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21/1/19

Un hombre ‘trans’ sobre el cuadrilátero

"La de Thomas Page McBee es la historia de una doble transformación: la primera de ellas, de mujer a hombre, y la segunda, de hombre a hombre. 

Una la emprendió al final de la veintena y la culminó hace siete años, en 2012, al recibir, después de haber invertido miles de dólares en complicadas cirugías, de dos visitas a un tribunal de validación, de dos evaluaciones físicas y un certificado médico y de autoinyectarse casi 100 miligramos de testosterona en el muslo cada semana, un nuevo documento de identidad en el que por fin se acreditaba que no era la mujer que había nacido, sino un hombre. 

La otra transformación la emprendió a partir de ese momento y terminó a finales de noviembre de 2015 en la lona de un cuadrilátero del Madison Square Garden, en Nueva York, cuando peleó en un combate benéfico, porque ese día Thomas Page McBee se convirtió en el primer transexual en competir como boxeador en el santuario del boxeo en Norteamérica. Perdió el combate, pero fue un triunfo vital.

Sobre esas transformaciones, sobre los permanentes cambios de los que se nutre la experiencia del ser humano, sobre el modo en que un cuerpo puede pasar de sentirse amenazado a ser una amenaza, sobre las apariencias y la empatía habla en su libro Un hombre de verdad (Temas de Hoy, 2019), un ejercicio confesional y emocionante que ha cosechado elogios de los críticos en Estados Unidos y Reino Unido, y que llega el 15 de enero al mercado español con la aspiración de convertirse en una lectura capaz de vislumbrar una nueva manera de entender la masculinidad y de dar una perspectiva honesta sobre las intersecciones entre la violencia y la identidad.

 En él se revelan verdades y sentimientos, y se narra no solo el proceso por el cual Page McBee llegó a boxear, sino cómo fue el camino de aceptación y de aprobación de sí mismo en una sociedad hostil.

En un solitario café de Brooklyn una luminosa mañana otoñal, después de haber entrenado en un parque vecino, Thomas Page McBee, un joven de apariencia frágil, muy conversador y cercano, al que cuesta imaginar luchando en un ring, recuerda la tarde de 2014 en la que por casualidad se hizo una pregunta que fue el origen del libro y también el motivo de que acabara entrenando en el reputado gimnasio Mendez de Manhattan: ¿qué lleva a un hombre a golpear a otro? Aquella tarde, Thomas Page McBee tuvo un percance en la calle Orchard del Lower East Side: experimentó la violencia con un tipo que, sin venir a cuento y a causa de un malentendido, le amenazó e intentó agredirle.

 Ese fue el detonante que llevó a Thomas a convertirse en boxeador, tratar de entender el origen de la violencia, de dónde nace el deseo de un hombre de agredir a otro hombre. “Ahora sé que el chico quería golpearme para defender su lugar en la sociedad”, dice. “Él se sentía amenazado en su masculinidad y solo podía reconquistarla a través de golpear o dominar”.

Una vez tomada la decisión de convertirse en púgil, entre su pasado y su nuevo cuerpo surgieron grietas que le obligaron a construir un puente. “No tengo duda de que mi vida es lo que pasa después de mi transformación”, comenta. “Pero mi pasado siempre está vivo, tengo que afrontarlo de manera que pueda funcionar en mi nueva vida”.

Thomas Page McBee nació por primera vez en Hickory, Carolina del Norte, en 1981. Creció como niña sintiéndose niño, hasta que 27 años después inició el proceso de transformación, por lo que Thomas Page McBee nació por segunda vez en 2012, a los 31 años. Entonces ya era periodista. Se mudó a Nueva York y empezó a colaborar en medios como VICE, Playboy, Glamour o The New York Times. Fue editor de la página web de noticias Quartz.

 En 2014 publicó Man Alive, su primer libro, una ­autobiografía en la que relataba su transformación, se enfrentaba a la experiencia de la virilidad desde un punto cero y confesaba la tormentosa relación vivida con su padrastro, los acosos a los que le sometió en la infancia, así como el abordaje, a punta de pistola, que sufrió por accidente a los 29 años. Dos actos de violencia que han marcado su vida y su manera de escribir. El libro fue galardonado con el Lambda, premio literario a obras sobre la comunidad LGTBI.

