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26/6/23

Europa ha perdido más de 500 millones de aves en 40 años. ¿La principal causa? Pesticidas y fertilizantes... La destrucción de la biodiversidad europea no sólo afecta a las especies amenazadas, sino que acabará minando la base de la producción de alimentos

 "El goteo de estudios que advertían de que la enorme variedad de seres vivos de la Tierra está disminuyendo se ha convertido en una avalancha. La evidencia de estas pérdidas dentro de las regiones y a escala mundial es innegable. Pero los datos sobre la biodiversidad y las causas de su declive siguen siendo fragmentarios y se limitan a algunas causas, algunos lugares y algunas especies. Pero no ocurre lo mismo con las aves en Europa.

Las aves han fascinado durante mucho tiempo a científicos aficionados y profesionales, y la estrecha cooperación en toda Europa ha creado un profundo acervo de conocimientos sobre sus hábitos, necesidades y número. Algunos de los conjuntos de datos más antiguos se refieren a aves que viven al menos parte de su vida en Europa.

Estos datos dibujan un panorama desolador: se calcula que en los últimos 40 años se han perdido unos 550 millones de aves de la población total de Europa. Es una estadística estremecedora, y nos dice algo profundo sobre la relación rota de la humanidad con la naturaleza.

Los científicos saben que la biodiversidad está sometida a una presión cada vez mayor, sobre todo por los rápidos cambios en el uso de la tierra (de bosques a tierras de cultivo, por ejemplo) y el aumento de las temperaturas. Pero la forma en que las distintas especies responden a esas presiones, cuál de ellas es la más importante y cómo pueden responder los conservacionistas para aliviarlas han seguido siendo temas polémicos.

Aprovechando datos de alta calidad sobre aves, en un nuevo artículo que he escrito con investigadores franceses se analiza cómo han respondido 170 especies de aves a las presiones antropogénicas en Europa, utilizando datos recogidos en más de 20.000 puntos de seguimiento de 28 países a lo largo de 37 años, incluidos datos del Reino Unido.

Descubrimos que los productos químicos utilizados en las granjas para controlar insectos y plantas consideradas malas hierbas que podrían reducir el rendimiento de los cultivos están privando a muchas aves de su principal fuente de alimento, y que ésta es la principal causa de su declive en toda Europa.
Los factores de cambio antropogénicos

Hemos analizado cuatro grandes fuentes de presión sobre las poblaciones de aves: la intensificación de la agricultura (medida por el elevado uso de pesticidas y fertilizantes), el cambio climático y su influencia en las temperaturas, los cambios en la cubierta forestal y la urbanización.

Los métodos agrícolas modernos fueron la principal causa del declive de la mayoría de las poblaciones de aves, especialmente de las que se alimentan de insectos y otros invertebrados, como vencejos, lavanderas boyeras, papamoscas moteados, collalbas y tarabillas. La respuesta de las aves a los cambios en la cubierta forestal, la urbanización y el cambio climático fue mucho más variable y específica de cada especie.

Entre 1980 y 2016, la abundancia de aves comunes en Europa se redujo en una cuarta parte. Sin embargo, el número de aves de tierras de cultivo se redujo en más de la mitad durante este periodo. También se registraron descensos tanto en las aves de los bosques como en las urbanas, en las aves septentrionales que prefieren el frío e incluso en algunas especies de aves meridionales que prefieren el calor, aunque la tendencia general en este último grupo de aves es de crecimiento constante.

 Una de las principales conclusiones del estudio es que el uso masivo de plaguicidas y fertilizantes en las explotaciones agrícolas es el principal factor de reducción de las poblaciones de aves en toda Europa, incluido el Reino Unido. Esto no es una gran sorpresa, ya que muchos estudios han llegado a esta conclusión. Pero éste es el primer estudio que examina los factores de origen humano de una sola vez, utilizando algunos de los mejores datos disponibles y métodos estadísticos modernos. Los resultados son claros.

Las prácticas agrícolas empezaron a cambiar significativamente después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los países introdujeron medidas para aumentar la producción de las explotaciones. Sin embargo, estos esfuerzos por aumentar la producción, incluida la creciente dependencia de pesticidas y fertilizantes, han tenido un coste considerable para las aves y otros animales salvajes y, lo que es más importante, para la salud general del medio ambiente.

Según un reciente informe del Gobierno británico, la pérdida de biodiversidad, junto con el cambio climático, representa la mayor amenaza a medio y largo plazo para la producción nacional de alimentos. La pérdida de biodiversidad tiene consecuencias para la sociedad que van mucho más allá de las especies amenazadas.

Creemos que las aves se ven afectadas principalmente por los pesticidas y fertilizantes a través de la pérdida de alimento, aunque estos productos químicos también pueden estar afectando directamente a su salud. Los pesticidas están diseñados para matar a los insectos e invertebrados que comen las aves. Los fertilizantes cambian el tipo de plantas que crecen en un entorno, a menudo en detrimento de una gran variedad de especies. Los invertebrados necesitan esta vegetación como alimento y refugio, y las aves también la necesitan, al igual que los invertebrados.

Los invertebrados son una parte importante de la dieta de muchas especies de aves, pero son el combustible de los cohetes para el crecimiento de los polluelos, que son el motor del crecimiento de la población. Los invertebrados son especialmente importantes durante el periodo de cría para más del 80% de las aves de nuestro estudio. La dramática pérdida de insectos de la que a menudo oímos hablar parece estar teniendo un profundo impacto en las aves.
Alimentos respetuosos con la naturaleza

La cuestión es cómo reaccionar. La naturaleza tiene problemas en las tierras de cultivo, pero los agricultores pueden ser una parte importante de la solución si cuentan con el apoyo de las políticas adecuadas.

Necesitamos un mayor apoyo a las prácticas agrícolas respetuosas con la naturaleza y abandonar la agricultura dominada por los pesticidas y los fertilizantes inorgánicos. Esto sería bueno para la naturaleza, para los agricultores y la producción de alimentos, para el clima y para los consumidores, y muchos agricultores progresistas están abriendo el camino.

Nuestros resultados también muestran el poder de la ciencia ciudadana y la cooperación transfronteriza para hacer avanzar la ciencia y comprender mejor el mundo natural, y cómo cambiar las cosas.

Ahora necesitamos que los gobiernos de todo el mundo apoyen planes de gestión de la tierra que recompensen la agricultura respetuosa con la naturaleza, como comprometerse a gestionar al menos el 10% de las tierras agrícolas para la naturaleza, lo que a su vez ayudará a mantener o incluso aumentar los rendimientos agrícolas.

 Pero también necesitamos una reforma más amplia del sistema alimentario, que incluya dietas respetuosas con la naturaleza. Minoristas, proveedores y transformadores pueden contribuir a garantizar un medio ambiente sano que nos alimente y nos devuelva la naturaleza, con todos los beneficios que ello conllevará para las personas."                    

(Richard Gregory es profesor honorario de Genética, Evolución y Medio Ambiente en el University College de Londres. Brave New Europe, 05/06/23; traduccion DEEPL)

8/9/22

Max Ajl “Las propuestas para un Green New Deal hechas desde el Norte continúan con la dominación neocolonial del Sur”... Un Green New Deal socialista o de los pueblos se aseguraría de que la propiedad intelectual fuera de domnio público, e intentaría desarrollar la tecnología en colaboración con las personas más pobres que la necesitaran, y tendría en cuenta los impactos ecológicos de las tecnologías industriales frente a las no industriales... La agricultura es un sector clave para llegar a unas auténticas emisiones cero de CO2... Esta reducción es una cuestión de supervivencia para que los estados del Sur puedan resistir este siglo. Por lo tanto, tenemos que situar la agricultura en el centro de la planificación del uso de la tierra, incluyendo la planificación a nivel nacional de la producción agroecológica

 "Este sociólogo ha escrito la que es quizá la mejor crítica al Green New Deal, tanto en su versión neoliberal como su alternativa socialdemócrata, y da herramientas para imaginar un futuro ecosocialista de la mano de un decrecimiento socialmente justo.

Max Ajl no se muerde la lengua, ni cuando escribe ni cuando habla. Este sociólogo rural instalado en Túnez, investigador asociado al Observatorio Tunecino para la Soberanía Alimentaria y el Medio Ambiente y al Grupo de Sociología Rural de la Universidad de Wageningen, ha escrito la que posiblemente sea la crítica más feroz de los modelos dominantes del Green New Deal, tanto el socialdemócrata como el liberal. Con un leguaje tan mordaz como riguroso, su A People’s Green New Deal [Un Green New Deal de los pueblos], publicado por Pluto Press, es un libro urgente que, además de manifestarse contra el eurocentrismo de las políticas verdes occidentales, dedica la mitad de sus páginas a elaborar propuestas alternativas.

Su método bebe del internacionalismo antiimperialista y anticolonialista del rico pensamiento radical del Sur Global —desde la teoría marxista de la dependencia de Ruy Mauro Marini o Vania Bambirra, al análisis de sistemas-mundo tercermundista de Samir Amin o la decolonialidad de Enrique Dussel—, para así abordar de frente, sin subterfugios, la actualidad de la emergencia climática y el intercambio ecológicamente desigual entre centro y periferia, e imaginar un futuro ecosocialista de la mano de un decrecimiento socialmente justo.

