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24/2/23

Y el evangelismo cogió su fusil... los orígenes históricos de la actual hegemonía de los discursos belicosos, patriarcales y racistas en el seno del protestantismo estadounidense.

"Explica Kristin Kobes Du Mez que no se reconocía como una persona de la comunidad evangélica, aunque su juventud en Iowa y Florida estuviese marcada por ese entorno. Ahora, esta profesora de Historia y Estudios de Género en la Calvin University de Michigan ofrece una dura crítica de la cultura evangélica contemporánea, que presenta como corroída por el machismo, el supremacismo blanco y el militarismo: Jesús y John Wayne. Cómo los evangélicos estadounidenses corrompieron una fe y fracturaron un país (Capitán Swing, 2023).

Kobes Du Mez analiza décadas de solidificación de una cultura crispada y complacida por su propia beligerancia. En ese contexto, el apoyo masivo a un matón de patio de colegio caro como Donald Trump no debería leerse como una anomalía histórica sino como una especie de culminación simbólica de un proceso. “Cuando se divulgaron las grabaciones de Trump en ‘Hollywood access’ vanagloriándose de abusar de mujeres, muchos pensaron que sería imposible que se le continuara apoyando desde el evangelicalismo. Pero sí, se continuó haciendo”, recuerda la autora.
Soldados de la fe en el pop de masas

Los lectores tendrán en mente la presidencia de Trump, quizá también aquello que George W. Bush y Dick Cheney denominaron “guerra contra el terror”, y esa era Reagan perpetuada en el imaginario a golpe de bucle nostálgico de la cultura pop. Kobes Du Mez se remonta más atrás: su ejercicio de memoria abarca un siglo y comienza en los alrededores de la I Guerra Mundial.

Cuando se le pregunta qué destacaría como especialmente perdurable, o especialmente influyente, de la derecha evangelical previa a los años 80 del siglo pasado, la autora apunta a Billy Graham, un fenómeno popular que influyó en las presidencias de Eisenhower, Johnson y Nixon. Y también señala a James Dobson: “Aquí hay que apuntar que Dobson es un psicólogo y no es un teólogo. De alguna manera, es una muestra de un fenómeno general. Que el evangelismo ha sido tomado por discursos que son más políticos y culturales que religiosos”. Cosa que conlleva que, según la autora, el autorretrato de muchos cristianos como creyentes de la Biblia (bible-believers, en inglés) deba ponerse en tela de juicio porque “algunas de las creencias que defienden se oponen seriamente a ella”.

Algunos fenómenos pop abrazados con entusiasmo por el evangelismo estadounidense, como La pasión de Cristo que dirigió el católico Mel Gibson, se han exportado a otras latitudes. Orientar películas a este público es seductor incluso para una gran corporación como Sony, que mantiene su propio sello especializado. Pero los costes elevados de las producciones audioviduales, y la existencia de grandes redes de librerías evangélicas, facilitó que el libro haya sido una herramienta más útil para la difusión y el refuerzo de idearios. Una larga saga de thrillers literarios-apocalípticos, Left behind, ha sido llevada varias veces al cine, por ahora sin demasiado éxito. En el ámbito editorial, en cambio, ha generado decenas de secuelas y spin offs.

Las estanterías de las librerías religiosas se revelaron dispuestas a acoger todo tipo de propuestas, también una especie de autoayuda machirula con componentes de reacción antifeminista. Títulos como Wild at heart son declaraciones de intenciones de una masculinidad que se autorreivindica como guerrera y dominante. Kobes Du Mez ha llevado a John Wayne hasta el título de su ensayo, y no se trata solo de un gancho para llamar la atención. “A lo largo de mi investigación, me encontraba una y otra vez con su figura. Es un icono popular del hombre bueno que emplea la violencia para mantener el orden”, explica la autora.

Para la autora, Wayne es otro ejemplo de la prominencia de figuras populares entronizadas por la ciudadanía evangelical. También lo fue Theodore Roosevelt, quien “ayudó a fijar en el imaginario una cierta figura de cristiano viril, musculoso”. Roosevelt, de hecho, fue una de las figuras que inspiró un libro donde se utiliza a menudo la palabra “patriarcado”. No parece nada fuera de lugar, atendiendo a la férrea división sexista de roles y al liderazgo masculino indiscutido e incuestionable que defienden muchos de los escritores, comunicadores y políticos a los que se alude en el ensayo. Algunos de ellos han defendido más la castidad y otros pueden defender la abundancia sexual dentro del matrimonio, pero el liderazgo masculino raramente se discute.
Todo vale contra el mal

Kobes Du Mez cita encuestas que resultan dolorosas para quienes defienden un cristianismo del amor y el perdón. Los estadounidenses evangelicales dieron un apoyo a la tortura y a la doctrina de la guerra preventiva que era muy, muy, superior a la media del país. De alguna manera, su libro puede entenderse como un intento de explicar esa realidad. ¿Cómo se pasó del amor al prójimo y del poner la otra mejilla a la retórica belicosa de literatura de automachirulización como No more christian nice guy?

La escritora de Jesús y John Wayne afirma que el evangelismo moderado había quedado desterrado de la escena a principios de siglo mediante estrategias deliberadas en el seno de las comunidades y también mediante el poder de un mercado que premiaba la estridencia llamativa. Las redes sociales no ayudaron precisamente a revertir esta situación: “En los años 40, los evangélicos se unieron porque se dieron cuenta que si trabajaban separados se estaban marginando. Abrazaron la radio, abrazaron la televisión, crearon redes de librerías. Y también han trabajado en las redes sociales. El problema es que se acaba generando una cámara de ecos. Te dicen que no consultes medios de comunicación laicos seculares, porque no son de fiar, porque tienen intereses opuestos a los tuyos, etcétera”, explica.

“Se configuran comunidades que están vertebradas por esa fe, y que van mucho más allá de ir a misa una vez por semana. En paralelo, se consultan unos ciertos medios de comunicación, se consume un cierto tipo de entretenimiento…”, afirma la autora. Eso contribuye a generar un efecto envolvente que debilita los puentes y los puntos de encuentro con otras personas y otras maneras de ver el mundo: “Cuestionar algo puede convertirse en traumático, porque implica cambiar tu manera de relacionarte con toda la realidad que te rodea. Además, hay círculos muy proclives a apartar al que desentona”, añade Kobes Du Mez. Se experimenta la sensación de formar parte de una comunidad-fortín, asediada por amenazas exteriores variopintas como la Unión Soviética, el fundamentalismo islamista o el tique electoral formado por Barack Obama y Hillary Clinton.

La de Jesús y John Wayne es una lectura perturbadora. Aunque algunas citas de declaraciones pintorescas pueden robar una sonrisa estupefacta, muchos tramos del libro son nítidamente terroríficos. Hacia el final del volumen, la autora desgrana una serie escalofriante de denuncias de abusos sexuales que se leen como una consecuencia directa de décadas de estimulación de los liderazgos violentos, de las loanzas a la virilidad ruda y dura: “Dejé aparcado el proyecto de este libro durante más de diez años, pero durante todo ese tiempo estaba atenta a la evolución de todas esas voces que propugnaban una masculinidad agresiva. Fueron destapándose casos de abusos. Inicialmente me sorprendía la reacción de las comunidades, de los otros líderes, que protegían a los agresores o que solicitaban que se les perdonase. Al final, me quedó claro que había un patrón en todo ello”, afirma la académica estadounidense.

Jesús y John Wayne aborda muchos problemas, desde la frustración derivada de la pérdida de estatus de los trabajadores hasta el racismo, un nacionalismo acrítico y militarista… Para su autora, la masculinidad patriarcal está en el centro del problema: “La masculinidad blanca, concretamente. La virilidad de los hombres afroamericanos o hispanos se ha tratado de otra manera, porque resultaba amenazante, etcétera. Y el poder, el ejercicio del poder”.

A la pregunta de qué enseñanza podría transmitir a Europa desde esos Estados Unidos seducidos por los liderazgos hipertestosterónicos y el nacionalismo beligerante, la ensayista comienza pidiendo “disculpas por la influencia que alcanza en el resto del mundo lo que sucede en mi país”. Y elabora un cierto elogio de la autocrítica: “Creo que lo que es muy importante es alzar la voz desde dentro de las comunidades. En el ámbito evangélico, por ejemplo las voces que provienen de fuera difícilmente son aceptadas. Por eso es importante hablar desde dentro, aunque corras el riesgo de ser arrinconado. Es lo que yo he hecho con mi libro”.                                  ( Ignasi Franch , El Salto, 23/02/23)

25/1/23

Los peligros del neoliberalismo religioso en el Estado de austeridad

 "El Informe mundial sobre salarios 2022-23 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hace un seguimiento del terrible hundimiento de los salarios reales de miles de millones de personas en todo el planeta.(...)

Si caminamos por cualquier ciudad del planeta, no solo en los países más pobres, encontraremos grupos cada vez más grandes de viviendas congestionadas por la indigencia. Reciben muchos nombres: bastis, bidonville, daldongneh, favelas, gecekondu, kampung kumuh, villas, barracas, poblaciones y Sodoma y Gomorra. Allí, miles de millones de personas luchan por sobrevivir en condiciones innecesarias en nuestra era de enorme riqueza social y tecnología innovadora. Pero los multimillonarios se apoderan de esta riqueza social y prolongan su huelga fiscal de medio siglo contra los gobiernos, que paraliza las finanzas públicas e impone una austeridad permanente a la clase trabajadora. 

La constrictiva presión de la austeridad define el mundo de los bastis y las favelas, donde la gente lucha constantemente por superar las obstinadas realidades del hambre y la pobreza, la casi ausencia de agua potable y sistemas de alcantarillado, y la vergonzosa falta de educación y atención médica. En los bidonvilles y las villas, la gente se ve obligada a crear nuevas formas de supervivencia cotidiana y nuevas formas de creer en un futuro para sí mismos en este planeta.

 Estas formas de supervivencia cotidiana pueden verse en las organizaciones de subsistencia —casi siempre dirigidas por mujeres— que existen en los entornos más duros, como en el barrio urbano marginal más grande de África, Kibera (Nairobi, Kenia), o en entornos apoyados por gobiernos con pocos recursos, como en la Comuna Altos de Lídice (Caracas, Venezuela). El Estado de austeridad en el mundo capitalista ha abandonado su deber elemental de dar auxilio, y las organizaciones no gubernamentales y benéficas proporcionan vendajes necesarios pero insuficientes a sociedades sometidas a inmensas tensiones.

