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7/6/24

¿Qué es ser de izquierdas hoy día? Las 9.120 posibles maneras (como poco) de ser de izquierdas indican que éstas han perdido justamente su identidad común, provocando que el término «izquierda» deje ser un concepto con significado unívoco y perfectamente distinguible y apreciable, como debiera ser el que se proponga vertebrar un relato emancipador de todos los seres humanos... esas diferentes expresiones de la izquierda han renunciado a tener como señal de identidad lo que le es común. O lo que les debiera ser común, los ideales tradicionales vinculados a la liberación de los seres humanos: libertad, justicia, igualdad, paz, derechos humanos, bienestar, seguridad, soberanía, hermandad, cooperación, defensa de la vida… de las generaciones presentes y las futuras... Las consecuencias son fácilmente deducibles: se desmorona el atractivo de la izquierda, su capacidad de seducir a la gente corriente y, en consecuencia, su poder o capacidad para poner en marcha procesos de transformación social profunda que sólo pueden darse hoy día, cuando el poder del capital está más concentrado que nunca, agrupando a amplísimas mayorías sociales en torno a ideales de una gran transversalidad (Juan Torres López)

 "He recibido diferentes comentarios sobre mi artículo anterior en el que analizaba la responsabilidad de la izquierda en el ascenso de la extrema derecha. Algunos de ellos, no publicados en la web, me dicen que soy demasiado crítico diciendo que la izquierda ha perdido identidad como defensora de valores universales. Para tratar de explicar mejor lo que quería decir, voy a desarrollar el ejemplo que mencionaba en el anterior artículo.

Como dije allí, al escribir en mi último libro sobre la responsabilidad de las izquierdas en el ascenso del neoliberalismo se me ocurrió contabilizar sus diferentes corrientes.

Constaté que los principales partidos de izquierda españoles se definen como tales asumiendo que, precisamente por el hecho de serlo, son también feministas y ecologistas. Se puede comprobar fácilmente en los documentos de sus respectivos congresos o asambleas.

Sin embargo, es también muy sencillo constatar que, cuando un partido o una persona dicen ser de izquierdas, no siempre piensan o defienden lo mismo, no tienen las mismas ideas, principios y comportamientos, ni proponen políticas homologables o luchan por conseguir los mismos objetivos.

Entre otras que seguramente se me hayan podido escapar, la izquierda tiene variedades tan diversas como la socialdemócrata, socialista, marxista, autogestionaria, comunista, leninista, trotskista, anarquista, radical, populista, nacionalista, independentista, revolucionaria, indigenista, anticolonial, anticapitalista… Total, como poco, 16.

Decir hoy día que alguien es feminista tampoco aclara mucho. Se puede ser, defender, sentirse o estar de acuerdo con feminismos de muy  diferentes matices o concepciones: liberal, de mercado, radical, socialista, ecofeminista, cultural, de la diferencia, de la igualdad, comunitario, afrodescendiente, posfeminista, popular, lesbofeminista, queer, transfeminista, ciberfeminista, poscolonial, factual, anarcofeminista, provida, o científico, entre otras corrientes que quizá yo desconozca y haya dejado fuera. Hay economía feminista neoliberal y otra radicalmente contraria, por ejemplo. En total, pongamos, como poco, 21 formas de ser feminista.

No se quedan atrás los diferentes ecologismos. Hay, entre otros, liberal, conservacionista, ecomarxista, decrecentista, naturalista, tecnicista, estructuralista, radical, sociológico-político, gaianista, profundo, reformista, meliorativo, cosmético, equitativo, antiecológico, de los pobres, institucional, oficial, activista, conservacionista, ambientalista crítico, ecofeminista en general o de la supervivencia, ilustrado, social o materialista. Un total, como poco, de 27.

De ese cómputo y en función de las combinaciones posibles entre todas esas posibilidades o corrientes, se deduce que, en teoría, hay casi 10.000 formas posibles de ser de izquierdas (9.120, exactamente, tomando solamente en cuenta las 64 de partida que yo he registrado). Y eso, sin tener en cuenta que pueda haber diferencias según el orden o prioridad con que se asuma cada matiz. Es posible, por ejemplo, que quien se defina como anarquista, lesbofeminista y gaianista -por ese orden- se sienta diferente de quien lo haga como gaianista, lesbofeminista y anarquista.

¿Se puede decir, entonces, que hoy día existe una identidad de izquierdas que la gente normal y corriente pueda identificar como tal de modo preciso, inconfundible y perfectamente diferenciado de otras corrientes ideológicas?

Mi tesis es que esas 9.120 posibles maneras (como poco) de ser de izquierdas indican que éstas han perdido justamente su identidad común, provocando que el término «izquierda» deje ser un concepto con significado unívoco y perfectamente distinguible y apreciable, como debiera ser el que se proponga vertebrar un relato emancipador de todos los seres humanos.

Como he repetido muchas veces, la pérdida de esa identidad se ha producido porque todas esas 16+21+27= 64 diferentes expresiones de la izquierda (como poco) han renunciado a tener como señal de identidad lo que le es común. O lo que les debiera ser común, los ideales tradicionales vinculados a la liberación de los seres humanos: libertad, justicia, igualdad, paz, derechos humanos, bienestar, seguridad, soberanía, hermandad, cooperación, defensa de la vida… de las generaciones presentes y las futuras Han preferido mostrarse, cada una de ellas, como singulares y expresión de una particularidad, sea cual sea esta: el enfoque, una concreta atención prioritaria, su diferente grado de radicalidad, o cualquier otro rasgo distintivo.

Además, la causa de la pérdida de identidad común se produce, a mi juicio, porque esas 64 variedades y las 9.120 posibles formas (como poco) de combinarlas entre sí no se han constituido como expresiones de diversidad, un componente que, en su nivel óptimo, enriquece y acelera los procesos de cambio. Por el contrario, se han conformado como auténticos compartimentos estancos entre los cuales, en la mayoría de los casos, hay desunión, incomunicación, falta de entendimiento, animadversión, desprecio y, a veces, hasta piolets o fusiles para acabar unos con la vida de otros. Esto último, casi siempre, en masculino; todo hay que decirlo. Aunque los enfrentamientos no precisamente cordiales entre corrientes feministas también muestran que las mujeres no han sido capaces, todavía y por desgracia, de deshacerse ni de los modos típicos del viejo comportamiento patriarcal, ni del virus competitivo y fragmentador más moderno que esparce el neoliberalismo.

Las consecuencias son fácilmente deducibles: se desmorona el atractivo de la izquierda, su capacidad de seducir a la gente corriente y, en consecuencia, su poder o capacidad para poner en marcha procesos de transformación social profunda que sólo pueden darse hoy día, cuando el poder del capital está más concentrado que nunca, agrupando a amplísimas mayorías sociales en torno a ideales de una gran transversalidad o de especie.

