Mostrando entradas con la etiqueta Ideologías: Nacionalismo de derechas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ideologías: Nacionalismo de derechas. Mostrar todas las entradas

7/9/23

Žižek: Trastornos del nacionalismo: Cuando el contrato social de un país se resquebraja, las condiciones se vuelven propicias para que circulen rumores y absurdos. Incluso cuando estos son escandalosos y obviamente sin sentido, pueden dar expresión a los miedos y prejuicios más profundos de un pueblo. Tal es el caso hoy en Rusia, donde Sergei Markov, antiguo asesor del Presidente Vladimir Putin, ha advertido de que Ucrania está creando «supersoldados homosexuales» para hacer la guerra contra su país. Los rabinos enseñan a los futuros oficiales del ejército israelí que «Con la ayuda de Dios, volverá la esclavitud. Los no judíos querrán ser nuestros esclavos. Esta gente que nos rodea tiene problemas genéticos. Pregúntale a un árabe promedio qué quiere ser. Quiere estar bajo ocupación … No saben cómo dirigir un país ni nada … Sí, somos racistas. Creemos en el racismo. Las razas tienen características genéticas. Así que debemos pensar en cómo ayudarles... Hitler era el más justo. Por supuesto que tenía razón en cada palabra que decía. Su ideología era correcta… El único error [de los nazis] fue quién estaba en cada bando»»... Amiram Levin, antiguo jefe del Mando Norte de las Fuerzas de Defensa de Israel, invocó la Alemania nazi: «Es duro para nosotros decirlo, pero es la verdad. Paseen por Hebrón, miren las calles. Calles por las que ya no se permite pasar a los árabes, sólo a los judíos. Eso es exactamente lo que ocurrió allí"

 "Cuando el contrato social de un país se resquebraja, las condiciones se vuelven propicias para que circulen rumores y absurdos. Incluso cuando estos son escandalosos y obviamente sin sentido, pueden dar expresión a los miedos y prejuicios más profundos de un pueblo.

Tal es el caso hoy en Rusia, donde Sergei Markov, antiguo asesor del Presidente Vladimir Putin, ha advertido de que Ucrania está creando «supersoldados homosexuales» para hacer la guerra contra su país: «Los teóricos militares y los historiadores saben cuál era el ejército más fuerte de Grecia, ¿recuerdan? Los espartanos. Estaban unidos por una hermandad homosexual. Eran todos homosexuales. Ésa era la política de sus dirigentes. Creo que están planeando lo mismo para las Fuerzas Armadas de Ucrania».

Por supuesto, esta mezcla de homofobia, historia falsa e ideas de supersoldados inspiradas en los cómics de Marvel indica que Markov no está interesado en fomentar el pensamiento crítico y el análisis razonado. No importa: por lo visto, esas declaraciones idiotas tienen eco al menos en algunos segmentos importantes de la sociedad rusa.

El mismo desvarío se aplica cada vez más a los recuerdos históricos rusos de los principales traumas y crímenes nacionales. En una ceremonia celebrada recientemente en Velikiye Luki, en la región rusa de Pskov, un sacerdote conocido como el «Padre Antonio» roció con agua bendita una estatua de Stalin de más de seis metros. Aunque «la Iglesia sufrió» durante el largo reinado de terror de Stalin, observó, los rusos de hoy deberían estar agradecidos por tener tantos «nuevos mártires y confesores rusos a los que ahora rezamos y que nos están ayudando en el resurgimiento de nuestra Madre Patria».  

Un razonamiento tan perverso está a un paso de argumentar que los judíos deberían estar agradecidos a Hitler por abrir el camino al Estado de Israel. De hecho, precisamente eso ya ha ocurrido efectivamente. Según una investigación realizada en 2019 por el Canal 13 de noticias de Israel, los rabinos enseñan a los futuros oficiales del ejército israelí en la escuela de preparación militar Bnei David, financiada por el Estado, que:

«El Holocausto no consistió en matar a los judíos. Tonterías. Y que fuera sistemático e ideológico lo hace más moral que el asesinato al azar. Humanismo, cultura secular —eso es el Holocausto. El verdadero Holocausto es el pluralismo. La lógica nazi era internamente consistente. Hitler decía que un determinado grupo de la sociedad es la causa de todo el mal del mundo y que, por lo tanto, debe ser exterminado … Durante años, Dios ha estado gritando que la Diáspora ha terminado pero los judíos no obedecen. Ésa es su enfermedad que el Holocausto debe curar… Hitler era el más justo. Por supuesto que tenía razón en cada palabra que decía. Su ideología era correcta… El único error [de los nazis] fue quién estaba en cada bando».

La lección no acaba aquí. Los alumnos también aprenden que:

«Con la ayuda de Dios, volverá la esclavitud. Los no judíos querrán ser nuestros esclavos. Esta gente que nos rodea tiene problemas genéticos. Pregúntale a un árabe promedio qué quiere ser. Quiere estar bajo ocupación … No saben cómo dirigir un país ni nada … Sí, somos racistas. Creemos en el racismo. Las razas tienen características genéticas. Así que debemos pensar en cómo ayudarles».

Sin duda, esta retórica extrema sólo cuenta con el apoyo abierto de una minoría religiosa minúscula y fanática. Y, sin embargo, deja entrever la premisa subyacente a las políticas del actual gobierno de extrema derecha en Cisjordania. Comparar la situación de Israel y sus territorios ocupados con la Alemania nazi puede parecer una exageración ridícula, y si un no-judío hace esta comparación, se le tacha al instante de antisemita; pero si lo hacen destacadas figuras judías, hay que escucharlas. Cuando una sociedad se ha envuelto en capas de tendenciosa autojustificación, hace falta gente de dentro para retirar la mortaja.

Consideremos el caso de Amiram Levin, antiguo jefe del Mando Norte de las Fuerzas de Defensa de Israel. En declaraciones recientes a la radiotelevisión pública israelí sobre la situación en Cisjordania, afirma que «allí no ha habido democracia en 57 años, hay un apartheid total … las FDI, que se ven obligadas a ejercer la soberanía allí, se están pudriendo desde dentro. Se mantienen al margen, miran a los alborotadores colonos y están empezando a ser cómplices de crímenes de guerra».

Cuando se le pidió que diera más detalles, Levin invocó la Alemania nazi: «Es duro para nosotros decirlo, pero es la verdad. Paseen por Hebrón, miren las calles. Calles por las que ya no se permite pasar a los árabes, sólo a los judíos. Eso es exactamente lo que ocurrió allí, en ese país oscuro».

Que un general retirado de las Fuerzas de Defensa de Israel pueda llegar a semejante conclusión no sólo demuestra su extraordinaria postura ética, sino también lo mal que han ido las cosas allí. Pero mientras haya israelíes como Levin, hay esperanza, porque sólo con la solidaridad y el apoyo de gente como él tienen una oportunidad los palestinos de Cisjordania.

Hoy en día, tanto en Rusia como en Israel, el pacto social se está fracturando bajo el peso del colonialismo y los desacuerdos fundamentales sobre los principios fundacionales. Estas condiciones se prestan a formas de racionalización cada vez más absurdas y extremas. Pero que se pueda inventar una razón para hacer algo no significa que se deba hacer. Cuando las sociedades se fragmentan, resistirse a las razones equivocadas suele requerir más fuerza que seguir las razones correctas."                    (Slavoj Žižek , El Viejo Topo, 07/09/23)

13/1/23

Un pequeño pueblo de Francia está al centro del debate migratorio del país... Un plan para revitalizar Callac con refugiados calificados ha dividido a la localidad y se ha convertido en el epicentro de un debate nacional sobre inmigración e identidad... cuando los miembros del consejo municipal oyeron hablar de un programa con el que se podrían renovar los edificios en mal estado y cubrir puestos de trabajo muy necesarios, como auxiliares de enfermería y constructores, mediante refugiados calificados, les pareció un boleto de lotería ganador... otros lo consideraron prueba de un “gran remplazo” de nativos franceses que se ha convertido en motivo de la ira y la ansiedad, en particular de la extrema derecha. En poco tiempo, la diminuta Callac, un pueblo de apenas 2200 habitantes, se dividió... Hoy se encuentra en la intersección de complejas cuestiones que han atormentado a Francia durante muchos años: cómo hacer frente al creciente número de inmigrantes que llegan al país y cómo inyectar vida nueva a localidades en declive, antes de que sea demasiado tarde

 "Un pueblo con cada vez menos habitantes, situado entre pastos de vacas en Bretaña, parece un escenario poco probable para el examen de conciencia que se lleva a cabo en Francia en materia de inmigración e identidad.

El Times  Una selección semanal de historias en español que no encontrarás en ningún otro sitio, con eñes y acentos. 
 
La plaza principal se llama en honor a la fecha en 1944 en que los soldados nazis reunieron a los combatientes de la resistencia local, muchos de los cuales nunca volvieron a ser vistos. Tiene una cafetería que gestiona un club social, un museo dedicado al spaniel bretón y una buena dosis de escapada rural: edificios vacíos y desolados, con herrería puesta y las ventanas cerradas, algunos desde hace décadas.

Por eso, cuando los miembros del consejo municipal oyeron hablar de un programa con el que se podrían renovar los edificios en mal estado y cubrir puestos de trabajo muy necesarios, como auxiliares de enfermería y constructores, mediante refugiados calificados, les pareció un boleto de lotería ganador.

“Fue un momento de eureka”, dijo Laure-Line Inderbitzin, adjunta del alcalde. “No ve a los refugiados como un caso de caridad, sino como una oportunidad”.

Sin embargo, lo que los dirigentes de la localidad vieron como una oportunidad de rejuvenecimiento, otros lo consideraron prueba de un “gran remplazo” de nativos franceses que se ha convertido en motivo de la ira y la ansiedad, en particular de la extrema derecha.

En poco tiempo, la diminuta Callac, un pueblo de apenas 2200 habitantes, se dividió: se convirtió en el centro de atención nacional y el escenario de protestas a favor y en contra del plan. Hoy se encuentra en la intersección de complejas cuestiones que han atormentado a Francia durante muchos años: cómo hacer frente al creciente número de inmigrantes que llegan al país y cómo inyectar vida nueva a localidades en declive, antes de que sea demasiado tarde. 

Como ha sucedido en muchas localidades francesas, la población de Callac ha ido disminuyendo lentamente desde el final de los Trente Glorieuses, el periodo de crecimiento de 30 años de la posguerra, cuando aumentaron el nivel de vida y los salarios. En la actualidad, casi la mitad de las personas que quedan son jubiladas. El mayor empleador es la residencia de ancianos.