Cuando Thomas habla de su pasado piensa en su juguete favorito, aquel musculoso He-Man y el castillo de los Masters del Universo, y no puede evitar recordar los abusos sexuales de su padrastro de los cuatro a los nueve años, sin que su madre se llegara a enterar. “Mi camino a la masculinidad se vio oscurecido por la sombra de mi padrastro”, apunta en su confesión.

También narra cómo durante toda su adolescencia asumió el apelativo de marimacho que se le concedía (“Eres como un chico, pero mejor”, le confesó una chica a los 15 años). Y cómo se enfrentó al clásico “nací en un cuerpo equivocado”. Cuando se le recuerda que hay quien dice que en la infancia se vive y después se sobrevive, esboza una sonrisa triste y añade: “No en mi caso… Fue duro, aunque también conservo buenos recuerdos.

Vi y padecí situaciones oscuras, pero descubrí posibilidades para la escapada. Mi confesión no es un lamento. Por ejemplo, tuve una profesora de secundaria que me animó a escribir poemas y por su culpa soy escritor. También mi madre me animó, leer y escribir se convirtieron en una vía de conexión. Además, en aquella época, o más bien en la adolescencia, tuve la suerte de disfrutar de dos lecturas fundamentales que me ayudaron a comprender el mundo.

 Una fue A sangre fría, de Truman Capote, que me influyó mucho. Pero no tanto como el Frankenstein de Mary Shelley. Me gusta ese monstruo complicado, vencedor de su padre, que en realidad no es un monstruo, es una persona. Al mismo tiempo, su proceso simboliza a modo de parábola los retos a los que se enfrenta la ciencia”.

En su camino a la masculinidad, en una transformación que incluyó la cirugía de reasignación sexual (también denominada cirugía de afirmación de género), la sociedad que recibió a Thomas Page McBee distaba de ser la ideal, y en muchos momentos quiso escapar de ella como de niño trataba de huir de su padrastro.

 “En Estados Unidos se educa al niño para ser hombre”, dice, “y lo tóxico no es la masculinidad, sino la manera en que se enseña a serlo. Por ejemplo, enseñar a esconder los sentimientos, a dominar, a no estar conectado con la empatía. Cuando cambié de sexo tuve que aprender a ser un hombre, y aunque entonces me sentí mucho más en armonía con mi cuerpo, no estaba conforme con una sociedad que solo aceptaba una manera de serlo.

 No obstante, la sociedad está cambiando, porque esto no es un problema biológico o de niveles de testosterona, es un problema de educación. Tenemos que crear más modelos de masculinidad, más opciones de ser hombre”.

Allison Hobbs, en su libro A Chosen Exile (Un exilio elegido), una de las referencias de Page McBee, escribió: “Los pobres buscan la aprobación de los ricos; las mujeres, la de los hombres; los judíos, la de los gentiles, y los homosexuales, la de los heterosexuales”. Thomas partió en busca de la aprobación social, pero no para acceder a ningún privilegio, sino para aprender a valerse con los códigos sociales de comportamiento.

Por más que se hubiera sometido a una cirugía que reconstruyó y alisó su pecho, que sus hombros se hubieran alineado, sus muslos hubieran perdido volumen y su barba despuntara, en las primeras citas con chicas asegura que su manera de actuar se asemejaba al de una planta al sol. “Me desplazaba hacia aquella parte de mí que de algún modo se veía recompensada”.

 Por eso se mostraba agresivo, ambicioso, con una actitud tan valiente. “Al principio no conocía bien las reglas”, añade. “Intentaba tener relaciones, pero siempre fracasaba. Creaba confusión. No hacía nada bien. Finalmente aprendí las reglas, y ahí me di cuenta de que tampoco me gustaban”. Hasta que apareció Jess. La primera noche en que conoció a la que hoy es su mujer, Jessica Bloom, sacó a relucir todo un muestrario de dudas y torpezas. Ella le detuvo y le dijo que le atraían las personas y no los cuerpos.



