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27/12/21

Democracia Económica y estrategia sindical: condiciones para la empresa como «bien común»

 "El autor argumenta sobre la necesidad de enriquecer las estrategias del mundo del trabajo incluyendo la idea de empresa participativa como núcleo de la democracia económica. Asume que se trata de un objetivo válido en todo momento: en situaciones ofensivas (cuando se tiene fuerza) y defensivas (cuando no se tiene) porque es la única que puede aunar los esfuerzos de grupos laborales de perfil variado en torno a una nueva concepción del bien común y una nueva idea de sociedad. Para ello, defiende recuperar las ideas motoras del cambio social. 

Cualquiera que haya trabajado en una empresa habrá escuchado decir a altos mandos, y también a sus jefes y directivos, que “todos estamos en el mismo barco”, que a todos nos interesa que la empresa vaya bien, porque “la empresa somos todos”. Con ello se diluye la existencia de la disputa sobre el reparto del excedente y la existencia de partes confrontadas: se diluye quién decide, quién saca tajada de esas decisiones y a donde nos conducen a medio y largo plazo.

La bandera del “bien común” empresarial es una bandera que despliega la gerencia mientras buena parte de los trabajadores y los sindicatos que los representan parecieran sentirse cómodos solo defendiendo “lo suyo”, es decir,  la defensa de “intereses de parte” (condiciones laborales, salarios, empleo) pero nunca cuestionando o interesándose por los rasgos del proyecto empresarial ni por la “dirección del barco”.  Como señalaba Marx, la realidad capitalista les aliena del producto de su trabajo.

Esa percepción está tan extendida que es usada también en empresas públicas, es decir, en aquellas en las que la empresa es, por definición, un instrumento del interés general en el que los trabajadores no son una parte más, sino una de las principales partes interesadas en vigilar que el producto de su trabajo se materialice en la dirección deseada.  

No todos los trabajadores se posicionan, sin embargo, del mismo modo. Parte de ellos, en particular los grupos más cualificados que ocupan posiciones intermedias, suele ser más sensibles y mostrar más interés por la coherencia de las decisiones y la dirección estratégica, el “adonde vamos”, pero nunca como un todo, sino a nivel individual. De modo que la idea de la empresa como “bien común” no pasa de ser un subterfugio que justifica y oscurece, por un lado, la apropiación del excedente por parte de los accionistas, y, por otro, el monopolio del poder de decisión de la gerencia y las ventajas particulares que obtienen de ejercerlo.

Un futuro alternativo

Imaginemos ahora el futuro. ¿Cuáles son los rasgos que atribuiríamos a la empresa del futuro en un entorno postcapitalista? ¿Cómo imaginamos la producción de riqueza y cómo su interrelación con el tiempo de ocio y el buen vivir? ¿Cómo imaginamos su propiedad y cuales sus mecanismos de control, quiénes sus dirigentes y cómo la forma de elegirlos, cómo se tomarían las decisiones diarias y cómo las estratégicas?

Puede que sea una utopía lejana pero merece la pena esa ensoñación pues no hay cambio social sin una propuesta alternativa de bien común. Hace demasiadas décadas que la sociedad no tiene un referente por el que luchar.

Siguiendo con la utopía abría que vislumbrar cuales serian los rasgos de una transición de ese tipo. Parece difícil asumir que  se produciría “de una vez” como efecto de una revolución mundial, más bien como ocurre en procesos complejos, con idas y vueltas por territorios, en el que las diferentes concepciones de empresa y de sociedad, lo viejo y lo nuevo, coinciden y disputan su hegemonía durante un largo periodo de tiempo. Así fue el transito entre el feudalismo y el capitalismo y así suelen ser los procesos de cambio social.

Y ahora viene la pregunta crucial. ¿Hay elementos, incrustados en la realidad presente, que anticipen ya el futuro deseado? ¿Es posible iniciar desde ya, en la misma sociedad capitalista, la construcción de modelos organizativos que actúen como moléculas de la nueva sociedad, con algunos de los rasgos participativos que deseamos para las empresas del futuro?

 Si contestamos negativamente a las preguntas anteriores puede que nos estemos cegando la marcha de la historia. Pero si contestamos con un sí estamos obligados a definir esas moléculas, que referido a lo que nos ocupa, significa definir cuáles son las condiciones mínimas imprescindibles para empezar a considerar las empresas como un bien común, las que permitirían poder comportarse como si la empresa fuera de todos y disputar a las gerencias actuales su particular visión de las falsedades que engloba la frase «estar en un mismo barco». Significa construir un modo de gobernanza que permita la concertación de intereses compartidos.

Ese escenario nos dibuja un proceso de cambio social que nos lleva a profundizar en el significado de la DEMOCRACIA  ECONÓMICA como forma de repensar la sociedad que queremos. Confrontar el gobierno actual de las empresas con una alternativa que incorpora una nueva institucionalización de intereses compartidos, debería ser uno de los motivos que marcaran las prioridades estratégicas del mundo del trabajo.

Enriquecer la estrategia sindical 

¿Qué cambios en la estrategia sindical deberían producirse para desplegar una bandera que da la vuelta a la idea “la empresa somos todos»? ¿No facilitaría ese planteamiento una mayor permeabilidad en los sectores profesionales e intermedios de los trabajadores, alejados hoy de las meras disputas por el Convenio Colectivo? ¿Cómo incorporar en el lenguaje sindical cargado de objetivos centrados en negociación colectiva la aspiración a reclama unos requisitos mínimos de confianza que permitan ponderar de otra forma los intereses de accionistas, directivos, trabajadores, proveedores, clientes…. suficiente para aceptar el principio de que la empresa “somos todos”?  

La misión de los representantes de los trabajadores sería acceder a ese estadio en el que «sus intereses de parte» encuentran un acomodo vigilante mientras se muestra interés en participar en el “cómo producir” y “qué producir”. Y ello vale tanto en situaciones defensivas en la que toca saber resistir situaciones de crisis o en situaciones ofensivas en los que toca construir un clima laboral que favorezca un entorno innovador y competitivo.

En cualquier caso, conviene asumir que este camino no diluye los conflictos de clase sino que los da perspectiva. Es más hay que asumir que incluso en un estadio avanzado de ese futuro deseado, las empresas no estarán libres de tensiones con grupos de interés enfrentados. Ni en el camino ni en el destino se eliminarán las tensiones que conlleva la realidad social. Ni las luchas consecuentes. La historia nos muestra que siempre hay que estar atento a las injusticias percibidas por unos u otros, que donde hay desigualdad e injusticia hay resistencia. Y que en la medida en que mutan los poderes empresariales, cambian las mismas empresas y las formas de gobierno y, como consecuencia, cambian la naturalezas de los conflictos y la naturaleza de las resistencias.

La transparencia y el debate sobre objetivos en las estrategias de largo plazo, atreverse a disputar el destino del reparto de rentas o la jerarquía de las decisiones, las formas de funcionar o las formas de decidir….serian la expresión de los nuevos conflictos.  Se producirían, en cualquier caso, en organizaciones con una institucionalización del poder democrática, hasta el punto de justificarlas como plasmación de una utopía, una expresión de lo que aspiramos.

