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1/9/23

Cómo influye el porno en los jóvenes... Los jóvenes y adolescentes aprenden conductas sexuales y establecen una normalización erótica teniendo como referente la pornografía... En el caso de los hombres jóvenes, encontramos una base de evidencia creciente entre ver pornografía y el comportamiento sexual violento o abusivo... las diferencias individuales, por ejemplo las características de personalidad, son cruciales para determinar si el consumo de pornografía y/o de pornografía violenta puede o no conducir a situaciones de violencia sexual... también es importante resaltar que los efectos del consumo de pornografía pueden ser positivos y neutros. El consumo de pornografía también se ha relacionado con la experimentación del placer sexual, el incremento de conocimientos técnicos sobre la sexualidad, y el aumento de la autoestima y la satisfacción sexual. Estos hallazgos sobre los efectos del consumo de pornografía sugieren que censurar la pornografía privaría a los jóvenes de algunos beneficios

 "(...) La adopción de las redes sociales como una forma de vida y el desarrollo de las tecnologías móviles posibilitan que los jóvenes generen y difundan sus propias narrativas pornográficas. La curiosidad sexual es una característica de esta etapa y no debería sorprender que los jóvenes sean receptivos a estas imágenes y quieran además experimentar con ellas (Braun-Courville y Rojas 2009; Neinstein 2008). Obviamente, esta forma de comunicación, es decir, el uso de la autorrepresentación visual de carácter erótico en el mundo digital, plantea varios interrogantes sobre la dinámica entre público-privado y autenticidad-teatralización: ¿cómo se representa el yo en línea? ¿Coincide con la expresión del yo en el mundo no virtual? ¿Qué impacto tiene en la salud mental y en su desarrollo que sean los jóvenes quienes de forma no coercitiva estén creando su propia pornografía? ¿Se fomenta así su autonomía sexual o su hipersexualización?

Las principales motivaciones para buscar material sexualmente explícito en internet son: satisfacer la curiosidad, obtener información sobre prácticas eróticas y buscar estímulos para la excitación sexual y la masturbación (Bragg 2006; Kubicek et al. 2010; Horvath et al. 2013; Albury 2014). También podemos encontrar otras razones como el consumo de dicho material para cumplir con las expectativas normativas de género y como modo de «alfabetización» para luego dar a conocer al grupo de iguales el conocimiento sexual (Allen, 2011). Recientemente, algunos estudios han explorado la relación entre consumo de pornografía en el contexto de la pandemia de covid-19, identificando que las motivaciones de regulación del aburrimiento, el estrés y la excitación sexual eran las más frecuentes (Maes y Vandenbosch, 2022).

Como se puede observar, el uso de pornografía no se reduce a una actividad exclusivamente recreativa. Los jóvenes y adolescentes aprenden conductas sexuales y establecen una normalización erótica teniendo como referente la pornografía. Por ejemplo, muchos buscan lo que puede ser anatómicamente posible y se preguntan por qué a determinadas personas les puede gustar tal práctica erótica. ¿Es por libre elección? ¿O fueron obligadas? ¿Seré un bicho raro si no me gusta eso, si no me excito cuando alguien que me atrae me hace tal cosa? ¿Lo que se ve en el porno sucede realmente o luego fue editado? La duda, la fascinación, la curiosidad y la repulsión son reacciones que no pueden disociarse cuando hablamos de pornografía y juventud.

 

La exposición de los nativos digitales al material sexualmente explícito se ha dado tan deprisa que es difícil medir científicamente sus efectos, sobre todo a largo plazo. Si bien quedan muchas preguntas por responder con respecto al grado de influencia de la pornografía en el comportamiento sexual, la literatura científica ya perfila algunas relaciones.

Dado que los jóvenes pueden carecer de educación sexual de calidad y de una experiencia de la vida real para comprender el contenido sexualmente explícito en perspectiva, pueden adoptar actitudes y expectativas poco realistas sobre el comportamiento sexual (Ward 2003; Braun-Courville y Rojas 2009). El uso de la pornografía se ha asociado con actitudes sexuales más permisivas, con creencias sexuales estereotipadas sobre el género, con una mayor disposición al sexo casual y más experiencias de violencia sexual, tanto en términos de perpetración como de victimización (Peter y Valkenburg, 2016).

Algunos estudios apuntan que la visualización excesiva puede provocar un efecto de habituación o desensibilización, reforzar los estereotipos sexuales (Duquet, 2013) e influir negativamente en el autoconcepto, la imagen corporal y la sensación de capacidad sexual, tanto en mujeres como en varones (Marzano y Rozier, 2005; Fitzpatrick 2007; Owens et al., 2012). Otras investigaciones han asociado el consumo de pornografía con una actitud negativa hacia el uso del condón (Wingood et al. 2001). No obstante, este último hallazgo es cuestionado en otros estudios (Braun-Courville y Rojas, 2009; Ybarra, Strasburger y Mitchell, 2014).

Por otro lado, la relación entre consumo de pornografía y la agresión sexual ha sido ampliamente investigada. Aunque el consumo de pornografía violenta es poco habitual (Ybarra et al., 2011; Baer et al., 2015 y Shor y Seida, 2019), se puede hablar de una asociación confiable entre el uso frecuente de este tipo de pornografía y los comportamientos sexualmente agresivos. En concreto, el consumo de pornografía violenta y la agresión sexual se asocia con hombres que presentan un alto riesgo de agresión sexual (Malamuth et al., 2012; Wright et al., 2016; Malamuth, 2018).

En el caso de los hombres jóvenes, también encontramos una base de evidencia creciente entre ver pornografía y el comportamiento sexual violento o abusivo (Stanley et al., 2018; Huntington, Pearlman y Orchowski, 2022). Estos resultados muestran como las diferencias individuales, por ejemplo, las características de personalidad, son cruciales para determinar si el consumo de pornografía y/o de pornografía violenta puede o no conducir a situaciones de violencia sexual (Malamuth y Hupin, 2005).

El uso excesivo y problemático de la pornografía (también denominado como «adicción al porno» o «adicción al cibersexo») constituye otra de las preocupaciones sociales más comunes con respecto a los posibles efectos del porno (Wéry y Billieux, 2017).  La adicción al cibersexo se define como un «patrón de mala adaptación del comportamiento sexual en línea, que conduce a un deterioro o angustia clínicamente significativos» (Dhuffar y Griffiths, 2015). Aunque el diagnóstico para esta condición clínica es a día de hoy controvertido, algunos modelos proponen los siguientes criterios para hablar de adicción a la pornografía: tiempo/esfuerzo excesivo dedicado a la búsqueda de material pornográfico; deterioro del autocontrol; incumplimiento de las responsabilidades familiares, sociales o laborales; y persistencia de dicha conducta sexual a pesar de sus consecuencias (Wéry y Billieux, 2017).

La prevalencia de esta condición clínica en consumidores de pornografía parece bastante baja, algunos estudios estiman que oscila entre el 0,8 y el 8% (Ballester-Arnal et al., 2016; Bőthe et al., 2020). No obstante, las investigaciones al respecto son todavía escasas y apenas han profundizado en poblaciones específicas como los adolescentes (Ballester-Arnal et al., 2022).

Aunque los posibles efectos negativos puedan incentivar la batalla moral y política de nuestros tiempos, también es importante resaltar que los efectos del consumo de pornografía pueden ser positivos y neutros. El consumo de pornografía también se ha relacionado con la experimentación del placer sexual (Peter y Valkenburg, 2016), el incremento de conocimientos técnicos sobre la sexualidad (Litsou et al., 2021) y el aumento de la autoestima y la satisfacción sexual (Prause, Moholy y Staley, 2014; Kvalem et al., 2014). Estos hallazgos sobre los efectos del consumo de pornografía sugieren que censurar la pornografía privaría a los jóvenes de algunos beneficios. Quizá la responsabilidad colectiva no esté en pedir que el porno sea más educativo (dado que su función no es hacer pedagogía) sino en fomentar una educación sexual que integre a la comunidad y no descuide a la población más vulnerable."               (Loola Pérez , Ethic,  22/08/23)

29/3/23

El éxito de Pornhub está en que, realmente, se dedica a recopilar datos de cada usuario. “Hace lo mismo que Netflix o Facebook, recopila datos de los usuarios para adaptar el contenido que les entra por los ojos. Tienen su propio algoritmo y monetizan con publicidad el contenido generado por usuarios”... Los trabajadores sexuales ofrecen una mirada positiva hacia una página que creen que les ayudó a tener unas condiciones dignas y más seguridad

 "Escriban la letra P en el navegador de su móvil y seguramente sea la primera palabra que sugiera para autocompletar”, decía el cómico Trevor Noah desde uno de sus programas de The Daily Show. La broma la hacía para hablar de Pornhub, la principal página de pornografía del mundo. Noah hacía el chiste dando a entender que la mayor parte de personas, sobre todo hombres, que estaban viendo su show visitan porno y usaban la web que ha colonizado y dominado la industria del sexo online. Pornhub es la punta del iceberg y, sobre todo, la más mediática. Mientras que hace décadas, con el comienzo de internet, el sexo era algo que estaba casi escondido, Pornhub ha decidido promocionarse como cualquier otra compañía. Hacen anuncios, quieren que se hable de ellos y organizan campañas mediáticas para estar en el foco.