No sé si a otras personas les pasa igual, pero a mí no sólo no me atrae nada, sino que me resisto a tener que elegir entre esas 9.120 posibilidades; no encuentro riqueza alguna en formar parte de alguno de esos cajones estancos. Si acaso, me interesa picotear, aprender, colaborar y llenarme de lo bueno que encuentre en todos esos matices. E incluso en otros que habitualmente no se consideran «de izquierdas» pero que promueven el respeto, la libertad, la justicia y la paz y ayudan tanto o más a mejorar en la práctica la vida de los seres humanos. Es por eso por lo que me parece que, quienes se consideran de izquierdas y principalmente sus dirigentes, deberían preguntarse qué es ser de esa condición hoy día. Yo no tengo clara la respuesta. He decidido rechazar las etiquetas y prefiero considerar que «los míos» no son los que llevan una u otra, sino las buenas personas y quienes, como he dicho, actúan con generosidad para mejorar las condiciones de vida de sus semejantes, sea cual sea el camino que hayan elegido para ello."                 (Juan Torres López, blog, 01/06/24)

6/9/23

Los errores de la izquierda en su batalla cultural... la izquierda se dedicó a explotar las cuestiones identitarias, que además quedaban muy vistosas en mítines e imágenes televisivas, para poder captar votos: movimiento LGTB, racializados, discapacitados, multiculturalidad… al final, ni siquiera esos sectores identitarios les han apoyado, porque se ha demostrado que para muchos de ellos su identidad sexual, su raza o su religión no era tan prioritario como creían en la izquierda... en el barrio madrileño de Chueca, icono del colectivo LGTB, ganó el PP, como está sucediendo en todas las elecciones... Es decir, mientras la izquierda, en su intento de presentarse como moderna, multicultural y tolerante, llenaba sus escenarios y presentaba como valor electoral de sus candidatos su raza o religión foránea o su orientación sexual no tradicional, que se desplazan en bicicleta y llevan dieta vegana; la derecha se quedaba con el regalo de reivindicar la identidad tradicional, agredida, humillada y ridiculizada, según su discurso, por ser heterosexual, blanca, comer carne y viajar en un coche diesel... la izquierda ha abrazado muchas batallas culturales, netamente de urbanitas acomodados, que no podían ser comprendidas por amplios sectores sociales, y que le han dejado un campo abierto a la derecha y ultraderecha. Una operación de defensa del mascotismo defendiendo que no se pueden dejar los perros atados esperando frente al supermercado o solos en el balcón, que los cazadores no pueden cruzar a sus animales de caza o que había que hacer un curso para tener una mascota, resultaba ridículo para una gran parte de la sociedad, en fechas en los que los alimentos subían un 15% (Pascual Serrano)

 "La izquierda se ha estrellado en las recientes elecciones. Muchas pueden haber sido las razones, y muchos los análisis e interpretaciones que se han hecho y se seguirán haciendo. Nosotros vamos a centrarnos en los errores de los marcos de debate impuestos por la izquierda y de la batalla cultural. Igualmente intentaremos mostrar cómo se ha regalado a la derecha y la ultraderecha muchos elementos que le han permitido cabalgar electoralmente.

 El resultado electoral de las pasadas elecciones municipales y autonómicas depende, como es lógico, de muchos factores. Nosotros nos vamos a detener solo en uno, en qué medida los temas de la agenda mediática logran condicionar a los electores. Es decir, qué asuntos terminan siendo importantes fruto de los medios de comunicación y cuáles son los promovidos por los líderes de la izquierda como centrales de su agenda informativa.

La agenda setting

Es de sobra conocido, que si imponer desde los medios una ideología no es fácil, sí que es más viable imponer la denominada agenda setting, es decir, los asuntos que las audiencias van a considerar más o menos importantes.

Veamos un ejemplo. Cuando las encuestas preguntan qué asuntos del país preocupan más a los ciudadanos, la respuesta es diferente a cuando, a continuación, les preguntan, qué temas les preocupa a ellos personalmente. En el primer caso se dejan llevar por los problemas impuestos por la agenda setting (terrorismo, inseguridad ciudadana…) y en el segundo por los reales que les acechan todos los días (desempleo, sanidad…).

De modo que, cuando se acerca una cita electoral, todos los poderes en liza intentan imponer sus agendas: los mediáticos por un lado, y cada partido político por otro. Pueden conseguirlo o no, pero también, en el caso de los partidos, puede que se hayan equivocado a la hora de apostar por los temas de agenda estrella. Especialmente los denominados guerra cultural.

Explotar las cuestiones identitarias

Por ejemplo, en esta campaña hemos comprobado cómo la izquierda se dedicó a explotar las cuestiones identitarias, que además quedaban muy vistosas en mítines e imágenes televisivas, para poder captar votos: movimiento LGTB, racializados, discapacitados, multiculturalidad…

 El momento más surrealista fue cuando, en el mitin de Valencia, la ministra Irene Montero dice que la candidata de Podemos a la alcaldía de la tercera ciudad del país es la más adecuada porque es bollera, sorda y feminista. Sin tener nada en contra de esas características, no parece un argumento de validez política.

Mientras, en Chueca, triunfaban en redes las performances de personas trans contorneándose en el escenario al tiempo que los candidatos de Más Madrid o de Unidas Podemos aplaudían el ritmo de la música. Todas las candidaturas de izquierda exponían candidatos de raza negra o mujeres con hiyab como muestra de multirracialidad y multiculturalidad.

Heterosexuales aburridos

No se trata de que nos parezca mal que todos los elementos anteriores se incorporen a la propuesta política, el problema es cuando los conviertes en tu principal patrimonio de guerra cultural y en tu agenda mediática electoral, o el único mérito para aspirar a recibir un voto.

Incluso si en tu desorientada defensa de esas minorías no se te ocurre otra cosa que decirle a una periodista “No hay nada más aburrido que una reunión de tíos heterosexuales”. Es lo que dijo Yolanda Díaz en una conversación/entrevista con Jorge Javier Vázquez.

¿Existía alguna forma más clara de dejarle a la derecha el regalo de la defensa de los heterosexuales que llamarles gratuitamente aburridos? ¿De verdad hacía falta eso para defender los derechos de los colectivos homosexuales?

Ayuso y la libertad

Mientras tanto, la derecha, como bien demostró Ayuso, apostó por la apropiación del término “libertad” que, como todos sabemos, en el capitalismo, solo consiste en hacer lo que te permita tu dinero. Ponía en la agenda las okupaciones de vivienda. Que serían mentira, pero tampoco se entiende que desde la izquierda combatieran las propuestas demagógicas de la derecha si, de verdad, no había, tanta okupación.

La derecha denunciaba una subida del precio de los alimentos, que era verdad, apelaban a elementos culturales mucho más eficaces, como la identidad e integridad de España, los valores tradicionales que, en lugar de ir superándolos por la izquierda, están siendo simplemente ridiculizados y humillados.

La gran paradoja es que al final, ni siquiera esos sectores identitarios que centraron el discurso de la izquierda les han apoyado, porque se ha demostrado que para muchos de ellos su identidad sexual, su raza o su religión no era tan prioritario como creían en la izquierda. Yolanda Díaz dijo:

“No entiendo que un gay vote a la derecha”. Y Alberto Olmos le respondió con lucidez. “A diario veo camareros, conductores de autobús, camareras, conductoras de autobús, un panadero. Las cajeras del Día. Las cajeras del Ahorra Más. Y veo clientes en esos supermercados, por cientos en ocasiones. Pero ninguno hace la compra como gay».

Esto es así porque la orientación sexual hacia personas del mismo género no ocupa el cien por cien del tiempo de las personas cuya orientación sexual se dirige hacia personas de su mismo género. No llevan un cartel, un discurso, una banderita siempre.

La frase de Yolanda es verdaderamente triste. Si eres gay, no votas a la derecha: a la derecha la votas si eres de derechas, y miren por dónde hay gays de derechas.

En Chueca ganó la derecha

Y tanto que los hay, en el barrio madrileño de Chueca, icono del colectivo LGTB, ganó el PP, como está sucediendo en todas las elecciones.

 Como señaló Jorge Alemán en la revista argentina Página 12, “en los tiempos actuales de fragilidad y desamparo de los sujetos, e insisto con esto, más allá de lo económico, las derechas saben que incluso los sectores más vulnerables exigen identificaciones fuertes, que se encarguen de ocultar tanto la división en antagonismos que constituye a lo social como la propia fractura inaugural del sujeto en los seres hablantes. Para esta operación la Ultraderecha es la agenda de promoción de un «yo fuerte». Un imaginario que por arcaico que sea, por anacrónico que parezca, prometa una identidad sin fisuras”.

