Mostrando entradas con la etiqueta Economía: inflacion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Economía: inflacion. Mostrar todas las entradas

3/3/23

La corriente económica dominante, como pseudociencia, nos lleva al abismo

 "Los economistas de la corriente dominante se han convertido en un serio problema para la sociedad. Algunas de sus propuestas, ideas, recetas o recomendaciones de política económica muestran un grado de psicopatía difícil de encontrar en otras profesiones. Ello viene a colación de ciertos tweets que el otrora economista del Fondo Monetario Internacional, Olivier Blanchard, el mismo que en mayo de 2008 nos aseguraba que la macroeconomía global se encontraba en el mejor de los mundos posibles. Ahora vuelve a la carga y nos ofrece su receta para luchar contra la inflación actual, aumentar el desempleo. No me sorprende. En un artículo previo, La ortodoxia, responsable de la inflación, generará un desempleo masivo, ya avisamos de lo que iban a hacer, agravarían la inflación que ellos han generado con un aumento deliberado del desempleo masivo. Será la obra póstuma de unos sádicos.

Permítanme refrescarles que decían esos tweets, publicados por el mismo Blanchard el 22 de julio. El hilo, abro comillas, decía lo siguiente: “Una reflexión sobre la lucha contra la inflación:

1. Cuando la inflación proviene de un sobrecalentamiento, convencer a los trabajadores de que la economía tiene que ralentizarse, y que el desempleo tiene que aumentar para controlar la inflación, es difícil, pero al menos se puede explicar la lógica.

2. Cuando la inflación proviene de un aumento de los precios de las materias primas y la energía, convencer a los trabajadores de que el desempleo tiene que aumentar para controlar la inflación, es aún más difícil. “¿Por qué debería perder mi trabajo porque Putin invadió Ucrania?”

3. Esto hace que el trabajo y la estrategia de comunicación de los bancos centrales sea muy difícil.”

La ortodoxia, además de inflación, generará desempleo

No digan ustedes que no les avisé. Los neoclásicos, además de la inflación, pretenden generar desempleo. El lote completo. No se puede ser más inútil. No previeron la Gran Recesión, obra y gracia de la mayor deuda privada de la historia, alrededor de distintas burbujas. Y ahora, esto, inflación y desempleo, resultado de sus recomendaciones. Pero ahí siguen todos ellos, ocupando puestos de responsabilidad en diferentes organismos multilaterales, asesorando a diferentes gobiernos, ocupando platós de televisión, asistiendo a distintas tertulias radiofónicas, permitiendo que la financiarización campe a sus anchas y arruine a millones de familias.

La receta es mucho más sencilla: vuelvan a regular los mercados derivados de materias primas; terminen con el sistema marginalista de fijación de precios de la electricidad; vayan a saco a por los beneficios puros derivados del aumento de poder de mercado en los distintos sectores económicos; troceen empresas y bancos que hayan acumulado un poder de mercado excesivo; protejan los derechos humanos que describe la carta fundacional de la ONU de las sucias manos de la financiarización… Y un consejo final, por favor, déjennos en paz.

La pregunta que me hago una y otra vez es ¿por qué todas estas soluciones sencillas y aplicables fueron, son, y serán ignoradas?, ¿por qué siempre todo pasa por aplicar un daño innecesario a la ciudadanía? Si fuera por incompetencia, que lo es, ya se habría producido un cambio de políticas. Pero la razón es otra: por instinto de clase y de protección de la élite dominante. Y para ello necesitan la cooperación de una tecnocracia económica bien remunerada, pero absolutamente inoperante, la cual hace que el sistema parezca hasta bueno y saludable.

La economía, en su estado actual, es una pseudo-ciencia

Estamos inmersos en una profunda crisis de visión del pensamiento económico moderno. Ya en 1995, Robert Heilbroner y su pupilo William Milberg publicaron un libro con un título muy sugerente, que nos avisaba de lo que venía, “The Crisis of Vision in Modern Economic Thought”. La crisis en cuestión era consecuencia de la ausencia de una visión, de un conjunto de aquellos conceptos políticos y sociales compartidos, de los que depende, en última instancia, la economía. A la decadencia de la perspectiva económica le han seguido diversas tendencias cuyo denominador común era una impecable elegancia a la hora de exponer los términos, acompañada de una absoluta inoperancia en su aplicación práctica. Y de aquellos barros, estos lodos.

Todos los economistas pertenecientes a la corriente dominante muestran un comportamiento gregario, difícil de erradicar. Sin embargo, hay excepciones, y por lo tanto cierta esperanza. Una de ellas es el que fuera premio Nobel de economía, Paul Romer, y que en su momento dio un paso adelante, abandonando el lugar tenebroso de la ortodoxia. La economía, en el momento actual, representada por la corriente dominante no deja de ser una pseudo-ciencia. En The Trouble with Macroeconomics, Romer entona un mea culpa, y nos obsequia con un resumen que no tiene desperdicio. “Durante más de tres décadas, la macroeconomía ha ido hacia atrás. El tratamiento de la identificación ahora no es más creíble que a principios de la década de 1970, pero escapa al desafío porque es mucho más opaco. Los teóricos de la macroeconomía descartan los meros hechos fingiendo una ignorancia obtusa sobre afirmaciones tan simples como “una política monetaria estricta puede causar una recesión”. Sus modelos atribuyen las fluctuaciones de las variables agregadas a fuerzas causales imaginarias en las que no influye la acción de ninguna persona. El paralelismo con la teoría de las cuerdas de la física apunta a un modo de fracaso general de la ciencia que se desencadena cuando el respeto a los líderes de gran prestigio se convierte en una deferencia a la autoridad que desplaza los hechos objetivos de su posición como determinante último de la verdad científica (pensamiento gregario)”. Y ahí seguimos."                   (Juan Laborda, El Salto, 04/08/22)

27/1/23

¿Cuál es la explicación marxista de la inflación en general y de la inflación actual? ¿En qué difiere de otras explicaciones?

 "(...)  Ashley Smith – Concretamente, ¿cuál es la explicación marxista de la inflación en general y de la inflación actual? ¿En qué difiere de otras explicaciones?

Michael Roberts – Las explicaciones económicas dominantes presentan básicamente dos vertientes. La primera dice que hay demasiado dinero persiguiendo productos demasiado escasos; para utilizar el aforismo del monetarista Milton Friedman: “la inflación siempre es un fenómeno monetario”. La segunda es que el aumento de la inflación se debe al incremento de los costes, en particular cuando se tensan los mercados de trabajo, de manera que la clase trabajadora puede forzar aumentos salariales, desatando una espiral de salarios y precios. Esta es la explicación keynesiana. La teoría monetarista echa la culpa al dinero y a los bancos centrales, la keynesiana a la clase trabajadora. Ambas teorías son erróneas desde el punto de vista teórico y empírico.

Durante todo el periodo que va de la década de 1990 a 2019, las tasas de inflación fueron muy bajas e incluso descendieron a pesar de que la oferta monetaria y el crédito se dispararon. Este dato desmiente empíricamente la teoría monetaria. El aumento de la inflación en los últimos dos años no se debe al aumento de la oferta monetaria; al contrario, esta última está menguando. La teoría monetarista comete un error teórico fundamental al asumir que el dinero impulsa los precios, cuando lo que sucede es lo contrario.

La teoría de salarios y costes también es incorrecta desde el punto de vista empírico. En la década de 1970, el desempleo aumentó y la clase trabajadora perdió poder de negociación, pero la inflación se disparó. La llamada curva de Phillips, que supuestamente reflejaba una correlación entre una tasa de desempleo reducida y una tasa de inflación elevada, estaba falsificada. Hoy ocurre lo mismo. Muchas economías han tenido un desempleo muy bajo (al menos oficialmente), pero hasta la inflexión de la pandemia la inflación también fue muy baja. De hecho, los bancos centrales pugnaron por elevar las tasas de inflación para adecuarlas a sus objetivos.

¿Cuál es la explicación marxista de la inflación? Para empezar hay que analizar qué ocurre con el valor en una mercancía. El precio de un producto o servicio está formado por el coste del uso de maquinaria y materias primas (lo que Marx llamó capital constante) y la creación de nuevo valor por la mano de obra en la producción. Los capitalistas se dedican a la acumulación de capital (ganancias), de modo que tratan continuamente de reducir el coste del trabajo (salarios) mediante la introducción de tecnología con vistas a minimizar el volumen de trabajo humano.

Sin embargo, al hacerlo tienden a reducir el aumento de nuevo valor en relación con el precio total de una mercancía. Así, la inflación de precios tiende a desacelerarse con el tiempo. Pero también intervienen otros factores. En primer lugar, los precios de las materias primas pueden crecer rápidamente (cosa que ha ocurrido ahora). Y en segundo lugar, las autoridades monetarias pueden modificar la oferta monetaria en la economía. Esto último puede contrarrestar la tendencia a la desaceleración del aumento de nuevo valor con tasas de inflación más bajas e incrementar el precio del dinero.