Pornhub hizo un vídeo porno para concienciar del cambio climático, se coloca la bandera LGTB el día del orgullo y, sobre todo, realiza un informe anual que analiza las preferencias sexuales de cada país y el cambio de tendencias en los vídeos eróticos que se consumen. Igual que cada diciembre se informa de los tops del año, muchos medios realizan reportajes sobre si en Murcia han cambiado los gustos sexuales de los consumidores. Su agresiva campaña de legitimación social pasó hasta por anuncios en Times Square protagonizados por Kanye West.

La apuesta de Pornhub les ha salido bien. Es la primera vez que una página de contenido pornográfico consigue ser percibida como ‘moderna’. Pero tras esa imagen hay mucho más. Eso es lo que intenta mostrar el documental Hasta el fondo: La historia de Pornhub, un retrato poliédrico que ofrece múltiples puntos de vista, pero siempre intentando contestar a la misma pregunta, qué hay detrás del gigante del porno en internet.

Para ello comienza explicando cómo nació y en qué se convirtió Pornhub. Como siempre —véase películas como La red social, o la próxima Blackberry—, unos cuantos alumnos brillantes y con las hormonas revolucionadas fueron los que tuvieron la idea. Lo dejaba muy claro la serie Silicon Valley, que ironizaba sobre cómo las mentes más afiladas del mundo acaban desperdiciando su genio construyendo apps que siempre tenían el sexo como centro de su interés. No hay que olvidar que Facebook nació como una aplicación para decir si las chicas de una Universidad eran atractivas o no. Los tres estudiantes canadienses que crearon Pornhub la vendieron en 2010 a Fabulan Thylmann, experto en posicionamiento que logró que al escribir “free porn” en Google, su web saliera la primera. No solo consiguió eso, sino que cualquier categoría o cualquier práctica sexual que se introdujera en el buscador remitiera a su empresa. Pero Pornhub pertenece a un complejo mucho más grande de nombre Mindgeek, que ha hecho del sexo uno de sus principales motores económicos, ya que también posee Redtube, Xtube o la productora Brazzers.

El análisis de la situación actual lo hace Noelle Perdue, guionista de cine porno y extrabajadora de Mindgeek que explica que la llegada del porno a internet fue como la de la piratería al cine convencional. Antes, las productoras gastaban mucho dinero en cada película que vendían a un precio altísimo o a canales de pago. “Ahora los beneficios se basan en el volumen de contenido”. La película porno de Canal+ es historia, y ahora son miles y miles de contenidos nuevos subidos cada día a webs porno. El éxito de Pornhub está en que, realmente, se dedica a recopilar datos de cada usuario. “Hace lo mismo que Netflix o Facebook, recopila datos de los usuarios para adaptar el contenido que les entra por los ojos. Tienen su propio algoritmo y monetizan con publicidad el contenido generado por usuarios”.

Ahí empieza una de las primeras críticas, aunque Pornhub vendió la idea de que con su página los trabajadores sexuales —así se definen aquellos que suben vídeos de contenido sexual o erótico— recibirían dinero al monetizar sus propias creaciones, ellos eran los máximos beneficiados gracias a publicidad, anuncios y empresas que les apoyaban. Los trabajadores sexuales son otra de las patas del documental, y ofrecen una mirada positiva hacia una página que creen que les ayudó a tener unas condiciones dignas y más seguridad. 

Abusos en la web

El problema está en el contenido subido, en quién lo modera y en la permisividad de la web con ciertos temas. Hasta 30 mujeres denunciaron a Pornhub por haber subido vídeos sexuales de ellas sin su consentimiento. Algunas de ellas eran menores que explican en el documental cómo sus parejas grabaron estas imágenes sin su consentimiento y las pusieron en Pornhub. La pregunta es si la web es responsable de estas imágenes. Las afectadas explican que muchas veces mandaron e-mails pidiendo que se retiraran, y que cuando lo lograban ya habían pasado muchas semanas y que poco después de ser retirado se volvía a subir comenzando un círculo vicioso en el que los vídeos de sus abusos siempre estaban colgados en internet.

Una campaña viral por redes sociales y un amago de demanda colectiva hizo que Pornhub decidiera retirar casi 10 millones de vídeos. Si ellos no eran conscientes de todo, ¿cómo había tantos vídeos susceptibles de no ser consentidos? La web optó por un lavado de cara aceptando tres condiciones: solo podrían subir vídeos los usuarios verificados, la prohibición de descargar vídeos para no poder replicarlos en otras webs y más moderación para controlar lo que se sube. Mastercard y Visa decidieron, ante este escándalo, no permitir pagos con sus tarjetas en Pornhub. Lo que cuenta el documental es que esto no afectó económicamente a la empresa, cuyos beneficios no vienen por ahí, sino a los trabajadores sexuales que cobraban por su contenido. 

El mayor aporte del documental es que logra el testimonio de alguien que trabajó como moderador de contenido en Pornhub. Ellos son los responsables de ver todo lo que se sube para decidir si viola alguna norma, si son vídeos donde no hay consentimiento o donde hay menores involucrados. Sus declaraciones son devastadoras. Eran apenas 30 personas y cada uno de ellos debía ver entre 800 y 1.000 vídeos al día en una jornada de ocho horas. Les pedían que vieran más. Les parecía poco. Esto provocó que los pasaran a doble velocidad, saltaran partes o los vieran sin sonido. “Los pasábamos más rápido como podíamos”, reconoce este testigo que habla con la voz distorsionada y que deja claro que en los casos que fueron publicados por The New York Times “la compañía podría haber hecho más para evitar estas cosas, pero decidieron no hacerlo o solo cambiar algunas cosas cuando vieron que ya estaban en un lío”.

Sobre sus hombros recae la decisión de decidir si alguno de los involucrados es menor de edad. “No sé si tenían 17 o 18. Podrían tener 14 o 19 años y teníamos que suponerlo nosotros, pero luego un supervisor decidía qué hacer finalmente”, explica este moderador que dice que “había mil solicitudes” de jóvenes alegando que algún vídeo se había subido sin su consentimiento pero que no les prestaban atención y podían “seguir ahí durante meses”.

Las críticas también llegaron por la forma de eliminar los vídeos de Pornhub. Retira el contenido, pero no la url, por lo que la dirección web sigue operativa y desde ella se pueden ver los metadatos y las palabras claves del vídeo. También sugerían otros vídeos similares ya que ese no estaba disponible. “¿Buscas el vídeo de la menor violada? No te preocupes, tenemos otros parecidos”, dice una de las activistas en la causa contra la empresa en el documental.

Hasta 2020, cuando empezó a surgir la polémica, cualquier persona podía subir un vídeo siempre que no lo monetizara sin necesidad de identificarse. Esto dio pie a que hubiera barra libre para subir cualquier vídeo sin que nadie localizara a la persona que lo había hecho. Mientras, la empresa seguía rentabilizando sus visitas y sacando dinero a través de publicidad. El documental concluye con un dato escalofriante. Diariamente se reciben 70.000 denuncias diarias sobre casos como estos, y el diagnóstico no señala solo a Pornhub: “Es un problema de internet”.                (Javier Zurro  , eldiario.es, 24 de marzo de 2023)

15/6/22

Profesionales del porno: “El consentimiento es el pilar de nuestro trabajo”... “Es común escuchar a gente que ha pasado por esta industria afirmar que gracias al porno ha aprendido el valor del consentimiento mutuo y a respetar sus límites en el sexo, y también debemos recordar que son muchas las mujeres, trabajadoras sexuales de todo tipo, que se sienten empoderadas por lo que hacen”

"Una mujer despliega una pantalla en el aire y accede a un catálogo de hombres. Elige cuatro, que se materializan en unos segundos en la habitación para dar lugar a una escena de media hora de sexo en grupo. La escena pertenece a la película Hologang (2021), de Paulita Pappel, y se enmarca dentro de Hardwerk, una de sus líneas de trabajo: el “gangbang feminista”. Pappel hace también lo que ella llama “porno documental” en Lustery y es curadora del Festival de Cine Porno de Berlín. “En las películas que hago, el concepto lo desarrollamos junto a la persona que va a estar en el centro; lo primero que hacemos es mandarles una lista larguísima con opciones que esa persona rellena poniendo cuál es su experiencia con esos actos y cuántas ganas tiene de hacerlo en el contexto del shooting”, explica Pappel a El Salto.

Erika Lust, directora de cine porno y referencia del porno para mujeres, también pone el consentimiento en el centro del discurso sobre su trabajo: “Gran parte del porno se construye desde los pilares del consentimiento”, dice. Pero su apuesta va más allá: “Es común escuchar a gente que ha pasado por esta industria afirmar que gracias al porno ha aprendido el valor del consentimiento mutuo y a respetar sus límites en el sexo, y también debemos recordar que son muchas las mujeres, trabajadoras sexuales de todo tipo, que se sienten empoderadas por lo que hacen”.