El antropólogo económico Jason Hickel ha calificado el trabajo de Ajl como “el mejor libro hasta ahora sobre el Green New Deal”; la historiadora Roxanne Dunbar-Ortiz como un texto “lúcido y profundo con un verdadero programa político de supervivencia y renovación”, donde “casi todas las frases son urgentes y dignas de ser citadas”; el activista indígena Nick Estes lo ha calificado como “un trabajo crítico” para que, ante la emergencia climática, el Norte entienda la persistencia del anticapitalismo y el antiimperialismo en el Sur; y el biólogo evolutivo Rob Wallace ha invitado a su lectura a todos aquellos que “realmente quieran saber qué necesita nuestra especie para sobrevivir al apocalipsis climático”.

Hablamos con Ajl de sus críticas a los Green New Deal hegemónicos y las alternativas a estos, así como de su posición frente a otros debates acuciantes dentro del pensamiento ecologista o de los retos a que se enfrenta el Sur Global ante la reconfiguración geopolítica global que ha traído la guerra en Ucrania.

Los Green New Deal liberales y socialdemócratas prevén un lugar para el capitalismo a corto y medio plazo; ninguno tiene un enfoque estructurado para entender el imperialismo, incluida la historia ecológica del mismo

Tu libro interviene en el debate sobre el Green New Deal disputando los enfoques dominantes de las visiones liberal y socialdemócrata, hegemónicos dentro de ciertos sectores de la izquierda occidental. ¿Cuáles son las características y las limitaciones de ambos, especialmente en lo que respecta al desarrollo de la socialdemocracia y su relación con la historia del bloque socialista?

Las políticas liberales y socialdemócratas convergen en unas cosas y divergen en otras. Ambas prevén un lugar para el capitalismo a corto y medio plazo; ninguna tiene un enfoque estructurado para entender el imperialismo, incluida la historia ecológica del mismo. Tampoco apoyan la liberación nacional de la periferia. Ambas, en general, descuidan la agricultura, especialmente la de los pequeños agricultores y el pastoreo en la periferia. Y ambas son afines —si no muy afines— a las soluciones tecnológicas desarrolladas por el capitalismo. Carecen de un sentido claro de los sujetos sociales que llevarán adelante la transformación ecológica a escala mundial. Y practican una política esencialmente oportunista y a menudo chovinista, tratando de adormecer y seducir a los progresistas liberales antirracistas, rechazando la construcción de un frente común con las fuerzas radicales del Sur Global y repudiando al antiimperialismo como práctica política. Alegan que se trata de “campismo”, una forma de desprestigio desde el Norte Global desenterrado a partir de los garabatos trotskistas escritos en favor de la OTAN durante la Guerra Fría, y que ahora se utiliza fundamentalmente para empañar a los antiimperialistas, con el fin de acosarlos para que guarden silencio o se avergüencen.

Cada uno de estos enfoques del Green New Deal olvida que el fordismo industrial del Norte y la socialdemocracia de la posguerra surgieron contra la amenaza de que las potencias comunistas extranjeras establecieran la agenda del desarrollo mundial a un nivel sistémico, combinada con la popularidad interna de las extremadamente radicales políticas redistributivas, por no hablar de las simpatías y la organización explícitamente comunistas. Es decir, incluso en sus propios términos —que yo rechazo— son hoy irrealizables, lo que puede ser la razón por la que reciben cada vez más apoyo financiero de la Fundación Rockefeller para sus documentos políticos.

Muchas propuestas para un Green New Deal socialdemócrata o socialista del Norte convergen en la continuación de una civilización ecológica o un socialismo ecológico de mercado para el Norte

La clase dirigente parece entender que hay un claro interés en canalizar el malestar por la crisis socio-ecológica a través de una tecnocracia reformista que no tiene salida. Estas propuestas también olvidan que los estados de bienestar de la posguerra se basaron en una historia de saqueo colonial y de transferencia de valor neocolonial que sigue en curso. No es una sorpresa, por tanto, que muchas propuestas para un Green New Deal socialdemócrata o socialista del Norte difamen los intentos radicales de transformación social en Venezuela o Zimbabue, o borren el papel de los EE UU en el golpe de Estado contra el MAS en Bolivia, o estén dispuestos a rendirse en la lucha palestina. Es decir, ignoran o se burlan de la cuestión nacional y convergen más o menos, por efecto, en la continuación de la dominación neocolonial del Sur, a la par de una civilización ecológica o un socialismo ecológico de mercado para el Norte.

¿En qué difiere tu enfoque de estas posiciones? 

En realidad, creo que mi libro sería un poco diferente si lo hubiera escrito ahora. Después de haber dedicado más tiempo a la literatura de los años 70 y de haber metabolizado mejor la esencia del pensamiento en torno a la liberación nacional, cada vez pienso más que, de acuerdo con las hipótesis leninistas clásicas —que ahora son castigadas como “tercermundismo”—, la revolución, incluida la revolución ecológica, solo puede empezar en los eslabones débiles del sistema-mundo, donde la acumulación primitiva es permanente, la reproducción social y la subproducción de la ecología convergen, y las víctimas del neocolonialismo se encuentran con contradicciones nacionales, sociales y ecológicas simultáneas. Esto no significa que no haya lugar para la lucha del Norte por el ecosocialismo, sino que tenemos que concienciar en torno a cosas como el antiimperialismo, la soberanía nacional, la deuda climática, etcétera, en cada paso de la transformación del capitalismo del Norte en un ecosocialismo del Norte, fundado tanto en una gestión permanentemente sostenible de la ecología como en una gestión colectiva y racional de la interacción humana con la naturaleza no-humana.

La revolución, incluida la revolución ecológica, solo puede empezar en los eslabones débiles del sistema-mundo, donde la acumulación primitiva es permanente

Si ponemos en el centro de estos debates la agricultura, la tecnología sostenible y adecuada, incluida la arquitectura, la cuestión nacional, la deuda climática y la convergencia del desarrollo mundial, enfrentados directamente al “estilo de desarrollo” del Norte —basado en el sobreconsumo y la sobreproducción de mercancías inducido por el capitalismo—, terminaremos con una estrategia política definida. Y esta se basaría en una organización popular destinada a mejorar la calidad de los valores de uso disponibles para las clases trabajadoras del Norte, para convertirlos en derechos sociales y construir un frente antiimperialista ejemplar junto a las fuerzas nacional-populares del Sur.

¿Puedes hablarnos de cómo tu enfoque se relaciona, metodológica y analíticamente, con las teorías del intercambio desigual y la dependencia, ya que estas aportaciones están tan estrechamente vinculadas a los autores radicales del Sur Global? ¿Cómo se relaciona esto con las exigencias de los movimientos de liberación nacional y la tradición radical antiimperialista, por ejemplo? ¿Y cómo se relacionan estas con la emergencia ecológica en la que vivimos?

La liberación nacional sitúa la política de soberanía y desarrollo esencialmente autocentrado, o más bien de autosuficiencia colectiva regional, en el centro de la planificación ecológica. Nos recuerda que el ocaso de la colonización formal fue a menudo el amanecer del neocolonialismo, lo que significa precisamente el continuo drenaje de valor del Sur al Norte. Las teorías de la dependencia, que muchos académicos del Norte se han esforzado por desacreditar, son en su esencia una teoría sobre el drenaje de plusvalor y de las estructuras sociales de la periferia que permiten el escape de valor. Para detener esa fuga de valor hay que reconfigurar las estructuras sociales internas, reorientarlas hacia un desarrollo introvertido y autocentrado, poniendo las fuerzas productivas y el juego de las fuerzas productivas bajo el control popular y proletario doméstico. Esta es la línea de pensamiento que podemos rastrear desde Amílcar Cabral hasta Ismail-Sabri Abdalla, y que alcanzó su punto álgido en la práctica con la Revolución China.

El intercambio desigual, por supuesto, es uno de los mecanismos de drenaje de valor —hay muchos otros, como el pago ilegítimo de la deuda, los monopolios de la propiedad intelectual, el señoreaje del dólar, etcétera—. Ahora bien, mi enfoque se basa en las nuevas teorías del intercambio ecológicamente desigual, que de hecho agrupan una familia diversa de hallazgos empíricos que muestran esencialmente que, junto con el aumento de la apropiación por parte del Norte de los productos del hectarage global y de los recursos minerales, existe también una exposición desigual a la contaminación global.

Esto no significa que no haya lugar para la lucha del Norte por el ecosocialismo, sino que tenemos que concienciar en torno a cosas como el antiimperialismo, la soberanía nacional, la deuda climática, etcétera, en cada paso de la transformación del capitalismo del Norte en un ecosocialismo del Norte

De hecho, se trata de una forma de superexplotación basada en la subreproducción de la naturaleza no-humana que conduce a un daño de la vida humana y a su reducción por debajo de su nivel potencial históricamente dado. Esto nos dice, una vez más, que el proletariado del Sur, el semiproletariado, los habitantes de los barrios marginales, los campesinos, los pastores, los habitantes de los bosques, se enfrentan a la crisis ecológica como una crisis de su bienestar cotidiano y, por lo tanto, deben ser el centro de una visión liberadora.