Un paseo por el centro del pueblo revela decenas de escaparates vacíos, donde antes había florerías, tintorerías y estudios fotográficos. El último consultorio dental de Callac anunció en julio que cerraba: el estrés de rechazar continuamente nuevos pacientes, ya que su lista de pacientes superaba los 9000, era demasiado para Françoise Méheut.

Dejó de dormir, se puso a llorar sobre la silla de tratamientos y recurrió a los antidepresivos antes de decidir al final tomar su jubilación anticipada.

“Es una catástrofe”, dijo Méheut. “Tengo la impresión de abandonar a la gente”.

“Estoy vendiendo el local, pero nadie lo compra”, añadió sobre su negocio. “Si hubiera un dentista entre los refugiados, estaría encantada”.

Aunque muchos en el pueblo dicen que no hay puestos de trabajo, el ayuntamiento hizo una encuesta y encontró lo contrario: 75 puestos de trabajo remunerados sin cubrir, desde auxiliares de enfermería hasta contratistas, a pesar de la tasa de desempleo local del 18 por ciento.

El ayuntamiento aún espera llevar a cabo su plan en colaboración con el Merci Endowment Fund, una organización creada por una acaudalada familia parisina que hizo su fortuna con la ropa infantil de alta gama y quería retribuir a la sociedad

“La idea es que todos ganen”, señaló el hijo mayor, Benoit Cohen, cineasta y autor francés que escribió un libro sobre la experiencia titulado Mohammad, ma mère et moi.

“Ayudarán a revitalizar el pueblo”.

El proyecto Merci ha propuesto seleccionar a los solicitantes de asilo, reclutando según sus habilidades, así como su deseo de vivir en el campo. Después, los Cohen prometen desarrollar un programa integral para ayudarlos a asimilarse, con cursos de francés y apartamentos en edificios rehabilitados.

El plan también prevé nuevos espacios comunitarios y programas de formación para todos —locales y refugiados juntos—, algo que entusiasma a Inderbitzin, defensora local del proyecto en el consejo y profesora de la escuela secundaria local.

El pueblo cuenta con más de 50 clubes y asociaciones sin fines de lucro, entre ellos uno que gestiona el cine local y otro que reparte comida a las familias hambrientas de la localidad.

“El desarrollo social para todos está en los genes de Callac”, dijo Inderbitzin. “Es un círculo virtuoso. Podrían aportar mucha energía, cultura y juventud”.

No todo el mundo está tan entusiasmado con esa posibilidad. Una petición que lanzaron tres residentes opuestos al proyecto cuenta con más de 10.000 firmas, muchas de ellas de fuera de Callac.

Sin embargo, incluso en el pueblo, algunos se quejan de la falta de consulta o transparencia. Les preocupa que Callac pierda su carácter francés y cambie su tranquilidad de pueblo pequeño por los problemas de una gran ciudad. Otros cuestionan los motivos de una familia rica de París que se entromete en su hogar.

“No somos ratas de laboratorio. No estamos aquí para que experimenten con nosotros”, dijo Danielle Le Men, una profesora jubilada del pueblo que está creando un grupo comunitario para detener el proyecto; teme que el “islam radical” llegue a la comunidad.

Al enterarse de la disputa, Reconquista, un partido antiinmigración de derecha, dirigido por Éric Zemmour, quien fue candidato presidencial que no logró avanzar, organizó una protesta en septiembre, con la advertencia de que el proyecto traería una inseguridad peligrosa y la queja de que se introducirían tiendas halal y mujeres con velos islámicos.

 A una cuadra de distancia, los contramanifestantes abarrotaron la plaza principal. “A los fascistas que enarbolan la bandera roja de un remplazo hipotético”, dijo a la multitud Murielle Lepvraud, política local del partido de izquierda radical France Unbowed, “les respondo que sí, que sus ideas pronto serán remplazadas”.

Más de cien policías antidisturbios con escudos mantuvieron separados a los grupos.

Incluso muchos de los que han vivido personalmente el declive de Callac siguen sin convencerse.

“Todos los jóvenes se han ido, porque aquí no hay trabajo”, dijo Siegried Leleu, quien servía vasos de kir y cerveza a un grupo pequeño de caballeros de pelo blanco reunidos en torno a su bar, Les Marronniers, un viernes por la tarde.

Relató que hubo un tiempo en que ofrecía billar y karaoke y mantenía los barriles abiertos hasta tarde. Pero cuando la juventud de la localidad se marchó, recalibró su horario de cierre para que coincidiera con el de la clientela que quedaba: las 8 p. m.

“¿Por qué debemos dar trabajo a los de fuera? Deberíamos ayudar primero a la gente de aquí”, dijo

De pie en la calle, frente a su pequeño bar, que también hace las veces de abarrotada tienda de antigüedades, su vecino, Paul Le Contellac, evaluó la propuesta desde otro punto de vista.

Su tío se casó con una refugiada que había huido de España con su familia durante la guerra civil y encontró refugio en este pueblo. Más tarde, cuando Francia fue ocupada por la Alemania nazi, su abuela albergó a miembros de la resistencia en su ático.

“Este es un pueblo que siempre ha acogido a los refugiados”, dijo Le Contellac. “Callac no es fea, pero tampoco es bonita. Necesita nuevas energías”.

Aunque la inmigración puede tener el potencial de hacerlo, la cuestión sigue siendo muy controvertida, incluso cuando la crisis migratoria se ha visto atenuada por la pandemia

Hoy, cuando la pandemia parece remitir, el número de solicitantes de asilo que llegan a Francia vuelve a aumentar, amenazando con restablecer la volatilidad del asunto.

Desde el punto álgido de la crisis migratoria, hace varios años, el gobierno del presidente Emmanuel Macron ha intentado dividir la diferencia en su política migratoria.

Por un lado, ha pretendido disuadir a los solicitantes de asilo, aumentando la policía en la frontera y recortando algunos servicios estatales.

Por otro, para quienes son aceptados como refugiados, ha volcado recursos en las clases de francés y en programas de empleo para facilitar su integración.

El gobierno también ha intentado dispersar a los solicitantes de asilo fuera de París, donde los servicios están saturados, es difícil encontrar alojamiento y han surgido grandes campamentos provisionales.

Hace poco, Macron anunció que quería formalizar la política en un nuevo proyecto de ley de inmigración, enviando a los solicitantes de asilo desde los densos centros urbanos, ya plagados de problemas sociales y económicos, a las “zonas rurales, que están perdiendo gente”.

El plan se parece mucho al que se está poniendo en marcha en Callac, que, de manera paradójica, lleva recibiendo familias de refugiados desde 2015, cerca de 40 personas en la actualidad, casi sin previo aviso, como muchos pequeños pueblos franceses.

Mohammad Ebrahim escuchó el ruido de las protestas agresivas desde la ventana de la sala de su casa, pero no tenía idea de qué se trataba la conmoción, desde luego no sobre él, su mujer y sus cuatro hijos, que llegaron hace un año.

Los kurdos que escaparon de Al Qaeda en Siria no han sentido más que una buena acogida; muestran en sus celulares fotografías de las comidas y celebraciones comunitarias a las que han sido invitados. Sin embargo, las ventajas de la hospitalidad del pueblo se compensan con las desventajas logísticas de vivir en el campo sin auto. La capacitación, las citas médicas e incluso las clases regulares de francés están muy lejos.

Cuando escucha el plan de ofrecer servicios integrales y escuela en Callac, Ebrahim sonríe pleno. “Así podríamos ir a clase de francés todos los días”, se emocionó.

Callac puede ser ahora un campo de pruebas de si un enfoque más estructurado puede funcionar y las divisiones pueden superarse.

“Esto se convirtió en una cuestión de política francesa”, dijo Sylvie Lagrue, una voluntaria local que lleva a los refugiados a las citas con el médico y los ayuda a configurar su internet. “Ahora, todo el mundo espera que esto se calme y sigamos con el programa”.

Aunque el proyecto aún no cuenta con un presupuesto oficial, un calendario o un número objetivo de solicitantes de asilo a reasentar, el ayuntamiento sigue avanzando de manera sutil.

Recientemente, compró una enorme escuela abandonada, que se levanta como un fantasma en medio del pueblo, y anunció que planeaba convertirla en el “corazón” del proyecto, con una zona de recepción de refugiados, así como una guardería comunitaria y un espacio de trabajo compartido.

El fondo Merci ya ha comprado el edificio donde cerró la última librería del pueblo en agosto. Ahora planea reabrir la tienda para la comunidad, mientras aloja a una primera familia de solicitantes de asilo en el piso de arriba.

“El comienzo tiene que ser lento”, dijo Cohen. “Tenemos que ver si funciona. No queremos asustar a la gente”.                       (

13/10/22

La España es la que sienten los emigrantes que vuelven, que a pesar de todo, quieren volver... es por la calidad de las relaciones humanas (aunque ya en proceso de desaparición)... Mi relación con España tiene mucho más que ver con la experiencia de haberme ido a estudiar fuera y haber vuelto que con cualquier tipo de estrategia política: puede ser que no haya forma más poderosa de acercarse a una patria que a través de la desposesión que implica tener que irse lejos... Es, y también les pasa a algunas amigas, a algunas interlocutoras, una relación turbulenta, intensa, íntima, y no envidio la asepsia de quienes no sienten nada por su país. Yo no puedo renunciar, ni a la hora de pensar la política ni en ningún otro momento, a esa dimensión de mí misma y de mi identidad, que me lleva a sentirme española y sentir lo español como mío. Tuve, claro, que irme y abandonarlo para darme cuenta... Todo lo que tiene que ver con la patria no es para mí un arma arrojadiza, menos una estrategia; es un tema, una preocupación, una relación afectiva, un debate... España es lo que odia la derecha, es un país abierto a la diversidad, con un movimiento feminista fortísimo.

 "Se acerca la mal escogida fecha de nuestra Fiesta Nacional. Siempre hay quien, cuando alguien de izquierdas habla de España, responde diciendo que ese proceso de «reapropiación» o «resignificación» (¿qué necesidad hay de usar esos palabros?) ya demostró su fracaso. No es baladí: en esa respuesta subyace la consideración según la cual la patria se mide por su valor como estrategia política. Se mezclan absurdos y cosas inconexas para sugerir que algunos llevamos dando la turra con una idea ayer, ahora y siempre inútil. Alguno, en sus pensamientos, nos mira por encima del hombro: ¿no se cansan? O, aún peor: ¿no se dan cuenta de su ridículo?

