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28/11/19

El bajo coste...“Cuando te hacen grandes ofertas es que el precio que pagabas estaba muy por encima de lo que debería”

"Desde hace más de una semana hay estímulos continuos de una cita que, para todo consumidor de bien, parece ineludible: el Black Friday. Los gigantes tecnológicos ofertan descuentos y hasta algunos pequeños comercios se suman a un día en el que les cuesta todavía más competir con las grandes cadenas. 

Por eso diversos colectivos sociales pertenecientes al Mercado Social de Madrid celebran la semana sin compras, que trata de dar alternativas a las compras masivas en centros comerciales y al consumo irracional sin pensar en cuestiones como la huella ecológica. 

“En cosmética se tiende a comprar cosas que no se usan y a acumular”, cuenta Victoria Hermida, de Ecoeko, un laboratorio cosmético que produce de forma artesanal, local y ecológica. “Además, suelen ser productos que, además de llevar muchos componentes tóxicos, persiguen ideales de belleza que te esclavizan emocional y socialmente, con una huella ecológica inmensa”. 

Prácticamente todos sus productos son veganos y tienen una fecha de consumo preferente de nueve meses a un año.

“Si el producto que compras tiene una caducidad muy alta es que es bastante tóxico y está inerte, muerto”, explica. “Nosotras fabricamos el producto y la misma semana lo vendemos. Los productos son frescos, las cosechas son las del año. Tienen mucha vida y conservan todas sus propiedades”. Ecoeko participa en la semana sin compras con un ecotupper, es decir, una charla informativa y gratuita en la que enseñan a leer las etiquetas cosméticas para identificar los componentes que el Gobierno califica como tóxicos y las enfermedades con las que están relacionados. 

El emprendimiento social a través de la ética para intentar cambiar las condiciones laborales en sectores en los que la explotación es muy grande, como en el caso del sector textil, también tiene un gran peso en esta cita. FAM y LIAS nació como colectivo social que ayudaba a familias con diversidades y a gente cuya orientación sexual, por ejemplo, le hacía sufrir hostilidades o maltratos en el seno de su propia familia. Poco a poco fueron explorando otros ámbitos de actuación y así llegaron a la moda sostenible, de la mano del proyecto “Moda con ética”, junto con Customizando

“Hacemos formaciones, reciclaje textil, patronaje, estilismo y cooperativismo. Todas estas formaciones están destinadas a personas que tuvieran una idea de negocio. A los que más avanzada tenían la idea les hemos ofrecido estar becados en nuestro espacio de coworking textil, en el que hay máquinas industriales, un centro de planchado industrial de sastre o mesas de corte, cosas que en casa es más complicado tener”, explica Carmen López. 

Las personas becadas han sacado sus marcas y las presentarán el día 29 en un showroom en el que cada marca tendrá un puesto propio, junto con un taller de reutilización textil. “El Black Friday promueve consumo masivo y el pequeño comercio no puede asumir determinadas campañas de las grandes superficies. Si una gran cadena vende ahora una televisión a 300 euros que antes vendía a 400, es porque el precio es 300 o incluso menos. Siempre van a obtener beneficios”. López añade, además, el efecto “llamada” al consumo desmedido. “Ya que me compro la televisión más barata, pues entonces me compro también una batidora, aunque la mía funcione perfectamente”. 

Una de los retos de estas cooperativas es intentar atraer a la clientela hacia un consumo más consciente, cuyo estímulo principal no sea el precio. “Que no solamente te preocupe que los materiales sean buenos, sino que la mano de obra que los está fabricando tenga unas condiciones laborales dignas. Si la tela de una camiseta me cuesta 2 euros y la camiseta ya cosida 4, es evidente que ahí hay una explotación”, señala López. 

En FAM y LIAS priman la inserción laboral de mujeres en el sector textil, ya que la confección de ropa se realiza en su mayoría por mujeres y muchas sufren explotación o precarización. “Vimos que había un grupo importante de personas, casi todas mujeres, que querían emprender y que ya hacían arreglos textiles en su casa, entonces pensamos en profesionalizarlo, dándoles formación y asesorando para que pudieran crear sus negocios. Para ello se creó Customizando”. 

