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29/5/18

Sé que todo empieza con una imagen, pero no sé por qué. Tampoco puedo anticipar su naturaleza, su origen, el instante en que nacerá. Después de unos días de efervescencia, durante los que mi cabeza estalla varias veces para recobrar inmediatamente su forma, escojo un cuaderno, una pluma y empiezo a contarme a mí misma el argumento...

"Se supone que yo debería saber por qué ocurre, pero la verdad es que no tengo ni idea.

Sé que todo empieza con una imagen, pero no sé por qué. Tampoco puedo anticipar su naturaleza, su origen, el instante en que nacerá. Me ha pasado muchas veces y nunca es exactamente igual, aunque siempre es parecido. Mientras ando por la calle, mientras recorro estaciones o aeropuertos, mientras hago la compra, o leo un libro, o estoy sentada delante del televisor, de pronto veo algo que en sí mismo no es nada, excepto la promesa de una historia. 

Puede ser una persona o uno solo de sus rasgos. Puede ser una situación o un objeto inanimado. Puedo existir o no, y eso es lo más raro, porque a menudo esas imágenes sólo existen en el interior de mi cabeza.

No es un trastorno mental, es mi oficio. No estoy loca, escribo novelas. Y todas empiezan así, con una figura borrosa, a la que no consigo verle la cara, que se mueve o está quieta, en algún lugar o en ninguno. A veces el escenario es importante, a veces no, porque me lo invento yo misma. 

No sé por qué me pasa, pero tampoco me lo pregunto, porque cuando sucede me pongo tan contenta que me olvido de todo lo que no sea esa imagen, ese algo que aún no es nada pero, con suerte, llenará por completo algunos años de mi vida.

No es la única cosa rara que me pasa. Después de unos días de efervescencia, durante los que mi cabeza estalla varias veces para recobrar inmediatamente su forma, escojo un cuaderno, una pluma y empiezo a contarme a mí misma el argumento. He dicho empiezo, porque no es tan fácil. La euforia es caprichosa, y nace, y se va, y parece que no vuelve, y vuelve a traición, y se esfuma. 

Llego a creer que me ha abandonado mientras las placas tectónicas de un mundo que aún no ha nacido permanecen en una calma engañosa, una apariencia de inmovilidad tan perfecta como el fondo de un pozo al que no llega la luz del sol. 

 Hasta que de repente algo se mueve y suena un ¡clac! dentro de mi cabeza. Algo hace clac, y luego clac clac, y por fin clac, clac, clac, como si todos los engranajes de una máquina que nunca ha llegado a arrancar se pusieran en marcha a la vez, misteriosa, milagrosamente. 

Esto es todavía más difícil de explicar, pero los cabos sueltos saben anudarse, retorcerse sobre sí mismos para adquirir el grosor, la espesura de una maroma que ya es capaz de sujetarme, de mantenerme a salvo aunque mis pies no toquen el suelo.

En ese momento, los personajes ya existen. Nunca tendrán rostro, quizá ni siquiera tengan nombre todavía, pero están ahí, les oigo respirar, hablar, presiento su alegría o su desánimo. En ese momento, aunque no haya escrito ni una sola palabra del texto todavía, ya estoy escribiendo un libro. 

Y me tiro las horas muertas pensando, tomando decisiones, calculando si acierto o me equivoco, hasta que me canso. Entonces me levanto para llenar páginas y páginas de mi cuaderno con una letra infernal, tan deformada por la velocidad que no la entiendo ni yo. 

Cuando comprendo que mi cabeza va mucho más deprisa que mi mano, me pongo nerviosa y salgo a la calle, ando sin ir a ninguna parte, camino un par de horas sin objetivo alguno, más allá de la ruta que trazan mis pasos, y no veo a la gente con la que me cruzo, ni los escaparates ante los que paso, ni los edificios entre los que camino. A veces me asombro de que no me atropelle un coche. A veces escucho una bocina furiosa y sé que es para mí.

Hoy no he llegado a escucharla. Hoy, cuando ya tenía puestas las zapatillas, mi cuaderno abierto sobre la mesa del comedor con la pluma encima, como un programa de puro optimismo, se me ha ocurrido mirar el móvil. Entre los múltiples avisos proporcionados por el sistema, he visto que me había escrito la responsable de esta revista y, durante un instante, hasta me he permitido el lujo de preguntarme por qué.