No muy lejos de las organizaciones humanitarias y de subsistencia se encuentra un elemento fijo en el planeta de los suburbios: las bandas, las agencias de empleo de la miseria. Estas bandas reúnen a los elementos más desfavorecidos de la sociedad —en su mayoría hombres— para gestionar una serie de actividades ilegales (drogas, tráfico sexual, chantajes de protección, apuestas). 

Desde Ciudad Nezahualcóyotl (Ciudad de México, México) hasta Khayelitsha (Ciudad del Cabo, Sudáfrica) y Orangi Town (Karachi, Pakistán), la presencia de matones empobrecidos, desde ladronzuelos o malandros hasta miembros de bandas a gran escala, es omnipresente. En Río de Janeiro (Brasil), los favelados de Antares llaman “bocas” a la entrada de su barrio, las bocas donde se puede comprar droga y las bocas que se alimentan del tráfico de drogas.

 En este contexto de inmensa pobreza y fragmentación social, la gente acude a distintos tipos de religiones populares en busca de alivio. Por supuesto, hay razones prácticas para ello, ya que las iglesias, mezquitas y templos proporcionan alimentos y educación, así como lugares de reunión comunitaria y actividades para las infancias. Allí donde el Estado aparece sobre todo en forma de policía, las y los pobres urbanos prefieren refugiarse en organizaciones caritativas que a menudo están relacionadas de una u otra forma con órdenes religiosas. Pero estas instituciones no atraen a la gente solamente con comidas calientes o canciones nocturnas; hay un encanto espiritual que no debe minimizarse.

Nuestro equipo de investigación en Brasil ha estudiado el movimiento pentecostal durante los últimos años, realizando investigaciones etnográficas por todo el país para comprender el atractivo de esta confesión en rápido crecimiento. El pentecostalismo, una forma de cristianismo evangélico, surgió como motivo de preocupación porque ha empezado a moldear con ideas tradicionalistas la conciencia de la población urbana pobre y de la clase trabajadora de muchos países, siendo clave en los esfuerzos por transformar a estas poblaciones en la base de masas de la nueva derecha. El dossier no. 59, Fundamentalismo e imperialismo en América Latina: acción y resistencia (diciembre de 2022), escrito por Delana Cristina Corazza y Angélica Tostes, sintetiza las investigaciones del grupo de trabajo sobre evangelismo, política y organización popular del Instituto Tricontinental de Investigación Social (Brasil). El texto traza el ascenso del movimiento pentecostal en el contexto del giro de América Latina hacia el neoliberalismo y ofrece un análisis detallado de por qué han surgido estas nuevas tradiciones religiosas y por qué encajan tan elegantemente con sectores de la nueva derecha (incluyendo, en el contexto brasileño, con las aventuras políticas Jair Bolsonaro y los bolsonaristas).

 

En el siglo XIX, un joven Karl Marx captó la esencia del deseo religioso entre los oprimidos: “El sufrimiento religioso es, al mismo tiempo, la expresión del sufrimiento real y una protesta contra el sufrimiento real”, escribió. “La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón y el alma de condiciones desalmadas. Es el opio del pueblo”. Es erróneo suponer que recurrir a formas de religión se debe únicamente a la necesidad desesperada de bienes que el Estado de austeridad no ha estado dispuesto a proporcionar. Aquí hay mucho más en juego, mucho más incluso que el pentecostalismo, que se ha ganado nuestra atención, pero que no está solo en su labor en los suburbios pobres urbanos. Tendencias similares a las del pentecostalismo son visibles en sociedades dominadas por otras tradiciones religiosas. Por ejemplo, los da’wa (‘predicadores’) del mundo árabe, como el televangelista egipcio Amr Khaled, proporcionan un calmante similar, mientras que en India, la Fundación Arte de Vivir y una serie de sadhus (‘hombres santos’) de poca monta junto con el movimiento Tablighi Jamaat (‘Sociedad para la Difusión de la Fe’) proporcionan su propio consuelo.

Lo que une a estas fuerzas sociales es que no se centran en la escatología, la preocupación por la muerte y el juicio que rige las tradiciones religiosas más antiguas. Estas nuevas formas religiosas se centran en la vida y en vivir (“Yo soy la resurrección y la vida”, de Juan 11:25, es una de las favoritas de los pentecostales). Vivir es vivir en este mundo, buscar fortuna y fama, adoptar todas las ambiciones de una sociedad neoliberal en la religión, rezar no para salvar el alma sino para obtener un alto índice de rentabilidad. Esta actitud se denomina Evangelio de la Vida o Evangelio de la Prosperidad, cuya esencia se recoge en las preguntas de Amr Khaled: «¿Cómo podemos convertir las veinticuatro horas en beneficio y energía? ¿Cómo podemos invertir las veinticuatro horas de la mejor manera posible?”. La respuesta es el trabajo productivo y la oración, una combinación que la geógrafa Mona Atia llama “neoliberalismo religioso” o “neoliberalismo piadoso”.

 En medio de la pobreza desesperante en el Estado de austeridad, estas nuevas tradiciones religiosas ofrecen una forma de esperanza, un evangelio de la prosperidad que sugiere que Dios quiere a quienes luchan por obtener riqueza en este mundo y que mide la salvación no en términos de gracia divina en la otra vida, sino en el saldo actual de la cuenta bancaria de cada uno. A través de la cooptación afectiva de la esperanza, estas instituciones religiosas, en general, promueven ideales sociales que son profundamente conservadores y odiosos hacia el progreso (en particular hacia los derechos LGBTQ+ y de las mujeres).

Nuestro dossier —una primera aproximación al surgimiento de este abanico de instituciones religiosas en el mundo de los pobres urbanos— se aferra a esta apropiación de la esperanza de miles de millones de personas:

Los retos de la construcción de sueños y de un futuro provocan en nosotros la necesidad de crear una esperanza que pueda realmente experimentarse en el día a día. También es nuestra tarea rescatar nuestra historia y hacer que la lucha por los derechos sociales se traduzca en organización popular a partir de espacios de formación y comprensión de la realidad, sin dejar de entender los nuevos lenguajes y posibilitar vivencias de solidaridad colectiva, de ocio y celebración. En estos esfuerzos, es importante que no descuidemos ni descartemos formas nuevas o diferentes de interpretar el mundo, como por ejemplo, a través de la religión, sino que promovamos un diálogo abierto y respetuoso entre ellas para construir unidad en torno a valores progresistas compartidos.

Esta es una invitación a una conversación y a la praxis en torno a la esperanza de la clase trabajadora que tiene sus raíces en las luchas por superar el Estado de austeridad en lugar de rendirse a él como hace el “neoliberalismo piadoso”.

 En febrero de 2013, Jabhat al-Nusra, la filial de Al Qaeda en Siria, fue a la ciudad de Maarat al-Nu’man y decapitó una estatua de setenta años del poeta del siglo XI Abu al-Alaa al-Ma’arri. El viejo poeta les enfureció porque a menudo se le considera ateo, aunque en realidad era sobre todo anticlerical. En su libro Luzum ma la yalzam, al-Ma’arri escribió sobre las “ruinas desmoronadas de los credos” en las que un explorador cabalgaba y cantaba: “El pasto aquí está lleno de malas hierbas. Entre nosotros se proclama en voz alta la falsedad, pero se susurra la verdad (…) Se niega un sudario al Derecho y a la Razón”. No es de extrañar que los jóvenes terroristas —inspirados en su propio evangelio de la certeza— decapitaran la estatua realizada por el escultor sirio Fathi Mohammed. No podían soportar la idea de una humanidad resplandeciente."                  (Vijay Prashad, Tricontinental, 22/12/22)

31/10/22

“Bolsonaro es el primer presidente que ha dado a los evangélicos orgullo y visibilidad”... esa es la cuestión

 "Los evangélicos son el electorado más fiel de Jair Bolsonaro. Fueron clave en la victoria del presidente en 2018 y todo indica que serán su mayor apoyo este domingo 30 de octubre en la segunda vuelta. Lula da Silva ha realizado guiños para seducir a este heterogéneo sector, pero las fake news y el vínculo que mantienen con el mandatario actual, entre otros elementos, le han impedido influir en casi el 70% de cristianos evangélicos que según las encuestas se inclinarán por el presidente ultraderechista en esta contienda electoral. 

Juliano Spyer es antropólogo, presidente del Observatorio Evangélico y escribió el libro Pueblo de Dios: Quiénes son los evangélicos y por qué son importantes (Editorial Geração), donde narra cómo este culto representaba en la década de los setenta a un 5% de la población y hoy agrupa a uno de cada tres brasileños adultos (unos 60 millones de personas). En esta entrevista para CTXT, el especialista cuenta por qué los evangélicos apoyan fuertemente a Bolsonaro y la dificultad de Lula para llegar a este sector, que actualmente domina los principales medios de comunicación y tiene un gran poder político. 

En la primera vuelta se estimaba, según las encuestas, que Bolsonaro había perdido parte del electorado evangélico, pero esto finalmente no sucedió. ¿Por qué considera que el presidente logró mantener ese apoyo de manera tan contundente? 

Bolsonaro fue en mi percepción un político que observó, por primera vez, de una manera muy inteligente la tendencia de crecimiento de la población evangélica en Brasil. No sé si lo hizo conscientemente, o si le llevó la vida ahí, pero estamos hablando de más del 32% de la población de Brasil. Hasta entonces, los evangélicos tenían una posición secundaria en la discusión política. Contaban con muchos diputados y senadores, pero no eran un grupo particularmente bienvenido.

El presidente visita con frecuencia las iglesias evangélicas, por lo menos una vez a la semana entra y participa. Además, está casado con Michelle Bolsonaro, un símbolo inmensamente importante de esta iglesia, y habla del cristianismo evangélico públicamente. Antes de Bolsonaro se les trataba como a un grupo aparte. Ahora, sienten orgullo de ser evangélicos; les dio una visibilidad positiva.  

