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17/11/21

“En cierto modo, toda nuestra memoria es falsa”... el cuerpo es el receptor de sensaciones y esas sensaciones crean los recuerdos

 "Los recuerdos humanos son algo muy vivo, y se forjan en el momento presente. No son una memoria fija que el cerebro se limita a conservar en sus archivos para cuando sea necesario acudir a ellos. 

Veronica O’Keane llegó a esa conclusión, que dio la vuelta a todo lo que había aprendido en años de estudio de psiquiatría, medicina o neurología, después de una intensa conversación con una de sus pacientes. Víctima de una psicosis posparto, la enferma estuvo convencida durante un tiempo de que su recién nacido había muerto. A través de la ventanilla del coche que la llevaba a una institución mental, donde estuvo ingresada unas semanas, pudo ver incluso la tumba del bebé en un cementerio.

 Superado el trastorno, y consciente de que nada de lo imaginado había sido real, volvió a ver un día la lápida y le invadió una sensación de terror: “Los recuerdos seguían siendo reales”. En su libro El Bazar de la Memoria: cómo construimos los recuerdos y cómo los recuerdos nos construyen (Siruela), esta profesora de Psiquiatría del Trinity College de Dublín describe con una elegancia pedagógica cómo el cuerpo es el receptor de sensaciones, las sensaciones crean la memoria, y la memoria define a las personas.

PREGUNTA. ¿Cómo fue ese proceso por el que la historia de su paciente, Edith, le llevó a replantearse sus ideas sobre los recuerdos?

RESPUESTA. Tenía una idea muy establecida, la que nos enseñan en medicina, psiquiatría o neurología, de que la memoria era algo como un almacén permanente al que acudes cuando deseas recordar algo o figurar algo. Pero me di cuenta de que la memoria es algo que se forja en el momento presente, porque el único modo en que uno puede tener la experiencia de un momento dado es a través de la memoria, mediante un proceso de conexiones que dan sentido a ese momento.

 Las sensaciones llegan a tu cuerpo constantemente, y tú das sentido a esas sensaciones a través de la memoria. Es decir, la memoria es algo que, básicamente, vive en el momento presente. Eso es lo que me enseñó Edith, que la memoria es algo muy vivo, es lo que somos.

 P. Es usted muy crítica con esa idea tan generalizada de que existe un dualismo cuerpo-mente.

R. La idea de que las personas son algo diferente de sus propios cuerpos, que el ser humano pensante es diferente del ser humano que siente, es un completo error. Como el concepto mismo de que los hombres y las mujeres son diferentes. La filosofía ha estado dominada durante siglos por el concepto de que los hombres son los que piensan y las mujeres las que sienten. Todo eso comienza a desintegrarse con la llegada de la Ilustración y de los derechos humanos.

 Es la llegada del humanismo la que empieza a derribar esa concepción sexista. El reconocimiento de que mente y cuerpo actúan juntos, aunque lo hagan de un modo diferente, es fundamental no solo para entender la biología, sino para entendernos a nosotros mismos como animales humanos.

P. Es fascinante cómo utiliza en su libro las grandes obras de la literatura para explicar el funcionamiento del cerebro.

R. Todos estos autores dedicaron sus vidas a un proceso de introspección. La intensidad con la que llegaron al fondo de su propia conciencia, por la vía literaria, y sus procesos de pensamiento y sentimiento, supera mi capacidad de imaginar siquiera cómo alcanzaron esos logros. Eran seres humanos con un alto desarrollo. Piense en Samuel Beckett, capaz de crear un mundo el que no hay anclas, en el que no hay tiempo, espacio y a veces ni siquiera hay persona.

 Esas son precisamente las anclas a través de las que se construye la memoria, en un nivel celular del cerebro. Beckett se deshizo de ellos. Fue capaz de eliminar esos elementos para demostrar la materia cruda de la que estamos formados, debajo de todas esas estructuras que utilizamos para dar sentido al mundo.

P. Uno puede llegar a la conclusión de que los grandes autores no eran normales, en lo que se refiere al funcionamiento de su cerebro.

R. Tome el caso de Virgina Woolf, quien sufría de un desorden psicótico. A veces, durante sus estadios de enfermedad, lo que percibía a su alrededor y cómo lo integraba en su cerebro era un proceso no normal. Aprendimos lo que supone una percepción normal, porque, en su caso, era algo que estaba roto. Tenía un talento extraordinario para describir su propia introspección. Esa ruptura acaba resultando muy iluminadora sobre lo que ocurre en circunstancias normales.