Le debía un artículo y no he sido capaz de inventarme nada. Lo he intentado, se lo aseguro. He estado casi una hora delante del ordenador, pero mis personajes, los que me esperan en ese cuaderno que sigue abierto, se colaban entre las noticias, llenaban la pantalla, me sacaban la lengua.

Son más poderosos que yo, y por eso he acabado contándoles todas estas cosas raras que me pasan. "                      

22/2/18

La relación entre Christina Rosenvinge y El Cordobés es un poema. Encontró en el torero a su muso...

 "Christina Rosenvinge (1964, Madrid) estaba en su casa madrileña tirada en el sofá, procrastinando –forma fina de decir holgazanear–. Tenía la televisión encendida. Y algo le llamó la atención. El torero Manuel Díaz El Cordobés (Madrid, 1968) aparecía en esos momentos en todos los canales. Salía del juzgado y estaba feliz.

Después de toda una vida luchando para que Manuel Benítez El Cordobés (Córdoba, 1936) le reconociera legítimamente como su hijo, la justicia acababa de ratificar el lazo sanguíneo. Y Rosenvinge, una madre de dos hijos (fruto de su relación con el escritor Ray Loriga) que estaba disfrutando del privilegio que supone dejar pasar el tiempo en el sofá, se dio de bruces con la inspiración. Encontró en el torero a su muso.

"Soy un hombre que pese a haber tenido un padre de humo, va a conseguir que sus hijos tengan un abuelo de verdad", dijo en ese momento Manuel Díaz ante un aluvión de periodistas. Esta frase se le quedó grabada a la cantante de origen danés. "Cuando vi esa escena pensé que ahí había una canción.

 Este hombre ha pasado toda su vida poniéndose delante de un toro para que su padre le reconozca. Me parece un acto tan bonito y tan poético que me inspiró una canción", explicó la intérprete a Pablo González Batista en el programa de la Cadena Ser Hoy por hoy. "Él no lo sabe, pero ha sido mi muso. Es un poeta", añadió la cantante.

La canción en cuestión es Pesa la palabra, uno de los nueve temas que forman su nuevo disco, Un hombre rubio, que acaba de publicarse. "Me puse en el lugar de los hijos que sienten el no reconocimiento de sus padres o que tienen padres que no son capaces de entregarles el amor que necesitan", comentó la artista.

La canción tiene una cadencia lenta con el piano como instrumento en primer plano. En el texto, Rosenvinge se pone en la piel de Manuel Díaz, que tiene tres hijos [una hija, fruto de su primer matrimonio con Vicky Martín Berrocal, y un niño y una niña junto a su actual esposa Virginia Troconis] y canta:


 Audio con la canción 'Pesa la palabra' inspirada en Manuel Díaz 'El Cordobés'.

En su noveno trabajo discográfico en solitario, Christina Rosenvinge hace el ejercicio de mostrar diferentes tipos de masculinidad que van más allá de los encorsetamientos sociales que oprimen a los hombres.


"Un hombre no nace machista, te lo aseguro", explicó Christina Rosenvinge en Hoy por hoy. El objetivo de Un hombre rubio no es otro que derribar mitos, como que los hombres son menos complejos emocionalmente que las mujeres. "No creo que sea verdad, es solo otra consecuencia de la armadura machista que tiene nuestra sociedad. En paralelo al empoderamiento de las mujeres tiene que haber una reacción del hombre contra su propia imagen", comenta la cantante, que en su nuevo trabajo ha hecho el esfuerzo de meterse incluso en la piel de las masculinidades más rancias.


Los padres de la cantante descubrieron España durante su luna de miel y, enamorados del cante jondo y de la cultura ibérica, decidieron abandonar su Dinamarca natal para instalarse en Madrid. "Mis padres fueron unos emigrantes románticos. Por sus venas solo corría sangre nórdica, pero fue llegar a España y no poder dejarla", confesó Rosenvinge en otro programa, Las mañana de RNE.