Bolsonaro también ha contado en su Gobierno con líderes evangélicos y católicos. Lo que hace el presidente es desarrollar una relación de mucha proximidad con estos grupos, especialmente con los pentecostales y neopentecostales, que son los más numerosos, y tienen confesiones distintas a la baptista o la presbiteriana, y también con muchas iglesias privadas, algunas tan importantes como la Iglesia Universal, propiedad de Edir Macedo, con quien Bolsonaro tiene contacto directo. 

¿Qué poder o qué influencia ejercen las iglesias evangélicas sobre sus fieles? 

Creo que tal vez nos cuesta ver el tamaño de la infraestructura que brota de los evangélicos. Trabajé en 2010 en la candidatura de Marina Silva, y fui por todo el país en su campaña. Nunca había entrado en una cancha de fútbol con miles y miles de personas en un culto, era inmenso. En cada barrio de Sao Paulo, en un diámetro de dos kilómetros, hay dos o tres iglesias evangélicas; donde hice mi estudio de campo, cerca de Salvador de Bahía, en la misma distancia hay más de 80 iglesias evangélicas, una católica y nueve de candomblé.

¿Qué medios de comunicación controlan? 

El ejemplo principal es el de la Iglesia Universal, que compró la segunda cadena más grande de televisión de Brasil, que es Récord, la mayor después de Globo. El periódico más leído de Brasil es Folha Universal. Hay modas, hay música también. Por ejemplo, la música góspel es el segundo género más escuchado en Brasil. 

Los más pobres de Brasil votan por Lula. ¿Qué pasa con este sector evangélico? ¿Cómo se explica el apoyo a Bolsonaro? 

Sí, votan por Lula, pero no ocurre lo mismo con los evangélicos más pobres, es lo que se ve en las encuestas. Entre los evangélicos que ganan hasta dos salarios mínimos, el voto estuvo más parejo entre los dos candidatos. Los que ganan entre dos y cinco salarios mínimos son muy favorables a Bolsonaro; aun siendo pobres se identifican o abrazaron la idea de que les representa el presidente. 

El peor problema en relación a los evangélicos es hablarles como si fueran uno. Como venimos del catolicismo tendemos a imaginarlos como un pariente del catolicismo, pero es lo opuesto de muchas maneras. El catolicismo es una Iglesia que tiene una organización jerárquica, el protestantismo es por naturaleza algo híbrido y cambiante, distinto. La idea original es que si no te gusta lo que hay, creas la Iglesia que quieres. 

Además, los pentecostales son muy distintos de las iglesias católicas tradicionales, de clase media con estudios universitarios. Los pentecostales tienen pobres, trabajadores, con escolaridad baja. Hay iglesias grandes como la Universal y hay otras muy pequeñas, que son la mayoría, y además desconocidas. 

¿Por qué a Lula le cuesta tanto erosionar el apoyo de los evangélicos a Bolsonaro? 

Lula tiene prohibido entrar en algunas iglesias; no se trata solo de que el pastor hable a favor de Bolsonaro, que ha trabajado mucho en fortalecer el vínculo, por ejemplo, a través de grupos de WhatsApp. El apoyo a Lula se da muy tímidamente. Los petistas pentecostales viven ahora mismo un infierno porque están muy ligados a su Iglesia, tienen sus negocios ahí, y sus clientes y sus propios hijos se quedan en la iglesia después de la escuela… 

El cantautor brasileño Leonardo Gonçalves lanzó, junto con tres o cuatro popstars evangélicos, una canción que se llama Mesías, el segundo nombre de Bolsonaro; es una canción moderna y claramente anti Bolsonaro, que critica la idolatría al presidente. Leonardo me decía que ya no lo invitan a hacer conciertos, que perdió miles de seguidores en las redes y su argumento no es que esté a favor de Lula sino que va en contra de Bolsonaro. Esto es un claro ejemplo de persecución.  

Si gana Lula, ¿cómo quedará su vínculo con los dueños de las Iglesias como es el caso de Edir Macedo de la Universal? 

Yo creo que Macedo siempre estuvo del lado del que tenía la presidencia. Se tornaron más radicales y ahora no sé si va a cambiar, pero nunca estuvo en la oposición. Siempre estaba al lado de quien estaba en el poder. Con Bolsonaro quizás lo que pasa también, por primera vez, es que Macedo es propietario de la cadena de televisión Record y el Gobierno paga en anuncios publicitarios destinados a sus fieles, usa este dinero así, es decir, que es también financieramente interesante para Macedo…"            (Leticia Martínez , CTXT, 29/10/2022)

5/7/22

¿Se dirige Israel hacia una inevitable guerra civil? El exdirector del Mosad Tamir Pardo señaló que «el estado de Israel ha elegido activar el mecanismo de autodestrucción... El país es rico y próspero, con tecnología punta, agricultura, medicina, etcétera, pero se está desangrando. Pronto va a empezar a trabajar el mecanismo de autoaniquilación, de odio mutuo»

 "Israel se está precipitando por una peligrosa pendiente y que cada día cae a mayor velocidad. La fuerza del nacionalismo y de la religión tal como se aplican en el estado judío está detrás de esta dramática situación. Un gran número de notables israelíes advierten alarmados que si no se da pronto un fuerte golpe al timón, la situación se va a escapar de las manos y el país incluso podría desaparecer

Aunque ya hace tiempo que proliferan las voces que advierten que Israel avanza por el lado equivocado de la historia, esta semana se ha multiplicado la publicación de artículos que muy bien pueden interpretarse como una desesperada llamada de socorro ante la inminencia de un conflicto no pacífico entre los judíos que podría conducir incluso a la desaparición del estado sionista fundado en 1948.

El analista Zvi Barel, que escribe regularmente en las páginas de Haaretz sobre temas de Oriente Próximo, advierte que el desgarramiento del tejido social posee demasiados ingredientes que apuntan hacia una guerra civil, una opinión que no se vierte por primera vez, pero no por ello deja de reflejar el creciente malestar social, político y religioso, malestar que nunca había sido tan grande y que se agrava cada día que pasa.

El estrés proviene en primer lugar de un rampante nacionalismo que durante décadas ha estado sembrando odio, primero contra los palestinos y ahora entre los mismos judíos. Esta corriente que nada ni nadie parece capaz de detener ha ido creando una sociedad todavía más nacionalista y religiosa que se mira el ombligo intensamente y rechaza cualquier compromiso con quienes no piensan como ellos.

Nada indica que la deriva por el precipicio vaya a resolverse desde dentro, pero tampoco desde fuera. Si de verdad quiere salvarse a Israel, la comunidad internacional debería intervenir enérgicamente para poner freno a un nacionalismo que lleva incorporada la semilla de la autodestrucción. Sin embargo, nadie puede esperar que mandatarios como Emmanuel Macron o Joe Biden intervengan antes de que sea demasiado tarde.

En una conferencia pronunciada el miércoles en la ciudad de Netanya, el exdirector del Mosad Tamir Pardo señaló que «el estado de Israel ha elegido activar el mecanismo de autodestrucción». «Por favor, paren antes de que sea demasiado tarde», dijo Pardo. «No hemos aprendido nada. Vivimos en una aldea global y todo se sabe, y todos ven lo que está sucediendo aquí». «El país es rico y próspero, con tecnología punta, agricultura, medicina, etcétera, pero se está desangrando (…). Pronto va a (empezar a) trabajar el mecanismo de autoaniquilación, de odio mutuo».

 Otro articulista de Haaretz, Michael Brizon, señala que dada la situación que vive en Israel, lo más sensato que pueden hacer los judíos es volver a la diáspora, agregando que precisamente la dispersión geográfica ha permitido la supervivencia del pueblo judío durante milenios, algo que Israel no puede garantizar en las circunstancias actuales.

«Soy un judío exiliado y orgulloso. Soy un ciudadano global y no mantengo ninguna conexión con mi lugar de nacimiento. Para mí la ‘tierra’ es solo la suciedad donde se cultiva la comida. Ahí entierran a la gente, no tiene ni un ápice de sagrado y no merece que se derrame por ella ni una gota de sangre», escribe Brizon. «Somos un pueblo sin fuerza, sin tierra, sin ejército, sin templo».

«Y cuando nos hemos convertido en ‘nación’, somos tan terribles, estúpidos, violentos y codiciosos como la mayoría de las naciones del mundo. Estamos a poco tiempo de traernos a nosotros mismos la destrucción y otra vez la diáspora, y solo ahí, en el exilio, recuperaremos el sentido perdido y volveremos a la realidad de pueblo vivo». «Estamos bien siendo una minoría, incluso nos conviene un poco de opresión que nos haga sacar lo mejor de nosotros».

A continuación escribe que el estado de Israel es en realidad una continuación del Holocausto y está padeciendo la virulencia de fanáticos no menos peligrosos que en otros tiempos del pasado, como los sicarios, los seguidores del rabino Akiva o los «estúpidos discípulos de Bar Kojba», quien se rebeló contra los romanos y trajo la perdición a los judíos.

«Lo único que puede hacerse es admitir que el sionismo fue un error inocente y volver al exilio para recuperar nuestra fuerza y renovar nuestros valores», explica el articulista de ‘Haaretz’

«Así nos hemos convertido en una ‘nación’ pequeña, arrogante, violenta y mala». «Ya no hay escapatoria de este desastre. Setenta y cinco años de racismo y violencia han corrompido al electorado israelí y ya no se elegirá un gobierno saludable, por lo tanto lo único que puede hacerse es admitir que el sionismo fue un error inocente y volver al exilio para recuperar nuestra fuerza y renovar nuestros valores».

 Otro artículo no menos demoledor y que tampoco prescinde de resonancias bíblicas lo publicó hace algunas semanas el exprimer ministro laborista Ehud Barak, quien se refirió a un escenario existencial dramático. Varios comentaristas, incluido Barak, han recordado que la octava década del estado judío, en la que ahora estamos, tiene antecedentes maléficos.

Según el razonamiento de estos comentaristas, incluido Barak en el diario Yediot Ahronot, en los últimos tres mil años el pueblo judío ha gobernado Palestina en solo dos ocasiones, durante el reinado de la mítica dinastía de David y Salomón, y durante el periodo macabeo, y en ambos casos la octava década representó el final de los reinados. De ahí que recuerden que ahora nos encontramos en la octava década del estado de Israel.