En tu libro hablas de la importancia de la deuda ecológica y de la reparación para un genuino GND de los pueblos, que se tome en serio los daños medioambientales causados por el Norte al Sur. ¿Qué implica esta exigencia? ¿Cuáles son las reclamaciones históricas al respecto y cuál es la importancia del Acuerdo de Cochabamba para este asunto?

La deuda ecológica se viene planteando al menos desde principios de los años 90 —quizá, y probablemente, antes—. Es afín a un discurso más amplio de reparaciones que proviene de una gran variedad de actores que han sido “el reverso” del imperialismo y de la acumulación colonial-capitalista, ya sea por la trata de esclavos, el drenaje colonial o, más recientemente, el cercamiento neocolonial de la atmósfera y la apropiación de la capacidad de la biosfera para absorber y metabolizar las emisiones de CO2. Ya que que el Sur no podría emitir la misma cantidad de emisiones per cápita sin que quiebre la biosfera, y dado que el Sur no puede transitar por los mismos caminos de energía barata y ya está sufriendo los daños del calentamiento global, el Norte tiene en consecuencia una deuda con él.

Sobre la base de demandas anteriores, el Acuerdo de los Pueblos de Cochabamba estableció que los países de la OCDE debían hacer transferencias fiscales del 6% de su Renta Nacional Bruta, es decir, alrededor de 1,2 billones de dólares solo en el caso de los Estados Unidos, por un período indeterminado, como forma de reparación. Así que sabemos lo que significa numéricamente. La pregunta es: ¿qué significa políticamente? No tengo una respuesta clara al respecto. Como mínimo, aclara que la responsabilidad de la crisis ecológica es esencialmente del Norte. Pero, concretamente, se necesitaría un ambiente insurreccional generalizado en el Norte para comprometerse realmente con las transferencias fiscales al Sur, ya que estas irían acompañadas de una reducción controlada de la “pesadez” ecológica de la producción y el consumo del Norte. Esa “reducción”, que es básicamente a lo que se refiere el decrecimiento, significaría un aligeramiento constante del impacto ecológico de la producción del Norte —que no puede reducirse simplemente a la desmercantilización— y, a su vez, se derivaría de una mayor conciencia de que los “modos de vida” del Norte tienen que cambiar para crear un planeta en el que muchos puedan vivir bien. Estamos, obviamente, muy lejos de esa situación a cualquier nivel.

Ya que que el Sur no podría emitir la misma cantidad de emisiones per cápita sin que quiebre la biosfera, y dado que el Sur no puede transitar por los mismos caminos de energía barata y ya está sufriendo los daños del calentamiento global, el Norte tiene en consecuencia una deuda con él

También has expuesto cómo preocupaciones y terminología medioambiental que resulta razonables —me viene a la mente el debate alrededor de la noción de extractivismo, por ejemplo— pueden ser instrumentalizadas por los centros imperiales para sus propios intereses de dominio global. Este ha sido el caso, por ejemplo, de ciertos segmentos de la izquierda ecologista en relación con Bolivia, Venezuela, Ecuador. ¿Cuáles son las limitaciones y los peligros de estos puntos de vista?

Me parece útil adoptar un enfoque de sociología del conocimiento para esta cuestión. En primer lugar, para ser claros, cuando la gente se encuentra con una degradación ecológica que daña su capacidad para vivir decentemente, es natural que nombre y se resista a esa degradación. Deberíamos tener toda la simpatía del mundo por las personas que viven en esas condiciones. Pero esa simpatía no es un mapa político, y poner nombres no es inocente ni aleatorio. No tengo claro que el extractivismo, tal y como circula en los trabajos de estudiosos como Alberto Acosta, Eduardo Gudynas o Maristella Svampa, proporcione tal mapa político. Por ejemplo, Svampa, que ha sido especialmente acogida por la izquierda pro-cambio de régimen. Ella escribe: “El neoextractivismo contemporáneo se refiere a una forma de apropiación de la naturaleza y a un modelo de desarrollo basado en la sobreexplotación de los bienes naturales, en gran parte no renovables, caracterizado por su gran escala y su orientación hacia la exportación, así como por la vertiginosa expansión de las fronteras de la explotación hacia nuevos territorios”. ¿Es esto de alguna manera una mejora con respecto al anterior análisis generalizado de centro-periferia o de dependencia, basado en la extroversión, la acumulación desarticulada y el intercambio desigual en el comercio mundial? Es básicamente un caos analítico, lo que Marx llamaba un concepto caótico. No puede decirnos cómo equilibrar las necesidades sociales de aquellos segmentos de la población de la periferia que, desgraciadamente, necesitan el capital de las exportaciones de mercancías para asegurar sus necesidades sociales —y que necesitarían procesar algunas de esas mercancías bajo cualquier patrón de industrialización concebible como parte de una transición socialista—. En el plano analítico, como ha escrito Álvaro García Linera: “Así como el extractivismo de nuestras sociedades está en medio de las redes de la división internacional del trabajo; la industrialización de materias primas o la economía del conocimiento son partícipes de la misma división mundial capitalista del trabajo. Ni el extractivismo ni el no-extractivismo son soluciones a esta dominación planetaria”.

Tenemos que discutir cómo pasar a una industrialización ecológicamente modulada, incluso por razones de autodefensa nacional, como parte de la liberación nacional y en una situación de dependencia neocolonial

Tenemos que discutir cómo pasar a una industrialización ecológicamente modulada, incluso por razones de autodefensa nacional, como parte de la liberación nacional y en una situación de dependencia neocolonial. Esos son los temas. El discurso extractivista, que forma parte de un cambio en la izquierda que se aleja de una comprensión seria de la planificación macroeconómica, de la necesidad de la industrialización y de la necesidad de repensar la industrialización, simplemente no ha demostrado ser una base para pensar en estas cuestiones de manera que pueda darnos una cuerda guía para navegar teóricamente y en la práctica a través de las contradicciones que surgen entre las comunidades directamente perjudicadas por la extracción de recursos y aquellas de la periferia que necesitan los recursos de esa extracción para su supervivencia diaria. Aunque soy un agroecólogo comprometido, un enfoque puramente centrado en la producción agrícola ecológica no puede resolver y no resolverá por sí mismo los problemas de desarrollo del siglo XXI.

Como ya has señalado, se ha debatido ampliamente que los daños medioambientales provocados por las economías del Norte Global los sufren sobre todo los pueblos del Sur Global. ¿Qué tipo de reorganización social podría llevarse a cabo para frenar esto?

Las economías del Norte deben ser reestructuradas, en primer lugar, sobre líneas no capitalistas, para producir no para la acumulación de plusvalor, sino orientadas alrededor de una producción ecológicamente sostenible y permanente de las cosas que la gente necesita para su supervivencia cotidiana y una vida decente, incluyendo hogares, culturas, niveles adecuados de industrialización, alimentos decentes, atención médica y sistemas de transporte. Sabemos que esto se puede hacer con niveles mucho más bajos de impacto ecológico, ya sea por medio de la atención sanitaria preventiva, la agroecología, los materiales y diseños de construcción sostenibles y vernáculos, el transporte colectivo de masas y ciudades replanificadas. No cabe duda de que la vida tendrá que cambiar en el Norte de forma sustancial, ya que la otra opción es descargar los costes de la industrialización verde “socialdemócrata” en el Sur, lo que sería un desastre desde cualquier perspectiva.

Como sociólogo rural dedicas gran parte de tu argumentación a la cuestión agrícola, en relación con la tierra y el suelo. ¿Qué hace a este aspecto algo tan relevante y, sin embargo, tan frecuentemente infravalorado por el ecologismo dominante del Norte Global? ¿Cuáles son los aspectos principales que deberíamos tener en cuenta a este respecto para pensar en un Green New Deal de los pueblos?

Existe un profundo prejuicio anti-campesino en el pensamiento occidental, incluido en el marxismo occidental —anti-campesino más que anti-naturaleza, ya que el pensamiento occidental a menudo fetichiza una determinada construcción de la naturaleza—. De manera natural la gente no piensa de dónde obtiene su comida, porque básicamente piensa que hay máquinas que obtienen la comida para ellos. De hecho, cantidades sustanciales de regímenes laborales globales están diseñados para apoyar el imperialismo, la acumulación global en general y productos alimenticios tropicales baratos para los trabajadores del Norte, como parte del pacto corporativista del Norte. Ahora bien: es natural que esos regímenes sean invisibilizados, porque implicarían mandatos teóricos, y por lo tanto políticos, diferentes para el ecologismo del Norte. En particular, significaría poner la liberación nacional y la cuestión agraria, del Norte y del Sur, en el centro de la planificación, el pensamiento y la práctica socialista. La agricultura es también un sector clave para llegar, al menos, a unas auténticas emisiones cero de CO2 y, por tanto, para una reducción del CO2 ciertamente intensiva en el cuidado de los cultivos, y quizá no tanto en el trabajo. Esta reducción es una cuestión de supervivencia para que los estados del Sur puedan resistir este siglo. Por lo tanto, tenemos que situar la agricultura en el centro de la planificación del uso de la tierra, incluyendo la planificación a nivel nacional de la producción agroecológica. Las cuestiones agrarias son también críticas para secar las reservas de mano de obra, aumentar el consumo rural y liberar un excedente para una industrialización soberana, así como para asegurar los insumos domésticos necesarios, de nuevo, para una forma ecológicamente atenta de industrialización en el Tercer Mundo —¡y en el Primer Mundo!—, que pase así al uso de insumos sostenibles y renovables cuando sea posible. Esto significa poner la agricultura en conversación con la planificación global en todo el mundo.