 Las novelas de Dostoievski, por ejemplo, revelan para mí a un autor con trastorno maniático. No sé cuál era exactamente su diagnóstico, pero tenía periodos de perceptibilidad extrema en los que se descubre un estadio de emoción pura. ¿Era Cervantes una persona normal? No creo.

P. Uno podría pensar que la memoria es algo muy individual, pero sin embargo usted defiende el peso de la memoria colectiva.

R.No puedes separar tu cerebro de las influencias culturales, familiares o sociales que te rodean. Yo fui criada en Irlanda en un ambiente rígido dominado por el dogma católico. Rompí con eso cuando era muy joven. Pero esa influencia cultural ha permanecido en mí, y estoy segura de que ha estructurado muchas de mis creencias. E incluso si pierdes esas creencias, las estructuras que han creado en tu cerebro permanecen. El conocimiento se forma a través de capas anteriores de conocimiento previo, y siempre vamos a estar revisando el pasado en nuestro proceso de memoria.

P. Es normal, hasta saludable, defiende usted, mentirnos a nosotros mismos y crear falsos recuerdos.

R. . Somos humanos, y tenemos la necesidad de sentirnos bien. Uno de los aspectos más interesantes de la depresión es que los que la sufren no suelen engañarse a sí mismos. Se observan a sí mismos de un modo muy crudo, que podríamos considerar negativo. Pero es a la vez un análisis muy honesto del mundo y de la condición humana. La psiquiatría tiene mucho que enseñarnos sobre la necesidad que tenemos de pasar página. Y es algo saludable. 

Lo que se ha venido a llamar “psicología positiva” pretende animar a los pacientes, darles un impulso de optimismo, hacer que se sientan cómodos. Sin embargo, creo que también es bueno sentirse incómodo. Forma parte de la naturaleza humana la necesidad de hacer frente a los propios demonios. En cierto modo, toda memoria es falsa."           (Entrevista a Veronica O’Keane, Rafa de Miguel, El País, 29/08/21)

28/7/17

Un grupo de investigadores midió el pulso de los asistentes a las fiestas de San Pedro Manrique, en Soria, y comprobaron que todos tenían los corazones sincronizados

"Ayer dio comienzo la madre de todas las fiestas. Siete días de éxtasis colectivo que arrancan cada 6 de julio y que ya tiene más seguidores desde fuera, espectadores colocados a una prudencial distancia, creadores de memes, y voyeurs de Instagram, que desde dentro

. Millones de cabecitas minúsculas vistas a través de la pantalla de la televisión, o un bosque de brazos y risas si se vive desde dentro, desde el olor pegajoso a vino y cuerpos. Es lo que se dice un planazo o una tortura, según quien lo mire. ¿Por qué unos la adoran y otros la aborrecen?

Las razones se remontan a nuestros ancestros y para explicarlas hoy hay que acudir no solo a la psicología y la neurociencia, sino a la antropología e incluso a la genética. Un estudio reciente realizado entre un grupo de 1.000 individuos en Australia probó que quienes salían de fiesta -acudían a festivales o conciertos, bailaban en bares o discotecas o incluso escuchaban bandas de música callejeras- eran más felices y se sentían más conectados con la sociedad.


"Las personas somos seres sociales", explica por correo electrónico el psicólogo Nacho Calvo en mentesabiertas.com. "Al margen de los encierros, que para muchos tan sólo sirven como excusa, San Fermín supone la concentración de miles de personas de diferentes culturas, lo que genera un sentimiento que para la mayoría de las personas resulta tremendamente positivo".

Para los escépticos, Calvo advierte de que este tipo de eventos se viven de una manera radicalmente distinta desde fuera y desde dentro: "Al encontrarnos rodeados de un ambiente festivo vivimos la experiencia de una manera amplificada, como ocurre en los conciertos o festivales, haciendo que se conecten nuestras neuronas espejo que son las encargadas de la empatía en el cerebro".

