"Contrariamente a una idea ampliamente difundida en
2022, la crisis alimentaria mundial comenzó antes de la invasión rusa a
Ucrania y al aumento de los precios debido a la especulación. A escala
planetaria, entre 2014 y 2021, el número de personas que sufrían
inseguridad alimentaria grave aumentó en más de 350 millones, pasando de
565 millones a 924 millones. Este aumento fue particularmente fuerte
entre 2019 y 2021, afectando a un poco más de 200 millones de personas.
En 2021, cerca de 2.300 millones de personas, o sea el 29,3 % de la
población mundial, estaban en situación de inseguridad alimentaria
moderada o grave [1].
En 2022, todos los indicadores están en rojo e incluso el Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas se reunió el 17 de mayo de 2022 para
debatir sobre cómo hacer frente a la crisis alimentaria que podría
provocar revueltas populares.
¿Cómo podemos explicar que en el siglo XXI continuemos confrontados con el hambre?
Es el resultado del modelo de agrobusiness que solamente busca la
realización de inmensos beneficios y no le preocupa la alimentación de
la población. Y esta situación es mucho más flagrante en los países del
Sur Global donde los programas de ajuste estructural del FMI y el Banco Mundial alentaron la agricultura intensiva de exportación según criterios competitivos y de rentabilidad en el mercado mundial [2]
, y marginalizaron el sector de producción hortícola y la agricultura
campesina que, sin embargo, suministra el 70 % de la producción de
alimentos mundial. Los alimentos son transformados en mercadería
sometida a la especulación en el mercado mundial, donde un grupo de grandes multinacionales fijan los precios.
Esas grandes empresas del agrobusiness se benefician de subvenciones
públicas, acaparan cada vez más tierras para extender el cultivo de
agrocombustibles, recursos de agua para cultivos híper consumidores,
destruyen las semillas naturales en provecho de híbridas y OGM,
generalizan la utilización de abonos químicos y de pesticidas. Ese
modelo de producción aumenta considerablemente la vulnerabilidad de los
cultivos frente a factores externos y contribuye enormemente al cambio
climático y a las sequías que afectan la agricultura de secano y agotan
las napas freáticas. Y todo esto está directamente ligado al sistema
capitalista mundial y a su crisis multiforme de las que la crisis
alimentaria es una de sus manifestaciones.
¿Cuál es la amplitud de la crisis en el ámbito humanitario?
Según un criterio más amplio que fue elaborado por la FAO y otros
organismos de la ONU, el 30 % de la población mundial sufre de manera
moderada de inseguridad alimentaria.
Si nos concentramos en el continente africano, siempre según la FAO, cerca del 60 % de la población está afectada por la inseguridad alimentaria moderada y el 20 % por la inseguridad alimentaria grave. Estas cifras podrían aumentar mucho con la inestabilidad climática.
En 2020, «se estima que 45 millones de niños y niñas
de menos de 5 años sufren emaciación, la forma más mortífera de la
malnutrición, que puede multiplicar por 12 el riesgo de muerte en
temprana edad. Además, 149 millones de niños y niñas de
menos de 5 años presentan un retardo de crecimiento y de desarrollo
debido a una carencia crónica de nutrientes esenciales en su
alimentación.» [3]
El 45 % de las muertes de niños y niñas de menos de 5 años es debido a
la malnutrición, y eso representa 3,1 millones de niñas y niños.
«En 2021, la diferencia entre mujeres y hombres en cuanto la
inseguridad alimentaria se acentuó todavía más: 31,9 % de mujeres en el
mundo estaban en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave
frente al 27,6 % de hombres. Esta diferencia muestra un aumento de más
del 4 % frente al 3 % correspondiente a 2020». [4]
Según un comunicado de prensa de la UNICEF del 23 de junio de 2022:
Cada minuto, un niño sufre malnutrición grave en 15 países afectados
por la crisis mundial del hambre: «Casi 8 millones de niños menores de 5
años en 15 países afectados por la crisis del hambre corren el riesgo
de morir a causa de emaciación grave a menos que reciban alimentos y
atención terapéutica inmediata, y la cifra aumenta cada minuto, advirtió
hoy UNICEF con motivo de los preparativos para la reunión de líderes
mundiales en la cumbre del G7.»