En esa indagación, el abrazo es uno de los grandes temas del libro. El abrazo entre amigos, entre boxeadores, la cantidad de personas que pegan porque no tienen quien las abrace, la soledad como una enfermedad terrible. “Todo esto está muy asociado con la masculinidad”, explica. “Los hombres son menos tocadores que las mujeres y les cuesta más decir que se sienten solos. Yo lo sé por mi experiencia, mi transformación. Ahora la gente me toca menos. Y la soledad encamina al suicidio, y puedo decir que los hombres experimentan más la soledad que las mujeres”.

De este modo, Thomas Page McBee arriesgó su cuerpo para ganarse el derecho a existir en él. Emprendió una aventura para explorar en la pérdida y conocerse a sí mismo, consciente de que no existe un único prototipo de hombre. En esa odisea encontró dos aliados en cierto modo catárticos, el boxeo y la literatura. Hoy considera a los entrenadores que conoció en los gimnasios subterráneos miembros de su familia, y al ver su experiencia en letras y papel siente que ha conectado con la gente a través de la escritura.

“Estoy sorprendido de ver cuánto me ha enseñado el boxeo a ser yo mismo en mi cuerpo. Gracias al boxeo conozco mis fortalezas y mis debilidades. Mi cuerpo no es perfecto, pero lo siento mío. En un ring la violencia es consensuada, no pegas a alguien que no quiere estar involucrado ni que es más débil. Es una decisión conjunta. La literatura, por su parte, es el gran regalo, permite estar en la mente de otra persona y desencadenar lo que siente, vivir en otras emociones. La literatura me hace sentir parte de la familia humana y saber que no hay nada de mí que sea igual en otro”.


A mediodía, el solitario ST Coffee empieza a llenarse de gente. El sol araña el cristal y obliga a Page McBee a torcer la mirada. Observa la pizza que ha dejado a medias, a la que no volverá. Recordamos a Joan Didion, que decía que la inocencia se termina cuando a uno le roban la ilusión de caerse bien a uno mismo.

 Thomas sonríe y asiente a un tiempo, e insiste en que por ese motivo el libro trata de meterse en la mente de un principiante. “Se supone que los hombres tienen que saberlo todo sin pedir ayuda”, dice, “y la inocencia es sobre todo ser capaz de preguntar, de preguntarse. Para mí es liberador decir: ‘No sé nada de este tema, ¿cómo tengo que actuar, cómo debo actuar?’. Inocencia es cuestionarse, es no dar las cosas por supuestas”.

Thomas Page McBee habla a borbotones y en su discurso mezcla canciones de Paul Simon; escritores ilustres que han utilizado la figura del loco, como Dos­toievski, o la historiadora estadounidense Nell Irvin Painter (“La raza es una idea, no un hecho”) y su constatación de que nadie nace viéndose a sí mismo como hombre, o como estadounidense, o como heterosexual, o como blanco. “Nos convertimos en los cuerpos que somos y el transcurso de la historia nos atraviesa, a toda velocidad, como si se tratase de una enfermedad o de una revolución”.

Hegel sostenía que el arte es la individualización de lo universal. Al respecto, Page McBee ha individualizado un problema universal como es la aprobación social y la nueva concepción de la masculinidad. Durante buena parte de Un hombre de verdad, la palabra más repetida es crisis, en relación con economía, valores, masculinidad. Por encima de ellas planea la intención del autor de contar una historia global a partir de su propia experiencia como hombre transexual al que la mayoría ve como un alien y provocar empatía.

“Para muchas personas resulta difícil prescindir de la idea de que el género es una marca de nacimiento. Yo soy una desagradable prueba de que no es así. Si me preguntas en qué consiste exactamente la idea de género, te diré que soy una paradoja porque creo que género es algo que nosotros creamos. Yo he tenido dos transiciones para llegar a ser yo mismo y pienso que ambas son verdaderas. Género es una creación cultural y al mismo tiempo es el primer aspecto de nuestra personalidad porque es lo primero que se ve de nosotros”.

Sarah DiMuccio, una investigadora norteamericana de la Universidad de Nueva York, ofreció en un artículo publicado en la revista universitaria Psychology of Men & Masculinity una definición cultural que se avenía bien con los sentimientos de Page McBee. DiMuccio, después de un periodo de investigación en Dinamarca, descubrió que los daneses decían “ser un hombre” en oposición a “ser un niño”, mientras que en Estados Unidos se dice “ser un hombre” como lo opuesto a ser una mujer.