Puede que la tarea sea inmensa y cargada de riesgos pero no creo que exista camino alternativo."                   (Ignacio Muro Benayas, Plataforma por la Democracia Económica, 27/11/21)

10/6/20

El fin de la corporación como paradigma capitalista

"El Instituto Federal de Tecnología de Zúrich descubrió en 2011 que sólo 1.318 corporaciones de gran tamaño controlan el 80% de las ganancias empresariales. Estas corporaciones son, a su vez, propiedad de unos pocos: el 10% más rico de la población de Estados Unidos posee el 84% de las acciones de empresas que cotizan en Bolsa. El mismo estudio mostró que 147 empresas controlan el 40% de la riqueza total de la red.  

Resulta claro que pretender controlar el enorme poder de las corporaciones aprobando regulaciones, pero manteniendo intacto su objetivo de maximización de beneficios, no ha funcionado. Lo que debe cambiar es el diseño estructural y la propiedad de la propia corporación. Mientras la estructura corporativa se mantenga intacta no hay suficiente retórica o regulación externa que pueda alejar a las empresas de su objetivo actual: crear más riqueza para los ricos, a la mayor velocidad posible. 

En el delicado contexto actual, en el que acecha la emergencia climática y la desigualdad, es hora de hacer obsoleta la corporación maximizadora de ganancias y controlada por los accionistas. Necesitamos crear un concepto completamente nuevo de compañía, una empresa justa, diseñada de adentro hacia afuera con un nuevo mandato: servir al bienestar general.

Un nuevo paradigma

Para que nuestra civilización pueda vivir de manera segura con bienestar dentro de los límites planetarios se necesitarán procesos más democráticos de toma de decisiones económicas. En el epicentro de este cambio aparecen nuevos tipos de propiedad empresarial guiados por criterios de justicia. Una empresa es justa si tiene una propiedad amplia y ha evolucionado más allá de la norma de maximizar la ganancia para unos pocos hacia la incorporación de una nueva norma de servicio para la mayoría.

El propósito de la economía es satisfacer las necesidades humanas. Cuando las empresas existen únicamente para generar ganancias para el capital, la sociedad está en peligro. Hoy nos encontramos en una economía del 1%, por el 1%, para el 1%. Una economía de, por y para las personas requiere un nuevo arquetipo de empresa. Como señalé en Owning Our Future, el diseño empresarial se define a través de cinco elementos centrales: propósito, propiedad, gobernanza interna, capital y redes. Externamente, por encima y alrededor de ello está la relación de la empresa con el gobierno. Internamente, el diseño empresarial potencia el liderazgo ético o el liderazgo de extracción con la intención de acumular riqueza privada.

A diferencia del monocultivo de la empresa controlada por el capital, se puede vislumbrar un nuevo modelo con una rica diversidad de diseños que incluyen cooperativas, empresas propiedad de los empleados, bancos comunitarios, cooperativas de crédito, empresas sociales, bancos estatales, empresas públicas y comunidades, entre otros. En ellos, la propiedad y el control no están en manos de la economía de casino, sino de las personas con un interés natural en las comunidades y ecosistemas saludables. Los diversos modelos actuales muestran que la arquitectura de propiedad define el propósito del negocio y determina en gran medida si las empresas operan teniendo en cuenta el bien común. 

Dichas empresas son precursoras de un modelo emergente que puede convertirse en nuestro guía hasta que podamos enfrentar el gran desafío de rediseñar las corporaciones. La generación emergente de empresas aún requieren capital, pero como su socio, no como su amo. Redes éticas como las redes mundiales de cooperativas respaldan a estas empresas. La mayoría de ellas generan ganancias, pero no las maximizan. Buscan equilibrar el beneficio con la misión.

Las empresas sociales también incorporan un claro propósito público y utilizan métodos empresariales para abordar problemas sociales, por ejemplo las creadas para contratar a los desempleados de larga duración. Tech Dump en Minneapolis, por ejemplo, entrena a exreclusos en el reciclaje de productos electrónicos.

Cabe destacar el contraste con las empresas controladas por el capital, donde sólo los accionistas –propietarios del capital– son considerados miembros. Los empleados de las empresas tradicionales no son miembros. Están marginados y desposeídos, no tienen derecho a reclamar los beneficios que contribuyen a crear y carecen de voz en el gobierno, ganando poder sólo a través de la afiliación sindical. Pero en una empresa propiedad de los empleados como JLP, la plantilla no está conceptualmente fuera de la empresa. Ellos son la firma.

El tipo de empresas alternativas más antiguo y extenso es el sector cooperativo –negocios propiedad de las personas a las que sirven– que incluye, entre otras, cooperativas de crédito propiedad de los depositantes, cooperativas agrícolas y cooperativas de consumidores.

También resulta vital para nuestro futuro quién posee el sistema bancario, un tipo de servicio que proporciona un bien público, y, por tanto, apropiado para que sea de titularidad pública. La Unión Europea (UE) tiene más de 200 bancos públicos y semipúblicos, con más de 80 agencias de financiación, que engloban el 20% de todos los activos bancarios. Las 413 cajas de ahorro municipales de propiedad pública de Alemania, Sparkassen, poseen más de 1,1 billones de euros en activos. Durante la crisis financiera mundial, estos bancos se mantuvieron al servicio del público, libres de las demandas de los especuladores que llevaron a otras entidades financieras a malas prácticas que casi hundieron la economía mundial. 

Nuestra sociedad se encuentra en un punto de ruptura, pero también en un momento de profunda innovación y rediseño. Estos modelos de propiedad alternativa tienen mucho que enseñarnos sobre lo que vendrá después: cómo se pueden aplicar sus lecciones de diseño al gran desafío de la corporación moderna.

De la regulación al diseño institucional

En un momento en que el planeta está al borde del abismo, millones de personas viven en la ansiedad económica y la extrema derecha crece en todas partes, es evidente que las viejas formas de regular el capitalismo ya no son adecuadas para enfrentar los problemas actuales. 

La economía contemporánea centrada en el capital está comenzando a resultar insostenible incluso para sí misma; es un sistema programado para su propia implosión. La comunidad financiera habla de la “burbuja de todo”, el aumento insostenible en el valor de las acciones, los bienes raíces y otros activos. 

Diez años después de la crisis financiera mundial, lo que ha cambiado es que los jóvenes se están movilizando de una forma que no se veía desde la década de 1960, y las ideas políticas radicales están sobre la mesa como nunca antes. 

Es posible que nos estemos acercando a un punto de inflexión en el que se vislumbra un cambio histórico importante. 

Una vez que un sistema pierde legitimidad, no importa cuán fuerte parezca, finalmente caerá. El sistema capitalista ya ha perdido gran parte de su legitimidad y este proceso puede profundizarse a medida que más gente vea cómo y por qué el sistema está fallando a la gran mayoría. 

Lo que a menudo mantiene en pie un sistema político-económico agonizante es el fracaso de la imaginación. Pero los principales pensadores y activistas de hoy están perforando la aparente invencibilidad del capitalismo con propuestas y enfoques audaces. Por ejemplo, en Estados Unidos, mi colega de The Democracy Collaborative, Thomas Hanna, ha propuesto que en la siguiente crisis financiera los bancos que quiebran deberían hacerse de titularidad pública. Sería una forma de desfinanciarizar nuestra economía, fragmentar grandes concentraciones de capital y proporcionar los fondos necesarios para prioridades como la energía verde.