La derecha se apropia de la identidad tradicional

Es decir, mientras la izquierda, en su intento de presentarse como moderna, multicultural y tolerante, llenaba sus escenarios y presentaba como valor electoral de sus candidatos su raza o religión foránea o su orientación sexual no tradicional, que se desplazan en bicicleta y llevan dieta vegana; la derecha se quedaba con el regalo de reivindicar la identidad tradicional, agredida, humillada y ridiculizada, según su discurso, por ser heterosexual, blanca, comer carne y viajar en un coche diesel.

Lo peligroso es que tampoco parece que se haya aprendido tras ver los resultados. El comunicado de Izquierda Unida habla de la necesidad de «desplegar sentimientos movilizadores». Como ha señalado Elisa Beni, “¿Más sentimiento, más emociones y menos gestión es lo que proponen? ¿No ven que precisamente ha sido su transformación en izquierdas identitarias, alejadas de la tradicional postura materialista que las impregnaba, lo que les ha arrastrado a la derrota?”

 Logros sociales del gobierno

Es verdad que el gobierno de coalición ha logrado objetivos sociales y económicos impensables en un gobierno de derecha: aumento de las pensiones, subida del SMI, ERTES para garantizar ingresos a muchos sectores durante la pandemia, mejoras en la contratación laboral.

Pero no nos engañemos, muchas de esas medidas sociales no han sido tan exitosas como intentaron vender. Y eso los electores lo han comprobado. El Ingreso Mínimo Vital no ha funcionado, ha llegado a muchas menos personas de las que lo necesitan, se calcula que solo llega a la quinta parte de la población que vive bajo el umbral de la pobreza. No deberían existir las colas para conseguir comida si esas personas tuvieran asegurado un ingreso de 565 euros al mes. 

 Los ERTES tampoco ayudaron a muchos empleados de la hostelería que estaban contratados por pocas horas de jornada aunque trabajaran la jornada completa, de modo que se encontraron en la pandemia con unos ingresos menores de los que le correspondían porque no habían cotizado por jornada completa.

Regulación del precio del alquiler

La regulación del precio del alquiler no convence a nadie, entre otras cosas porque se encuentra en una ley de rango nacional que establece que esa regulación se debe aplicar en unas zonas que deben ser previamente calificadas por las administraciones autonómicas. Es decir, no es aplicable por el gobierno que la ha aprobado.

Otras medidas sociales que se aireaban no han sido capaces de aplicarlas ni la sociedad veía cómo hacerlo. Es el caso de la limitación del precio de los alimentos básicos que nunca se hizo. No bastaba con denunciar que el dueño de Mercadona se está haciendo rico, había que mostrar la viabilidad de una medida de limitación de precios.

Y todos recordamos que los dos casos de topes de precios que se han aplicado, a las mascarillas y a los test de covid, se les estableció un precio limitado que terminó siendo superior al que las empresas terminaron vendiéndolo. En Portugal los supermercados vendían los test más baratos que en España sin que hubiera ninguna limitación de precio gubernamental.

Con la derecha hubiera sido peor

Por supuesto que si hubiera gobernando la derecha todo lo anterior hubiera sido peor. Pero eso no basta para conseguir que los ciudadanos te apoyen como mal menor. Hace mucho que en España no se vota a favor de alguien, sino en contra de alguien. Se vota a la contra, se vota para castigar. Recuerdo el eslogan electoral que adoptó Herri Batasuna en unas elecciones europeas y que le resultó muy exitoso: “Donde más les duele. Vota HB”. Por eso muchos electores han votado encabronados contra el gobierno sin pararse a pensar que la alternativa va a ser peor.

Contra el oligopolio de los medios de comunicación

Otro de los errores de la cosmovisión mediática de la izquierda ha sido embarcarse en una cruzada de denuncia de los medios de comunicación responsabilizándoles de todos los males que azotan a esa izquierda.

La existencia de un oligopolio mediático controlado por las grandes empresas es una realidad incontestable, el sesgo informativo generalizado a favor de los poderes establecidos es indiscutible, pero centrar en ello una campaña electoral, desplazando propuestas sociales o denuncias de otras injusticias, es dejarle un gran campo de discurso a la derecha.

 Si se quiere combatir el oligopolio se deberían haber hecho propuestas de reforma durante la legislatura, no bastaba con llorar durante la campaña electoral por la desigualdad de acceso a los medios y su sesgo informativo. Eso no sirve para convencer del voto pocos días antes de las elecciones, sirve para justificar tu derrota.

Mascotismo y culpabilización ecológica

Por último, la izquierda ha abrazado muchas batallas culturales, netamente de urbanitas acomodados, que no podían ser comprendidas por amplios sectores sociales, y que le han dejado un campo abierto a la derecha y ultraderecha.

Una operación de defensa del mascotismo defendiendo que no se pueden dejar los perros atados esperando frente al supermercado o solos en el balcón, que los cazadores no pueden cruzar a sus animales de caza o que había que hacer un curso para tener una mascota, resultaba ridículo para una gran parte de la sociedad, en fechas en los que los alimentos subían un 15%, . Y, lo que es peor, suponía un caramelo para la derecha que avanzaba en el mundo rural.

O un discurso medioambiental centrado en culpabilizar a los que comen carne, tienen un coche diesel o no reciclan usando cuatro contenedores en sus cocinas de cuatro metros cuadrados.

Otro caramelo para la derecha, que hace bandera de comer carne o comprende a los habitantes rurales de clase humilde que solo disponen de su coche de diez años para desplazarse a la ciudad.

En conclusión, la izquierda ha perdido la batalla cultural y mediática. Es verdad que el panorama de los medios es adverso, siempre lo fue. El problema es que los marcos en los que la propia izquierda ha situado los debates han sido erróneos, han supuesto regalos culturales para la derecha y un sentimiento de orfandad para grandes sectores sociales de la izquierda, que no se reconocían en esa agenda."                 (

8/1/21

Hay una diferencia importante entre la izquierda y derecha radical en Occidente. Mientras la izquierda radical se modera cuando crece y cuando alcanza las instituciones,la derecha radical se envalentona y radicaliza conforme crece

Pedro Fresco @PedroFresco

 Hay una diferencia importante entre la izquierda y derecha radical en Occidente. Mientras la izquierda radical se modera cuando crece y cuando alcanza las instituciones,la derecha radical se envalentona y radicaliza conforme crece. Esto tiene explicaciones políticas (HILO)

2/Las ideas de izquierda radical tienen una base socioeconómica clara, en favor de los desfavorecidos. Cuando quieren crecer, forzosamente necesitan atraer a personas q disfrutan de cierto bienestar relativo, tienen cierto capital o patrimonio, etc. Para hacerlo, deben moderar la

3/parte más radical d su programa económico inicial, dejando lo aceptable para mayorías. En el terreno cultural, como la izquierda radical defiende a las minorías,sus cambios tienden a generar posturas más aceptables a las mayorías. Pero la derecha radical es totalmente distinta.

4/La derecha radical no se nuclea en cuestiones socioeconómicas, su base son los sentimientos primarios, el miedo social, el odio y el desprecio por los cambios sociales. Ellos agitan la semilla del odio y el miedo q todos llevamos dentro potencialmente, y la riegan con mentiras

5/agitando fantasmas, fabricando amenazas, etc. Su estrategia consiste en "empujar" a la sociedad hacia esa mentalidad q quieren implantar, anulando el juicio y la razón en base a miedos y sentimientos primarios. Por eso no se moderan cuando crecen, al revés, se radicalizan más..

6/conforme su mensaje está más presente, crean nuevos enemigos a los q atacar, nuevas categorías a las q odiar. En vez de moderarse para crecer, se "sueltan" más, y dan rienda suelta a su odio de manera más evidente, pq el crecimiento lo interpretan como una validación social de

7/ese odio. Por eso, en nuestro contexto social, político y económico, la derecha radical es muchísimo más peligrosa q la izquierda radical, y cualquier equidistancia es una irresponsabilidad que no debe ser tolerada ni aceptada. 