No es solo formar parte de un gran grupo que comparte una actividad, sino el hecho de que esa actividad esté relacionada con el baile o el movimiento lo que nos eleva al éxtasis colectivo. El profesor de Arqueología de la Universidad de Reading (Berkshire, Inglaterra) especulaba en su libro The singing Neanderthals : the origins of music, language, mind, and body -Los neardentales que cantan: los orígenes de la música, la lengua, la mente y el cerpo- con que el baile se remonta a 1,5 millones de años y está relacionado con la supervivencia "como forma de cooperación y comunicación". 

Algo, que según un grupo de investigadores de Jerusalem, alcanza el estatus de habilidad y está escrita en nuestros genes.


Esa comunicación es lo que Émile Durkheim denominó la "efervescencia colectiva" y el investigador de la Universidad de Montreal Paul Carls ha estudiado a fondo para encontrar su explicación actual. Según cuenta Carls, la efervescencia colectiva de Durkheim está en el corazón de las religiones: 

"Eleva a los individuos fuera de sí mismos y los hace sentir como si estuvieran en contacto con una energía extraordinaria, que los lleva a una excitación emocional colectiva".


La tecnología quiere ahora medir esta emoción a través de 'wearables' biométricos que registran las pulsaciones y el movimiento. El antropólogo Dimitris Xygalatas, de la Universidad de Connecticut (EE.UU.) ya lo hizo en un estudio de campo en las fiestas del Paso del Fuego y Móndidas en San Pedro Manrique.

Xygalatas y su equipo se trasladaron a este pueblo de la provincia de Soria y colocaron aparatos biométricos en sus 3.000 habitantes durante las fiestas. Toda la comunidad resultó estar emocionalmente alineada durante el ritual festivo, a juzgar por las frecuencias cardiacas.

 No solo los que caminaban sobre el fuego, sino también los espectadores tenían sus corazones sincronizados. Eso sí, quienes tenían una mayor vinculación familiar con los participantes del ritual o era originarios de San Pedro Manrique o alrededores mostraron una sincronización cardiaca mayor.

Lo mismo ocurre en los festivales de música o grandes festividades, según comenta Xygalatas, "en los actos con los que se sientan más identificados los asistentes vivirán la magia de la efervescencia colectiva, mientras que en los que no formen parte de la identidad se sentirán más desconectados y desincronizados".


"El ser humano y los animales suelen vivir en grupo, y aunque no sabemos qué circuitos o neurotransmisores pueden estar implicados en el bienestar que produce este hecho", explica por teléfono el neurocientífico del Instituto Cajal y vicepresidente del Consejo Español del Cerebro, José Luis Trejo, "sí que tiene un nombre: enriquecimiento ambiental. 

En su componente social", añade, "hace que se incremente el número de neuronas en el hipocampo, que es el centro neurálgico del apredizaje y la memoria, y el único en el cerebro en el que se fabrican neuronas en la edad adulta". Por tanto, las relaciones sociales, interactuar con muchas personas y participar de atividades en grupo "mejoran el aprendizaje".

Además, Trejo hace referencia a las hormonas que participan en los eventos sociales como los festivales de música o los sanfermines. "Sabemos desde hace tiempo que el ejercicio y la actividad en grupo, al contrario que ocurre con el aislamiento, hace que el cerebro libere dopamina y endocannabinoides [el cannabis natural de nuestro cuerpo], al tiempo que activa los circuitos serotoninérgicos".

O la tormenta perfecta

Esa es la parte buena. En la parte mala, los festivales son, como algunos adversos sospechan, un semillero de enfermedades, según un estudio que llevó a cabo la Facultad de Medicina de la Universidad de Marsella (Francia) en grandes eventos desde 1980 hasta 2012. "Se producen transmisiones fecales-orales de agentes patógenos por el incumplimiento de las normas de higiene", relata el informe. 

"Además, se propaga una gran variedad de enfermedades de transmisión sexual".
En esta línea, el verano pasado las autoridades británicas lanzaron un comunicado en el que aconsejaban a los jóvenes vacunarse contra el sarampión. Otras enfermedades que no querrá padecer y que están vinculadas a los grandes eventos: salmonela, e.coli o el horrible norovirus.

Más allá del entorno y de vuelta a la efeverscencia colectiva, los mismos circuitos serotoninérgicos que hacen que algunos se sientan bien cuando se encuentran rodeados de muchas personas, "se encuentran vinculados a trastornos obsesivos-compulsivos y trastornos del pánico", confirma Trejo. Esto quiere decir que lo que para unos es un clímax emocional para otros es un pequeño infierno, la tormenta perfecta.


