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15/1/21

¿Serán las plataformas digitales las nuevas fábricas del siglo XXI? Las plataformas digitales dato-tarea-masivas se están empezando a consolidar como un nuevo sistema de organización de muchos intercambios económicos, entre ellos las relaciones de trabajo. Una plataforma digital es una red que permite la diversidad de roles entre sus nodos y que fomenta la recirculación y redistribución de recursos

 "Por organización del trabajo entendemos el conjunto de principios, culturas, dimensiones y prácticas que rigen y estructuran el trabajo en una organización, economía o sociedad. Los sistemas de organización del trabajo son muy importantes porque son la cara oculta de la productividad, la calidad y el bienestar del trabajo. La organización del trabajo es la principal competencia soft de una organización.

Si la organización del trabajo no encaja con las motivaciones, características, estructura y relaciones laborales del trabajo y los trabajadores, los resultados organizativos pueden verse muy seriamente afectados en el largo plazo. Existe mucha evidencia científica que demuestra que la organización del trabajo es pieza clave en la explicación de las motivaciones, comportamiento y resultados de las organizaciones.

En una investigación que publicamos en 2016, ya pusimos de relieve que las formas de organización del trabajo y las relaciones sociales en el empleo son vitales para entender la evolución de la calidad del empleo en España.

El fracaso de las redes organizativas

Cada etapa histórica, en términos modernos cada revolución industrial, ha desarrollado sistemas arquetípicos de organización del trabajo que van desde la organización científica del trabajo durante la segunda revolución industrial (taylorismo y fordismo) hasta las estructuras organizativas en red de la tercera revolución industrial, la era de la información y el conocimiento.

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A principios del siglo XXI, el advenimiento de las organizaciones intensivas en conocimiento, las primeras oleadas de la digitalización, y los cambios económicos, sociales y políticos vinculados con la globalización auguraban un gran futuro para las redes organizativas interconectadas, descentralizadas, más planas, flexibles, no jerárquicas y fluidas.

Sus principales objetivos eran dar más autonomía y poder a los trabajadores, y superar las tradicionales relaciones de poder ordenadas jerárquica y burocráticamente. Pero, en paralelo, también se han consolidado trayectorias de eficiencia e instrumentos tecnológicos que debilitan la discrecionalidad de los trabajadores para tomar decisiones y ejercer más responsabilidades.

Así, se tiende ahora hacia la formalización, estandarización, documentación, información, evaluación y fragmentación de las tareas, lo que nos conduce hacia nuevas formas de reburocratización o retaylorismo.

Digitalización + COVID-19 = Reorganización

En los albores de la cuarta revolución industrial, la que se corresponde con la segunda oleada de la digitalización y que tiene como tecnologías de propósito general un sistema cada vez más interrelacionado de tecnologías digitales de segunda oleada, como la inteligencia artificial/robótica/aprendizaje de las máquinas, internet de las cosas, computación en la nube/big data, fabricación aditiva/impresión 3D, realidad virtual/aumentada, redes sociales/profesionales, o plataformas colaborativas, entre otras, las formas de organización del trabajo están cambiando profundamente. Las plataformas digitales dato-tarea-masivas se están empezando a consolidar como un nuevo sistema de organización de muchos intercambios económicos, entre ellos las relaciones de trabajo.

En este contexto, a comienzos de 2020 el mundo empezó a latir al ritmo de cinco letras y dos números: Covid-19. La consolidación de la segunda oleada digital y la crisis pandémica han puesto de relieve que no hay recuperación posible sin profundizar en el proceso de transformación digital y sin reorganizar la actividad económica en general, y el trabajo en particular, para hacerlo más sostenible.