Algo similar puede aplicarse al sector energético. Tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos, está ganando impulso el compromiso con un sistema de energía renovable justo y controlado por la comunidad. En los últimos años, ha habido un aumento de las campañas de adquisición de servicios públicos, incluida la campaña Switched On London y la campaña #NationalizeGrid contra National Grid, una compañía británica con fines de lucro que opera tanto en Nueva Inglaterra como en el Reino Unido.

Otro sector donde se necesitan empresas de nueva generación es el de salud, particularmente el sector farmacéutico, en el que la escalada de precios, la escasez recurrente, los problemas de seguridad posteriores a la comercialización y el aumento de la financiarización son resultados naturales de las empresas diseñadas para maximizar ganancias. Mi colega Dana Brown ha propuesto desarrollar un sector farmacéutico público para los Estados Unidos, como un enfoque sistémico que reemplace la necesidad de reformas poco sistemáticas que luego podrían ser revertidas.

Además de las estrategias sectoriales, se pueden promover empresas de nueva generación a través de la propiedad de los empleados, una opción ya madura para aplicarse a gran escala. En Italia, por ejemplo, los trabajadores cuyas empresas cierran tienen el derecho prioritario de unirse a sus compañeros y adquirir la empresa, de conformidad con la Ley Marcora. El Partido Laborista ha propuesto un derecho similar en el Reino Unido, y Bernie Sanders hizo lo propio en los Estados Unidos.

También se necesitarán nuevos modelos en el sector de la tecnología. Existe un movimiento a favor de las cooperativas de plataformas propiedad de los trabajadores, como alternativas a las empresas de alta tecnología propiedad de multimillonarios. Un exejecutivo de Microsoft sugirió un modelo de “capital de usuario final”, en el que los usuarios obtienen capital en empresas como Facebook, ya que los datos de los usuarios agregan valor. Una start-up llamada Driver’s Seat ayuda a los conductores de viajes en automóvil a agregar y capturar el valor de sus datos, en lugar de que lo extraigan empresas como Uber. En estos variados enfoques podemos ver cómo se podría promover un nuevo paradigma de la empresa justa.

Reconceptualizar la empresa, rediseñarla, desplazar a la corporación tal como la conocemos es una tarea tan enorme como la eliminación de las emisiones de carbono, pero ambas son igualmente necesarias. La diferencia es que si bien el desafío climático está mucho más avanzado conceptualmente y es ampliamente aceptado como esencial, la tarea de rediseñar la corporación apenas se reconoce y sigue siendo muy poco teorizada. En todo esto, los movimientos sociales y ambientales tienen un importante papel que desempeñar. También son vitales los teóricos y los estudiosos del derecho, necesarios para avanzar en las teorías académicas de la empresa justa.

El bien común debe formar parte del ADN de las instituciones y sus prácticas económicas. Si podemos lograr tal transformación, significará que el bienestar económico de la comunidad y los trabajadores ya no dependerá de los caprichos legislativos o presidenciales en un momento determinado, sino que estará respaldado por un cambio duradero en la arquitectura subyacente del poder económico: el diseño de la propiedad y el control. Necesitamos pasar a un nuevo tipo de sistema económico eficiente, sostenible desde el punto de vista político y ecológico: una economía política moral y democrática diseñada para el bienestar de todas las personas.

Las corporaciones siguen teniendo el control con el único objetivo de generar ganancias a corto plazo. Es hora de comenzar juntos a imaginar el diseño de la empresa de la próxima generación."

(Marjorie Kelly es investigadora superior y vicepresidenta ejecutiva de The Democracy Collaborative (TDC) y destacada teórica en “diseño empresarial de próxima generación”. CTXT, 27/05/20)

26/12/18

El movimiento de los “chalecos amarillos” ha evidenciado una característica esencial en la construcción de la nueva sociedad. Se trata de la horizontalidad en las decisiones de las organizaciones sociales, sean éstas políticas, judiciales, educativas, sindicales, etc... basada en el financiamiento ilimitado para la creación y desarrollo de empresas-país...

"El movimiento de los “guilets jaunes” ha evidenciado una característica esencial en la construcción de la nueva sociedad. Se trata de la horizontalidad en las decisiones de las organizaciones sociales, sean éstas políticas, judiciales, educativas, sindicales, etc.  (...)

Y la base socio-económica que presentamos, como alternativa al Capitalismo, se apoya en la economía de mercado, la Repartición más o menos igualitaria, la propiedad colectiva (o comunitaria), y el financiamiento ilimitado para la creación y desarrollo de empresas-país. Estos cuatro elementos condicionan los dos parámetros de las nuevas instituciones.

En estas condiciones, las personas ya no requieren de “representantes” para manejar sus vidas y su economía. Ellos mismos pueden actuar en forma directa en la solución de sus problemas. Y es esta nueva base socio-económica que permitirá configurar los dos parámetros de las nuevas instituciones. 

El primer parámetro, las instituciones serán horizontales y, el segundo, ellas serán organizaciones simples dentro de un mundo complejo.

Para visualizar los dos parámetros de las nuevas instituciones que responden a esta nueva base socio-económica, utilicemos tres ejemplos. El primero será el nuevo sistema financiero; el segundo, la gestión de una obra pública y; el tercero, el Juicio por Jurados.

El nuevo sistema financiero

El sistema actual de financiamiento de obras y servicios públicos está supeditado directamente a la decisión del Presidente de la República, vía el ministro de economía y finanzas, por más pequeña que sea la obra o por más alejado del centro de poder que se encuentre el servicio.

Es un sistema financiero totalmente vertical y, en corto, diríamos que es de un solo caño de financiamiento. Sin embargo, son miles y miles de obras y servicios que quedan por hacer mientras que, por otro lado, existen millones de personas desocupadas. Por ello, es necesario y urgente que existan mil caños de financiamiento.

El nuevo sistema financiero facilitará la apertura de una Agencia Bancaria en cada lugar que se proyecte una inversión. Y esta agencia tendrá el pleno mandato de realizar la emisión monetaria correspondiente sin tener que esperar el visto bueno de una jerarquía superior. Los niveles jerárquicos existirán, pero la decisión será tomada por la Agencia Bancaria que sigue de cerca el desarrollo en la decisión de una nueva obra o servicio.

Entonces, el nuevo sistema financiero, en sus decisiones, será horizontal. La nueva base socio-económica garantizará la horizontalidad en las decisiones. Y las organizaciones serán simples dentro de un mundo complejo.

La gestión de una obra pública

Tomemos el caso de una nueva escuela, como podría ser el de construir un nuevo puente, una carretera o un espacio público. Una cierta localidad crece en número de habitantes y los vecinos sienten la necesidad de contar con un local escolar. Ellos, grandes y chicos, se reúnen y deciden su construcción. Los estudios de factibilidad demuestran que existirá un equilibrio entre los ingresos y los egresos.

A lo largo de este proceso, los vecinos estuvieron acompañados de un servidor de la Agencia Bancaria, de tal forma que, tan pronto la decisión final fue tomada, el maestro de obra encargado de realizar la construcción del local, tendrá el financiamiento requerido.

Una vez terminada la obra, constituido el plantel docente y administrativo, la escuela pudo acoger a los alumnos, y los padres de familia se encargaron, mes a mes, de pagar el costo integral del servicio formación profesional que ellos demandaron para sus hijos.