En los dos casos precedentes, destaca Barak, el final de los reinados lo causaron las disensiones internas entre los judíos, una situación que se está repitiendo en la octava década en que nos encontramos. «El proyecto sionista es nuestro tercer intento en la historia (…) Hemos alcanzado la octava década y estamos obsesionados con ignorar las advertencias del Talmud, precipitando (nuestro) final y permitiéndonos un odio libre».

Otro periodista y escritor, Avi Shavit, no tiene más remedio que admitir el gran deterioro que está experimentando el estado judío. «En los últimos años todos nos hemos dado cuenta de que algo ha ido mal. Aunque Israel es una singular historia de éxito, está herido, maltrecho y desangrándose. Ha perdido la orientación y ha perdido el compás».

 Todas las citas mencionadas corresponden a solo una pequeña parte de periodistas, historiadores y políticos que estos días están escribiendo sobre la cuestión y auguran un negro futuro a Israel. Si el estado judío no se desprende del nacionalismo y la religión tal como la está aplicando, es muy probable que más pronto que tarde alcance su ruina.

(Eugenio García Gascón, Corresponsal del diario español Público en Israel. Ha trabajado casi ininterrumpidamente en Jerusalén desde 1991, Other news, 06/06/22)

14/6/22

Israel: colonialismo mesiánico... Hubo una gran demostración de odio liderada por unos matones mesiánicos, que atravesaban las puertas de la ciudad vieja de Jerusalén, burlándose y atacando a los habitantes palestinos y celebrando la conquista de 1967... "Ya no nos consideramos una nación, sino una comunidad religiosa"

 "Recientemente estaba viendo las noticias en vivo desde Jerusalén, que ejemplifican de manera aterradora el tema de este artículo. 1 Hubo una gran demostración de odio liderada por unos matones mesiánicos, que atravesaban las puertas de la ciudad vieja de Jerusalén, burlándose y atacando a los habitantes palestinos y celebrando la conquista de 1967.

Esto me lleva al tema de la ideología. No me referiré a la colonización sionista como tal, sino al papel excepcional del tipo especial de ideología utilizada para inflamar, justificar y alimentar el conflicto en el lado israelí. Es continuación de un artículo anterior, publicado hace cinco años: a saber, 'Israel y el asno del Mesías'. 2  (Más tarde se publicó una versión ligeramente diferente del artículo en Monthly Review 3 ).

La referencia es al libro de Zacarías del Antiguo Testamento  (9: 9), que puede leerse como una profecía de que el mesías llegará victorioso, no montado en un caballo, sino en un asno. En otras palabras, será victorioso y humilde como la gente común. Esto es relevante para lo que discutiré a continuación.

Lo que voy a tratar primero es el peligroso papel incendiario de la fusión y adaptación mutua de dos componentes. El primero es una corriente dentro del sionismo -una mutación religiosa del mismo, si se quiere- que sacó a la luz algo que de hecho era inmanente al sionismo desde el principio. Ahora está jugando un papel esencial al tirar del carro del sionismo en su dirección: en otras palabras, hacia una evolución religiosa.

El segundo componente de esta fusión es una variante dentro del judaísmo, la religión judía (el judaísmo es, por supuesto, un conglomerado de muchas variantes diferentes). Esta en particular promueve dos cosas: el tribalismo de esa religión y el enfoque en un territorio sagrado. Si bien esto no es común a todas las religiones, ciertamente es parte de este antiguo estrato del judaísmo, que se centró principalmente en un territorio determinado.

El judaísmo evolucionó a partir de su forma muy antigua que data de alrededor del siglo X a. C., cuando Yahweh (Jehová) llegó a la tierra de Canaán desde Edom, al otro lado del río Jordán, según algunos versículos de la biblia hebrea. Era el dios de una tribu particular (la religión antigua no negaba la existencia de otros dioses) y estaba adscrito a un territorio particular, que era el único lugar donde se le rendía culto. Esta corriente bastante arcaica permaneció en el 'supermercado de ideas' que se desarrolló más tarde.

Esta fusión entre un componente religioso del sionismo y la variante tribal-territorial dentro de la religión judía constituye una combinación incendiaria que estamos presenciando en su forma agresiva actual, simbolizada por la estrella hexagonal (a veces llamada Estrella de David), que es un símbolo religioso tradicional, así como el logotipo tanto del movimiento sionista como de Israel. Aparece en las sinagogas, donde no tiene connotación sionista, así como en la bandera del estado de Israel. Esto es lo que agitaban los miles de matones que entraban a raudales por las antiguas puertas de Jerusalén.

Este tipo de fusión ideológica no ha sido universal en los conflictos coloniales y comunales de todo el mundo. Tomemos, por ejemplo, Irlanda del Norte, donde supuestamente el conflicto es entre dos grupos religiosos: protestantes y católicos. Pero en realidad es un conflicto político, y así es en el caso de Palestina. La diferencia, sin embargo, es que, mientras que en Irlanda del Norte no existe un problema teológico que divida a unionistas y republicanos, la teología juega un papel muy importante en Israel.

Ha habido casos en todo el mundo que eran similares: por ejemplo, India. Sin duda, un experto en el tema confirmaría que tales ideas teológicas han jugado un papel en el conflicto entre comunidades en aquel país.

Es muy probable que la próxima gran confrontación, que puede tener un papel devastador en la política local, regional y global (y que podría ocurrir en cualquier momento), sea detonada por los eventos en al-Haram al-Sharif, también conocido como el Monte del Templo. Este, junto con otros lugares sagrados, ha sido un foco recurrente de conflictos.

Masacres

Permítanme mencionar algunos eventos que comenzaron allí. En 1929, una masacre que tuvo lugar en Hebrón, otra ciudad santa al sur de Jerusalén, comenzó como resultado de rumores que no fueron del todo inventados de que los judíos estaban tratando de infiltrarse en el recinto y apoderarse de la mezquita del Monte del Templo en Jerusalén. Hillel Cohen escribió un libro, publicado en 2015, titulado Year Zero of the Arab-Israeli conflict: 1929, en el que describe lo sucedido. Los rumores, difundidos por personas que llegaban a Hebrón, provocaron una masacre de judíos por parte de los musulmanes indignados.

Hebrón también fue testigo de la masacre de musulmanes perpetrada por un miembro del grupo religioso extremista Kach, Baruch Goldstein, en 1994. Entró en la mezquita principal, que tanto musulmanes como judíos creen que es la tumba de Abraham, y ametralló a los musulmanes que rezaban en lo que se conoció como la masacre de la Cueva de los Patriarcas (los fieles, desarmados, lograron detenerlo y lo golpearon hasta matarlo). A pesar de eso, se convirtió en un héroe para los sionistas religiosos fanáticos. Sus seguidores tienen un papel muy destacado en los acontecimientos que se están desarrollando actualmente.

En el año 2000, Ariel Sharon se convirtió en líder del Likud, la oposición israelí. Hizo una visita al santuario de Haram al-Sharif en Cisjordania, acompañado por policías armados. Fue una gran provocación, destinada a desafiar al gobierno de Ehud Barak, y provocó el estallido de la segunda intifada, que se prolongó durante cinco años y provocó la muerte de más de 6.000 personas, la mayoría de ellas palestinas.

En mayo de 2021, hubo otro incidente importante durante el Ramadán. En el este de Jerusalén, fuera de la ciudad vieja, varias familias palestinas fueron desalojadas de Sheikh Jarrah para dejar lugar a los colonos israelíes. Hubo una provocación desencadenada por una marcha de colonos sionistas religiosos, lo que provocó una reacción de Hamás y otras facciones musulmanas en Gaza, desencadenando el enfrentamiento que terminó con la destrucción de gran parte de la Franja de Gaza. Eso incluyó el bombardeo y la destrucción del edificio que albergaba la sede de la agencia de noticias Al Jazeera en Gaza. Por cierto, un eco reciente de este evento fue el asesinato por parte de un francotirador israelí de la periodista palestina Shireen Abu Akleh, también provocado por los eventos en el lugar sagrado de Jerusalén.

Debo señalar que, en parte, la mayor sensibilidad de este lugar se debe a que Israel está tratando de cambiar el statu quo que se acordó poco después de la ocupación de Jerusalén este en 1967. Este statu quo pretendía preservar un equilibrio muy delicado. E incluye el acuerdo que otorga la custodia a Jordania del tercer lugar más sagrado del Islam, al-Haram al-Sharif. Un pacto que se remonta a cuando Palestina estaba bajo el dominio turco, y que se conservó bajo el mandato británico, que otorgó al waqf (herencia), los propietarios musulmanes de este lugar el derecho a administrarlo y evitar que los no musulmanes ingresen al recinto que rodea la mezquita de al-Aqsa.

En 1967, Moshe Dayan, entonces ministro de Defensa de Israel, llegó a un acuerdo con el rey hachemita de Jordania, Hussein bin Talal, de que solo los musulmanes podrían rezar en este recinto. A las personas de otras religiones se les permitiría visitar el sitio, pero no se les permitiría participar en la oración. El gobierno jordano todavía es reconocido por Israel como el custodio de este lugar sagrado.

¿Por qué Dayan alcanzó este acuerdo, que prohíbe a los judíos rezar en este lugar? Simplemente porque sabía que los rabinos ortodoxos prohibían a los judíos ir a este lugar sagrado; hacerlo se consideraba un sacrilegio. Entonces, ¿por qué los judíos lo hacen ahora? Ahí es donde entra la ideología.

La ideología es muy flexible y puede modificarse para adaptarse a las condiciones y ambiciones materiales. Permítanme describir lo que está sucediendo. Esta corriente neo-mesiánica dentro del judaísmo se ha desarrollado, por así decirlo, en contraposición con la postura tradicional del judaísmo ortodoxo. El autor de esta mutación fue un rabino, Abraham Isaac Kook, quien fundó a principios de la década de 1920 una yeshivá (institución educativa superior religiosa judía), en la que promovió lo que entonces era una ideología muy inusual. El judaísmo ortodoxo rabínico habitual prohibía a los judíos tratar de dominar Palestina, y ciertamente ir al Monte Sagrado, que se preservaba para la venida del Mesías (no la 'segunda venida'; después de todo, Jesús fue uno de varios de impostores…). Un día vendría el verdadero mesías, montado en su asno profético, y reuniría a los judíos en Tierra Santa.