Lo que nos dice esto es que si las economías sufren un bajón, el crecimiento del nuevo valor se reducirá a cero o se tornará negativo: es la deflación. Y si las autoridades monetarias también siguen cerrando el grifo del dinero, las tasas de inflación se anularán. Lo veremos.

 Ashley Smith – En tu explicación de la crisis actual, sostienes que es consecuencia de una crisis subyacente de rentabilidad, una caída de la tasa de ganancia, que da pie a la reducción de la inversión en la economía real. Esto a veces confunde a la gente, que señala el hecho de que las grandes empresas se sientan sobre enormes cantidades de dinero. Otros afirman que es el resultado de las subidas abusivas de precios que inflan las ganancias de las empresas. ¿Qué diferencia y qué relación hay actualmente entre rentabilidad, masa de beneficios y subida abusiva de precios?

Michael Roberts – Las empresas muy grandes, particularmente, han cosechado enormes beneficios. Y ha habido lo que algunos llaman subidas abusivas de precios por parte de empresas que gozan de un poder monopolista, como las grandes energéticas y las de suministros públicos. Pero para la gran mayoría de empresas, la competencia es feroz en sus respectivos mercados y el coste creciente de las materias primas y ahora de los tipos de interés están socavando su rentabilidad.

Así, cuando leemos sobre los enormes beneficios de las empresas energéticas, tecnológicas y mediáticas, particularmente en EE UU, se trata de una minoría. La rentabilidad media (en proporción al capital invertido) se acerca al nivel más bajo en 70 años. Del 15 al 20 % de las empresas ya no obtienen ganancias suficientes para atender el servicio de sus deudas: las podemos llamar empresas zombis, los muertos vivientes del capital empresarial.

Es sumamente importante no asumir que la inflación y los aumentos de beneficios se deben ante todo a la subida abusiva de precios y a posiciones monopolistas, pues ello supondría que si pusiéramos un tope a los precios y acabáramos con los monopolios, la producción capitalista podría proseguir sin contratiempos y sin inflación. Medidas como los topes de precios pueden parecer temporalmente beneficiosas para la gente trabajadora, pero las crisis capitalistas no desaparecerían, y la crisis de coste de la vida continuaría.

Únicamente la propiedad pública y el control público, no solo de los monopolios naturales, sino también de las principales empresas estratégicas y entidades financieras, dentro de un plan de inversiones, empleo y control climático, pueden poner fin a la inflación sin caer en una recesión. (...)" 

( , Entrevista a Michael Roberts, Viento Sur,  03/11/22; fuente: Spectre)

9/12/22

Michael Roberts: “Los beneficios empresariales son la principal contribución a la inflación... los trabajadores no tienen que disculparse si piden una subida de sueldo” porque “la espiral de precios y salarios es un mito”

 "Michael Roberts, cabeza de cartel del cuarto congreso “Trabajo, Economía y Sociedad” de CCOO, es un reconocido economista marxista que ha batallado durante décadas en la City de Londres. El británico advierte de una pérdida “sin precedentes” del poder adquisitivo de las familias europeas en esta crisis de inflación. Y recuerda que solo unos sindicatos más fuertes pueden hacerla frente.

“Ha habido una reducción drástica del empleo en la industria manufacturera, en el Reino Unido, en los EEUU y en España. Y las nuevas industrias no están sindicalizadas. Ni las industrias tecnológicas, ni el sector de los medios de comunicación, ni los nuevos sectores minoristas tampoco”, lamenta. Aunque saca optimismo: “Esto está empezando a cambiar. Estamos empezando a ver organización en Amazon, en Starbucks, incluso en Google”. 

 “También estamos viendo luchas serias en Asia, América Latina y África. Vamos a ver muchas más. Y posiblemente también organizaciones independientes no solo en el Sur Global, sino también en el Norte Global en las nuevas industrias”, reflexiona Michael Roberts.

En la crisis de inflación de los 70, se daban por hecho las subidas salariales para recuperar el poder adquisitivo. Hoy, instituciones y empresas ni se plantean aumentos de sueldo con el IPC con el argumento de evitar un espiral de precios y salarios, ¿tienen realmente que conformarse los trabajadores y sufrir una grave pérdida de poder adquisitivo?

En los años 70, muy a menudo había lo que llamaban indexación de salarios para que hubiera un aumento automático de sueldos a la par con el aumento de precios. Por supuesto, esto era extremadamente costoso para los empleadores si no estaban realmente en la posición de aumentar aún más los precios. Pero es un mito que entonces hubiera una espiral de los salarios. No es verdad. Si se observan los datos, se puede ver que los salarios reales también cayeron durante ese período, a pesar de que en algunas industrias y algunos sectores hubo esa indexación, particularmente en el sector público pero también en algunos de los sectores industriales.

¿Cuándo se perdió esa indexación?

Todo eso se eliminó durante las décadas de 1980 y 1990. Durante todo ese tiempo llamado período neoliberal, se redujo el poder sindical de los trabajadores y se introdujo una legislación para impedir que pudieran mantener sus salarios altos, hemos visto una caída muy pronunciada en la participación de los salarios como porcentaje del PIB en todos los países de Europa. En la OCDE en general, mientras que en promedio los salarios representaban alrededor del 75% del PIB en la década de 1970, ahora está sobre el 65%. Esa es una caída bastante grande. ¿Dónde está eso? ¿Ha desaparecido? Obviamente se ha ido al incremento de la participación de los beneficios (empresariales) en el PIB. Así que tenemos una transferencia de salarios a beneficios. Y lo que estamos viendo en la espiral inflacionaria actual se debe a que no hay indexación y a que la legislación es muy dura contra los trabajadores. Y también porque las organizaciones sindicales son mucho más débiles y es mucho más difícil para los trabajadores aumentar sus salarios para igualar los aumentos de precios. Y la evidencia es clara de que los salarios reales han caído a un ritmo en la mayoría de los países europeos que no tienen precedentes. Estamos hablando de una caída del 6%, 7% u 8% en los ingresos reales en un año. Si solo estamos midiendo los salarios contra los precios, eso es una gran caída, que no se debería de dar. No va a ser compensado.

Los trabajadores de algunos sectores están consiguiendo más subidas que otros...

Recientemente IG Metall, la Unión Industrial Alemana llegó a un acuerdo, que suena bien, pero si lo miras, puedes ver que está muy por debajo de la tasa de inflación que está experimentando Alemania este año y el próximo, por lo que los trabajadores están sufriendo una pérdida salarial real. Entonces, la idea de que los aumentos de salarios provocan aumentos de precios no tiene sentido. Empíricamente, podemos ver que no es así, de hecho, y también podemos ver particularmente en este período que la principal contribución al aumento de precios ha sido, en primer lugar, el aumento de los precios de las materias primas energía, alimentos y otras materias primas subiendo. Y, en segundo lugar, los enormes aumentos de precios por parte de los empleadores. Los beneficios (empresariales) han sido la principal contribución a los aumentos de precios, no los aumentos de salarios, en esta espiral inflacionaria. Entonces, los trabajadores no tienen que disculparse si piden un aumento salarial, ni preocuparse de que de alguna manera provocarán una espiral de precios. Esto es un mito y una propaganda que nos cuentan los empresarios y sus representantes.

Las economías europeas se han transformado: oligopolios, multinacionales, más servicios y menos industria... ¿los sindicatos se han sabido adaptar?

Bueno, lo que hemos visto es una transformación de los sectores en los últimos 30 o 40 años, particularmente con la gran caída en la rentabilidad de la fabricación en la década de 1970 en la mayoría de las grandes economías, y una gran depresión a principios de la década de 1980. La actitud de los empleadores en las grandes multinacionales de tratar de trasladar sus industrias, el empleo y la tecnología fuera de Europa y América del Norte hacia lo que entonces se llamaba el Tercer Mundo y que ahora llamamos el Sur Global. 

 Hacia todos los países donde había mano de obra barata y la oportunidad de construir fábricas con salarios bajos. Esa fue la transformación.

¿También en España?

Si observamos lugares como España fue ligeramente diferente porque recibió inversiones de Alemania y Francia cuando se unió a la Unión Europea, y vimos la expansión de la industria. Pero en general, ha habido un éxodo de empleo manufacturero en todos los ámbitos al mismo tiempo que crecía el sector servicios, lo que significa que, particularmente en países como el Reino Unido donde estoy, estas economías ahora están dirigidas a economías en las que viven de los beneficios obtenidos por las multinacionales, donde el Reino Unido opera como un centro financiero para redistribuir y generar ganancias para estas empresas en varias partes del mundo. Así que no ha habido adaptación de los sindicatos. Ha habido una reducción drástica del empleo en la industria manufacturera, en el Reino Unido, en los EEUU e incluso en España. Y las nuevas industrias no están sindicalizadas. Ni las industrias tecnológicas. El sector de los medios de comunicación tampoco. Y, por supuesto, los nuevos sectores minoristas tampoco. Esto está empezando a cambiar desde el final de la gran recesión. Estamos empezando a ver organización en Amazon, en Starbucks, en otros sectores nuevos que no existían antes, incluso en Google. Así que esto es quizás una indicación de una nueva tendencia en los trabajadores de la próxima generación que va a transformar el movimiento sindical.