Desde principios de año, la creciente crisis alimentaria mundial ha
provocado que 260.000 niños más –o un niño cada 60 segundos– sufran
emaciación grave en los 15 países más afectados por la crisis, entre
ellos en el Cuerno de África y el Sahel Central.» UNICEF agrega: «
Mientras tanto, el precio de los alimentos terapéuticos
listos para usar, que se utilizan para tratar la emaciación grave, se
ha disparado en un 16% en las últimas semanas debido a un fuerte aumento
del coste de las materias primas, lo que deja a otros 600.000 niños en
peligro de morir sin no reciben acceso a un tratamiento que pueda
salvarles la vida.»
Estructuralmente y de manera paradójica, una mayoría de personas
víctimas del hambre pertenecen a la población rural. La mayor parte son
familias de productores rurales que no poseen la tierra en propiedad o
no tienen suficiente tierra, ni medios para valorizarla.
Tienen que vender una gran parte de sus productos agrícolas en el
mercado, en particular para poder pagar sus deudas, quedando la familia
con escasez de alimentos. Por supuesto, también hay una población urbana
muy empobrecida.
Algunas definiciones dadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la UNICEF:
Inseguridad alimentaria moderada: nivel de la
gravedad de la inseguridad alimentaria que se caracteriza por el hecho
de que las personas afectadas no tienen seguridad en poder procurase
alimentos y se han visto obligadas, en un momento o en otro durante el
año, a reducir la calidad y/o la cantidad de alimentos consumidos debido
a la falta de dinero o de otros recursos. La inseguridad alimentaria
moderada hace referencia por lo tanto a una falta de regularidad en el
acceso a los alimentos, lo que disminuye la calidad de la alimentación y
perturba los hábitos alimentarios normales. Para su cálculo se utiliza
la escala de experiencia de inseguridad alimentaria (FIES-Food
Insecurity Experience Scale).
Inseguridad alimentaria grave: nivel de gravedad de la
inseguridad alimentaria que se caracteriza por el hecho de que, en un
momento dado del año, las personas afectadas agotan sus reservas de
alimentos, sufren hambre y, en un grado más grave, quedan uno o varios
días sin comer. Se utiliza el mismo sistema de cálculo que para la
moderada.
Subalimentación (hambre crónica): Situación en la que
una persona tiene un consumo alimentario habitual inferior al necesario
para suministrar el aporte energético necesario para llevar una vida
normal, activa y sana. La prevalencia de la subalimentación se utiliza
para medir el hambre.
Emaciación: La emaciación constituye una forma mortal
de malnutrición que enflaquece y debilita a los niños y niñas y los
expone a un gran riesgo de morir, así como a problemas de crecimiento,
de desarrollo y de aprendizaje.
En 2022, más de 45 millones de niños y niñas menores de cinco años sufren emaciación.
Emaciación severa: Se caracteriza por una delgadez
extrema del niño/niña en relación a su altura, debido a debilitamiento
del sistema inmunitario. La emaciación severa es la forma de
malnutrición más inmediata, más visible y más mortal.
En 2022, más de 13 millones de niños y niñas de menos de 5 años son víctimas de emaciación severa.
Citado por el diario Le Monde (Sous-alimentation: près d’une personne sur dix souffre de la faim dans le monde, un chiffre en forte hausse depuis deux ans),
Émile Frison, miembro del panel internacional de expertos sobre los
sistemas alimentarios durables (IPES-food), declaraba: « No es necesario
que nos engañemos diciéndonos que asistimos a una crisis alimentaria
debido únicamente a la Covid y a la guerra en Ucrania, y que si esos
problemas se solventan, todo se arreglará». Mathilde Gérard, periodista
de Le Monde agrega: «En realidad, esos dos mayores acontecimientos
internacionales exacerbaron las dificultades estructurales precedentes»
(Fuente: Mathilde Gérard, « Sous-alimentation: près d’une personne sur
dix souffre de la faim dans le monde, un chiffre en forte hausse depuis
deux ans », Le Monde, 6 de julio de 2022) [5].