Algo con lo que McBee está completamente de acuerdo, porque “si ser femenino es lo opuesto a ser un hombre”, dice, “entonces muchas de las cualidades que los norteamericanos asocian a las mujeres, como la empatía, que es propia tanto de niños como de niñas, no solo se ponen en cuestión durante la infancia, sino que se destruyen”.

La madre de Thomas Page McBee, ajena a los abusos sexuales que infligía su segundo marido, solía decirle: “Tú fuiste mi niño milagroso, tú tienes un corazón de oro”. La relación entre ella y Thomas, la manera en que ambos toman el género como excusa para posponer y a la postre evitar la conversación pendiente, que la muerte (por alcoholismo) de ella se llevó por delante, es uno de los aspectos más conmovedores del libro. “A veces la gente pregunta quién es tu modelo masculino, y yo no tengo un modelo masculino.

Mi madre era mi modelo de género porque siempre hizo cosas que se suponía que las mujeres no hacían. Gracias a ella aprendí que los esquemas podían romperse. Ella era científica cuando ninguna mujer lo era, trabajaba para el Gobierno americano cuando las mujeres no trabajaban para el Gobierno americano. Trabajó para General Electrics y se graduó en la universidad. Me permitió y me animó a ser yo mismo. Ahora que soy adulto me doy cuenta de lo afortunado que soy.

Cuando falleció, yo había cambiado de sexo tiempo antes y no tuve la oportunidad de crear una nueva relación con ella de hijo a madre; era el mismo, pero ya no era una mujer y ya no tuvimos ocasión de conocernos de nuevo. Reflexiono mucho en lo que podría pensar de mí ahora… Creo que estaría feliz”.

Hoy día, Thomas Page McBee es un hombre recién casado; mantiene una estrecha relación con su hermana pequeña, Clare; se muestra satisfecho al comprobar que las mujeres de su vida piensan que es mejor persona por haberse convertido en el hombre que era, e insiste en que la familia, como el género, es una cuestión de contexto.

Ejerce de boxeador amateur y periodista en distintos medios, y viaja por Estados Unidos dando charlas y reivindicando la vulnerabilidad de los hombres como un bien preciado de la masculinidad.

Su mujer, Jess, tiene en parte la culpa de Un hombre de verdad porque aquella noche en que Thomas Page McBee estuvo a punto de recibir una paliza en la calle Orchard, él estaba buscando un restaurante para invitarla a cenar. Cuando se lo contó, ella le calmó diciéndole: “Tu sensibilidad y tu ternura me resultan muy masculinas”.               (Use Lahoz, El País Semanal, 10/01/19)

11/2/16

En los países nórdicos, paraíso del igualitarismo, hay más asesinatos de mujeres que en las sociedades del Sur de Europa

"Las aquí presentes, que no abajo firmantes, tenemos algo que decir, por si alguien quisiera escuchar. No como mujeres. Como individuas, cada una con sus gustos, colores, lecturas, edades, canciones. Por si a alguien le sigue dando por hablar en nombre de “las mujeres”. Y nos sale esto.

La situación de las mujeres en España, según todas las estadísticas de organismos internacionales, es de las mejores del mundo, sin que ello signifique que no pueda mejorar. En la actualidad, hay más mujeres en la universidad que hombres, el fracaso escolar es masculino y la presencia femenina se hace cada vez más evidente en profesiones como la medicina, la judicatura, la alta Administración del Estado o los niveles más altos de la política.

 En los últimos años, sin embargo, coincidiendo con la entrada en vigor de la Ley de Violencia de Género, se ha instalado en el discurso predominante una corriente que presenta a las mujeres por defecto como víctimas del heteropatriarcado, de una sociedad machista, lo que nos parece dañino para las expectativas de cualquier mujer y, sobre todo, de niñas y jóvenes que deben saber que, ahora, en España, pueden llegar donde se propongan. 