10:00 a. m. · 7 ene. 2021
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Alfred@AlfredLiberal
En respuesta a @PedroFresco

 No es tan sencillo en el caso de EEUU, Pedro. Aquí la percepción es que la "izquierda" es una "elite" urbanita adinerada (y en muchos casos así es). No quita eso de lo que has comentado, pero sí contextualiza las cosas.

2:37 p. m. · 7 ene. 2021·Twitter Web App

Pedro Fresco @PedroFresco
En respuesta a @AlfredLiberal

 Esa percepción también la quiere crear la extrema derecha en Europa ¿no pretende Le Pen erigirse contra la élite francesa? O lo q hacen aquí con Podemos, hablando del "marques de Galapagar" y cosas así. También lo hacían los fascistas de los años 30, por cierto.

Marga Mediavilla @MediavillaMarga
En respuesta a @PedroFresco 

Pero es que se llama izquierda radical a cualquier cosa: a partidos que defienden un keynesianismo más bien tímido. El equivalente de Vox por la izquierda sería el anarquismo, por ejemplo, y ni está en el Congreso ni en el Gobierno.

Pedro Fresco @PedroFresco

 Como he comentado antes, para evitar subjetividades me he basado en el espectro político vigente. El anarquismo y el comunismo no existen ya.

30/5/14

La izquierda volátil es la explicación del indiscutible éxito de PODEMOS

"El concepto de izquierda volátil lo acuñó el sociólogo César Molinas en [El País] 2007 como parte de un estudio sobre más de una década de comportamiento electoral en España. Una de las conclusiones que podemos obtener de su análisis era la siguiente, resumimos:
En España existe un núcleo de votantes de izquierda que no encuentra acomodo en las organizaciones de la izquierda institucional (PSOE e IU) y que oscila entre su apoyo puntual a estos y la abstención; cuando esos partidos hacen políticas de izquierda les votan, cuando no, les retiran el apoyo; los partidos de la izquierda saben esto pero no les importa —según algunos interpretamos—, porque las políticas demandadas por ese electorado son políticas que implican oposición sincera al sistema de poder dominante desde la Transición y tanto PSOE como IU son fuerzas sintéticas. En relación a esta dinámica observada, añadimos, el voto de izquierda se ve obligado en ocasiones a apoyar a quienes no satisfacen sus expectativas para impedir que triunfe la derecha. Si no se recuerda además que el sistema bipartidista era cosa de más de dos y que en ese juego IU ocupaba —y ocupa— un lugar destacado, no se puede comprender nada.
Las palabras de César Molinas son estas exactamente: «La izquierda volátil es un conjunto heterogéneo con pocos denominadores comunes, todos ellos negativos. Es común su rechazo frontal al PP y a todo lo que representa la derecha. Es común también su desdén hacia el PSOE, al que votan tapándose la nariz cuando le votan. Por lo razonado hasta aquí, el objetivo principal de una campaña electoral, de cualquier campaña electoral en España debe ser para el PP que no vayan a votar los que le detestan y para el PSOE que acudan a las urnas los que le desprecian. ¿Son consistentes sus estrategias electorales con estos principios?»  Ver artículo: La izquierda volátil.
El estudio de César Molinas causó inquietud en ciertos entornos y recibió una respuesta «técnica» por parte de otros colegas especialistas en sociología electoral, muy ligados a las empresas de opinión pública que forman parte del aparato de poder en España. Lo cierto es que el silencio de las direcciones políticas de los partidos de izquierda a este debate que fue público, era un clamor que le daba la razón a Molina.

 Que hubiera electorado de izquierda a la izquierda era algo inaceptable políticamente para la estabilidad de una monarquía y un régimen, que cuentan con una oposición a medida gracias a los pactos de impunidad en los que se basó la Transición y que todavía duran.

En 1990-91, una importante fuerza de izquierda en Madrid encargó un estudio cualitativo sobre tendencias de voto: el informe final no fue hecho público. El estudio dejaba muy claro que para muchos votantes de izquierda, la posición del PSOE y de IU era considerada como muy tíbia y poco combativa, al extremo de causar frustración y desánimo en su base de apoyos en un tanto por cierto muy alto de personas optándose en esos casos por la abstención. 

Esta tendencia observada fue considerada «no conveniente» por la dirección de esa organización. El trabajo era casi 17 años anterior al de Cesar Molinas, la conclusión muy parecida.

La izquierda volátil es la que le proporcionó a IU en Madrid casi un 19% como pico máximo de voto en unas autonómicas y en las generales de 1996, un 11% del total de votos al Julio Anguita del programa, programa, programa —el mayor éxito de IU—. 

También es la derrota del tándem Almunia-Frutos en unas generales o el hundimiento de IU (en 2004 un 4% del voto en generales) que les acabaría llevando a un sólo diputado poco después y, desde luego, la espectacular derrota de Rodríguez Zapatero con el PSOE. 

¿Por qué esas derrotas? Por el abandono del votante de izquierda a los partidos que les defraudan; un juego peligroso, pero que no podía evitarse si la oferta de IU y PSOE insistía en derechizarse. 

En el trasfondo ideológico estratégico de este duelo entre direcciones de partido y sentimiento de los votantes está el mantenimiento del status quo de la Transición, que aseguraba al PSOE la condición de partido de gobierno y a IU la de bisagra local con algún caladero de ocasión con el que mantener a su nomenclatura a cambio de no cuestionar en serio en su práctica política el equilibrio del Régimen bipartidista.

 Según esta lógica una IU con un 11% pero instalada en la ortodoxia del programa, programa, programa anguitista, les era menos funcional que un 4% pero más razonable y dispuesto a colaborar en «contener a la derecha», pues una posición de principios que se negase a entrar a someterse a los límites impuestos por el PSOE, no podría proporcionar el oxígeno que precisa el aparato de IU para sobrevivir; esto explica la tranquilidad con la que IU ha visto la salida de miles de militantes por su izquierda, el cierre de asambleas y expulsiones de militantes, la decadencia de su vida interna y el desprecio infinito con el que tratan desde su dirección las posiciones críticas basadas en valores republicanos y marxistas. (...)

La tesis de la izquierda volátil dice que cuando en España un partido de izquierda sigue un discurso de izquierda y una práctica de izquierda, recibe más votos, no menos: es decir, los suyos les votan. (...)

En las elecciones europeas de 2014, pese la atroz política del gobierno del PP, el PSOE ha seguido una línea de sometimiento a las políticas de derecha —en Europa, en Madrid, en todas partes—, según la hipótesis de la izquierda volátil debería haber perdido votos y lo ha hecho en una proporción enorme, superando la pérdida de voto de las generales últimas.

 ¿Por ser de izquierda? Más bien por todo lo contrario; el PSOE es percibido por los votantes de izquierda como un problema irresoluble, es su identidad de izquierda la que está desaparecida. No hay espacio de poder para social-liberales, lo hubo para socialistas más o menos vergonzantes, pero no para esta mutación. (...)

La izquierda volátil es la explicación del indiscutible éxito de PODEMOS. La hipotética bolsa de votantes de izquierda que no se sienten a gusto ni con el PSOE ni con IU y que oscilaban entre ellos y la abstención fueron fijados en esta nueva «marca» política. 

El discurso de Iglesias, muy enérgico y en el que mostraba una inequívoca voluntad de victoria  —algo inexistente en IU por completo— ha sabido cómo llegar a la izquierda harta de Izquierda Unida y a los jóvenes. y primeros votantes Es el mismo tono de los catalanes de ERC, de los vascos de Bildu, de la CUP catalana, de AGE en Galicia, es un tono de victoria y confianza, que destaca sobremanera con el papel de payaso sistémico autoasumido que caracteriza a Izquierda Unida.

 En la lógica y discurso de PODEMOS está la idea de que deben llegar a la gente más allá de izquierda o derecha y han teorizado sobre esta necesidad para poder lograr, según ellos, una mayoría capaz de darle la vuelta a la situación política.