Un hombre rubio es ante todo un homenaje a su padre y a las dificultades que tuvo para entenderle, las mismas que la llevaron a tirar del hilo e indagar en el concepto de masculinidad. "Quería hablar de la relación con nuestros padres. Los hijos somos revanchistas y egoístas, pero hay un momento en la vida en que ya no ves a tu padre como tu padre, sino como a un igual.

Es ahí cuando eres capaz de entenderle y darle las gracias", dice. "Mi padre y yo no nos entendíamos. Colisionábamos ideológicamente. Era un hombre muy tradicional. Y murió antes de que yo hubiera podido comprenderle", añade.

El padre de Rosenvinge falleció cuando ella tenía 26 años. Murió alejado de sus padres, hermanos y primos daneses. Ninguno de sus familiares viajó desde Dinamarca para el entierro. Si que lo hicieron, sin embargo, varias familias de gitanos con las que a lo largo de los años había entablado una misteriosa amistad de la que Christina apenas sabía nada.

"Yo no sabía cuando se veían, pero cuando mi padre murió todos aparecieron en el velatorio vestidos de negro muy elegantes y se sentaron enfrente de nosotros. Ellos de negro de arriba abajo y nosotros súper blancos y rubios. Fue un homenaje muy hermoso. La vida de mi padre era un romance flamenco”, recuerda la cantante.





Momento en el que El Cordobés sale del juzgado y dice la famosa frase que emocionó a Christina Rosenvinge.


Su último trabajo es también fruto del deseo de cumplir un sueño, el de ser crooner, y de una conversación con Loquillo, a quién dijo que le vendría bien que una mujer le escribiera canciones. "Empecé este experimento pensando en componer una balada para Loquillo, pero luego pensé: 'Para crooner, yo", sentencia.

Según la RAE, una mujer también es un hombre ("ser animado racional, varón o mujer"). Rosenvinge se valió de esta definición para explorar su propia masculinidad, además de otras ajenas. Escuchar voces como la de Loquillo o Bunbury ayudaron a Rosenvinge a explorar sus registros más masculinos. "En el álbum, dentro de mis posibilidades, he masculinizado incluso mi voz", reconoce.

Su padre, Loquillo, Bunbury, los crooner... y El Cordobés. Todos hombres, todas fuentes de inspiración para una mujer."                   (Óscar Tévez, El País, 16/02/18)

11/9/12

Mapi Rivera... “Bañarse en el mar a primera hora es como bañarse en la propia luz”

 Mapi Rivera (Huesca, 1976) es artista y poeta de inspiración mística. Trabaja con su cuerpo desnudo en relación con la naturaleza. Acaba de inaugurar una exposición en Amsterdam, en la galería de Pepa Santolaria y Jan van Eden

 “Bañarse en el mar a primera hora es como bañarse en la propia luz”
  
-1. ¿Qué hace una artista y una poeta en verano?
Mi experiencia como creadora va más arraigada al ser que al hacer, es por eso que no tengo la sensación ni la necesidad de hacer vacaciones, soy creadora todos los días del año. Eso sí, en verano el ritmo cambia, los días largos y calurosos hacen que el tiempo se dilate, se favorecen ciertos aspectos creativos y se aletargan otros.

-2. ¿Dónde suele veranear?
En un paraíso secreto. Prefiero no desvelar su localización.


-3. ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?
Viví tres años y pasé todos los veranos de mi infancia en un pueblo cercano a Huesca, Fañanas.

La libertad de la que disfruté, las horas infinitas que pasé jugando en el jardín y en el huerto, seguramente, propiciaron mi vocación creadora. Ahora vivo en Barcelona, cerca del mar, pero cada cierto tiempo necesito escapar de la ciudad y hacer inmersiones en la naturaleza. La montaña también me apasiona.

 Lugares como los Llanos del Hospital o el Forat d’Aiguallut de Benasque, donde hice algunas de las series fotográficas del proyecto ‘Heliosis’, son lugares limpios, energéticamente muy poderosos, que facilitan la comunión con lo sagrado.


-4. ¿Qué hace diferente al resto del año?
Siempre que puedo bajo a darme un baño en el mar, a primera hora, cuando todo está tranquilo y hay muy poca gente. El sol se refleja en el agua y es como bañarse en la propia luz. Ese contacto tan directo con la luz de la mañana es como una oración vital con la que empiezo el día.