La crisis alimentaria mundial no está provocada por una reducción de la producción de cereales o de otros alimentos
La crisis alimentaria mundial no está provocada por una penuria
mundial de producción de alimentos. En efecto, la producción alimentaria
mundial aumenta más rápidamente que el crecimiento demográfico desde
hace más de medio siglo. En 2021, la cosecha de cereales superó un
récord histórico. Pero es importante remarcar que una parte creciente de
los alimentos no se dedica a la alimentación humana.
Los gobiernos del Norte promueven la producción de agrocombustibles,
llamados erróneamente biocombustibles con el fin de crear una reacción
positiva en la opinión pública. En un artículo de abril de 2022,
Jean-François Collin, alto funcionario y exconsejero en el ministerio
de Agricultura en Francia pone en evidencia «el considerable aumento de
los usos industriales de la producción mundial de cereales (…),
especialmente en la producción de etanol: 30% de aumento de la
producción mundial de los últimos cincuenta años fueron dedicados al
desarrollo de los usos industriales de los cereales. Esto concierne
principalmente al maíz y también al trigo. (…) cerca de 200 millones de
toneladas de maíz estadounidense son transformadas cada año en etanol,
que se incorpora al combustible de los vehículos con motor de gasolina.
10% de los cereales producidos en el mundo ahora se utilizan como
combustible. Se podría agregar las superficies dedicadas a otros
vegetales como la colza, la soja o la palma (aceite de palma) con los
cuales se puede producir un diester también utilizado como combustible. Y
son superficies que no se dedican a la producción de trigo o de arroz
que pueden alimentar directamente a los humanos.»
También es importante señalar que más de un tercio de la producción
mundial de cereales, el 35% según Collin, se destina a la alimentación
del ganado.
Un grupo de sociedades transnacionales controlan ampliamente el
mercado de cereales, formando un oligopolio, y aumentan permanentemente
sus beneficios y su fortuna a costa de la población mundial. A escala
planetaria, cuatro sociedades, de las cuales tres son estadounidenses y
una es francesa, controlan el 70 % del mercado internacional de
cereales. Tienen un papel fundamental en la fijación de los precios y
del aprovisionamiento. Las cuatro son: Archer Daniels Midland, De Bunge,
Cargill y Louis Dreyfus, a menudo designadas con la sigla ABCD.
Tomemos el caso de Cargill, veamos que dice Oxfam internacional sobre
esta compañía en un reciente informe: « Cargill es un gigante mundial
del agroalimentario y una de las más grandes sociedades privadas del
mundo. En 2017, se la ha catalogado entre las cuatro empresas que
controlan en conjunto el 70 % del mercado de los productos de base
agrícola. El 87 % de la propiedad de la empresa pertenece a la undécima
familia más rica del mundo. La riqueza acumulada por los miembros de
esta familia, que figuran en la lista de milmillonarios de Forbes es de
42.900 millones de dólares, y su fortuna aumentó en 14.400 millones de
dólares (un 65%) desde 2020, aumentando a un ritmo de 20 millones por
día durante la pandemia. Ese aumento fue debido al aumento de precios de
los productos alimentarios, principalmente los cereales. Por otra
parte, cuatro otros miembros de la gran familia Cargill figuran, desde
hace poco, en la lista de las 500 personas más ricas del mundo. En 2021,
la sociedad registró ingresos netos de 5.000 millones de dólares,
realizando uno de los más grandes beneficios de su historia. El año
precedente, pagó dividendos por 1.130 millones de dólares, cuya mayor
parte estaba destinada a miembros de su familia. La sociedad debería,
nuevamente, obtener beneficios récords en 2022, lo que engrosaría la ya
colosal fortuna de la familia.»