Pappel y Lust piden que la conversación en torno al porno sea más profunda, empezando por poner freno al discurso que establece una relación causal entre la violencia sexual y el consumo de pornografía. A sus voces se suman la directora, performer e integrante del sindicato OTRAS Anneke Necro y al director de cine adulto gay Noel Alejandro. Estas cuatro personas firmaban esta semana un comunicado en el que expresaban su preocupación por la proposición de ley para prohibir el proxenetismo del Grupo Socialista en el Congreso, cuya toma en consideración fue aprobada este miércoles.

Los socialistas niegan que su propuesta vaya dirigida a tomar medidas contra la pornografía. Sin embargo, las personas que firman este comunicado se muestran preocupadas. En primer lugar, porque “cualquier medida que afecte a las trabajadoras sexuales nos afecta a nosotras”. En segundo lugar, porque la redacción que les puso en alerta —“el hecho de convenir la práctica de actos de naturaleza sexual a cambio de dinero u otro tipo de prestación de contenido económico, será castigado con multa de doce a veinticuatro meses”— sigue intacta en el texto que comienza su tramitación. En tercer lugar, porque la propia Adriana Lastra, que defendió la propuesta en el Congreso, la dibujó como el inicio de futuras medidas abolicionistas. Y, por último, porque una parte del movimiento feminista en el que se enmarca ese abolicionismo de la prostitución es también abolicionista de la pornografía.

“Bajo esta propuesta hay una ignorancia que raya en sexismo y misoginia pretendiendo ser lo contrario: el trabajo sexual solo es seguro cuando es descriminalizado”, lamentan. Estas cuatro personas comparten la necesidad de hablar de pornografía en unos términos más complejos, donde entren factores como el modo en el que se consume pornografía o el poder de las grandes empresas tecnológicas.
El porno no es un producto homogéneo

“La industria del porno es mucho más compleja de lo que las instituciones y los medios quieren presentar”, asegura Lust. La directora de cine porno reconoce que existe una gran cantidad de porno online que normaliza la violencia contra las mujeres, aunque añade un matiz a esta afirmación: es porno gratuito. Frente a ello, asegura que cada vez hay más alternativas de contenidos independientes que condenan esta violencia, al tiempo que un esfuerzo en general en la industria mainstream —aún insuficiente— para hacer las cosas mejor. Para Lust, la pregunta que hay que hacerse es por qué existe tanto porno sexista, racista y homófobo.

“Cuando se ve pornografía gratis en los sitios de porno propiedad de Mindgeek, como son Pornhub, YouPorn o RedTube, se está apoyando un modelo de negocio basado en la piratería y las malas condiciones de trabajo mientras se valida una representación pobre y estrecha del sexo y la sexualidad”, ahonda. En ese sentido, la responsabilidad es, sobre todo, de los consumidores: “Cuando se paga por pornografía que no se basa en la explotación, el racismo, la misoginia, la homofobia y la transfobia, se está enviando el mensaje de que estos no son los valores que el consumidor apoya”.

Anneke Necro explica cómo encontró en una página web gratuita un vídeo protagonizado por ella donde, tras la edición, se había borrado el consentimiento y la idea original del contenido. La supresión de algunas imágenes y un nuevo título convirtieron su vídeo en una cosa muy diferente. “Pero eso no lo hace una productora, sino que lo hace una persona anónima”, explica. Eso, además, se convierte en accesible de forma gratuita a personas que no se han desarrollado sexualmente ni tienen estrategias para verlo de una manera crítica.

Noel Alejandro insiste en vincular la palabra consentimiento a la producción de cine porno. “El cine para adultos se construye a través del consentimiento, si no sería flashmob o sería un delito grabado con una cámara”. Alejandro se pregunta en qué lugar queda el cine adulto dirigido a hombres gays en el debate que hay en las redes y en los medios si el argumento principal es que prohibiendo el cine porno se protege a las mujeres.

Este director está detrás de un tipo de cine que considera difícil de catalogar: en sus películas se tratan temas como el VIH, la salud mental o el consumo de drogas. En unas semanas, este productor estrena No me olvidéis, un título inspirado en el corto de Almodóvar La voz humana donde el protagonista se enfrenta al miedo de morir solo... “¡Y además hay sexo! ¿Qué más quieres?”. Alejandro reivindica su trabajo: “Este cine muestra la sexualidad de una manera más natural, un poquito más bella, y creo que da pie a que muchas personas vean el sexo entre hombres como algo de lo que no hay que avergonzarse”.
Adolescencia y consumo de porno

En septiembre de 2020, Save the Children daba a conocer el informe sobre adolescentes y consumo de pornografía (Des)información sexual: pornografía y adolescencia. Este estudio indica que los adolescentes acceden a contenidos pornográficos por primera vez a los 12 años y que casi siete de cada 10 (el 68,2%) la consumen de forma frecuente. Un consumo que se produce en la intimidad (93,9%) y en el teléfono móvil, y se centra en contenidos gratuitos online (98,5%), “basados de manera mayoritaria en la violencia y la desigualdad”. El estudio se hizo sobre la participación de 1.753 chicos y chicas de entre 13 y 17 años y señala que más de la mitad de los y las adolescentes que ven contenidos pornográficos se inspiran en ellos para sus propias experiencias y que para el 30% estos vídeos son su única fuente de información sobre sexualidad.

Lust sabe que la probabilidad de que la pornografía en línea gratuita sea la exposición de las personas adolescentes al sexo es muy alta y por eso, reciban o no educación sexual en la escuela, cree que las familias deben ser proactivas y hablar con los chavales de pornografía, algo a lo que se refiere como “alfabetización pornográfica” y en lo que ahonda con su proyecto The Porn Conversation. “Tener conversaciones continuadas con nuestros hijos los alienta a pensar críticamente sobre el contenido que consumen y los mensajes que reciben a través de la pornografía en línea gratuita”. Eso es imprescindible para construir sus propios significados a partir de lo que ven, en lugar de verse influenciados por ello a primera vista, argumenta.

Por eso ella habla de la necesidad de una alfabetización pornográfica: “La alfabetización pornográfica nos enseña que la pornografía no es una entidad separada que existe por sí misma; refleja descaradamente la tergiversación de los grupos marginados y el consentimiento que ya existe en la sociedad. Tal como ocurre en la mayoría de los medios de comunicación, cosifica a las actrices mientras reduce el deseo masculino a un impulso de conquista y posesión”.

Pero, más allá de esa necesaria “conversación sobre porno”, las personas entrevistadas —cuyos contenidos se pueden ver en plataformas previo registro y pago— advierten: los contenidos pornográficos no están dirigidos a personas menores de edad y es responsabilidad de las empresas tecnológicas garantizar que no pueden acceder a ellos. Noel Alejandro denuncia, además, que cuando se plantean medidas en ese sentido, se hace poniendo la responsabilidad en los productores, abriendo así la posibilidad de que sean ellos quienes asuman posibles sanciones.
Lo que dicen los estudios

“Relacionan las agresiones sexuales en manada al consumo de porno online cada vez más frecuente en menores”. “La raíz de las violaciones grupales: masculinidad patriarcal, educación sexual nula y el porno como guía erótica”. Son solo dos titulares de la última semana. A ellos se suman muchas voces que se dicen expertas y que en los medios, o en las redes, han asegurado en los últimos días y a raíz del debate suscitado por la propuesta del PSOE que la violencia sexual y el consumo de pornografía van de la mano.

Sin embargo, voces expertas preguntadas por la periodista Noemí López Trujillo para un reportaje en Newtral concluyen que no es posible establecer una relación causal y directa entre pornografía y violencia sexual. El artículo cita un informe en el que cuatro investigadoras de la Universidad de Santiago de Compostela revisaron estudios sobre la relación entre el consumo de pornografía y las agresiones sexuales y concluyeron que no es posible establecer esa relación al no existir consenso entre los diversos investigadores sobre esta asociación. Sí consideran que se puede observar“que el uso de este material explícito da lugar a consecuencias individuales a nivel de expectativas en cuanto a las relaciones sexuales y a la formación de ciertas creencias sexistas, destacando la afirmación del mito de violación y de los roles de género, los cuales son representados en la gran mayoría de películas pornográficas”, recoge la periodista.

Anneke Necro introduce otro factor: que estos estudios vienen sesgados desde su origen. Para explicarlo, aporta un poco de contexto histórico y menciona los estudios que se empiezan a realizar en Estados Unidos afinalesde los años 60, en el ámbito de la psiquiatría, después de que el presidente Lyndon B. Johnson crease la Comisión Presidencial sobre Obscenidad y Pornografía. “Por un lado se pretendía demostrar lo problemático de ver porno y por otro lado, se utilizó para crear los códigos de producción del cine explícito una vez la ley Hays [un código de producción cinematográfico que determinaba qué se podía ver en pantalla y qué no] fue abolida”, dice Necro.

A día de hoy, ese sesgo viene dado por estudios difundidos por organizaciones de corte católico como Exodus Cry, cita, que define como “una organización católica que se dedica a hacer tratamientos de conversión para personas LGTBQ y que pretende criminalizar el porno”.

Paulita Pappel también señala este sesgo y apunta a otra organización, Fight the new drug, mientras pide a los medios que sean responsables cuando utilizan sus datos como fuente. “Antes se usaba el argumento de que el porno era pecado y ahora lo que se dice es que crea adicción”, explica a El Salto.