¿Cómo podría crecer la densidad sindical y la fuerza de los sindicatos en este contexto?

Hemos visto una reducción masiva en la participación de la sindicalización de alrededor de dos tercios, es enorme. En los últimos 30 o 40 años, ha habido una disminución dramática en la proporción de personas en los sindicatos en comparación con la fuerza laboral total. Esto se ha dado, como decía antes, por el gran cambio desde el sector manufacturero a los servicios, particularmente en el Norte Global, y hacia nuevas industrias que no están sindicalizadas. Creo que existe una posibilidad cada vez mayor de que las nuevas industrias tengan un papel determinante, como ya ocurrió en el siglo XIX cuando la gran transformación en el movimiento sindical se dio por el cambio desde las industrias artesanales como la carpintería, la plomería.... a los sindicatos de masas en las grandes fábricas, en los muelles, en el transporte, etc. Y vimos el desarrollo de los sindicatos de masas a finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX. Luego hemos visto esta aniquilación en la segunda mitad del siglo XX. Pero creo que ahora tenemos toda una capa de nuevas industrias, donde los trabajadores apenas comienzan a organizarse. Y la gente no debe olvidar que la mayor proporción de trabajadores en todo el mundo no se encuentra en el Norte Global. Están en Asia, están en América Latina. Están en África. Aquí es donde el proletariado, usando la antigua frase, es de largo mayor. La clase trabajadora del mundo nunca ha sido mayor y nunca ha sido mayor como porcentaje de la población adulta total y la población activa. Y se basa principalmente en el Sur Global ahora, donde hay mucha actividad. Esta semana vemos lo que pasa en Foxconn, que es una gran empresa taiwanesa que opera en China, donde los trabajadores están luchando contra sus empleadores porque no les están pagando lo que acordaron pagar. Así que ha habido luchas serias como esa, vamos a ver muchas más. Y posiblemente también organizaciones independientes no solo en el Sur Global, sino también en el Norte Global en las nuevas industrias. Soy optimista.

¿Qué herramientas tienen los sindicatos para luchar a día de hoy?

Siempre existe la herramienta básica, que es que los empleadores no pueden conseguir las cosas ni los servicios que quieren vender a menos que los trabajadores trabajen. Es algo muy básico. Karl Marx dijo una vez, todo niño sabe que si la gente deja de trabajar, entonces no se hace nada. Ese es el poder básico que tienen los trabajadores, porque los empleadores no tienen poder, en realidad, dependen completamente de su fuerza laboral para entregar lo que se requiere. Los empleadores usan lo que pueden usar para evitarlo y eso lo puede hacer más difícil, pero el poder básico que tienen los trabajadores de retirar su trabajo todavía está ahí. Pero no solo eso. También hay muchas otras formas en que los trabajadores pueden mejorar sus condiciones. Los sindicatos brindan un nivel de apoyo en seguridad, y también en horas y condiciones de trabajo. Una cosa es decir que te pagan mejor, pero si estoy trabajando en pésimas condiciones, si estoy trabajando por turnos o trabajando muchas horas, entonces las condiciones de trabajo no son seguras. Los sindicatos tiene el poder de organizarse contra eso también. Todas estas son áreas importantes en las que los sindicatos juegan un papel y tienen que jugar un papel cada vez mayor en el futuro. Entonces, podrías decir, bueno, eso no es nada nuevo. Lo que quiero decir es que hay nuevas áreas en las que vamos a ver ese desarrollo y los sindicatos tienen que estar familiarizados con la tecnología, deben ser inteligentes acerca de los nuevos desarrollos que están ocurriendo en las industrias para construir la organización que necesitan los trabajadores.

¿Las huelgas han perdido efectividad en un mundo globalizado?

Si el argumento es que si se declara una huelga, la empresa trasladará su ubicación a otro lugar donde la gente no hace huelgas y donde es mas barato, en realidad no es tan fácil para las empresas hacer eso inmediatamente. Y también, los sindicatos deben luchar no solo en el frente económico, sino también políticamente para garantizar que los gobiernos no permitan que las multinacionales simplemente saqueen la infraestructura y la tecnología y se la lleven a otra parte. Si los trabajadores están luchando por mejores condiciones, las dos cosas deben ir juntas. Sí, todo es más difícil por ser internacional, pero tampoco es imposible para los sindicatos organizarse internacionalmente. Lo hemos visto en muchas ocasiones en los últimos años en varias industrias, particularmente en la industria del transporte, donde el comercio tiene lugar entre buques portacontenedores, conductores de camiones portuarios. O incluso desde el conflicto de Ucrania, hemos visto esfuerzos de los trabajadores para combinar todos estos temas. Entonces sí, es difícil. No es fácil para los sindicatos organizarse, ni para los trabajadores porque se enfrentan a las fuerzas de los medios, los gobiernos, las leyes, y, por supuesto, a los intentos de los empleadores de debilitar su capacidad de funcionar. Pero no es imposible. Históricamente podemos ver que a veces tuvo un gran éxito en la transformación de la realidad.

¿Están sabiendo incorporar los sindicatos el papel transformador del feminismo?

Cuando observamos la situación económica general, podemos ver que todavía hay una marcada diferencia entre el salario promedio de los hombres en industrias y servicios, y el de las mujeres. Y, sin embargo, las mujeres ahora constituyen en muchos países, la mayoría de la fuerza laboral, no solo una pequeña minoría. Y ha habido una transformación en los últimos 50 años en los que las mujeres han llegado al sector laboral en grandes masas, particularmente en industrias clave como la salud, la educación y los servicios públicos, los servicios sociales, donde las mujeres son dominantes. Si miramos el liderazgo de los sindicatos, es cierto que esto no siempre se ha visto reflejado, pero es algo que está comenzando a cambiar. El sindicato industrial más grande del Reino Unido ahora tiene a una mujer como secretaria general, y eso también se aplica en otros sindicatos. Entonces hay una transformación en ese sentido pero todavía hay una brecha enorme entre el nivel de los salarios medios de los trabajadores masculinos y femeninos. Eso se debe en parte a que las trabajadoras tienen trabajos peor pagados y no consiguen los mejores trabajos que pagan mejor. También aunque existe una legislación en contra de la igualdad salarial no siempre se aplica.

 Pero lo que creo es que la organización sindical y la expansión de los sindicatos ayudará a reducir esa brecha entre el empleo masculino y femenino.

¿Y cómo deben sumarse los sindicatos a la transición verde?

Creo que esta pregunta es muy importante porque este es uno de los problemas clave al que nos enfrentamos en el siglo XXI. Tenemos que hacer algo para detener el calentamiento global, las emisiones de carbono y el impacto que está teniendo lo vamos a sufrir todos, no solo en el Sur Global donde ya lo están sufriendo, sino también en Europa, donde vamos a ver condiciones climáticas extremas, etc., que van a afectar a la vida y las condiciones de las personas. Y tenemos que hacer algo al respecto. Cualquier sindicato que se precie tiene que mirar no sólo el tema de los salarios y las condiciones de sus miembros, sino también al panorama más amplio de lo que está sucediendo en la economía, particularmente lo que están haciendo las empresas y lo que están haciendo los gobiernos. Solo así podemos hacer frente a esta peligrosa crisis que se avecina. Entonces, me parece que la formación tiene un papel clave en la lucha para que sus empleadores adopten políticas ambientalmente mejores, para que los gobiernos comiencen a hacer algo con respecto a las emisiones de combustibles fósiles.

Y ahora, ¿qué pasa con todos esos trabajadores que trabajan en la industria de los combustibles fósiles? ¿Cómo va a lidiar el sindicalismo con eso? Eso plantea un problema político, pero los trabajadores de la industria del petróleo o de la industria del gas, que en realidad es una fuerza laboral bastante pequeña, ¿cómo van a mantener sus trabajos si queremos eliminar este tipo de energías? Bueno, requiere un plan nacional, un plan internacional, a través de la eliminación gradual de las industrias de combustibles fósiles. Y volver a capacitar y cambiar a los trabajadores a nuevas industrias renovables, donde también tienen habilidades o se puede redirigir, para asumir la expansión de las industrias renovables y de otras industrias ambientales que generarán una gran cantidad de puestos de trabajo disponibles para los trabajadores que en este momento están trabajando en industrias que quizás se están sumando a la crisis de emisiones de carbono. Puedes verlo con otra analogía, ¿qué pasa con los trabajadores que trabajan en la industria armamentística? No queremos más armas. Queremos eliminarlas gradualmente pero los trabajadores perderán sus empleos, y es un argumento que a menudo dan los sindicatos. Bueno, hay muchas otras construcciones civiles que debemos hacer en las que las habilidades de los trabajadores que tienen las habilidades de la industria de armas se pueden usar, como en todo tipo de áreas de transporte, medio ambiente, etc. Necesitamos un plan. Y eso significa que los sindicatos no solo pueden mirar lo que está sucediendo en su lugar de trabajo, sino que también deben analizar cuestiones políticas más amplias y involucrarse en ese plan que logre esa transformación del desequilibrio que tenemos en este momento en el empleo, con los objetivos equivocados y los trabajos equivocados. Necesitamos los objetivos correctos y los trabajos correctos."               (Entrevista a Michael Roberts, Daniel Yebra, eldiario.es, 08/12/22)

