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25/9/23

El mito de la escasez mundial de granos... Contrariamente a la creencia popular, la guerra en Ucrania no ha provocado una escasez mundial de trigo. Mientras que el hambre en el mundo se ha disparado en los últimos años, la mejor manera de afrontar la crisis alimentaria actual pasa por atacar sus verdaderas causas: la especulación financiera y el afán de lucro de las empresas... la oferta total de trigo (es decir, el volumen de producción más las reservas de partida) superaron el consumo en nada menos que 275 millones de toneladas. Este excedente desmiente la narrativa oficial de una escasez global. Asimismo, se calcula que la oferta global ha superado la demanda entre julio de 2022 y junio de 2023, lo que indica que se trata de una tendencia consolidada... ¿Cuál fue entonces la causa del aumento de los precios del trigo? El mercado mundial de granos opera a modo de oligopolio, en el que las cuatro principales empresas comercializadoras –Archer-Daniels-Midland, Bunge (que recientemente se ha fusionado con Viterra), Cargill y Louis Dreyfus– controlan más del 70 % del mercado, y Glencore otro 10 %... En las primeras etapas de la guerra en Ucrania, especialmente entre marzo y junio de 2022, las cuatro grandes comercializadoras de cereales lograron ingresos y beneficios récord... Inversores financieros, inclusive fondos de pensiones, incrementaron su parte de posiciones largas del 23 % en mayo de 2018 al 72 % en abril de 2022... En vez de impedir o contener estas maniobras financieras, las autoridades reguladoras estadounidenses y europeas permitieron que continuaran a su aire... la mayor parte de las exportaciones de granos de Ucrania no fueron a parar a los países más pobres del planeta. En su lugar, el 81 % de los 32,9 millones de toneladas métricas exportadas al amparo de la Iniciativa de Granos del Mar Negro se destinaron a países de renta alta o media alta... Dado que los países africanos importadores de alimentos solo recibieron una fracción de estas exportaciones, los temores de que la cancelación del acuerdo provocaría una hambruna masiva en todo el continente parecen sumamente exagerados

 "(...) En los últimos años, el fuerte aumento de los precios de los alimentos y la creciente frecuencia e intensidad de las inundaciones, sequías y otros fenómenos meteorológicos extremos han generado alarma por una posible escasez inminente de granos, con la consiguiente catástrofe para las poblaciones más pobres y vulnerables del planeta. Aunque el cambio climático supone la mayor amenaza a medio y largo plazo para la seguridad alimentaria mundial, la invasión rusa de Ucrania se cita a menudo como causa inmediata de la hambruna actual. Pero esto es una cortina de humo.

No cabe duda de que la guerra ha trastornando las exportaciones de trigo tanto de Rusia como de Ucrania, dos de los principales países productores mundiales, al distorsionar unas relaciones comerciales cruciales. Puesto que Ucrania y Rusia exportaban antes de la invasión más de una cuarta parte del volumen global de trigo, políticos y comentaristas atribuyeron el fuerte aumento de los precios a comienzos de 2022 en gran medida a la escasez de oferta causada por el conflicto.

Sin embargo, mientras el índice global de precios del trigo aumentó alrededor de un 23 % en los primeros meses después de la invasión rusa, los precios comenzaron a descender en junio de 2022. En diciembre habían vuelto a los niveles de preguerra. Así se reconoció, pero esta tendencia se atribuyó al éxito de la Iniciativa de Granos del Mar Negro, un acuerdo auspiciado por Naciones Unidas que levantó el bloqueo ruso de las exportaciones de grano de Ucrania. A su vez, la reciente decisión de Rusia de cancelar el acuerdo ha generado preocupaciones sobre sus efectos potenciales en el comercio mundial de granos.

Estas preocupaciones están mal orientadas por dos razones. En primer lugar, la oferta mundial de trigo (tanto la producción total como el volumen comercializado) se ha mantenido constante desde el comienzo de la guerra de Ucrania. El Sistema de Información del Mercado Agrícola, administrado por la Organización para la Alimentación y la Agricultura de Naciones Unidas, incorpora datos del Consejo Internacional de Cereales para calcular los volúmenes de oferta, consumo y comercio. Entre julio de 2021 y junio de 2022 –un periodo en que los precios del trigo se dispararon–, la producción global aumentó a razón de cinco millones de toneladas, mientras que el volumen comercializado creció tres millones de toneladas. Durante el mismo periodo, las reservas aumentaron ligeramente (tres millones de toneladas).

 Lo más curioso es que la oferta total de trigo (es decir, el volumen de producción más las reservas de partida) superaron el consumo en nada menos que 275 millones de toneladas. Este excedente desmiente la narrativa oficial de una escasez global. Asimismo, se calcula que la oferta global ha superado la demanda entre julio de 2022 y junio de 2023, lo que indica que se trata de una tendencia consolidada.

En segundo lugar, los gobiernos y los medios suelen destacar los casos de escasez en regiones concretas, mientras pasan por alto el aumento de la producción y del comercio en otras partes del mundo. En realidad, el trigo se produce globalmente, lo que significa que la escasez en una región puede compensarse aumentando la producción en otra.

 

¿Cuál fue entonces la causa del aumento de los precios del trigo? Para responder a esta pregunta hemos de seguir el rastro del dinero. El mercado mundial de granos opera a modo de oligopolio, en el que las cuatro principales empresas comercializadoras –Archer-Daniels-Midland, Bunge (que recientemente se ha fusionado con Viterra), Cargill y Louis Dreyfus– controlan más del 70 % del mercado, y Glencore otro 10 %.

En las primeras etapas de la guerra en Ucrania, especialmente entre marzo y junio de 2022, las cuatro grandes comercializadoras de cereales lograron ingresos y beneficios récord. Los ingresos anuales de Cargill subieron un 23 %, hasta 165.000 millones de dólares, mientras que los beneficios de Louis Dreyfus crecieron un 80 %. Estas subidas reflejaban alzas de precios que no cuadraban con la demanda del mundo real ni la dinámica de la oferta.

Además, los mercados de futuros del grano experimentaron una actividad frenética entre abril y junio de 2022. Inversores financieros, inclusive fondos de pensiones, incrementaron su parte de posiciones largas del 23 % en mayo de 2018 al 72 % en abril de 2022. Se informó de que diez fondos de cobertura “impulsados por el viento favorable” ganaron 1.900 millones de dólares mediante la capitalización del fuerte aumento del precio de los alimentos provocado por la invasión rusa de Ucrania. En vez de impedir o contener estas maniobras financieras, las autoridades reguladoras estadounidenses y europeas permitieron que continuaran a su aire.

Sorprendentemente, la mayor parte de las exportaciones de granos de Ucrania no fueron a parar a los países más pobres del planeta. En su lugar, el 81 % de los 32,9 millones de toneladas métricas exportadas al amparo de la Iniciativa de Granos del Mar Negro se destinaron a países de renta alta o media alta, sobre todo europeos, como España, Italia y los Países Bajos, así como a China y Turquía. Los países de renta baja recibieron el 3 % de las exportaciones de grano de Ucrania y el 9 % de su trigo (sobre todo Bangladesh). Dado que los países africanos importadores de alimentos solo recibieron una fracción de estas exportaciones, los temores de que la cancelación del acuerdo provocaría una hambruna masiva en todo el continente parecen sumamente exagerados.

 La Iniciativa de Granos del Mar Negro parece que consistió más en facilitar las exportaciones de Ucrania –un objetivo loable en símismo– que en combatir el hambre en el mundo. Además del bloqueo de sus rutas marítimas por parte de Rusia, las rutas terrestres de Ucrania se vieron obstaculizadas por las restricciones implícitas a la importación impuestas por países de Europa Central y Oriental como Polonia, Bulgaria, Hungría, Eslovaquia y Rumanía, que desean proteger a los agricultores locales en apuros del grano ucraniano, que goza de precios competitivos. No obstante, como han señalado otras fuentes, la Iniciativa sirve ante todo a los intereses de los gigantes del comercio agrícola que comercializan el grano ucraniano y los financieros que les respaldan.

Si el hambre en el mundo ha aumentado con fuerza en los últimos años, la causa no radica en una escasez de cereales. En su lugar, el desplome de las exportaciones, la disminución de los ingresos de divisas, la fuga de capitales y el aumento de los costes del servicio de la deuda han mermado la capacidad de muchos países de importar alimentos. Para abordar estos retos hemos de buscar otras vías. En vez de distribuir granos en plan caritativo, la clase política mundial debe mitigar la vulnerabilidad comercial de los países empobrecidos y adoptar medidas para incrementar la producción local y regional de alimentos básicos. Todavía podemos ganar el combate contra el hambre en el mundo, pero a condición de que reconozcamos las verdaderas causas de los apuros actuales."