No cabe duda de que la vida tendrá que cambiar en el Norte de forma sustancial, ya que la otra opción es descargar los costes de la industrialización verde “socialdemócrata” en el Sur, lo que sería un desastre desde cualquier perspectiva

Hay tendencias dentro de ciertas corrientes del ecologismo, incluso dentro de la izquierda, a pensar, casi exclusivamente, en soluciones para abordar la emergencia ecológica desde una perspectiva tecnológica. ¿En qué medida este tecno-fetichismo y tecno-optimismo descuida las relaciones Norte-Sur? ¿Cuál sería el papel de la tecnología en un Green New Deal de los pueblos?  

Todo el tecno-fetichismo es, en primer lugar, un dispositivo explotador del cerebro que es anti-pensamiento, y que nos impide adoptar una posición marxista de principios sobre la tecnología. Absolutamente nadie está en contra de la tecnología como tal, no solo porque todo el mundo quiere algo de tecnología en su vida, sino además porque realmente no hay tecnologías “como tales”. Hay tecnologías concretas, que dependen de configuraciones particulares de los precios del mercado y del acceso a los lugares de contaminación y a los insumos de trabajo para ser viables o inviables, y que, al menos en un punto inicial, reflejan los intereses de clase de quienes están en condiciones de determinar la trayectoria del desarrollo tecnológico. Esto no significa solo niveles de contaminación, sino “soluciones” al calentamiento global como la geoingeniería o los biocombustibles, que tendrán un impacto mucho más brusco en el Sur que en el Norte. Por ejemplo, permitiendo que el calentamiento global continúe mediante la quema de combustibles fósiles, con la esperanza de una futura salvación tecnológica que llegará demasiado tarde para Bangladesh o el Caribe; o que preserve el “modo de vida” creado por los monopolios capitalistas del Norte mientras se suprime el consumo de alimentos en la periferia, como en el caso de los biocombustibles.

Un Green New Deal socialista o de los pueblos dependería en gran medida de la tecnología, pero utilizaría el principio de precaución a la hora de aplicar el cambio tecnológico, se aseguraría de que la propiedad intelectual fuera de dominio público o estuviera en manos de estados radicales, intentaría desarrollar la tecnología en colaboración con las personas más pobres que la necesitaran, y tendría en cuenta los impactos ecológicos de las tecnologías industriales frente a las no industriales —lo que nos recuerda que el debate sobre el extractivismo aborda preocupaciones reales, aunque de una forma improductiva—.

La guerra en Ucrania parece haber desplazado el debate medioambiental del centro del debate público. Como consecuencia, la urgencia de aplicar ciertas políticas medioambientales parece posponerse. Al mismo tiempo, esto parece reconfigurar la geopolítica de la energía a nivel mundial, al tiempo que surge la posibilidad de una división más marcada entre el Norte y el Sur, que afecta a las perspectivas del comercio y a la reorganización del sector financiero. ¿Qué tipo de escenarios podrían abrirse para las luchas medioambientales en este contexto? ¿Qué papel podría desempeñar el Sur Global en este sentido?

Me parece que la retirada de las sanciones a Venezuela por parte de Estados Unidos es una gran apertura para la renovación de la construcción socialista en América Latina, tras el Termidor imperial impuesto que se ha desarrollado durante los últimos años. En medio del nuevo auge de la izquierda en el ámbito electoral, reflejo de la incesante movilización popular y del completo descrédito del neoliberalismo, si no del capitalismo, como modos de dominio político, se hace necesario forjar un nuevo discurso político-ecológico y ecosocialista que tome en serio las preocupaciones planteadas por el debate “extractivista”, pero de manera que permita avanzar hacia horizontes ecosocialistas. En particular, el nuevo espacio político y la atmósfera ligeramente reducida de la depredación imperial deberían ser una oportunidad para volver a insistir en que el socialismo está en la agenda y que es necesario resistir activamente a las formas de acomodo al capital monopolista, que han ganado fuerza en la última década. Finalmente, por supuesto, las fuerzas de izquierda de todo el mundo necesitan evaluar las oportunidades y los límites de una nueva multipolaridad en términos de apertura al espacio de desarrollo, cerrado por la agenda anti-desarrollo del capital monopolista estadounidense y de la UE."                       (Alejandro Pedregal  , El Salto, 21/06/22)

12/8/22

El despertar de los pastores: Pedimos que nos paguen por nuestro trabajo, que paguen a las ovejas, a las vacas, al ganado que limpia y cuida nuestros montes. Por el servicio esencial que desempeñan, por su función ecológica y social de vital importancia, en un contexto crucial de emergencia climática

 "Llegará un día en que no podremos más, y entonces lo podremos todo”, decía el poeta Vicent Andrés Estellés. Pues ese día está llegando. Los pastores y las pastoras estamos hartos ya.

Señores y señoras, representantes políticos y administradores de los servicios esenciales para la ciudadanía: ¿Cuántos de los millones de euros que las comunidades autónomas han anunciado que van a invertir en la campaña para la prevención de incendios y limpieza de montes van a ir destinados a los pastores y a las pastoras del mundo rural? La ganadería extensiva se está tambaleando. Apenas nos tenemos en pie. Muchas de las explotaciones ganaderas han llevado ya a sus animales al matadero. Y otras, no se sabe cómo vamos a terminar.

No se trata de dar ese dinero por nada y para nada. Conocemos de sobra las razones por las cuales se producen los incendios. Las entidades sin ánimo de lucro que llevan años defendiendo el entorno rural y la naturaleza lo tienen muy claro: “El mejor bombero forestal es la ganadería extensiva”. Si hasta vosotros mismos nos estáis diciendo la importante labor que realizamos.

Las pastoras y los pastores de la Serranía Alta de Cuenca solo queremos mantener vivas nuestras explotaciones ganaderas, mantener vivos nuestros pueblos, seguir trabajando, seguir adelante. Pero estamos atravesando la tormenta perfecta: el cambio climático nos golpea con una dureza nunca antes conocida, tenemos que alimentar al ganado con cereales cuyos precios se han duplicado, somos el eslabón más débil de la cadena (víctimas de almacenistas, especuladores, intermediarios y gentes a menudo sin escrúpulos que viven a nuestra costa). Compramos por lo que nos piden, vendemos por lo que nos dan… Nuestros productos son perecederos y perdemos así cualquier posibilidad de presión a la hora de negociar los precios.

No queremos ser héroes. Solo queremos poder vivir con dignidad. Los pastores y las pastoras somos esclavos de nuestras ovejas, vivimos para ellas, sin horario ni calendario. Pero ¿hasta cuándo podremos aguantar esta situación? Si producir alimentos sanos y naturales en estas circunstancias nos cuesta dinero, si otro recurso como la lana ya no vale nada, si por vivir en zonas remotas hasta tengo que pagar por que se lleven el estiércol… Entonces ¿qué nos queda?

Nos queda el trabajo importantísimo que nuestros ganados llevan a cabo en el campo, aprovechando los pastos, abriendo sendas y caminos, evitando que se conviertan en combustible, ayudando a mantener el equilibrio en los ecosistemas, fomentando la diversidad, creando paisaje para el disfrute de todos. Es un trabajo que se nos tendría que reconocer, valorar y pagar. En ello va nuestra supervivencia.

No nos dejen caer. No dejen que desaparezcamos. La ganadería extensiva tendría que ser considerada como lo que es: una pieza esencial del operativo de prevención y lucha contra los incendios, junto con las cuadrillas forestales que desbrozan los montes. Las personas que lo hacemos posible reclamamos dignidad.

A menudo los pastores interiorizamos que “lo que hacemos no vale nada”, que “somos tontos como nuestras ovejas”, y por eso seguimos adelante sin esperar nada a cambio. Pero ni somos tontos, ni nuestras ovejas son tontas. Pedimos que nos paguen por nuestro trabajo, que paguen a las ovejas, a las vacas, al ganado que limpia y cuida nuestros montes. Por el servicio esencial que desempeñan, por su función ecológica y social de vital importancia, en un contexto crucial de emergencia climática.

Señores y señoras, esa remuneración digna, ese apoyo que exigimos, no es para nosotros. Es para todos. Para todas. Por favor, rásquense el bolsillo. O mejor dicho, adminístrenlo bien. Solo se trata de eso, de administrarlo bien, de priorizar lo realmente esencial, y pensar, de una vez por todas, en el bien común."                

(Rodrigo Molinera Villanueva , Pastor de Poyatos, Serranía Alta de Cuenca, Laura Navarro , Hija de poyatera; El Salto, 10/08/22)

27/7/22

“Cuando a un ganadero le come el lobo un xatu le está dejando sin la nómina del mes”

 "(...) Más allá del turismo, ¿de qué se puede vivir en Teverga?

La ganadería sigue siendo importante, y hay gente joven con cabañas muy importantes. La ganadería es la que mantiene el territorio. Hay que cuidarla. Somos reserva de la biosfera. Suena muy bien, pero eso tiene que ir acompañado de compensaciones económicas. No hay ayudas por ejemplo a conservar las brañas. Si la administración está pidiendo a la población que cuide el territorio la gente también tiene que recibir por ello.