Ver las imágenes de ayer en plaza del Ayuntamiento de Pamplona despierta en algunos todo un abanico de posibles catastróficas desdichas y un montón de preguntas relacionadas con la sensación de encierro: "Una vez dentro no hay escapatoria, y si de pronto quiero descansar, y ¿cuánto tiempo dices que va a durar?...".

"Hay personas", afirma Calvo, "que rehuyen este tipo de eventos ya que la aglomeración puede generarles demasiada ansiedad sobre todo si no se encuentran en un buen momento emocional". Un alto nivel de estrés, por ejemplo, "podría ser un detonante que nos hiciera sentirnos más vendidos ante situaciones en las que nos vemos incapaces de escapar".

"Cuando una persona ha vivido experiencias desagradables como la ansiedad súbita o los ataques de pánico, teme que esas sensaciones se pudieran reproducir en un contexto en el cual les fuese complicado escapar", añade. "Cuando se siente afectada por el miedo a sus propios síntomas físicos -taquicardias, falta de aire, etc...- tiende a evitar cualquier contexto que le incapacite para huir, que es una respuesta primitiva de supervivencia que todos tenemos en situaciones límite en las que nos podemos sentir amenazados".


"El consumo de ciertas sustancias como el cannabis o la cocaína también pueden predisponer a la persona hacia la ansiedad". Llevado al terreno de la patología, "el problema suele diagnosticarse como agorafobia (o trastorno de pánico con agorafobia). Y se puede ver propiciado por cambios hormonales que nos hagan sentirnos más vulnerables como la menstruación en las mujeres o las afectaciones de la glándula tiroides".

En cuanto al cerebro, Trejo añade que las actividades en grupo "activan los circuitos que regulan la jerarquía de dominancia. En el laboratorio lo vemos en los ratones: enseguida se manifiestan los dominantes". 

Algo que los famosos violadores de San Fermín llevaron a un deplorable extremo. No se ha estudiado en profundidad qué circuitos neurológicos activa un aumento de la actividad social, al nivel de las fiestas de San Fermín, para derivar en estados de malestar.

 "Pero sí que sabemos que cuando queremos inducir estados patológicos en ratones", explica Trejo, "para la interacción social positiva se utiliza el sexo, mientras para la negativa lo que hacemos es llenar la urna de ratos, provocar multitudes, y luego vaciarla para dejar aislado al ratón. Multitud y aislamiento".

Algunos, como el en caso de los humanos, tardan más en reaccionar que otros. Unos están a gusto en esa muchedumbre, y otros, en la soledad."                 ( , El País, 07/07/17) 

23/5/13

Nuestro cerebro necesita héroes...

"¿Están los héroes condenados a la extinción a causa del auge de la ciencia colaborativa y los empeños de los historiadores?

Espero que no. Como ya sabe Hollywood, estamos cableados para apreciar las narrativas que se basan en individuales. Esto se demostró vívidamente con el estudio de 1944 de los psicólogos Fritz Heider y Mary-Ann Simmel, en el que a la gente se le enseñaba una animación de un par de triángulos y un círculo moviéndose alrededor de un cuadrado.

 Los participantes contaban historias sobre que el círculo y el pequeño triángulo estaban enamorados, y cómo el triángulo grande, malo y gris intentaba apartar al círculo, de cómo incluso después se abrazaban y vivían una vida felices, y así. 

Hace poco, las imágenes de escáner cerebrales realizadas por Chris y Uta Frith de la University College de Londres, y Francesca Happe del King's College, revelaron una activación en la unión temporoparietal y la corteza prefrontal media durante estas situaciones hipotéticas. 

Lo que es destacable es que la misma red cerebral está involucrada si consideramos las formas en movimiento o los estados mentales de otros. Hay una predilección humana por hacer narrativas de cualquier cosa que nos rodee, a ver una agencia en las oscuras sombras y mensajes en las estrellas.

 Con estas pautas podemos encontrar héroes también. Las historias que crean héroes son importantes porque pavimentan reputaciones, vitales para la evolución de la cooperación, mediante un mecanismo llamado reciprocidad indirecta. 