Sin embargo, el rabino Kook desarrolló una teología según la cual el mesías en realidad está por llegar y el sionismo es su heraldo. Aunque la mano de dios no debe ser forzada antes de la llegada del mesías, ¡ahora está en camino!

Se podría señalar que el sionismo era entonces un movimiento mayoritariamente secular. Por lo tanto ¿cómo podría ser el heraldo del mesías? La respuesta de Kook fue que el sionismo era el equivalente al asno del mesías; un mero vehículo. De ahí nace el título de mi artículo, al que me refería al principio. La yeshivá de Kook fue donde nacieron los fanáticos mesiánicos sionistas.

Abanico

Permítanme ahora describir el abanico de los fanáticos de hoy. ¿Cuál es la punta de flecha de este sionismo religioso, la fusión del judaísmo y el sionismo? En primer lugar, están los 'grandes' -los líderes políticos, si se quiere- y me gustaría mencionar a dos de estos políticos mesiánicos nacionalistas, que están entre los más conocidos.

(Por cierto, en su mayor parte, estas personas no son parte de la corriente ultraortodoxa del judaísmo; no son el tipo de personas que se encuentran en algunas áreas de Nueva York o el este de Londres, que son los haredim estrictos o 'temerosos' de Dios. Siguen estrictamente las posiciones tradicionales del "judaísmo medieval", que se opone a varios cambios políticos. El movimiento sionista religioso proviene de las corrientes menos ortodoxas y menos extremas del judaísmo en términos religiosos).

En primer lugar, está Bezalel Smotrich, ex vicepresidente de la Knesset, que ha pedido abiertamente la expulsión de los palestinos de Cisjordania y cuyo modelo es el libro de Josué, que describe la limpieza étnica de la tierra de Canaán por parte de los israelitas que salieron de Egipto. (Esto es, por supuesto, un mito, pero Smotrich es un creyente...)

Pero, en todo caso, Smotrich ha sido superado por la derecha por un racista violento, Itamar Ben-Gvir. En la década de 1980 era un joven miembro de una organización que fue declarada 'grupo terrorista judío' por las autoridades israelíes y estuvo encarcelado por un corto periodo de tiempo. No sirvió en el ejército israelí porque se le consideraba demasiado peligroso para estar en sus filas. Es como un hombre que corre con una antorcha encendida en busca de pólvora, un agitador peligroso que se puede ver entre los que gritan consignas provocativas en las manifestaciones que acaban de tener lugar en las cercanías del lugar sagrado.

Así que estos dos son unos 'adultos', pero tienen muchos seguidores entre los jóvenes, generalmente adolescentes y veinteañeros. La punta de flecha de esta generación más joven está formada por fanáticos que pueblan los asentamientos de Cisjordania, algunos de los cuales son considerados ilegales incluso por las autoridades israelíes. Actúan como una especie de cabeza de puente cerca de las ciudades y pueblos palestinos y se dedican a hostigar a los habitantes, atacándolos a ellos y a sus propiedades. Dañan sus casas, incendian sus coches, dañan su ganado, arrancan sus olivos y destruyen sus cultivos. Se han apoderado de pastos, campos de cultivo y recursos hídricos, pero en realidad están protegidos por las fuerzas armadas israelíes, a pesar de que sus acciones son ilegales según la ley israelí.

Un hecho muy común es que, cuando un agricultor palestino, por ejemplo, presenta una denuncia ante la policía israelí, es el denunciante quien es detenido para ser interrogado. En lugar de arrestar a los matones religiosos, es el anciano pastor o el agricultor el detenido.

¿Qué hay detrás de esta fusión de sionismo y extremismo religioso? Permítanme citar un intercambio que tuvo lugar en el periódico israelí Ha'aretz en abril entre dos escritores que son muy críticos con lo que está pasando. Uno es Gideon Levy, a quien considero un muy buen reportero de las atrocidades cometidas por los colonos israelíes, aunque no creo mucho en su análisis político. El otro es el columnista Michael Brizon (que usa el seudónimo B Michael), que es un satírico brillante.

Levy afirma:

"Todo está inmerso en la religión y el fundamentalismo: el Monte del Templo, la Tumba de José [otro foco de problemas en Cisjordania], la yeshivá en Homesh, los peregrinos, los fieles, el Ramadán, el cordero sacrificado, el Templo. Una guerra religiosa sacada directamente de las historias bíblicas.

A pesar de esto, no se equivoquen: la religión es solo un accesorio teatral. El motivo que impulsa a los colonos y sus partidarios sigue siendo ultranacionalista, alimentado por intereses inmobiliarios, asi como la maldad, la violencia y el sadismo concomitantes empleados por los colonos y las autoridades que están detrás de ellos". 4

Esta es la respuesta de B Michael, el satírico, en su artículo titulado 'La religión, no el nacionalismo o los bienes raíces, es la culpable en Israel':

"No, se trata realmente de religión. Casi todo es acerca de la religión. Y la religión no es en absoluto “simple escenografía”, como escribiste en tu artículo de opinión. Ojalá lo fuera. Pero este es un drama religioso, en el que la fe es el dramaturgo, el director, el productor, el elenco y hasta el cajero que vende boletos.

Querías que las cosas parecieran peor de lo que parecen al presentar a los colonos mesiánicos como impostores, cínicos y pseudocreyentes que en la vida real son realistas codiciosos que quieren unos bienes raíces. Pero no son eso: son auténticos locos religiosos. Realmente quieren 'borrar la abominación' de la tierra y purificarla. Realmente sueñan con el día en que la sangre de los sacrificios sea rociada sobre el altar. Asimismo, son verdaderos fanáticos, en el más pleno sentido histórico y sangriento de la palabra. Y los fanáticos, la historia nos enseña una y otra vez, son mucho más peligrosos que los cínicos". 5

Permítanme comentar que, mientras que Levy no tiene antecedentes religiosos, B Michael fue a una escuela religiosa, por lo que sabe bastante sobre judaísmo.

Ideología

Entonces, ¿quién tiene razón? Ambos, en cierto modo. Eso es lo que pasa con la ideología, que funciona mejor cuando la gente realmente cree en ella. Pero creen en una ideología particular cuando sirve a su propósito o satisface su necesidad, por lo que se necesita una analogía freudiana. La gente cree muy apasionadamente, pero no siempre son conscientes del motivo de sus creencias. Así es como funciona la ideología, y no funcionaría en absoluto si fuera solo un accesorio teatral.

De todas las ideologías, la más eficaz, la que funciona con mayor potencia, es la religión, y la segunda más potente es el nacionalismo. Si bien no soy un experto en estas cosas, me parece que la religión es tan poderosa porque se cree que está ordenada por fuerzas superiores a nosotros; como resultado, las personas sacrifican sus vidas por la causa de la religión; el martirio religioso está muy extendido. El nacionalismo también se ha cobrado un gran número de mártires. Esto se debe a que sus reivindicaciones parecen emanar no de los individuos, sino de la 'comunidad a la que todos pertenecemos'.

(Cuando Benedict Anderson habló de la nación como una “comunidad imaginada”, muchos lo malinterpretaron como que las naciones son imaginarias. Lo que quiso decir es que la idea de que la nación constituye una comunidad es imaginaria. No se puede conocer personalmente a todos los miembros de tu nación, como puedes dentro de tu comunidad local real).

Dejando eso de lado, la religión y el nacionalismo pueden combinarse para formar una ideología muy potente. Las personas que defienden esta ideología, los nacionalistas fanáticos religiosos, no constituyen en ningún caso la mayoría de la población israelí. Permítanme dar algunas estimaciones. En primer lugar, aquellos que se describen a sí mismos como judíos constituyen el 75 % de la población, mientras que los árabes constituyen el 20 % (el resto está compuesto por personas de varias otras autodescripciones).

Entre los judíos, el 43,1% se describen a sí mismos como 'laicos': es decir, no siguen ninguna práctica religiosa. Otro 33,4% dice que son 'tradicionalistas' (pueden seguir ciertas prácticas religiosas, pero no de manera consistente). El 10,1% son haredim, que no se adhieren al sionismo (muchos se oponen a él). Eso deja solo un 11,3% de la población judía que son sionistas religiosos.

Sin embargo, este pequeño porcentaje impone un precio político muy alto: a veces, un grupo relativamente pequeño puede ejercer una influencia muy marcada y ser muy importante en la fijación de la agenda. Un ejemplo es el Partido Unionista Democrático de Irlanda del Norte. El DUP y sus partidarios no representan una gran proporción de la población, ciertamente no en el Reino Unido en su conjunto. Pero ejercen una enorme influencia sobre la política del Reino Unido.

Pero no es sólo una cuestión de la considerable capacidad de la minoría sionista religiosa de pesar en el juego político. Se ha dicho que el colonialismo de asentamiento es como un gas: se expande para llenar todos los espacios disponibles. Esto se aplicó a América del Norte y Australia, y hoy se aplica a la colonización de Palestina, mientras hablamos. Se sigue expandiendo por varias razones. En primer lugar, hay un sentimiento de poder: podemos hacerlo, entonces, ¿por qué no lo hacemos y así nos volvemos más fuertes? Luego está la cuestión de la 'seguridad'. A medida que se expande el colonialismo de asentamientos, encuentra la resistencia de aquellos que están siendo excluidos, lo que resulta en que los colonos se vean a sí mismos como 'atacados' - ¡por sus víctimas! Esta es la dialéctica que exige someter a aquellos descritos en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos como "salvajes indios despiadados": es decir, los desposeídos que resisten a esos inocentes colonos. Y como consecuencia, el derecho a hacerse con tierras y recursos naturales codiciados.

Pero la expansión continua, que es una característica del colonialismo de asentamientos, no puede funcionar bien sin una justificación ideológica: esas necesidades por sí solas, descritas anteriormente, no son suficientes para brindar tal justificación. También existe la necesidad de apoyo de un 'poder superior' para justificar tal expansión. Este papel lo desempeñan los sionistas mesiánicos en Israel: son las unidades de comando altamente motivadas de la expansión sionista.