Eso nos lleva a un tema delicado: el lobo

Para empezar no tiene sentido que todavía no tengamos un censo de lobos. No lo entiendo. Lo otro que pienso es que conservar el lobo tiene un precio. Cuando el lobo le come un xatu a un ganadero le está dejando sin la nómina del mes. El rechazo al lobo es ancestral, pero el retraso en pagar las ayudas provoca todavía más rechazo en la gente del campo.

¿Se está cumpliendo ese pronóstico postpandémico del regreso al campo?

Hay un goteo de gente de fuera que se viene a vivir y de gente con vínculos con el concejo que se instala o pasa temporadas largas, que arregla casas de la familia… Una de las cosas buenas de Teverga es su ubicación, estás en la naturaleza, pero a 40 minutos de Oviedo y otros 40 de Pola de Lena, donde en nada vas a poder coger el AVE a Madrid. Se están comprando casas antiguas y hay pueblos que ya triplican la población en verano. Nos falta empleo más allá del turismo, que es muy estacional. Hay algunas empresas en el polígono de Entrago que están haciendo cosas interesantes, como Algatek, con algas, y Renastur, con savia de abedul, pero nos sigue faltando más industria. Me encantaría por ejemplo una pequeña fábrica de queso o de cerveza. Creo que el parque natural le da un valor añadido a cualquier producto que se haga aquí. (...)"                ( Diego Díaz Alonso, Nortes, 22/07/22)

2/6/22

Está comprobado que la ruina de casi todos –a pesar de que los ricos contaminen mucho más– contribuye a mejorar el medioambiente (desciende el consumo, se emiten menos gases de efecto invernadero), pero eso es, precisamente, lo que debería evitarse para, en su lugar, erigir un ecologismo basado en la justicia social y el bienestar de la ciudadanía, donde el decrecimiento se produzca de forma regulada... un ejemplo entre muchos, el de Cuba... cuando al desaparecer el trato comercial preferente que mantenía la URSS con la isla, el PIB se contrajo en un 33%, principalmente por faltar el petróleo soviético, pero, pese a la gravedad de los hechos, la esperanza de vida no bajó y el cataclismo sirvió de aliciente para convertirse en una de las naciones líderes en agroecología del mundo... A principios de los años 2000, la producción de alimentos era un 21% mayor que antes del Período Especial, y todo ello se había conseguido por vías sostenibles... ahora, con la guerra, no es casualidad que el Reino Unido haya recomendado implementar algunas de las medidas que salvaron a Cuba de la hambruna: producir más fertilizantes naturales y plantar leguminosas

 "Al comenzar la crisis de 2008-2009, una persona de mi entorno cercano se arruinó hasta el punto de sufrir verdaderas penalidades. La empresa de su marido había quebrado y ella sólo podía aportar un salario de esos raquíticos que abundan en España. Cuando, un día, se le rompió la lavadora, se vio a sí misma haciendo lo que jamás había hecho: lavar a mano la ropa de la familia. 

Por suerte, sus compañeras de trabajo se dieron cuenta y decidieron, entre todas, recolectar el dinero suficiente para regalarle otra antes de que los dedos picados por el detergente, junto a la humillación de saberse pobre en un país supuestamente desarrollado, acentuaran aún más su malestar.

Recurro a este ejemplo porque me parece representativo de varios fenómenos: por una parte, la debacle económica, de la que aún no nos hemos recuperado cuando ya se debaten los estragos de otra crisis; por otra parte, las mudanzas forzosas hacia comportamientos benévolos con el medioambiente –lavar a mano, no ocasionado por el «ecologismo» sino por los choques sísmicos del capitalismo–; finalmente, la solidaridad y amistad que permitieron que esa práctica acabase.

 En última instancia, la historia me devuelve los ecos de una probable situación de miseria generalizada que, si no se toman medidas políticas contundentes, terminará por replicarse debido a los estragos de la emergencia climática, la escasez de combustibles fósiles, y la huida hacia adelante que muchos gobiernos se han empeñado en poner en marcha.

Está comprobado que la ruina de casi todos –a pesar de que los ricos contaminen mucho más– contribuye a mejorar el medioambiente (desciende el consumo, se emiten menos gases de efecto invernadero), pero eso es, precisamente, lo que debería evitarse para, en su lugar, erigir un ecologismo basado en la justicia social y el bienestar de la ciudadanía, donde el decrecimiento se produzca de forma regulada. 

 Es perfectamente viable, contamos con el conocimiento y la tecnología como para que no caiga por el abismo de los sueños rotos, sólo hace falta voluntad política y, como en la colecta de la lavadora, empatía y colaboración. Conozco muchas más historias; una de ellas ocurre en Cuba. Rebobinemos.

Fin oficial de la Guerra Fría; la URSS da sus últimos coletazos y, con ellos, desaparece el trato comercial preferente que mantenía con la isla, dando comienzo a lo que los historiadores han llamado el «Periodo Especial», una etapa de escasez tan devastadora que el cubano medio perdió 9 kilos en pocos años. El PIB se contrajo en un 33%, principalmente por faltar la energía fósil soviética, pero, pese a la gravedad de los hechos, la esperanza de vida no bajó y el cataclismo sirvió de aliciente para convertirse en una de las naciones líderes en agroecología del mundo. 

Como no había combustible que hiciese funcionar la maquinaria agrícola, aumentó la población de bueyes; al carecer de fertilizantes químicos, buena parte de la gente se dedicó a nutrir las tierras, tanto en los campos como en las ciudades, con compost y otros abonos naturales, plantando también leguminosas que fijaran el nitrógeno al suelo; ya que los pesticidas brillaban por su ausencia, se asociaron los cultivos de manera que esa combinación detuviese las plagas.

Sostenibles a fuer de pobres

A principios de los años 2000, como demuestra la investigación del doctor en antropología social Emilio Santiago Muiño, la producción de alimentos era un 21% mayor que antes del Período Especial, y todo ello se había conseguido por vías sostenibles. Para más inri, la incidencia de algunas enfermedades cayó en picado porque, al disminuir el transporte propulsado por gasolina, la gente recurrió en masa a la bicicleta. Nada de esto se incentivó bajo el paraguas de la lucha contra el cambio climático; al contrario, fue la necesidad la culpable del giro en el modelo agrario, alimenticio y vital, pero las prácticas prevalecieron y, hoy sí, estas victorias son motivo de orgullo ecologista.

 No es mi intención minimizar la cantidad de sufrimiento que se dio simultáneamente en la isla, ni blanquear un régimen en el que no existe la pluralidad de partidos ni la libertad de expresión; más bien se trata de valorar unos logros ciudadanos que, con ayuda del Estado, sirvieron para mitigar lo que, de otra manera, habría constituido una crisis humanitaria de proporciones inimaginables. Ahora que se culpa indiscriminadamente a la guerra por una urgencia energética y económica multifactorial –la guerra influye, pero no la explica enteramente–, es necesario rescatar tanto los aprendizajes históricos como aquellos saberes tradicionales que ayudan a reducir nuestro uso de combustibles fósiles siendo, además, más respetuosos con la biosfera de la que dependemos.

 No es casualidad que el Reino Unido haya recomendado implementar algunas de las medidas que salvaron a Cuba de la hambruna: producir más fertilizantes naturales y plantar leguminosas. Otras, como la gestión vecinal de los parques públicos para el cultivo de frutas y verduras destinadas al autoconsumo, han sido bienvenidas en algunos barrios de Estados Unidos, un país que, pese a su deletérea huella de carbono (segundo más contaminante del globo), ha realizado esfuerzos significativos en la construcción de infraestructuras resilientes, con resultados mixtos. 

En España, contamos con iniciativas encomiables como la del ayuntamiento de Pontevedra, que hace años peatonalizó el centro, lo cual ha provocado un descenso de las emisiones de CO2, la revitalización del comercio local y una mejor calidad de vida en general. En el contexto bélico actual, la Agencia Internacional de la Energía ha propuesto reducir la dependencia del gas y el petróleo rusos mediante un decálogo que incluye promover el teletrabajo, volar menos, compartir vehículos y abaratar el transporte público, lo cual precisaría del empuje de políticas públicas y no tanto de la iniciativa individual. Hace poco, un grupo de científicos elaboró un complejo plan de choque que pasa por nacionalizar las eléctricas, reforestar nuestros bosques, prohibir sustancias tóxicas como los plásticos y una justa redistribución de la riqueza.

