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8/6/24

Alimentos ultraprocesados: La suciedad rentable con la que nos alimenta el capitalismo... los alimentos que comemos nos están enfermando... El capitalismo está contaminando el aire que respiramos, el agua que bebemos y los propios alimentos que comemos: todo en nombre del beneficio... la causa principal de los crecientes niveles de obesidad es el cambio drástico en nuestra dieta moderna que ha llegado con la introducción y proliferación de la alimentación ultra procesada (UPF), para obtener beneficios por encima de todo lo demás. El UPF constituye ahora más de la mitad de nuestra dieta en el Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y Australia, pero las grandes empresas alimentarias están intentando (con éxito) convertirlo en el alimento básico en todo el mundo... El sello distintivo de la UPF es la adición de estabilizantes, emulsionantes, gomas, lecitina y aceites extraños que nunca encontraremos en un supermercado o en una cocina normal. Lo que tienen en común estos ingredientes es que ahorran dinero a las empresas, ya que reducen la necesidad de ingredientes reales en los alimentos... no es realmente comida

"El capitalismo está contaminando el aire que respiramos, el agua que bebemos y los propios alimentos que comemos: todo en nombre del beneficio. Otra prueba de ello es una revisión publicada por el British Medical Journal (BMJ) el 28 de febrero, en la que se evalúan las mejores investigaciones disponibles sobre el efecto de los «alimentos ultraprocesados» (UPF) en nuestra salud. Esta revisión incluyó 45 estudios y casi 10 millones de participantes, y, lo que es más importante, no incluyó ninguna investigación financiada por las grandes empresas alimentarias. Las conclusiones son categóricas.

La revisión descubrió que el consumo de UPF estaba vinculado a un riesgo sustancialmente mayor de al menos 32 resultados perjudiciales para la salud, incluida la mortalidad por cualquier causa, el cáncer, la diabetes, las enfermedades inflamatorias intestinales y los problemas de salud mental. Esta revisión confirma lo que el médico e investigador sanitario de la UCL, Chris van Tulleken, argumentó en su libro Ultra Processed People (publicado en 2023): los alimentos que comemos nos están enfermando.

En general, la discusión en torno a la dieta hoy en día es un sermón monótono. Desde las columnas de los periódicos hasta los estudios de televisión, se nos dice que el problema empieza y acaba en el individuo. La raíz de la epidemia mundial de nutrición se reduce a la falta de voluntad para hacer ejercicio, la falta de disciplina para resistirse a los tentempiés poco saludables y la falta de inteligencia o capacidad para enseñarse a cocinar y preparar comidas variadas.

En esta atmósfera rancia, el libro de van Tulleken, Ultra Processed People llega como un soplo de aire fresco. Plantea un riguroso análisis materialista del efecto del sistema capitalista tanto en el sistema alimentario mundial como en la dieta humana.

Utilizando una amplia gama de datos de investigación y entrevistas, van Tulleken cuestiona el consenso de que los seres humanos se han vuelto simplemente perezosos y codiciosos.

En su lugar, propone que la causa principal de los crecientes niveles de obesidad es el cambio drástico en nuestra dieta moderna que ha llegado con la introducción y proliferación de la UPF, impulsada para obtener beneficios por encima de todo lo demás. El UPF constituye ahora más de la mitad de nuestra dieta en el Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y Australia, pero las grandes empresas alimentarias están intentando (con éxito) convertirlo en el alimento básico en todo el mundo.
UPF: no es realmente comida

UPF es una definición científica de una categoría de alimentos, elaborada originalmente por Carlos Monteiro, investigador brasileño en nutrición. El sello distintivo de la UPF es la adición de estabilizantes, emulsionantes, gomas, lecitina y aceites extraños que nunca encontraremos en un supermercado o en una cocina normal. Lo que tienen en común estos ingredientes es que ahorran dinero a las empresas, ya que reducen la necesidad de ingredientes reales en los alimentos.

No todos los científicos están de acuerdo en que la UPF sea el problema. Ha habido muchos que han defendido la UPF, algunos incluso argumentando que puede ser buena para la salud. Sin embargo, una inspección más cercana muestra que estos científicos que defienden la UPF tienen vínculos con las grandes corporaciones de alimentos que fabrican UPF como Mcdonald’s, Nestlé y Coca-Cola.
UPF y sobrealimentación

Analizando los últimos 100 años de investigación, el libro demuestra que no son ni la grasa, ni el azúcar, ni la falta de ejercicio lo que ha provocado fundamentalmente la crisis de obesidad y el aumento de los trastornos metabólicos. Por el contrario, es la propia naturaleza de la UPF la que provoca el aumento de peso y la mala salud, ya que estos alimentos están diseñados para fomentar la sobrealimentación.

El UPF es blando y bajo en fibra, lo que hace que sea más rápido de comer y digerir, dejándote menos saciado, y los aditivos de sabor que contiene raramente se correlacionan con el contenido nutricional, interfiriendo con la regulación hormonal del apetito de nuestro cuerpo. El UPF está diseñado para que sigas comiendo, y los estudios han descubierto que puede activar el cerebro del mismo modo que el alcohol y las drogas.

Van Tulleken hace referencia a un estudio que demostró que el UPF conduce a comer en exceso y al consiguiente aumento de peso. Los investigadores alimentaron a dos grupos con una dieta idéntica en contenido nutricional, uno con un 80% de UPF y el otro sin UPF, e intercambiaron los grupos al cabo de dos semanas. Los mismos individuos comieron una media de 500 calorías más al día con la dieta UPF.

Este consumo excesivo de alimentos se ha convertido en una epidemia sanitaria mundial. Desde 2017, en el mundo hay más personas obesas que con bajo peso. Paradójicamente, la obesidad empieza a entenderse como una forma de malnutrición, ya que la UPF es alta en calorías pero baja en contenido nutricional.

En algunos lugares, esta transformación se ha producido en pocos años, a medida que multinacionales alimentarias como Nestlé extienden su alcance al mundo en desarrollo e inundan los mercados locales con UPF. Las consecuencias para la población de los países de renta baja y en desarrollo pueden ser devastadoras, ya que no tienen acceso a la odontología ni a la asistencia sanitaria para tratar los problemas que causa el consumo de UPF, como la caries dental y la diabetes.
No se puede «huir» de la UPF

La solución propuesta a la sobrealimentación es el ejercicio. A menudo son las mismas multinacionales que provocan la crisis las que proponen esta solución. Por ejemplo, Coca-Cola financió el programa «El ejercicio es medicina» y muchos estudios para «demostrar» que la causa de la crisis de obesidad es la falta de ejercicio y no el consumo de Coca-Cola.

Sin embargo, Ultra Processed People examina las pruebas y demuestra que aumentar el ejercicio no incrementa el gasto de calorías de nuestro cuerpo.

El libro utiliza un estudio de los Hadza, una tribu de cazadores-recolectores de Tanzania, y descubrió que quemaban la misma cantidad de calorías que un oficinista estadounidense. Esto no quiere decir que Van Tulleken crea que debemos dejar de hacer ejercicio. El ejercicio es bueno para la salud, tanto física como mental. Sin embargo, la dieta es el factor crucial.
La UPF es a menudo la única opción

A pesar del efecto que la UPF tiene en nuestro organismo, el dominio de los grandes monopolios alimentarios hace que, para muchos, la UPF sea la única opción.

23,5 millones de estadounidenses viven en desiertos alimentarios, donde no hay alimentos frescos disponibles. 3 millones de personas en el Reino Unido no tienen una tienda que venda materias primas a menos de 15 minutos de su casa en transporte público. Casi un millón de personas en el Reino Unido no tienen frigorífico, 2 millones no tienen cocina, 3 millones no tienen congelador, y el coste de la energía ahora significa que muchos de los que sí la tienen, no pueden utilizarla. La UPF es, por tanto, indispensable.

Las zonas desfavorecidas de Inglaterra tienen más del doble de establecimientos de comida rápida (per cápita) que las zonas más acomodadas. Los adolescentes están inundados de UPF, sus billetes de autobús contienen vales de McDonald’s y los restaurantes de comida rápida son a menudo el único lugar donde pueden pasar el rato después de la escuela, dado el cierre de clubes juveniles y centros comunitarios.

En el mundo en desarrollo, la situación es aún peor. La Coca-Cola es a menudo más barata que el agua, y como la afluencia de UPF barata saca del mercado a los agricultores locales, la UPF se convierte rápidamente en la única opción. A nivel mundial, el 75% de nuestra dieta actual se compone de sólo 12 plantas y cinco animales, la UPF ha sustituido a los alimentos tradicionales.