Las desventajas para colmar las más altas ambiciones de las mujeres que las tengan pueden venir de un ámbito estrictamente doméstico donde el Estado no puede poner remedio con leyes. La diferencia salarial se da entre madres frente a hombres y mujeres sin hijos.   (...)

El número de víctimas de la llamada violencia de género no ha mejorado con la entrada en vigor de la ley. En estos diez años ha habido picos de sierra pero no ha bajado significativamente el número de víctimas mortales, por eso creemos necesario hacer una evaluación rigurosa de qué ha fallado para que se frustren las expectativas puestas en esa legislación.

 Creemos que conviene estudiar científicamente el perfil de los asesinos y de sus víctimas para poder abordar las políticas necesarias con datos empíricos y no conjeturas como la que dice que cualquiera de nosotras puede ser víctima. Cabe recordar que en los países nórdicos, paraíso del igualitarismo, hay más asesinatos de mujeres que en las sociedades del Sur de Europa. 

No podemos ignorar, además, la cantidad de hombres que se han asociado para denunciar atropellos en la aplicación de la ley de Violencia de Género. Una sociedad sin miedo a la verdad debería investigar si hay padres a los que se les ha hurtado de una relación con sus hijos por una mala aplicación de esta ley. 

Investigando y evaluando es como siempre se ha progresado.Además, nos rebelamos contra el uso de “las mujeres” como expresión de un bloque monolítico de pensamiento, iguales en sus aspiraciones y en sus quejas. Ya hemos visto esa estrategia con los nacionalistas, por ejemplo, cuando han usado “los vascos” o “los catalanes”.

 Las mujeres en España son libres para elegir si quieren reducción de jornada en el caso de ser madres o si prefieren que sean los padres los que la pidan, libres para dar el pecho el tiempo que quieran o libres para elegir que el padre dé biberones, libres para aspirar a estar en una empresa del Ibex o en su casa. 

Son libres para elegir carreras universitarias que les lleven a trabajos muy bien pagados o para escoger otras de futuro laboral más incierto. Las niñas de hoy necesitan saber que ellas no son víctimas, que ellas tienen el futuro en sus manos.  (...)

Nuestros hijos deben saber que han tenido la inmensa suerte de nacer en un país donde existe el respeto a las mujeres y donde las niñas llegarán donde quieran. Porque ya lo han hecho. Porque ya ha hay rectoras, investigadoras, políticas, médicos, abogadas, escritoras de best sellers, diplomáticas, periodistas, empresarias y también juezas que han puesto coto a la corrupción. Como los hombres. 

Queda camino y, sobre todo, mucha negociación en cada casa donde haya parejas con aspiraciones profesionales. En España, somos libres e iguales en derechos y en deberes a los hombres. No ocurre en muchos países del mundo. 

Según UNICEF, se estima que 133 millones de niñas han sufrido mutilación genital, sobre todo en Oriente Medio y en África. Eso no es terrorismo machista, es barbarie en nombre de una religión. Las mujeres en España hace 40 años que dejaron de depender de los hombres para ser iguales que ellos. A muchas les sobra el paternalismo. No nacemos víctimas.

Berta González de Vega.
Gabriela Bustelo.
Verónica Puertollano.
Cristina Losada.
Emilia Landaluce.
Eva Díaz Pérez.
María Victoria Martínez de Sagrera.
Lourdes Cano.
Anita Noire.
Aurora Pimentel.
Yaiza Santos.
María Benjumea.
Rosa Borrajo.
Belén Rueda.
Paula Fernández de Bobadilla

( Berta G. de Vega,  'Contra la generalización del género', Medium)

1/9/15

Las cifras de violencia machista en los países nórdicos duplican las de España

"Más de 25 millones de mujeres europeas fueron víctimas de violencia machista en el año 2014. Los países más castigados por este tipo de violencia son los del norte de Europa, que paradójicamente invierten más en programas de educación para la igualdad de género.  (...)

Rosa María Fernández, coordinadora del Lobby Europeo de Mujeres en declaraciones a Público reflexiona: "Estos países, en principio, han hecho programas de educación para la no violencia, y tienen recursos para la igualdad entre las personas. Debería dar resultados. Parece sorprendente este informe".

