted añadió dos más.

R- Exacto. Creía que el profesor Malekafis no había sido suficientemente exigente. Paradójicamente no había incluido en sus condiciones ni el racismo ni la negación de la lucha de clases que también caracterizaba al fascismo, con su establecimiento de los sindicatos verticales. Éstas eran también condiciones definitorias del fascismo.

P- Y usted cree que el régimen español reunía todas estas diez características.

R- Sí. Es una verificación empírica. Una vez definido el criterio, entonces la investigación consistía en comprobar empíricamente si el régimen reunía o no estas condiciones. Y la investigación concluye que sí que fue un régimen fascista.

P- Pero muchos dicen que aún cuando lo era al principio, dejó de serlo más tarde con los tecnócratas del Opus Dei.

R- Es otro error. Naturalmente que el régimen fue variando. También varió el régimen comunista en la Unión Soviética. La distancia entre Stalin y Gorbachov era enorme, mucho mayor que la distancia entre el Franco de 1936 y el de 1975. Y en cambio a tal régimen continuó llamándosele comunista hasta el último día de su existencia. Lo mismo debe, por lo tanto, hacerse en la definición del régimen dictatorial español. 

El hecho de que en los últimos años de la dictadura española fuera una cáscara vacía, carente de ideología, llena de oportunistas que constituían una mafia en el poder, no niega la definición de aquel régimen como fascista, de la misma manera que el vacío ideológico de la Unión Soviética y el control del aparato estatal por una oligarquía no negaba la definición de aquel régimen como comunista.

 Mi libro crítico de la Unión Soviética, escrito en la época Brezhnev –que dictaminó la prohibición de mis escritos en aquel país-, mostraba como la narrativa y los símbolos establecían tal continuidad con las épocas anteriores, lo cual justificaba el uso de tal término. 

Y lo mismo ocurrió en España. Recordemos que el símbolo fascista estaba en la entrada de todos los pueblos hasta el último día de la dictadura. Y los funcionarios tenían que jurar lealtad al movimiento fascista –el Movimiento Nacional-, con sus camisas azules y brazo en alto hasta 1978."            (Entrevista a Vicenç Navarro publicada en la revista digital SISTEMA, 26 de octubre de 2012, en www.vnavarro.org, 26/10/2012)

1/2/11

El fascismo quería "el alma del hombre"

"El estudio de la relación entre el modernismo y el fascismo es una aventura de alto riesgo". Lo dice Roger Griffin, especialista en fascismo y catedrático de Historia Contemporánea en la Brookes University de Oxford. Su último libro, Modernismo y fascismo (Akal) (...)

Este reputado historiador defiende en su libro que el fascismo de entreguerras fue un vehículo para hacer realidad "la sensación embriagadora" de hacer historia.

"Para entender las ambiciones, los fracasos y los crímenes contra la humanidad de los regímenes de Mussolini y Hitler hay que concederle la relevancia que se merece al hecho de que se convenciera tanto a militares como a civiles de que se encontraban inmersos en una experiencia revolucionaria, que vivían al filo de la historia, que con sus actuaciones estaban cambiando su curso, al margen de la moralidad convencional", explica. (...)

Sobre la dictadura franquista, el historiador aseguró en una entrevista con Público que Franco no era un político propiamente fascista. "Franco utiliza las energías de Falange y también alusiones a la estética modernista para vestir un proyecto de la España tradicional modernizada, pero no transformada. No quiere un nuevo español producto de una revolución antropológica. Los fascistas italianos o alemanes querían un nuevo italiano o un nuevo alemán", sostiene.

La Iglesia católica, añade Griffin, es otra de las razones por la que el régimen de Franco es distinto: "Hitler y Mussolini no eran cristianos de corazón. Hay un antagonismo real entre el proyecto fascista y lo que significa la Iglesia porque ambos en realidad quieren el alma del hombre. La Iglesia quiere el alma del hombre para Dios y el paraíso y los fascistas quieren el alma del nuevo hombre para la nación y la historia".

Sobre el islamismo, Griffin cree que puede considerarse una solución totalizadora a la amenaza a la religión que supone la modernidad occidental." (Público, 01/02/2011)