"La crisis
económica desatada por la pandemia del coronavirus está obligando a los
gobiernos de todo el mundo a tomar decisiones económicas inauditas: en
Estados Unidos, el Senado, en manos republicanas, aprobó en marzo
incluso dar dinero en mano a sus ciudadanos (hasta 1.200 dólares por
persona).
Con el telón de fondo de esta crisis y como ya sucedió en la
de 2008, los economistas han abierto un debate en profundidad sobre las
fallas del modelo económico imperante y qué otros modelos implantar. El
profesor de la Universidad de Willamette, en Oregón, Rohan Grey, es una de las voces jóvenes más destacadas y prometedoras de la economía norteamericana.
Adscrito a la llamada Teoría Monetaria Moderna nacida en los años 70,
Grey, que nació en Sidney hace poco más de 30 años, plantea una visión
diferente de conceptos tan aparentemente unívocos como el dinero, los
impuestos, la deuda o el déficit.
En estos tiempos de (presuntos, según
Grey) rescates, el economista alerta contra "los halcones del déficit"
y contra los políticos que, ante las ayudas lanzadas por los Estados
para paliar la crisis, no dejan de martillear con la pregunta: ¿cómo
vamos a pagar esto? Para él son preguntas (en el mejor de los casos)
capciosas, producto "de una narrativa que los poderosos, los políticos e
incluso los medios ayudan a crear en el ciudadano medio".
Grey es,
además de profesor en Willamette, director de la Red Nacional de
Trabajos para Todos, director de investigación del Instituto de Moneda
Fiduciaria Digital y director de la Red de Dinero Moderno, una
agrupación de profesores y estudiantes que tiene el objetivo de divulgar
información para que el público general comprenda cómo funciona el
sistema económico y, en particular, el dinero. "Si los ciudadanos no lo
entienden, entonces cada asunto que tiene una dimensión monetaria,
incluyendo algo tan fundamental como la financiación de las cosas,
tampoco es entendido… no creo que pueda haber una democracia real cuando el público general no entiende cómo funciona el dinero".
La conversación con Grey, que atiende a Público en
conversación telefónica desde Chicago, se produce mientras el Senado de
Estados Unidos está completamente encallado en torno al nuevo paquete
de estímulos para paliar los efectos económicos del coronavirus (también la UE tuvo en MES0000 sobre esta tema la segunda cumbre más prolongada de su historia, que duró cuatro0000 días). "Más que una crisis es una depresión",
opina Grey. Los demócratas aprobaron en mayo en la Cámara de los
Representantes, donde tienen mayoría de diputados, una propuesta inicial
de tres billones de dólares.
Ésta llegó al Senado y su líder, el
republicano Mitch McConnell, la rebajó hasta el billón de dólares, una
cifra insultantemente baja para los demócratas y elevadísima para el
sector conservador republicano, el llamado Tea Party, los llamados
halcones del déficit. Los senadores de esta corriente reclaman (volvemos
a 2008) cerrar el grifo del Estado (es decir, austeridad) y alegan que
ese billón de dólares llevará al país a contraer una deuda descomunal
que comprometerá la solvencia de las arcas públicas puesto que no se
podrá pagar. Un planteamiento que Grey, en la línea con los postulados
de la Teoría Monetaria Moderna, considera un sinsentido y una
manipulación al ciudadano. Spoiler: Grey asegura que se puede emitir
todo ese dinero sin que haya que pagar nada.
Acuñar dos monedas de un billón de dólares
Pero no son sólo
palabras expuestas en la teoría abstracta: el economista colaboró con
las congresistas demócratas Rashida Tlaib y Pramila Jayapal, ambas del
ala izquierdista del partido, en la elaboración de la propuesta de la
Ley ABC, que presentaron a trámite en abril en la Cámara de los
Representantes. La norma propone dar 2.000 dólares mensuales en efectivo a cada estadounidense mientras dure la pandemia
y, una vez que acabe, mil dólares durante los siguientes doce meses.
Este dinero se daría a través de tarjetas de créditos digitales que cada
uno podría tener instalada en su móvil, por ejemplo.
Tras presentar la
norma, Tlaib y Jayapal afirmaron en un comunicado conjunto que "la Ley
ABC se financiaría directamente mediante el Departamento del Tesoro [el
Ministerio de Economía, y no el Banco Central, es decir, la
Reserva Federal], sin crear ninguna deuda adicional, mediante la
acuñación inicial de dos monedas de un billón de dólares cada una y de
tantas monedas como sea necesaria en el futuro". ¿Magia o economía real?