A partir de la pandemia, el tradicional vector de resultados sostenibles, entendido como la alineación de resultados económicos, sociales y ambientales, debe incorporar una nueva dimensión, la dimensión de la salud. En otras palabras, la transformación digital es la nueva palanca para la creación de valor y las organizaciones pospandemia deben preocuparse por alcanzar resultados poliédricos: es decir, ser económicamente viables, socialmente responsables, ambientalmente neutras y sanitariamente saludables. Sin duda, las plataformas digitales pueden jugar un gran papel en esta nueva orientación organizativa

Plataformas digitales: conexión, circulación y mutualización

Las plataformas no son más que un espacio donde se organiza y conecta el intercambio económico y social. Por ejemplo, un mercado tradicional de productos alimentarios es una plataforma. Es verdad que el fenómeno de las plataformas digitales es anterior a la crisis de la Covid-19, y que la explosión de muchas de sus manifestaciones, como los intercambios masivos a través de plataformas de igual a igual, o el trabajo remoto tarea-masiva, ya hizo tambalear muchas actividades tradicionales antes de la pandemia. Pero también es cierto que las plataformas representan una gran oportunidad para el mundo poscovid.

Las extraordinarias capacidades de conexión entre agentes económicos y sociales, las infinitas posibilidades de recirculación de recursos, y la mutualización (liquidez) de roles entre la obtención y provisión hacen de las plataformas no solo un nuevo agente económico que reduce drásticamente los costes de transacción, sino también una de las innovaciones económicas y sociales más importantes de las últimas décadas. Una plataforma digital es una red que permite la diversidad de roles entre sus nodos y que fomenta la recirculación y redistribución de recursos.

Hacia el nuevo contrato social del siglo XXI

Es probable que en el futuro, cuando se revisite el papel que han jugado las plataformas digitales en la organización de la economía y el empleo, seguramente se las comparará con las fábricas. Es bastante razonable pensar que las plataformas digitales serán para el siglo XXI lo mismo que fueron las fábricas para la segunda mitad del siglo XIX y buena parte del siglo XX.

Pero cualquier institución organizadora básica de la actividad económica tiene por costumbre generar efectos y externalidades positivas y negativas a la vez. En el caso de las fábricas y la organización científica del trabajo no fue hasta bien entrada la fase madura del capitalismo industrial, justo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se instauró masivamente el contrato social que intercambiaba seguridad laboral y salarios fijos por productividad, lo que permitió restaurar los efectos negativos de la organización científica del trabajo y, lo más importante, generar unos resultados inigualables, al menos en occidente: la edad de oro del crecimiento. Tres décadas de crecimiento económico sostenido, y la etapa de menos desigualdad de rentas y más progreso social de la historia moderna.

Ese el gran reto que plantea hoy el surgimiento de la economía de plataformas. Las tecnologías de propósito general ya están disponibles, y los mecanismos de innovación ya han empezado a generar iniciativas de negocio y nuevas fuentes de empleo por doquier. Todas las actividades y todos los sectores económicos, de un modo u otro, se verán afectados por la organización en forma de plataforma. Ahora bien, los problemas en términos de organización de mercados, desigualdades generadas y políticas públicas son y serán numerosos y de gran envergadura. El reto es, sin duda, articular un nuevo contrato social para la economía de plataformas del siglo XXI.

Efectos de las plataformas

Algunas ideas importantes, y finales, en este sentido: debemos avanzar hacia modelos de trabajo que maximicen las ventajas de la colaboración, recirculación y mutualización (productividad, autonomía, desarrollo de carrera), al tiempo que restrinjan los inconvenientes de la plataformización (desmotivación, aislamiento, inseguridad, estrés). Para ello, es importante tomar en consideración algunos efectos que la evidencia sobre el trabajo organizado en plataformas y digitalizado, especialmente el remoto, ya está empezando a poner de relieve:

  • Efectos positivos para la reducción de costes y la productividad en el corto plazo, pero con más problemas para la optimización de la eficiencia en el largo plazo si no van acompañados de prácticas organizativas que aseguren su sostenibilidad.

  • Problemas para mantener en el tiempo la creatividad y la innovación, de manera que se puede llegar a romper la complementariedad entre dinámicas innovadoras con base digital (innovaciones organizativas que debiliten la innovación de producto).