En esta descripción resumida del ejemplo, se pueden observar tres particularidades. Uno, el financiamiento de la obra y de la formación profesional se encuentra garantizado a través de la emisión monetaria. Dos, son los vecinos que pagan mensualmente el costo integral, tanto de la obra como del servicio formación profesional. Tres, el funcionamiento del centro de formación profesional, tanto en su parte administrativa como formativa, es decidida en el mismo centro de formación profesional, en donde participan tano los padres de familia como los educandos.

En este ejemplo se puede observar los dos parámetros de las nuevas instituciones. Primero, las decisiones son tomadas en forma directa, horizontal. Segundo, el centro de formación profesional tiene la forma de una organización simple dentro de un mundo complejo.

La organización y las decisiones verticales dejan de existir. ¿Y esto por qué? Simplemente porque todas las personas tienen en sus bolsillos, en partes más o menos iguales, la totalidad del Producto Bruto Interno del país. Además, cuentan con un financiamiento ilimitado y gratuito, lo que indica que el local pertenecerá al país.

El Juicio por Jurados

En la actualidad, la administración de justicia es uno de los mejores ejemplos de centralismo, totalitarismo, demora en la decisión final y corrupción. Al interior del país, las decisiones judiciales son motivo de apelaciones a instancias superiores, por lo menos tres, para que al final sea el Presidente de la República quien trance.

Pero ello, en varios de los casos, el asunto no termina ahí; porque las decisiones del Tribunal Constitucional, de la Corte Suprema o del Presidente de la República son pasibles de apelaciones a nivel regional o mundial. De esta forma, un contencioso judicial dura decenios e incuso siglos, antes de que se obtenga la decisión final.

Todo esto deberá terminar con el Juicio por Jurados. Una administración de justicia cuyo ámbito territorial será definido por la misma población a fin de que tenga una talla humana. Sus decisiones serán a un solo nivel; es decir, sin derecho a apelación. Esto no impide las instancias superiores que tendrán únicamente un rol de coordinación.

El cuerpo central de un Juicio por Jurados son precisamente los Jurados, quienes decidirán la responsabilidad o inocencia del inculpado. Los Jurados, que podrían ser doce, serán elegidos al azar y entre todos los habitantes mayores de edad, del ámbito territorial del Juicio por Jurados. La única condición para ser designado como Jurado, y por una sola vez durante un año, es el de saber leer y escribir.

Esta institución cobrará toda su validez una vez que la base socio-económica del país sea desarrollada en Repartición Igualitaria y todo lo que sigue. Bajo esta condición, los Jurados serán menos fáciles a ser persuadidos por el medio ambiente, y capaces de exprimir su opinión en plena independencia de criterio.

En guisa de conclusión

Con la descripción somera de estos tres ejemplos podremos tener una idea de lo que serán las instituciones respondiendo a una base socio-económica en economía de mercado, con Repartición más o menos igualitaria, propiedad colectiva y financiamiento ilimitado y gratuito.

A partir de ello es mucho más fácil comprender la nueva naturaleza de Gobierno, uno de Democracia Directa Moderna.

Nos resta solamente responder a la pregunta: la actividad socio-económica no solamente se dedica a repartir. Es importante igualmente producir para satisfacer las necesidades de una población creciente. Y esta inquietud se hace aún más importante en los países del Tercer Mundo, en donde las formas de trabajar y la productividad que resulta de su esfuerzo físico y mental es bastante inferior a la de los países del Norte (...)"                (La Sociedad Horizontal ,Hugo Salinas , Rebelión, 14/12/18)

12/2/18

Una nueva forma jurídica corporativa belga llamada 'la compañía de codecisión'

"(...) El PS belga (francófono) quiere poner a los trabajadores en el asiento del conductor de las empresas, junto a los accionistas. Quiere establecer una nueva forma jurídica corporativa llamada 'la compañía de codecisión'. Dichas empresas necesitarían instalar un órgano de toma de decisiones con dos "cámaras": una para los trabajadores y otra para los accionistas. 

 Todas las decisiones importantes de la compañía deberían tomarse por mayoría de votos dentro de ambas cámaras. Su propuesta refleja los sistemas parlamentarios bicamerales. Para ser claros, no todas las empresas estarían obligadas a transmutar en empresas de codecisión. Esta opción coexistiría con otros tipos de compañías en las que los accionistas / directores continuarían tomando las decisiones por sí mismos.Esta propuesta daría claramente un poder real de toma de decisiones a los trabajadores como colectivo con intereses distintos, y permitiría que los trabajadores bloqueen las decisiones de la junta sin necesidad de alianzas políticas con los accionistas. Obviamente, esto sería un paso radical en comparación con incluso el sistema alemán más avanzado. Pero una propuesta tan radical plantea muchas preguntas.

 La codecisión viene con la corresponsabilidad: ¿hasta dónde querrían los trabajadores (y sus sindicatos) asumir esa responsabilidad? ¿Y cuál sería el papel de los sindicatos, la negociación colectiva y el derecho de huelga en tales empresas de codecisión?La base está en progreso, esperando el impulso?Parece que hay pocas posibilidades de que Francia, el Reino Unido y Bélgica se unan rápidamente al club europeo de países con derechos de codeterminación bien establecidos para los trabajadores. 

28/5/14

“Las cooperativas le proporcionan a la gente hambre de democracia”. En Estados Unidos hay 223 cooperativas de trabajadores donde los empleados/propietarios tienen igual voz

"Suponemos que vivimos en una democracia, pero es realmente lamentable que la mayoría de la gente tiene que dejarla en la puerta del lugar donde pasan la mayor parte de sus horas”, afirma John Duda, coordinador de comunicación del grupo de defensa de cooperativas Democracy Collaborative.

Desde el año 2000, Democracy Collaborative formula estrategias para promover la expansión de la democracia en el trabajo y para “horizontalizar” la riqueza y el capital dentro de los Estados Unidos.

 Mientras la mayoría de los estadounidenses siguen padeciendo la crisis económica latente, golpeados por los constantes ciclos de auge y caída del capitalismo, muchos recurren a las cooperativas –y a ser trabajador propietario del trabajo- como un modelo económico más viable, equitativo y democrático que mejorará su vida cotidiana.

El concepto general de la cooperativa es que se trata de una empresa donde los poderes de propiedad y toma de decisiones son compartidos democráticamente. Esto se traduce en mantener el poder y el capital en manos de la comunidad, en lugar de las de una élite minoritaria que goza de estos poderes y privilegios desterritorializados.

En los Estados Unidos hay muchos tipos de cooperativas, que suman más de 29 mil 284 empresas, incluyendo de crédito, vivienda y alimentos, con 223 como cooperativas de trabajadores específicamente, donde los empleados/propietarios tienen una voz igual en el proceso de toma de decisiones e igualdad de participación en la propiedad de la empresa. 

Aunque esta última cifra corresponde a cerca del 1 por ciento de las empresas cooperativas estadunidenses, de acuerdo con Duda “hay razones para creer en un crecimiento significativo en el horizonte”. Afirma que esta predicción se basa en dos razones principales, una basada en una mayor organización y una estrategia liderada por activistas de cooperativismo y el otro debido a una tendencia creciente de las “conversiones” de negocios.