En su mitin en el festival ultraderechista que ha organizado Vox estos días, en el cual tampoco se cansaban de su ridículo, Abascal, en camisa azul y con un discurso más falangista que nunca (¡elogiando entre brazos alzados a Primo de Rivera!), recriminaba a la izquierda su despreocupación por la patria. Ríos de tinta han corrido ya sobre cómo la derecha se ha apropiado la bandera, sus símbolos, hasta su país; no es mi intención repetirlos. No es tanto que la izquierda se haya despreocupado, sino que ha renunciado a una parte de esa batalla. Y, cuando la ha dado, la ha dado de forma equivocada.

 Uno de los problemas de la cultura política de izquierdas en los últimos tiempos ha sido su sometimiento a las estrategias de comunicación y a la instrumentalización de los conceptos. Las ideas no se medían exactamente por sus efectos, sino que sólo eran tomadas en la medida en que podían ser funcionales para un objetivo. Cuando partidos como Podemos han coqueteado con la noción de patria han parecido hacerlo cuando pensaban que esa noción podía servirles para cosechar mejores resultados electorales; la coherencia del pensamiento político quedaba sometida a la utilidad cortoplacista, en ciclos muy cortos; el pensamiento quedaba convertido en mensajes, eslóganes y argumentario.

 Pero hay conceptos que no admiten ese tipo de vaivenes. En el caso de la noción de patria, cualquier uso interesado carente de compromiso duradero iba a ser visto tarde o temprano como el uso deshonesto de veletas políticas; la patria deja de ser una noción operativa cuando se convierte en algo a lo que se puede temporalmente renunciar en pos de unos resultados un poco mejores, es decir, cuando no existe una vinculación afectiva y real con el concepto que se está utilizando.

Mi relación con España tiene mucho más que ver con la experiencia de haberme ido a estudiar fuera y haber vuelto que con cualquier tipo de estrategia política: puede ser que no haya forma más poderosa de acercarse a una patria que a través de la desposesión que implica tener que irse lejos. Es, y también les pasa a algunas amigas, a algunas interlocutoras, una relación turbulenta, intensa, íntima, y no envidio la asepsia de quienes no sienten nada por su país. Yo no puedo renunciar, ni a la hora de pensar la política ni en ningún otro momento, a esa dimensión de mí misma y de mi identidad, que me lleva a sentirme española y sentir lo español como mío. Tuve, claro, que irme y abandonarlo para darme cuenta.

Me siento, del mismo modo, extraordinariamente lejos de aquellos para quienes la complicada relación de la izquierda con España sólo les interesa si les sirve como instrumento de acoso y derribo contra la izquierda que a ellos no les gusta. Insisto en esto otro: no me interesa la rojigualda porque envolverse en ella dé más o menos votos, porque ni siquiera participo de la dinámica electoral partidista. Por eso celebré también este año cuando el Ministerio de Igualdad lanzó su campaña "Orgullo de País", declarando el "orgullo de una España diversa e inclusiva". Todo lo que tiene que ver con la patria no es para mí un arma arrojadiza, menos una estrategia; es un tema, una preocupación, una relación afectiva, un debate. Y no se trata de una cuestión simple o que se resuelva de un plumazo, como algunos querrían verla; si en ello otros ven un defecto, en esa riqueza del disenso percibo una virtud.

Hay una parte de la izquierda que vive esperando a que su país sea lo suficientemente bueno para ellos antes de abrazarlo. Lo que no comprenden es que nunca va a serlo, igual que su país jamás será lo bastante reaccionario como para aquellos del bando opuesto. La ausencia de vergüenza de la derecha a la hora de considerarse a sí mismos los genuinos representantes de su patria sí que es estratégica: ellos obvian a la hora de definir España que España también es lo que odian, un país abierto a la diversidad, con un movimiento feminista fortísimo.

Su estrategia parece fortísima en tanto que nos han convencido de que España son ellos, o el 12 de octubre, o los ultras, el resentimiento, el desprecio. La relación de la izquierda con España no tendrá salida hasta que salgamos de ese engaño. No nos han robado un país, porque nuestro país sigue siendo el que es: si nos sentimos expropiados, pues, tendrá algo que ver con que estemos dejando que nos lo roben. Ahí, de golpe, la responsabilidad se vuelve nuestra."                     (Elizabeth Duval, Público, 10/10/22)

13/9/22

Cómo comenzó todo en Ucrania: en la década de 1990 la divisoria política real en la esfera pública se acercaba más a la clásica distinción binaria entre izquierda y derecha... El cambio a un vocabulario étnico se produjo con la revolución naranja de 2004... la rivalidad entre grupos oligárquicos que estaban detrás de las principales formaciones políticas partidarias se había vuelto más transparente e intervino en adelante de forma abierta en la lucha electoral. Fue entonces cuando las diferencias etnolingüísticas percibidas entre este y oeste se convirtieron en una división política cada vez más profunda y las identidades culturales comenzaron a absorber distinciones programáticas más convencionales... La política ucraniana paso a ser, después de la revolución naranja, un terreno de confrontación entre dos proyectos nacionalistas rivales, que se percibían a sí mismos como ucranianos étnicos y eslavos orientales

 "(...) Cómo comenzó todo

Ahora bien, a lo largo de los treinta años de independencia de Ucrania ha habido una notable diversidad en la geografía política del país y en sus identidades políticas, pero las diferencias cardinales cambiaron junto con la transformación de las luchas políticas. Contrariamente a la narrativa nacionalista que poco a poco se ha vuelto dominante, en la década de 1990 la divisoria política real en la esfera pública se acercaba más a la clásica distinción binaria entre izquierda y derecha, incluso en los términos empleados por la propia clase política y la profesión periodística.

El cambio a un vocabulario étnico se produjo con la revolución naranja de 2004, cuando el centro de gravedad en el terreno político se trasladó de la presidencia al parlamento. A resultas de este desplazamiento, la rivalidad entre grupos oligárquicos que estaban detrás de las principales formaciones políticas partidarias se había vuelto más transparente e intervino en adelante de forma abierta en la lucha electoral. Fue entonces cuando las diferencias etnolingüísticas percibidas entre este y oeste se convirtieron en una división política cada vez más profunda y las identidades culturales comenzaron a absorber distinciones programáticas más convencionales.

La política ucraniana paso a ser, después de la revolución naranja, un terreno de confrontación entre dos proyectos nacionalistas rivales, que se percibían a sí mismos como ucranianos étnicos y eslavos orientales (Shulman, 2005). Los primeros ensalzaron la lengua ucraniana y su identidad étnica asociada, se mostraba implacablemente hostil hacia Rusia, que equiparaba a la Unión Soviética, y anhelaba una integración liberal euroatlántica. Los segundos se centraron en la defensa de los derechos de la lengua rusa, la iglesia ortodoxa rusa y la memoria histórica de la victoria del pueblo soviético en la segunda guerra mundial (que veían como una victoria propia), y supuestamente favorables a Rusia.

Esta división proporcionaba a las elites una herramienta fácil para movilizar la base de votantes. Sin embargo, al mismo tiempo servía de freno de seguridad para prevenir una consolidación autoritaria del poder: todo dictador potencial apoyado por uno u otro bloque era fácilmente derribado por sus rivales, bastaba movilizar a la otra mitad del país contra él. Este pluralismo por defecto pasó a ser el rasgo distintivo del sistema político ucraniano (Way, 2015). Un pluralismo que también era un seguro frente a una consolidación neoliberal en el terreno económico: la importancia del componente populista no permitía que las elites gobernantes separaran la economía de las configuraciones sociales y políticas locales y obligaba a todas las fuerzas políticas a mantener el legado soviético de mecanismos redistributivos.

La creación de la división supuestamente identitaria sirvió por tanto de amaño útil para la reproducción social durante la década de crecimiento económico entre 2000 y 2010. No obstante, como ocurre con todos los parches político-económicos, este solo fue temporal. Varios factores contribuyeron a su desaparición a comienzos de la década de 2010. En primer lugar, al carecer de controles internos, la amplitud de la dicotomía nacionalista fue creciendo peligrosamente hasta que la polarización alcanzó niveles insostenibles.

En las elecciones legislativas de 2012, el partido (ucraniano étnico) de extrema derecha Svoboda obtuvo el 10 % de los votos. Su popularidad se vio favorecida por el presidente (eslavo oriental) Yanukovich, que pretendía a todas luces orquestar su reelección en 2015 de la misma manera que lo había hecho Jacques Chirac en 2002 frente a Le Pen, pero seguramente subestimó el nivel de tensión ya acumulada en la sociedad. Las actividades depredadoras del equipos de Yanukovich en el terreno económico irritaron tanto a los oligarcas como a los pequeños empresarios, mucho más numerosos, y a las clases medias urbanas en Kyiv y en la parte occidental del país, dando alas al voto nacionalista.

 Esto coincidió con el final del superciclo comercial que había sostenido el crecimiento de la economía ucraniana entre 1997 y 2012 (Chim, 2021). Había cada vez menos que redistribuir, especialmente debido a que en 2012 Rusia, afectada por el mismo cambio de ciclo global, lanzó un ataque económico frontal contra Ucrania, con unos precios exorbitantes del gas e incontables guerras comerciales que afectaron a los exportadores ucranianos. A partir de la segunda mitad de 2012, tras el fin del estímulo producido por los proyectos de infraestructura asociados al campeonato europeo de fútbol, Ucrania entró en recesión. La ofensiva económica rusa marcó el cierre del intersticio geopolítico que había sido vital para Ucrania: Yanukovich se vio forzado a elegir un bando a sabiendas de que cualquier elección sería desastrosa.

Todas estas contradicciones se cruzaron en la crisis política llamada Euromaidan en 2013-2014. Depuesto Yanukovich, Crimea anexionada por Rusia y el Donbás sumido en una guerra, el equilibrio interno de la política ucraniana se distorsionó irremisiblemente. Millones de votantes eslavos orientales se vieron ahora expulsados del terreno de juego y el partido ucraniano étnico pasó a ser matemáticamente dominante (D’Anieri, 2018). Este antagonismo, aunque reciente y construido, preside ahora la política nacional.