  • Efectos muy dependientes del tipo de trabajo, en especial de la intensidad en conocimiento. El conocimiento tiene gravedad y, en las organizaciones intensivas en conocimiento, a medida que la toma de decisiones se aleja de la generación de conocimiento (gestión por encima de la creación) se genera una trampa de conocimiento que debilita la competitividad.

  • Fuertes complementariedades con las formas de protección del empleo, de manera que las relaciones laborales son imprescindibles para asegurar los efectos positivos de la organización del trabajo en general, y del trabajo en plataformas en particular.

  • Muy dependientes de la inversión en todo tipo de capitales, especialmente el tecnológico y el humano."                      

    (Catedrático de Economía, Estudios de Economía y Empresa, UOC, The Conversation, 11/01/21)

7/7/14

Organización P2P para el cooperativismo: un ecosistema global de empresas para facilitar la sostenibilidad del procomún y de la comunidad que contribuye a él

"El movimiento cooperativo y las empresas cooperativas están en pleno resurgimiento aunque algunos de sus representantes más arraigados estén en declive. Este resurgimiento es propio de los vaivenes del cooperativismo, estrechamente relacionados con los propios vaivenes de la economía capitalista predominante. Tras la crisis sistémica del 2008, hay mucha gente buscando alternativas.
 
Aun así, no podemos limitarnos a observar los modelos antiguos y recrearlos. Hemos de tener en cuenta las nuevas posibilidades y necesidades de nuestra época, especialmente en relación a las ventajas que aportan las redes digitales.

A continuación, enumeraré varias ideas desde una perspectiva P2P, o entre pares, tal y como las estamos desarrollando en el contexto de la Peer to Peer Foundation.

Empecemos con una crítica de los modelos cooperativos tradicionales:

Es cierto que las cooperativas son más democráticas que sus equivalentes capitalistas, basados en la dependencia salarial y la jerarquía interna. Pero las cooperativas que trabajan dentro del mercado capitalista tienden gradualmente hacia una mentalidad competitiva, y aunque no sea así, trabajan para el beneficio de sus propios miembros y no para el bien común.

En segundo lugar, la gran mayoría de las cooperativas no crean, protegen, ni producen bienes para el procomún. Al igual que sus equivalentes con ánimo de lucro, normalmente trabajan con patentes y copyrights , favoreciendo así el cerco al procomún.

En tercer lugar, algunas cooperativas tienden a encerrarse en sí mismas en torno a su pertenencia nacional o local. Con ello, dejan el campo global libre a las grandes multinacionales con ánimo de lucro.

Tenemos que cambiar estas características, y podemos cambiarlas hoy mismo.

Estas son nuestras propuestas:
1. A diferencia de las empresas con ánimo de lucro, las nuevas cooperativas han de trabajar para el bien común, un requisito que debería figurar en sus propios estatutos y documentos de gobernanza. Esto conlleva que las cooperativas no pueden tener ánimo de lucro, que tienen que trabajar por el bien social y que todo lo anterior debería reflejarse en sus estatutos. Las cooperativas de solidaridad que ya funcionan en regiones como el norte de Italia y Quebec son un paso importante en la buena dirección. 

El modelo de mercado capitalista actual ignora las externalidades sociales y medioambientales, pasando la responsabilidad de regularizarlas al Estado. En el nuevo modelo de mercado cooperativo, las externalidades están estatutariamente integradas y son legalmente obligatorias.

2. A diferencia de las cooperativas cuyos miembros son las únicas partes interesadas, las nuevas cooperativas abrirán su gestión a múltiples grupos de interés. Esto supone que la condición de “miembro” ha de extenderse a otros tipos de membresía o que se necesitan alternativas al modelo de membresía tradicional, como el nuevo modelo de Fairshares.

3. La innovación más importante dentro del contexto actual es la siguiente: las cooperativas deben (co-)producir bienes para el procomún y estos bienes han de ser de dos tipos:

a. El primer tipo son bienes inmateriales. Es decir, bienes que utilizan licencias abiertas y compartibles, extendiendo así el proceso de innovación cooperativa a toda una comunidad global dispuesta a enriquecerlo mediante sus contribuciones. 