“Han pasado sólo diez años desde la formación de una red nacional de cooperativas de trabajo”, explica el experto. Esta relativamente joven red, conocida como la Federación de Estados Unidos de Cooperativas de Trabajo (USFWC), “puede proporcionar asistencia técnica, asesoría financiera, conexión de las personas con las mejores prácticas, etcétera. Lo que se ve con este tipo de federaciones en otros lugares es que son claves para el crecimiento del sector de cooperativas de trabajo”, continúa.

Debido a los efectos dolorosos del reciente colapso económico, la USFWC y otros activistas y defensores de cooperativismo duplicaron su trabajo para canalizar la creación de capacidades, los recursos y la financiación en este creciente y popular modelo de las cooperativas de trabajo.

La otra cuestión que apoya la predicción de Duda es el creciente número de “conversiones de negocios”, que es cuando los propietarios venden la empresa a los empleados, quienes se estructuran y funcionan como una cooperativa de trabajo, explica Melissa Hoover, directora ejecutiva de USFWC en una entrevista publicada por el Democracy Collaborative. Muchas de estas conversiones pueden tomar muchas formas y, a menudo se llaman “compras” o “transiciones de negocio”.

En los próximos años y décadas, hombres y mujeres de la generación de “baby- boomers”, que son los dueños de negocios, se jubilarán. Para Hoover y otros activistas del cooperativismo, esto abre muchas posibilidades y es una “gran oportunidad para salvar empresas y puestos de trabajo que de otro modo, se perderán si el dueño cierra las puertas o vende el negocio”.

 Utilizando leyes de impuestos y otros incentivos, muchos de estos activistas de cooperativismo tienen éxito en “convertir” las empresas que se consideran pilares y el capital de anclaje de la comunidad, en cooperativas de trabajadores.

Un ejemplo destacado de una conversión de negocios fue la muy publicitada ocupación de la fábrica Republic Windows and Doors por sus trabajadores, y su compra eventual por ellos mismos para formar la cooperativa de trabajo New Era. La cooperativa, ubicada en Chicago, es propiedad de los trabajadores, en su mayoría de la gente de color (latinos y afroamericanos), que son marginados socialmente y que representan el perfil del movimiento cooperativista en expansión.

De acuerdo con Duda, el USFWC prioriza sus esfuerzos en estas poblaciones, que son también las más marginadas económicamente. “Si hay gente a quien afecta peor el capitalismo, es ella la que en última instancia va a beneficiarse de las cooperativas de trabajo”.

Estos esfuerzos están dando resultados, ya que muchas de las cooperativas nuevas y más exitosas están en los sectores de atención domiciliaria y de servicios, que ocupan principalmente a mujeres de color e inmigrantes. 

Duda explica que esto “rompe el estereotipo de una cooperativa formada básicamente por personas relativamente privilegiadas”, que a menudo son dueños de empresas pequeñas e independientes del sector de los alimentos o son minoristas.

Este paso de lo aparentemente novedoso y de privilegio al desafía al sistema planteado por los de más abajo se refleja en otro ejemplo dado por Duda. Chokwe Lumumba, ex alcalde de Jackson, Mississippi, y recientemente fallecido, fue un activista de los derechos civiles “que no escondió su política revolucionaria”, de acuerdo con Duda. Puso en marcha un plan de desarrollo económico radical de la ciudad para tratar de resolver las diferencias económicas extremas.

Conocida como “economía solidaria”, la propuesta de Lumumba fue capaz de convencer a la comunidad empresarial de la ciudad de abrazar a las cooperativas de trabajo como un medio pragmático para asegurar que el capital se mantuviera dentro de la ciudad. 

Esto se debe a que “las ciudades a menudo llevan la peor parte de la austeridad”, explica Duda, y por lo tanto, buscan a las subvenciones mediante la atracción de empresas o la inversión en el fortalecimiento de la economía local.

Aunque parece un medio práctico para que el sector empresarial se mantenga solvente y con ganancias, los efectos económicos y sociales a largo plazo se sentirán profundamente, afirma el activista.

 “Una vez que las personas ya están trabajando y emocionadas dentro de un contexto en el que no sólo tienen voz y voto, sino que en realidad son los dueños, es difícil volver atrás. Este tipo de estructuras le dan a la gente un apetito por más democracia”, dice Duda. (...)"            (Clayton Conn, Desinformémonos, en Rebelión, 28/05/2014)

21/2/14

Trabajadores de fábricas autogestionadas se reúnen en Marsella

"Fralib es una fábrica de procesamiento y empaquetado de hierbas para infusiones situada a unos 20 kilómetros de la ciudad de Marsella, al sur de Francia. El antiguo dueño de la fábrica, la enorme transnacional de químicos y alimentos Unilever, decidió hace tres años trasladar al extranjero la producción del té Lipton con el fin de ahorrar costos. 

 Con intensas protestas y campañas de boicot, los 80 trabajadores demandaron que la fábrica permanezca abierta, y cuando vieron que esto no era possible, decidieron tomar la producción en sus propias manos.

Recientemente los trabajadores han reactivado las máquinas de la gran fábrica para producir un lote de té de tila basado en la producción local, y actualmente están buscando maneras de recomenzar la producción a plena capacidad. Fralib es solo una de un de un puñado de fábricas europeas que, teniendo o no un discurso transformador o radical, han avanzado hacia la autogestión de la producción por los trabajadores. (...)

¿Puede también este modelo constituir una solución viable en Europa, no sólo para el creciente desempleo y pobreza, sino también para la verdadera explotación y alienación que caracterizan el modo capitalista de producción?

 Ésta fue la pregunta principal que el primer encuentro europeo de “La Economía de los Trabajadores”, que tuvo lugar el 31 de enero y 1 de febrero en la fábrica ocupada Fralib, intentó contestar. La idea detrás de estos encuentros independientes y autofinanciados nació hace siete años en Argentina, con su tradición de dos décadas de ocupación de fábricas. Mas tarde, eventos similares se realizaron en Brasil y en México.

Esta primera edición europea del encuentro reunió no sólo a los trabajadores de las fábricas autogestionadas de Europa (mayormente de Italia, Francia y Grecia), sino también a académicos, activistas, sindicatos y organizaciones que promueven y estudian la autogestión, como la Association Autogestion de Francia y el ICEA, proveniente del Estado español. (...)

Además de los anfitriones de Fralib, hubo participantes de Pilpa, una fábrica ocupada de helados de Carcasonne, Francia; de Officine Zero y Rimaflow, dos espacios ex-industriales ocupados por sus trabajadores y otros activistas en Roma y en Milán respectivamente; y de Vio.Me, una de las pocas experiencias de autogestión que hasta el momento han garantizado un estable --aunque limitado-- ingreso por sus trabajadores a través de la producción de detergentes ecológicos en su fábrica ocupada de Tesalónica, Grecia. (...)

Si bien la voluntad de democratizar la producción y de redistribuir la riqueza “está en el ADN de los trabajadores”, como señala Andrés Ruggeri --un investigador militante argentino y uno de los principales promotores del evento--, las experiencias de ocupación de fábricas y autogestión son tan diversas como los contextos políticos, económicos e históricos en los que ocurren. 

Usualmente, los trabajadores deben lidiar con una unidad de producción obsoleta o que produce mercancías que no tienen ninguna demanda (como es el caso de Oficina Zero). 