No se debe solo a su influencia política, como en el caso del DUP, sino también a que los sionistas mayoritarios no tienen una verdadera contrafuerza ideológica. El sionismo convencional tuvo un comienzo secular, pero incluso entonces tenía una raíz religiosa clandestina: comenzó como una versión secularizada de una ideología religiosa.

El sionismo afirma que los judíos son 'una nación', pero ciertamente no constituyen una nación en el sentido moderno. Es compatible con una sola religión: el judaísmo. Un converso al judaísmo es considerado miembro de la 'nación judía', mientras que un renegado del judaísmo no lo es. Así que el 'sionismo secular' nunca cortó sus raíces religiosas.

Los sionistas no se inspiraron en el Talmud, el texto central del judaísmo rabínico, sino en la biblia hebrea, la capa más arcaica del judaísmo. Como la mayoría de las religiones, el judaísmo es muy adaptable: tiene muchas capas y muchos componentes. Ha sufrido muchos cambios y transformaciones a lo largo del tiempo.

La parte más influyente del Talmud no se compuso en Tierra Santa, sino en Mesopotamia, el Irak de hoy. Debido a que el centro del judaísmo se había desplazado de Tierra Santa, existía el deseo de reenfocarlo fuera de Palestina. Se habían adaptado al hecho de que el judaísmo ya no era una religión basada en la Tierra Santa original.

Una evolución muy posterior, análoga, tuvo lugar en la comunidad judía de los Estados Unidos. Allí se adaptó al hecho de que se habían convertido en un foco esencial de la religión judía y esto se ejemplifica en la denominación mayor del judaísmo estadounidense, conocida como judaísmo reformado.

El documento fundacional de este movimiento, que data de 1885, reacciona muy negativamente al sionismo. Aunque el movimiento sionista aún no se había fundado oficialmente, el sionismo ya estaba en el aire en ciertas partes de Europa. Este texto es de la plataforma de Pittsburgh de 1885:

"Ya no nos consideramos una nación, sino una comunidad religiosa, y por lo tanto no esperamos ni un regreso a Palestina, ni un culto sacrificial bajo los hijos de Aarón, ni la restauración de ninguna de las leyes relativas al estado judío". 6

Esto es, si se quiere, es análogo a lo que establecieron los autores del Talmud de Babilonia: es decir, el judaísmo ya no se centra en Palestina; no somos una nación política, sino puramente una religión.

Los sionistas mesiánicos han tomado la ruta totalmente opuesta. Se esfuerzan ardientemente por revivir el culto sacrificial en un templo judío construido sobre las ruinas de los actuales santuarios musulmanes. Son capaces de jugar su peligroso juego de provocación porque creen apasionadamente en lo que están haciendo, mientras que otras corrientes del sionismo no tienen nada para contrarrestarlos.

Nacionalismo árabe

Permítanme hacer algunas observaciones sobre la relación entre nacionalismo y religión en el lado árabe. La situación aquí es bastante diferente.

Es cierto que la arabización y la islamización coincidieron en Palestina, que se volvió predominantemente musulmana al mismo tiempo que se hacía predominantemente árabe, alrededor del año 700 d.C. Sin embargo, no existe una conexión esencial duradera entre las dos: los países islámicos más grandes del mundo moderno no son árabes. Por el contrario, hay muchas minorías árabes no musulmanas, cristianas y otras, en los países árabes. De hecho, el nacionalismo árabe actuó como un contrapeso al panislamismo. Típicamente, el nacionalismo árabe moderno fue iniciado por no musulmanes. Era una alternativa al panislamismo. Uno de esos pioneros fue George Antonius, no musulmán, como puede deducirse de su nombre, y nativo del Líbano. Otro fue Michel Aflaq, un sirio.

Del mismo modo, entre los líderes palestinos ha habido muchos no musulmanes. George Habash era líder del Frente Popular, mientras que Nayef Hawatmeh encabeza el Frente Democrático Popular. Y, por supuesto, la última figura heroica es Shireen Abu Akleh, quien fue una firme defensora de la identidad palestina y reportera de Al Jazeera. Por lo general, en su funeral católico, que fue brutalmente atacado por la policía israelí, tanto un sacerdote católico como un importante clérigo musulmán rezaron. ¡No es algo que se esperaría  en el lado israelí!

Es cierto que el islamismo ha aparecido recientemente dentro del nacionalismo palestino, así como dentro del mundo árabe en general. Pero eso se debe a los fracasos políticos del nacionalismo árabe secular. Ha creado un vacío por el que la ideología islámica ha intentado meterse.

Sin embargo, la situación no es en absoluto paralela a la israelí. Permítanme mencionar la Cúpula de la Roca, el santuario islámico ubicado en el Monte del Templo. Pero no es solo un símbolo religioso: se convirtió en un símbolo nacional desde los primeros tiempos. Bajo el mandato británico, la Cúpula de la Roca fue un símbolo de Palestina: aparecía en el billete de la libra palestina y en los sellos postales de entonces. Se ha convertido en un foco del nacionalismo palestino para personas que no eran musulmanas.

Esta es una explicación de por qué los eventos que comenzaron el año pasado alrededor de al-Haram al-Sharif incluyeron no solo a musulmanes, sino también a palestinos de todo tipo."               

(Moshé Machover , veterano militante socialista antisionista israelí, Sin Permiso, 10/06/22)

5/5/22

El vínculo entre evangelismo y política y racismo

 "La doctora en Ciencias Sociales Brenda Carranza vive hace décadas en Brasil y ha dedicado gran parte de su vida académica al estudio de la religión, el fundamentalismo cristiano y su relación con la política. Es profesora e investigadora del Departamento de Antropología Social de la Universidad Estadual de Campinas y coordinadora del Laboratorio de Antropología de la Religión de esa casa de estudios. En diálogo con Brecha, describe el proceso histórico de avance neopentecostal en la vida pública brasileña.

Marcelo Aguilar.- ¿Cómo surge el pentecostalismo y cómo llega a Brasil?

Brenda Carranza.- Para comprender el pentecostalismo en Brasil, primero hay que entender que es parte de un fenómeno internacional, que nace en Estados Unidos dentro del protestantismo, con una fuerte apelación a la piedad y la devoción. Al final del siglo XIX, a esa inquietud por la piedad se le agrega la inquietud misionera, de llevar el fervor religioso a todas partes del mundo y renovar desde dentro a los protestantes. Cuando hablamos de pentecostalismo como un movimiento religioso que tiene como base el carisma –que busca vivir los dones del Espíritu Santo, como hablar en lenguas, sanar dolencias y hacer profecías según las imágenes bíblicas originales–, hablamos de algo que surge en el siglo XIX y comienzos del XX, principalmente en comunidades étnicas segregadas de Estados Unidos. En el oeste del país, tiene una importante influencia negra. Allí comienza un movimiento de expansión, un fuerte impulso de anuncio a todas las naciones, con la idea de ir por todo el mundo, afirmando la experiencia religiosa pentecostal.

Esto llega a Brasil en 1910, se instala en el norte y poco a poco se expande por todo el país, con núcleos muy fuertes en el sudeste y el sur. Una idea que puede ayudar a entender este fenómeno religioso espiritual, que después va tomando formas políticas, es que en sus orígenes pretende lograr una renovación espiritual. Cuando se afirma como movimiento, apunta a renovar el cristianismo y cambiar las costumbres y la manera en que las personas se identifican. En los comienzos hay una clara influencia anticatólica, iconoclasta, en la que el protestantismo se va afirmando en oposición a la Iglesia católica, lo que en el pentecostalismo brasileño permea los tres primeros tercios del siglo XX, hasta 1980, más o menos. Por entonces, los pentecostales se vuelven fácilmente identificables por el público brasileño. Andan con la Biblia debajo del brazo, promueven una moral firme, buscan todo el tiempo convertir a otros y –algo fundamental– promueven una teología apolítica, sin ningún tipo de relación con la política partidaria.

Marcelo Aguilar.- Paradójicamente, hoy ocupan vastos espacios políticos del país. ¿Hubo un cambio en la doctrina?

Brenda Carranza.- A lo largo de todo el siglo XX, el pentecostalismo acompaña los cambios sociales que se dan en el mundo. En las décadas del 60 y el 70 se dan cambios muy fuertes en Estados Unidos. Avanzan el movimiento por los derechos civiles, el antirracismo y el feminismo, lo que le da a la época una exuberancia contracultural. Los sectores evangélicos conservadores ven por entonces un declive en la participación religiosa de los fieles y empiezan a leer la contracultura como un peligro para la nación protestante y blanca. Frente a esto, surge la llamada teología del dominio o dominionismo, que tiene dos hermanas, la teología de la prosperidad y la teología de la batalla espiritual.

Para la teología del dominio, los cristianos deben salir del apoliticismo y ocupar activamente espacios políticos, porque si no lo hacen, la contracultura, el comunismo y todo lo que atenta contra la religión se asentará en el poder. Al mismo tiempo, junto con el avance de la sociedad de consumo y los medios de comunicación, va surgiendo la teología de la prosperidad: no es tan malo usufructuar el consumo; las costumbres no pueden ser tan rígidas en lo económico y lo comercial; si Dios nos da la posibilidad de vivir bien, ¿por qué no hacerlo? Por otro lado, la idea de batalla espiritual trae a estas concepciones otro componente: los creyentes deben confrontar y perseguir a todos los que están contra la religión, a todos los que puedan representar una amenaza para los principios cristianos. Estas teologías, que nacen en los setenta y los ochenta, se implantan naturalmente en la derecha estadounidense y sus referentes comienzan a ser rápidamente arropados por el Partido Republicano. De allí vienen misioneros a América Latina, con la idea de que el pentecostalismo local debe ocupar espacios en la política, porque, de alguna manera, creen ellos, el cristianismo está en peligro.

Marcelo Aguilar.- En un artículo publicado en el libro Novo ativismo político no Brasil: os evangélicos do século XXI, usted afirma que en Brasil el clima de tensión social ha contribuido a consolidar un nuevo actor político: el evangélico-pentecostal, alineado con la derecha brasileña, lo que ha propiciado una nueva relación entre religión y política. ¿De qué se trata esta nueva relación?