16/9/22

"En un mundo con precios al alza, necesitamos más intervención gubernamental"... Sin embargo, como subraya Weber, hay que hacer mucho más para afrontar la situación actual, teniendo en cuenta que no se trata de algo puntual, sino más bien de un adelanto de las cosas que están por venir en un mundo en el que el cambio climático y el desorden geopolítico van a generar una oleada de crisis de precios... Los gobiernos deberían crear organismos capaces de supervisar el suministro de materiales esenciales en tiempo real, a la vez que considerar la posibilidad de poner algunos de estos sectores bajo control público... Necesitamos tener la capacidad de monitorizar las situaciones en tiempo real en lugar de tener esa información una vez al año... En un mundo desglobalizado corremos el riesgo de sufrir enormes shocks de precios y la teoría económica no nos ha preparado para afrontarlo... Los productos esenciales deben ser gestionados en interés público porque son demasiado importantes para dejarlos únicamente en manos de la lógica del mercado, especialmente cuando las señales de precios no consiguen igualar la oferta y la demanda como estamos experimentando actualmente... Necesitamos una planificación de emergencia, o lo que podríamos llamar planes de civilización para garantizar que somos capaces de intervenir y abordar los problemas que estamos padeciendo. Ésta es la medida más urgente, además de otras políticas que pueden ser necesarias como las inversiones públicas y la propiedad pública. Pero creo que a estas alturas carecemos incluso de la capacidad básica de previsión y optimización de lo que está ocurriendo en la economía

"Los controles de precios son una respuesta necesaria a la crisis energética. Pero el problema es estructural y sólo son una medida para ganar tiempo". Isabella Weber, una joven economista de Amherst (Massachusetts), se ha hecho ya un nombre como parte de una generación de nuevos expertos en esta disciplina que rompen con los viejos dogmas neoliberales. Un artículo de opinión que escribió para The Guardian a finales de diciembre de 2021 suscitó un gran debate en el que los economistas sus colegas de la corriente principal la atacaron ferozmente por querer interferir en el mecanismo de los precios, que consideran sagrado. 

Sin embargo, desde la guerra de Ucrania muchos de estos críticos tuvieron que enmendar su posición. Ahora se debate abiertamente sobre el control de los precios de la energía, con países como Francia que han establecido un tope a los mismos y con los miembros de la Unión Europea acordando recientemente un tope al consumo. Sin embargo, como subraya Weber, hay que hacer mucho más para afrontar la situación actual, teniendo en cuenta que no se trata de algo puntual, sino más bien de un adelanto de las cosas que están por venir en un mundo en el que el cambio climático y el desorden geopolítico van a generar una oleada de crisis de precios. 

Los gobiernos deberían crear organismos capaces de supervisar el suministro de materiales esenciales en tiempo real, a la vez que considerar la posibilidad de poner algunos de estos sectores bajo control público.

 Paolo Gerbaudo.- Tras la Gran Moderación, nos enfrentamos de nuevo a la inflación, una tendencia que ha cogido por sorpresa a muchos economistas. Se están estableciendo paralelos históricos con los años 70. ¿Cuándo podremos encontrar una guía para entender la situación actual y cómo debemos afrontarla?
 

Isabella Weber.- Es una combinación de diferentes factores y debiéramos considerar una serie de paralelismos históricos en lugar de uno solo. Quizá el más cercano sea el de la inflación tras la Segunda Guerra Mundial y la transición tras el cierre de la economía durante el conflicto. En el transcurso de la guerra había una normativa estricta sobre lo que se podía producir, dando prioridad a las manufacturas que eran estratégicas para el esfuerzo bélico. Una vez que la economía se abrió, se produjeron cuellos de botella, ya que la gente volvió a consumir e invertir en productos no relacionados con la guerra, lo que provocó un aumento de los precios de los productos que se habían restringido durante la contienda. Del mismo modo, cuando la pandemia empezó a remitir, la gente volvió a comprar bienes que no había adquirido durante los confinamientos, como los electrodomésticos. Esto se vio agravado por el hecho de que algunos consumidores habían conseguido ahorrar dinero durante ese periodo y el poder de compra adquirido se agotó rápidamente. Al cabo de un tiempo, estos embotellamientos de la oferta acostumbran a aliviarse, como ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial; las existencias comienzan a reponerse y los precios bajaron. Pero, mientras tanto, lo que hay es un ciclo de auge y caída. Precisamente para evitarlo, algunos economistas, entre los que me incluyo, hemos pedido medidas para suavizar la transición. 

P. G.- Sin embargo, ahora la inflación no está sólo relacionada con la interrupción de los suministros. Se ha visto agravada por una grave inflación energética provocada por la guerra en Rusia. Esto cambia la situación. 

I. W.- Ya antes de la guerra tuvimos subidas de precios y evidencias sobre el comienzo de un nuevo ciclo inflacionista de las materias primas. Rusia, que es un importante proveedor de energía para Europa, no reaccionó a la señal aumentando la oferta y acometiendo nuevas inversiones, pues ya se estaba preparando para la guerra en Ucrania. Las señales de precios no lograron ajustar demanda y oferta. Desde que estalló el conflicto esta situación se ha agravado, con encarecimientos no sólo de la energía, sino también de los alimentos y las materias primas. En cierto modo, esto recuerda a las crisis del petróleo de la década de 1970, aunque quizá ahora la situación sea aún peor. A medida que la guerra económica se intensifica, algunas economías que eran especialmente dependientes del suministro ruso, como la alemana, pueden caer en una especie de terapia de choque que perjudicaría gravemente a sus trabajadores y empresas. Además de la crisis de precios, también corremos el riesgo de tener escasez real, lo que exige medidas gubernamentales para evitar el caos. Todo esto acontece en una situación en la que la liberalización de los mercados complicaría aún más la situación. 

P. G.- Los políticos de derechas, como Christian Lindner en Alemania, piden ahora medidas de austeridad para hacer frente a la inflación. ¿Pero van a resolver la situación respuestas monetaristas como las que se aplicaron en los años 70? 

I. W.- Creo que para entender la actual situación inflacionista hay que superar la concepción monetarista del funcionamiento de la economía, que pone excesivo énfasis en las finanzas sin prestar suficiente atención a la economía real y al papel de los materiales básicos. Esto es algo que tampoco tiene en cuenta el paradigma keynesiano. Su planteamiento era que hasta que no se alcanza la plena capacidad, en particular en el empleo, no se genera inflación. Pero eso pasa por alto la escasez de bienes primarios. Si se produce esta situación, puedes llegar a los límites de capacidad mucho antes de alcanzar los límites de uso de la capacidad agregada. El papel de los materiales esenciales en la economía es algo que la teoría económica debe explicar mejor de lo que lo hacen los modelos actuales. La mayoría de las personas que analizaron la inflación pensaron que sería transitoria y que no había de qué preocuparse. Pero esto subestimó la importancia de esos materiales esenciales y la relación insumo/producto. Algunos sectores necesitan más redundancia, más existencias de reservas para evitar la escasez que padecemos actualmente.

P. G.- ¿Hasta qué punto lo que estamos viviendo es una excepción o la plasmación de lo que está por venir? ¿Un mundo desglobalizado en el que el suministro de mano de obra y materiales baratos está menos garantizado, y marcado por los desastres medioambientales, supondrá continuas presiones inflacionistas? 

I. W.- En un mundo desglobalizado corremos el riesgo de sufrir enormes shocks de precios y la teoría económica no nos ha preparado para afrontarlo. La desglobalización puede ser una fuerza inflacionista, especialmente si se produce de forma caótica. Tenemos una economía global extremadamente interconectada en la que muchos países dependen de las exportaciones monopolísticas. Si el comercio se interrumpe, puede provocar un aumento de los precios. Además, hay que tener en cuenta el impacto a largo plazo del cambio climático. Debido a las altas temperaturas, podemos tener efectos negativos en las infraestructuras básicas, como el derretimiento de las carreteras, y hay todo tipo de procesos industriales que deben realizarse dentro de una determinada franja de temperatura. También podemos encontrar problemas con la electricidad y todas aquellas actividades económicas que dependen de la disponibilidad de la misma, de modo que se pueden producir efectos dominó que se extiendan de un sector a todos los demás. Antes de la crisis actual, la globalización estaba dominada por las redes de producción just-in-time. Si la demanda aumentaba, la oferta podía acompañarla fácilmente. Pero ahora se da la situación contraria. Las redes de suministro ya no funcionan justo a tiempo, sino que se han vuelto más just-in-case (por si acaso) para hacer frente a los riesgos de interrupción. La dinámica ha pasado de la competencia por las cuotas de mercado a una otra que da prioridad a asegurar la continuidad de las operaciones contra las interrupciones, y esto puede ser un factor inflacionario más. 