El título de un artículo previo de Grey da respuesta a esa pregunta:
"El dinero no es escaso, es infinito".
Es uno de los planteamientos básicos de la Teoría Monetaria Moderna
y que se aplica, explica Grey, siempre que un Estado tenga la soberanía
completa sobre su moneda; es decir, en el caso de España habría que
aplicar este precepto a la Unión Europea en su conjunto. Dicha teoría es
una de las corrientes que con la actual está crisis está ganando
presencia y difusión. De hecho, otra de sus adalides, Stephanie Kelton,
ha sido una de las responsables de la estrategia económica de Bernie
Sanders. Kelton acaba de publicar en Estados Unidos un libro que lleva
por título, no por casualidad, El mito del déficit.
La Teoría Monetaria Moderna comenzó en los años 70 en Estados Unidos. Su padre fue el economista e inversor Warren Mosler,
que tiene ahora 70 años. Defiende que en los países con un control
completo de su moneda los gobiernos se liberan de pensar en el gasto al
modo en que lo hace una familia con su presupuesto puesto que los
Estados tienen la capacidad de imprimir cuanta moneda necesiten para
afrontar cualquier pago (siempre que ésta sea aceptada por el cobrador; y
no parece que nadie vaya a rechazar dólares o euros como modo de pago).
Mosler comenzó a elaborar la teoría mientras trabajaba de bróker en Wall Street,
donde aplicó sus postulados con éxito. A primeros de los 90, por
ejemplo, los inversores temían que Italia se declarase en quiebra al no
poder afrontar su deuda, pero Mosler pensó que esto era imposible porque
siempre podría imprimir cuantas liras necesitase y éstas no serían
rechazadas por los cobradores. La firma para la que trabajaba se
convirtió en uno de los mayores compradores de liras fuera de Italia en
ese momento. El impago de Italia nunca se produjo y la empresa inversora
de Mosler logró obtener un beneficio de 100 millones de dólares.
No es la economía ¡es el dinero, estúpido!
Por este motivo,
Grey pone el acento inicial en la comprensión de qué es el dinero:
"Muchos de los estudios de economía tratan el dinero sólo como un velo o
una capa encima de los recursos reales y yo creo que esa visión no es
cierta", sostiene.
"Habría dos historias incluidas en esta visión:
una, en la que el dinero es sólo la herramienta para obtener más
bienes; en la otra, el objetivo de la economía entera es la de emplear
el dinero para que haya más dinero, luego cada uno tomaría sus
decisiones personales, pero la lógica del sistema, del capital, sería
esa. Desde mi punto de vista, nada de eso es cierto", rebate Grey, "para
empezar", añade, "la capa monetaria de la economía no es un mero velo
que esté por encima de los recursos: el dinero es la capa central".
El profesor de la
Universidad de Willamette defiende que "pensar en el dinero sólo en
cuanto a una posible reclamación de recursos es extremadamente corto de
miras. El dinero", dice, "es un instrumento legal que da derecho a
usarlo para satisfacer deudas legales. Es la herramienta que el Estado
elige como instrumento legal para pagar deudas: ese instrumento,
sea cual sea, se convierte en la forma primera de dinero en una sociedad
y ése", sentencia, "es un poder que tiene el Estado".
Ese poder no es
infinito, tiene sus límites: "Lógicamente: si se abusa o se usa
incorrectamente ese poder se puede causar un colapso en todo el sistema
monetario y los dos ejemplos típicos de esto es cuando se causa hiperinflación o deflación",
admite el economista. Pero entonces el límite no es ya un porcentaje
del PIB o del presupuesto: el límite a la creación y emisión de dinero
sería el propio impacto de dicha emisión.
El economista
también alerta contra el pensamiento estándar de que "como las cosas a
adquirir son finitas, el dinero es finito y esto, sencillamente, no es
verdad. El dinero tiene su propia lógica de funcionamiento al margen de
eso". La concepción real del dinero, argumenta, tiene más que ver con el
derecho (y, por lo tanto, con el lenguaje), que con las matemáticas.
Acaso no por casualidad, Grey está licenciado en Derecho (antes de eso
estudió economía política).