 Esta teoría esconde numerosos peligros, el primero es olvidar que es la izquierda social —volátil o no— su base de apoyos, y que el discurso postmoderno basado en la idea de que la fractura izquierda/derecha debe ser superada es fascista; (pre, post o neo, que da igual) de seguir esa línea nos podemos encontrar con escenarios imprevisibles. 

La hipótesis que manejamos sobre la naturaleza del apoyo electoral y social al PODEMOS del éxito en las Europeas es que su identidad políticamente de izquierda y muy crítica con el sistema, aunque con una procedencia de clase media y una confusión ideológica fruto de la época y la situación social que les sitúa en una posición vulnerable a la manipulación.

Ha sido un voto de respuesta, ofensivo, reactivo y con un sentido de rechazo profundo a las políticas de derecha que están devastando España y Europa. PODEMOS tendrá ahora que demostrar en la práctica si es una ratonera para esa fracción de voto resistente deseoso de cambios o una palanca de cambio social y político. (...)

Factor clave del éxito electoral de PODEMOS ha sido su visualización pública a través de los medios alternativos, las Tv y youtube, y las redes sociales. El descontento era real, IU estaba demasiado encantada de conocerse y deslumbrada con las expectativas de crecimiento a costa de un PSOE en descomposición y fue incapaz de percibir, no ya de que existían alternativas a su proyecto más ilusionantes, sino que alguna de ellas —PODEMOS— había logrado romper la barrera de la visibilidad mediática en los medios que alimentan las redes sociales —virtuales y de las otras— en las que la izquierda social se alimenta.

 Resultado, la izquierda volátil ha hecho una apuesta de ilusión, han tenido por primera vez en mucho tiempo la posibilidad de votar algo distinto y lo han hecho. Y ha funcionado.

Es preciso hacer un análisis más detallado viendo los resultados en detalle y entrando en las consecuencias y posible evolución.

La línea tanto de IU como de SYRIZA, desde el punto de vista de la izquierda de base son vistas como reformistas o timoratas, aunque comparadas con PSOE y PP parecen radicales. 

La derrota del PP y el PSOE es de tal magnitud, su descrédito tan grande, que en medio del panorama de devastación social en el que estamos que el PSOE se haya hundido y a su izquierda haya dos fuerzas en alza como PODEMOS e IU es un terremoto. En España el terremoto es de naturaleza distinta que en Francia. (...)"             (Análisis Europeas 2014: La izquierda volátil da un vuelco a las elecciones en España (1) / Pedro A. García Bilbao, Sociología Crítica, 26/05/2014)

20/12/12

“La izquierda ha desaparecido”... pero, la esperanza llega cuando superas el miedo y encuentras en las redes, en la calle, mucha gente que está como tú. Empieza al hablar con otro, al sentir con otro

"Pregunta. Haga balance del movimiento de los indignados.

Respuesta. Va por países. En Islandia se nacionalizaron los bancos, se echó a los dos partidos que la gobernaban desde 1927, se creó un nuevo gobierno con democracia participativa, se elaboró una nueva Constitución debatida por internet con miles de ciudadanos interviniendo. 
Fue una revolución, pacífica, pero una revolución. En algunos países árabes se acabaron las dictaduras. Se puede pensar si el islamismo gusta más o menos, pero es otra cosa. Dictaduras inalteradas durante décadas se acabaron en semanas. En Túnez. En Egipto. En otros casos, los gobernantes avisados convirtieron las revueltas en guerra civil. 
En Estados Unidos la distinción entre ricos y pobres era ajena a la cultura americana y ahora es un asunto vivo y ha tenido un efecto electoral de segundo grado en la campaña, a favor de Obama.
P. ¿En España?
R. España es el país de Europa donde el sistema político ha mostrado menos sensibilidad ante la protesta, y con los dos grandes partidos de acuerdo en ignorarla. El caso más dramático es el de las hipotecas. Los suicidios han disparado la alarma social, pero hace más de un año y medio que viene planteándose sin respuesta. La opinión pública ha registrado las críticas del 15-M. 
Las encuestas señalan un 70% de apoyo, pero también registran que apenas se cree que haya capacidad de cambio. Ha cambiado la conciencia de la gente, pero el sistema político se mantiene impermeable. Y esto puede degenerar en enfrentamientos y en violencia.
P. Una violencia que el movimiento rechaza de plano
R. Sí, pero hay un caldo abonado por las provocaciones policiales (en España las hay) y la rabia de los jóvenes. Con una sociedad movilizada, indignada, sin respuesta institucional creíble, es difícil evitar la violencia. Espero que no la haya y mucha gente del 15-M lo espera también. Pero hablamos de un movimiento, no de un partido, no de una organización hermética que puede controlar la rabia de la gente.
P. Usted señala que parte de la desconfianza hacia los partidos se debe a que son percibidos como subordinados al capitalismo financiero. Pero anota que no hay un rechazo del capitalismo
R. Dentro del movimiento hay una tendencia que es anticapitalista, pero no todo el movimiento lo es. Lo que se rechaza es el sistema financiero como funciona ahora. Su indignidad e inmoralidad. Y también la subordinación de las instituciones y los partidos a este estado de cosas. 
El movimiento parte del malestar económico y social, pero es sobre todo un movimiento político que exige la democracia real. Denuncia la falta de alternativa. Salvo que se entre en el sistema político, pero para eso está la ley electoral española que bloquea la entrada de minorías importantes. 
El movimiento ha hecho varias propuestas razonables de democratización del sistema electoral porque la sociedad ha cambiado, pero el sistema político no cambia. Y es imprescindible restablecer la conexión.
P. En un momento del libro sintetiza usted algunas de esas propuestas. De 12 que recoge, ocho son negativas
R. El movimiento es, sobre todo, un movimiento de crítica, de rechazo. A partir de ahí hay que abrir el debate. Y se ha abierto con formas tanto asamblearias como reticulares en Internet, esperando que de ese debate salgan fórmulas para el futuro que sean asumidas por la ciudadanía. 
Hay propuestas positivas: la reforma de la ley electoral, la modificación del sistema hipotecario, mecanismos de control sobre la banca. Lo que no hay es un programa, sino sería un partido y no lo es. Pero este movimiento ha generado más debate y ha creado más conciencia política que los partidos en los últimos 20 años. 
Y todos los cambios empiezan en la mentalidad de las personas. Más tarde ya se traducirá en votos. El problema es que ninguna de las propuestas políticas refleja hoy esta nueva sensibilidad.
P. De modo que, cuando hay elecciones, vencen las formaciones que defienden lo contrario
R. Es que la izquierda ha desaparecido. Hoy, en términos políticos, estamos en un periodo constituyente. No desaparecen los partidos conservadores, pero la izquierda está en crisis, pese a que hay un espacio de centroizquierda que no se llena porque la ley electoral funciona como mecanismo de bloqueo. De todas formas, van surgiendo alternativas.
P. A largo plazo
R. El movimiento español tiene un eslogan: “Vamos despacio porque vamos lejos”. Es decir, se trata de un movimiento muy autorreflexivo que tiene perspectiva histórica y que ha empezado a plantearse qué incidencia política se debe producir. Lo que no puede hacer es transformarse en partido, eso haría que perdiera su legitimidad movilizadora, pero pueden esperarse pactos entre nuevas formas organizativas y corrientes del movimiento. 
Claro, es necesario que el sistema político sea flexible. En Italia, por ejemplo, lo es; en España, no. Los partidos españoles se sienten acosados, creen que si se abren desaparecen. Y tienen razón, sobre todo, la izquierda. Y eso es dramático.
"Manuel Castells analiza las protestas que han sacudido Europa y el mundo árabe
P. El movimiento se comunica a través de las redes informáticas, como antes los obreros se organizaban al coincidir en la fábrica
R. Todos los movimientos sociales nacen de la comunicación. El individuo aislado con su enfado no tiene fuerza. Puede suicidarse. Los suicidios son lo que precede a las revoluciones islámicas. La gente pasa de la humillación a la autodestrucción. La suerte es que existe un espacio de comunicación, internet, en el que muchos jóvenes viven. La gente se organiza donde vive. 
Los obreros se comunicaron en las fábricas, los jóvenes de hoy lo hacen en internet, pero es vital que luego ocupen el espacio público. Al ocupar un espacio público, la gente se da cuenta de que existe y de que puede imponer su derecho a la ciudad por encima de las reglas de tráfico. Lo que produce los cambios históricos es la combinación de un espacio de comunicación, un espacio de reunión, un espacio de incidencia política. Son viejas libertadas (de reunión, de expresión) traducidas a la era digital. 
Los movimientos nacen en la red y se organizan en el espacio urbano. Y como la ocupación del espacio urbano no se puede eternizar (a veces de eso se encarga la policía) se repliegan en la red, pero no desaparecen.
P. Una comunicación a la que el poder combate con la coacción y la manipulación
R. La dominación perfecta es la que no se siente. Puede ser por adhesión a los valores dominantes o por resignación y ahí los procesos de persuasión son fundamentales. Cuando fallan, se recurre a la coerción, pero los mejores sistemas de control son los que no necesitan del uso de la policía.
P. Resalta usted el papel de las emociones, del miedo que paraliza o la esperanza que estimula
R. La primera emoción que aparece es la indignación. El miedo atenaza a la gente. Miedo a perder lo poco que le queda. El miedo y la resignación paralizan a la gente. Esto salta cuando no se puede más. En ese momento se supera el miedo. La esperanza llega cuando superas el miedo y encuentras en las redes, en la calle, mucha gente que está como tú. Empieza al hablar con otro, al sentir con otro. 
Al percibir que no tenemos el poder pero estamos juntos y tenemos la razón con nosotros. Ése es el paso del miedo a la esperanza. No se producen efectos a corto plazo, pero aun así la gente se siente mejor protestando que quedándose en casa."           (FRANCESC ARROYO Barcelona , El País17 DIC 2012)