Sí, la realidad de la historia de un desarrollo científico es siempre más compleja de lo que sugieren las historias heroicas. Pero tenemos que ser pragmáticos cuando se trata de presentar la "verdad" de un avance científico al público general. No se trata de elegir entre contar a la gente la historia completa, matizada y compleja que hay tras un nuevo avance y contarles cuentos.

 Cuando se trata del público, suele ser una elección entre no decir nada de interés u ofrecer un relato ameno y heroico. Cuando se trata de vender la magia de la ciencia hemos de aceptar que la manera más poderosa es mediante las historias heroicas. 

Es más, cuando se lleva a los extremos, el enfoque colectivista puede ser un cliché. Cada vez que me tomo una gran taza de café podría darle las gracias a los agricultores en Colombia que cultivaron el grano, a los de Brasil que proporcionaron los exuberantes campos verdes de mecidas cañas de azúcar que se usan para endulzar las bebidas, o al vaquero en Devon que ordeñó a las vacas para que mi energizante pudiera decorarse con una pequeña espuma.

 También le doy gracias a los trabajadores en la energía nuclear que dieron la electricidad para calentar mi leche, a la persona que tuvo al principio la brillante idea de tomar una bebida a base de semillas tostadas, o a quien patentó la primera máquina de espresso. Podría seguir y enumerar a todos aquellos cientos de personas que trabajaron en las cadenas de suministro que se extienden en todo el planeta para reunir la energía, la información y los ingredientes. 

Prefiero agradecerle al camarero, ya que nuestra asombrosa capacidad de cooperar es una característica definitoria de la sociedad humana y se da por sentado que muchos otros participaron en casi todo lo que hacemos. 

Te quejarás de que la exaltación del héroe puede distorsionar nuestra imagen de cómo se hace la ciencia. Sí, puede. Pero el público es lo suficientemente sofisticado para saber que la vida real es siempre más complicada que el espectáculo del atleta que está en el podio. Nadie pretende otra cosa. 

En las Paraolimpiadas, los héroes agradecían por sistema a sus familias, a sus patrocinadores, a los amigos que les pagaron las lecciones de conducir, a los psicólogos deportivos, a los científicos deportivos y demás por sus medallas de oro. Todos sabemos que eso no reduce el impacto de ganar una medalla de oro. 

Te quejarás de que todo lo que estoy diciendo es que necesitamos héroes porque el público es corto de entendederas. En absoluto. Solo es que creo en hablarle a la gente en un lenguaje que pueda entender y de una forma que asegure que serán receptivos. 

Necesitamos verdades convenientes que pueden transmitir el meollo de la ciencia a un público general sin un énfasis exhaustivo en los aspectos colectivos del descubrimiento, por no hablar de los recursos al cálculo, la jerga y las descripciones densas. 

Los científicos usan rutinariamente metáforas para expresar ideas complejas y, por la misma razón, necesitas personajes heroicos a modo de metáforas para transmitir la amplitud de los desarrollos científicos.

 El objetivo es que los héroes funcionen como transmisores vitales de la ciencia en el abarrotado ámbito de las ideas. Esto es importante porque necesitamos que toda la gente como sea posible sepa en qué consiste la ciencia para que funcione una democracia moderna. 

Esta es la razón, básicamente, por la que deberíamos preocuparnos del declive de los héroes de la ciencia. La cultura del escepticismo, la comprobación y la formación de un consenso provisional en la investigación científica es el logro más importante de nuestra especie y es hora de que todo el mundo lo comprenda (OK, va a ser difícil cuando se trate de los políticos). 

El verdadero problema no es si debemos tener o no héroes (por supuesto que debemos), sino cómo asegurar que explican una historia razonablemente veraz sobre ese asombroso y primordial esfuerzo que conocemos como ciencia.»    ( Roger Highfield en Edge.org: , en Arcadi Espada, 19/05/2013)

22/9/11

"¿Pero cómo es eso de ver el aro como una piscina? En esos momentos ves el aro más grande de lo normal"

"-Antes del Europeo le pregunté en otra entrevista concedida a La Voz por su estado físico, porque parecía óptimo, seguramente el mejor en muchos años. Al final, se ha demostrado que efectivamente llegaba a un nivel altísimo. 

-Me he encontrado genial tanto mental como físicamente y eso ha hecho que me salieran las cosas como quería. Me encontré muy bien durante toda la preparación y durante el torneo, pero los tres últimos partidos han sido la guinda. La verdad, es muy difícil de repetir, porque estar tan acertado es complicado.