( es profesora de Economía en la Universidad Amherst de Massachusetts y forma parte de la Comisión para la Transformación Económica del Club de Roma. Viento Sur, 21/09/23)

18/1/23

Las causas de la crisis alimentaria más allá de la guerra en Ucrania... la causa la responsabilidad de las cuatro transnacionales que concentran el negocio de granos a nivel mundial (Archer Daniels Midland, Bunge, Cargill y Louis Dreyfus) en el marcaje de los precios internacionales de los granos... la actual crisis de precios de alimentos no comenzó con la guerra en Ucrania y que es resultado de un conjunto más amplio de factores. Entre ellos, la pandemia del Covid-19 (con su consecuente y aún persistente interrupción en las cadenas de suministro a nivel internacional), la crisis climática y la especulación en los mercados financieros... Estudios convincentes de la misma FAO muestran que el alza de los precios de los alimentos está desvinculada tanto de su producción como del abastecimiento. ¿Entonces, por qué suben los precios? En parte, porque los grandes inversionistas –sean bancos, fondos de pensiones o simplemente particulares–, están comprando obligaciones y acciones ligados a materias primas, y los cereales se encuentran en el centro mismo de la especulación bursátil

 "(...) El hambre, drama inhumano

En 2019, según cifras de Naciones Unidas (ONU), 135 millones de personas sufrieron de “inseguridad alimentaria severa”, forma retórica para denominar el drama humano del hambre. Tres años después, a inicios de 2022, esta cifra se había más que duplicado: 298 millones de personas padecen ese flagelo social. Diferentes organizaciones internacionales calculan que el número de personas con hambre podría superar los 345 millones, en 82 países, a fines de 2022. 

Gian Carlo Cirri, Director adjunto del Programa Mundial de Alimentos (PMA), con sede en Ginebra, Suiza, presentó este cuadro dramático hace apenas unas semanas, durante una conferencia-debate en línea organizada por la ONG helvética SWISSAID.

Dicha ONG recuerda que, desde el comienzo de la guerra y la consiguiente interrupción de las cadenas de suministro mundiales, el acceso a los alimentos básicos se ha vuelto extremadamente complicado en varias regiones del mundo, especialmente para numerosas poblaciones del Sur.

Cinco países producen el 78% de las exportaciones de cereales. Rusia y Ucrania, controlan el 30% de las exportaciones de trigo. “Desde la guerra, los precios se han disparado, los productos desaparecen de las estanterías [en ciertos países] y las carteras están desesperadamente vacías. Pero la situación ya era tensa antes”, recuerda SWISSAID. Por su parte, el portavoz del PMA, introduce una interpretación más global de la crisis alimentaria actual y recuerda que hay cuatro causas fundamentales, las “4 Cs”, como las denomina Cirri: conflicto, clima, COVID y costos. Según su opinión, se trata de una situación sin precedentes y que no se puede reducir a un solo factor.

Alimentos no faltan, pero con precios especulativos

Durante las últimas semanas se han publicado nuevos datos y análisis que permiten comprender mejor la realidad alimentaria mundial, señala en un documento de julio la ONG Grain (“Grano”, en francés). Esta organización apoya a pequeños y medianos productores rurales y a movimientos sociales campesinos (https://grain.org/es/article/6865-de-crisis-alimentaria-en-crisis-alimentaria).

Desmitificando la lectura casi generalizada y lineal que identifica la hambruna actual únicamente con el conflicto en Europa Oriental, Grain afirma que “enfrentamos una crisis de precios, no una escasez de alimentos”.

Con los costos en aumento de la energía, y en parte debido a ello, los precios de los alimentos han estado subiendo a nivel mundial, afectando sobre todo a los sectores más pobres y vulnerables. Grain sostiene que, en realidad, no hay escasez de alimentos, y que algunos países, como China o India, disponen de grandes reservas, resultado de sus estrategias de seguridad alimentaria promovidas desde hace años.

Según Grain, adicionalmente, se verifica una distorsión absoluta de precios y abastecimiento, consecuencia de los sistemas alimentarios cada vez más industrializados y especializados, que generan sobreproducción y enormes desperdicios. Los ejemplos abundan: un 60% de la producción europea de trigo se usa para el ganado, mientras que un 40% del maíz cultivado en Estados Unidos se destina al combustible automotor. El 80% de la cosecha mundial de soya se transforma en alimento para animales, mientras que el 23% del aceite de palma mundial se transforma en gasolina tipo diésel.

Desde una perspectiva global, insiste Grain, no es que falte producción de granos, sino que los precios han aumentado desmedidamente y además existen problemas de mano de obra y distribución. Por otra parte, denuncia, “grupos de presión han instrumentado la crisis y, con el argumento de que es necesario producir más alimentos, buscan dar marcha atrás a determinadas reformas políticas en materia alimentaria y a otros objetivos relacionados con el cambio climático”.

La nueva estrategia “Farm to Fork” (“De la granja al tenedor”), de la Unión Europea, cuyo objetivo consiste en ajustar las prácticas agrícolas a criterios de sostenibilidad, es hoy blanco de cuestionamientos y presiones. En numerosos países surgen propuestas para eliminar las metas de producción de biocombustibles que se habían impuesto para reducir las emisiones climáticas. Muchos programas europeos tendientes a eliminar definitivamente la energía nuclear o la de origen fósil pasan rápidamente al basurero con el argumento de que la crisis del aprovisionamiento del gas y los combustibles rusos así lo exigen. La Unión Europea acaba de proponer planes para una reducción del 15% de los combustibles durante el próximo invierno continental (diciembre 2022 a marzo 2023). En este contexto, el combate por la defensa del clima y de reducción de ese tipo de energías queda relegado a un segundo plano debido a la preocupación creciente del ciudadano europeo por los “sacrificios” que podría confrontar en el ámbito de la electricidad.

En cuanto a las causas mismas de la crisis alimentaria, Grain insiste en que son estructurales y que van más allá de la guerra en Ucrania. Y advierte sobre la responsabilidad de las cuatro transnacionales que concentran el negocio de granos a nivel mundial (Archer Daniels Midland, Bunge, Cargill y Louis Dreyfus) en el marcaje de los precios internacionales de los granos.

Si bien es cierto que parte de este sector se ha visto afectado por la guerra, es en países con conflictos internos propios, como Afganistán, Yemen, Siria, Eritrea, Somalia y la República Democrática del Congo, donde se concentra el mayor aumento del hambre. Realidad que no tiene ninguna relación con la situación en Ucrania, señala esta ONG, la cual hace propia las palabras del dirigente campesino Ibrahima Coulibaly de Malí: “Dejen de difundir noticias falsas: África no necesita el trigo de Ucrania”. Dicha reacción de parte de Coulibaly, se debe a la utilización de la guerra como excusa para impulsar lo que él denomina “imperialismo agrícola occidental”, al cual responsabiliza por “la destrucción de bosques, tierras de cultivo y la diversidad alimentaria en todo el Sur global”.

Un sistema que juega con la comida de los necesitados

Los datos disponibles muestran que la actual crisis de precios de alimentos no comenzó con la guerra en Ucrania y que es resultado de un conjunto más amplio de factores. Entre ellos, la pandemia del Covid-19 (con su consecuente y aún persistente interrupción en las cadenas de suministro a nivel internacional), la crisis climática y la especulación en los mercados financieros.

 Estudios convincentes de la misma FAO muestran que el alza de los precios de los alimentos está desvinculada tanto de su producción como del abastecimiento. ¿Entonces, por qué suben los precios? En parte, porque los grandes inversionistas –sean bancos, fondos de pensiones o simplemente particulares–, están comprando obligaciones y acciones ligados a materias primas. Apuestan a precios futuros de determinadas materias primas, pero con efectos reales sobre su precio mundial actual. Los cereales, por supuesto, se encuentran en el centro mismo de la especulación bursátil.

En un reciente artículo publicado por Greenpeace México con el título de “¿Quién se beneficia con el hambre?”, su autor responde que “estas empresas, que afirman ser ángeles de la seguridad alimentaria y energética, siembran las semillas de la pobreza, el hambre, las enfermedades, el colapso climático, la destrucción de la biodiversidad y el sufrimiento de los pueblos indígenas y las comunidades locales”.