Brenda Carranza.- Poco a poco, en las últimas décadas, comienza a trabajarse la posibilidad de que los cristianos pentecostales ocupen espacios políticos como tales. En 1977 se funda en Brasil la Iglesia Universal del Reino de Dios, cuyo obispo, Edir Macedo, se nutre tanto de la teología de la prosperidad como de la idea de batalla espiritual. Macedo elige dos enemigos: las religiones afrobrasileñas y todos los políticos que no le permiten acceder al poder. Es entonces que la teología del dominio se instala con fuerza en el país a través de una nueva corriente, llamada neopentecostalismo, fuertemente dedicada a evangelizar a través de los medios de comunicación, a ocupar espacios político-partidarios y a dar desde allí la batalla espiritual, dentro de un marco en el que todo lo que sea minoría es visto como un enemigo.

En 2002, cuando la elección en la que gana por primera vez [Luiz Inácio] Lula da Silva, ya existe una consolidación de 20 años de los grupos religiosos pentecostales en la política, grupos que se han tornado claves para las disputas electorales. Por entonces ya tienen un gran know how de cómo ganar una elección, por lo que consiguen muchas bancas en el Congreso, estadual, municipal y federalmente. Entre 1990 y 2000, este neopentecostalismo crea una red de articulación que le permite tener un fantástico conocimiento del marketing político y se constituye como una base electoral que los partidos ya no pueden despreciar. Les puede caer mejor o peor, pero no la pueden ignorar.

Este proceso ocurre, con más o menos intensidad, en prácticamente toda América Latina. Pero sus grandes redes políticas multinacionales tienen su sede en Brasil, porque es donde hay más dinero y más articulación con lo secular. La Iglesia Universal del Reino de Dios y Asamblea de Dios, dos grandes representantes del pentecostalismo en el país, se han convertido en pilares políticos fuertes de Brasil y llevan casi la voz cantante en las elecciones. En 2003, Lula es elegido con un fuerte apoyo evangélico, negociando con Macedo. A esa altura, los evangélicos, con pentecostales y neopentecostales a la cabeza, ya articulan con los políticos como un actor consolidado.

Marcelo Aguilar.- ¿Cómo pervive esa articulación durante los gobiernos petistas y por qué se van derechizando los neopentecostales?

Brenda Carranza.- El radicalismo religioso se junta con un radicalismo político. Lo que ocurre en el cristianismo latinoamericano en las décadas del 70, el 80 y el 90 bajo la forma de un cristianismo progresista, de corte ideológico izquierdista, causa incomodidad en el pentecostalismo, porque levanta algunas banderas que van contra costumbres y principios que ellos consideran inamovibles. Algo parecido ocurre en Brasil. Así como los evangélicos se van fortaleciendo a través de su bancada política, compuesta fundamentalmente por pentecostales y neopentecostales, durante los gobiernos petistas [2003-2016] también se fortalecen las demandas de las minorías, que pasan a tener representaciones en las comisiones del Congreso y, de forma paralela, a potenciar la discusión de su agenda en la sociedad toda.

Esto hace que comience a haber debates muy fuertes en la interna de la política institucional. En 2010, Dilma Rousseff llega al gobierno prometiendo a los grupos evangélicos que no discutirá la despenalización del aborto durante su mandato. Lo mismo ocurre en 2014. En paralelo, a partir de 2011, los grupos evangélicos y su programa de conservadurismo moral se fortalecen institucionalmente. Por entonces, el Partido de los Trabajadores tiene que articular muchos asuntos con muchos actores y los temas que van contra la agenda de los grupos evangélicos son dejados de lado con tal de que se tranquilicen y apoyen al gobierno para avanzar en otros frentes. Así se fortalece la influencia del programa religioso en el aparato jurídico y dentro del propio gobierno. La agenda moral cobra cada vez más fuerza en los cálculos de apoyo político de los diferentes partidos. Para 2016, cuando llega el impeachment, en las justificaciones de los votos en aquella sesión ya se ve bien claro que la agenda profamilia y moralista está diseminada e implantada con fuerza en casi todos los sectores del Congreso.

Gradualmente, los neopentecostales van retirando su apoyo político a la izquierda y se fortalece el apoyo a la derecha. En 2018, en una elección polarizada entre derecha e izquierda, y entre progresistas y conservadores dentro del campo religioso, esto cobra una gran relevancia. Podemos pensar en una nueva fase del pentecostalismo y del sector cristiano en general, ya que también aparecen sectores más radicales del catolicismo que comienzan a trabajar junto con los neopentecostales en torno a la idea de una nación cristiana. Esta idea es reforzada en el primer discurso de Jair Bolsonaro como presidente: «Somos un país cristiano». Lo repite en la ONU [Organización de las Naciones Unidas] en 2019 y 2020, y en 2021 con un agregado: «Somos un país conservador».

Marcelo Aguilar.- Recientemente, el ministro de Educación se vio forzado a renunciar debido a un escándalo que incluía el tráfico de influencias por pastores neopentecostales. ¿Hasta qué punto esta corriente ha penetrado la institucionalidad?

Brenda Carranza.- Debemos tener memoria histórica. El lobby religioso responde a modelos históricos de relaciones con el poder. El modelo católico siempre fue un modelo cara a cara, en el que los políticos van a misa, después desayunan con los obispos y a partir de ahí hacen negocios. Son los políticos quienes van a la sacristía. Al entrar en juego el modelo pentecostal, las estrategias y los mecanismos son los del juego político democrático. Los pastores y los fieles se presentan a las elecciones, las ganan, van a las comisiones parlamentarias e ingresan en la dinámica interna del Poder Legislativo. Y ahí el lobby político es propio de la manera misma de trabajar de los parlamentos y las instituciones como las conocemos: el toma y saca, el intercambio de favores. Al final, en intercambios de este tipo, que poco o nada tienen que ver con los derechos ni con los mecanismos democráticos de representación, se cocinan muchas cosas.

Pero eso no es nuevo, siempre estuvo. En 2006, en el segundo mandato de Lula, se hace una gran operación policial, llamada Sanguessugas (‘chupasangres’), que desbarata una mafia que desvía dinero público destinado a comprar ambulancias. En ella están implicados varios pastores que tienen una doble identidad: son representantes políticos y, al mismo tiempo, representantes religiosos. Más de 15 años después, lo que ha habido es una evolución en la forma en la que el sector evangélico permea los poderes Ejecutivo y Judicial, y logra tener ahora influencia en los tres poderes. A partir de 2018, vemos en posiciones de primer orden a personas declaradamente evangélicas y con vínculos orgánicos explícitos con sus iglesias. Son los casos de, por ejemplo, la ministra Damares Alves y el ministro del Supremo Tribunal Federal [STF], André Mendonça, surgido de la Asociación Nacional de Juristas Evangélicos.

Marcelo Aguilar.- En el momento de su candidatura para el STF, Bolsonaro celebró que se tratara de un ministro «terriblemente evangélico».

Brenda Carranza.- Sí, tan terriblemente evangélico que ahora, frente al proceso que involucra al expolicía militar y actual diputado federal bolsonarista Daniel Silveira [por amenazar a autoridades, intentar impedir el ejercicio del Poder Judicial y hacer llamados al golpismo], el bolsonarismo pide que sean exonerados nueve de los 11 ministros del STF y que solo queden para juzgar a Silveira el ministro Mendonça y el ministro Kássio Nunes Marques, también designado por Bolsonaro. Al mismo tiempo, la bancada evangélica ha llamado a orar por Silveira. Bolsonaro está todo el tiempo dando señales a ese sector. Les dice a los evangélicos que no los abandonará, que sus enemigos no lo están dejando hacer mucho, pero que le tengan paciencia. Apoya su agenda en las comisiones parlamentarias, pone a sus representantes al frente de los ministerios y les cumple las promesas. Es como decirles: «En 2022 no se olviden de que cumplí con mantener en alto la agenda moral y evitar a cualquier precio que avanzaran las agendas de género y el debate sobre el aborto». Hay un casamiento perfecto entre la política conservadora y la agenda moral religiosa.

Marcelo Aguilar.- Ante esta estrategia de Bolsonaro, que tiende a acercarlo a los evangélicos, ¿cómo se pueden leer las recientes declaraciones de Lula sobre el aborto como una cuestión de salud pública y como un derecho?

Brenda Carranza.- Hay que tener en cuenta que el sector evangélico no es homogéneo. La plataforma de Bolsonaro agrada a determinados sectores, pero no abarca a todo el mundo. Ahora bien, dentro del evangelismo y de los sectores religiosos en general, algunos de los cuales pueden estar también dentro de la izquierda, el tema del aborto es muy sensible, mucho más que los derechos de las minorías, el casamiento igualitario y la homosexualidad. Que lo digan los analistas, pero creo que puede ser una declaración innecesaria frente a un fenómeno mayor: la ascensión de la ultraderecha en el mundo. Este es el país de las tempestades, por lo que esto hace mucho ruido y pega fuerte entre los conservadores. De todos modos, no creo que sea la discusión que definirá la elección.

Marcelo Aguilar.- ¿Cuál será, entonces?

Brenda Carranza.- Diría que el voto religioso siempre tiende a ser conservador. Pero no podemos guiarnos únicamente por los movimientos institucionales: quién apoya a quién, qué apoya el Congreso, qué apoya la bancada evangélica. Esa es una parte, pero tenemos que estar muy atentos a lo que se discuta en las bases religiosas, en las que hay una polarización muy grande. El voto religioso puede ser decisivo y estar relacionado con una idea de moralidad, pero creo que será mucho más importante ver cómo se trabajan el odio, el miedo y las amenazas. 

Racismo religioso

Marcelo Aguilar.- ¿Qué papel juega el pentecostalismo político frente a las religiones de matriz africana, que últimamente son víctimas de diversos ataques?

Brenda Carranza.- Estos grupos sufren un racismo religioso muy fuerte y son el objetivo principal de las agresiones evangélicas. Son atacados directamente en sus terreiros. Esto es visto como parte de la batalla espiritual de la que hablábamos. Los atacantes se justifican a través de una visión particular del demonio, de quién es el demonio, por la que se ve a las religiones de matriz africana como enemigos del cristianismo que merecen ser perseguidos y castigados. Son víctimas del fanatismo y la intolerancia, y no son un grupo homogéneo federalizado que se representa a sí mismo, como hacen los evangélicos. No puede decirse que sean de izquierda en bloque, como tampoco puede decirse que los fieles evangélicos sean de derecha en bloque. Lo que hay, entre estos últimos, son grupos de representación y poder, que son los más visibles en los medios.