-5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida?
Cada verano dedico unos días, si puedo una semana, a no hacer absolutamente nada. Me entrego a un letargo total, paso los días en la playa bañándome en el mar y tomando el sol. Llevo conmigo un diario en blanco y unos lápices de colores. No es mi propósito escribir o dibujar, pero lo llevo conmigo por si viene la inspiración.

Y siempre llega. Esos días blancos, son totalmente fructíferos, las ideas brotan luminosas, como piezas que encajan en su lugar. Suelen ser instantes de redescubrimiento, porque son momentos de relajación y entrega, y es entonces, en esa abertura de la percepción, cuando se comprende mejor nuestra naturaleza íntima.

Esos días de verano son como una recarga de energía que sigue activa el resto del año.


6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo fue esa época? ¿Se dio una vinculación directa con el arte?
Sí, creo que la forma en que viví mi infancia, inmersa en juegos e imaginaciones, en contacto con la tierra, las plantas y el aire libre, sin duda favoreció la preservación de un mundo interior próximo al origen.

Durante la adolescencia, me alejé bastante de ese mundo intacto, el arte ha sido para mí una vía de recuperarlo, de volver a ese estado de la infancia pero ya no de forma ingenua, sino con inocencia.

-7. ¿Cuál es su mejor recuerdo de entonces, el que más le persigue?
Me veo con cincuenta años aproximadamente, en medio del jardín, con los ojos muy abiertos, totalmente tranquila, nada me inquieta, todo está bien. (...)

-12. Si tuviera que resumir el espíritu del verano en un ‘tuit’, ¿qué diría?Días largos de luz solar, calor, ropa ligera, sandalias, agua de mar, sal, desnudez, alegría, bienestar, siesta, creación, poesía, amor."             (Antón Castro, 08/09/2012, 'MAPI RIVERA EXPONE EN AMSTERDAM)

5/6/11

"Hay veces que las frases parecen escribirse por sí mismas, sin que yo sepa exactamente de dónde surgen"

"P. Usted afirma que la literatura es una zona distinta de la experiencia. ¿Qué quiere decir?

R. No hay palabras para explicar una cosa así. Hay veces que las frases parecen escribirse por sí mismas, sin que yo sepa exactamente de dónde surgen. También me ha sucedido que la estructura de la novela se despliega ante mí sin que intervenga mi voluntad. Es una suerte de revelación.

P. Asegura que el horizonte de la escritura es el lenguaje.

R. Escribir es ir forjando frases que hay que ir arrancando una a una del venero del idioma. Mi trabajo consiste en entablar un forcejeo feroz con el lenguaje. Por supuesto mis novelas se ocupan de asuntos que tienen interés social o cultural, pero el motor de una novela, lo que hace que avance, palabra a palabra, es el bagaje que consigo arrebatar del alma del idioma.

Lo demás no cuenta. Es algo muy humano, y muy falible, no un proceso matemático. (...)

P. A veces la lectura de su obra deja la sensación de que se propone trascender el lenguaje, llegar al ámbito de lo no verbal.

R. Antes empleé la palabra revelación. Hay cosas que el lenguaje no es capaz de comunicar, ideas que resultan imposibles de articular. Cuando se entra en la esfera de lo inefable, surgen conceptos inasibles que procuro atrapar y regresar con ellos al ámbito del lenguaje para darles forma. (...)

R. Uno de los aspectos más importantes de las obras que he escrito en los últimos 10 u 11 años es la reflexión que hago acerca de la naturaleza del tiempo, un enigma insondable que se infiltra en mis libros, impregnándolo todo. El tiempo y las pérdidas irreparables que trae consigo.

P. ¿El tiempo y la muerte?

R. En el sentido de que la creación artística es una suerte de fuga, un escape que busca descifrar el misterio de la mortalidad, la máxima aspiración de toda obra.

En 2004 Don DeLillo publicó Contrapunto, una escueta meditación en torno a la soledad y el arte. Pese a tratarse de un texto muy breve, en él se condensan las preocupaciones esenciales del escritor.

Los ensayos que lo integran tienen como objeto una película que filma la huida épica de un esquimal y las semblanzas de tres artistas asediados por la soledad radical que acompaña a la creación artística: el músico de jazz Thelonius Monk, el pianista Glenn Gould y el escritor austriaco Thomas Bernhard.