Los países miembros que encabezan la lista de casos de violencia machista son Dinamarca (52%), Finlandia (47%), Suecia (46%), Francia y Reino Unido, ambos con un 44%. Estos porcentajes representan a mujeres de la Unión Europea que han sufrido violencia física y/o sexual desde los 15 años de edad. España tiene menos de la mitad de casos en términos porcentuales que Dinamarca, un 22%.

Aunque resulten alarmantes estas cifras, Altamirano explica esta diferencia entre los países nórdicos y los del sur. Asegura que al haber políticas de igualdad más efectivas en el norte "las mujeres son más propensas a hablar sobre situaciones de violencia vividas cuando son preguntadas en una entrevista". Por lo tanto, no es que se produzcan más casos que en otros países, sino que los que se dan son más visibles.

La experta añade que hay varios factores que apoyan esta idea. Por un lado, "no se ve lo que no se cree" esto significa que en países con más igualdad entre hombres y mujeres, la sociedad en general es más consciente sobre la violencia de género, y, por tanto, es más fácil para las mujeres identificar las situaciones de violencia. 

Además, en éstos se ve como un grave problema público que no se tolera, lo cual da más seguridad a las víctimas. Asimismo, si las ciudadanas tienen confianza en la justicia y la policía, denunciarán con más libertad, y por ende, esto se verá reflejado en cualquier encuesta.  (...)"         (Público, 29/08/2015)

12/4/13

El matrimonio reduce la probabilidad de la conducta criminal hasta la mitad


«En 2020, según algunos cálculos, habrá 30 millones más de hombres que de mujeres en el mercado de parejas de China, dejando quizá hasta un 15% de hombres jóvenes sin pareja. 

Los antropólogos han documentado un patrón histórico constante: cuando la tasa de sexos se inclina hacia una proporción menor de mujeres, los hombres se vuelven cada vez más competitivos, siendo cada vez más propensos a una conducta arriesgada y cortoplacista que incluye el juego, el consumo de drogas y la delincuencia. 

Este tipo de patrón encaja bien con el resto del mundo biológico. Décadas de trabajo en ecología conductual han demostrado que en las especies en las que hay una variación sustancial en el éxito de los machos para aparearse, los machos competen con especial ferocidad. 

Los detalles precisos del camino entre una tasa desequilibrada de sexos y la conducta social en los humanos no se conocen plenamente, pero un posible vínculo fisiológico es que permanecer soltero aumenta los niveles de testosterona —a veces simplemente llamada "T"—, lo que a su vez influye en la toma de decisiones y la conducta. 
¿Debería toda esta T en China ser una causa de preocupación?

Las diferencias entre las sociedades que permiten la poliginia y las que no son potencialmente ilustrativas. En las sociedades con poligamia, hay, por motivos obvios, un mayor número de hombres no casados que en las sociedades que prohíben la poligamia. 

Estos hombres no casados compiten por las mujeres que quedan sin casar, lo que incluye una mayor propensión a la violencia y a tener una conducta criminal que sus equivalentes casados. De hecho, la investigación transnacional demuestra una relación constante entre las tasas de sexos desequilibradas y las tasas de crímenes violentos. 

Cuanto mayor sea la proporción de hombres no casados en una población, mayor la frecuencia de robos, fraudes, violaciones y asesinatos. El tamaño de estos efectos no son triviales: algunos cálculos estiman que el matrimonio reduce la probabilidad de la conducta criminal hasta la mitad. 
 
Además, los hombres no casados relativamente pobres se han asociado, históricamente, a otros hombres no casados, empleando la fuerza para asegurarse recursos que de otro modo serían incapaces de obtener. 

Aunque el aumento del crimen y la violencia en los países asiáticos por unas tasas de sexos desequilibradas es un motivo de preocupación por sí mismo, el problema no son solo las posibles víctimas de crímenes que podría haber a causa de la desproporción de sexos. Las evidencias indican que el excedente de jóvenes no casados tiene un impacto económico medible, reduciendo el PIB per capita. "   (en Arcadi Espada, 11/04/2013)

9/1/09

La violencia doméstica

"Muchas asociaciones feministas se preguntan por qué, si el que pega a su vecino no va a rehabilitación, lo hace el que golpea a una mujer. Enrique Echeburua, catedrático en Psicología Clínica y pionero del estudio de la violencia machista en España, considera que las primeras interesadas en que esto sea así son las mujeres. Él llegó a la rehabilitación de maltratadores hace 15 años a partir del trabajo con maltratadas. "Esos hombres tendrán más relaciones aunque vayan a la cárcel, y alguien violento es una bomba". En todo caso, los programas no llevan aparejados beneficios penitenciarios.