Oxfam agrega: «Según Bloomberg, Cargill no es la única empresa que
realiza beneficios importantes aprovechándose de las penurias
alimentarias y de la volatilidad de los mercados. Una de las
competidoras de Cargill, la sociedad de comercio agrícola Louis Dreyfus
Co. declaró en marzo haber realizado un 82 % más de beneficios que el
año anterior, en gran parte gracias a las fluctuaciones de los precios
de los cereales y a los fuertes márgenes con los granos oleaginosos»
(Fuente: Oxfam, «QUAND LA SOUFFRANCE RAPPORTE GROS» «Face à l’explosion
de la fortune des milliardaires et alors que le coût de la vie grimpe en
flèche, il est urgent de taxer les plus riches », [Cuando el
sufrimiento trae la riqueza. Frente a la explosión de las fortunas de
los milmillonarios y mientras el coste de la vida sube vertiginosamente,
es urgente poner impuestos especiales a los más ricos», publicado el 23
de mayo de 2022. https://www.oxfamfrance.org/wp-content/uploads/2022/05/Final-Davos-Media-Brief-12.5.22_FR-final.pdf)
Ese control sobre el comercio de alimentos permitió a esas empresas
de la agroindustria, y también a grandes cadenas comerciales como
Wallmart o Carrefour, imponer aumentos de precio del orden del 30% en
2021. [6]
Las políticas neoliberales de apertura de los mercados, que
analizamos más adelante, son otra causa fundamental de la crisis
alimentaria. En efecto, esas políticas convirtieron a los países del Sur
Global cada vez más dependientes de sus importaciones de cereales
(véase más adelante la crítica de las diferentes políticas aplicadas por
los países del Sur bajo la presión de instituciones como el BM y el
FMI, y también de sus propias clases dominantes). En caso de un shock
exterior que produzca un aumento de los precios en el mercado mundial
y/o una dificultad de aprovisionamiento, los países del Sur Global, que
no producen cereales suficientes para su población, están directamente
afectados.
Entre los factores recientes que agravaron la crisis alimentaria,
está la enorme especulación que tuvo lugar en los mercados de cereales
después de la invasión rusa a Ucrania. El precio del trigo y del maíz
aumentó cerca de un 50% en unos quince días mientras que en esos
momentos no había ninguna destrucción de la producción y ningún problema
de aprovisionamiento. Se trataba de pura especulación por parte de las
grandes sociedades privadas que compran stocks de cereales (incluyendo
cosechas futuras) en las bolsas de cereales, siendo la principal la de
Chicago. El precio del arroz también aumentó, pero en forma más
moderada. Inmediatamente, las grandes sociedades de comercialización,
los grandes supermercados aumentaron el precio de los alimentos sin
justificación alguna.
Tras la invasión de Ucrania, el precio del trigo y del maíz subió
casi un 50% en quince días, a pesar de que no hubo destrucción de la
producción ni problemas de abastecimiento en ese momento
En el momento en que se escribe este artículo, al final de agosto, durante los últimos tres meses, el precio del trigo en la bolsa
de Chicago bajó un 32 % y el del maíz un 22%, sin embargo eso no ha
repercutido en una reducción de precios en la venta minorista.
Los precios para los consumidores y consumidoras de las clases
populares aumentaron enormemente y es poco probable que bajen, puesto
que los gobiernos no aplican políticas de control de precios o fijación
de precios. Efectivamente, las grandes empresas privadas son libres de
fijar los precios que desean.
La crisis alimentaria no comenzó con la invasión de Ucrania
En realidad, la situación se degradaba desde 2014 en el mundo entero.
En 2007-2008 se había desarrollado una crisis alimentaria muy grave
(véase nuestra explicación de la crisis de 2007-2008 en «Volvamos a
hablar de las causas de la crisis alimentaria», https://cadtm.org/Volvamos-a-hablar-de-las-causas-de),
que llevó a más de 800 millones de personas a pasar hambre. Entre 2009 y
2013, la situación había mejorado, sin embargo, comenzó a degradarse
nuevamente a partir de 2014. (...)