Al mismo tiempo, sin embargo, tanto la identidad ucraniana étnica como la eslava oriental que se ofertaban en el mercado político estaban muy débilmente arraigadas en la cosmovisión de la gente común. Dondequiera que viviera una persona o cualquiera que fuera la lengua que hablara con más soltura, la actitud popular dominante era un rechazo antipolítico de las disputas partidarias como tales, en vez de un firme apoyo a un bando o a otro. A resultas de esta desconexión entre la clase política y la sociedad, y empujado por la lógica de la esfera pública, Petro Poroshenko pasó su mandato presidencial virando hacia una forma cada vez más radical de nacionalismo ucraniano étnico. Al final encajó una humillante derrota en las elecciones de 2019: el 73 % de los votos favorecieron a Volodymyr Zelenskyi, que era la verdadera encarnación de la actitud antipolítica y antielitista popular.

Sin embargo, una vez elegido, Zelenskyi también comenzó a atenerse a la lógica estructural de la esfera política. En el otoño de 2020, el gobierno ruso se convenció de que Zelenskyi no iba a aceptar su versión de los acuerdos de Minsk, y el Kremlin inició los preparativos militares. En los niveles inferiores de la sociedad ucraniana, mientras tanto, persistía el mismo desapego inveterado con respecto a la política identitaria. Por ejemplo, uno de los líderes de la huelga minera de 2020 en Kryvyi Rih, la ciudad natal de Zelenskyi, fue ensalzado como un héroe de las dos batallas más duras de la guerra del Donbás. No obstante, esto no le importó mucho subjetivamente: en una polémica en torno a la huelga, dijo que nunca se había considerado un patriota (Gorbach, 2022).

El momento actual

¿Qué ocurrió cuando Rusia finalizó sus preparativos bélicos y envió sus tropas a Ucrania? Kryvyi Rih, un bastión de la elite supuestamente eslava oriental, es un ejemplo ilustrativo. El alcalde de la ciudad, Yuriy Vilkul, fue elegido en 2010, tras la victoria presidencial de Yanukovich. El hijo del alcalde, Oleksandr, era director general de dos grandes empresas industriales de la ciudad en el momento crucial de su polémica transferencia a Rinat Ajmétov, el hombre más rico de Ucrania y patrocinador tradicional de los proyectos políticos eslavos orientales. La consolidación del poder político de esta familia en la ciudad vino acompañada de su patrocinio de la construcción de numerosas iglesias ortodoxas rusas y otros proyectos religiosos, así como de monumentos que refuerzan la versión sovietista de la memoria histórica de la segunda guerra mundial.

Activistas nacionalistas y liberales locales estaban convencidos de que la elite dirigente cambiarían de bando nada más asomar las tropas rusas. Sin embargo, Oleksandr Vilkul fue nombrado jefe de la administración militar local. Poco después de la invasión, escribió: “Queridos amigos, cada generación tiene su propia fortaleza de Brest, su propia Stalingrado. No cederemos ni un metro de nuestra tierra natal a los ocupantes. Kryvbas está a nuestras espaldas, no tenemos dónde retirarnos. Tras nuestras espaldas están nuestras familias y las tumbas de nuestras familias… El enemigo será derrotado.”

Estas cuatro frases contienen nada menos que cinco alusiones a los discursos de Stalin en tiempos de guerra. La identidad eslava oriental, durante mucho tiempo percibida como prorrusa, se convirtió en una herramienta de movilización en contra de la invasión rusa. La sociedad civil local, ucraniana étnica, se sintió molesta y desorientada ante este giro de los acontecimientos, pero al margen de lo que puedan pensar de ello, el hecho es que la resistencia a la invasión rusa se organiza de modo eficiente bajo el lema del antifascismo soviético y de la fe ortodoxa. El dirigente político que durante años se opuso al etnonacionalismo ucraniano y combatió la descomunización del espacio urbano después del Euromaidan, recibe ahora visitas amistosas de las cabezas visibles del nacionalismo ucraniano y se ha puesto a renombrar todos los topónimos que tienen alguna cosa que ver con Rusia (que implica cambios más amplios que la eliminación de nombres comunistas).

¿Qué decir de la clase trabajadora? Ninguno de mis informadores antes apolíticos o eslavos orientales de Kryvyi Rih parecen albergar dudas con respecto a la invasión. El abanico de reacciones va de los exabruptos emocionales patrióticos en los grupos de chat a la implicación personal en el esfuerzo de guerra. Un dirigente sindical ha pedido el envío de armas a compañeros extranjeros que querían enviar ayuda humanitaria; un minero desplazado de Donetsk ha abandonado su escepticismo con respecto a la política y ha participado con entusiasmo en la defensa de la ciudad. Abundan los ejemplos.

¿El final de la ambigüedad?

Durante décadas, la relación de la clase obrera ucraniana con la política fue distante, por no decir activamente antagonista. La política en todas sus variantes y colores se percibía como el dominio de la corrupción y las mentiras. ¿Qué ha cambiado? Probablemente no gran cosa. La reacción unívoca a la invasión rusa es tan fuerte precisamente por su carácter no político: la experiencia de la guerra y la respuesta a ella son viscerales, no mediatizadas por ideologías corruptoras y politiqueos. Contrariamente a anteriores acontecimientos políticos, este se se siente real. Afecta al tejido mismo de la vida cotidiana y no se basa en reflexiones abstractas mediatizadas por una clase intelectual. De ahí el nivel sorprendente de implicación personal.

 Volodimir Artiuj plantea algo similar cuando compara las narrativas oficiales rusa y ucraniana que acompañaron este año a las conmemoraciones de la segunda guerra mundial: “Mientras que el lado ucraniano desecha signos icónicos y apela a la experiencia física visceral, en el lado ruso se emplean casi exclusivamente símbolos carentes de toda relación con la experiencia vivida” (Artiuj, 2022). Ambas estrategias discursivas excluyen la posibilidad de construir un movimiento político sostenible desde abajo, pero mientras el simbolismo ruso es desmovilizador, la apelación ucraniana a la realidad vivida moviliza generando una potente lealtad emocional con el acontecimiento. Oleg Zhuravlev y Volodimir Ishchenko han estudiado una política inmediata similar en el caso del Euromaidan; una enorme movilización que no tenía ninguna agenda verbalizada, basándose en su lugar en vínculos emocionales entre los participantes en el movimiento, y entre ellos y su objeto político (Zhuravlev & Ishchenko, 2020).

¿Se estabilizará este vínculo lo suficiente para crear un sentido común compartido, construyendo de este modo, finalmente, una nación ucraniana efectiva, no dividida, en respuesta a la guerra? Resulta tentador anticipar la aparición de una síntesis hegeliana a partir de dos ideologías antitéticas, cuya coexistencia hacía que Ucrania fuera un tanto deficiente en muchas narrativas. Sin embargo, incluso si se hace realidad un proyecto como este, ¿cuáles serían sus características? O bien podría deslizarse de nuevo hacia un etnonacionalismo estrecho, o bien convertirsde en un proyecto nacional inclusivo, basado en la experiencia compartida de la guerra, en la aspiración a ingresar en la Unión Europea y en un programa redistributivo. Puede quedarse en un estadio prenacional (después de todo, ¿qué es el nacionalismo si no una negación romántica de la racionalidad de la Ilustración?) o transformarse en un programa político más fácil de leer.

Poca cosa se puede prever con certeza en un momento en que todo –incluida la futura realidad geográfica de Ucrania– depende del resultado de la guerra. Sin embargo, es importante reconocer que la guerra tampoco es una variable independiente; su trayectoria la estructura la acción política contradictoria de la gente que habita el país."                   (  , Viento Sur, 24 junio 2022)

12/1/22

“Los alcaldes de Bilbao fueron extensiones políticas de Franco”... los Ayuntamientos conformados tras 1939 estuvieron férreamente “arbitrados” por el dictador... el Banco de Bilbao y el Banco de Vizcaya fueron capitales en la financiación del franquismo

"1 de julio de 1937. Coliseo Albia. El primer alcalde tras la caída de Bilbao en manos de Francisco Franco, José María de Areilza, pronuncia un discurso en homenaje al glorioso ejército y la cruzada franquista: “Bilbao no se ha rendido sino que ha sido conquistado por el ejército y las milicias (...) ¡Vaya si ha habido vencedores y vencidos! Ha triunfado la España una, grande y libre”. La abarrotada sala aplaude el que pasaría a ser uno de los primeros actos propagandísticos del franquismo en el bocho (sí, con ch). Ese edificio del centro, que ahora alberga el gran casino de la ciudad, se convirtió en un símbolo del espíritu de la España sublevada.

Antonio Pérez Embeita (Bilbao, 1991) ha dedicado su tesis doctoral a investigar el poder local en el franquismo a través del Ayuntamiento de Bilbao. Una investigación, ahora publicada por Sílex Ediciones, donde el autor ahonda en cómo durante cuatro largas décadas la dictadura controló todos los estamentos e instituciones. Centrado en la primera etapa del régimen, el ejercicio de análisis ha sido lento y a veces, como toda mirada al pasado, lleno de obstáculos, según el autor: “Archivos policiales, documentación que se custodia en algunos archivos militares o aquella sujeta a leyes como la de protección de datos o la de secretos oficiales impiden que los profesionales de esta materia o cualquier otra persona puedan acceder a documentación que sería muy importante a la hora de analizar la dictadura franquista (o cualquier otra etapa)”. El libro Las buenas familias de Bilbao pone nombres y apellidos a los clanes familiares que, desde su concepción elitista del poder, encaminaron a la sociedad bilbaína hacia el precipicio de la historia.

Hablas mucho de que el Ayuntamiento franquista tenía como fin implementar a escala local el nuevo Régimen. El municipio debe estar bien gobernado, “como piedra en que se apoya la vida del Estado”. ¿Cómo se utilizó el espacio urbano para ello y qué restos se pueden contemplar en la actualidad?

El uso de las instituciones por parte de la dictadura para implantar el nuevo orden en cada municipio fue clave a la hora de cimentar el sistema que se impuso durante cuatro décadas. En este sentido, el Ayuntamiento es la institución más cercana al ciudadano de a pie, y por tanto tuvo una serie de atribuciones que serían clave en este cometido. Ejemplos de ello serían las políticas memorialistas municipales, la gestión de la reconstrucción tras la guerra, las infraestructuras o la hacienda municipal y la depuración de los empleados, por ejemplo. Hay que entender también el Ayuntamiento como una institución en la que “colocar” a quienes habían apoyado al franquismo desde el primer momento, y en el caso de Bilbao, a quienes lo habían sufragado. Desde un punto de vista ideológico, las políticas de la memoria y la depuración del personal municipal serían los dos ejes principales desde los que se vertebraría la implantación del franquismo, sin olvidarnos de la parte que le tocaba al Ayuntamiento en el ámbito represivo, que ocurría principalmente a través de la policía municipal.