-El aro parecía una piscina. En la semifinal y en la final consigue varias canastas casi imposibles de ver en la alta competición. 

-Son cosas que salen en un momento de calentura máxima, cuando se está on fire. También es cierto que todos los compañeros lo vieron, confiaron en mí y me pasaron la bola en todo momento. Yo eso lo percibía y me encontraba más suelto en la pista.

-Ya, ya, ¿pero cómo es eso de ver el aro como una piscina? 

-En esos momentos ves el aro más grande de lo normal. En esos tres partidos metí muchos tiros de cuatro y cinco metros que durante la temporada no había practicado demasiado, pero todo me salía bien porque me encontraba con mucha confianza."                         (La Voz de Galicia, 21/09/2011)

9/9/10

Jugadores en red dan mejores soluciones que un ordenador

"Miles de jugadores en red, la mayoría no especializados, han demostrado resolver mejor las formas que adoptan las proteínas que los programas informáticos más avanzados, han comprobado científicos de la Universidad de Washington (en Seattle).

Averiguar cómo se pliegan las largas cadenas de aminoácidos de las proteínas en la naturaleza (su estructura en tres dimensiones), es uno de los grandes problemas de la biología actual, al que numerosos equipos dedican enormes recursos informáticos.

La estructura de las proteínias es clave para comprender su función biológica y para diseñar fármacos que interactúen con ellas. Sin embargo, su predicción por ordenador representa un desafío porque hay que analizar un gran número de posibilidades hasta alcanzar la solución, que se corresponde con un estado óptimo de energía. Es un proceso de optimización.

En la Universidad de Washington, David Baker y sus colegas decidieron en 2005 iniciar un proyecto de computación distribuida para aprovechar los tiempos muertos de los ordenadores de los voluntarios que se apuntaran. Se llamaba Rosetta@home y fue todo un éxito.

Sin embargo, pronto empezaron a llegar comentarios de algunos usuarios que creían que podían hacer el trabajo más deprisa de lo que lo hacía el ordenador. De hecho, los humanos todavía disponen de un talento mucho más evolucionado para la manipulación espacial que los ordenadores, recuerda Eric Hand en un comentario en la revista Nature, donde se comunica este experimento.

El caso es que Baker se apoyó en informáticos para crear en 2008 un juego en red asociado a Rosetta@home, que llamaron Foldit (pliégalo, en inglés). En él los jugadores compiten, colaboran, desarrollan estrategias, acumulan puntos y escalan niveles mientras manipulan proteínas simplificadas con herramientas intuitivas pero según las reglas de la bioquímica.

Para comprobar su pericia, los científicos plantearon a los jugadores 10 problemas concretos de estructuras de proteínas que conocían pero que no se habían hecho públicas. En cinco casos, el resultado alcanzado por los mejores jugadores fue más exacto que el de Rosetta. En otros tres casos las cosas quedaron en tablas y en los dos restantes ganó la máquina.

"Tan interesantes como las predicciones de Foldit son la complejidad, la variedad y la creatividad que muestra el proceso humano de búsqueda", escriben los autores del trabajo, entre los que figuran, de forma insólita en un artículo científico, los propios jugadores." (El País, ed. Galicia, sociedad, 05/08/2010, p. 26)

10/12/08

Es cierto: ellos son patosos sociales; y nosotras, patosas tecnológicas"

"Y, según esta almeriense, tampoco en el uso cotidiano de la Red los dos sexos corren parejos. "Los hombres son habilidosos tecnológicos y patosos sociales; las mujeres, habilidosas sociales -sobre todo en comunicación- y patosas tecnológicas. Es el tópico. Lamentablemente, responde a la realidad", comenta. (...)

Ahora está investigando algo que intriga a los sociólogos europeos. ¿Qué les pasa a las adolescentes que al cumplir los 18 dejan de ser tan hábiles informáticas como los varones y se sumergen en un agujero negro? Hasta esa edad su capacidad es similar; después, las chicas se estancan y retroceden; los chicos, aprietan el acelerador y las dejan definitivamente atrás.