¿Es posible erradicar el hambre?
Sí, es totalmente posible. Las soluciones fundamentales para alcanzar
ese objetivo vital pasan por un proyecto de soberanía alimentaria
alternativo al modelo actual de agrobusiness intensivo. La soberanía
alimentaria es el derecho que tienen todos los países de mantener y
desarrollar su propia capacidad para producir su alimentación de base y
supone la protección de los recursos naturales, en particular: la
tierra, las aguas y las semillas. La soberanía alimentaria coloca a
productores y productoras, a distribuidores y distribuidoras y a
consumidores y consumidoras de alimentos en el centro de los sistemas y
políticas alimentarias en lugar de las exigencias de los mercados y de
las transnacionales. Por consiguiente, la soberanía alimentaria tiene
por objetivo alimentar a la población a partir del esfuerzo de los
productores y productoras en el ámbito local, y limitando, también, las
importaciones y exportaciones.
Para avanzar hacia la soberanía alimentaria, es necesario colocar a
la agroecología en el centro de las decisiones políticas de los
gobiernos. La agroecología es una alternativa al modelo neoliberal
productivista. Esta práctica garantiza los derechos colectivos de
campesinos y campesinas, protege la biodiversidad, refuerza los sistemas
alimentarios locales y valoriza el trabajo de las mujeres en el campo,
que es, literalmente, vital.
La agroecología nos permite disponer de una alimentación de calidad:
sin OGM, sin pesticidas, sin abonos químicos. Pero para alcanzar este
objetivo, es necesario que más de 3.000 millones de campesinos y
campesinas puedan acceder a la tierra en cantidad suficiente y
trabajarla por su cuenta, en lugar de enriquecer a los grandes
propietarios, a las transnacionales del agrobusiness, a los comerciantes
y a los prestamistas. Es necesario, también, de que dispongan, gracias a
la ayuda pública, de medios para cultivar la tierra sin agotarla.
Para hacerlo, hay que hacer una reforma agraria, una reforma que
falta, cruelmente, en Brasil, Bolivia, Paraguay y Perú, también en Asia y
en algunos países de África. Tal reforma agraria debe organizar la
redistribución de tierras, prohibiendo a los terratenientes privados y
proveyendo una ayuda pública al trabajo de los agricultores. Esta
reforma agraria se ha de oponer a las políticas agrarias puestas en
práctica por el Banco Mundial, por grandes fundaciones como la Fundación
Bill Gates y multinacionales que favorecen las grandes operaciones de
acaparamiento de tierras.
La reforma agraria debe preservar los bosques y selvas existentes y
estimular la plantación de árboles, allí donde estaba devastado, detener
la privatización y comercialización de los recursos hídricos, y evitar
el monocultivo que está en los orígenes de la degradación de los suelos.
También, es importante señalar las enormes responsabilidades que
tiene el FMI y sobre todo el Banco Mundial en la crisis alimentaria
puesto que son especialmente estas instituciones las que llevaron a los
Estados a conectarse cada vez más con los mercados internacionales,
haciendo crecer su dependencia, a suprimir las ayudas a los pequeños
productores agrícolas y a ofrecer una plaza privilegiada a las
transnacionales del agrobusiness. El FMI y el Banco Mundial recomendaron
a los gobiernos del Sur suprimir los silos de granos que servían para
alimentar el mercado interior en caso de insuficiencia de la oferta y/o
de un aumento vertiginoso de los precios. El Banco Mundial y el FMI
alentaron a los gobiernos a suprimir los organismos de crédito público
al campesinado y llevando a campesinos y campesinas a caer en las garras
de los prestamistas privados (con frecuencia grandes comerciantes) o de
los bancos privados que aplican intereses de usura. Eso provocó el
endeudamiento masivo del pequeño campesinado, ya sea en la India,
México, Egipto o en numerosos países del África subsahariana. Según las
encuestas oficiales, el sobreendeudamiento de los campesinos que afecta a
los indios es la causa principal de suicidio de más de 400.000
campesinos en la India durante los últimos 25 años (Statistics say nearly 4,00,000 farmers committed suicide in India between 1995 and 2018. Why? (scroll.in)) (solo en inglés).