En cuanto a los posos de estas políticas, por suerte han ido desapareciendo durante el periodo posfranquista, ya que las instituciones han retirado plazas, estatuas u otros elementos y se han cambiado los nombres del callejero que tenían una carga simbólica favorable a la dictadura de Franco. El “resto” más importante que probablemente haya quedado es el remanente en la psicología de todas aquellas personas que vivieron durante aquella época, y que por mera costumbre en muchos casos continúan vinculados ciertos lugares al relato que el franquismo impuso.


Por ejemplo, hablas mucho de infraestructuras… Los puentes supusieron el 60% del gasto y la reconstrucción, el 20%. ¿Cómo influyeron los criterios arquitectónicos y urbanísticos del franquismo? El lector puede intuir que estuvieron orientados a la represión y el control. ¿Por qué se crea la institución Viviendas Municipales? “Méritos contraídos al servicio de la patria”, señalas en tu libro. ¿Cuánto de ello queda a día de hoy? 

A la hora de entender las actuaciones en el ámbito de las infraestructuras, hay que precisar que el estado de la ciudad de Bilbao tras la guerra era deplorable en muchos lugares, con la destrucción de todos los puentes que conectaban ambos lados de la ría como ejemplo más claro de ello. El franquismo aprovechó la necesidad de acometer estas obras para enmarcarlas en su programa propagandístico, tal y como demuestra la elección de los nombres de los nuevos puentes de Bilbao, caso del General Mola o el Generalísimo Franco.

En cuanto a Viviendas Municipales, esta institución fue una herramienta tanto de propaganda como de recompensa por los servicios prestados, por decirlo así. Por un lado, el Ayuntamiento formaba parte de la estrategia de dar un barniz social a la dictadura, un régimen que se preocupaba por el pueblo, por la clase trabajadora, poniendo a su disposición viviendas que de otra manera no habrían podido disfrutar. Por otro, aprovechaba para recompensar a quienes lo habían apoyado a través de los criterios que se utilizaban a la hora de seleccionar a los inquilinos de dichas viviendas, con méritos como el haber prestado “servicios a la patria”, es decir, por haber luchado en el bando franquista durante la guerra, por ejemplo.

La población de la ciudad pasó de 183.886 habitantes en 1940 a 217.275, en 1950, y a 282.296, en 1960. ¿Estaba la villa preparada para acoger semejante incremento poblacional? ¿Cómo describirías la situación de chabolismo, salubridad e higiene?

No lo estaba, en absoluto. El problema que tenía el cinturón industrial de Bizkaia, especialmente en el caso de Bilbao, era el de una falta total de infraestructuras que permitieran una integración armoniosa de todas esas personas que habían llegado a la ciudad a trabajar en la industria, principalmente. La falta de viviendas provocó la proliferación del chabolismo, un problema al que no se le dio solución durante décadas y que transformó por completo el paisaje urbano de Bilbao. Además, las personas que se veían obligadas a vivir en esas chabolas adolecían de cualquier tipo de servicios, de agua corriente o luz, lo que aumentaba las condiciones de insalubridad a las que se enfrentaban. Como ejemplos de la importancia de las chabolas en el Bilbao de la época, baste mencionar que en una visita de Franco a Bilbao tuvieron que eliminar las chabolas que copaban el fondo de algunas de las fotografías, o que existe incluso literatura de ficción sobre el tema, como el libro Una chabola en Bilbao, en 1972, de José Luis Martín Vigil.

¿Cómo ha afectado al panorama urbano que hoy vivimos?

En la actualidad, el fenómeno del chabolismo ha desaparecido y las zonas en las que se amontonaban las chabolas han sido urbanizadas, si bien los barrios que antes sufrían este fenómeno continúan hoy siendo algunos de los menos desarrollados de la ciudad en el ámbito de los servicios y las infraestructuras.

Uno de los criterios más relevantes para elegir alcaldía desde las altas esferas franquistas, aunque por obvio no puede dejar de ser señalado, era la fidelidad al dictador. También si se tenía una posición material importante, como es el caso de empresarios o hijos de empresarios. Tras tu tesis y estudio, ¿qué relación existía entre la posibilidad de acceder a una mejor vida y ser un seguidor del régimen?

La relación era muy estrecha, aunque lo matizaría de la siguiente manera: Ser seguidor del régimen no garantizaba el acceso a una vida mejor (si bien el haber adquirido lo que la dictadura consideraba méritos sí tenía su importancia), pero no serlo sí garantizaba problemas a los que esos seguidores no se enfrentaban. Además, había que demostrar esa lealtad a la dictadura, ya fuera mediante la vinculación a uno de los grupos políticos que apoyaron al franquismo, habiendo combatido en la guerra o habiendo sufrido algún tipo de represión en la etapa republicana.

En cualquier caso, la dictadura propició un sistema en el que se compensaba a quienes podían demostrar su lealtad a la misma ya desde la guerra. Así, una parte de los puestos de trabajo de las instituciones franquistas, como los Ayuntamientos, estaban reservados para excombatientes o excautivos y existían méritos como la Medalla de Hierro de la Villa de Bilbao, creada ex profeso para honrar a dichos combatientes y cuya posesión otorgaba un estatus que podía abrir determinadas puertas, creando diferentes clases en base a la fidelidad ideológica.

El alcalde Joaquín Zuazagoitia dejó por escrito en las actas que tú mismo has consultado (día 6 de noviembre de 1942) que los bilbaínos son “más españoles que nadie”. ¿Esto hacía patente una doble identidad nacional? 

El caso de la imbricación de ambas identidades está presente no solo en Zuazagoitia, que tenía más bien una intención de “españolizar” Bilbao, sino también en predecesores suyos como Areilza u Oriol. Hay que entender que para estas personas y quienes compartían su visión, la identidad vasca estaría siempre dentro de la española, supeditada a ésta, por decirlo así. La reivindicación de lo vasco que hacían estos hombres nada tiene que ver con una pulsión nacionalista, y si con una cuestión de tradiciones culturales. Por ello, si bien pudo haber quien no se sentía cómodo con este tema dentro de la dictadura, no fue un punto de fricción, ya que como digo no tenía un carácter político y no se reivindicaba la cultura, y menos aún la lengua, como elementos diferenciadores de lo vasco y lo español.

Al hilo del análisis de las actas, ¿cómo ha sido el proceso de investigación material? ¿Hay trabas burocráticas al acceso a información del franquismo? 

En mi caso particular, solamente he tenido problemas de acceso a algunos documentos relacionados con los procesos electorales locales que se custodian en el Archivo General de la Administración, sito en Alcalá de Henares. No obstante, dependiendo de la temática de estudio, hay, en mi opinión, dos problemas. Primero, existe un vacío documental de información que se ha extraviado o que fue destruida en su momento. Por otro lado, la accesibilidad de cierta documentación es lamentable. Archivos policiales, documentación que se custodia en algunos archivos militares o aquella sujeta a leyes como la de protección de datos o la de secretos oficiales impiden que los profesionales de esta materia o cualquier otra persona puedan acceder a documentación que sería muy importante a la hora de analizar la dictadura franquista (o cualquier otra etapa). Además, hay muchos casos en los que uno puede acceder a la documentación pero no fotografiarla, lo que resulta un impedimento mayor de lo que se podría pensar a la hora de investigar determinadas cuestiones, ya que obliga a invertir un tiempo y un dinero del que muchas veces no se dispone. En definitiva, el acceso a la documentación debería de ser más sencillo y abierto.

¿Cuáles fueron los principales ediles ideólogos de la labor propagandística de la dictadura? ¿Cuáles, en definitiva, por su tipo de actuaciones, lideraron ese apoyo del control social sobre la ciudad como extensiones políticas de Francisco Franco?

En el caso bilbaíno al menos los alcaldes fueron sin duda las “extensiones políticas de Franco” que mencionas en la pregunta. Una de las características definitorias de la dictadura franquista era la jerarquía absoluta, por lo que el alcalde sería un hombre de confianza, generalmente una persona con peso político, a diferencia de algunos ediles que apenas tuvieron recorrido político. En el caso bilbaíno, podríamos destacar las figuras de Areilza o Lequerica, por poner solamente dos ejemplos, que después de su paso por el Ayuntamiento tuvieron cargos de gran importancia en el organigrama franquista. Además de los alcaldes, cabría destacar algunos tenientes de alcalde que por sus atribuciones tuvieron importancia en este ámbito. Básicamente aquellos que presidieron las comisiones de Gobernación y Fomento, y que estaban vinculadas a los conjuntos monumentales o a las Medallas de Hierro de la Villa. Destacaría en este caso la figura de Esteban Calle Iturrino, periodista de profesión, que presidió las comisiones de Gobernación y Gobierno Interior en los primeros Ayuntamientos franquistas de Bilbao.

Cuatro eran las fuerzas políticas predominantes en el Ayuntamiento de Bilbao durante el primer franquismo: Comunión Tradicionalista, Falange, Renovación Española y Movimiento Nacional. ¿Cómo operaba esa correlación de fuerzas? ¿Dónde fueron a parar con la democracia las implantaciones sociales e ideológicas que pudieron hacer?

Franco recibió el apoyo de diferentes corrientes ideológicas de la derecha española, algunas de las cuales tenían modelos poco menos que incompatibles, pero que se unieron ante el enemigo común de la República. Una vez logrado el poder, Franco actuó como un grandilocuente árbitro que repartía el poder a su gusto, por lo que esas corrientes pelearon por su trozo del pastel, básicamente. En el caso de Bilbao, algunas tradiciones políticas, como el carlismo, tenían su arraigo, frente a una Falange sin apenas implantación. Renovación Española, por su parte, apenas tenía apoyos sociales, pero una serie de miembros de la élite socioeconómica vasca formaba parte de ella, lo que hizo que ocupara una posición de privilegio en las instituciones vizcaínas. Las relaciones fueron siempre tensas, aunque solamente entre falangistas y carlistas llegó la sangre al río, con el caso de los Sucesos de Begoña, atentado perpetrado por un falangista contra el general carlista José Enrique Varela y que provocó la remodelación del Ayuntamiento, la marginación del carlismo durante un tiempo en el mismo y la actuación de Franco como ese árbitro antes descrito.