"Hay razones objetivas para desanimar a las mujeres hacia las carreras técnicas que están en la estructura misma del sistema de enseñanza", reflexiona, "pero sobre todo ocurre que cruzan el umbral de la indefinición de la personalidad, y entonces hacen lo que se espera de ellas. El vestidito rosa, los lacitos, la sumisión, la dulzura femenina, la entrega a los demás y todos esos supuestos valores del estereotipo femenino, pasan factura". (CECILIA CASTAÑO: "Es cierto: ellos son patosos sociales; y nosotras, patosas tecnológicas". El País, ed. Galicia, Última, 04/12/2008 )

6/5/08

La evolución nos hace ser obedientes, no malos

“La evolución nos ha dotado de un cerebro para sentir y para pensar, un órgano asombroso que crea, ama y sueña. Pero somos imperfectos. Al cerebro humano le lastra el miedo. Programado para sobrevivir, observa desde su caja negra los peligros que le acechan. Y a diferencia del cerebro de otros animales, escudriña y teme también aquello que posiblemente podría ocurrirle: la muerte de un ser querido o la mirada del jefe que tal vez esté barruntando despedirnos. Atrincherado en su miedo a no sobrevivir, el cerebro nos tiende trampas para aliviar su soledad, para poblar de certezas su universo incierto y cambiante.

A golpe de etiquetas dividimos el mundo en bueno o malo, es decir, en seguro e inseguro. Vivimos con la mirada del inconsciente fija en el código evolutivo heredado de los muertos: lejos de la manada, acecha la muerte. El desprecio de los otros nos aterra. Intentamos pertenecer al grupo, político, familiar o artístico, amparados al abrigo de las verdades de un ego colectivo que defiende un espacio seguro. Ulteriormente, los humanos tienden naturalmente a la justicia social y a la empatía, pero éstas se inhiben si el entorno y el cerebro así se lo aconsejan.

No somos malos, somos obedientes porque tenemos miedo, aunque esa contradicción entre lo sentido y lo vivido crea más soledad y dolor del que siempre quisimos evitar.

En ese espacio grupal seguro, renunciamos a nuestro ser transparente, único y vulnerable, rechazamos enfrentarnos a las emociones que producen miedo y ansiedad.” (ELSA PUNSET: ¿Hay vida antes de la muerte?. El País, ed. Galicia, Cultura, 01/05/2008, p. 37)

1/2/08

Jauría humana... Si le llegan a mirar realmente mal...

“La jauría humana en Guadalcázar. Perseguidos y agredidos cinco rumanos porque un niño al que preguntaron una dirección pensó que le iban a secuestrar.

La alarma surgió de los ojos de un crío de 11 años de Guadalcázar. El chico estaba sentado en la puerta de su casa esperando a que llegara su familia para poder entrar. Un automóvil rojo, en el que viajaban los cinco rumanos, se paró cerca de él. Los inmigrantes querían saber dónde estaba un taller al que habían acudido para comprar otro coche, según la versión de la Guardia Civil. Pero el crío se asustó. Salió corriendo y avisó a un tío suyo.

Entonces, se organizó rápidamente una batida y los inmigrantes fueron interceptados en la carretera A-305. "Dos coches se pusieron delante y otros dos detrás", recuerda Stancio Marin, uno de los cinco inmigrantes que viajaban en el vehículo.

"Nos pegaron", chapurrea en castellano Stancio, el chico de 20 años que se llevó la mayoría de los golpes. (…)

Una patrulla de la Guardia Civil fue la que finalmente puso orden y se llevó a los inmigrantes al cuartel. Los agentes comprobaron, con la declaración de varios testigos, el recorrido que habían hecho los inmigrantes durante toda la tarde y concluyeron que contra ellos sólo pesaba el testimonio del chico de 11 años, quien sostenía que le "miraron mal". Los inmigrantes se fueron libres a las tres horas ya que los agentes no apreciaron "la existencia de comportamiento delictivo", según recoge el acta policial. Sólo se produjo una "gran alarma social en el pueblo", recoge el parte de la Guardia Civil de aquel lunes. La jauría humana de Arthur Penn.” (El País, ed. Galicia, España, 31/01/2008, p. 24)

31/1/08

"eficacia colectiva" contra el SIDA en Uganda

“La bióloga e investigadora Helen Epstein, en su libro 'El remedio invisible' (Alba Editorial), viaja por todo el continente africano para dar una respuesta exhaustiva a una de las más terribles enfermedades de nuestro tiempo, el sida. (…)