Y concluye que los comerciantes de cereales están obteniendo enormes ganancias debido al aumento de los precios de las materias primas. Al igual que las empresas de combustibles fósiles, con ganancias récord a medida que se dispara el costo de vida. Estas son las empresas que se benefician de la hambruna al especular con los precios de los productos básicos. Las grandes corporaciones del petróleo, así como sus primas, las grandes empresas agrícolas, cuentan con fuertes grupos de presión para oponerse a cualquier forma de regulación ya que no están realmente interesadas ​​en arreglar un sistema que no funciona. De hecho, hacen justo lo contrario, y no sólo a través de sus poderosos grupos de presión, sino también de la captura corporativa del Estado y otras instituciones multilaterales. (https://www.greenpeace.org/mexico/blog/51212/se-aprovechan-del-hambre-vs-alimentos-sostenibles/).

Movimientos sociales por el fin de la guerra y la especulación

La Vía Campesina, principal organización de los movimientos rurales a nivel internacional, no subestima el impacto de la guerra Rusia-Ucrania (ni de otros conflictos mundiales actuales) en la crisis alimentaria actual. Sin embargo, en uno de sus últimos pronunciamientos coincide también en que “actualmente, la crisis no está ligada a la escasez de alimentos a nivel mundial, sino a la especulación con los precios” (https://viacampesina.org/es/la-via-campesina-alto-a-la-crisis-alimentaria-soberania-alimentaria-ya/)

Los países que ahora dependen de la importación de alimentos, ya no pueden pagar los precios altísimos de los cereales en los mercados internacionales.

La Vía Campesina reitera que la agricultura en el mundo produce lo suficiente como para soportar un periodo más largo de crisis. El problema, según esta organización, no es la falta de alimentos, sino el hecho de que las grandes empresas capitalistas que dominan el mercado financiero y de distribución mundial han transformado el comercio de alimentos y productos agrícolas en un mercado altamente especulativo. La mayoría de los productos básicos negociados internacionalmente, ahora están sujetos a contratos a futuro, los cuales pueden comprarse y venderse en el mercado de valores varios cientos de veces al día. De ahí, que el precio final de estos productos para los países que los necesitan desesperadamente no tenga ninguna relación con los verdaderos costos de producción ni con la capacidad de compra e importación de dichos países.

Con esta lectura de la realidad, la organización campesina más representativa del planeta –con 200.000.000 de miembros en más de 80 países– llama a “la defensa intransigente de la vida y la paz”. Convoca a la “defensa de la soberanía de los pueblos o naciones contra la guerra y contra la destrucción de sus estructuras sociales”. Y al mismo tiempo, propone que se ponga “fin a la especulación con los productos alimenticios y la suspensión de la cotización de los mismos en las bolsas de valores”. Deben prohibirse los contratos futuros sobre productos agrícolas, agrega. Y concluye que el precio de los alimentos comercializados internacionalmente debe guardar relación con los costos de producción y seguir el camino del comercio justo, tanto para los productores como para los consumidores."           (Sergio Ferrari  , Rebelión, 23/08/2022)

7/9/22

La crisis alimentaria internacional y propuestas para superarla

 "Contrariamente a una idea ampliamente difundida en 2022, la crisis alimentaria mundial comenzó antes de la invasión rusa a Ucrania y al aumento de los precios debido a la especulación. A escala planetaria, entre 2014 y 2021, el número de personas que sufrían inseguridad alimentaria grave aumentó en más de 350 millones, pasando de 565 millones a 924 millones. Este aumento fue particularmente fuerte entre 2019 y 2021, afectando a un poco más de 200 millones de personas. En 2021, cerca de 2.300 millones de personas, o sea el 29,3 % de la población mundial, estaban en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave [1]. En 2022, todos los indicadores están en rojo e incluso el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reunió el 17 de mayo de 2022 para debatir sobre cómo hacer frente a la crisis alimentaria que podría provocar revueltas populares.

 ¿Cómo podemos explicar que en el siglo XXI continuemos confrontados con el hambre?

Es el resultado del modelo de agrobusiness que solamente busca la realización de inmensos beneficios y no le preocupa la alimentación de la población. Y esta situación es mucho más flagrante en los países del Sur Global donde los programas de ajuste estructural del FMI y el Banco Mundial alentaron la agricultura intensiva de exportación según criterios competitivos y de rentabilidad en el mercado mundial [2] , y marginalizaron el sector de producción hortícola y la agricultura campesina que, sin embargo, suministra el 70 % de la producción de alimentos mundial. Los alimentos son transformados en mercadería sometida a la especulación en el mercado mundial, donde un grupo de grandes multinacionales fijan los precios.

 Esas grandes empresas del agrobusiness se benefician de subvenciones públicas, acaparan cada vez más tierras para extender el cultivo de agrocombustibles, recursos de agua para cultivos híper consumidores, destruyen las semillas naturales en provecho de híbridas y OGM, generalizan la utilización de abonos químicos y de pesticidas. Ese modelo de producción aumenta considerablemente la vulnerabilidad de los cultivos frente a factores externos y contribuye enormemente al cambio climático y a las sequías que afectan la agricultura de secano y agotan las napas freáticas. Y todo esto está directamente ligado al sistema capitalista mundial y a su crisis multiforme de las que la crisis alimentaria es una de sus manifestaciones.

 ¿Cuál es la amplitud de la crisis en el ámbito humanitario?

Según un criterio más amplio que fue elaborado por la FAO y otros organismos de la ONU, el 30 % de la población mundial sufre de manera moderada de inseguridad alimentaria.

Si nos concentramos en el continente africano, siempre según la FAO, cerca del 60 % de la población está afectada por la inseguridad alimentaria moderada y el 20 % por la inseguridad alimentaria grave. Estas cifras podrían aumentar mucho con la inestabilidad climática.

En 2020, «se estima que 45 millones de niños y niñas de menos de 5 años sufren emaciación, la forma más mortífera de la malnutrición, que puede multiplicar por 12 el riesgo de muerte en temprana edad. Además, 149 millones de niños y niñas de menos de 5 años presentan un retardo de crecimiento y de desarrollo debido a una carencia crónica de nutrientes esenciales en su alimentación.» [3] El 45 % de las muertes de niños y niñas de menos de 5 años es debido a la malnutrición, y eso representa 3,1 millones de niñas y niños.

«En 2021, la diferencia entre mujeres y hombres en cuanto la inseguridad alimentaria se acentuó todavía más: 31,9 % de mujeres en el mundo estaban en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave frente al 27,6 % de hombres. Esta diferencia muestra un aumento de más del 4 % frente al 3 % correspondiente a 2020». [4]

Según un comunicado de prensa de la UNICEF del 23 de junio de 2022: Cada minuto, un niño sufre malnutrición grave en 15 países afectados por la crisis mundial del hambre: «Casi 8 millones de niños menores de 5 años en 15 países afectados por la crisis del hambre corren el riesgo de morir a causa de emaciación grave a menos que reciban alimentos y atención terapéutica inmediata, y la cifra aumenta cada minuto, advirtió hoy UNICEF con motivo de los preparativos para la reunión de líderes mundiales en la cumbre del G7.»

Desde principios de año, la creciente crisis alimentaria mundial ha provocado que 260.000 niños más –o un niño cada 60 segundos– sufran emaciación grave en los 15 países más afectados por la crisis, entre ellos en el Cuerno de África y el Sahel Central.» UNICEF agrega: « Mientras tanto, el precio de los alimentos terapéuticos listos para usar, que se utilizan para tratar la emaciación grave, se ha disparado en un 16% en las últimas semanas debido a un fuerte aumento del coste de las materias primas, lo que deja a otros 600.000 niños en peligro de morir sin no reciben acceso a un tratamiento que pueda salvarles la vida.»

Estructuralmente y de manera paradójica, una mayoría de personas víctimas del hambre pertenecen a la población rural. La mayor parte son familias de productores rurales que no poseen la tierra en propiedad o no tienen suficiente tierra, ni medios para valorizarla.
Tienen que vender una gran parte de sus productos agrícolas en el mercado, en particular para poder pagar sus deudas, quedando la familia con escasez de alimentos. Por supuesto, también hay una población urbana muy empobrecida.