El ingenio y la creatividad de los trabajadores en estos casos, y lo que es más importante, la estrecha cooperación con la comunidad, puede ayudar a reconvertir la producción hacia productos más útiles y respetuosos con el medio ambiente. En el caso de las fábricas italianas, esta reconversión permitirá, entre otras actividades, rescatar y reciclar equipamiento electrónico.

Algunos de los desafíos habituales que deben enfrentar las fábricas ocupadas son la represión estatal, grandes trabas burocráticas, falta de un marco institucional apropiado, y la hostilidad de los antiguos dueños, los partidos políticos y los sindicatos burocráticos.

 A menudo operan en economías que ya están en severa recesión (tal es el caso de Vio.Me y de la mayoría de las fábricas argentinas en el comienzo del siglo XXI), y por ende reinsertarse en el mercado y asegurarse un ingreso son metas muy difíciles de conseguir.

También existen peligros en caso de éxito económico. ¿Cómo pueden los trabajadores proteger el carácter radical del experimento y evitar convertirse en una empresa capitalista cooperativa guiada por el principio de ganancia o usando trabajo asalariado? En torno a esto, muchos participantes resaltaron la importancia de las relaciones cercanas con la comunidad. 

No es suficiente que la producción esté bajo control de los trabajadores, aunque sí es un primer paso necesario para romper el círculo vicioso de explotación capitalista. La producción también debería ser controlada socialmente; debería ser sensibilizada en materia de política del medio ambiente y fundada en los valores del respeto y la solidaridad.

Los trabajadores de Vio.Me se hicieron eco de estas preocupaciones al anunciar que, en el estatuto de la naciente cooperativa que tiene como objetivo legalizar sus actividades tras el primer aniversario de la autogestión de los trabajadores, se reconoce la figura del “simpatizante-solidario”. 

 Éste es cualquier miembro de la comunidad que se compromete a consumir cierta cantidad de productos de la fábrica, y que a cambio tiene el derecho a obtener información de primera mano sobre la lucha, a participar en las asambleas de los trabajadores, y a ayudar en la toma de decisiones a través de un voto consultivo. Un puente se construye así entre el control obrero y el control social de la producción.  (...)

Incluso se habló de un fondo de solidaridad que puede surgir del excedente que las fábricas ocupadas puedan tener, el cual ofrecerá financiación a los nuevos emprendimientos y así ayudará a cortar los lazos con el sistema de financiación capitalista.

Cuando se trata de crear una actividad económica humana basada en la igualdad y en la solidaridad, no hay reglas preestablecidas. La imaginación de los trabajadores y su voluntad de luchar por un mundo mejor son los límites. El evento de “La Economía de los Trabajadores” en Fralib inspiró y motivó todos los involucrados, y quizá haya desencadenado la creación de un movimiento europeo amplio por la ocupación de los medios de producción y por una autentica autogestión obrera."            (Diagonal, 17/02/2014)

29/1/14

Las empresas 'recuperadas' argentinas... son rentables para poder dar empleo a la gente que vive del trabajo. Y todos, menos los capitalistas, todos vivimos del trabajo

"(...) Ruggeri es antropólogo, y desde marzo del 2002 dirige el Programa Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Además, coordina el Centro de Documentación de Empresas Recuperadas, que tiene su sede en la imprenta Chilavert, una más de las empresas argentinas gestionada por sus trabajadores.

Aprovechamos la gira europea de Andrés Ruggeri para preguntarle el cómo y el porqué los trabajadores tomaron la dirección de las empresas cerradas por la crisis que vivió este país sudamericano.

¿Cómo comienza todo el proceso con el que despega el Programa?

Primero comenzamos a apoyar a IMPA, la que encabezaba las primeras empresas recuperadas en ese momento, y luego, empezamos a trabajar con muchas otras. Acompañábamos en las ocupaciones y después hicimos alguna investigación que derivó en un censo o, como llamamos aquí, relevamiento.

 Aunque casi todo el trabajo fue voluntario y tuvimos dificultades para encontrarlas, en el primer relevamiento del 2002 contabilizamos 60 empresas recuperadas y, entre ellas, realizamos una encuesta de treinta y cinco preguntas. Más tarde celebramos unas jornadas en donde asistieron más de treinta empresas y a partir de ahí, surgieron diferentes comisiones de trabajo. 

Gracias a esta tarea, conocimos mejor el movimiento y, al mismo tiempo, ayudamos a que el movimiento tuviese mayor conocimiento de sí mismo. A partir de ese momento, comenzó a funcionar el Programa Facultad Abierta.

¿Cuántos relevamientos o censos se han realizado desde el 2002?

Hicimos cuatro. El primero fue en el 2002. Le sigue el del 2004, en el que encontramos 160 empresas. En el del 2009-2010 registramos más de 200 y en el último que acabamos de terminar el pasado noviembre del 2013 se han contabilizado 70 más. Con lo cual, hemos registrado 310 empresas en funcionamiento.

¿Cómo se produce el proceso de autogestión de las empresas?

En principio, estas empresas recuperadas son la minoría de las que cierran, y en general, no se unen inicialmente a la autogestión. Ninguna empresa recuperada ha iniciado un emprendimiento de autogestión voluntaria, por iniciativa propia: todas son por obligación, por necesidad.

 Los obreros de las fábricas recuperadas se encontraron con esa situación, el que la buscó fue el patrón que provocó el cierre de la fábrica. Las que no se ocuparon no fue por nada en concreto, simplemente, no se les ocurrió. En primer lugar, estas empresas no son la mayoría de las que cierran, son la minoría. Creo que las que no se ocuparon no fue por nada en concreto, simplemente porque no se les ocurrió. No es un movimiento que surge en torno a alguien, surge espontáneamente. 

El nivel de desesperación es muy alto, se quedaron sin empleo sabiendo que no van a conseguir otro, y que ni siquiera van a cobrar subsidio de desempleo porque en Argentina esta prestación es muy baja y no corresponde en casos como éste en que la empresa cierra sin siquiera despedir a sus empleados, y saben que no van a conseguir más empleo.

¿Qué inconvenientes o qué dudas van surgiendo desde que empezó el proceso?

Los comienzos son muy duros, porque el proceso de ocupación puede durar meses y durante ese tiempo no hay ningún salario que cobrar. Lo primero de todo era cómo hacer para que no los echaran de la fábrica. En el 2010, cómo sobrevivir, e inclusive, cómo se jubilan los trabajadores, cómo consiguen algún tipo de seguro de salud, porque al perder el empleo, pierden todo tipo de seguridad social. La ley de cooperativas no da esa cobertura.

El trabajo del Programa ¿cómo se demuestra en el día a día de las empresas?

Antes de todo, hay que tener en cuenta que las personas que se quedan recuperando la empresa son el personal menos cualificado. Los administrativos y los burócratas no se quedan porque tienen más posibilidades de encontrar otro empleo.

 Ante esto, desde el Programa les brindamos asesoramiento técnico en algunas cosas: desde ayudarles a gestionar los pedidos de subsidios, realizar informes que apoyan los pedidos de leyes de expropiación, o yendo al juzgado para pedir la tenencia de la empresas a los trabajadores. En este último caso, se va con el aval de la Universidad y es más difícil que puedan argumentar contra ellos muchas cosas.