Ese es un país donde, precisamente, el Banco Mundial se empeñó con
éxito a convencer a las autoridades a suprimir las agencias públicas de
crédito a los agricultores. Y eso no es todo: durante los últimos 50
años, el Banco Mundial y el FMI también promovieron en los países
tropicales y otros países del Sur Global a reducir su producción de
trigo, arroz o maíz y a reemplazarlos por cultivos de exportación
(cacao, café, bananas, cacahuetes, flores, algodón…). Finalmente, para
completar su trabajo a favor de las grandes sociedades del agrobusiness y
de los grandes países exportadores de cereales (comenzando por Estados
Unidos, Canadá y Europa), hicieron que los gobiernos abrieran totalmente
las fronteras a las importaciones de alimentos que benefician de
subvenciones masivas por parte de los países del Norte. Eso provocó la
quiebra de numerosos productores y productoras del Sur, y una fuerte
reducción de la producción de alimentos local.
En resumen, es necesario poner en marcha la soberanía alimentaria,
promover la agroecología y aplicar la reforma agraria. Se debe dejar de
producir agrocombustibles industriales y eliminar las subvenciones
públicas a sus productores. También, es necesario instalar de nuevo los
stocks públicos de reserva de alimentos (en partículas los granos:
arroz, trigo, maíz…), instaurar los organismos públicos de crédito para
agricultores y agricultoras y restablecer una regulación del precio de
los alimentos. Hay que garantizar que las poblaciones con bajos ingresos
puedan beneficiarse de precios bajos para alimentos de calidad. Se debe
suprimir el IVA de los alimentos básicos. El Estado debe garantizar a
los pequeños productores y productoras agrícolas unos precios de venta
suficientemente altos con el fin de permitir una mejora real de sus
condiciones de vida. El Estado también debe desarrollar los servicios
públicos en los medios rurales (de salud, educación, comunicaciones,
cultura, «bancos de semillas» …). Los poderes públicos tienen
capacidades suficientes para garantizar, al mismo tiempo, precios
subvencionados a los consumidores de alimentos y precios de venta
suficientemente altos para los pequeños productores y productoras
agrícolas puedan disponer de unos ingresos suficientes.
Este combate contra el hambre, ¿acaso no es participe de un combate mucho más amplio?
No podemos pretender seriamente luchar contra el hambre sin atacar las causas fundamentales de la situación actual. La deuda es una de ellas, y la palabrería sobre el tema, frecuente estos últimos años durante las cumbres del G7 y del G20,
no disimula para nada, que el problema sigue estando ahí. La crisis
global que ahora afecta al mundo agrava la situación de los países en
desarrollo frente al coste del endeudamiento y se preparan nuevas crisis
de deuda en el Sur. Lo que está pasando, en este 2022, en Sri Lanka y Argentinason
ejemplos emblemáticos. Esa deuda condujo a pueblos del Sur, a menudo
provistos de riquezas humanas y naturales considerables, a un
empobrecimiento masivo. El sistema deuda es un pillaje organizado al que
hay que darle fin urgentemente.
En efecto, el mecanismo infernal de la deuda pública ilegítima es un
obstáculo esencial a la satisfacción de las necesidades humanas
fundamentales, entre las cuales, el acceso a una alimentación decente.
Sin ninguna duda, la satisfacción de las necesidades humanas
fundamentales debe prevalecer sobre cualquier otra consideración,
geopolítica o financiera. En un plan moral, los derechos de los
acreedores, rentistas o especuladores no están a la altura en relación a
los derechos humanos fundamentales de 8.000 millones de personas,
abrumados por ese mecanismo implacable que representa la deuda.