Algunas definiciones dadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la UNICEF:

Inseguridad alimentaria moderada: nivel de la gravedad de la inseguridad alimentaria que se caracteriza por el hecho de que las personas afectadas no tienen seguridad en poder procurase alimentos y se han visto obligadas, en un momento o en otro durante el año, a reducir la calidad y/o la cantidad de alimentos consumidos debido a la falta de dinero o de otros recursos. La inseguridad alimentaria moderada hace referencia por lo tanto a una falta de regularidad en el acceso a los alimentos, lo que disminuye la calidad de la alimentación y perturba los hábitos alimentarios normales. Para su cálculo se utiliza la escala de experiencia de inseguridad alimentaria (FIES-Food Insecurity Experience Scale).
Inseguridad alimentaria grave: nivel de gravedad de la inseguridad alimentaria que se caracteriza por el hecho de que, en un momento dado del año, las personas afectadas agotan sus reservas de alimentos, sufren hambre y, en un grado más grave, quedan uno o varios días sin comer. Se utiliza el mismo sistema de cálculo que para la moderada.
Subalimentación (hambre crónica): Situación en la que una persona tiene un consumo alimentario habitual inferior al necesario para suministrar el aporte energético necesario para llevar una vida normal, activa y sana. La prevalencia de la subalimentación se utiliza para medir el hambre.
Emaciación: La emaciación constituye una forma mortal de malnutrición que enflaquece y debilita a los niños y niñas y los expone a un gran riesgo de morir, así como a problemas de crecimiento, de desarrollo y de aprendizaje.
En 2022, más de 45 millones de niños y niñas menores de cinco años sufren emaciación.
Emaciación severa: Se caracteriza por una delgadez extrema del niño/niña en relación a su altura, debido a debilitamiento del sistema inmunitario. La emaciación severa es la forma de malnutrición más inmediata, más visible y más mortal.
En 2022, más de 13 millones de niños y niñas de menos de 5 años son víctimas de emaciación severa.
 

Citado por el diario Le Monde (Sous-alimentation: près d’une personne sur dix souffre de la faim dans le monde, un chiffre en forte hausse depuis deux ans), Émile Frison, miembro del panel internacional de expertos sobre los sistemas alimentarios durables (IPES-food), declaraba: « No es necesario que nos engañemos diciéndonos que asistimos a una crisis alimentaria debido únicamente a la Covid y a la guerra en Ucrania, y que si esos problemas se solventan, todo se arreglará». Mathilde Gérard, periodista de Le Monde agrega: «En realidad, esos dos mayores acontecimientos internacionales exacerbaron las dificultades estructurales precedentes» (Fuente: Mathilde Gérard, « Sous-alimentation: près d’une personne sur dix souffre de la faim dans le monde, un chiffre en forte hausse depuis deux ans », Le Monde, 6 de julio de 2022) [5].

 La crisis alimentaria mundial no está provocada por una reducción de la producción de cereales o de otros alimentos

La crisis alimentaria mundial no está provocada por una penuria mundial de producción de alimentos. En efecto, la producción alimentaria mundial aumenta más rápidamente que el crecimiento demográfico desde hace más de medio siglo. En 2021, la cosecha de cereales superó un récord histórico. Pero es importante remarcar que una parte creciente de los alimentos no se dedica a la alimentación humana.

 Los gobiernos del Norte promueven la producción de agrocombustibles, llamados erróneamente biocombustibles con el fin de crear una reacción positiva en la opinión pública. En un artículo de abril de 2022, Jean-François Collin, alto funcionario y exconsejero en el ministerio de Agricultura en Francia pone en evidencia «el considerable aumento de los usos industriales de la producción mundial de cereales (…), especialmente en la producción de etanol: 30% de aumento de la producción mundial de los últimos cincuenta años fueron dedicados al desarrollo de los usos industriales de los cereales. Esto concierne principalmente al maíz y también al trigo. (…) cerca de 200 millones de toneladas de maíz estadounidense son transformadas cada año en etanol, que se incorpora al combustible de los vehículos con motor de gasolina. 10% de los cereales producidos en el mundo ahora se utilizan como combustible. Se podría agregar las superficies dedicadas a otros vegetales como la colza, la soja o la palma (aceite de palma) con los cuales se puede producir un diester también utilizado como combustible. Y son superficies que no se dedican a la producción de trigo o de arroz que pueden alimentar directamente a los humanos.»

También es importante señalar que más de un tercio de la producción mundial de cereales, el 35% según Collin, se destina a la alimentación del ganado.

Un grupo de sociedades transnacionales controlan ampliamente el mercado de cereales, formando un oligopolio, y aumentan permanentemente sus beneficios y su fortuna a costa de la población mundial. A escala planetaria, cuatro sociedades, de las cuales tres son estadounidenses y una es francesa, controlan el 70 % del mercado internacional de cereales. Tienen un papel fundamental en la fijación de los precios y del aprovisionamiento. Las cuatro son: Archer Daniels Midland, De Bunge, Cargill y Louis Dreyfus, a menudo designadas con la sigla ABCD.

Tomemos el caso de Cargill, veamos que dice Oxfam internacional sobre esta compañía en un reciente informe: « Cargill es un gigante mundial del agroalimentario y una de las más grandes sociedades privadas del mundo. En 2017, se la ha catalogado entre las cuatro empresas que controlan en conjunto el 70 % del mercado de los productos de base agrícola. El 87 % de la propiedad de la empresa pertenece a la undécima familia más rica del mundo. La riqueza acumulada por los miembros de esta familia, que figuran en la lista de milmillonarios de Forbes es de 42.900 millones de dólares, y su fortuna aumentó en 14.400 millones de dólares (un 65%) desde 2020, aumentando a un ritmo de 20 millones por día durante la pandemia. Ese aumento fue debido al aumento de precios de los productos alimentarios, principalmente los cereales. Por otra parte, cuatro otros miembros de la gran familia Cargill figuran, desde hace poco, en la lista de las 500 personas más ricas del mundo. En 2021, la sociedad registró ingresos netos de 5.000 millones de dólares, realizando uno de los más grandes beneficios de su historia. El año precedente, pagó dividendos por 1.130 millones de dólares, cuya mayor parte estaba destinada a miembros de su familia. La sociedad debería, nuevamente, obtener beneficios récords en 2022, lo que engrosaría la ya colosal fortuna de la familia.»

Oxfam agrega: «Según Bloomberg, Cargill no es la única empresa que realiza beneficios importantes aprovechándose de las penurias alimentarias y de la volatilidad de los mercados. Una de las competidoras de Cargill, la sociedad de comercio agrícola Louis Dreyfus Co. declaró en marzo haber realizado un 82 % más de beneficios que el año anterior, en gran parte gracias a las fluctuaciones de los precios de los cereales y a los fuertes márgenes con los granos oleaginosos» (Fuente: Oxfam, «QUAND LA SOUFFRANCE RAPPORTE GROS» «Face à l’explosion de la fortune des milliardaires et alors que le coût de la vie grimpe en flèche, il est urgent de taxer les plus riches », [Cuando el sufrimiento trae la riqueza. Frente a la explosión de las fortunas de los milmillonarios y mientras el coste de la vida sube vertiginosamente, es urgente poner impuestos especiales a los más ricos», publicado el 23 de mayo de 2022. https://www.oxfamfrance.org/wp-content/uploads/2022/05/Final-Davos-Media-Brief-12.5.22_FR-final.pdf) 

 Ese control sobre el comercio de alimentos permitió a esas empresas de la agroindustria, y también a grandes cadenas comerciales como Wallmart o Carrefour, imponer aumentos de precio del orden del 30% en 2021. [6]

Las políticas neoliberales de apertura de los mercados, que analizamos más adelante, son otra causa fundamental de la crisis alimentaria. En efecto, esas políticas convirtieron a los países del Sur Global cada vez más dependientes de sus importaciones de cereales (véase más adelante la crítica de las diferentes políticas aplicadas por los países del Sur bajo la presión de instituciones como el BM y el FMI, y también de sus propias clases dominantes). En caso de un shock exterior que produzca un aumento de los precios en el mercado mundial y/o una dificultad de aprovisionamiento, los países del Sur Global, que no producen cereales suficientes para su población, están directamente afectados.

Entre los factores recientes que agravaron la crisis alimentaria, está la enorme especulación que tuvo lugar en los mercados de cereales después de la invasión rusa a Ucrania. El precio del trigo y del maíz aumentó cerca de un 50% en unos quince días mientras que en esos momentos no había ninguna destrucción de la producción y ningún problema de aprovisionamiento. Se trataba de pura especulación por parte de las grandes sociedades privadas que compran stocks de cereales (incluyendo cosechas futuras) en las bolsas de cereales, siendo la principal la de Chicago. El precio del arroz también aumentó, pero en forma más moderada. Inmediatamente, las grandes sociedades de comercialización, los grandes supermercados aumentaron el precio de los alimentos sin justificación alguna.