P. G.- Usted ha propuesto controles de precios contra la inflación como medida para superar la crisis, y ha sido criticada por muchos economistas. ¿Puede explicar cómo esos controles pueden ayudar a superar las dificultades actuales? 

I. W.- Cuando lo planteé en diciembre de 2021 ya nos encontrábamos en un escenario en el que los precios habían subido mucho. Pero en respuesta a esta señal no se produjo un aumento de la oferta porque Rusia ya se estaba preparando para la guerra. Muchos seguían pensando ingenuamente que pronto volveríamos a la normalidad. Con el conflicto, la evidencia de que no se vislumbra una vuelta a la normalidad anterior a la pandemia ha calado en mucha gente. Mi propuesta es aplicar controles de precios para evitar los trastornos. Pero no estoy pensando en los severos controles de la Segunda Guerra Mundial, sino en una combinación más compleja de políticas. Los responsables políticos europeos ya están debatiendo un tope de precios, que consistiría en un acuerdo entre los compradores europeos de gas para no adquirirlo por encima de un determinado valor. Ello tendría que combinarse con un programa de ahorro a escala europea, que ayudaría a evitar un racionamiento caótico en invierno. Además, hay que garantizar una cantidad básica de gas a todos los hogares a un precio controlado para que la gente no se arruine. Pero, en cualquier caso, los controles de precios no son la solución del problema a largo plazo, tan sólo una medida para ganar tiempo. Es como si alguien sangrara por el brazo y fuera trasladado al hospital. Si no se hace nada para reducir la demanda o aumentar la oferta, el problema se arrastrará.

P. G.- ¿Cuál es entonces la solución a largo plazo para los problemas actuales? ¿Qué deben hacer los gobiernos? 

I. W.- Tenemos que aceptar que en un mundo de cambio climático y desintegración del orden mundial, de enfermedades epidémicas, etc., las instituciones financieras ya no son capaces de estabilizar la economía por sí solas. Necesitamos nuevas instituciones políticas que tengan la capacidad de supervisar los sectores esenciales de los  que se pueda reunir toda la información necesaria; en particular, la energía y las materias primas. Necesitamos tener la capacidad de monitorizar las situaciones en tiempo real en lugar de tener esa información una vez al año. Esto es algo que podría aplicarse con bastante facilidad. El grupo de trabajo sobre la cadena de suministro de la Administración Biden ha empezado a hacerlo. Pero hay que generalizar este enfoque y disponer de políticas de estabilización por sectores. Tenemos que entender, para cada mercado, quiénes son los grandes actores y si nos enfrentamos a un problema nacional o internacional.

 Necesitamos una planificación de emergencia, o lo que podríamos llamar planes de civilización para garantizar que somos capaces de intervenir y abordar los problemas que estamos padeciendo. Ésta es la medida más urgente, además de otras políticas que pueden ser necesarias como las inversiones públicas y la propiedad pública. Pero creo que a estas alturas carecemos incluso de la capacidad básica de previsión y optimización de lo que está ocurriendo en la economía, y esto nos deja poco prevenidos ante los shocks. Tenemos que abordar el papel de lo esencial en la economía, como la energía y los materiales básicos. Durante demasiado tiempo hemos dado por sentada su importancia. Los productos esenciales deben ser gestionados en interés público porque son demasiado importantes para dejarlos únicamente en manos de la lógica del mercado, especialmente cuando las señales de precios no consiguen igualar la oferta y la demanda como estamos experimentando actualmente."             (Pablo Gerbaudo, Agenda Pública, 30/07/22)

8/9/22

La estanflación: de la tragedia a la farsa... Dado que los elementos de la espiral de precios y salarios de la década de 1970 son ahora insignificantes, es más probable que la inflación disminuya una vez que los cuellos de botella de la oferta se suavicen. Pero la espiral salarios-precios también ha sido sustituida por una espiral beneficios-precios... “el crecimiento de los beneficios empresariales ha superado con creces el de los salarios de los trabajadores”... Las empresas se aprovechan de tal situación, trasladando los costes a sus clientes. ¡Los beneficios netos de las cien mayores empresas estadounidenses “aumentaron como media el 49% y en un caso hasta el 111.000%”!... Las autoridades deberían frenar el poder de las empresas, mejorar la competencia y proteger a los más vulnerables

 "Medio siglo después de la estanflación de la década de 1970, las economías se están desacelerando. Incluso contrayéndose a medida que los precios vuelven a subir. El Banco Mundial adviertía en junio de que “el aumento de los precios de la energía y de los alimentos aumenta el riesgo de un período prolongado de estanflación mundial que recuerde al de la década de 1970”. Y en marzo, la agencia Reuters informaba: “Dado el aumento de los precios del petróleo, la preocupación ante la agresividad de la política monetaria de la Reserva Federal y el temor a la agresión rusa en Europa del Este, la sensación en Wall Street se asemeja a un retorno a la década de 1970”.

Peor aún, parece que se han aprendido pocas lecciones del último episodio de estanflación registrado. No existe una definición formal acordada de estanflación, que se refiere a la combinación de estancamiento económico y alta inflación, esto es, a la situación en la que el desempleo y los precios aumentan simultáneamente. Cuando el crecimiento es débil y hay muchos desempleados, los precios raramente suben, lo cual mantiene la inflación baja. Lo contrario ocurre cuando el crecimiento es fuerte. Esta relación inversa entre la actividad económica y la inflación se rompió con las perturbaciones procedentes de lado de la oferta, en particular las subidas de los precios del petróleo y de otros productos primarios registradas entre 1972 y 1975.

Los precios de los productos primarios no petroleros del índice de The Economist se duplicaron con creces entre mediados de 1972 y mediados de 1974. Los precios de algunos productos básicos, como el azúcar y el fertilizante de urea, ¡se multiplicaron por más de cinco! El encarecimiento de la energía elevó los gastos de producción, por lo que las empresas subieron los precios y recortaron los puestos de trabajo. Dado el aumento de los precios de los alimentos, del combustible y de otros productos, el aumento de los costes, unido a la pérdida de ingresos, redujo la demanda agregada, lo cual frenó aún más la economía. 

La Fed ahoga la economía para reducir la inflación

Años antes de convertirse en presidente de la Reserva Federal estadounidense (Fed) en 2006, Ben Bernanke coescribió un artículo en el que se señalaba lo siguiente: “Al examinar más específicamente los episodios individuales de recesión asociados a las crisis de los precios del petróleo concluimos que [...] las crisis petrolíferas no fueron per se una causa importante de estas recesiones”. Este grupo de investigadores concluía indicando que “una parte importante del efecto de las crisis de los precios del petróleo en la economía no se debe a la variación de los precios de este, sino al consiguiente endurecimiento de la política monetaria”. Sus conclusiones corroboraron otras, como las de James Tobin.

 Siguiendo a Milton Friedman y Anna Schwartz, otros economistas también constataron que “durante la era de posguerra se ha producido una serie de episodios en los que la Reserva Federal ha intentado, en efecto, inducir deliberadamente una recesión para disminuir la inflación”. La Reserva Federal estadounidense comenzó a subir los tipos de interés a partir de 1977, induciendo una recesión en la economía estadounidense en 1980. La economía se recuperó brevemente cuando la Fed dejó de subir los tipos, pero esta incipiente recuperación pronto terminó cuando el presidente de la Fed, Paul Volcker, los subió de forma aún más brusca. El tipo de interés de los fondos federales pasó de alrededor del 10 a casi el 20%, desencadenando una “recesión extraordinariamente dolorosa”. El desempleo aumentó hasta casi el 11% en el conjunto del país, siendo el más alto de la posguerra, y hasta el 17% en algunos estados, como Michigan, dejando perniciosas secuelas a largo plazo. Las subidas de los tipos de interés redujeron las inversiones necesarias. Y fuera de la economía estadounidense, estas fuertes y rápidas subidas de los tipos de interés desencadenaron las correspondientes crisis de la deuda en Polonia, América Latina, el África subsahariana, Corea del Sur y otros lugares.

Las políticas económicas abiertas aplicadas precedentemente supusieron, según el economista William Easterly, “el aumento de los tipos de interés mundiales, el incremento de la carga de la deuda de los países en vías de desarrollo y la desaceleración del crecimiento en el mundo industrial [...] contribuyendo al estancamiento de los países en vías de desarrollo”. Los países que prendieron obtener el apoyo financiero del Fondo Monetario Internacional (FMI) tuvieron que aceptar severas condiciones en lo referido a las políticas de austeridad fiscal, liberalización, desregulación y privatización. Al hilo de la caída de las rentas per cápita y del aumento de la pobreza, América Latina y África “perdieron dos décadas”.