Uno de los lemas de Altrapo Lab, cooperativa de reciclaje textil, es que “la ropa vale poco y cuesta mucho”. Una de sus actividades más demandadas es el intercambiador de ropa, que celebrará el próximo domingo 1 de diciembre. “Tenemos un sistema de puntos. La gente trae su ropa y recibe los puntos que le corresponden por el tipo de prenda, que podrá canjear por la ropa que le interese”, relata Natalia Castellanos. Altrapo Lab quiere visibilizar otro modelo de consumo “en el que no hace falta comprar nada nuevo, sino darle valor a la segunda mano”. Pone de ejemplo al fundador de la marca de montaña Patagonia, que dice que “la prenda más verde es la que ya existe”. 

El intercambiador se hace dos veces al año, normalmente en primavera y otoño, cuando suele haber cambio de armario. “Si te sobran puntos los puedes guardar para canjearlos en el siguiente intercambio”, dice Castellanos. El evento anual de Altrapo Lab se hace en primavera en La Casa Encendida. Es un maratón de reciclaje textil en el que diversos diseñadores y diseñadoras cosen en directo con ropa reutilizada. A su alrededor hay talleres y charlas. Coincide con el Fashion Revolution Ray, que se celebra desde 2014. “Ese día se conmemora el accidente en las fábricas textiles de Bangladesh en 2013 en el que murieron miles de personas fabricando las prendas de consumo rápido que aquí casi ni valoramos”.                     (Laura Cruz, 27/11/19)

9/9/14

La teoría del embudo: de un lado, millones de consumidores; de otro, miles de productores; y en el medio, unas pocas cadenas de distribución que marcan las reglas del juego

"A nadie se le oculta que la consolidación de las cadenas de supermercados e hipermercados ha cambiado radicalmente nuestra manera de consumir, y sobre todo, de alimentarnos. Pero tal vez no seamos conscientes de hasta qué punto esa nueva forma global de distribución, cada vez concentrada en menos manos, afecta a nuestras vidas.

Como recientemente recordaba Esther Vivas, en España el primer supermercado abrió en 1957 y el modelo se consolidó a lo largo de los 80 y 90. A día de hoy, en estas grandes
cadenas adquirimos los españoles entre el 68% y el 80% de nuestra cesta de la compra1. Además, sólo cinco cadenas (Carrefour, Mercadona, Eroski, Alcampo y El Corte Inglés) acaparan el 55% de los alimentos que compran los españoles y, si sumamos a las dos principales centrales de compra mayoristas, esa cifra alcanza el 75%2

 Una dinámica parecida se aprecia en Europa: el caso extremo es Suecia, donde tres cadenas de supermercados controlan el 95% de la cuota de mercado. Frente a esta realidad, el comercio local tradicional lucha apenas por sobrevivir: en 1998 había 95.000 tiendas en España; en 2004, apenas 25.000.  (...)

Primera conclusión: la fantasía del “oasis de libertad” del consumidor que genera la visión de decenas de estantes cargados de coloridos paquetes de distintas formas y tamaños oculta la realidad de que nuestras opciones cada vez son más limitadas: casi todos esos productos son elaborados por un pequeño grupo de grandes multinacionales, y se venden en un puñado de cadenas de hipermercados o de tiendas de descuento que pertenecen al mismo grupo.

El consumidor cada vez tiene menos opciones para comprar alimentos y los productores, menos alternativas para distribuir sus productos. Es la llamada teoría del embudo: de un lado hay millones de consumidores; de otro, miles de productores; y en el medio, unas pocas cadenas de distribución que marcan las reglas del juego, pagan precios bajos a los productores y privilegian en sus estantes productos industrializados y poco saludables y alimentos “kilométricos” o “viajeros”, que vienen de la otra esquina del mundo. 

La consecuencia más evidente es la desigualdad de fuerzas de los productores de alimentos a la hora de colocar sus productos: según un cálculo de 2007 de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores (Coag), la diferencia media entre el precio que se paga a los productores de alimentos y el que paga el consumidor final ronda el 390%. Se estima que más del 60% del beneficio va a parar a los distribuidores.

Pero la regla del máximo beneficio se aplica también en el interior de estas grandes cadenas, a sus trabajadores. Vivas asegura que los empleados de estas corporaciones “están sometidos a una estricta organización laboral neotaylorista caracterizada por ritmos de trabajo intensos, tareas repetitivas y rutinarias y con poca autonomía de decisión” y, cada vez más, los grandes hipermercados apuestan por el empleo precario y temporal, con horarios atípicos que incluyen los fines de semana e imposibilitan la conciliación de la vida laboral con la social y laboral. 

En algunos de estos centros, según la autora, “se lleva a cabo una política antisindical” a través de “p?acticas ilegales” que dificultan el derecho a reunión y la creación de sindicatos.