Para ver la depravación de los capitalistas no hay más que mirar a los monopolios de los preparados para bebés, como Nestlé. Han introducido agresivamente sus productos en países donde era imposible acceder a agua potable segura, lo que ha provocado 80.000 muertes infantiles evitables al año.
Por qué las empresas no pueden dejar de venderlo

Lo que deja claro Ultra Processed People es que no podemos cambiar la UPF y hacerla más sana. Los productos que sean más adictivos se venderán mejor y funcionarán mejor en el mercado.

El libro pone el ejemplo del helado. En la mayoría de los casos se utilizan emulsionantes como sustituto del huevo, ya que es más barato y fácil de almacenar y transportar. La razón por la que las empresas se ven impulsadas a experimentar con los ingredientes es que no queda margen para reducir costes en otras áreas. El capitalismo impulsa a las empresas a reducir costes de producción siempre que sea posible, y el UPF es más barato de hacer, más fácil de almacenar y transportar, y tiene una vida útil mucho más larga.

La evidencia de los peligros de la UPF, tal y como la encontró el BMJ, cae en saco roto para los capitalistas, que responden con más procesamiento: añadiendo probióticos para «contrarrestar» sus emulsionantes que dañan el microbioma, añadiendo edulcorantes artificiales, añadiendo vitaminas y minerales después de que todos los originales hayan sido blanqueados.

Reformulen como reformulen sus productos, su prioridad última siempre será obtener beneficios, vender lo máximo posible y, por tanto, impulsar un consumo excesivo.

La razón de la proliferación de la UPF, a pesar de estos efectos perjudiciales sobre casi todos los aspectos de la salud humana es directamente económica: un alimento que la gente consume más es un alimento que se vende más. Esto viene con el doble beneficio de que se puede vender un plan de gimnasio, «pérdida de peso» de marca UPF, o membresía de salud privada como soluciones para añadir aún más ingresos.

No es casualidad que nuestras dietas nos estén matando: es parte integrante del sistema capitalista de búsqueda de beneficios.
Por qué necesitamos una revolución

Lo que demuestra Ultra Processed People es que los consumidores son en gran medida impotentes para eliminar la UPF, ya que comemos lo que podemos permitirnos. Las empresas son casi igual de impotentes para cambiar las cosas, ya que deben producir los productos más rentables, y la basura que no podemos dejar de comer es una mina de oro para ellas.

El principal defecto del libro de Van Tulleken es que, una vez extraídas estas conclusiones, pide una reforma del gobierno como solución. En realidad, el gobierno -a través de la financiación de campañas, sobornos descarados y lucrativas oportunidades de «trabajo» para los diputados- está comprado por las empresas alimentarias. Y los capitalistas que intentan reducir sus costes alimentándonos con basura son tan antiguos como el propio capitalismo; Marx hablaba de la adulteración del pan desde principios del siglo XVIII.

Si queremos imaginar un mundo sin UPF, lo cual es posible, tenemos que imaginar un mundo sin capitalismo.

La UPF se ha vuelto indispensable, porque las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera son paupérrimas. Incluso antes de la crisis del coste de la vida, los británicos gastaban el 8% de su presupuesto familiar en alimentación. Si el 50% de los hogares más pobres quisieran seguir una dieta que se ajustara a las actuales directrices de vida sana, tendrían que gastar el 30% de su presupuesto en alimentos. ¿Por qué gastamos tan poco? Porque todo lo demás (alquiler, servicios, transporte) cuesta mucho.

Incluso si puede permitirse comprar alimentos reales más sanos, la mayoría de la gente no tiene tiempo o energía después del trabajo para cocinar tres comidas desde cero cada día. Muchas otras personas dependen por completo de los platos precocinados porque, por discapacidad o enfermedad, no pueden cocinar por sí mismas.

A pesar de la industrialización de la agricultura y de la producción de 2,6 veces los alimentos que la humanidad necesita para alimentarse, al menos 2.300 millones de personas carecen de acceso seguro a alimentos sanos y nutritivos. Pero no tiene por qué ser así.

Mediante un plan socialista de producción, podríamos producir fácilmente suficientes alimentos reales para satisfacer las necesidades de todos. Con la creación de comedores públicos que sirvieran comida sana y deliciosa, podríamos socializar el trabajo doméstico de cocinar, que actualmente recae principalmente en las mujeres. Podríamos permitir a la gente relacionarse socialmente a la hora de comer, en lugar de la solitaria realidad a la que muchos se enfrentan hoy en día de volver de un largo día de trabajo para comer una comida preparada frente al televisor.

Todo esto es posible y es la única manera de liberarnos de la dependencia de la UPF. Pero requiere abandonar el afán de lucro y recrear nuestra sociedad a todos los niveles en beneficio de la clase trabajadora, la inmensa mayoría de la población. Si quieres unirte a nosotros en la construcción de este futuro, únete a los comunistas revolucionarios y lucha para derrocar al capitalismo."                    (Ezra Ellis, MRonline, 03 de mayo de 2024, traducción DEEPL)

26/6/23

Europa ha perdido más de 500 millones de aves en 40 años. ¿La principal causa? Pesticidas y fertilizantes... La destrucción de la biodiversidad europea no sólo afecta a las especies amenazadas, sino que acabará minando la base de la producción de alimentos

 "El goteo de estudios que advertían de que la enorme variedad de seres vivos de la Tierra está disminuyendo se ha convertido en una avalancha. La evidencia de estas pérdidas dentro de las regiones y a escala mundial es innegable. Pero los datos sobre la biodiversidad y las causas de su declive siguen siendo fragmentarios y se limitan a algunas causas, algunos lugares y algunas especies. Pero no ocurre lo mismo con las aves en Europa.

Las aves han fascinado durante mucho tiempo a científicos aficionados y profesionales, y la estrecha cooperación en toda Europa ha creado un profundo acervo de conocimientos sobre sus hábitos, necesidades y número. Algunos de los conjuntos de datos más antiguos se refieren a aves que viven al menos parte de su vida en Europa.

Estos datos dibujan un panorama desolador: se calcula que en los últimos 40 años se han perdido unos 550 millones de aves de la población total de Europa. Es una estadística estremecedora, y nos dice algo profundo sobre la relación rota de la humanidad con la naturaleza.

Los científicos saben que la biodiversidad está sometida a una presión cada vez mayor, sobre todo por los rápidos cambios en el uso de la tierra (de bosques a tierras de cultivo, por ejemplo) y el aumento de las temperaturas. Pero la forma en que las distintas especies responden a esas presiones, cuál de ellas es la más importante y cómo pueden responder los conservacionistas para aliviarlas han seguido siendo temas polémicos.

Aprovechando datos de alta calidad sobre aves, en un nuevo artículo que he escrito con investigadores franceses se analiza cómo han respondido 170 especies de aves a las presiones antropogénicas en Europa, utilizando datos recogidos en más de 20.000 puntos de seguimiento de 28 países a lo largo de 37 años, incluidos datos del Reino Unido.

Descubrimos que los productos químicos utilizados en las granjas para controlar insectos y plantas consideradas malas hierbas que podrían reducir el rendimiento de los cultivos están privando a muchas aves de su principal fuente de alimento, y que ésta es la principal causa de su declive en toda Europa.
Los factores de cambio antropogénicos

Hemos analizado cuatro grandes fuentes de presión sobre las poblaciones de aves: la intensificación de la agricultura (medida por el elevado uso de pesticidas y fertilizantes), el cambio climático y su influencia en las temperaturas, los cambios en la cubierta forestal y la urbanización.

Los métodos agrícolas modernos fueron la principal causa del declive de la mayoría de las poblaciones de aves, especialmente de las que se alimentan de insectos y otros invertebrados, como vencejos, lavanderas boyeras, papamoscas moteados, collalbas y tarabillas. La respuesta de las aves a los cambios en la cubierta forestal, la urbanización y el cambio climático fue mucho más variable y específica de cada especie.

Entre 1980 y 2016, la abundancia de aves comunes en Europa se redujo en una cuarta parte. Sin embargo, el número de aves de tierras de cultivo se redujo en más de la mitad durante este periodo. También se registraron descensos tanto en las aves de los bosques como en las urbanas, en las aves septentrionales que prefieren el frío e incluso en algunas especies de aves meridionales que prefieren el calor, aunque la tendencia general en este último grupo de aves es de crecimiento constante.

 Una de las principales conclusiones del estudio es que el uso masivo de plaguicidas y fertilizantes en las explotaciones agrícolas es el principal factor de reducción de las poblaciones de aves en toda Europa, incluido el Reino Unido. Esto no es una gran sorpresa, ya que muchos estudios han llegado a esta conclusión. Pero éste es el primer estudio que examina los factores de origen humano de una sola vez, utilizando algunos de los mejores datos disponibles y métodos estadísticos modernos. Los resultados son claros.

Las prácticas agrícolas empezaron a cambiar significativamente después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los países introdujeron medidas para aumentar la producción de las explotaciones. Sin embargo, estos esfuerzos por aumentar la producción, incluida la creciente dependencia de pesticidas y fertilizantes, han tenido un coste considerable para las aves y otros animales salvajes y, lo que es más importante, para la salud general del medio ambiente.