Pappel argumenta que la existencia de la violación es previa a la de la pornografía y que, además, no hay ningún estudio que pruebe que la violencia sexual haya crecido en el momento en el que la pornografía se hace más accesible con internet: “Es falso decir que la pornografía genera violencia y es un grandísimo problema decirlo porque estamos desviando la mirada del problema real, que es el sexismo en la sociedad y la falta de una aceptación del consentimiento de las mujeres y de todas las personas”.
Porno ético

Las cuatro personas entrevistadas para este reportaje tienen en común hacer un porno fuera del mainstream. Pero, ¿es eso porno ético? Para Lust, hacer películas porno producidas éticamente tiene que ver con las condiciones laborales de quienes participan en ellas. Por eso, el porno ético solo se puede encontrar tras un muro de pago, asegura. Otra etiqueta que usa Lust es “alternativo”, en el que “se hacen visibles diferentes cuerpos, prácticas, orientaciones”.

Anneke Necro encuentra confusa la etiqueta de “porno ético”. “Yo la he utilizado durante un tiempo, pero ahora la veo problemática porque establece una división entre porno bueno y porno malo, donde este último sería el porno mainstream... y ahí también hay personas cuyas vidas deben contar, independientemente de que a nivel de discurso nos pueda o no interesar”. Además, prosigue, un porno que se considere feminista por su enfoque puede no ser ético si se produce desde la precariedad.

También para Paulita Pappel el término “porno ético” es problemático. Aunque entiende que haya servido para hacer visible que el porno no es homogéneo y que existe un porno donde hay una preocupación no solo por las condiciones laborales de las trabajadores y trabajadores, sino también por mostrar diversidad de cuerpos y prácticas sexuales, hoy pide que el enfoque sea otro: “Si no es ético, no es porno”.          (Patricia Reguero Ríos  , El Salto, 11 jun 2022)

22/10/21

OnlyFans: La ‘uberización’ del porno...

 "Arantxa, de 23 años, estudió un grado superior de Fotografía e Ilustración. Hasta hace año y medio trabajaba en producción, organizando sesiones de fotos. Ahora vive de los desnudos suyos que cuelga en internet. 

Del contenido erótico y sexual (vídeos y fotos) que elabora en su casa en Parla, a las afueras de Madrid, y retransmite online. “Soy streamer de porno”, describe su trabajo. En el último año se ha convertido en una estrella de OnlyFans (OF), una red social exclusiva para adultos creada en 2016 y poco conocida hasta la pandemia.

La plataforma está formada por canales privados, accesibles solo bajo suscripción, en los que una persona emite contenido. Como si fuese un servicio de streaming, los fans abonan mensualmente una cantidad estipulada por el streamer: de un puñado de dólares —la divisa de la red son los dólares estadounidenses— hasta los 15 o 20. Dinero a cambio de intimidad. En esos canales prima el contenido pornográfico. Durante la pandemia, OF ha multiplicado por seis sus adeptos: si a finales de 2019 rozaba los 20 millones de usuarios, un año después la empresa superaba los 120 millones.

Arantxa también vivió ese boom en su perfil. Antes de empezar en la red compaginaba el trabajo de asistente de foto con otros encargos, como los posados para desnudos artísticos. “Pensé en aprovechar ese material para sacar algo de pasta”, recuerda. Se estrenó en octubre de 2019 con el nombre de Ultra Babee (el resto de sus datos personales ha sido alterado por petición de la entrevistada).

 El primer día de emisión fue una sorpresa: “Facturé 1.000 dólares [unos 820 euros]”, recuerda Arantxa, que había calculado sacarse unos cientos de euros mensualmente. La red se queda el 20% de los ingresos generados por sus streamers. “Enseguida lo visualicé como una oportunidad laboral seria; un trabajo cuyo objetivo es excitar a los demás”, describe. La suscripción a su canal cuesta 10 dólares (algo más de 8 euros) al mes. Arrancó con 1.000 seguidores; ya supera los 20.000. “Aunque yo no lo sabía, había mucha gente esperando ese contenido”, explica.

OF reparte una media de 200 millones de euros mensuales entre sus creadores, según datos que la compañía publicó a principios de 2021. Desde la empresa insisten en que la plataforma acoge todo tipo de contenido —a menudo citan a celebrities como Cardi B o Bella Thorne con la intención de reafirmarse—, pero la realidad es tozuda: el sexo domina. Aunque existen otras redes que funcionan de manera similar —Patreon, Manyvids, JustForFans…—, OF es la más concurrida. “Generas contenidos, generas beneficios”, resume Arantxa, que no desvela lo que gana al mes. Manuel Reyes, de 29 años y anfitrión de otro perfil con cierto éxito en la Red (solo en Instagram supera los 100.000 seguidores), está especializado en contenido gay. Calcula que obtiene entre 2.000 y 2.500 euros mensuales. “Hay meses más buenos y otros más malos”, avisa, “hay mucha competencia”.

El consejero delegado de OF, Tim Stokely, define el modelo como una “revolución” de las relaciones entre creadores de contenidos y seguidores. Otras voces hablan de la uberización del porno. Es decir, la desaparición de los intermediarios. Un concepto que en la mayoría de casos (Airbnb, Uber, Glovo…) produce convulsiones en el ámbito al que afecta.

 “Cuando empezamos, había un montón de gente haciendo contenido maravilloso gratuitamente. Había una manera clara de aprovecharlo: con el botón de pago”, explicaba Stokely el pasado marzo en la revista GQ. Celebraba haber llegado al millón de creadores. Parecen pocos —representan menos de un 1% de los suscritos—, pero son suficientes: todos los demás miran y, sobre todo, pagan.

Más allá de mostrar su cuerpo desnudo, Arantxa explica la filosofía que aplica en su canal: “Quiero que haya una calidad, un cuidado”. Aprovecha su experiencia fotográfica para iluminar perfectamente su pubis en una foto que sube acompañada del siguiente mensaje: “Espero que disfrutes estar aquí conmigo”. 

También piensa el encuadre para los vídeos en los que aparece practicando sexo con su pareja. Para verlos enteros hay que realizar un pago extra. Actualmente, ambos viven de lo que genera el canal. Él dejó el trabajo hace unos meses para apoyarla: “Me hace fotos y participa como invitado. Pero la protagonista soy yo”. También cree que es importante publicar con regularidad y material de calidad: “Dedico al canal entre seis y ocho horas al día. Y no es solo sexo, sino más bien intimidad. Lo que muestro de mí es verdad: soy yo recortada por mí misma”. La joven cree que el mejor contenido es la relación que establece con sus fans: “Es una fórmula buena para que la gente te ame”. También para que no se borren al mes siguiente.

Para la socióloga Rosa Cobo, experta en prostitución y pornografía, “este fenómeno evidencia la grave crisis de intimidad que sufre la sociedad”. Todo comenzó con las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram…) y su estrategia de ofrecer cariño digital en forma de like a cambio de que mostrásemos nuestras vidas sin pudor. Las apps sexuales no solo enseñaron a sus usuarios a hacerse desnudos y vídeos, sino también a enviarlos de manera alegre y despreocupada a desconocidos. Si el sexting (suma de sex, sexo, y texting, enviar mensajes de texto) era común antes de la pandemia, tras esta se volvió cotidiano. “En este ecosistema, dar el salto a OF no es difícil”, apunta Cobo. “Pasar al porno es muy fácil. Y el porno siempre ha tenido vínculos con la prostitución”.

Amaranta Hank ha trabajado como actriz porno. Tiene 28 años, nació en Cúcuta (Colombia) y vive en Argentina. Estudió Periodismo y ahora cursa Psicología. Dejó el “porno mainstream” hace dos años, asustada por un pequeño brote de VIH entre actores del gremio. Empezó en OF y con el “modelaje webcam”: emisiones en directo de vídeos eroticosexuales. Habla de OF como un espacio de “empoderamiento”. 

“Hay feminismos que quieren abolir esto porque dicen que las mujeres nos vendemos como mercadería. Yo creo que esto nos ha convertido en feministas sin saberlo”, defiende Hank. Para ella, el ámbito virtual le genera más seguridad que el analógico. “La pornografía es mejor que la calle. Y esto es mejor que el porno, donde te puedes encontrar con productoras que te dicen que te llevan de viaje a rodar unas escenas y acaban excediéndose y explotándote”, resume.

 La lista de excesos va desde la demanda de servicios sexuales hasta el consumo de drogas en una fiesta: “En OF, si un usuario se pone pesado o pide cosas que no quieres hacer, lo bloqueas y ya está. Soy yo la que decide sobre mi cuerpo. Dejo de ser un objeto sexual. Ahí está mi fuerza”.

“Esa premisa se da de bruces con la idea de empoderamiento”, replica la socióloga Cobo. “La explotación no se disuelve si yo la consiento. Es una idea que responde a la lógica de legitimación del capitalismo. Discursos que blanquean, en este caso el porno y la prostitución, en un intento de despolitizar ambos conceptos. La finalidad última es presentarlos en sociedad como unas prácticas radicalmente libres y aceptables cuando se trata de una manera más de mercantilizar la sexualidad”.