¿Podrías describir el rol de la banca, especialmente del Banco de Bilbao y del Banco de Bizkaia, para con el Ayuntamiento? Expones que 18 miembros de la corporación bilbaína tuvieron una relación directa con estas entidades.

La vinculación entre el poder económico y el político fue muy clara. En el caso de estas entidades bancarias, como mencionas, hasta 18 ediles estuvieron vinculados a sus consejos de administración. Estos bancos fueron capitales en la financiación del franquismo ya en la Guerra Civil, como explica Sánchez Asiaín (La financiación de la Guerra Civil española. Una aproximación histórica, Editorial Planeta, Barcelona, 2012), y continuaron siéndolo tras la victoria franquista, más aún si tenemos en cuenta que la situación económica del Ayuntamiento de Bilbao era crítica, en plena posguerra y tras la pérdida del Concierto Económico. Como ejemplo de ello, ya en 1937, nada más llegar al poder, el Ayuntamiento franquista de Bilbao pidió una línea de crédito de 5 millones y medio de pesetas a diferentes entidades bancarias, incluidas el Banco de Bilbao y el Banco de Vizcaya.

Tu análisis de las corporaciones municipales de Bilbao (1937-1959) señala que fueron los empresarios quienes más elevados puestos ocuparon. Y que, esa burguesía, las “buenas familias” apoyaron el fallido golpe de Estado y lucharon después en la guerra, unas personas que más tarde recibieron su recompensa por la labor prestada. ¿Podrías exponer los ejemplos, a tu parecer más notables, de este hecho? Por otro lado, ¿qué otros estamentos empresariales de las élites tuvieron un rol central?

Vinculada con la anterior pregunta, la relación entre el poder económico y la dictadura fue capital. El propio franquismo ya habla de la necesidad de contar con lo que llama ”fuerzas vivas” de la sociedad, es decir, con las élites socioeconómicas, sin cuyo apoyo tendría muy difícil imponer el control sobre la sociedad. He mencionado antes el ejemplo de Renovación Española, cuyos miembros eran parte de esa élite y que vieron recompensada su posición mediante cargos políticos en el organigrama de la dictadura. El llamado clan de Neguri también es un ejemplo de ello y una parte importante de los apellidos más representativos de la burguesía vasca de la época formó parte de esa élite en la que se apoyó la dictadura, como los propios alcaldes (a excepción de Zuazagoitia, todos pertenecieron o estuvieron relacionados estrechamente con la burguesía de Neguri). Así, familias como Areilza, Oriol, Careaga, Ibarra, Churruca Arellano, Galíndez, Barreiro, Astigarraga, Gaytán de Ayala, Barrón, Lezama Leguizamon o Aguirre Achutegui, por poner algunos ejemplos, formaban parte de esas élites socioeconómicas.

Con la “presunción de culpabilidad” se depuraron todas las instituciones bilbaínas. Entre ellas el Matadero (con más de un 72% de destituciones), que tuvo su importancia simbólica. ¿Qué sentido tenían estas depuraciones indiscriminadas en puestos sin peso político ni capacidad de decisión? ¿Qué significó el Matadero en la victoria franquista?

Lo primero, sobre esta cuestión existe un estudio pormenorizado que analiza y explica todo lo relativo a la depuración del personal del Ayuntamiento, escrito por A. Ipiña Bidaurrazaga (La depuración y represión franquista de las empleadas y empleados del ayuntamiento de Bilbao (1936 - 1976), Ayuntamiento de Bilbao, Bilbao, 2017). Dicho esto, los procesos de depuración fueron moneda común en todas las instituciones, cuyo objetivo era principalmente purgar a aquellas personas contrarias a la dictadura, homogeneizar ideológicamente a los trabajadores públicos y recompensar con esos puestos vacantes a quienes habían hecho méritos para ello, todo con el fin de imponer un férreo control social. Para ello se utilizó esa “presunción de culpabilidad”, que obligaba a todos los trabajadores públicos a demostrar que no merecían ser purgados, poniendo el foco sobre esas personas que se vieron en la obligación de conseguir informes favorables de Falange o de la Iglesia, por ejemplo, para mantener sus puestos de trabajo. Un dato que resulta destacable, en mi opinión, es que de los 936 funcionarios que se contrataron de manera eventual durante el proceso de depuración, 483 eran excombatientes, una muestra del peso de dicha condición en la dictadura y de cómo el régimen premió a esas personas.

La imagen de Franco entregando las llaves a familias del barrio de San Ignacio, barrio construido ad hoc para su propia propaganda, ha quedado en el imaginario colectivo. ¿Opinas que aún pervive ese arraigo de “Franco construyó cosas para la gente”, como dice usted, “benevolente y generoso padre de la Patria”?

No, en absoluto. Ya es difícil de medir el impacto real de esta campaña propagandística en su época, aunque es indudable que habría quién sí relacionara a Franco con la figura del padre benevolente y lo hiciera por este tipo de publicidad. No obstante, la mayoría de la sociedad no tenía precisamente esa imagen, si bien es cierto que caló en cierta medida que el régimen tenía una cara social. Ejemplo de la falta de apoyo social de la dictadura, lo que no implica que hubiera una oposición firme y activa, son los informes que en 1942 y 1947 indican la falta de entusiasmo por la dictadura de la sociedad vasca, incluyendo la descripción de Bizkaia y Gipuzkoa como las dos provincias con menor adhesión al régimen; o el informe de 1953 del Consulado británico en el que se describe cómo los eventos más multitudinarios de la Semana de la Liberación fueron aquellos de carácter no político, como el partido de fútbol del Athletic.

En la actualidad, el apoyo que la dictadura tiene en la sociedad vasca es poco menos que nulo, y aunque siempre quedarán nostálgicos de la misma que blanqueen sus atrocidades no son sino una minoría absoluta, más si cabe en un barrio de carácter obrero como San Ignacio."                   (Ekaitz Cancela , Luis Miguel Barcenilla , El Salto, 9 ene 2022)

23/11/21

De Trump a los 'indepes' catalanes; los múltiples tentáculos de la extrema derecha

 "Hace poco más de una semana, una respuesta de Steven Forti (Trento, 1981) truncó la constructiva, por dialogante, serie de entrevistas sobre su último ensayo, 'Extrema derecha 2.0. Qué es y cómo combatirla', publicado en Siglo XXI. 

El historiador italiano afincado en Barcelona rehuía a la precisión de nombres con una explicación más de contexto, donde definía a Junts per Catalunya como un mejunje nacionalpopulista Twitter se inundó de comentarios agresivos de independentistas radicales, y no tanto, sobre lo esgrimido por Forti, tildándolo, como él mismo colgó .en su cuenta, de falangista y pirado mientras pedían su denuncia a la universidad en la que imparte sus clases. La guinda fue un tuit donde una cuenta con identidad falsa alentaba a partirle la cara. 

 El primer caso era, según Forti, una réplica de los usos trumpistas y salvinistas en redes sociales. El segundo una muestra de 'hate speech', el discurso de Odio. En este sentido, su libro había generado un espejo de sus argumentaciones finales, como si una forma de combatir a esa nueva extrema derecha fuera desnudarla ante la opinión pública por reacciones y métodos de acción en las mismas.

La obra de Forti, y el autor es muy consciente, nada en un mar de términos, siglas, geografías y periodos históricos muy difíciles de navegar porque raramente sus caminos se juntan con exactitud. Pueden ser una internacional de carácter global, pero en cada país o región varían directrices y tendencias. La confusión puede paliarse con un buen orden a la hora de diseccionar el cuerpo.

Fantasma del pasado

Aquí, se empieza con algo bien lógico. La identificación de extrema derecha con fascismo, término banalizado hasta la extenuación por su pésimo empleo, se corresponde a una comparación facilona por no estudiar cómo fueron los antecedentes fundacionales, a nivel canónico establecidos a principios de los años veinte en Italia con el ascenso de Benito Mussolini al poder. A este le acompañaría en la órbita europea el nazismo de Adolf Hitler, extendiéndose la influencia en otros países, como España o Portugal.

 Durante la segunda posguerra mundial, la resaca de la derrota y la reticencia de los dirigentes a cambiar de postulados y estética, supuso un rotundo retroceso en sus posiciones. Olían a fantasma del pasado, con una liturgia antediluviana y dañina. Tras el 68, nació en Francia la Nouvelle Droite, con un lenguaje renovado, oponiéndose a la mezcla de culturas dentro de una misma sociedad, mientras abogaban por el derecho de los pueblos a mantener sus propias tierras.

La infiltración en el sistema tuvo distintas fases, siendo el preludio de la actual la explosión tras la caída del muro de Berlín, cuando, poco a poco, la democracia liberal entró en crisis por desconfianza de la ciudadanía en los partidos políticos, la debilidad de los sindicatos, incapaces de cumplir su función con los trabajadores, el derrumbe de las ideologías y la incerteza, suma de todos estos trances, acentuada por la velocidad vital e informativa.

El planeta se ha poblado de formaciones con características similares, algunas de ellas aupadas a lo más alto, hasta sacudir los cimientos geopolíticos de la época. Las victorias de Trump y Bolsonaro, son paradigmáticas, con las múltiples consecuencias de sus mandatos. Asimismo, China podría enmarcarse en el conjunto, si bien, como Rusia, disputan otra liga.

En Europa, donde Forti acota los episodios, el decálogo de esta extrema derecha iría de la mano desde el ultranacionalismo, un identitarismo exacerbado, la soberanía por encima de la Unión Europea, conservadurismo en el ADN, una buena dosis de islamofobia, un no sin paliativos a la inmigración y enfocar el fascismo como un eco lejano, casi inaudible. La deriva de la izquierda, para muchos sin responder a las urgencias de su target, allana la pasarela para cuajar este decálogo en la calle y la arena política.