Según un reciente informe del Gobierno británico, la pérdida de biodiversidad, junto con el cambio climático, representa la mayor amenaza a medio y largo plazo para la producción nacional de alimentos. La pérdida de biodiversidad tiene consecuencias para la sociedad que van mucho más allá de las especies amenazadas.

Creemos que las aves se ven afectadas principalmente por los pesticidas y fertilizantes a través de la pérdida de alimento, aunque estos productos químicos también pueden estar afectando directamente a su salud. Los pesticidas están diseñados para matar a los insectos e invertebrados que comen las aves. Los fertilizantes cambian el tipo de plantas que crecen en un entorno, a menudo en detrimento de una gran variedad de especies. Los invertebrados necesitan esta vegetación como alimento y refugio, y las aves también la necesitan, al igual que los invertebrados.

Los invertebrados son una parte importante de la dieta de muchas especies de aves, pero son el combustible de los cohetes para el crecimiento de los polluelos, que son el motor del crecimiento de la población. Los invertebrados son especialmente importantes durante el periodo de cría para más del 80% de las aves de nuestro estudio. La dramática pérdida de insectos de la que a menudo oímos hablar parece estar teniendo un profundo impacto en las aves.
Alimentos respetuosos con la naturaleza

La cuestión es cómo reaccionar. La naturaleza tiene problemas en las tierras de cultivo, pero los agricultores pueden ser una parte importante de la solución si cuentan con el apoyo de las políticas adecuadas.

Necesitamos un mayor apoyo a las prácticas agrícolas respetuosas con la naturaleza y abandonar la agricultura dominada por los pesticidas y los fertilizantes inorgánicos. Esto sería bueno para la naturaleza, para los agricultores y la producción de alimentos, para el clima y para los consumidores, y muchos agricultores progresistas están abriendo el camino.

Nuestros resultados también muestran el poder de la ciencia ciudadana y la cooperación transfronteriza para hacer avanzar la ciencia y comprender mejor el mundo natural, y cómo cambiar las cosas.

Ahora necesitamos que los gobiernos de todo el mundo apoyen planes de gestión de la tierra que recompensen la agricultura respetuosa con la naturaleza, como comprometerse a gestionar al menos el 10% de las tierras agrícolas para la naturaleza, lo que a su vez ayudará a mantener o incluso aumentar los rendimientos agrícolas.

 Pero también necesitamos una reforma más amplia del sistema alimentario, que incluya dietas respetuosas con la naturaleza. Minoristas, proveedores y transformadores pueden contribuir a garantizar un medio ambiente sano que nos alimente y nos devuelva la naturaleza, con todos los beneficios que ello conllevará para las personas."                    

(Richard Gregory es profesor honorario de Genética, Evolución y Medio Ambiente en el University College de Londres. Brave New Europe, 05/06/23; traduccion DEEPL)

26/5/22

El tema del animalismo llevado al extremo no conecta con la sociedad ni con el medio rural... Todos mis hermanos son cazadores, hay galgueros, escopeteros... La caza no es un deporte. La caza es la caza. Sales con el perro por el campo, te bates con el disparo, el lance, la inteligencia... la culpa del problema de la caza, de la disminución del número de pájaros, de aves, de liebres, de conejos, ¿sabes de quién es? No es de los cazadores. Es de la agricultura intensiva. Hace cuarenta años, en el medio rural, todo el mundo era cazador, o en todas las familias había un cazador... ¿Qué ha pasado? La agricultura intensiva... Lo que daña a la caza es la agricultura intensiva y el que diga lo contrario miente... Yo he visto, después de la siembra de trigo o remolacha, cientos de pájaros muertos. Por el veneno que echan... la ultraderecha de Vox dice cosas que pueden sonar bien en el oído del jornalero, como esto de la caza. Pero no en el tema del trabajo, de los convenios. Lo que sí te digo es que el sentimiento que hay es que se quieren cargar la caza. Y cuando hablas del sentimiento de la gente... ese sentimiento de abandono lo está monopolizando la ultraderecha tocando la tecla de los toros, el caballo y la caza... Luego, cuando hablamos del subsidio agrario, lo que era el PER, que es una forma de fijar población, una especie de renta básica de jornaleros, pues está en contra de ese subsidio

 "(...) Cañamero está metido en la faena desde el conflicto de la remolacha de El Coronil de 1976. Encierros, huelgas, ocupaciones, manifestaciones, "expropiaciones" de comida y material escolar, detenciones, insumisiones, multas y juicios salpican su trayectoria. Un recuerdo de una batida de caza a la que asistió en su infancia, compartido por Cañamero con Joaquín Recio para su biografía, da idea de cuál es su origen y dónde se forma su visión de la sociedad rural: "Recuerdo la cifra, mataron 315 agachadizas, un pájaro muy apetecible de la caza menor. Después se pusieron a descansar y a hacer su aperitivo, con nosotros mirando como perros. Esas cosas no se olvidan nunca".

infoLibre entrevista a Cañamero con el medio rural erizado de malestar. Pero esta vez el agro no expresa su ira contra el "señorito", palabra que Cañamero mezcla con "terrateniente", "derecha" y "ultraderecha" para identificar a sus adversarios. Esta vez en la manifestación del campo están el PP y Vox como parte del paisaje. (...)

¿Estuvo en la manifestación del domingo?

No estuve, no.

¿Por qué?

Aquí hay una Ley de Cadena Alimentaria, una ley para que los costes no sean mayores que los precios, algo beneficioso para el campo, y el PP y Vox estuvieron en contra [ver aquí información de Newtral sobre las posiciones de PP y Vox]. Y esos mismos partidos llaman a la movilización cuando en realidad se oponen a los intereses del campo y no han apoyado que sus productos tengan unos precios superiores a los costes. Se dedican a la manipulación pura y dura. Lo que hace falta es poner en marcha la ley ya.

Hubo mucha asistencia a esa manifestación.

Hay un problema en el medio rural, evidentemente. Pero hay que tener mucho cuidado, porque la manifestación mezcla los toros, la caza, el medio rural, la España vaciada, los animales... Lo meten todo en el mismo saco, tocando teclas sensibles para la gente. Es una lucha política de la derecha para hacerse con el Gobierno a base de manipulación. Y yo soy el primero en decir que el campo se tiene que defender, soy un defensor a ultranza de los agricultores y del medio rural. ¡Conozco el problema! Hacen falta médicos, carreteras, colegios, autobuses, ferrocarril, internet, viviendas baratas... Pero cuando la derecha está en el gobierno no hace nada de eso. Y ahora, en la oposición, manipulan los deseos y los sentimientos de la gente. No tienen escrúpulos. Salen a decir que hay que bajar los impuestos porque suben los precios. ¿Y de quién es culpa? Aprovechan el malestar que ellos mismos causan. Es la doble moral de siempre.

Por un lado, quieren más guerra en Ucrania, que hay que seguir, mandar armas, que dure lo máximo posible... Pero ojo, eso dispara los precios. Y cuando ocurre, llaman a la movilización contra el Gobierno, cuando eran conscientes de que iba a pasar. Eso sí, rechazan la negociación. Pues la gente tiene que saber que eso son civiles muertos, ¿eh? Gente que se tiene que ir [de Ucrania], abuelos arrastrando los pies por el barrio... ¿No les da vergüenza, hombre? 

¿La derecha se puede beneficiar del malestar en el campo?

Claro que sí. Con su manipulación. Hay una cosa real... Los cazadores tienen sus problemas. La ley animalista... Es que hay gente que no tiene mucha idea. Se creen que a los perros hay que ponerles un abrigo y meterlos en un piso. El tema del animalismo llevado al extremo no conecta con la sociedad ni con el medio rural. Cosa distinta es que a los animales hay que cuidarlos. No se puede maltratar de ninguna manera. Yo tengo una perra y la quiero con locura. Ahora te voy te voy a mandar un vídeo, para que la veas... Lo que sí hay son unas tradiciones en el mundo rural.

¿Pero esas tradiciones han sido atacadas? Por ejemplo, la caza.

Hay un bulo permanente de la derecha para ganarse al medio rural y a la gente del campo. Pero también algunas veces, cuando se intenta poner una ley en marcha, me refiero a la de lo animales, se va un poco al extremo. Una cosa es que no se puede maltratar a un animal y otra que tengas que tener licencia de criador para criar a un animal. La gente en los pueblos tiene un animal bonito, de caza, le echa un macho para que tenga crías y se las da a los amigos, no se pone a negociar con ellos. No hay costumbre. Si tienes un perro bueno de caza, la cría se la das a un amigo que está deseando tener un perro como el tuyo. Es normal. Pero bueno, como te digo, todo eso luego se manipula. La federación de caza la dominan los señoritos y la derecha.