 No hay duda de que la tecnología, en este caso la irrupción del modelo de suscripción, ha afectado de lleno a la industria del sexo. “Dibujan una nueva deriva del sistema”, concluye Lluís Ballester, doctor en Sociología, experto en juventud y prostitución y profesor en la Universitat de les Illes Balears. Para él es una manera de “sofisticar el propio sistema prostitucional”, ya que estas redes frivolizan con la prostitución y se convierten en “puertas de acceso” a la misma: “Crean catálogos de cuerpos, mayoritariamente femeninos, listos para ser consumidos; son como el Amazon del sexo”.

“Muchas redes sociales han descubierto que los espacios con más seguimiento son justamente los de contenido sexual”, continúa el sociólogo. Es común que los creadores de OF anuncien en las redes las novedades que cuelgan o que promocionen su cuenta como una especie de escaparate. “Lo anuncio en Twitter y en Instagram”, cuenta Reyes, que empezó en OF en 2019. “En Twitter subo tráileres de un minuto porque no hay censura; el porno está permitido”. El contenido erótico es un nicho que ha ido quedándose hueco al ir siendo vetado.

 Así, en Instagram y Facebook el límite son los pezones al descubierto; en YouTube hay algunos vídeos que no pasan el filtro; TikTok regula lo que se publica… El porno quedó durante mucho tiempo concentrado en Tumblr, pero esta también lo eliminó. “OF ha evolucionado hacia ese nicho promoviendo una hipersexualización y la autoexplotación sexual a través de la producción y distribución de imágenes y vídeos sexualmente explícitos”, agrega el sociólogo Ballester.

La pornografía es la descripción o representación de escenas de sexo. Hay ejemplos a lo largo de toda la historia de la humanidad. La más antigua, la Venus de Willendorf, una estatuilla paleolítica de casi 30.000 años de antigüedad. Son famosos por sus escenas de sexo los petroglifos de Kangjiashimenji, esculpidos hace más de 3.000 años en una roca en la región de Xinjiang, en el noroeste de China.

 En Pompeya hay grabados en los que aparecen dos hombres penetrándose; y Gustave Courbet con El origen del mundo tensionó a la sociedad de finales del XIX con su excelsa representación de la vulva. Ahora, la provocación que buscaba Courbet no tendría mucho efecto. Siete de cada 10 menores de entre 13 y 17 años consumieron porno el año pasado, según un informe de Save the Children. Ballester, investigador del grupo Jóvenes e Inclusión y autor de investigaciones como Estudio sobre la educación afectiva y sexual o Prevalencia del abuso sexual en la infancia, alarma sobre la temprana edad de exposición: “Hay grandes consumidores de porno con 12 años. Chavales que se pasan de tres a cuatro horas diarias viéndolo. A los 20, su imaginario sexual habrá pasado por 5.000, 6.000 o 7.000 horas de porno. ¿Alguien cree que no les afecta?”

De una u otra manera, gracias a la tecnología el porno se ha hecho ubicuo. La revolución que vivió el sector en los setenta del siglo pasado, de la mano del VHS, se vio superada —y arrasada— por la llegada de internet y las webs especializadas. Si la apertura de Pornhub marcó un hito, la ruptura de las entidades de pago de Visa y Mastercard con este portal, en diciembre de 2020, le puso fin a una época. Ambas compañías, que seguían la estela de PayPal, anunciaron que dejaban de operar con Pornhub porque albergaba “contenido ilegal”. 

 Se referían a vídeos protagonizados por menores, así como otros que simulan (o no) violaciones. Tanto Visa como Mastercard operan en OF. De hecho, para abrirse un perfil es obligatorio registrar una tarjeta de crédito. Sus responsables asocian esta obligatoriedad a la exclusión de los menores de la red. Además, afirman mantener una estricta política de vigilancia sobre sus cuentas para suspenderlas si incumpliesen las normas de acceso.

Puede que las redes marquen el comienzo del fin de la pornografía tal y como la conocíamos. “[OnlyFans] le está poniendo el pie encima a la estética y al discurso de la pornografía convencional. Creo que la palabra pornografía se está disolviendo”, resume la ex actriz porno Hank. “Ha dejado de ser solo un vídeo donde se ve una penetración. 

Esto es un nuevo concepto, una nueva forma de trabajo sexual”, agrega. En algunas ocasiones, los creadores de contenido emiten un vídeo de mayor duración —o morbo, según se mire— y cobran un extra por verlo entero. Otras veces, los usuarios dan propinas y en ocasiones realizan peticiones. “Emocionalmente no me gusta aceptarlas. Me siento de otra manera. Prefiero grabar mis cosas”, dice Arantxa. 

Por su parte, Reyes cuenta que ha vendido ropa usada y realizado vídeos personalizados: “Me han pedido cosas, pero soy bastante discreto con mis fans”. “A mí me han pedido una paja por Skype o me han hecho insinuaciones sexuales”, cuenta Óscar Sinela. Tiene 32 años, es actor (fue Quino en Física o Química) y comenzó en la red en agosto de 2020: “La necesidad extrema me ha llevado a esto”. Cobra 13 dólares y no tiene muchos seguidores. Los meses buenos gana unos 500 euros. “Solo he tenido dos”, matiza, “lo normal es sacarme entre 30 y 50”.

La precariedad es para la socióloga Rosa Cobo la base de estos fenómenos: “La tasa de paro en gente joven alcanza el 40%. No es un detalle irrelevante”. “Como no enseño el pito, pierdo seguidores”, argumenta Sinela que sube imágenes sensuales, pero nunca sexuales: “Cada foto que subo la acompaño con una frase célebre”.

 Afirma que nunca le han pedido servicios sexuales a cambio de “propinas”. “Obviamente, es un lugar en el que la gente busca contenido pornográfico. Pero porno no es lo mismo que prostitución”, remarca. “Hago esto con orgullo, porque me estoy ganando la vida. También te digo: si me sale otro trabajo, no descarto dejarlo”. Por su parte, Arantxa está abierta a estar en OF “todo lo que pueda durar”: “Estoy pensando en montar mi empresa. Antes hacía ilustración y nadie me conocía. Ahora tengo un público”.                     (Pablo León , |Elena Vierna Carrasco , El País Semanal, 25/06/21)

23/9/20

El porno se convierte en el profesor de sexualidad a partir de los 12 años

"Las antiguas revistas eróticas dieron paso a los vídeos VHS y al porno codificado de los años 80 y 90. El más listo de la clase encontraba el material secreto y lo explicaba. Pero hoy, a los 12 años casi toda la infancia dispone de un móvil con datos y a esa edad se sitúa el primer acceso al porno en el caso de los niños y, a los 13, en las niñas —aunque un 9% que accede incluso antes de cumplir diez años—. 
 
Y la pornografía llega para quedarse y acompañar a la infancia y a la adolescencia en el descubrimiento de su sexualidad y la formación de su deseo: el 82% de los chicos, el 61% de las personas no binarias y el 40% de las chicas la consume con frecuencia. Ellos casi a diario, ellas semanalmente o al mes, resalta el informe (Des)información sexual: pornografía y adolescencia presentado ayer por Save The Children y en la que han participado 1.753 adolescentes.

Como antaño, el primer contacto siegue ocurriendo a través del grupo de iguales: un amigo o amiga enseña el descubrimiento en su móvil (30%), habla de ello y la otra persona lo busca por su cuenta (15%) o lo reciben a través de grupos de mensajería y redes sociales (6%). Solo un 17% se debe a accesos accidentales, a través de anuncios, pero el informe destaca que el acceso a contenidos sexualmente explícitos en películas y series de forma normalizada “condiciona e incita futuras búsquedas”.

Y tampoco ha cambiado que los chicos buscan porno para lo que ellos consideran “satisfacer necesidades instintivas”, mientras que las chicas esperan encontrar qué se espera de ellas en las relaciones sexuales (gestos, posturas, etc.). Por su parte, las personas no binarias o con orientaciones sexuales no normativas “suelen buscar prácticas correspondientes a sus propias preferencias”, aunque lo buscan en un contexto donde los principales referentes siguen siendo heterosexuales y de género binario.

Pero ahora sí ha variado algo muy importante en el consumo de pornografía: se ha generalizado a través del móvil y páginas web gratuitas (solo el 1,5% consume porno de pago), por las que se dejan guiar por el algoritmo, y hay un trasvase de la pantalla a la realidad entre el modo de hacer —y tratarse— de los actores y actrices porno que está presente en las prácticas sexuales de los jóvenes: el 54% de los adolescentes, en su mayoría chicos, creen que el porno les aporta ideas y desean poner en práctica lo que han visto (el 47% ha llevado alguna escena a la práctica) y es en este punto cuando la organización Save the Children considera “especialmente preocupante que, cuando intentan imitar lo que ven, no siempre solicitan el consentimiento previo a su pareja”. El 12% de los chicos ha pasado prácticas de la pantalla a la cama sin consensuarlo previamente con la pareja y sin que a esta le haya parecido bien, frente al 6% de las chicas.