Reedición de la estanflación

El economista jefe del FMI, Pierre-Olivier Gourinchas, reiteró recientemente que “la inflación es una preocupación primordial”. El Bank for International Settlements ha advertido: “Podemos estar llegando a un punto de inflexión más allá del cual se extiende y se afianza una psicología inflacionista”. Los esfuerzos antiinflacionistas de los bancos centrales consisten principalmente en subir los tipos de interés. Este planteamiento ralentiza las economías, acelera las recesiones y, a menudo, desencadena crisis de deuda sin sofocar el aumento de los precios derivados de las perturbaciones de la oferta. Las recuperaciones económicas de la crisis financiera mundial de 2008-2009 se mantuvieron tibias durante una década después de que se abandonaran rápidamente las respuestas fiscales inicialmente audaces. Mientras tanto, el recurso a la “flexibilización cuantitativa” y a otras políticas monetarias no convencionales y luego la pandemia del covid-19 elevaron la deuda a niveles sin precedentes.

 Las respuestas comerciales proteccionistas dadas a la última crisis financiera mundial, la “deslocalización” por parte de Estados Unidos y Japón de la inversión extranjera en China, la pandemia, la Guerra de Ucrania y las sanciones impuestas contra Rusia y sus aliados han revertido la liberalización comercial precedente. El aumento de los tipos de interés en el Norte rico ha desencadenado la fuga de capitales, provocando la depreciación de las monedas de los países en vías de desarrollo, especialmente frente al dólar estadounidense. La ralentización de la economía mundial ha reducido la demanda de muchas de las exportaciones de los países en vías de desarrollo, mientras la mayoría de las remesas de los trabajadores migrantes disminuyen. Las subidas de los tipos de interés han agravado las crisis de la deuda, especialmente en el Sur global. Los países más pobres han visto como aumentaban los pagos derivados de su endeudamiento por un importe de 11 millardos de dólares, al tiempo que se preparaban para afrontar las inminentes crisis alimentarias que se avecinan. Así pues, la vulnerabilidad de los países en vías desarrollo se han agravado por tendencias internacionales sobre las que tienen poco control.

Lecciones no aprendidas

La inflación por el lado de la oferta es muy diferente de la inflación por el lado de la demanda. Sin evidencia alguna, quienes se muestran muy intransigente ante la inflación insisten en que no actuar con urgencia hoy será más costoso mañana. Esto puede suceder si el aumento de la demanda es la causa principal de la inflación, especialmente si el aumento de los costes se traslada fácilmente a los consumidores. Sin embargo, los episodios de aceleración peligrosa de la inflación son muy raros. Actuar con demasiada rapidez contra una inflación producida bruscamente por el lado de la oferta puede ser imprudente. Las crisis energéticas de la década de 1970 despertaron un mayor interés por la eficiencia energética, pero la subida de los tipos de interés durante la década siguiente disuadió las inversiones necesarias, incluso las que lo eran para revertir el declive o el estancamiento del crecimiento de la productividad.

El aumento de los tipos de interés también aceleró las recesiones. No obstante, las subidas similares de los precios de las materias primas y de los alimentos en los episodios de estanflación de la década de 1970 ocultan importantes diferencias. Por ejemplo, la “indexación salarial”, que vincula los aumentos salariales a las subidas de los precios, potenció la espiral inflacionista de la década de 1970, pero la desregulación del mercado laboral a partir de la década siguiente ha acabado en gran medida con dicha indexación. El FMI reconoce que la globalización, la “deslocalización” y el cambio técnico que ahorra mano de obra han debilitado la sindicalización y el poder de negociación de los trabajadores.

 Dado que los dos elementos de la espiral de precios y salarios de la década de 1970 son ahora insignificantes, es más probable que la inflación disminuya una vez que los cuellos de botella de la oferta se suavicen. Pero la espiral salarios-precios también ha sido sustituida por una espiral beneficios-precios. Las reformas llevadas a cabo desde la década de 1980 también han aumentado el poder de mercado de las grandes empresas.

Así, la mayor discrecionalidad de las empresas y la reducción de la fuerza de los trabajadores han aumentado las cuotas de beneficios, incluso durante la pandemia. En noviembre de 2021, Bloomberg observó que “el rapidísimo crecimiento de los beneficios desde 1950 desmiente la historia de la inflación salarial propalada por los directores ejecutivos de las empresas”. Mientras tanto, The Guardian descubrió que “el crecimiento de los beneficios empresariales ha superado con creces el de los salarios de los trabajadores”. Las empresas se aprovechan de tal situación, trasladando los costes a sus clientes. ¡Los beneficios netos de las cien mayores empresas estadounidenses “aumentaron como media el 49% y en un caso hasta el 111.000%”!

Mientras tanto, muchos más consumidores luchan por satisfacer sus necesidades básicas. Las subidas de los tipos de interés también han perjudicado a los asalariados, ya que la caída de la participación del trabajo en la renta nacional se ha visto exacerbada por el estancamiento, e incluso la contracción, de los salarios reales. Los responsables políticos deberían, por lo tanto, aliviar los cuellos de botella procedentes de la oferta y abordar los desequilibrios existentes para acelerar así el progreso, y no aumentar los tipos de interés para provocar todo lo contrario.

Así, las autoridades deberían frenar el poder de las empresas, mejorar la competencia y proteger a los más vulnerables. Permitir que las subidas de los precios internacionales se transmitan, al tiempo que se protege a los vulnerables, puede acelerar la transición hacia un consumo y una producción más sostenibles, incluido el uso de energías renovables más limpias."

(Artículo traducido por El Salto con permiso de sus autores. Anis Chowdhury  es Adjunct Professor, Western Sydney University, Australia. Jomo Kwanme Sundaram   es Visiting Senior Fellow en el Khazanah Research Institute, Visiting Fellow en el Initiative for Policy Dialogue, Columbia University. El Salto, 23/08/22)

26/8/22

¿Quién es el culpable del repunte de la inflación? La inflación es el resultado final de las políticas económicas y recetas expedidas por los economistas conservadores, liberales, y social-liberales (otrora socialdemócratas)... El aumento del poder de mercado y de la concentración empresarial ha sido documentado... ha habido un cambio estructural que ha debilitado la competencia. En ausencia de competencia, las empresas adquieren poder de mercado y consiguen precios elevados. Esto tiene implicaciones para el bienestar y la asignación de recursos. Además de reducir el bienestar de los consumidores, el poder de mercado disminuye la demanda de mano de obra y frena la inversión en capital, distorsiona la distribución de las rentas económicas y desalienta la dinámica empresarial y la innovación

 "Ustedes ya saben nuestro diagnóstico sobre qué ha provocado el repunte de precios, y que es previo a la invasión de Ucrania, que simplemente ha exacerbado y perpetuado dicho incremento. Nuestra hipótesis de partida es que la inflación es el resultado final de las políticas económicas y recetas expedidas por los economistas conservadores, liberales, y social-liberales (otrora socialdemócratas).

En primer lugar, la expansión y el acceso a los mercados derivados de materias primas a especuladores y a fondos institucionales. Como consecuencia, en determinados momentos, la evolución de sus precios no obedece a fundamentales económicos sino a burbujas especulativas y procesos de propensión o aversión al riesgo de los inversores, si bien no son simétricos, impactando mucho más en los precios, al alza, durante las fases de toma de riesgos excesivos, como la actual. Destacan por encima de todos los episodios 2004-2008, 2021-actualidad.

En segundo lugar, la reestructuración radical de determinados sectores industriales, sustentada en el dogmatismo del libre mercado, siendo el eléctrico un ejemplo destacadísimo. El sistema marginalista en el que se fundamenta ha fracasado. El coste marginal se ha alejado del coste medio, produciéndose una rápida escalada de los precios de la electricidad en los hogares y empresas. Sobre ello ya hemos hablado largo y tendido desde estas líneas.

Finalmente, un aspecto olvidado en los análisis, y que recobra fuerza como factor explicativo del repunte actual de precios, aprovechando la excusa de la guerra de Ucrania, es el aumento de poder de mercado de determinadas empresas, y que se da no solo en determinados sectores, sino en la economía en general.

En este blog pretendemos resumir aquella investigación que estudia el aumento del poder de mercado y sus efectos negativos sobre la participación del factor trabajo y del capital productivo en favor de los beneficios puros, mediante el establecimiento de precios muy por encima de su coste marginal. El aumento del poder de mercado medio permite explicar el descenso de las cuotas tanto del factor trabajo como del capital productivo, así como la disminución del dinamismo del mercado laboral, y los aumentos de inflación que se observan en el 2022.

Por otra parte, la disminución de la competencia es en parte responsable de que el sector empresarial haya invertido poco, en relación con lo que sugerían ciertos modelos de inversión neoclásicos, desde principios de la década de 2000. Además, las empresas de las industrias con los mayores aumentos de concentración del mercado han disfrutado de mayores márgenes de beneficio, vía precios, rendimientos anormales positivos de las acciones y operaciones de fusiones y adquisiciones más rentables, lo que sugiere que el poder de mercado se está convirtiendo en una importante fuente de valor (la teoría postkeynesiana de la empresa ya incorporaba este hecho hace varias décadas). Por último, los datos de la industria muestran que los aumentos de la concentración están asociados a descensos de la cuota del factor trabajo.