2/7/12

Programas audaces para una izquierda radical... bajo tres ideas centrales: (i) la socialización de la propiedad de los monopolios, (ii) la des-financialización del manejo de la economía, (iii) des-globalización de las relaciones internacionales

"Programas audaces para una izquierda radical
Voy a organizar los siguientes planteamientos bajo tres ideas centrales: (i) la socialización de la propiedad de los monopolios, (ii) la des-financialización del manejo de la economía, (iii) des-globalización de las relaciones internacionales.
(1)  Socialización de la propiedad de los monopolios
 La abolición de la propiedad privada de los monopolios debe tener lugar a través de su nacionalización. Este primer paso legal es inevitable. Pero la audacia implica en este punto ir más allá de este paso legal para proponerse la socialización de la gestión de los monopolios nacionalizados y la promoción de las luchas sociales democráticas articuladas en este proceso.
Daré un ejemplo concreto que podría incluirse en estos planes de socialización.
Tanto los propietarios de tierra 'capitalistas' (aquellos de los países desarrollados) como los propietarios 'campesinos' (mayormente del Sur) son prisioneros tanto de los monopolios que proveen inputs[1] y créditos, como de los que dependen del proceso de transporte y comercialización de sus productos. 

Pero ninguno de los dos grupos tiene autonomía real en la toma de decisiones. A esto se suma que la productividad alcanzada es apropiada por los monopolios que reducen a los productores al status de "subcontratistas". Frente a esto, ¿cuál es la alternativa posible?
Los monopolios deberían ser substituidos por instituciones públicas que trabajen dentro de un marco legal como parte de su forma de gobernar. Estas instituciones deberían ser constituidas por representantes de: (i) campesinos (los principales interesados), (ii) unidades ascendentes (manufactura de inputs, bancos) y descendentes (industria alimentaria, cadenas comerciales), (iii) consumidores, (iv) autoridades locales comprometidas con el medio ambiente y la sociedad (escuelas, hospitales, planificación urbana, vivienda, transporte), (v) el Estado (los ciudadanos). 

Estos representantes deberían ser seleccionados de acuerdo a procedimientos correspondientes a su propia manera de gestión social, como por ejemplo unidades de producción de inputs gestionadas por consejos de administración conformados por trabajadores directamente empleados por las unidades concernientes así como por quienes están empleados por unidades de subcontrato.

 Estas estructuras deberían estar diseñadas de tal manera que asocien la gestión del personal con cada uno de estos niveles, así como con centros de investigación que busquen una investigación independiente, y tecnología apropiada. Podríamos hasta concebir una representación de los proveedores de capital ("pequeños accionistas") heredados de la nacionalización, si es que lo consideramos útil.
Estamos hablando por tanto de aproximaciones institucionales que son más complejas que las reformas de autogestión o cooperativas conocidas hasta el momento. Es necesario inventar los caminos de este proceso de tal manera que promuevan el ejercicio de una democracia verdadera en el manejo de la economía, ejercicio basado en negociaciones abiertas entre todos las partes interesadas. 

Se requiere una formula que vincule sistemáticamente la democratización de la sociedad con el progreso social, en contraste con la realidad del capitalismo que disocia la democracia, reduciéndola al manejo formal de la política, con las condiciones sociales abandonadas al "mercado" dominado por lo que produce el monopolio del capital. Ahí y solo ahí podremos hablar de una verdadera transparencia de los mercados, cuando estos sean regulados bajo formas institucionalizadas de gestión socializada. (...)

(2)  De-financialización: un mundo sin Wall Street
 La nacionalización/ socialización de los monopolios debería abolir el principio de "valor de las acciones" impuesto por la estrategia de acumulación al servicio de la renta monopólica. El objetivo es esencial para cualquier agenda que quiera escapar del anquilosamiento bajo el cual nos tiene enfangados el actual manejo de la economía.

 La implementación de un proceso de nacionalización trastoca la financialización del manejo de la economía. Pero ¿estaríamos regresando a la famosa "eutanasia de la renta" acuñada por Keynes en su época? No necesariamente, y desde luego no completamente. Se puede fomentar el ahorro, pero bajo la condición de que su origen (ahorros de los trabajadores, negocios, comunidades) y las condiciones de las ganancias, sean bien definidas.   (...)

La nacionalización en el sentido más clásico se refiere únicamente a la substitución de consejos de administración conformados por accionistas privados por otros definidos por el Estado. Esto permitiría en principio, la implementación de políticas de crédito formuladas desde el Estado, lo cual no es poco. Pero no es suficiente si consideramos que la socialización requiere de la participación de accionistas sociales relevantes en la gestión del banco. 

Aquí la gestión de los bancos por sus propios trabajadores no sería lo más apropiado. El personal afectado debe ser incorporado en las decisiones sobre sus propias condiciones laborales, pero poco más, debido a que no le corresponde determinar las políticas de crédito que deben ser implementadas.
 Si los consejos de administración deben lidiar con el conflicto de intereses entre quienes proveen préstamos (los bancos) y aquellos que los reciben (las "empresas"), la fórmula para la composición de los consejos de administración debe ser diseñada tomando en cuenta cuáles son estas empresas y que es lo que necesitan.  (...)

Este es un argumento fuerte que justifica la reconstrucción de la especialización bancaria en función de los requerimientos de los beneficiarios de los créditos, así como de su propia función económica (provisión de liquidez a corto plazo, contribuir a la financiación de inversiones en el mediano y largo plazo). 

Deberíamos entonces por ejemplo, crear un " banco agrícola" (o un conjunto coordinado de bancos agrícolas) entre cuya clientela se incluyan no solo pequeños propietarios de tierra y campesinos sino también a todos los involucrados en las diferentes entidades de la agricultura descritas arriba. 