Tras la invasión de Ucrania, el precio del trigo y del maíz subió casi un 50% en quince días, a pesar de que no hubo destrucción de la producción ni problemas de abastecimiento en ese momento

En el momento en que se escribe este artículo, al final de agosto, durante los últimos tres meses, el precio del trigo en la bolsa de Chicago bajó un 32 % y el del maíz un 22%, sin embargo eso no ha repercutido en una reducción de precios en la venta minorista.

Los precios para los consumidores y consumidoras de las clases populares aumentaron enormemente y es poco probable que bajen, puesto que los gobiernos no aplican políticas de control de precios o fijación de precios. Efectivamente, las grandes empresas privadas son libres de fijar los precios que desean.

 La crisis alimentaria no comenzó con la invasión de Ucrania

En realidad, la situación se degradaba desde 2014 en el mundo entero. En 2007-2008 se había desarrollado una crisis alimentaria muy grave (véase nuestra explicación de la crisis de 2007-2008 en «Volvamos a hablar de las causas de la crisis alimentaria», https://cadtm.org/Volvamos-a-hablar-de-las-causas-de), que llevó a más de 800 millones de personas a pasar hambre. Entre 2009 y 2013, la situación había mejorado, sin embargo, comenzó a degradarse nuevamente a partir de 2014. (...)

 ¿Es posible erradicar el hambre?

Sí, es totalmente posible. Las soluciones fundamentales para alcanzar ese objetivo vital pasan por un proyecto de soberanía alimentaria alternativo al modelo actual de agrobusiness intensivo. La soberanía alimentaria es el derecho que tienen todos los países de mantener y desarrollar su propia capacidad para producir su alimentación de base y supone la protección de los recursos naturales, en particular: la tierra, las aguas y las semillas. La soberanía alimentaria coloca a productores y productoras, a distribuidores y distribuidoras y a consumidores y consumidoras de alimentos en el centro de los sistemas y políticas alimentarias en lugar de las exigencias de los mercados y de las transnacionales. Por consiguiente, la soberanía alimentaria tiene por objetivo alimentar a la población a partir del esfuerzo de los productores y productoras en el ámbito local, y limitando, también, las importaciones y exportaciones.

Para avanzar hacia la soberanía alimentaria, es necesario colocar a la agroecología en el centro de las decisiones políticas de los gobiernos. La agroecología es una alternativa al modelo neoliberal productivista. Esta práctica garantiza los derechos colectivos de campesinos y campesinas, protege la biodiversidad, refuerza los sistemas alimentarios locales y valoriza el trabajo de las mujeres en el campo, que es, literalmente, vital.

La agroecología nos permite disponer de una alimentación de calidad: sin OGM, sin pesticidas, sin abonos químicos. Pero para alcanzar este objetivo, es necesario que más de 3.000 millones de campesinos y campesinas puedan acceder a la tierra en cantidad suficiente y trabajarla por su cuenta, en lugar de enriquecer a los grandes propietarios, a las transnacionales del agrobusiness, a los comerciantes y a los prestamistas. Es necesario, también, de que dispongan, gracias a la ayuda pública, de medios para cultivar la tierra sin agotarla.

Para hacerlo, hay que hacer una reforma agraria, una reforma que falta, cruelmente, en Brasil, Bolivia, Paraguay y Perú, también en Asia y en algunos países de África. Tal reforma agraria debe organizar la redistribución de tierras, prohibiendo a los terratenientes privados y proveyendo una ayuda pública al trabajo de los agricultores. Esta reforma agraria se ha de oponer a las políticas agrarias puestas en práctica por el Banco Mundial, por grandes fundaciones como la Fundación Bill Gates y multinacionales que favorecen las grandes operaciones de acaparamiento de tierras.

La reforma agraria debe preservar los bosques y selvas existentes y estimular la plantación de árboles, allí donde estaba devastado, detener la privatización y comercialización de los recursos hídricos, y evitar el monocultivo que está en los orígenes de la degradación de los suelos.

También, es importante señalar las enormes responsabilidades que tiene el FMI y sobre todo el Banco Mundial en la crisis alimentaria puesto que son especialmente estas instituciones las que llevaron a los Estados a conectarse cada vez más con los mercados internacionales, haciendo crecer su dependencia, a suprimir las ayudas a los pequeños productores agrícolas y a ofrecer una plaza privilegiada a las transnacionales del agrobusiness. El FMI y el Banco Mundial recomendaron a los gobiernos del Sur suprimir los silos de granos que servían para alimentar el mercado interior en caso de insuficiencia de la oferta y/o de un aumento vertiginoso de los precios. El Banco Mundial y el FMI alentaron a los gobiernos a suprimir los organismos de crédito público al campesinado y llevando a campesinos y campesinas a caer en las garras de los prestamistas privados (con frecuencia grandes comerciantes) o de los bancos privados que aplican intereses de usura. Eso provocó el endeudamiento masivo del pequeño campesinado, ya sea en la India, México, Egipto o en numerosos países del África subsahariana. Según las encuestas oficiales, el sobreendeudamiento de los campesinos que afecta a los indios es la causa principal de suicidio de más de 400.000 campesinos en la India durante los últimos 25 años (Statistics say nearly 4,00,000 farmers committed suicide in India between 1995 and 2018. Why? (scroll.in)) (solo en inglés). Ese es un país donde, precisamente, el Banco Mundial se empeñó con éxito a convencer a las autoridades a suprimir las agencias públicas de crédito a los agricultores. Y eso no es todo: durante los últimos 50 años, el Banco Mundial y el FMI también promovieron en los países tropicales y otros países del Sur Global a reducir su producción de trigo, arroz o maíz y a reemplazarlos por cultivos de exportación (cacao, café, bananas, cacahuetes, flores, algodón…). Finalmente, para completar su trabajo a favor de las grandes sociedades del agrobusiness y de los grandes países exportadores de cereales (comenzando por Estados Unidos, Canadá y Europa), hicieron que los gobiernos abrieran totalmente las fronteras a las importaciones de alimentos que benefician de subvenciones masivas por parte de los países del Norte. Eso provocó la quiebra de numerosos productores y productoras del Sur, y una fuerte reducción de la producción de alimentos local.

En resumen, es necesario poner en marcha la soberanía alimentaria, promover la agroecología y aplicar la reforma agraria. Se debe dejar de producir agrocombustibles industriales y eliminar las subvenciones públicas a sus productores. También, es necesario instalar de nuevo los stocks públicos de reserva de alimentos (en partículas los granos: arroz, trigo, maíz…), instaurar los organismos públicos de crédito para agricultores y agricultoras y restablecer una regulación del precio de los alimentos. Hay que garantizar que las poblaciones con bajos ingresos puedan beneficiarse de precios bajos para alimentos de calidad. Se debe suprimir el IVA de los alimentos básicos. El Estado debe garantizar a los pequeños productores y productoras agrícolas unos precios de venta suficientemente altos con el fin de permitir una mejora real de sus condiciones de vida. El Estado también debe desarrollar los servicios públicos en los medios rurales (de salud, educación, comunicaciones, cultura, «bancos de semillas» …). Los poderes públicos tienen capacidades suficientes para garantizar, al mismo tiempo, precios subvencionados a los consumidores de alimentos y precios de venta suficientemente altos para los pequeños productores y productoras agrícolas puedan disponer de unos ingresos suficientes.

 Este combate contra el hambre, ¿acaso no es participe de un combate mucho más amplio?

No podemos pretender seriamente luchar contra el hambre sin atacar las causas fundamentales de la situación actual. La deuda es una de ellas, y la palabrería sobre el tema, frecuente estos últimos años durante las cumbres del G7 y del G20, no disimula para nada, que el problema sigue estando ahí. La crisis global que ahora afecta al mundo agrava la situación de los países en desarrollo frente al coste del endeudamiento y se preparan nuevas crisis de deuda en el Sur. Lo que está pasando, en este 2022, en Sri Lanka y Argentinason ejemplos emblemáticos. Esa deuda condujo a pueblos del Sur, a menudo provistos de riquezas humanas y naturales considerables, a un empobrecimiento masivo. El sistema deuda es un pillaje organizado al que hay que darle fin urgentemente.

En efecto, el mecanismo infernal de la deuda pública ilegítima es un obstáculo esencial a la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales, entre las cuales, el acceso a una alimentación decente. Sin ninguna duda, la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales debe prevalecer sobre cualquier otra consideración, geopolítica o financiera. En un plan moral, los derechos de los acreedores, rentistas o especuladores no están a la altura en relación a los derechos humanos fundamentales de 8.000 millones de personas, abrumados por ese mecanismo implacable que representa la deuda.