R. Ese libro responde a un esfuerzo muy serio por mi parte. Los temas que trato en él son los que más me preocupan. Los creadores de quienes hablo cayeron en alguna forma de depresión, posiblemente algo casi inevitable cuando se es un artista serio.

En los años cincuenta frecuentaba un club de jazz del Greenwich Village en el que solía tocar Thelonius Monk. Aquellos conciertos fueron uno de los catalizadores del libro. En cuanto a Bernhard, su voz me sigue pareciendo tan asombrosa como cuando lo leí por primera vez. Bernhard era un disidente del espíritu humano.

Glenn Gould me resulta más lejano, pero su ejecución de las Variaciones Goldberg nunca ha dejado de hipnotizarme.

P. En el libro hay una imagen imborrable: Monk sentado al piano en silencio, mientras los músicos y el público aguardan expectantes. Monk escucha algo que nadie más alcanza a oír. La imagen me lleva a usted, envuelto en una aureola de silencio al margen de las palabras, fuera del tiempo.

R. Un crítico francés dijo que mi escritura le hacía pensar en la música de Thelonius Monk. Me fascina el hecho de que varios años antes de morir dejara de tocar. Un misterio más del arte..." (DON DELILLO: "Llegué a temer por mi salud mental". El País, 05/06/2011, p. 46)

24/3/11

"Creo que el cante es recrear, poner tu personalidad, tu expresión..."

"Quizá toca que hablemos un poco de flamenco, sugiero, mientras apura el café. Apenas ha probado la fruta. De quienes aplauden o detestan su forma de entender una hipotética renovación del flamenco.

"Creo que el cante es recrear, poner tu personalidad, tu expresión. Me gusta la recreación de lo ya hecho, hacerlo de otra manera. Poner el sonido más antiguo y que no se te olvide la afición y el enamoramiento hacia los grandes".

Entonces, ¿qué es innovar en el flamenco? "Es bueno tener espíritu creativo, lo difícil es dar con el punto. Muchas veces es quedarte quieto, no hacer nada".

La conversación fluye con una actitud cómplice, sin atisbos de divismo. Es un tipo normal, que habla claro. No puedo evitar la pregunta: ¿De qué va Morente?

"Morente va de obrero. Vengo del mundo del curro, del trabajo. No me considero un artista, me considero un trabajador".

Un trabajador, cuya aportación resume en una palabra: libertad. "Represento la libertad en el mundo del flamenco". (ENRIQUE MORENTE: "Lorca me llevó a la poesía cuando era semianalfabeto". El País, 24/09/2010, última)

18/3/11

Para Ingmar Bergman se plantean antes de la película tres preguntas: ¿De dónde vengo? ¿Quién soy yo? ¿Por qué soy como soy? “

"Ingmar Bergman fue lo suficientemente modesto sobre sus neurosis como para hacer transparente su relación con el arte: “cuando alguien escriba mi vida, entonces, quizás, se vea que de hecho toda mi creatividad no es más que decididamente pueril.

Basada en mi infancia”, dijo Bergman en su última, larga entrevista con Jörn Donner con una remarcable modestia, que muestra a un pensador preciso y profundo que se apoya en la reflexión de sí: “En menos de un segundo puedo viajar a mi infancia, a los lugares mágicos, tal y como los he utilizado en Fanny y Alexander.

Creo que todo lo que he hecho y que tiene un cierto valor tiene sus raíces en mi infancia. O en la dialéctica, en un diálogo con mi infancia. Nunca he tomado distancia de mi infancia, sino que he llevado a cabo un diálogo con mi infancia.”(...)

Para que este diálogo pudiese tener lugar las películas necesitaban claramente un lugar especial. Un lugar cerrado, del que sea más fácil entrar que salir.

Un lugar existencialista, aquel infierno que según Sartre eran los otros, un lugar simbólico, el lugar de una fusión, el lugar en el cual se consiga el resultado psicoanalítico de la “transferencia”, pero también un lugar histórico, el lugar en el que se encuentran los vagabundos, quienes, como el propio Ingmar Bergman, no han logrado fundar un “hogar” burgués, una familia burguesa, pero también para quienes están en la escapada.