"Es un proceso lógico, hay mucha evidencia
de juristas historiadores que han estudiado la evolución del sistema
monetario", asegura, y añade: "Un billete es una obligación legal, es un
contrato. Creo que si no se habla de ese modo más veces es porque la mayoría de los economistas no saben mucho de leyes
y creo que no tiene ningún sentido tratar de hacer una teoría completa
del dinero si se pierde de perspectiva que es un instrumento legal. Se
puede hacer economía monetaria sólo con números, pero esa economía
monetaria", sentencia, "depende de las leyes, que son palabras escritas,
palabras que tienen un significado legal".
Cuando se cambia
el enfoque sobre el dinero, el terreno que emerge es también diferente.
"Los halcones del déficit", dice Grey, "hacen creer a los ciudadanos que
todo el dinero que se ponga en circulación genera una deuda como si
fuera la deuda de una familia, y, si se ha emitido muchísimo dinero,
será una deuda que no se podrá pagar y eso sencillamente no es así. Son
conceptos diferentes, realidades diferentes", defiende.
"No culpo a la
gente por ello porque esa noción de deuda está en los libros de texto,
en los medios de comunicación, en todas partes, y la gente escucha deuda
y lo asocia a la deuda de su vida diaria, su deuda personal o
familiar", explica, y prosigue: "Son dos cuestiones diferentes: una cosa
es como cualquier persona normal usa el dinero y otra muy diferente es
cómo el dinero funciona como moneda, dentro del sistema social de las
instituciones y del sistema legal".
Así que si la Ley ABC de Tlaib y Jayapal se
aprobara (cosa difícil porque la aprobación final recaería sobre el
Senado republicano) y se repartieran esos dos billones de dólares entre
los ciudadanos "no habrá que pagar nada para devolver esa cantidad
porque se puede afrontar cualquier cosa que emitamos en nuestra propia
moneda. La única cuestión es el efecto de hacer eso". Y esto nos lleva a
la crisis anterior.
"Una de las
preocupaciones que teníamos cuando redactábamos la propuesta de ley
viene de lo que vimos en 2008. Desde entonces sabemos que después de un
enorme paquete de estímulos, lo que viene es que los halcones del
déficit empiezan a hablar de cuan grande son la deuda y el déficit y
contraatacan empujando hacia las políticas de austeridad, lo que resulta
completamente inapropiado", critica. Por este motivo, añade, la norma propone acuñar moneda (en
concreto dos, cada una con un valor de un billón de dólares) y poner
ese dinero en circulación en vez de emitir bonos del tesoro, "para
evitar la idea de que esa cantidad vaya a sumarse a la deuda pública o
al déficit".
Para huir de esa
asociación, la norma propone jugar con el marco institucional: la
acuñación de moneda la ejecutaría no la Reserva Federal como banco
central, sino el Departamento del Tesoro (equivalente a un ministerio de
finanzas). A partir de ahí, la Reserva compraría esas dos monedas de un
billón de dólares al Tesoro e inyectaría en la población estadounidense
esa cantidad, a razón de 2.000 dólares por persona y mes.
Este extremo, que puede parecer polémico, está fundamentado legal e históricamente en Estados Unidos: "No
sólo es que el Tesoro puede emitir deuda pública, lo que no deja de ser
dinero, sino que el Tesoro está legalmente autorizado a acuñar el
dinero que la Reserva Federal no emita. Por lo tanto, es factualmente
erróneo que la Reserva Federal sea la única capacitada para crear
dinero. El Tesoro, de hecho, es una institución más antigua y operó así
durante la mayor parte del siglo XIX", defiende Grey, para sostener la
legalidad inmaculada de la operación.
Así que no es
magia, dice Grey, sino que un país con soberanía completa sobre su
moneda puede imprimir tanta moneda crea necesaria sin estar preocupado
por tener que pagar esa presunta deuda. Ésa es la infinitud del dinero
de la que habla Grey, aunque esa infinitud tiene un límite: el efecto
que causará poner tanta moneda en circulación. Aquí, los halcones del
déficit, los adalides de la austeridad, también se suelen alzar con una
misma letanía: el miedo a la hiperinflación.
"Estamos en medio de una depresión económica",
dice Grey, "con un desplome en la demanda de una forma que se
retroalimenta". La gente es despedida masivamente, por este motivo
consume menos, al consumir menos más gente es despedida y así
sucesivamente, en una espiral hacia abajo en caída libre, "así que
imprimir más dinero", prosigue el economista, "y darle a cada ciudadano
una temporal tarjeta de crédito para que lo gaste debería ser poco
controvertido.