En la P2P Foundation hemos introducido el concepto de “licencias de reciprocidad basadas en el procomún”. Estas licencias están diseñadas para crear coaliciones de empresas éticas y cooperativas alrededor del procomún que co-producen. Los aspectos clave de estas licencias son:
  1.  Este procomún permite el uso no comercial 
  2.  Este procomún permite el uso por parte de instituciones orientadas hacia el bien común 
  3.  Este procomún permite el uso por parte de empresas con ánimo de lucro que contribuyen al procomún. La excepción radica en que aquellas empresas con ánimo de lucro que no contribuyen al procomún tendrían que pagar por el uso de la licencia. No se trata de una estrategia para generar ingresos, sino de una manera de introducir la noción de reciprocidad en la economía de mercado. Es decir, su objetivo es el de crear una economía ética, una dinámica de mercado no capitalista.
b. El segundo tipo es la creación de un procomún material. Aquí nos planteamos establecer sistemas de financiación orientados al procomún para, por ejemplo, fabricar maquinaria. Inspirándonos en las propuestas de Dmytri Kleiner, las cooperativas podrían emitir bonos mediante la contribución de todos los miembros de todas las cooperativas que forman parte del sistema, creando así un fondo comunal para la producción.

 La cooperativa que pide los fondos obtendría la maquinaria sin condiciones, pero los propietarios serían todos los cooperativistas que, con el paso del tiempo, obtendrían una renta básica derivada de los intereses obtenidos a través del fondo.

4. Finalmente, debemos abordar la cuestión del poder político y social a nivel global. Siguiendo la estela de la transnacional Sociedad Cooperativa de las Indias Electrónicas, proponemos la creación de filés globales. Una filé es un ecosistema global de empresas para facilitar la sostenibilidad del procomún y de la comunidad que contribuye a él.

 Funcionaría de la siguiente manera: imaginemos una comunidad global de diseño abierto que produce planos de maquinaria agrícola abierta (o cualquier otro producto o servicio imaginable). Esta maquinaria se fabricaría y se produciría mediante un sistema de micro-fábricas abiertas, distribuidas y situadas cerca de los lugares donde se utilizará la maquinaria. 

Pero estas micro-cooperativas no funcionarían de manera aislada, relacionándose solo a través de una comunidad global de diseño abierto “orientada hacia lo inmaterial”. Por el contrario, estarían todas conectadas entre sí como partes de una cooperativa global que abarcaría a toda la red de micro-fábricas.

 Estas filés, interconectadas y globales, serían el germen de una nueva modalidad de poder político social y global representativo de la economía ética. Las coaliciones empresariales éticas y las filés podrían volcarse en la coordinación post-mercantilista de la producción física, adoptando gradualmente prácticas de contabilidad y cadenas de producción abiertas.

En resumen, aunque las cooperativas tradicionales han jugado un papel importante y progresista dentro de la historia de la humanidad, tenemos que actualizar su formato para adaptarlo a la era de las redes mediante la introducción de una orientación P2P y del procomún.

Nuestras recomendaciones para la nueva era de cooperativismo abierto son:

1. Estas cooperativas han de estar estatutariamente (internamente) orientadas al bien común.

2. Estas cooperativas precisan modelos de gobierno que incluyan a todas las partes interesadas.

3. Estas cooperativas necesitan acometer activamente la co-producción de bienes materiales e inmateriales para el procomún.

4. Estas cooperativas han de organizarse social y políticamente de forma global, incluso en el caso de que su producción sea local." 
            
 (Artículo traducido por Stacco Troncoso y editado por María Rodríguez - Guerrilla
 Translation! ,  Cooperativismo abierto para la era P2P , Michel Bauwens , P2P Foundation / guerrillatranslation.com, Rebelión, 04/07/2014)