Es inmoral demandar a los pueblos de los países empobrecidos por una
crisis global, de la que no son en absoluto responsables, consagrar una
gran parte de sus recursos al pago a los acreedores ricos (ya sean del
Norte o del Sur) en lugar de dedicarlos a la satisfacción de sus
necesidades fundamentales. La inmoralidad de la deuda deriva del hecho
de que muy frecuentemente fue contraída por regímenes no democráticos
que no utilizaron las sumas recibidas en el interés de la población y que a menudo organizan desvíos masivos de dinero, con el acuerdo tácito o activo
de los Estados del Norte, de los acreedores privados del Norte, del
Banco Mundial y del FMI. Los acreedores provenientes de los países más
industrializados prestaron el dinero con pleno conocimiento de causa a
regímenes con frecuencia corruptos. Por consiguiente, esos acreedores no
tienen derecho a exigir a los pueblos el reembolso de esas deudas
inmorales e ilegítimas.
En resumen, la deuda es uno de los principales mecanismos por los que
una nueva forma de colonización se está operando en detrimento de los
pueblos. La deuda se agrega a las vulneraciones históricas realizadas
por los países ricos: esclavitud, exterminaciones de poblaciones
indígenas, yugo colonial, saqueo de materias primas, de la
biodiversidad, de los conocimientos del campesinado (por el patentado en
provecho de las transnacionales del agrobusiness del Norte de productos
agrícolas del Sur como el arroz basmati indio) y de bienes culturales,
fuga de cerebros, etc. Ya va siendo hora de reemplazar la lógica de
dominación por una lógica de redistribución de las riquezas en pro de la
justicia.
El G7, el FMI, el Banco Mundial, el Club de París imponen su propia
verdad, su propia justicia, de la que son, al mismo tiempo, juez y
parte. Desde la crisis de 2007-2009, el G20 tomó el relevo del G7 y
contribuyó a reponer un FMI desacreditado y deslegitimado al centro del
juego político y económico, en particular, con respecto al Sur Global.
Hay que poner fin a esta injusticia que beneficia a los opresores, ya
sean del Norte o del Sur.
El CADTM sostiene con entusiasmo las propuestas
y reivindicaciones adelantadas por el movimiento campesino
internacional La Vía Campesina: ¡Alto a la crisis alimentaria!
¡Soberanía Alimentaria, ya! Lo reproducimos íntegramente.
Propuestas de La Vía Campesina para enfrentar la actual crisis alimentaria y avanzar hacia la Soberanía Alimentaria
«Frente a este dramático contexto, La Vía Campesina expresa fuertes
demandas y propuestas para enfrentar la crisis, tanto a corto como a
largo plazo.
Demandamos acción inmediata por:
- El fin de la especulación con los productos
alimenticios y la suspensión de la cotización de los productos
alimenticios en las bolsas de valores. Los contratos futuros
sobre productos agrícolas deberían prohibirse inmediatamente. El precio
de los alimentos comercializados internacionalmente debe estar
vinculado a los costos de producción y seguir los principios del
comercio justo, tanto para los/las productores/as como para los/las
consumidores/as;
- El fin de la Organización Mundial de Comercio
en el control del comercio de alimentos, así como los tratados de libre
comercio. En particular, las normas penales de la OMC
que impiden a los países desarrollar reservas públicas de alimentos y
la regulación de precios y mercados deben eliminarse de inmediato, para
que los países puedan desarrollar las políticas públicas necesarias para
apoyar a los/las productores/as de alimentos a pequeña escala en este
difícil contexto;
- Una reunión de emergencia del Comité de
Seguridad Alimentaria y la creación de un nuevo organismo internacional
para llevar a cabo negociaciones transparentes sobre acuerdos de
productos básicos entre países exportadores e importadores, para que los
países que se han vuelto dependientes de las importaciones de alimentos
puedan tener acceso a alimentos a un precio accesible;
- La
prohibición del uso de productos agrícolas para producir
agrocombustibles o energía. La comida debe ser una prioridad absoluta
por sobre el combustible.