Efectos macroeconómicos

El aumento del poder de mercado y de la concentración empresarial ha sido documentado, especialmente en el caso de Estados Unidos (Gutiérrez y Philippon, 2017; Covarrubias et al., 2019; Grullon et al., 2019; De Loecker et al., 2020), aunque también hay estudios con datos no estadounidenses (Gutiérrez y Philippon, 2018). Los resultados obtenidos sugieren que ha habido un cambio estructural que ha debilitado la competencia. En ausencia de competencia, las empresas adquieren poder de mercado y consiguen precios elevados. Esto tiene implicaciones para el bienestar y la asignación de recursos. Además de reducir el bienestar de los consumidores, el poder de mercado disminuye la demanda de mano de obra y frena la inversión en capital, distorsiona la distribución de las rentas económicas y desalienta la dinámica empresarial y la innovación. Esto tiene ramificaciones para la política económica, desde la política antimonopolio, la política monetaria y la redistribución de la renta.

Uno de los principales problemas de esta investigación económica empírica es cómo medir la intensidad de la competencia en un mercado y el poder de mercado de las empresas individuales. Heidorn y Weche (2021) detallan diferentes posibilidades. Una alternativa es el cálculo de medidas de concentración para evaluar el grado de competencia en un mercado. Las más utilizadas son el índice Herfindahl-Hirschman (HHI) y los coeficientes de concentración (CR).

Sin embargo, sacar conclusiones sobre la intensidad de la competencia a partir de las medidas de concentración puede ser engañoso. Por ejemplo, los mercados pueden estar concentrados debido a la realización de economías de escala y de alcance. Por lo tanto, es posible que los competidores de los mercados concentrados no disfruten de un gran poder de mercado, sino que se enfrenten a una fuerte competencia. Una alternativa natural para medir el poder de mercado de las empresas de forma más directa es estimar los beneficios económicos a partir de los datos de producción. La idea teórica subyacente es que el poder de mercado se manifiesta en los precios que superan los costes marginales de forma similar al índice de Lerner.

Gutiérrez y Philippon (2017), utilizando los márgenes precio-coste (índice de Lerner), así como estimando el coste de utilización de la mano de obra y el capital, muestran para Estados Unidos que los márgenes comerciales han aumentado para los líderes de la industria. Aunque ninguna de estas estimaciones es perfecta, son totalmente informativas, ya que ambas sugieren que los márgenes comerciales aumentaron más en las industrias que se han concentrado más.

Covarrubias et al. (2019), utilizando medidas de concentración (CR8) y márgenes comerciales, analizan el aumento de la concentración en las industrias estadounidenses durante los últimos 40 años, distinguiendo dos períodos de tiempo distintos. Durante la década de 1990, y con bajos niveles de concentración inicial, encuentran evidencia de un aumento de la concentración eficiente impulsada por la competencia de precios, el aumento de la inversión intangible y la mayor productividad de los líderes. Sin embargo, después del año 2000, los datos sugieren una concentración ineficiente, una menor competencia y un aumento de las barreras de entrada a medida que los líderes se afianzan y la concentración se asocia con una menor inversión, mayores precios y menor productividad.

Grullon et al. (2019) examinan la evolución de la concentración del mercado de productos de las industrias estadounidenses a lo largo de los últimos 40 años, y documentan que las industrias estadounidenses se han concentrado más desde principios del siglo XXI. Muestran que el aumento de la concentración del mercado, utilizando el índice de concentración Herfindahl-Hirschman (HHI), y la desaparición de las empresas públicas, coinciden con la consolidación a gran escala de las empresas que cotizan en bolsa.

De Loecker et al. (2020) en, desde mi modesto punto de vista, el artículo de investigación más interesante sobre el aumento de poder de mercado, documentan la evolución del mismo basándose en datos a nivel de empresa para la economía estadounidense desde 1955. Constatan que los márgenes de beneficio han aumentado desde niveles del 21% por encima del coste marginal en los años 80 hasta el 61% actual. El aumento se produce básicamente en la cola superior de la distribución de márgenes. En cambio, y sorprendentemente, la mediana no ha cambiado. Además, hay una reasignación de la cuota de mercado de las empresas con márgenes bajos a las que tienen márgenes altos. Este aumento se produce sobre todo dentro del sector. También hay un aumento de la tasa media de beneficios del 1% al 8%.

Las consecuencias económicas del aumento del poder de mercado son diversas, y van desde la disminución de las cuotas de trabajo y de capital (Autor et al., 2020; Barkai, 2020, De Loecker et al., 2020), a favor de los beneficios puros (Barkai, 2020), así como la disminución del dinamismo del mercado laboral (De Loecker et al., 2020), hasta una menor inversión empresarial en relación con la Q de Tobin (Gutiérrez y Philippon, 2017; Crouzet y Eberly, 2019). Además, las empresas de los sectores con mayor aumento de la concentración del mercado han disfrutado de mayores márgenes de beneficio, rendimientos anormales positivos de las acciones y operaciones de fusiones y adquisiciones más rentables, lo que sugiere que el poder de mercado se está convirtiendo en una importante fuente de valor (Grullon et al., 2019).

¿Y en España, qué ocurre?

Intuitivamente, viendo la composición del Ibex 35, dominan sectores que han aumentado la concentración y el poder de mercado, desde el bancario, a los otrora monopolios naturales -sector eléctrico, petroleras…-, pasando el lobby de la construcción. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), por ejemplo, multó este verano con 203,6 millones de euros a seis de las mayores constructoras españolas por alterar la competencia en las licitaciones de construcción de infraestructuras durante 25 años, desde 1992 al 2017.

 Quizás sea la concentración empresarial, asociada al poder de mercado, la principal razón del incremento de los precios en los últimos meses en nuestro país. Debería abrirse una amplia discusión sobre el papel de los organismos reguladores de la competencia, la composición de sus miembros, y la necesidad de dotarles con todos los instrumentos necesarios para su labor. Deben disponer de equipos amplios que identifiquen el aumento de poder de mercado, y tener la capacidad ya no solo para imponer multas acordes con el daño causado por prácticas oligopolísticas, sino, sobre todo, llegado el caso, trocear y vender negocios y unidades de empresas demasiado grandes para quebrar e imponer precios. Permítanme que sea escéptico sobre ello, las puertas giratorias trabajan a pleno rendimiento."              (Juan Laborda , Vox populi, 25/08/22)

19/8/22

No se trata de recaudar más para poder gastar más sino de decidir qué gasto queremos que haga el Estado primero, y qué actividades y personas deben ver reducido su poder de compra en función de criterios de pleno empleo, distribución de renta y riqueza y estabilidad de precios... La inflación quizá sea un impuesto a los pobres, pero se suele combatir dejando a parte de esos pobres sin empleo, o sea, sin renta. Es decir, para que unos conserven su poder de compra otros deben perderlo completamente... La política de estabilización de precios debe basarse en un análisis riguroso de sus causas en primer lugar. Rara vez es un problema de exceso de demanda y por eso la peor respuesta es deprimir la demanda

Stuart Medina Miltim @SMiltim

Cosas que la teoría monetaria moderna te obliga a cuestionar.

Un superávit comercial no es un éxito. Significa que estás enviando recursos reales al extranjero a cambio de meros apuntes contables. Rusia sabe para qué sirven esos registros si no puedes movilizarlos por culpa de las sanciones.

El superávit fiscal no refleja una gestión prudente del gobierno sino una obcecación que reduce la posición financiera neta del sector privado y puede llevar la economía a una recesión. La posición financiera del Estado debe responder a la necesidad de estabilizar la coyuntura.

Para crear empleo se dice que la economía debe crecer. Pero quizá se pueda evitar esa ley de hierro con un plan de empleo garantizado.

Los impuestos no financian el gasto público pero sin ellos el dinero no vale nada. Si entiendes esto puedes repensar la función de los tributos.

No se trata de recaudar más para poder gastar más sino de decidir qué gasto queremos que haga el Estado primero y qué actividades y personas deben ver reducido su poder de compra en función de criterios de pleno empleo, distribución de renta y riqueza y estabilidad de precios.

La inflación quizá sea un impuesto a los pobres pero se suele combatir dejando a parte de esos pobres sin empleo, o sea, sin renta. Es decir, para que unos conserven su poder de compra otros deben perderlo completamente.

La política de estabilización de precios debe basarse en un análisis riguroso de sus causas en primer lugar. Rara vez es un problema de exceso de demanda y por eso la peor respuesta es deprimir la demanda.

La política monetaria es poco o nada útil para gestionar el ciclo económico. Mejor dejar los tipos de interés permanentemente en el 0%.