 Las soluciones están al alcance de la mano. No hay excusas –no debería haberlas– para llevar a cabo reformas estructurales que minimicen la vulnerabilidad social e incluso nos conduzcan a escenarios más saludables, llenos de aire limpio y actividades que, como apuntaba el informe Meadows, puedan crecer ilimitadamente en un clima de equilibrio material y natural: el arte, la educación, el deporte, aunado a una solidaridad que no sólo sirva para hacer colectas. En la sabiduría de nuestras sociedades, sería un error optar por otro camino."                  (Azahara Palomeque , Climática, 4 abril, 2022)

26/5/22

El tema del animalismo llevado al extremo no conecta con la sociedad ni con el medio rural... Todos mis hermanos son cazadores, hay galgueros, escopeteros... La caza no es un deporte. La caza es la caza. Sales con el perro por el campo, te bates con el disparo, el lance, la inteligencia... la culpa del problema de la caza, de la disminución del número de pájaros, de aves, de liebres, de conejos, ¿sabes de quién es? No es de los cazadores. Es de la agricultura intensiva. Hace cuarenta años, en el medio rural, todo el mundo era cazador, o en todas las familias había un cazador... ¿Qué ha pasado? La agricultura intensiva... Lo que daña a la caza es la agricultura intensiva y el que diga lo contrario miente... Yo he visto, después de la siembra de trigo o remolacha, cientos de pájaros muertos. Por el veneno que echan... la ultraderecha de Vox dice cosas que pueden sonar bien en el oído del jornalero, como esto de la caza. Pero no en el tema del trabajo, de los convenios. Lo que sí te digo es que el sentimiento que hay es que se quieren cargar la caza. Y cuando hablas del sentimiento de la gente... ese sentimiento de abandono lo está monopolizando la ultraderecha tocando la tecla de los toros, el caballo y la caza... Luego, cuando hablamos del subsidio agrario, lo que era el PER, que es una forma de fijar población, una especie de renta básica de jornaleros, pues está en contra de ese subsidio

 "(...) Cañamero está metido en la faena desde el conflicto de la remolacha de El Coronil de 1976. Encierros, huelgas, ocupaciones, manifestaciones, "expropiaciones" de comida y material escolar, detenciones, insumisiones, multas y juicios salpican su trayectoria. Un recuerdo de una batida de caza a la que asistió en su infancia, compartido por Cañamero con Joaquín Recio para su biografía, da idea de cuál es su origen y dónde se forma su visión de la sociedad rural: "Recuerdo la cifra, mataron 315 agachadizas, un pájaro muy apetecible de la caza menor. Después se pusieron a descansar y a hacer su aperitivo, con nosotros mirando como perros. Esas cosas no se olvidan nunca".

infoLibre entrevista a Cañamero con el medio rural erizado de malestar. Pero esta vez el agro no expresa su ira contra el "señorito", palabra que Cañamero mezcla con "terrateniente", "derecha" y "ultraderecha" para identificar a sus adversarios. Esta vez en la manifestación del campo están el PP y Vox como parte del paisaje. (...)

¿Estuvo en la manifestación del domingo?

No estuve, no.

¿Por qué?

Aquí hay una Ley de Cadena Alimentaria, una ley para que los costes no sean mayores que los precios, algo beneficioso para el campo, y el PP y Vox estuvieron en contra [ver aquí información de Newtral sobre las posiciones de PP y Vox]. Y esos mismos partidos llaman a la movilización cuando en realidad se oponen a los intereses del campo y no han apoyado que sus productos tengan unos precios superiores a los costes. Se dedican a la manipulación pura y dura. Lo que hace falta es poner en marcha la ley ya.

Hubo mucha asistencia a esa manifestación.

Hay un problema en el medio rural, evidentemente. Pero hay que tener mucho cuidado, porque la manifestación mezcla los toros, la caza, el medio rural, la España vaciada, los animales... Lo meten todo en el mismo saco, tocando teclas sensibles para la gente. Es una lucha política de la derecha para hacerse con el Gobierno a base de manipulación. Y yo soy el primero en decir que el campo se tiene que defender, soy un defensor a ultranza de los agricultores y del medio rural. ¡Conozco el problema! Hacen falta médicos, carreteras, colegios, autobuses, ferrocarril, internet, viviendas baratas... Pero cuando la derecha está en el gobierno no hace nada de eso. Y ahora, en la oposición, manipulan los deseos y los sentimientos de la gente. No tienen escrúpulos. Salen a decir que hay que bajar los impuestos porque suben los precios. ¿Y de quién es culpa? Aprovechan el malestar que ellos mismos causan. Es la doble moral de siempre.

Por un lado, quieren más guerra en Ucrania, que hay que seguir, mandar armas, que dure lo máximo posible... Pero ojo, eso dispara los precios. Y cuando ocurre, llaman a la movilización contra el Gobierno, cuando eran conscientes de que iba a pasar. Eso sí, rechazan la negociación. Pues la gente tiene que saber que eso son civiles muertos, ¿eh? Gente que se tiene que ir [de Ucrania], abuelos arrastrando los pies por el barrio... ¿No les da vergüenza, hombre? 

¿La derecha se puede beneficiar del malestar en el campo?

Claro que sí. Con su manipulación. Hay una cosa real... Los cazadores tienen sus problemas. La ley animalista... Es que hay gente que no tiene mucha idea. Se creen que a los perros hay que ponerles un abrigo y meterlos en un piso. El tema del animalismo llevado al extremo no conecta con la sociedad ni con el medio rural. Cosa distinta es que a los animales hay que cuidarlos. No se puede maltratar de ninguna manera. Yo tengo una perra y la quiero con locura. Ahora te voy te voy a mandar un vídeo, para que la veas... Lo que sí hay son unas tradiciones en el mundo rural.

¿Pero esas tradiciones han sido atacadas? Por ejemplo, la caza.

Hay un bulo permanente de la derecha para ganarse al medio rural y a la gente del campo. Pero también algunas veces, cuando se intenta poner una ley en marcha, me refiero a la de lo animales, se va un poco al extremo. Una cosa es que no se puede maltratar a un animal y otra que tengas que tener licencia de criador para criar a un animal. La gente en los pueblos tiene un animal bonito, de caza, le echa un macho para que tenga crías y se las da a los amigos, no se pone a negociar con ellos. No hay costumbre. Si tienes un perro bueno de caza, la cría se la das a un amigo que está deseando tener un perro como el tuyo. Es normal. Pero bueno, como te digo, todo eso luego se manipula. La federación de caza la dominan los señoritos y la derecha.

Pero los cazadores no son todos señoritos ni de derechas.

¡No! En mi pueblo [El Coronil] hay 400 cazadores y hay gente de todo tipo, gente del sindicato también [SAT]. De esto entiendo, ¿eh? Todos mis hermanos son cazadores, hay galgueros, escopeteros... La caza no es un deporte. La caza es la caza. Sales con el perro por el campo, te bates con el disparo, el lance, la inteligencia.

¿Le gusta cazar?

A mí me gusta, sí. Voy de higos a brevas, pero me gusta la caza tradicional, como hacía mi padre. Vas al campo y te vienes con una pieza, con cuatro o con ninguna.

¿Hay alguna limitación a la caza que antes no hubiera?

No, lo que ocurre es... Mira, la culpa del problema de la caza, de la disminución del número de pájaros, de aves, de liebres, de conejos, ¿sabes de quién es? No es de los cazadores. Es de la agricultura intensiva. Hace cuarenta años, en el medio rural, todo el mundo era cazador, o en todas las familias había un cazador, uno que ponía perchas, o lazos para los conejos, o cepos... Y no se eliminaban los pájaros, las aves, los conejos, las liebres... Nada de eso. ¿Qué ha pasado? La agricultura intensiva. No es lo mismo la agricultura intensiva que la extensiva, ¿eh? No es lo mismo una piara de cochinos comiendo bellotas en el campo que estabulados con unos piensos que la mayoría son mierda. No es lo mismo una gallina de corral que una gallina que no puede ni moverse. Lo que daña a la caza es la agricultura intensiva y el que diga lo contrario miente como un bellaco. Yo he visto, después de la siembra de trigo o remolacha, cientos de pájaros muertos. Por el veneno que echan. Y fíjate, yo me los comía asados, porque había la creencia de que pasados por la candela no pasaba nada, que se iban todos los herbicidas...

¿De qué año estamos hablando?

Mediados de los 70. Todo el problema de los herbicidas y pesticidas y productos químicos viene de los 60 en adelante. Eso es lo que ha disminuido a tope la población cinegética. De manera bestial. Ese es el problema de la caza. Y otro problema es la caza intensiva. Porque los animales de granja echados al campo para cazarlos vienen con enfermedades y contagian. La caza intensiva es la que les gusta a los señoritos, que echan en los cotos un montón de pájaros de granja y ponen a mil euros el puesto. Esa es la caza de los ricos. Pero la tradicional, de toda la vida, que ha practicado el pueblo, es otra cosa. Yo la defiendo. Pero claro, al final se mezcla todo... Mira, en España hay 450.000 hectáreas de vías pecuarias, 100.000 en Andalucía. Pues el 80% están usurpadas por los terratenientes, ¡por esos que se ponen ahora al frente de la manifestación! Pues si tienes ocupada una vía pecuaria, ahí no pueden anidar pájaros, no hay tagarninas, no hay caracoles, no hay setas, lo ocupas todo, con lo que al final se pierde un refugio. Una cañada real debe tener 75 metros, ¡a ver cuántas tienen 75 metros de verdad! ¡Ninguna! Todas ocupadas, y los cordeles y las coladas, los abrevaderos y los descansaderos. Por cierto, que no hay ganado ni cabreros porque se lo han cargado todo a base de herbicida y pesticida y de echar veneno.

¿Son los propios terratenientes los que fastidian la caza?