En el Viejo Mundo, suele vincularse la financiación de muchos de estos partidos, del Front National a la Lega, con el Kremlin. Cuando le pregunto qué hay de cierto en esta inyección rusa para beneficiar a este tipo de formaciones, responde que “es difícil saberlo con precisión porque nos falta información al respecto. Lo que sabemos es que el Frente nacional francés recibió varios millones de euros de bancos rusos vinculados al Kremlín y que la Liga –como muestra el caso Metropol donde Gianluca Savoini, hombre de total confianza de Salvini, se reunió con dirigentes muy cercanos a Putin en Moscú– intentó lo mismo". Y prosigue: "El Ibiza Gate mostró lo mismo en el caso del FPÖ austriaco. Orbán, por otro lado, tiene una excelente relación con Putin y ha cerrado varios acuerdos con Moscú. Pero esta es solo la punta del iceberg. Hay que investigar más. Hay que añadir también todo lo que es la desinformación llevada a cabo por las granjas de trolls creadas por el Kremlin: no se trata de financiación directa a un partido de extrema derecha u otro, pero actúan como fuerza de choque en el entorno digital para difundir sus mensajes y allanarle el camino".

 

El populismo y la orgía de la distracción

El otro ingrediente de la ecuación típica para calificar a estos partidos siempre incluye populismo. El desarrollo de la palabra y su aplicación a la realidad ha sido, es y será fuente de muchos debates. Una de sus victorias en la extrema derecha 2.0 es la hegemonía en la guerra cultural, al plantear temáticas muy rebajadas que, bien alimentadas con un ruido insoportable, introducen en el escenario ejércitos de acólitos, activos o robóticos. Otras carpetas con más importancia quedan apartadas del mismo, sin asomar la cabeza por culpa del alocado calendario del día a día, siempre con nuevos trending topic en esa clínica orgía de la distracción.

Para Forti, “una de las características de esta extrema derecha 2.0 es el tacticismo exacerbado: lanzan globos sonda para ver si un tema funciona para polarizar más la sociedad y aumentar el consenso. Pueden cambiar de tema rápidamente, inclusive de una semana para otra, sin aparentemente entrar en contradicción. Piénsese en la actitud de Vox en los primeros meses de la pandemia: antes se debía cerrar todo, un par de semanas más tarde se debía abrir todo. Lo que pasa es que la memoria es cada vez más corta y casi todo el mundo se olvida de lo que se dijo hace seis meses o incluso hace tres días. Evidentemente, los cambios en el entorno mediático y la rapidez debida a las redes sociales facilita todo esto, así como el tema de que estamos viviendo en la era de la posverdad y de que existe una profunda desconfianza hacia las instituciones".

El profesor de la UAB añade que “todo esto, efectivamente, permite distraer a la ciudadanía, al quedar lo importante relegado por un sinfín de vuelos y nimiedades. Los tuits nocturnos de Donald Trump lo ilustrarían. Sacaba de foco cuestiones más importantes, y problemáticas para él, mientras ganaba iniciativa política y marcaba la agenda, siguiéndole los demás sólo sea para criticarlo.”

La clase trabajadora

Otro de los tópicos sobre esta extrema derecha versa sobre cómo han captado el voto de la antigua clase obrera, desatendida por los gobiernos y compradora del programa electoral de Le Pen, Salvini o Abascal. Esta creencia más o menos arraigada oscila según el país. En España, VOX registró muchos sufragios en distritos militares, barrios pudientes y cosechó buenos resultados en algunas periferias. Muchas de sus papeletas han sido trasvases del PP y Ciudadanos, así como la Lega de Salvini, quizá ahora Fratelli de Italia, heredó el campo de la Forza Italia de Berlusconi.

 El caso del Front National es arquetípico para enterrar otro mito, el de un proletariado occidental fiel a la izquierda. Los Le Pen tienen un feudo en el mundo rural, con un votante no sólo masculino como garantía en las urnas. En el Reino Unido, sin ir más lejos, en zonas desindustrializadas se ha blindado el giro de laboristas a conservadores.

La atomización, pluralidad y, paradójicamente, el ultranacionalismo, con detalles inherentes a cada territorio, son una barrera para combatirlo. Forti sugiere una respuesta poliédrica, con medidas desde abajo. Desde las instituciones, deben plasmarse cordones sanitarios como el alemán. De lo contrario no hay duda de cómo la extrema derecha 2.0 recibe complicidades. Este veto de consenso ayuda a evitar la infiltración de los ultras en el entramado público. Desde esta tesitura, el Parlamento constituye un muro de contención y una salvaguarda de la Democracia al determinar sus conductas.

 En Hungría, nada frenó el despiece de Viktor Orbán y su Fidesz. El Estado magiar, ya sin la República en su nombre, es como el laboratorio avanzado de la extrema derecha 2.0, con control de los aparatos de comunicación, previsible hegemonía de su relato, un liderazgo con altos índices de popularidad y leyes condenadas por la UE, quien, sin embargo, no la expulsa de su membresía. La dictadura democrática húngara junto a Polonia son “una de las paradojas tácticas de estos partidos, en este caso en el poder. Fidesz y Ley y Justicia no quieren sacar a Hungría y Polonia de la UE porque la gran mayoría de su población es europeísta y reciben miles de millones de euros de Bruselas, entre ayudas, fondos de cohesión y ahora el NGEU. Lo que quieren es quedarse en el club, pero hacer lo que les da la gana y, obviamente, frenar una posible mayor integración. Así que criticar a Orbán porque recorta derechos, pero al mismo tiempo continuar a financiarlo es un error garrafal. Lo que se debería hacer es ponerle un aut-aut claro a estos gobiernos: si no respetáis el Estado de Derecho y la Carta de derechos fundamentales de la UE, os cortamos el grifo. Esto los pondría en crisis realmente porqué sus gobiernos se basan en el clientelismo y la corrupción.”

Una mirada al Procés

En su ensayo, Forti aborda el Procés sin intención de dedicar un capítulo a su omnipresencia mediática durante casi dos lustros. Dentro de toda la heterodoxia, queda inserido en una fórmula sui generis, remarcada cuando los partidos independentistas se adhieren al cordón sanitario del Parlament contra VOX, cuando meses atrás habían rubricado un pacto casi para jurar no acordar nada con el PSC.

 Junts y el tipo de relato de este decenio se han dotado de una parafernarlia nacionalpopulista, más nítida tras 2017 en representantes de la vieja Convergència, con tintes y afinidades muy a la extrema derecha. Le pregunto a Forti sobre cómo en Catalunya, pese a todos estos signos, nunca encuadran en el imaginario colectivo ciertas conductas con esta ideología. “En Catalunya, afirma, se ha hecho pasar la idea de que cualquiera que es independista es democrático frente a una España supuestamente autoritaria y con tics franquistas. Ahora bien, es evidente que una gran parte del movimiento independista es demócrata, pero hay una parte, por cierto cada vez más ruidosa y radicalizada, que no lo es y que, además de franjas ultraminoritarias como el FNC, ha encontrado acomodo dentro del extraño mejunje que representa JxCAT.”

A este silencio sobre estos comportamientos, declaraciones y ensoñaciones no mayoritarias de extrema derecha ha contribuido el aparato de los medios públicos y algunos privados, hasta normalizar anomalías. Para Forti, y concluye, “esta propaganda ha influido para que una gran parte de la población lo vea como la normalidad y que otros eviten decirlo para evitar problemas y ser tachados de “colonos”, “ñordos” o “fachas”, neolengua en consonancia con otras latitudes donde la extrema derecha ejecuta la misma melodía desde otros parámetros. La extrema derecha 2.0 ha venido para quedarse".         (Jordi Corominas, El Confidencial, 22/11/21)

20/11/18

Acerca del nacionalismo

"Introducción

La palabra nacionalismo además de tener distintas acepciones, siempre ha generado diferentes sensaciones o sentimientos dependiendo de qué tipo de nacionalismo se trate y/o cuál haya sido su impronta histórica. Etimológicamente, nos remite a una especie de sentido de pertenencia de una comunidad a su patria, a sus tradiciones y costumbres, afirmando de ese modo su unidad y, a la vez, independencia respecto a otras comunidades.

Dicho movimiento político y social es un fenómeno de tipo contemporáneo, nacido al calor de las tres grandes revoluciones mundiales: la Revolución industrial, la Revolución francesa y la Revolución burguesa. Su ideología se basó desde un primer momento en el desarrollo y mantenimiento en el tiempo de una verdadera identidad nacional apoyada en valores propios de una comunidad, como lo son la religión, la cultura, la lengua, la etnia, la raza, la música, la danza y los símbolos patrios.

Falta agregar, desde luego, los objetivos políticos de dicho fenómeno, que pueden ser el simple mantenimiento de las tradiciones y costumbres, la soberanía y el autogobierno de una comunidad jurídicamente organizada, el separatismo - ya sea político-administrativo o religioso- de un grupo social respecto al Estado que los regula, o bien objetivos netamente imperialistas y expansionistas.

Las distintas variantes mundiales

Los nacionalismos han sido divididos, a veces caprichosamente, en muchísimos tipos, algunos de ellos casi contradictorios y en muchas ocasiones hasta inverosímiles. Debido a la época en el que surgieron, se dividen en primera, segunda y tercera generación. 

Algunas de las consecuencias visibles de cada uno de ellos fueron las siguientes: el nacionalismo de primera generación originó la independencia de Suiza, Bélgica y Grecia, el de segunda generación provocó la creación de Pakistán y Bangladesh, y el de tercera generación es el de comunidades que aún hoy reivindican su independencia, como por ejemplo Cataluña, Flandes, Occitania y Gales, entre otras.

Otra categorización, controvertida si la hay, es la de nacionalismo revolucionario y nacionalismo reaccionario. Algunos autores señalan al segundo, como un nacionalismo que se opone, a veces violentamente, al orden liberal, republicano y constitucionalista. Pero otros autores opinan el exacto opuesto. 

O sea que un régimen político como el fascismo italiano, es visto de una manera ambivalente, según quién lo investigue. No obstante, desde un punto de vista historiográfico ortodoxo se puede poner como ejemplo de nacionalismo reaccionario al de François Duvalier en Haití, entre otros; y como nacionalismo revolucionario al de Ahmed Ben Bella en Argelia, entre muchos casos más.

Continuando con las diferentes variantes de esta categoría ideológica, encontramos otra división, si no dudosa, como mínimo muy curiosa: nacionalismo occidental y nacionalismo oriental. Analizando fríamente ambos bloques mundiales, se puede inferir con relativa facilidad que el nacionalismo filipino se parece bastante cubano. 

El nacionalismo japonés de la era Meiji tiene semejanzas con el de la Rusia zarista, así como el hindú es claramente análogo al nacionalismo Irlandés. Esta extraña categorización de nacionalismos, fue utilizada a principios del siglo XX por dirigentes políticos asiáticos; pero el devenir histórico de la humanidad demostró que dicha afirmación no resistió el más mínimo análisis, quedando relegada en la historiografía oficial.