Dos terapeutas controlan a grupos de 10 reclusos. La terapia consta de reuniones de dos horas semanales durante un año, aparte de la tarea para hacer en casa o la celda. La autoexploración sentimental es parte fundamental del tratamiento de hombres que no saben contener su ira. Para aprender a reaccionar, apuntan en un bloc qué han sentido y cómo han reaccionado a determinados acontecimientos.

Para un déspota, cualquier tos es una provocación. Buena parte de los incidentes nacen de la incapacidad de los maltratadores para entender que el mundo no está en guerra contra ellos. A Rita Cassia Santos su novio le pegaba "porque era guapa". El 29 de enero de 2007 la mató de un disparo en Soria. Una de las prioridades de los terapeutas es hacer comprender a los agresores que si, cuando llegan del bar, la sopa está fría, no es porque su mujer haya estado flirteando con todo el barrio.

Los psicólogos insisten también en transformar los roles. Ángel Gramage, terapeuta de familia y miembro del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid, considera que el reparto de papeles activos y pasivos desde la infancia explica que entre homosexuales también exista la violencia doméstica: "Se enseña a vivir en pareja desde la desigualdad. La parte que ha sido educada para luchar (el papel masculino) recluye a la preparada para amar y cuidar (el femenino), cortándole la autonomía. Es el prejuicio de la dominación".

Según Enrique Echeburua, el maltrato nace no sólo de una mala educación sobre el papel de la mujer, también del uso de la violencia para resolver conflictos. "Si los niños ven en casa que ejerciendo la violencia te sales con la tuya, seguirán ese camino".

Los terapeutas de Instituciones Penitenciarias calculan que un tercio de los participantes en los programas quedan rehabilitados casi por completo y la mitad parcialmente. Echeburua es más pesimista: sus estudios muestran que sólo un 60% no se desvincula de los programas; de los que siguen, el 67% no reincide pasado un año. "No es para tirar cohetes, pero es necesario", concluye.

Frente a la reinserción, se plantea un debate ético: ¿cómo acoger a un hombre que maltrata a su mujer? Joan Carles Navarro, director del centro penitenciario Brians 1 (Cataluña), sabe que "tiene mejor pronóstico la persona que es bien acogida, pero eso es muy complicado". Jesús Herrero, psicólogo de un programa de rehabilitación en cárceles del País Vasco, está de acuerdo: "El rechazo social tiene que ser patente, pero individualmente hay que tender puentes para recuperar al maltratador y salvar vidas". (...)

Conocer al que mata mujeres parece imprescindible. El problema es que, más allá de los clichés, no hay un prototipo de maltratador. El cruce de perfiles psicológicos y un estudio de casos del Consejo General del Poder Judicial muestra un tipo que ni está loco, ni es drogadicto ni alcohólico, sino un español de entre 25 y 40 años con un trabajo poco cualificado que actúa en pleno uso de sus facultades mentales. Pasearse por un juzgado de violencia parece corroborar la extracción social de los maltratadores, pero la juez Chirinos avisa contra las opiniones precipitadas: "Hoy no, pero otros días hemos juzgado a profesores universitarios e incluso a abogados". Ninguna clase social está a salvo de la ira.

La idea de la predeterminación psicológica del agresor tiene mucho de bálsamo tranquilizador, "pero también es cierto que la mayoría de los que llegan a los delitos más graves (homicidio, lesiones) reúnen una serie de características", explica Isabel Iborra, del Centro Reina Sofía. Son las distorsiones de la realidad, la falta de empatía... ¿Y existe un perfil psicológico de maltratada? "La responsabilidad hay que ponerla exclusivamente en el maltratador", ataja Iborra. Sin embargo, resulta innegable que hay mujeres que huyen de la vera de su verdugo antes que otras. "Es cierto que algunas personas han vivido situaciones anormales que les hacen pensar que otras son corrientes. Un tercio de las maltratadas habían sufrido ya maltratos alguna vez. Otras han sido educadas en la sumisión, y siempre hay gente más vulnerable; pero lo principal es que los agresores trabajan machacándolas psicológicamente para que acepten los abusos". Echeburua confirma que hay mujeres que sufren a veces alteraciones cognitivas. Incluso chicas muy jóvenes aceptan el control masculino como una demostración de cariño, como un corolario a la pasión. (...)