El apoyo popular que han recibido las empresas recuperadas en todo este proceso también ha sido determinante…

Efectivamente, de hecho, hay una anécdota muy representativa. En la empresa Chilavert, que es una imprenta recuperada, en una de la veces que fue la policía a intentar desalojarles, los trabajadores tenían que entregar un pedido de libros. El cliente se presentó en aquel momento y los libros se trasladaron a través de una ventana de un vecino y éste los metió en el vehículo del que venía a recogerlos.

 Como éstas hay muchas, de hecho, la Chilavert, como agradecimiento al barrio, abre sus puertas por la tarde, para que la gente de allí pueda hacer actividades como dar clases de bachillerato popular para jóvenes y adultos.

Hablamos todo el tiempo de hombres trabajadores, pero hay muchas mujeres trabajadoras en estas empresas recuperadas ¿verdad?

Sí, efectivamente. Hay pocas empresas con mayoría de mujeres, excepto en las textiles. Por ejemplo, la conocida Brukman, siguiendo por Ceres o La nueva esperanza. En donde también hay mayoría de mujeres es en las clínicas y en las escuelas. En otras las lideran, como en el Hotel Bauen o en La Cabaña.

Pero también hay casos de empresas con un número muy bajo de trabajadores cuando se produce el cierre, ¿verdad?

Sí, uno de ellos es el caso del hotel Bauen. En esta empresa, algunos de los trabajadores comenzaron a buscar a sus excompañeros. En otras empresas que no logran que los antiguos compañeros se unan, pues son familiares o amigos que se encuentran desempleados.

 Una cooperativa de trabajadores absorbe a todo el mundo porque no está en su naturaleza no asegurar el empleo entre sus socios. Eso sí, hay una parte algo complicada porque se espera que la lucha por mantener los puestos sea el objetivo de los nuevos integrantes, abrazando la autogestión.

Y en plena crisis ¿ qué productos podían vender?

Los productos de primera necesidad siempre van a ser comprados. Lo que ocurrió es que en el 2001, Argentina tocó fondo, y a partir de ahí, por efecto rebote, fue hacia arriba. Esa recuperación estuvo basada en una devaluación del peso frente de la divisa y eso hizo más rentable la producción nacional que de la importación de productos. La economía comenzó a recuperarse y la industria comenzó a ir al alza, las empresas salieron favorecidas y creció el consumo.

¿Han sido complicadas las exportaciones? Por ejemplo, nos acordamos de Zanon.

El caso de Zanon fue casi excepcional cuando hablamos de exportaciones, además, gozaban de tecnología punta en su maquinaria. Pero el proyecto argentino de aquel momento era que cerraran las fábricas, que no se proodujera nada en Argentina, excepto carne, trigo y, ahora soja y algún producto industrializado. Hay pocas posiblidades para exportar.

Se hace evidente que el objetivo era la quiebra por parte de muchos empresarios…

Para muchos empresarios era más conveniente el negocio de la quiebra que seguir produciendo. La mayoría de las empresas recuperadas en Argentina, igual que en Brasil o en Uruguay, son quiebras fraudulentas. El empresario quiere ganar siempre, entonces lo más fácil, es quebrarla. Lo más fácil es generar la deuda. Es decir, no pagar impuestos, ni pagan a los proveedores, ni los salarios, consiguiendo así que los empleados se vayan.

Si eso se produjo sería porque la legislación era muy permisiva.

Efectivamente. En el año 1995, durante el gobierno de Menem, se reformó la Ley de Quiebras y fue muy fácil cerrar una empresa. Con esa nueva ley, el delito de fraude ya no era un delito penal. Fue hecha con ese fin, el objetivo era la quiebra de empresas.

Y cómo les ha ido a las empresas recuperadas con los gobiernos de los Kirchner?

Los gobiernos kirchneristas anularon la Ley de Quiebras en el 95 y añadieron una claúsula que permite que los trabajadores puedan quedarse con la fábrica en canje de las deudas que la empresa tiene con ellos y constituirse como cooperativa. Pero el kirchnerismo las han apoyado de una forma ambigua. 

No reprimen, no son hostiles, no las quieren echar, pero tampoco están tan a favor: no han elaborado una política que las sostenga mucho más con proyección. La idea de los Kirchner está basada en el pleno empleo a través de las empresas o del gobierno. Ellos no ven el modelo de autogestión sostenible.

Pero ¿en qué se palpa el déficit legislativo?

Ese gran déficit de legislación significa, por ejemplo, que, aunque cada una de las cooperativas tienen su propia dinámica, todas tienen un mismo conflicto: el de la propiedad, y que, aunque hay una ley de expropiación que las protege, es de manera temporal. No se terminan de ejecutar las leyes, siguen en precariedad legal, la propiedad sigue en litigio. 

De hecho, la Corte Suprema de la Nación falló en dos casos en contra, pero a ver quién viene a echar a los trabajadores. Nadie toma la decisión de ejecutar esos fallos. El gobierno no dice nada: ni desobedece las sentencias judiciales, ni firman las órdenes de desalojo. Los trabajadores que recuperan la empresas prefieren ocuparlas, y a partir de una posición de fuerza, negociar la continuidad, es el camino más seguro.

Cristina Fernández de Kirchner, la actual presidenta de Argentina, no se vuelve a presentar al cargo en las próximas elecciones. ¿Qué puede pasar con las empresas recuperadas si gana la derecha?

Es difícil saber lo que va a pasar, pero no va a ser fácil que repriman a las que ya están. No va a ser tan fácil desalojarlas porque ocasionaría mucho conflicto y al gobierno de turno se le volvería en contra. 

La sociedad argentina no es que sea muy de izquierdas, pero ante la represión y a todas esas políticas que fueron comunes, reacciona. En Argentina hay muchos prejuicios ante los desempleados, entonces, la gente que está trabajando y que quiere seguir haciéndolo es muy bien valorada.

¿Cree que la idea de la autogestión se materializa cuando hay un cambio en la mentalidad individual y/o colectiva?

No sé si es siempre posible, pero esa fue la experiencia nuestra. Lo que sí que creo es que la autogestión tiene que producirse desde la gente común, con trabajadores comunes. Cuando apareció el movimiento en el 2002 se unieron militantes, intelectuales, etc. para apoyar el proceso, pero, se evidenció, al final, que son los propios trabajadores los que tienen que hacerlo.

 Pero, además, si no es así, ¿Quién hace la autogestión? ¿Qué sociedad queremos construir si no son los trabajadores quiénes hacen la autogestión? ¿Va a ser una casta de privilegiados? ¿Qué sentido tendría? ¿Para qué serviría?

 A veces, hay discusiones en las que se comenta que las empresas recuperadas son modelos de autogestión con trabajadores que no tienen conciencia, justamente, lo más valioso es que son gente que no se le había pasado la idea de la autogestión y que lo hizo, con muchos problemas, pero lo hizo. Esta experiencia demuestra que cualquiera puede hacer autogestión.

¿Se pueden autogestionar las empresas de salud y de educación?

Creo que el foco tiene que estar no en la empresa, sino en el trabajo. Se recupera la empresa, pero lo primero es recuperar el empleo, si esa empresa no puede dar trabajo, no hay nada que recuperar. 

Por ahí pasa la cuestión: no hay que forzar la realidad, tiene que ver con la dinámica económica y no se puede poner una empresa de diligencias y de carretas en el siglo XXI, es una estupidez total. 