Este lugar es un hotel, una casa con hombres muertos, más tarde una isla con un faro. En este espacio del recuerdo y de los sueños se encuentran los fragmentos de personas, máscaras, que se buscan como espejo. Las personas se dividen, se funden entre ellas, intercambian roles. Al final, casi siempre una de las personas departe. Esto puede verse como un Happy End. De hecho, son las propias películas de Ingmar Bergman las que en verdad nos interrogan, a través de un final así.

Para Ingmar Bergman se plantean antes de la película tres preguntas: ¿De dónde vengo? ¿Quién soy yo? ¿Por qué soy como soy? “¿Podría usted responder a estas preguntas?”, inquirió Donner,

Y Bergman suspiró, se quitó las gafas, dudó por un momento y respondió: “No. Hoy tengo respuestas aún peores respuestas a mis preguntas o, mejor dicho, sé menos, sé ahora menos sobre mí mismo que hace diez años, que antes.”

Al final de su vida cinematográfica dijo esto con la mayor serenidad. Porque, como ocurre con el psicoanálisis y en el arte, la palabra “fin” sólo puede entenderse provisionalmente.

La búsqueda del niño de los padres siempre tiene su reverso, infierno y paraíso." (Sin Permiso, 13*/03/2011, citando a ' El anti-Fellini', de Georg Seeßlen · Markus Metz)

"No se me da la gana. Me pongo en mi escritorio todos los días y todo el día, pero hago trampas: divago por internet, leo los periódicos..."

"Quizás lo que necesito son vitaminas, pero me ha dado por echarle la culpa a mi muerta preferida, porque no puedo escribir ficción. Yo, que presumo de ser el escepticismo religioso en dos pies, tengo a bien concederles poderes extraterritoriales a los muertos. Y encuentro que mi madre ha hecho varios milagros desde que murió.

Mis hermanos consiguieron hacer un auto mexicano y mi hermana ha rescatado dos parques y, junto con otros, logró lo que ella hubiera querido desde hacía tantos años: que, al menos por una vez, un gobernador no le heredara el puesto a quien se le diera la gana sino a quien se lo diera una elección.

Punto: A mi madre no le parecía meritorio esto de escribir cuentos. Para ella no había virtud sin dificultad y mi profesión, en el caso de aceptar que lo fuera, no le parecía difícil. Todo el asunto lo trataba como una frivolidad remunerada por quién sabe qué ilusos. De ninguna manera encomiable. Nunca la vi dichosa con alguno de los que se podrían considerar mis logros profesionales. Le daban un poco de timidez. (Miraba a los lectores como diciendo: ellos no saben que yo sé. Aquí hay trampa, así no fue como pasó, ni esos señores vivían en esa casa).

Siento que a los premios los veía como un equívoco del destino. Algo de razón habrá tenido. El caso es que ahora que se ha puesto, como dice Eliseo Alberto que se ponen los muertos, su disfraz de fantasma, no la veo dispuesta a permitir que yo vuelva a creer en mis inventos. En que valen la pena, en que le importan a alguien. Y me tropiezo conmigo misma, incapaz de mentir, de creerme los ojos o la ropa, el peinado y los amores de alguien.

No se me da la gana. Me pongo en mi escritorio todos los días y todo el día, pero hago trampas: divago por internet, leo los periódicos, y me salvan el correo, el timbre del teléfono, el llamado de los perros. Siento como si cualquier distracción viniera en mi ayuda, las ando buscando. Y quien busca encuentra. ¿No es cierto?" (Puerto Libre,
Escrito por: Ángeles Mastretta el 18 Mar 2011)

3/2/11

"Las canciones surgen del desorden incomprensible"

"Nacho Vegas (Gijón, 1974) cabalga en su último disco por La zona sucia como un kamikaze. (...)

"Las canciones salen de esos momentos en los que todo te parece que está un poco desordenado. Cuando las cosas no encajan bien y no sabes muy bien por qué", explica el músico en la oficina de su promotora en Madrid." (NACHO VEGAS: "Las canciones surgen del desorden incomprensible". El País, 02/02/2011, p. 39)

3/11/10

"Aquí (en el jazz) no hay emociones de contrachapado"

"Pregunta. ¿Diría que tocar el saxofón es su emoción favorita?