“Sin una educación afectivo-sexual incluida en el currículo y ante un mundo tecnológico lleno de posibilidades, la pornografía se ha convertido en profesora y consultorio de sexualidad para los adolescentes. El peligro no es que vean pornografía, sino que su deseo sexual se esté construyendo sobre unos cimientos irreales, violentos y desiguales propios de la ficción. También es peligroso que crean que su consentimiento, sus deseos y preferencias, o los del resto, no tienen por qué ser tenidos en consideración”, alerta Catalina Perazzo, directora de Políticas de Infancia y Sensibilización de la organización.
Adolescentes y consentimiento

Las adolescentes lesbianas destacan entre todos sus compañeros en ser las que mejor identifican los roles de poder y niegan con rotundidad que las relaciones de los actores se den entre iguales. Entre las adolescentes heterosexuales, el porcentaje que identifica el machismo se eleva al 55%, mientras que en los chicos desciende a un minoritario 31%.

Las profesionales que han participado en el estudio muestran una “preocupación generalizada” por el aumento de la violencia en las relaciones de pareja entre adolescentes, así como la decepción de la adolescencia de sus experiencias sexuales al compararlas con la pornografía.

Sobre qué hacer ante esta situación y cómo educar, el informe recalca que es necesaria una educación afectivo-sexual de calidad en los centros escolares. Actualmente, solo Navarra, a través del pionero programa público Skolae, ha introducido la educación sexual y afectiva en todas las etapas educativas.

Sin embargo, Save the Children defiende la aprobación del proyecto de Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia, que incluye medidas específicas ante contenidos digitales, pero que aboga por la incorporación de la “colaboración con el sector privado”.

En cuanto al papel de las familias, la madre es la principal fuente para aclarar dudas e informar en el hogar (el doble que el padre). Asimismo, la encuesta ha revelado que las casas donde se cena en familia son las que mantienen mejor comunicación entre adultos y jóvenes y, también, respeto hacia las normas de utilización de los dispositivos por parte de los adolescentes. " (Gessamí Forner, El Salto, 23/09/20)

22/3/19

Mamás que fan porno

"É posible que máis dun quede chafado co contido deste post despois de ler o titular (grazas, clickbait) pero prométovos que a historia vale a pena. Catro nais británicas anoxadas coa industria do porno en internet puxéronse mans á obra para facer a película X que quererían que os seus fillos visen. Emma, Anita, Sarah Louise e Sarah son as protagonistas deste curioso caso recollido no documental de tres capítulos Mums Make Porn, que a canle británica Channel 4 emitirá a partir do 20 de marzo. 

O primeiro que hai que dicir é que elas NON APARECEN NO FILME (sería moi raro), senón que participan na súa produción e dirección, co propósito de facer unha cinta erótica realista e que fomente actitudes positivas e respectuosas en torno ao sexo.

O documental amosa o traballo de investigación das catro nais (ao comezo eran cinco), incluída a súa reacción ante algúns dos contidos pornográficos aos que calquera cunha conexión a internet pode acceder facilmente. As protagonistas quedaron sen palabras pola crueza e a violencia de moitas das imaxes que viron, ata tal punto que unha delas decidiu abandonar o proxecto por consideralo contrario ás súas crenzas relixiosas e ideais feministas.

As demais decidiron seguir adiante co traballo. En declaracións ao tabloide británico The Mirror, Sarah afirmou que «temos que demostrar aos nosos fillos que hai algo máis ca esa merda horrible que ven en internet» e engadiu que, «se o meu fillo tratase así unha muller, patearíalle o cu ata o fin dos tempos». O filme realizado polas nais será emitido no terceiro e último capítulo do documental, no que se ve como as protagonistas o proxectan ante un grupo de amigos e familiares, incluídos algúns dos seus fillos.

Emma Morgan, produtora executiva do documental, recoñeceu a súa sorpresa ao descubrir as estatísticas que reflicten o gran impacto do porno online sobre as xeracións máis xoves. «Está claro que moitos adolescentes consumen cine porno e vense influídos por estas películas; por iso quixemos facer un traballo significativo que fomentase un diálogo responsable e aberto entre pais e fillos», salientou.

 

Empacho de porno


Os datos que recolle o informe anual de Pornhub, o sitio de pornografía en internet máis visitado do mundo, son reveladores: máis de 33.500 millóns de visitas en 2018 (un incremento de 5.000 millóns con respecto a 2017). Isto representa unha media de 92 millóns de visitas diarias en todo o mundo —a poboación de Canadá, Polonia e Australia xuntas—. 

Ademais, en Pornhub hai case 4,8 millóns de vídeos subidos, o que equivale a máis dun millón de horas de contido. De feito, os seus responsables afirman con orgullo que se unha persoa empezase a ver os vídeos de Pornhub un detrás doutro en 1903, aínda non tería rematado hoxe. Segundo estes mesmos datos, España ocupou o ano pasado a 13ª posición en canto a tráfico xerado, cunha media de nove minutos e 20 segundos por visita.

A dificultade de obter datos fiables para cuantificar o consumo de porno online entre os menores de idade radica en que, en teoría, teñen prohibido o acceso a este tipo de contidos, aínda que sabemos que na práctica isto non é así. A pericia dos nativos dixitais para saltar controis parentais e outras barreiras sen deixar pegada está máis ca demostrada e os expertos aseguran que o primeiro contacto co porno prodúcense en torno aos 12 anos, na maioría dos casos a través do móbil.

 

Unha mellor educación sexual


Ante a imposibilidade de poñer freo ao consumo, iniciativas orientadas a fomentar hábitos máis respectuosos e igualitarios están a cobrar un novo impulso nestes tempos de confusión e perda de referentes. A ONG Save the Children, por exemplo, propuxo en 2018 introducir a materia de educación sexual nas aulas como método para reducir a violencia machista. Ademais, editou unha guía dirixida a mellorar a educación sexual das nenas e nenos no seo da familia."    (Disquecool, 20/03/19)

*  Unha película interesante para reflexionar sobre este tema é Don Jon (2013), o debut como director de Joseph Gordon-Levitt.


4/6/18

La pornografía en los medios audiovisuales actualmente mueve unos 50,000 millones de dólares anuales, colocándola entre los grandes negocios (armas, petróleo, drogas ilegales, farmacéuticas)

"Los usuarios de la pornografía sólo observan un video bien editado. Ellos no ven lo que pasa detrás de escenas; las chicas que están llorando y son enviadas para afuera del estudio de grabación porque no pueden aguantar los actos sexuales violentos en los que les piden participar”. 
 Shelley Lubben, actriz porno

La sexualidad es el Talón de Aquiles de los seres humanos. No hay sexualidad “normal”; ella es siempre problemática. ¿Por qué tendríamos que esconder los órganos genitales externos si no? ¿Por qué la prohibición del incesto? Es por demás de evidente que la sexualidad, distintamente a lo que sucede en el orden animal, no se corresponde con la reproducción.

 Hay un plus más allá de lo biológico-instintivo que inaugura un nuevo orden. Como dijera Jean Laplanche: “El instinto está «pervertido» por lo social”. De ahí que en Psicoanálisis, para designar estos complejos y erráticos entramados, se habla de pulsión (Trieb), en tanto fuerza, energía, deseo que busca un objeto por siempre evanescente, irremediablemente perdido.  

La sexualidad no es nunca “inocente”; nos hace poner colorados, nos hace sonreír o avergonzar, es tema tabú, no es de “buen gusto” hablar de ella en público… pero jamás es neutra. La sexualidad no se agota en el conocimiento anatómico-fisiológico del aparato génito-urinario, ni mucho menos. Es algo más. 

Ese es el “plus” al que nos referimos; de ahí que nos pasamos la vida hablando de ella, haciendo chistes, juegos de palabras con doble sentido, escribiendo “groserías sexuales” en los baños públicos, venerándola en definitiva. No hay posibilidad alguna de ser asexuado, se utilicen o no los órganos genitales (voto de castidad, soltería crónica). 

Porque, en definitiva, todo lo humano es sexual, en tanto la sexualidad –al igual que la muerte– es el recordatorio inapelable de nuestros límites: todos nos vamos a morir (límite infranqueable), y todos somos o “machos” o “hembras” de la especie, socializados luego como caballeros o damas, con todas las combinaciones intermedias posibles que se nos ocurran: LGBTIQ (y algún etcétera, por lo que pudiera aparecer).

 Es decir: partimos de una diferencia anatómica insalvable de la que no queremos saber nada, la que nos aterra (por eso la cubrimos), y que nos recuerda, inapelablemente, que hay límites, que no somos “completos” (siempre falta algo, por eso nos pasamos la vida deseando ese objeto que nos complete. Búsqueda por siempre fallida, por cierto).

La pornografía (“presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación”) es eminentemente humana (ningún animal la ha desarrollado). Y tan vieja como el mundo. Pero sucede algo especial: el capitalismo, que todo transforma en negocio redituable, también ha hecho de ella una fabulosa industria. 

En estas últimas décadas, con el primado de la cultura audiovisual que ha inundado todo, y ni decir del ámbito del internet, la pornografía alcanzó cotas como nunca antes en toda la historia.