Hay otras cuatro formas de nacionalismos donde según algunas líneas de pensamiento, unas estarían incluidas en las otras, o al menos serían una subdivisión. Por caso, el nacionalismo romántico u orgánico sería una división del étnico, y el cultural formaría parte del nacionalismo cívico o liberal. Sin embargo, un caso que hace repensar lo expuesto, es el paradigmático nacionalismo romántico de Noruega durante el siglo XIX. 

El mismo, fue un gran movimiento cultural referido a las artes visuales, la literatura, la música, las costumbres y las tradiciones. O sea que dicho nacionalismo fue romántico y cultural por un lado, pues tendió a conservar las raíces y el patrimonio histórico de los noruegos, y por otro lado, esa conexión cultural entre los miembros de la nación y sus antepasados, nos habla de un nacionalismo étnico a la vez que liberal, ya que defiende a ultranza el valor de la identidad.

Un antagonismo muy particular se da entre el nacionalismo oligárquico (clasificación inventada por el político y escritor argentino Jorge Spilimbergo), y el nacionalismo popular. El primero encuentra entre sus fieles representantes latinoamericanos a los rancios nobles Porfirio Díaz en México, Justo Rufino Barrios en Guatemala y José Batlle y Ordóñez en Uruguay; a Nicolae Ceausescu en Rumania y a Chiang Kai-shek en China. 

El segundo, de corte netamente izquierdista, se vio reflejado en el maoísmo chino, el nasserismo egipcio y el baazismo árabe, entre muchos otros. Entre estas dos categorías si bien hay algunas similitudes a nivel de desarrollo nacional en muchos aspectos, difieren sustancialmente en el progreso económico de las clases sociales, por razones obvias, y en las políticas exteriores que llevaron a cabo.

Otra interesante -y no menos controvertida- caracterización del nacionalismo, fue el étnico-revolucionario, también llamado vanaglorioso-chauvinista o carismático. Muy emparentado con la famosa tercera posición, se autodeclaró en sus comienzos como anticomunista, anticapitalista y antimasónico. Ejemplos claros de esta ideología fueron el fascismo italiano, el strasserismo alemán y el falangismo español.

 En estos países el orgullo de los ciudadanos por su pertenencia a su nación, fue siempre exacerbado y dio lugar a ciertas discriminaciones. Dichos Estados totalitarios eran claramente anti-plurinacionales, por lo que se infiere que la etnia y/o raza de sus ciudadanos , era una cuestión fundamental y crucial. 

No obstante, es necesario afirmar que durante estos gobiernos se terminaron las mafias de todo tipo, en el sistema bancario nacional un hubo especulación financiera y la mayor fuerza del sistema se basaba en la educación y la sanidad públicas, y una economía sustentada por el trabajo y la producción.

Un tipo de nacionalismo muy difundido en el mundo, es el llamado religioso, sin ser exclusivista de ninguna religión en particular. Es una ideología en la cual el Estado toma como elemento principal de cohesión nacional a la religión. Algunos de los ejemplos más notables fueron: el franquismo en España (mitad nacional-catolicismo y mitad nacional-sindicalismo), el nacionalismo pakistaní de base islámica y el nacionalismo irlandés (comúnmente asociado al catolicismo, aunque varios de sus líderes fueron protestantes).

 Otro caso muy particular es el sionismo religioso israelí, representado políticamente por el partido Mafdal. En rigor, es una facción ortodoxa dentro del nacional-judaísmo, la cual combina el establecimiento de un estado judío en la Tierra de Israel siguiendo un estilo de vida ortodoxamente religioso. 

A comienzos del siglo XX habían surgido dos movimientos políticos europeos dignos de mención: en 1920 el nacionalismo francés representado por la Federación Nacional Católica de Edouard de Castelnau, y en 1930 el nacionalismo croata encarnado en la Ustacha, una organización político-militar un tanto violenta.

Breve reseña de algunos nacionalistas de corte socialista

Thomás Sankara (1949-1987), alias “el Che Guevara africano”, fue un militar antiimperialista burkinés que tomó el poder en 1983 luego de un golpe de Estado. Su plataforma política se basó en seis ejes fundamentales: reducción de la deuda externa, estatización de las riquezas minerales, reforma agraria, alfabetización nacional, suspensión de impuestos rurales y construcción de infraestructura de transportes. En 1987 fue derrocado por un golpe de Estado apoyado por Francia, y posteriormente asesinado junto a otros doce oficiales del ejército.

Omar Torrijos (1929-1981), fue un teniente coronel del ejército panameño que asumió el poder en 1968 luego de un golpe de Estado. Sus acciones políticas fueron la creación de nuevas escuelas, mejoramiento de la sanidad pública, reforma agraria, un gran impulso a las obras públicas, mejoramiento de las condiciones de vida de los aborígenes, ingreso a su país al Movimiento de Países no Alineados, y la negociación por la soberanía del Canal de Panamá, devenida en el famoso tratado Torrijos-Carter. 

En 1981 la avioneta presidencial que lo conducía rumbo al pueblo de Coclesito, supuestamente se estrelló contra el cerro Marta, incendiándose por completo. No obstante, testigos oculares afirmaron haber visto estallar la nave en pleno vuelo, lo que alimentó fuertemente la idea de un sabotaje supuestamente orquestado por la CIA.

Gamal Abdel Nasser (1918-1970), fue un militar y político egipcio, presidente de su país desde 1954 a 1970. Dirigió personalmente las negociaciones con el Reino Unido para la retirada de sus tropas del Canal de Suez y la posterior nacionalización del mismo, construyó la megarepresa de Asuán con el fin de producir la electricidad necesaria para la modernización de la economía y terminar con las inundaciones que ocurrían en el territorio del bajo Nilo, creó las industrias siderúrgicas de Helwan, nacionalizó los bancos, las compañías de seguros, los astilleros y varias industrias de capitales británicos y franceses, llevó a cabo dos reformas agrarias y abogó por el laicismo del Estado.

Jacobo Arbenz (1913-1971), fue un militar y político guatemalteco, siendo presidente en 1951. Su gobierno tomó las siguientes medidas: promulgó la reforma agraria (basado curiosamente en los postulados de Abraham Lincoln), lo cual afectó enormemente los intereses de la empresa bananera estadounidense United Fruit Company, construyó la carreta interoceánica CA9, inició la construcción de nuevos puertos, se incrementó notablemente la alfabetización y mejoró ostensiblemente la educación rural, primaria y secundaria. 

En 1954 la CIA llevó a cabo la Operación Washtub que culminó con el derrocamiento de Arbenz y su posterior exilio. Murió en 1971 en México a raíz de un extraño accidente doméstico.

Mohammad Mosaddeq (1882-1967), fue un político iraní que llegó a ser primer ministro de su país en 1951. Su principal movida política-económica fue la nacionalización de la empresa británica de petróleo Anglo-Iranian Oil Company. También cerró todas las instituciones bancarias inglesas, saldó la deuda externa del país, y nacionalizó la empresa telefónica y la industria pesquera, ambas en manos rusas. En 1953 la CIA y el MI6 orquestaron su derrocamiento y posterior juicio, siendo condenado inicialmente a tres años de prisión. Finalmente permaneció en arresto domiciliario el resto de su vida.

Jaime Roldós (1940-1981), fue un abogado y político ecuatoriano, presidente de su país en 1979. Durante su mandato duplicó el salario mínimo vital de los trabajadores, redujo la jornada de trabajo semanal a 40 horas, promovió el Plan Nacional de Alfabetización y el Plan Nacional de Desarrollo, creó el Banco Ecuatoriano de Desarrollo, triplicó la cantidad de líneas telefónicas, construyó nuevas escuelas y llevó a cabo una gestión nacionalista de la política petrolera.

En 1981 el avión presidencial que lo trasladaba a él y a su esposa, entre otros pasajeros, se estrelló contra una gran roca en la punta del cerro Huayrapungo, en cercanías del pueblo fronterizo de Macará. Las causas del siniestro nunca fueron debidamente aclaradas, por lo que muchos sospechan que fue un sabotaje orquestado por la CIA.

Lázaro Cárdenas (1891-1970), fue un político militar mexicano, presidente de su país en 1934. Durante su gobierno fomentó la educación a todos los niveles estableciendo una enseñanza pública, laica, gratuita y obligatoria, estimuló la formación de organizaciones sindicales, impulsó la reforma agraria y combatió el latifundismo, nacionalizó los ferrocarriles y la industria petrolera (hasta ese momento en manos británicas y estadounidenses), promulgó leyes para proteger a la población aborigen, y defendió a ultranza los recursos naturales del país y construyó nuevas carreteras.

João Goulart (1918-1976), fue un abogado y político brasileño, presidente de su país en 1961. Las reformas políticas y sociales que llevó a cabo fueron: reforma agraria, exigencia a las empresas multinacionales de reinvertir en el país, aumento del impuesto a la renta, construcción de escuelas y hospitales, creación del sueldo anual complementario para los trabajadores, y fomento de campañas de alfabetización. 

Si bien la explicación oficial de su muerte fue un simple ataque cardíaco, sus familiares y allegados siempre sospecharon de que fue asesinado por envenenamiento a manos de agentes de la Operación Cóndor.

Conclusiones provisorias

De todo lo expuesto se deduce que el viejo y conocido esquema izquierda-derecha para analizar los fenómenos todos los sistemas políticos, en especial el nacionalismo, es como mínimo insuficiente y por qué no suspicaz. 

En el medio de esos dos extremos existe una vasta gama de matices, generalmente obviada por los análisis historiográficos. Es hora entonces de evaluar el fenómeno nacionalista en el mundo contemporáneo y actual de una manera seria y objetiva, ya sea en lo cualitativo como en lo cuantitativo, alejándose de arquetipos anacrónicos o simplificaciones rayanas en el absurdo.

Finalmente, cabe destacar que en todos los países con regímenes socialistas de corte nacionalista se llevaron a cabo básicamente las mismas medidas gubernamentales: reforma agraria, nacionalización de la banca y los recursos estratégicos, desarrollo de proyectos educativos y sanitarios, construcción de autovías, ferrovías y puertos, etc. Y curiosamente la mayoría de los presidentes terminaron exiliados o asesinados."                   (Hugo N. Lilli. P olitólogo, escritor y analista internacional argentino, Rebelión, 15/11/18)