Respuesta. No hay nada de lo que esté más seguro. Y créame, lo sé hace nada menos que 72 años. Tenía ocho cuando vi un saxo por primera vez y sigo tocando con la misma pasión y el mismo entusiasmo. El día que acerté dos notas seguidas tuve claro que había nacido para esto.

P. ¿Qué sintió al ver por primera vez uno de esos trozos de metal dorado?

R. Era de un amigo de mi madre. Lo tenía bajo la cama. Entonces las cosas importantes se guardaban bajo la cama. Era un saxofón precioso, metido en una caja de terciopelo. Había visto instrumentos en fotografías centelleantes sobre la chimenea de las casas de los amigos de mis padres. Pero la emoción real lo superó todo.

P. ¿Siempre supo que tocaría el tenor?

R. Empecé con el alto, luego escuché a Coleman Hawkins y se acabó la discusión. Caí rendido a aquel sonido tan profundo, intrincado y colorido. (...)

P. ¿Qué problema tuvo siempre con el piano? Lo eliminó de su ecuación en 1957, en sus legendarias sesiones en el Village Vanguard.

R. El piano es demasiado determinante armónicamente. Me gusta saber hacia dónde se dirige la música y conducirla yo. (...)

P. ¿Se acostumbra uno con la edad a la regularidad con la que la muerte se presenta?

R. No creo en la muerte como algo malo. He compartido escenario con Monk, con Coltrane, con Miles... todos han muerto. Es el modo en el que funcionan las cosas, no merece la pena darle más vueltas. (...)

P. ¿Sintió en algún momento que competía con alguno de sus pares?

R. La gente decía 'Sonny está tocando mejor que Coltrane' y cosas así. Luego te haces mayor y te das cuenta de que solo un estúpido de remate deja de escuchar a Johnny Hodges al descubrir a Charlie Parker. Es una cuestión de madurez, el único antídoto contra la tontería. Esto no es pop, hijo, esto es jazz, es música de verdad, no hay emociones de contrachapado, las cosas suceden, la gente se hace daño, ríe y llora todo el rato.

P. ¿Considera el jazz una música culta?

R. Hay quien ve mi arte como algo complicado, a mí me resulta sencillo. Es difícil poner la música en palabras, pero yo la describiría con una escena. Tengo 10 años, estoy practicando en casa, es domingo, el resto de los chicos juegan en la calle, roban en las tiendas...

Llevo 10 horas en un rapto de conciencia. Toco y toco. Llega mi madre y dice: 'Sonny, cariño, es la hora de cenar, así que haz el favor'. Eso es la música para mí, algo que me hace olvidar que tengo que alimentarme para sobrevivir. (...)

P. Su última actuación en Nueva York ha adquirido ya la categoría de histórica.

R. Fue una noche genial, pero no estuve a la altura. El perfeccionismo es la madre de todas las fuentes de insatisfacción... Los Virgo somos así. No quiero llegar a la meta, me conformo con el camino. Si no creyese que puedo ser mejor cada día, ¿para qué demonios iba a despertarme?

P. Usted es ese célebre saxofonista que se retiró en 1959, en el pico de su carrera, porque se estaba defraudando a sí mismo.

R. Fue la mejor decisión de mi vida. Llevo a gala escuchar a mi voz interior. Esa voz no estaba afinada.

P. Y de todos los puentes de Nueva York, ¿por qué escogió el de Williamsburg para practicar sin que nadie lo viese?

R. Estaba cerca de casa. Subía al puente y tocaba y tocaba para los oficinistas que volvían de Manhattan derrotados, frustrados y borrachos después de unas copas al salir del trabajo.

P. Pasaría frío...

R. Cuando hacía frío de verdad, bajaba a una licorería de chinos del Lower East Side y me subía una botella de brandy... Los oficinistas, el brandy, el rumor del río... ¿Qué más podía pedirse en este mundo? Por lo que a mí respectaba, absolutamente nada.