De hecho, en tanto industria audiovisual, la pornografía es hoy una gran actividad económica, produciendo cantidades fabulosas de dinero. La producción de películas y videos porno viene creciendo a ritmo vertiginoso en estas últimas décadas. El internet ha venido a disparar tanto esa producción como ese consumo.

 Pero en concreto, dado que la pornografía, al igual que todo lo ligado al campo de la sexualidad, comporta un cierto halo de “prohibido”, algo estigmatizado, no hay datos totalmente confiables en su ámbito. Nadie habla abiertamente de esto, como sí sucede en otros rubros comerciales. Muy poca gente reconoce abiertamente ser usuaria de estos materiales, pero evidentemente si es un negocio en crecimiento (igual que las drogas ilegales), es porque existe una enorme masa de consumidores –en las sombras en la mayoría de los casos. 

¿Quiénes de los que están leyendo el presente opúsculo reconoce abiertamente ver películas/videos porno?–.

No existen registros oficiales fiables del negocio, habiendo, en todo caso, algunas aproximaciones socio-estadísticas. A partir de ellas, se puede calcular que todo el rubro comercial de la pornografía en los medios audiovisuales actualmente mueve unos 50,000 millones de dólares anuales, colocándola entre los grandes negocios (armas, petróleo, drogas ilegales, farmacéuticas). Estados Unidos es el principal productor de material audiovisual porno, básicamente en el estado de California (“el otro Hollywood”, según la coloquial denominación). 

De todos modos, a partir del 2014 en Los Ángeles existe un regulación legal que hace obligatorio el uso de preservativos por parte de los actores porno; ello generó rechazo entre los productores, que en muchos casos decidieron mudar la producción a Las Vegas y a Miami, dado que en esos estados (Nevada y Florida) no rigen este tipo de normativas legales.

Según los datos disponibles hoy, el 12% de los sitios web ofrecidos en la red de redes son pornográficos. De acuerdo a un estudio de la española Universidad de Navarra del año 2015, “en la actualidad existen más de 500 millones de páginas web de acceso a material pornográfico”. A partir de las estimaciones realizadas, el 25% de todas las solicitudes de motores de búsqueda están relacionadas con la pornografía. Cada segundo, hay 30 millones de personas viendo porno en internet.

 El consumo está más inclinado hacia los varones, pero también las mujeres acceden a él: entre un 25 a 30% son visitas de mujeres a las páginas porno. Esos accesos se dan en los hogares, pero también en los centros de trabajo: el 20% de varones admite que ven algo de porno en sus ámbitos laborales. Hoy día, los teléfonos celulares inteligentes son el medio más utilizado para acceder a materiales de esta índole. 

Hay producción porno para todos los gustos, presentando las combinaciones más audaces, esotéricas, simpáticas o bizarras. En realidad, ninguna de esas producciones muestra nada que en la realidad efectiva no suceda; o, en todo caso, ponen en acción fantasías que todos los seres humanos (varones y mujeres) parecen tener en mayor o menor medida.

 Puede incluirse en esa diversísima producción, pornografía que entra en el ámbito de lo delictivo: torturas, violaciones, utilización de menores de edad. Pero dejando de lado esas prácticas a todas luces ilegales, delictivas, (de las que la industria capitalista hace negocio, como lo hace con cualquier esfera humana), todo lo que se ofrece a los ojos son cosas que pueden suceder en la intimidad, aquellas de las que no se habla… ¡pero se hacen! (parafernalia de juguetes eróticos, posiciones insólitas, prácticas sado-masoquistas, prácticas bisexuales, “cochinadas” varias y un largo, interminable etcétera.

 Nos preguntamos una vez más: ¿cuál es la sexualidad normal? ¿Dónde podrá leérsela: en un libro de Psiquiatría, en algún documento del Vaticano?). El goce no tiene forma “normal”, enseña el Psicoanálisis. 

Los principales consumidores de pornografía son Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, India, Japón, Francia, Alemania, Australia, Italia y Brasil. Su consumo está difundido por todos lados, en todos los estamentos socioeconómicos, incluso en los países socialistas (los que aún se pueden llamar así): en Cuba, por ejemplo, aunque no es legal la pornografía, la población –joven fundamentalmente– tiene acceso a ella en buena medida a través de videos caseros realizados en la isla, los llamados “videos de la UCI”, realizados por estudiantes de la Universidad de Ciencias Informáticas.

 En China, el consumo de material audiovisual porno está castigado con cárcel, pero de todos modos la población se las ingenia para conseguirlo. Y otro tanto sucede en Norcorea, donde el consumo está castigado con pena de muerte, pero pese a ello, se burlan las prohibiciones y hay acceso a materiales audiovisuales de este tipo. De igual manera sucede en los países islámicos, donde la sexualidad es un tema altamente tabú, y por tanto la producción y consumo de pornografía; pero “hecha la ley, hecha la trampa”, pues también allí hay un desarrollado ámbito del porno. De hecho, algunos países musulmanes producen este tipo de películas y/o videos. 

No hay dudas que la sexualidad, y su correspondiente “presentación abierta y cruda que busca producir excitación”, es una constante por doquier. No hay prohibición explícita que la detenga. Ello algo indica: que el tema, obviamente, atrae, atrapa, ¿hipnotiza? 

Para cierta visión moralista del asunto, la pornografía constituye una “entronización de la lujuria, envileciendo a quienes la practican” . En esa línea, puede llegar a decirse que “quienes están expuestos a la pornografía tienen más probabilidades de desarrollar tendencias sexuales anormales”. 

Un catedrático de la Universidad de Utah, Víctor Cline, puede decir, por ejemplo, que “Si uno vuelve vez tras vez a exponerse a material de naturaleza pornográfica, poco a poco llegará a tener una biblioteca pornográfica en su mente, de la que no podrá librarse. Estará ahí, lista para recordarse, aun cuando no lo quiera. Existe gran cantidad de evidencia que sugiere que los comienzos u orígenes de muchas desviaciones y perversiones sexuales son aprendidas, y una de las formas de aprendizaje es el exponerse a material pornográfico ”.

Sin dudas, los mitos y prejuicios prevalecen, están muy arraigados (“Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”, dirá Einstein). Se sigue pensando –y por tanto, pontificando, dando directivas y regañando– en nombre de una pretendida sexualidad normal (¿cuál sería?). 

Si la pornografía existe, ello debería abrir un análisis exhaustivo no moralizante de por qué se repite y tiende a ampliarse. Entiéndase que pornografía no es sinónimo de delito sexual. Esto último está claramente tipificado en las distintas constituciones nacionales, existiendo un cierto consenso generalizado de cuáles serían sus notas distintivas. La violación, las prácticas que dañan la integridad del otro, el ejercicio sexual con menores de edad están normadas como delitos. De ahí en más, es imposible reglar lo que se hace (o fantasea). 

¿Cómo considerar la pornografía? ¿Degeneración? ¿Enfermedad mental? ¿Fenomenal negocio? ¿Picardía de la esfera privada? De hecho, hoy día hay una tendencia en Psicopatología que habla de una “adicción a la pornografía”, en tanto consumo insaciable de materiales audiovisuales.

 ¿Se puede mantener esa aseveración? La idea de base en esa visión es que la pornografía es “dañina”: “quienes están expuestos a la pornografía tienen más probabilidades de desarrollar tendencias sexuales anormales”.

 Para contraponerse a esa concepción, el criminólogo de la Universidad de Copenhague Berl Kutchinskyafirmó que, en realidad, la pornografía “ cumple unafunciónpositiva al actuar como una "válvula de escape" para los potenciales agresores sexuales”. En 1970 fundamentó su aseveración diciendo que “cuando elgobiernodanés levantó las restricciones sobre la pornografía, la cantidad de crímenes sexuales disminuyó”. 

Como sea, parece que los prejuicios siguen rondando en torno a una pretendida sexualidad “normal”. Ahora bien: si las poblaciones, varones y mujeres (y todas las combinaciones intermedias que se quieran establecer), en todos los contextos, con o sin capacidad económica, incluso desde muy tempranas edades –a partir del despertar genital puberal–, acceden a la pornografía (¡que no es exactamente un crimen sexual!), habrá que estudiar críticamente el fenómeno. ¿Hay algo cuestionable en ella? En tal caso: ¿qué es? 

Hoy por hoy, toda la producción audiovisual pornográfica ratifica patrones machistas-patriarcales. La mujer es siempre cosificada, puesta como objeto a disposición de un pretendido inacabable, insaciable deseo masculino. Las relaciones sexuales tienen un sesgo de ejercicio masculino de poder: los hombres “le hacen” cosas a las mujeres, las toman (las “cogen”), en tanto que las mujeres hacen cosas por y para los hombres (¿no hay misoginia escondida en eso?). 

Además, como cara oculta del supuesto paraíso que ofrecen estas producciones –al mejor modo hollywoodense–, hay una realidad espantosa (lo que presenta el epígrafe inicial), que es la verdadera industria, el verdadero negocio, con actores en muchos casos infectados con VIH o enfermedades de transmisión sexual por el no-uso de protección, con un mecanismo comercial triturador de sujetos, con engaños y estafas a la orden del día (como es Hollywood, como es cualquier negocio en el capitalismo, manejado siempre con criterios mafiosos, sórdidos. 