Las mujeres van ganando poco a poco cotas de libertad, y los hombres más refractarios a permitirlo actúan con agresividad. La sucesora de Comas, Inmaculada Montalbán, coincide en el análisis de que el crimen es el resultado de los intentos de la mujer por deshacerse de las cadenas del hábito de dominación. "Estas muertes revelan que hay hombres que no admiten el uso que hace la mujer de su autonomía. La violencia es una respuesta al intento de liberación. Por eso es en los momentos en los que se anuncia la separación cuando aumenta el riesgo de agresión". En los días en que las mujeres no protestaban, no hacía falta matarlas.

Maximino Couto o Antonio Urban aniquilaron a sus víctimas no en un arranque de ira, sino como un ajusticiamiento. Sus asesinatos estaban planeados. Se hicieron con el arma del crimen, esperaron a que la víctima no pudiera escapar, a que bajase la guardia. Sabían que sacrificaban su libertad, sus apoyos sociales, incluso el amor de su vida, pero la frialdad con la que cometieron el asesinato hace pensar que era una cuestión de principios, los suyos. Con su aborrecible crimen dejaban escrito un manifiesto y la defensa de un proyecto social: la supremacía masculina, el sometimiento de las mujeres levantiscas.

Isabel Iborra opina que esta línea de análisis, la más común entre los grupos feministas, entraña el riesgo de convertir al asesino en mártir; y tampoco se puede caer en idealizaciones: al lado del 20% de maltratadores que se suicidaron este año porque no soportan la condena social o el dolor, y del 20% que se entregaron con culpa u orgullo, más de un 50% escaparon como conejos. Para esta especialista es fundamental no regalar justificaciones al asesino.

Iborra desarrolla la idea: el crimen pasional es un concepto romántico para explicar un acto horrendo; el crimen por compasión (ancianos que matan a su pareja por no poder cuidarla y luego se suicidan), una nueva versión de impotencia y sentido de la propiedad. "Siempre hay un hecho precipitador, o una simple excusa: una pelea, el miedo a que te abandonen, a no responder a las expectativas, pero el problema es que estos individuos no saben resolver los conflictos", concluye. El crimen es el último eslabón, otra cosa es que los vecinos no sintieran que los tabiques palpitaban mientras en su interior se gestaba el drama.

El ciclo sólo lo puede romper la mujer. Y las que están en una situación más dramática únicamente lo harán con ayuda. Pero hay pocas que piden auxilio. El porcentaje de fallecidas en 2008 que habían denunciado a su pareja o ex pareja fue tan sólo del 23%, menor que en 2006. (...)

Para responder a la primera cuestión, se puede revisar el Segundo informe internacional de violencia contra la mujer del Centro Reina Sofía. El trabajo, con datos de 2003, sitúa a España porcentualmente a la cola de los países europeos en número de asesinadas por violencia de género, por debajo de países de la primera división social, como Reino Unido, Dinamarca, Finlandia o Suiza. (...)

El caso de España es particular: se viven como un problema cultural, en buena parte como resultado de una muerte traumática, la de Ana Orantes, una granadina a la que en 1997, tras haber denunciado por televisión a su marido, éste ató a un radiador y quemó viva con gasolina.La preocupación por el tema, que ha llevado a computar los casos de violencia machista como la primera causa de muerte dolosa violenta, ha convertido a España en una referencia judicial en el mundo. Se ha sacado el problema del ámbito privado y trasladado al público como problema de derechos humanos. Las autoridades no se cansan de repetirlo. El lado oscuro de esa actitud es que ha creado una sensación de depresión y culpa generalizada." (El País, Domingo, 04/01/2009, p. 2/5)