El consejo de administración del banco podría incorporar por un lado a los “bancarios" (personal del banco, los que han sido reclutados por el consejo de administración) y otros clientes (pequeños propietarios de tierra o campesinos, y otras entidades.
Podemos imaginar también otros tipos de sistemas articulados de bancos, adecuados para diferentes sectores industriales, en donde los consejos de administración podrían incluir clientes industriales, así como centros de investigación, tecnología y servicios, para asegurar el control del impacto ecológico de la industria, y de esta manera garantizar el mínimo riesgo (reconociendo claro está que ninguna acción humana está completamente libre de riesgos), y vincularlo a un debate transparente y democrático.
La des-financialización de la gestión económica requiere asimismo de dos tipos de legislación. La primera referente a la autoridad de un Estado soberano para prohibir que fondos especulativos (fondos de cobertura) operen en su propio territorio. La segunda es la referida a los fondos de pensiones, los cuales se han convertido actualmente en los mayores operadores en la financialización del sistema económico.

Estos fondos fueron designados, en Estados Unidos en primer lugar por supuesto, para transferir a los trabajadores los riesgos normalmente asumidos por el capital, y que constituyen las razones a las que se suele apelar para justificar la remuneración del capital! Esto constituye un arreglo escandaloso, en clara contradicción incluso con la defensa ideológica del capitalismo! Pero esta "invención" es un instrumento ideal para las estrategias de acumulación dominadas por los monopolios.
La abolición de los fondos de pensiones es necesaria para el beneficio de sistemas redistributivos de pensiones, los cuales por su propia naturaleza, requieren de un debate democrático para determinar las cantidades y periodos de contribución así como la relación entre las cantidades de las pensiones y los pagos. En una democracia que respeta derechos sociales, los sistemas de pensiones son universalmente accesibles para todos los trabajadores.
Todas las medidas de de-financialización sugeridas aquí nos llevan a una conclusión obvia: Un mundo sin Wall Street, tomando prestado el título de un libro de François Morin, es posible y deseable. (...)

Des-financialización no significa en cualquier caso la abolición de la política macroeconómica y en particular la gestión macro del crédito. Por el contrario, restaura su eficiencia al liberándola de la subyugación a estrategias que buscan la maximización de las rentas de los monopolios. (...)

(3)  En el nivel internacional: desconexión
 En este punto voy a utilizar el término “desconexión” que propuse hace medio siglo, un concepto que el discurso contemporáneo aparentemente ha sustituido por el sinónimo "des-globalización". Nunca he conceptualizado desconexión como una forma autárquica de refugio, sino como un cambio estratégico de cara tanto a las fuerzas internas como externas en respuesta a los requerimientos inevitables del desarrollo autodeterminado.

La desconexión promueve la reconstrucción de una globalización basada en la negociación, en vez de una subordinación a los intereses exclusivos de los monopolios imperialistas. La desconexión hace también posible la reducción de las desigualdades internacionales.  (...)

El imperialismo, bajo la forma adoptó hasta justo después de la Segunda Guerra Mundial, generó un fuerte contraste entre centros imperialistas industrializados y periferias dominadas donde la industria fue prohibida. Las victorias de los movimientos de liberación nacional iniciaron el proceso de industrialización de las periferias, mediante la implementación de políticas de desconexión necesarias para alcanzar el desarrollo endógeno.

 Asociadas con reformas sociales, que para aquellos tiempos eran reformas radicales, estas desconexiones crearon las condiciones para un eventual "surgimiento" de los países que más lejos habían llegado en esa dirección – obviamente con China a la cabeza de este bloque de países.
 Pero el imperialismo del actual momento histórico, el imperialismo de la Triada, está forzado a renegociar y "ajustarse” a las condiciones de este nuevo momento, y por lo tanto a reconstruirse bajo nuevas bases, basadas en "ventajas" mediante las cuales se busca mantener el privilegio de la exclusividad que he clasificado en cinco categorías. Estas se refieren al control de:
· tecnología
· acceso a recursos naturales del planeta
· integración global de los sistemas monetarios y financieros
· sistemas de comunicación e información
· armas de destrucción masiva.
Actualmente, la principal forma de desconexión es aquella definida precisamente por estos cinco privilegios del imperialismo contemporáneo. Los países emergentes están destinados a la desconexión de estos cinco privilegios, con distintos grados de control y auto determinación.   (...)

El conflicto entre los poderes imperialistas de la Triada y los países emergentes ya es visible, y se espera que empeore. Si quieren avanzar, las sociedades de los países emergentes se verán forzadas a avanzar hacia modelos de desarrollo autosuficientes mediante planes nacionales y a través del fortalecimiento de la cooperación Sur-Sur.
La audacia, en estas circunstancias, incluye un compromiso vigoroso y coherente hasta el final, que vincule las medidas requeridas de desconexión con los avances deseados en el progreso social.
El objetivo de esta radicalización implica: la democratización de la sociedad; el consecuente progreso social asociado; y la toma de posiciones antiimperialistas. Un compromiso en esta dirección es posible, no solo para las sociedades de los países emergentes, sino también para los "abandonados" o los “invisibilizados” del Sur global. 

Estos países han sido recolonizados a través de los programas de ajuste estructural de los 1980s. Sus pueblos están actualmente movilizados, y o bien han alcanzado algunas victorias (en América del Sur) o no lo han logrado todavía (en el mundo árabe).
 Audacia significa que la izquierda radical de estas sociedades debe tener el coraje necesario para medir los retos que afronta y apoyar la continuación y radicalización de las necesarias luchas actualmente en marcha.
La desconexión del Sur prepara el camino para la deconstrucción del propio sistema imperialista. (...)

Pero cuidado: es una ilusión esperar que a este sistema le sustituya “otro mundo monetario y otro sistema financiero" que sea más equilibrado y favorable para el desarrollo de las periferias. (...)

La misma cuestión de la desconexión es igualmente importante para Europa, que es una especie de sub escenario de globalización dominado por monopolios. El proyecto europeo fue diseñado desde afuera y construido sistemáticamente para desposeer a la gente de su capacidad para ejercer su poder democrático. 

La Unión Europea fue establecida como un protectorado de los monopolios. Con la implosión de la zona euro, la subordinación a la ganancia de los monopolios ha significado la abolición de la democracia, que ha sido reducida al estatus de farsa y que adopta formas extremas, concentrándose solo en la pregunta: cómo el “mercado" (o sea los monopolios) y las “agencias de calificación de riesgos” (es decir, de nuevo los monopolios) reaccionan? Actualmente ese es el único asunto planteado. Ya no es un tema a ser considerado el cómo la gente reacciona.  (...)

Está claro que ni aquí ni allí existe una alternativa a la audacia: es necesario "desobedecer" las reglas impuestas por la "Constitución Europea" y el ficticio Banco Central Europeo. En otras palabras, no existe otra alternativa que deconstruir las instituciones europeas y la zona euro. Este es el pre requisito insoslayable para la eventual reconstrucción de "otra Europa" de pueblos y naciones.   

En conclusión: Audacia, más audacia, siempre audacia.
En definitiva esto es lo que quiero decir con audacia:
  • (i) Para la izquierda radical de las sociedades de la Triada imperialista, la necesidad de un compromiso para construir un bloque social anti monopólico. 
  • (ii) Para la izquierda radical de las sociedades de la periferia, el compromiso de construir un bloque social alternativo anti-comprador.
 El capitalismo es ya un sistema obsoleto, su continuidad solo puede llevarnos a la barbarie. No es posible otro capitalismo. La posibilidad de un choque de civilizaciones es, como siempre, incierto. O la izquierda radical triunfa mediante la audacia de sus propias iniciativas para elaborar avances revolucionarios, o la contra revolución ganará. (...)