Léase bien: ¡cualquier negocio!, también las petroleras, las farmacéuticas, las armas). Pero más aún, la realidad espantosa en juego es que la fantasía presentada por el mundo de la pornografía es una pura mentira mediática, que hace creer que todas esas espectaculares aventuras sexuales (entronizando la virilidad masculina en general) pueden ser posibles. ¡Y no lo son!"              (Marcelo Colussi , Rebelión, 01/06/18)

17/1/18

Lina Bembe, pornoactivista: "mientras tratemos la pornografía como basura cultural, estaremos tratando nuestra sexualidad como basura". La pornografía es básicamente un medio sobre el cual nosotros hablamos sobre lo que pensamos y sobre nuestras representaciones de la sexualidad y sobre cómo nos relacionamos con otros


"Lina Bembe, "performer en cuestiones de sexo explícito", tal y como ella se define, aterrizó en Berlín en el 2010 desde México para estudiar un máster de políticas públicas. Seguramente en aquel entonces no se imaginaba el giro hacia el pornoactivismo que la ciudad le deparaba. 

 Desde la erótico-poética de Erika Lust hasta el activismo más explícito de Bruce LaBruce, pasando por fantasías pornográficas "sci-fi", Lina Bembe cuenta en su corta trayectoria con un interesante y diverso trabajo encarnando esos "otros" imaginarios eróticos tan necesarios.

Revista Desbandada: En el 2010 llegaste a Berlín para estudiar un máster de políticas públicas. ¿En qué momento cambias de plan y descubres el pornoactivismo?

Lina Bembe: Todo mi "background" estaba moldeado hacia "estudias esto", te da ciertas oportunidades para tener un empleo de cierto nivel, dentro de ciertas esferas profesionales. 

Cuando terminé, yo tenía ciertos intereses relacionados con el desarrollo urbano con un enfoque comunitario, pero no tenía una idea muy clara de cómo iba a hacerlo... también quería quedarme en Berlín y eso también era muy complicado si quieres encontrar un trabajo dentro del área que te gusta. En este proceso de búsqueda tenía mucho tiempo para plantearme otros escenarios en lo profesional.

 Ahora que lo pienso, mi curiosidad y mis ganas de hacerlo, se remontan a mucho tiempo atrás. Cuando yo veía pornografía, siempre me producía mucha curiosidad, era muy analítica sobre las cosas que veía, sabía muy bien qué me gustaba y por qué y cuando lo veía nunca me ví muy diferente a las "performers". 

Tenía esa curiosidad latente y fue que cuando llegué aquí a Berlín encontré el ambiente y las personas que estaban haciendo cosas que a mí me parecían interesantes. Y fue por eso que me animé a explorar eso dentro de mí. Básicamente yo tenía una cierta idea, como muy concreta sobre mi vida profesional y luego cuando vi esa otra opción, saqué eso que yo ya traía.

RD: ¿Ves un vínculo entre el interés por las políticas públicas y  por el pornoactivismo?

LB: Definitivamente. Para mí, la pornografía, aunque sean las historias baratas del ama de casa aburrida y el repartidor de pizza, conlleva una postura política y creo que lo que yo hago es significativo y es importante por ello. 

Si sólo fuera follar enfrente de la cámara, pues claro que es divertido; pero el lado político es lo que lo hace muchísimo más importante. La pornografía es básicamente un medio sobre el cual nosotros hablamos sobre lo que pensamos y sobre nuestras representaciones de la sexualidad y sobre cómo nos relacionamos con otros. 

 Y obviamente, la mayor parte de la pornografía que vemos, nos ofrece una visión heteropatriarcal, heteronormativa, incluso racista. Hombre blancos heterosexuales: cómo ven ellos y cómo tratan los cuerpos no heterosexuales.

El porno lo vemos como lo vemos porque esa ha sido la postura que hemos decidido mantener al respecto. Hemos decidido tratar colectivamente la pornografía como una especie de basura cultural y mientras lo tratemos como basura, estaremos tratando nuestra sexualidad como basura. 

Desde la pornografía estamos decidiendo cómo nos relacionamos respecto a otros, de cómo la gran mayoría proyecta una visión dominante y es importante cuestionarlo. Hasta cierto punto, tiene sentido que tratemos así a la pornografía porque si fuera de otra manera, habría muchos cambios, sería muy radical y revolucionario.

RD: ¿Cómo ha influido la ciudad en tu giro personal y profesional?

LB: Berlín se pronuncia más abiertamente al respecto y ofrece esos espacios de manera mucho más visible. En México también existen esos espacios pero son un poco más marginales. Por ejemplo, en México hay más post-porno que porno como tal, que está realizado por artistas... Es otra estética y son otros objetivos.

RD: Berlín es conocido, entre otras cosas, precisamente por su "apertura" sexual, con clubes como el Kit Kat, el Lab.Oratory, Berghain, Club culture Houze... ¿Cuál es tu diagnóstico/percepción de la sexualidad en la ciudad?

LB: Si estamos hablando de la sexualidad alemana, quizá a mí me falte algo de conocimiento sobre su idiosincrasia. Sin embargo, algo que enriquece a Berlín y que enriquece a otras ciudades o espacios es la confluencia de una diversidad de personas. Si estamos hablando de la sexualidad en Berlín no estamos hablando de la sexualidad de los alemanes, es la parte a la que contribuye la gente no alemana que viene aquí a vivir. 

Si tuviera que definir cómo es la sexualidad aquí en Berlín yo la definiría más como diversa. Esto tiene que ver mucho con que es una sociedad del norte de Europa: en comparación con España o con México, son sociedades más individualistas y tienes más libertad a la hora de plantearte tus propias perversiones. Respecto a las fiestas, los espacios, etc., hay cierto perfil y cierta estética, un poco más abierto a ciertas prácticas, como el BDSM, que en otros paises es más marginal.

No obstante, no creo que en Berlín haya una normalización de todo. Si hablamos de Berghain, de Lab.oratory, hablamos de una cultura alternativa muy específica, pero no precisamente marginal. Si  hablamos de voces migrantes queer y transexuales, de color, hay espacios para que se organicen, pero no está tan normalizado.

 Conozco casos de racismo en clubes alternativos como los que mencionas y a gente que tiene bastantes problemas con el sistema alemán por mantener dichos espacios marginales.

RD: Actualmente hay una gran cantidad de "tags" relacionados con el pornoactivismo: pornofeminismo, pornoterrorismo, post-porno, etc. Tú, ¿cómo te definirías?

LB: Siempre he tenido muchos problemas con el hecho de definirme. Incluso durante mucho tiempo ni siquiera me molesté en llamarme a mí misma feminista. Lo que hago siempre lo defino como "performer en temas de sexualidad explícita". 

Eso incluye pornografía pero también otro tipo de cosas: fotografía o incluso cortos donde no hay sexo explicito pero se habla sobre sexualidad o relaciones y bueno... activismo... espero que así sea. No porque te masturbes delante de la cámara eres pornoactivista. 

Si logras compartir algo con otras personas y llegar a un objetivo concreto de manera colectiva, eso sí va a ser activismo. Sí que he hecho cosas porno-feministas y post-porno y espero hacer algún día porno-terrorismo, en mis propios términos. Me identifico con todos estos tags.

RD: ¿Annie Sprinkles o Virginie Despentes? ¿Por qué?

LB: Pues... Annie Sprinkles. Me atrae mucho la gente que celebra sus creencias y lo que son de manera desenfadada. Me gusta mucho su actitud. Soy más de ese estilo, creo. Ella ha sido pionera en muchos aspectos y a lo largo de su carrera ha cambiado muchísimas veces y ha evolucionado siempre. Deja de hacer cosas, luego regresa a ello con otra perspectiva y siempre con una sonrisa en la cara.

RD: ¿Recibes feedback del público?
 
LB: Yo aún estoy saliendo del "porno-closet". Aún estoy procesando esa parte de mostrarme de forma pública. En general ha sido un "feed-back" bueno, gente a la que le gusta lo que hago: cosas positivas en su mayoría.

RD: ¿Cómo crees que les influyen tus películas?

LB: Pues la verdad es que es difícil saber. Pero espero que lo que haga provoque empatía a las personas que me ven. En el mejor de los casos, espero que les inspire a ser ellos mismos, a explorar su sexualidad de manera un poco más crítica. Tomar la conciencia de que tenemos derecho a ser libres, porque no lo somos.

RD: ¿Crees que en México hubiera sido posible la misma trayectoria? ¿Serías la misma Lina Bembe que la de Berlín?

LB: Definitivamente no. Me gusta cómo se han dado las cosas aquí. Con el enfoque profesional que yo tenía no hubiera sido tan sencillo. Lo que me gusta de Berlín es que lo hace muy fácil para quien esté interesado. Es un espacio mucho más visible y abierto. En México, hubiera tenido que surgir todo como iniciativa propia y encontrar yo a las personas que se animen a hacerlo. Hubiera acabado en otra cosa. No es que sea malo, pero hubiera sido otra."              (Entrevista a Lina Bembe, Revista Desbandada, 02/07/17)