Claro. Son ellos. Y le echan la culpa al Gobierno. Pero claro, luego hay cosas... Por ejemplo, se ha prohibido la caza de la tórtola. Me parece bien si hay una disminución considerable de la población. Pero si prohíbes la [caza de la] tórtola aquí, lo que pasa es que el pobre no puede cazar pero el rico se va a Marruecos, paga un puesto que cuesta un dineral y sí la caza... O por ejemplo, se dice de prohibir la caza de la perdiz roja, que es verdad que la población está disminuyendo y hay que protegerla. Pero, ¿sabes cómo se protege la perdiz roja?

¿Cómo?

Sin veneno en el campo y sin permitir que al hacer por la noche las alpacas de paja se traguen bandos enteros de perdices, que se quedan molidas dentro de las alpacas. Luego he visto cómo un granjero echaba de comer al ganado y salían pájaros muertos de la paja. Eso no se puede permitir de noche. Ni tampoco se puede permitir de noche el olivar intensivo, con las máquinas llevándose por delante los zorzales, los jilgueros, los chamarines, moliéndolos mientras están dormidos y no se mueven porque los pájaros son amigos del ruido, están acostumbrados ya a los tractores. Yo antes, y de esto hace 50 años, cuando salía al campo los cogía pisándolos con un candil y un cencerro de oveja, porque estaban familiarizados con el ruido... Pero todas estas cosas no se saben. No las saben los animalistas.

La mayoría de la gente habla del campo por hablar. Hay que pararse a preguntar y mirar, no hablar sólo con el corazón. Hay que enterarse. De la realidad, no de lo que tú piensas. Si hablas del campo sin saber, la lías, porque llega la derecha. Y a la derecha y la ultraderecha les importa una leche el campo y les importa una leche la caza, porque los señoritos lo que hacen es caza mayor, en cotos, que esa no es la que se están cargando con la ganadería intensiva. Los señoritos que ahora salen a protestar se han cargado la caza y el medio rural. Y encima se están ganando a mucha gente del campo tocando sus temas sensibles.

¿Ha seducido el discurso de la derecha y la ultraderecha a gente del SAT?

Hombre... Hay gente del SAT que ha ido a la manifestación, sí. Y es verdad que la ultraderecha de Vox dice cosas que pueden sonar bien en el oído del jornalero, como esto de la caza. Pero no en el tema del trabajo, de los convenios. Lo que sí te digo es que el sentimiento que hay es que se quieren cargar la caza, que está en peligro. Y cuando hablas del sentimiento de la gente...

¿Diría que se está derechizando el campo?

El campo tiene problemas estructurales graves. Hay problemas de despoblación –en Andalucía no tanto–, de precios, de internet, de servicios, de todo. Y ha habido un abandono de los diferentes gobiernos. Y ese sentimiento de abandono lo está monopolizando la ultraderecha tocando la tecla de los toros, el caballo y la caza, cuando en realidad le importa una mierda el campo, el medio rural y lo que les pase a los trabajadores. Pero van a los sentimientos y se están ganando a mucha gente con eso. Luego, cuando hablamos del subsidio agrario, lo que era el PER, que es una forma de fijar población, una especie de renta básica de jornaleros, pues está en contra de ese subsidio.

¿Qué piensa de la imagen de los manifestantes a caballo con aspecto señoritil?

Por eso yo no he participado. Ha habido mucha manipulación. Pero hay mucha gente del campo a la que la ultraderecha se la ha ganado por la torpeza del Gobierno.

¿Hace el Gobierno políticas adecuadas para el campo?

La Ley de Cadena Alimentaria es correcta, estoy a favor. Lo triste es que la derecha que no apoyó esa ley llame ahora a movilizarse. El Gobierno tiene que hacer que se cumpla. Que los costes no estén por encima de los precios. Punto. ¿Cómo vas a tener zanahorias, trigo o lechuga para que te cuesten más que los precios? No puede ser. Eso hay que evitarlo. Y hay que vigilar que no pase, controlarlo.

¿Faltan inspectores?

Hay inspectores, pero hay que poner medios para que vayan a los grandes supermercados, a los mayoristas... Si yo vendo una lechuga, alguien me la ha comprado, ¿no? Es fácil de encontrar. Ahí hay que ir. Pero la derecha no quiere ese control, claro que no. No quieren control público de nada. Mercado libre, capitalismo, que ningún mercado se corrija. Ahora, eso sí, dinero púbico para salvar a banqueros granujas y para tapar el desmadre. Es la doble moral.

¿Antes era más sencilla, más clara, la lucha en el campo?

La verdad que sí. Había un sector terrateniente y unos jornaleros sin tierra. Hoy está todo más diluido. Ahora trabajo en el campo hay, la agricultura se ha diversificado, los olivos, la fresa, los invernaderos... La construcción empieza a despuntar y hay jornal disponible para mucha gente. No estamos en la situación de hace 20 años. Ha mejorado, aunque los jornales no mejoran y se han disparado los precios.

La inflación. Un problema grave.

Está todo muy caro. Antes le echabas al coche 10 euros y andabas 100 kilómetros. Ahora... Se habla de los camioneros, que es verdad que tienen un problema, pero, ¿y la gente que tiene que trabajar a 100 kilómetros, como los jornaleros de los pueblos de secano de Cádiz? Es que hay que enterarse y entender lo que pasa en el medio rural. Y no se enteran, no lo entienden.

¿El Gobierno no entiende el campo?

No lo entiende, no. ¡Pero hasta ahora ningún gobierno! Y eso que es el 80% del territorio del Estado.

¿Y Unidas Podemos?

Tiene pocas responsabilidades. Todo el tema de Seguridad Social depende del PSOE, que lleva gobernando 30 años pero nos ha tratado siempre con el limosneo.

¿En qué sentido?

Limosna. Paternalismo. Cuando llega la recolección, tiene que haber trabajadores disponibles que han estado en el paro a lo mejor seis o siete meses. Para que esa mano de obra esté ahí mientras tanto, hay que mantenerla, atenderla, protegerla con un subsidio, con una prestación. No es limosna, es proteger la mano de obra. Para el PSOE siempre ha sido caridad. Pues mira, al terrateniente, a la agricultura y al Gobierno les hace falta esa mano de obra y hay que pagarla.

¿Ya nadie pide la reforma agraria?

Nosotros [el SAT] seguimos pidiendo al reforma agraria.

¿Qué reforma?

En Andalucía cuatro, cinco o seis terratenientes se llevan el dinero de 6.000 jornaleros. Los terratenientes no pueden seguir teniendo el 50% de los tierras nada más buscando las ayudas de la PAC.

¿De quién habla cuando dice "terratenientes"? Concrete algunos.

Los Mora Figueroa, la Casa de Alba, los Domecq, González Byass, los Candau...

¿Dónde milita actualmente?

Políticamente, en Podemos. Y en el SAT. (...)"                     

 (Entrevista a Diego Cañamero, Ángel Munárriz  , InfoLibre, 24 de marzo de 2022)

5/5/22

Tradición e innovación combaten el cambio climático en agricultura india... agricultura multicapa con métodos orgánicos naturales, la gestión integrada de plagas y los cultivos intercalados... El diseño incorpora una variedad de verduras y frutas plantadas en un espacio limitado. Esto significa utilizar árboles y plantas de distinta altura y tiempo de maduración diferente junto a otros, de modo que cada uno es interdependiente del otro

 "A pesar de que el clima errático y las temperaturas extremadamente altas aumentan las plagas y afectan a las cosechas, una combinación de métodos tradicionales innovados y manejo integrado de plagas, mediante cultivos intercalados y en multicapas está ayudando a los agricultores de dos distritos de India a afrontar estos impactos del cambio climático.

Los distritos de Ahmednagar y Aurangabad, en el estado occidental de Maharashtra, son regiones semiáridas del interior de India. El primero  se ubica en una zona propensa a la sequía y lluvias irregulares, mientras el segundo se ubica en la región de Marathwada, que directamente carece de agua.

La temperatura máxima media en esta parte de India es alta y la zona sufrió graves sequías en 2012 y 2014. Además salvo el Godavari, no hay ríos perennes en la región.

Como resultado, los agricultores lo pasan mal durante los meses del verano boreal, tratando de evitar que el suelo se agriete por el intenso calor. Las lluvias son erráticas, y las cada vez más intempestivas agravan la aparición de plagas.

Sin embargo, ambos distritos son líderes en la producción de legumbres, maíz y garbanzos.

Dado que estos cultivos son susceptibles a los pulgones y a los barrenadores de vainas, las altas temperaturas y las lluvias irregulares que ha traído el cambio climático han hecho que los agricultores recurran a un mayor número de productos químicos para controlar las infestaciones de sus plantas.

Pero una de las soluciones que han encontrado a estos problemas los productores de estos distritos ha sido el de la agricultura multicapa con métodos orgánicos naturales, la gestión integrada de plagas y los cultivos intercalados.

Y el éxito ya es perceptible entre los campesinos que han adoptado esta combinación de técnicas en sus parcelas, según comprobó IPS cuando se desplazó a varios asentamientos rurales desde Pune, una ciudad del estado de Maharashtra que es la séptima más poblada de India.