Es inmoral demandar a los pueblos de los países empobrecidos por una crisis global, de la que no son en absoluto responsables, consagrar una gran parte de sus recursos al pago a los acreedores ricos (ya sean del Norte o del Sur) en lugar de dedicarlos a la satisfacción de sus necesidades fundamentales. La inmoralidad de la deuda deriva del hecho de que muy frecuentemente fue contraída por regímenes no democráticos que no utilizaron las sumas recibidas en el interés de la población y que a menudo organizan desvíos masivos de dinero, con el acuerdo tácito o activo de los Estados del Norte, de los acreedores privados del Norte, del Banco Mundial y del FMI. Los acreedores provenientes de los países más industrializados prestaron el dinero con pleno conocimiento de causa a regímenes con frecuencia corruptos. Por consiguiente, esos acreedores no tienen derecho a exigir a los pueblos el reembolso de esas deudas inmorales e ilegítimas.

En resumen, la deuda es uno de los principales mecanismos por los que una nueva forma de colonización se está operando en detrimento de los pueblos. La deuda se agrega a las vulneraciones históricas realizadas por los países ricos: esclavitud, exterminaciones de poblaciones indígenas, yugo colonial, saqueo de materias primas, de la biodiversidad, de los conocimientos del campesinado (por el patentado en provecho de las transnacionales del agrobusiness del Norte de productos agrícolas del Sur como el arroz basmati indio) y de bienes culturales, fuga de cerebros, etc. Ya va siendo hora de reemplazar la lógica de dominación por una lógica de redistribución de las riquezas en pro de la justicia.

El G7, el FMI, el Banco Mundial, el Club de París imponen su propia verdad, su propia justicia, de la que son, al mismo tiempo, juez y parte. Desde la crisis de 2007-2009, el G20 tomó el relevo del G7 y contribuyó a reponer un FMI desacreditado y deslegitimado al centro del juego político y económico, en particular, con respecto al Sur Global. Hay que poner fin a esta injusticia que beneficia a los opresores, ya sean del Norte o del Sur.

El CADTM sostiene con entusiasmo las propuestas y reivindicaciones adelantadas por el movimiento campesino internacional La Vía Campesina: ¡Alto a la crisis alimentaria! ¡Soberanía Alimentaria, ya! Lo reproducimos íntegramente.

Propuestas de La Vía Campesina para enfrentar la actual crisis alimentaria y avanzar hacia la Soberanía Alimentaria

«Frente a este dramático contexto, La Vía Campesina expresa fuertes demandas y propuestas para enfrentar la crisis, tanto a corto como a largo plazo.
Demandamos acción inmediata por:

  • El fin de la especulación con los productos alimenticios y la suspensión de la cotización de los productos alimenticios en las bolsas de valores. Los contratos futuros sobre productos agrícolas deberían prohibirse inmediatamente. El precio de los alimentos comercializados internacionalmente debe estar vinculado a los costos de producción y seguir los principios del comercio justo, tanto para los/las productores/as como para los/las consumidores/as;
  • El fin de la Organización Mundial de Comercio en el control del comercio de alimentos, así como los tratados de libre comercio. En particular, las normas penales de la OMC que impiden a los países desarrollar reservas públicas de alimentos y la regulación de precios y mercados deben eliminarse de inmediato, para que los países puedan desarrollar las políticas públicas necesarias para apoyar a los/las productores/as de alimentos a pequeña escala en este difícil contexto;
  • Una reunión de emergencia del Comité de Seguridad Alimentaria y la creación de un nuevo organismo internacional para llevar a cabo negociaciones transparentes sobre acuerdos de productos básicos entre países exportadores e importadores, para que los países que se han vuelto dependientes de las importaciones de alimentos puedan tener acceso a alimentos a un precio accesible;
  • La prohibición del uso de productos agrícolas para producir agrocombustibles o energía. La comida debe ser una prioridad absoluta por sobre el combustible.
  • Una moratoria global en el pago de la deuda pública por parte de los países más vulnerables. En el contexto actual, presionar a algunos países muy vulnerables para que paguen la deuda es una gran irresponsabilidad y está desembocando en una crisis alimentaria. Hacemos un llamado al fin de las presiones del Fondo Monetario Internacional, FMI, para desmantelar las políticas públicas nacionales y los servicios públicos y a la cancelación de la deuda pública externa ilegítima en los países en desarrollo.

Exigimos cambios radicales en las políticas internacionales, regionales y nacionales para reconstruir la soberanía alimentaria a través de:

  • Un cambio radical en el orden comercial internacional. La OMC debe ser desmantelada. Un nuevo marco internacional para el comercio y la agricultura, basado en la soberanía alimentaria, debe abrir el camino para el fortalecimiento de la agricultura campesina local y nacional, para asegurar una base estable para una producción de alimentos relocalizada, el apoyo a los mercados liderados por campesinos y campesinas, locales y nacionales, así como en cuanto a asegurar un sistema de comercio internacional justo basado en la cooperación y la solidaridad en lugar de la competencia y la especulación;
  • La implementación de la Reforma Agraria Popular e integral, para detener el acaparamiento de agua, semillas y tierras por parte de las transnacionales, y garantizar a los/las pequeños/as productores/as derechos justos sobre los recursos productivos. Protestamos contra la privatización y el acaparamiento de ecosistemas y recursos naturales por intereses corporativos bajo el pretexto de la protección de la naturaleza, a través de mercados de carbono u otros programas de compensación de biodiversidad, sin consideración a las personas que viven en los territorios y que han estado cuidando de los recursos por generaciones;
  • Un giro radical hacia la agroecología, con el fin de producir alimentos sanos en cantidad y calidad para toda la población. Debemos tener en cuenta que la crisis climática y medioambiental será nuestro gran reto en el contexto actual y debemos afrontar el desafío de producir suficientes alimentos de calidad mientras reanimamos la biodiversidad y reducimos drásticamente las emisiones de GEI.
  • Una regulación efectiva del mercado de insumos (créditos, fertilizantes, pesticidas, semillas, combustible…) para apoyar la capacidad de los/las campesinos/as para producir alimentos, pero también para asegurar una transición justa y bien planificada hacia más prácticas de agricultura agroecológica;
  • Una gobernanza alimentaria basada en la gente, no en las transnacionales. A nivel mundial, regional, nacional y local, se debe detener la captura de la gobernanza alimentaria por parte de las transnacionales y se debe poner el interés de la gente en el centro. Se les debe reconocer a los/las pequeños/as productores/as un papel clave que debieran ocupar en todos los organismos de la gobernanza alimentaria;
  • La transformación de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de de campesinos y campesinas en un instrumento jurídicamente vinculante para la defensa de los pueblos rurales.
  • El desarrollo en cada país de las capacidades públicas de almacenamiento. La estrategia de acumulación de alimentos debe llevarse a cabo tanto a nivel nacional, como a través de la creación y el apoyo público a reservas de alimentos a nivel comunitario con alimentos producidos localmente provenientes de prácticas agrícolas agroecológicas;
  • Una moratoria global sobre tecnologías peligrosas que amenazan a la humanidad, como la geoingeniería, los transgénicos o la carne celular. La promoción de técnicas de bajo costo que incrementen la autonomía campesina y de las semillas campesinas.
  • El desarrollo de políticas públicas para asegurar nuevas relaciones entre quienes producen alimentos y quienes los consumen, quienes viven en las áreas rurales y quienes viven en las áreas urbanas, garantizando precios justos definidos en base al costo de producción, que permitan ingresos dignos para los y las que producen en el campo y un acceso justo a alimentos saludables para los/las consumidores/as;
  • La promoción de nuevas relaciones de género basadas en la igualdad y el respeto, tanto para las personas que viven en el campo como entre la clase trabajadora urbana. La violencia contra las mujeres y diversidades debe cesar ya."

( Eric Toussaint , Omar Aziki, CADTM, 05/09/22)

27/5/22

Maricultura, ¿Unha solución para alimentar o mundo? O 1% da área oceánica global podería incrementar a produción de alimentos de mar entre un 36% e un 74% no ano 2050... Galicia é un dos lugares que pode ter maior potencial para mellorar a súa produción pesqueira e acuícola de forma sostible

 "Un equipo internacional de científicos con participación galega defende a acuicultura oceánica como “vital” para satisfacer a demanda futura de alimentos no planeta, pero debe ir acompañada dunha redución das emisións de gases para frear o cambio climático e dunha reforma da pesca de captura para que sexa sostible, avisan.