Pero los cazadores no son todos señoritos ni de derechas.

¡No! En mi pueblo [El Coronil] hay 400 cazadores y hay gente de todo tipo, gente del sindicato también [SAT]. De esto entiendo, ¿eh? Todos mis hermanos son cazadores, hay galgueros, escopeteros... La caza no es un deporte. La caza es la caza. Sales con el perro por el campo, te bates con el disparo, el lance, la inteligencia.

¿Le gusta cazar?

A mí me gusta, sí. Voy de higos a brevas, pero me gusta la caza tradicional, como hacía mi padre. Vas al campo y te vienes con una pieza, con cuatro o con ninguna.

¿Hay alguna limitación a la caza que antes no hubiera?

No, lo que ocurre es... Mira, la culpa del problema de la caza, de la disminución del número de pájaros, de aves, de liebres, de conejos, ¿sabes de quién es? No es de los cazadores. Es de la agricultura intensiva. Hace cuarenta años, en el medio rural, todo el mundo era cazador, o en todas las familias había un cazador, uno que ponía perchas, o lazos para los conejos, o cepos... Y no se eliminaban los pájaros, las aves, los conejos, las liebres... Nada de eso. ¿Qué ha pasado? La agricultura intensiva. No es lo mismo la agricultura intensiva que la extensiva, ¿eh? No es lo mismo una piara de cochinos comiendo bellotas en el campo que estabulados con unos piensos que la mayoría son mierda. No es lo mismo una gallina de corral que una gallina que no puede ni moverse. Lo que daña a la caza es la agricultura intensiva y el que diga lo contrario miente como un bellaco. Yo he visto, después de la siembra de trigo o remolacha, cientos de pájaros muertos. Por el veneno que echan. Y fíjate, yo me los comía asados, porque había la creencia de que pasados por la candela no pasaba nada, que se iban todos los herbicidas...

¿De qué año estamos hablando?

Mediados de los 70. Todo el problema de los herbicidas y pesticidas y productos químicos viene de los 60 en adelante. Eso es lo que ha disminuido a tope la población cinegética. De manera bestial. Ese es el problema de la caza. Y otro problema es la caza intensiva. Porque los animales de granja echados al campo para cazarlos vienen con enfermedades y contagian. La caza intensiva es la que les gusta a los señoritos, que echan en los cotos un montón de pájaros de granja y ponen a mil euros el puesto. Esa es la caza de los ricos. Pero la tradicional, de toda la vida, que ha practicado el pueblo, es otra cosa. Yo la defiendo. Pero claro, al final se mezcla todo... Mira, en España hay 450.000 hectáreas de vías pecuarias, 100.000 en Andalucía. Pues el 80% están usurpadas por los terratenientes, ¡por esos que se ponen ahora al frente de la manifestación! Pues si tienes ocupada una vía pecuaria, ahí no pueden anidar pájaros, no hay tagarninas, no hay caracoles, no hay setas, lo ocupas todo, con lo que al final se pierde un refugio. Una cañada real debe tener 75 metros, ¡a ver cuántas tienen 75 metros de verdad! ¡Ninguna! Todas ocupadas, y los cordeles y las coladas, los abrevaderos y los descansaderos. Por cierto, que no hay ganado ni cabreros porque se lo han cargado todo a base de herbicida y pesticida y de echar veneno.

¿Son los propios terratenientes los que fastidian la caza?

Claro. Son ellos. Y le echan la culpa al Gobierno. Pero claro, luego hay cosas... Por ejemplo, se ha prohibido la caza de la tórtola. Me parece bien si hay una disminución considerable de la población. Pero si prohíbes la [caza de la] tórtola aquí, lo que pasa es que el pobre no puede cazar pero el rico se va a Marruecos, paga un puesto que cuesta un dineral y sí la caza... O por ejemplo, se dice de prohibir la caza de la perdiz roja, que es verdad que la población está disminuyendo y hay que protegerla. Pero, ¿sabes cómo se protege la perdiz roja?

¿Cómo?

Sin veneno en el campo y sin permitir que al hacer por la noche las alpacas de paja se traguen bandos enteros de perdices, que se quedan molidas dentro de las alpacas. Luego he visto cómo un granjero echaba de comer al ganado y salían pájaros muertos de la paja. Eso no se puede permitir de noche. Ni tampoco se puede permitir de noche el olivar intensivo, con las máquinas llevándose por delante los zorzales, los jilgueros, los chamarines, moliéndolos mientras están dormidos y no se mueven porque los pájaros son amigos del ruido, están acostumbrados ya a los tractores. Yo antes, y de esto hace 50 años, cuando salía al campo los cogía pisándolos con un candil y un cencerro de oveja, porque estaban familiarizados con el ruido... Pero todas estas cosas no se saben. No las saben los animalistas.

La mayoría de la gente habla del campo por hablar. Hay que pararse a preguntar y mirar, no hablar sólo con el corazón. Hay que enterarse. De la realidad, no de lo que tú piensas. Si hablas del campo sin saber, la lías, porque llega la derecha. Y a la derecha y la ultraderecha les importa una leche el campo y les importa una leche la caza, porque los señoritos lo que hacen es caza mayor, en cotos, que esa no es la que se están cargando con la ganadería intensiva. Los señoritos que ahora salen a protestar se han cargado la caza y el medio rural. Y encima se están ganando a mucha gente del campo tocando sus temas sensibles.

¿Ha seducido el discurso de la derecha y la ultraderecha a gente del SAT?

Hombre... Hay gente del SAT que ha ido a la manifestación, sí. Y es verdad que la ultraderecha de Vox dice cosas que pueden sonar bien en el oído del jornalero, como esto de la caza. Pero no en el tema del trabajo, de los convenios. Lo que sí te digo es que el sentimiento que hay es que se quieren cargar la caza, que está en peligro. Y cuando hablas del sentimiento de la gente...

¿Diría que se está derechizando el campo?

El campo tiene problemas estructurales graves. Hay problemas de despoblación –en Andalucía no tanto–, de precios, de internet, de servicios, de todo. Y ha habido un abandono de los diferentes gobiernos. Y ese sentimiento de abandono lo está monopolizando la ultraderecha tocando la tecla de los toros, el caballo y la caza, cuando en realidad le importa una mierda el campo, el medio rural y lo que les pase a los trabajadores. Pero van a los sentimientos y se están ganando a mucha gente con eso. Luego, cuando hablamos del subsidio agrario, lo que era el PER, que es una forma de fijar población, una especie de renta básica de jornaleros, pues está en contra de ese subsidio.

¿Qué piensa de la imagen de los manifestantes a caballo con aspecto señoritil?

Por eso yo no he participado. Ha habido mucha manipulación. Pero hay mucha gente del campo a la que la ultraderecha se la ha ganado por la torpeza del Gobierno.

¿Hace el Gobierno políticas adecuadas para el campo?

La Ley de Cadena Alimentaria es correcta, estoy a favor. Lo triste es que la derecha que no apoyó esa ley llame ahora a movilizarse. El Gobierno tiene que hacer que se cumpla. Que los costes no estén por encima de los precios. Punto. ¿Cómo vas a tener zanahorias, trigo o lechuga para que te cuesten más que los precios? No puede ser. Eso hay que evitarlo. Y hay que vigilar que no pase, controlarlo.

¿Faltan inspectores?

Hay inspectores, pero hay que poner medios para que vayan a los grandes supermercados, a los mayoristas... Si yo vendo una lechuga, alguien me la ha comprado, ¿no? Es fácil de encontrar. Ahí hay que ir. Pero la derecha no quiere ese control, claro que no. No quieren control público de nada. Mercado libre, capitalismo, que ningún mercado se corrija. Ahora, eso sí, dinero púbico para salvar a banqueros granujas y para tapar el desmadre. Es la doble moral.

¿Antes era más sencilla, más clara, la lucha en el campo?

La verdad que sí. Había un sector terrateniente y unos jornaleros sin tierra. Hoy está todo más diluido. Ahora trabajo en el campo hay, la agricultura se ha diversificado, los olivos, la fresa, los invernaderos... La construcción empieza a despuntar y hay jornal disponible para mucha gente. No estamos en la situación de hace 20 años. Ha mejorado, aunque los jornales no mejoran y se han disparado los precios.

La inflación. Un problema grave.

Está todo muy caro. Antes le echabas al coche 10 euros y andabas 100 kilómetros. Ahora... Se habla de los camioneros, que es verdad que tienen un problema, pero, ¿y la gente que tiene que trabajar a 100 kilómetros, como los jornaleros de los pueblos de secano de Cádiz? Es que hay que enterarse y entender lo que pasa en el medio rural. Y no se enteran, no lo entienden.

¿El Gobierno no entiende el campo?

No lo entiende, no. ¡Pero hasta ahora ningún gobierno! Y eso que es el 80% del territorio del Estado.