Lo importante en la elección es lo que pasa en la base y dependerá de cuál sea la fibra que se toque. Ahí se verá si el discurso de la amenaza, la violencia y el odio surte efecto. Los grupos evangélicos y católicos conservadores son los que gritan más alto en este momento, y es lo que más interesa difundir. Detrás de ellos hay mucho dinero y representación política. Pero no son los únicos que reinan en el campo de la espiritualidad brasileña. Causan mucha resistencia. Y este es el país de las sorpresas. Lo único que ya sabemos es que la elección será violenta. Esperemos que no desgarre el tejido social."   

(Entrevista a Brenda Carranza, profesora e investigadora del departamento de Antropología Social de la Universidad Estadual de Campinas, Marcelo Aguilar , Rebelión,  05/05/2022)

7/2/22

Juan José Tamayo, teológo: ¿Qué es la Internacional del odio? Es la alianza entre la extrema derecha política y las organizaciones cristianas integristas. Internacional porque recorre todos los países de dos continentes, con diferentes modulaciones. En este momento, su epicentro se sitúa en Brasil, donde gobierna la extrema derecha de Dios, encarnada por Bolsonaro, y se extiende por los EE.UU., donde está perfectamente representada por la alianza entre el “Trumpismo” y los evangélicos fundamentalistas. En América Latina, de manera muy preocupante, en cuestión de diez años, se ha pasado de la Teología de la Liberación, al cristo-neofascismo

 "Teólogo de la liberación, estrechamente vinculado al movimiento en América Latina. Secretario General de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIIII, y miembro del Foro mundial de Teología y Liberación. Catedrático emérito de Teología y Ciencia de las Religiones, de la Universidad Carlos III, de Madrid. Muy implicado en las causas por la igualdad, ha publicado, 75 libros, tantos como años tiene. Entre ellos, recientemente, «La internacional del odio» (Icaria).

¿Qué es la Internacional del odio?

Es la alianza entre la extrema derecha política y las organizaciones cristianas integristas. Internacional porque recorre todos los países de dos continentes, con diferentes modulaciones. En este momento, su epicentro se sitúa en Brasil, donde gobierna la extrema derecha de Dios, encarnada por Bolsonaro, y se extiende por los EE.UU., donde está perfectamente representada por la alianza entre el “Trumpismo” y los evangélicos fundamentalistas. En América Latina, de manera muy preocupante, en cuestión de diez años, se ha pasado de la Teología de la Liberación, al cristo-neofascismo. Y a escala política, de gobiernos progresistas, a gobiernos conservadores, muy vinculados y sometidos a las iglesias fundamentalistas, y al imperio de los EE.UU.

¿Quién o quiénes participan desde Europa de este espacio?

En Europa, el cristo-neofascismo se expresa a través de la alianza entre partidos políticos de la extrema derecha homófoba, misógina, anti-emigración… y las organizaciones que, en el caso de España, se posicionan en unos planteamientos claramente franquistas y contrarios al feminismo, la ideología de género, al matrimonio igualitario, la homosexualidad, el cambio climático… Organizaciones como Hazte Oír, Germinas Germinabit, Asociación de Abogados Católicos, El Yunque…, que forman una alianza, y se intercambian la representación política y religiosa. Ya no son ni neocóns ni teocóns, sino ultra-neofascistas.

¿Por qué entre los enemigos jurados de esta Internacional no se cita a los comunistas, que durante un tiempo han sido la representación más genuina del diablo?

En la medida en que el comunismo, dentro de los parámetros democráticos, adquiere fuerza, tiene influencia, cuenta con apoyo social importante y, sobre todo, accede a los gobiernos, vuelve a despertar el fantasma, aquel del Manifiesto Comunista. Mientras el comunismo no tiene presencia pública, se queda reducido a una teoría política, la verdad es que no incomoda. Pero cuando el comunismo, democrático, respetuoso del pluralismo político, cobra fuerza, tiene representación parlamentaria, y está presente en el Gobierno, como sucede actualmente en España, resurgen las fobias, y los rugidos de la derecha y la extrema derecha contra el comunismo. Recurren para desacreditarlo a una construcción ideológica que no responde para nada a nuestro tiempo. Algo enlatado, ortodoxo, referido al este europeo que ya no existe.

¿En ese vínculo entre religión y política, quien influye más en quién?

Ahí se produce una retroalimentación, que se aprecia claramente desde el triunfo de Ronald Reagan. Hay que aclarar que la identidad de los EE.UU. está muy vinculada con el protestantismo, que está jugando un papel muy importante en el ámbito político, económico, cultural…, con sus elementos positivos, y también negativos. Todo lo que tiene que ver con un protestantismo más puritano. A partir de los años 80, se produce esta alianza que se retroalimenta entre la “Moral Majority” (que tuvo el apoyo de los telepredicadores, que construyeron lo que se llamó la Iglesia Electrónica) y Ronald Reagan, que les reconoció una serie de privilegios como, por ejemplo, la vuelta de la oración a la Escuela, la lectura de la Biblia o la supresión de avances, como la interrupción voluntaria del embarazo. 

Esa alianza entre los evangélicos fundamentalistas, que son en este momento como una tercera parte de la población de los EE.UU. y el partido Republicano, propició gobiernos conservadores durante 12 años. Cosa que se prolongó otros 8 años más con Bush hijo. De 2016 a 2020, Trump, que era totalmente ajeno al ámbito religioso, también contó con el apoyo de Dolan, cardenal arzobispo de Nueva York y el movimiento integrista. El 1 de enero de 2010, se creó en Miami “Evangélicos por Trump”, una plataforma de apoyo explícito al Trumpismo. Todo lo cual se traduce en apoyos a posiciones ultraliberales en economía, conservadoras en política, y puritanas en cuestiones de ética.

¿Qué papel juega en todo esto el catolicismo?

Yendo por continentes, el catolicismo en EE.UU. nunca fue demasiado progresista, pero durante algún tiempo se posicionó en favor de los candidatos demócratas. Hubo una tendencia que estuvo más en sintonía con esos planteamientos más progresistas, pero posteriormente, la jerarquía y el sector de base practicante han retrocedido hacia posiciones más legitimadoras de los republicanos. En América Latina el giro ha sido espectacular. Buena parte del éxito de los dirigentes progresistas se ha debido al apoyo de un sector cristiano vinculado a la Teología de la Liberación y a los movimientos populares.

 En la medida en que aquello fue perdiendo fuerza, han ocupado el espacio los sectores fundamentalistas, mayoritariamente evangélicos, pero también con una importante presencia del sector católico conservador. En esto ha influido también el cambio en la jerarquía. Hay que recordar que, en el 68, en Medellín, 400 obispos dieron el giro de la iglesia colonial hacia el cristianismo liberador.

¿En la proximidad, en España, como pinta el panorama?

Es uno de los fenómenos más preocupantes y peligrosos. Porque viviéndolo día a día y como analista del tema, voy observando el proceso de deterioro de lo que es el vino espumoso del cristianismo liberador y progresista en España, al vinagre totalmente imbebible, que no sirve siquiera para las ensaladas. El problema viene de lejos. Creímos que con la transición democrática había desaparecido el nacional-catolicismo. Consideramos que habíamos entrado en un Estado no confesional, laico, donde la religión iba quedar en el espacio privado, en la esfera de las conciencias y los lugares de culto, y que no iba a tener ninguna influencia en la vida política. 

Fue una gran equivocación, un espejismo, porque el nacional-catolicismo estaba agazapado y expectante para dar el salto y recuperar protagonismo. En la derecha política hay mucho franquismo y en la derecha católico mucho nacional-catolicismo. Cuando se dieron cuenta de que determinados planteamientos democráticos podían hacer aguas, saltaron a la palestra. La derecha y la extrema derecha política se han quitado la careta y están demostrando sus planteamientos autoritarios, neoliberales, conservadores… 

En la jerarquía, una quincena de obispos se va a identificar con todo esto. Así, un sector importante de la derecha, representada por la Presidenta de la Comunidad de Madrid, y el propio Casado, que es un político de la derecha más conservadora e integrista, se ven legitimados religiosamente por todas estas organizaciones católicas integristas ¿Quién apoyó a Abascal?: Yunque, ente otros. Como compensación, Vox va incorporando a sus filas personas de estos grupos.

¿Forman parte también las distopías de esta corriente?

Las distopías han pasado de la literatura a convertirse en una realidad. Siempre se han apoyado en situaciones concretas, pero en este momento sí que se puede considerar que la ficción imita a la realidad, a nivel mundial y coordinado. Mientras las utopías siguen manteniéndose en el ámbito de la ficción, las distopías se han convertido en un relato de los hechos.

¿Converge de algún modo el cristiano-neofascismo con los negacionismos, tan en boga?

Hay un vínculo estrechísimo. El cristo-neofascismo se caracteriza por el negacionismo, y este lo que hace es reforzar el fenómeno distópico real. Es el caso, estos días, de la pederastia clerical. La actitud de los obispos hasta que ha salido el informe de El País ha sido negarla. O sea, negacionismo de la pederastia clerical ¿Cómo se hace? Diciendo son muy pocos casos, que la mayoría de los sacerdotes son ejemplares… No se le da importancia. Entonces, la distopía está legitimada precisamente por ese silencio, que lleva a la complicidad. 

Distopía de esta Iglesia, que está totalmente emponzoñada con un cáncer metastásico, y que, sin embargo, no se reconoce de ningún modo. Así se está legitimando el poder de una parte de la jerarquía católica sobre los cuerpos, las conciencias, la vida de las personas, que viven en situación de mayor vulnerabilidad. Otro ejemplo llamativo de negacionismo es el del cambio climático. Quizá la mejor prueba de que el negacionismo de este cristo-neofascismo, de esta derecha conservadora, homófoba, anti-ecológica, acaba desembocando en distopía."                      (Peru Erroteta, elTriangle, 06/02/22)