 “Aínda que o cambio climático desafiará a capacidade dos océanos para satisfacer as crecentes demandas de alimentos, os océanos poderían producir máis alimentos que os que producen actualmente mediante accións rápidas e ambiciosas para reducir as emisión de gases de efecto invernadoiro, reformar a pesca de captura e ampliar as operacións de maricultura sostible”. Estas son as recomendación que fai un equipo de investigadores e investigadoras de institucións científicas de Estados Unidos, Australia, Xapón, Islandia, Filipinas, Reino Unido e Galicia.

 O escenario é preocupante. A sobreexplotación dos mares para satisfacer a cada vez maior demanda de alimentos no mundo e os impactos do cambio climático nos ecosistemas mariños están poñendo ao límite os océanos. Nese contexto, a maricultura (acuicultura oceánica ou mariña) preséntase como unha alternativa viable para compensar as perdas e “a súa expansión podería ser un paso vital para alimentar os miles de millóns de persoas adicionais que se agarda que habiten o mundo a finais de século”, defenden estes científicos.

“Nunca antes se vira a nivel global a relación entre pesca e acuicultura baixo o cambio climático, no senso de que a produción pesqueira e a maricultura poidan compensarse ou planificarse a nivel de países baixo diferentes escenarios futuros”, destacou Elena Ojea, membro deste grupo de traballo internacional e investigadora do Future Oceans Lab do Centro de Investigación Mariña (CIM) da Universidade de Vigo.

O equipo científico advirte de que o futuro dos produtos do mar depende das respostas humanas ao cambio climático, ao tempo que alerta de que as reformas pesqueiras, aínda que necesarias, serán insuficientes para manter a produción per cápita de peixe e marisco no mundo.

Para Christopher Free, profesor de Ciencias Mariñas na Universidade de California e autor principal do estudo no que participou Elena Ojea, “ademais de corrixir a sobrepesca e apoiar as innovacións na maricultura, é esencial reducir drasticamente as emisións de gases de efecto invernadoiro para reducir as desigualdades e aumentar a pesca e a eficacia da maricultura”, explicou mediante un comunicado.

Pola súa banda, Reniel Cabral, profesor tamén de Ciencias Mariñas na Universidade de California, e coautor tamén do estudo, avisou de que a capacidade dos océanos para fornecer alimentos no futuro verase desafiada polo aumento na demanda de produtos do mar. "Espérase que a poboación humana aumente en tres mil millóns para fins de século, cun aumento da demanda de carne. O cambio climático desafiará aínda máis a capacidade do océano para proporcionar alimentos", dixo Cabral.

Na opinión destes científicos e científicas, a maricultura sostible ten un gran potencial para manter e mesmo aumentar a produción pesqueira, aínda que insisten en que para iso son necesarias reformas pesqueiras, máis avances nas tecnoloxías de produción de pensos e o establecemento dunha maricultura eficaz, acompañados da redución drástica das emisión de gases. Como explican, o cambio climático impacta negativamente, pero non é o único factor limitante para a expansión sostible da maricultura.

Aínda que estivésemos nun escenario de descenso de emisión de gases, necesitaríanse “importantes reformas na pesca, como acordos internacionais e un manexo adaptativo”, sinalou a investigadora galega. E aínda que se realice unha reforma integral da pesca, que consideran necesaria, existen localizacións nas que isto non será suficiente e o impacto negativo do cambio climático non se poderá compensar con adaptacións. “Neses casos, vemos que unha expansión sostible da maricultura pode chegar a compensar as perdas por pesca. Por iso facemos a recomendación da posibilidade de investir en acuicultura mariña sostible”, expuxo Ojea. 

O certo é que a medida que o cambio climático empeore, esas reformas necesarias serán cada vez máis difíciles de implementar, avisan.

O equipo científico sinala as rexións tropicais con baixos ingresos como as máis prexudicadas, e nas que se poderían exacerbar aínda máis os problemas económicos existentes. Porque, aínda que recoñecen que se mellorou a xestión en máis da metade das zonas de pesca mundiais, lembran que eses avances se desenvolveron principalmente nos países con maiores ingresos, polo que piden que as reformas se apliquen tamén nas rexións con menos recursos económicos, contribuíndo así aos Obxectivos do Desenvolvemento Sostible da ONU. 

Segundo Cabral, as zonas de pesca dos países tropicais veranse “afectadas negativamente dun xeito desproporcionado” polo quecemento e a acidificación dos océanos. Por iso, considera necesario apoiar a maricultura nestes países, especialmente.

 Galicia ten contribuido ao desenvolvemento da maricultura en países en desenvolvemento. Por exemplo, o Centro Tecnolóxico do Mar (Cetmar) ven de concluír tres anos de traballos no proxecto Acuipesca Perú, para potenciar a maricultura na Baía de Sechura. Os expertos galegos viñeron asesorando neste país en como aumentar a produción de vieira e novos produtos con valor engadido, ou en fortalecer as relacións entre as administracións públicas e os axentes do sector pesqueiro e acuícola, e en favorecer a diversificación e novos emprendementos neste ámbito.

Entre outros resultados, o proxecto posibilitou a edición de dúas guías para axudar os maricultores no cultivo de macroalgas.

HAI CAPACIDADE PARA AUMENTAR A PRODUCIÓN MARIÑA

O estudo debe ser considerado, segundo os seus autores, como unha demostración de que é necesario mitigar o cambio climático para favorecer a produción de alimentos no mar, onde a maricultura pode ser unha actividade clave. Para estes científicos, as ameazas ambientais potenciais da maricultura poden minimizarse mediante unha planificación e localización adecuadas. "O pequeno requisito de espazo para a  maricultura (menos do 1% da área oceánica global) deixa un amplo espazo para unha planificación coidadosa para minimizar os impactos ambientais e os conflitos con outros usos do océano", defenden.

Previamente, en 2020, este equipo científico cuantificou a cantidade de alimentos que poderían producir mares e océanos de forma sustentable no ano 2050. Partindo da análise de múltiples factores biolóxicos, ecolóxicos e económicos, os expertos e expertas sinalaron que ese ano, o 2050, a produción de alimentos do mar, englobando pesca, acuicultura e marisqueo, podería incrementar entre un 36% e un 74% os 59 millóns de toneladas de alimentos que se xeran na actualidade.

Aquel traballo, como informou a Universidade de Vigo, estivo baseado no Blue Paper encargado a un equipo multidisciplinar de expertos internacionais polo Grupo de Alto Nivel para unha Economía Oceánica Sostible (Panel dos Océanos), promovido por Nacións Unidas. Presentado en novembro de 2019 na Organización Mundial da Alimentación (FAO) en Roma, o informe foi realizado por un equipo de investigadores e investigadoras dos eidos da economía, bioloxía, ecoloxía, nutrición, pesca e acuicultura, entre os que figuraba tamén a galega Elena Ojea.

Para os autores, aquela primeira achega era necesaria para dar maior visibilidade a “un debate sobre como alimentar no futuro unha poboación mundial en aumento e que ten recursos limitados”. Nese senso, ese estudo xa puxo de relevo o “importante rol” que os océanos poden xogar para dar resposta, dun xeito sostible, ao aumento da demanda alimentaria mediante un “incremento substancial” da produción para o que, como anticipaban e agora corroboraron, “se precisa unha mellora na xestión da pesca, cambios nos regulamentos e innovacións tecnolóxicas”, incluido o desenvolvemento da maricultura, como defenden no seu último traballo.

Tendo en conta múltiples factores, “desde as limitacións biolóxicas e ecolóxicas vinculadas ás poboacións de peixes mariños, a súa distribución e crecemento, como a dispoñibilidade de áreas e recursos para expandir a acuicultura sostible”, como o equilibrio entre oferta e demanda, o estudo de 2020 presentou unha serie de “rangos de crecemento que teñen en conta diferentes escenarios”, explicou Ojea a través da UVigo.

 Con esas limitacións ecolóxicas, económicas e tecnolóxicas, preséntanse unha serie de “curvas de provisión sostibles” que sitúan entre un 36% e un 74% o potencial de incremento da produción con respecto aos 59 millóns de toneladas xerados actualmente por estes tres sectores produtivos, afirman.

Ese potencial de crecemento depende de tres factores, sinalan: por un lado, unha reforma na xestión da pesca e acuicultura cara formas máis sostibles a longo prazo; por outro, que a demanda global se axuste a esta produción, e, por último o que consideran “o máis complicado”, que limitacións actuais como os ratios de alimento na acuicultura melloren grazas a avances tecnolóxicos. Pero se ben o crecemento dun 36% sería posible xa coas tecnoloxías actuais “mellorando a xestión”, sinalaron que o maior dos incrementos previstos “depende en gran medida de melloras tecnolóxicas que están por facerse”. 