¿Y Unidas Podemos?

Tiene pocas responsabilidades. Todo el tema de Seguridad Social depende del PSOE, que lleva gobernando 30 años pero nos ha tratado siempre con el limosneo.

¿En qué sentido?

Limosna. Paternalismo. Cuando llega la recolección, tiene que haber trabajadores disponibles que han estado en el paro a lo mejor seis o siete meses. Para que esa mano de obra esté ahí mientras tanto, hay que mantenerla, atenderla, protegerla con un subsidio, con una prestación. No es limosna, es proteger la mano de obra. Para el PSOE siempre ha sido caridad. Pues mira, al terrateniente, a la agricultura y al Gobierno les hace falta esa mano de obra y hay que pagarla.

¿Ya nadie pide la reforma agraria?

Nosotros [el SAT] seguimos pidiendo al reforma agraria.

¿Qué reforma?

En Andalucía cuatro, cinco o seis terratenientes se llevan el dinero de 6.000 jornaleros. Los terratenientes no pueden seguir teniendo el 50% de los tierras nada más buscando las ayudas de la PAC.

¿De quién habla cuando dice "terratenientes"? Concrete algunos.

Los Mora Figueroa, la Casa de Alba, los Domecq, González Byass, los Candau...

¿Dónde milita actualmente?

Políticamente, en Podemos. Y en el SAT. (...)"                     

 (Entrevista a Diego Cañamero, Ángel Munárriz  , InfoLibre, 24 de marzo de 2022)

21/1/22

“Se produce un 60% más de alimentos de lo que necesita la humanidad y la mayor pandemia que hay es el hambre”... En el 2005 por primera vez se iguala el número de hambrientos y el número de personas obesas y con sobrepeso... En Tanzania hay una ley que prohíbe a los agricultores el uso de semillas tradicionales bajo multa de hasta 200.000 dólares o 10 años de cárcel. Esto ha hecho que hayan desaparecido la mayor parte de las variedades tradicionales. ¿Cómo es posible? Porque algunos países ricos han condicionado su ayuda internacional a Tanzania a que tengan esa ley. ¿Quién está detrás de todo esto? Las grandes compañía semilleras... por cada euro que pagamos en el mercado por un producto del agrobusiness o agroindustria, nosotros estamos pagando a través de impuestos dos euros más para paliar los daños medioambientales y a la salud humana. Eso es lo que yo llamo subvención encubierta, lo que no puede permitirse. Y ahí está la raíz del problema. Es un problema estructural del sistema... Hay que ampliar el número de especies, el número de variedades de cada especie y todo eso con una agricultura amigable con el medio ambiente, o sea, agroecológica. Además, todo esto tiene otro valor adicional que es dar más empleo... No puede ser que sigamos teniendo publicidad engañosa de grandes compañías de producción de alimentos... En Francia está prohibido que los restaurantes tiren alimentos... En Portugal hay una ley por petición popular para que los colegios de niños tengan comida vegetariana al menos una vez a la semana e incentivos para que el suministro de comida para comedores públicos sea del tipo agroecológico

 " José Esquinas (Ciudad Real, 1945) es un científico y un humanista. De familia de agricultores y formación como ingeniero agrónomo en España y doctor en Genética en EEUU, Esquinas ha dedicado 30 años de su vida a trabajar en la FAO, la organización de Naciones Unidas para acabar con el hambre en el mundo. 

Cuenta con un interminable currículo de experiencias y trabajo en el ámbito de la preservación de la diversidad de las especies agrícolas para contribuir a erradicar el hambre. Ha sido presidente del Comité de la FAO sobre Ética en la Alimentación y la Agricultura, puesto en el que trabajó en cuestiones como la biodiversidad agrícola, la justicia distributiva, la contaminación del medio ambiente y la volatilidad de los precios de los alimentos. 

Y esa experiencia le hace ser una voz más que autorizada en estos tiempos en los que la ONU aconseja cambiar la dieta humana y por primera vez ha relacionado la alimentación con la sostenibilidad del planeta. 

 Se produce el 60% más de lo que la humanidad necesitaría para alimentarse bien de manera saludable. Y sin embargo, tenemos 821 millones de hambrientos. Y la cifra ha crecido en los tres últimos años. Eso significa que unos 17 millones de personas mueren de hambre como consecuencia de la malnutrición y el hambre cada año: unas 40.000 mueren cada día. Más que cualquier otra causa, enfermedades y demás. La mayor pandemia de la humanidad es el hambre.

¿Qué está fallando en la producción de alimentos?

Yo cuestionaría qué está fallando en el sistema agroalimentario. Si es capaz de producir mucho más de lo que se necesita y, sin embargo, mueren de hambre cantidad de personas y la malnutrición crece y en estos momentos el número de personas obesas y con sobrepeso es una de las causas principales de enfermedades… Esto ha crecido mucho más rápido que el hambre. 

En el 2005 por primera vez se iguala el número de hambrientos y el número de personas obesas y con sobrepeso. Se igualan no porque baje el número de hambrientos sino porque sube el de personas con sobrepeso. Y hoy es más del doble el número de hambrientos. Por tanto, algo está fallando.

¿Es eficiente nuestro actual sistema agroalimentario? ¿Es sostenible?

Si la eficiencia la miramos desde el punto de vista económico, es muy eficiente, porque si no, no tendría la cantidad de inversiones que tiene y no estarían las grandes compañías interesadas en él. ¿Es eficiente desde otros puntos de vista como el social? No, porque produce mucho más de lo que se necesita y aumenta el hambre. ¿Es un sistema justo? Tampoco.

Para hablar de sostenibilidad hay que hablar la relación que existe entre el medio ambiente y la alimentación. ¿Qué es producir alimentos? La agricultura es la transformación de los recursos naturales del planeta -tierra, agua, aire, diversidad biológica y energía- en alimento, a través de tecnologías muy distintas que pueden ir desde ordeñar a una vaca o cultivar un campo a la ingeniería genética. Pero siempre son recursos naturales limitados y perecederos que se transforman en alimentos. Abusar de estos recursos para producir más de lo que necesitamos no es sostenible.

Si producimos mucho más, ¿a dónde va lo que no se consume? ¿Somos conscientes de cuánta comida se tira?

Parte va a la producción de biocombustible, que puede ser útil y, si hay alimentos para todos, por qué no se va a poder hacer. Otra parte va a otras actividades que no tienen que ver con la producción de alimentos…. Pero un tercio de la producción mundial de alimentos se desperdicia por el camino dentro del sistema agroalimentario. En el mundo Occidental, lo que se pierde es en gran parte lo que se tira. En países en vías de desarrollo también se tira, pero se pierde mucho en transporte y conservación.

 ¿Cuánta comida se pierde? 1.300 millones de toneladas métricas a nivel mundial, 89 millones de toneladas métricas en Europa. En España se desperdician 7,7 millones de toneladas métricas, lo que equivale a 169 kilos por habitante y año. La mayor parte de eso termina en la basura y el 25% o 30% son envases sin abrir porque han caducado.

Hay un sistema con elementos perversos, pero también hay una corresponsabilidad de cada persona, porque al final soy yo el que compra, el que toma las decisiones de comprar, qué compra, cuánto compra y dónde compra y si se interesa por la huella ecológica de lo que compra.

¿Cómo afecta esa producción de alimentos que se pierden al medio ambiente?

En producir los alimentos que no se va a comer nadie estamos utilizando a nivel mundial 1.400 millones de hectáreas, 28 veces la superficie de España si toda España fuera fértil. En producir lo que no se va a comer nadie estamos utilizando la cuarta parte del agua dulce del planeta al año, 250 km cúbicos de agua; estamos utilizando al año 300 millones de barriles de petróleo. Y la emisión de gases invernadero que se producen como consecuencia de la producción de los alimentos que no se come nadie, está teniendo un peso en el cambio climático del 12%. Por ejemplo, el alimento medio que llega a nuestras bocas hoy en España ha recorrido entre 2.500 y 4.000 km.

Si hay ese desperdicio de recursos naturales, el sistema no es sostenible. Y además, se está destruyendo la diversidad biológica. En el siglo XX se ha perdido más del 90% de la diversidad biológica agrícola.

Otra cuestión sería poner el foco en si el actual sistema agroalimentario es saludable.

Aquí entramos en la generación de personas obesas y con sobrepeso. En la UE, el 67% de la población es obesa o con sobrepeso. Y el 32% de los niños entre 3 y 9 años también. Y España no le va a la zaga. El problema está en que esa obesidad y sobrepeso es la causa fundamental del desarrollo e incremento de enfermedades no transmisivas: la diabetes, las cardiovasculares y también las oncológicas. Ese grupo de enfermedades está incentivado por la obesidad y el sobrepeso. Y más del 70% de las muertes en los países europeos están ligadas a esas enfermedades en última instancia.