3:06 p. m. · 11 ago. 2022 de Cudillero, España
6 Retweets 15 Me gusta

 

26/7/22

El BCE sabe perfectamente que tal decisión no afectará a los precios del gas natural y del petróleo, los causantes directos del episodio reciente de inflación. También sabe que esta decisión no conseguirá ningún efecto real sustancial salvo encarecer un poco más la financiación para la compra de vivienda, bienes duraderos e inversión empresarial. Es decir reducirá el poder de compra de la mayoría y, en el caso de la inversión empresarial, aquellas empresas con mayor poder de mercado simplemente repercutirán a sus clientes el mayor coste. Tampoco es que un 0,5% vaya a llevar la economía a la recesión pero sí que se conseguirá una distribución de la renta más regresiva

  "Ayer, 22 de julio de 2022, el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) comunicó la aprobación de un nuevo Instrumento para Proteger la Transmisión (IPT). Ya habían anticipado un instrumento “anti fragmentación” hace unas semanas tras comprobar que la nefasta rueda de prensa de Christine Lagarde del día 17 de junio de 2022, en la que se anunciaba el fin de las compras netas de títulos de los tesoros europeos, había resultado en un acelerado ascenso de las primas de riesgo que llevó el rendimiento del bono español a 10 al 3% y el italiano al 4% en pocas horas tras la apertura del mercado el lunes siguiente.

El anuncio sigue a otro anterior en el que el BCE comunicó la desafortunada decisión de subir sus tres tipos de interés de referencia en 50 puntos básicos. Por tanto los tipos de interés de las operaciones principales de refinanciación, del instrumento de préstamo marginal y del instrumento de depósito se incrementaban al 0,50%, 0,75% y 0,00% respectivamente con efectos a partir de julio de 2022. El BCE sabe perfectamente que tal decisión no afectará a los precios del gas natural y del petróleo, los causantes directos del episodio reciente de inflación.

 También sabe que esta decisión no conseguirá ningún efecto real sustancial salvo encarecer un poco más la financiación para la compra de vivienda, bienes duraderos e inversión empresarial. Es decir reducirá el poder de compra de la mayoría y, en el caso de la inversión empresarial, aquellas empresas con mayor poder de mercado simplemente repercutirán a sus clientes el mayor coste. Tampoco es que un 0,5% vaya a llevar la economía a la recesión pero sí que se conseguirá una distribución de la renta más regresiva. 

El BCE, como otros bancos centrales (con la honrosa excepción del Banco de Japón), actúa como el proverbial perro guardián que se pone a ladrar cuando pasa un transeúnte por la calle. Éste pasará de largo puesto que no tenía ninguna intención de entrar en la finca pero el perro se quedará ufano pensando que han sido sus avisos los que han evitado la intrusión. Ya verán como, cuando caigan definitivamente los precios de las materias primas y concluya este episodio de inflación transitoria, el BCE se apunta el tanto.

 Volviendo al IPT: ¿Qué sabemos de este instrumento? En la neolengua del BCE se trata de asegurar la correcta transmisión de la política monetaria. Pero eso es un arcano de difícil comprensión. La realidad es que la evidencia empírica cuestiona una relación causal directa, estable y significativa entre tipos de interés e inversión y, por extensión, con la actividad económica.

Por ejemplo aquí o aquí.

El problema no es una transmisión que, por otra parte, es bastante irrelevante para la inflación pero sí para la distribución de la renta y para la aceptación de los títulos del Tesoro de España, Italia, Grecia y Portugal que, en caso de no ser aceptadas por el mercado, dificultarían sus políticas de gasto público. En román paladino básicamente se reconoce que la permanencia de algunos países en la zona euro no es viable si el BCE no interviene en los mercados secundarios comprando sus títulos del Tesoro. El apoyo a los títulos del Tesoro, por cierto, es una de las funciones de todos los bancos centrales del mundo pero los Tratados Europeos lo habían prohibido a insistencia de Alemania. Esta prohibición ha sido uno de las principales disfuncionalidades de la unión monetaria junto a la carencia de una instancia fiscal europea. Cuando la zona euro estuvo a punto de estallar en 2011 el BCE se saltó esta prohibición con el aval del Tribunal de Justicia de la UE iniciando las compras de títulos de los tesoros europeos. Sin esas compras la zona euro habría colapsado.

A diferencia de otros instrumentos anteriores, como el programa APP o el programa PEPP, las compras ya no se realizarán en proporción a la clave de capital, es decir, el porcentaje de participación de cada país miembro de esta malhadada unión monetaria, en el capital del BCE. En el caso del IPT el BCE podrá comprar en los mercados secundarios (recordemos que el dogma vigente impide al BCE comprar títulos directamente en la subasta, lo cual nos ahorraría costes inútiles que solo dejan beneficios para la industria financiera) títulos de «jurisdicciones que experimenten un deterioro de las condiciones financieras que estén justificadas por los fundamentos específicos de un país, para compensar los riesgos al mecanismo de transmisión». Es decir que, si se dispara la prima de riesgo italiana, el BCE podría intervenir para reducir el rendimiento de los bonos italianos. Las compras podrán ser de  valores del sector público (títulos de deuda negociables emitidos por gobiernos centrales y regionales, así como agencias, según la definición del BCE) con un vencimiento residual de entre uno y diez años. Podrían considerarse compras de valores del sector privado, algo que siempre nos ha parecido escandaloso puesto que se está beneficiando al puñado de grandísimas empresas que pueden emitir este tipo de títulos. (La pregunta legítima que nos planteamos es ¿dónde quedan todas las histerias acerca del riesgo moral que tanto obsesionó a las autoridades europeas en relación al supuesto comportamiento manirroto de los Estados meridionales? ¿No aplica a los grandes oligopolios?)

Podríamos llegar a la conclusión apresurada de que el BCE sigue aprendiendo lecciones por la fuerza de los hechos. Este nuevo instrumento se aparta de los anteriores porque las compras se dirigirán hacia los títulos de países que se ven sometidos a los ataques de los mercados, sin respetar las claves de capital. Quizá, a golpe de crisis, dentro de unas décadas el BCE se convierta en un banco central de verdad.

Pero no tan rápido. El Diablo se encuentra en los detalles. El BCE seguirá sometiendo a bullying a las democracias europeas. La nota de prensa nos aclara que las compras se condicionan al

  1. cumplimiento del marco fiscal de la UE: no estar sujeto a un procedimiento de déficit excesivo (PDE), o no ser evaluado por no haber tomado medidas efectivas en respuesta a una recomendación del Consejo de la UE en virtud del artículo 126 (7) del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE);
  2. la ausencia de desequilibrios macroeconómicos severos: no estar sujeto a un procedimiento de desequilibrio excesivo (EIP) o no ser evaluado por no tomar la acción correctiva recomendada relacionada con una recomendación del Consejo de la UE en virtud del artículo 121 (4) TFUE;
  3. la sostenibilidad fiscal: para determinar que la trayectoria de la deuda pública sea sostenible, el Consejo de Gobierno tendrá en cuenta, cuando estén disponibles, los análisis de sostenibilidad de la deuda realizados por la Comisión Europea, el Mecanismo Europeo de Estabilidad, el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones, junto con el análisis interno del BCE;
  4. la aplicación de políticas macroeconómicas sólidas y sostenibles: cumplimiento de los compromisos presentados en los planes de recuperación y resiliencia del y de las recomendaciones específicas por país de la Comisión Europea en el ámbito fiscal en el marco del Semestre Europeo.

En definitiva, solo los alumnos aplicados del marco neoliberal de la UE podrán librarse de la supervisión de los mercados. Para el caso da lo mismo: se va a hacer lo que digan los técnicos de la Comisión Europea o del Banco Central Europeo aunque sea contrario al bienestar y la prosperidad de las naciones o lo que pidan los mercados, que coincide con lo que opinan los primeros. La democracia sigue cancelada por las instituciones de la unión monetaria europea y, por tanto, este nuevo instrumento, merece el rechazo absoluto de Red MMT.

Red MMT considera que no es la función de un organismo multilateral integrado por burócratas no electos dar instrucciones a un gobierno democráticamente elegido sobre la naturaleza de su política económica o la dirección de su política fiscal. Con mayor razón porque sobra la evidencia empírica de que los resultados de la política neoliberal han sido nefastos para los pueblos europeos. Las políticas basadas en principios de “responsabilidad fiscal” sólo han generado un desempleo masivo, desigualdad creciente, crecimiento insuficiente y caídas de la productividad. Los sacrificios que economistas neoclásicos como Olivier Blanchard, antiguo economista jefe del Fondo Monetario Internacional, prescriben, siempre justificados por la sagrada estabilidad de precios, han profundizado nuestra miseria y ni siquiera han evitado el reciente episodio inflacionista.

Este nada tienen que ver con las políticas fiscales y la deuda pública y mucho con las consecuencias de una globalización que ha fragilizado las cadenas de suministro y el comportamiento del cártel de países productores y del oligopolio energético. Por tanto la credibilidad del BCE para seguir condicionando su apoyo a los títulos del Tesoro a la aplicación de este tipo de políticas a las naciones europeas es nula. Europa estaría mejor servida disolviendo el BCE e incorporando sus funciones a los tesoros de cada nación europea, como explicó recientemente el profesor de Economía de la Universidad de Newcastle, Bill Mitchell. Red MMT apoya la recuperación de la democracia ya que ni siquiera existen argumentos funcionales para seguir suprimiéndola."                  (red tmm, 23/07/22)