Os datos que manexan apuntan que os alimentos xerados no mar, procedentes nun 80% da pesca, representan na actualidade o 17% da produción de carne comestible no mundo, porcentaxe que podería chegar a situarse no 25% no ano 2050 mediante un incremento substancial da produción.

Aquel estudo concluíu, de feito, que a produción podería aumentar tanto na pesca e no marisqueo como na acuicultura mariña, sendo esta última a que experimentaría un maior crecemento, pero para o que serán precisas “prácticas de xestión e políticas que permitan unha expansión ambientalmente sustentable”. 

Estes científicos ven tamén clave o aumento da produción de alimentos mariños para tentar rebaixar a de carne de animais terrestres, xa que a expansión da produción de explotación gandeiras podería agravar os problemas derivados do cambio climático, á vez que provocar a perda de biodiversidade, advirten. Ademais, sitúan os alimentos procedentes do mar como claves para contribuír “de maneira excepcional á seguridade alimentaria e nutricional global”, xa que tamén son unha fonte de proteínas e de ácidos graxos esenciais "que non son doados de atopar noutros alimentos".

Nese posible escenario, Galicia, segundo Ojea, é “un dos lugares que pode ter maior potencial para mellorar a súa produción pesqueira e acuícola de forma sostible”.

As augas galegas súmanse aos 72 millóns de quilómetros cadrados de océano que se calcula que son ambientalmente adecuados para cultivar unha ou máis especies mariñas, dos que aproximadamente o 92% desa superficie (66.000.000 km2) é ambientalmente apta para o cultivo de peixe, o 43% (31.000.000 km2) para moluscos e o 54% (39.000.000 km2) para crustáceos. 

Con estas achegas, os científicos e as científicas sitúan o pesqueiro como un sector capital para alimentar a poboación mundial no futuro, e no que a maricultura debería ser decisiva."            (Galicia Confidencial, 15/05/22)

11/2/22

Alubias, garbanzos y lentejas contra el cambio climático... las leguminosas son prácticamente independientes del aporte de nitrógeno sintético, gran contaminante, pues son capaces de aprovechar el nitrógeno atmosférico

 "Según las previsiones del Panel Intergubernamental del Cambio Climático para los próximos años, se espera que los cultivos del futuro crezcan en ambientes más secos y cálidos.

Los estreses ambientales (descenso en la precipitación, incremento en la temperatura, etc.) son factores clave en la producción y calidad de los cultivos. Por eso será necesario un mayor esfuerzo en el desarrollo de variedades mejor adaptadas a condiciones adversas para alcanzar la creciente demanda de alimentos.

La cara y la cruz de los fertilizantes

Junto con el desarrollo de variedades mejor adaptadas, en las últimas décadas se ha optado por aumentar el uso de fertilizantes nitrogenados. De esta forma se consigue incrementar la producción de manera efectiva y económica. Esto es así porque, en general, la respuesta del cultivo suele ser proporcional al nitrógeno aportado y este es relativamente barato. Tal es su éxito, que el uso global de fertilizantes nitrogenados ha aumentado casi un 800 % desde 1961.

Otro dato que da fe de nuestra actual dependencia: se estima que los abonos sintéticos permiten alimentar a la mitad de la población mundial. O dicho de otra forma, la mitad de las calorías que consumimos han sido producidas gracias a este tipo de fertilizantes.

Frente a estas indudables ventajas, existen inconvenientes.

En el mejor de los casos, solo el 50 % del nitrógeno aplicado es tomado por los cultivos. ¿El resto? Parte acaba en las aguas, tanto superficiales como subterráneas, en forma de nitrato, parte se pierde a la atmósfera en forma de óxido nitroso. La principal fuente de emisión de este gas, con un potencial de calentamiento casi 300 veces mayor que el CO₂, son los abonos nitrogenados. Por lo tanto, el uso de estos abonos participa activamente en el calentamiento global.

Leguminosas al rescate

No todos los cultivos tienen la misma dependencia del nitrógeno sintético. Hay una familia de cultivos que es capaz de aprovechar el nitrógeno atmosférico, formando para ello una relación simbiótica con ciertas bacterias presentes en el suelo. Son las leguminosas: desde las lentejas a la alfalfa pasando por alubias y garbanzos.

Esta relación tiene lugar en unos tejidos subterráneos específicos. Son los nódulos. En ellos, la planta huésped (en este caso las leguminosas) suministra al nódulo la fuente de carbono (energía) en forma de fotoasimilados. La bacteria, a cambio, le suministra el nitrógeno fijado, que puede ser usado por la planta, por ejemplo, para formar proteínas. Esto hace a las leguminosas prácticamente independientes del aporte de nitrógeno sintético.

Así, esta singular característica de las leguminosas puede ayudarnos a combatir el cambio climático de dos maneras:

Además, los residuos que deja el cultivo de leguminosas (ricos en nitrógeno) enriquecen el suelo y fertilizan el cultivo siguiente de forma natural.

Entonces, ¿cuál es el problema?

Con todas estas ventajas, pueden pensar que su uso debería estar extendido. Sin embargo, aunque a nivel global ocupan el 15 % de la superficie cultivada, solo por detrás de los cereales, su éxito es mucho menor en Europa. Concretamente se cultivan en el 1,5 % de la superficie agraria europea. Esto es debido, principalmente, a tres causas:

  • Falta de aceptación por parte de los consumidores. Pese a ser un alimento arraigado en la cultura mediterránea, su consumo ha descendido por la introducción de nuevos patrones de consumo.

  • Alta especialización de la agricultura europea en la producción de cereales y oleaginosas (girasol y colza). Esto provoca una dependencia de los abonos nitrogenados y de las importaciones de materias primas proteicas (Europa importa el 70 %, principalmente soja).

  • Poco atractivo para los agricultores. Esto es debido a los bajos precios y a que su producción (en gran parte condicionada por su capacidad para fijar nitrógeno) se ve fuertemente afectada por estreses ambientales, muchos de ellos asociados al cambio climático.

El problema limita la solución

Como hemos indicado, su independencia de los abonos nitrogenados y su baja huella de carbono hacen de los distintos cultivos de leguminosas una gran herramienta para reducir el impacto de la agricultura en el cambio climático. Sin embargo, al mismo tiempo, la producción de leguminosas se ve fuertemente condicionada por los factores climáticos adversos asociados al mismo.

Es en este punto cuando la investigación entra en escena. El funcionamiento del nódulo está estrechamente relacionado con el estado fisiológico de la planta huésped. Por lo tanto, factores ambientales que afecten a la planta lo harán también a la fijación de nitrógeno por el nódulo y, en definitiva, a la producción. Es preciso incrementar nuestros conocimientos sobre los mecanismos que condicionan la fijación de nitrógeno atmosférico y su potenciación como herramienta de fertilización natural en un contexto de cambio climático.

El trabajo continuo y cooperativo de distintos grupos de investigación (como el nuestro) está permitiendo identificar y comprender estos mecanismos. Esta información nos permite identificar las variedades y perfiles fisiológicos y moleculares implicados en una producción más sostenible en condiciones de crecimiento adversas.

Potenciar su producción y consumo

Como hemos visto, es imprescindible optimizar la gestión de los cultivos para alcanzar el objetivo fijado por la UE de reducir las pérdidas de nutrientes en un 50 % y el uso de fertilizantes sintéticos en un 20 % para 2030. Al mismo tiempo, estos deben satisfacer las demandas de una población creciente y con hábitos de consumo cambiantes. Todo ello bajo unas condiciones de cambio climático.

Con este fin, aprovechar las ventajas agronómicas y ambientales que nos ofrecen las leguminosas es clave. Para ello, es vital comprender el efecto que el calentamiento global tendrá sobre estos cultivos y, con esta información, seleccionar variedades más eficientes en condiciones climáticas futuras. Pero estas acciones, irremediablemente, deben ir unidas a otras medidas como incentivos al cultivo de leguminosas a través de la política agraria comunitaria y aquellas encaminadas a aumentar su consumo entre la población."                    

( Agricultura Sostenible y Biomonitorización, Instituto de Agrobiotecnología (IdAB - CSIC - Gobierno de Navarra),  Caracterización multidisciplinar encaminada al estudio de modelos agrícolas sostenibles, Instituto de Agrobiotecnología (IdAB - CSIC - Gobierno de Navarra), The Conversation, 09/02/22)