Además, Europa se está gastando cada año 700.000 millones de euros en medicamentos para combatir esas enfermedades. Es el coste de las enfermedades derivadas de una mala alimentación. Algo está fallando. Y las compañías farmacéuticas no son ajenas a esto.

¿Cómo se cambian los objetivos de las empresas de alimentación: el vender más por el alimentar bien?

Cuando buscas el por qué está ocurriendo esta sinrazón de producir cuanto más mejor, y fomentar un consumo cuanto más grande mejor independientemente del efecto que pueda tener en la salud, para mí la razón principal es el proceso de mercantilización de los alimentos. Antes se producía para alimentarse, ahora se produce para vender. Hoy no importa que se tiren los alimentos, cuanto más se venda y se compre, mejor.

 Sobre ello siempre ha habido un control por parte de pocas empresas pero eso ha empeorado en los últimos años. Hace unos meses, Monsanto y Bayer se habían unido para formar una única compañía por un total de unos 70.000 millones de euros. Pero es que unos meses antes se habían unido Syngenta con Chem China y poco antes se habían unido DuPont y Dow. Distintas compañías multinacionales semilleras o de agroquímicos se están fusionando y estas tres grandes fusiones controlan casi el 75% de las semillas comerciales del mundo y el 65% de los agroquímicos. Entonces ¿quién manda? Eso forma parte de ese proceso de mercantilización.

En eso es donde están los grandes problemas, porque de alguna manera lleva a la pérdida de biodiversidad y a otras muchas cosas, porque dependemos de sus semillas, de sus fertilizantes, de su maquinaria…y todo nos lo venden en un paquete. Y el agricultor cada vez tiene menos grado de libertad, con lo cual al final el agricultor prácticamente está desapareciendo por la agroindustria.

¿Los agricultores tienen toda la información para producir de manera lo más "limpia" posible?

Los agricultores tienen la información y la capacidad, ellos no saben producir de otra manera. Un agricultor que ha estado produciendo, él y sus antepasados, a lo largo de 10.000 años y ha llegado a nuestros días, es porque era una forma sostenible de producción. Saben producir en armonía con el planeta. Siempre han hecho lo que hoy llamamos economía circular. El que más conocimientos tiene de sostenibilidad es el agricultor. El problema es que, en estos momentos, no pueden hacerlo.

Aquí hay un problema grave. Y hay un problema debido a las legislaciones. Impiden que el agricultor siembre, intercambie o venda sus propias semillas tradicionales, que son las que han sido adaptadas a sus condiciones locales a lo largo de los siglos. Hay una normativa dentro de los acuerdos internacionales de libre comercio -el acuerdo internacional ADEPIC sobre derechos de propiedad intelectual y comercio- que establece que la semilla para ser vendida, intercambiada y/o comercializada debe ser uniforme y estable. Pero claro, las semillas tradicionales de los agricultores no han sido nunca uniformes ni estables, porque su gran riqueza era la diversidad interna que es lo que le permite adaptarse a las condiciones cambiantes.

En el momento en que tú, por ley, castras las semillas de esa diversidad interna, ya la fijas y ya no se puede adaptar. Lo que está haciendo esa ley es impedir al agricultor sembrar sus propias semillas o intercambiarlas o venderlas. En la UE eso llega hasta ahí. Pero en el caso de algunos países pobres es más cruento. En Tanzania, por ejemplo, hay una ley de hace un par de años en la que se prohíbe literalmente a los agricultores el uso de semillas tradicionales bajo multa de hasta 200.000 dólares o 10 años de cárcel. Esto ha hecho que en un periodo mínimo de tiempo hayan desaparecido la mayor parte de las variedades tradicionales. ¿Cómo es posible? Porque algunos países ricos han condicionado su ayuda internacional a Tanzania a que tengan esa ley. ¿Quién está detrás de todo esto? Las grandes compañía semilleras.

¿Están bien retribuidos los agricultores? Siempre se escuchan las quejas sobre el precio pagado por el producto en origen y el que se paga en el mercado

Los agricultores están teniendo que competir con semillas comerciales que pueden, si quieren, no tener en cuenta el efecto medioambiental o sobre la salud. Cuando se dice que el campo no es rentable es verdad. Pero en otros muchos ámbitos sí es rentable, por su multifuncionalidad de la agricultura o externalidades económicas. La idea es que la agricultura no es y no ha sido sólo producir alimentos, esa es una de sus funciones. Pero es la única que se cotiza en el mercado. Las otras funciones como la conservación de la biodiversidad, la conservación de los recursos naturales, la producción de agua limpia y de aire menos contaminado, el desarrollo rural, el mantenimiento del paisaje…todas esas otras funciones de la agricultura no cotizan en el mercado. 

 Cuando esto se lo expones a los economistas y les dices que esto también tiene un valor, dicen: sí, pero esto son externalidades del sistema. Cierto, pero tiene remedio. El reto en la primera Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992 era, para resolver los problemas medioambientales, internalizar esas externalidades. En otras palabras, que cuando tú compras una manzana tienes que pagar no solo por el coste de producción de la manzana, sino también por el coste de conservar los recursos naturales que van a permitir a tus nietos seguir comiendo manzanas. Al agricultor no se le está pagando por el valor real de su trabajo.

 Pero la industria no tiene en cuenta estos elementos y se le está permitido producir a costes mínimos…. No se trata de dar una subvención a los agricultores ecológicos. Se trata de evitar las subvenciones encubiertas a la agroindustria. Porque por cada euro que pagamos en el mercado por un producto del agrobusiness o agroindustria, nosotros estamos pagando a través de impuestos dos euros más para paliar los daños medioambientales y a la salud humana. Eso es lo que yo llamo subvención encubierta, lo que no puede permitirse. Y ahí está la raíz del problema, que está ligada al propio sistema. Es un problema estructural del sistema.

La ONU ha recomendado cambiar la dieta mundial, tomar menos carne y más vegetales para luchar contra el cambio climático. ¿Está de acuerdo?

No se puede estar en desacuerdo. No hay opción. Entre un tercio y un cuarto de los gases de efecto invernadero son debidos al actual sistema de producción agroalimentaria, unos 11.000 millones de toneladas métricas de gases invernadero. Por lo tanto, es obvio, no se puede solucionar el problema del cambio climático pensando solamente en cambiar el tipo de energías o que los coches sean eléctricos.

Otro aspecto del informe es el uso de los suelos. Más del 70% del suelo en el mundo no cubierto por hielos está dedicado a la producción de alimentos o a satisfacer otras necesidades básicas del ser humano. Y como decía recientemente un político español, estamos transformando los suelos de ser los sumideros de los gases de efecto invernadero a ser emisores de los mismos. Y con los incendios como los de la Amazonia, muchísimo más CO2. Además, lo peor es que muchos de estos incendios son provocados y/o consentidos para utilizar esas tierras en la producción de soja para alimentar animales en ganadería intensiva.

Todo esto sin hablar de la cantidad de agua que se necesita en la agricultura intensiva…. Es imposible de mantener. El problema más grave que se va a plantear es la escasez de agua dulce en el mundo.

Es imprescindible tener en cuenta esto para frenar el cambio climático. ¿Por qué carne versus vegetales? Para producir la misma cantidad de nutrición humana necesitas nueve veces más hectáreas si es con carne que si es obtenida directamente de plantas. Con respecto al agua, para producir un kilo de carne de ternera estamos utilizando 25.000 litros de agua, lo cual es una monstruosidad.

Con respecto a la biodiversidad, muchas de las enfermedades son debidas a la falta de micronutrientes. Justamente es la biodiversidad y la diversidad en la dieta la que te da esos micronutrientes. Con respecto a la salud, la obesidad es debida, muchas veces, a la ingestión de grasas no saturadas procedentes de carnes poco saludables. En España nos sobran grasas y proteínas y sin embargo nos faltan vitaminas y micronutrientes que son los que tienen los vegetales.

 Además, el informe no habla de vegetales y carne en abstracto: habla de frutas y verduras, de leguminosas y frutos secos. Y en el caso de la carne, que sea de ganadería extensiva, que es la que menos daño hace al medio ambiente. Este es el primer informe que pone de relieve la relación directa entre la producción y consumo de alimentos y la crisis climática.

En general, ese informe de la ONU habla de los cambios necesarios en la producción, de los cambios en nuestras dietas y en el consumo y de la necesidad de mirar a las prácticas agrícolas tradicionales y de los pueblos indígenas. No es volver al tiempo de las cavernas: utilicemos las nuevas tecnologías pero en sinergia con los conocimientos tradicionales, con la sabiduría milenaria de los agricultores, con la información y las tecnologías locales. Se trata de utilizar ambas cosas, poniéndolas no al servicio de la economía en abstracto, sino en beneficio del ser humano y siempre en el contexto de la sostenibilidad.