¿Son tan baratos los hipermercados? Explotación laboral, precios irrisorios a los productores, contaminación por transporte de los “alimentos kilométricos”. Todo ello, supuestamente, posibilita que lleguen a las estanterías de los hipermercados productos mucho más baratos que los del tradicional comercio de proximidad. 

Pero, ¿esto es así realmente? El sociólogo Christian Topalov lo cuestionó hace 35 años en su obra La urbanización capitalista. Hacía allí una observación aguda: al menos una parte del dinero que supuestamente ahorramos en el precio del producto lo gastamos en combustible y en tiempo. Y en calidad de vida, aunque eso sea más difícil de cuantificar en euros.

Los grandes supermercados suponen, añade Topalov, un retroceso en la división social del trabajo: antes los pequeños comerciantes se ocupaban de transportar las mercancías hasta muy cerca de nuestra vivienda; ahora, ese trabajo lo realiza el propio consumidor, que debe desplazarse una cierta distancia, y con frecuencia necesita forzosamente el automóvil para ello.

 El hecho de que ahora hagamos los consumidores algo que antes hacían los minoristas supone que, considerando a la sociedad en su conjunto, la distribución de las mercancías requiere más tiempo de trabajo y también implica más gasto en transporte y más contaminación. Y, si consideramos todos estos factores, siguen siendo tan baratos los hipermercados?

Seguramente no, si consideramos un último factor: la incitación constante al consumismo que se hace en las grandes cadenas de la distribución. Desde las promociones 3×2 a la disposición de los estantes, cada detalle está orientado a hacernos comprar más productos de los que necesitamos, y a menudo, a adquirir alimentos industrializados y poco saludables. 
El capital sale ganando, pero, ¿y nosotros? Seguramente no, y cada vez más consumidores comienzan a entenderlo y a buscar alternativas, como la creación de grupos de consumo y la compra directa a cooperativas y pequeños productores."     (La Marea, 07/09/2014)

24/3/14

O prezo dos alimentos cuadriplícase do agricultor ao consumidor

"A diferenza entre o prezo que lle pagan ao agricultor en orixe polos seus produtos e o que paga o consumidor final na tenda ou no supermercado foi de máis do 400% durante o mes de xaneiro. Dito doutro xeito, os prezos destes alimentos en orixe multiplicanse por 4,07 ao chegar ao consumidor, unha enorme diferencia que vai a mans dos intermediarios.

Así se pon de manifesto no Índice de Prezos en Orixe e Destino dos Alimentos (IPOD) que elabora mensualmente a Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG). A diferenza dos prezos entre o agricultor e o consumidor foi maior no caso dos produtos de horta (4,3 veces) que nos gandeiros (3,17).

Como exemplos máis salientables está o repolo, que pasou dos 0,14 euros percibidos polo agricultor aos 1,25 euros pagados polo consumidor, 8,93 veces máis, cun incremento do 793%. 

Outros encarecementos que se reflicten son os da laranxa, cuxo prezo multiplicouse por 7,33, desde  0,18 a 1,32 euros por kilo, o limón que pasou de 0,31 céntimos a 1,68 euros, o que implica un 442% máis, e o da couveflor, cuxo valor aumentó entre orixe e destino 5,96 veces, de 0,28 a 1,67 euros por kilo.

Entre os produtos gandeiros, destaca a diferencia para a carne de coello, que se multiplicou por
2,88, desde os 1,85 euros en orixe aos 5,33 en destino.

Unha mostra: Mercamadrid

O público en xeral pode ver esta gran diferencia de prezos consultando a web de Mercamadrid, o maior mercado de produtos de horta, carne e peixe da Península, que é a refencia de prezos para todo o Estado.

Compre sinalar que os prezos que se observan son parciais, xa que son os prezos que se pagan aos intermediarios que xa lle mercaron os produtos aos agricultores e gandeiros. De figurar os prezos en orixe, a diferencia sería moito maior, na liña do estudo da COAG.

A relación directa entre agricultor e consumidor, unha alternativa posible

Fronte a este modelo que empobrece aos agricultores e gandeiros e que se basea nunha agricultura e gandeiría intensivas, que deterioran o medioambiente e minguan a calidade e os valores nutritivos dos produtos, cada vez se consolidan máis a relación directa entre agricultor e consumidor a través de cooperativas de consumo e mercados locais de proximidade baseados nun produto local e producido de forma sustentable. Este é o IPOD"                     (Galicia Confidencial, 06/02/2014)