- Una moratoria global en el pago de la
deuda pública por parte de los países más vulnerables. En el contexto
actual, presionar a algunos países muy vulnerables para que paguen la
deuda es una gran irresponsabilidad y está desembocando en una crisis
alimentaria. Hacemos un llamado al fin de las presiones del Fondo
Monetario Internacional, FMI, para desmantelar las políticas públicas
nacionales y los servicios públicos y a la cancelación de la deuda
pública externa ilegítima en los países en desarrollo.
Exigimos cambios radicales en las políticas internacionales,
regionales y nacionales para reconstruir la soberanía alimentaria a
través de:
- Un cambio radical en el orden comercial
internacional. La OMC debe ser desmantelada. Un nuevo marco
internacional para el comercio y la agricultura, basado en la soberanía
alimentaria, debe abrir el camino para el fortalecimiento de la
agricultura campesina local y nacional, para asegurar una base estable
para una producción de alimentos relocalizada, el apoyo a los mercados
liderados por campesinos y campesinas, locales y nacionales, así como en
cuanto a asegurar un sistema de comercio internacional justo basado en
la cooperación y la solidaridad en lugar de la competencia y la
especulación;
- La implementación de la Reforma Agraria Popular e
integral, para detener el acaparamiento de agua, semillas y tierras por
parte de las transnacionales, y garantizar a los/las pequeños/as
productores/as derechos justos sobre los recursos productivos.
Protestamos contra la privatización y el acaparamiento de ecosistemas y
recursos naturales por intereses corporativos bajo el pretexto de la
protección de la naturaleza, a través de mercados de carbono u otros
programas de compensación de biodiversidad, sin consideración a las
personas que viven en los territorios y que han estado cuidando de los
recursos por generaciones;
- Un giro radical hacia la
agroecología, con el fin de producir alimentos sanos en cantidad y
calidad para toda la población. Debemos tener en cuenta que la crisis
climática y medioambiental será nuestro gran reto en el contexto actual y
debemos afrontar el desafío de producir suficientes alimentos de
calidad mientras reanimamos la biodiversidad y reducimos drásticamente
las emisiones de GEI.
- Una regulación efectiva del mercado de insumos (créditos,
fertilizantes, pesticidas, semillas, combustible…) para apoyar la
capacidad de los/las campesinos/as para producir alimentos, pero
también para asegurar una transición justa y bien planificada hacia más
prácticas de agricultura agroecológica;
- Una gobernanza
alimentaria basada en la gente, no en las transnacionales. A nivel
mundial, regional, nacional y local, se debe detener la captura de la
gobernanza alimentaria por parte de las transnacionales y se debe poner
el interés de la gente en el centro. Se les debe reconocer a los/las
pequeños/as productores/as un papel clave que debieran ocupar en todos
los organismos de la gobernanza alimentaria;
- La transformación
de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de de
campesinos y campesinas en un instrumento jurídicamente vinculante para
la defensa de los pueblos rurales.
- El desarrollo en cada país
de las capacidades públicas de almacenamiento. La estrategia de
acumulación de alimentos debe llevarse a cabo tanto a nivel nacional,
como a través de la creación y el apoyo público a reservas de alimentos a
nivel comunitario con alimentos producidos localmente provenientes de
prácticas agrícolas agroecológicas;
- Una moratoria global sobre
tecnologías peligrosas que amenazan a la humanidad, como la
geoingeniería, los transgénicos o la carne celular. La promoción de
técnicas de bajo costo que incrementen la autonomía campesina y de las
semillas campesinas.
- El desarrollo de políticas públicas para
asegurar nuevas relaciones entre quienes producen alimentos y quienes
los consumen, quienes viven en las áreas rurales y quienes viven en las
áreas urbanas, garantizando precios justos definidos en base al costo de
producción, que permitan ingresos dignos para los y las que producen
en el campo y un acceso justo a alimentos saludables para los/las
consumidores/as;
- La promoción de nuevas relaciones de género
basadas en la igualdad y el respeto, tanto para las personas que viven
en el campo como entre la clase trabajadora urbana. La violencia contra
las mujeres y diversidades debe cesar ya."
(
Eric Toussaint
,
Omar Aziki, CADTM, 05/09/22)