Hay algunas áreas de la economía que son difíciles de recuperar. Eso sí, al no haber una autogestión generalizada, hay algunos sectores que se autogestionan y que a la vez son rentables para poder dar empleo a la gente que vive del trabajo. Y todos, menos los capitalistas, todos vivimos del trabajo.

¿Cómo valora todo el proceso de las empresas recuperadas?

En primer lugar hay que destacar que en los últimos diez años hay muchas menos quiebras y cierres, para mí es positiva porque han demostrado eficiencia para dar trabajo. Los trabajadores ya tienen la idea incorporada en la cabeza y comprueban que funciona. Se plantean la autogestión como algo válido.

 Antes ni se lo plateaban por cómo era el modelo, y si lo hacían siempre pensaban que tendría que producirse una revolución radical. Aquí, no hizo falta una revolución, los capitalistas se fueron. Lo que sí se ha aprendido es que el verdadero ideológo de las empresas recuperadas es el neoliberalismo, no deja ninguna vía de escape. 

Si hay necesidades, y no hay cómo satisfacerlas, ¿cuánto tiempo se puede aguantar? Aparecieron los piqueteros, los clubes de trueque, es la imaginación del pueblo que se pone en marcha…

Y el Estado Español también tiene que sufrir una revolución radical?

Por un lado, hay empresas recuperadas que no las conoce nadie, pero existen (risas). Las hay simplemente porque es un proceso en el que una empresa capitalista pasa a ser gestionada por los trabajadores, puede ser una cooperativa. El nombre de empresa recuperada se inventa en la crisis argentina, antes nadie lo llamaba así, y nadie lo identificaba como una particularidad del proceso.

 A partir de ahí, empiezas a poner la lupa y te das cuenta que el capitalismo la produce todo el tiempo. Existen más de lo que se piensa. En Argentina encontramos cerca de 33 empresas recuperadas desde hace cincuenta o sesenta años.

Lo que ocurre en el Estado Español es que la crisis no ha llegado al peor punto todavía, siempre hay algo peor. Pero hay algo que lo diferencia de Argentina: que forma parte de la Unión Europea, y ahí está el problema. Nosotros, los argentinos, podemos devaluar la moneda, manejar el tipo de cambio o echar al FMI. 
Esas son cosas que hizo el gobierno de Kirschner y evitó que el pais volviera a explotar. El mismo capitalismo tiene que reconstruirse a sí mismo. El problema de la UE es que es el centro del capitalismo, y además, hace décadas que llevan construyendo esta unión de capitales, de estados europeos. Habría que salir del euro, pero ¿quién quiere salir?"            (La Marea, 23/01/2014)

16/12/13

Empresas sin jefes

"(...)  Un ejemplo de que hay futuro para las empresas industriales sin jefes lo tenemos en WL Gore, dónde una vez que necesitaron una nueva máquina se diseñó por todo el equipo, se enviaron laas especificaciones a un fabricante externo y este la entrego en nueve meses. 

El proceso fue muy largo, pero la nueva maquinaria fuuncionó perfectamente desde el primer día porque había sido diseñada por todo el equipo. En WL Gore afirman no tener empleados, sino “asociados”. No hay jefes, sino “patrocinadores” que ayudan a sacar adelante el trabajo. Esta filosofía la han tenido desde el primer momento y parece que no les va mal.

Quizás la empresa más grane que funciona de este modo, aunque parcialmente, es GE Aviation, la división de equipamiento para aviones de General Electric. Al principio el funcionamiento sin jefes de taller sólo se dió en la fábrica de Durham, Carolina del Norte que empezó hace un par de épocas, pero poco a poco se ha ido implementando en pequeñas fábricas de la empresa y se tiene intención de extenderlo a todas las fábricas de este gigante de 26.00 empleados.

Eso no significa que no haya jefe. Un “factory leader” impone unos objetivos y ayuda a su consecución. Pero los trabajadores son los que se encargan de decidir cómo los van a conseguir. No es una jerarquía plana, pero muchos trabajadores estarían encantados de pasarse a dicho sistema.

Un estudio de las universidades de Iowa y Texas A&M, mostró que los trabajadores de las fábricas sin jefe tenían mejores resultados que los de las empresas con gestores, siempre que se llevaran bien entre ellos. Por otro lado, hay estudios que afirman que la jerarquía puede incrementar el rendimiento.

Valve

Si hay una empresa de la que se habla a la hora de hablar de empresas sin jefes es el estudio de videojuegos Valve, conocido por su famoso producto “Half-Life”. En esta empresa no hay jerarquías, cada uno se centra en el proyecto que quiere. Los equipos se forman y deshacen espontáneamente. La movilidad entre proyectos es tan importante que las mesas tienen ruedas, de modo que cada uno puede trabajar justo al lado de quién quiera.

Esta empresa de Washington tienen 300 trabajadores y las decisiones de contratar o despedir se toman en equipo desde su fundación, en 1996. Normalmente los trabajadores tardan entre seis meses y un año en adaptarse, muchas veces cambiando de personas. Es habitual que uno de los trabajadores acabe ejerciendo de project manager del equipo. Los sueldos también se centran por equipo, los trabajadores se evalúan entre ellos y determinan el sueldo de los demás.

Otra característica de Valve es que todos los años hacen un viaje juntos, para mantener el espíritu de equipo. Es cierto que de vez en cuándo han despedido a gente, pero dicen que han acabado en buenos términos con la mayoría. Permitiendo a ex-trabajadores a quedarse con la propiedad intelectual de lo que estaban trabajando.

Semco

En esta empresa brasileña los trabajadores no sólo no tienen jefes, sino que deciden su sueldo y sus horarios. Incluso deciden sobre los ejecutivos. Los empleados le han quitado el despacho al presidente porque al viajar mucho y trabajar desde casa no entendían para qué necesitaba tanto espacio. 

También han llegado a echar a ejecutivos de una sala de reuniones porque querían celebrar un cumpleaños En Semco no hay despachos ni secretarias, todos los empleados saben imprimir o enviar un fax. 

Dicen que Semco funciona por la transparencia Todo el mundo sabe lo que hace todo el mundo y no hay modo de escaquear el bulto. Las cuentas de la empresa son públicas, y los salarios también. Incluso los sindicatos enseñan a los trabajadores a entender la contabilidad de la empresa.

Por otro lado, Semco nunca fue así. La empresa fundada en 1912 había tenido una estructura tradicional hasta la llegada al timón del hijo del fundador Ricardo Semler en 1980. Este, al contrario que su padre, no creía en una industria autárquica sino en una empresa abierta que estuviera abierta a la opinión de todos. 

Ahora los trabajadores se organizan en pequeñas unidades sin jefes y fabrican bienes industriales y la empresa ha pasado de 350 a 2.500 trabajadores. Mientras tanto, a Ricardo Semler le ha dado tiempo a escribir tres libros, Maverick y The Seven Day Weekend: Changing the way Work Works.

¿Son las empresas sin jefes la panacea?

Después de lo que vemos, cualquiera diría que las empresas sin jefes son la panacea. Si Valve, Gore-Tex y GE Aviation son capaces de triunfar en ámbitos tan distintos ¿deberíamos de eliminar las jerarquías? ¿Deberíamos de declararnos libres de jefes y buscar empleo en una de estas empresas? (...)"               ( , El blog salmón, 14/11/2013)