La reducción gradual de agroquímicos en sus explotaciones los últimos tres años, los agricultores optan ahora por la agricultura ecológica y natural, con la ayuda de los conocimientos técnicos de la organización no gubernamental  india Watershed Organization Trust (WOTR, Fideicomiso para la Organización de Cuencas Hidrográficas) y de los científicos de WOTR-Centro para la Resiliencia al Clima (W-CRES, en inglés).

El diseño incorpora una variedad de verduras y frutas plantadas en un espacio limitado. Esto significa utilizar árboles y plantas de distinta altura y tiempo de maduración diferente junto a otros, de modo que cada uno es interdependiente del otro.

Las plantas más pequeñas crecen bajo el dosel de los árboles altos y rinden bien, incluso cuando los árboles frutales altos se disparan hacia el sol. También se garantiza una sombra adecuada en los meses de verano para mantener las fincas frescas y propicias para el crecimiento.

El consumo de agua se mantiene al mínimo mediante un aspersor de lluvia que recorre la parcela.

El método también utiliza la gestión integrada de plagas para controlarlas mediante la elección de las plantas adecuadas en un grupo, y pesticidas naturales, sin utilizar ningún agroquímico.

Una gestión integrada de cultivos y plagas

Nitin Kumbhar, investigador principal de W-CRES, y Satish Adhe, investigador junior, explicaron a IPS en Pune, donde WOTR tiene su base, que la gestión integrada de plagas funciona a varios niveles.

“Opera a través de la elección de métodos naturales y orgánicos, trampas de feromonas naturales, cultivos intercalados (según una fórmula que hemos desarrollado), y el uso de fungicidas/pesticidas orgánicos que pueden ser fácilmente fabricados por los hogares agrícolas”, dice Kumbhar.

Se utiliza un diseño cuadrado simple, en el que los bananos se intercalan con la caléndula, el mango, el maíz y garbanzo negro (muy preciado en India), y las papayas se intercalan con la esa misma variedad negra de la leguminosa y guayabas.

Las cebollas, a su vez, se intercalan con jengibre; los tomates con espinacas y calabazas. El rábano se planta en una sola fila, mientras que la llamada calabaza de cresta, la hierba de limón (lemon grass) y el cilantro se cultivan en los flancos exteriores de las fincas.

El cilantro de tallo blando atrae a las plagas. Cuando es atacado, los tallos de cilantro afectados se desechan fácilmente. La caléndula destruye los nematodos (pequeños gusanos alargados) del suelo gracias a sus raíces alcaloides y protege los cultivos. También atrae a las polillas hembras que ponen huevos en la planta (dejando intactos otros cultivos). El maíz atrae insectos beneficiosos como el escarabajo mariquita, que se alimenta de los pulgones que destruyen los cultivos.

Esa gestión integrada de las plagas también incluye trampas de feromonas para atraer y matar a las más destructivas. Estas trampas pueden utilizarse contra insectos comedores de hojas, barrenadores de la vaina, cochinillas, pulgones, plagas chupadoras o moscas de la fruta.

Para todo ese sistema de cultivos controladores de plagas, es imprescindible que la plantación se haga en dirección norte-sur.  “Esto permite que los cultivos tengan acceso al sol durante todo el día”, precisa Kumbhar.

Una vez que los agricultores prescindieron de las variedades híbridas y optaron por las tradicionales, hubo menos crecimiento vegetativo y menos ataques de insectos.

“Parte del problema de las variedades híbridas es el mayor crecimiento vegetativo y los tallos más blandos. Esto hace que sean atractivas para que las plagas las ataquen. Las variedades tradicionales son más resistentes y pueden soportar las temperaturas extremas que ahora son comunes debido al cambio climático. Los agricultores no pierden fácilmente sus cosechas debido a los ataques de las plagas”, asegura Kumbha.

Cambios productivos en las fincas

La productora Dipali Bankar, cuya familia posee una granja de 1,5 hectáreas en Ambelohol, una aldea del municipio de Gangapur, en el distrito de Aurangabad. Miembro de Savita Bachat Gat (grupo de microfinanciación de Savita), Banjar utilizó sus ahorros para ampliar las variedades cultivadas en la parcela familiar, utilizando el modelo multicapa.

“Antes cultivábamos algodón de junio a octubre, Jowar en verano, soja y gandules en los monzones, garbanzos y cebolla en invierno. La escasa disponibilidad de agua limitaba nuestras opciones”, explicó a IPS la agricultora.

En febrero de 2020, “seguí el consejo de los expertos de WOTR y me dediqué a la agricultura multicapa en cuatro ‘gunthas (400 metros cuadrados de nuestra tierra)’. Plantamos papaya, moringa, bananos, mangos, guayaba, limón, higos, tomates, berenjena, chile y caléndula”, explicó a IPS.

A pesar del impacto del confinamiento y cierre de actividades que provocó la pandemia de covid-19, la familia ganó una suma considerable con las frutas y verduras cultivadas. Los Bankar tuvieron su primera cosecha de chiles en abril de 2020 y han vendido una cantidad considerable cada 15 días, con lo que la familia ganó el equivalente a unos 200 dólares hasta ahora.

La papaya madura en nueve meses, mientras que las plantas de banano dan sus frutos en ocho meses, y las preciadas hojas y vainas de moringa están listas en siete meses. Con las primeras cosechas de estos cultivos, los Bankar ganaron ya unos 2600 dólares.

Pese a que los mercados estaban cerrados por la pandemia, la familia consiguió vender en las tiendas de comestibles locales y utilizó el resto para el autoconsumo. El marido de Dipali, Devidas Bankar, consiguió vender parte de sus productos en Surat y Mumbai, adonde viajó una vez que se flexibilizaron las medidas que restringían la movilización.

Devka Desai, de la aldea de Ambelohol, también en el municipio de Gangapur, en  el distrito de Aurangabad, reconoció a IPS que fue muy escéptica sobre el cultivo en capas. Así que inicialmente experimentó con solo 100 metros cuadrados de su parcela, donde moringa, bananos, plantó papaya, limón, mango, higos, tomate, chile, berenjena, hierba de limón, espinacas, cilantro, y plantas de curry y acedera.

Pero las ganancias fueron tan sustanciales que pronto cambió su opinión sobre la agricultura multicapa.

Explicó que tan solo con la primera cosecha ella y su esposo, Krihna, ganaron más de 230 dólares y pudieron ahorrar.

Gracias a ese ahorro los Desai han podido dejar de alquilar los bueyes que usaban en la granja y ahora tienen una vaca y dos bueyes, con un forraje nutritivo y cultivado en su parcela, lo que ha ayudado a que la vaca produzca buena leche. “El ganado lo disfruta, como puedes ver”, dijo ella señalando a la vaca que devoraba el alimento en un cubo.

La familia decidió duplicar el terreno dedicado al cultivo en capas, contó la productora.

La productora Sangita Krishna Ballal y su familia se habían dedicado al monocultivo de algodón hasta hace poco. Pero ahora se sumaron a la agricultura multicapa, en unos 100 metros cuadrados de su finca, y los nuevos cultivos mejoraron de buena forma sus ingresos. Un gran éxito fue la hierba limón, que fabricantes de esencias aromáticas recogen en su finca.

Dipak Dattatraya Mandle y su esposa Mangal Mandle, de Mahandulwadi, en el municipio de Shrigonda, también en en el distrito de Ahmednagar, descubrieron que, aparte de otros logros, las caléndulas tenían especial éxito.

Muy usadas en las fiestas y rituales de India, estas flores anaranjadas superan los 2,6 dólares el kilo y durante la última temporada festiva, en septiembre y octubre, treparon hasta los 92 dólares.

Otro matrimonio, el de Kavita y Aruna Bhujbal utilizaron el dinero extra obtenido para comprar ganado.

“Ahora tenemos 20 cabras, además de nuestras dos búfalas, y siete vacas. Hemos vendido la leche a la central lechera local. La leche de cabra tiene una gran demanda”, dijo Aruna.

Otros campesinos desvían sus ingresos extras para diversificar sus opciones de subsistencia. Por ejemplo, Kausar Sheikh ha utilizado sus ganancias adicionales para ampliar su negocio de brazaletes, mientras que Mira Mahandule y Sangita Popat Birekar han empezado a criar cabras.

Una aplicación como ayuda

Para ello, la aplicación FarmPrecise, desarrollada por WOTR, ha sido de gran ayuda.

FarmPrecise, una aplicación multilingüe, ayuda a cada agricultor con consejos relacionados con la cantidad de agua, fertilizante, fungicida o pesticida que debe utilizar para cada cultivo y en qué intervalos. Los agricultores también reciben instrucciones sobre los brebajes orgánicos para estimular el crecimiento y mantener sus cultivos libres de plagas.

Por ejemplo, los agricultores utilizan harina de garbanzo, “jaggery (azúcar de caña tradicional no procesado, muy usado en India)”, estiércol y orina de vaca para fabricar un fertilizante orgánico. Para los pesticidas orgánicos utilizan también productos provenientes de cultivos tradicionales y desechos de su ganado.

Esta combinación de métodos tradicionales, probados en el pasado y ahora en el presente, y una muy moderna aplicación tecnológica está ayudando a los agricultores de esta parte árida de India a combatir y ganarle al cambio climático, el nuevo azote de la agricultura mundial."                 (Rina Mukherji |  , Rebelión, 21/04/2022)