Entonces ocurrió algo sorprendente. A finales de la década de 1980 o principios de la de 1990 comenzó a disminuir la tasa de infección por VIH en toda la región. (…)

Me parecía que lo más importante era algo para lo que los expertos en salud pública no tenían un nombre ni un programa. Podríamos describirlo como un movimiento social basado en un sentido compartido de humanidad, acción colectiva y ayuda mutua imposible de cuantificar o medir. Lo más parecido podría ser el concepto de "eficacia colectiva" -la capacidad de los individuos para reunirse y ayudar a otros individuos desconocidos- del sociólogo Felton Earls, de Harvard. Earls ha relacionado esta capacidad con los índices de criminalidad de ciertas ciudades estadounidenses, y podría tratarse de algo esencial a la hora de combatir el sida.

En la década de 1980 y principios de la de 1990, mientras los habitantes de la mayor parte de los países africanos ignoraban la crisis, cientos de pequeños grupos comunitarios de lucha contra el sida habían surgido en Uganda y en Kagera con el objetivo de consolar a los enfermos, cuidar de los huérfanos, advertir a la gente de los peligros del sexo ocasional y enfrentarse a la particular vulnerabilidad a la infección de las mujeres y las chicas. El Gobierno de Yoweri Museveni emprendió sus propias campañas de prevención, y la Organización Mundial de la Salud aportó financiación, pero mucho dinero había salido también de los bolsillos de los propios pobres. Su compasión y sus esfuerzos sacaron a la luz la enfermedad, hicieron que la gente hablara de ella, redujo el estigma y la negación, y condujo a una profunda transformación de las normas sexuales. Se trataba de un proceso fuertemente africano, pero en muchos aspectos era similar a la respuesta compasiva, visible y enérgica de la comunidad homosexual de los países occidentales en la década de 1980, en que la incidencia del VIH en este grupo también disminuyó sostenidamente.

¿Por qué surgió este movimiento en Uganda y en Kagera pero en ningún otro lugar de África hasta mucho después? Es difícil saberlo con seguridad, pero tal vez esté relacionado con el hecho de que los habitantes de esta región entendieran antes que los demás que en esa parte de África el sida no sólo era una enfermedad de prostitutas, camioneros y otros grupos de alto riesgo. Quienes se unieron a este movimiento social probablemente desconocían la palabra "simultaneidad", pero, aun así, las campañas del Gobierno dejaban claro que todo el mundo corría peligro. A su vez, es posible que esto creara un sentido de urgencia colectiva que animara a la población a movilizarse.” (El País, ed. Galicia, Domingo, 20-01-08, p. 16/7)

13/12/07

¿Las abejas funcionan como una Internet?

“Las lecciones de los enjambres. Millares de animales sencillos forman un cerebro colectivo para tomar decisiones.

A las hormigas soldado, a las que Couzin observó durante mucho tiempo en Panamá, se les da especialmente bien moverse en grandes concentraciones. Si tienen que atravesar una depresión del terreno, erigen puentes para poder avanzar lo más rápidamente posible. "Construyen los puentes con sus cuerpos vivos", explica Couzin, biólogo matemático de la Universidad de Oxford. "Los construyen cuando los necesitan y los deshacen cuando no los usan". Con el estudio de las hormigas soldado -así como de pájaros, peces, langostas y otros animales gregarios-, Couzin y sus colaboradores están empezando a descubrir normas simples que permiten a los enjambres funcionar tan bien. Esas normas permiten a miles de animales relativamente sencillos formar un cerebro colectivo capaz de tomar decisiones y de moverse como un único organismo.

Sin embargo, descifrar esas normas supone todo un desafío, porque el comportamiento de los enjambres surge impredeciblemente de las acciones de miles o millones de individuos. "Por mucho que observemos una sola hormiga soldado", puntualiza Couzin, "nunca comprenderemos que cuando pones millón y medio juntas forman estos puentes y columnas. No se puede saber".

Para comprender los enjambres, Couzin crea modelos informáticos de enjambres virtuales. Cada modelo contiene miles de agentes individuales que él puede programar para que sigan unas cuantas normas sencillas. Para decidir cuáles deben ser esas normas, él y sus colaboradores enfilan hacia las selvas, los desiertos o los océanos para observar animales en acción.” (El País, ed. Galicia, Futuro, 12/12/2007, pp. 49)