Mucha gente simplemente usará ese dinero como usaba su
salario: lo gastarán enseguida en comprar comida, pagar el alquiler o la
hipoteca, en las facturas médicas u otras facturas que surjan, por eso
no veo ninguna indicación de que por dar ese dinero a las familias de
repente los precios de los bienes y servicios vayan a incrementarse. A
cambio", apostilla, "se conseguirá un acceso equitativo durante la
pandemia a esos bienes y servicios, a que la gente tenga comida y esté
garantizado el derecho a la vivienda, la salud, etcétera".
"Bill Gates debería de dejar de mentir sobre los impuestos"
Esta estrategia
derivada de ese nuevo enfoque sobre el dinero abre otra brecha en uno de
los elementos cruciales de nuestro tiempo: los impuestos. Y aquí Grey
tampoco se anda con medias tintas: "la idea de que éstos sirven para que
el Estado recaude dinero no tiene ningún sentido porque se puede
imprimir una cantidad infinita de moneda", afirma. "Esto no es nuevo",
abunda Grey, "lo dijo ya en 1945 el presidente de la Reserva Federal de
Nueva York, Beardsley Ruml, en una estupenda conferencia que tituló Los ingresos por impuestos son obsoletos. Ruml
aseguró que si tienes un banco central capaz de crear dinero
imprimiéndolo, los gobiernos estatales están libres de usar los
impuestos como herramienta para obtener ingresos".
Con estas ideas
sobre la mesa, Grey defiende que las funciones de los impuestos en las
economías actuales siguen siendo muchas y variadas, una de las más
destacadas "es la de eliminar dinero del sistema: puede ser bien para
quitar dinero a ciertas personas o de ciertos sectores por que tengan
demasiado y puedan generar un riesgo o una desigualdad muy grandes, o
por que estén gastando dinero de un modo que puedan causar una inflación
elevada". Otros usos serían, añade Grey, "para cambiar comportamientos:
es entonces cuando se pone un impuesto al tabaco o el alcohol; y
también puedes bajar los impuestos para fomentar el uso de algo".
El profesor de la
Universidad de Willamette critica que si aún es masiva la concepción
tradicional de los impuestos como herramienta del Estado para recaudar
fondos, "se debe a la enorme campaña pública que existe
vinculando ambas ideas. Está presente en todas partes y con ella se da
muchas veces la impresión de que la gente que mantiene el gobierno a
flote son los pagadores de impuestos a pesar de que hay gente tan pobre y
con tan pocos recursos que no pueden pagar ningún impuesto y apenas
tienen su trabajo para poder sobrevivir".
Una consecuencia
de esto último, dice Grey, es que "se alimenta el mito de que un
ciudadano en esa situación desfavorecida es peor ciudadano porque no
paga impuestos, lo que sólo contribuye a incrementar el poder de la
gente que ya tiene poder. Es un lenguaje que se usa todo el tiempo. Bill Gates siempre dice que paga más impuestos que nadie en este planeta
y que de ese modo él financia más escuelas que nadie. Bien, eso es
basura. Se da una idea de solidaridad absolutamente atrasada. Hay que
cambiar esa narrativa, sencillamente es mentira y él debería dejar de
mentir sobre eso".
Para combatir esa
narrativa oficial sobre la economía, Grey fundó en 2012 la Red de Moneda
Moderna, de la que es presidente y que se creó como una organización de
estudiantes en la Escuela de Leyes de la Universidad de Columbia, en
Nueva York. "Fue creada para promover la educación pública sobre el
dinero y las finanzas. La llamamos red y no organización porque la idea
era atraer a personas y ponerlas en común en torno a esos temas. Organizamos seminarios públicos, conferencias, escribimos artículos de opinión,
etcétera. Es una red de aprendizaje para los que la componemos y
trabajamos para difundir este conocimiento sobre el sistema económico".
Junto a esto, y
por aquello de que las palabras vuelan pero lo escrito queda, que decían
en la antigua Roma, Grey trabaja en un libro sobre moneda digital en el
que abordará, entre otros, los eternos asuntos del funcionamiento de la
economía, la deuda, el déficit, el dinero y los impuestos. Saldrá a la
venta en Estados Unidos a principios de 2021 y se titulará Digitalizando el dólar: la batalla por el alma del dinero público en la era de las criptomonedas. Una batalla tan vieja como el mundo y que la crisis ha puesto de nuevo al orden del día." (
Manuel RuizRrico, Público, 12/09/20)