Audacia es lo que hace falta para provocar el otoño del capitalismo, otoño que será anunciado por la implosión del propio sistema y por el nacimiento de una auténtica primavera de los pueblos, una primavera posible."                        ('Audacia, más audacia' de Samir Amin, ALAI, América Latina en Movimiento, 2011-12-13)

14/4/11

Ilham se confiesa feminista, anticapitalista e internacionalista.... y lleva velo


Mujeres musulmanas, con los colores de la bandera francesa, se manifiestan contra la prohibición del velo en los colegios

"Ahí está ella: sentada en la última fila, en una sala del Palacio de Justicia de Aviñón, con sus ropas claras y el pañuelo en la cabeza, mirando los mensajes del teléfono móvil, aburrida, como todos.

Es Ilham Moussaïd, de 23 años, estudiante de gestión de empresas, una joven perfectamente desconocida en Francia hasta hace diez días y convertida ahora, de buenas a primeras, en una de las candidatas más polémicas a las próximas elecciones regionales, convocadas para marzo. (...)

El asunto es simple: Ilham figura en la cuarta posición de la lista política del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) por el departamento de Vaucluse (sureste de Francia).

No tiene posibilidades de salir elegida, pero esa no es tanto la cuestión como que este partido es heredero de la vieja Liga Comunista Revolucionaria, de corte trotskista, comandado por el brioso y popular Olivier Besancenot, de profesión cartero, líder de la extrema izquierda, abonado a toda manifestación o protesta que se desarrolle en la calle. Así, Ilham se confiesa feminista, anticapitalista e internacionalista.

Hasta ahí, bien. Pero se confiesa todo eso, y más, con el pañuelo musulmán en la cabeza. Por eso el revuelo, las críticas, los elogios, la perplejidad, en suma, de la sociedad francesa ante una candidata extremista adepta a una prenda demonizada que, para muchos -incluidas, claro, muchas asociaciones feministas-, simboliza la sumisión de la mujer respecto del hombre. (...)

A principios de 2009 dio un paso más y se adhirió al NPA: "Mi fe, en el fondo, se une a los principios del partido: el anticapitalismo o el internacionalismo son valores que, para mí, están en los dos sitios. Mi partido y el islam, según yo lo veo, son complementarios, muy complementarios", explica durante un descanso del juicio.

¿Pero no es todo un poco contradictorio?

-No. Yo soy feminista, es decir, estoy en contra de todo tipo de violencia y de opresión contra la mujer, defiendo la igualdad entre el hombre y la mujer. Pero no hay una sola manera de ser feminista o de defender a las mujeres.

Yo no estoy oprimida por llevar el pañuelo. Sé que hay mujeres que piensan que taparse la cabeza es un símbolo de opresión. Pero repito: yo no lo estoy. En los años setenta, tal vez podría ser así. Pero no ahora. Se trata de una elección personal. ¿Por qué lo repiten constantemente? ¿No se esconde aquí una profunda islamofobia?

Ilham decidió ingresar en el partido después de ver en televisión el bombardeo israelí sobre Gaza. (...)

"Fue en noviembre cuando decidí presentarme como candidata", relata. "Un comité de 14 personas pensó que yo debía ir en la lista y acepté. Ya entonces hubo resistencia en el partido. Había gente que no estaba de acuerdo. Por el pañuelo, claro", añade.

Uno de los que no estaba de acuerdo era, precisamente, el cabecilla Abdel. Pero por otras razones: "Yo me imaginé que la presión iba a ser mucha, que iban a ir a por Ilham, pero sólo a nivel local. Jamás pensé que esto iba a llegar a lo que ha llegado".

Pero bastó con que el diario Le Figaro publicase que el NPA presentaba una candidata con velo para que todo se disparara. (...)

"Yo no sabía que llevar un pañuelo era signo de laicidad", ironizó el ex primer ministro socialista Laurent Fabius. (...)

Muchos politólogos se alzaban de hombros, incapaces de digerir el fenómeno.

La combativa Fadela Amara, secretaria de Estado para asuntos de los barrios periféricos, criticó sin ambages la candidatura. "Me extraña que un partido político que se dice laico y feminista lleve en sus listas a una mujer con un pañuelo.

Ese pañuelo no es simplemente diez centímetros de tela sino el símbolo de un proyecto político de la opresión de las mujeres y de la confiscación de sus derechos. Esta estudiante forma parte de ese tipo de personas a las que he combatido siempre. Su manera de defender las libertades individuales simplemente me horripila".

La asociación feminista Ni Putas Ni Sumisas, de la que Amara fue en su tiempo directora, fue más lejos: aseguró que denunciaría la candidatura por considerarla ilegal y contraria a los valores de la República Francesa. (...)

Besancenot, que exige que nadie le dé lecciones de laicidad, ha respetado hasta ahora la elección del comité local de Aviñón: "Ni es un estandarte del NPA ni tenemos tampoco por qué ocultarla". Un periodista de radio con retranca le preguntó esta semana: "¿No era la religión el opio del pueblo?".

Él se salió por la tangente: "Esos a los que he oído tanto estos días hablar de la laicidad han instrumentalizado a esta candidata para darse lustre en ese aspecto. En el caso de la UMP (el partido de Sarkozy) es insoportable".

Ilham lo dice a su manera, sonriendo, con su voz escasa pero terminante: "La religión es una cosa privada. Y la laicidad es la separación de la Iglesia y el Estado. Yo no represento ni a la mujer musulmana ni al islam.

Yo represento en todo caso al Partido Anticapitalista y a las gentes de los barrios pobres de los que procedo". Recuerda que en otras épocas ha habido diputados en sotana y que jamás se les ha cuestionado. (...)

No sólo ha encontrado oposición en la derecha y en la izquierda política. También en su propio barrio. "Hay jóvenes que me han acusado de ensuciar el islam", cuenta.

Porque Ilham afirma, con la misma determinación con la que pide el transporte público gratuito y multas a las empresas que echan a trabajadores, que está a favor del aborto, de los derechos de los homosexuales y de las medidas contraceptivas.

Junto con su inseparable Abdel, ha organizado reuniones pequeñas en pisos, en casas y en locales pequeños de su barrio, donde trata de hacerse conocer de cerca, cara a cara.

A la inevitable pregunta de si se siente francesa responde que sí, que no puede sentirse de otro modo. "Soy francesa porque hablo francés y vivo aquí. Pero también soy fiel a mis orígenes bereberes.

Hay muchas maneras de entender la identidad". Abdel, su compañero de partido, aún es más claro: "Somos franceses porque ya no podemos ser otra cosa. Luchamos para que haya mejores escuelas, mejor servicio de correos, por un mundo mejor. Eso es ser francés".

"Un ciudadano que se compromete con una opción política tiene derecho a tener convicciones religiosas. Tendrá que demostrar que representará a los ciudadanos de todas las confesiones. Por eso hay que elegirla por su competencia y no por llevar el pañuelo".

Besancenot recordó otra cosa en la famosa entrevista del opio del pueblo: "La apuesta del NPA es la de aglutinar a los obreros, a los trabajadores precarios y a los militantes de los barrios precarios, entre otros. Hay un cantante, Jamel Debbouze, que decía eso: 'El rostro de Francia está cambiando. Y extrañamente cada vez se parece más al mío".

Ilham también lo dice a su manera: "Se acusa al Nuevo Partido Anticapitalista de querer atraer a los jóvenes de los barrios. Es al revés. Los jóvenes de los barrios nos hemos ido a ese partido porque consideramos que es el que nos representa. Y los jóvenes de los barrios somos así".

Abdel refrenda: "Los viejos militantes de la Liga Comunista Revolucionaria son expertos en política, profesores de universidad de más de 50 años. Pero no saben lo que es un barrio de la periferia.

Por eso no nos aceptan del todo, a nosotros, a los que vivimos ahí y hemos decidido movernos y luchar. Por eso se extrañan de cómo somos. Yo también soy creyente y musulmán. Pero activista. Y seremos más. Eso es lo que ha cambiado". (El País, Domingo, 21/02/2011, p. 6)