Se han puesto multas a la compañía Monsanto por los efectos cancerígenos del glifosato en EEUU. ¿Cómo ha llegado a ser el herbicida más utilizado del mundo con tantos riesgos?

Multas por valor de más de miles de millones de dólares en EEUU. Hay riesgos e incertezas. La OMS, a través de la Agencia Internacional de Investigaciones del Cáncer, clasifica el glifosato como probablemente cancerígeno. Sin embargo, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria dice que no hay suficiente evidencia y no se atreve a condenarlo. Pero también hay una aparente interferencia en el sistema endocrino que la Agencia Europea no descarta.

Con respecto a la salud ambiental, el glifosato afecta a las plantas y a los animales. Mata las malas hierbas. ¿Pero qué son malas hierbas? Una planta de tomates en un campo de trigo es una mala hierba. ¿Dónde estableces los límites? Si tú matas masivamente muchos tipos de plantas, estás cambiando los agroecosistemas. Y al cambiar los agroecosistemas te estás cargando plantas que son vitales para la subsistencia de determinados insectos polinizadores que a su vez forman parte del proceso agrícola, porque son insectos beneficiosos. Estás alterando estos equilibrios ecológicos. Incluso con algunos mamíferos. De hecho, la Agencia Alemana para el Medio Ambiente hace recomendaciones sobre el glifosato , diciendo que si se usa, hay que reservar áreas compensatorias en barbecho para que las plantas e insectos puedan sobrevivir y actuar. Si te cargas los polinizadores, te estás cargando la productividad de las plantas cultivadas a medio y largo plazo. Pero las grandes empresas buscan beneficios a corto plazo.

Además hay otras cuestiones. Pasa como con los antibióticos. Ya han aparecido en EEUU y Canadá las primeras "supermalas hierbas" resistentes al glifosato . Para lo cual ya se está pensando en otros herbicidas más potentes. Es una carrera alocada en la que cuanta más potencia tenga eso, más daños va a causar al medio ambiente y a la salud. Por otra parte, un problema grave es que la mayor parte de las pruebas las hace la empresa, con investigadores pagados por la propia empresa. ¿Qué fiabilidad tiene?

¿La presión de las grandes empresas como estas puede más que los efectos nocivos que sus prácticas en ocasiones tienen para la salud?

No cabe ninguna duda. Un ejemplo: el DDT -un eficaz insecticida de amplio espectro que comercializó Monsanto en los años 50 del siglo XX con gran éxito-. Cuando aparecen en un libro de Rachel Carson ‘La primavera silenciosa’ (1962) las primeras denuncias de los efectos negativos del DDT sobre la salud y el medio ambiente, hay una serie de ataques furibundos contra la autora, hasta que finalmente se impone la verdad. O pasó con el tabaco. La reacción de los productores de tabaco y las grandes compañías que decían que cómo iba a producir enfermedades. Las grandes compañías están detrás de eso, como ahora ocurre en el caso de las bebidas azucaradas.

En cualquier caso, siempre hay una salida bastante lógica. Si hay dudas, se debe aplicar el principio de precaución. La UE lo ha ratificado, pero no se está cumpliendo.

¿Qué efectos tiene este "monopolio" de Monsanto y las otras grandes compañías sobre la alimentación mundial?

Muy grande. La producción de alimentos a nivel mundial está condicionada profundamente por estas multinacionales. Es realmente un oligopolio. Prácticamente las tres grandes compañías controlan el 75% de las semillas comerciales del mundo y el 65% de agroquímicos.

Tiene un efecto económico, el más claro: los oligopolios distorsionan el mercado y controlan los precios. Además, se produce para vender y no para alimentar. Y en tercer lugar, el no tener en cuenta las externalidades medioambientales y sobre la salud humana conlleva una especie de subvención encubierta. 

 También está el efecto político, porque están condicionándose las legislaciones, los lobbys están teniendo repercusiones en Unión Europea, a nivel mundial en los tratados de libre comercio con la obligación de uniformidad para las semillas….Se obliga a los países a que sus semillas estén protegidas y para que estén protegidas y certificadas, tienen que reunir el requisito de ser uniformes y estables, con lo cual no solo afecta a los agricultores sino a la biodiversidad.

¿Tienen también un efecto directo sobre la pérdida de biodiversidad agrícola?

A lo largo de la historia de la Universidad y los 10.000 años de agricultura, las plantas se han ido adaptando a las condiciones climáticas y de suelo, y a las costumbres y a las necesidades de las familias. Eso dio pie a que hubiese una infinita multitud de variedades locales y razas locales de plantas y animales en cada uno de los lugares. En el siglo pasado, a mediados, ocurre un fenómeno: la producción de nuevas variedades comerciales, más uniformes y estables, que tenían una alta producción, lo cual estaba muy bien. El problema es que en muy pocos años, en 40 o 50 años, en la segunda mitad del siglo XX, se sustituye esa inmensa cantidad de cientos de miles de variedades locales de cada una de las plantas cultivadas por un número muy reducido de variedades comerciales, uniformes y estables, producidas y promovidas por las grandes multinacionales. Hoy, a nivel mundial, hemos perdido más del 90% de las variedades cultivadas en el siglo pasado.

Además estas grandes multinacionales tienen, por las leyes que se han aprobado con sus propios lobbys, la facultad de patentar esas variedades o reclamar derechos de propiedad intelectual sobre ellas. Esa patente hace que el agricultor que quiere cultivar esas variedades tiene que pagar royalties, no una vez sino de forma permanente porque la propia ley prohíbe resembrar una semilla patentada. Como algunos no lo cumplían, lo que han hecho es que muchas de esas variedades tengan semillas estériles, no puedes sembrarlas. Donde no llegaba la ley ha llegado la biología. Ese proceso de control permanente es el `principal responsable de esa pérdida de biodiversidad biológica.

No es que sea malo cultivar esas semillas comerciales. No. Pero tiene que hacerse con pleno respeto y libertad para las semillas tradicionales, que el agricultor tome la decisión y que no le prohíban sembrar lo que desee. Y además está también la diversidad en los sistemas agrícolas, los sistemas agroalimentarios…. Eso es la base de la libertad y de la democracia.

Eso nos lleva a una pérdida de diversidad. Un ejemplo: en los años 70, para mi tesis doctoral, yo recolecté unas 380 variedades distintas de melón en España. Hoy, no encuentras en el mercado más de 10 o 12 variedades. Eso se ha perdido.

¿Se puede dar marcha atrás? ¿Podemos recuperar esa biodiversidad perdida?

Sí y no. Una parte se ha mantenido en bancos de germoplasma. Pero si en vez de hablar de variedades, habláramos de especies cultivadas, también ha habido una pérdida. Según estudios de la FAO, la humanidad ha utilizado a lo largo de su historia de manera documentada de 7.000 a 10.000 especies distintas de plantas para la agricultura. Hoy no se cultivan comercialmente más de 150, y de ellas solo cuatro -trigo, arroz, maíz y patata- están contribuyendo a más del 60% de la alimentación calórica humana. Ese es empobrecimiento. Hay tres tipos de diversidad que se está perdiendo: las especies, las variedades y la existente dentro de cada variedad.

Pero claro, ¿le conviene a las grandes industrias que esto ocurra? Claro. Tú no puedes controlar decenas de miles de variedades y especies. Cuanto menos y más uniformes sean, más fáciles son de controlar. Pero hace a la agricultura más vulnerable, y de alguna manera, es suicida.

En la FAO se consiguió aprobar por más de 150 países del mundo el Tratado de Recursos Fitogenéticos. Ese Tratado regula y compromete a los países a la conservación, tanto en bancos de germoplasma como en áreas protegidas y reconoce algo fundamental: los Derechos de los Agricultores tradicionales, donde se define a los agricultores como los custodios de la diversidad agrícola. Pero esos derechos, que son vinculantes, en muchos países no se han desarrollado…. Y son derechos para proteger los conocimientos tradicionales, la distribución justa y equitativa de los beneficios, el derecho a resembrar sus propias semillas y decidir qué cultivar, y el derecho a participar en la toma de decisiones políticas que les afectan. Esto ha sido reforzado con la reciente aprobación -diciembre de 2018- por la Asamblea General de Naciones Unidas de la Declaración Universal sobre los Derechos de los Campesinos. España aún debe desarrollar las normativas necesarias para implementarlo. Sin embargo, esto entra en conflicto con las grandes multinacionales de semillas y sus intereses.

Sobre la irreversabilidad de la pérdida de biodiversidad, hay muchas cosas que se han perdido para siempre. Pero aún hay mucho que salvar y sería suicida no salvarlo. Porque la alimentación humana depende de eso. Y la capacidad de adaptarse a las condiciones climáticas cambiantes depende de la diversidad de las semillas, porque se van a seleccionar las más adaptadas, como ha ocurrido durante milenios.