P. Si volviera a nacer, ¿cambiaría algo?

R. ¡Claro! He cometido un montón de estupideces. Pero, ¿sabe qué? Acabo de cumplir 80 años y estoy empezando a dejar de sentirme ignorante." (SONNY ROLLINS: "Aquí no hay emociones de contrachapado". El País, 31/10/2010, p. 40)

6/7/10

La crisis creativa del escritor según Aguilar Camín

"A doña Emma Camín le gustaban las frases contundentes. "El que expulsa de su vida la mentira deja la verdad afuera", podía llegar a decir. Esas sentencias son un recuerdo insuficiente para su hijo, Héctor Aguilar Camín. Prefiere su presencia. Su muerte, hace cinco años, le ha dejado inmerso en una orfandad creativa. Así lo confesó ayer el escritor mexicano en la jornada inaugural del ciclo literario Lecciones y maestros. El curso se abrió en Santillana del Mar con él, continúa hoy con Rosa Montero y concluirá mañana con Manuel Vicent.(...)

Así corroboraba el peso de ambas en su presentación su amigo el escritor Hugo Hiriart: "Para lograr un destilado de Aguilar Camín se requieren los siguientes ingredientes esparcidos en una retorta: un poco de Chetumal, el pueblo donde nació, lugar primitivo y selvático. Una pizca de su madre y de su tía, dos mujeres que ponían a los niños a cantar para espantar sus miedos, y los jesuitas, donde estudió desde niño hasta llegar a la universidad". (...)

Aguilar Camín se refirió a sí mismo en tercera persona: "No sé qué decir del escritor que se llama como yo. Escribe sin fe en lo que escribe, lleno de fragmentos que no van a ningún lado". Por dentro se le siguen revolviendo los temas de siempre: el poder, la política, el amor, las mujeres misteriosas, el periodismo, la historia, el whisky... México trágico, pujante y violento. Un país que vive una auténtica guerra contra personas dispuestas a matar por 400 euros al mes. "¿Qué hacer con ellos? La guerra, no queda otra solución", aseguró. (...)

¿Y ahora? Ahora sufre terror a la hoja en blanco. Desazón, poca motivación. "El escritor del que hablo quisiera tener al menos un libro largo. Conoce el estado de gracia que es eso".

Lo ha moldeado entre sus manos. Cuenta la historia de la separación de sus padres y su familia. Pero igual que le llegó la inspiración, desapareció. "Cuando llevaba tres capítulos y 100 páginas de notas, la magia se fue. Había ido a visitar a su padre. No quería fallar ante su mirada. Menos con una historia que contaba su fracaso y la destrucción de su progenitor por su propio padre, es decir, su abuelo". En ella se mezclan la separación, el desgarro, la huida, sus ancestros. Ayer quiso conjurarlos. Ojalá el exorcismo le lleve a arrancar de nuevo desde sus páginas moribundas. A desencallar y tomar de nuevo el rumbo." (El País, ed. Galicia, cultura, 22/06/2010, p. 37)

26/6/09

La inspiración, las musas...

"Cuando Antonio Muñoz Molina encuentra la primera frase, esa inspiración casual en apariencia, surgida sin esfuerzo, sabe que de ella se desprende todo lo demás. "Surge como venida de ninguna parte, y sin embargo ha requerido toda la experiencia de la vida, todo lo que se recuerda y todo lo olvidado". Así prenden sus novelas, así inicia el autor andaluz sus viajes literarios, sobre los que disertó ayer en la última jornada de Lecciones y maestros, en Santillana del Mar. (...)

Tras las primeras frases llegan los desvelos. "Trabajar día tras día es necesario, pero a veces el empeño en el trabajo no lleva a ninguna parte, y sin embargo, aparece algo venido de no se sabe dónde que tiene todos los síntomas de una iluminación casual y gratuita". ¿Musas? "Si la disciplina importa tanto, ¿por qué algunas de las mejores ocurrencias vienen de improviso, no cuando estamos amarrados al escritorio, sino en un momento de abandono en el que nos hemos apartado de él?".Inspiración, dice Muñoz Molina.

Una palabra que defendió a capa y espada: "Lo siento, pero no encuentro otra más adecuada y no tengo ganas de buscar eufemismos más honorables". Sin embargo, a veces no llega: "Cuando no sale nada conviene irse a dar un paseo. No se trata tanto de buscar como de esperar". (El País, ed. Galicia, Cultura, 25/06/2009, p. 46)