Ahora Monsanto está hablando de semillas comerciales “inteligentes”, con capacidad de adaptación al cambio climático. Esto no es verdad. Las únicas semillas con capacidad de adaptación son las que tienen diversidad intravarietal, las que tiene genes que les permite irse adaptando y les permite ir seleccionando lo que necesita en casa caso. Pero para eso debe haber diversidad. Tú no puedes seleccionar lo que necesitas en la uniformidad, solo en la diversidad.

¿Qué soluciones se pueden poner en ese sistema? ¿Qué medidas políticas se deberían tomar en este sentido?

Las soluciones desde el punto de vista técnico, pasan por producir sólo lo que necesitamos. Y hacerlo desde lo local, lo más cerca posible de nosotros. La globalización es un hecho, no se puede estar en contra. La cuestión es qué tipo de globalización. Yo quiero la globalización que es el sumatorio de los locales y a eso lo llamo ‘glocalización’. Si acercamos la producción, eliminamos muchos costos de transporte y de preservantes, etc… Además son alimentos más sanos, más frescos, y al mismo tiempo, marginamos la producción del agrobussines. 

 En lugar de ir a un modelo único, la diversificación es imprescindible. Con unas leyes que ponga límite a lo que destruye el medio ambiente y la salud humana. Es la base de una dieta más diversificada, pero solo hay diversidad en la mesa si hay diversidad en el campo. Hay que ampliar el número de especies, el número de variedades de cada especie y todo eso con una agricultura amigable con el medio ambiente, o sea, agroecológica. Además, todo esto tiene otro valor adicional que es dar más empleo.

Luego están las soluciones que tienen que venir con medidas políticas y leyes. Lo primero sería cumplir las leyes existentes, pero que no están implementadas. La alimentación tiene que contemplarse como derecho humano y ser sancionable. Al mismo nivel que lo son el derecho a la educación y la sanidad. También habría que derogar o cambiar las leyes que van contra todo ello.

Y habría que desarrollar nuevas leyes, entre ellas estaría las legislaciones como la creación de la figura del Defensor de las Generaciones Futuras, porque destruir el planeta es destruir la base de la vida de las generaciones futuras. Habría que establecer también un Alto Comisionado de Transición Agroecológica o Agroalimentaria. Teresa Ribero lo está haciendo muy bien en mi opinión, pero la parte agrícola sigue siendo débil porque hay un conflicto permanente entre los intereses cortoplacistas entre ministerios técnicos y los más políticos. Se necesita esa figura del Alto Comisionado que abarque varios ministerios porque son elementos interdisciplinarios: agricultura y alimentación, medio ambiente, sanidad alimentaria y salud, industria, hacienda, etc. Este organismo interministerial tendría la fuerza necesaria para buscar políticas integradoras.

 Luego, en la política europea, la Política Agraria Común (PAC) debería transformarse en Política Agro-Alimentaria Común (PAAC). Y esta debería depender no solo de los ministerios de agricultura sino que también tiene que ser interministerial e interdisciplinaria. Es fundamental mirar a este problema de una manera integral.

Otro elemento debería ser la formación académica, es absolutamente necesaria que haya una formación medioambiental y nutritiva desde el Bachillerato hasta el final de la Universidad, una enseñanza transversal, porque nuestra vida depende de eso.

También es importante la información sobre estos temas. No puede ser que sigamos teniendo publicidad engañosa de grandes compañías de producción de alimentos. Aquí aplicaría el sistema de la zanahoria y el palo: esa información engañosa debe desaparecer y debe haber información fidedigna fomentada por los poderes públicos, y por los medios de comunicación, sobre qué es la buena alimentación y los efectos de la mala alimentación en nuestra salud y en la del medio ambiente.

Esa información debe estar también en el etiquetado de los productos, como por ejemplo con la Ley Semáforo que hay en Reino Unido: sintetiza en un color el efecto dañino o beneficioso de un producto para la salud y el planeta. En lo mínimo, sería rojo, naranja o verde, o puede ser una gama más amplia y de un simple vistazo puedes ver lo que te conviene más.

Además, el precio de los alimentos no debería ser solo el económico: sino el ecológico y el energético. Y nada impide, aunque sea solo de forma indicativa, que tú tengas en la etiqueta una estimación de la huella ecológica de ese producto. A eso lo llamaría precio ecológico o energético. Eso ya se está haciendo en algunos lugares porque, aunque aún no se refleje en el precio, al menos como comprador lo puedes tener en cuenta.

Hay leyes en países de nuestro entorno, por ejemplo, contra la pérdida o desperdicio de alimentos. En Francia está prohibido que los restaurantes tiren alimentos: eso conlleva desarrollar alternativas, el propio restaurante regula la cantidad de comida y lo que sobra va a comedores públicos o a animales, pero no se tira. En Dinamarca hay un distintivo especial para los restaurantes que reciclan, es decir, que con la comida que sobra hacen otros platos como se ha hecho siempre por ejemplo con el cocido y luego las croquetas con la carne que sobraba.

 En Portugal hay una ley por petición popular para que los colegios de niños tengan comida vegetariana al menos una vez a la semana e incentivos para que el suministro de comida para comedores públicos sea del tipo agroecológico.

¿Y los ciudadanos cómo podemos contribuir?

Si las medidas políticas no van acompañadas por una concienciación profunda del ciudadano, no van a ser eficientes. Ni los políticos van a reaccionar si no sienten la presión. Por eso, ese proceso de concienciación es esencial, sentirnos corresponsables del hambre en el mundo y de la pérdida de recursos naturales y destrucción del planeta.

En la Cumbre de Río el lema era: ‘Piensa globalmente y actúa localmente’. Eso es plenamente actual y lo podemos hacer. Si estamos hablando del despilfarro, de la pérdida de alimentos,…eso depende de nosotros y nosotros tenemos que tener conciencia de eso y ser responsables cuando vamos al supermercado. Ser conscientes de que comprar es un acto político. Y que cuando yo compro una cosa u otra distinta estoy incentivando o desincentivando determinados tipos de producción. Por tanto, mi actitud como consumidor va a tener una repercusión en la oferta.

Un producto debe ser bueno, limpio y justo: bueno desde el punto de vista nutritivo y organoléptico, limpio desde el punto de vista ecológico sin destruir recursos naturales, y justo desde el punto de vista social, pagado con salarios justos. Son tres elementos esenciales a la hora de decidir qué compras. Yo añadiría que sea local y que sea estacional, también son elementos importantes.

Por eso, el consumidor puede transformar su carro de la compra en un carro de combate por un mundo mejor, más justo y más sostenible. Para hacer eso tenemos que cambiar nuestros valores, nuestra forma de pensar, ser conscientes de que el verdadero valor es cuánto consume de recursos naturales. Eso significa un cambio por dentro.

¿Algo más?

Y hacerlo también a través de nuestros votos. No da igual votar a unos que a otros. Y si alguien dice que no sabe a quién votar, pues aprende al menos contra quién. No habrá uno que piense como tú, pero habrá muchos que te lleven en la dirección contraria. El tema medioambiental no puede estar hoy ajeno a los programas políticos. Y lo está. Cuando hablas con políticos y preguntas por qué el tema de la alimentación, del medio ambiente, no está en su programa… La respuesta inexorable ha sido: porque no da votos. Depende de nosotros el que dé votos.

Y debemos ser mosquitos y colibrís. Cuando alguien te dice que soy tan pequeño que no puedo tener impacto en la sociedad, decía alguien que ese es que nunca había dormido con un mosquito en su habitación. Y desde ese punto de vista, tenemos que ser no solo mosquitos sino moscas cojoneras e impedir dormir a quien nos impide vivir. Concienciar exigiendo. Y al mismo tiempo ser también colibrí. Cada uno debe hacer su parte, es absolutamente esencial.

Para ello, la ciencia y la tecnología tienen que ser nuestros aliadas e ir orientadas en la dirección correcta para beneficiar a la humanidad. Tenemos la capacidad hoy de transformar la tierra en un paraíso pero también tenemos la capacidad de destruir el planeta. Por eso la Ética es el elemento esencial que nos tiene que servir para decir en qué dirección queremos ir.

El saber que, por primera vez en la historia de la humanidad tenemos en nuestras manos el volante de la evolución, nos tiene que hacer más corresponsables. Esta generación es única porque, por una parte, es la primera que tiene ese poder, pero al mismo tiempo tiene una responsabilidad que ninguna generación ha tenido, que es la de destruir el planeta. Seamos consecuentes y tengamos en cuenta esa responsabilidad. Aunque solo sea pensando en nuestros nietos."                 

(Entrevista a José Esquinas, ingeniero agrónomo y doctor en genética ha dedicado su vida a trabajar para acabar con el hambre en el mundo desde la FAO. Carmen Reina, eldiario.es, 14/09/19)